Capítulo 8: Tierra humedecida en tristeza

Mientras tanto, en la sede secreta de la Hermandad del Mal, Monsieur Mallah y Cerebro se encontraban dialogando sobre los avances de su estrategia, que para su suerte, todo estaba yendo de acuerdo a lo planeado por ellos. Cerebro tenía uno de los transmisores robado de los Titanes conectado a su sistema, rodeado de múltiples cables conectado a un computador. Todo con la intención de localizar a los héroes por todo el mapa terrestre.

—Nuestros Jóvenes Titanes se habrán separado en alejados destinos, pero eso no los salvará —la voz robótica dijo rompiendo el silencio. Los Titanes ya habían hecho el primer movimiento. Pero él siempre estaba un paso adelante.

—Pronto se unirán a nuestra colección —agregó Mallah mientras se dejaba ver a dos héroes criogenizados.

—Wildebeest y Hot Spot, uno por uno sus jóvenes amigos caerán. ¿Podemos comenzar ya el juego? —dijo mientras una pieza de ajedrez se movía. Una guerra sobre el tablero, el objetivo… aplastar al adversario.

Monsieur Mallah se levantó de su asiento y se dirigió a la multitud de villanos que estaban ya reunidos, listos para recibir instrucciones.

— ¡Escuchen todos! —ordenó el gorila elevando la voz para ser escuchado—. ¡Nuestro líder hablará ahora mismo!

—Nosotros hemos capturado a dos de sus peones ya—. La voz robótica hizo eco a través de toda la habitación —. Ahora es momento de comenzar a sacar el resto de sus piezas. Los Jóvenes Titanes han entregado comunicadores a todos los héroes de todo el mundo. Ellos ya han terminado con su tarea, por lo cual ya podemos comenzar a eliminarlos. Uno por uno.

Varias expresiones de entusiasmo se escucharon en toda la sala.

—Espero que todos estén listos para luchar. Una vez que hayan perdido todos sus peones podremos capturar a su rey... y la victoria... será nuestra. El mal triunfará.

—Vaya, este robot raro realmente está metido en las metáforas con el ajedrez —dijo Mammoth en tono de chiste a Gizmo mientras la sala seguía en un estallido de gritos, murmullos y risas malvadas.

—Deja de hablar, cerebro de moco —murmuró el pequeño chico de HIVE— ¿Y dónde está Jinx? No la veo por ninguna parte.

—No lo sé, ella simplemente desapareció —comunicó See-More.

— ¡Silencio! —rugió Mallah para llamar la atención de todos y que cesaran todas las cacofonías del lugar—. Las órdenes están por ser dadas —estableció el gorila mientras leía en la computadora los datos a su disposición junto a las localizaciones de los Titanes—. Ahora, leeré sus nombres uno por uno y les daré la ubicación junto a su objetivo ¿Todos entienden? Presten atención porque no lo repetiré dos veces —. Sin esperar una respuesta, Mallah comenzó a recitar:

Johnny Rancid y Cinderblock, Sector 27: Más y Menos.

Plasmus y Tridente, Sector 7: Aqualad.

Gizmo y Billy Numeroso, Sector 13: Kole y Gnarrk.

Private HIVE y Fang, Sector 19: Jericho.

Warp y See-More, Sector del Limbo: Heraldo.

Steamroller e I.N.S.T.I.G.A.T.O.R, Sector 22: Trueno.

Atlas y Adonis, Sector 9: Pantha.

Punk Rocket y Angel, Sector 3: Abeja.

Mammoth, Sector 13: Cyborg.

Polilla Asesina e hija, Sector 16: Starfire.

Cardíaco, Sector 8: Chico Bestia.

Psimon y Kyd Wykkyd, Sector 29: Raven.

—Los demás, esperaran las órdenes para interceptar a los que quedan —terminó el gorila su resolución.

Cada uno de los villanos nombrados se alejó del lugar para cumplir su tarea. Todos estaban preparados para la batalla, ansiosos por hundir por fin a los Titanes.

—Para usted, Madame Rouge —susurró la voz robótica de Cerebro—, le dejaré completamente a Robin a su disposición. Sé que podrá manejarlo… con delicadeza.

—Encantada con eso, líder —dijo la mujer francesa con una sonrisa siniestra.


OoO


«Bueno, un aliado más».

La misión de Raven buscando a Heraldo en alguna especie de dimensión extraña fue relativamente corta pero no sin dificultades. Fue atacada por entidades de tipo calamar. Heraldo la salvó usando una especie de trompeta para abrir un portal que succionaba a los enemigos y los mandaba a otra dimensión o ubicación. Un poder con bastante utilidad a decir verdad. Raven le entregó su comunicador como estaba planeado y luego se fue de aquel… inquietante lugar.

Ahora se encontraba levitando por lo alto del cielo, tratando de comunicarse con Robin y entregarle el mensaje de que ya había cumplido con éxito su trabajo.

—Raven a Robin, misión cumplida, Heraldo ya tiene su comunicador —informó ella finalmente. Sin embargo, algo dentro de su interior le decía que las cosas no estaban bien realmente, y ella siempre le hacía caso a sus intuiciones.


OoO


—Su pequeña reunión tendrá que esperar, es hora de comenzar a eliminar sus peones. Los Titanes ya no podrán salvar a sus amigos —anunció Cerebro mientras las piezas se seguían moviendo por el tablero. Su objeto, el rey.

—Todo está saliendo tal como usted lo planeó.

—Todas nuestras piezas están colocadas, es hora de terminar lo que empezamos. Con los Titanes esparcidos alrededor del globo, los derrotaremos fácilmente. Los derrotaremos en tierra, los derrotaremos en el mar, los derrotaremos en el aire. Nuestros peones ya comenzaron a moverse.


OoO


Raven contestó la llamada entrante de su transmisor cuando el mismo comenzó a emitir un pitido constante. Era su líder, y sonaba realmente agitado.

