Aclaración antes de comenzar: este capítulo contiene diálogos extensos.

Por lo tanto, el símbolo " » " que verán en algunos de estos diálogos, se utiliza para poner un punto aparte pero asimismo darle continuidad al mismo. Significa que el diálogo continúa.

Con nada más para aclarar, disfruten del capítulo, uno de los que más me ha gustado escribir hasta ahora...


Raven se hallaba nuevamente ceñida en el mismo espeluznante escenario. Todo a su alrededor estaba envuelto en llamaradas del mismísimo averno.

El mismo panorama, el mismo albor fulgurando en sus manos protegiéndola. Como una vela encendida en una oscura habitación... pero más débil que antes, siempre pareciendo estar al punto de la extinción.

Una risa burlona hace eco en el aire, y luego una voz habla, tan recóndita y terrible como la profundidad infernal de la que brota, una voz que sacude la tierra.

¡Lo que hayas ocultado, te convertirás! ¡Serás consumida por la oscuridad de tu alma! ¡Ese es tu destino!

Raven escuchó la voz, pero no se encogió, como podría haberlo hecho en otra ocasión. No debía tener miedo. Después de todo, nada de esto era real.

Esto sucedió hace casi un año. Su padre, Trigon, había llegado y había chamuscado el cielo y la tierra en su esfuerzo por traer todo el infierno a esta dimensión, pero había fracasado debido a ella.

De todo lo que se trataba ahora era de una pesadilla inofensiva.

No te tengo miedo —dijo Raven simplemente, mirando el cielo cubierto de humo—. Ya no. No tienes ningún poder sobre mí ahora. Solo eres un producto de mi imaginación.

¿Lo soy? —preguntó la voz detrás de ella. Ha cambiado: ahora suena como la propia voz de Raven, pero con una extraña calidad de eco, casi como un canto fúnebre, como si el orador no fuera del todo real.

Raven se gira lentamente para mirar la fuente de la voz, una figura esbelta con una capa negra, una masa sombría uniforme parecida a ella en todos los sentidos.

«Aún recuerdo el profundo disgusto que la aparición me produjo».

Su doble errante y ominoso.

Todo lo que estando destinado a permanecer en secreto, en lo oculto, ha salido a la luz.

La sombra.

No eres nada más que una creación de mi mente —Raven le dice a su doble oscuro, negándose a ser intimidada—. No tienes ningún poder sobre mí, y no ganas nada por estar aquí. Vete y déjame dormir.

¿Irme? —la figura oscura preguntó, su tono mordaz—. No puedo irme. Soy parte de ti, para siempre. Mi presencia existe, crece cada vez que pasa el tiempo. Es posible que hayas derrotado a Trigon, pero siempre has sabido, en el fondo, que lo que más temes es a ti misma. A tu propia oscuridad. Piensa en esto de manera lógica, Raven. Sé que puedes. Ambas sabemos que eres inteligente. No puedes reprimirme para siempre. Tarde o temprano perderás el control y saldré. Yo ya lo he hecho algunas veces. No creo que el pobre Doctor Luz me olvide nunca. Formo parte de cada una de sus pesadillas, así como de las tuyas.

Raven tuvo que reprimir la oleada de ira que sintió al ver a su contraparte siniestra sonreír. Ira. Es lo que quiere que ella sienta, se recuerda a sí misma, lo que le dará poder. Así que, en lugar de eso, le dio la espalda y trató de traer un poco de paz y calma, cierra los ojos y se concentra mientras murmura su mantra... el paisaje onírico se agita.

Eso no te servirá para huir, ¡mírame!

Raven se giró.

Tan débil, tan vulnerable. Eres un caso muy triste. Tienes demasiados temores. Contigo el problema no es encontrar una debilidad, sino escoger entre todas ellas.

Ella y la sombra solo estaban separadas por centímetros de distancia. Sus ojos se encontraron. En algún punto eran similares.

¿Quién eres? —cuestionó la hechicera.

A simple vista la mayoría de las personas aparentar ser como seres buenos y nobles. Sin embargo, en nuestro interior hay ciertas dimensiones reprimidas, instintos heredados donde a veces se esconde la violencia, la rabia, el odio... Cuanto más oculta esté la sombra de la vida consciente del individuo, más densa es. Soy ese lado oscuro que siempre has intentado coartar. Soy producto de toda esa supresión de emociones que te enseñaron en Azarath, tu energía psíquica reprimida. La gente no está a salvo a tu alrededor. Acéptalo, lo que niegas te somete. Soy todo lo que tienes.

La sombra se desmenuzó en el aire e inmediatamente entró en el cuerpo de Raven.

El aire se enrarece con el hedor sulfúrico del azufre al tiempo que unas nubes brumosas se unen con furia, mientras los cuerpos se arrastraban por el suelo buscando salvación, todos le suplican, se agarran a ella, la empujan, le gritan.

Raven protesta mientras sus barreras empáticas parecían despedazarse entre tanto sufrimiento.

El mundo había sido devastado, sin dejar nada que salvar.

«Mi miedo crece mientras se forman las imágenes... empezando con docenas... y creciendo rápidamente a cientos... miles... un millón de almas e incluso más».

Quizás todo esto era un doloroso recordatorio de que no podía huir de lo inevitable, como la sombra le había dicho.

«Un millón de almas desgarrando cualquier protección de mi frágil alma...».

¡Cúrame!

¡Sálvame!

¡Ayúdanos! —gritaron esos cuerpos retorciéndose, mientras perecían bajo un eterno tormento.

Le pellizcan la carne, tiran de su capa, la exponen a sus horrores, miedos, vergüenzas, enfermedades y dolencias.

Por el amor de Dios, Raven... ¡Ayúdanos a todos!

Pero Raven sabía que salvarlos la destruiría a ella... y otra vez Raven grita. Incluso al sumergirse en su pesadilla... incluso cuando sus miedos están saliendo a la luz y, si es posible, empeorando.

Las emociones la rodean, atacándola, alimentándose de ella, destruyéndola.

Otra vez grita... y cae estrellándose en las profundidades de su alma torturada.

Durante un buen rato no quiere abrir los ojos, nota lo que le espera en la oscuridad aunque no puede evitarlo. Puede ver esa maldita parte de ella de la que siempre ha intentado esconderse, esa parte que siempre ha intentado rechazar...

Trigon.

Su padre, la encarnación del mal. Su padre, que vive en los pliegues más oscuros de su ser-alma.

Y entonces lo vio. Los cuerpos de sus amigos, muertos de las peores formas.

Ese ser maligno ha matado a sus amigos. Esta vez no, esta vez no piensa gritar. Esta vez se permitirá a sí misma odiar. Esta vez se revelaría en las emociones que ha tenido que rechazar.

«Siempre preguntamos... ¿dónde acaban los sueños y comienzan las pesadillas?».

Raven... ¿por qué dejaste que me hicieran esto? —clamó Kid Flash mientras agonizaba—. Te queríamos, yo... te quería ¿Es así como nos lo pagas? ¿Matándonos? ¡¿Es así, Raven?! ¡¿Es así?!

Tómame... tómame la mano, Wally —. Raven estiró su mano para ayudar al velocista—. Te pasaré mi vida. Vivirás.

¿Y tú morirás, Raven? ¿Es eso? ¿Morirás?

Sí... sí... ¡toma mi mano!

Las puntas de sus dedos se tocaron.

¡NO! —gritó él, empujando su mano con desprecio. Rechazando su ayuda. Rechazándola. — ¡Estás muerta! ¡Eres malvada! ¡Eres todo lo malo! ¡Prefiero morir que dejar que me cures!

Raven se despertó bruscamente con una repentina sacudida, sus ojos se abrieron de par en par y su corazón palpitando furiosamente. El sudor resbalando desde su sien hasta el cuello, donde se perdía en la prenda de su remera de algodón.

— ¡No! Azar... ¡no! —vociferó ella.

Su corazón, aun latiendo con fuerza en sus oídos, resonando en su cabeza, y temblando cuando un escalofrío gélido implacable subía y bajaba por su columna vertebral.

Raven parpadeó, los flashes de su horrible pesadilla resurgieron en la oscuridad. Desolación, cielos rojos, cuerpos... tantos cuerpos. Siempre cuerpos... en varias etapas de descomposición.

El hedor.

El olor a azufre y putrefacción era espeso y el aire estaba tan caliente que prácticamente le quemaba la nariz y los pulmones. Raven agitó la cabeza varias veces en un vano intento de desalojar las imágenes.

Su nariz se arrugó ante el recuerdo del olor asquerosamente cálido de la fermentación y el azufre. Su bilis subió hasta su garganta ante eso y una oleada de náuseas la alcanzó. Se levantó de la cama y se dispuso a ir a la cocina a preparar su desayuno, el alba ya había llegado y no iba a poder volver a dormir, no tenía sentido seguir acostada.

«Preguntamos... ¿dónde acaban los sueños y comienzan las pesadillas?».

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«Quizá una pregunta mejor sea... dónde acaban las pesadillas... y comienza la realidad».


Jason Todd estaba en su apartamento golpeando un saco de boxeo que estaba colgada en su sala. El sudor goteaba por su rostro, cuello y espalda mientras continuaba golpeando la bolsa en una serie de golpes rápidos y potentes. Estaba respirando pesadamente y su cabeza latía con fuerza, pero eso no lo detuvo mientras continuaba golpeando la bolsa sin piedad.

No había podido dormir bien esa noche, por eso se había levantado de la cama y ver si descargar algo de energías le servía para conciliar nuevamente el sueño.

Sus pesadillas eran de un borracho que lo golpeaba mientras defendía a su madre maltratada.

Sus pesadillas eran de drogas que llevaban a su madre a la muerte.

Sus pesadillas eran del frío, la brutalidad y la crueldad a la que estaba acostumbrado.

Sus pesadillas eran de una mujer que lo había dado a luz, de una mujer que lo entregó a sus demonios.

Sus demonios llevaban maquillaje de payaso, una sonrisa frenética y risa despiadada.

Sus pesadillas eran de una palanca ensangrentada.

Sus pesadillas eran de esa desalmada risa mientras lo golpeaba... una y otra vez.

Luego lo abandonaron, solo, sangrando y destrozado.

Pero no había sentido tanto miedo, al menos no hasta que miró un reloj digital rojo y el miedo creció en él al darse cuenta de que iba a morir.

«Recuerdo estar triste, de no poder decir "adiós" o "gracias"... o "lo siento"».

Su miedo lo llevó a su infierno y su infierno era un ataúd, seis pies bajo tierra.

«No puedo recordar que sucedió entre mi muerte... y... después de eso... solo desperté en algo llamado, apropiadamente, como el Pozo de Lázaro».

Los recuerdos llegaron de nuevo a su mente, torturándolo.

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«Vaya, parece que eso realmente dolió».

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Un golpe de palanca.

