Capítulo 4: La rosa azul
El encuentro de dos personas es como el contacto de dos sustancias químicas: si hay alguna reacción, ambas se transforman.
Carl G. Jung
La luz se apagó y la oscuridad entró de nuevo, saliendo de la tumba y elevándose en el aire, parecía tragar todo a su alrededor. Una oscuridad brutal que amenaza con aniquilar a quien la padece. Las sombras podían ser peligrosas.
Era de noche y Raven se hallaba en algún lugar desconocido, avanzando lenta y penosamente en medio de un poderoso vendaval. Un viento álgido sacudía todo su cuerpo provocando fuertes estremecimientos.
La niebla lo cubría todo. Ella sostenía y protegía con las manos una débil lucecilla que amenazaba con apagarse en cualquier momento debido a la tempestad del paraje oscuro en el que se encontraba. Todo parecía depender de que consiguiera mantener viva esa luz, sentía que su propia vida dependía de ello. Sentía la adrenalina recorrerle todo el cuerpo. Su corazón latía con tal rapidez que podía sentir el retumbar de las palpitaciones en sus oídos, sus manos se encontraban sudadas y percibía las piernas rígidas.
— ¡Robin! ¡Cyborg! —aulló Raven gritando con todas sus fuerzas, sintiendo como su garganta ardía por el esfuerzo— ¡Starfire! ¡Chico Bestia!... Alguien… por favor —rogó a la nada, con la esperanza de que alguien apareciera para ayudarla. ¿Por qué sentía tanta desolación? Estaba totalmente desamparada.
Sola.
Cerró los ojos y se concentró en su mantra.
—Azarath, Metrion, Zinthos —cantó con la expectativa esperanzada de poder huir de ahí con sus poderes pero nada pasó, no sentía el flujo de magia en su interior, estaba totalmente apagada.
De repente tuvo la sensación de que algo la seguía. Entonces se giró y descubrió una enorme figura negra que avanzaba tras de ella. A pesar del terror que experimentó no dejó de ser consciente en todo momento de que debía proteger la luz a través de la noche y la tormenta. Una luz infinitamente más pequeña y frágil que el poder de las tinieblas que se estaba aproximando cada vez más cerca, amenazando en engullir todo a su paso, incluida a ella misma.
«Raven, Raven, despierta por favor», podía escuchar lejanamente, unas voces que estaba tratando de traerla a la realidad.
¿Estaba dormida? ¿Esto era una ilusión? Pero ella no podía quedarse quieta ahora.
Sintió como toda su sangre se concentraba en sus miembros inferiores, como un mero reflejo de huida sus piernas reaccionaron por sí solas y comenzó una carrera para escapar de esa oscuridad.
—No dejes que se apague, no dejes que se apague —rezó para sus adentros. Esa luz, por una extraña razón, parecía ser lo único que la mantendría a salvo de eso. Si se extinguía, sabía que ella seguiría el mismo destino.
A pesar de estar escapando no parecía estar avanzando hacía ningún sitio. Y mientras corría, se tropezó con algo y terminó en el suelo acurrucada y atemorizada, abrazando ese pequeño brillo tenue.
Es corriente que el primero de los miedos sea el miedo a la oscuridad. En efecto, suele ocurrir que tarde o temprano los niños acusen de este temor: en lo oscuro puede estar el monstruo del armario, el hombre de la bolsa o los duendes debajo la cama, etc. En última instancia, el miedo a la oscuridad suele ser la antesala de una interpretación antropomórfica que sitúa algún monstruo que, eventualmente, puede "devorar" al niño.
Ella le tenía mucho miedo a esa negrura. Ser devorada por la oscuridad, ser devorada por su esencia demoníaca más primaria. Aunque ella llevaba siempre el porte de chica oscura, ella no soportaba estar sola en la oscuridad. Raven le tenía temor, generando un sentimiento de turbación hacia la misma posibilidad de perder el control. Tener miedo a la penumbra es, en esencia, tener miedo a lo desconocido. No poder ver lo que hay afuera nos da aprensión porque nuestra imaginación crea el peor escenario posible. Y es que realmente la oscuridad exterior le evocaba a ella en realidad su propia oscuridad interior. Esta es la metáfora más apropiada para dar cuenta de sus zonas temidas y, por ende, no indagadas de su propia psique.
Fue una coincidencia muy desafortunada, ser un engendro de las tinieblas, siempre transportándose en sus sombras y ahora temerle. Antes, ella trató muy duro de no mostrar temor hacia el elemento del que había nacido. Lo que la mantuvo en pie, mantuvo su cordura intacta, era la posibilidad de un nuevo día, una nueva luz. Ahora que su padre se había ido, aunque sea momentáneamente, la luz siempre era posible. No hubo una maldición adicional para arrastrarla al mundo del abismo nuevamente. Pero ahora, en la oscuridad y el frío, mirando hacia atrás, era difícil recordar lo bueno. Era un pavor que no podía tolerar. Sola. Toda la vida se había sentido sola. Ahora estaba sola y algo la estaba acechando, y nadie estaba allí para ayudarla.
Oscuridad, soledad y silencio. Constituyen una verdadera triada siniestra. Un caldo de cultivo para volver loco a cualquiera.
Podía sentir una gelidez caladora a su espalda. Podía sentir su prominente presencia. Esa cosa se topaba ahí, a sus espaldas. Sentía una exhalación glacial en su cuello y un aliento putrefacto que le hizo tener ganas de vomitar. Los dedos de esa cosa se deslizaron por las hebras de su cabello, acariciando con parsimonia como si tuviera todo el tiempo del mundo para atormentarla. Todo su cuerpo se encontraba frígido. Entonces una voz se escuchó, una voz tétrica y siniestra que la hizo temblar de arriba a abajo.
—Lo que hayas ocultado, te convertirás —sentenció.
Y ella no podía gritar, pues tenía la garganta endurecida, como si un puñado de arena estuviera obstruyendo toda su laringe. No podía defenderse, no tenía sus poderes, no podía moverse, estaba completamente paralizada.
