Capítulo 13: Entre perro y lobo
Londres, Inglaterra
Fuera de un pequeño local que funcionaba como un bar y que incluía un pequeño escenario, ubicado en Soho que era conocido como el centro cultural y de la movida nocturna, había una larga fila de personas, todos con sus boletos en mano, esperando ver el espectáculo que iba a suceder. Todos afuera estaban ansiosos por entrar y poder disfrutar de un gran momento. Un cartel se mostraba afuera, con la foto de una hermosa mujer de cabello negro con un título grabado: "¡Ven y conoce a la Maestra de la Magia! ¿Creerás que una persona pueda ser capaz de levitar? ¡Descúbrelo tú mismo! ¡Solo por hoy a partir de las 6:00 p.m!"
Dentro del establecimiento, la mayor parte del público se encontraba sentado. Nada más que la charla entre los individuos que se hallaban dentro se podía escuchar. Todos callaron cuando las luces se atenuaron, indicando a la audiencia que guardara silencio. Los focos comenzaron a circular alrededor de una cortina roja.
— ¡Atención, damas y caballeros! —notificó la voz animada del anunciador, con bastante energía, la presentación de hoy. — ¡Estamos orgullosos de presentarles el mejor acto mágico de la noche! ¡Espera que todos se vayan con un panorama maravilloso de lo que es realmente la magia! ¡Porque ella es la maestra de la magia! ¡Con ustedes, nada más ni nada menos que la gran Zatanna Zatara!
Una nube de humo rosada se materializó de la nada dando paso a la esbelta figura de la mujer. La multitud exclamó su nombre con gran alegría, incluso cuando el espectáculo aún no había comenzado. Zatanna se inclinó hacía su audiencia y fue recibida con un fuerte aplauso entusiasta. La maga caminaba con gracia por el escenario en sincronía con la música. Bajo el foco de atención, sus medias de red junto a botas negras de tacón alto destacaron por completo sus largas piernas, mientras que su camisa blanca ajustada en la parte superior y su chaqueta negra no dejaron duda a su espectacular figura. Un largo y liso cabello negro caía en cascada alrededor de sus delgados hombros. Su sombrero de copa negro estaba inclinado hacia delante, lo cual le protegía los ojos y atraía la atención de la audiencia hacia su encantadora sonrisa.
— ¡Gracias! ¡Gracias a todos por venir hoy! ¡Espero que estén disfrutando de este gran día! —pronunció la mujer con regocijo—. Me alegra que muchos hayan podido concurrir. La idea es sorprenderlos este día con un gran repertorio, ¿de acuerdo? Ahora, para el primer truco necesitaré algún miembro de la audiencia que quiera participar. Veamos... ¿algún voluntario?
—Yo me ofrezco —gritó un hombre mientras levantaba la mano.
—Perfecto, ¿y cuál es su nombre, señor? —preguntó la maga.
—Doug.
—Y Doug, ¿crees en la magia?
—Justamente quería aclarar eso, no creo en la magia —explicó al tiempo que se acercaba al escenario.
— ¿Juzgamos que Doug debería creer, damas y caballeros?
— ¡Desperdicio de dinero! —despotricó un señor que se hallaba sentado al fondo bebiendo un vaso de licor y que estaba en un claro estado de ebriedad.
Zatanna ignoró el comentario y ayudó al hombre voluntario a que se acostara en una camilla mientras las asistentas de la maga lo cubrían con una manta morada.
— ¡Ahora digan todos conmigo! —indicó Zatanna mientras hacía un movimiento ondeante con su mano que estaba sosteniendo una varita. — ¡Abra...
—...cadabra! —terminó fuertemente la multitud bastante divertida.
Doug, luego de esa palabra y de la nada, comenzó a levitar por encima del armazón donde estaba recostado. Un fuerte aplauso del público volvió a sonar por todo el lugar.
— ¡Es falso! —increpó el señor nuevamente mientras se levantaba de su asiento y se dirigía al escenario bastante alterado.
—Nunca falta el que quiere arruinar el momento, amigos —criticó la maga con disgusto. — ¿Y cuál es su nombre, señor?
— ¡Solo soy alguien que dice verdades!
—Apuesto a que lo eres.
— ¡No se dejen engañar! —vociferó él mientras se dirigía a todo el público en un intento de desenmascarar la farsa que estaba ante sus ojos. — ¡Es mentira, la magia no es real! ¡Ella no es real! ¡Se trata de un equipo especial, lo vi en Internet! ¡No son más que finas hebras transparentes que con la luz del lugar no pueden captarse! ¡Son solo ilusiones ópticas!
Zatanna cerró los ojos y se apretó fuertemente el puente de la nariz tratando de inculcarse un poco de paciencia mientras un suspiro salía de sus labios. Bueno, la habían descubierto.
—Y sí, tienes razón, hay filamentos. Lo siento, Doug —se disculpó la maga mientras sacaba una navaja de su bolsillo y cortaba los hilos que mantenían sostenido al hombre en el aire.
— ¡Whoa! —gritó Doug al tiempo que caía fuertemente al suelo de madera del escenario.
— ¡Así que entonces devuélvenos nuestro dinero! —gritaron algunos sujetos dentro del local ahora enojados por toda la mentira.
— ¡Falsa! ¡Impostora! ¡Mentirosa! —gritó el señor con una sonrisa engreída por haber develado el truco de la mujer.
—Etativel —susurró suavemente Zatanna con una sonrisa de suficiencia en su rostro.
— ¡Charlatana! —recriminó él mientras seguía con su afrenta contra la maga ajeno a lo que le estaba sucediendo.
—Umm, ¿cariño? —llamó la esposa del señor ebrio mientras lo agarraba de la manga de la camisa y lo tironeaba hacía el suelo.
— ¡¿Qué?! —preguntó el hombre que seguía con su ataque contra la falsedad del truco... hasta que observó cómo estaba levitando en el aire sin nada que lo sostuviese—. Oh.
—Ahora, ¿quién quiere verme sacar un conejo de mi sombrero?
Un estruendoso aplauso surgió del resto de la audiencia y la gente comenzó a ponerse de pie cuando la ovación creció. Un misterioso hombre cubierto con una capa negra se levantó pausadamente y salió del lugar sin ser notado por la maga.
[...]
Durante la siguiente hora y veinte minutos, el resto de las personas quedaron completamente cautivados por su actuación logrando ella retener al público con gran atención.
Después de unos minutos más de espectáculo, la actuación por fin había terminado, pero después de cada show, a Zatanna le encantaba reunirse con el público y con algunos fanáticos firmando algunos autógrafos y recibiendo halagos de todo tipo. Esto se convirtió en un habituado momento bien conocido luego de show tras show, ya que esto llevó a los miembros de la audiencia a enviarle docenas de flores después de cada acto. Una pareja mayor se acercó a la maga con preciosas rosas rojas.
