El soplo nocturno agitaba su morada capa y sentía como el viento fresco golpeaba su rostro. Raven se encontraba al borde de la conciencia, pero estando finalmente en el exterior sentía su mente ya más tranquila y despejada. El único residuo del episodio reciente era una migraña. ¿Qué había pasado recién? ¿Había tenido una especie de sueño incluso estando despierta? ¿Fue un delirio? ¿Se estaba volviendo loca? No, era mucho más que eso. La locura y la esquizofrenia no eran conceptos y cánones que podían aplicarse ligeramente a su mente y su estructura, que no era como la de un ser humano corriente. Para alguien como ella, todas esas voces y pesadillas no indicaban buenos augurios. No era una buena señal. Era todo demasiado críptico, demasiado extraño. Había algo que se estaba escapando de sus manos y no sabía qué era, pero estaba dispuesta a averiguarlo.

—Anímate Rae, volverás a casa en muy poco tiempo y luego podrás dormir todo lo que quieras —anunció la voz de Wally tratando de darle un poco de ánimos.

—Que magnífico, apenas puedo contener mi felicidad. Si ahora mismo estuviese de pie y con energías, estaría brincando de alegría.

—No has estado durmiendo bien, ¿verdad? —interrogó él haciendo caso omiso a su comentario sarcástico.

—No en estos días...

— ¿Tienes frío?—. Wally preguntó notando un leve temblor en el cuerpo de la hechicera.

—No —mintió ella de manera uniforme. En realidad, el aire frío le estaba golpeando la piel, pareciendo ignorar la tela de su leotardo y de su capa.

Él se dio cuenta de su engaño y la acercó un poco más contra su pecho para que descansara con más comodidad y poder brindarle un poco de su calor corporal.

—Wally...—. Las manos de Raven tiraron de su traje, sus dedos se debilitaron, y él la miró. Parecía tan pequeña en sus brazos, tan vulnerable, y sintió como un abrumador sentido protector se despertó dentro de él—. Yo estoy bien, solo... necesito un lugar tranquilo. La torre, por favor...

—Bien, vámonos.

El velocista la sostenía con sorprendente fuerza mientras comenzó a correr con su asombrosa velocidad. Raven podía sentir, aparte de la sensación de ser agitada en todas direcciones, el agua salpicando todo su cuerpo. Él debía estar moviéndose sobre el océano en este momento. Le tomó solamente unos cuantos minutos llegar a la ciudad. A ella le dio la sensación de que estaba conteniendo su rapidez por ella, los músculos en sus piernas seguramente queriendo ir más rápido.

Wally aceleró un poco más cuando finalmente se encontró frente a una isla en la bahía de Jump City, con un edificio en forma de "T" que se alzaba majestuosamente. Se acercó a la estructura, quedando frente a la puerta de la misma.

— ¿Cómo entro? No tengo acceso al sistema.

La respuesta vino sola cuando una energía negra los cubrió a ambos y se teletransportaron solo a través de la puerta de entrada.

—Es lo máximo que puedo avanzar con mis poderes, tendrás que llevarme a mi dormitorio.

—Bien, ¿por dónde? Solo guíame.

—Escalera —indicó ella.

Wally comenzó a subir cuidadosamente por los escalones, uno tras otro. Cuando al fin llegaron al descansillo se encontraron con una puerta metálica de un ascensor. Wally presionó uno de los botones en un teclado numérico, y se abrió la puerta corrediza, condujo a Raven hasta el interior del elevador y la introdujo en él cubículo.

—Último piso —señaló la hechicera.

Wally presionó un botón y sobre sus cabezas se oyó el ruido metálico de una serie de engranajes poniéndose en marcha. Hacia arriba. Mientras ascendía, el compartimento comenzó a oscilar y a vibrar.

— ¿Te duele algo?

—La cabeza —respondió Raven. La brillante luz del ascensor no hacía sino empeorar el palpitante dolor que sentía en el cráneo.

—Te pondrás bien —le aseguró Wally, pero su voz tembló un poco—. Lo más probable es que el estrés de toda esta misión haya provocado una conmoción temporal o alguna especie de colapso, necesitas acostarte.

—Y meditar —añadió ella.

Necesitaba meditar, de eso no cabía ninguna duda.

«Conoce y revelarás».

—Lo sé, pero con esa jaqueca no creo que puedas concentrarte mucho.

«Medita sobre los símbolos que te doy».

El ascensor se detuvo y Wally abrió la puerta corrediza. Volvieron a ponerse en marcha y recorrieron un estrecho y oscuro pasillo. Al pasar por delante de una de las tantas ventanas, Raven advirtió las luces artificiales que iluminaban la silueta de los edificios de Jump City.

— ¿Qué hora es? —preguntó ella.

—Casi medianoche.

Wally buscó con sus ojos cada una de las puertas hasta que encontró una con el nombre de la hechicera grabado. Al lado de la misma había un teclado numérico, seguramente para colocar una contraseña que permitiera el acceso a la misma.

—Rae...

—279535.

Wally marcó los dígitos y abrió la puerta. Raven hizo un ademán para bajarse de su agarre y él la ayudó a pararse.

—Piso 5, está la enfermería.

— ¿Qué es lo que necesitas?

—No suelo tomar nunca medicamentos, pero necesito un sedante suave para tranquilizarme —le explicó—, y también para aliviar el dolor.

—Bien, vuelvo enseguida.

Ella caminó penosamente, casi como un zombi, hacia su tocador para sacar algo de ropa. Necesitaba urgentemente cambiar su indumentaria que ya lucía asquerosa y andrajosa, y tomarse un merecido baño para quitarse el sudor y la tierra adherida a su piel. Se sentía pegajosa, agotada y muy sucia. Ni siquiera se molestó en comprobar si algo encajaba, todo lo que sabía era que agarró una simple remera de algodón y un cómodo pantalón corto.

