Capítulo 10: La caída de la Hermandad

Wally se encontraba corriendo a toda velocidad, había llegado a la ciudad de Jump City en solo cuestión de segundos y había recorrido todas las calles dos veces pero no había rastro alguno de Jinx por ninguna parte y no tenía forma alguna de rastrearla. Debía darse prisa para llegar a la base, ahora no tan secreta, de la Hermandad. Un suspiro de alivio salió de su boca cuando por fin divisó la cabellera rosa de la chica saliendo de una de las tiendas del centro de la ciudad.

—Hey Pinky —saludó el pelirrojo parándose cerca de la chica asustándola, logrando que ella le lanzara una maldición con sus poderes. Menos mal que era ágil con los movimientos porque logró esquivar el maleficio que Jinx le enviaba por poco mientras se paraba en otro lado rápidamente.

— ¡Qué demonios! —dijo la chica fijando sus ojos en él—. Vaya, si eres el chico exasperante e hiperactivo de la otra vez, ¡no te aparezcas así nuevamente! ¡Y te dije que no me llamaras Pinky idiota! —gruño Jinx tratando de controlar la agitación que sintió, casi se muere del susto.

—Te necesitamos, descubrimos donde se encuentra la base de la Hermandad del Mal.

—Me alegro realmente que lo hayan descubierto pero en ningún momento te dije que fuera a ayudar —dijo ella simplemente mientras se giraba y se preparaba para seguir caminando.

—No hagas esto más difícil ¿sí? Mira, estoy realmente apurado —explicó el pelirrojo perdiendo un poco la paciencia.

— ¿Qué sucede? ¿Estás preocupado por Raven? —interrogó ella arqueando una ceja con curiosidad.

—Sí —contestó él como si fuera lo más simple del mundo.

—Tranquilo chico, ella sabe cuidarse sola, ella es fuerte… aunque recuerdo haber pateado su trasero mágico una vez —se burló Jinx recordando el primer día que conoció a la otra hechicera y no tardó mucho tiempo en vencerla. Aunque luego ella se lo había devuelto con creces… bastantes veces seguidas.

—Sabes, contándome que le hiciste daño no es que sea de mi agrado realmente —dijo el chico frunciendo el ceño.

—Lo siento, era solamente una broma, a lo que quiero llegar es que deberías confiar más en sus capacidades. Ella es realmente fuerte, no es una novata, es una de las mejores hechiceras que conozco y en mi más humilde opinión la más fuerte de su equipo. Aparte viste su pelea contra Madame Rouge, y tomando en cuenta que se estaba conteniendo.

—Confío ampliamente en sus capacidades y sé que es fuerte, pero ella estaba herida y agotada. Necesito ir allí rápido y cerciorarme de que se encuentra segura.

—Vaya, sí que estás realmente enamorado chico. Ya estás perdido.

— ¿Enamorado? ¿Yo?

Si, él se había encariñado bastante con Raven en muy poco tiempo. Y era verdad, ella era su primera especie de... ¿atracción? ¿enamoramiento? ¿eran esas las palabras correctas? Y todo esto más bien lo asustó, ya que eran todas sensaciones atípicas y nuevas para él. Y es que no podía entenderlo… ¿por qué se sentía tan prendado hacia su sola presencia? ¿Cómo si de un imán o una clase de hechizo se tratase? Atraído como una polilla a la llama. Igualmente ya estaba demasiado lejos para detenerlo, y realmente no quería hacerlo.

Si, además de su pasión por la abundante comida, siempre le había gustado piropear con cuanta chica atractiva estuviera en un radio cercano a él. Era como un rasgo distintivo suyo, su actitud galante y despreocupada. Había coqueteado con muchas mujeres, rescatadas por él en su rutina heroica, pero eran solo comentarios al pasar que hacían suspirar a las chicas.

Sin embargo, la situación era diferente ahora.

Por una extraña razón que no cabía en ningún cómputo en su cabeza, se sentía cautivado por la presencia de Raven como no recordaba haberse sentido fascinado por ninguna otra mujer antes. Ella era diferente de cualquiera en todo sentido de la palabra. No le encontraba explicación lógica alguna, solo sabía que se sentía cautivado por ella. Ella era hermosa, misteriosa y singular. Él la deseaba, pero no estaba seguro de por qué. Él no la conocía lo suficiente todavía, pero sabía que podía confiar plenamente en ella. Una parte cuerda de su cerebro le decía que no tenía sentido común alguno lo que estaba sintiendo, que debía ser cauteloso y precavido con ella; pero otra parte de él, tal vez su corazón, quería saber todo sobre Raven, todo lo que él discernía que ella escondía detrás de esas murallas.

Aunque parecía cliché, siempre decían que los ojos eran el espejo del alma, y él pudo divisar en los de ellas una gran sensatez, cautela y sapiencia. Probablemente ella era la más inteligente y prudente de su equipo, incluso más que el mismo Robin y eso era decir mucho. Pero también advirtió aflicción, tormento y traición. Eran los ojos de alguien que ya había visto demasiada hostilidad en su vida. Sabía que la chica tenía seguramente una tendencia al hermetismo, silencio e impermeabilidad. Y algo obvio es que ella parecía emanar oscuridad de cada uno de sus poros y, sin embargo, parecía… parecía que la luz ardía con un fervor casi desesperado en su alma en un intento de salir a flote. Por ende, suponía que lo mejor para ella era un chico alegre, alguien que pudiera mostrarle el lado bueno y divertido de la vida, no el malo, ese que ella seguramente ya conocía como la palma de su mano. «Alguien como yo», pensó internamente sonrojándose por el pensamiento. El yin y el yang, que apropiado para ilustrarlo. La dualidad de todo lo existente.

El cielo es yang, la tierra es yin;

El día es yang, y la noche es yin;

El calor es yang y el frío es yin;

El sol es yang y la luna es yin;

Lo brillante es yang y lo oscuro es yin;

El movimiento es yang y la quietud es yin;

El fuego es yang, y el agua es yin;

La palabra yang viene a significar "lado brillante" y yin "lado oscuro".

Él era el yang y ella el yin.

En cada una de las fuerzas opuestas hay una pequeña parte de la otra. Nada en el universo o en la vida, es simplemente negro o blanco. Cada uno existe en el otro y cada uno necesita del otro para existir. El Yin y el Yang son dos mitades que juntas completan un todo.

El día se convierte en noche y luego se convierte la noche en día

Ni él podía descifrar la revuelta emocional que tenía justo ahora, pero estaba dispuesto a conocerla y ver a qué puerto podía desembarcar todo esto. La voz de la chica interrumpió finalmente sus pensamientos.