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«No, espera. Parece que eso dolió mucho más».

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Otro golpe.

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«Así que tratemos de aclarar esto, ¿te parece bien, muchacho? ¿Cuál duele más? ¿A?».

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Golpe.

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« ¿O B?».

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Más golpes. Risas.

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«¿Golpe de derecha?».

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Otro palancazo. Dolor. Risas.

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«¿O golpe de revés?».

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Jason apretó los dientes cuando comenzó a golpear la bolsa con más rudeza. Sus ojos se endurecieron cuando sintió que la piel de sus nudillos se rompía y sangraba. Miró brevemente para ver la sustancia roja que manchaba sus vendajes, pero la ignoró y continuó golpeando la bolsa con todas las fibras de su ser. Sus brazos temblaban por la fuerza, pero él lo ignoró. Él ignoró todo.

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« ¡Mejor seguiré golpeándote con esta palanca!».

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El saco de boxeo ahora estaba girando por el impulso adquirido por los golpes de Jason.

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«Muy bien, chico. Debo irme. Pero fue divertido, ¿no? Bueno, tal vez un poco más divertido para mí que para ti. Eso supongo, porque has estado muy callado. En fin, pórtate bien. Termina tu tarea y vete a acostar a las 9:00. Por cierto... por favor dile al hombre importante que le mando... saludos».

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Risa enajenada y más risas.

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Su respiración se volvió más errática cuando se movió sobre sus pies para seguir aporreando la bolsa. Su mente estaba en una niebla y no se molestó con eso. Se negó a detener sus golpes ahora. A pesar de que le palpitaban las manos con una tremenda dolencia, sus pulmones ardían por la necesidad de aire y su boca por la necesidad de agua, no iba a parar ahora.

Estaba alimentado por su propia rabia.

«Esta es mi historia... y estoy pegada a ella».

Jason lanzó un golpe final más y la bolsa salió volando de la cadena en la que estaba colgada y se estrelló contra la pared antes de desplomarse en el suelo.

Jason miró a la bolsa en el suelo mientras jadeaba pesadamente, goteando en sudor. Frunció el ceño antes de desenvolver sus manos y caminar hacia el fregadero apresuradamente. Miró el reloj que colgaba en su cocina para ver que recién estaba atardeciendo.

Su mente estaba alterada. Demasiado.

Caminó hacia el escritorio, agarrando la triste excusa de lámpara que tenía. El apartamento era un infierno, pero estaba en casa.

Porque le robaron su verdadero hogar.

Jason arrojó la lámpara contra la pared, el sonido de cerámica destrozada resonaba dentro de las paredes de su apartamento.

No más Batman. Sin familia. Le habían quitado todo.

Batman ni siquiera lo había vengado. Fue solo un acto de caridad para él.

Tomó su escritorio y lo volcó.

Dick lo tenía todo, un equipo que lo amaba. Era el orgullo y la alegría de Batman. Tenía el manto de Robin, el manto del hijo de Batman. Seguramente él estaba perpetuamente olvidado.

Agarró su silla, la tiró contra la pared y la vio romperse y astillarse. Jason agarró su despertador y lo tiró por la ventana cerrada.

Siempre se referían a Dick cuando nombraban a Robin. Jason también fue Robin. Él fue una vez noble, una vez fue un buen cazador de villanos. Sin embargo, de alguna manera su historia bajo el personaje de Robin fue borrada, Dick todavía llevaba el nombre con orgullo. Se suponía que Jason era un Robin, debía ser el orgullo y la alegría de Batman.

Jason golpeó su puño contra la pared, rompiendo con éxito los paneles de yeso de la misma.

Debería haber sido él.

Golpeó de nuevo.

Miró a la pared sonriendo. Se sentía patético, celoso de Dick por todas las personas. Quizás por eso había robado el traje de Red X, quizás por eso tenía ese deseo de ser "el número uno", porque nunca lo fue, Dick sí.

Golpeó su puño contra la pared otra vez.

—Maldita sea, Jason dijo él golpeando su cabeza contra la pared

Jason se levantó, sintiendo que su mano comenzaba a hincharse. Volvió a colocar el escritorio en posición vertical, y se escurrió al baño en busca de una gasa. Sintió que su cordura volvía a desplegarse cuidadosamente, la locura se desprendía de su psique. Miró a su habitación. Había una grieta en la ventana, paneles de yeso en el suelo, piezas de cerámica y vidrios rotos.

Él parpadeó.

¿Cuándo diablos sucedió esto?

—Joder... —se pasó la mano por el pelo con frustración verdadera.

No recordaba nada de eso. Jason agarró su escoba, barriendo las piezas de la cerámica. Seguramente se había tratado de otro apagón.

Sin embargo, se estaba cansando de los apagones. Sabía que cada parte de él seguía siendo él, aún Jason Todd. Sin embargo, era un Jason mucho más oscuro, sus emociones incontrolables, incapaz de procesar el cambio. Una parte mucho más oscura de sí mismo creada para salvar su vida.

Jason se burló.

Talia al Ghul lo había arruinado.

Arrojó las piezas de cerámica al tacho de basura. Jason apretó y abrió el puño, sacando ungüento del cajón del escritorio. Frotó el bálsamo generosamente con la esperanza de reducir la hinchazón. Envolvió cuidadosamente la gasa sobre sus manos.

Miró su trabajo de primeros auxilios y suspiró.

Recordó su misión.

Raven fue la primera persona en aparecer en su mente.

Raven.

No había pensado en el pequeño pajarito oscuro en bastante tiempo.

Tomando una cerveza de su nevera, pensó en el trabajo que tenía por delante, podía hacerlo, era dinero fácil. La seguridad de esa torre era una broma. Pero recordó lo que ese viejo senil le había dicho.

La bruja había colocado protección en su habitación y en el libro. Pero él tenía la forma de sortear cualquier seguridad que hubiese colocado la hechicera gracias a ese talismán que le había sido entregado para ese objetivo.

Además, seguramente ella estaría encantada de saber quién le había robado. Una sonrisa tiró de sus labios al recordar al silencioso, monótono y oscuro Titán. La Raven que él conocía era un terror al que podría llegar a enfrentarse cuando se enterara de que había tomado el libro, ella tenía totalmente aterrorizado al Doctor Luz. Ella era alguien a quien temer.

La emoción de ir cara a cara con la hechicera era algo que él también estaba esperando.

En realidad estaba ansioso por pelearse con los Titanes, había estado fuera del radar demasiado tiempo. Lástima que el viejo le había dicho que los sacaría de su madriguera para dejarle la tarea más fácil.

Aburrido.

Jason sacudió la cabeza tratando de volver a la realidad. Deshizo su cama y se metió en ella. Miró el reloj nuevamente, requería descansar. Rodó de costado.

Necesitaba dormir un poco, por más que las pesadillas no lo dejaran reposar en paz.


La calle estaba cercada, con algunos oficiales de tránsito tratando de organizar todo. El camino bloqueado estaba bordeado por pequeñas tiendas blancas que corrían a cada lado de la calle. Cada stand tenía múltiples libros, algunos de propietarios independientes y otras de pequeñas tiendas locales de Jump City.

Fue el primer festival anual de libros que se realizaba en la ciudad.

— ¿Cómo está tu pierna? —. Raven fijo sus ojos en la rodilla del chico. Por lo menos caminaba normalmente y sin cojear.

No solo eso le preocupaba, sino también la noticia de que Doctor Luz seguía en libertad, y según Robin, lo más probable es que había sido reclutado por Hermano Sangre. Ese hombre parecía siempre llevarles la delantera.

—Ya está mucho mejor, mis pies siguen alados y veloces como siempre, cariño —comentó Wally tomando su mano y entrelazando sus dedos con los de ella.

— ¿Estás seguro de que no te aburrirás? —preguntó Raven mirando al pelirrojo a su lado. Se le hacía raro verlo sin su traje de Kid Flash.

—Está bien, Rae —expresó Wally al ver la cara de preocupación que tenía Raven, seguramente pensando que lo pasaría mal—. Hoy vamos a la feria y otro día podemos hacer otra cosa.

—De acuerdo.

Wally podía verla casi brillar al instante. Agradeció que sus heridas habían sido curadas en su totalidad. La ceguera había desaparecido y las quemaduras que ayer habían inundado el rostro de ella hoy habían desaparecido, dejando de nuevo su piel pura e inmaculada como la recordaba desde el primer momento en que la vio.

Raven prácticamente saltó cuando vio el lugar y su agarre en su mano se apretó mientras lo dirigía al primer stand.

Wally sonrió. En circunstancias normales, él podría reírse de su comportamiento inusual, ella parecía casi una niña pequeña en una tienda de juguetes. La hechicera caminó a paso apresurado hasta la tienda más cercana, y se quedó atrás mientras ella inspeccionaba varios de los libros.

Como si eso no fuera suficiente, ella estaba hablando con el sujeto que estaba detrás de la mesa sobre todo lo que conocía del libro que tenía ahora ella en sus manos, como si estuviese buscando una segunda opinión.

Wally frunció el ceño cuando el niño que atendía el stand le lanzaba una sonrisa seductiva, todo esto ignorado por la hechicera que ahora ojeaba las primeras hojas, mientras le explicaba porque El Conde de Montecristo era el mejor libro que hubiese leído. ¿Qué era eso que hacía que a las personas que les gustaban los libros se convirtieran en cercanos al instante? Al mirarlos, cualquiera supondría que Raven conocía a este tipo de toda su vida. Cruzó los brazos un poco enojado de que estuviese siendo ignorado, tratando de encontrar algo remotamente interesante para mirar.

Por supuesto, ella no podía simplemente pasar por un stand. Lo tomó de la mano y se detuvo en cada una de las tiendas que estaba a su paso, tomándose su dulce momento, acariciando las espinas de varios libros mientras consideraba agregarlas a su ya demasiada grande colección.

—Disculpe, ¿tiene algún libro de cuentos para niños? —preguntó Raven a la mujer que atendía este expositor.

—Sí, señorita —afirmó la mujer mientras le señalaba un regordete libro de relatos—, tenemos este que es muy especial, con una gran colección de cuentos infantiles. Contiene todos los clásicos.

—Me lo llevaré —dijo la hechicera mientras buscaba en su monedero el dinero para pagarle. La dueña de la tienda contó el dinero y le entregó el libro en su respectiva bolsa.

Ella caminó hacía la próxima sección donde había libros que parecían tener bastante antigüedad.

Así que, naturalmente, con nada más interesante que ver, la mirada de él se desvió de nuevo hacia ella.

Raven tocaba la suave encuadernación de cuero del libro. Para ella se sentía exquisito, la suave textura del cuero batido, acariciándolo con las puntas de sus dedos. El libro era viejo, supuso por el desgaste de la encuadernación. La cubierta frontal se sentía un poco más dura. Sus dedos trazaron las letras moldeadas incrustadas en el frente.

