Los personajes de Saint Seiya no me pertenecen, son propiedad de Masami Kurumada.
7)... incómodo cuando finges tener una conversación por teléfono para evitar una gran vergüenza.
No había nada como estar en la acción, esa era la razón principal por la que se la había pasado estudiando.
O algo así.
En realidad Babel había soñado con derribar edificios, en su adolescencia creaba pequeños modelos de edificios para derrumbar; ahora se dedicaba a construir lo que alguna vez soñó con destruir, una ironía algo divertida cada vez que lo pensaba.
Estaba integrándose a un nuevo grupo, para su suerte Algol estaba con él, pero del otro lado, la encargada de la obra era una aterradora mujer llamada Pandora que era temida y admirada por todos.
Él sólo le tenía un gran respeto, algo de miedo, pero respeto sobre todo.
Babel se había propuesto mantener su imagen de chico fuerte frente a Pandora; ella era la ingeniera encargada, él era el segundo al mando en el cuerpo de arquitectos del próximo edificio de oficinas. Eran dos trabajos tanto parecidos como diferentes y él quería ser quien se destacara dentro de esa comunión. Ese era su propósito de año nuevo.
Como parte de eso llegó temprano, con energía extra y por completo renovado. De sus audífonos Madonna le cantaba a todo volumen Express Yourself y él la acompañaba, primero con un leve tarareo que conforme entraba a la oficina aumentaba hasta convertirse en un canto a casi todo pulmón.
—Hey, hey, hey, hey/So if you want it right now, make him show you how/Express what he's got, oh, baby, ready or not…
Cantó, tomando una calculadora que estaba sobre un escritorio cerca de la entrada. Estaba de un excelente humor, lástima que este se acabara de inmediato, justo cuando notó que Pandora también estaba en la habitación, parada cerca del plano de su construcción, mirándolo con una ceja levantada.
Babel se paró derecho y le dió la espalda, fingiendo que no lo había visto. Sin saber que estaba haciendo pegó la calculadora a su rostro y fingió una conversación telefónica.
—… E-esa es más o menos la letra de lo que canta Shaina cuando está ebria —dijo, sintiendo que sus mejillas se calentaban—...sí, ya sabes que yo sólo escucho puro black metal… ajá… sí… tal vez debas de preguntarle a ella, es la experta, creo que incluso tiene todos los discos de Madonna…
Aún dándole la espalda a su compañera, Babel golpeó su frente con su palma, quiso maldecir a la Madonna de los ochentas por tener canciones excelentes pero no era capaz de hacerlo. En su lugar sólo deseó que alguien llegara, pronto, y lo sacará de su suplicio.
Quién sea, incluso se conformaba con el inútil del asistente de Pandora, Zelos, que sólo estaba ahí para incordiar, pero eso era suficiente para que él dejara de hablar al azar y de fingir esa patética risa.
Su suplicio duró dos minutos exactos. Su salvador y con quién estaría eternamente agradecido fue Algol, que llegó justo en el momento en el que fingía otra risa por lo alto.
—… sí, bueno, acaba de llegar Algol, tengo que despedirme —murmuró guardando su culadora en el bolsillo de su pantalón, a un lado de su teléfono.
Algol lo miró algo confundido, estaba por preguntarle a su amigo con quién hablaba hasta que notó que Pandora también estaba en la habitación, frente al plano pegado en la pared, mordiéndose el labio inferior y mirando al suelo, avergonzada.
—Buenos días Pandora, Babel —saludó el rubio, ignorando la incomodidad que se podía percibir en el ambiente.
—Algol —murmuraron los otros dos, aún dándose la espalda, avergonzados.
—Estaba revisando los planos —dijo Pandora después de un par de segundos en silencio—, algo en los cálculos no me cuadra, ¿podrías ayudarme, Algol?
—Claro, sólo necesito mi calculadora... —el rubio sonrió alegre y miró a su escritorio— ¿Y mi calculadora?
Babel mientras tanto ya estaba en el área diseñada para él, cubriendo su rostro con sus manos, aún escuchando a Madonna gracias a que no se había quitado sus audífonos. Ese era uno de los momentos más vergonzosos de su vida, no tenía otra palabra para definirlo, al parecer Pandora sería la eterna encargada de la construcción, lo único positivo era que estaba dispuesta a fingir que nada de eso había pasado.
