Los personajes de Saint Seiya no me pertenecen, son propiedad de Masami Kurumada y Toei Animation.


15)... incómodo cuando dices algo erróneo sobre el cuerpo de otras personas (el clásico "estás embarazada").


Geist escuchaba música a lo alto, moviendo la cabeza al ritmo salvaje del metal pesado. Su cabello se movía de un lado al otro, molestando a algunas de la personas que iban con ella en el transporte público, pero eso no le importó, nunca le había importado lo que los demás dijeran de ella, así que continúo escuchando su música.

La llegada a la siguiente parada detuvo su baile, quería ver cuántas estaciones le faltaban para poder llegar a su destino: su futuro trabajo, si le iba bien en su entrevista. Cuando levantó la mirada se arrepintió de inmediato, justo en ese momento acababa de entrar una de sus ex compañeras del Lykeio, cosa que le puso los pelos de punta.

En esa época ella fue muy molestada por esa chica, al menos hasta que Geist demostró que tenía un límite, eso derivó en que terminara por ser ignorada el último año escolar.

Geist se apresuró a cubrir su rostro con la mano, esperando que eso fuera suficiente para no ser notada. En realidad no habría tenido problemas con ese encuentro, pero no quería quedarse con un momento incómodo en uno de los días más importantes de su vida. Debía ser su mala suerte, ya decía ella que el día parecía muy bueno para ser verdad. De hecho no estaba equivocada, puesto que su ex compañera la reconoció y no tardó en acercarse a ella, sentándose a su lado.

—¿Geist? ¿Eres tú? ¿Te acuerdas de mí?

La pelinegra fingió que se acomodaba el cabello con la mano que antes cubría su rostro. Asintió con pesadez y compuso una mueca, un pobre intento de sonrisa que no funcionó del todo.

—Te recuerdo —dijo mirando al frente, algo incómoda.

—¡Es genial! ¡Hace mucho que no nos veíamos! Desde el Lykeio, ¿cómo has estado?

—Bien, gracias, gracias…

Geist miró a su ex compañera por primera vez. La mujer había cambiado mucho, su cabello antes brilloso ahora estaba opaco, sus uñas siempre pintadas con los colores más brillosos y despampanantes ahora brillaban por parecer normales, pero lo más notable era que sus mejillas estaban algo grandes, su vientre también estaba algo crecido, redondo, grande.

—¿Y qué hay de ti? —preguntó por cortesía—, ¿cuánto tiempo tienes?

Y entonces lo dijo, su gran error basado en una observación errónea. A ella ni siquiera le interesaba, sólo estaba siendo amable; pero eso no evitó que el rostro de su ex compañera se deformara para crear una mueca de desagrado y malestar que incómodo a la pelinegra.

—No estoy embarazada.

La simple frase fue suficiente para hacerla sentir que su incomodidad inicial crecía. "Maldición", pensó, "eso me pasa por tratar de ser amable".

El silencio entre ellas se estableció, fuerte, pesado, tenso. Geist trató de pensar en algo, una frase que lo arreglara, decir que era una broma, aunque eso probablemente empeoraría las cosas, pero en ese punto, cualquier cosa o interrupción era mejor que ese pesado e incómodo silencio.

—Bueno… ¿y qué estás esperando?

Su ex compañera frunció aún más su ceño, molesta, muy molesta. Geist supo que había metido la pata de nuevo, a pesar de que no entendió cómo, puesto que ahora sí estaba segura de que no había dicho nada malo o fuera de lugar; sólo había sido un comentario que pretendía bajar el ambiente incómodo.

—Acabo de recordar lo molesta que eras.

La mujer levantó la cabeza, indignada, y se fue al otro extremo del vagón en el que estaban. Geist rodó los ojos, sabiendo que esa era una enorme mentira debido a que si alguien molestaba era esa mujer con un par de kilos de más. La pelinegra volvió a mirar a su ex compañera y su abultado vientre, no podía creer que se confundiera tanto, si esa era una clara y sencilla señal de interpretación que ahora Geist ignoraría, sólo para asegurarse de que en el futuro no cometiera el mismo error.

Su mirada entonces se concentró en el mapa de la línea del metro en la que viajaba. Aún le faltaban dos estaciones y el encuentro no la desanimaría; ese era su día, tenía una importante misión que debían y quería cumplir. De ningún manera hubiera imaginado que su ex compañera también bajaba en el mismo lugar y se dirigía justo al local frente a donde ella haría su entrevista, si se quedaba las cosas no serían tan sencillas como lo imagino, no sabía si sería fácil mirar ese rostro de nuevo todos los días.