Los personajes de Saint Seiya no me pertenecen, son propiedad de Masami Kurumada.


5) ... angustioso cuando te quedas dormido y se te hace tarde.


Gestalt tenía una misión importante, algo de suma vitalidad que necesitaba que despertara temprano y fuera al centro de la ciudad: necesitaba un permiso, eso era todo.

Las competencias de equinos serían a mediados de ese año, era algo pronto pero él ya debía de comenzar a preparar todo el papeleo que necesitaría si quería que Tanya estuviera participando. Debido a su carácter algo fuerte a veces, tuvo un par de problemas con uno de los administradores que se encargaba de recibir todo el papeleo.

El hombre, o jovencito en realidad, siempre le pedía más fotografías (porque las que él llevaba "inexplicablemente" siempre terminaban rompiéndose), y los formularios eran toda una odisea. Primero tenían que ser llenados con tinta negra, después se los regresaba porque decía que debían de ser azules, después le pedía todo en mayúsculas, después todo en minúsculas, le preguntaba por qué todo estaba a mano cuando con las nuevas tecnologías el formulario podía ser llenado a computadora, impreso en tamaño carta, después en tamaño oficio, por los dos lados porque hay que cuidar al medio ambiente y al final terminaba diciéndole que debía de ser por un lado, los documentos importantes requieren formalidad, y a mano, las computadoras no eran confiables…

Era una locura, Gestalt llevó todo diciembre maldiciendo a ese mocoso y a todos los que fueran como él. Debido a esto había decidido cambiar la táctica y hacer una cita para la mañana, esperando que le tocara alguien más confiable y menos vengativo. Su cita era a las ocho, pero debía de estar ahí a las siete y media y debido a que vivía algo retirado de la ciudad lo mejor era estar en la carretera a las seis.

Con todo su día planeado, Caín puso su alarma a las cinco, vió una película hasta las diez y se fue a dormir.

El Sol fue el encargado de despertarlo, al cuarto para las siete. Gestalt se removió en su cama, su cerebro no tardó en decirle que había algo importante que debía de hacer, e iba tarde.

Maldiciendo a su despertador que no había sonado se levantó de su cama y buscó su ropa para ponérsela lo más rápido posible. Su playera estaba al revés y sus pantalones muy arrugados, pero se puso arriba una chamarra e ignoró lo demás corriendo hacia la puerta para subir a su camioneta.

Iba contra reloj, no podía darse el lujo de llegar tarde y enfrentarse de nuevo al malcriado del turno vespertino. Su corazón estaba acelerado y sus manos sudaban, su única prioridad era llegar a tiempo, toda su documentación ya estaba guardada en la guantera de la camioneta.

Manejaba rápido, pasando a los carros y rezándole a todos los dioses que no terminara teniendo un accidente. Al parecer los dioses le hicieron un favor en ese sentido, pero no dieron señas de ayudarlo a llegar a tiempo.

Al dar un vuelta hacia la derecha en una avenida se vió frente a frente a un embotellamiento. Le dió un golpe al volante antes de mirar a su retrovisor; era tarde, más autos ya se había formado detrás de él, estaba atrapado en medio de esa fila que congestionaba todas las avenidas de la ciudad de Atenas las mañanas entre semana.

—¡Maldita sea! —dijo frustrado, encendiendo su celular para descubrir que todavía le faltaba media hora. Estaba cerca del centro, si corría llegaría justo sobre el horario de su cita, no podía dejar su camioneta ahí pero al hacer un repaso mental las opciones no eran muy buenas, la mayoría de sus amigos ya estaban en sus trabajos, lejos del infernal tráfico.

Comenzaba a desear arrojarse del edificio de Empresas Solo, el más alto de la cuidad, viendo como los minutos avanzaban, cuando en la banqueta de al lado pasó un castaño que ya conocía. Aioros, voluntario en cualquier lado donde se necesitará ayuda, un ángel caído del cielo.

—¡Aioros! —gritó antes de apagar el motor de su camioneta y salir de ahí con sus papeles en mano—, ¿Me recuerdas del voluntariado en el campo y la fiesta de navidad del orfanato hace un par de semanas? Soy Gestalt, amigo de Shijima, escucha, no tengo tiempo, te pido de favor que cuides de mi camioneta, se me hace tarde —explicó rápido, dándole las llaves al joven y comenzando a alejarse —¡Te pagaré! ¡Lo prometo!

Dicho eso salió corriendo, dejando al castaño con la palabra en la boca. Agradecía su estilo de vida saludable, gracias a eso pudo superar casi con éxito la media hora de caminata y corredera que tuvo que hacer para llegar a tiempo.

En el lugar más de uno lo vió con una ceja levantada debido a su aspecto desalineado, respiración errática y sudor evidente en su camisa. Había llegado sobre la hora y a pesar de su apariencia la chica del turno matutino recibió todo su papeleo, no dañó sus fotografías y lo registró correctamente. Gestalt salió del lugar una hora después, cansado y con un sólo plan en mente: comprar un despertador que sonara al máximo.