Capítulo 18: Intercambio equivalente

Advertencia: El siguiente capítulo contiene una escena de sexo al final, lo advierto para aquellas personas que puedan sentirse "ofendidas" o que no les gusta eso, etc, etc. Se lo saltan y listo.

Sin más los dejo con un nuevo capítulo, algo extenso pero bastante importante para la historia.


"En sus grises visiones obtienen atisbos de eternidad y se estremecen, al despertar, descubriendo que han estado al borde del gran secreto. De un modo fragmentario aprenden algo de la sabiduría propia y mucho más del mero conocimiento propio del mal."

Edgar Allan Poe, "Eleonora"


—Aquí está el libro.

Red X abrió la bolsa dejando caer el mismo, el cual golpeó encima de la mesa. Segundos después dejó también el amuleto que le había sido entregado. La mujer miró el libro con asombro. Las leves líneas de su cara se llenaron en júbilo.

—Esto es más hermoso de lo esperado—. La mujer deslizó un dedo, solamente por el ribete de cuero, con cautela—. Esto no tiene precio.

—Bueno, pues si tuvo precio para mí, la torre no estaba vacía, Raven y un mago extraño casi me dan una paliza y me impiden cumplir mi trabajo. Creí que el viejo tenía todo controlado pero veo que no era así.

—No le llames viejo —amonestó la mujer con cólera—, su nombre es Sebastian, irreverente desgraciado.

Mother Mayhem apretó el revólver que se hallaba escondido entre los pliegues de su túnica.

Sus manos temblaron con anhelo verdadero de dispararle en el centro de la cabeza al ladrón, pero sabía que el chico era necesario.

—Sí, sí, lo que usted diga señora —restó importancia Jason—. Y… ¿dónde está él por cierto?

—Está en una de sus… misas especiales —dijo la mujer, con una mentira evidente que para Jason no pasó desapercibida—, no podrá atenderlo por ahora. Si requiere algo, estoy aquí para sanar sus dudas.

— ¿Cuándo terminará mi misión y me darán el resto de mi dinero?

—Una vez que Sebastian vea y analice el libro, tendrás que robar unos artículos más —informó ella—. Esto será más fácil porque serán museos. Puntos específicos en algunas ciudades.

—Sí, los museos son más fáciles de robar que dentro de esa torre. ¿Qué tienen en mente hacer con ese libro? —interrogó Jason mientras observaba el objeto de cuero negro que estaba sobre la mesa.

—Nunca te pregunté qué ibas a hacer con el dinero —rebatió la mujer—. No creo que sea justo preguntarme qué haremos con el libro.

—Que misteriosa es usted —rio él bajo la máscara—. Suena como algo malo, me gusta.

—Somos una religión pacífica y llena de armonía, no se preocupe. ¿Algo más con relación a la misión que quiera saber, señor X? —cuestionó Mayhem, al tiempo que guardaba con cuidado el libro dentro de la bolsa junto al talismán.

Ella tampoco podía poner sus manos encimas en tal objeto repleto de maldiciones.

—Sí, espero tener otros encuentros divertidos con Sunshine —murmuró él, más para sí mismo que para la mujer en la habitación.

— ¿Dijiste algo? No te escuché.

—Nada —negó él mientras se dirigía hacia la puerta del almacén y se disponía a salir del lugar—, solo llámenme cuando me necesiten. Adiós y mándele saludos al viejo.

El ladrón desapareció de su vista y Mother Mayhem se quedó con las palabras atoradas y un sabor de amargura en su boca.

¿Cómo se atrevía ese ser de tan baja calaña a mostrar desfachatez ante Hermano Sangre?

Una sonrisa siniestra surgió en su pálido rostro.

Ella igualmente agradeció a Scath que la vida de ese tal Red X no duraría mucho tiempo luego de que terminara de completar su trabajo.

Solo rogó que Sebastian le cediera el preciado honor de terminar ella personalmente con el chico y así mandarlo a un segundo viaje al abismo sin regreso.

Porque a ella no le temblaría ni un poco el pulso en agujerear su cráneo con una bala certera.


OoO


Jump City – Torre de los Titanes – 01:22 a.m.

—Esto es todo un desastre, maldito Red X —masculló Robin con irritación.