—Esto es solo una pesadilla, pronto despertaré... solo una pesadilla, tú no eres real —recordó para tratar de mantener la mayor tranquilidad posible.
—Lo que hayas ocultado, te convertirás —repitió de nuevo, pero esta vez la entonación gruesa y de barítono fue reemplazada por un matiz infantil y aguda, la voz de una niña, que para su opinión, parecía más lúgubre que la anterior. Eso sumado a una risotada maligna que parecía burlarse de ella.
Apenas logró reprimir un espasmo al notar que una criatura corpulenta se deslizaba por el suelo, directo hacia su persona. Una enorme serpiente apareció y trepó con lentitud por su regazo; continuó subiendo, la criatura parecía interminable, y se le acomodó sobre los hombros. Las pupilas de esa alimaña se asemejaban a dos rendijas verticales, miraban con fijeza, sin parpadear. Su fuerte silbido o siseo la hizo estremecer más si era posible. Esa cosa solo tenía la intención de oprimir o estrangular. O morderla hasta envenenarla, ya que la serpiente había abierto sus fauces mostrando dos puntiagudos colmillos.
—Estás sola, nadie te ayudará, serás consumida por la oscuridad de tu alma. Ese es tu destino —siseó la serpiente en su oído.
Sola.
Sentía como sus lágrimas corrían por sus mejillas, pero al secarlas rápidamente con el dorso de su mano, se dio cuenta de que no era el líquido salino que esperaba ver, sino que se trataba de sangre. Estaba derramando lágrimas de sangre.
Sangre.
—Despierta…. despierta, por favor —rogó Raven para sus adentros por última vez, asombrándose cuando la pequeña luz que brillaba en sus manos ahora aumentaba considerablemente de tamaño e iluminaba todo el lugar. Lo último que escuchó antes de despertar fue el horrible chirrido espeluznante de aquello que la estaba acechando, como si la luz estuviera quemándolo y haciéndolo arder. En el tiempo en que quedó cegada por el imponente destello, todas las tinieblas desaparecieron. Y finalmente se hizo la luz.
Los ojos de Raven se abrieron finalmente de golpe, dándose cuenta que todavía se encontraba al aire libre, la luz de la luna todavía brillaba centellante en lo más alto de la bóveda azul cubierta por estrellas. Parpadeó rápidamente aliviándose de que esto era real y no la horrible pesadilla de recién. Estaba tan aturdida cuando se despertó que no había notado diez pares de ojos mirándola con atención…. Espera ¿diez pares?… además… ¿Eso de ahí era un enorme oso de peluche? La conclusión más "lógica" que llegó a su cerebro era que se encontraba cara a cara con el "amigo imaginario" de Melva. «Bueno, supongo que Bobby si era real después de todo». Melva, Timmy y Tommy estaba ahí mismo mirándola angustiados pero también vislumbró unos ojos celestes desconocidos que la miraban con preocupación.
Raven se levantó del suelo, gruñendo por el esfuerzo, sacudiendo el polvo y restos de hojas que habían quedado adheridos a su ropa y cabello. «Genial», pensó para sus adentros. Le entregó su manta a Timmy que estaba encima de ella y que había caído cuando se irguió. Su cuerpo se encontraba completamente magullado y dolorido. Gimió sosteniendo su cabeza para apaciguar un poco la migraña que tenía. Se frotó el cuello e hizo una mueca de dolor por el tacto. Cuando tuviera tiempo tendría que utilizar sus poderes para curarse seguramente.
— ¿Qué demonios me pasó? ¿Acaso me pasó un camión por encima?
—Bueno, literalmente, un camión te derribó —dijo el pelirrojo desconocido con gracia.
La joven hechicera miró completamente su entorno evaluando lo que estaba en su punto de visión e ignorando el comentario anterior del chico. Notó algunas marcas de la batalla en el piso, como los rastros residuales de su magia y de las ruedas del camión en la tierra ocasionada por sus constantes giros. Ahora el mismo se encontraba ahí, casi destruido en su totalidad, pero no había rastro alguno de Mallah.
—Supongo que él solamente escapó —comentó Raven.
—Sí, nuestro amigo Tobby aquí le dio una buena paliza, no creo que vuelva en algún tiempo —comentó el chico nuevo señalando al raro muñeco viviente.
—No es Tobby, es Bobby señor Flash —corrigió Melva.
—Sí, sí... es lo mismo, Tobby, Bobby, qué más da —dijo restándole importancia al error revoloteando el pelo de la niña desordenando un poco sus rubias coletas, haciéndola refunfuñar en molestia.
—Vaya, entonces Bobby es real —dijo Raven viendo al nombrado.
—Te lo dije —contestó Melva con una sonrisa.
—Yo… se los agradezco, a todos.
—Agradécele a Bobby que fue quien nos salvó.
—Gracias Bobby… y perdona que haya pensado que era sólo tu amigo imaginario —se disculpó la empática con Melva y el oso gigante. Había hecho llorar y sentir mal a la niña constantemente recalcando que su amigo no existía, pero solamente era porque había pensado que Melva tenía poderes parecidos a los suyos y que solamente usaba un chivo expiatorio imaginario por miedo a aceptar que ella poseía esas habilidades.
—Sólo porque me lo imaginé no significa que no sea real —replicó la niña.
— ¿Por qué no pudimos ver a Bobby antes?
—Bobby te tenía miedo al principio y por eso se escondía, pero ahora le caes bien ¿verdad Bobby? —preguntó Melva.
Y algo en Raven se abatió, ¿acaso todos le tenían miedo?
—Hey, veamos, creo que me están dejando de lado. Yo también ayudé ¿se olvidaron? —resopló frustrado una voz masculina.
Raven finalmente fijó sus ojos en el muchacho que se encontraba frente a ella.
—Considero que tú eres el apoyo que Robin envió —dijo Raven en su típico tono monocorde.