Wally observó los delicados dedos de ella deteniéndose en casi todos los tomos que veía, deslizándose suavemente sobre sus desgastadas portadas, mordiéndose el labio inferior, volviéndolo de un hermoso tono rojizo , mientras contemplaba qué libro escoger.

Una imagen mental llegó a su cabeza.

No podía evitar preguntarse cómo se sentiría que ella lo explorara con el mismo cuidado que le daba a esos libros, cómo se sentiría al tener sus dedos ágiles y delicados rastreándolo.

Comenzaría por los planos de su pecho, arrastrando lentamente sus manos, deslizándolas hacia abajo en patrones lentos y rítmicos, burlándose de su agitación. La calidez de sus manos tocando su cuerpo, acariciándolo entero, recreándose en su piel. Tocándolo con toda la suavidad posible, explorando su cuerpo.

La sola idea lo hizo respirar hondo.

Prácticamente podía ver el rubor que mancharía sus mejillas mientras ella continuaba tímidamente, mordiéndose el labio todo el tiempo. Él levantaría su mentón para que su mirada se encontrara con la suya, moviendo su pulgar contra la línea de su mandíbula, mirándola retorcerse un poco bajo su intensa mirada.

Él plantaría besos a lo largo de su mandíbula, continuando hasta su oreja. Le pellizcaría el lóbulo y luego rastrearía la cresta con su lengua, dejándola con la respiración entrecortada.

Ella, por supuesto, cedía a la sensación extasiada, su cabeza inclinada hacia atrás mientras él continuaba su camino por su suave cuello, deteniéndose ocasionalmente para decorar su piel de marfil con unos cuantos mordiscos dejando alguna que otra marca, una sonrisa ante los sonidos que escapaban de sus labios rosados.

La hechicera también plantaría suaves besos en el hombro desnudo de él, el calor de su cuerpo contra el suyo.

Luego besaba sus labios. Raven hizo un pequeño gesto de invitación y tiró de él, Wally se dejó llevar, despacio, besando cada parte de su cuerpo, escuchando los pequeños gemidos de Raven mientras...

— ¿Te sientes bien, Wallace? —interrumpió ella sus reflexiones subidas de tono—. Te noto un poco... agitado —dijo la hechicera, tratando de controlar un pequeño rubor que quería aparecer en sus mejillas. Ella estaba recibiendo otra bolsa con más libros, seguramente los había comprado mientras él dejaba volar la imaginación.

Sus ojos se abrieron de golpe cuando recordó algo muy importante.

—Ehh... yo... sí —balbuceó él—, me siento de fábula.

Empática. Necesitaba recordar que ella era una empática y probablemente podría sentir lo que estaba sintiendo en este momento. Incluyendo la sexy fantasía de recién.

«Vamos Wally. No pienses en Raven desnuda. Piensa en deportes, animalitos, piensa en patear traseros de enemigos. Capitán Frío, Zoom, Savitar, Gorilla Grodd...».

Las imágenes de recién volvieron a su mente por inercia propia.

Esto no era justo. Cerró los ojos con fuerza, se obligó a pensar en cualquier otra cosa que no fuera divertida: entrenar con Dick mientras le daba órdenes tontas y resaltaba sus errores una y otra vez. Los chistes sin sentido de Chico Bestia. Los tres niños alterándolo con sus berrinches. Las comidas desagradables y gelatinosas de Starfire.

Después de unos momentos reviviendo esos recuerdos, sintió que su corazón se desaceleraba y la tensión en sus pantalones se relajó.

Tragando, regresó a la realidad de la pequeña feria, disfrutando del fresco día.

— ¿Te sientes bien? —volvió a preguntar Raven mientras llevaba su mano a la frente del chico—. Pareces estar un poco caliente, ¿tienes fiebre?

—Ya me siento mejor, es el sol, hoy está demasiado fuerte, ¿no lo crees? —indicó él, riendo con inquietud.

—La temperatura de hoy es de 18 grados centígrados, Wally. El sol apenas está emitiendo calor —dijo Raven arqueando una ceja.

Ella suspiró volviendo su atención a la encuadernación en sus manos, el olor a papel viejo y tinta entrando profundamente en ella, casi hasta podía saborear las palabras. Sabía ligeramente de la naturaleza y el misterio, lo que la hizo preguntarse si el libro era nuevo en su colección. Tocó las páginas, y luego escaneó las primeras palabras para poder saber si era interesante o no. Y lo era, así que lo compró.

Raven siguió caminando hasta llegar a la sección de suspenso de la tienda, y al ver una novela que aún no había leído, la tomó y comenzó a escanear nuevamente el primer capítulo como había hecho con los otros. Le hizo un gesto a Wally para que no la molestara, pero él se agachó de todos modos y colocó su mentón detrás de su hombro.

Estudio en escarlata —leyó Wally el título—. Este se ve interesante —comentó el pelirrojo leyendo los primeros párrafos.

— ¿Te gusta? Es un libro de Arthur Conan Doyle, se trata de la primera aparición de Sherlock Holmes y el Doctor Watson.

—Una novela de misterio. Me gusta eso. Podríamos leerlo juntos —señaló él, emocionado con la idea—, y tener una tarde de lectura compartida.

—Me gusta esa idea —dijo Raven mientras adquiría también ese libro—. Bueno, creo que es hora de volver.

Wally recordó que también había venido por otra razón, necesitaba aclarar algunas cosas con la hechicera, sobre todo luego de escuchar ayer por la noche la conversación entre Dick y Zatanna.

—Rae, quisiera hablar algo contigo antes de volver, pero no delante de los demás —pidió el pelirrojo.

— ¿Hablar? —interrogó ella confundida. — ¿Sobre qué quieres hablar?

—Sobre algunos temas interesantes —señaló él cruzándose de brazos—, tal vez sobre quién es Trigon, o qué es la Gema de Scath, o sobre quién eres tú en realidad. O también la razón por la que esta madrugada te has despertado gritando. Mi habitación queda a metros de la tuya por si no te has dado cuenta.

Los ojos de la hechicera se abrieron completamente. ¿Cómo sabía él todo eso sobre su herencia y su pasado? La pesadilla que mostró uno de sus temores se agitó en su paisaje mental nuevamente.

« ¡NO! ¡Estás muerta! ¡Eres malvada! ¡Eres todo lo malo! ¡Prefiero morir que dejar que me cures!»

—No creo que sea necesario hablar sobre nada —dispuso Raven, casi de forma cortante y con frialdad.

—El asesinato horrible de ese hombre en el museo no dice lo mismo, esa amenaza siniestra escrita con sangre. Scath, ¿es tu padre? ¿Quiere matarte y por eso se alió con Hermano Sangre?

—No intenta matarme —susurró la hechicera en un tono helado—, es mucho peor.

Ella se dio la vuelta lista para retirarse del lugar, pero el velocista agarró rápidamente una de sus manos.

—No Raven, esta vez no te vas a librar de mí —dijo Wally mientras aferraba su mano—. Sabes que me preocupo por ti, sabes que no puedo volver a la torre y fingir que te conozco cuando no es así. Por favor, sincérate conmigo, no estoy aquí para juzgarte, solo es que... necesito saber. Si algo te preocupa quizá pueda ayudarte y aunque no pueda, a veces hablar de lo que nos duele alivia un poco y lo sabes.

—Tal vez...—pronunció ella con congoja—, tal vez me he equivocado al ocultar casi todo mi pasado. Me he equivocado muchas veces antes—. Ella cerró los ojos. Tendría que contarle, si él quería rechazarla o no quedaba a su disposición, pero no podía seguir ocultándole lo que era. — ¿Conoces... algún lugar tranquilo para hablar?

Wally sonrió suavemente. Claro que él tenía una zona idónea.

—Conozco el lugar perfecto, un lugar que solo yo conozco.

[...]

—Ya hemos llegado —dijo el velocista luego de un viaje realmente rápido mientras la chica se bajaba de su espalda.

Raven miró alrededor y no vio nada especial.

—Bien, ¿dónde es?

—Aquí —respondió él, señalando un viejo árbol inclinado que oscurecía una abertura y la ocultaba casi por completo. Esquivó el árbol, y los dos tuvieron que agachar la cabeza para no golpearse.

—Cierra los ojos —murmuró, y la hechicera obedeció, cerrándolos. Oyó el suave oleaje y sintió el movimiento del viento, que se envolvió en su cuerpo, era tibio, suave y con aroma a azucenas, algo frutal y yodado.

El aire puro se adentró en sus pulmones.

—Muy bien —dijo por fin, cuando llegó a mitad de la paradisiaca playa—. Ahora puedes abrirlos.

Ella obedeció y cuando observó por fin, quedó maravillada. Se encontraban en medio de una pequeña ribera de blancas arenas, alimentada por las aguas más transparentes que alguna vez hubiera visto. A Raven la sorprendió que, apenas unos segundos antes, estuviera completamente oculta a la vista.

Era espectacular. Estaban literalmente rodeados por una preciosa vegetación. Miles de aves surcaban por el cielo mientras otras se precipitaban al mar para cazar alguna presa.

—Wally —susurró finalmente en voz baja—. Es precioso. Podría fácilmente amar este lugar.

El velocista pensó lo mismo. Él amaba este lugar.

Contemplaron la escena en silencio durante un largo rato.

Las olas del mar, azul turquesa, se mecían suaves, ondulantes, constantes. El viento suspiraba con un rumor dulcísimo entre las hojas de los árboles, el suave sonido de la brisa de la tarde, recorrió suavemente sus cuerpos. Mientras el agua se agitaba pacíficamente, el aire se llenó de graznidos y gorjeos. La mayoría de las aves se mostraban totalmente indiferentes a sus presencias. Raven se acercó al mar y extendió una mano mientras la sumergía en el cristalino y fresco líquido.

—Ven, siéntate conmigo —pidió el velocista que ya se había ubicado en la arena.

Raven dejó que el líquido resbalara por sus dedos, nunca había visto agua tan pura. Era todo lo contrario al agua putrefacta que veía en sus pesadillas. Se dio la vuelta y se sentó al lado de Wally, dejando que sus cuerpos llegaran a tocarse.

—Intentaré responder a todas tus preguntas, Wallace —expresó la hechicera—. Incluso las no formuladas.

—Empieza por donde creas conveniente hacerlo —dijo él mientras apoyaba su mentón en sus rodillas y sus ojos se mantenían fijos en la chica.

—Es mucho —comenzó a relatar ella—, supongo que todo comienza con Trigon, mi padre. Todo esto te parecerá fantástico pero es la realidad. Su historia empezó hace mucho, en otro mundo, en otra dimensión. Allí, los últimos habitantes del planeta se reunieron para una ceremonia de intenciones blasfemas. Aquellos seres eran adoradores del Diablo, y buscaban convocar a su propio Satán... para que procreara con una mujer de su orden oscura.

