Los personajes de Saint Seiya no me pertenecen, son propiedad de Masami Kurumada y Chimaki Kuori.
17)... alarmante cuando crees perder tu teléfono (o el teléfono de otra persona).
Esa tarde Phonos sólo había pensado en pasar su tarde de lunes viendo la televisión, como siempre, tal vez la repetición de algún partido de fútbol si tenía suerte; Dysnomia llegaría tarde y era el turno de Atë y Emony de ir a hacer las compras, lo que le garantizaba dos horas completas de soledad, sólo él y la televisión…
No tardó en aburrirse, la televisión era aburrida y deprimente. Debido a eso decidió arriesgarse y pasar a las habitaciones de sus hermanas para espiar un poco; la habitación de las dos menores estaba desordenada pero no había nada que le llamara la atención, excepto el cajón cerrado de Emony que como era natural él no abriría ante el temor de encontrarse con una imagen aterradora. Después de eso pasó a la habitación cerrada de Atë, que, un poco más ordenada, tampoco parecía ocultar la gran cosa. Comenzaba a decepcionarse cuando se percató de que sobre el tocador, casi escondido de sus ojos entrometidos, estaba el teléfono de su hermana.
Phonos lo agarró emocionado, imaginó todos los secretos que debía de tener ese pequeño aparato, y toda la información que él necesitaba saber para asegurarse de la seguridad de su hermana. Era aún más valioso que el diario de Dysnomia que sólo estaba lleno de información sobre lo que hacía todos los días (no había nada extraordinario fuera del hecho de que su querida hermana menor tenía una vida muy aburrida y un novio médico que ni siquiera figuraba en sus escritos) y los cuadernos de Emony, llenos de relatos aterradores y algunos pensamientos escritos cripticamente.
Phonos miró a su alrededor, sabiendo que husmear ese aparato podría salirle caro; pero los secretos y saber que tan bueno era el novio de su hermana eran demasiado, así que salió de la habitación y se sentó en la sala. Al encender el teléfono se intrigó más ante el fondo blanco, eso fue suficiente para motivarlo a enfrentarse al primer desafío, desbloquearlo.
En eso estaba cuando escuchó un par de llaves y el ruido de la puerta abrirse. El ruido lo llevó a arrojar el teléfono lejos y fingir que miraba la televisión que estaba apagada. Dysnomia entró quejándose de lo cansada que estaba y lo mucho que necesitaba una ducha, pasando detrás de él e ignorándolo.
Una vez que ella desapareció Phonos se concentró en lo importante, buscar el teléfono que había arrojado lejos en medio de su desesperación.
Buscó en los sillones, en los muebles, en el suelo y en los sillones de nuevo; comenzaba a preocuparse porque parecía que el aparato se había esfumado en el momento en que lo arrojó lejos.
Comenzaba a preocuparse. Un teléfono celular es el centro de una persona, el medio por el cual se comunica con el mundo, sus secretos están ahí, además de información vital; muchos lo consideran su vida entera, sus momentos más preciados, las cosas que les gusta, su agenda o incluso una receta que se pretende preparar, tal vez de verdad el teléfono es la vida de una persona, y lo que era más importante, no había perdido su celular, era el de Atë. Moriría si no lo encontraba.
Lo buscó por toda la sala, después fue a la cocina donde su búsqueda se intensificó, el tiempo corría, sus hermanas pronto regresarían y una de ellas ya estaba ahí, no podía ser atrapado con las manos en el teléfono, o sin él.
Pasó los siguientes minutos recordando la trayectoria del teléfono, repasando todo e incluso calculando. Poco importaba que este terminara destrozado por ser arrojado lejos, si aparecía eso era suficiente para él.
Comenzó a sentir que se desmayaría, si no sucedería en ese momento pasaría cuando se enfrentara ante la muy enfadada de su hermana. Y entonces el horror aumentó cuando su propio celular sonó, con un mensaje de Emony diciéndole que ya habían llegado y necesitarían su ayuda para meter sus compras en su departamento.
Phonos vió su muerte cerca, lo enterrarían junto con sus abuelos y su epitafio diría "aquí descansa el sujeto que creyó que podría husmear en el teléfono de su hermana y terminó perdiendolo". Comenzaba a resignarse cuando Dysnomia apareció, recién duchada, en una mano sostenía su diario y en el otro un teléfono que se le hizo conocido.
—Debería de patearte.
—No sé por qué te molestas, no había nada interesante ahí.
—Creo que sí voy a patearte —Dysnomia golpeó a su hermano con su diario en el hombro, un movimiento que él apenas y sintió —, ¿qué me darás por no decirle nada a Atë?
—Mi profundo agradecimiento... —Phonos estiró la mano— me guardaré mis comentarios para mí.
El pelinegro aguantó la respiración, esperando la respuesta de su hermana, que sólo suspiró antes de entregarle el teléfono.
—No soy tan cruel como para dejarte morir a manos de ella.
Phonos sonrió, ya lo decía, el peor momento en la vida de un hombre era cuando estaba cara a cara con la muerte, nunca volvería a perder un teléfono, menos si no era el suyo.
