Capítulo 12: La sombra
Sobre esta roca edificaré mi Iglesia.
La frase religiosa y bíblica surgió en su mente como una luz mientras caminaba por el sendero que lo llevaría a la iluminación a él y a sus fieles, y a la más profunda penumbra a todos los que no se arrodillaran ante su señor.
En un estrecho paraje bañado por la luna, un hombre se hizo notar. El anciano hombre contemplaba la irregular cumbre de la montaña. A lo lejos, ya podía verla. Sobre una pequeña loma, entre espesos árboles y matorrales, apenas visibles eran las puntas de lo que al parecer era una enorme edificación.
La Iglesia de la Sangre.
No se oía ningún ruido excepto el susurro de las oscuras aguas, y la única señal de vida aparte de la del hombre, era las de unos cuantos búhos y otras aves nocturnas que se encontraban sigilosamente paradas en las ramificaciones delgadas de los frondosos árboles del lugar mientras pululaban.
Siguió marchando por el sendero serpenteante que se extendía a lo largo del borde de un acantilado, y volvió a centrar sus pensamientos en el encuentro que le esperaba.
Aceleró el paso cuando ya se hallaba a escasos metros de la majestuosa construcción. Siguió caminando hasta que arribó finalmente al portón.
El silencio le rodeaba. La puerta de hierro que le cerraba el paso parecía tan antigua como la propia catedral, oxidada pero todavía resistente. Tocó el timbre y esperó en la espesa oscuridad, confiado. Casi había llegado el momento.
Sonrió cuando por fin pudo escuchar unos pasos acercarse. Cuando la puerta se abrió, el hombre vio la solitaria figura que lo esperaba, la cual llevaba una antorcha en su mano para alumbrar el camino. Una mujer, de una figura delgada y con un cutis tan pálido que el rostro parecía brillarle en la oscuridad; de constitución ataviada con una tradicional vestimenta religiosa de varias capas que llegaba hasta el suelo, y que evidentemente pertenecía a la orden: un hábito y velo que rielaba en tonos negros y rojizos como la sangre misma, adornado con algunas joyas e hilos de oro. Frente a él estaba su consorte y la que consideraba como su mano derecha. Era alguien de una astucia fría y es la única persona, además de él, que era consciente de los planes y esquemas de la Iglesia de la Sangre. Ella era su fiel cordero, dispuesta a todo para cumplir con todos los planes que se proponía y sin cuestionar ninguna de sus órdenes. Observó en la mujer la expresión de regocijo de verlo nuevamente después de tanto tiempo.
—Mother Mayhem —saludó de forma cordial—, ha pasado mucho desde nuestro último encuentro.
Ella se arrodilló frente a él en un gesto de reverencia.
—Bienvenido señor Sebastian de nuevo a su Iglesia, alabado seas Hermano Sangre —enalteció la mujer que parecía hasta casi extasiada con su sola presencia.
La mujer se levantó luego de su veneración y comenzó a caminar por el lineal pasaje, siendo seguida por Hermano Sangre. Su antorcha aún estaba encendida mientras avanzaban, y el humo se mezclaba con el olor a moho y aire enrarecido del lugar. Los pasos sonaban como ecos por todo el mudo ambiente.
Por lo general, la luz de la capilla era sublime, largos rayos de sol filtrado que cortaban la oscuridad como exhalaciones celestiales atravesando los amplios y coloridos vitrales… pero hoy no. Al estar la sede principal inactiva por mucho tiempo debido a su ensimismamiento en HIVE, cortinas de terciopelo negro colgaban de todas las ventanas de la capilla. El resultado era una profunda oscuridad, paliada tan sólo por algunas velas, logrando recrear un resplandor trémulo que parecía purificar a todos a quienes tocaba, dotándoles de un aspecto fantasmal.
—Los Titanes derrotaron y terminaron con la Hermandad del Mal —informó la mujer en un tono sereno—, el informe sobre su victoria se expandió como una peste.
—Sabía eso, pero sinceramente hay que agradecerles ¿no lo crees? —preguntó él sabiendo de la ventaja que había obtenido gracias a ese acontecimiento—. Ellos nos sirvieron indirectamente y me dejaron el escape de prisión servido en bandeja. Fueron la distracción perfecta.
—Pero la noticia de que usted se encuentra de nuevo en libertad no les tardará en llegar —expresó la mujer ahora con un poco de intranquilidad en su voz.
—No importa, por ahora estoy a salvo si no conocen donde estoy.
—Mi señor —expuso ella con cautela porque tampoco quería atosigarlo con demasiada información, pero creía que era imperioso que él lo supiera—, pero también debe tener conocimiento de que Zatanna Zatara, al igual que su primo Zachary también estarán al tanto. Asimismo, está corriendo el rumor de que John Constantine está rondando por Europa nuevamente y ya sabemos de su audacia detectivesca cuando se trata sobre temas relacionados con lo oculto. Ellos han estado siguiendo los movimientos del culto desde hace algún tiempo. Tenemos que movernos con cautela, ellos pueden resultar una amenaza para nuestra integridad.
—Dos magos de circo que ni con trucos baratos ni hablando al revés tendrán oportunidad alguna, junto a un cínico timador, alcohólico y adicto a la nicotina, estoy totalmente estremecido —dijo él manteniendo su talante de serenidad mientras seguía marchando, únicamente un paso por detrás de ella, con sus dos manos detrás de su espalda—. Veremos si podrán contra nosotros.
—Sin embargo estamos bien protegidos desde que logramos convencer a los medios de comunicación de que nuestras intenciones son las de dirigir una religión legítima e inofensiva, y de que aquellos que nos atacan son solo con propósitos intolerantes —comunicó ella para dar una buena noticia aunque sea—. Estoy segura de que nada ni nadie podrá contra su magnificencia y creo que sus feligreses estarás deslumbrados con su regreso.
—Lo sé.
A medida que avanzaban, podía percibirse el denso aroma del incienso. El hombre y la mujer enfilaron a continuación un serpenteante laberinto de pasillos débilmente iluminado, y los ojos de Hermano Sangre tardaron un momento en acostumbrarse a la falta de luz. El amplio vestíbulo estaba decorado con suntuosidad y una espléndida alfombra cubría la mayor parte del suelo de piedra. La mirada de los múltiples personajes de los retratos que colgaban de las paredes siguió a los dos, que andaban a grandes zancadas. Por fin, se detuvieron ante una maciza puerta de madera. La mujer abrió la misma, agachó la cabeza en un gesto de subordinación y, tras permitir que su superior la cruzara, él le indicó a su fiel asistenta que lo siguiera.