—Fue un espectáculo espléndido, jovencita —dijo la mujer mayor mientras le entregaba el ramo.
—Gracias —correspondió Zatanna mientras recibía el regalo y hacía un gesto de agradecimiento.
—Te trajimos algunas flores —dijo ahora el hombre—. Recuerdo que cuando era solo un niño asistí a un espectáculo de tu padre. Te hemos visto muchas veces y siempre pareces superarte con cada nuevo espectáculo.
—Oh, muchas gracias. Realmente lo aprecio.
—Sigue así. Ciertamente lo mereces. Ahora, no te vamos a sostener más tiempo, buenas noches.
—Buenas noches para ustedes también.
Una vez que ya no había nada que hacer en el lugar, la maga salió por la parte trasera del edificio, tenía trabajo que hacer y seguir firmando autógrafos solo la atrasaría más de la cuenta así que un atajo no le vendría mal. Cerró la puerta mientras caminaba por un callejón húmedo y oscuro hasta que una voz la hizo detener su marcha.
—Sabemos por qué estás en Londres, Zatanna Zatara.
— ¿Para emocionar y sorprender a las personas? —preguntó ella mientras palpaba la varita dentro de su bolsillo y la sacaba con lentitud.
—Me tomaré el trabajo de borrarte del mapa —amenazó el hombre ahora mientras se acercaba a la mujer.
— ¡Etanimulli! —cantó la maga mientras lo apuntaba con el objeto.
Un haz de luz blanca y resplandeciente había salido del extremo de la varita mágica de Zatanna, con el objetivo de iluminar el oscuro pasaje y a su contrincante. El mismo tenía en el rostro una extraña marca con forma de "s" pintada en rojo, una marca que ella conocía bastante bien. El hombre parecía demacrado y marchito, aunque lo avivaba un excepcional semblante fanático y febril.
— ¡Sniahc!
Unas metálicas cadenas que parecían gruesas serpientes saltaron por los aires y se enroscaron con fuerza alrededor del torso de su acompañante, sujetándole los brazos. Éste soltó un grito de cólera y se encabritó, logrando liberarse, mientras cargaba contra Zatanna, logrando tirarla al suelo al tiempo que le tapaba la boca con ímpetu con una de sus manos.
— ¿Palabras mágicas? Déjame decirte que eres más preciosa con la boca cubierta. Ahora, ¿dónde estábamos? —investigó el individuo entretanto la maga hacía un esfuerzo físico para liberarse de la descomunal fuerza del hombre que ahora sacaba un cuchillo de plata que se encontraba escondido dentro de su túnica. — Imagina cómo me recompensará Hermano Sangre cuando sepa que acabé contigo. Recibiré mayores honores que ningún otro partidario. Me convertiré en su seguidor predilecto, el más cercano, me considerará casi como un hijo.
Zatanna sabía que jamás conseguiría salvarse si no podía liberar la mano que cubría su boca.
— ¡La Iglesia de la Sangre ha retornado! —exclamó él que en aquel momento parecía completamente loco, ojos desorbitados por la emoción, dirigiéndole una sonrisa malévola. — ¡Tú no pudiste conmigo pero yo si podré contigo!
El hombre levantó el arma y la dirigió directo hacía la mujer, pero el cuchillo se partió a la mitad cuando, en vez de encontrarse con la carne de la maga, se encontró contra un círculo mágico de protección de color dorado.
— ¡¿Qué?! ¡¿Cómo?! —preguntó confundido el hombre. ¿Cómo había detenido el ataque si su boca estaba tapada y no había pronunciado palabra alguna? Él sabía que la magia de Zatanna solo funcionaba cuando ella pronunciaba el hechizo verbalmente y si lo hacía al revés. Esa era su principal debilidad, sus poderes se pueden prevenir fácilmente si se le impide hablar y hacer uso de su voz. El hombre cayó desmayado al suelo cuando fue golpeado con bastante potencia con lo que parecía ser un tubo de hierro.
—Ingeniosidad, colega —comentó la voz rasposa del intruso—. De todos modos, no hay nada divertido en hacer llorar a una dama.
Zatanna se levantó del piso mientras sacudía la suciedad de su ropa, tomando atención del hombre que la ayudó. De cabello corto color rubio, con un rostro adornado con barba de unos días y unos perspicaces ojos celestes que la miraban con atención. Estaba vestido con su típica gabardina desaliñada de color marrón claro, una camisa blanca arrugada combinada con una corbata roja. Un cigarrillo que nunca faltaba en él sostenido entre sus labios.
John Constantine.
Él era lo que cualquiera podría llamar como un antihéroe.
Exorcista, demonólogo y maestro de las artes oscuras. Un detective de lo oculto y timador. Fumador compulsivo, notorio por su cinismo sin límites, caracterizado por su sarcasmo inexpresivo, así como por su capacidad para la manipulación despiadada. Siempre siguiendo una vida de hechicería y peligro con una clara adicción a la adrenalina (aparte de su clara adicción a la nicotina además del alcohol) que únicamente lo extraño y misterioso parecía saciar. También él era una especie de "imán para lo oculto". Sin embargo, en opinión de Zatanna, también era un apasionado humanista, conducido por un intenso deseo de hacer el bien... cuando quería y ocasionalmente se incursionaba en el heroísmo.
—Tanto tiempo, Zee —saludó el hombre con cortesía.
—Gracias...John. Siempre en el lugar correcto y en el momento adecuado. Y no sé de donde sacaste que estaba llorando —expresó la maga mientras se cruzaba de brazos. — ¿Y estuviste viendo todo el tiempo o solo te apareciste por casualidad?
—Estaba espiando y esperando que pidieras ayuda pero siempre eres tan orgullosa.
—Soy un miembro de la Liga de la Justicia por si no estabas enterado —se defendió ella de su entredicho, ¿acaso él estaba dudando de sus habilidades? —, podría haberlo derrotado yo sola. Aparte, ¿cómo podría haber pedido ayuda? Por si no lo viste tenía la boca tapada.
—Seguro, palabra mágica, un poco limitante, ¿no? Sobre todo si esos lindos y tiernos labios se encuentran cubiertos —dijo Constantine con una expresión de galantería.
—Todos tenemos debilidades.
—Sí, supongo que es lo que sucede cuando un Homo Magi se cruza con un Muggle —bromeó él con respecto a la herencia mixta de Zatanna.
—Ratcen ot sehsa —pronunció la maga sin poder contenerse, logrando convertir el cigarro en una paleta dulce de caramelo.
—Insólito, por lo que puedo decir —ironizó él sacando la paleta de su boca y arrojándola por ahí—. Buen truco, amor. Nunca te lo dije antes pero... ¿Sabías que me enciendes cuando hablas al revés? ¿Cigarrillo? —le preguntó mientras sacaba una cajetilla de su marca preferida, Silk Cut.
