Los personajes de Saint Seiya no me pertenecen, son propiedad de Masami Kurumada y Shiori Teshirogi.
8)... molesto cuando el empaque te engaña.
Su viaje de regreso a Atenas estuvo lleno de desventuras. Peleas con el equipaje, vuelos de muchas horas, una maleta perdida y un vuelo que casi se les iba.
Su último viaje era desde Ítaca hasta Atenas, en autobús, un largo viaje de siete horas que se sumaba a las varias más desde que la familia decidió dejar Tokio para regresar a su natal Atenas.
Ilías estaba molesto, cansado y sobre todo hambriento; a su lado estaba la gran bolsa de su esposa y frente a él estaba ella, junto con Regulus, charlando sobre lo emocionados que estaban por ver a su familia y amigos.
—… ya quiero conocer a las novias de Aioros y Aioria, vi que Aioros compartió una foto con… ¿Hilda? —contaba Regulus mientras sacaba su celular para buscar la fotografía.
—Ohh, es bonita —murmuró la mujer agarrando el teléfono—, ¿Y la chica de Aioria? ¿Sabes cómo es?
Ilías rodó los ojos y miró por la ventana. Hubiera sido más sencillo tomar un avión que los llevará directo a Atenas, pero su familia quería una experiencia de viaje completa y eso incluía esas tormentosas siete horas de viaje en autobús. Para su suerte no tardaron en hacer una parada; para que los viajeros pudieran estirar las piernas, el conductor descansara y todos pudieran comprar algo de comida en la estación. Él fue de los últimos en bajar, Regulus estaba indeciso sobre lo que quería y Arkhes le había pedido tantas cosas que casi estuvo tentado a armar una lista.
La tienda era pequeña pero estaba muy bien abastecida; tenía letreros en griego e inglés y una gran variedad de productos extranjeros para que los turistas pudieran comprar algo además de las típicas delicias griegas. En medio de su búsqueda de los dulces que le había encargado Regulus lo vio, casi escondido entre un emparedado de pescado y otro de carnes rojas; era un empaque de un gyro que decía ser tradicional. Una deliciosa carne asada con verduras, papás fritas y salsa envuelta en pan de pita; era lo que más había extrañado de Grecia y ahora, a su regreso, estaba ahí, sólo tenía que estirar la mano.
La imagen del empaque presentaba un pan casi salido del horno, jugosa carne, verduras perfectamente cocidas y papas con ese tono dorado que tanto amaba. Fue el primer producto en comprar y el último en poner sobre la bolsa, después de que el encargado de la tienda se lo calentara en su horno de microondas.
Arkhes alzó una ceja cuando vió la gran sonrisa que llevaba su esposo en su ingreso al autobús, estuvo por preguntarle qué le ocurría cuando él dejó la bolsa sobre su regazo, sacando en el proceso su empaque caliente, que incluso sacaba algo de vapor.
Ilías volvió a su lugar, sosteniendo el borde del empaque con la punta de los dedos, imaginando el gran sabor que le esperaba según la imagen del empaque; tampoco era tonto, sabía que él gyro no luciría tal cual, pero si se veía la mitad de bien se daría por servido. Tenía hambre, así que lentamente fue abriendo más el empaque, revelando el delicioso aroma de la carne asada; el empaque le había prometido una experiencia inigualable, con carne lo doble de jugosa que su versión anterior y con menos calorías, no sabía si eso era posible pero a su estómago no le importaba, sólo le pedía iniciar con el primer mordisco.
Y lo dió, sin tregua, grande, poderoso, feroz. Y después vino la desgracia.
La carne estaba seca, la salsa era de un tono oscuro que nada tenía que ver con ese rojo vivo del empaque y las papas se habían pasado un poco en su fritura. Pero a pesar de eso, era algo decente, del nivel de los gyros de Sísifo.
Era un siete punto siete, el empaque había sido algo engañoso pero nada que no estuviera dentro de sus expectativas. Consideró que no tenía que hacer un escándalo y entonces dió una segunda mordida que botó a la basura todo lo que había pensado antes.
Ese segundo bocado no tenía nada de carne, verdura, papas o incluso algo de salsa. No había nada; Ilías abrió el empaque por completo, sintiendo que algo burbujeaba en su interior; y miró con horror como dentro del pan no había nada, estaba vacío, casi limpio.
Miró su pan vacío antes de buscar en su envoltura, la engañosa imagen del gyro indicaba que el relleno estaba más allá de la primera mordida, de hecho la imagen mostraba a la perfección lo bien relleno que debía de estar el gyro. Ilías inhaló fuerte y después exhaló aún más fuerte, arrugando el mentiroso empaque en su mano. Quiso arrojarlo por la ventana del camión pero era un ambientalista (por eso se había mudado a Tokio en primer lugar); en su lugar hizo bolita la envoltura y la guardó en el bolsillo de su pantalón.
Molesto le dió otra salvaje mordida al pan de pita, al menos en eso no lo habían engañado y no sabía nada mal.