Lo primero que hizo fue tomarse el trabajo de analizar el aura del chico. La misma era de un color escarlata brillante, casi como si de fuego ardiendo se tratara… demasiado luminosa y resplandeciente en contraste con la suya que había nacido y vivido toda su vida en la lobreguez y en la sombra. Él era alto, con una cabellera cobriza alborotada. Pudo notar una piel ligeramente bronceada, y unas pecosas mejillas. Si sus ojos celestes le parecían extrañamente atrayentes, su estúpida sonrisa cliché de propaganda de pasta dental era… casi embriagadora. Vestía un traje de neopreno de cuerpo completo, amarillo en la parte superior y rojo en la inferior, con unos guantes rojos y unas botas amarillas. Un dibujo de un rayo rojo cruzaba su pecho en diagonal. Su rostro estaba cubierto por una máscara ambarina, la cual tenía una especie de antenas-rayos ubicada en la zona de sus orejas. Tampoco pudo evitar prestar atención a los músculos bien desarrollados que dejaban mostrar su ajustado uniforme. Estaba bastante bien constituido. Bastante. Parecía exudar masculinidad por todos sus poros y Raven, por alguna extraña razón, no tenía poder para dejar de escudriñarlo. « ¿Qué rayos le pasaba por la cabeza? Seguramente su emoción lujuriosa se estaba saliendo con la suya dentro de su mente». Ya había visto otros hombres antes, incluidos héroes y villanos (bueno, Control Fenómeno evidentemente no entraba en su repertorio de hombres), incluso vivía con tres chicos adolescentes, y sin embargo nunca antes había sentido algo parecido. Bueno, para sincerarse, le había pasado solo una vez cuando había visto por primera vez a Aqualad. Raven se sonrojó cuando se dio cuenta de que al chico no le pasó desapercibido su escrutinio, ya que la estaba observando con una estúpida expresión coqueta.
Wally tenía una sonrisa boba en su cara. Se había dado cuenta de cómo la chica bonita lo miraba, por lo cual debería gustarle lo que estaba viendo, aumentando su ego masculino un poco. Se dio cuenta del bello sonrojo que cubría sus delicadas mejillas, haciéndola ver más radiante de lo que parecía. Ella se veía realmente hermosa.
Raven casi se cae al piso de nuevo cuando el chico apareció al frente suyo sorpresivamente, ¿acaso él se había teletransportado hasta ahí?
— ¡Mademoiselle! —imitó el chico un perfecto acento francés tomando con delicadeza su mano, y algo en el contacto hizo que Raven se volviera a sonrojar y los latidos de su corazón se aceleraran. Un carraspeo del chico le hizo fijar su atención en él—. Me presento, soy Wallace Rudolph West, mejor conocido por todos como el gran Kid Flash, aunque supongo que seguramente ya me conoces, soy el hombre vivo más veloz que existe, un placer conocerte—. Dicho eso, Wally se inclinó, llevando la pálida mano de la chica a sus labios y dándole un corto beso. La miró a los ojos y sonrió contra su mano. Nunca había visto unos ojos así, de un bello color amatista, que mostraban una gran sabiduría e inteligencia, pero también ojos que habían visto la guerra y el sufrimiento. Ella parecía ser una especie de enigma, un acertijo que él estaría gustoso de descifrar—. Aunque preferiría que tú me llames Wally, cariño —galanteó con una radiante sonrisa mientras le guiñaba un ojo.
— ¡Guácala!
— ¡Puaj!
— ¡Diugh!
« ¡Oh claro, los niños todavía estaban ahí! Se había olvidado de los tres mocosos».
La ceja derecha de Raven comenzó a temblequear en molestia, ¿acaso él le había dicho cariño? y principalmente, pero no menos importante, ¿estaba coqueteando con ella?
—Yo —suspiró haciendo un esfuerzo para manejar su enojo—, soy Raven, miembro de los Jóvenes Titanes —contestó su presentación tratando de controlar sus alborotadas emociones… y hormonas, poniendo de nuevo su mano en su lugar. Él le había dado su verdadero nombre, algo raro hoy en día entre los héroes que mantenían su identidad en secreto y se escondían detrás de máscaras y antifaces. A decir verdad, ella ni siquiera conocía los nombres verdaderos de sus compañeros de equipo. Bueno, solo el de Chico Bestia y no era porque él precisamente lo hubiese mencionado, sino que lo hizo la Patrulla Condenada. Y este muchacho que recién se presentaba, había confiado en ella para decírselo—. Un placer conocerte Wally, gracias a ti también por salvarme. Realmente estoy en deuda contigo.
Wally sintió un cosquilleo agradable en todo su cuerpo, le encantaba como su nombre sonaba, casi divino, saliendo de sus labios, como si se tratase de una bella melodía.
— ¡Oh! No hay nada que agradecer….Mm, espera un minuto ¿sí? —dijo Wally para después esfumarse rápidamente del lugar.
Raven se sorprendió cuando el velocista desapareció de su vista, para aparecer de nuevo en solo unos segundos frente a ella, con una bonita flor de color azul protegiéndola contra su pecho para evitar que se estropeara luego de su acelerado trote. Se sorprendió de que ahora lucía un poco tímido, con sus mejillas en un tono escarlata que hacía juego con su traje y su cabello, mientras rascaba con su mano libre su nuca en un claro acto de nerviosismo. Bien ¿a dónde se había ido toda esa valentía de recién?
Raven no era ingenua, ella era una empática y eso le ofrecía abundantes ventajas a la hora de relacionarse o poder prever las intenciones de sus enemigos. Su visión del mundo era muy intuitiva y comprendía las emociones de los demás con facilidad. Era capaz de sentir lo que otros sienten de forma más vívida que el común de las personas. Existían individuos que eran muy complicados de leer y que parecían tener una muralla mental inquebrantable, ella misma era una de esa clase de personas. Además entre estos estaban Robin y algunos villanos como Slade. Pero del lado contrario existían otros que eran un libro abierto para ella, como Chico Bestia, Starfire y el ahora conocido Wally West. Y particularmente las emociones de este último eran demasiado fuertes y volátiles, como si flotaran libremente por su ser -todo lo contrario a ella-, extremadamente obvias para percibir con sus poderes. Ella pudo percatarse de que el chico tenía un poco de miedo, pero se sorprendió que no era de ella, sino de que rechazara su pequeño regalo.
