Aclaración antes de comenzar, para los que no conocen al personaje

Victor Zsasz: es uno de los enemigos recurrentes de Batman. Sociópata y sádico asesino en serie. Mata con el objetivo de "liberar" a la gente (así denomina él lo que hace) de la frivolidad y vacío interior en que todos viven. Su arma preferida son los cuchillos. Lleva la cuenta de sus asesinatos haciéndose cortes por todo el cuerpo cada vez que consigue una víctima.

Con esto resuelto, espero que disfruten del capítulo...


Museo de Jump City

09:46 p.m.

Bajo el traje negro nadie se fijó en él. Nadie sospechaba. Nadie podía ver sus marcas. Él no estaba a gusto con esconderlas por lo general. No quería ocultar su trabajo. Pero a veces era necesario mantenerlas en secreto, y aún no estaba listo para que el murciélago lo devolviera al Asilo de Arkham. Quería evitar a la policía un poco más de tiempo.

Solo un poco más.

Mientras caminaba rápidamente siguiendo a su presa, un presagio aleteaba en sus ojos negros. Lamentablemente él no pudo elegir a su víctima, ya que su objetivo había sido asignado de antemano.

Una de las hermandades más secretas y temidas de la historia le había llamado para solicitar sus servicios. Han escogido con sabiduría, pensó. La fama de su discreción sólo era superada por la de su eficacia a la hora de matar.

El agarre en su cuchillo se apretó. Siempre tenía un cuchillo en los pantalones. Sentía los músculos tensos por la emoción de la misión.

En su camino hasta el museo no pudo evitar notar lo que le ofrecía esta nueva ciudad. Varios vagabundos sin hogar. Una pareja de ancianos con sus pequeños mocosos en la plaza. Algún que otro ladrón que de vez en cuando buscaba recoger el contenido del bolsillo de alguien. Luego de que cumpliera su objetivo él les daría un regalo que nunca olvidarían, o mejor dicho, no estarían vivos para recordar...

Una ciudad rodeada de personas grises, personas tristes y afligidas, aunque no tanto como en Gotham que era un paraíso para purificar. La sociedad repleta de zombis era una enfermedad y él era la cura. Había encontrado a alguien que compartía su misma opinión. Hermano Sangre, con quien compartía el deseo de purgar esta sociedad llena de sujetos vacíos. Y ellos eran salvadores.

La Iglesia de la Sangre ofrecía una salvación masiva, lo que dejaba como obsequio para él nuevas y múltiples estampillas en su cuerpo.

Su piel picaba por su marca mientras seguía a su nuevo objetivo que Hermano Sangre le había ofrecido para salvar. El conservador del museo de esta ciudad, el cual también tendría una marca adornando su cuerpo. Sebastian le dijo que era una especie de mensaje que debía ser enviado.

— ¡Te ofrezco un regalo, uno de salvación! —gritó Zsasz. — ¡Este lugar está repleto de obras de arte pero puedo adornarlo con algo mejor, puedo pintar las paredes aquí mismas con tu sangre carmesí! ¡Será la mejor obra de este museo! ¡Te salvaré de una vida llena de miedo!

— ¡Estás loco! —gritó el hombre mientras sus piernas se movían velozmente.

— ¡Sólo cede! —él llamó. — ¡Soy tu salvación!

¿A dónde correr? El conservador quería irse a casa pero ahora estaba siendo perseguido por un maniático. Necesitaba llegar rápidamente a la cabina principal y pedir ayuda. Pero había muchos metros de distancia para llegar. El loco lo alcanzaría antes de eso. Ya podía oírlo respirar pesadamente mientras se acercaba.

Avanzaba tambaleándose bajo la bóveda de la galería del museo. Arremetió contra la primera pintura que vio y agarrando el marco dorado, aquel hombre de setenta y ocho años tiró de la obra de arte hasta que la arrancó de la pared y la arrogó contra su perseguidor.

Zsasz gruño cuando el cuadro lo golpeó en su cuerpo. Esto iba a lastimar su piel y seguramente alguna de sus marcas. Totalmente irritado ya, sacó una pistola del abrigo y no perdió tiempo en disparar contra el hombre. Se oyó una detonación y el conservador sintió el calor abrasador de la bala que se le hundía en el estómago, logrando que se derrumbara en el suelo mientras sostenía su herida con fuerza.

Justo en el blanco, él nunca fallaba, su puntería era perfecta incluso con una pistola.

El conservador se quedó inmóvil y volvió despacio la cabeza. A sólo escasos metros de donde se encontraba, la imponente figura de su atacante le miraba. Se había quitado la capucha que llevaba puesta y quedó completamente helado. Era alto y delgado, con la piel muy pálida, fantasmagórica y sin nada de cabello. Pero lo que le asustó no era eso sino las múltiples cicatrices que tenía en la cara. Miró a su atacante que ahora lo apuntaba directamente a la cabeza.

El conservador cerró los ojos cuando el chasquido de un cargador vacío resonó en el pasillo.

Zsasz contemplaba el arma entre sorprendido y divertido. Sin perder tiempo, el atracador sacó una cuchilla del abrigo mientras deslizaba sus dedos por el filo de la misma como si estuviese acariciando algo preciado. Prefería los cuchillos antes que cualquier otra arma. Para él no era necesario ser un militar experto o un maestro de artes marciales, o incluso poseer una pistola o un rifle, para llevar a cabo una matanza, para herir a varios incrédulos y aterrorizar a toda una muchedumbre. Uno puede preguntarse por qué los cuchillos son una buena opción para un ataque. La respuesta era simple. Están ampliamente disponibles en todos los países y por lo tanto son fácilmente accesibles. Son muy fáciles de ocultar y altamente letales, sobre todo en las manos de alguien que sabe cómo utilizarlos de manera efectiva. Y él era alguien que sabía cómo darle un buen uso. Además con las pistolas era todo demasiado rápido, no se llegaba a saborear todas esas emociones como cuando atacaba con el cuchillo.

El hombre calvo se avecinó casi como una pantera y lo apuñalo en uno de sus omóplatos. Otro grito de dolor. El pensamiento de su cuchillo frío cortando la carne caliente no lo hizo marear, todo lo contrario. A veces tardaba horas en matarlos. Otras veces, se acababa muy rápido. Pero esta vez, lamentablemente, debía ser rápido.

—Con esa herida de bala puedes sobrevivir quince minutos a medida que los ácidos de tu estómago se meten en tu cavidad torácica, envenenándolo despacio. El dolor es bueno pero estoy ansioso por liberarlo.

—Basta por favor —rogó el conservador para que se detuviera mientras rezaba en silencio para que este sujeto no lo lastimara ni un poco más, robara lo que quisiera y lo dejara con vida—, llévese lo que quiera pero váyase.

—Lo único que me llevaré de aquí será una nueva marca en mi cuerpo, pero usted tendrá una de regalo —dijo Zsasz mientras rozaba el cuchillo por el rostro del sujeto. — ¡Marcaré mi carne con tu vida! ¡Dedicaré mi carne, mi templo, a tu sacrificio! ¡Las órdenes han sido dadas, el mensaje debe ser entregado!

Zsasz podía sentir el terror del conservador, podía ver la sangre drenar de su cara dejándolo mortalmente pálido. Apenas podía esperar para cortarlo todo y liberarlo de su dolor. Movió el escalpelo casi con parsimonia por encima de su brazo y hundió la hoja. El dolor hizo que su víctima gritara otra vez.

—Que linda sangre, goteando como la lluvia... ¿Quieres ver más? —se echó a reír, y su alegría se liberó mientras saboreaba su poder sobre su indefenso mártir.

— ¡Alguien ayúdeme! —el conservador lloró por el dolor en su brazo. La sangre goteaba sobre el piso. — ¡Alguien por favor ayúdeme!

Era hora de callarlo. No sería bueno que fueran interrumpidos. Zsasz lentamente sacó el bisturí sangrante del brazo de su víctima y desgarró su camisa exponiendo la carne del dueño del museo. Sería un lienzo perfecto para la marca que debía dejar, casi como una pintura como las que los rodeaban ahora. El anciano observó con terror mientras el cuchillo descendía hacia su pecho, chilló mientras el mismo se hundía en su carne y se arrastraba cortando todo a su paso, él estaba moviendo el cuchillo casi con lo que parecía la habilidad de un cirujano mientras parecía garabatear algo en su torso.