— ¡Raven! ¡Ayuda a Más y Menos en el Sector 27, están teniendo problemas con Johnny Rancid! —ordenó la voz de Robin.

—Entendido —contestó ella cortando la comunicación y dirigiéndose hacia la ubicación donde se encontraban los pequeños gemelos hiperactivos pertenecientes a los Titanes del Este.

Perfecto, ahora dos niños más que cuidar y con supervelocidad agregada, como si no tuviera ya demasiado de ambas cosas últimamente. Robin y su fascinación con dejarla a cargo de infantes. ¿Acaso tenía cara de niñera o qué?

Se detuvo súbitamente cuando, de la nada, una sombra emergió ante ella y un chico con ojos rojos surgió de la misma. Era Kyd Wykkyd, el chico raro y oscuro con apariencia de murciélago, miembro de HIVE. Pero… ¿cómo sabía que ella se encontraba ahí?

Oh, ¿y por qué no hacer más interesante la situación? Psimon se manifestó a través de un portal y ahora se encontraba detrás de ella levitando y enfocándose para lanzar algunos de sus poderes psíquicos; el cerebro dentro de su cristalino casco estaba brillando de un amenazante tono rosa seguramente ya listo para disparar. Estaba completamente rodeada. Esto no era un simple encuentro casual del destino, era una emboscada y los Titanes habían caído en la trampa de la Hermandad.

—Robin, me estaban esperando —informó ella mientras comenzaba a concentrar su energía en su mano libre.

Ella sabía que estaba en completa desventaja, no sólo de forma numérica sino que estaba peleando en pleno aire a bastantes pies de altura. No tenía ningún objeto a la vista para utilizar su poder de telekinesis y su especialidad no eran precisamente las peleas aéreas, además de que una caída a esas alturas y seguro no viviría para contar la historia.

Y como si la vida no la odiara ya lo suficiente, acto seguido su transmisor sufrió una especie de cortocircuito y terminó hecho pedazos. Bien, ahora tampoco podría pedir refuerzos.

—Magnífico —dijo ella con sarcasmo mientras arrojaba el transmisor roto al vacío y se preparaba para atacar, sus ojos adquirieron un amenazador brillo blanco.

—Hola, joven hechicera —dijo la voz del psíquico.

— ¿Crees que separarme de mis compañeros de equipo te ayudará? —dijo Raven al mismo tiempo que pensaba en algún plan de acción.

—La respuesta a ese interrogante es bastante obvia y evidente para que merezca ser contestada. Conjeturo que simplemente es una pregunta retórica de tu parte —señaló Psimon.

Raven se preparaba para abalanzarse contra el villano pero sintió como su mente era atacada de repente. Ella agarró su cabeza mientras sentía la voz de Psimon dentro de la misma: «Tienes potencial pero eres demasiado inexperta. Ríndete y acepta la derrota». Raven elevó instantáneamente todas sus murallas mentales para evitar que él se adentrara en las profundidades de su psique.

—No te atrevas a entrar de nuevo en mi mente, no es un juguete para alguien como tú —advirtió Raven mientras ahora era ella la que mandaba un ataque telepático hacia la mente de Psimon haciéndolo tambalear.

—Que fascinante estructura tienes en ese cerebro. Es la primera vez que veo una mente tan peculiar e interesante. Pero veo… una mente dividida, ¿acaso fragmentaste tus emociones? —indagó Psimon con inquisición—. Cirugía psíquica, ya veo. Magia antigua y oscura. Pero hay algo más, algo escondido… dentro de ti, pujando por salir. ¿Qué es toda esa oscuridad que aguarda dentro tuyo?

Raven se asombró ante lo que dijo el anciano. No sobre la fragmentación de sus emociones, porque eso es algo que ella misma había hecho en un momento de desesperación para facilitar el control de las mismas. Lo que le sorprendió fue la información sobre esa oscuridad de la que parlamentaba. ¿Sería lo mismo que ella había visualizado cuando meditó esa mañana?

La oscuridad de sus pesadillas.

—Déjame ver que escondes —mandó Psimon mientras se preparaba para volver a sumergirse telepáticamente.

—Ni se te ocurra volver a entrar en mi cabeza —. Raven recolectó toda la energía que pudo en sus manos, creando una gran esfera negra y la dirigió hacia Psimon, pero él simplemente detuvo el ataque perezosamente con un escudo de fuerza creado con su poder.

— ¿Así que solo deseas luchar? Psimon dice que no tienes escapatoria, estas rodeada —advirtió el anciano mientras ponía sus manos sobre su casco, listo para arremeter ahora contra ella.

— ¿Y quién te dijo que tenía intenciones de huir? —alegó Raven mientras apuntaba al longevo villano con sus manos, que estaban brillando con un brío oscuro, al mismo tiempo que conjuraba su mantra— ¡Azarath, Metrion, Zinthos!

El estallido retumbó en el ambiente como un cañonazo. Del cerebro de Psimon brotó un destello de luz rosa en el preciso momento en que de las manos de Raven surgía la proyección de su energía oscura, y ambos rayos se encontraron en medio del aire, luchando entre sí por mantener el dominio. El rayo negro y el rosado, del héroe y el villano, respectivamente chocando, pero ambos eran parejos en cuanto a fuerza.

En mitad de la pelea, un extraño dolor estalló en el cuerpo de Raven. Su visión osciló por el dolor punzante dentro de su cráneo. Pero se dio cuenta de que no era su dolor lo que estaba experimentando. No, este dolor era de otra fuente, de otra persona, alguien cercano a ella... alguien con el que poseía un vínculo mental compartido. El vínculo que formó con Robin desde esa noche en que ella entró en su mente para ayudarlo a luchar contra sus delirios provocados por Slade, luego de que él inhalara el reactivo químico trampa en la máscara del villano.