Wally extendió su mano con nerviosismo, temiendo su obvio rechazo, dándole una preciosa rosa azul que había encontrado en un prado un poco lejos del lugar, la cual había notado cuando corría para llegar a este lugar para su misión. Era algo sencillo pero igualmente hermoso. Además, una rosa azul no era algo que se encontraba todos los días, era bastante inusual esa pigmentación en esta especie. Las rosas azules son ejemplares muy difíciles de conseguir en su forma natural, lo que las convierte en elementos singulares, especiales y, en cierto modo, extraordinarios.
—Para ti —murmuró Wally mientras le ofrecía la rosa con claro nerviosismo, rezando de que la aceptara y no lo mandara a volar. Pero se sorprendió cuando ella la recibió en sus manos, haciendo que sus dedos se rozaran en el acto produciéndole una extraña corriente eléctrica por todo el cuerpo.
—Yo… ¿gracias? Supongo que no sé qué decir realmente, nunca he recibido este tipo de atenciones antes —dijo Raven mientras acariciaba con delicadeza los tersos pétalos cerúleos de la rosa. «Al menos un regalo con intenciones reales y no para engañarme» dijo ella para sus adentros pensando de nuevo en ese maldito dragón—. Es bonita, nunca había visto alguna de este color.
Kid Flash expulsó el aire que no sabía que había estado conteniendo.
—Supuse que el azul era tu color favorito, queda bien contigo —titubeó rascándose el cabello en un acto de nerviosismo.
Se sorprendió, y se alegró un poco vale decir, cuando ella dijo que nunca había recibido una rosa, ¿acaso nunca antes le habían hecho un regalo? Él sonrió internamente. Quizás podía invitarla algún día a comer pizza o algo de eso cuando esto terminara o tal vez…
—Estás pensando mucho ahí Wally, todas tus cavilaciones me hacen doler la cabeza, enfócate —reprochó Raven arrugando su frente. Podía sentir el cúmulo de emociones provenientes del pelirrojo bombardeando todas sus barreras empáticas. A eso se refería ella cuando hablaba de las emociones fluctuantes del velocista.
Wally miró a la hechicera, que lo observaba fijamente como si estuviera escarbando en lo más profundo de su alma. El esquivó un poco su mirada, sentía como si ella estuviera hurgando en su interior, casi hasta se podía sentir ultrajado.
— ¿Cómo es qué…?
—Soy empática —interrumpió dando unos golpecitos en su cabeza —, puedo… sentir cosas que otros no. Y si te hace sentir mejor, no lo veo tanto como lo siento.
— ¿Acaso... estabas leyendo mi mente? —preguntó realmente curioso con las habilidades de la chica.
—No funciona estrictamente así, puedo leer la mente si lo deseo pero esto es diferente, piénsalo como si yo fuera una especie de antena receptora o esponja emocional, y actualmente mis poderes no se encuentran totalmente estabilizados como para lidiar con tantas emociones juntas, sobre todo con las tuyas, así que ordena ahí tus pensamientos.
Kid Flash la miró entonces con una sonrisa juguetona.
—Y, ¿por qué no entonces lees mi mente y descubres lo que estoy pensando justo ahora mismo, cariño? —sonrió él acercándose a ella. Raven arqueó una ceja en respuesta, no dejándose amedrentar por su presencia. Ahora estaban cara a cara y la empática trató de mantener la compostura. Raven era más que consciente de que él se estaba entrometiendo lentamente en su espacio personal, pero su presencia era demasiado abrumadora y sintió que automáticamente sus viejos escudos aumentaban.
—No, gracias, no creo estar interesada realmente —inquirió ella mientras se daba vuelta. Ella no quería saber qué tipo de pensamientos sucios pasaron por su mente ahora mismo. Él era un adolescente hormonal después de todo —. Ah, y no te atrevas a llamarme cariño de nuevo —amenazó girándose para verlo con unos fríos ojos.
Wally se estremeció un poco por la advertencia, pero había algo divertido en todo. Era una chica combativa, eso le gustaba.
—Claro, lo que digas bebé, pero te repito, puedes leer mi mente cuando quieras. En realidad, puedes hacer lo que quieras conmigo cuando lo desees, supongo que tus poderes y los míos nos darían varias posibilidades para divertirnos juntos, imagina todo el panorama posible con mi súper velocidad —insistió ahora con una voz seductora mientras sacudía sugestivamente sus cejas, causando un escalofrío en su interlocutora.
Las mejillas de Raven se tornaron en lo más parecido a dos tomates, tomando noción de lo que Wally estaba insinuando descaradamente. Una colosal vorágine emocional hizo que sus poderes se salieran de control, haciendo estallar en mil pedazos los restos del transporte que Mallah había usado hace un momento, dejándolo en llamas. Pudo escuchar los gritos de susto y sorpresa de los niños. También logró sentir en el fondo de su mente a su característica emoción con capa púrpura, la parte más apasionada de su personalidad, riendo traviesamente por la clara invitación.
Wally se sorprendió ante la explosión causada por un singular brío oscuro, evidentemente provocado por la chica en cuestión. «Interesante». Era una empática y teóricamente una hechicera o maga, algo así como Zatanna suponía él. Igualmente no es que él tuviera mucho conocimiento sobre magia y esas cosas para comparar. Con un análisis mental súper rápido, elaboró como hipótesis que sus habilidades eran claramente manipuladas por su energía psíquica, y por lo que observó recién con el estallido, supuso que sus poderes también eran manejados por sus estados emocionales.
—Eres un cerdo, ¿sabes? —reprochó Raven enfocando y reprimiendo todos los afectos que estaba sintiendo, antes de hacer detonar otra cosa, o hacerlo detonar a él, aunque esto último sonaba realmente tentador ahora mismo. Rápidamente encontró su centro y se calmó a sí misma. El chico era más exasperante que Chico Bestia y más intenso que Starfire. O los dos juntos combinados si era peor.
—Lo siento, lo siento, no quise ofenderte, en serio —dijo levantando las manos en posición de rendición.
