Los personajes de Saint Seiya no me pertenecen, son propiedad de Masami Kurumada y Chimaki Kuori.
12) ...divertido cuando ves a alguien dormir con la boca abierta y quieres arrojarle algo.
Desde que Katya se había vuelto amiga de Kanon su grupo de amigas se había integrado a las dinámicas de otro grupo aún más grande que ellas. Para Erda eso habría estado bien, pero por cosas del destino su hermana había comenzando el año saliendo con uno de los amigos de Kanon, un castaño que al inicio ni siquiera podía mirarlas a los ojos y que ahora resultaba, hablaba hasta por los codos.
Ella y Androktasia no se llevaban bien, además de eso, en ese particular grupo también estaba el sujeto mal educado que había conocido hace un año en la cafetería, el sujeto que a partir de ese momento sólo iba para molestarla con su presencia, pidiendo muchas cosas para no terminar comiendo nada, sólo se tomaba su amargo café con un escupitajo.
—¿Quién carajo se llamaría Deathmask? Literal es el nombre más estúpido del mundo —se quejaba mientras caminaba rumbo al lugar donde se reunirían ese dia.
A pesar de las constantes competencias entre su hermana era molestas, ella estaba resuelta a pasar un buen día, con sus amigas, burlarse de Katya y su extraña relación Kanon y tal vez insultar a Deathmask; ambos habían desarrollado esa relación llena de insultos e indirectas de ambos lados, cada vez que Erda veía a Helena solía advertirle del error que cometía, justo frente al doctor forense.
Cuando llegó a su destino ya había varias personas dentro de esa casa de locos, pero la acción estaba en el segundo piso, en una de las dos habitaciones cuyas ventanas daban al patio trasero.
Según le contaron, Deathmask había pasado la noche anterior trabajando en uno de sus proyectos universitarios, así que ahora reponía las horas de sueño que perdió recostado en una de las sillas playeras que tenía. Usaba lentes oscuros, tenía las manos detrás de la cabeza y la boca estaba un poco abierta.
—Estamos apostando por quién da justo en el blanco —le explicó Kanon, armando varias bolitas de papel.
—¿Y el premio?
—Todo lo que esté en el cajón misterioso del mueble de Shijima —Milo golpeó el cajón con una sonrisa—, no desconfíes, una vez de aquí sacó un fajo de billetes de cincuenta… o la liga que los mantenía unidos más bien, pero estoy seguro que también estaban los billetes.
—También sacó de ahí un sobre de mostaza y un pan duro como una roca... —continuó Saga.
—Una vez lo vi hecharle agua al cajón porque una planta estaba creciendo ahí —terminó Shura—, ¿qué dices Erda? ¿Te unes?
La castaña se asomó por la ventana abierta y miró al médico forense disfrutando de su sueño. No podía negarse a la oportunidad de molestarlo, además de que era parte de la naturaleza humana molestar a otro si esta segunda persona dormía con la boca abierta, tenía la guardia baja, imposible no aprovecharse de eso.
—Si lo hago a la primera uno de ustedes deberá pagar la comida de todos.
Dicho eso, se preparó para el primer golpe, sosteniendo su bolita con dos dedos, moviendo la cabeza de un lado al otro para calentarse, Aioria incluso fingió darle un masaje en los hombros para ayudarla en su preparación.
Una vez lista hizo el primer lanzamiento, fallando y provocando varios chiflidos. Erda se preparó para el segundo tiro, tratando de relajarse, y lanzó.
Deathmask se levantó casi de inmediato, escupiendo lo que se que se hubiera caído directo a su boca; dentro de la casa, todos se agacharon para no ser vistos, como Shura predijo, Deathmask sólo escupió al suelo y se dió la vuelta, preparado para volver a dormir.
Todos festejaron la sorprendente puntería de Erda, incluso se llevó algunas fanfarrias y gritos de júbilo. Fue imposible no alegrarse por su propia victoria, en ese tiro había cumplido con las leyes de la naturaleza humana, había molestado a Deathmask y se había quitado todas las frustraciones que había sentido en esas dos semanas de año nuevo.
—¡Y la ganadora a la segunda es: Erda! —señaló Milo, con sus manos alrededor de la boca.
—Madame, su premio —Kanon señaló el cajón cerrado, a la espera de ser abierto.
—¿Están seguros de que se puede hacer eso?
—Sip, Shijima nos dio su bendición, de hecho dijo que podíamos tomar todo lo quisieramos —Aioria mostró la habitación casi vacía—, no es que en realidad hayamos tomado algo más allá de la sorpresa misteriosa del cajón mágico.
Erda miró a todos antes de asentir, aceptando su premio. Su mayor preocupación era que un animal extraño saliera de ahí, al igual que todos al parecer debido a que dieron un paso hacia atrás. Ella era valiente, un simple cajón no la doblegaría; así que con decisión agarró la manija y lo abrió.
Todos se acercaron lentamente, esperando ver diferentes cosas.
—Vaya, parece que sólo eres la nueva dueña de un árbol bonsai.
—Corrección, soy la persona que logró encestar en la boca de ese tarado.
