Capítulo 9: El preludio de la tormenta
"¡Mi Señor! El tiempo se acerca, hay que tener paciencia, solamente me queda escapar de aquí y mi brillante plan estará por fin en proceso de llevarse a cabo. Sé que mis acciones te complacerán, maestro", reflexionó él.
Dentro de su mente, en su imaginación, ya podía ver cuatro ojos de color rojo carmesí, suspendidos en el aire, que lo miraban desde arriba mientras se escuchaba una profunda risa que sacudió toda la caverna. Ya inclusive podía oír una grave y profunda voz de barítono que lo felicitaba por sus acciones.
—La gema nació del fuego del mal, la gema será su portal. El viene a reclamarlo, el viene a reinar sobre el fin de todo lo mortal —recitó ahora, recordando la vieja profecía que anunciaba su venida.
— ¿Qué le sucede a este tipo? ¿De qué carajos está hablando? ¿Gema de qué? ¿Fin? —cuestionó uno de los agentes de vigilancia al otro mientras pasaban por ahí y oían al hombre murmurar la extraña y siniestra frase. No era la primera vez que lo escuchaban recitar eso.
—No tengo idea, puede que ya haya perdido toda cordura, debe de estar desquiciado si tienes en cuenta su historial —dijo el otro mientras se reía por la locura de la situación. — ¿No crees que hubiese sido mejor decisión que lo encerraran en Arkham?
—Da igual, no podrá salir tampoco de aquí de todos modos.
«Claro que sí, pero no tienen idea… no saben lo que les espera», alardeó mentalmente el sujeto mientras escuchaba a esos sujetos murmurar sobre su persona.
Él se encontraba en una celda, la cual se encontraba protegida por un campo de fuerza de nivel cuatro, estaba demasiado inmóvil, sentado con las manos firmemente apoyadas en sus rodillas. Parecía realmente una estatua humana. Solo se movía de esta posición pocas veces, solo cuando estaba realmente hambriento y la comida de la prisión le resultaba apetecible. Pero la mayor parte del tiempo ayunaba, incluso había días en los que solo bebía pequeños sorbos de agua. Cualquiera que lo viera en este momento simplemente llegaría a la conclusión de que se había resignado y simplemente esperaba pacientemente a que terminara su sentencia, lo que era un aguardo inútil, ya que el veredicto era por mucho más tiempo que la esperanza de vida de un humano natural. Otros creían que no se alimentaba simplemente en un intento de morir de hambruna y terminar su condena acabando simplemente con su vida en un suicidio por inanición.
«Ellos saben que no puedo ni mover un dedo. Ni quiero que sepan de lo que soy capaz de hacer. Me quedaré aquí sentado. No haré un solo movimiento. Sospecharían de mí. Me vigilarán a todo momento. Lo sé. Que vigilen si quieren. Así se darán cuenta de la clase de persona que soy».
Si permanecía sentado sin moverse, no desconfiarían de él.
Si permanecía sentado sin moverse, sabrían que estaba sumiso y rendido.
Era lo mejor. Que ellos pensaran que tenían todo el control.
Aunque realmente no fuera así.
Permaneció reposado durante mucho tiempo, mientras en ese mismo momento una mosca zumbando se acercó.
Y se posó en su mano.
Podía aplastarla… si hubiera querido.
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Pero no la aplastó.
—No voy a matarte —susurró mirando al insecto parado en su mano—. Tranquilízate.
No la aplastó, y confió en que las cámaras lo estuvieran vigilando ahora, porque eso probaba la clase de persona que realmente era.
Alguien incapaz de matar siquiera a una simple mosca.
Pero todos estaban equivocados. Él sonrió. Aunque el cuerpo del hombre no se balanceaba ni siquiera un poco, su mente estaba constantemente activa y en movimiento, yendo y viniendo, fluyendo más allá de los confines de su celda mientras continuamente buscaba los medios para liberarse finalmente. Y ya sabía cómo. Su mente era poderosa. Él era poderoso. Los muy idiotas creían que no comía porque quería solo morir, pero en realidad el ayuno le servía en su trance meditativo. Gracias al ayuno es fácil acceder a estados de meditación más profundos de lo común. La concentración mejoraba, el pensamiento creativo se expandía, el insomnio se detiene, la ansiedad se desvanece, la mente se vuelve más tranquila. Cuando las toxinas físicas se eliminan de las células del cerebro, automáticamente la función mental-cerebral mejoraba y sus capacidades psíquicas se expandían de manera notable. Incrementaba su percepción, y su capacidad energética y espiritual. Todo estaba fríamente calculado.