—Hey, seguimos aquí ¿saben? ¿No se cansaron ya de coquetear? ¡Tenemos sueño! —se quejó Melva.
— ¿Qué? ¿Disculpa? ¡Yo no estoy coqueteando con él! —replicó la hechicera mirando a la niña con reproche.
—Yo creo que si lo estás haciendo, has estado coqueteando conmigo desde que te despertaste —dijo juguetón el velocista.
— ¡Sueño! ¡Sueño! ¡Sueño! —gritaron los angelicales niños con sus chillidos insoportables.
Raven masajeó sus sienes mientras recitaba su mantra en silencio. Varias veces. «Relájate, no mates a nadie, no mates a nadie… por lo menos no todavía». Inhalar y exhalar. Un suspiro salió de sus labios. Acto seguido alzó en sus brazos a Tommy y Timmy, que parecían realmente cansados, teniendo cuidado de no dañar la rosa que le había entregado Wally.
—Hay una cabaña dentro del bosque, podemos descansar ahí, ¿vienes? — cuestionó Raven mirando al velocista. No sabía si él quería quedarse o estaba por marcharse, pero no quería ser descortés tampoco.
— ¡Me quedo contigo!... eh… digo... con ustedes —corrigió rápidamente—, además creo que podría serles útil contra la Hermandad del Mal. Supongo que igualmente tarde o temprano Robin me colocaría en esta misión. Aunque creo tendrás que informarme más sobre quienes son ellos.
En realidad Wally no quería irse todavía. A pesar de le que gustaba trabajar solo, lo más probable es que ella necesitase ayuda si fuera nuevamente atacada. Tampoco le daría muchas vueltas al asunto, él era más simple, se dejaría llevar por sus instintos, y los mismos le decían que se quedara con la joven.
—Como quieras, supongo que tu ayuda será bien recibida. Sígueme entonces, y te contaré todo cuando lleguemos —guio Raven, volviendo a su tono monótono, caminando ahora hacia la pequeña casa—. Vamos Melva, camina detrás de mí y no te separes.
—Dile a tu amigo Terry que se mueva también —dijo Wally mirando a la niña.
— ¡Que su nombre es Bobby!
Wally se encontraba detrás de Raven observando casi hipnotizado, o idiotizado, el vaivén de movimientos de sus caderas, ya que su capa aleteaba a un lado debido al viento que soplaba en el lugar, dejando su espalda y otras partes descubiertas. Se sorprendió cuando Raven frenó de golpe, como si se hubiese acordado de algo importante. Esperaba que no haya advertido con sus poderes empáticos que había estado viendo su trasero todo el tiempo.
—Lo había olvidado —gruñó frustrada.
— ¿Sucede algo?
—El único medio para llegar al lugar era por el teleférico, pero fue destruido en mi pelea contra Mallah. Ahora la única forma de ir a la cabaña es que los lleve yo misma.
— ¿Implica volar? —preguntó inquieto Wally.
Raven se giró y lo miró, sorprendiéndose ante su notorio nerviosismo.
—Acaso... ¿te da miedo volar? —preguntó arqueando su ceja con un poco de burla en su voz.
—Yo… eh... —jadeó inquieto mientras pateaba una piedra del suelo —, solamente la sensación de que no haya nada firme debajo de mis pies me da un poco de inseguridad. Ya sabes… quedaría indefenso.
Bueno, ella podía entender eso, era razonable teniendo en cuanta los poderes de Kid Flash. Así como ella controlaba sus emociones y ese hecho le daba seguridad, él tenía que tener el control teniendo sus pies sobre la tierra para no sentirse vulnerable. Así funcionaban sus poderes. Era bastante lógico para ella si lo miraba de esa forma.
—Tommy también odia volar, se marea con facilidad —recordó Melva.
Oh sí, claro que Raven lo recordaba. Sus arcadas y vómitos no eran fáciles de olvidar. Todavía debía lavar su bota.
—No te preocupes, no volaremos.
— ¿Puedes... teletransportarnos entonces? —preguntó sorprendido el pelirrojo.
—Sí, supongo que ahora mismo tengo algo de energía para un pequeño trayecto, no está tan alejado de todos modos. Pónganse cerca de mí.
Wally, Melva y Bobby se acercaron a la empática, mientras la misma cerraba sus ojos, concentraba sus energías y sentía como la misma corría por su cuerpo. Esperaba que sus poderes no la abandonaran ahora. Un gran disco de magia oscura apareció debajo de sus pies y los seis desaparecieron en su aura negra en forma de ave, reapareciendo segundos más tarde frente a la cabaña.
—Sí que fue un viaje bastante veloz, creo que ni yo hubiera llegado tan rápido. Eso fue tan...
— ¿Aterrador? —. Ella terminó su frase con una voz ácida.
—De ninguna manera. ¡Eso fue extraordinario! —ovacionó Wally claramente emocionado.
Raven alzó la vista y sus ojos se encontraron, asombrándose ante su sinceridad.
—Yo… algunos piensan que mis poderes son escalofriantes, incluso en mi propio equipo —murmuró Raven, recordando la primera vez que había usado su habilidad para transportar a sus compañeros a la nave que intentaba atacar la Tierra con el objetivo de secuestrar a Starfire, y Chico Bestia recalcando lo atemorizante que era.
—Bueno, pues yo creo que tus poderes son geniales, aunque todavía no entiendo como funcionan del todo —sostuvo Wally, poniendo una mano en su hombro en señal de apoyo, ya que había sentido el cambio emocional de la chica.
—Si tú lo dices —dijo ella simplemente mientras entraba y llevaba a los niños a la cama y alejándose de su toque.
Kid Flash le dio una sonrisa y la siguió hasta adentro mientras prendía las luces del lugar. Vio con cierta ternura como acostaba a los niños y los arropaba tratando de hacerlos sentir cómodos. La imagen era en cierto sentido… enigmática para alguien como ella que parecía ser un poco fría y distante.
— ¿Y Cody dónde dormirá? Creo que es demasiado grande para entrar por la puerta —interrogó al ver al gran oso en el porche de la cabaña.