— ¡¿Por qué estás haciendo esto?! —chilló su víctima.

—El sueño de todo mártir. Los convertiré a todos en luminarias de los medios de comunicación. Uno a uno. La Iglesia de la Sangre monopolizará la atención de todo el mundo. ¿Para qué cambiar el mundo si el mundo no presta atención? Los asesinatos públicos poseen un horror embriagador, ¿verdad?

— ¡¿La Iglesia de la Sangre?! ¡Oh, por el amor de Dios, no tienes idea de lo que estás haciendo, en lo que te estás metiendo!

—Es cierto, no tengo idea de lo que estoy haciendo, pero ten por seguro que estoy completamente consciente de lo que estoy a punto de hacer.

Santa María, Madre de Dios... ruega por nosotros pecadores... ahora y en la hora de nuestra muerte...

— ¿Por qué te molestas en rezar? Dios no puede escuchar ni ayudarte —comentó Zsasz mientras reía torcidamente.

Su víctima solo siguió venerando, ignorándolo por completo.

— ¿Ya has terminado de orar?

Los ojos del conservador se abrieron, pero ya no demostraron miedo. Eso lo enfureció, él quería ver su desesperación saliendo de sus ojos.

—Sólo por tu alma —escupió el anciano con desprecio.

Zsasz no perdió más tiempo. No había necesidad de palabras por lo cual le cortó el pescuezo, y hubo un gorgoteo. Como un escalpelo. El último corte: atravesar su garganta y darle el olvido que tanto deseaba. Nunca se cansaba de oírlo. La canción final. No importaba si mataba a los zombis rápidamente o lentamente. Se deleitaba con la sensación de su sangre empapando su cuchillo, salpicando a través de su cuerpo.

El hombre por fin había sido liberado, muerto. Tomó el cuchillo, ahora rojo con la sangre del conservador, y lo hundió en su propia carne que hormigueaba por la marca. Justo al lado de otra. Todavía recordaba esa. Esa era gracias a la psiquiatra de Arkham, la doctora Sarah Cassidy, que se había acercado demasiado a su celda. Ella había estado tratando de psicoanalizarlo. Ella no se dio cuenta de que los barrotes eran lo suficientemente anchos para su brazo. Nunca tuvo una oportunidad una vez que él había puesto su mano alrededor de su cuello. Próximo a esa había otras diez marcas que pertenecían a los guardias enviados para someterlo poco después. No sabían que tenía un cuchillo hasta que fue demasiado tarde. Luego tocó el lugar que había guardado especialmente para Batman. El murciélago tenía un lugar exclusivo en su piel luego de que lo matara. Su muerte lo bendeciría con el olvido y el fin del dolor.

Zsasz sabía que la seguridad no tardaría en llegar por lo cual debía terminar su trabajo. Hundió el dedo dentro de la herida sangrante del sujeto y manchó el mismo como si se tratase de un pincel impregnado en tinta roja. Se levantó y comenzó a escribir en una de las paredes.

El mensaje.

Una vez que finalizó, era el momento de abandonar la escena. No tenía sentido quedarse más tiempo, era hora de dejar que la policía tuviera una buena noche y que disfrutarán de la nueva obra de arte que había dejado en este museo.


Mientras tanto, en la Torre de los Jóvenes Titanes...

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Robin estaba sentado en el sofá, con una laptop sobre sus piernas, leyendo cualquier información útil sobre Hermano Sangre en su computadora portátil, sobre todo noticias de otros países para saber si él había acometido algún acto en algún otro lugar, pero no había nada, él no había hecho acto de presencia aún. Al mismo tiempo escuchaba música por sus auriculares. Robin podría haber jurado que podía sentir la Torre vibrando. Un quejido de molestia salió de sus labios. Con la música a todo volumen todo parecía estar tranquilo, calmo y en paz. Ningún ruido penetraba en el sonido. Todo estaba como si nadie viviera allí. Quieto y silencioso. Pero... ¿cómo podía hacer algún trabajo de investigación con el ruido de la música que sonaba en sus oídos? Robin suspiró y dejó de leer mientras se quitaba uno de los auriculares. Casi se arrepintió de haberlo sacado porque todos los gritos del salón retumbaron en su cabeza.

— ¡Melva, bájate de ahí ahora! —ordenó Raven a la niña rubia que estaba brincando sobre la mesa.

— ¡Raven, Tommy se está comiendo mi consola! ¡Quítalo de ahí! —exigió Cyborg horrorizado viendo como los dientes del más pequeño parecían destrozar de a poco su preciosa videoconsola.

— ¡Tommy, no muerdas eso! —expresó ella ahora señalando al bebé que estaba mordiendo la consola de videojuegos.

— ¡Que Chico Bestia se transforme en un dinosaurio! ¡Quiero ver un dinosaurio! ¡Dinosaurio! —exigió con regocijo Timmy mientras aplaudía emocionado.

— ¡¿Qué?! —preguntó Robin un poco irritado ya por los ruidos. — ¡No! ¡Van a destruir el salón! ¡Ya basta, no puedo trabajar con todos ustedes haciendo un alboroto! ¡Raven, páralos! —gritó en voz alta el Chico Maravilla enfadado.

—Grandioso Robin, más gritos detendrán todo este griterío —expresó Raven con sarcasmo.

Una mesa pasó volando por encima de la cabeza de todos.

— ¡Melva! —exclamó enfadada la hechicera.

— ¡Yo no fui, Raven! ¡Fue Bobby!

—Claro, Bobby —dijo ella por la obvia respuesta.

— ¿Quién es Bobby? —preguntó Terra confundida, mirando para todos lados tratando de buscar al nombrado. Pero solo había tres niños y ninguno respondía a ese nombre.

— ¡Bien! ¡O Bobby se detiene, o lo envío a otra dimensión!

—Robin, Tommy se está comiendo tu capa —señaló Kid Flash mientras se reía a carcajadas viendo como el infante hacía un esfuerzo por romper y desgarrar el duro material de la tela blindada.

El Chico Maravilla solo gruñó y corrió su prenda del agarre potente de la dentadura del bebé haciéndolo llorar. Raven solo le puso el chupón en la boca para evitar que siguiera devorando la torre.

1, 2, 3, 4, 5...

La hechicera contó mentalmente, del uno hasta el diez y luego al revés pero nada parecía funcionar para relajarla.

— ¡Demonios, basta! —prorrumpió la empática perdiendo su estoicismo.

— ¡Raven dijo "demonios"! ¡Raven dice palabrotas! —inculpó Timmy mientras la señalaba con el dedo de forma acusadora.

— Bobby tiene hambre y yo también —comentó Melva.

— ¿¡Quién rayos es Bobby!? —indagó Chico Bestia ahora.

Ahora Tommy escupió su chupón y le intentó quitar la manta a Timmy mientras la zarandeaban de un lado al otro tratando de quitársela al otro.

— ¡Mi manta! —chilló el niño pelirrojo.

— ¡No! ¡Mía! ¡Dámela!

Raven solo recitó su mantra varias veces (como cien veces) hasta que Terra se aproximó a ella.

—Y... ¿quién es Bobby? —investigó ella.

—Es el amigo de Melva —reveló la hechicera—, pero no todos pueden verlo.

— ¿Entonces tú puedes verlo? —preguntó Terra a lo que Raven asintió. — ¿Por qué yo no puedo? Bueno nadie puede salvo tú, los niños y Kid Flash.

—Bobby es algo... tímido. Melva tiene el poder de materializar lo que imagina. Yo también tardé en comprenderlo pero es un poder fascinante si se entrena adecuadamente.

—Si quieres saberlo, es un enorme y tétrico oso de felpa que parece salido de una espeluznante película de terror clase C de baja calidad —agregó Wally mientras miraba al susodicho oso, que tenía una sonrisa de dientes ahora mismo.

«Perturbador», pensó él mientras un escalofrío lo recorría.

— ¡Él no es tétrico, tonto! ¡Él es tierno y muy lindo! —gruñó la niña rubia.

— ¿Y Timmy? —interrogó ahora Robin. Se encontraba bastante indagador sobre qué poderes tenían estos tres niños—. No vi que tuviera ninguna habilidad especial más que hacer rabietas y estar todo el día con esa manta azul.