Ya era de madrugada, recién volvían de tratar de darle caza a Doctor Luz y ahora ante ellos apareció un escenario de absoluta ruina: la mayoría de la cocina derruida junto a sus aparatos; en el suelo yacía un astillado pedazo de mesa; libros y discos de música esparcidos por todos lados; platos y vasos rotos; los restos de una lámpara de cristal centelleaban a pocos pasos; los almohadones tenían tajos de los que salían plumas, y fragmentos de vidrio lo cubrían todo como si fuese polvo; computadoras y otros artefactos tecnológicos hechos pedazos. En paredes y suelo había rastros azabaches de quemaduras, cenizas negras, charcos estancados de agua, además de estar todo salpicado de una sustancia pegajosa de color rojo perteneciente a las armas cargadas de Xenothium del ladrón.

—Esto no pinta nada bien —observó con seriedad Cyborg—. Sí, aquí ha pasado algo de acción.

Chico Bestia avanzó con cautela hasta el centro de la habitación mientras examinaba los escombros.

—Viejo, esto es un asco, ni mi habitación está tan desordenada —dijo el cambiante mientras pisaba algo—. Oh, no, el control remoto también. Ahora tendremos que levantarnos para cambiar de canal, que espantoso.

—Fue culpa del mago también —dijo Wally con los brazos cruzados mirando a Zachary con disgusto.

—Lo solucionaré Flashito —dijo el mago—, así que deja de hacer berrinches como un niño pequeño.

—No estoy haciendo berrinches —se defendió el pelirrojo.

— ¿Quieres que te ayude a poner orden, Zatara? —ofreció Raven con amabilidad.

—Agradezco tu ofrecimiento, preciosa Raven, pero no quiero que malgastes tu agraciada energía en ordenar un desastre que ocasione yo.

Wally estaba más allá de los límites de la furia, ese mago estaba coqueteando con Raven como si nada, y ella ni siquiera parecía notarlo.

—Podemos ayudarte nuevo amigo Zachary —ofreció Starfire mientras volaba cerca del chico nuevo—, no tienes que hacer todo tu solo.

— ¿Amigo? —cuestionó Zachary mientras parpadeaba dos veces y luego soltó una risita sarcástica—. Los amigos son para la clase trabajadora. Para mandar sobre las masas sin lavar, uno debe mantenerse por encima… más allá. Aprendí hace mucho tiempo que no puedes confiar en nadie excepto en ti mismo.

—Oh…—murmuró Chico Bestia sin entender la antipatía de Zachary. — ¿Pero por lo menos no quieres ayuda para limpiar todo?

—No, gracias de todos modos chico moco. Puedo solo. Soy alguien autosuficiente por suerte. ¡Riaper gnihtyreve! —entonó la voz de Zachary. La punta de la varita se avivó y proyectó su luz mientras él la sacudía en patrones variados, dibujando esquemas en el aire.

Todo parecía fluir con su magia.

Los muebles y artefactos tecnológicos rotos se repararon y volvieron volando a su posición original; los adornos y cristales destrozados se recompusieron suspendidos en el aire; las piezas de vasos y platos rasgados volvieron a unirse; los discos de música volvieron a sus repisas recompuestas; las plumas se metieron de nuevo en los almohadones del sofá; los libros y revistas rotas se repararon por sí solos antes de regresar a sus estantes; las lámparas se trasladaron por el aire hasta su lugar original y volvieron a encenderse; desgarrones, grietas y agujeros se repararon por todas partes, y las paredes se autolimpiaron de cualquier resto de suciedad.

—Fascinante —expresó Terra, viendo sorprendida como todo se arreglaba y volvía a su posición original, como si nada hubiese pasado en el salón.

Todo había quedado reluciente y ordenado.

Un sonido de pitido constante sonó por todo el salón principal.

—Titanes, una llamada entrante —comunicó Robin mientras presionaba un botón de la computadora.

Los Titanes se sentaron dentro de su sala de mando en el recién reparado sillón, mientras las caras de Zatanna y Constantine llenaban la pantalla frente a ellos.

—Genial —murmuró Raven con sarcasmo y aversión—. Hermosa forma de terminar la velada.

—Raven —murmuró la maga viendo a la nombrada.