La oficina era elegante, adornada con bellos muebles de algarrobo y cerezo, conjuntamente de ventanales cubiertos con bellas cortinas de seda bordadas de rojo y dorado.
Hermano Sangre se sentó en su escritorio mientras encendía una pantalla y tecleaba algo en su computadora. Segundos después la imagen de una persona se hizo visible.
—Observe muy bien, Mother Mayhem.
La mujer inspeccionó rápidamente lo que él le mostraba.
—Me resulta familiar —mencionó ella mientras observaba el retrato de una joven de cabello y ojos morados, piel pálida y una extraña piedra rojiza en su frente. — ¿Para qué la necesita? ¿Alguna chica para un sacrificio?
— ¿Quién dijo algo sobre un sacrificio? Esa no es la palabra adecuada, lejos de eso. Incluso como una media sangre, ella tiene tanto poder oculto en su interior. Tiene un potencial que ni siquiera ella misma conoce.
— ¿Media sangre? ¿A qué se refiere? ¿Está hablando de mestizaje?
— ¿Por dónde empezamos? ¿Recuerdas a esa mujer que llegó hace diecisiete años a nuestra iglesia secundaria que tenía sede en Gotham? ¿La que fue entregada en cuerpo y alma a Trigon en un ceremonial rito satánico?
—Ángela Roth, la recuerdo como si fuera ayer, pero la muy escurridiza desapareció como una rata sin dejar rastro —expresó casi con asco—. Seguramente murió o se suicidó, al fin y al cabo era una mujer sufrida, aunque su cuerpo nunca fue hallado ni ella registrada como perdida. ¿Pero qué tiene que ver la niña de su imagen con la tal Roth?
—Esa mujer astuta no se suicidó, la muy maldita huyó y si no dejó rastro fue porque escapó seguramente a otra dimensión. ¿Sabes a dónde?
—No tengo conocimiento señor, usted es el que todo lo sabe.
—Azarath… esa fue su solución, su salvación, una dimensión pacifista llena de prosperidad y paz bajo el ala protectora de Azar —anunció Hermano Sangre—. Pero no la salvaron ni a ella ni a ellos mismos del ser que finalmente engendró. Ella es la gema que nació del fuego del mal. Esta que está en pantalla es, Mayhem, nada más ni nada menos que el ser que dio a luz esa mujer.
—No puede ser…, no puede ser cierto —se sorprendió ella mientras llevaba una mano a su boca para cubrir su gesto de estupor—, es… es…
—Sí, la Gema de Scath —terminó él su oración—. Ella no es un peón, ella es la hija de nuestro dios Trigon. La sangre de su sangre. Su nombre es Raven, miembro actual y activo de los Jóvenes Titanes.
—Sabía que me resultaba familiar su imagen pero no me lo puedo creer, es perfecto, ¿cómo la obtenemos? —interrogó desesperada ella, ahora deslumbrada por lo cual sus ojos lucían desorbitados mientras una sonrisa se plantaba en su boca, parecía casi excitada por el giro que estaba dando todo.
—No nos apresuremos, paso por paso —frenó el hombre todo el entusiasmo de su compañera—. No quiero dejar cabos sueltos, he cometido ya muchos errores en el pasado. He sido poco cuidadoso, y por eso la suerte y la casualidad han frustrado mis excelentes planes y todo se debe más a mis fallos que a sus aciertos. Pero ahora ya sé qué he de hacer; ahora entiendo cosas que antes no entendía. Para empezar, necesito a la chica vulnerable y a mi completa merced, pero para eso necesito el Grimorio de Volpert para llevar a cabo el ritual. Si mal no recuerdo, creo que le mandé a usted una carta hace unos días con claras instrucciones a seguir, ¿obtuvo lo que le solicité?
—Sí señor, me pidió que encontrara alguien que sea capaz de entrar en su torre. Me llegaron algunas recomendaciones y no sabe lo que encontré. Conseguí algo que será de su total agrado, es una grata coincidencia del destino haber obtenido este dato. Alguien que ya se ha infiltrado e incluso robado dentro del lugar. Estoy segura de que conoce su sistema mejor que nadie y como vulnerar el mismo.
— ¿Y de quién estamos hablando? Espero que no sea ninguno de mis estúpidos e inservibles ex-estudiantes.
—Ni cerca de eso, señor —reveló Mayhem mientras pedía permiso con un gesto de respeto y se acercaba hasta la computadora mientras tecleaba algo en la misma. La imagen de la joven desapareció para dar paso a la de un hombre con un traje negro y gris. Mientras él veía la foto ella leía la información que había recopilado—. No estoy al tanto de su nombre, pero en el bajo mundo de la escoria social se lo conoce como Red X. Un artista marcial competente y excelente acróbata. Buenos reflejos, agilidad, resistencia y fuerza física. Tengo su número para cuando usted necesite de sus servicios.
— ¿Red X? Interesante, muy interesante. Entonces él será un participe importante en esto. Necesito que robe algunos objetos para el ritual pero en primer lugar será el libro—. Hermano Sangre se quedó lo que pareció un minuto viendo lo que le mostraba el monitor. Había algo que él consideraba raro acerca de ese sujeto. — ¿Por qué siento que oculta mucho más que su identidad detrás de esa tonta máscara? ¿Será mi sexto sentido qué me dice más de él?
— ¿Señor? —inquirió ella un poco confundida por la concentración que parecía mostrar por la foto del ladrón y sin entender la incertidumbre que había puesto en cuestión.
—No importa, solo ignóreme —dijo él mientras salía de su línea de pensamiento y realizaba un gesto con su mano en un acto de restarle importancia al asunto—, llegado el momento se esclarecerán muchas cosas. Necesitamos también a alguien que pueda… enviar el mensaje.
—Lo tengo también y sé que quedará también complacido con lo que conseguí aquí —agregó la mujer con regocijo mientras comenzaba a teclear nuevamente y la foto cambiaba otra vez. La pantalla mostraba ahora a un sujeto calvo, que llevaba una expresión bastante desquiciada en su rostro, cubierto de cortes por todo su cuerpo—. Victor Zsasz. Un asesino en serie. Su personalidad es la de un sociópata de vida insustancial. Cree tener el don de liberar a la gente de la frivolidad y vacío interior en que todos viven. Extrema crueldad, impredecibilidad y astucia. Fuerza y agilidad altamente entrenadas. Se dedica a "liberar" a otros de su existencia sin sentido, a menudo se refiere a sus víctimas como "zombies". Por lo general caza a mujeres jóvenes, pero no tiene remordimientos hacia sus víctimas. Tiene un particular modus operandi: él corta las gargantas de sus presas y los deja en poses realistas, añadiendo una marca en su cuerpo cada vez que asesina a alguien.