—Y no lo verás pero créeme, no querrás oír su poder —expresó la hechicera. Vio como Robin la miraba esperando que dijera más. Era obvio que no había entendido la indirecta—. Grito súper sónico. Destrozaría todas las ventanas de la torre con solo un berrinche.

— ¡Yo no grito fuerte!

— Tranquilícese por favor, niños... y Dolly —expresó Wally con templanza con el objetivo de apaciguar un poco las aguas agitadas—. Todos debemos calmarnos ¿sí?, debemos mantener el orden o la torre quedará destruida.

— Amiga Raven, ¿quién es Dolly? ¿Acaso un nuevo amigo? ¡Eso es glorioso!, ¿me lo presentas? —interrogó ahora Starfire con bastante júbilo.

La hechicera solo ignoró el comentario de Starfire. Perfecto, ahora Melva empezaría a escandalizar con su vocecita chillona porque Wally volvió a cambiarle el nombre a su oso.

— ¡Que su nombre es Bobby, pelirrojo descerebrado! —vociferó la niña rubia.

—Claro, se me olvidó —dijo Wally despreocupadamente mientras golpeaba su frente con la palma de la mano.

—Raven, déjame decirte que este chico es un tarado —le comunicó Melva.

—Oye, tranquila Melva y cuida tu lenguaje, debes ser más respetuosa con tus mayores —intentó calmar el velocista a la niña irritada.

— ¡Pues me tranquilizaré cuando aprendas su nombre!

—Pero nadie me contestó quien es Dolly —murmuró Starfire con un puchero. Ella solo quería conocer al nuevo amigo.

¡SUFICIENTE! —detonó Raven con un grito ensordecedor al tiempo que las luces del lugar amenazaban con estallar igual que ella ahora mismo.

—Raven —llamó la niña.

— ¿Y ahora qué?

—Bobby quiere darte un abrazo.

Ella solo parpadeó confundida.

—Si... eh... dile que más tarde le daré un abrazo.

—Raven, creo que Timmy tiene hambre —indicó ahora Melva señalando al bebé que se hallaba comiendo la esquina del sofá.

— ¡Rae, Rae, Rae! —gritó Tommy entre balbuceos.

¿Cuándo es que había aprendido a decir su nombre? O ese estúpido apodo, en todo caso. Ahora todos la llamaban Rae solo por permitirle a Kid Flash hacerlo.

— ¡Oye niñito! —clamó Cyborg mientras hacia un esfuerzo para quitar al bebé de su mordida en el sillón pero parecía estar aferrado como si sus dientes fueran igual a unas pinzas. — ¡Aléjate de ese sofá! ¡Ayer ya te comiste el control remoto del televisor y no tengo tiempo de cambiar un sofá ahora!

— ¡Tengo hambre! ¡Quiero comer! ¡Cena! ¡Cena! —exigió Timmy, jalando de la capa a Raven.

...Azarath, Metrion, Zinthos...

Calma, inhala y exhala, respira hondo y apacigua todo el estrés.

—Bien, les traeré la cena y les pondré algo para ver en la televisión. No se muevan, vean esas... divertidas caricaturas mientras tanto y quédense quietos y callados, ¿creen poder hacerlo?

—Pero Rae —replicó Chico Bestia desde el sillón—, estaba viendo una película.

—Y los niños quieren ver esos dibujos, ¿tienes algo que objetar? —gruñó ella ya bastante enojada, mientras sus ojos adquirían un amenazador brillo blanco.

—No, no, nada, no hay ningún problema...—rio un poco alterado el cambiante, mientras se rascaba nerviosamente el cabello, por el cambio de humor de Raven. Hacer enojar a la hechicera no estaba dentro de sus planes de hoy—, creo que... esos dibujos animados son geniales, si, geniales.

—Perfecto —murmuró ella mientras su rostro volvía a su habitual semblante, como si nada hubiese sucedido.

«Si, Bob Esponja es genial», reflexionó irritado el chico verde mientras veía la animación en la pantalla y esa canción de la piña en el fondo de mar comenzaba a sonar mientras Melva saltaba nuevamente en la mesa al tiempo que cantaba a todo volumen el estribillo.

La hechicera encendió las estufas del horno para calentar algo de leche para el pequeño Tommy mientras buscaba el biberón pero alguien ya había agarrado el objeto.

—Ya estoy en eso —comentó Wally mientras se movía rápidamente por la cocina.

— ¿Wally? ¿Qué haces?

—Déjame intentarlo a mí, creo que puedo hacerlo.

—De acuerdo —dijo ella lentamente, mientras cargaba al bebé en brazos—. Yo... les serviré la comida a Melva y a Timmy.

Ella se encargó de servir algunas porciones de pizzas, que Cyborg había comprado, en unos platos para los otros dos niños. Raven depositó la cena sobre la mesa que se encontraba al frente del sofá y los niños comenzaron a comer mientras seguían viendo la televisión y la hechicera se aproximó de nuevo junto al pelirrojo.

La empática devolvió su mirada a la jarra con leche que el velocista estaba calentando.

—Cuidado Wally, tiene que estar en su punto justo.

— ¿Eh? ¿Qué cosa? —indagó él mientras su vista se movía desde la jarra de leche a Raven y así sucesivamente. ¿Acaso había hecho algo mal?

—Sólo... evita que la leche rompa hervor, ¿sí? La temperatura ideal del biberón está entre 36º y 38º —explicó ella.

—Bien, entiendo —dijo él, ahora mirando fijamente al líquido.

Raven lo observó fijamente. Ahora Wally prestaba toda su atención a la leche, poniendo un nudillo sobre el hervidor cada tanto para verificar la temperatura. Su ceño fruncido y su semblante concentrado indicaban cuán en serio se estaba tomando el asunto de no permitir que la leche hirviera. Una vez que él creyó que estaba en el punto ideal, vertió la leche en el biberón, se quitó el guante, luego inclinó el objeto y dispersó unas cuantas gotitas en su mano para saber si era la temperatura correcta. Él sonrió cuando supo que había realizado bien su tarea.

—Creo que quedó bien —dijo el velocista mientras le entregaba el biberón a Raven que comenzó a alimentar al bebé.

La hechicera lo miraba casi embelesada, era algo adorable a decir verdad. Casi como ver a un padre primerizo.

—Raven, ¿tú tienes un bebé? —preguntó de repente Melva desde su lugar en el sofá quitándola de sus encantadores pensamientos sobre el velocista.

¿Eh? ¿Le preguntó si tenía un bebé?

La hechicera la miró e inclinó su cabeza en dirección a Tommy que seguía en sus brazos, señalándolo como en un acto de respuesta.

—Bueno, tengo a Tommy aquí mismo... que es un bebé...

— ¡Pero no Tommy! —replicó Melva con una risita. — ¡Un bebé que sea tuyo!

Los carcajeos de Chico Bestia y Cyborg no tardaron en llegar.

—Eh... ¿No? —dijo ella casi en tono de pregunta, no comprendiendo el origen de la curiosidad de la niña.

— ¿Por qué no? ¿Y además... de dónde vienen los bebés?

Oh, no.

Ahora deseó de nuevo que la tierra se la tragara, igual que el día en que conoció a los tres mocosos.

"¿Por qué el cielo es azul?", "¿Por qué llueve?", "¿Por qué los coches tienen ruedas?", "¿Por qué los aviones vuelan? ¿Y los pájaros cómo lo hacen?", "¿Por qué brilla el sol?", "¿Por qué la luna no se cae?" y la peor, más famosa y temida... "¿De dónde vienen los bebés?", son solo algunos ejemplos de las preguntas que los niños hacen a esta edad.

La etapa de los "por qué", cuando el niño "bombardea" a preguntas a cualquier adulto. Algunas son divertidas, pero otras resultan embarazosas o extrañas. No siempre es fácil responderlas: quizás, falta el tiempo y la paciencia para argumentar cada pregunta, o el conocimiento para dar una explicación comprensible para el pequeño. Raven no lo toleraría. Su imperturbabilidad tenía un límite y ella no tenía deseos de darles "la charla" a estos niños.

—Es... complicado —expresó simplemente al no encontrar las palabras correctas que utilizar.

— ¿Por qué? —interrogó nuevamente la pequeña.

Oh, Azar, ayúdame.