Los dos se sobresaltaron un poco, más ella que él, cuando el cuerpo del hombre caído se incineró de la nada y quedo completamente carbonizado.
— ¿Qué hiciste John? —inquirió Zatanna enojada viendo al hombre con recelo.
—Yo no hice nada esta vez, lo juro, esto no fue obra mía —se defendió Constantine levantando las manos en un gesto de inocencia.
John observó como la maga se acercaba al cuerpo que seguía prendido fuego y arrimaba sus manos hasta donde el calor le permitía acercarse mientras pronunciaba una secuencia de palabras al revés. Analizó por un momento y Zatanna se alejó rápidamente mientras sostenía su cabeza por un aparente malestar mientras trastabillaba en su lugar.
— ¿Zee? ¿Estás bien?
—Estoy bien —suspiró ella mientras respiraba hondo para serenarse—. Nunca me gustó este tipo de magia. Pude sentir la oscuridad demasiado cerca. No entiendo cómo lo soportas tú todo el tiempo.
—Lo importante siempre es el control. Si necesitas una actualización...
—Ya tuvimos esta conversación —rechazó Zatanna su oferta—. No he cambiado de opinión con respecto a lo que haces. Perteneces ahí, ¿verdad, Constantine? Este es tu mundo, no el mío.
—Claro, no participes de la guerra entre el bien y el mal. Después de todo, te va bien con los aplausos de los bobos sin cerebro —replicó él con amargura.
—La magia que practico le da felicidad a la gente —se defendió ella.
—Bueno. Magia. ¿De qué se trata todo esto, entonces? Me pregunto qué buscabas cuando entraste al juego. Normalmente es algo. Algo específico por lo que tú piensas que vale la pena arriesgarse. Dinero. Sexo. Venganza. Poder. Iluminación. Muslos más delgados en treinta días. Pero te diré algo, amor. En el fondo, siempre es lo mismo. Siempre se trata de entropía. Al Universo se le acaba la cuerda, todo se derrumba. Las cosas se desmoronan. El dedo en movimiento escribe, y lo que pone es "a joderse"...
—Oh, por favor no empieces con tu humor jodidamente nihilista —dijo Zatanna mientras ponía los ojos en blanco.
—...y no necesitas nada mágico para contar el futuro de la mayoría de la gente, Zee. Ya sabes, envejecen, se casan, tienen hijos, viven existencias infelices y trabajan duro dos tercios de sus vidas como esclavos en trabajos que odian para comprar mierda que no necesitan y luego mueren sin haber cumplido casi ningún objetivo. Lo típico. Cuando las cosas se vienen abajo, no se recomponen solas otra vez.
— ¿Siempre eres tan pesimista y cínico? Puedes actuar duro, pero sé que en el fondo eres diferente. Veo algo más en ti. Sé que si se tratara de eso, te sacrificarías por las personas que te importan y no dudarías en hacerlo.
—Te equivocas, espero lo peor, así que me preparo para lo peor y cuando eso ocurra, estaré listo. Oscar Wilde. Una vez definió a un cínico como un hombre que conoce el precio de todo y el valor de nada. Llámame cínico entonces. Sé que no soy el tipo más amable que hayas conocido pero hago lo mejor. Bien, no quiero seguir más con esta charla así que dime, ¿qué viste en este cuerpo putrefacto? Claro, aparte de sus vísceras que están a la vista...
—Parece que le colocaron un sortilegio en caso de que fallara su misión, de esa forma nadie podría reconocerlo ni interrogarlo. Parece que no quieren dejar nada librado al azar. Constantine, ¿qué tienes? Ahora que Hermano Sangre ha regresado, ¿cuáles crees que sean sus planes?
—Ellos están acostumbrados a operar en secreto. Además, expandir sus dominios y captar seguidores sólo es una de las cosas que le interesan. Aparte de eso él seguramente tiene otros planes, unos planes que puede poner en marcha con mucha discreción, y de momento está concentrándose en ellos. Zee, la Iglesia de la Sangre no levantaría su cabeza a menos que algo grande estuviera en alza.
— ¿Qué busca, aparte de seguidores? —preguntó Zatanna rápidamente—. Ese acólito ya parecía bastante fuerte, ¿qué necesita aparte de fanáticos locos?
—Cosas que sólo puede conseguir furtivamente. Estoy seguro de que se trata de algo que no tenía antes, ni él ni sus antepasados —explicó John mientras se inclinaba hacía el cuerpo del muerto.
— ¿Estás encendiendo tu cigarro en el cadáver? —interrogó ella con repulsión mientras veía como él acercaba la colilla en el fuego remanente que quedaba y prendía el extremo.
—Nada como el ameno sabor de la muerte para rebajar un poco la tensión del día —dijo él simplemente mientras se llevaba el cigarrillo a la boca, hacía un zumbido alrededor del mismo y luego inhaló, la punta se encendió de color naranja brillante.
Él inclinó la cabeza hacia atrás y dejó escapar un largo chorro de humo mientras un suspiro de placer salía de sus labios.
—Eso es asqueroso y repugnante, ¿y cómo sabes que él todavía no consiguió lo que está buscando?
—Porque si así fuera, amor, todos estaríamos bajo su infierno envueltos en sufrimiento... más de lo normal, claro está.
—Ese acólito tenía una marca pintada en su frente, la reconocería a kilómetros —comunicó Zatanna lo que había visto cuando iluminó su rostro—. La marca de Scath, el demonio Trigon, creo que ese es su objetivo final.
Los dos observaron como el cuerpo cremado se convertía en cenizas que ahora eran dispersas por el viento, no había quedado rastro alguno de existencia del acólito.
—Gobernante del octavo círculo del infierno. Se rumorea que los siete pecados capitales son sus hijos —expuso él mientras veía como las cenizas se dispersaban por el aire.
—Sí, y uno de esos pecados anda rondando ahora libremente por la Tierra como si nada mientras juega a ser un superhéroe.
—La odias, ¿no es así? —preguntó Constantine ahora con los ojos fijos en ella.
La mirada de Zatanna se tornó fría, logrando la ilusión de que sus ojos celestes parecieran casi como icebergs.
—Odiar no es la palabra correcta, solo que no consiento que un demonio como ella, descendencia de los peores de todos, se encuentre sin supervisión alguna. Cualquiera relacionado con Trigon el Terrible es una amenaza para la integridad del mundo.
—No todos los demonios son malvados —dijo él mientras le daba otra exhalada a su cigarrillo—. Conozco algunos y hasta soy lo que podría llamarse amigo de uno. Los demonios son simplemente... peligrosos e impredecibles. Son como un animal salvaje, no puedes distinguir si se trata de un perro o un lobo.
—Déjate de metáforas, lo que sea que la Iglesia de la Sangre esté tramando ten por seguro que, siendo la hija de Trigon, involucrará a la chica.