—No —susurró Raven temerosa, inmediatamente alcanzando la fuente del dolor, esperando que sus temores no fueran reales. Ahora la conexión mental entre ella y Robin le estaba haciendo saber que él estaba en un terrible aprieto. Trató de cerrar el conducto antes de que perdiera totalmente la concentración.

— ¿Por qué no te rindes? Ya nada les queda por hacer, a ninguno de ustedes. Me acaba de llegar a mi mente un dato extraordinario, que Robin fue finalmente capturado hace unos momentos por Madame Rouge —anunció su enemigo con una expresión de victoria en su desagradable rostro.

Los ojos de Raven se abrieron en estupor. Entonces sus sospechas eran ciertas. Por eso el transmisor se rompió, seguramente Robin fue acorralado y decidió detonar todos los aparatos para cortar la comunicación e impedir el acceso de la Hermandad al resto de las ubicaciones. La hechicera vio de reojo que el chico extraño de HIVE había desaparecido de la lucha, pero no podía distraerse en este momento.

—Qué maravilla, y no solamente Robin. También varios más sucumbieron ante nuestro inmenso poder. Al final los Titanes resultaron ser decepcionantes. Y pensar que tantos villanos fuimos reunidos en un plan de tan elaborado esfuerzo para atrapar mentes tan pequeñas e insignificantes como las de tus amigos —siguió Psimon con su burla, mientras emitía lo que casi sonaba como una risa—. Hubiese sido más fácil utilizar trozos de queso atados a resortes de alambre para capturar a ratas de tan baja categoría.

—Eres demasiado hablador —murmuró Raven.

Repentinamente las manos de Raven, que estaban conjurando su magia, empezaron a vibrar como si la recorriera una descarga eléctrica. Las mismas estaban ahora agarrotadas y empezó a sentir el drenaje de su poder, igual que en su lucha contra Mallah ese día. «No ahora por favor», rogó ella. Observó como el centelleo rosado de Psimon estaba atravesando de a poco todo su conjuro. Ella trató de enfocar y reforzar más su poder pero algo estaba bloqueándola de nuevo.

— ¿Qué sucede, pequeño demonio? ¿Te estás quedando sin energía? No entiendo cómo es que la hija del gran Trigon puede resultar ser tan débil, pero no me extraña considerando la otra mitad de tu herencia —apuntó Psimon con una clara sonrisa de burla en su arrugado rostro.

— ¡Cállate! —ordenó ella con enojo. Podía sentir como sus manos ardían, como si se encontraran agarrando un trozo de carbón vivo. No las podría mantener abiertas por mucho más tiempo, por lo cual su conjuro se frenaría.

Y ella sabía lo que sucedería.

Ella caería, de eso estaba seguro y no tenía ni la menor idea de cómo sobreviviría. Pero no se iría sin antes averiguar algo. Robin la necesitaba ahora, él había hecho hasta lo imposible para salvarla una vez del mismo infierno y ahora era su turno. Ella arriesgaría todo por él, incluso su vida si era necesario, se lo debía. Además de que se sentía realmente culpable, él fue capturado por Madame Rouge y todo porque ella había dejado escapar a la villana esa vez. Si no la hubiese dejado huir… pero trataría de compensar su error ahora. Cerró sus ojos y se concentró en el contrincante que tenía en frente. Emplearía hasta sus últimas energías para entrar en la mente de él y robar la información que más necesitaba ahora: la ubicación de su base. Si se salvaba, esa información sería de gran valor.

Si se salvaba.

«Bien, la suerte está echada».

Ella susurró su mantra internamente.

Azarath, Metrion, Zinthos

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Su capacidad psiónica se dirigió directamente a la mente de Psimon y aprovechando que se encontraba distraído atacando, y con sus barreras mentales con la guardia baja, rastreo dentro de su interior.

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...Imágenes…

...Recuerdos…

...Memorias…

...Planes…

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No. Eso no servía. Lo desechó todo, no podía distraerse con nimiedades de ese estilo.

«Solo un poco más, vamos, invade un poco más dentro de su mente, rompe sus barreras».

Ella trató de concentrarse un poco más, pero la mente de Psimon no era algo para tomarse a la ligera. Parecía un recinto cerrado, pero ella siguió hurgando, atravesando todas y cada una de sus barreras psíquicas.

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...Conocimientos...

...Instrucciones…

...Códigos…

...Secretos...

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«Bucea un poco más en su interior, solo un poco más en sus secretos».

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Hasta que por fin encontró lo que quería.

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«Te tengo», celebró internamente con triunfo.

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—París —susurró ella con una sonrisa victoriosa en su rostro mientras abría finalmente sus ojos.

El choque de energías frenó de golpe.

—Maldita arpía, ¿cómo es que una basura insignificante como tú se atreve entrar en mi mente? ¡Atácala, niño estúpido! ¡Ahora! —rugió Psimon con ira. ¿Cómo no pudo notar la intrusión antes? Ella había aprovechado su despiste mientras luchaban para escurrirse dentro de su psique.

Kyd Wykkyd apareció finalmente en escena. Se coló furtivamente y apareció detrás de Raven con un simple movimiento de su capa y, con una patada giratoria, golpeó fuertemente la espalda de la hechicera causándole un fuerte dolor. Luego, Psimon reunió toda la energía que le quedaba y disparó un segundo rayo mucho más potente que el anterior, atacando directamente a Raven, que se quedó sin aliento por el golpe y sus manos se estiraron para aferrarse a su dolorido pecho donde el rayo la había herido. El cuerpo de la joven ahora se encontraba cayendo a una gran velocidad desde miles de pies de altura. Psimon sabía que el ataque brindado era idóneo para asesinar a cualquier humano promedio, pero desafortunadamente para él, Raven no era una persona cualquiera y él lo sabía. Pero, para la mala suerte de ella, la caída sí que sería suficiente.

—Lástima que esa información vaya a morir contigo, sucia mestiza —dijo el villano con repulsión para luego desaparecer del lugar junto al extraño chico hacia la base de la Hermandad.