—Tú no... puedes... tener un bebé sin otra persona y... eso es... —. No, Raven se negaba a ser ella quien le explicara de dónde diablos venían los bebés.

—Oh... ¿Y por qué tú no tienes un bebé?

¿No había quedado claro que ella no iba a contestar esa pregunta?

—Yo... eh... —tartamudeó sintiendo como la sangre llenaba sus mejillas por la vergüenza.

— ¿Y cómo se hacen los bebés?

—Vamos Rae —bufoneó Chico Bestia disfrutando del momento—, contéstale a la niña, tu eres la más instruida e inteligente del grupo, ¿no es así? Eres una letrada y tú siempre tienes una respuesta para todo.

Raven solo lo fulminó con la mirada y luego se concentró nuevamente en Melva.

—Es... complicado, Melva —repitió Raven. Nunca se había sentido tan estúpida en su vida. ¡No sabía que responder a una niña de siete años sobre ese tema en particular!

Además... ¿Por qué demonios la alarma no sonaba? Nunca había ansiado tanto que lo hiciera. ¿Dónde estaba Doctor Luz cuando se lo necesitaba? ¿O tal vez Slade con algún plan extremadamente psicópata entre sus manos? Incluso que la Hermandad del Mal se descongelara ahora mismo y tuvieran que regresar a París a derrotarlos y así evitar estas incómodas preguntas.

—Creo que no es complicado —contradijo la niña, llevándose un dedo al mentón. — ¡Creo que si tú le dices a alguien que lo amas, pueden tener muchos bebés! ¿Pero entonces, de dónde salen?

Un sonido estruendoso resonó por toda la sala.

¿Por qué?

Por el bochorno que estaba pasando Raven, sus emociones se agitaron y, por una fuga de su poder, una de las computadoras en el fondo del cuarto estalló. Escuchó el lamento de Cyborg por el ordenador destrozado.

— ¡Bien, pues vienen de...la panza de la mamá! ¡Listo, terminen de comer antes de que se enfríe la pizza! —mandó Raven rápidamente tratando de cambiar el tema.

— ¡No, espera! ¿Y cómo llegan ahí? —preguntó ahora Timmy muy confundido mientras hacía algunos cálculos para poder esclarecer este asunto—. No tendría sentido a menos que la madre se comiera al bebé, ¿sino como llegaría a su panza?

—Llegan por...el papá ¡Listo! ¡Punto final! —clamó Raven tratando de salir de todo este embrollo.

— ¡No, esperen, no entiendo! —dijo el niño pelirrojo mientras empezaba una de sus rabietas.

—Raven, nada de lo que dices tiene lógica alguna. Estás confundiendo a los niños con tanta información errónea —criticó Terra y con grandes aires de sabiduría comenzó a relatar la tan esperada respuesta—. Verán niños, presten atención porque solo lo diré una vez —comenzó a narrar con ternura cambiando a una voz casi maternal—, cuando una mamá y un papá quieren tener un bebe ellos pues...

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Los niños miraban con total atención a Terra mientras sus oídos se agudizaban por la expectativa de la tan anhelada información.

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Los otros Titanes también prestaban atención a lo que iba a decir la chica ahora.

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Raven también estaba al tanto, admirada de que Terra fuera a darles "la charla" sin ninguna dificultad.

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—... llaman a la cigüeña —terminó de exponer Terra.

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Silencio absoluto

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¿Llaman a la cigüeña? ¿Era enserio? ¿Qué clase de explicación estúpida era esa? ¿Y dónde estaba la lógica en todo eso?

— ¿Entonces los adultos pueden llamar a la cigüeña siempre que quieran un bebé? —preguntó Timmy confuso.

—Así es —dijo Terra, satisfecha por haber saciado sus dudas.

—Raven —comentó el niño pelirrojo—, ¿no te molestaría entonces darme un hermanito nuevo?

En ese momento todos lo vieron con unos ojos de plato por la proposición.

—Disculpa, ¿qué? —averiguó Raven esperando que sus oídos le hayan jugado una mala pasada, logrando que escuchara mal lo que el niño le pidió.

—Sí, a mí también me encantaría un nuevo hermanito. Mira, yo podría cuidarlo y si lo que necesitas es un papá —señaló Melva ahora, mientras una sonrisa maliciosa (casi hasta siniestra) surgía en su rostro y miraba fijamente a Kid Flash esperando ver su reacción y con toda su "inocencia" angelical siguió con su acotación—, podemos pedirle al señor Speedy de los Titanes del Este que lo haga, no creo que se oponga. Él podría hacerte un bebé y seguro que serían muy bonitos.

El semblante de suficiencia y satisfacción adornó el rostro de Melva cuando vio, casi como si fuera en cámara lenta, como la expresión del velocista se crispaba hasta más allá de los límites de la irritación ante la mención de que el padre fuera el arquero del otro grupo de los Titanes.

Bien, ella tuvo su venganza con Kid Flash por no recordar el nombre de Bobby. Pero no era el único Titán enfadado ante esa imagen mental, Melva pareció notar que el líder del grupo tampoco parecía muy feliz con eso.

«Interesante», pensó Melva.

— ¡Pero qué tonterías están diciendo ahora! ¡Así no se hacen los bebés! —Chico Bestia interrumpió mientras ahora se preparaba él mismo para explicar haciendo uso de su sabiduría ancestral.

— ¡¿Y qué quieres que le diga?! —exclamó Terra— ¡Son unos niños!

—Déjenme esto a mí —dispuso él mientras se paraba en el sofá.

Chico Bestia saco de sus bolsillos unos títeres muy graciosos, con la forma de Raven y Kid Flash mismos. Claro que estaban hechos de manera improvisada. La muñeco-Raven tenía, alrededor de la cabeza, unos pequeños pétalos azules como si fuera una flor. El muñeco-Kid Flash tenía un traje a rayas, negras y amarillas, con un rayo rojo en medio.

— ¡Oh, que magníficas marionetas amigo Chico Bestia! —alagó Starfire mientras se acercaba levitando cerca del cambiante—, ¿puedo jugar con ellas más tarde? —pidió la extraterrestre con sus ojos brillando de alegría mientras miraba las preciosas figuras de juguete de sus dos amigos.

¿De dónde rayos había sacado esos raros muñecos?

Raven se sonrojo. Sabía lo que venía después.

Chico Bestia carraspeó y dio inicio a su esclarecimiento.

—Conozco muy bien a este insecto porque yo mismo me he transformado en él en varias ocasiones. La abeja es el mayor polinizador del planeta y esto se debe a que ha evolucionado junto a la flor y han creado entre ellos un intercambio de favores. Esto se llama mutualismo, todo un ejemplo de colaboración entre diferentes especies. Así que la flor, que necesita ayuda para su polinización, ofrece a la abeja un dulce regalo, segrega una sustancia llamada néctar, para así provocar la visita de la abeja. Cuando la abeja se posa sobre la flor, el movimiento y el roce que provoca en ella hace que el polen contenido en los estambres se esparza y se pegue al cuerpo de la abeja, ésta se impregna de polen y de esta forma, la abeja que va recolectando néctar, va repartiendo el polen que tiene adosado en su cuerpo por la flor ayudando de esta forma a la polinización. Verán, Melva y Timmy... cuando una abejita-rayo muy pero muy veloz y con un apetito voraz —dijo agitando al muñequito de Kid Flash—, ama mucho, mucho a una florcita azul y gruñona—. Esta vez fue la muñequita de Raven la que sacudió—. La abejita veloz le deja su semillita en un acto de amor puro. En resumen, la abejita-rayo se posa en la flor gruñona, agarra el polen, luego va y pone una semillita en donde nueve meses después aparece un bebé.

— ¡¿Pero qué tenían que ver las benditas abejas con las malditas flores y el cómo nacen los bebés?! —gruñó frustrada Melva porque no entendía nada.

—No lo comprendo muy bien del todo —mencionó Starfire mientras apoyaba uno de sus dedos en su mentón, realmente enredada con toda esta información nueva para ella—, el modo en que nacen los niños en su planeta sí que es bastante extraño, en mi mundo los bebés simplemente son producto de un ritual de apareamiento denominado Blorgzoggor.

—Eh, Star, es obvio que la información brindada por ellos no es del todo... fehaciente —aclaró Robin por la ignorancia de la chica con relación a las metáforas terrestres.