— ¿Liberar a la gente de la frivolidad y vacío interior? Que perfil sublime, es magnífico y justo lo que necesito —expresó Hermano Sangre casi aplaudiendo por la adquisición—. Bien, me encanta su estilo, es el sujeto perfecto para el recado. Que la Gema y sus amigos sepan del destino que les aguarda. ¿Mother Mayhem?
— ¿Si, señor?
—Has realizado un gran trabajo, no solamente ahora sino también en mi ausencia.
La mujer se inclinó hacía Hermano Sangre, ya que las palabras no le bastaban para expresar sus ansias de agradecimiento.
—Nada podría complacerme más que estar a sus servicios.
—Nada podría complacerme más que estar a sus servicios —repitió el hombre ladeando un poco la cabeza mientras la miraba—. Eso significa bastante viniendo de ti. Le tengo una gran confianza, no por nada eres la primera en estar al tanto de todo mi plan.
La mujer se ruborizó y los ojos se le anegaron en lágrimas de gratitud y reconocimiento.
—Mi señor, usted sabe que digo la pura verdad.
—Lo sé, conozco muy bien su lealtad y sus ansías de trabajar en la causa, por algo usted es mi mano derecha.
— ¿Necesita algo más Hermano Sangre?
—Sí, necesito también que obtengas una cita con el doctor Jonathan Crane. Escuché que es un hombre muy ocupado en sus "quehaceres" y por eso preciso que trates de contactarlo lo más pronto posible para una reunión privada.
— ¿Jonathan Crane? ¿El famoso psiquiatra que reside en Gotham, especialista en psicología del miedo y en bioquímica? —averiguó ella mientras tomaba nota en una libreta el pedido de su líder—. Disculpe por mi atrevimiento pero… ¿para qué son necesarios sus servicios?
— ¿No es acaso obvio? Requiero de su famosa droga, la toxina del miedo. Él tiene un placer salvaje en aterrar a las personas hasta la muerte literalmente y sus tradicionales instrumentos hacen maravillas en alcanzar eso. ¿No es curioso? Nada suena mejor que El Espantapájaros para atormentar a una quebrantable avecilla.
— ¿Y qué obtendrá usted con eso? Si es que me permite la intrepidez de preguntar.
Una sonrisa siniestra se reflejó en el calculador rostro de Hermano Sangre.
—Simple: llevar a Raven a sus límites a través del miedo, debilitarla hasta derrumbar y destruir su psique por completo, eso es lo que deseo. Detonarla por completo, sumirla en la más profunda penumbra. Al fin y al cabo, esa joven no es más que una bomba de tiempo a punto de detonar. De esa forma y sin el poder de su mente, ella no tendrá forma de negarse ni resistirse a ninguna de mis sugestiones. La tendré bajo mi total poder como una marioneta bajo mis hilos, podré hacer con ella lo que yo desee. Le daré otro ejemplo para que comprenda, ¿conoce algo de mitología griega? Sé que usted es alguien demasiado instruida…
—No quiero alardear pero tengo algunos conocimientos.
—La Caja de Pandora —nombró él —, ¿sabe lo que sucede en la leyenda cuando esta es abierta?
Ella lo pensó unos segundos antes de contestar, la respuesta no era muy complicada. Esa leyenda era bastante conocida por todo el mundo.
—Escaparon de su interior todos los males del mundo, atrayendo consecuencias catastróficas logrando que su fatal contenido se diseminara por nuestro planeta. La vejez, la enfermedad, la fatiga, la locura, el vicio, la pasión, la plaga, la tristeza, la pobreza, el crimen; todos los males del mundo se habían extendido por la tierra y sólo la esperanza quedó oculta en el fondo del arca.
—Espero que con eso quede más claro lo que le estoy explicando.
—Por supuesto. Y al final de todo… cuando usted obtenga lo que anhela y cumpla con su objetivo y entonces él se alce nuevamente, ¿la Tierra será destruida? —preguntó ahora la mujer mientras su voz titubeaba por la turbación acerca de esa idea.
—Nuestro planeta no será destruido, no te preocupes por eso. Él es un conquistador de mundos pero la Tierra tal como la conocemos fue hecha para que la humanidad viva para siempre en ella. Por tanto, no puede ser una destrucción total. En realidad, su venida hará posible que sobreviva "una gran muchedumbre" de siervos leales a Trigon. No se preocupe que mientras usted y nuestros devotos se mantengan fieles a su causa no se verán afectados.
—Siempre seré una devota a su causa, de eso no tenga dudas. Entonces se acercará finalmente…
—Sí —afirmó Hermano Sangre mientras se levantaba de su asiento y veía el exterior por la ventana—, él vendrá y los castigará severamente y les impondrá la condena que reciben los hipócritas, se comerán sus carnes entre ellos y se quemarán por completo en el fuego. Cuando toda luz de esperanza pierda intensidad, todos los pecadores se arrastrarán, habrá lamento y desamparo. El cielo y la tierra temblarán. Se oscurecerá el sol y no brillará más la luna; las estrellas caerán del cielo y los cuerpos celestes serán sacudidos.
—Agonía, éxtasis y paz para pocos. Eso suena como un ocaso eterno para la mayoría, mi señor.
—Sí, exactamente —afirmó Hermano Sangre mientras se giraba para ver su rostro—. Nada más ni nada menos que la noche más oscura que haya padecido la humanidad.
OoO
Haciendo una mueca, Raven se movió de su lugar en la cama. Ella frunció la cara. ¿Desde cuándo su almohada se movía y hacía ruidos raros? También había una mano en la parte baja de su espalda que era demasiado grande para ser suya. Su mano tanteó sea lo que sea que estaba ahí y definitivamente lo que tocó no era suyo. ¿Qué estaba ahí con ella?