Suspiró fuertemente mientras se quitaba su capa azul oscura que aún llevaba puesta y la dejaba caer a un cesto de basura mientras se dirigía al baño. Necesitaba esa ducha, y no perdió el tiempo para preparar el agua caliente, se quitó el resto de su ropa justo antes de entrar y dejar que el calor la llenara como una avalancha de alivio que calmó sus dolores corporales. Finalmente la espuma del jabón limpió la suciedad de su cuerpo y el aroma familiar de sus lociones y geles llenó la habitación.

Raven dejó escapar un gemido casi inaudible a través de sus labios entreabiertos, con los ojos cerrados y la cabeza ligeramente inclinada mientras el agua hirviendo le azotaba la piel helada. Sus manos estaban presionadas contra la fría baldosa de la pared de la ducha; su torso se inclinó hacia adelante para permitir que el rocío punzante la empapara. Todo su cuerpo dolía por la tensión y el agua abrasadora ofrecía un tipo de paliativo calmante.


Wally entró en la habitación nuevamente. Escuchó el ruido del agua corriendo por lo que supo que Raven estaba tomándose un baño. Se acercó a la mesita al lado de su cama y dejó la pastilla junto a un vaso de agua.

El velocista ahora observó la zona con detenimiento tomando nota del lugar.

El dormitorio era amplio, y su interior olía a una mezcla de velas aromáticas con fragancia a vainilla, lavanda, incienso y la sutil fragancia que emanaba siempre de los libros. Wally se quedó un momento de pie con los ojos cerrados y respiró hondo, toda la habitación olía como ella. Le gustaba mucho su aroma.

La única amplia ventana estaba cubierta con una gruesa tela púrpura que bloqueaba toda la luz del exterior y el aire. Se acercó e hizo a un lado la cortina y abrió el ventanal para permitir que el aire oceánico de afuera impregnara el interior. La corriente fresca y pura de la noche la ayudaría. Ahora observó el decorado particular. Las paredes eran de un gris pálido, con una gran cama redonda contra una pared. Un espejo individual con cinco lados colgaba sobre una pequeña cómoda. Los adornos y esculturas alrededor de la habitación reflejaban un claro gusto por el expresionismo artístico. Se fijó entonces en el familiar símbolo que adornaba una de las tantas estatuas. Era el mismo pictograma griego que decoraba la mayoría de programas teatrales del mundo.

Le maschere.

Los icónicos rostros de la Comedia y la Tragedia.

Las dos máscaras, feliz y triste, reflejan que una persona se puede poner cualquiera de las dos caretas, la sonriente o emocionada, o la deprimida y desanimada, depende el personaje que se interpreta. También en la vida real se puede simbolizar como afrontar la vida, con alegría o angustia. Uno se puede poner una máscara para disimular, para ocultar muchas emociones, sobre todo con las tristes y depresivas, las que evidentemente más cuestan expresar.

«Que adorno tan apropiado para alguien como ella», pensó él con ironía.

Cada máscara tiene matices diferentes, pero más allá de los matices cada máscara la construimos para que los demás vean lo que queremos, o dejen de ver aquello que no nos gusta de nosotros mismos.

La máscara.

Esta tiene la tarea de defender al individuo como un escudo protector en la vida social. Pero el origen de las máscaras se encuentra en el miedo a ser descubiertos y revelar las verdaderas intenciones de nuestro corazón. Detrás de cada máscara encontramos un común denominador: el miedo.

Ocultarse es de las primeras reacciones del hombre ante las faltas cometidas y cuyo origen se encuentra en el miedo a ser descubiertos quién se es en realidad y cuáles son las verdaderas intenciones de nuestro corazón.

Usamos máscaras por miedo a expresarnos, miedo a ser juzgados, miedo a no obtener la aprobación de los otros, miedo a que nos conozcan. Muchas personas usan una máscara de frialdad e indiferencia, por miedo a parecer vulnerables frente a los demás. Otros se refugian en la actitud hostil como una manera de sentirse seguros.

Protegidos por ellas, podemos vivir en una permanente soledad emocional; llena de secretos, de temor a ser descubiertos, a ser rechazados, juzgados, condenados o a hacer el ridículo.

Miedo a mostrar nuestro lado vulnerable, el lado oscuro.

Una de las tareas más complicadas que tenemos los seres humanos es llegarnos a conocernos a nosotros mismos. El miedo es que si nos quitamos la máscara, eso nos va a volver frágiles y vulnerables, pero en realidad es justo al revés. La máscara nos aumenta el sufrimiento, porque no podemos mostrar nuestro auténtico ser. Llevar la máscara puesta, no nos hace más fuertes, si no que nos debilita. Nos empequeñece. Nada nos puede evitar el dolor en la vida, la vida tiene dolor, pero también tiene alegrías y satisfacciones.

De forma semejante, en el mundo en el que él se movía, la máscara del superhéroe es el símbolo visible de lo que pretende ocultar.

Mirando a su derecha pudo distinguir un librero empotrado en la pared lleno de múltiples obras. Vaya que le gustaba la lectura, tenía casi una biblioteca ahí mismo. Se acercó y echó un ojo al lomo de los múltiples textos. Había autores reconocidos para él como Shakespeare, Kafka, Charles Dickens, Alexandre Dumas, James Joyce, Oscar Wilde, Fiódor Dostoyevski, Edgar Allan Poe, Jane Austen. Otros autores que no reconocía en absoluto y otros tomos que parecían estar en un idioma indescifrable para él, parecían símbolos extraños o jeroglíficos que seguramente, aparte de Raven, solo el Doctor Fate podría leer, tal vez los Zatara también. Uno de los escritos capturó su atención inmediatamente porque estaba separado del resto de los manuales. El mismo tenía una tapa de cuero negro bastante gastada, parecía muy antiguo. Pero lo que más le llamó la atención es que tenía una cadena con candado para evitar ser abierto y evidentemente para que nadie pudiese leer su contenido. Era raro pero parecía que el libro lo estaba seduciendo para abrirlo. Lo tomó en sus manos mientras leía el título.

