Los personajes de Saint Seiya no me pertenecen, son propiedad de Masami Kurumada y Chimaki Kuori.


13) ... incómodo cuando te encuentras con tu ex.


Dante estaba distraído leyendo por tercera vez "El hombre que confundió a su mujer con su Sombrero", uno de sus libros favoritos, y debido a eso no alcanzó a notar que casi era arrollado por un auto. El semáforo estaba en verde y él tenía la arriesgada costumbre de leer mientras caminaba, un hábito adoptado en su juventud, cuando comenzó a ejercitarse; una mano masculina fue quien lo salvó, sosteniéndolo del brazo.

Su libro casi salió volando debido a eso, cosa que casi lo hacía perder la cabeza, ese libro era uno de sus bienes más preciados. Sin embargo, una vez recuperado de su casi terrible accidente con su libro, ignorando el hecho de que iba a ser arrollado por alguno de los conductores de la ciudad, se enderezó y miró a su salvador agradecido.

—¡Muchas gracias viejo! Siempre me he dicho que debo de poner atención al exterior, pero nunca lo hago —dijo, algo avergonzado.

—No hay problema, suele pasar, suele pasar.

Su salvador sonrió con tranquilidad. Ese sería todo su encuentro pero en ese momento una chica se acercó al hombre y se colgó de su brazo con una sonrisa coqueta. Dante se quedó congelado en su lugar; conocía a la chica, el cabello corto de un suave tono naranja, casi rubio, esa sonrisa diabólica que conseguía atrapar el corazón de los hombres, esa bella figura que ocultaba tras de sí a una malvada mujer, o eso había dicho Misty cuando se enteró de su rompimiento.

Apenas habían pasado seis meses desde ese doloroso momento donde ella dijo que ya no funcionaban y que prefería concentrarse en sus estudios y trabajo, y otras cosas que no fueran él. Patrañas, eran puras patrañas.

Ella pronto notó su presencia, sus ojos se abrieron cuando reconoció al desarreglado pelirrojo que aún se mantenía cerca de ellos, con su mochila a sus espaldas y su libro favorito en su mano.

—Dante —dijo sorprendida, olvidando que su nuevo novio estaba cerca.

—Bartschius —murmuró él, serio.

Misty también diría, posterior al escabroso rompimiento, o que ella lo dejara más bien, que ese era el nombre más extraño y ridículo que alguien podía tener. Era casi de ley criticar a los ex cuando estos eran los que dejaban a tu muy buen y confiable amigo, todos estuvieron de acuerdo con eso, Shaina y Misty fueron los más venenosos, pero al menos todos dijeron una cosa contra su ex para tratar de aliviar el corazón roto de su amigo.

El silencio se extendió, ni siquiera los ruidos normales callejeros fueron suficientes para perturbar la incomodidad que comenzó a extenderse entre los dos que tuvieron un romance y el desconocido que no sabia nada de ese pasado.

—¿Se conocen? —el tercero presente se hizo presente, mirando de un lado al otro confundido.

Dante miró a Bartschius expectante, quería saber qué es lo que ella diría. ¿Lo negaría? Su respuesta fue verla formar una delgada línea con los labios, odiando la mirada que le dió Dante, echándole a ella la responsabilidad de explicar lo que sucedía.

—Algo así —murmuró ella, colgándose más fuerte del brazo de su novio—, apenas y lo recuerdo.

Dante sonrió, desvío la mirada, resistiendo la tentación de insultar al ex amor de su vida por ese feroz derechazo, la incomodidad se iba para abrirle paso a la hostilidad.

—Estoy de acuerdo —dijo, resuelto a hacer las cosas más complicadas, si eso era lo que ella quería él no pondría resistencia—, fue algo sin importancia, he conocido mejores.

Bartschius achicó los ojos y el sujeto a su lado los miró más confundido.

—No podría estar más de acuerdo, por eso ahora he encontrado algo mejor.

Las palabras de ella lo hirieron. Mujer cruel, malvada, por primera vez en todos esos meses la odió de verdad. A pesar de todo, el hombre al lado de ese súcubo le había salvado la vida, así que Dante optó por no decir algo más contra esa arpía; en su lugar sólo estrechó la mano del sujeto y la movió de arriba a abajo.

—Gracias de nuevo, de verdad, no la cuento si no fuera por ti, un consejo por salvarme, ten cuidado con las arpías, están en todos lados.

El hombre asintió confundido y Dante miró el semáforo en rojo antes de avanzar, para su suerte, no hubiera sabido qué hacer si los carros no estuvieran detenidos; además de que la experiencia le decía que Bartschius pudo haberle hecho una escena si no salía de inmediato.

Sin perder tiempo regresó su atención a su libro. Los libros eran confiables y no te cambiaban por otros, se quedaría con ellos por un largo tiempo.