«Esto no es mío», advirtió mientras tocaba una suave cabellera. Su mano continuó descendiendo un poco más… bajando un poco más hasta que tocó… Oh… eso sí que definitivamente no era suyo. Solo rezó internamente a todos los dioses existentes por no haber agarrado nada… comprometedor. Con sueño volvió la cabeza y miró al hombre pelirrojo tendido a su lado y su mirada se tornó confusa, hasta que los recuerdos de anoche llegaron a su cabeza. Claro, lo había invitado a quedarse a dormir con ella y, para sincerarse, había sido el mejor descanso que tuvo desde hacía mucho tiempo, pero ahora la estaba casi asfixiando con su fuerte agarre.
—Wallace, muévete, me estás ahogando y no soy tu maldito oso de peluche —se quejó Raven tratando de zafarse de la incómoda posición en la que se encontraba.
—Solo cinco minutos más tía Iris y prometo levantarme.
¿Aparte de roncar fuertemente también hablaba dormido? Genial.
¿Estaba bien si solo le daba una patada para alejarlo? No, eso no sería para nada cortés, si él estaba ahí es porque ella se lo había pedido. Raven se sacudió hasta que salió de la prisión que el chico había hecho con sus brazos y piernas. Murmurando, se movió y empujó las mantas mientras se sentaba en el borde del colchón. Ahora Wally había tomado la almohada que había estado usando la hechicera mientras la envolvía como estuvo ella misma hace un minuto.
—Eres muy suavecita Raven —murmuró el chico dormido mientras frotaba su mejilla en la almohada y una tierna mueca adornaba sus expresiones suaves.
¿Suavecita? Que estupidez, ni que estuviese hecha de algodón.
Ahora que lo recordó todo, ayer había estado demasiado blanda, sensible y vulnerable. Raramente se mostraba débil emocionalmente pero seguramente tímida, su emoción de capa gris, decidió que era hora de hacer acto de presencia y sacar a relucir todas sus incertidumbres logrando fluctuar su humor hasta una melancolía casi desoladora. Pero a pesar de todo, las pesadillas no la habían atormentado y fue una noche de sueño bastante reparadora después de mucho tiempo sin poder descansar en buenas condiciones.
«Malditas emociones divididas».
Lo que sucedió anoche había resultado ser demasiado cursi y empalagoso para su gusto personal aunque igualmente no se arrepentía de nada de lo que había pasado ayer. Toda esa charla con Kid Flash y abrirse emocionalmente con él había sido netamente algo agradable y liberador. Era muy interesante mantener una conversación con el velocista, ayer sintió que algunas de sus heridas emocionales estancadas y reprimidas habían sido por fin eximidas.
Aliviarse de los padecimientos compartiéndolos con otro constituye una experiencia humana que atravesaba tiempos y culturas. Catarsis, al final había surtido su efecto abreactivo como tal como él le había dado a entender. La "descarga mental" que se logra gracias al retorno a la conciencia de un recuerdo, con fuerte carga emocional, que se ha mantenido reprimido. Recordar y objetivar verbalmente el acontecimiento traumático y liberarlo así del quantum de afecto que lo convertía en nocivo.
Recordar es el mejor modo de olvidar. Las adversas ironías de la vida.
Incluso se sorprendió de que el pensamiento de Malchior ya no le resultara tan doloroso de traer al presente, cuando en el pasado, su sola reflexión desencadenaría emociones tan contrarias que iban desde la ira hasta la depresión.
Raven se arrastró fuera de la cama y se dirigió a su armario para sacar un nuevo leotardo y capa. Frotándose los ojos, se tambaleó hacia el baño y se miró en el espejo. Palpó su cabeza y para su suerte el remanente del golpe que obtuvo en batalla había por fin desaparecido. Se desvistió y cambió de ropa rápidamente y se dirigió hacia la puerta para salir. Sus ojos se detuvieron en Kid Flash mientras lo recorría con la mirada, él se veía… muy lindo mientras descansaba, su rostro cubierto de baba lucía demasiado tierno ahora mismo, ¿lo debería solo dejar dormir o lo tendría que despertar?
—Raven es muy suavecita y dulce como un pastelito.
¿Y también la comparaba con un postre azucarado?
Se sonrojó cuando recordó lo que él le dijo ayer, que quería estar con ella… que quería hacerla feliz. Ahora que lo pensó todavía tenían esas dos citas en deuda luego de haberse salvado mutuamente sus vidas durante la misión. En este momento lo recordó, la feria del libro que venía todos los años a Jump City en esta época se acercaba. Era uno de sus momentos favoritos del año porque podía adquirir mucho material de lectura en un solo lugar, incluso libros que ya no se conseguían. Ella sonrió, quizás lo podría invitar, ella siempre había asistido en soledad pero ahora quizás podía tener una encantadora compañía al fin, alguien con quien compartir.
Lo miró una vez más. No le gustaba la idea de dejarlo solo en su habitación pero lo más probable es que no se despertara hasta dentro de un buen rato. Miró el reloj y observó que eran apenas las 6:12 a.m. Era demasiado temprano y el sol apenas estaba emergiendo, además de que consideraba que no iba a moverse de ahí en un buen tiempo porque parecía estar en un sueño profundo. Sin tener en cuenta que ayer le había dejado bien en claro que no tocara nada de su alcoba, la hechicera esperaba que él hubiese aprendido la lección luego de haber agarrado el libro y lo que sucedió a continuación.
—Tía Iris, quiero comer tus galletitas con chips de chocolate, solo un plato más y prometo no molestarte más, lo juro.
Sí, lo más probable es que no fuera a moverse, sobre todo si estaba soñando con comida.
Ella corrió la oscura cortina para evitar que los rayos del sol entraran dentro de poco tiempo, ya que el alba se aproximaba, y así permitirle descansar a él también. Salió por el pasillo mientras bajaba las escaleras y entraba en la sala principal donde también estaba la cocina.
Pero algo la hizo frenar de golpe.
Ella parpadeó.
Una, dos, tres veces.
Se frotó los ojos de nuevo, quizás su visión la estaba engañando por recién despertarse.
Pero no, sus ojos no la engañaban en lo más mínimo.
¿Qué demonios era todo esto? La mayoría de los Titanes y Titanes Honorarios se encontraban ahí, por no decir todos, algunos estaban en el sillón y otros en el piso tirados y durmiendo. Había cajas de comida por todos lados y latas vacías de refrescos esparcidas. Hasta las paredes estaban manchadas.
Raven vio de nuevo…
¿Acaso Chico Bestia estaba durmiendo con una rebanada de pizza sobre sus ojos?
Era todo un chiquero del cual ella no iba a participar de su limpieza en absoluto. Que se las arreglaran ellos solos. Ahora que lo pensó, el sedante que se tomó ayer había surtido bastante efecto porque aquí parecía haber habido una larga reunión y ella no había sentido ni siquiera un solo sonido.