—Gran Grimorio Mashuanvi, por Argus Basarab Volpert.

Cuando terminó de ducharse y vestirse, Raven salió del baño y se encontró con Wally hojeando sus libros, pero el que tenía en sus manos era uno bastante delicado y peligroso, sobre todo si caía en manos equivocadas. Alquimia, hechizos y rituales avanzados, magia negra en su totalidad. Pero en la seguridad de la Torre, en sus manos, ella creía que estaba más que a salvo. Además, según ella, nadie tenía conocimiento de su existencia. El libro se hallaba teóricamente perdido para cualquiera que supiera de él.

—Te recomendaría que no tocaras ese libro en particular, sería bastante imprudente de tu parte —expresó ella mientras se secaba la humedad restante de su cabello con una toalla.

El velocista ni siquiera parecía estar escuchándola.

—La magia siempre deja rastros. A veces muy evidentes. Yo leí ese libro, solo en parte, pero conozco su estilo —volvió a hablar la hechicera pero él parecía estar en una especie de trance—. Hey, ¿me estás escuchando?

— ¡Te dije que lo sueltes! —exigió ahora al mismo tiempo que se acercaba al chico—. Ese objeto está repleto de sortilegios, de los más oscuros, de los más poderosos. ¡Es muy peligroso, la magia, sobre todo la magia oscura...!

Sin hacerle caso al consejo de Raven, Wally apoyo su palma de la mano en la portada del mismo, portada que llevaba un extraño símbolo, y en el acto en que entró en contacto, miles de imágenes llegaron a su mente. Un frío intenso le recorrió el cuerpo. Imágenes de las más desagradables y atemorizantes.

Un abismo oscuro saturado de desasosiego, conflicto, duelo, violencia, sangre. Ritos. Experimentos. Oscuridad. Sombras. Caos. Destrucción. El Fin. En el mismo momento un fuerte vendaval azotó toda la habitación, mientras que un alarido de agonía parecía emerger del tomo.

—...deja huellas impregnadas —musitó ella.

Raven tiritó, y no sabía si los escalofríos que tenía se debían al fresco del aire que soplaba por la ventana abierta y el hecho de que recién salía de la ducha, o a que ella también percibía los sortilegios del libro cuando él lo palpó. Se quedó mirando al velocista, que seguía con los ojos abiertos y desorbitados, ensimismado en sí mismo, concentrado en cosas que ella no podía ver. Inmediatamente, él tiró el libro al piso cuando sintió que su mano se incendiaba.

— ¡Maldición! ¿Qué demonios fue eso? Fueron como...

—Eran evocaciones —explicó Raven sabiendo a que se estaba refiriendo—, huellas mnémicas por así llamarlas, de acciones mágicas especialmente desagradables. Por eso te advertí que no lo tocaras. ¿Te sientes bien?

—Mi mano... está... quemada —murmuró él mientras veía su mano que estaba ardiendo, roja y chamuscada. Incluso su guante había sido derretido.

—Sí, es una protección que coloqué. Es un hechizo simple pero inquebrantable. Lo elaboré para que evidentemente nadie lo abriera. Ven, déjame curarte... por tercera vez.

El velocista se acercó y la hechicera unió sus manos con la suya lastimada al tiempo que remediaba instantáneamente el dolor y la inflamación.

—Creo que ya deberías comprarte un traje sexy de enfermera, para la próxima vez que me cures. ¿Qué te parece la idea? —bromeó el velocista.

—Sigue soñando —dijo Raven mientras inspeccionaba su trabajo bien hecho.

—Bueno, la esperanza es lo último que se pierde. Pero la oferta sigue en pie, si te da vergüenza lo puedo comprar yo si...

—No, gracias —interrumpió ella mientras hacía levitar el libro con sus poderes y lo volvía a colocar en el estante.

— Está bien pero... ¿por qué tienes un objeto tan peligroso en tu dormitorio?

Ella miró a su habitación, a su mundo. En cada posesión de importancia que ella poseía.

Las decoraciones "sombrías" o "góticas" no eran realmente de su gran agrado, incluso en muchos momentos tuvo ciertos deseos de redecorar su alcoba con otro estilo, en verdad ella no era así de... oscura, pero la mayoría de las reliquias mágicas que poseía eran de esta cualidad, y muy poderosas.

Luego de que Cyborg y Chico Bestia fueron absorbidos por su espejo mágico directamente hacia su mente se vio obligada a reforzar la seguridad de su habitación y colocar algunas runas y encantamientos protectores en los objetos que ella creía que eran más propensos a crear problemas... y no dejar su Nevermore, el portal directo a su psique, de nuevo a la vista de cualquiera que pudiese tomarlo.

Raven rara vez practicaba magia oscura, pero al ser mitad demonio, tenía una afinidad natural con ese tipo de artes. Infrecuentemente tenía percances en lo que ejercía pero era algo que trataría de no utilizar, no después de su último accidente con un hechizo que se había salido de su control. El mismo hechizo que Malchior le había enseñado. Sin embargo, como toda magia, la magia tenebrosa era temperamental y expresiva, casi explosiva, era una fuerza propia y no muy agradable con otros que la invadían o tocaban y ella sabía que incluso a veces reaccionaba al simple tacto. Su espejo era un ejemplo claro de eso.

—La magia negra no es de mi agrado en particular, y lo tengo aquí porque en este lugar están más seguros que en un museo o en la galería de algún coleccionista —expuso Raven para que entendiera su punto—. Por eso mismo no permito que nadie entre en mis aposentos, muchos de los objetos de aquí contienen energía en su interior. Energías con las que no se debe jugar.

—Pero me dejaste entrar.

—Bueno... si... pero...—tartamudeó ella porque en cierto punto era cierto, y todavía no lo había echado, y es que no quería que se fuera todavía, sentía que había algunas cosas de que hablar y dejar las cosas en claro luego de lo que sucedió durante la pelea con la Hermandad del Mal—. Solo no toques nada más, ¿de acuerdo?