Luego de ser capturado, lo habían trasladado aquí desde Steel City, debido al hecho de que esta prisión poseía instalaciones superiores para tratar con reclusos que poseían habilidades sobrehumanas. Verdaderamente, las paredes de esta celda estaban reforzadas para que ni incluso sus habilidades la rompiesen y el campo de contención atenuaba sus poderes. Pero solo un poco, porque nunca podrían suprimir su mente por completo. El poder de la mente era una fuerza notoriamente difícil de contrarrestar, sobre todo una tan fuerte y sublime como la suya.
El hombre ya había esperado muchos meses, y no estaba dispuesto a esperar más tiempo. Una vez que pudiera ser libre, el destino volvería a su rumbo natural y él recuperaría lo que le pertenecía por derecho. Había estado erróneamente mucho tiempo obsesionado con Cyborg y su aparente invulnerabilidad a sus poderes psíquicos. Se había alejado del destino de sus antepasados en el manejo del culto a Trigon, y dedicó su tiempo y recursos a construir y direccionar una red de seguidores súper poderosos e impresionantes. HIVE. Esta dirección en particular había sido bastante productiva y beneficiosa hasta la introducción de Cyborg y su interferencia cuando se infiltró en su academia, la única persona que había podido hacer frente a sus habilidades. Había sido humillado y derrotado por el mismo Titán una y otra vez, y por la última pelea en la cima de la Torre de los Titanes del Este, terminó por rendirse por completo. Estaba realmente perdido y pasó su tiempo en prisión sin poder ver nada de luz en sus ojos.
Pero ahora su objetivo había cambiado por completo.
La Gema de Scath.
Nunca se había percatado de su presencia, ya que su foco estaba puesto en el otro Titán mitad cibernético y también porque la chica parecía siempre moverse en las sombras para ocultarse, siempre en la retaguardia. Pero durante su estadía en prisión, pudo sentir la presencia del gran Trigon y entonces lo supo, ella era el portal. Era su hija. La hija de esa patética humana, de la cual hasta podía recordar su nombre: Ángela Roth. Una joven incrédula y manipulable. Ella había llegado a su iglesia desesperada luego de huir de su hogar, con un severo caso de depresión por culpa de la relación con su abusivo padre, buscando contención. Y sin ella saberlo, había sido entregada en una ceremonia mística para que pudiese llevar la semilla de Trigon en su interior y así crear el conducto de acceso, la entrada por la que él entraría erguido para apagar el sol y toda luz por siempre y para siempre. La vía por la que él podría entrar a este mundo y sembrar su destrucción, purgando y expiando a todos los impuros. Pero desafortunadamente esa mujer inepta escapó y luego nunca más tuvo conocimiento alguno sobre ella y el hijo que engendró. Fue como si absolutamente hubiese desaparecido de la faz de la tierra. Hasta ahora, porque su descendencia estaba aquí.
Ya no había lugar para las dudas.
¿Acaso nadie miraba el mundo que los rodeaba?
Era un infierno, repleto de sujetos llenos de apetito de odio y decadencia. Pero nada era comparado con el fuego eterno que les esperaba en lo más profundo del abismo.
«Perdónalos», podría decir, «pues no saben lo que hacen». Pero llega un momento en la historia en el que la barbarie ya no es un agravio disculpable… llega un momento en el que sólo la purga tiene el poder de la absolución.
Esta tierra ya había sobrevivido demasiadas cosas: la primera y segunda guerra mundial, hambrunas, bombardeos atómicos, desastres naturales, la peste negra y otras epidemias. Terremotos, erupciones, inundaciones, incendios, tormentas, tsunamis, plagas, hambrunas, guerras, accidentes. La humanidad lo ha padecido todo.
«Pero no todo», pensó. «No hasta ahora».
Estamos ante un mundo al revés, que recompensa a sus arruinadores en lugar de castigarlos.