— ¡Que su nombre es Bobby, cerebro de vómito! ¡Y él dormirá afuera! —gritó Melva.
—Wow, qué carácter tienes señorita.
— ¡Cállense todos ahora! —mandó Raven haciendo que todos quedarán en silencio y provocando que las luces del lugar parpadearan. Si los niños se alborotaban de nuevo, su cabeza terminaría por estallar. O la cabaña estallaría, el orden de los factores no alteraba el producto.
—Pero él empezó... —se defendió Melva cruzando sus brazos en señal de enfado.
—Duérmanse… ahora —siseó amenazante la empática con un hilo de voz aterrador con la intención de que dejaran de discutir y se dispusieran a descansar. Los niños tragaron en seco mientras cerraban forzosamente sus ojos y se disponían a dormir antes de hacer enfadar más a Raven.
Y no les tomó mucho tiempo. Un suspiro de alivio salió de la boca de la hechicera cuando los escuchó roncar, realmente debían estar agotados… o asustados por su amenaza.
El velocista observó con gran sorpresa como ella ponía la rosa azul en un vaso con agua. A decir verdad, creía que ella la iba a tirar o dejar olvidada a un lado. Se sintió feliz de que ella aceptara su regalo, significa que había sido significativo y le había gustado. La estaba observando hasta que una fuerte punzada en su mano y cabeza le hizo recordar que se encontraba lastimado.
—Mierda, sí que duele —gruñó en voz baja para no despertar a los niños.
Raven se dio vuelta para ver a Wally sentado en el sillón masajeando una de sus manos mientras mascullaba maldiciones, con un gesto de evidente dolor en su rostro. Ella no se había percatado de que él había salido herido en la batalla.
— ¿Estás lastimado?
—No te preocupes preciosa, nada que un poco de hielo y descanso no solucione, además puedo recuperarme en poco tiempo —bromeó tratando de ocultar su molestos dolores.
«Hombres y su orgullo», pensó ella.
—Puedo curarte, es lo menos que puedo hacer por salvarme la vida ¿quieres que lo haga?
Ella estaba acostumbrada a curar a sus compañeros de equipo. Lo había hecho a menudo. Pero Wally podría ofenderse si ella lo curaba sin su permiso.
—Claro ¿por qué no? ¿Así que tienes poderes curativos también?
—Hay muchas cosas que la gente no sabe sobre mí —dijo la mujer, su voz sonaba tan genial como siempre.
—Tienes varios trucos bajo la manga cariño.
Raven solo rodó los ojos ante sus apelativos melosos. Amenazarlo de nuevo seguramente no serviría de nada contra él, se notaba a leguas que el chico era bastante obstinado y que no se sentía amedrentado por sus advertencias, todo lo contrario, parecía que él se estaba divirtiendo en cierto modo. Verdaderamente parecía que estaba disfrutando esto, como si de un juego se tratara.
— ¿Dónde estás herido? —interrogó ella para empezar el proceso.
—Creo que mi mano derecha tiene un esguince. También tengo un terrible dolor en la cabeza, me martilla demasiado, la caída fue bastante dura.
—Bien, empecemos por tu mano en primer lugar. Quítate el guante, la curación es más efectiva a través del contacto directo de piel contra piel desnuda, sin nada que estorbe en medio.
...
Oh.
.
.
.
Oh, no.
…
« ¿Acaso eso había salido de su boca? ¿Ella realmente había dicho ese estúpido comentario?». La respuesta vino sola cuando vio emerger poco a poco la estúpida sonrisa coqueta en su rostro de nuevo. «Bien Raven, ahí vamos…».
—Piel contra piel, que propuesta tan tentadora y sugerente a la vez, ¿no necesitas que me quite alguna otra prenda? Creo que también tengo una ligera molestia en…
—Cállate, solo deja que te cure y te explique sobre la Hermandad del Mal ¿quieres? —increpó Raven perdiendo ya la paciencia.
—Está bien Rae. Mmm, Rae… me gusta ese apodo, es lindo. Oye ¿puedo llamarte así no? Supongo que no te importaría, creo queda bien contigo. O tal vez prefieres que...
—Haz lo que quieras —murmuró ella—, solo... por favor mantén tu maldita boca cerrada por un minuto y déjame empezar la historia. Y solo relájate, ¿sí? —se rindió con un suspiro, daba igual de todos modos. Nunca creyó estar viva para ver a alguien que hablara más que Starfire.
Ella tomó su mano herida entre las suyas con cuidado, y al instante una delicada aura azul surgió del lugar comenzando el proceso de sanación. Wally se sorprendió cuando el dolor agudo comenzó a disminuir gradualmente. Era algo realmente asombroso.
—Se siente realmente bien.
—Eso es porque te estoy quitando el dolor y haciéndolo mío —respondió ella lentamente, y sin emoción. Ella notó como él la miraba analíticamente tratando de buscar evidentes signos de sufrimiento en su rostro, pero no vio ninguno. Sabía que él le preguntaría, así que antes de que abriera la boca, ella trató de explicar—. Lo sentiré más tarde cuando termine aquí, por eso dije que te relajes. Y no te preocupes, mi cuerpo se encarga solo de sanar sus heridas.
—No tienes que hacer esto si te hace sufrir.
—Lo sé, ahora deja de hablar. Bien, veamos. La Hermandad del Mal son criminales de la peor calaña y grandes enemigos, empeñados en la dominación mundial —comenzó ella su explicación.
Podía sentir un calor placentero que no descifraba si provenía de la magia de la chica o del contacto. Sus manos eran suaves como seda, y él se sentía muy a gusto con su tacto. Veía con una sonrisa cómo su pequeña mano pálida parecía encajar perfectamente junto a la suya. Trató de no desconcentrarse demasiado y prestar atención lo que estaba exponiendo.
—Sus principales miembros son el General Immortus, el soldado eterno, conoce la estrategia de cada batalla de la historia porque él ha estado en todas. Después está Madame Rouge, falsa, astuta, retorcida y sádica en todo el sentido de la palabra. Puede cambiar de forma, es elástica y de primer nivel, y en mi opinión, la más peligrosa de ellos.