—Zatanna —dijo Raven simplemente.

— ¡Hola Gema! —saludó exclamando Constantine mientras se acercaba a la pantalla con una gran sonrisa. — ¡Es un gusto conocer finalmente a la hija de Trigon! ¿Sabías que tu papi tiene un trozo de mi alma? Es una buena historia para contar. Todo comenzó un día…

—Sí, hola a ti también —interrumpió Raven al hombre rubio—. Y no, no me interesa tu historia para nada.

El estado de ánimo de Zatanna y de Raven parecía casi sombrío.

— ¿Y ella quién es? —preguntó Chico Bestia viendo a la mujer adulta embelesado.

—La prima de Copperfield aquí —respondió Wally la pregunta efectuada por el chico verde mientras señalaba con el pulgar a Zachary.

—Viejo, ella es hermosa —silbó Chico Bestia—. No sabía que tu prima era así de linda, Copperfield.

— ¡Copperfield! —exclamó Timmy mientras aplaudía y daba saltitos. — ¡Abracadabra! ¡Abracadabra!

— ¿Sabes hacer el truco de la mujer en una caja, señor Zachary? —interrogó Melva entusiasmada y animada.

— ¿Copperfield? —cuestionó Zachary por el tonto mote que le habían dado.

—Sí, es una comparación un poco exagerada —expresó Wally pensándolo mejor—. Él tiene elegancia, a diferencia de ti.

Zachary estaba a punto de contestarle al velocista, pero su prima habló antes que él.

— ¿Insinúan que David Copperfield, mago de TV, tiene poderes reales? —interrogó Zatanna arqueando una ceja.

—Tiene una cadena de islas y salió con Claudia Schiffer, amor —informó Constantine. — ¿Qué te parece?

Zatanna puso los ojos en blanco.

—No es por ser irrespetuoso pero... ¿por qué motivo es la llamada? —preguntó Cyborg, rascándose la cabeza con confusión.

—Quiero saber si Zachary cumplió su misión. ¿Dónde está el Grimorio de Volpert? Exijo explicaciones, ahora —demandó Zatanna.

—Está bien amigos, no estoy entendiendo nada de nada —comentó Chico Bestia con confusión.

— ¿Grimorio de qué? —preguntó Terra igual de confusa que su amigo verde.

— ¿Qué es un grimorio? —interrogó Robin.

—Zee —se excusó Zachary—, usé casi todo mi arsenal, hice todo lo posible para detener al ladrón pero…

— ¿Ladrón? ¡¿Me estás diciendo que el libro fue robado?! —exclamó alarmada y realmente enojada la maga.

—Salvo que hablemos idiomas diferentes… si, exactamente es lo que quiero decir —dijo Zachary, sin dejarse amedrentar por los furiosos ojos celestes de su prima.

Seguramente en este momento ella tenía ganas de estrangularlo.

—El ladrón era muy fuerte, señorita maga —defendió Melva al chico.

—Eres un estúpido Zachary —masculló Zatanna mientras apretaba el puente de su nariz, un gesto muy común en ella cuando estaba realmente estresada—, te mando a una simple misión y…

—Fue también mi culpa —agregó ahora la voz de Raven—. Red X no es como cualquier otro ladrón, sabe nuestros puntos débiles, ataca justo en el blanco.

—Gracias, Raven preciosa, tu sí que entiendes —expresó Zachary con voz melosa, mientras apretaba la mano de la hechicera que se hallaba a su lado en un gesto de agradecimiento.

—No la llames preciosa —reprochó el velocista—. Deja de insinuártele y no la toques.

—Raven también coqueteo con el ladrón Wally —informó Melva mientras apuntaba acusadoramente a la hechicera—, se encimaban y se tocaban mucho.

— ¿Qué? —preguntó el pelirrojo al tiempo que la irritación parecía embargarlo aún más.

—Eso… eso no es cierto, Melva —se defendió la empática—. Era una batalla y hubo… algunos inconvenientes. Mi capa se enredó en la capa de él.

—Seguro —susurró Wally por la estúpida excusa que había dado Raven.

— ¿Estás enojado, Wallace? —cuestionó la empática cuando sintió todas las emociones de celos que brotaban por los poros del chico.