—Sí —afirmó Constantine porque sus especulaciones eran las mismas—, creo que el equilibrio entre la tierra y el infierno ha llegado a una encrucijada, incluso con el riesgo que conlleva eso, como romper los muros entre los planos, y sospecho que se trata de Raven. Así como a Roma, creo que todos los caminos conducen a ella. No estoy seguro de cómo y es eso lo que estoy tratando de averiguar.
—Bien, el equilibrio tiene que ser protegido o el averno entero entrará a la Tierra. Te acompaño, y no te estoy preguntando.
—Soy un antisocial, prefiero trabajar solo pero no puedo negarme a la ayuda de una encantadora asistente —accedió John con una agraciada expresión haciendo que la maga solo rodara los ojos por su intento de seducirla.
—Bien, entonces muévete —indicó ella mientas comenzaba a caminar.
— ¿Sabes que esto no será fácil no? Gente inocente muere cuando la cagamos. Y la cagamos todo el tiempo.
Él sonrió cuando ella lo fulminó con la mirada.
—Oh, no me malinterpretes —dijo Constantine rápidamente—. El Edén es un buen lugar. Estuve allí hace unos meses. Dejé un trozo de mí mismo enterrado en el suelo, por razones en las que no entraré en detalles.
—Bueno, entonces tendremos que tomar ese riesgo, ¿no? ¿Fácil?, seguramente no lo será. Pero si posible porque este es mi territorio —mencionó Zatanna ahora con seriedad—. Hechizos, magia, demonios. Es carne y bebida para mí.
—Bueno, es hora de hacer lo que mejor hago, quemarme los dedos y quemar el brazo del bastardo a cambio—. Él le dio la última calada al cigarrillo, tiró la colilla sobrante y siguió a la maga.
OoO
Raven siempre había amado la lluvia. El olor de la tierra recién limpia, el ritmo suave y constante de las gotas de agua contra el cristal de la ventana de su habitación, podía escuchar toda una orquesta de sonidos que el aguacero creaba.
Ella observó los colores del cielo.
Entre le chien et le loup.
O lo que es lo mismo, "entre perro y lobo", era una forma poética y romántica para denominar el tipo de luz que nos brinda el cielo poco después del atardecer. Es un tono muy especial. Un azul que no quiere serlo. Un negro que no quiere oscurecer. Esa luz indecisa del atardecer que se produce cuando el sol ya se ha ocultado pero la noche no se ha adueñado todavía de la tierra. Es el momento justo en el que el hombre no puede distinguir un perro de un lobo. Situación que evidentemente a nadie le gustaría encontrarse. El perro simboliza el día y nos puede guiar. El lobo simboliza la noche y representa una pesadilla y una amenaza para el hombre. Las sombras que se producen a esas horas son las que no nos permiten diferenciar ambos animales.
"Yo soy la sombra. La luz no es más que una ilusión y cuando se desvanezca, la oscuridad inundará todo rastro de tu ser".
Es el momento en el que por un efecto de la luz, las diferencias se difuminan, el azul del cielo se acerca a la negrura, y los rayos del sol son tan oblicuos que proyectan sombras alargadas, deformadas como el juego de espejos de la feria. Esa luz que borra los límites de las formas, invita a la creación de un universo imaginario en el que dar vida a lo amorfo de las sombras, como un intento de dar respuesta al enigma que nos provoca ese comienzo de oscuridad.
Este espectro ambiental se hallaba ahora mismo potenciado por la tormenta de afuera.
«Se avecina la tormenta, el tiempo se está terminando».
Evidentemente la tormenta a la que se refería la mujer de sus delirios era de una naturaleza muy diferente a cualquier fenómeno meteorológico.
Tres días.
Tres días desde que los Titanes se habían reorganizado y habían vuelto a su rutina diaria.
Tres días desde que todos habían recibido la mala noticia de que Hermano Sangre había escapado de prisión y actualmente su paradero era desconocido para todos. Al igual que sus planes un misterio. Esto había puesto a Robin y a los Titanes del Este especialmente en estado de alerta, sobre todo a Cyborg, Abeja y Jinx, los tres con una historia en particular con el exdirector de la academia HIVE.
Tres días habían pasado desde la última aterradora visión que tuvo y que ya estaba ahí como una marca indeleble dentro de su mente.
Tres días desde que comenzó a sentir un raro ardor punzante en el Chakra rojo de su frente que desaparecía al cabo de un rato.
Con este clima, eran de esos días en los que ella podía estar acurrucándose en el sofá, una taza de té o si le apetecía un chocolate caliente junto a un buen libro; a medida que el suave ritmo de la lluvia la conducía a una sensación de calma y seguridad. Raven se acercó y apoyó su frente en el duro cristal blindado. Quería estar allí, sintiendo el toque refrescante de cada gota de lluvia sobre su cuerpo. Solo quería escapar de la prisión que la mantenía separada de todo lo que la rodeaba. Raven quería ser libre, o sentirse libre por una vez en la vida aunque solo fuera una ilusión porque muy en el fondo ella sabía que nunca podría darse ese lujo.
Ella no era más que un ave encerrada en una jaula, siempre lo sería.
—Tal vez una taza de té de hierbas alivie mi mente perturbada. Solo necesito salir de mi habitación, recluirme aquí no me ayudará en nada.
Rápidamente, Raven salió de su alcoba y se dirigió a la sala de estar.
Cuando entró, vio a Chico Bestia, Terra y Cyborg jugando videojuegos en el sofá junto a los niños y Bobby. Estaban profundamente envueltos en el juego para incluso notar su presencia y que entraba en la habitación. Starfire y Robin no estaban a la vista. El Chico Maravilla seguramente estaba ofuscado en su investigación sobre Hermano Sangre.
La hechicera solo suspiro cuando escuchó todo el ruido que había en el lugar.
— ¡Estás haciendo trampa! —recriminó Cyborg.
— ¡No, no lo estoy! ¡Si te vencí la última vez, también te venceré esta vez! —se defendió Chico Bestia.
— ¡Te dije que ese juego no contaba! ¡Solamente estaba enseñándole a Timmy cómo se usaba el control! —Cyborg gritó.
— ¡Oye! Eso no es cierto —contradijo el niño pelirrojo mientras hacia una mueca de enojo. — ¡Nunca pedí tu ayuda, yo ya sé cómo se usa eso! —exclamó él.
Raven solo rezó que Timmy no comenzara a gritar más fuerte porque terminaría destrozando toda la habitación, esos pulmones eran de temer.
— ¿Decías algo? —expresó Chico Bestia con engreimiento porque Timmy lo había defendido.
—Señor Chico Bestia —llamó Melva con una risita mientras tocaba el brazo del chico verde—, creo que acaba de perder. El señor Cyborg acaba de patear su trasero, así que ahora es mi turno.