Raven trató de permanecer estoica y que su voz no revelara su agitación interna. Sus manos masculinas eran grandes y sus dedos eran cálidos y un poco callosos, y algo en el contacto hizo que Raven se pusiera nerviosa y los latidos de su corazón se aceleraran de nuevo. ¿Qué estaba mal con ella? ¿Acaso tenía problemas cardíacos? No, ella sabía que era porque el contacto se sentía en cierta forma íntimo. O por lo menos así lo sentía ella, pero trato de enterrar este pensamiento en cualquier rincón de su mente. Una vez que terminó, dirigió sus manos a la cabeza del pelirrojo, disfrutando en secreto de la suavidad de su cabello.
—Sí que suenan peligrosos, ¿y el gorila qué te atacó antes?—interrogó él para dispersar un poco su ansiedad por la proximidad en que ahora se encontraban. Ahora las manos de Raven estaban sobre sus sienes, sintiendo la misma sensación que antes mientras sanaba su mano. Su atrayente aroma volvió a capturar su olfato como había sucedido cuando la rescató. Además ella estaba cerca. Demasiado cerca.
—Él es Monsieur Mallah, el segundo al mando y su fuerza sólo es igualada por su inteligencia. Mallah está capacitado en diversas áreas intelectuales, así, como la electrónica, la física y la táctica. Su líder es Cerebro, el intelecto en persona y el mal encarnado. Con grandes habilidades e inteligencia en ciencia y estrategia. Ahora decidió que nosotros, los Titanes, somos un problema mayor y está intentando eliminar a toda potencial amenaza con superpoderes de la Tierra. Es por eso que Mallah vino hasta acá, su objetivo eran estos tres niños, y de paso terminar conmigo, lo cual casi logra si no fuera por tu intervención.
La descripción sobre la Hermandad terminó al mismo tiempo que el proceso de curación, pero las manos de Raven seguían asentadas en la cabeza del corredor. Ahora los ojos de ambos se encontraban fijos unos a los otros. Hubo una punzada de rosa en las bronceadas mejillas del chico, y la empática finalmente se dio cuenta de lo... atractivo que era realmente Kid Flash. Si, a primera vista él podía parecer molesto, frustrante, arrogante, pervertido y un poco grosero, pero eso no significaba que no fuera alguien realmente atrayente y encantador, cualquiera se daría cuenta de eso. Le parecía extraño que no se sintiera realmente tan incómoda al tenerlo cerca. No le gustaba que la gente se acercara demasiado a ella o a su espacio personal, o cuando la tenían abrazada por mucho tiempo, incluidos sus amigos. No era adepta al contacto físico o a la cercanía, nunca lo fue. Una alarma interna se activó cuando vio que los ojos del chico se frenaban en sus labios. Alerta. Supo que tenía que parar esto y alejarse lo más lejos posible de Wally antes de que las cosas se salieran de control y permitiera algo que no iba a consentir de ninguna manera. Una cosa era que el chico le agradara visualmente, al fin y al cabo era una mujer que podía fijarse en un hombre, y otra muy diferente era cometer una estupidez de la que se arrepintiera seguramente. Apartó sus manos de la cabeza del velocista, casi como si su contacto quemara, y esquivó su mirada, mientras se ponía su capucha para esconder su cara, y ocultarse del chico lo más que pudiera. Necesitaba aumentar sus mecanismos defensivos. Sus muros se habían agrietado un poco ante la presencia del velocista y debía reforzarlos. No debía permitirse eso. No podía bajar la guardia frente a él.
—Iré a dormir ahora, te recomiendo que hagas lo mismo —murmuró con una tonalidad demasiado fría mientras se empezaba a alejar.
—Supongo que haré eso —susurró el pelirrojo un poco sorprendido y desconcertado por la apatía con la que se comportaba ahora. ¿Por qué actuaba así de repente? ¿Había hecho algo malo?
Ella recobró la compostura y se dirigió al otro sillón que estaba al frente suyo.
« ¿Qué es lo que me pasa?», se preguntó de repente Raven, porque, ante tales atrevimientos por parte de Wally, como sus coqueteos, debería de odiarlo o haberlo repudiado. Se desplomó no muy elegantemente en el sofá y abrazó un cojín que había ahí mientras observaba el techo de la vivienda. « ¿Qué sucede conmigo?», se volvió a cuestionar suspirando sin entender aquellas agitaciones que la embargaban. Nunca antes sus emociones se habían sentido tan alborotadas. ¿Tenía alguna relación con la debilitación de sus poderes de hace un rato? ¿Eso había causado que bajara sus defensas? Esto no era normal, algo no encajaba y ella lo sabía. Necesitaba meditar y entrar en contacto consigo misma. Mañana a primera hora se tomaría un tiempo para eso.
Su corazón se apretó dolorosamente cuando el recuerdo de Malchior resurgió, y Raven intentó empujarlo hacia abajo, cerrarlo. Como siempre hacía. Reprimir era su mejor recurso. Sin éxito, una imagen se elevó en su mente, su voz en su oído, esa sensación de seguridad y comprensión que vino con solo estar a su alrededor. El fantasma de su voz pareció susurrarle. Raven cerró los ojos con fuerza, tratando de bloquear los dolorosos recuerdos.
Creo que el chico pelirrojo es maravilloso y bastante atractivo, ¿acaso viste su cuerpo? Ella se quedó helada. Sus emociones rara vez hablaban en su cabeza. Por lo general, esperaban hasta que meditara para personalizarse. Pero había lujuria en su oído, tan clara y nítida.
¡Él es un idiota, un presuntuoso!, la ira gritó en represalia. Pudo sentirla forcejeando contra sus cadenas, deseando matar a cualquiera o a todos.
Yo creo que es encantador, bastante gracioso y divertido, la felicidad parecía tararear mientras reía.
¿Qué demonios estaba pasando dentro de su cabeza? Todo lo que podía sentir era el repentino cultivo de voces que parecían rasgar los confines de su cráneo.