Homo homini lupus: el hombre es un lobo para el hombre. "El lobo salvaje", oculto en el ser íntimo, está presto a ejecutar atrocidades. El estado natural del hombre es la lucha continúa contra su prójimo. La metáfora del animal salvaje que el hombre lleva por dentro capaz de realizar grandes brutalidades y barbaridades contra elementos de su propia especie. El hombre es un depredador del propio hombre.
Pero el mundo cambiaría para siempre. Y su maestro, en toda su excelsitud, sería el responsable de lograr esto, de tan noble y notable hazaña.
Miró hacia un futuro en donde los civiles se volverían de piedra, cielos rojos y aire ardiente. De lava que fluye donde debería estar el agua, y desolación por todas partes, la intemperie repleta de aves de carroña que deseaban consumar una carnicería. Los cielos se abrirán y los campos serán quemados por el calor. El sol se convertirá en tinieblas, y la luna en sangre. Las estrellas de los cielos y sus luceros no darán más su luz; y el sol se oscurecerá al nacer, y la luna no dará su resplandor. El ocaso absoluto... la noche más oscura que haya vivido la humanidad.
La noche más oscura.
Los cuerpos lujuriosos retorciéndose bajo la tempestad y sumergidos en un gran torbellino incesante que los agobiará en la soledad absoluta donde un fortísimo viento no les dejará reposar un solo instante. Las almas glotonas, los soberbios y los envidiosos flotando en excrementos y en el fango bajo una lluvia continua de granizo y nieve. Los avaros arrastrando objetos de gran valor y de enorme peso, en sintonía con la cantidad de bienes terrenales que acumularon o gastaron en su pasado, dedicándose enteramente a esto en vida, chocándose uno con los otros. Los herejes, metidos en sepulcros de fuego. Los iracundos inmersos en el fango de su propia rabia, y donde se golpean y se injurian eternamente, mientras los perezosos, que gastaron su vida en la inmovilidad del espíritu, ahora estarían hundidos, privados de aire y palabra así como en vida se privaron de las obras. Los charlatanes y falsarios, cubiertos de lepra y los villanos traidores congelados en la helada garra de Satán.
Opresión.
Indignidad.
Depravación.
Dolor.
Corrupción.
Todo escondido detrás de esas falsas máscaras de armonía, caras vacías y sonrisas de deshonor.
Así como flores de plástico no convierten al desierto en jardín, esos individuos vacíos tampoco podían cumplir ninguna función.
« ¡No comprenden lo que va a ocurrir… ni lo que habré hecho por ellos!
¡Tierra ingrata! »
Pero el día en que él llegara y se alzara, arrancaría la carne de este mugroso mundo y mostraría las verdaderas caras de todos, quién era quién en realidad. Y pondría a cada quien en su lugar.
La hora final.
La sangre de Trigon también corría por las venas de ella. Raven, todavía recordaba su nombre. Él se relamió los labios ante el pensamiento.
¿Quién diría que la joven bruja oscura de los Titanes era en realidad el bello fruto de aquel pacto que ocurrió hace años? Ella era una reliquia, un diamante en bruto, una gema.
Tales reflexiones son las que le dieron la fuerza para resistir su encarcelamiento que a veces se tornaba insoportable. Sin embargo, el tiempo aprisionado también le había dado tiempo para planear todos sus movimientos.
Lo primero era volver a retomar su papel como pontífice y paladín de Trigon el Terrible, Señor Infernal, demonio interdimensional del plano del Octavo Círculo del Infierno. Por lo cual el inicio sería viajar a Zandia. Después necesitaría secuestrar a la bruja de los Titanes, aunque secuestrar no era la palabra adecuada para ser más exacto, porque finalmente ella sola vendría a él. Y para eso necesitaría primero el libro que él muy bien sabía que ella guardaba celosamente en su habitación. Y tenía ese conocimiento porque, cuando sus inútiles estudiantes de la Colmena se infiltraron en la Torre en su primer encuentro con los Titanes y fueron derrotados por ellos, él se había infiltrado en la mente de sus alumnos para saber lo que escondían esos mocosos y estar al tanto de algunos datos como el sistema de seguridad que usaban. Pero entonces lo vio. Jinx había entrado en la habitación de la hija de Trigon y había revisado al pasar sus múltiples libros sin prestarle mucha atención a su contenido. Pero estaba ahí, el Grimorio de Volpert.