— ¡Booyah! —Cyborg estalló de alegría mientras se levantaba del sillón triunfante. — ¡Te gané, hombrecito verde! ¡Gané! ¡Oh, sí! ¿Quién es el mejor? ¡Yo soy el mejor!
— ¡Oye! ¡Eso no es justo! —el cambiante hizo un puchero.
—Esos juegos idiotas que están jugando son una pérdida de tiempo—. La voz monótona de Raven sobresaltó a los chicos.
—Raven, no sabíamos que estabas aquí —dijo Chico Bestia mirando a la nombrada.
—Bueno, ahora lo sabes —ella dijo mientras se acercaba a la cocina.
— ¡Oye Raven! —Cyborg sonrió. — ¿Quieres jugar?
—No, gracias. Tengo mejores cosas que hacer que sentarme y jugar cosas sin sentido —señaló ella, tomando el hervidor mientras vertía el líquido caliente en su taza.
—Acabamos de enseñarle a Melva y ya es toda una experta, hasta le ganó a Terra —señaló el hombre metálico riendo.
— ¡Hey, solo... estaba... dándole ventaja! ¡Si, eso! —tartamudeó Terra.
— ¿Ventaja? ¡Pero si te saqué más de 150 puntos! ¡Y también te gané en la segunda ronda y tercera ronda! —chilló Melva irritada.
—Vamos Rae, solo una partida y no te molestaremos más —pidió el chico verde mientras le ofrecía el control desde el sofá.
—No —se negó ella nuevamente.
—Bien, pero te haré saber que este es un juego desafiante que desarrolla los reflejos y la coordinación de los ojos con las manos.
—Oh, claro —escupió ella con sarcasmo—. Darle golpes a ese control para controlar un personaje virtual, un verdadero desarrollador de cerebros. ¿Alguien sabe dónde está Kid...?
Se había quedado parada mirando por todos lados buscando su presencia cuando le quitaron la taza de las manos. Un tic nervioso surgió en su ceja derecha cuando el líquido caliente salpicó un poco sus manos. La única prueba del ladrón era un rastro de color amarillo y rojo dejado por el movimiento. Inmediatamente supo quién había sido y cruzó los brazos sobre el pecho. Wally se hallaba ahí parado en un instante luego de bajar las escaleras hacia la habitación principal. Raven se dio la vuelta, encorvando un poco los hombros con enojo y miró al velocista desde donde estaba enraizada.
—...Flash —terminó ella.
— ¿Me extrañaste, cariño? —curioseó él mientras le guiñaba uno de sus ojos y le ofrecía una de sus mejores sonrisas.
—Wallace, devuélveme mi taza. Ahora —exigió ella mientras golpeaba el pie ligeramente contra el suelo con impaciencia.
— ¿Qué tiene esto? —preguntó el velocista mientras olfateaba el oscuro líquido y arrugaba la nariz por el olor fuerte que desprendía por los vapores.
—Es mi té de hierbas, mi propia mezcla. Algunas comunes, otras más raras, pero me relajan.
—Relajante, ¿eh? Déjame probar un poco.
—Voy a advertirte, es demasiado amargo y... fuerte.
Él se aseguró de que ella lo viera antes de inclinar su cabeza hacia atrás y tomar un largo trago de su té.
Los ojos de Kid Flash se abrieron de par en par y escupió rápidamente el líquido en el fregadero mientras se servía inmediatamente un vaso de agua para quitarse el sabor acre de la boca.
—Esto sabe a mierda. ¿Cómo bebes esto todo el tiempo? —quiso saber mientras le devolvía la taza a la hechicera.
—Nadie te mandó a que lo probaras en primer lugar.
—Bueno, creo que me quedo mejor con el café, iré a prepararme una taza.
Raven se acercó a uno de los amplios cristales que estaban en la sala mientras veía nuevamente el clima del exterior que parecía coincidir con su turbulento interior. El viento rugió mientras el cielo lloraba. Igual que su alma podría estarlo en estos instantes. Sus ojos permanecieron fijos afuera mientras escuchaba las gotas fuera de la ventana. Había algunos autos circulando, las luces de los mismos que se frenan cada tanto y vuelven a arrancar, sus faros aparecían y desaparecían entre los edificios y giros. Incluso vio lo que parecía un hombre con un periódico encima de la cabeza, corriendo para cubrirse bajo el toldo de una cafetería que se hallaba cerca. Vio imágenes en blanco y negro de coches que viajan sin rumbo fijo, y gente que corría para cubrirse y otros que se escondían bajo oscuros paraguas, también unos niños chapoteando sobre algunos charcos. Parecía que el diluvio no iba a parar en un buen rato.
— ¿Rae?
La voz del velocista era tentativa y cautelosa. A diferencia del alegre y entusiasmado tono al que estaba acostumbrado. Raven se tomó su tiempo para girar su visión para mirarlo.
—Wally —susurró ella solamente.
Raven incluso se sorprendió lo frágil y extraña que sonaba su voz. Mientras ella se aclaró la garganta, Kid Flash dirigió sus ojos hacia el exterior como lo había estado haciendo ella recién.
—Te he estado llamando, ¿te sientes bien?
La voz de Wally aún era tranquila e inquebrantable pero denotaba inquietud.
Ella no contestó nada pero sin embargo Kid Flash siguió mirando por el cristal la lluvia que caía afuera. Él desvió un poco su rostro y observó su mirada melancólica y decidió sacar lo mejor de la situación.
Raven lo observó con curiosidad cuando él la agarró de la mano con suavidad. Él la miraba con una expresión extrañamente pensativa en su rostro sin embargo ella vio el brillo travieso en sus ojos. Ella frunció el ceño en confusión, pero Wally simplemente sonrió y mientras la dirigía por la puerta de la sala dejaban las tazas vacías sobre la mesa.
— ¿A dónde vamos? —preguntó la hechicera, observando la parte posterior de su cabeza cobriza mientras él la sacaba de la habitación en silencio y por los pasillos. Antes de que ella lo supiera, Raven se encontró de pie con el velocista en la puerta principal de salida de la torre.
—No estás planeando salir allí, ¿verdad? —Raven preguntó con incredulidad—. Está lloviendo.
La única respuesta que provino de él fue un guiño astuto antes de abrir la puerta grande. Sin molestarse ni siquiera en tomar alguna chaqueta o paraguas, Kid Flash salió al exterior.
—Ven conmigo —pidió él con simpleza.
—Estás loco —le informó ella desde su lugar seco justo dentro de la puerta abierta. Él la miró y sonrió. Por alguna razón, la sonrisa hizo que el corazón de Raven se acelerara un poco.
Raven no estaba segura de la extraña emoción que se estaba extendiendo a través de ella en ese momento.
Tal vez fue su frustración por la monotonía del día, tal vez fue todo el estrés de todo lo que estaba experimentando, o tal vez fue solo la expresión tranquila y cariñosa que Wally llevaba.