—Está bien, prometo no tocar nada —dijo el pelirrojo al tiempo que una sonrisa sagaz aparecía en su rostro—, que sean objetos.

La hechicera solo rodó los ojos por su comentario, se acercó a la ventana y su vista se dirigió al exterior. La luna brillaba a través del gran ventanal que daba a la ciudad. Sintió al chico acercarse al lado suyo mientras él también observa el firmamento nocturno a su lado. Raven se había acostumbrado ya a su susceptibilidad por lo que sus avances no eran tan sorprendentes para ella.

El velocista miró a su costado y vio el hematoma que aún permanecía en la cabeza de ella, el cual no había sido curado en su totalidad. Sus poderes debían haber menguado mucho cuando colapsó para que todavía la herida haya quedado a la vista.

La hechicera lo miró de reojo, su lenguaje corporal y su aura delataba lo tenso que estaba Wally. Podía sentir con su empatía la proyección de su culpa y ella no quería que se sintiera así.

—Lo de antes, en la pelea con Malc... con el dragón —corrigió Raven, ya ni siquiera quería pronunciar su nombre nunca más—, salí herida pero no fue tu culpa. Deja de pensar que lo es de una vez por todas.

—Por supuesto que lo fue —dijo con firmeza—. Me preocupo por ti y tendría que haberte protegido.

Bueno, eso no lo mejoró. Esto lo hacía todo mucho más complicado y difícil.

— ¿Por qué?

—Porque por mucho que haya tratado de ignorarlo, siento algo por ti, Raven. Quiero conocerte...—. Se detuvo, luego tomó un aliento tembloroso. Ella había permanecido rígida, escuchándolo en silencio.

—Por favor di algo—. Su voz sonaba inusualmente suplicante. — ¿No crees que deberíamos hablar? Sobre...

—Wally —suspiró ella y negó con la cabeza, las réplicas corriendo por su mente—. Eso no va a suceder, lo siento.

Él respondió seriamente. —No puedes correr para siempre Raven, no puedes vivir escapando.

—Es que tú no entiendes.

—Entonces, ¿por qué no me iluminas?

—No puedo hacer esto, por lo tanto, no va a suceder, fin del asunto —dijo firmemente, su voz fría hasta el punto de hielo y sus ojos oscuros e ilegibles.

— ¿Por qué?

—No puedo arriesgar en traer estas emociones que insistes en subir a la superficie. Además, no tengo experiencia en esto Wally—. Ella se revolvió incómoda en el lugar —. No puedo hacer esto —su voz tembló mientras susurraba, odiaba ese signo de debilidad.

—Sí, tú puedes—. Él insistió.

—Yo... no sé qué decir —. Y es que en cierto punto se sentía desorientada.

No sabía si todo aquello era bueno o no. Lo cierto era que, por mucho que lo intentara, aquello no era para nada desagradable como hubiese querido afirmar. Raven estaba dejando que su guardia emocional bajara a lo grande frente a él, con los riesgos que eso implicaba, y prácticamente se estaba derritiendo frente a Wally y sus palabras. ¿Pero era realmente malo mostrar que él también le importaba? Raven había sacrificado mucho su tiempo; una infancia, emociones, toda su vida pero así es como se lo habían enseñado y dejado en claro.

Las emociones pueden llevar a las personas a actuar de formas extrañas e inusuales. El amor puede hacer que hagas locuras. La tristeza puede arrojarte al letargo. La ira puede llevarte a la violencia. Pero para ella, cualquier emoción extrema puede ser mucho peor: puede desatar su lado demoníaco y hacer que destruya el mundo. Toda una vida reprimida. Era una segunda naturaleza olvidarse de sí misma y de sus propias necesidades por el bien de todo lo que la rodeaba.

Creció teniendo que aprender a controlar sus emociones para suprimir sus poderes demoníacos. Sin embargo, a pesar de sus vastas habilidades, lo que Raven quería más es algo que nunca podría tener: ser normal. Ella sabía que estaba maldita para siempre, a no ser realmente ella misma debido a la constante amenaza de destrucción que conllevaba su herencia.

Ella solo había sido engendrada con fines destructivos.

Toda su vida vivió protegiéndose del mundo cruel, escondiéndose detrás de su pared de crecimiento lento. La barrera que ha estado construyendo desde su nacimiento. Le dijeron que no se le permitía sentir en toda su vida, por lo que comenzó a aislarse de los demás. Cada mala experiencia, cada traición y cada persona que alguna vez la lastimó también contribuyeron a ello. Ladrillo por ladrillo, Raven lo hizo ella misma.

Y sin embargo, Wally West de alguna manera llegó a ella. A través de sus paredes y sus defensas, de múltiples laberintos interminables, de soldados guardianes de piedra, a través de las vallas con alambres de púas y puertas reforzadas de hierro. Pasó a toda velocidad a través de ellos, como un rayo, y alcanzó el cofre cerrado herméticamente que era su corazón. La barricada que constantemente mantenía comenzó a bajar. Rápidamente, algo digno de alguien con súper velocidad como él, se abrió camino hacia ella. Y ella sintió que lo dejaba entrar y no se estaba arrepintiendo.

—Lo siento, sé que no querrás hacerlo, pero ¿no quieres conversarlo? —preguntó el velocista notando como ella se había quedado sin habla—. Quizás una especie de catarsis te ayude a desahogar tus emociones, aclarar las ideas. Ya sabes...como una limpieza de chimenea.

Kátharsis, conocía bastante bien el término,aludía a la "purificación" o "purga". Ella había leído mucho sobre tragedias griegas en su tiempo libre. Era una lectura que disfrutaba mucho.

La liberación de las emociones negativas, la purgación de los conflictos.

—No se me da bien hablar sobre mis emociones, prefiero... enfrascarlas, ya notaste muchas veces lo que pasa cuando se desbordan. No soy propensa a compartir mis secretos con las personas.