—Me pasa lo mismo con Cyborg, en realidad el miedo me estaba atormentando desde que el comunicador que me dio Raven se rompió, suponía que no era una buena señal. Está bien, los ayudaré, pero tenemos que darnos prisa.

—Bueno, eso es algo que puedo hacer fácilmente Pinky.

Con una ráfaga de viento, Jinx estaba ya en los brazos del pelirrojo y siendo transportada a una velocidad desconocida y extremadamente rápida. No sabía cuántos minutos o segundos habían pasado y ya habían frenado. La base entonces estaba en París, la Torre Eiffel podía divisarse a lo lejos entre las construcciones.

París en sí era una capital magnífica. Wally no tuvo dificultades para encontrar el camino por la ciudad, ya que había estado aquí muchas veces antes.

—Creo que estoy a punto de vomitar —murmuró Jinx sosteniéndose contra la pared de uno de los edificios y apretando un poco su estómago.

—Está bien, no te preocupes por eso, se te pasará pronto. Ahora hay que movernos, no hay mucho tiempo.

—Muy bien. Acabemos con esto —indicó Jinx siguiendo al pelirrojo que caminaba cautelosamente hacia una sospechosa construcción.

Se detuvieron junto a un portón de madera que poseía unas banderas a su costado que hacían clara referencia a la Hermandad del Mal. La puerta se encontraba derribada y los guardias estaban desplomados en el piso. Bueno, era evidente que la fiesta ya había comenzado.

—Bueno, creo que llegamos finalmente.

—No sé si puedo... — Jinx comenzó a ponerse realmente nerviosa—. Una vez que haga esto, mi antiguo equipo me verá como una traidora. ¿Y si los Titanes no me aceptan? Nunca seré aceptada como una villana… ni tampoco como un héroe. Quedaré en la nada misma. Estoy arriesgando todo con esto.

—No te preocupes por eso ahora. Si demuestras ahí adentro que vales la pena, ten por seguro que te ganarás un lugar en el corazón de Robin —bromeó el velocista.

Se escucharon gritos y explosiones, y los dos se miraron el uno al otro sabiendo lo que significaba, era hora de entrar. Los dos ingresaron al edificio corriendo por uno de los pasillos, siguiendo el sonido de los ruidos, pero se detuvieron cuando la escena frente a sus ojos no parecía ser demasiado prometedora a su favor.

—Espera… mira —murmuró Kid Flash frenando a la chica para que no entrara. Las cosas no se veían bien ahí dentro. Era una multitud de villanos y solo algunos Titanes que podían contarse con una sola mano.

¿Dónde estaba Raven? Ella dijo que se dirigía al lugar. ¿Y el resto del grupo? El único de los Titanes presentes era Chico Bestia y las cosas no parecían estar yendo bien para ellos y los pocos Honorarios que estaban ahí se encontraban ahora capturados por la Hermandad del Mal.

Genial.

—Esto no se ve bien —se inquietó Jinx viendo el panorama frente a sus ojos.

— ¿Qué hacemos? Nosotros dos solos no podremos contra todos ellos —vaciló un poco el velocista cuando la robótica voz de Cerebro se escuchó por todo el lugar.

— ¿Realmente creíste que tu patética resistencia detendría lo que yo he creado? Una vez más, Chico Bestia has fallado. Madame Rouge, añádelos a la colección —dirigió Cerebro mientras la mujer elástica estiraba sus brazos y arrastraba al cambiante por todo el suelo y lo dirigía frente a su cara.

— ¿Una última palabra? —indagó Madame Rouge saboreando ya la pronta victoria.

— ¡Sí! ¡Yo en su lugar no me quedaría ahí! —puntualizó Chico Bestia con una sonrisa en su rostro antes de convertirse en una mosca y salir volando lejos de la mujer. Él podía oler a sus amigos acercándose a la base y no venían solos. Y si estaba en lo cierto, Cyborg estaba debajo de él en este mismo momento. Pero había otra fragancia en el aire, una que hacía mucho tiempo no sentía y que solo pertenecía a una persona… el olor a tierra húmeda.

Un temblor sacudió el lugar al mismo tiempo que un rayo sónico abrió un agujero en el suelo.

Una vez que el humo se disipó, las figuras se hicieron notar, causando un escalofrío en todos los villanos del lugar. Las cosas habían tomado un giro inesperado.

—Lección número uno: nunca me arrojen a un hoyo sin asegurarse de que me quede en el —estableció Cyborg que apareció junto a Kole y Gnarrk.

Luego una explosión en el techo del lugar dio paso a tres personas más.

—Número dos: nunca nos rendimos —espetó Starfire con sus ojos y manos brillando con un amenazante tono verde. Junto a ella estaban Abeja y Estrella Roja.

—Número tres: su guarida secreta no es tan secreta —dijo una profunda voz femenina para luego aparecer, desde un portal negro en el suelo, Raven junto a los tres niños, Bobby y Terra.

— ¡Titanes! ¡Al ataque! —dirigió Chico Bestia finalmente dando paso a la batalla.

Kid Flash suspiró con alivio cuando vio entrar a todos, bueno ahora esto si se pondría entretenido. Corrió junto a Jinx para entrar en el lugar y los dos fueron recibidos por cinco caras familiares que se encontraban en la entrada. Los cinco chicos de la Colmena.

—Ahora deben estarse diciendo, no debí unirme a esta Hermandad del Mal y creo que… tienen razón —bromeó el velocista con una sonrisa engreída en su rostro—. Siento llegar tarde pero tenía que buscar a una amiga.

— ¿Estás con él? ¡Traidora! —Gizmo le chilló mientras los otros cuatro chicos la miraban conmocionados y traicionados.

—Supongo que ustedes tienen que ajustar cuentas y mucho de qué hablar. Yo iré a ver que encuentro por ahí, nos vemos—. Kid Flash saludó y salió corriendo para ayudar al resto de los Titanes en la lucha.

—No es personal —bromeó Jinx mientras que con un simple chasquido de sus dedos, una onda de choque rosada noqueó a su antiguo equipo.

—Eso sí que fue inesperado —dijo Cyborg mientras golpeaba a Control Fenómeno y se volvió para mirar a Jinx que se encontraba dándole una paliza a los villanos—. Entonces —preguntó con un poco desconcertado—, ¿ya no eres parte de la Colmena?

—No —contestó ella con una sonrisa un poco nerviosa de tenerlo cerca de nuevo—. Me estaba preguntando si necesitabas algo de ayuda por ahí —murmuró mirando hacia abajo, arrastrando sus botas por el suelo en un gesto de ansiedad. Jinx levantó la vista para ver la mano de Cyborg extendida hacia ella. Ella sonrió mientras sujetaba su metálica mano.