Ella movió con duda los ojos por todo la zona como escudriñando algo en particular, hasta que encontró lo que estaba buscando. Una sonrisa apareció en su rostro cuando vio a Melva, Timmy y Tommy durmiendo en el sofá, abrazados y cubiertos por una manta. Se acercó sigilosamente a ellos mientras se agachaba a su lado y les acariciaba la cabeza en un claro gesto de ternura. Ellos parecían estar bien y en perfecto estado y un suspiro de alivio brotó de sus labios. Por lo menos Robin había cumplido su promesa y los había traído sanos y salvos como ella le había exigido que lo hiciera.
Se acercó hasta la cocina, esquivando cuanto cuerpo se hallara a su paso hasta acercarse a la alacena y tomar un saquito de té. Hoy le apetecía un poco de té verde en vez de su típica bebida a base de hierbas. Llenó la tetera de agua mientras esperaba que la misma hirviera hasta la temperatura adecuada como a ella le gustaba.
Speedy se despertó luego de sentir un ruido en la cocina. Estaba en el suelo, nunca había dormido en el suelo y su cuerpo se sentía rígido y dolorido por quedarse inerme en la dura superficie y en cualquier posición extraña. Todos los Titanes habían estado despiertos hasta altas horas de la noche celebrando su victoria contra la Hermandad, o mejor dicho casi todos. Bostezando, se dio la vuelta para ver a la chica de cabello corto y morado calentando agua para desayunar. Él se levantó mientras estiraba un poco sus músculos, mientras con una sonrisa se acercaba y saludaba a la hechicera.
—Vaya Rae-Rae, no esperaba verte despierta tan temprano. Buenos días.
— ¿Qué quieres Speedy? —preguntó ella sin levantar la vista de la tetera, ni siquiera parecía sorprendida por su presencia, como si ya supiera que se estaba aproximando. El arquero se encogió ante el sonido de su baja y uniforme voz—. Pensé que solo estabas durmiendo como un cerdo arreado en el piso, y no me llames Rae-Rae, suena horrible.
—Bueno, soy un madrugador y estoy en el piso porque no tuve tanta suerte como Wally supongo… y puedes llamarme Roy, ya te dije que estamos entre amigos.
— Y bien, ¿qué estás dando a entender… Roy? —indagó ella, al tiempo que dejaba caer una bolsita de té en una taza de porcelana fina y la llenaba de agua humeante.
—Oh Rae, creo que eres demasiado inteligente para…
— ¿Es eso una opinión o simplemente estás tratando de eludir la pregunta? —ella lo miró por encima del hombro—. Escúpelo.
—Bien, veamos y repasemos los hechos —dijo él cruzando sus brazos y mirando el techo con un gesto divertido, su expresión denotaba que estaba armando alguna escena en su cabeza—. Primero desapareces con el chico correcaminos luego de una apasionante batalla campal en medio de la noche. Más tarde todos llegamos acá y ninguno de los dos está por toda la torre para unirse a la cena… por toda la torre salvo tu habitación, a la cual curiosamente no se puede acceder porque tiene más sistemas de seguridad que el distrito financiero de Wall Street.
—Estás dejando volar demasiado la imaginación por ese cerebro, aunque lo que yo haga es algo que no creo que sea de tu incumbencia.
—Sí, lo sé, supongo que solo me queda envidiar un poco a Wally, seguro tuvieron una… linda y divertida velada, ¿no es así?
—Mira, si lo que estás insinuando es lo que yo creo, te aclaro que él solamente durmió en mi habitación. Dormir, como lo hiciste tú, pero más cómodo, sobre un colchón, almohadas y un conjunto de mantas.
—Sí, él es todo un caballero. Quizás algún día puedas invitarme y también podamos tener nuestra propia fiesta de pijama privada entre los dos, ¿qué te parece esa idea? Yo puedo llevar las… películas.
Raven entrecerró los ojos con sospecha. No le gustaba para nada como sonaba la palabra películas saliendo de la boca de Roy, no quería imaginar a qué tipo de películas se estaba refiriendo.
—Paso —dictaminó la hechicera mientras quitaba el saquito, lo tiraba a un cesto de basura y agarraba la taza en sus manos, lista para retirarse del lugar— ¿Algo más que quieras decirme?
—Sí, hoy estás verdaderamente radiante —alagó él con amabilidad y en un gesto de verdad sincero. Notó que la expresión de la hechicera se iluminó por un segundo, casi con sorpresa, antes de volver a tu típica cara de póquer que habitualmente adornaba sus delicadas facciones.
—Gracias por el cumplido, ahora sigue durmiendo —comentó mientras le daba la espalda y se alejaba del lugar dejándolo solo—. Ah, y cuando todos se despierten, hazles saber que quiero todo el lugar limpio y en orden antes del mediodía, o habrá consecuencias —ordenó ella.
—Siempre tan simpática —musitó en voz baja Roy con un suspiro, aunque su humor seco le resultaba bastante encantador—, ¿acaso estará molesta por algo? Y además, ¿qué tiene Wally que no tenga yo? —se cuestionó mientras miraba lo que él consideraba su perfecto rostro en un espejo—. Los dos tenemos el mismo color de cabello.
Raven se dirigía a la azotea mientras caminaba con lo que Roy consideraba casi la elegancia de una aristócrata, incluso mientras evadía a todos los que estaban tirados en el suelo. Speedy hizo un gesto de dolor. Bueno, casi evadió a todos, porque ella terminó pisando uno de los brazos de Chico Bestia, el cual se despertó con un chillido de dolor. El arquero incluso se le ocurrió la idea de que ella podría haber hecho eso apropósito, él bien sabía que la chica podía levitar y esas cosas.
— ¿Qué diablos viejo…? —gritó el chico verde mientras se sentaba en su sitio en el suelo y la porción de pizza que estaba anclada en sus ojos caía en su regazo.
—Lo siento —se disculpó Raven—, no te vi y me tropecé.
—Sí, claro —expresó él con sarcasmo mientras agarraba su brazo dolorido—, yo lo siento más.
La hechicera subió las escaleras hasta llegar a la azotea y abrir la puerta, encontrándose nada más ni nada menos que con su líder en el lugar.
—Robin.
Cuando finalmente él se volvió para reconocer la presencia de la chica, hizo un gesto con su cabeza en una forma de saludo.