Raven se encontraba descendiendo rápidamente. Intentó enfocar todas sus fuerzas para levitar pero nada funcionaba, había usado sus últimas energías en obtener algo que no le iba a servir para nada. ¿Acaso así iba a morir? ¿Este era su final? Sintió la pesadez en sus ojos, su vista completamente nublada ahora. Pero antes de caer en la inconsciencia, sintió como una mano se aferraba a la suya. «Estoy salvada». Lo último que pudo vislumbrar era una familiar cabellera rubia.


OoO


—Donde quiera que haya Titanes estaremos ahí para detenerlos. Y el mal prevalecerá. Mis aliados se asegurarán de que los Titanes nunca lleguen a su destino.

—La estrategia de Robin falló, los Titanes no están a la altura de su gran intelecto —alabó Mallah a su líder.

—El fin de una nueva generación de héroes—. Se podía oír a Cerebro hablar a la multitud de abajo, que festejaban sus misiones realizadas con éxito—. Pronto no habrá nadie que nos detenga, con los héroes más jóvenes fuera del camino, todo lo que quedará será la Liga de la Justicia —anunció, mientras una pieza más del tablero se movía al mismo tiempo que Madame Rouge arrastraba hacia el centro de la base a un Robin totalmente vulnerable y herido.

—Madame Rouge, creí pedirle delicadeza —bromeó Cerebro con embelesamiento viendo el estado deplorable en el que se encontraba el líder de los Titanes.

—Sí, creo que me sobrepasé, pero supongo que fue la emoción del momento —ridiculizó ella mientras le daba una fuerte patada a Robin en la espalda haciéndolo gemir de dolor y caer al piso, quedando ahora de cuclillas—. Arrodíllate ante tus superiores, mocoso.

— ¡La Hermandad del Mal será derrotada! ¡No te saldrás con la tuya! —gruñó Robin viendo a algunos de sus compañeros congelados.

Él apretó los dientes ante un segundo golpe de Rouge en su espalda que lo hizo caer completamente al piso.

— ¡Muestra respeto, niño insolente! —dijo la villana elástica con furia mientras presionaba su zapato con tacón en la espalda de Robin haciéndolo lanzar un bramido de aflicción.

—Tranquila señorita, no lo queremos muerto… por lo menos no todavía —mencionó la voz robótica.

Robin se preguntó a sí mismo cómo es que habían perdido. Todo estaba finamente calculado en su cabeza para que saliera bien y la victoria fuera de ellos. En su mente el triunfo estaba asegurado. Tal vez su ego le jugó en contra creyendo que podrían ir en contra de villanos de alto rango y de clase mundial, pero por eso había reclutado a suficientes personas para luchar contra ellos. Él y sus amigos ya habían salvado al mundo antes incluso del mismísimo Trigon el Terrible, pero todo ahora parecía estar en su contra.

Las aclamaciones, insultos y las burlas que los villanos le lanzaban no se hicieron esperar.

—Con relación a lo que dijiste antes Robin, lamento decirte que estás totalmente equivocado, eres tu quien ha sido derrotado. Además, tus peones no podrán salvarte —indicó Cerebro mientras el Chico Maravilla veía con consternación como ahora los guardias traían totalmente vencidos a Speedy, Aqualad, Argent y el niño Menos—. Te vencimos, y ahora te unirás junto a tus amigos a mi colección de trofeos. Creo que Batman quedará defraudado de su pupilo.

Él forcejeó cuando los soldados de Immortus lo levantaron del suelo y lo dirigían hacia un extraño aparato. Los ojos de Robin se movieron por todo el lugar mientras era colocado debajo de la máquina de congelación. Tenía que salir de ahí, tenía que escapar y salvar a los Titanes. Trató de hacer lo último que estaba a su alcance e intentó forzar el vínculo mental que tenía con Raven para darle algún tipo de señal pero parecía estar apagado completamente, ¿acaso ella también había sido asaltada por la Hermandad? Su cuerpo tembló de miedo ante la idea, inclusive Raven había sido derrotada. Todos confiaron en él y él los había defraudado y los había llevado a cada uno de ellos hacia una misión suicida. Esto era toda su culpa.

Entonces, lo que sucedió a continuación fue...

La nada misma.

Hielo.

—El fin de una era, ya hemos completado casi nuestra tarea —agregó Cerebro con ovación—. Todo lo que tenemos que hacer es encontrar al resto y eliminarlos. Ah, y por cierto… Jaque mate.

Finalmente el rey en el tablero de ajedrez había caído. Robin yacía congelado.


OoO


Ella sintió el viento helado golpeando su cuerpo haciéndola tiritar ligeramente. Abrió sus ojos lentamente, pestañeando varias veces para estabilizar su visión que se encontraba realmente borrosa. Lo primero que pudo contemplar fue el claro cielo estrellado. Lo último que recordaba era su batalla, hurtar información en la mente de Psimon y dar con la localización de la base secreta de la Hermandad del Mal. Luego dos ataques severos y ella cayendo. Ahora estaba recostada en la suave tierra fresca viendo el firmamento de donde se suponía que había sido derribada. ¿Había sobrevivido a esa caída? ¿Pero cómo? ¿Sus poderes habían actuado solos por su cuenta? Ella trató de rememorar ese último momento. No, ella no se salvó a sí misma. Alguien la había ayudado. Una mano cálida junto a la suya. El último vistazo de un cabello rubio llegó de nuevo a su memoria. Era demasiado familiar. Raven hizo un esfuerzo para sentarse, su espalda dolía por la patada recibida de Kyd Wykkyd y sentía en el cuerpo un hormigueo realmente desagradable, seguramente residuo producto del ataque psíquico de Psimon.

Su mano tocó la tierra, estaba humedecida como si una suave llovizna o rocío hubiese caído sobre ella. Su mirada se paseó por el lugar hasta que se enfocó en alguien que no esperaba ver, no ahora.