Y es que, ¿cómo podría ella hacer eso? ¿Cómo se pueden deshacer años y años de tener que bloquear sus sentimientos, excluir a otros y evitar la intimidad?

—Deberías intentarlo alguna vez. Mantienes todo encerrado dentro de ese corazón tuyo que un día va a estallar y no vas a saber qué hacer.

—Se puede sanar un corazón roto, ya lo he intentado —recordó ella con una sonrisa fingida.

—No me refiero a eso, es diferente, ya sabes... que tu corazón estalle de aquello que no te permites expresar —dijo él.

—Wally... —susurró Raven—. Yo... —. No sabía que decir. Él tenía razón, parecía siempre tener los términos justos en el momento adecuado.

—Nos besamos, ¿sentiste algo en ese momento? —preguntó acercándose a solo pulgadas de su rostro sintiendo como sus alientos se entremezclaban.

—Sí, pero... —respondió ella.

—Y nada explotó Raven —informó sonriendo—. Todavía estamos aquí. El mundo no terminó, no pasó nada.

Un silencio anormal cayó entre ellos, hasta que Raven dejó escapar una pequeña sonrisa—. Es cierto. Lo hice. Nada explotó.

Raven lo observó a sus ojos. Él la miraba fijamente. Ella estaba paralizada por la calidez que parecía rozar los bordes de sus ojos. Algo quemó dentro de su pecho, una sensación ardiente pero agradable que bajó a su estómago y volvió a subir. Ella solo dejó que las palabras escaparan de su boca.

—Siempre me sentí diferente al resto, viví toda mi vida en el ostracismo. Es algo que llevo cargando desde niña, aunque nunca me pude permitir vivir una infancia común, no tenía amigos ni nadie que me acompañará más que mi madre y mis maestros. Incluso antes de unirme a los Titanes en ninguna parte me sentía bienvenida. Porque no era como ellos. Incluso junto a mi equipo, a veces me sentía en absoluta soledad, sentía que no encajaba realmente. ¿Sabes lo horrible que es la sensación de estar rodeada de gente pero sentirte sola igualmente? Pero una vez alguien me hizo creer que no era rara. Que no estaría más sola. Pero todo resultó un engaño. Un vil y sucio engaño. Me mintió y me manipuló a su conveniencia y yo le di lo que quería. Lo liberé de un hechizo que lo mantenía sellado, fui una estúpida. Yo... no quiero que vuelvan a lastimarme de esa forma, se sintió realmente mal y estuve mucho tiempo deprimida por eso.

Wally sintió como la cólera lo llenaba desde adentro. Ella no se merecía eso.

Las palabras de Raven se atragantaron en su garganta sintiendo como sus ojos se humedecían. No quería volver a llorar.

—No puedo cambiar lo que te hizo —dijo en voz baja. Él tomó una de las manos de ella y la presionó contra su corazón. Raven podía sentir el tempo acelerado latiendo a través de sus venas—. Pero déjame ayudarte a olvidar— murmuró—. Déjame mostrarte cómo se siente la felicidad. No tengas miedo a volver a sentir solo porque algunos cretinos infelices te hirieron, nadie se merece ni siquiera tu sufrimiento. Tú eres más que eso.

—No quiero volver a salir lastimada, es un riesgo demasiado costoso —reveló la hechicera mientras alejaba su mano—. Soy empática, eso también significa que siento el doble que el resto. Absorbo demasiado dolor.

—Y no saldrás lastimada, por lo menos de mi parte puedo asegurarlo. Te lo prometo, no hablo por hablar. Pero si nunca lo intentas, nunca sabrás. Mira, nadie dijo nunca que la vida fuera fácil. A veces es todo una mierda y deberías saberlo más que nadie. Pero eso es lo bueno de las malas experiencias: nos hacen más fuertes. Nos ocupamos de ellos, aprendemos de ellos y seguimos adelante. Ocultarse detrás de una pared puede parecer fácil y la solución más rápida, pero al final solo te lastima, te estrangula Raven. Te terminara matando si sigues con eso. Yo... nunca te haría daño, lo prometo —la última parte salió como un susurro y puso su mano sobre el hombro de ella—. Lo prometo.

— ¿Sabes? A veces creo que es mejor estar sola, nadie te hace daño.

—Crees que estás sola Rae, pero no lo estás. Además ¿te gusta realmente la soledad? ¿O le tienes miedo al abandono?

«No estoy sola».

Un escudo, una barrera... Siempre había algo que parecía separarla del resto. Siempre había algo allí para mantener a la gente afuera. Ella pudo haber tenido algo que ocultar o algo para compartir, pero simplemente no sabía cómo decirlo. Estaba muy recluida y protegida y algunos podían pensar que era porque le gustaba de esa manera... que quería estar la respuesta a esa pregunta era realmente sencilla para ella. Ella definitivamente le tenía miedo al abandono, ilusionarse y tomarse el arduo trabajo de abrirse emocionalmente, para luego ser desechada como si de algo descartable se tratara. La soledad era solamente un mecanismo de defensa, un artilugio realmente útil para evitar que su miedo se cumpliera. Si ella se mantenía alejada, entonces nadie la podría lastimar. Era bastante básico. Y es que cuando se sentía abandonada, su miedo más atroz se hacía presente calando hondo en el fondo de su ser, su miedo a la oscuridad.

—Una vez que te das cuenta de cuánta paz hay en la soledad, no quieres lidiar con la gente. Bajé mis defensas una vez y mira cómo terminó. Siempre pensé que debía ser fuerte para evitar ser agredida. Después de vivir durante toda mi vida así acabe completamente sola, era la única manera de vivir que conocía.

—La soledad no llega por no tener personas a tu alrededor Raven, sino por no poder comunicar las cosas que te parecen importantes a ti.

— Wally, ¿qué es lo que te atrae tanto de mí? —interrogó Raven finalmente la pregunta que tenía en su cabeza desde que él mostró interés en ella.

