Los personajes de Saint Seiya no me pertenecen, son propiedad de Masami Kurumada y Chimaki Kuori.


10)... soñoliento cuando terminas duermiendo en una clase.


Lunes, ocho de la mañana, clase de historia.

El Lykeio privado de la ciudad le exigía a sus estudiantes la mejor de las disciplinas; los uniformes siempre debían de estar limpios y bien planchados, nada de accesorios extras, nada de aretes grandes y vistosos tanto para chicos como para chicas. Todos debían de mostrar disciplina.

Y a pesar de todo ese contexto, Toki no pudo evitar bostezar en su clase de historia. No era su culpa, quiso pensar, el profesor tenía más de setenta años y una voz que era capaz de dormir a alguien con insomnio crónico. Además de que la clase era historia, una de las más aburridas de… de toda la historia.

—La crisis del veintinueve o Crack del 29' es otra de las consecuencias de la Segunda Guerra Mundial, como recordarán por la clase pasada… —decía el hombre, en tono monótono, anotando sus palabras en la pizarra, lo único que se escuchaba era él y el sonido del reloj en la parte media superior de la pizarra— Estados Unidos fue el ganador indiscutible de la guerra, su territorio no había sufrido ningún daño durante la lucha y los Países Aliados les debían una cantidad importante de dinero gracias a la venta de armamento que ha caracterizado a Estados Unidos desde su independencia en 1781…

Toki se esforzó por anotar todo lo que su profesor decía, pero sus párpados se volvían pesados y su mirada se tornaba algo borrosa. Sólo cerró los ojos un momento, pero cuando los volvió a abrir ya habían pasado diez largos minutos.

Tratando de mantenerse despierto golpeó sus mejillas un poco y miró el pizarrón, que ya estaba ocupado a más de la mitad. Toki sabía que mantenerse despierto era vital para pasar el año escolar, todo lo que ese hombre decía era preguntado en sus exámenes mensuales, incluso la cosa más insulsa; pero era imposible, incluso sus compañeros se lo demostraban.

Del otro lado del salón estaba la prueba, Isaac, el compañero más problemático de todos, dormía con la cabeza hacia arriba y la boca abierta. Toki rodó los ojos, no importaba lo que sucediera, de alguna forma el peliverde siempre se salía con la suya. Detrás de Isaac, Mii se entretenía peinando el cabello de su amigo, ya le había puesto varios broches y cintas que traía consigo, Saori a su lado soltó una leve risa que ayudó a despejar el sueño de Toki.

Saori era la chica más linda de toda la escuela, para él. Siempre se ponía nervioso cuando ella pasaba a su lado, siempre acompañada de Mii, aunque últimamente la rubia pasaba tiempo con Isaac y eso dejaba a Saori algo sola, lo que él aún no sabía cómo aprovechar.

Recargó su cabeza sobre su palma izquierda y regresó su mirada a la pizarra. Ese sería su propósito de año nuevo, lograr acercarse a la bella Saori Kido. Podría resolverlo en ese momento pero tenía asuntos más importantes que resolver, como la durmiente voz del profesor de historia.

Volvió a bostezar, esta vez un poco más alto.

Estaba siendo arrullado, o hechizado más bien, por esa voz, más los temas, ¿a quién le importaba lo que pasó hace cientos de años a un motón de hombres lejos de Grecia?

Toki volvió a voltear un poco hacia su derecha para mirar a Saori llevarse la punta de su pluma a los labios, mirando al profesor hablar sobre un montón de deudas y gente en desesperación.

Sus ojos volvieron a cerrarse, un poco y volvieron a abrirse de inmediato, todavía faltaba una hora para que la clase terminara, una eterna hora y el profesor no se callaba.

Toki trató de resistir, regresó a su cuaderno, dispuesto a anotar lo que sea que se estuviera diciendo, pero sus ojos volvieron a cerrarse, por otro segundo; cuando volvió a abrirlos se encontró con que su cuaderno estaba lleno de garabatos y líneas producto de haber escrito dormido.

Tal vez era el momento de aceptar su derrota, el sueño lo estaba atacando por todos lados, no lo dejaba trabajar y ni siquiera ver a Saori de cerca ayudaba; de hecho era lo contrario, sentía que si se rendía la protagonista de su sueño sería la pelimorada que en ese momento, y con algo de maldad, le jalaba el cabello al peliverde para despertarlo.

Volviendo a suspirar, y arriesgándose a ser visto, cruzó los brazos y puso su cabeza en el pupitre; trató de luchar, nadie diría lo contrario, pero era hora de dormir. Pediría los apuntes después, si alguien se había mantenido despierto ese día.