»Sus cánticos alcanzaron el inframundo y llamaron a su demonio oscuro para que apareciera ante ellos en forma de sombra. Nueve meses más tarde, nació un niño engendrado por el mal, y ese niño era Trigon. Al instante, aniquiló a todos los que lo rodeaban... incluyendo a la mujer que le había dado a luz.

»Trigon se fue volviendo más malvado con cada día que pasaba. Gobernó su mundo a la edad de un año, y destruyó ese planeta cuando tenía seis. Cuando esta suprema maldad tuvo treinta años, gobernaba toda su dimensión y el millón de millones de planetas que contenía. Tenía un universo con el que jugar a su antojo, pero, aun así, no le bastaba. Trigon quería más... mucho más —los ojos de Raven se oscurecieron—. Y entonces supo de nuestro universo.

Wally seguía atentamente la historia que le parecía completamente ilusoria, casi salida de un cuento de ficción, pero era obvio que Raven no le estaba engañando para nada.

— ¿Y luego? —preguntó el chico.

—Aparece mi madre...—dijo ella mientras la melancolía parecía adornar sus facciones—. En ese momento, su nombre era Ángela. Estaba confusa y muy sola. Una mujer perdida. Buscando respuestas a preguntas que ni podía concretar. Abrazó lo oculto. Quizás por aburrimiento, quizás buscando algún tipo de milagro, quizás estaba desesperada, se unió a una secta satánica. Le prometieron amor verdadero, le prometieron una familia.

—La Iglesia de la Sangre —mencionó el velocista, recordando la charla entre Dick y Zatanna el día de ayer.

—Si. Entonces, una noche... —. Ella se tomó un momento antes de seguir, un largo suspiro llenando sus pulmones del aire fresco de la ribera—. Hubo una ceremonia y fue ofrecida como novia de Satán. Dejó que la usaran para contactar con el demonio. Sin embargo, apareció una imagen, ciertamente no una imagen de maldad. Para ella era majestuoso, lo más probable que fuera la encarnación de muchos de sus sueños más ocultos.

»Mi madre me dijo que era muy guapo, que sus ojos brillaban y bailaban con la luz del sol. Su tacto era cálido, y ella se derritió en sus brazos y se vio arrastrada a través de las dimensiones. Ella lo amó, lo deseó, lo adoró. Y, quizás por primera vez en una vida llena de soledad, se sintió amada y protegida... y querida. Se convirtió en su amante y esposa, y mi madre, que nunca había conocido el amor, estaba totalmente cautivada... hasta que vio más allá de la imagen que Trigon había conjurado... y vio al demonio tal y como era.

»El que mi madre creía que había sido enviado a la Tierra para salvarla... resultó ser el mal encarnado. Pero ya era demasiado tarde, él había plantado su semilla y ella se había convertido en su anfitriona. Su hijo nacería, así que Trigon devolvió a mi madre a la Tierra para protegerla de sus enemigos. Trigon deseaba una familia, una familia para dominar el mundo a su manera.

—Lo siento, Raven —cortó el velocista su narración—, no lo entiendo, ella sabía lo que iba a ocurrir, ¿no?

—Si —afirmó ella sin despegar sus ojos del mar—. Ángela dejo la iglesia esa noche, sangrando e impregnada con la semilla del mal. Los ojos del demonio se fundieron en su barriga. Ella sentía que ardía por dentro, podía sentir como iba tomando forma. Un bebé. Y una patada. Estaba creciendo rápidamente.

— ¿No tenía miedo? ¿No estaba asustada? Tenía que estarlo.

—Por supuesto, el horror de lo que crecía en su interior la llevó al borde de la desesperación. Volvía a estar sola, pero esta vez con un bebé creciendo dentro suyo... y el terrible conocimiento de que el padre de su hijo era Trigon. Nada ni nadie podía ayudarla. Finalmente, no pudo soportarlo más.

—Te refieres a... —él trago hondo sin saber si terminar la oración.

—Mi madre intentó suicidarse, pero cada vez que pensaba en saltar, el grito de un niño chillaba en su cabeza. Me dijo que se tomó muchas pastillas y se dispuso a morir —manifestó la hechicera, tomando un puñado de arena del suelo y apretando fuertemente su mano—. Se echó en un callejón oscuro y desierto, esperando que la muerte la reclamara. Pero entonces... la oscuridad pareció desvanecerse. El aire pareció brillar en el callejón que mi madre había elegido como su lecho de muerte... y estaba segura que la aureola de luz que apareció en el callejón era una alucinación y que la figura que salió era un mensajero de Dios que se la llevaba al más allá.

»Parecía muy pacífico cuando alargó la mano. Mi madre le dio la mano como se la había dado a Trigon y aquella fue la última vez que puso los pies en su planeta. La llevaron a Azarath, y le enseñaron un nuevo modo de vida, una manera de eliminar todos sus sentimientos de odio y avaricia, todas las emociones más básicas. Los sacerdotes le dieron una nueva vida. Le pidieron que comenzara de nuevo, incluso que cambiara su nombre, de esa manera Trigon no podría encontrarla. Arella, ese fue su nuevo nombre, significa el ángel mensajero.

—Entonces según tú, Azarath era pacífico —repitió Wally rescatando lo que Raven explicaba, pero una vacilación brotó en su cabeza—, pero... ¿no se daban cuenta de que algún día tendrían que luchar contra Trigon? ¿Cómo podrían hacerlo desde esa posición?

—Lo sabían, Wally —señaló la hechicera entendiendo la incertidumbre de él—. Pero desconozco por qué hicieron lo que hicieron. Hay muchos misterios en el pasado de Azarath. Pero sea cuales sean esos secretos, a mi madre la acogieron en su sociedad. Parecía que la querían... aunque no todos. Y luego...

—Naciste tú...—terminó él con una sonrisa.

Raven seguía con los ojos fijos en el océano. Aquella fascinante lentitud con la que rompen las olas, en majestuoso compás unas con otras. Liberando aquella abundante espuma, que luego acaba por disolverse y desaparecer en aquella concentración de salinas aguas. Sin duda es aquello lo que atrae e induce a verlo, y no quedar fatigado jamás de observarlo.

Ella se tomó un minuto para seguir su relato.

—Al cabo de unos meses mi madre se puso de parto. Y, con un tranquilo suspiro, llegué a Azarath. Según mi madre, no había en el mundo otra niña tan adorable. Pero desde aquel momento, Azarath cambió para siempre. Sus cielos esmeraldas se tornaron negros como la muerte. Nuestro mundo tembló y retumbó... y la paz se convirtió en miedo.

— ¿Por qué cambió todo? —cuestionó el pelirrojo—. Solo tu nacimiento no puede haber sido el responsable.

—Lo fue —corroboró Raven—. Yo soy hija de Trigon. Él es parte de mí.

—No digas eso, Rae. Él es alguien sin piedad. Tú no le harías daño ni a una mosca.

—No estés tan seguro, Wallace —dijo la empática con una sonrisa triste—. Cada día tengo que controlar las fuerzas que hay en mi interior. Soy una empática que crece con la emoción. Pero... ¿por qué crees que no se me permitió tener ninguna? Pero me estoy desviando de la historia —aclaró ella retomando el hilo—. Como te dije, había algunos que no me querían ni a mí ni a mi madre, así que...

—Intentaron matarte —completó él, un poco horrorizado con la idea.

—No, en Azarath no se permite tal atrocidad. Matarme no —negó ella—. Pero uno de los magistrados me tomó en brazos, e intentó arrojarme por una puerta interdimensional que se encontraba en el templo, para enviarme directamente al limbo y así deshacerse de mí.

»Mi madre me dijo que la puerta se abrió y una gran luz roja como la sangre resplandeció. La puerta se cerró y el magistrado desapareció... destruido en solo cenizas. Luego, una voz retumbó, pidiendo que me llevaran ante ella.

— ¿Ante ella?

—Azar —nombró la hechicera—, era como un Dios para nosotros. A pesar de que era una anciana cuando yo nací, me cuidó como si fuera alguien especial. Ella había revelado que yo solo podía vivir a través de los preceptos de Azarath. Me apartaron de mi madre y aquella semidiosa me educó. Me enseñó las leyes nativas del lugar, el significado del verdadero pacifismo y la necesidad de ocultar todas mis emociones básicas. Por desgracia, vi muy poco a mi madre, a quien solo le asignaron funciones en el templo.

—Supongo que eso debe haber sido duro, separarte de tu madre.

—Pero la veía en ocasiones —reveló ella con una sonrisa de placidez—, entre mis clases y sus tareas solemnes. Anhelaba estar junto a ella, pero no pudo ser, al menos no entonces y no durante muchos años.

»En lugar de eso, practiqué meditación y los secretos del viaje instantáneo. Aprendí a fluir entre dimensiones y a controlar la miríada de caminos hacia mi destino. Pero mis estudios más importantes se centraban en las habilidades empáticas, que solo yo poseía en todo Azarath. Todavía recuerdo de niña haber curado a un pequeño pájaro que estaba muriendo, su agonía fluía con la mía y me llegaba hasta el alma. Me preguntaba si había algo que no pudiera curar.

— ¡Sabía que eras como una médica mágica o algo parecido! —exclamó Wally.

Las habilidades de la hechicera para curar la convertían en alguien realmente extraordinaria. Por eso, para él, ella no podía ser como su padre. Alguien con el poder de sanar y salvar no podía mimetizarse con alguien que solo era sinónimo de destrucción y muerte.

—No, la enfermedad está más allá de mi poder. Solo puedo curar dolores sencillos y algunas heridas, pero esos dolores, esas agonías, se convierten en míos y pueden llegar a romperme el alma.

Wally se tomó unos segundos para asimilar esa información.

—Y tú que me has curado en demasiadas ocasiones —dijo él amargamente—, lo siento, no tendría que...

—No me arrepiento de lo que hice, te curé porque sentía esa necesidad dentro de mí —ella entonces lo miró con una sonrisa cómplice—, pero me debes unas cuantas.

—El dolor, permanece, ¿verdad? —interrogó algo inquieto con esa idea.

—Sí que lo hace, de diferentes maneras queda conmigo... para siempre. Pero he vuelto a desviarme de la historia. Mi madre se sentía sola, no le permitían estar conmigo. Ella sentía que debía ser mi profesora y no Azar. No querían que yo conociera el amor, ni el odio ni la pena. No debía tener emociones. Luego, llegó la noticia de que Azar estaba muriendo.

— ¿Azar muriéndose? ¿Eso no habría destruido Azarath?

—No. Azar era nuestra líder espiritual, pero muchos estudiaron a su lado. Pero lamentamos mucho su pérdida. Mi madre se preguntó qué pasaría conmigo.

— ¿Y qué pasó?