—No tengo ganas de hablar por ahora.

Zatanna notó que los ojos de Raven se volvieron hacia ella, y se volvieron cada vez más irritados y tempestuosos visiblemente.

«Si las miradas mataran», pensó Zatanna sosteniéndole la pesada mirada. No se dejaría intimidar por un demonio.

Al darse cuenta, Starfire miró a Raven con preocupación.

— ¿Qué te preocupa, amiga Raven, acaso esa mujer no te agrada? —ella preguntó, sin sutileza como de costumbre.

—Somos…—. Raven buscó las palabras correctas—, viejas conocidas.

Un leve gesto de dolor cruzó la expresión de Raven, tan rápido que nadie estuvo seguro de que alguna vez haya existido realmente.

—Oh, nada interesante —dijo Zatanna con desdén. — ¿Starfire es tu nombre? Simplemente estoy sorprendida de lo terrible que es este planeta para proteger elementos que no son para humanos mundanos, menos para demonios.

— ¿Qué quiere decir ella, Rae? —preguntó Chico Bestia, dándose cuenta del rojo oscuro que adornaba las mejillas de Raven.

Pero no era un rojo de vergüenza, era un rojo de plena ira.

Las luces comenzaron a parpadear mientras la temperatura bajó unos grados.

Chico Bestia tragó hondo, piel de gallina cubrió sus brazos, sus instintos animales más básicos gritaban que corriera lejos de ahí mientras un reflejo de huida se arremolinaba en su cuerpo.

Para Zachary no pasó desapercibido el acrecentamiento de energía oscura proveniente de Raven.

—Eres una perra —insultó Raven—, siempre lo has sido conmigo

La rabia se arremolinaba en su mente.

Una blindada ventana de la torre se agrietó.

—Rae, cálmate —apaciguó Wally mientras apretaba una de las manos de la hechicera.

—Raven —. Robin frunció el ceño viendo la pronta pérdida de control—. Debes tranquilizarte, recuerda que hay niños aquí —indicó, casi ordenando.

— ¿Cómo me llamaste, maldita demonio? —cuestionó Zatanna mientras presionaba sus puños. Su mirada fija en la nombrada, sus cejas juntas y hacia abajo, sus dientes apretados.

Las dos parecían a punto de explotar.

—Zatanna —la llamó Constantine para tratar de controlar a la maga y que no siguiera abriendo la boca y empeorando la situación.

—Zee, debes terminar —previno Zachary a su prima.

Había tanta tensión en el aire que se podía cortar con un cuchillo.

—Cómo te atreves a insinuar que dejé un objeto poderoso sin defensas. El libro estaba protegido completamente —musitó Raven con rabia—, contenía sortilegios y encantamientos difíciles de atravesar igual que mi habitación, el libro estaba seguro pero el ladrón tenía…

— ¡Ahora lo recuerdo, tenía un talismán anula-magia! —prorrumpió Zachary en ese momento. — ¡Por eso se nos complicaron las cosas, Zee! ¡Debes entenderlo, conoces que nuestra magia tiene algunas debilidades! ¡Y mira que a mí me cuesta admitir que tengo debilidades!

—Zee, ellos no tuvieron la culpa —amparó ahora Robin volviendo su atención a la pantalla—. Raven estaba sola en la torre, nosotros estábamos ocupados con Doctor Luz, y ya sabes lo difícil que nos resulta ahora manejarlo desde que despertó del largo estado de estupidez al que lo aletargaste tú —increpó él con voz fría—. Red X es demasiado habilidoso, nos ha causado demasiados inconvenientes en el pasado. No la fastidies, ella no tiene la culpa.

—Mmm, bien —dijo la maga tratando de apaciguar el ambiente belicoso que se había creado—. Pero ese libro es uno peligroso con un terrible poder. Y ahora ha caído en manos de Hermano Sangre. Esto no es bueno.

— ¿Red X está trabajando para Hermano Sangre? —interrogó Cyborg con asombro y un poco de aprensión—. Primero Victor Zsasz, luego Doctor Luz y ahora él.

—Espera, ¿entonces quieres decir que Hermano Sangre, aparte de reclutar villanos, también está acumulando artilugios mágicos? —preguntó Robin con incredulidad. — ¿Con qué fin?