— ¡No! —gritó el villano recientemente golpeado haciendo sobresaltar a la pareja— ¡Vuelve al lado oscuro de la fuerza, pequeña Padawan! ¡Yo… soy… tu padre! —demandó Control Fenómeno despertando de su noqueo, mientras se ponía en una pose dramática agarrando su corazón… hasta que fue golpeado por un hechizo de Jinx… y quedó noqueado de nuevo.

—Bueno, eso sí que fue… raro —dijo Jinx mirando atónita la escena. Ese sujeto sí que era extravagante, ni siquiera sabía cómo podía entrar en la categoría de villano.

—Tu ayuda será bienvenida —estableció Cyborg sonriendo, estaba contento de que ella viniera a su lado, al lado bueno—. Se podría decir que eres una bonita heroína ahora —jugueteó él causando un sonrojo en las mejillas de la chica.

—Todavía hay una batalla por terminar —señaló la chica de pelo rosa mientras apuntaba a la guerra desatada delante de sus ojos.

— ¡Booyah! Bueno, vamos antes de que nos dejen sin nada, se están llevando a los mejores... igual ni sé por dónde comenzar —dijo mientras se dirigían al centro de la batalla.

Durante todo esto, Más tuvo éxito en alcanzar a su hermano Menos después de liberarse de los matones de Chang, logrando descongelarlo finalmente.

—Creo que necesito un chocolate caliente —bromeó Menos.

Esquivaron un rayo enviado hacia ellos y luego se miraron con una sonrisa traviesa… bien era hora de jugar. Menos se rio, extendiendo su mano hacía Más. Más unió su palma con la de Menos sintiendo el choque de energías.

— ¡Más y Menos, si podemos! —gritaron al unísono mientras se dirigían al centro de control de la máquina de congelación del Profesor Chang empujando a algunos de los científicos que se encontraban a su paso.

— ¿Cómo funciona? —preguntó Más viendo la cantidad de botones y palancas del aparato.

—No tengo idea, es más complicado que el Space Shuttle.

Los gemelos comenzaron a tocar todos los botones y a jugar con los controles de la máquina de criogenización, logrando finalmente liberar a los Titanes que ya habían sido capturados con anterioridad: Hot Spot, Wildebeest, Aqualad, Tramm, Bushido, Argent, Killowat, los hermanos Rayo y Trueno, Speedy y finalmente Robin. Se liberaron y se unieron rápidamente a la lucha.

— ¡Starfire! ¿Puedes darme una mano? —exclamó la voz de Robin hacia la chica alienígena. Con una sonrisa, Starfire voló directamente hacia Robin para ayudarlo a bajar y se dirigieron directamente hacia la masa de villanos. Starfire comenzó a disparar sus proyectiles de energía hacia todos los enemigos que estaban bajo su vuelo.

— ¡Te voy a aplastar con mis propias manos, Chico Murciélago! —increpó Atlas, el enemigo robótico, mientras se abalanzaba sobre Robin.

Robin sonrió con confianza y saltó en el último segundo encima de la cabeza de Atlas, y luego se lanzó a la tierra justo detrás otros villanos mientras lanzaba una bomba de destello, la cual explotó y cegó a sus oponentes. Luego sacó su bastón mientras seguía golpeando a cualquiera que se pusiera en su camino.

— ¿Forma esto parte de su plan líder? —cuestionó Madame Rouge a Cerebro, mientras se liberaba del agarre de Pantha. Las cosas parecían invertirse ahora, ya no estaban en ventaja.

—Es un... inconveniente menor —dijo la voz metálica restándole importancia al asunto como si de un juego se tratase.

—El inconveniente ya no es tan pequeño —se quejó la mujer viendo a los Titanes liberados—. Haré las cosas a mi modo.

Madame Rouge se arrojó hacia la lucha, deteniéndose frente al chico verde que evidentemente se estaba acercando directamente hacia su líder con intenciones de atacar.

—Debí aplastarte hace mucho —dijo la villana mirando al cambiante como si no fuera más que un insecto que merecía ser pisoteado. Estaba por atacar hasta que una gran roca voladora la golpeó duramente.

«Ouch, eso debió doler, incluso para la psicópata elástica», pensó Chico Bestia con un gesto de dolor en su rostro.

—Terra —murmuró el cambiante encontrándose ahora cara a cara con la chica que había estado ocupando su cabeza últimamente.

—Chico Bestia, yo… —su discurso fue frenado porque sintió dos brazos envolviéndola en un cálido abrazo.

—No digas nada, solo ven conmigo, como en los viejos tiempos —dijo Chico Bestia terminando su abrazo y mirándola a los ojos con una gran sonrisa. Acomodó su cabello rubio dejando sus dos ojos descubiertos, como a él le gustaba. La mano del joven verde estaba extendida, esperando que ella la tomara, y sin ninguna vacilación alguna, ella lo hizo—. Terminemos con esto, hay que volver a casa.

Casa.

Ella no había escuchado ese término por un tiempo. Cerró los ojos, dejando que Chico Bestia la guiara hacia el duelo que estaba ocurriendo, y recordó sus diversas caminatas antes de conocer a los Titanes. Su búsqueda de un hogar, un lugar al que pertenecer, donde la gente la amara y la quisieran cerca; pero siempre fue desechada cada vez que ella perdió el control de su poder y causó la devastación.

Casa.

Ella se iba a casa finalmente. Finalmente soltó una lágrima de felicidad y una sonrisa verdadera apareció en su rostro por primera vez después de mucho tiempo.

—Yo… vuelvo a casa —dijo ella preparando una roca para derribar a Cinderblock que se encontraba cerca.

Plasmus apareció lanzando un ataque pegajoso directo hacia Chico Bestia, aprisionándolo con sus brazos de materiales residuales y radioactivos. Raven voló en esa dirección mientras se acomodaba en posición de loto en el aire y sus ojos empezaban a brillar de blanco. Bien, era hora de terminar con el hombre-moco. Utilizó sus poderes para proyectar su propio yo-espíritu desde su cuerpo a una forma astral, usándolo para calmar y dormir al humano que se encontraba dentro de Plasmus. El villano hizo un bramido cuando su amorfo cuerpo tóxico se derritió, convirtiéndose en nada más que charcos de lodo burbujeante, dejando al individuo tendido en el suelo finalmente inerme. Cuando se aseguró de que ya no causaría más problemas, miró a los niños y a Bobby que se encontraban detrás de ella esperando alguna clase de permiso para poder luchar. Ella solo suspiró.