—Azar le dijo a mi madre que ella tendría que continuar con mi educación, enseñarme el uso de todos mis poderes. Pero le advirtió algo —las facciones de la hechicera se pusieron serias—,... aunque yo le pareciera fría, nunca rehuyera de mí y nunca me tuviera miedo. Arella le preguntó cómo podría tener miedo de su propia hija, le pidió por favor que le dijera lo que quería decir... pero...—. Raven soltó un suspiro—,... ya era demasiado tarde. El alma de Azar se elevó hacia los cielos y nunca más existió nadie como ella. En aquella época, ya habían comenzado las pesadillas, mi padre me torturaba en mis sueños. Y así supe de su existencia.

Raven se tomó un momento para apaciguarse luego de contar tantos recuerdos, algunos dolorosos, tomó una gran bocanada de viento límpido y yodado, desprendió todo el aire retenido. Luego dirigió sus ojos hacia el velocista.

—Lamento por haberte ocultado mi historia todo este tiempo —se disculpó.

—No te preocupes —susurró él para no hacer sentir mal a la hechicera. Suficiente había sido para ella abrirse con él. Pero ahora Wally también tenía la necesidad de contar algo suyo, porque en cierto punto le había mentido—. Yo también oculté algunas cosas sobre mí. El día de la lluvia, ¿lo recuerdas? —preguntó y una vez que Raven afirmó, continuó con lo que tenía para decir—. Te dije que yo le pedí a Flash ser un velocista, pero todo fue... un accidente. El rayo fue un accidente mientras visitaba el laboratorio —reveló finalmente—. A veces me siento frustrado por ser incapaz de llenar las botas de Flash. No eres la única en el equipo con aterradores problemas paternales. Ellos pensaron que yo estaba destinado al fracaso. Quizás por eso me salvaguardaba en mis dos tíos.

» ¿Sabes? Nunca estuve seguro de querer ser Kid Flash o si sería alguna vez lo suficientemente bueno para caminar por las huellas de Flash —él por fin sentía que se quitaba lo que tenía retenido en el pecho, su propio malestar—. Barry me dijo una vez: "Estamos lejos de la perfección, Wally. Solo podemos hacer lo mejor que podamos, pero lo hacemos. Siempre lo hacemos".

»Un día él me escribió una carta. Me dijo que vio mi potencial desde la primera vez que me puse este uniforme y que no importa lo que decidiera hacer en mi vida, solo que siempre hiciera lo mejor. Tenía la esperanza de que un día tendría la aprobación de Barry. Supongo que no me di cuenta de que siempre la tuve.

—Barry —señaló ella con una sonrisa, mientras pensaba en esa persona que no conocía todavía—, él debe ser alguien grandioso. Él y tu tía criaron a alguien realmente bueno, Wally. Puedo notarlo... ¿nunca quisiste ser un héroe, no? —averiguó ella—. Puedo sentir tus inquietudes con respecto a esa idea.

—Mientras corro, me veo fragmentado por las dudas —le hizo saber el velocista—. A veces solo quiero llevar una vida normal como Wally West, pero mis poderes siempre me han evitado que encuentre la paz que muchas veces anhelo. Quizás por eso a veces me refugio en este lugar, es tan tranquilo. Admiraba a Flash, pero nunca deseé ser un héroe, nunca pedí serlo. Como te dije, fue solo un accidente.

»Creo que estoy confundido. Solo quería estudiar en la universidad, crecer, quizá casarme y tener hijos. Nunca quise ser especial. Como tú, yo también necesito decidir qué es lo mejor para mí. A pesar de mantener una mente que puede pensar a 873 millas por hora, aun así, tengo muchas dudas y muy pocas respuestas.

—Sé que algún día encontrarás las respuestas a eso que te inquieta —trató de apaciguar Raven al pelirrojo. Las emociones negativas se agitaban dentro de él como las olas de la playa.

Wally tomó una pequeña roca y la lanzó al mar. Hasta que recordó algo, el horrible grito de Raven que lo había despertado esta misma mañana.

—Él todavía te atormenta, tu padre —. No era una pregunta, era una afirmación—. Me dijiste que desde niña tenías pesadillas, hoy te escuché gritar.

—Sí, las pesadillas han vuelto desde hace un tiempo —afirmó la hechicera. — ¿Sabes por qué Azar quería que yo recibiera entrenamiento personalizado con ella? ¿Por qué le pidió a mi madre que me dejara con ella para instruirme? Porque no le tomó mucho tiempo identificar la llama eterna que ardía furiosamente dentro de mi corazón... y en ayudarme a extinguirla y con ello exorcizar a los demonios que trataran de controlarme.

— ¿Demonios? ¿Estás... poseída o algo así?

—No, Wally, no. El demonio está en mi alma, la parte de mí que es Trigon. Una parte de mi alma le pertenece, la parte que tengo que controlar. Y mientras esa parte siga existiendo, estaré atada por siempre... mi destino estará encadenado a él —murmuró Raven con un poco de aprensión—. Pero si hubiera una forma de eliminarla... de eliminar esa parte de mi alma que le pertenece... —sonrió ante la sensación de bienestar que le causó estar así, tranquila, en paz, como si el viento, el sol, el sonido de las olas estuvieran tratando de cicatrizar las heridas de su alma—...quizás podría dejar de pelear contra eso. Wally, tú ¿cómo me ves? ¿Te parezco humana? A veces pienso en mi humanidad. ¿No me tienes miedo? ¿No te parezco... un monstruo?

— ¿Por qué crees eso? —cuestionó él mientras fruncía el ceño.

Pero ahora entendía porque ella no le había contado nada sobre esto antes. Temía que él la rechazara por lo que era, algo que nunca iba a ser posible. Para él, ella era Raven y solamente Raven, la preciosa hechicera a la cuál salvó ese día de la Hermandad del Mal, la misma Raven con la cual forjó un vínculo especial, y no la Raven hija de un demonio devorador de mundos.

Wally no entendía mucho sobre magia, hechicería y demonios, pero de lo que si estaba seguro es de que él no la trataría como una leprosa ni la condenaría por algo que no era su culpa. Nadie podía elegir a sus padres, nadie cambiaría eso y él lo sabía muy bien de primera mano.

—Ya me han atacado antes por esa razón, me han dañado, me han hecho tan débil de que ahora tengo miedo de que mi lado oscuro explote —expresó Raven.

—Solo quiero que entiendas, Raven, que no tienes que luchar sola. Estoy aquí... y siempre lo estaré. Quizá más ahora que se quién eres y los horrores que has vivido. Jamás podría tener miedo de ti. Y no eres un monstruo —dijo Wally—. ¿Y qué...quieres decir con lo de antes? —preguntó él, al tiempo que acariciaba su mejilla—. Cuando dijiste de eliminar esa parte corrompida por tu padre, ¿estabas hablando de... ser normal?

—Dejar de pelear y vivir una vida tranquila —susurró ella—. Como tú, a veces solo deseo llevar una vida.

— ¿Dejar de pelear? —cuestionó él pasmado.

Se volvió a producir un silencio sólo interrumpido por el graznido de las gaviotas revoloteando en la costa.

—Wally —dijo ella con una ligera sonrisa. — ¿Eres incapaz de ser tú mismo a menos que estés peleando?

—Ya me habías hecho una pregunta parecida antes —indicó el pelirrojo recordando la charla que había tenido con Raven esa tarde luego de interrumpirla mientras estaba en alguna especie de trance—. Tú... ¿quieres dejar de pelear y ser humana? ¿Me estás queriendo decir eso?

—No sé si es posible eso para mí, es cierto que soy medio demonio, pero también soy media humana. Hay una parte de mí que es de mi madre. Si existiese una forma de que la parte de mi alma que está ligada a Trigon sea purificada y dejara de existir...

El velocista solo arrugó el entrecejo. ¿Acaso eso era posible? ¿Eliminar una parte de su alma?

— Y entonces Rae, ¿qué te pasará a ti?

—Mi obligación es mantener siempre mis emociones suprimidas porque si no Trigon podría tomar control sobre mí, pero por ahora estoy a salvo porque ni siquiera con mi empatía puedo percibir su influjo. Ya luché contra él antes y pude devolverlo nuevamente a su dimensión. Él evidentemente está debilitado, pero cuando se fortalezca nuevamente, podrá usarme para lo que fui creada. Soy su llave de entrada a esta dimensión. Pero...—ella lo pensó, ni siquiera sabía si había algo de lógica en eso, pero ella estaba convencida de que sí—... si purifico esa parte, podré ser una mujer común y corriente, y vivir mi vida sin el miedo constante de su amenazante influencia.

Trigon no estaba muerto. No en términos normales. Era un ser incorpóreo, interdimensional. Él no podía ser asesinado. Era como matar a un fantasma. Sin embargo, para ella era más como una sombra, enredada en su vida, su mundo, su torrente sanguíneo.

Pero incluso ahora, con esa oscuridad siempre presente, podía sentir el extraño tirón de esa parte sombría, como una leve burla.

—Bueno, tal vez en eso nos parecemos.

— ¿Parecidos? Pero tus poderes no podrían destruir un universo si se descontrolaran. Los míos, Wally, pueden hacer eso y mucho más.

—Pero... tampoco habría nada malo que permanecieras así, que siguieras siendo un medio demonio. A mí no me molestaría para nada de que siguieras siendo como hasta ahora.

—Wally —. Raven dejó escapar un leve suspiro—. Tengo miedo de...

—... la oscuridad —dijeron al unísono.

Él la miró a los ojos. Ya no había un ceño fruncido, seriedad o los hoyos de la libertad. Wally solo podía resumir una palabra que ahora ocupaba los ojos de Raven: vulnerabilidad.

—Claro, ya sabes —musitó Raven con amargura—. Es gracioso, ¿no? La Princesa de la Oscuridad y el Infierno, tiene miedo del elemento del que fue creada. Cruel ironía.

—No debes temerle a la oscuridad. Solo hay que temer al temor.

— ¿Quién dijo esa frase ridícula? —rio ella por la expresión un poco tonta.

—Yo —indicó él—. Pero lo que quiero decir Rae, es que la oscuridad habita inevitablemente a nuestro alrededor... donde haya luz siempre hay sombras. Son parte de una dualidad, infinita y misteriosa. A la oscuridad la llaman mala y la gente le teme a ella y a lo sombrío, relacionan la sombra y la negrura con lo tenebroso y vil.

»Pero quizás nunca se hayan parado a pensar que existen luces deslumbrantes que son como trampas mortales, y nosotros como polillas desprevenidas vamos directo a ellas a quemarnos. Yo opino que no toda luz es buena... y no toda sombra es mala. No debes temerle a tu propia oscuridad. Quizás hay belleza y bondad en las sombras, soledad y calma, tranquilidad y paz. Tú me transmites todo eso.

— ¿Trampas mortales dices? ¿Sabes lo que creo? Creo que todos estamos en nuestra propia trampa, inmovilizados, y ninguno de nosotros puede liberarse. A veces entramos en la trampa por nuestro propio pie. Yo nací en la mía.