—Con el objetivo de traer el infierno a la Tierra —informó la voz de Constantine ahora—. Gema —llamó él.

—No me llames Gema, tengo un nombre —replicó Raven con acidez.

—Lo siento —se disculpó él rápidamente para no alterar más la hechicera—. Raven, tenías en tus manos un libro que se consideraba desaparecido y el cual era un misterio —señaló John mientras miraba a la chica—. Ni Zee, ni Fate ni yo tenemos conocimientos algunos sobre este libro o sobre quien era Volpert, solo datos vagos e inciertos. Quizás tú puedas esclarecernos un poco más sobre contra qué nos estamos enfrentando.

—Supongo que es lo mínimo que puedo hacer —expresó Raven, un poco más tranquila, preparándose para la charla que seguramente se avecinaba—. Argus Basarab Volpert. Ese era un nombre completo. Estuvo asociado al rosacrucismo, un importante movimiento esotérico del siglo XVII. El término Rosacruz se refiere originalmente a una legendaria orden secreta que habría sido fundada en el año 1612. Interesados desde siempre en agotar las posibilidades de la vida mediante el uso sano y sensato de su herencia de conocimientos esotéricos y de las facultades que poseen. Se dice que Raimundo Lulio, Newton, Miguel Servet, Leibnitz, Leonardo da Vinci, Descartes, Paracelso y muchos otros personajes que destacaron en todas las ramas del saber, se enorgullecieron de su afiliación a la Orden Rosacruz. Pero Volpert fue expulsado por romper todos los tabúes del ocultismo.

— ¿A qué se dedicaba? —interrogó Zatanna.

—Era un antiguo esotérico alquimista, un erudito en el misticismo y espiritualismo, obsesionado con la aplicación de esta doctrina en la transmutación del alma —agregó Raven—. La transmutación es un término relacionado con la alquimia, física y química que consiste en la conversión de un elemento químico en otro. Sin embargo, este sujeto aplicó este arte en la transformación del ser, especialmente aplicado al alma y a la mente. Se trata de modificar una vibración baja en una más elevada. Transmutar el alma puede ser un proceso de depuración consciente. Pero este hombre estaba lejos de estas bondades. Sus rituales consistían en actos de los más viles, de las artes más oscuras, un tipo de magia negra muy peligrosa. Durante la Santa Inquisición, fue quemado en la hoguera por herejía —terminó de relatar ella.

— ¿Por qué no hay registros fehacientes de Volpert? —cuestionó Constantine frunciendo el ceño sin entender eso en particular.

—Porque él no era de la Tierra —indicó Raven—, pertenecía a otra dimensión.

—Espera, te refieres a…—comentó John pero fue interrumpido por Raven.

—Volpert era un viejo sacerdote de Azarath.

—No me lo creo —murmuró Zachary sorprendido.

—Creí que Azarath era pacifista y su misticismo no estaba relacionado a las artes negras —objetó Zatanna.

—Exactamente —rectificó Raven—. Se hacía pasar como un sanador, pero fue excomulgado de la dimensión por la misma Azar cuando descubrió que este hombre en realidad experimentaba estas artimañas a medida que avanzaba con sus descubrimientos en algunos de los habitantes de Azarath, sobre todo en niños.

—El libro había desaparecido, ¿por qué lo tenías tú? —preguntó Constantine.

Raven ya se estaba cansando de este interrogatorio.

—Cuando Volpert cayó ante la Inquisición, el libro fue devuelto a su dimensión originaria para mantenerlo fuera de las manos equivocadas —comunicó la hechicera—. Yo lo… tomé prestado antes de huir de Azarath. Había una información que me podía ser de utilidad.

— ¿Practicaste ese tipo de magia? ¿Cómo pudiste? Veo que al final si cayó en las manos equivocadas —despotricó Zatanna viendo a la chica con total desagrado y contrariedad.

Una lámpara estalló y la temperatura bajó otros grados más.

— ¡Vine a la Tierra, estaba desesperada por ayuda, me rechazaste, no me quedaba otra salida! —increpó la empática—. Así que… lo hice.

— ¿Qué llevaste a cabo, Raven? —averiguó Constantine con severa preocupación.