—Está bien, aléjense de cualquiera mayor que ustedes —ordenó ella mientras se dirigía al próximo villano pero se paralizó cuando escuchó a los niños gritar.

— ¡Miren! ¡Un dragón! ¡Un dragón! —aplaudió emocionado Timmy.

— ¿Un dragón?... ¡Malchior! ¡Aléjense de él niños!

El dragón tomó envión y mandó con su larga cola un golpe directo hacia los niños, solo para encontrarse con una burbuja negra que los rodeó y detuvo su ataque.

—Ni se te ocurra hacerles daño —amenazó Raven mirando ferozmente a su adversario y poniéndose frente a los niños—. De acuerdo, ustedes tres escóndanse en esa esquina y no se muevan. Bobby los mantendrá a salvo ¿sí?, yo me encargaré de él —mandó Raven mientras veía a los chicos dirigirse a la ubicación que ella les designó.

Sin embargo Malchior aprovechó la distracción y escupió una llamarada de fuego que casi da en el blanco, evitado por un rápido escudo negro que no impidió que la hechicera rodará en el piso por el golpe. Mandó rápidamente un segundo ataque rápido antes de que se levantara de nuevo pero un manchón amarillo pasó y ella desapareció de su vista, frenando a unos metros más allá. Ahora la hechicera se encontraba en los brazos de un chico pelirrojo.

— ¿Te lastimó?—. Wally obtuvo su respuesta cuando vio un gran hematoma en la cabeza de Raven, que ahora estaba soltando un hilillo de sangre, evidentemente producto de su choque contra el suelo hace un momento. Instantáneamente enojado, Wally rozó el golpe cuidadosamente. Sosteniendo su barbilla con ternura, Wally la miró con culpa—. Lo siento— él susurró.

—No fue tu culpa, yo me distraje —Raven dijo mientras veía al dragón. Wally notó la mirada de ella. Y ahora si Raven, en este mismo momento, pese a su mutismo y expresión imperturbable que siempre tenía, parecía que finalmente cedería y se desmoronaría. Sus ojos y mejillas brillaban por las lágrimas derramadas y su cuerpo temblaba ampliamente. Evidentemente, ese enemigo causaba un fuerte dolor en ella. El no conocía la historia, pero no había que ser muy inteligente para darse cuenta de la gran herida emocional que esa cosa le había provocado. Las laceraciones de su alma debían ser tan profundas como las lágrimas que empapaban su pálida piel en este momento.

—No sé qué te hizo esa maldita lagartija en el pasado, pero haré que pague —él maldijo señalando al dragón, cerrando los ojos mientras la abrazaba. Por lo general, este contacto íntimo causaría en ella la pérdida de control o alejarse instantáneamente como un acto reflejo. Pero ahora mismo, en este lugar desconocido y amenazante, se sentía protegida y, por una vez, bienvenida. Ella podía sentir el pecho de él subiendo y bajando—. Nunca lo dejaré... que vuelva a hacerte daño ¿sí? —. Wally abrió los ojos para mirar fijamente a Raven. Los ojos de la hechicera se suavizaron un poco, asintiendo.

—Sí —susurró, una sola lágrima más se resbaló por su mejilla. Quitándole la lágrima con su pulgar, Wally se levantó y dio un paso adelante, escondiendo a Raven detrás de él.

— ¿Tan rápido me reemplazaste? No seas así, amor. No es la bienvenida que esperaba de tu parte —se burló el dragón.

— ¡No la llames así! —rugió Wally sintiendo su cuerpo temblar por la ira contenida.

—Oh querida, no vas a ponerte a llorar nuevamente ¿no? —interrogó Malchior con burla, ignorando al otro chico, viendo como la hechicera se encontraba abatida en el piso—. Sé que duele, pero debes darte cuenta de que nadie en este mundo puede amarte de verdad, eres una ingenua.

— ¡Deja de sacar conclusiones rápidas sobre su vida lagartija! ¡No sabes nada sobre ella! —Wally escupió las palabras sintiendo como la cólera aumentaba.

— ¿Y tú sí? —preguntó el dragón—. Igualmente ¿quién estaría interesado en un ser espeluznante como ella? ¿En un esperpento? Dime Raven, ¿de verdad estabas tan desesperada en ese momento que te creíste todas esas palabras hermosas que te dije? ¿Qué ni siquiera tus poderes empáticos te revelaban la verdad? ¿O era tanta tu soledad, tanta tu melancolía y añoranza de ser aceptada por alguien que te negabas a aceptar la triste realidad? Eres realmente patética, pero tienes que aceptar la verdad. Te consumirás en la soledad de tu propia alma por toda la eternidad. Todo se terminó para ti.

«Sola».

—No se ha terminado. Todavía no —susurró ella finalmente.

—No esperes poder vencerme —dispuso el dragón mientras disfrutaba ante el sufrimiento emocional de la chica.

—No creas que no recuerdo la maldición para mandarte a un letargo —dijo ella finalmente levantando la mirada. Una mirada llena de rencor. Malchior se sorprendió como alrededor de Raven su poder estaba desatándose como estática y vio como comenzaron a surgir unos zarcillos negros que rompían el piso de mosaico. Raven se dio cuenta que sus emociones estaban escapando de su dominio. Ella solo respiró hondo tratando de calmarse.

«Enfócate, busca tu centro, no es hora de perder el control».

— ¿Sin el libro de hechizos, dulce Raven? —interrogó él sin dejarse atemorizar por la mirada de la chica.

— ¿Y quién te dijo que necesitaba el libro? —dijo la hechicera mientras sacaba un pequeño fragmento rojo perteneciente a alguna extraña piedra.

— ¿Un trozo de diamante? ¿Planeas sellarme ahí? Vives de ilusiones, amor —titubeó ahora Malchior. Algo dentro de él le dijo igualmente que estaba en problemas, él sabía que la fuerza de la hechicera tampoco era algo para tomarse a la ligera.

— ¡Cállate, te dije que no la llamarás…! —gruñó de nuevo el velocista, pero la voz de Raven lo sacó de su diatriba.

—Wally—murmuró ella en voz baja para que sólo el chico que estaba delante suyo la escuchara—, ¿crees que puedes… distraerlo unos segundos? Necesito tiempo para concentrarme, también para ejecutar y recitar el conjuro.

—Rae —dijo el mirándola.

—Puedo sellarlo —murmuró de nuevo mientras le mostraba un trozo de vidrio rojizo que se encontraba en la palma de su mano—, es una piedra de Azarath, contiene poder mágico suficiente para encerrarlo.

