Los personajes de Saint Seiya no me pertenecen, son propiedad de Masami Kurumada.
6)... vergonzoso cuando te descubren haciendo trampa, o tú sólo te dejas al descubierto.
Después de sus dos semanas de vacaciones invernales todos los estudiantes del primer grado del Lykeio público regresaron con una terrible noticia: examen sorpresa en su clase de matemáticas.
Daidalos, el profesor de matemáticas de su año (y los que faltaban) les había dicho antes de irse de vacaciones que esperaba que estudiaran durante esas dos semanas libres, cosa que naturalmente no hicieron. Las vacaciones de Navidad y Año Nuevo eran para divertirse, comer mucho y recibir regalos; abrir un libro durante esos catorce días era una afrenta a todo lo que la palabra "vacaciones" representaba.
Al menos para Nachi fue así.
Era la primera clase, siete con cuarenta y siete minutos de la mañana. Matemáticas. ¿Quién demonios creyó que era buena idea poner una clase práctica tan temprano? ¿Y cómo se le ocurrió a Daidalos iniciar su regreso con un examen de casi treinta preguntas sobre una mezcla extraña entre números y letras?
Aún sin comprender el complejo problema cuatro, Nachi soltó su lápiz y miró a sus compañeros. Gracias a que estaba hasta el fondo, al centro, notó que Shiryu y Shun estaba concentrados en su examen, moviendo sus lápices de un lado al otro y resolviendo como expertos; Shunrei ya había terminado e intercambiaba un papelito con Okko, que de hecho había sido quien le cambió el lugar; June leía en su lugar, ella había sido de los primeros en terminar; Hyoga parecía casi tan confundido como él, pero no estaba dispuesto a darse por vencido, igual que Geki e Ichi; Seiya anotaba algunas cosas al azar y otras ya las había resuelto gracias a su ingenio y las horas de estudio con Marín; y Ban estaba levantándose, ya había terminado.
—Ojos en tu trabajo, Nachi —la voz de Daidalos desde su escritorio lo asustó.
Frustrado, Nachi comenzó a dibujar círculos en la parte superior de su hoja, llevaba tres de treinta preguntas, todavía faltaba una hora para que el examen finalizara y él reprobara lamentable, Marín lo mataría.
Se recostó sobre su pupitre y miró a su derecha. Su compañero de al lado estaba haciendo trampa. El adolescente vió al otro joven ocultar su cuaderno abierto en la parte baja del pupitre de enfrente y de ahí leer ahí el método que Daidalos les había enseñado antes de las vacaciones.
Eso le dió una idea, una idea muy, muy mala que podría salir terriblemente mal o terriblemente bien. En Navidad, Shaka había sido muy generoso y les había comprado teléfonos celulares a todos, porque confiaba en que ellos eran jóvenes responsables y era importante estar en contacto.
El rubio era un hombre muy amable, todos los jóvenes se encargaron de decírselo y eso fue todo, no aseguraron que lo utilizarían para el bien. La prueba era Nachi, que ante situaciones graves decidió tomar medidas desesperadas y ocultó su más reciente adquisición en su mochila que tenía recargada contra sus piernas. Cuando Shun se levantó para entregar su examen, se apresuró a buscar el primer ejercicio o al menos uno parecido. Así logró resolver otros diez en menos de media hora.
Al ver cómo se resolvían las ecuaciones, Nachi no pudo evitar preguntarse por qué había armado tanto drama. No parecían tan complejos, pero sí eran pesados y él odiaba las matemáticas, como cualquier chico de su edad.
Las últimas diez preguntas eran teóricas, sobre los últimos temas tratados, definiciones importantes, de un polinomio, fórmulas para hacer quién sabe qué en qué cosas, más letras y números… ¿En qué momento "x" había pasado a ser parte del número, dejando de lado su clásico y confiable papel como indicador de operación?
El silencio reinaba en el salón, ni siquiera se escuchaba cuando alguien pasaba de hoja o los lápices actuando sobre el papel. Todo era el más puro silencio. El grupo estaba concentrado en sus cosas, Daidalos no había notado nada fuera de lugar, ni siquiera los salones a los lados eran capaces de interrumpir la tranquilidad que se respiraba. Y entonces, en lo alto, una voz femenina robotizada interrumpió todo.
El asistente de Nachi estaba encendido, y de una forma que él no entendió, dijo algo que ya no escuchó porque se alarmó de inmediato. Todos voltearon a verlo tan pronto como el asistente comenzó a cantar, algunas chicas incluso rieron, y Nachi sólo se sonrojó, tanto como le era posible.
—¡Lo siento! —gritó sacando por completo su celular, presionando todo en la pantalla esperando que con eso el aparato guardara silencio—, mi… alarma…
Algunas personas en el grupo comenzaron a reír y Daidalos sólo se acercó a él y extendió el brazo, pidiéndole su aparato.
—Estamos en un examen —dijo una vez que lo recibió.
Nachi se cubrió el rostro con ambas manos, aún avergonzado por lo que acababa de pasar. A su lado su compañero negó con la cabeza, aún le faltaba mucho por aprender a Nachi en cuanto al antiguo arte de hacer trampa.