Él no contestó nada más, su vista volvió nuevamente hacia el horizonte, parecía estar... pensando en algo y sea lo que sea, Raven supo que seguramente tenía algo que ver con ella. La empática sabía que ella era la única persona con la cual él tenía que detenerse y pensar en las palabras que usaría para dirigirse a su persona.
Ella sabía que, con la personalidad detectivesca de Robin, esperaría el momento adecuado para lanzar algo y atraparla con la guardia baja. Pero él podía tener su entrenamiento en interrogación, pero ella también tenía su práctica en mantener su expresión imperturbable.
La hechicera se acercó finalmente a su lado y cerró los ojos cuando el viento rugió a su alrededor. El día parecía que iba a ser bastante fresco.
— ¿Qué haces despierta tan temprano? —dijo Robin manteniendo la vista fija en el frente.
Ella puso los ojos en blanco. Bien, ahora él estaba activado en su modo indagador.
—Creo que debería preguntarte lo mismo —respondió ella simplemente.
—Me gusta ver el amanecer... ya sabes, promesa de un nuevo día, ¿lo recuerdas? —expresó su líder, eso que acababa de decir ella ya lo había escuchado de sus labios con anterioridad.
—Eso mismo me lo mencionaste cuando... —. Raven no término la frase, se acordaba bastante bien de ese día. Fueron tiempos oscuros para ella. Los días en que la profecía y la presencia de su padre la atormentaron.
—Lo sé, por eso es que lo estoy mencionando —respondió el Chico Maravilla con simpleza.
Bien, ¿a dónde quería llegar con esto? Ella ya se daba una idea.
Raven se llevó la taza a su boca, sopló con delicadeza para enfriar un poco el caliente líquido y luego le dio un suave sorbo sintiendo como su estómago se calentaba en el acto y una sensación de satisfacción llenaba su cuerpo. Una vez que terminó de saborear el sabor de su té, ella trató de que él se dirigiera al grano del asunto.
—Sí, el alba es algo encantador de observar pero, ¿necesitabas hablar algo conmigo? Sabes muy bien que vengo todas las mañanas a la azotea a meditar y no creo que estés aquí solo para ver cómo sale el sol.
— ¿Sucede algo malo? —. La pregunta de Robin hizo que ella se girara para mirar a su amigo—. Ayer no te vi muy bien.
Él no parecía exigente, solo una pregunta que no representaba una amenaza, por lo que ella decidió pugnar para ver cómo reaccionaba. Tal vez incluso desviar el rumbo de esta "charla". Raven sabía que, cuando ella se desmoronó en la batalla contra la Hermandad del Mal, el vínculo mental había quedado abierto por una fracción de segundos y seguramente él había visto o sentido lo mismo que ella. Pero no quería hablar del tema ahora, no cuando ni siquiera ella misma podía descifrar de qué se trataba. Lo que más quería en este momento era poder terminar este parloteo y poder retirarse para meditar.
— ¿Hay alguna razón por la que me estás interrogando?
Robin solo se encogió de hombros y mantuvo el carácter.
—Solo quiero saber por qué ayer…—. Hizo una pausa para inclinar la cabeza y entrecerró los ojos contemplativamente, nuevamente buscando las palabras adecuadas para usar.
Ella solo frunció el ceño.
—Date prisa y haz tu punto, no tengo todo el día.
— ¿Por qué ayer te desmayaste durante la pelea? Raven, pude sentirlo, aparte de tu sufrimiento, era… algo demasiado, ¿oscuro? Ni siquiera sé si esa es la palabra correcta. Y antes de que nuestro vínculo se cerrara, lo vi, cuatro ojos rojos que no me traen muy buenos recuerdos. Necesito saber, mejor dicho exijo saber, si lo que sucedió ayer tiene alguna relación con… Trigon.
—Te dije que no me gusta que nadie hurgue dentro de mi cabeza, te lo mencioné aquella vez ¿lo recuerdas? Deberías saber que hay lugares dentro de mi mente donde no puedes ir, donde nadie debe ir.
Finalmente, él la miró hacia arriba y hacia abajo, la observó, incluso a través de su antifaz que cubría sus ojos, con una penetrante mirada que haría que cualquier otro villano temblara por el peso que ponía en ella. Pero Raven no se inmuto ante él, su lenguaje corporal no indicaba que se sintiera cohibida ante el peso de sus ojos.
Ahora incluso el tono de voz de él cambió, era incluso un poco más insistente, casi hasta se podría decir que era belicoso.
—Raven, pase lo que pase, espero que sepas que puedes hablarme sobre eso, porque puedo entenderte. Pero siento que... no estás confiando plenamente en mí. Tal vez sea solo yo, no lo sé…
—Sé que puedo hablarlo pero…
—Estás inventando excusas Raven y tratando de desviar el tema, y no saber por qué me preocupa. Esto ya no se trata del equipo, se trata de ti... Sé que algo está mal, pero eres tú quien no confía lo suficiente en mí para hablar del asunto. No quiero presionarte para que me digas lo que te está pasando, pero si tiene relación alguna con Trigon creo que sería necesario que me lo digas. No quiero que vuelva a pasar… lo de la última vez.
Raven sabía que no había nada más que ocultar y que tampoco valía la pena hacerlo, pero es que tampoco quería preocupar a sus amigos con algo que ni siquiera ella tenía conocimiento pleno.
—No sé lo que está pasando Robin —explicó la hechicera luego de un suspiro de frustración, tratando de que él entendiera—, para serte sincera ni yo misma lo comprendo en totalidad. Todo empezó con unas simples pesadillas al principio, pero ha estado empeorado con el tiempo. Todo parece tener correlación con mi padre, pero hay algo curioso.
— ¿Qué cosa? —cuestionó él con aparente curiosidad.
—Es que no siento su presencia, a pesar de que parece estar todo relacionado con él y la profecía, no puedo percibir su influencia directa, es como si la amenaza… fuera algo más, algo diferente y proviniera desde otra fuente. No sé si lo entiendes y tampoco espero que lo hagas, pero es lo único que puedo decirte por ahora.
—Sinceramente creí que Trigon estaba muerto, luego de que tú lo derrotaras ese día.
— ¿Muerto? —una risa amarga escapó de la boca de ella—. Robin, ojala fuera así, pero él es un ser interdimensional altamente poderoso e invulnerable, por ahora solo puede ser desterrado y eso es lo que hice.
Una vez más, Robin no respondió de inmediato, comenzó a mirar fijamente de nuevo el panorama de la ciudad, comenzó a pensar.