Su primer pensamiento era que no podía ser cierto.

Frente a sus ojos se hallaba un fantasma de su pasado. Alguien a quien habían encontrado, amado y perdido. Alguien que tenía nombre. Era Terra, y ella había hecho cosas horribles. Ella se había entregado a Slade, un hombre que estaba profundamente retorcido, dejándose lavar el cerebro y convertirse en una esclava para cumplir todas sus órdenes, cazándola a ella y a sus amigos, uno a uno. Raven podía recordar cómo había dejado a los Titanes magullados, heridos en más formas de las que podía expresar en palabras. Recuerdos oscuros la atravesaron. La traición fue profunda, atravesando a cada Titán como hierro fundido y dejando una dolorosa llaga. Porque al final, lo más triste de una traición es que nunca proviene de un enemigo.

La misma Terra que se unió a su equipo, la misma Terra que los traicionó, la misma Terra que casi acaba con ella y sus amigos, la misma Terra que se sacrificó finalmente para salvarlos, la misma Terra que ella y su equipo habían hecho hasta lo imposible para traerla de vuelta al mundo y liberarla de la prisión de piedra en la que había quedado sellada.

«Terra, una Joven Titán. Una amiga de verdad».

Esas eran las palabras que estaban grabadas en una placa metálica, como un epitafio junto a la figura de piedra.

Podía resultar imposible pero ahora ella estaba ahí. En carne y hueso.

Terra estaba viva.

Raven inclinó la cabeza para intentar verla mejor, quizás pensando que su mente le estaba jugando una mala broma.

— ¿Terra? —indagó Raven en un suave murmullo, no creyendo lo que sus ojos le revelaban.

La susodicha se sacudió, con demasiado vigor mientras la hechicera pronunciaba su nombre. Raven no pudo evitar fruncir el ceño cuando, por un momento, su mente se conectó con la de ella y sus poderes de empatía le ayudaron a sentir una punzada de soledad y tristeza escondida en lo profundo del maltratado corazón de Terra.

— ¿Realmente eres tú?

Terra se volvió hacia Raven con una cara tan llena de emociones, que ni siquiera la hechicera podría leerla en su totalidad. El cabello, antes brillante de Terra, ahora colgaba descolorido y grasiento. Sus ojos estaban bordeados de círculos oscuros y su cuerpo todavía cubiertos de viejos moretones. Ella estaba usando su pelo rubio como un escudo; los mechones cubrían uno de sus pálidos ojos azules, que ahora parecían casi sin vida. Dolor, arrepentimiento, soledad, desesperación, agonía. Era una montaña rusa de tantos afectos juntos que Raven tuvo que bloquearlos para evitar que su sensibilidad empática absorbiera demasiado de las mismas y la dejaran realmente debilitada.

—Hey —susurró débilmente la rubia, su voz casi escondiéndose con la brisa nocturna. Lágrimas brotaban de sus ojos; una se filtró sobre su labio inferior, hasta su barbilla, cayendo directamente sobre la tierra, regando la misma con los remanentes residuales de su tristeza.

— ¿Cómo te liberaste? Nosotros... lo habíamos intentado todo —dijo Raven. Y era cierto, ella misma había leído múltiples libros de magia y probado múltiples hechizos místicos para despertarla y revertir el efecto. Cyborg y Robin también intentaron hasta lo imposible investigando, tanto física como químicamente, y haciendo pruebas experimentales. Pero nada había surtido efecto… hasta ahora.

—No tengo ni siquiera derecho de mirarte a los ojos y hablarte, ni siquiera de pronunciar tu nombre, no después de lo que hice.

Terra se enmudeció, débilmente se giró y miró a cualquier lado que no fuera a la Titán. Los recuerdos la estaban atormentando. Sus ojos buscaban algo, aunque no sabía qué. ¿Consuelo quizás? Solo algo...

—Terra, solo habla conmigo —dispuso Raven.

—Yo… no lo sé, sinceramente. Mi mente todavía es incapaz de comprender lo que está pasando, creí que acababa de morir, de sacrificar mi vida lastimosa y traicionera para destruir a Slade y poner fin al sufrimiento que les causé a ustedes, como la última forma de decir lo siento. Pero… hace un tiempo solo me desperté en esa cueva, los recuerdos me llegaron como una bomba a mi cabeza y escapé. Como lo hice toda mi vida, hui y corrí lo más lejos que pude.

—Te hemos extrañado, todos nosotros —confesó la hechicera sincerándose con la chica que en este momento necesitaba apoyo. Raven pudo sentir que Terra era en este momento un cristal demasiado frágil que podría romperse en cualquier instante.

— ¿Por qué? —. Su voz era más fría que la noche afuera, más fría que la voz que ella misma usaba habitualmente, pero igualmente tembló con emoción contenida.

—Porque fuiste nuestra amiga una vez y todos anhelábamos verte nuevamente.

«Pero nos traicionó, nos engañó, nos entregó y casi nos mata. Esa perra maldita no merece más que una muerte dolorosa. ¿Por qué no acabas con su agonía ahora? Sé que será divertido acabar con ella», gritó dentro de la cabeza de Raven una voz desconocida y sombría. Ella abrió los ojos con sorpresa ante el cruel pensamiento. Esta no era la ira hablando, era algo más, algo recóndito. Pero, ¿qué era?

—Una vez, lo acabas de decir —rio Terra con tristeza—. Ya no soy su amiga, creo que perdí ese derecho y no creo que nadie esté feliz cuando me vean, los traicioné, a todos ustedes.

Raven notó que un aura amarilla cubría a la chica y su cabello se levantaba mientras algunas piedras comenzaban a flotar en el aire y se desgranaban en pequeñas explosiones.