Wally también se recostó, pensando en la situación reciente. Él sabía lo que hubiese ocurrido si el momento se hubiera alargado un poco más, podría haber terminado con un beso, bueno por lo menos de su parte porque lo más probable era que la chica lo matara por su osadía. No podía negar su atracción física hacia la chica. Ella era bella, de una manera exótica. Características inusuales pero suaves. Y, sin embargo, había algo más que lo cautivaba, ¿pero de qué se trataba? ¿Era acaso su personalidad que parecía tan misteriosa y estoica? Era raro, pero él quería ver lo que había debajo de su capucha, metafóricamente hablando claro, y buscar a la persona escondida detrás de ese velo de oscuridad y sombras. ¿Quizás podía pedirle alguna especie de cita? Eso sonaba bien. Supuestamente ella había dicho que estaba en deuda con él. ¿Ella lo mataría o algo por el estilo? ¿Lo castraría? Ella parecía ser bastante voluble y se había dado cuenta que tratar con ella era como caminar sobre hielo delgado, pero se arriesgaría a todo o nada.
—Hey Rae ¿estás despierta? —preguntó en voz baja.
—Desgraciadamente si, tus cúmulos de pensamientos ahí me impiden relajarme.
Claro, se había olvidado. Ella era empática.
—Lo siento, verás…. yo… quería saber si tú… otro día...cuando... —tartamudeó nerviosamente, más que todo porque no sabía cómo decírselo a ella.
— ¡Escúpelo de una buena vez! —dijo ácidamente haciendo que el suspirara antes de hablar.
«Que directa», pensó con gracia.
—Te salvé la vida, así que me debes un favor —dijo él simplemente como si fuera lo más obvio del mundo.
— ¿Disculpa? ¿Un favor? Pero si curé tus heridas hace un momento —dijo Raven confundida. Ella creía que con eso la deuda había quedado saldada.
—Bueno si, pero… pero eso no cuenta —contestó él contradiciendo infantilmente su comentario.
Pasaron unos cuantos segundos antes de que ella soltara un bufido de resignación.
—Y bien, veamos ¿qué es lo que el gran Kid Flash desea? —inquirió ella con ironía.
Él se acercó rápidamente hacia donde ella estaba acostada, haciéndola sobresaltar.
— ¡Una cita! —dijo simplemente.
—Ci... ¿Cita? —. Raven tartamudeó. Nunca nadie le había pedido una cita antes. Ella se sorprendió, mientras una de las lámparas de la cabaña comenzó a parpadear amenazando con quemarse. El chico solo asintió con la cabeza, sonriendo de oreja a oreja, ignorando la fuga evidente de su poder.
Raven se preguntó si el chico era realmente despistado como Chico Bestia o si el golpe en la cabeza, que recibió cuando la salvó lo había dejado medio tonto, ¿no se daba cuenta realmente de la gravedad de la situación? Ella frunció su entrecejo ante la absurda petición, mientras su sarcasmo salía a flote.
—Claro Wally ¿por qué no?, no hay nada que desee más en este momento que ir a tomar un delicioso helado de fresa contigo… mientras tanto, la Hermandad del Mal se las apaña para elaborar otro generador cuántico con el poder de abrir un agujero negro, capaz de deformar todo el espacio-tiempo, condenando toda nuestra existencia a la nada misma. Me parece una majestuosa e inteligente idea de parte tuya. Y dime, ¿quieres ir ahora o crees poder esperar hasta mañana?
Wally soltó una carcajada ante su ironía. A él le gustaba ese destello en sus ojos cuando se enojaba, la hacía ver más tentadora. Y le encantaba la forma en que ella podía defenderse en una guerra verbal.
—Me refería a cuando todo esto termine, cariño. Ya sabes, pateamos traseros malignos, ganamos y luego tenemos una simple cita, ¿qué dices? Es más, si prometes ser adorable y sumisa conmigo te compraré ese helado de fresa que tanto deseas de regalo —prometió guiñándole un ojo y viendo como la hechicera fruncía más el ceño si era posible. Observó cómo se movió incómoda en el sofá y ella lo fulminaba con la mirada.
—No vuelvas a decir sumisa en alusión a mi persona ¿entendido? Y con relación a tu propuesta, creo que estoy… dispuesta a reflexionar sobre la misma. Luego te daré una respuesta, así que no insistas más por ahora —exhaló hondo y lo miró con firmeza—. Al fin y al cabo, si rechazo ahora tu petición, seguirás insistiendo hasta que acepte. Me he dado cuenta de que pareces ser bastante persistente.
—Sí, bueno, así soy yo —dijo dando una sonrisa de dientes y apuntando a sí mismo con su dedo pulgar.
—Pero quiero que sepas que si llegara a aceptar, a la mera conducta inapropiada o pervertida, prometo crear un portal a otra dimensión y dejarte encerrado ahí por el resto de tu vida, ¿me oíste?
— ¿También puedes hacer esas cosas?
Ella solo asintió en respuesta y se volvió a acostar en el sofá. Wally apagó finalmente las luces de la cabaña y también volvió a su lugar, feliz de que por lo menos se tomara el tiempo de pensar si quería salir con él. Ella no había dicho que no de todos modos. El en verdad quería llegar a conocer algo de ella. La observó con admiración cuando vio como el aura de sanación ahora cubría la figura de la joven mientras levitaba unos centímetros sobre el sofá, probablemente para curar sus propias magulladuras.
Pero sin embargo, todavía había algo que le inquietaba, algo que probablemente no lo dejaría dormir tranquilo y lo mantendría en vela toda la noche.
—Oye Rae —cuchicheó él.
Ella lanzó un fuerte resoplido de enojo.
—Por Azar, estoy tratando de concentrarme por si no lo has notado, ¿y ahora qué rayos te pasa?
— ¿No crees que Buddy tendrá frío ahí afuera? —cuestionó apenas audible.
— ¡Que su nombre es BOBBY, maldito idiota descerebrado! —vociferó Melva mientras se despertaba de su claro estado de sueño.
—Diablos, señorita.
«Vaya, esa niña sí que tenía un temperamento explosivo… y claramente un sueño ligero», pensó él.