Raven no entendía qué era lo que le fascinaba tanto de ella, pero podía sentirlo cada vez que hablaba con él. Toda su aura se centraba en su persona.

—Rae, eres diferente—. Pasó una mano frustrada por su cabello.

—Siempre he sido diferente—. Ella respondió tontamente, preguntándose a dónde iría con esta línea de pensamiento.

—No, quiero decir que sí... quiero decir, maldita sea, Rae —le puso las manos en los hombros—. Eres diferente a mí, diferente a cualquiera. Y no me refiero a tus poderes, me refiero a ti. Todos las demás personas son fáciles de entender, pero eres tan enigmática. Haces de ti todo un juego de adivinanzas. Me sorprendes todo el tiempo. Eres como un desconcertante enigma que quiero descubrir.

— ¿Y qué quieres saber?

—Bien, veamos, ¿libro favorito?

—Seguramente es como pedirte a ti una comida favorita, estoy segura que te resultaría imposible elegir solo una —Raven sonrió—. Realmente no tengo uno, cada libro que leo se vuelve mi favorito mientras está en mis manos.

—Ves, eso parece inusual para alguien como tú. Me imaginé que me darías una lista de todos esos tomos que tienes ahí— Wally se rio—. Bien, veamos... ¿Primer beso? ¿Cómo fue eso?

Raven sintió que el color le subía a las mejillas y se apartó un poco de él.

— ¿Tu qué crees? —ella preguntó girándose para evitar que él viera su cara arrebolada.

—Pues seguramente fue con un galán, un caballero, alguien espléndido, atractivo, divertido y genial, superpoderoso también, o sea...

—Si Wally, deja de presumir antes de que tu ego ocupe toda la habitación, fue contigo.

Raven sintió una sonrisa tocar sus labios. Su personalidad era en cierto punto refrescante para ella.

—Cuando te conocí, nunca parecías el tipo de persona que quería tener algo que ver con un paria social como yo. ¿Por qué yo? No soy nada especial —. Raven continuó sin pestañear siquiera para reconocer su declaración—. Soy... un bicho raro, muchas personas me lo han recalcado ya—. Ella lo miró larga y duramente, esperando que él eventualmente cediera a sus argumentos lógicos, se diese cuenta de que estaba equivocado, y la dejara estar a su manera estoica y rutinaria.

—No eres un bicho raro, no para mí. Eres hermosa, fuerte, divertida cuando quieres e inteligente, y creo que realmente eres increíble. Me gusta una chica que puede enseñarme cosas nuevas. Ya sabes, como citar a Shakespeare, meditar o jugar al ajedrez y esas cosas.

Ella se sonrojó y se encogió de hombros—. Pero hay peces más bonitos en el mar.

—No en mis ojos. Eres el único pez en mi océano, preciosa.

— ¿De dónde sacaste esa frase? ¿Te la enseñó Aqualad? ¿O la sacaste de alguna película? Bien... ¿Buscando a Nemo?

—Vaya, no sabía que también te gustaban los dibujos animados y las películas de Disney.

— ¿De verdad te parece que me gustan los dibujos animados? A mí no me gustan, a Starfire le fascinan. ¿Sabías que me hizo ver La Sirenita seis veces? Además de sus programas raros, como documentales sobre hongos en los pies.

— ¿Programas sobre hongos en los pies? Eso sí que es raro... y asqueroso.

— ¿Eso te parece raro? ¿Y yo no?

—Creo que lo tuyo no es más que una máscara.

— ¿Una máscara? —cuestionó ella mientras arqueaba una ceja—. Yo no uso máscara.

—Tú no usas máscaras físicas como nosotros, lo tuyo es más metafórico. Creo que ocultas tu verdadera identidad, pero no tu personalidad.

¿Qué ocultaba su verdadera identidad? Pues era algo obvio... ¿Quería que le mostrara su verdadero ser? Seguro saldría corriendo mientras mojaba sus pantalones.

—Siempre eres tan elocuente —mencionó ella—. Pero, ¿qué hay de la tuya?

Raven deslizó su mano hasta el rostro de él, justo debajo de la ambarina máscara, con real curiosidad de cómo se vería sin la misma, frenando inmediatamente su inspección y apartando la mano de ahí al sentir que no estaba bien lo que estaba haciendo.

Era su identidad y no era nadie para exigir al chico que le revelará su rostro, no cuando ella todavía le ocultaba demasiadas cosas a él.

Wally se dio cuenta de la curiosidad colmando los ojos de la hechicera. Para él no había nada malo en mostrarle su cara, no es como si cubriera mucho de todos modos, así que de un rápido movimiento se quitó la tela que cubría sus facciones. Ella se había abierto un poco, se había quitado su propia "máscara" frente a él, y quería mostrar que él confiaba también en ella. No estaba acostumbrado a estar sin la misma, sin embargo fijó sus ojos en los de Raven y observó como ella lo miraba.

— ¿Y bien? ¿Qué dices? ¿Sigo igual de atractivo?

—Eres... visualmente agradable.

—Lo tomaré como un sí.

Raven lo observó y sintió como si descubriera por segunda vez al chico, era extraño verlo sin la tela cubriendo su rostro. Colocó su mano sobre la mejilla de él y con las puntas de los dedos recorrió con parsimonia su rostro descubierto, trazando un camino, como si estuviera memorizando cada rasgo.

Wally sonrió ante el delicado toque de Raven.

Él se inclinó y volvió a presionar los sus labios contra los de ella con ternura. Cuando terminó, él decidió dar un paso adelante. Quizás esto si podría funcionar.

—Entonces ¿me darás una oportunidad? ¡Danos una oportunidad! Siento que eres la chica adecuada para mí, y quiero ser el chico adecuado para ti. Suena a esas feas películas chiché que seguramente odias, lo sé, pero nunca antes me había sentido así con nadie—. Con suerte esperaba no estar saturando todos sus circuitos empáticos con sus emociones alborotadas.