— ¡Y lo pisoteé todo! ¡Me brindaron un hogar, cariño, su amistad, y yo destruí todo eso por pura ambición, no me siento más que una basura! ¿Cómo pude dejar que él me manipulara de esa forma? —lloró Terra, sus ojos brillando de un fuerte color amarillo, golpeando duramente el suelo con su puño, ocasionando un pequeño temblor. Recordó a Chico Bestia y cómo él la hizo reír en sus momentos difíciles. Recordaba Starfire, y cuán inocente e ingenua era cuando se trataba de la Tierra y sus costumbres. Recordó el entendimiento que tenía con Raven, jugar videojuegos con Cyborg, ayudar a Robin y al resto a derrotar el crimen. Hasta que ella misma se volvió una criminal.

Raven sabía que si ella continuaba así, sus poderes geokinéticos explotarían y estaba al corriente de que las habilidades de la chica podían ser demasiado destructivas porque no tenía ningún tipo de control sobre las mismas. Terminaría ocasionando un gran terremoto devastador si no paraba con esto, o activaría un volcán como la última vez.

—Terra, debes controlarte —exigió la empática tratando de hacerla entrar en razón.

—Nunca tuve control, por eso termine así. Soy patética —sollozó ella con una melancólica sonrisa en su rostro.

—En eso nos parecemos ¿sabes? Estar fuera de control siempre fue mi preocupación, sobre todo cuando mis habilidades son controladas por las emociones. Hice muchos sacrificios en mi vida para aprender a dominar mis poderes, y aun así hay días en que mis poderes se escapan fuera de mi dominio. La diferencia entre tú y yo es que yo pase toda mi vida entrenando para hacerlo. Y tú, en tu desesperación, buscaste el camino más fácil y evidentemente el equivocado, pero yo no soy nadie para juzgarte —explicó Raven.

— ¡Pero tú nunca cometiste un acto tan ruin y despiadado como el mío! —gritó Terra tratando de rebatir lo dicho por la hechicera mientras la tierra se agrietaba a su alrededor. El cuerpo de Raven se meneó un poco cuando el suelo siguió moviéndose por debajo de ella.

—Te equivocas. Tú estabas sellada cuando sucedió. Yo tenía un cruel destino, una profecía que anunciaba que destruiría todo. Y ocurrió. Mis amigos me salvaron y nunca me vieron con odio a pesar de todo lo que les cause, todas las preocupaciones que tuvieron por mi culpa. El mundo casi termina por obra mía. Todos cometemos errores. Nadie está libre de pecados Terra. Nadie de los Titanes está exento de arrepentimientos por sus acciones.

Un corto silencio surgió antes de que Terra hablara nuevamente.

— ¿Me odias Raven? —interrogó la rubia por fin pronunciando el nombre de la Titán.

—No puedo mentirte. Al principio te odié, lo hice porque vi en ti una amiga, confíe en ti, te deje entrar en mi vida y en mi hogar, me brindaste aceptación. Te odié porque sentí que fue todo un engaño. Pero ahora… no puedo odiarte.

¿Estaba bien simplemente perdonarla?

Raven estaba segura de que, en circunstancias diferentes, ella y Terra hubieran sido buenas amigas.

Todo el sufrimiento, la rabia, la desconfianza, la soledad y la traición, le rompieron el corazón. Había mucho más para ella, pero su núcleo era todo dolor, y Raven se identificó con eso. Se identificaba realmente con ella.

—Te humillé de la peor forma, te insulté y…

—Y luego te sacrificaste para salvarnos, a nosotros y a la ciudad, y de paso destruir a nuestro mayor enemigo. Eso es más de lo podías haber hecho para recibir redención y expiar tus culpas —trató de compensar Raven—. Y de nuevo, me acabas de salvar la vida; si no fuera por ti estaría ahora estampada contra el suelo y muerta. No voy a mentirte y decirte que estoy lista para confiar completamente en ti pero puedes hacer algo bien ahora. De mi parte te daré una oportunidad, la segunda oportunidad que nunca te brindé en ese momento. Pero, por favor, te aconsejo que no la desperdicies. No te perdonaré si vuelves a dañarme a mí o a mis amigos, si arruinas esta oportunidad, todo habrá terminado.

La ex-Titán parecía estar replanteando todo en su cabeza, como si de un rompecabezas se tratara.

—Terra, no hay nadie en este mundo que jamás haya tenido dudas y que jamás haya cometido errores. Dudar es propio de las personas. Todos somos víctimas de nuestras propias confusiones en algún momento de nuestras vidas. El estar triste, sufrir, luchar, sentirse perdido o impotente forma parte natural de una existencia humana. No eres la única.

—Slade… —murmuró en una pregunta silenciosa.

—Lamentablemente sigue con vida —decretó Raven, viendo como el cuerpo de Terra volvía a temblar—, murió realmente gracias a ti, pero el muy maldito encontró la forma de regresar, cortesía de mi padre.

—El vendrá por mí —vaticinó la chica.

—Puede ser que estés en lo cierto. Pero él no tiene ninguna oportunidad si tú te quedas con nosotros y esta vez confías en que podemos ayudarte. Slade tiene una fascinación sádica en aislar a su víctima, así lo hizo con Robin, contigo también, y yo de igual forma lo sé de primera mano —manifestó Raven recordando como la había atormentado el día de su cumpleaños, el día en que la profecía debía cumplirse.

Terra solo asintió y Raven pudo notar como las emociones de ella se comenzaban a estabilizar de a poco. Necesitaba ayuda. Dejarla en ese angustioso destierro por haber cometido un error sería un acto vil y cruel que ella no se perdonaría. Además, ya se había acostumbrado a dar segundas chances durante esta misión. «Un viaje de segundas oportunidades», pensó ella con gracia. Se la brindó a Jinx, una villana que les había causado muchos problemas en el pasado, se la estaba ofreciendo a Terra… y también le estaba dando la oportunidad a otro hombre de acercarse demasiado a ella luego de la traición de Malchior.