Raven solo quedó boquiabierta. ¿Acaso Starfire dijo simplemente apareamiento? ¿Apareamiento? ¿La estaba comparando con alguna especie de perro o qué? Ella solo rodó los ojos... alienígenas y sus tradiciones raras.

—Raven —susurró Melva.

— ¿Qué sucede ahora? —dijo ella, pasmada ya entre tantas explicaciones.

— ¿Qué es el apareamiento? ¿Tú ya has...

— ¡Ha comer antes de que la cena se enfríe! ¡Ahora! —ordenó dando por finalizada la charla para siempre.

—Pero olvidaste la cena de Bobby.

—Cómo olvidarlo —dijo ella poniendo los ojos en blanco mientras dejaba otro plato en la mesa esperando que el oso gigante se acercara—. Come, Bobby.

La hechicera cerró sus ojos por sólo dos segundos, cuando un fuerte y fétido olor llegó a su nariz.

Genial, lo que le faltaba para su día apaciguado.

Cuando abrió sus ojos, ella notó que sus amigos habían desaparecido de la zona, seguramente para no ayudarla con esto. Bueno, casi todos, Wally se había quedado.

— ¡Tommy se hizo del dos! ¿Puedes cambiar su pañal? ¡Realmente apesta! —gritó Melva, cubriéndose la nariz con una mano.

— ¡Yo también quiero ir al baño! —exclamó entretanto Timmy, con las piernas fruncidas y dando varios brinquitos en el lugar.

— Oh, por Azar —gruñó Raven, levantándose—. Llevaré a Timmy al baño, luego le cambiaré el pañal a Tommy y se irán a dormir los tres inmediatamente. Wally, vigila a Tommy —le encargó a Kid Flash la tarea.

El velocista vio como la hechicera se alejaba por la puerta junto al niño pelirrojo, tomados de la mano, y luego dirigió sus ojos hacia el bebé.

—Bien —dijo él mirando a Melva— ¿Cómo se hace esto?

— ¿Cómo se hace qué? —preguntó Melva, mirándolo con indagación mientras parpadeaba confundida.

—Pues como se hace para cambiar un pañal —comentó Wally mientras agarraba uno de los elementos en cuestión y lo analizaba rápidamente en un sondeo, como si fuera algún artefacto tecnológicamente complicado de entender.

—Ah, es fácil —declaró la niña haciendo un gesto para restarle importancia al asunto—. Puedo enseñarte si quieres. Yo le enseñé a Raven.

Él asintió, esperando instrucciones

—Bueno, primero abres el pañal por aquí y luego lo haces por aquí —indicó Melva mientras le mostraba por dónde debía empezar.

Wally tomó ambas cintas adhesivas y las despegó de su ubicación, dejando el pañal abierto. Los dos corrieron sus rostros fruncidos velozmente por el fuerte olor que había quedado contenido entre las ropas del bebé.

—Bien, ahora toma estas toallas húmedas y límpialo hasta que quede reluciente —explicó Melva mientras le entregaba los paños. Su voz sonaba rara y gangosa porque estaba apretando fuertemente su nariz con su dedo pulgar e índice.

— ¿Limpiarlo? ¿Yo? —preguntó el velocista con algo de aversión mientras miraba el... oloroso obsequio.

—Pues es bastante obvio, él no sabe limpiarse sólo, ¡es un bebé! —explicó ella mientras se acercaba al oso para susurrarle algo al oído—. Lo sé Bobby, yo también temo por nuestras vidas con él a cargo de nuestro cuidado.

Wally frunció el ceño y comenzó a limpiar al bebé, que se removía inquietamente sobre la mesa, haciendo todo lo que estaba a su alcance poniendo caras raras ante el fuerte hedor. Agarró el bote de talco y luego echó algo (o mucho) del polvo blanco sobre el niño y colocó el pañal nuevo como pudo mientras Tommy daba patadas al aire y lanzaba algunas risitas.

Wally observó cómo quedó todo. Parecía un poco polvoriento... pero, bueno. Eran polvos, ¿no? Seguramente daba igual.

Melva acercó su cabeza e inspeccionó el trabajo del velocista.

—Mmm, no está mal, aunque Raven lo hace mejor.

— ¿En serio crees que está bien? Quiero hacer todo lo posible para ayudar a Rae.

—Sí, creo que sí, y dime Wally —quiso saber la niña— ¿A ti te gusta Raven?

El velocista pensó antes de contestar.

—Me gusta mucho, pero no sé si ella gusta de mí tanto como yo de ella —confesó él con un sonrojo escarlata en sus mejillas—, ¿tú qué opinas?

— ¿Ya se han besado?

—Yo...—vaciló él—. Sí, algunas veces.

—Bien, eso confirma muchas cosas. Yo pienso que ella te quiere muy mucho —respondió Melva con una gran sonrisa —, ella siempre es más suave contigo y parece disfrutar de tu compañía. Y cuando ella está triste y tú te acercas siempre pareces sacarle una sonrisa, y ya sabes lo difícil que es hacer que ella sonría. Eres como ese príncipe que aparece en algunos cuentos de hadas. A pesar de que a veces eres un estúpido creo que eres un gran chico para Raven y pienso que ella está muy feliz contigo.

— ¿Lo crees así? —curioseó Kid Flash con una mirada realmente soñadora.

—Sí, nunca me equivoco.

Los dos se giraron cuando el ruido de la puerta abriéndose hizo eco en el lugar.

—Bien, ya volvimos, ahora me encargaré de... —murmuró la monótona voz de la hechicera cuando entró a la sala nuevamente. Un gran tic nervioso surgió en su párpado cuando vio el estado de Tommy. Tenía tanto polvo para bebé encima suyo que hasta parecía un muñeco de nieve — ¿Qué hiciste, Wally? —preguntó entre dientes Raven.

—Pues es obvio, yo cambié su pañal. Creo que seré un gran padre en un futuro, ¿no lo crees así?

—Sí Wallace, serás el padre del año seguramente. Pero para eso deberías evitar que el talco cubra toda su cara y ese pañal está tan suelto que el popó se saldrá por los costados abiertos.

— ¡Dijiste popó! —rio Wally.

— ¡Raven dijo popó! ¡Raven dijo popó! —cantó Timmy por la palabra chistosa.

Raven solo suspiró y en cuestión de segundos había limpiado todo el talco sobrante, había quitado el pañal, acomodando de forma efectiva los elásticos en la cintura del bebé, quedando ahora bien sujeto. Finalmente, lo vistió con su típico trajecito azul. El velocista la miraba con asombro, pero había otra cosa en su pecho. Ternura. Sentía una indescriptible ternura al verla haciéndose cargo de los niños, al ver esa paciencia y cuidado nada característicos de la hechicera. Ella se veía hermosa con el pequeño en brazos. Sus mejillas de arrebolaron de nuevo cuando, por una fracción de segundos, la imagen de ella sujetando a Tommy era remplazada por otra donde Raven sostenía a un pequeño bebé pelirrojo con bellos ojos amatistas.

— ¿Sigues aquí con nosotros Wally? —interrogó la hechicera frunciendo el ceño mientras movía una mano ante los ojos de él, viendo al chico que parecía abstraído en alguna idea.

—Eh...yo... si —tartamudeó él con nerviosismo.

—Es hora de ir a dormir —anunció Melva—, así que podrás quedarte a solas con tu novio, Raven.

Otra computadora estalló mientras Raven miraba desencajada a la niña por su comentario atrevido. Melva solo sonreía inocentemente. El bochornoso sonrojo no demoró en aparecer en la empática.

Raven llevó a los niños a su cuarto, que había sido especialmente preparado para su estadía en la torre una vez que había decidido dejarlos con ella, mientras los acostaba en su cama. Wally se había quedado en la puerta viendo todo y esperando a que Raven terminara.

— ¡Quiero cuento! ¡Quiero cuento! ¡Quiero cuento! —chilló Timmy.

«Genial, ahora tendré que inventar otra historia», pensó Raven con pesar.

