Los personajes de Saint Seiya no me pertenecen, son propiedad de Masami Kurumada y Toei Animation.
16) ... molesto cuando pisas un chicle.
Fenrir caminaba detrás de su jefe, con Aldebaran a un lado, ambos escuchando con atención sus órdenes sobre qué se debía de hacer y en qué orden. No era como si ellos no lo supieran ya, llevaban casi un año trabajando en el zoológico, pero esa era su primera semana estando a cargo, no sólo eran jóvenes estudiantes cerca de graduarse, ya casi eran los nuevos trabajadores del lugar y querían que Kaiser tuviera una buena impresión de ellos porque no había mucha plazas pero sí muchos jóvenes que querían un puesto.
Quería causar una buena impresión, sabía que Aldebaran ya tenía su puesto porque conocía a Kaiser desde que era un niño (a pesar de que el castaño afirmó que eso no era importante, Fenrir sabía cómo era el mundo laboral, comer o ser comido). Con la meta en mente siguió a su jefe y escuchó con atención cada palabra que Kaiser decía.
Tan concentrado estaba en eso que no se percató de que su pie derecho se dirigía hacia un encuentro desagradable. Sólo alcanzó a sentirlo, sintió el momento exacto en el que pisó un chicle, grande, casi recién escupido por alguien que no tenía ni modales ni decencia para tirarlo en el bote de basura que estaba justo al lado.
Fenrir levantó pierna y movió el pie a un lado para ver al chicle estirarse y estirarse hasta que se separó. Debido a que se había detenido, Aldebaran lo siguió, tratando de que nadie se quedará atrás, tan amable como siempre; Kaiser no tardó en detenerse también, algo molesto porque los chicos lo dejaron hablando solo, cruzó los brazos y miró a Fenrir mirar su bota molesto.
—¿Ocurrió algo?
La voz de Kaiser, grave e imponente como siempre, resonó en el lugar, algunos visitantes lo miraron admirados, y otros lo ignoraron para continuar su camino o viendo a los animales.
—Un error mío, señor Lampropoulos, no hay problema.
Fenrir les mostró el chicle pisado que había quedado en el suelo, Aldebaran asintió, conociendo lo desagradable que era por experiencia, mientras que Kaiser suspiró molesto, esa debía de ser obra de algún adolescente holgazán.
—Enviaré a alguien a limpiarlo, ¿quien no cumplió con todas sus tareas la semana pasada? —preguntó Kaiser, más para sí, antes de mirar a sus subordinados —, ya saben cuáles son sus tareas, Fenrir, ve a un área verde a limpiarte.
Los dos jóvenes vieron a su jefe continuar su camino; Aldebaran acompañó a Fenrir hacia el césped más cercano, con una sonrisa amigable.
—Me pasó exactamente lo mismo la semana pasada, parece que tenemos una crisis de chicles.
Fenrir asintió distraído, se concentró en tratar de quitar el molesto chicle de su calzado con el pasto húmedo.
—Odio cuando esto pasa, ¿donde están los jodidos modales de las personas? —se quejó moviendo su pie.
—Creeme, todos nos lo hemos preguntado al menos una vez en la vida, y deberías de agradecer que no fue peor, pudiste sentarte en él o algo pudo pasarle a tu cabello.
El joven hizo una mueca, recordando sus experiencias pasadas; era cierto, pudo ser peor, mucho peor.
—¿Crees que Kaiser piense que soy un idiota?
—¿Por que pisaste un chicle? —Aldebaran le dió un golpe amistoso en el hombro a su compañero que casi lo hacía caer— Ya te lo dije, a todos nos ha pasado al menos una vez, no es algo para avergonzarse.
No era algo para avergonzarse, era cierto; Fenrir no se sentía avergonzado, no, claro que no, estaba molesto y probablemente haría énfasis en la prohibición de la entrada de alimentos al zoológico, sobre todo de chicles, esos estarían más que prohibidos, serían vetados y él no masticaría uno días, para su mala suerte había adquirido el hábito de traer uno consigo para cuándo estuviera nervioso. Pero ya no más, pensó mientras escuchaba a Aldebaran divagar sobre sus anécdotas con chicles, a partir de ese día buscaría otras formas de desprenderse de sus nervios.