—Eso no suena para nada bien… En tus pesadillas, ¿qué es lo que puedes ver? Si es que quieres relatarme.
—Algo acechándome, aunque no se bien de qué se trata… pero también puedo ver una luz, algo que me protege de… esa cosa.
— ¿Tienes algo más que quieras decirme?
—Nada más por ahora, eso es todo —dijo ella—. Una vez que pueda esclarecer más sobre el asunto, serás el primero en saber.
—Me alegro de oír eso —. Robin no parecía convencido, la última vez que Raven se había sentido preocupada por los malos sueños, después de todo, había sido una señal del apocalipsis, pero sabía que no debía presionar el tema. El líder del equipo se volvió hacia el horizonte.
—No solo me gusta ver el amanecer. Creo a su vez que es bueno mirar por aquí a esta hora del día —dijo—. Ver la ciudad a la luz del sol. Nos recuerda por qué luchamos y cuál es nuestro objetivo. Todas esas personas tienen derecho a vivir sus vidas con tranquilidad, y algunas veces somos los únicos que podemos asegurarnos de que puedan hacerlo. Es nuestra tarea de que eso suceda, de mantener el equilibrio.
—Lo sé —dijo Raven en voz baja, mirando su taza de té media vacía.
—He oído a alguien cercano a mí decir que la línea entre el héroe y el villano es delgada y fácil de cruzar, y yo mismo descubrí eso más de una vez —. Raven sabía que Robin se refería a la época en que él se había unido a Slade para descubrir parte de sus planes, momento que incluso casi les cuesta la vida. Pero ella sabía más que nadie que el lado oscuro muchas veces era tentador.
En varias ocasiones ella se había planteado ese interrogante. ¿Cuándo alguien que opera bajo sus propias reglas comienza a corromperse sin saberlo? ¿Es tanta la distancia entre uno y otro? ¿Hasta dónde puede llegar el héroe para no cruzar esa línea que divide el "bien" del "mal"? Incluso existía la posibilidad que ni siquiera exista dicha línea divisoria.
Raven no habló mientras terminaba de beber su té que ya se encontraba medio frío. Lo supiera o no, las palabras de Robin resonaron en su cabeza e hicieron poco para tranquilizarla. Ella sabía mejor que nadie lo delgada que podía ser la línea entre el bien y el mal, y para ella era más delgada que la mayoría. Su naturaleza fue definida por la tensión entre su oscuridad innata y su educación en Azarath que la mantenía a raya; su mayor temor era que algún día su arduo entrenamiento ya no fuera suficiente para controlar al demonio interior.
«Soy parte de ti, siempre», recordó la frase. «No puedes escapar».
—También quería hablar sobre algo más.
— ¿De qué?
—Es sobre Terra y Jinx, fue toda una sorpresa encontrarlas de nuestro lado y ver a Terra nuevamente. Ya hablé con las dos luego de llegar a la torre, luego de interrogarlas y que me relataran sus historias, al final planteé algunas condiciones. Para serte franco, no puedo confiar plenamente en ellas de un día para el otro pero tú creíste en ambas por lo que me contaron, así que haré un intento.
—Ya lo dijiste tú, la línea entre el héroe y el villano es delgada y fácil de cruzar —mencionó ella con una media sonrisa—. Bien, ¿cuáles son esas condiciones?
—Jinx será trasladada junto a los Titanes del Este, pasará por un período de prueba, ellos se encargarán de su entrenamiento y de mantenerla vigilada por ahora. También pedí un informe semanal sobre su progreso.
—Eso suena bien para mí —dijo Raven mientras se encogía de hombros—, ¿y en relación con Terra?
—Se quedará aquí —dictaminó Robin—. Con Slade suelto por quién sabe dónde, tenerla lejos de nosotros podría resultar una amenaza. Y algo más, sé que no será de tu agrado, pero tendrás que ayudarla en su entrenamiento. Ella no tiene control sobre sus poderes y eres la única que puede hacerlo. De paso, quiero que la mantengas… vigilada.
—Ya me había planteado eso antes, no te preocupes, me encargaré de ayudarla. Conozco algunas técnicas que podrían serle de utilidad.
—Vaya, no sabía que lo fueras a tomar tan bien y a la ligera.
—Solo espero que tengas habitaciones disponibles porque pasaremos de ser cinco personas a ser diez en total.
— ¿Diez? —preguntó él un poco confundido ya que las cuentas no parecían ser las mismas que las suyas. Robin creía que serían seis con la reincorporación de Terra.
—Bueno, once en realidad si tomo en consideración a Bobby. Los tres niños se quedan conmigo Robin, y Wally también.
— ¿Sabes la responsabilidad que es cuidar de tres niños Raven? —Robin la cuestionó para hacerla entrar en razón. Tener infantes en la torre con los riesgos que implicaban sus deberes diarios no parecía ir de la mano—. Además, creí que no te agradaba la idea de la misión al principio y el trabajo de cuidarlos.
—Bueno, cambié de parecer y les tomé algo de… afecto y se quedan por ahora, fin. Los puedo proteger yo y no te pediré que me ayudes a cambiar pañales si es lo que tanto te preocupa. No los dejaré tirados en ese monasterio.
—Bien, solo espero que no sea una mala decisión de tu parte. En relación con lo otro, ¿Kid Flash ya mostró su aprobación con eso? Si mal no recuerdo, él se mostró reacio a unirse en el pasado cuando se lo solicité.
—Sí, me lo dijo anoche y está bastante contento con la idea de quedarse aquí.
—Claro, anoche —recriminó Robin con una voz ácida—. Seguro estaba muy feliz.
Ella solo entrecerró los ojos, seguro sospechaba lo mismo que Speedy. Pero ella era una mujer adulta y que no debía rendir cuentas a nadie con lo que hacía con su vida, sobre todo con su nula vida romántica.
—Sí, es un chico alegre y no voy a hablar de ese tema contigo.
Robin solo se quedó en silencio y con el cuerpo rígido.
—Vamos... entremos, hace frío y no quiero que te resfríes —dispuso el Chico Maravilla mientras hacía un ademán de alejarse del lugar esperando que ella lo siguiera.
—Ve tú solo, necesito meditar.
Él se alejó con grandes zancadas y la hechicera suspiró internamente cuando escuchó como la puerta de acero se cerró de golpe y con algo de fuerza. ¿Y ahora qué bicho le picó? Siempre parecía tan impredecible.