—Está bien, veamos. Hmm... Listo, creo que esto es perfecto. Hace mucho pero mucho tiempo, me enfrenté con un no tan poderoso villano engreído llamado Doctor Luz, el cual estaba intentando robar dinero de un camión blindado del banco de la ciudad... —los niños miraban con fascinación mientras ella narraba su cuento; el velocista también—. Pero el muy maldito me hizo enfadar, lanzado hacía mí unos potentes rayos de energía luminosa capaces de aniquilar a cualquier persona y que solo lograron desatar en mí una profunda rabia asesina por lo cual logré derrotarlo, haciéndole implorar por su patética vida hasta el punto de que él lloraba agónicamente de la desesperación. Luego, ese mismo día dos de mis amigos entraron en mi mente a través de un siniestro espejo mágico que era un portal, donde ese espeluznante demonio rojo mortífero quería desatar el caos y la destrucción con el objetivo de traer un cataclismo de niveles inimaginables... —la cara pálida y de espanto en los pequeños fue una advertencia de que nuevamente no les agradaba el rumbo de la historia—. Pero Cyborg, Chico Bestia y yo lo derrotamos, guardé el espejo mágico en un lugar seguro y tuvimos un agradable desayuno, colmado de alegría, risas, waffles, un poco de tofu y tocino entre amigos. Fin.

Por segunda vez había funcionado porque ahora los tres niños se encontraban dormidos y roncando.

—Creo que deberías comprar un libro de cuentos para niños —le sugirió Wally—. Ya sabes, Caperucita Roja, Los tres cerditos, La Bella Durmiente, Cenicienta y esas cosas. Te puede servir para la próxima vez.

—Sí, estoy de acuerdo —afirmó ella mientras se levantaba y salía de la habitación cerrando la puerta despacio para no hacer ruido y despertarlos—, no se me da bien eso de inventar historias para infantes. Creo que seguiré tu consejo. Hablando de eso...—mencionó Raven un poco incómoda.

— ¿Si? —quiso saber el velocista y que continuara con lo que estaba por decir.

— ¿Recuerdas esas dos... citas?

—Por supuesto —contestó él, mientras una mueca de regodeo surgía en su rostro—, tú me debes una y yo te debo otra.

—Bueno, pues la semana siguiente vendrá la feria del libro a la ciudad... y... ya sabes... —farfulló ella con nerviosismo. Nunca antes había tenido una conversación así con un chico y no sabía qué demonios debía decir.

— ¿Me estás invitando a salir contigo a la feria? —. Kid Flash fue directamente al punto.

—Si ya sabes de lo que estoy hablando no me hagas decirlo.

—Estaré encantado de salir contigo, cariño —aduló él mientras acercaba su rostro al de la hechicera.

De repente un fuerte sonido empezó a sonar por toda la torre, sacándolos de su mutua contemplación.

BEEP... BEEP... BEEP... BEEP...

— ¿Qué es eso? —interrogó Wally con amargura por la interrupción.

—Es la alarma —le informó la hechicera.

La voz de Robin resonó por el altavoz—. Titanes, problemas. Tenemos una videollamada entrante. Es urgente.

Los seis Titanes se acercaron a la sala, donde Robin estaba ya parado frente a la gigante pantalla con los brazos cruzados, esperando que ellos llegaran. Cuando todos estuvieron presente, el líder contestó la llamada.

—El mensaje proviene de la central de policía —comunicó Robin a sus amigos cuando en la pantalla apareció la imagen de un comisario que se notaba bastante serio. El rostro que se vio al otro lado era alargado y ojeroso. Estaban frente a un hombre delgado que llevaba un uniforme azul de aspecto de oficial. Era evidente que algo realmente malo había sucedido.

—Comisario —saludó Robin con una inclinación de cabeza. — ¿A qué debemos su llamada? ¿Qué podemos hacer por usted?

—Titanes —el hombre se expresaba con un tono seco, autoritario—, soy el capitán Smith, de la Dirección Central de la Policía de Jump City. Los he llamado para comunicarles que algo terrible ha sucedido esta noche en el museo de la ciudad, algo... escalofriante, por no decir otra cosa. Los hechos aún no se han filtrado en ningún medio de comunicación, pero cuando lo haga, la población entrará en pánico.

— ¿Qué es lo que sucedió?

—Esta noche hubo un atroz asesinato, en el museo principal. La víctima es nada más ni nada menos que el conservador del lugar. Necesito que vengan de inmediato.

[...]

Las sirenas de los autos policiales se oían por toda la zona así como las luces estroboscópicas azules y rojas alumbraban las murallas exteriores del museo.

Los siete Titanes se acercaron a la entrada principal, una enorme puerta que ahora se encontraba abierta mientras algunas personas, seguramente la policía técnica y científica encargada de la investigación criminalística, entraban y salían del lugar. Algunos habitantes de la ciudad también se hallaban parados, cuchicheando entre ellos, con el fin de descubrir de qué se trataba este alboroto y por qué la salida del museo estaba repleta de coches de la policía. El vestíbulo que se intuía del otro lado estaba desierto y tenuemente iluminado.

—Síganme —dijo el capitán.

Los siete le siguieron el paso y mientras avanzaban, pasaron junto a dos agentes de la Policía Judicial armados con ametralladoras. El mensaje estaba claro: aquí no entra nadie sin el consentimiento del capitán Smith. Normalmente aquel espacio estaba siempre inundado de luz y de turistas, pero al escrutar el lóbrego pasillo, todo se veía oscuro y desierto, envuelto en una atmósfera de frialdad más propia de una cripta. Aquella noche, el museo tenía un aspecto casi opresivo. Por todas partes surgían sombras alargadas, y los techos abovedados, normalmente altísimos, se perdían al momento en la negrura.

— ¿Dónde está el personal de seguridad del museo? —preguntó Robin mientras investigaba todo a su alrededor, ¿por qué solo parecía haber oficiales pero no los del museo?

—En aislamiento —se apresuró a responder Smith, con un poco de saña, como si el líder adolescente estuviera poniendo en cuestión la integridad de su equipo altamente entrenado—. Está claro que esta noche aquí ha entrado alguien que no debería haber entrado. Ahora ellos están siendo interrogados. Mis agentes se están haciendo cargo del trabajo. Bien, ahora por aquí —dijo ahora, girando de pronto a la derecha y enfilando una serie de galerías conectadas entre sí.

Raven siguió marchando, adaptando lentamente la vista a la oscuridad. Ella había estado muchas veces en el museo, no solo ayudando a que ningún criminal se robara algún objeto de valor sino también como un pasatiempo. Por todas partes empezaban a materializarse hermosos lienzos de gran formato. Naturalezas muertas, escenas religiosas y paisajes se alternaban con retratos de nobles y políticos. También notaba, con su sentido del olfato, claramente el olor a museo; un aire seco, desionizado, con una débil traza de carbono, producto de los deshumidificadores industriales con filtro carbónico instalados por todas partes para contrarrestar los efectos corrosivos del dióxido de carbono que exhalaban los visitantes. Una forma de proteger las pinturas que se hallaba en todos los museos.

— ¿Robó algo? —interrogó Robin tratando de hilar el caso en su cabeza.

—Hay rastros de sangre del conservador en su despacho, pero evidentemente no pudo ser él, por lo cual el asesino fue el que estuvo ahí luego de cometer el crimen. Si se llevó algo o no nunca lo sabremos. Por lo menos no se ha llevado nada que esté registrado dentro del sistema del museo, pero si puede haberse llevado cosas personales de la víctima.

El capitán condujo a los Titanes por otro pasillo oscuro. Chico Bestia arrugó la nariz cuando el metálico olor de la sangre y muerte llegó a su nariz. Supo que ya estaban cerca de la escena del crimen.

— ¿Y dónde está el cuerpo? —preguntó el líder de los Titanes que llevaba la delantera justo detrás del capitán de la policía.

Smith se arregló el pasador de la corbata y siguió marchando.

—Como seguramente ya saben, la distancia de la galería es bastante larga pero ya estamos aquí.

El capitán señaló hacia delante. Los Titanes alzaron la vista y siguieron la dirección de aquel dedo. Poco menos de treinta metros más allá había un foco sobre un trípode que iluminaba la oscura zona. En el centro, el cadáver del conservador estaba tendido en el suelo de madera. El aspecto del cuerpo era espantoso. El difunto yacía ahí, sus brazos y piernas estaban totalmente extendidos, con la camisa desgarrada, y la piel había adquirido un color gris azulado. Una mancha marcaba el punto donde la bala le había desgarrado la carne. Se hallaba sobre un gran charco de sangre en el piso y con el estómago abierto desde un poco más abajo del ombligo, hasta la garganta, sus ojos desorbitados parecían mirarlos desde su lugar, parecía como si las cuencas se fueran a salir de sus órbitas.