—Mira, a veces creo que eres un idiota sin remedio.

—Bueno, no estaba esperando especialmente esa respuesta.

—Tienes una personalidad altamente petulante. Eres engreído, arrogante, un poco grosero en tus comentarios y hablas demasiado, más de lo necesario creo yo y no sabes lo que significa el espacio personal. No puedes quedarte mucho tiempo quieto, roncas mucho cuando duermes, comes en grandes cantidades y no tienes nada de modales cuando lo haces —enumeró ella cada uno de sus defectos.

— Emm... ¿okey?

—Tienes un extraño gusto en dar apodos tontos y pareces tener un ligero problema de memoria para aprenderte el estúpido nombre del oso de Melva, aunque en el fondo solo creo que quieres irritarla porque probablemente te has dado cuenta como yo de que ella parece a veces enfrascada en pensamientos dolorosos y solo quieres hacerla sentir bien sacándola de los mismos... a tu extraño modo, claro está.

— ¿Algo más que quieras decirme?

—Y sin embargo, en el poco tiempo que he compartido contigo, me he dado cuenta de que eres alguien muy inteligente y agradable, también me haces sentir bien a mí, y tu alma pura y bondadosa me hace creer que hay cosas que valen la pena en este mundo. Cosas por las que valen la pena luchar. Eres alguien demasiado bueno Wally —terminó la hechicera. «Demasiado bueno para alguien tan mala y oscura como yo», pensó para sus adentros.

—Bueno, por fin algo bueno a mi favor.

—Está bien, creo que puedo... intentarlo. Aunque ¿no crees que es demasiado rápido?

— ¿Recuerdas lo que me dijiste ese día luego de que interrumpí tu meditación?

— ¿Qué me gustaban los waffles?

—No, me dijiste que no había que matar el tiempo y es justo lo que estoy haciendo. Nunca fui fanático de la lentitud, parte de ser un velocista bebé. Viene incluido en el paquete.

Raven no bajó los ojos cuando Wally la miró. Una ceja se alzó hacia ella, preguntando en silencio qué estaba pensando. Decidiendo que no quería irse por las ramas, Raven habló y preguntó—. Y... ¿qué somos?

Comprensión brilló en los ojos del velocista. Él levantó su arrogante sonrisa mientras se reclinaba en la pared con los brazos cruzados. — ¿No es obvio? Ahora eres mi chica. No pienses que voy a dejar que otro tipo te robe de mi lado. Sobre todo el bobo de Roy, que seguramente ya tiene puesto sus ojos de halcón sobre ti... o Robin.

— ¿Roy tiene sus ojos puestos en mí? Espera... ¿nombraste a Robin? ¿El mismo Robin que conozco? ¿De qué estás hablando?

— ¿No lo recuerdas? Luego de la batalla sacó a relucir su relación especial contigo, algo así como un vínculo compartido.

—No es nada más que un vínculo mental. Cuando utilizo mis poderes, una pequeña parte de mi alma se une al objeto convirtiéndose el mismo en una extensión. Eso pasa también cuando proyecto mi alma en la mente de alguien. El vínculo no fue más que un accidente luego de salvarlo de Slade, no algo que sinceramente yo haya deseado que sucediera.

— ¿Almas unidas? Eso suena demasiado poético y romántico, ¿debería sentirme celoso?

—No tengo ningún tipo de interés romántico en Robin, Wally. Es alguien importante y especial, alguien que me ha salvado, entendido y comprendido más que nadie, pero no lo veo de esa forma si eso te hace sentir más tranquilo.

—Bueno, pero no puedo decir lo mismo de él. No creo que te vea con ojos de... amigos.

—Robin está interesado en Starfire, me he dado cuenta de eso y muchas veces lo ha demostrado, no parece tener algún tipo de interés romántico en mí.

—Puedes que tengas razón, pero eres un poco ingenua y yo lo conozco bastante, desde hace más tiempo que tú. Por más que no lo parezca, Robin no es más que un mujeriego.

— ¿Robin mujeriego? Nunca pensé en él de esa forma, pero supongo que debe ser común en todos los superhéroes. Sospecho que los músculos, trajes ajustados y sus posiciones sociales los hacen creer que son alguna especie de playboy y que todas las chicas van a caer rendidas a sus pies.

—Y no te olvides de que además de playboy, también algunos son genios, multimillonarios y filántropos. Ah, y tú también caíste por mí, así que acabas de confirmar tu propia presunción.

—Técnicamente, tu caíste por mí también, así que no tienes nada de que alardear.

—Me declaro culpable de eso.

Sus poderes de empatía le permitieron sentir en Wally la alegría y emoción arremolinarse dentro de su vívida y llameante aura escarlata. Ella sonrió, por sentirse capaz de hacerlo sentir feliz a él.

—Y... ¿qué pasará contigo? ¿Te quedarás?

—Por supuesto, Robin ya me había ofrecido un puesto con anterioridad en este equipo, supongo que no tendrá problemas con que lo tome ahora. Bueno, pero si se niega, tal vez podamos formar nuestro propio equipo de dos, ¿qué nombre nos pondríamos?

—Oh, no empieces por favor.

— ¿Qué te parece... Speedster y Birdgirl? ¿O quizás Flash Supremo y Canario Negro? No, ese último ya está en uso, una lástima. Veamos... —se colocó su mano en el mentón mientras pensaba algunos alias geniales—. Oh espera, tengo otro mejor... el Gran Corredor Escarlata y El Pajarito Vengador.

—Prefiero seguir siendo una Joven Titán si no te molesta... y no me llames pajarito.

— ¿Sabes algo? —dijo el velocista mirando todo a su alrededor—. Creo que a esta habitación le falta algo.

—No pondré un televisor aquí si estás sugiriendo eso.

—No es eso, espera un segundo —comentó el velocista mientras desaparecía corriendo del lugar a través de su ventana. No le tardó mucho en regresar, al tiempo que dejaba sobre la mesita que se hallaba al lado de su cama, la hermosa flor que le había obsequiado el primer día en que se conocieron.