Cualquiera que sea la razón, Raven se encontró vacilante saliendo por la puerta pero sin poder resistirse por la tentadora oferta.
Lentamente, ella caminó y pisó con cautela la hierba verde en la que estaba parado el velocista.
—Ven, sube —dijo Wally mientras se inclinaba para que la joven se subiera a su espalda.
Raven solo hizo lo que le solicitó un poco confundida mientras abrazaba el cuello del velocista cuando él corrió para alejarse de la torre. Ella cerró los ojos fascinada mientras se apartaban, la sensación de viajar con él era de esa libertad que muchas veces anhelaba. El aguacero caía en cascada hacia abajo, creando pequeñas pero dulces sensaciones en toda la piel de Raven. El viento soplaba rápidamente, tirando de su delicado cabello violeta. El débil sonido de un trueno resonó en sus oídos. Cuando Kid Flash se detuvo ella abrió los ojos y tomó nota que se encontraban en el parque central de Jump City que evidentemente estaba desierto.
—Espero que no te moleste que hallamos salido con este clima.
Raven se encogió de hombros.
—No lo sé. Realmente no importa. Ya estamos empapados, y la lluvia se siente... bien. Me gusta este clima —ella dijo.
El velocista disfrutaba con la lluvia, y echó la cabeza hacia atrás para que le mojara la cara. Sabía que en un par de minutos todo su traje estaría empapado, pero nada le importó menos. Se pasó las manos por el cabello húmedo. Era una sensación maravillosa; se sentía de maravilla. Wally también sintió que una necesidad ridícula dentro de él crecía, dominando su sentido común, o lo que quedaba de él. Sintiéndose absolutamente estúpido, lo soltó, sintiendo que sus labios formaban las palabras por su propia voluntad.
— ¿Alguna vez has bailando bajo la lluvia? Ya sabes, como dice la canción. ¿Alguna vez lo has probado? Baila conmigo —pidió él, bajando uno de sus brazos y tendiéndole el otro.
— ¿Qué? —preguntó Raven mientras parpadeaba con recelo—. No haré eso, suena tonto. Deja de perder el tiempo.
Él sacudió la cabeza. Kid Flash dejó escapar un susurro de risa y repitió su petición anterior.
—Baila conmigo, sé qué querías salir afuera. Te entiendo, a veces debe ser asfixiante estar todo el día en esa torre que hasta casi parece una cárcel.
Gotas de agua grandes y pesadas bajaban sobre su cuerpo, deslizándose por su piel con una fluidez relajante, mientras su leotardo se empapaba. Acercándose más cerca del pelirrojo, Raven aceptó su mano.
Sonriendo, Wally la atrajo hacia sí. Estaban lo suficientemente cerca como para que ambos pudieran tomarse de las manos y lentamente comenzaron a girar. Cerrando los ojos, Raven escuchó el repiqueteo de la lluvia, el silbido del viento y el bajo retumbar del trueno. Pronto, una sinfonía lluviosa se había acumulado a su alrededor, y se encontraba bailando más libremente con una ligera sonrisa en su rostro.
—Si empiezas a cantar "Singin' in the Rain" te haré daño Wallace, ¿lo sabes?
A Wally no le importó su amenaza y comenzó a recitar la canción al tiempo que se movía. La voz de él sonaba horrible y fuera de tono, pero cantó de todos modos.
Raven bailaba, algo que no había hecho nunca en toda su vida. No estaba segura de lo que estaba haciendo, solo sabía que no le importaba en lo más mínimo. Sus extraños, pero fluidos movimientos, tropiezos y saltos imperfectos estaban perfectamente bien bajo el diluvio. Lejos de las presiones de su vida, de las responsabilidades, lo único que importaba era el maravilloso sentimiento de la lluvia.
Una gran sonrisa se formó en su rostro, pero a Raven no le importó.
Y así, ella continuó bailando con una mueca de alegría en su rostro, el velocista bailando junto a ella con los mismos sentimientos tranquilos.
Raven abrazó sorpresivamente al chico. Podía sentir su pecho subiendo y bajando rápidamente a través de su uniforme.
—Me encanta la lluvia, se siente como la vida, ¿sabes? ¿Por qué te gusta este clima a ti? —quiso saber él, mientras escondía su rostro en el cuello de ella. Wally aspiró su aroma, suave como el de la lluvia, cálido.
Había emociones nuevas y extrañas que se elevaban en ella, esa emoción cálida que nunca antes había sentido, agitación y alegría provocada por la risa, la lluvia y la sensación de Wally apoyado en ella, riendo entre dientes. Su aliento caliente en su cuello, sus manos apretadas con fuerza mientras la abrazaba.
Raven estaba pendiente de todo, de cada sonido, de cada sensación. Sus sentidos se habían agudizado, llenándola de vitalidad.
¿Por qué le gustaba la lluvia? Ella creía que era similar a una limpieza en el alma, cuando uno está sucio de dolor la lluvia lo limpia todo a su paso, dejando lo mejor de cada uno. Todas sus cargas, todas las facetas de su vida, su propia conciencia, escapaban con cada gota.
Era algo renovador.
—Se siente... como la libertad. Es un sentimiento raro pero lindo.
—Los días así también me gustan mucho —dijo Wally mientras la seguía sosteniendo—, yo creo que la lluvia es diversión, gracias a ella podemos jugar a chapotear en los charcos, empaparnos por completo, bailar bajo ella, cantar en ella, besarnos mientras ella nos rodea, la lluvia es algo mágico, que puede hacernos permanecer en casa por miedo a ella o puede hacernos salir expresamente para compartir el día con ella.
—Que... novelesco y sentimental —dijo Raven con sátira.
—También me recuerda a cómo obtuve mis poderes.
— ¿Y cómo sucedió eso? —interrogó la hechicera con curiosidad.
—Es una larga historia. Cuando era un niño, siempre soñaba despierto con frecuencia sobre todo acerca de ser Flash. Lo idolatraba, era incluso el presidente del club de fans. ¿Te imaginas como me emocioné cuando supe que él era la pareja de mi tía Iris?
—Me imagino que debe haber sido una gran alegría para ti —expresó ella sintiendo como la emoción de Wally se arremolinaba vívidamente dentro de su interior mientras hablaba de Flash.
—El superhéroe que tanto admiraba ahora era parte de mi familia. Le dije que yo también quería ser un velocista, y Barry hizo todo lo posible en hacer una réplica del accidente que le dio a él los poderes. Básicamente un rayo alcanzó una estantería de productos químicos que cayeron sobre mí y me concedieron el don de la supervelocidad y él me aceptó como su pupilo. ¿Fascinante no?
—Bien, no me equivoqué entonces cuando dije que estabas loco.
—Más que loco diría que soy un genio.