Pero ella había venido hasta acá con un objetivo y ahora era el momento oportuno. Esperaba que nadie la interrumpiera.
Cerrando los ojos y sentándose, respiró hondo mientras se calmaba y susurraba su mantra, se apaciguó mientras colocaba las manos en posición para comenzar con el proceso y sintió que empezaba a levitar.
«Busca tu centro».
—Azarath, Metrion, Zinthos —murmuró ella, y sintió que su mente se calmó de los pensamientos agitados. Concentrándose en su espíritu y su respiración, se enfocó en algo en particular casi como si de una brújula se tratase: sus visiones. Ese era su objetivo.
«Medita sobre los símbolos que te doy».
Y es lo que iba a hacer, meditar.
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Pero nada la tenía preparada para lo que ocurrió a continuación.
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Inmediatamente y sin tiempo de reacción, se vio rodeada por murallas y columnas de fuego. Ella abrió los ojos en el instante en que sintió como el ardor de las llamas la abrazaban. Ya no se encontraba en la azotea de la torre. Ella esperaba localizase finalmente en los confines de su mente pero no fue así.
Raven se encontraba en el corazón del fuego y la oscuridad, mirando hacia abajo a una ciudad que estaba destruida.
Percibió como la lucecilla que siempre se hacía presente en sus pesadillas se encontraba resplandeciente en sus manos. Pero ahora era más débil que antes, estaba a punto de extinguirse.
Los edificios habían sido destruidos por las llamaradas, la gente convertida en estatuas de piedra atrapadas para siempre en medio de un tormento eterno. La tierra se veía seca, estéril y sin vida, y el cielo estaba tan obstruido por las cenizas y el humo que no se podía ver el sol, dando la ilusión de que ya no existía. La única luz provenía de un río, donde lo que alguna vez fue agua ahora era lava fundida.
Ella se acercó.
No, esto no era lava.
Era un río cuyas turbulentas aguas estaban teñidas de sangre. Ella enfocó su visión. En la orilla opuesta, el borrón blanco que siempre veía en sus pesadillas ahora se veía de forma clara y corpórea. Era lo que parecía ser una mujer que permanecía de pie, inmóvil, solemne y con el rostro oculto por una túnica y velo blanco que la cubría en su totalidad. Parecía casi pura y etérea en contraste con toda la carnicería que se podía observar alrededor.
Había cadáveres dispersos por todo el lugar. El olor a muerte se extendía por todas partes. No había nada más pavoroso que esa nauseabunda fetidez. Su estómago comenzó revolverse, y todo a darle vueltas. Un sabor amargo le invadió la boca, y estuvo a punto de vomitar bajo unos espasmos que intentó reprimir pensando en otra cosa. Imposible hacerlo. Aquella peste no le permitía pensar en nada más. Respirar por la boca tampoco parecía servir, aquella peste iba incluso más allá. Entraba por los poros, y caminaba bajo la piel para absorberla por dentro.
Todo esto estaba martirizándola y parecía querer derretirla en la desesperación.
Raven dio un paso hacia el río pero advirtió que, además de estar teñido de sangre, sus aguas eran demasiado profundas. Pero no solo eso, también miles de cuerpos se retorcían y ahogaban en el líquido carmesí, sus manos arañando la superficie en un intento para salir a flote.
Cuando volvió a levantar la mirada, los cuerpos que se hallaban en el lugar parecían que se habían duplicado. Ahora había cientos, miles quizá. Algunos todavía estaban vivos y se retorcían agonizantes mientras sufrían muertes terribles e impensables… Consumidos por el fuego, cubiertos de lepra, enterrados en heces, devorándose los unos a los otros. Desde la otra orilla del río, Raven podía oír sus angustiados aullidos de agonía y suplicas de lamento mientras otros pedían perdón al tiempo que suplicaban a las divinidades para que este calvario frenara por una vez y para siempre.
Era un infierno.
—Conoce y revelarás —susurró la mujer desde el otro lado—. Medita sobre los símbolos que te doy, no dejes que se apague.
La hechicera escuchó las palabras como si las hubieran pronunciado en el interior de su cabeza.
Ella miró de forma retadora a la otra persona. Estaba harta de todo esto y quería respuestas, y las quería ya mismo.
— ¡¿Quién eres?! —exclamó, y por primera vez dentro de sus pesadillas y delirios, la voz salió finalmente de su garganta.
—Conoce y revelarás —repitió ella.
Su voz serena atravesaba el pútrido aire y se oía con bastante claridad incluso por encima de los sonidos de los cuerpos desolados y agonizantes que se extendían hasta donde llegaba la vista. Raven volvió a ver los cuerpos medios enterrados y los cuerpos de piedra. Ella tembló, algunos de los cuerpos de ahí eran de sus amigos. Estaban sufriendo una letal agonía.
—Conoce y revelarás —le dijo la mujer a Raven nuevamente—. Se avecina la tormenta, el tiempo se está terminando.
Raven dio un paso al frente de forma desafiante.
— ¡Te lo preguntaré una última vez! ¡Quiero respuestas! ¡¿Quién diablos eres?! ¡Déjate de juegos! ¡No dejaré que tu presencia me atormente! ¡No te tengo miedo! —gritó ella desde el otro lado del río teñido de sangre.
Pero ella solo habló de forma solemne.
—No es a mí a quien debes temerme, estoy aquí para ayudarte. Yo soy la luz —expresó la mujer desconocida sin perder ni un poco la compostura.
« ¿Pero quién eres?», quiso preguntar una vez más pero algo la alertó. Un reflejo de huida se instaló en ella mientras un frío calador le taladraba desde su retaguardia.
Sin más aviso, Raven giró la cabeza cuando escuchó un ruido y un siseo proveniente a su espalda. El fondo negro cubría todo y de su interior una colosal serpiente negra con cuatro ojos rojos surgió de la misma desplazándose por el terreno, serpenteando por encima de los cuerpos. Cuando estuvo cerca, el reptil comenzó a elevarse y tomar forma humana y la empática quedó pasmada. Frente a sus ojos se hallaba una versión de sí misma, solo que parecía ser una masa negra y oscura con dos pares de luceros escarlatas, pero ni siquiera podía distinguir su rostro.
Un escalofrió recorrió el cuerpo de la hechicera cuando eso le habló dirigiéndose a ella.
—Y yo soy la sombra —dijo esa cosa resonante y con una espeluznante voz—. La luz no es más que una ilusión y cuando se desvanezca, la oscuridad inundará todo rastro de tu ser.