—La rosa azul que me regalaste, había quedado en la cabaña —mencionó Raven con una sonrisa mientras rozaba las suaves hojillas de la flor.

—Creo que el azul es un color frío, pero también el color del cielo, y evoca la sensación de paz y tranquilidad. Ahora que lo pienso creo que esta rosa te identificaría más que cualquier otra flor existente en el mundo.

—Es un lindo detalle, gracias —ella le dijo mientras se acercaba a su cama.

Raven se sentó en el borde del colchón tomando el medicamento con un largo sorbo de agua. En la oscuridad de su habitación, sintió cómo la droga sedativa se propagaba por su cuerpo casi instantáneamente.

—Bien, creo que este será mi último momento de calma, mañana por la mañana seguro la torre estará atestada de gente, y no me extrañaría que Cyborg y Chico Bestia ya estén planeando alguna especie de fiesta de celebración o algo por el estilo.

— ¿Fiesta? Eso suena genial, en las fiestas hay mucha comida.

—Sí, comida, eso debe ser genial para ti. Creo que ambos deberíamos descansar un poco.

—De acuerdo —dijo él, comenzó a alejarse pero ella sorpresivamente agarró su mano.

—Pero no quiero que te vayas, puedes acostarte conmigo —la hechicera indicó, quizás con la presencia calmante de él las oscuras pesadillas no la atormentarían por el día de hoy.

Wally la miró atónito por su pedido y casi confundido en cuanto a qué hacer. ¿Acaso había escuchado bien? ¿Debía aceptar su oferta o era un truco? ¿Lo estaba poniendo a prueba o algo así? Tragó hondo cuando vio su pantalón corto y su remera que dejaba un poco de su vientre descubierto. ¿Lo estaba tentando o algo parecido?

—Espera un momento Rae —expresó el pelirrojo levantando sus manos en un gesto defensivo—. Escucha, te dije que no quería matar el tiempo y que no me gustaba la lentitud, pero esto está yendo demasiado acelerado incluso para mí, no creo que sea oportuno hacer...

— ¿Qué cosas te estás imaginando, pervertido? —preguntó Raven frunciendo el ceño—. Sólo te estoy invitando a dormir. A pasar la noche. Para que te quede más claro, solo reposar, con los ojos cerrados, en un estado inconsciente en el que se produce la suspensión de las funciones sensoriales y de los movimientos voluntarios. ¿Mejor definido así o te hago un diagrama?

—Oh claro, solo estaba bromeando. Está bien, puedo quedarme aquí si quieres —dijo tranquilamente. Se quitó sus botas y el guante sano que le quedaba, y se deslizó sobre la cama. La misma era grande, pero cada uno se mantenía cerca el uno del otro—. Me gusta esto —dijo simplemente, y pasó su brazo alrededor de la cintura de la hechicera, y se recostó contra las almohadas, llevándola contra él. Ella se acurrucó en su pecho, relajándose ante los constantes latidos del corazón del velocista. Escuchó el sonido contra su oreja.

Como un metrónomo, era calmante.

—Creo que esto me ayudará a descansar mejor —dijo Raven.

—Entonces, ¿cómo es que poner la cabeza sobre mi pecho y pasar un brazo sobre mí te ayuda a dormir exactamente?

Raven solo hundió la cabeza en su tórax con más fuerza y sonrió.

—Los latidos de tu corazón se ralentizan, tu mente se aclara y tu cuerpo se siente más cómodo cuando estamos cerca el uno del otro. Puedo sentir que tus pensamientos se clarifican y cuando pongo mi cabeza en tu pecho tu respiración se lentifica. Para una empática como yo, esto es como un bálsamo... demasiado tranquilizador.

—A mí también me resulta muy relajante estar así.

— ¿Vas a estar aquí cuando me despierte? —preguntó ella en voz baja, debido al tono con el que habló era obvio que estaba a punto de caer dormida, ella podía sentir como poco a poco el cansancio y el sedativo se hacían cargo de ella, sus tensos hombros comenzaban a relajarse al igual que su respiración que era más sosegada.

—Estaré aquí Rae, solo duerme.

Con su mano libre, él jugó suavemente con las puntas de su cabello húmedo mientras ambos comenzaban a quedarse dormidos. La hechicera nunca había pensado en toda su vida que el contacto humano con un otro fuera algo tan placentero. Tan cálido. Raven tomó una bocanada de la fragancia del velocista que le había parecido bastante atrayente y tentadora desde el día en que lo conoció. Él siempre tenía un aroma bastante fresco, masculino y juvenil, algo almizclado con un toque de canela, era casi embriagador para sus finos sentidos, pero ahora olía... Un momento... Ella olfateó de nuevo y Raven en definitiva tuvo que fruncir la nariz.

— ¿Wally?

— ¿Si?

—Escucha, no te ofendas pero creo que mañana a primera hora... —titubeó la hechicera, ¿debería decírselo?

— ¿Qué sucede?

—...deberías tomarte un baño urgente.

Él frunció el ceño confundido, levantó su brazo libre, olió y...

Oh, rayos.

—Sí, creo que tienes razón —rio él nervioso y con un poco de vergüenza.

— ¿Te quedarás? —preguntó incrédula nuevamente.

—Siempre... —. Afirmó él.


Bueno, aquí termina otro capítulo más. Lo siento si no hubo muchos avances en cuanto a la trama principal (más allá del libro que Wally agarró en sus manos, que será muy importante en un futuro cercano), pero quería expresar los pensamientos de Raven con respecto a su represión emocional y un progreso más en su relación con Kid Flash. Digamos que era un capítulo un poco más... reflexivo.

Y díganme ¿qué les está pareciendo hasta ahora el contenido? ¿Les gusta la historia, les encanta, la odian? ¿Alguna sugerencia, crítica, consejo, idea o algo por el estilo? :P

Me despido con esto, saludos desde acá!