—Un rayo, ¿no? Eso explica mucho el símbolo en tu traje —comentó Raven mientras acariciaba el dibujo rojo en la vestimenta amarilla del chico.
—Sé que esa es solo tu inteligente excusa para tocar mi pecho, así como cuando me curas —le guiñó un ojo seductor el velocista—. Y dime, ¿ya te sientes mejor? Hace unos días que te veía un poco triste.
—Sí, ya me siento bien, gracias por esto Wally.
Hubo otro relámpago, y en el silencio que precedió al trueno, sus ojos se encontraron. Raven levantó la cabeza, lo miró con ojos brumosos, y él la besó con ternura. Ella alzó la mano y le acarició la mejilla con los dedos. Wally se inclinó despacio y volvió a besarla, siempre con suavidad y dulzura, pero ella devolvió el beso, sintiendo como él acariciaba sus brazos de arriba abajo, despacio, suavemente. Le besó el cuello, la mejilla, los párpados, y ella sintió la humedad y la calidez de su boca en cada sitio que tocaban sus labios. Se separó de él con la sensación de estar soñando y la cara encendida por el calor del fuego.
Perezosamente, ella levantó la mirada hacia el velocista, que todavía estaba sonriendo. Él solo se quedó allí con una sonrisa ridículamente grande que se extendía por su rostro. Su cuerpo parecía irradiar una fuerza similar a la de una hoguera.
—Creo... que deberíamos... volver —balbució ella—, se está poniendo demasiado... fresco.
—Estoy de acuerdo, se está poniendo demasiado fresco —estuvo de acuerdo él.
«O demasiado caluroso», pensó Wally para sus adentros.
La sorprendió nuevamente dándole un afectuoso beso en la mejilla mientras agarraba su mano y caminaron lentamente hacia la torre.
¿Por qué le gustaba la lluvia? Raven se preguntó internamente eso de nuevo. Lo que también le gustaba de caminar bajo la lluvia es que nadie la veía llorar, sus lágrimas se confundían con las gotas de agua que caían del cielo.
¿Por qué lloraba? Porque recordó en ese momento que quizás su felicidad momentánea tendría fecha de vencimiento si se cumplía lo profetizado por sus visiones y pesadillas.
OoO
A muchos kilómetros de distancia, la misma fresca lluvia caía sobre un sucio río que fluía entre arenales llenas de matorrales, mugre y basura esparcida. Una enorme chimenea, perteneciente a una fábrica abandonada, se elevaba por encima de todo haciéndose notar. Un escuálido perro estaba olfateando por la zona esperando encontrar, en algunas de las bolsas de desperdicio tiradas entre la riada maleza, algún resto de comida.
De pronto, junto a un débil sonido, una figura cubierta con un traje negro y gris ceniza con el rostro cubierto por una máscara de calavera apareció en el lugar teletransportándose al mismo. El perro se quedó inmóvil y silencioso, su cola escondida entre las patas, las orejas hacia atrás y el cuerpo agachado en un claro lenguaje corporal de cautela mientras su visión estaba fija en el extraño sujeto.
La figura miró con detenimiento el perímetro un momento, como si tratara de estudiar cada fracción de la zona. Luego echó a andar con pasos rápidos y seguros mientras su capa hacía susurrar la alta hierba al rozarla.
Con una ágil maniobra digna de un acróbata, saltó la medianera que rodeaba el inmueble abandonado. Sus pasos resonaron durante su marcha, pasando por delante de las ventanas de la fábrica, las cuales tenían los cristales rotos y cubiertos con tablones; por fin llegó a la puerta que se hallaba en la parte trasera, donde una débil luz brillaba a través de la lumbrera de una habitación de la planta baja. Seguidamente dio tres golpes a la puerta mientras esperaba que lo recibieran, lo cual no tardó mucho. Una extraña mujer abrió la entrada mientras le consentía el acceso al lugar.
—Pase, el señor Sebastian lo recibirá en un momento —indicó la mujer haciéndose a un lado para permitirle el paso.
Red X exploró calculadoramente la habitación, manteniendo una nota mental de todas las posibles salidas y ventanas. La tenue iluminación de la luz del techo alumbraba el único escritorio y las dos sillas en el almacén. Resopló bajo su máscara, este lugar era una pocilga. Se sentó, con la mano bajo la barbilla, esperando a que su futuro cliente lo acompañara, el cual apareció al cabo de un corto lapso de tiempo. El otro hombre se sentó en la silla que estaba detrás del escritorio y le dio al ladrón una aguda mirada como si estuviese analizando cada rastro de él. Sus ojos escanearon la máscara de cráneo. La mujer avanzó y quedó parada a un lado. A Red X no le gustaba para nada como lo estaba observando, es como si estuviese descubriendo cada secreto de su mente.
—Lindo lugar de reunión pero creo que un bar hubiese sido mejor idea. ¿Por qué no le dice a su sirvienta que nos traiga algo de beber?
—Creo que quedó bastante claro que sería un lugar de encuentro neutro para los dos, sugerido por usted mismo señor... X.
—Bien, al grano viejo, soy un hombre bastante ocupado así que haz esto rápido —exigió Red X para que empezara a hablar de una vez y dejara de escudriñarlo de forma calculadora.
Hermano Sangre solo sonrió ante su actitud jactanciosa.
—Bueno, alguien está siendo impaciente hoy.
—Al grano —demandó X nuevamente.
El hombre frunció el ceño por su descaro e irreverencia. ¿Cómo se atrevía? ¿Acaso no sabía quién era él?
—Por supuesto, un ladrón siempre va directo al dinero —escupió con asco Hermano Sangre.
Red-X casi se sintió rechazado por sus palabras. Él no era un simple ladrón, él era el ladrón. El mejor de todos, el número uno.
—Bien, te preguntarás porque te he llamado, y déjame decirte que te he elegido para una misión particular, una muy importante.
—Bien, ¿de qué se trata?
—Necesito que robes un libro —explicó Hermano Sangre.
Red X solo parpadeó en confusión. ¿Qué robara qué cosa?
— ¿Quieres que robe un libro? ¿Un libro? —interrogó una vez más para saber si había escuchado mal.
—Exactamente, eso es lo que dije —contestó el anciano con indiferencia.
— ¿Esa es tu misión importante? — él rio con descaro—. Eso ni siquiera parece un reto para mí, ¿por qué directamente no lo compras en alguna librería? A pesar de que este lugar parezca una mierda llena de porquería, tu vestimenta no parece para nada la de un vagabundo y la de esa mujer con cara de estreñida tampoco. Parecen atuendos de religiosos —mencionó mientras veía a los dos con una seña de aversión—, típico de ustedes, se llenan la boca hablando de pobreza y miseria mientas se esconden en sus templos repletos de oro y riquezas de todo tipo cuando otros mueren de hambre. Cuanta hipocresía.