—Realmente Chico Bestia estará feliz de verte —agregó Raven para no seguir profundizando su pensamiento reciente—. ¿Sabías que visitaba casi todas las semanas la cueva donde estuviste sellada? Siempre te llevaba flores, hablaba contigo, él… te necesita, y mucho.

—No sé si podré ver a Chico Bestia a la cara nuevamente. Es al que más daño he hecho —expresó tristemente Terra. Recordaba al chico verde y todo lo que hizo por ella.

—Eso solo el tiempo lo dirá, de mi parte créeme que él te recibirá con los brazos abiertos.

Terra solo siguió sentada en una roca, viendo el cielo estrellado.

—De todas formas, ¿cómo llegaste hasta acá? —interrogó Raven entrecerrando sus ojos con sospecha. Ella no desconfiaba de ella, su aura no delataba nada de malicia, pero tampoco se creería la historia de que su encuentro fue causa de una simple eventualidad.

—Cuando desperté, vi que habían dejado en el lugar como recuerdo mi antiguo transmisor y yo lo tomé antes de salir de ahí —contestó Terra mostrándole el artefacto que ahora se encontraba descompuesto—. Hoy escuché la voz de Robin, que necesitaban ayuda y tú eras la que estabas más cerca. Pero ahora está roto. Supongo que lo estropee.

—No, el transmisor fue deshabilitado porque Robin fue capturado por la Hermandad del Mal, estamos en aprietos, todos nosotros.

— ¿Robin capturado? ¿Hermandad del Mal? Nunca había oído hablar sobre ellos —dijo ella, con curiosidad y asombro al saber que Robin había sido derrotado, viéndola ahora por fin a los ojos.

—No tengo mucho tiempo para explicarte, solo nos queda ir a su base y atacarlos. Debo salvar a Robin, se lo debo. ¿Me ayudarás?

«Las lágrimas son lluvia sobre el polvo de la tierra».

—No lo sé —suspiró ella mientras las últimas lágrimas caían por su rostro mojando más la tierra si era posible—, pero creo que puedo hacer eso. Aunque… tengo un poco de vergüenza y miedo de verlos a todos nuevamente —confesó Terra mientras se removía un poco inquieta en clara señal de nerviosismo y ansiedad.

—Terra, todo estará bien, ven conmigo —dijo Raven tendiéndole una mano la cual, luego de un momento de vacilación, fue recibida finalmente por Terra.

Cuando sus manos se tocaron, miles de recuerdos llegaron a la mente de Raven como un pantallazo. Además de sus múltiples emociones… eran sus memorias. Tara Markov… Princesa de Markovia… un hermano… Brion Markov… conocido también como Geo-Force… experimentos por intereses siniestros dentro de la Corte Real, lo que le brindó a ambos hermanos superpoderes con la habilidad de controlar y manipular la tierra… Terra escapando por su falta de control… para no lastimar a nadie… Lo mismo que hizo ella escapando de Azarath…

«Nunca debemos avergonzarnos de nuestras lágrimas…»

Raven retiró su mano para evitar que los recuerdos de Terra siguieran llegando a ella. No había tenido la intención de entrometerse dentro de su cabeza, pero el simple contacto había producido una especie de conexión instantánea.

—Escucha, contempla esto… como un nuevo comienzo. Las cosas cambian, Terra.

«…porque son la lluvia que limpia el polvo cegador de la tierra que a veces cubre y mancilla nuestro endurecido corazón».

Terra solo accedió.

Raven solo esperaba no estar cometiendo un error.


OoO


Wally estaba realmente preocupado. Sabía que el plan de Robin había sido un total fiasco. Las comunicaciones de alguna manera habían sido interceptadas por la Hermandad del Mal y ahora todos los Titanes estaban en aprietos. Y para alterar más sus nervios ahora su transmisor y el de los niños estaban totalmente rotos e inservibles. Pero lo que de verdad le preocupaba era Raven, si estaba tardando tanto tiempo es porque la Hermandad tendría que haberla localizado, pero no sabía dónde estaba y él aquí a salvo sin saber qué hacer ni cómo ayudar.

Los niños se encontraban debajo de la cama temblando de miedo y en total silencio. Él había apagado todas las luces y se encontraba espiando por la ventana de la cabaña en busca de alguna señal de problemas. Si los otros habían sido atacados, tranquilamente alguien podía venir a buscarlos a ellos también. Sus localizaciones de todos modos ya no eran un secreto para ellos.

—Raven, vuelve rápido —imploró él internamente mientras seguía examinando el exterior en busca del menor atisbo de movimiento.

En ese preciso momento un grito de los niños lo alteró, poniéndose inmediatamente en posición de ataque. Era un portal, y Raven estaba cayendo del mismo junto a otra chica.

— ¡Raven! ¡Rae! —gritaron los niños y él respectivamente, al mismo tiempo que se acercaban a la joven hechicera.

Kid Flash corrió para evitar que se desplomara en el piso quedando arrodillado junto a ella mientras la sostenía.

— ¿Qué demonios te pasó? ¿Quién te hizo esto? —interrogó Wally con disgusto examinando el aspecto demacrado de la chica, su túnica lucía andrajosa, sucia de barro y hecha jirones, parecía que había sido bastante herida en batalla.

— ¿Por qué? ¿Acaso planeas vengarme o algo así? —bromeó la hechicera con sátira para romper un poco con la preocupación del chico.

—Estoy hablando en serio —dijo Wally austeramente.

Ella suspiró cuando su chiste no obtuvo el resultado esperado. El velocista la veía con real seriedad. La hechicera trató de desarrollar los hechos que habían sucedido para responder a su pregunta.

—Caímos en su trampa, todos. Luego de completar mi tarea y entregar el comunicador a Heraldo, Robin me llamó para ayudar a Más y Menos que fueron atacados por Johnny Rancid —explicó Raven—. Pero yo también fui emboscada, por Kyd Wykkyd y Psimon. La Hermandad estaba al tanto de todos y cada uno de nuestros movimientos.