Sobreponiéndose a la náusea que la vista del cadáver les producía, los Titanes se vieron obligados a acercarse y que sus ojos se posaran sobre el pecho de la víctima. Aunque habían examinado la herida simétrica varias veces en el pasado, ésta era más impresionante en vivo. La carne, desgarrada, estaba perfectamente delineada y el símbolo formado sin falla.

Raven sintió que su cuerpo temblaba cuando vio esa marca. La marca de Scath estaba grabada a sangre fría sobre el pecho del conservador. Robin la miró por un momento antes de dirigir de nuevo la vista en el cadáver.

—Esto es terrible —murmuró Terra viendo el panorama desagradable.

—Más que terrible diría que es algo de un alto nivel de perversidad. El asesino no solo asesinó a este hombre y si no que también dejó un raro mensaje.

— ¿Un mensaje? —preguntó Chico Bestia y sus ojos se desviaron hacía donde el jefe de policía señalaba. Casi quiso vomitar cuando vio toda esa sangre en la pared.

— ¿Creen que todo esto sea obra de Slade? —investigó Cyborg mientras trataba de elaborar algunas hipótesis.

El cuerpo de Terra tembló ante la mención de ese nombre.

—Es cierto, esto es la marca de Scath, él ya estuvo relacionado con esto antes —recordó Chico Bestia.

—Esto no es obra de Slade —negó Robin—, no corresponde con su modus operandi.

—Concuerdo, veamos que nos dejó escrito —afirmó la hechicera.

Raven se aproximó al muro mientras comenzaba a leer.

Como un oráculo de los años incontables, el culto de la sangre ha predicho la mayor parte de nuestro destino. Y ya es momento, la hora de la purificación. Los cielos se abrirán y los campos serán quemados por el ardor. El sol se convertirá en tinieblas, como vestido de luto, y la luna en sangre. Las estrellas de los cielos y sus luceros no darán más su luz; y el sol se oscurecerá al nacer, y la luna no dará su resplandor. Los cielos desaparecerán con un rugido; los elementos serán destruidos por el fuego, y la tierra y todo lo que contiene se desnudará. Ese día provocará la destrucción de los cielos por fuego, y los elementos se derretirán en las flamas del averno. El bien será alejado por el constante reír del hombre ciego que no escuchó. La oscuridad en él será total y rodará al infinito castigo. Sobre la muchedumbre se levantará la muerte, las pestes y las calamidades. Los mares ya iracundos treparán países. Cráteres tronarán soberbios. Caerán lluvias de gigantes aguas. Nieves cubrirán lo no esperado. Resquebrajarán los suelos en terribles roncares. Ascenderán humos en columnas quemantes. Las carnes de los fatigados hombres se desprenderán, sus huesos vivientes buscarán la muerte que no será. Azotes como nunca vistos antes, la hambruna dentro de la peste, personas apagadas por el acero, pidiendo socorro a nuestro gran Dios inmortal. El fin de los días. Más allá de los escogidos, ninguna carne será salva. Cuando la Caja de Pandora sea abierta y el poder de la oscuridad de la gema sea finalmente liberado, Scath se alzará y el eclipse llegará nuevamente, el mundo ensombrecerá y tendrá suceso la noche más oscura que haya vivido la humanidad.

—Parece una profecía de proporciones bíblicas —agregó Smith —, ¿no lo creen?

—No —negó Raven mientras repasaba una vez más el escrito—, esto no es una profecía. Esto es un ultimátum directo, una amenaza.

— ¿Está diciendo que se aproxima una guerra? No es lo que parece, creo que no es más que un escrito hecho por algún paranoico esquizofrénico. ¿Quién es Scath? —interrogó el capitán mientras anotaba en su libreta.

—Nadie que quiera conocer —murmuró la hechicera que se acercó al cuerpo del hombre y se arrodilló ante él mientras colocaba sus manos sobre la cabeza del cadáver.

— ¿Qué haces? —averiguó Robin con sorpresa.

—Saber quién está detrás de esto —informó Raven mientras cerraba los ojos y trataba de concentrarse en algo que no fuera el olor pestilente que desprendía el sujeto. Necesitaba relajarse para esto.

— ¡Señorita, no puede tocar el cuerpo, está contaminando la escena del crimen! —exclamó el capitán intolerante.

—Tenga por seguro que socavaré más información que sus patéticos agentes —replicó la empática con voz fría—, ¿podría dejarnos solos? No creo que le agrade lo que estoy por hacer.

Smith solo siguió su orden mientras se alejaba del lugar. Quizás la policía científica ya había descubierto algo útil.

—Rae, ¿qué haces? Eso es asqueroso, espero que te laves muy bien las manos luego de esto —indicó Kid Flash que todavía estaba asqueado con todo este escenario sangriento.

—Siempre hay un hilo de vida, sin importar cuan desecho y putrefacto esté el cuerpo —comentó Raven mientras su mantra salía como un susurro de sus labios—. Azarath, Metrion, Zinthos.

Un aura morada la cubrió a ella y al cuerpo, sus ojos se tornaron de un blanco brillante mientras sentía como su capacidad psiónica se dirigía rectamente a la mente del conservador.

Los otros Titanes lanzaron un grito de sorpresa cuando vieron como el muerto empezaba a mover su cuerpo como si estuviese temblando desmedidamente. Sus manos y piernas se agitaban mientras algunos gritos desgarradores, junto a la sangre que seguramente estaba acumulada en sus pulmones, escapaban de su boca.

Raven frunció el ceño mientras apretaba más su agarre psíquico en el hombre.

Imágenes, recuerdos, memorias...

Sintió lástima por él. No había mucho que ver, su muerte traumática había provocado que solo pudiese sentir y observar los pensamientos y sensaciones de su último momento de vida. Era desolador y era lo único que iba a obtener de él pero algo era mejor que nada. Ella se levantó del suelo cuando no había nada más que percibir.

— ¿Qué es lo que viste? —interrogó Robin mientras se acercaba a Raven.

—Cosas básicas, pero lo más importante es que este sujeto fue un antiguo miembro de la Iglesia de la Sangre, un culto tan antiguo como la historia misma. Escapó de ahí hace muchos años cuando se enteró de lo que realmente era esa Iglesia y cuáles eran sus actividades. El asesino tenía órdenes de acabar con su vida y dejar este mensaje grabado con su sangre. ¿Las cosas están claras, no? Sangre. Iglesia de la Sangre. ¿Algo suena en tu cabeza, Sherlock?

—Hermano Sangre —respondió Robin inmediatamente cuando pudo unir las piezas del rompecabezas.

—Exacto, él está detrás de esto. Si él ha tomado control nuevamente del culto, estamos en graves problemas.

— ¿Quién fue su asesino?

—No lo sé, él no se identificó. Solo pude ver un sujeto desquiciado con deseos de "liberar" al conservador de lo que él llamaba "su vacía existencia". Era pálido, calvo y con algunas cicatrices en su cuerpo.

—No puede ser —dijo Robin mientras su máscara se ampliaba por la expresión de sorpresa. Ese modus operandi era bien conocido por él.

— ¿Lo conoces amigo Robin? —averiguó Starfire que se había mantenido ajena a la conversación.

—Sí, se trata de Victor Zsasz —expuso él sin poder creer que se tratara de ese sujeto.


Londres, Inglaterra

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.

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Latsyrc laever eht erutuf... Latsyrc laever eht erutuf... Latsyrc laever eht erutuf.

Constantine observaba a Zatanna, que se hallaba en un claro trance meditativo, mientras flotaba en el aire en una clásica posición de loto. Un aura azul clara la rodeaba por completo. Una bola de cristal brillante también levitaba frente a ella. Él sabía lo que estaba haciendo. Algo de adivinación intensa, tratando de ver futuros alternos. Para él no era más que una pérdida de tiempo pero la maga insistió en que serviría en la investigación. Él ya se había cansado de leer buscando información y de no encontrar nada más que su botella de licor y su caja de cigarrillos casi vacía.