«No hay que dejar nada librado al azar».
Su mente se agitó cuando uno de los guardias pasaba nuevamente por delante de la puerta. El hombre sabía que, tarde o temprano, algunos de estos estúpidos e insignificantes individuos bajarían la guardia.
Entonces él sería libre, y el mundo entero temblaría ante su nombre. Aunque lo consideraban un villano, el más bien creí que era un salvador, un elegido. Lo alabarían y se arrodillarían ante su magnificencia cuando tuviese a la Gema bajo su poder. Una nueva era para los que creían en Trigon, su Dios.
« ¡Oh, ignorantes obstinados! Espero que comprendan el esplendor de mi creación y su necesidad».
Y hoy era el día indicado para hacer su primer avance. Lo había escuchado de una de las tantas conversaciones de los guardias que a veces paseaban por los estrechos pasillos del lugar, sabía que los Titanes no estaban cerca de aquí, se encontraban bastante lejos y entretenidos en París jugando con la Hermandad del Mal, por lo cual no podrían responder a ninguna llamada de auxilio. Ellos estaban distraídos en otro objetivo. Era simplemente todo perfecto, como si los hilos invisibles del destino se hubiesen alineados a su favor.
«He estado en esa miserable celda durante demasiado tiempo», rectificó, « ¡pero deberían haber sabido que no podrían contener mi sublime presencia para siempre!». Sus poderes estaban en su punto culmine. Ya era hora. Sabía cuál era su próximo movimiento. Sus implantes cibernéticos podían haber sido removidos, pero sus habilidades psíquicas latentes no necesitaban ningún programa de computadora para realizar sugerencias hipnóticas básicas. Él sabía lo que iba a suceder ahora en la prisión: el recambio de guardias. El momento oportuno.
—La gema nació del fuego del mal, la gema será su portal. El viene a reclamarlo, el viene a reinar sobre el fin de todo lo mortal —pronunció una vez más.
OoO
Andrew Davis, un joven guardia, estaba sentado pacientemente ante una extensa fila de monitores de vídeo, inclinado en su silla mientras apoyaba los pies sobre un pequeño banco. Era su sexto mes en el trabajo como guardia y, en general, estaba muy orgulloso de haberse unido a las filas de unos pocos elegidos que trabajaban incansablemente para mantener las calles limpias a salvo de la escoria de la tierra.
Sus ojos se desviaban entre una foto que mostraba a una feliz familia de cuatro personas sonriendo en una playa, y también entre las imágenes que destellaban ante él, tomas en directo de cientos de cámaras de vídeo inalámbricas que rodeaban el complejo y mostraban el interior de celdas donde miles de criminales y villanos se marchitaban. Las imágenes no cesaban de desfilar.
Tomó un largo sorbo de su café negro.
Estaba llegando al final de su turno y esperaba ansiosamente terminar pronto, su esposa y dos hijos lo estaban esperando para celebrar el cumpleaños del más pequeño. La mayoría de los guardias se habían retirado para dar paso a la segunda ronda que estaba por llegar. Es por eso que debía estar más atento ahora, ya que la cárcel quedaba desprotegida por un pequeño lapso de tiempo. Obviamente los criminales no tenían conocimiento de este dato ultrasecreto, pero él aún seguía vigilante, ya que este pequeño punto ciego podía ser aprovechado por cualquiera. Además, en este último tiempo, tenían que ser más precavidos que de costumbre, ya que los Titanes no estaban presentes como habitualmente estaban acostumbrados, a una llamada de distancia como siempre para ayudarlos, estaban enfrascados en otra misión de gran importancia, o algo así fue lo que pudo escuchar. Por esto último nombrado, el trabajo también había sido más agotador que de costumbre.