— ¿Solamente necesitas tiempo? Está bien —dijo él decidido—, creo que puedo hacer eso.

—Sé que tú puedes —lo animó ella con una media sonrisa.

Wally sonrió y se puso en posición de carrera y se dirigió velozmente hacia el dragón corriendo ágilmente a su alrededor haciendo lo posible para llamar su atención. Golpearlo no le serviría de nada, esa cosa parecía bastante dura para derrumbarse con un par de puñetazos.

— ¡Mantente quieto insecto, deja que te aplaste! —rugió el dragón golpeando con su cola al chico rápido pero este lo esquivó como si de un juego se tratara.

—Lagartija estúpida, ¿no puedes alcanzarme? Eres demasiado hablador. ¿Cómo es que dice el refrán? … ¿Perro que ladra no muerde? —bromeó el chico mientras se apoyaba tranquilamente en una de sus patas.

— ¡Cállate basura insignificante! —tronó ahora Malchior escupiendo una gran llamarada pero de nuevo volvió a evitar el golpe.

—Estoy aquí, volviste a fallar —dijo Wally ahora detrás suyo, ocasionando que el dragón se girara y le diera la espalda a Raven.

«Bien, Raven, es hora. Concéntrate», pensó ella. Se levantó mientras sus ojos se ponían blanco. Se elevó por los aires mientras su capa ondeaba a su alrededor y la esquirla levitaba frente a sus ojos. Enfocó toda su energía en ella, mientras comenzaba a recitar el conjuro.

—Otórgame la fuerza de la poderosa Azarath... para contener al demonio Malchior dentro de este sagrado fragmento, ahora y para siempre...

Malchior se dio vuelta inmediatamente cuando sintió el gran flujo de energía mágica proveniente de detrás de él. Maldita bruja del demonio. Cargó una gran bola de fuego y atacó directamente hacia Raven.

— ¡Aldruon Enlenthranel Vosolen Lirus-Nor! —cantó ella finalmente cuando un rayo negro salió de sus manos, siendo potenciado por el pequeño cristal, apagando el fuego del ataque de Malchior sin ninguna dificultad y atizando directamente sobre su enemigo, que ahora estaba siendo envuelto en una espesa energía oscura que lo arrastró directamente hacia el cristal, quedando sellado dentro de el. Cuando el mismo cayó al suelo, inmediatamente Wally lo tomó en su mano y lo llevó a la máquina de criogenización que Más y Menos estaban manipulando para congelar a los villanos caídos y agregarlo a la colección.

— ¡Woaw! ¡Es rápido! —se maravillaron los gemelos por la velocidad del chico.

Wally saludó a los dos pequeños y corrió ahora hacia la chica que había vuelto a caer al suelo, con sus manos apoyadas en el piso y su mirada baja. En el poco tiempo que la conoció nunca la había visto tan decaída. Ella siempre parecía tan inquebrantable. Se acercó a ella poniendo una mano sobre su hombro en señal de apoyo.

— ¿Cómo te encuentras?

—Me odio a mí misma por ser tan débil en los momentos más cruciales —suspiró Raven pesadamente mientras apoyaba su mano en la cabeza y curaba la herida.

Wally la miró con atención durante unos segundos antes de hablar.

—No eres débil —le corrigió haciendo que ella volviese sus ojos a él—. Al contrario, eres una de las personas más perseverantes que he conocido. ¿Qué te hace pensar que ser fuerte es ser invencible? Es lógico que no puedas mantener por siempre tu apariencia de chica fuerte. En algunos momentos tienes que ceder esa fachada para recuperarte un poco y darte un respiro, ¿no crees? —dijo él con una pequeña sonrisa.

—No intentes darme lecciones de vida, dudo que hayas vivido siquiera una experiencia y una existencia como la mía. Las heridas no desaparecen por arte de magia, hay tantas cosas que ni siquiera el tiempo puede curar. No es tan fácil como parece, ojalá lo fuera —repuso ella amargamente mientras bajaba la mirada de nuevo.

El velocista se tomó la libertad de quitar la capucha que escondía la cara de la chica, dejando su rostro ahora lleno congoja completamente descubierto. Las lágrimas secas cubrían sus mejillas.

Wally sintió como su corazón se encogía en incertidumbre al no tener idea de qué hacer para apartar la profunda desazón que tenía afligida a Raven. Quería hacer algo para que ella dejara de sentirse así, quería brindarle todo su apoyo, mostrarle cuánto a él le importaba ella. Que supiera que las palabras que dijo esa maldita lagartija no eran más que una mentira. Que él sí estaba interesado en ella, que él no la veía como un bicho raro y que no estaría sola porque él se quedaría a su lado siempre y cuando ella se lo permitiera. Una efímera idea pasó por su mente, y él se dejó llevar por lo que sentía en ese momento, así que tomó su rostro entre sus manos y lo atrajo con suavidad al suyo.

—Wally… ¿qué rayos crees que estás...

No pudo resistirlo más, con lentitud y delicadeza acercó su rostro al de ella, el espacio disminuía y podía sentir como aspiraban el mismo aire, ella no retrocedió, no encontró oportunidad para hacerlo, porque él con delicadeza ya había colocado sus labios en los de ella.

Raven nunca terminó su frase porque el velocista ya había presionado sus labios suavemente sobre los suyos. Los ojos de la hechicera se ensancharon con sorpresa ante aquel suave y sublime contacto. Todo había sucedido tan rápido, que ni siquiera se percató del momento en que Wally la tomó posesivamente de la cintura, atrayéndola hacia él, de tal manera que sus cuerpos pudieran sentir el calor del otro. A pesar de que estaban en medio del fulgor de la batalla encerrados en un combate mortal, el tiempo pareció detenerse. Los sonidos de disparos, gritos y objetos volando desaparecieron completamente de su mente. Raven no sabía qué hacer, así que se dejó llevar por lo que sentía y finalmente cerró sus ojos y rodeó el cuello de Wally con sus brazos mientras lo atraía más cerca de ella, respondiendo con el mismo anhelo que el chico. En medio de la guerra que estaba ocurriendo a su alrededor, así como en la batalla emocional dentro de ella, por primera vez en su vida se sintió libre, dichosa... iluminada en la oscuridad que la atormentaba. La brillante aura de él parecía iluminar la suya propia y cualquier penumbra, como si una vela se encendiera en medio de una oscura habitación.

«No dejes que se apague».