—Supongo que mientras un pago esté de por medio no tienes nada que cuestionar, sobre todo cuando estamos hablando de bastante dinero. No te he llamado para un debate sobre moralidad y creo que eres el menos indicado para hablar sobre ese tema en particular. Y con relación a la misión, todavía no he terminado de decirte la totalidad de la misma.
— ¿Y bien? Habla.
—El libro se encuentra dentro de la torre de los Jóvenes Titanes y se dé buena fuente que tú ya has hurtado dentro de la misma.
Él era un contratista, siempre "adquiría" los bienes para los que fue contratado y, mientras estaba sentado allí con su cliente actual, parpadeó tontamente detrás de su máscara mientras evaluaba al hombre sentado al frente suyo.
— ¿Tú quieres qué? —repitió, solo quería asegurarse de haber oído correctamente el "dónde" de lo que estaba robando. No era que eso fuera un trabajo extremadamente difícil, pero tampoco iba a ser lo más fácil y quería estar seguro antes de hacerlo.
—Necesito que robes este libro de uno de sus miembros, Raven —le informó Hermano Sangre mientras le pasaba la foto del libro. Un tomo de cuero negro desgastado con un símbolo raro dibujado en su portada. Detrás de su máscara, Red X estaba sonriendo un poco ante el desafío de todo esto—. Está en su habitación, estoy cien por ciento seguro de eso. Deberás cumplir con tu tarea cuando recibas mi llamado, así que por ahora mantente alejado del mapa.
— ¿Solamente eso? ¿O hay más? —cuestionó Red X con suspicacia.
—Sí, una vez que el libro esté en mis manos, necesitaré que obtengas algunos artículos más para mí —explicó Hermano Sangre—. Luego de eso, la misión quedará concluida y tú podrás volver a tu nido a jugar con tus armas de juguete.
—Suena bien para mí —expresó X mientras se estiraba en la silla y apoyaba los pies sobre el escritorio logrando una mirada reprobatoria del hombre y de la mujer que parecía querer matarlo con la mirada por su atrevimiento.
—Sin embargo hay otra cosa que debes saber —siguió explicando Hermano Sangre al cabo de unos momentos—. No solo es infiltrarte en la torre. Es, como te mencioné, infiltrarte en la habitación de Raven y es evidente que ella debe haber colocado protecciones mágicas tanto en el lugar como en el objeto. Ahora no se trata solo de sortear los obstáculos de la seguridad propios del lugar, sino atravesar los dispuestos por la chica.
— ¿Y cómo se supone que pueda eludir esos estorbos? Cuando se trata de sistemas de seguridad tecnológicos soy el mejor, pero con la magia ya es otra cosa.
—Soy un hombre inteligente y preparado X, por lo cual ya pensé en eso —dijo el anciano mientras sacaba algo del cajón del escritorio, parecía una especia de collar con una extraña gema—. Esto es un talismán con el poder suficiente para entrar y tomar el objeto sin ser detectado por los sortilegios que haya plantado la chica. Algo más, te recomiendo que no agarres el tomo en tus manos, solo guárdalo en alguna bolsa. El mismo contiene magia negra y artilugios que te harán desear no haber puesto tus dedos encima.
—Bien, bien, la mitad del pago ahora, y la otra mitad al terminar y todo habrá acabado. Pónganme una trampa o algo por el estilo y te enseñaré de lo que soy capaz —le informó amenazante mientras sonreía detrás de la máscara de cráneo.
—Mayhem —dijo Hermano Sangre mientras le hacía una seña con la mano a la mujer.
Ella se movió mientras buscaba una tableta. Movió sus dedos por el artefacto y una vez que el pago fue efectuado, le mostró al ladrón la pantalla que verificaba que la entrega de la mitad del dinero había sido efectuada con éxito. Una vez que cotejó los números, Red X sonrió.
—Es un placer hacer negocios contigo, nos mantendremos en contacto viejo —asintió y luego presionó un botón en su cinturón que le hizo teletransportarse mientras aterrizaba lejos del lugar al lado de su motocicleta y la montaba a horcajadas. Agitando el motor, recorrió la ciudad mientras se perdía en la oscuridad de la noche.
—Que ser tan repugnante —despotricó Hermano Sangre mientras sus ojos se mantenían fijos en dónde había estado el ladrón sentado hace unos momentos antes de desaparecer—. No me equivoqué ni un poco cuando mencioné que mi sexto sentido me decía mucho sobre este chico que consiguió, Mother Mayhem, pero ahora con una simple lectura de su aura puedo verlo en parte.
— ¿Señor? ¿Qué tiene de especial este sujeto? Lo único que pude notar es un mocoso irreverente, sobre todo ante su noble presencia.
—Lo que sus labios callan se delata con las puntas de los dedos, el secreto quiere salírsele por todos los poros. Él está repleto de ira, furia, la naturaleza roja incontrolable. Algo... salvaje e inestable.
—Salvaje, como un animal, ¿pero de que estamos hablando? ¿De un perro o un lobo? —cuestionó la mujer.
—Qué buena pregunta. ¿De qué se trata entonces? ¿De la bestia que ha perdido la fiereza de su naturaleza salvaje, del perro faldero, del despreciable perro servil? ¿O estamos hablando del lobo debajo de su fidelidad perruna y que está sediento de sangre, sin importarle que sea fresca o esté coagulada? Pero entre perro y lobo hay también una situación: la del que está a medio camino entre la domesticación y la libertad. Una vida que ha pasado deambulando entre la luz y la oscuridad, entre la libertad y la necesidad de amor, entre la soledad y la búsqueda del éxito, entre el cielo y el infierno. Él es alguien sumamente valioso, y lo es porque todos los que han entrado en contacto con ese objeto lo son. Pude percibir, por una fracción de segundos, su sucia alma repleta de varias cicatrices sin mencionar que su estampilla mental es tan asquerosamente potente. Un alma contaminada, quebrantada, condenada, maldita, atada. Una mente atormentada porque hasta un milagro tiene un precio terrible pero justo, todo tiene un precio y ese el costo que tuvo que pagar.
— ¿Se refiere a...?
—Sí, vida a cambio de demencia —interrumpió él la pregunta de la mujer.
—Por lo menos una vez que todo termine se alejará de nuestro camino y no estorbará.
— ¿Y quién insinuó algo sobre dejarlo ir? —. Una sonrisa siniestra se hizo presente en el rostro del hombre—. Una vez que finalice de hurtar lo que necesito, su sangre será de bastante utilidad, y en cuanto a su alma marchita, me encargaré de enviarla de nuevo al infierno, lugar de donde nunca tendría que haber salido para empezar.
Otro capítulo más, ¿qué les pareció? ¿Qué opinan sobre la incorporación de Zatanna, John Constantine y Red X a la historia? Háganme saber que opinan hasta ahora, cualquier cosa sirve para saber si me estoy desenvolviendo bien con esto hasta ahora :P Saludos!