Mientras pasaban los cuadros de video, el guardia se abstuvo de fantasear. Pero una imagen captó toda su atención, venía de la celda número 33. El conocía lo que contenía esa cámara. Un hombre al que atraparon hace un tiempo. Escuchó que lavó el cerebro a un grupo de los Titanes del Este para que pensaran que eran sus estudiantes, y luego se volvió un poco loco que hasta incluso llegó a reemplazar partes de su cuerpo con implantes mecánicos, e intentó hacer lo mismo con los jóvenes. Pero los Titanes lo consiguieron al final como siempre, y ahora él estaba en un encierro perpetuo.
Con un movimiento reflejo que consiguió sobresaltarle incluso a él, ya que no había sido su voluntad realizar esa acción, extendió la mano y oprimió un botón del panel de control. La imagen lo congeló. Frente a la pantalla dos ojos rojos lo miraban fijamente. Casi podía escuchar una voz en el fondo de su cabeza. Una voz que lo llamaba.
«Otra pobre alma, no tengas miedo, estás haciendo tu trabajo, sin importar que lo sepas o no. Ven. Ahora».
Él no tenía fuerza de voluntad para desobedecer. Se levantó de su asiento y se dirigió al sector donde se hallaban las celdas de máxima seguridad.
«Ven».
La voz en su cabeza era más alta ahora, e insistía en llamarlo. En tentarlo.
«Ven».
Bajó las escaleras.
«Ven».
Apenas consciente de lo que estaba haciendo, el guardia se tambaleó por el pasillo, en la dirección por la que parecían provenir esas palabras. Él no tenía forma de saberlo, pero entre más avanzaba, sus ojos comenzaron a iluminarse con un extraño brillo rojizo. Se detuvo. Alguien se estaba estorbando en su camino hacia esa señal atrayente e hipnotizante.
«Mata».
— ¿Andy? ¿Qué mierda se supone que haces aquí? Este no es tu puesto… ¿Acaso quieres que te despidan? Márchate por donde viniste. Ahora mismo.
«Mata».
— ¡Deberías estar revisando las cámaras! ¡Sobre todo en este momento que es el recambio!
«Mata».
— ¿Me estás escuchando idiota? ¡Vuelve a tu puesto en este mismo instante antes de que el supervisor se entere de que bajaste hasta aquí en este momento inoportuno!
«Mata».
Él otra vez no tenía fuerza alguna para rechazar su pedido. Levantó su arma sin titubear y disparó en la cabeza del otro hombre dejando un orificio en el medio de su frente. No había ni una pizca de remordimiento ni culpa en su ser.
Sangre.
Tomó la tarjeta de seguridad del cadáver y la acercó al lector infrarrojo logrando que la puerta corrediza se abriera. Entró en el pasillo y vio entonces en el fondo del mismo una puerta blindada de alta tecnología con un protector de vidrio electromagnético que parecía emitir un constante zumbido.
«Ven, acércate».
Y él solo obedeció.
OoO
BEEP… BEEP… BEEP… BEEP… BEEP…
El fuerte sonido de la alarma, junto a la luz roja de alerta, se escuchó por todo el lugar alertando a todos.
El humo se vertió desde detrás de la pared exterior de la prisión destrozada. Si estas pistas no eran suficientes para indicar que algo muy malo estaba sucediendo, los ruidosos cláxones y sirenas policiales lo indicaba bastante bien. Dentro del lugar, varios guardias corrieron a través del edificio.
— ¡Código Rojo! ¡Celda 33 Abierta! ¡Muévanse e intercepten al objetivo! —gritó uno de los policías dando las órdenes a sus colegas.
Corrieron a corta distancia y luego redujeron la marcha, con las armas listas.
— ¡Patio principal asegurado! —señaló uno de los guardias.
Pero un rayo brillante y rojizo se dirigió hacia ellos, rompiendo la puerta principal de la prisión.
— ¡Ahí está! ¡Apunten! —mandó otro mientras su mano temblaba un poco por el nerviosismo.
Ellos avanzaron y nivelaron sus armas mientras fijaban su mira en el objetivo. Luego de que el polvo se disipó, una figura salió del portón en ruinas. Era un hombre alto, mayor de edad pero con un porte altivo y digno. Andrew se encontraba delante suyo temblado.
— ¡Arriba las manos! ¡Ahora!
— ¡Solo disparen, ese hombre es realmente una amenaza! —dirigió Andy. Esto era toda su culpa. — ¡Es un prisionero de alto riesgo! ¡Que no escape!