—Creo que la oscuridad tiene mala fama, ya sabes. Lo que importa es la parte a la que obedecemos, eso es lo que realmente somos. Rae, a pesar de todo, tú decidiste usar tu propia oscuridad para hacer cosas buenas. No debes temer abrazar esa parte tuya. La luz puede existir sólo si la oscuridad existe.

»Entonces, ¿por qué odiar la oscuridad? —reflexionó el velocista—. Sin la oscuridad no habría luz, así que aquellos que aman la luz y odian la oscuridad están en un dilema. Esa oscuridad que odias no eres tú, es tu herencia, tú no eres tu padre, eres más que eso.

— ¿Siempre tienes las palabras correctas para todo, no es así? Hasta haces tambalear mis puntos de vista —expresó ella mientras acariciaba la suave cabellera cobriza del chico—. Aunque nunca te lo dije antes, siempre pensé que eras alguien maravilloso.

—Una chica tan instruida como tú necesita un chico perspicaz y astuto, cariño —galanteó él—. Escucha Rae...

—Te escucho.

—No sé si debería contarte —dijo él, pero sabía que la hechicera debía tener conocimiento de esto—, pero el otro día escuche una charla de Robin... era sobre la Iglesia de la Sangre y Trigon. Hubo otro asesinato. Él cree... que Hermano Sangre quiere utilizarte. Llegar a ti de alguna manera.

—Ya lo sabía —manifestó ella sin sorprenderse por lo dicho por Wally—, si la Iglesia de la Sangre estuvo involucrada con mi madre y mi concepción, mi herencia siempre atraerá a esos locos fanáticos. Esos asesinatos están dirigidos a mí, quiere martirizarme de alguna manera, debilitarme, es su forma retorcida de enviarme un mensaje y de recordarme para lo que fui creada.

— Pero igualmente yo no permitiré que él te ponga un solo dedo encima. También oí que Zatanna y Constantine están investigando sobre el caso.

Raven solo se paralizó cuando escuchó eso.

Wally sintió como el aire se enrareció un poco a su alrededor, llegando casi a helar.

El viento sopló más fuerte.

Algunas rocas y caracoles que se hallaban en la arena comenzaron a flotar en el aire mientras la hechicera solo parecía estar enfrascada en lo que él le había revelado.

—Repite eso —susurró ella lentamente, casi como si le costara hablar.

—Zatanna y Constantine están investigando sobre el caso.

— ¿Zatanna y Constantine? —cuestionó ella, ahora un poco disgustada, mientras hacía levitar una gran roca y la lanzaba al mar con toda su irritación, justo como él había hecho antes con sus propias manos. — ¿Ellos están al tanto?

—Ellos están ayudándonos —quiso pacificar él.

—Genial —escupió la empática con sátira—, es hora de que prepare mi ataúd.

—Bueno, a él no lo conozco pero ella es un superhéroe, no te matará.

O eso creía él. Después de lo que Zatanna había llevado a cabo con Doctor Luz no sabía que podía esperar de la maga.

—Sí, claro —ironizó ella.

— ¿No tienes la mejor relación con Zatanna, no? Lo he notado antes, reaccionas mal a su nombre.

— ¿Se notaba demasiado? —preguntó ácidamente.

—Zee es un poco...—él busco la palabra adecuada para decir sin alterar más a Raven—... rígida en relación con algunos temas.

— ¿Rígida? —alegó ella, elevando un poco la voz. — ¿Eso solo? Le pedí ayuda una vez, a la Liga, me rechazaron porque esa...—. ¿Cómo podía llamarla para no insultarla? —. Esa... maga de circo de mala calidad... usó su magia para examinarme y descubrió una terrible maldad en mí, pero se equivocó porque no era yo, como tú lo dijiste, era mi herencia. Mostró prejuicios hacia mí sin conocerme. Y si con eso no era suficiente, me humilló en frente de todos. Incluso insinuó que estaba llevándolos a una trampa. Se negaron a ayudarme en mi guerra contra Trigon. Y ahora seguramente llamó a ese... —. ¿Cómo podía llamarlo a él? —... timador sin escrúpulos para que intente exorcizarme o algo así.

Para Raven, estaba muy claro que Zatanna nunca iba a confiar en ella. Sus recelos y suspicacias estaban fuera de control y muchos la despreciaban por ella. Francamente, le molestaba que nadie la mirara y la vieran realmente, solo vieron al demonio malvado que Zatanna dijo que era.

—Rae...—llamó el velocista.

—Claro, yo soy la mala, pero Constantine, ese mago amarillista que es un cínico que hace pactos con los demonios, que solo busca su propio beneficio y arrastra en su historial una lista interminable de muertes por causa suya es el bueno. Todo lo que toca ese hombre lo echa a perder. Que descaro tan grande de su parte. ¿Acaso no leíste sobre el caso Newcastle?

—Rae...

—Pero obviamente, como seguramente se acuesta con él, entonces no hay problema para ella. Estúpida Zatanna y su doble moralidad de cartón.

—Rae...

—Ojalá que uno de sus patéticos hechizos le salga mal y se quede transformada en sapo o algo por el estilo, o una paloma tampoco estaría mal. O un conejo. Pero prefiero que sea en un feo sapo.

—Rae...

—O que se quede sin voz. Zatanna afónica, me gusta cómo suena eso, su magia no funciona si no puede hablar.

— ¡Rae! —exclamó Wally.

— ¿Qué quieres? —interrogó ella, molesta ahora porque había cortado su afrenta en contra de la maga. Todavía le quedaban unos cuantos insultos más bajo la manga.

—También escuché otra cosa.

— ¿Qué otra gran noticia tienes para darme, Wally? Estoy deseosa por enterarme.

—Zatanna dijo que había hablado con la Liga y que todos estuvieron de acuerdo con que tuvieras... vigilancia —dijo él con cuidado la última palabra.

—Vigilancia —. Raven repitió el término casi con asco—. Típico de ella. Ahora puso a la Liga de nuevo en mi contra. Y justo en un momento crucial como antes, ¿acaso lo hace para provocarme o qué?

—Lo peor no es eso, sino que mandará a su propio primo, Zachary —refunfuñó algo molesto el velocista cruzándose de brazos.

— ¿Otro Zatara detrás de mí? ¿Qué falta, el Doctor Fate? Por cierto, mi ataúd lo quiero de color azul oscuro.

—Oye, tranquila. No dejaré que el mago irritante te haga nada malo. Él te mantendrá vigilada a ti, y yo lo mantendré vigilado a él —comentó Wally mientras le guiñaba un ojo. — ¿Qué te parece?

—Suena bien para mí.

El velocista solo sonrió y se quedó prendado en los ojos zafiro de la hechicera.

Ella notó eso y estiró su mano para apretar la de él. Las emociones agitadas de recién parecían haberse calmado — ¿Qué estás pensando?

—Ya lo sabes —bromeó él.

La hechicera negó con la cabeza—. No estás pensando en sexo ahora, como si lo estabas mientras yo compraba libros —. Ella quiso reír un poco ante el fuerte sonrojo de él. — ¿O crees que no me di cuenta y de verdad creía que tenías fiebre? Pero ahora... estás tranquilo y feliz.

—Siempre me olvido de que eres empática —dijo él mientras rascaba su cabello en un claro gesto de nerviosismo—. Lo que realmente pensaba es que "esta mujer es increíble". Y que, aunque suene loco, siento que nuestras almas están enredadas. Nunca me he enredado antes, pero contigo, todo es diferente.

Ella enarcó una ceja ante ese comentario.

—Lo hiciste sonar como si yo fuera una araña viciosa que hilara una red elaborada para capturarte.

Wally le apretó la mano—. La mayoría de las arañas hembras concluyen el apareamiento removiendo y comiendo la cabeza del macho, pero probablemente estaría tan feliz que no me importaría si se trata de eso. Pero me siento feliz porque he descubierto algo.

— ¿Qué cosa?

—Que te quiero, Raven.

Sus ojos se encontraron y una chispa se encendió dentro de ella. Sin embargo, el gesto relajado en el rostro de la hechicera desapareció, dejando uno de desorientación.

—Yo... —balbuceó Raven—... no sé qué decir, Wally.

—No hace falta que digas nada —susurró él entendiendo—, solo dilo cuando estés lista. Mejor eso a que me mientas.

El velocista se sorprendió cuando ella llevó sus manos hacia la cabeza de él.

Wally comenzó a sentir una extraña, pero reconfortante calidez que se extendía por su pecho. Podía percibir algo de euforia, embriaguez, su ritmo cardiaco se acompasaba. Poco a poco se extendió por todo su cuerpo y no se resistió contra la sonrisa que quería aparecer en su rostro.

Este sentimiento se parecía a lo que sentía él por la joven hechicera.

Todo su cuerpo se relajó de la tensa posición en la que estaba. Quería estar inmerso en este sentimiento para siempre.

Poco a poco se dio cuenta de que esto no era algo que él estuviese sintiendo. Provenía de otra fuente... de ella.

— ¿Me estás haciendo sentir de esta manera? —preguntó el pelirrojo disfrutando del momento.

—Fui adiestrada para que nunca sonriera, nunca me enfadara, o chillara o riera. Cólera, alegría, miedo, dolor. Todo lo que pudiera ser utilizado por mi padre. Todo para asegurarse de que no caería en la oscuridad que iba ligada con mi carne. Durante mis años en Azarath, no sentí nada. El único destello de emoción que podía entender era el odio hacia Trigon.

»No sé qué es el amor, ni siquiera sé si puedo permitirme esa emoción, Wally. Pero puedo mostrarte como me siento de esta manera. No estoy manipulando tus emociones —le dijo y él solo la miró con más confusión—. Solo te estoy mostrando lo que siento por ti —susurró ella suavemente.

Sus ojos se suavizaron mientras miraba a esta hermosa y maravillosa mujer frente a él.

Las emociones y las sensaciones que la envolvían, pero a las que no sabía dar nombre porque nunca se lo había permitido.

Ahora podía sentir las capas y la profundidad real de sus sentimientos dentro suyo.

—Raven —susurró Wally, pero Raven solo sonrió con suavidad y lo besó ligeramente.

Wally imitó su gesto y apoyó su frente contra la de ella. Se concentró durante un instante y trató de empujar sus propias emociones y proyectarlas sobre ella.

Sabía que había cumplido su tarea cuando vio crecer la sonrisa de Raven.

Se inclinó y la besó con ternura.

—Nunca conocí a alguien más centrada que tú —le hizo saber él—. Quizás sea el chico más rápido... pero haces que quiera estar quieto en todo momento. Y cuando hablas así, tan misteriosa, me dan ganas de besarte por más tiempo.

—Quizás deberías —susurró ella mientras sus alientos se mezclaban entre sí.