Abrigó el encendedor en sus manos para encender un nuevo cigarro. Le dio una amplia calada dejando que sus pulmones se llenaran con el humo de la nicotina.

«Que habito tan autodestructivo», rio él para sus adentros.

Latsyrc laever eht erutuf... Latsyrc laever eht erutuf... Latsyrc laever eht erutuf.

John solamente se quedó ahí, esperando, permitiendo que el trance también lo calmara. Él sabía que era mejor no molestarla ya que estas inmersiones consumían mucho tiempo para llegar de nuevo si se interrumpían. Observó de nuevo a la mujer. Se veía hermosa como siempre. Recordó el primer día en que la conoció. Fue en un show de magia en Nueva York. Ella era deslumbrante, una princesa que hablaba hacia atrás, él supo que estaba en problemas al segundo en que la vio. Su acto de magia había durado cuarenta minutos y él no pudo pestañear ni una sola vez.

Magia.

Pero en el mundo también existía la gente ordinaria y común. Operaban con un cierto tipo de parámetros. Reglas, límites.

Además había tipos como él mismo. Hacían trampa.

Latsyrc laever eht erutuf... Latsyrc laever eht erutuf... Latsyrc laever eht erutuf.

Magia.

Se engaña al universo. Retorcían tiempo y espacio. Deformaban mentes, creaban vida. Para la gente como ellos no había reglas. Eso es magia. Y eso es lo que hacía a la gente como ellos muy peligrosos.

Peligrosos para todos, incluido para ellos mismos. Engañas al sistema y este trata de compensarte, nadie realmente entiende como o porque, pero lo hace.

La magia es costosa, tomas lo que no ganaste, pero pagas por eso. Él lo sabía mejor que nadie. Su magia había tenido altos costos.

Casi destruido por las tentaciones de su juventud, John Constantine conoce el precio de la influencia corrupta de la magia demasiado bien. Ahora, él está luchando una batalla para mantener el balance y prevenir a cualquiera de volverse demasiado poderoso. Y su objetivo actual era ese hombre... Hermano Sangre.

Pero había otro grupo aparte de los otros dos nombrados anteriormente.

Los tipos de capas y mallas.

Hace unos años, Constantine comenzó a ver a las capas apareciendo por el mundo, saludando y sonriendo, mostrando poderes que claramente no entendían. No le tomó más de diez minutos cultivar una sana aversión para con ellos y su estilo de moral imperativa. Justicia.

La Liga de la Justicia.

Luego su antigua novia, Zatanna, se había unido a ellos, se convirtió en uno de ellos. Ahora parecía que no podías arrojar una roca sin pegarle a alguien que haya encontrado un maldito anillo alienígena o una capa a prueba de balas. Los disfraces, como a él le gustaba llamarlos, tienen sus usos. Pero alguien que sabe lo que realmente está pasando necesitaba asegurarse que nadie vaya demasiado con el engaño. Quizás ese era él.

Pero entre la gente ordinaria, los magos, los hombres y mujeres de capa, en todos algo coincidía. Ninguno de los tres grupos eran hijos de la maldita luz celestial. Todos eran unos idiotas que destruyen el planeta y se fastidian unos a otros, hasta que la mitad del mundo está hambrienta y la otra mitad está ocupada encontrando nuevas formas de fingir que no lo ve. Ese era el maldito límite de nuestro potencial.

Latsyrc laever eht erutuf... Latsyrc laever eht erutuf... Latsyrc laever eht erutuf.

Miró de nuevo a Zatanna. Seguramente Batsy, el murciélago, y su grupo de amigos con trajes ajustados habían mandado a la maga a buscarlo para ayudarla a resolver todo este asunto. El rio amargamente. Era demasiado obvio. La Liga de la Justicia, inútiles cuando se trataba de magia, sobre todo si se trataba de una lucha contra la magia negra. Por eso es que lo necesitaban a él. Y él haría lo posible para resolver esto, había demasiado en juego. Él ya tenía demasiados fracasos en su currículum. Newcastle, Astra y el demonio Nergal, junto a otros cien errores más que costaron miles de vidas y almas.

Sus pensamientos fueron interrumpidos cuando noto como la maga comenzaba a convulsionar en su posición. Se acercó rápidamente a ella mientras Zatanna se despertaba de su trance y respiraba agitadamente.

—Zee, ¿te encuentras bien? Respira hondo.

—Yo...—susurró ella mientras tomaba una gran bocanada de aire.

— ¿Problemas en el horizonte?

—Sí, algo realmente malo está viniendo. Para todos, ¿no puedes sentirlo?

—Zee —murmuró él, inquieto.

—Traté uno de mis hechizos reversos, pero las imágenes que obtuve fueron desordenadas, borrosas —explicó la maga.

—Muéstrame.

—No vale la pena mostrar nada —negó ella—, todo lo que tuve son conceptos imprecisos. Guerra y muerte. Todos nosotros involucrados. La Liga también. Se desatará un verdadero tormento. John, ¿crees en el destino?

—No lo sé. Supongo que solo... creo que lo que debe ser será.

—John...—suspiró su nombre para que no le mintiera.

—Creo que todos podemos moldear nuestro destino, pero ninguno de nosotros puede escapar del mismo—. Constantine observó cómo los ojos de la maga se anegaban de lágrimas que se negaba a derramar, él se preocupó. Era raro ver a Zatanna vulnerable—. Zee, ¿qué viste? ¿Qué te tiene tan afligida?

—Solo fue un retazo, como un pantallazo pero lo vi. Lo vi John... era yo... acabando con la vida... de Raven —la maga agitó su cabeza para alejar esos pensamientos—. Yo no sería capaz de hacer eso, ese es mi límite, jamás cruzaría la línea.

— ¿Quieres saber algo? Cuando tenía diecinueve años robé el invaluable diario de un hechicero cabalista del siglo XV quien se hacía llamar Tenebrus. Lectura totalmente aburrida déjame agregar. Aunque el viejo si tenía un par de cosas bien, digamos, por ejemplo, que cada mago real se enfrenta a una crisis específica de vida o muerte a cada paso de su desarrollo místico. Yo tuve las mías, tú ya las conoces pero trataremos de que nada de eso te ocurra a ti, te lo prometo.

—Vi algo más, algo que puede ser de importancia —agregó ella.

— ¿De qué se trata?

—Solamente vi un libro —informó Zatanna—, pero parecía ser muy importante para Hermano Sangre. Un libro realmente oscuro.

—Un libro, bien eso es un gran avance.

—También creo que es hora de mantener vigilada a Raven, debemos estar preparados.

—Sí, ¿y lo harás tú, amor? Porque yo no me meteré a cuidar adolescentes —bromeó Constantine.

—No serás tú ni yo. Tengo a alguien de mi suma confianza, alguien muy cercano a mí —dijo ella pensando en la persona apropiada para la tarea, alguien que también era poderoso en la magia igual a ella y estaba capacitado para la misión.

—Lo entiendo, aunque...

— ¿Qué sucede?

— ¿Por qué me estás abrazando? —preguntó él con indagación, porque la maga había envuelto sus brazos alrededor de él mientras hundía la cabeza en su pecho—. Creí que no me querías muy cerca de nuevo.

—Cuando nos abrazamos, en la oscuridad, no hacemos que la oscuridad desaparezca. Las cosas malas siguen ahí. Las pesadillas aún caminan. Cuando nos abrazamos, nos sentimos... no seguros, pero mejor. "No pasa nada", murmuramos. "Estoy aquí. Te quiero", y mentimos. "Nunca te dejaré". Por un momento o dos, la oscuridad no parece tan mala. Cuando nos abrazamos.

Él solo sonrió mientras le devolvía el abrazo y la apretaba contra su cuerpo. Ella era tan cálida.

Esto también era... magia.


Este capítulo es el más largo que he escrito hasta ahora. Y bien... ¿qué les pareció? Traté de plasmar algo más oscuro al principio con la incorporación Zsasz y no sé cómo se me da ese tipo de escritura. También algo de comedia por la mitad, y algo de suspenso al final. Como vieron, las investigaciones de los Titanes, así como la de Zatanna y Constantine han avanzado con relación a Hermano Sangre. Espero que lo hayan disfrutado! Veremos cómo sigue todo esto en los próximos capítulos, no se olviden de dejar su comentario...

Saludos y hasta la próxima!