El velocista abrió uno de sus ojos cuando un pedazo de escombro voló cerca de su cabeza. Notó que algunos de los villanos que estaban noqueados en el suelo estaban por levantarse de nuevo, así que se tenía que tomar un minuto para llevarlos a la máquina antes de que se recuperaran y volvieran a atacar. El velocista se echó hacia atrás, con una expresión medio tierna y medio triunfante en sus ojos al ver la cara roja de la bella hechicera. Él le dio su media sonrisa característica antes de retroceder, preparándose para hacer su movimiento. Sus celestes ojos brillaban alegremente.

—Espera un momento ¿sí? —dijo Wally mientras desaparecía y llevaba otro montón de villanos hacía la máquina de congelación.

— ¿Un... momento? —preguntó confundida Raven y todavía con el corazón martillando fuertemente en las costillas por el beso reciente. «Mi… primer beso», pensó ella mientras se acariciaba sus labios que todavía cosquilleaban por el contacto. Se sobresaltó cuando el chico volvió a aparecer repentinamente frente a ella.

—Bien, ¿en dónde estábamos?

Entrecerró los ojos, acercando su rostro al de ella, como si fuera atraído por una extraña fuerza, hasta sentir su calidez. Sus labios se rozaron primero en una tímida caricia, recorriéndolos a ambos una corriente eléctrica desde la boca del estómago hasta la punta de sus cabellos. Wally guio una de sus manos a la nuca de Raven y la otra la colocó en su cintura, estrechándola de nuevo contra él y volviéndola a besar. Se sintió feliz de que ella haya correspondido al principio y ahora de nuevo. Sus labios permanecieron unidos unos segundos más hasta que sus pulmones gritaban por oxígeno. Lentamente se separaron, con los ojos cerrados y las respiraciones jadeantes, mientras intentaban calmar el rápido palpitar de sus corazones.

— ¡Oh, qué glorioso momento romántico entre nuestra amiga Raven y… —gritó emocionada al principio Starfire para luego parpadear en confusión ante el chico desconocido para ella, nunca lo había visto antes pero si su amiga no lo alejaba suponía que estaba bien—… el chico con vestimentas amarillas semejante a un bote de mostaza! ¡Esto se merece la celebración tamareana de la unión, el Bolghurtz! —dijo finalmente aplaudiendo alegremente.

Wally y Raven se separaron y levantaron la vista para ver a los otros cuatro Titanes de pie junto a ellos, algunos con una sonrisa de complicidad en la cara y otros sorprendidos. Los dos volvieron a ponerse de pie, un poco incómodos por la interrupción.

—Viejo, ¿se puede saber qué está pasando aquí? —preguntó Chico Bestia mientras se frotaba los ojos para saber si lo que había visto no era una alucinación o algo así. ¿Raven besando a alguien?

—Bueno, ya suponía que algo había pasado entre ustedes dos, su actitud durante la llamada del otro día sí que fue sospechosa —dijo Robin con una expresión indescifrable. Las mejillas de Raven se sonrojaron y Kid Flash se rascó la parte posterior de la cabeza y sonrió tímidamente.

—Yo… eh —tartamudeó el velocista hasta que la voz chillona de la chica de ojos verdes volvió a sonar y apareció repentinamente frente a sus ojos hablando rápidamente, incluso más rápido de lo que él parecía moverse.

— ¡Es un placer conocerte chico de vestimentas amarillas! Y dime ¿cuál es tu nombre? ¿Color favorito? ¿Qué habilidades tienes? ¿Desde cuándo sales con mi amiga Raven? ¿No le harás daño verdad? ¿Te gusta la mostaza? ¿Serás mi nuevo amigo? ¿Por qué no respondes a todas mis preguntas? ¡Soy Starfire!

La chica habló demasiado exaltada, dándole un apretado abrazo, tan fuerte que tuvo la repentina sensación de que se estaba asfixiando, que su suministro de sangre se cortaba… y que alguna que otra costilla se rompía en el proceso.

—Yo creo... no puedo... aire… —se atragantó.

Raven solo entrecerró los ojos por la repentina acción de la chica alienígena. Sabía que ella era impulsiva y no había malicia alguna en sus acciones, solo inocencia, pero eso no evitó que le fastidiara el abrazo que le estaba dando. Bueno, por lo menos la muy osada y atrevida no lo había besado para agregar algún otro idioma más a su repertorio. Esperaba que no se le ocurriese aprender francés en algún momento ya que había notado que Wally parecía manejar bien ese idioma, las dos veces que lo había usado parecía tener un acento perfecto.

«Estúpidas actitudes extrañas de Starfire».

—Ella suele tener esa rara costumbre cuando conoce a nuevos amigos —explicó Cyborg que todavía estaba sorprendido por la interacción entre el chico y Raven.

Wally respiro profundamente mientras lo soltaba al fin de su agarre. Una vez que recuperó el aliento le contestó sus preguntas.

—Encantado de conocerte también... aunque creo que mis costillas no piensan lo mismo —vio a Raven tratando de esconder una risita por el comentario, y sonrió por haber logrado que ella cambiara su semblante triste —. Mi nombre es Kid Flash, mi color favorito es el rojo, mi poder es la supervelocidad, eso es asunto mío, no le haré ningún tipo de daño, me gusta la mostaza y supongo que podemos ser amigos.

Inmediatamente se pusieron en guardia nuevamente cuando algunos villanos y los soldados de Immortus abrían fuego directamente hacia ellos.

—Bien, ¿alguien tiene algún plan? —preguntó Raven creando un escudo para frenar algunos disparos que se dirigían hacia ella y sus amigos.

—Sí, acabar con ellos —dispuso simplemente Starfire proyectado una energía verde brillante de sus manos hacia sus atacantes.

—Como en los viejos tiempos —bromeó Cyborg viendo a sus amigos.

—Aún mejor —dijo Chico Bestia mientras sus ojos se dirigían a una rubia en particular que estaba batallando un poco más alejada.

—Terminemos con esto —sentenció Robin mientras se dirigían hacia los últimos enemigos que quedaban de pie y derribarlos.

Su objetivo era el mismo: el líder de la Hermandad. Los seis se separaron para acabar con los villanos que quedaban aun de pie. Raven se dirigió a uno en específico.

— ¿Me recuerdas? Todavía no te agradecí formalmente por el regalo, Psimon —murmuró Raven con una sonrisa, su yo-alma en forma de cuervo reinante detrás de ella, apareciendo frente al anciano que se preparaba para crear alguna especie de portal. El anciano estaba por atacar a la hechicera pero fue derribado finalmente por sus poderes.

Raven vio como Wally recogía rápidamente al villano y lo llevaba hacia la máquina.