—Quizás ya lo hice y no te diste cuenta —dijo él con una sonrisa engreída. Su cabeza pareció moverse velozmente—. Ves, lo hice de nuevo. Hasta pude haber tocado tu trasero sin que lo notaras.

—Eres un puerco —reprochó Raven tratando de sonar enojada pero fallando claramente en su intento—, ¿ya te lo había dicho antes?

—En una ocasión —indicó él recordando—, cuando nos conocimos.

—Hagas lo que hagas, deberías hacerlo... más lento.

Él le dio un beso febril, caliente y, tan rápido como comenzó, terminó.

— ¿Así?

—Esa no es mi idea de lento —replicó la hechicera.

—Lo intentaré mejor la próxima vez —bufoneó el chico—. Esta playa... iba a ser el lugar para mi cita contigo. Ahora es un lugar que solo nosotros dos conocemos —confesó Wally. — ¿Sabes lo que creo?

— ¿Qué? —interrogó Raven con aparente curiosidad.

—Creo que este podría ser nuestro Edén.


Londres, Inglaterra

Zatanna estaba sentada esperando, su pierna derecha se movía inquieta. Constantine dijo que buscaría algo entre sus tantos "artículos místicos". No le tomo mucho tiempo al hombre atravesar la puerta con algo en sus manos. Él le dio una última calada a su cigarrillo, apagó el remanente y arrogó la colilla a un tacho de basura.

— ¿Qué es eso, John? —interrogó la maga cuando sintió la energía que emanaba esa cosa. Energía que no le gustaba para nada—. Percibo malas vibraciones saliendo de ese objeto.

—La Brújula de Croydon —explicó él mostrándole el objeto en cuestión—. Un instrumento legendario, se dice que se armó en los sucios treintas por un oportuno bastardo llamado Angus Croydon, un hechicero sádico que derrochó la mayoría de su poder en armar orgías depravadas con la crema de la alta burguesía de Inglaterra. Está formada por tres partes: la aguja, el limbo y el lente.

—Interesante —comentó ella con ironía y con una mueca de aversión en su rostro—. No quiero saber cómo obtuviste esto, ni cuántas vidas te costaron.

Constantine solo puso los ojos en blanco.

—Solo una pelea intensa contra el culto de la Cold Flame, magos corruptos, un encuentro con The Spectre y la muerte de algún amigo —enumeró él contando con los dedos—. Y casi muero yo también —dijo conmemorando—, mi cordón de plata casi se corta. Una linda experiencia para contar, ya sabes, lo habitual. Lo pondría en mi libro bueno normalmente, si no fuera por el asesinato y canibalismo que ayudó a alimentarlo a él y su maldita brújula. La brújula que, a favor de toda esa sangre, lo ayudó a encontrar cada recurso mágico que su avaro corazón deseara. Quienquiera que ponga sus manos en esto serán los primeros en cada despertar místico, en cada descubrimiento de un artefacto oculto.

— ¿Por qué usaríamos ese objeto tan inmundo? —cuestionó la maga.

—Porque, amor, si mal no recuerdo, en tu visión del futuro observaste un libro oscuro que era importante para Hermano Sangre. Y con esto averiguaremos de qué libro se trata. Es bastante simple.

«Su visión del futuro», su cuerpo se removió tenso ante el recuerdo. Guerra, muerte... ella matando a Raven. Zatanna agitó la cabeza para alejar los malos pensamientos. Ese no sería su futuro. La línea... recordó la línea... ella nunca cruzaría esa línea, ella era buena.

Constantine, ignorando la incomodidad de la maga, comenzó a dibujar un círculo mágico con sal en el suelo, al mismo tiempo que recitaba unas palabras en latín.

Dejó la brújula en el medio y se sentó en el borde del círculo.

—Bien, siéntate —pidió él con una sonrisa, haciendo una palmadita a su lado.

Ella solo dijo algo sobre que ese objeto estaba maldito, pero se levantó de su lugar en la silla y se sentó como John le había indicado.

Pasaron unos minutos... y nada.

—No está funcionando —dijo ella mirando el objeto, la aguja de la brújula seguía quieta—, no siento nada.

—Claro —dijo Constantine con una risa amarga, entendiendo el motivo de la falta de actividad del artefacto místico. Recordó cómo funcionaban este tipo de cosas—. Qué descortesía de mi parte.

— ¿Qué ocurre, John?

—Creo que para usarla tendremos que... pagar —explicó al tiempo que introducía una mano en el bolsillo y extraía una navaja—. Toda magia tiene su precio. La primera regla de la alquimia, Zee. Uno no puede obtener nada sin ofrecer algo a cambio.

— ¿Pagar? —se extrañó Zatanna—. ¿Hay que darle algo a la brújula? —. No le gustaba como se oía eso.

—Sí. Sangre, si no me equivoco —expresó él—. Así es cómo funcionaba.

— ¿Sangre? Una ordinariez más que descortesía —dijo la maga con desdén.

—Sin embargo, a veces es inevitable —. Se arremangó la gabardina y la blanca camisa y dejó al descubierto uno de los antebrazos.

— ¡John! —protestó Zatanna, y trató de evitar la acción cuando lo vio acercar la cuchilla a su piel.

Pero Constantine se limitó a seguir con su objetivo. Hubo un destello plateado, seguido de un chorro rojo, y la brújula quedó salpicada de carmesíes y relucientes gotas.

—Me hubieras dejado hacerlo a mí.

—Tu sangre es más valiosa que la mía que está contaminada, Zee. Ya lo sabes —señaló John mientras volvía a sentarse en el suelo. La aguja de la brújula empezó a girar en todas direcciones—. Mira, creo que ha dado resultado, ¿no? Junta tus manos con las mías—. Ella obedeció y puso sus manos arriba del objeto sin llegar a tocarlo. Las manos cálidas de Constantine se ubicaron encima de las suyas. El corazón de la maga aleteó un poco ante esto—. Bien, concéntrate en tu visión, deja que tu mente se centralice en ese libro, sólo en eso, ¿sí? No usaremos ninguno de tus hechizos reversos, déjame a mí hacer la magia.

—Entiendo —indicó Zatanna—, procede.

Constantine cerró los ojos mientras comenzaba a recitar el conjuro. El latín salía con total naturalidad de sus labios.

Compass, locum indicat liber de tenebris. Reveals locum suum. Compass, locum indicat liber de tenebris. Reveals locum suum.

Y Zatanna se dejó llevar por lo que la brújula le mostraba.


Raven entró en su habitación mientras dejaba caer la bolsa con libros que había adquirido arriba de su aparador. Sus amigos se habían quedado todos en el salón viendo una película y los niños ya se habían dormido. Por lo menos el libro de cuentos que compró tuvo su efecto porque los tres, y Bobby también, habían disfrutado del relato de La Bella y la Bestia y no habían quedado traumatizados con otro de sus horripilantes relatos.

Luego de un día atareado de muchas emociones, decidiendo que le haría bien, prendió unas cuantas velas aromáticas y quemó un poco de incienso de mirra mientras se quitaba la capa y se recostaba en su cama.

Cerró los ojos mientras dejaba que la tranquilidad de su habitación la colmara.

El incienso prendido dejaba un agradable rastro de olor dulce en el aire.

Esa palabra se repitió en su mente.

Te quiero.

Ella se estremeció ante la incandescencia de esa palabra.

Raven ya había admitido que sentía algo por el velocista hiperactivo más allá de la amistad, pero no podía ponerlo en palabras. Porque era difícil hacerlo y en segundo lugar, porque ni siquiera sabía que significaba querer a alguien de forma romántica. Por eso se lo había demostrado con su empatía, y el chico parecía haber quedado satisfecho con eso.

Pero no por eso sus dudas habían quedado disipadas.

¿Qué significa que a una persona le guste otra?

O más específicamente, ¿qué significa querer a una persona?

¿Qué es el amor?

Uno puede decir con total naturalidad que le gusta el chocolate o la pizza, y su significado tendría sentido.

En su caso, podía decir que le gustaban las novelas de misterio y suspenso, o romance, o las tragedias como Hamlet, Otelo o Macbeth. Podría nombrar también literatura más filosófica, como así epopeyas y poemas.

De acuerdo a lo que ha leído, los poetas casi siempre describen el amor como un sentimiento que escapa a nuestro control, que vence a la lógica y el sentido común.

El amor es una entrega total y desinteresada. Asume todos los riesgos y dificultades. Cuando las razones del corazón se imponen, avasallan irresistiblemente prejuicios y barreras de toda clase. Por eso dicen que se pierde la cabeza o la razón. Las historias de amor están llenas de lágrimas, pero también de sangre, de suspiros y puñales.

Por el amor vivimos, existimos, pero de amor también se muere.

El amor de Romeo, de Otelo, de Dante, estremece las páginas de la literatura amorosa con más violencia que una tempestad.

Uno podía afirmar que le gustaba el calor o el frío, todo eso podía llegar a comprenderlo. ¿Pero qué significaba estar enamorada de alguien? Nunca antes se había hecho esas preguntas con tanta profundidad como esa tarde.

El amor se compone de una sola alma que habita en dos cuerpos, sin embargo se da la paradoja de dos seres que se convierten en uno y no obstante, siguen siendo dos.

Ella siempre se había sentido sola.

¿La soledad condiciona nuestro afán amoroso?

Es este horror de la soledad, la necesidad de perderse en la carne externa, que el hombre llama noblemente "la necesidad de amar".

¿Podía un demonio como ella sentir amor?

Lo más probable era que sí, al fin y al cabo tenía una mitad humana. No era demonio en su totalidad.

¿Pero podía alguien que había sido concebida sin ninguna pizca de amor tener ese sentimiento?

Raven se encontraba recostada boca arriba en su cama, mirando fijamente al techo de su habitación como si ahí se encontraran las respuestas a todas sus inquietudes.

Te quiero.

Ella era la hija de un demonio, la hija del infierno. Dentro de ella fueron contenidas fuerzas lo bastante grandes como para destruir un universo. Había nacido para el dolor y el tormento. Nació de furiosas pasiones y por lo tanto, negó las suyas propias.

Azar le enseñó a sumergir sus sentimientos, sus esperanzas, sus necesidades.

¿Y por qué?

Porque si se entregaba a sus propios deseos, Trigon nacería de nuevo en la Tierra.

¿Por qué no la prepararon para el resto de su vida?

La prepararon solo para ser el recipiente a través del cual Trigon podría ser destruido.

¿Por qué no la prepararon para el amor?

Volver a la soledad de su habitación no era nada nuevo después de una tarde estando fuera del mundo, absorbiendo las señales emocionales del público normal, era abrumador.

«Soy una émpata, vivo de las emociones ajenas... emociones que siempre me han sido negadas...».

Las emociones sean quizás la esencia vital de la humanidad.