— ¿Te encuentras bien? ¿Estás lastimada? —cuestionó una vez más moviéndose rápidamente alrededor de la chica para ver si había alguna herida que necesitara atención inmediata.

—Yo pude... leer su mente al final. Fue difícil pero finalmente resultó.

— ¿Eh? ¿De qué demonios estás hablando? —interrogó Wally con desconcierto sobre lo que ella estaba diciendo.

—Ya sé dónde se encuentran... su base de operaciones... está en París —reveló Raven finalmente, tratando de levantarse del suelo y estabilizarse, siendo ayudada por el velocista.

— ¿Y la señorita quién es? ¿Por qué vino contigo? —preguntó Melva notando a la otra mujer.

— Si, me pregunto lo mismo, ¿y ella quién es? —indagó Wally mirando desconfiado a la chica rubia.

—Mi nombre es… Terra… yo —tartamudeó ella mientras esquivaba su rostro de la mirada inquisidora del pelirrojo y de los tres niños.

—Ella es un… antiguo miembro de nuestro equipo y no tengo tiempo de explicar nada sobre eso. Yo me llevaré a los niños, a Bobby y a ella a la base de la Hermandad. Tú debes buscar a Jinx, nos reuniremos todos allá. Atacaremos esta noche —mandó Raven. Wally solo parpadeó confundido por su orden.

¿Antiguo miembro? ¿Terra? Él recordaba ese nombre, ¿pero de dónde? Acaso… ¿no era la chica que se había unido al psicópata de Slade? Robin le había contado algo sobre eso.

— ¿Disculpa? ¿Y dejarte sola? No lo haré —negó él mientras agitaba su cabeza—. Además ni siquiera sé si puedo confiar en ella y tú te encuentras demasiado débil.

Terra se encontraba un poco asombrada por la cercanía entre Raven y el chico pelirrojo desconocido. Cuando conoció a la hechicera, ella siempre parecía tan lejana y hermética a todo lo que fuera contacto humano. Se angustió ante el comentario de él. Bueno, ella tendría que ganarse la confianza de todos de nuevo si quería ser aceptada.

—Kid Flash, solo confía en mí ¿bien?, esto no es un juego, Robin fue capturado y mucho de los Titanes Honorarios también —puntualizó Raven, haciendo que la incertidumbre recorriera el cuerpo de Wally, «¿acaso Robin había caído ante la Hermandad?»—. No tengo conocimiento alguno sobre cuantos de nosotros quedamos ahora mismo ya que no hay comunicadores ni otro modo de ponerse en contacto, pero entre más ayuda tengamos será mejor y Jinx es muy fuerte. Su apoyo será necesario. ¿Acaso no te puedes despegar un momento de mí? —interrogó Raven con enojo por su negativa para seguir su plan, mirándolo fijamente a los ojos.

—No —dijo él simplemente.

—Wally —exhaló Raven en suave susurro observando al chico con sorpresa por su escueta respuesta. Ella tragó hondo cuando un nudo se instaló en su garganta, él se preocupaba realmente por ella y su seguridad. Podía sentirlo en su aura. Ella cerró sus ojos para tratar de controlarse a sí misma y sus emociones. Esto era algo realmente nuevo para ella. Nuevo porque era diferente a cualquier cosa que haya sentido antes. La emoción de capa amarilla, el conocimiento, habló en su paisaje mental y ella asintió metafóricamente a lo que le estaba diciendo. Pero no solo el conocimiento estaba hablando. Esto era diferente, de una manera que no podía articular. Sus amigos también se preocupaban por ella, pero ella no veía a Wally como veía a su equipo. Ella lo sabía, pero era algo que ella no quería dar nombre todavía, tenía miedo de hacerlo. Ponerlo en palabras era peligroso, porque de esa forma le daba entidad, lo convertía en algo real, en algo verdadero y posible. Esto resultaba difícil. La calidez de Wally y sus palabras tenían tantas promesas... promesas que sabían que no podían ser para ella. Raven también se preocupaba por el bienestar del velocista, cuando lo vio tan indefenso siendo torturado ese día sintió algo derrumbándose en su interior. Podía comprender sus emociones, pero también había que terminar con esto referente a la Hermandad del Mal de una vez y para siempre.

—Prométeme que te reunirás conmigo una vez llegues, solo eso —él se rindió con un suspiro de frustración tratando de enfocarse en la lucha que se avecinaba. Raven tenía razón, este era un asunto de seriedad. Pero es que él sentía también la extraña necesidad de protegerla. No quería que ella saliera lastimada.

—Está bien, te doy mi palabra —dijo Raven finalmente. Su cara se ruborizó completamente cuando Wally, antes de desaparecer de la cabaña con su supervelocidad para seguir la tarea que ella le encomendó, plantó un tierno beso en la mejilla de ella. Raven se quedó estupefacta ante la repentina acción de él, solo permaneció paralizada en el mismo lugar, con una mano palpando con delicadeza la zona donde él había puesto sus labios, zona que parecía estar ardiendo ahora mismo en un hormigueo que ella consideraba demasiado placentero.

—No sabía que tenías novio Raven, me alegro por ti —expresó sorprendida Terra, que se hallaba con los brazos cruzados, viendo la escena con mucha curiosidad. Bueno, después de todo ella había estado bastante tiempo sellada en esa cueva, suponía que la vida de los Titanes había continuado y la hechicera no había perdido su tiempo.

—Nov… ¿Novio? ¿Yo? —. Raven sintió un subidón de sus emociones ante el pensamiento, ocasionando que todos los focos de luz y algunos de los vasos y platos de la cocina de la cabaña se detonaran en miles de pedazos haciendo sobresaltar a Terra y a los niños, todo esto ignorado por la propia Raven que se encontraba completamente enfrascada en un solo pensamiento… ¿Novio?...