—Cuando era muy joven tuve muchas dificultades para controlar mis poderes —explicó la hechicera—. Creé grandes franjas de destrucción cada vez que mi estado emocional se volvía inestable, lo cual no era infrecuente. En el libro de Volpert había una forma que podría ayudarme con eso —ella cerró los ojos para no ver el rostro de Zatanna cuando comunicara esto—. Un ritual que consistía en dividir mi mente en componentes individuales. Siete emociones básicas. La felicidad, timidez, valentía, ira, pereza, conocimiento y pasión.

— ¿Te refieres a todas esas Ravens de diversos colores que vimos cuando entramos por accidente a tu mente? —indagó Chico Bestia, recordando ese día cuando entraron en la mente de la chica—. La verde era toda una karateca, y la gris era deprimente y había otra rosada que se reía de mis chistes, esa era la mejor

—Sí, me refiero a eso.

— ¿Cirugía cerebral? ¿Eso hiciste? —inquirió Robin sin entender nada lo que Raven estaba exponiendo.

—No, no cerebro Robin, solo mental —dijo Raven—. Todo era psíquico.

—Ah —. Aunque todavía no entendía del todo.

—Eso no quiere decir que no fue... traumático —reveló la empática—. Realicé el ritual varias veces durante un período de meses, cada vez esculpiendo otra parte de mi alma y encarnándola en una especie de entidad individualizada.

—Eso suena doloroso —susurró Terra.

—Y lo fue, pero era la única forma que se me ocurrió para evitar que Trigon me use como su portal.

— ¿Cómo dificultaría a ese demonio del mal tal acción? —cuestionó Zatanna sin entender ese punto en cuestión.

—Mis emociones negativas son la fuente por la cual Trigon podría controlarme —manifestó Raven—. Al dividir mi alma, que es el portal, y mantener vigilada específicamente a la ira sumado a la recurrente meditación y amurallamiento de mi psique me aseguraba de que esto hiciera el truco de dificultarle las cosas. Es igual que colocar a un ratón en un laberinto de múltiples y complejos pasadizos pero con una sola salida. Si no hacía este procedimiento, era como dejar un laberinto de un solo camino, unidireccional, sería demasiado fácil para él en ese caso.

—Solo para dificultar lo inevitable. Puedo entender tu punto pero eso es magia muy, pero muy oscura —explicó Constantine para que la chica entendiera.

—Una existencia así… pocos la desearían, muy pocos —musitó Zachary. Ahora entendía porque la chica tenía bastantes conocimientos sobre el fraccionamiento del alma—. Hasta sería preferible la muerte.

— ¿Por qué es tan malo? —averiguó Starfire sin comprender. También estaba preocupada. ¿Acaso su amiga Raven tendría dificultades con esto? ¿Algo malo le podría suceder?

—Verás —dijo Zatanna, realmente incómoda con la nueva revelación—, el alma debe permanecer intacta y entera. Dividirla es una violación, es algo antinatural. Un atentado contra cualquier integridad.

—Desgarraste tu alma, pero... ¿por qué en siete compartimentos? —cuestionó ahora Zachary. — ¿No era demasiado?

—Siete es el número mágico más poderoso —señaló Raven—, creí que sería lo más conveniente.

— ¿Número mágico? —. Wally parpadeó, ¿desde cuándo los números eran mágicos?

—Es bastante obvio, pero eres un poco ignorante —se burló Zachary del velocista.

—El siete es el número sagrado y mágico que rige los misterios ocultos, las ceremonias religiosas y también la clarividencia —intentó explicar Constantine—. Número místico por excelencia, el siete ha sido considerado como un número de poder por casi todos los cultos y tradiciones. Para los egipcios, el siete es el símbolo de la vida eterna. Este número se compone por la suma del tres y del cuatro. El primero se relaciona directamente con lo sagrado y con la perfección, mientras que el segundo está vinculado estrechamente con la Tierra y lo terrenal: cuatro son los elementos (tierra, aire, fuego y agua), cuatro los puntos cardinales (norte, sur, este, oeste). La suma de ambos nos lleva al siete, por lo tanto podemos decir que éste es el puente entre el cielo (lo divino) y la Tierra. Siete es la totalidad del Universo. El ser tiene siete chakras. Es a través del séptimo chakra que el ser humano se relaciona íntimamente con lo espiritual y lo divino. Está ligado íntimamente con nuestra comprensión del Universo, de lo elevado. Suena lógico si lo ves de esa forma —dijo en forma de conclusión.

