Los personajes de Saint Seiya no me pertenecen, son propiedad de Masami Kurumada y Toei Animation.


14) ... molesto cuando te encuentras con alguien que te desagrada.

Surt mantenía una sonrisa ganadora. Era el primer día en su nuevo trabajo, el turno vespertino de la estación de radio universitaria; odiaba presumir, pero era la voz principal dentro del nuevo programa de radio que se transmitiría de ocho a diez de la noche los viernes y fines de semana. Bien, también trabajaría con el vago, mugroso, mal peinado y charlatán de Milo, pero era un precio que debía de pagar por el trabajo perfecto.
Llegó a las oficinas de la radiodifusora como si fuera el jefe, usando lentes oscuros, sosteniendo un vaso de café y vestido de la manera más formal posible. Con paso marcado y sin detenerse avanzó hasta el asesor, dispuesto a conquistar al mundo; en el camino se encontró con su jefe, quien se internó al elevador con él, ambos hablando sobre las perspectivas de su programa de fin de semana.
Justo cuando las puertas estaban por cerrarse unas tercera persona entró corriendo, tan despeinado y desarreglado como siempre.
—Ah, nuestro nuevo segundo miembro dinamita, estaba por preguntar por su paradero, señor Galanis.
Surt no pudo evitar suspirar fastidiado; justo lo que faltaba, al fin lograba encestar un par de puntos extras con el jefe cuando Milo aparecía para sonreír como tarado y llevarse la atención de todos sin hacer algo.
Milo por su parte también se mantuvo serio, atento a cualquier movimiento que planeara Surt; ya lo había visto antes, esa escoria sólo necesitaba una oportunidad para decir algo malo de él justo en su cara.
El jefe mantuvo la conversación en el ascensor, centrado en los temas que discutirían en su reunión sobre la programación de su nuevo programa. Surt aún no entendía cómo era que el hombre había imaginado que ellos dos eran el efervescente dúo que la estación necesitaba para levantar a los radioescuchas.
Y entonces, empezó el calvario. El elevador se detuvo de golpe, las luces se apagaron y después encendieron, pero ellos no avanzaron.
Pasaron un minuto, después dos y luego media hora.
—Tal vez tenemos un peso extra aquí, ya sabe que estas cosas son delicadas jefe —dijo Surt cuando su jefe se preguntó en voz alta la razón por la que estaban atrapados, sin dejar de ver a Milo.
—Tal vez el elevador no funciona si lleva consigo a bestias sin corazón… sólo digo, ya sabe jefe.
El pelirrojo fingió una risa; ya lo decía, sólo pudo ser decente con él por menos de cinco minutos, debió de decirle a Camus que pusiera a ese griego cualquiera en su lugar.
—Bueno, ya que mencionas cosas fantásticas Milo, tal vez el elevador no funciona porque no acepta a personas que parezcan… ¿cuál es la palabra...? Alguien sin recursos.
—¿Insinuas alguna clase de clasismo de parte del ascensor?
Jaque, Surt sintió que su sonrisa flaqueaba ante la pregunta. Cómo siempre, Milo encontraba un punto de inflexión.
—Pero qué cosas dices Milo, si tú lo mencionas debe ser por algo.
Milo también flaqueó su sonrisa. El elevador se volvió a quedar en silencio; Surt se tomó su tiempo para prepararse para los siguientes ataques mientras que Milo hacía lo mismo. Ambos debían de ser inteligentes, insultar al otro frente al jefe los metería en problemas, pero si el otro era el que insultaba primero él estaría en problemas. Si Surt era inteligente podía lograr que despidieran a Milo, sin que grabaran el primer programa.
Comenzaba a sentir que tenía algo en mente cuando la gran carcajada de su jefe lo interrumpió; el hombre incluso se limpió una lágrima y no tardó en agarrarlos de los hombros.
—Esa es justo la chispa que buscaba, por eso los puse juntos, no cualquier dúo se escucha con esa intensidad, incluso yo pude sentir el desprecio que sienten el uno por el otro, deberían de guardar algo para el programa.
Justo en ese momento el ascensor volvió a andar, provocando que el hombre se recompusiera.
Surt miró a Milo con un ceja levantada, sin entender nada de lo que sucedía. El griego por su parte sólo le dió un empujón con el hombro cuando las puertas se abrieron.
—Que conste que eres el ser más despreciable que pudo haber existido en este universo —dijo.
—¿Yo? ¿De casualidad te estás viendo en un espejo, Galanis? ¿O es que tu nivel de estupidez es tanta que ya ni sabes diferenciar a una persona de un espejo?
—¿Ese es tu mejor insulto? Pero que mediocre.
—Cierra la boca, asqueroso sangre sucia.
Surt empujó a Milo y se apresuró a seguir a su jefe; odiaba los encuentros con ese greñudo pero para su mala suerte tendría que acostumbrarse, parecía que los insultos no funcionarían para lograr sacarlo y a partir de ese momento pasarían mucho tiempo juntos.
Dios se apiadara de todo aquel que estuviera cerca para escuchar sus infantiles peleas detrás de la radio.