— ¡Escucharon! ¡Fuego!
Andrew se arrojó al suelo y se cubrió la cabeza con las manos cuando los disparos se oyeron. Pero ninguno llegó a ellos, las ráfagas de proyectiles no tenían ningún efecto perceptible, el anciano hombre había creado una especie de barrera que repelía todos y cada uno de los perdigones. Él parecía realmente aburrido con toda la situación. No parecía estar esforzándose ni parecía sentirse amenazado ante las múltiples armas que lo tenían en su mira.
— ¿Terminaron? —interrogó el hombre en un gesto arrogante—. Mi turno.
Los guardias dispararon sus armas nuevamente, pero el hombre respondió el ataque con una velocidad cegadora. Antes de que los policías pudieran reaccionar y disparar nuevamente, el hombre levantó las manos y envió descargas ardientes de rayos carmesí hacia ellos, haciendo explotar todo el lugar sobre el que se hallaban firmes. Los hombres colapsaron y se revolcaron, mientras el líquido carmesí salía de sus cuerpos. Algunos vivos, otros muertos y agonizando. Sangre, como le gustaba esa sustancia, hacía bastante tiempo que no recibía un baño en ese bello brebaje.
—Corderos moribundos, por lo menos su preciosa sangre nunca perderá su poder y valor.
Entonces el anciano se volvió hacia Andrew.
— Buen muchacho, has sido de gran ayuda —dijo mientras tomaba en sus manos el arma del guardia y la acercaba a su cabeza mientras acariciaba la sien del joven con el revólver.
—Por favor, no… —rogó Andy mientras lloraba.
—Andrew —lo nombró mientras leía la placa que estaba adherida a su camisa, que se hallaba manchada de sangre por el asesinato que había cometido gracias a la sugestión hipnótica—. Gracias por rescatarme de esa celda vil, estoy realmente agradecido, pero desafortunadamente tus servicios ya no son requeridos por mí.
—Por favor, se lo ruego —imploró nuevamente él mientras las lágrimas bajaban por su rostro—, tengo una familia. Tengo…
—Lo siento, hijo mío. Sinceramente no quería tener que hacer esto. Lamentablemente no podrás ser testigo de muchas cosas, nuestro señor Trigon rasgando la verdad en todos los incrédulos. Pero al menos me tomaré el tiempo de rezar a Scath por tu alma —. El anciano no le dio no siquiera tiempo de defenderse y disparó de repente. Andrew Davis cayó muerto al suelo.
Sangre.
Más soldados se acercaron, este era el segundo escuadrón de ataque y los mismos parecían estar mucho más preparados y entrenados que los primeros. Seguramente era la División Táctica Paramilitar. Pero él no quería perder más tiempo, tenía mucho trabajo que hacer. Con un simple movimiento de su mano, se vio rodeado por una luz roja ardiente. Cuando se desvaneció la irradiación cegadora, él ya había desaparecido del lugar.
La hora final. Esto era solo el preludio de la tormenta que se avecinaba.
Notas de autor:
(*) La frase "incapaz de matar una mosca" está basada en la obra Psicosis de Robert Bloch, bastante recomendada por cierto, o en la película en todo caso por si la vieron (y para los que no también).
(**) La descripción del infierno está basada en el libro La Divina Comedia de Dante Alighieri (también recomiendo su lectura siempre). El Infierno es la primera de las tres cánticas de la obra (los sucesivos cantos son el Purgatorio y el Paraíso).
(***) Para saber a dónde estoy yendo con la historia les recomiendo que regresen al capítulo primero y relean la sinopsis completa. Puede servir de orientación.
(****) El capítulo en sí resultó bastante más corto de lo que estaba acostumbrado a escribir últimamente, pero no quería intercalar esto en el capítulo anterior ni en el siguiente porque sentía que se disipaba su esencia y se perdía entre tanto escrito y diálogo, por lo que decidí publicarlo individualmente en un apartado separado.
Espero que estén disfrutando la lectura todavía, estaré actualizando pronto. No olviden de dejar sus opiniones para saber que piensan hasta ahora. Saludos desde acá! (Y disculpen por tantas notas aclaratorias :P )