— ¿Es impresión mía o ha sido muy fácil? —dijo la empática a sus cuatro compañeros de equipo que se acercaban. Bien, ahora quedaba la loca de Madame Rouge, luego seguían Mallah y finalmente Cerebro.

—Niños, cuando aprenderán…—criticó Madame Rouge pero fue interrumpida por un ataque combinado entre Hot Spot y Wildebeest.

—Cómo les decía... —repitió Raven con sorna mientras veían a la mujer elástica caer frente a Jinx que, con un chasquido de sus dedos, enterró sus piernas en el suelo. Un segundo ataque mandó a la mujer volando directamente hacia el aparato de congelación.

—Maestro, es hora de irnos —puntualizó Mallah viendo que ya no había nada más que hacer. Todos los patéticos peones habían sido derrotados por lo cual solo quedaba escapar del lugar.

—De acuerdo —expresó la robótica voz.

Raven estaba por avanzar junto a todos los Titanes para evitar el escape de Cerebro pero un fuerte mareo la detuvo.

«Soy parte de ti, siempre. No puedes escapar», una voz volvió a murmurar desde el fondo de su mente.

Un pulsátil dolor de cabeza la obligó a cerrar los ojos y la oscuridad volvió a engullirla.

La tiniebla la rodeó.

El negro se arremolinaba y giraba frente a sus ojos, era todo extremadamente confuso. La hechicera se sintió aturdida y tuvo que cerrar los ojos. Un intenso dolor le recorrió el cuerpo desde las puntas de los dedos de los pies en dirección a la cabeza.

«Lo que hayas ocultado, te convertirás».

Sintió que todo le daba vueltas y tropezó debido a sus piernas temblorosas. Pudo sentir que alguien la sostenía y le hablaba pero no podía escuchar nada, sus oídos zumbaban en un pitido constante; era increíblemente difícil de soportar.

«Déjame salir, bruja inmunda. No puedes mantenerme encerrado por siempre».

Raven levantó sus manos hacia su cabeza y las mantuvo firme, esperando que las voces y el mareo pararan, pero no fue así. Simplemente empeoró. El dolor en su cabeza se volvió casi desgarrador, quiso gritar, dolía mucho, pero nada salió de su garganta. Se encogió cuando sintió que las murallas de su psique se derrumbarían, algo pulsaba, algo estaba presionando fuertemente por salir. Esos muros se estaban agrietando.

Entonces, de repente, como si de un milagro se tratase, el dolor solo se desvaneció.

Raven jadeó y abrió los ojos pero su visión se encontraba dividida entre la batalla que estaba transcurriendo en la base de la Hermandad y la ciudad de Azarath, era como si cambiara rápidamente entre dos programas de televisión pero que entre los dos se confundían.

La ciudad se veía igual a su última pesadilla.

No sabía que era parte la visión y que era parte de la realidad, la cual estaba claramente fisurada. Estaba todo escindido. Había fuego. Mucho fuego que no sabía si provenía de su alucinación o si el lugar se estaba incendiando realmente. Las llamas se arrastraban por todo el terreno, por las paredes y por el suelo, dejando un rastro de cenizas negras a su paso. El calor era sumamente insoportable.

—Oye Raven, ¿qué está pasando? ¿Estás ahí? ¿Puedes oírme? —llamó una voz lejana, aunque no distinguía bien de quien era. Sonaba tan lejano, parecía que estuviera a metros y metros de distancia, a pesar de ser la persona que la estaba sujetando.

Pudo distinguir, en el fondo del lugar, el mismo esbozo blanco de su sueño anterior. No podía distinguir quien era, se veía de forma borrosa por lo que solo parecía una simple mancha. Era evidente que era una persona, ¿pero de quién se trataba?

« ¿Quién eres?», quería preguntar al individuo de su visión pero su voz no salió nuevamente. Esa persona desconocida se dirigió a Raven en un tono de voz suplicante.

Conoce y revelarás. Medita sobre los símbolos que te doy —dijo—. No dejes que se apague —rectificó nuevamente la voz de esa persona desconocida que luego fue engullida por las llamas, desapareciendo de su campo de visión.

Raven sintió que unas manos firmes la movían… la despertaban de su delirio.

—Raven, ¿estás bien?—. Él estaba un poco preocupado. Vio cómo todos se dirigían para detener a Cerebro y al gorila pero Raven se había desplomado en el suelo con un claro gesto de dolor en su rostro, llegó justo a tiempo para evitar que se golpeara la cabeza contra el suelo y la apartó de la pelea. Ella parecía estar sufriendo y no sabía qué hacer realmente.

—Wally yo… —suspiró ella finalmente cuando el espejismo desapareció de su vista.

— ¿Wally? Bueno, los dos tenemos el mismo color de cabello pero creo que yo soy más apuesto, aunque eso lo puedes evaluar por ti misma —bufoneó él.

Raven solo hizo un gesto de desconcierto cuando se dio cuenta de que no era el velocista el que la estaba sosteniendo.

— ¿Speedy? ¿Eres tú? —preguntó un poco confundida.

—El mismo en persona, aunque si prefieres los nombres reales en lugar de los seudónimos puedes llamarme Roy sencillamente.

—Roy —repitió ella su nombre. Sintió una ráfaga de viento cuando Kid Flash apareció frente a ella.

— ¡Rae! ¿Qué sucedió?

—Ella solo se desmayó… o algo así —respondió el arquero a la pregunta del velocista.

—Tranquila, ya pasó, creo que necesitas descansar —murmuró Kid Flash mientras acariciaba el cabello de la hechicera en un gesto reconfortante sorprendiendo un poco a Speedy por el acto. ¿Desde cuándo Wally era tan cercano a la hechicera? Mejor dicho… ¿Desde cuándo se conocían? O aún mejor… ¿Desde cuándo Raven, la Titán que parecía igual de fría que un témpano de hielo, dejaba que la acariciaran y la reconfortaran sin negarse a tal acción? Es más, hasta parecía cómoda con la atención de Kid Flash. Lo más probable es que se estuviese perdiendo algún capítulo de la historia.

—Igualmente parece que nuestro trabajo aquí está terminado —dijo Roy viendo cómo la batalla ya había finalizado.

— ¿Qué quieres decir? —interrogó Raven y vio como el velocista señaló hacia todos los villanos que estaban congelados, incluidos Mallah y Cerebro, mientras algunos héroes se reían con los demás y festejaban la victoria.

Ruido. Mucho ruido.

De la misma manera observó cómo la figura de Robin se aproximaba a ellos corriendo.

—Amigos vean esto… sesos congelados—. Era la voz de Chico Bestia contando un mal chiste, como los que ya estaba acostumbrado a decir. Se escuchó un coro de fuertes protestas luego de la broma sin gracia.