Pero para ella siempre habían sido peligrosas. En su caso, eran la gasolina para el mal, de esa fuerza nacida en ella por su padre, del demonio Trigon.

¿Era esa misma contaminación lo que creó a ese ente maldito denominado "la sombra"?

Sin embargo, hoy había sido un día en el cual se había liberado de algunas represiones y nada malo había pasado. Ella no podía llevarse a sí misma a la soledad solo porque así se lo habían pactado.

Quizás si meditaba y entraba en contacto con sus emociones dentro de su paisaje mental podría obtener una respuesta.

Ella respiró mientras meditaba profundamente en su posición en la cama.

La meditación atraviesa el primer nivel de su ser, hasta que alcanza su interior.

Sin embargo, hay un muro oscuro, amenazador... muy frío. Llega hasta él, lo toca. Salió del trance bruscamente cuando sintió esa lobreguez. La habitación estaba helada, las velas se habían apagado igual que el incienso. Incluso había un olor raro en su habitación, casi se podría decir que putrefacto.

Su cabeza palpitó cuando sus barreras mentales se debilitaron. Raven ni siquiera sabía de quién eran esas emociones. ¿Eran de sus compañeros de equipo, todos filtrando en su psique? ¿Cuándo su empatía se volvió tan poderosa?

El dolor era paralizante, tanto en su cabeza como en el lugar donde estaba ubicada su gema Chakra. Raven se obligó a relajarse de la posición fetal en su cama. Tenía que ser ya de medianoche.

La hechicera gruñó, las voces de las emociones eran demasiado fuertes. Se aferró a sus mantas y se arrastró hasta el borde de su cama circular. De alguna manera, sentía que tenía poca fuerza, el dolor paralizante, adormeciendo sus músculos. Tiró de su cuerpo flácido sobre el borde.

Sus emociones gritaban.

Necesitaba llegar hasta su espejo, su Nevermore, el portal directo a su mente.

Raven se mordió la mejilla, tratando de empujar las náuseas. Ella se levantó del borde de la cama, su cuerpo golpeó contra el piso de la alfombra que por lo menos había amortiguado la caída. Si sus compañeros de equipo hubieran oído el exceso de ruido, ya estarían llamando a su puerta.

Sus emociones chillaban.

El dolor parecía empeorar y tomó toda su voluntad para luchar a través de él. Necesitaba luchar contra el dolor. Ella era mejor que esto, mejor que las emociones que le gritaban. Ella tenía más voluntad.

Pero esto no era normal. Así no era como funcionaban sus poderes, o funcionaban antes. Raven sintió que una punzada de miedo la atravesaba. Todo dentro de ella estaba tratando de desgarrarla.

Raven se acercó al cofre cerrado al lado de su puerta y lo abrió, tomó el objeto sintiendo los bordes de su espejo. Sus ojos se abrieron de repente con estupefacción. Su espejo... estaba roto. El cristal estaba hecho pedazos.

Tomando la base, tocó una superficie antes lisa. Lo que una vez fue la puerta de entrada a su mente, ahora era un simple espejo ordinario. Observó el cristal que reflejaba ahora su imagen, partida y dividida. Fracturada.

Tragando saliva, cerró los ojos y trató de forzar el poder del espejo, metiéndose profundamente en su subconsciente.

En su imagen mental, el espejo destrozado a raíz de las emociones pujantes.

Raven se imaginó a sí misma entrando por el portal. Sin embargo, todo lo que había, era una silueta negra. Imaginando que penetraba incluso en esa oscuridad, se sumergió ligeramente para alcanzar su objetivo.

¿Debería ella realmente atravesar... esto?

Raven se mordió el labio. Tenía que hacerlo, era la única manera de saber que estaba sucediendo dentro de su mente. Respirando profundamente, atravesó esa opacidad, lo suficiente como para no entrar totalmente.

Raven pareció por fin entrar dentro del espejo y...

Luego vino un fuerte empujón, arrojándola contra la pared opuesta. Se oyó un ruido sordo cuando su cuerpo entró en contacto con la pared. Hubo un sonido crepitante de energía siendo liberada, con el ruido del viento que se arremolinaba alrededor de su habitación. Muchos de sus objetos se removieron en el aire como si un huracán estuviese justo ahí. Algo la sostenía contra la pared, mientras rugían estrepitosos sonidos.

Hubo silbidos con susurros silenciosos en el fondo. Sin embargo, cada palabra era incoherente, cada sílaba amortiguada por el viento rugiente. Detrás de sus párpados, destellaron múltiples colores.

Abrir los ojos pareció romper el suceso, enviándola de nuevo al suelo, quedándose boca abajo. Su cabeza se sacudió, la desorientación se instaló. La tormenta se calmó, cuando el sonido de crepitar de energía y viento se convirtió en murmullos. Raven gimió mientras recuperaba sus sentidos. Cuando sus ojos se abrieron, fue recibida con el tono azul oscuro de su alfombra, además del sonido de la alarma y golpes en su puerta.

—Raven, tenemos problemas —anunció la voz de Robin—. Doctor Luz de nuevo, debemos darnos prisa.

—No puedo —murmuró ella sentándose en el suelo, apoyando su espalda contra la pared—. Lo siento.

— ¿Qué? —cuestionó su líder incrédulo—. Raven, no entiendo. ¿Qué está sucediendo? ¿Todo está bien ahí dentro?

—Te lo explicaré en otro momento, pero mis poderes estás desestabilizados ahora mismo, Robin. Hazme caso cuando digo que no puedo enfrentarme a nadie en este momento, menos contra Doctor Luz. Lo siento —se disculpó ella.

—Pero no pudimos contra él la última vez si no hubiera sido por tu intervención —quiso razonar Robin con la hechicera.

—Solo no bajen la guardia y no se confíen con él —sugirió ella—. Trátenlo como un villano de alto rango, poderoso y no como uno sin cerebro y saldrán ganando, te lo aseguro.

—Está bien, pero luego tendrás que darme una buena explicación de por qué no estás yendo esta noche.

—Te acabo de dar un buen resumen... y por favor, no dejes que Wally salga herido como en su última batalla contra Luz. ¿Puedes asegurarte de eso?

Hubo un minuto de silencio.

— ¿Robin?

—Kid Flash sabe defenderse solo pero está bien, me aseguraré de que no salga lastimado.

—Gracias, Robin. Vayan a por él.


Londres, Inglaterra

Zatanna sacó sus manos de repente, con los ojos completamente abiertos.

—Bien, ¿qué viste?

—El libro —apuntó ella un poco agitada mientras se sentaba nuevamente en la silla—, ya sé que es lo que busca Hermano Sangre, es el Grimorio Mashuanvi de Volpert.

— ¿Estás segura, Zee? —cuestionó él frunciendo el ceño—. Si mis cálculos no me fallan y mis registros tampoco, el libro está desaparecido. Incluso algunos piensan que fue quemado en la hoguera junto a Volpert por ser un ejemplar herético. Ya sabes, la Inquisición y la quema de libros.

—Mi padre me contó algo parecido en algún tiempo, también me aclaró que el contenido de esa obra es un misterio —comentó la maga mientras llevaba un dedo a su mentón y entrecerraba los ojos recordando lo que la brújula le había mostrado—. Sin embargo, el libro parece estar en perfecto estado. Y está resguardado, tiene encantamientos protectores envolviéndolo que no me dejaron ver dónde se encontraba, pero pude sentir una peculiar energía maligna y familiar fluyendo más allá del tomo. Aferrado al libro como una garrapata hay un aura conocida —expresó recordando esa exclusiva esencia, que no pertenecía a otra persona que conociera. No había dos iguales, solo había una.

— ¿Una energía maligna familiar?

—Sí, si no me equivoco creo que proviene de Raven. Es la firma de su poder.

— ¿Ella tiene el libro? —cuestionó el hombre perplejo.

—No lo sé, no estoy completamente segura. La sensación era nebulosa, pero creo que ella lo tiene —. Inmediatamente ella se levantó mientras se dirigía a la sala.

— ¿Qué haces? ¿A dónde vas?

—Es hora de que llame a Zachary y mandarlo a esa torre ahora mismo —dispuso Zatanna con absoluta seriedad—. No podemos esperar un minuto más, si ese libro cae en las manos equivocadas, dejaríamos el destino de nuestro mundo en manos del azar. Capté poderosas emanaciones mágicas que serán capaces de crear enormes agujeros entre las dimensiones y fuerzas oscuras intentaran penetrar los muros que nos separan. Recuerda mi visión. Cada minuto que pasa es tiempo desperdiciado.

—Se aproxima —dijo él ahora también con tono grave.

—Es diferente a cualquier cosa que haya sentido antes —. La maga marcó el número en su teléfono móvil. Cuando escuchó la voz de su primo, ella habló sin perder un segundo—. Zach, es hora. Cierra la boca y escucha. Prepárate y dirígete inmediatamente a la torre de los Titanes. Cuando llegues, llámame y te informaré de tu objetivo.


Sus ojos verdes se centraron en el teléfono móvil esperando la llamada. Una llamada que probablemente aparecería hoy, debido al plazo de la tarea.

Como si fuera una señal, el teléfono sonó. Se aclaró la garganta y luego atendió la llamada, llevando el artefacto a su oído.

— ¿Sí? —preguntó Jason.

—Señor X —saludó la monocorde voz de una mujer. Era la misma que había estado en el depósito junto al viejo—. Me alegra saber que está disponible. El señor Sebastian me ha informado que la tarea será llevada a cabo esta noche. Está sacando en este mismo momento a las ratas de su nido, por lo cual usted tendrá el terreno completamente libre. Escuche con atención: recoja el libro y regresé inmediatamente al mismo punto de encuentro de la última vez. No olvide de usar el amuleto. Sin fallos y sin grietas, ¿entendido?

Jason trató de contener su risa.

—Por supuesto, señora —asintió Jason mientras cortaba la llamada.

Sintió la adrenalina recorriendo todo su cuerpo mientras se ponía su traje, su máscara de cráneo, colgaba el amuleto alrededor de su cuello y ajustaba su cinturón.

Red X tenía trabajo esta noche.

Y no sabía porque, pero tenía la extraña sensación de que esto iba a ser demasiado divertido.


Espero que les haya gustado el capítulo. Intenté darle algo de suspenso y espero haberlo logrado jaja

La historia de Raven está basada en la de los comics (The New Teen Titans vol. 1 y Teen Titans vol. 3). El fragmento de Wally y sus incertidumbres acerca de ser un héroe está sacado de esos mismos dos tomos. La parte de Jason Todd me inspiré y saqué algunos diálogos de la película Batman: Under The Red Hood, también algo del comic Red Hood and the Outlaws.

¿Qué se imaginan que pasará a continuación?

Un capítulo realmente largo pero había muchas cosas que agregar y no podía condensar nada, así que espero que no haya molestado la extensión (casi 15.000 palabras!)