Excesivo ruido. Era demasiado para ella.

—Wally, necesito salir de aquí urgentemente, por favor llévame a la torre —rogó ella mientras cerraba fuertemente los ojos y percibía cómo todas esas emociones aglomeradas en la atmósfera fustigaban su sensibilidad empática.

—Rae, ¿ahora qué pasa? —preguntó Kid Flash preocupado.

—Demasiadas… emociones… en el ambiente —tartamudeó ella esperando que el chico comprendiera a lo que se refería.

— ¿Emociones en el ambiente? Pues yo no veo ni siento nada —dijo Speedy desconcertado por el comentario mientras echaba un vistazo alrededor esperando ver o sentir algo.

—Yo si entiendo, ven conmigo —dijo Wally mientras se levantaba y la arrebataba de los brazos de Roy y la sujetaba en los suyos. Recordaba lo que ella le había explicado el día que se conocieron, evidentemente no estaba estabilizada para poder manejar tanta agitación.

—Raven, ¿te encuentras bien? —interrogó el Chico Maravilla mientras se aproximaba finalmente a la hechicera que parecía realmente fatigada. Era raro que él supiera lo que sentía Raven a través de su vínculo. Normalmente ella cerraría las puertas, asegurándose de que el vínculo fuera un túnel unidireccional y evitar que él pudiera acceder. Sin embargo, Robin lo sintió. El padecimiento de Raven. Era… insoportable.

—Ella está agotada y creo que sus barreras empáticas están debilitadas. La llevaré a la torre, necesita reposar —explicó Wally mientras respondía por ella y se preparaba para salir del edificio.

—Se lo que ella está sintiendo gracias a nuestro vínculo —dijo el Chico Maravilla subrayando lo último—. Y si ella no se siente bien sinceramente no creo que tu método de viaje mejore la situación —objetó él mientras miraba a Wally.

« ¿Nuestro vínculo? ¿Qué vínculo?», se preguntó internamente el velocista. ¿Acaso estaba compitiendo con él? Bien, Robin tenía un punto a su favor, pero no dejaría que pasara por encima suyo.

— ¿Qué, acaso crees que tu nave o tu motocicleta sean más rápidas y seguras para ella que viajar conmigo?

—Mi motocicleta es más rápida que la del cerebro de ave, puedo llevarla yo, claro si Raven lo desea, ¿qué opinas sobre eso Rae? —dijo al pasar Speedy advirtiendo como Robin lo trataba de amedrentar con la mirada. ¿Su moto era más rápida? Bueno, punto para Roy.

—Estamos en París —recalcó Wally—. Por si no tienes conocimiento sobre geografía básica Roy creo que se te olvida un pequeño pero importante detalle: el océano que nos separa de Estados Unidos, amigo mío. ¿O acaso tu moto puede viajar sobre el agua?

—Bueno, pues no…

Genial, punto anulado.

—Pero en cambio yo puedo correr más rápidamente que el tiempo de respuesta de las moléculas de agua, siempre y cuando me mueva a velocidades mayores a 200 km por hora, lo cual obviamente es pan comido para mí —terminó Wally con un gesto arrogante en su rostro. Punto para él—. Así que si me disculpan…

—Nuestra nave, la T-Ship, llegaría también en poco tiempo y sin poner en riesgo su seguridad, al fin y al cabo puedes caerte o algo así —recalcó Robin ahora interrumpiéndolo. Bien, otro punto para Robin. Pero él la había besado, así que tenía otro punto más a su favor.

— ¿Qué es esto? ¿Una competencia falocéntrica entre hombres por ver quién de ustedes tiene mayor tamaño? —inquirió Raven un poco cansada por la discusión entre los tres.

— ¿Competencia falocéntrica? Espera… ¿acaso ella está hablando sobre el tamaño de nuestros miembros viriles? No conocía esa faceta tuya Raven, lo tenías bien guardado, aunque puedes averiguarlo por ti misma cuando quieras —comentó Speedy mientras una sonrisa pícara aparecía en su rostro.

Ahora era Kid Flash quien lo estaba intimidando con la mirada. Y vaya que le estaba dando una mirada bastante fea.

—Cállate idiota —musitó la hechicera—. Escucha Robin, yo y Wally ya lo hicimos y no sucedió nada… no sufrí más que un simple mareo.

—Como escuchaste Robin, ella y yo ya lo hicimos —acentuó el velocista la última frase, con una sonrisa maliciosa en su cara, viendo como el antifaz de Robin se contraía más si era posible por lo que estaba dando a entender con sus dichos—. Y además, creo que ella prefiere que yo la lleve. Otro punto para mí, así que creo que yo gano.

— ¿Pueden dejar su guerra de testosterona para otro momento? —preguntó una vez más Raven, quería irse lo más pronto del lugar.

—Bien —se rindió el Chico Maravilla.

Wally se giró para salir del lugar pero la voz de la empática lo hizo frenar.

—Robin —llamó ella.

— ¿Si?

—Los niños. Llévalos a la torre contigo, a los tres —ordenó Raven.

—Y no te olvides del oso gigante también —se acordó Wally—, ¿cómo era que se llamaba? ¿Dobby?

—Es Bobby —suspiró la hechicera.

—Bobby, eso es. Siempre se me olvida.

—Yo me encargo de todo —apuntó Robin—, confía en mí, tu solo relájate y descansa, ¿está bien?

—Escúchame bien… más te vale no olvidarte de ellos y que lleguen sanos y salvos porque, en caso contrario, haré realidad cada uno de los métodos de tortura que fantaseé para ti durante esta misión, y créeme que son bastante dolorosos —dijo Raven finalmente con una mirada realmente atemorizante haciendo temblar de miedo a su líder.

Pasada una pequeña fracción de tiempo, la hechicera y el velocista desaparecieron finalmente de la construcción mientras los otros dos chicos se quedaban viendo la puerta por donde ellos dos salieron.

— ¿Sabes algo? Me gustan bastante las mujeres guerreras y vaya que realmente ella tiene carácter ¿no?, me atrae mucho eso de ella, ¿a ti no, Dick? —bromeó Speedy mientras le daba un codazo a Robin en su brazo—. Supongo que Wally también cayó bajo sus encantos, pero ¿quién no lo haría?

—Sólo cierra la boca Roy —dijo Robin un poco irritado mientras se daba la vuelta, se dirigía hacia su equipo y se disponía a salir del lugar. Necesitaba descansar para retomar finalmente de nuevo su rutina diaria y olvidarse de toda esta clase de tonterías. Por lo menos todo había terminado.