— ¡Por Dios, Raven! ¡Siete! ¿No es bastante grave ya dividirla una sola vez? Además… Dividir el alma una vez ya resulta pernicioso, perjudicial y nocivo, pero fragmentarla en siete partes… —. Zatanna parecía muy preocupada y contemplaba a Raven con gravedad.

Raven comprendió que nunca tendría que haber iniciado aquella conversación.

—Solo debes manipular los misterios más profundos - la fuente de la vida, la esencia de uno mismo- sólo si estás preparado para las consecuencias de la forma más extrema y peligrosa —siguió hablando Constantine. Raven tembló un poco ante la mirada que le estaba dando el hombre rubio—. La manipulación de la esencia de uno mismo o mejor dicho, lo que divide lo que claramente no estaba destinado a ser dividido... en cuerpo y alma. Tu alma ha sido mutilada hasta más allá de los límites inimaginables, ¿cuál fue el precio?

— ¿Perdón? —. Raven abrió y cerró los ojos con incredulidad. — ¿Precio? ¿A qué te refieres?

—Ya veo —dijo Zatanna con una mueca de lástima mientras miraba a la chica—. Tenías tanta prisa por cercenar tu propia alma que no te detuviste a estimar el incomparable valor de un alma íntegra y honrada. La transmutación humana. Desafortunadamente, los experimentos alquímicos han dado a luz a un lado oscuro y siniestro de este arte. Ya sea a través de la desesperación, la malicia o la arrogancia, se sabe que varios alquimistas intentaron la aplicación de la transmutación de cuerpos humanos y almas, en esencia, juegan a ser Dios con vidas humanas. Pero lo que nadie sabe es que pueden producirse rebotes devastadores.

— ¿Conoces la ley del intercambio equivalente? —quiso saber Constantine.

—Me temo que no —confesó Raven. Sus ojos fijos en sus manos porque ya no soportaba el peso de las miradas de Zatanna y Constantine.

—Una ley muy simple —declaró Zachary—. Sería muy fácil pensar que hecha una acción, la reacción lógica y a la vez sencilla sería recibir algo del mismo valor a cambio.

—El hombre no puede obtener nada sin primero dar algo a cambio —advirtió John—. Para crear, algo de igual valor debe darse a cambio. El intercambio equivalente representa el precio a pagar.

« ¿El precio a pagar?… ¿El precio? ¿La sombra? ¿Esa entidad se creó por escindir mi propia alma?», pensó Raven con preocupación.

—Por lo que veo es un libro horrible, espantoso, lleno de magia maligna. Hermano Sangre te busca a ti, Raven. Si es cierto… lo que dices, y ese grimorio es demasiado poderoso y está en sus manos, me temo que nuestras posibilidades son casi nulas —sentenció Zatanna.

Otra lámpara estalló y el ambiente heló.

Raven cerró los ojos con fuerza, sus emociones negativas se estaban removiendo en su interior, sobre todo las depresivas y angustiosas sumadas a su ira.

Todo esto era su culpa.

Los titanes y los niños se estremecieron ante el escalofrío que les provocó la bajada de temperatura.

—Debo irme, necesito relajar mi mente. Me voy a mi habitación y no me fastidien más —murmuró Raven mientras se levantaba del sofá y desaparecía como una sombra por el suelo del salón.

— ¡Espera Raven! —exclamó Wally, intentó extender su mano para agarrarla pero la hechicera ya había desaparecido de su vista.

— ¿Qué fue eso? No he visto a Raven actuar así en mucho tiempo —reflexionó Cyborg, mirando el piso vacío donde había estado su compañera de equipo.

—Ustedes deberían vigilar a su amiga —advirtió Zatanna, mirando el lugar por donde se había esfumado la chica.

— ¿Qué? ¿A qué te refieres? —preguntó Chico Bestia con el entrecejo fruncido.

—Sabes que es un demonio, ¿verdad? —inquirió Zatanna con reserva.

—Lo sabemos —dijeron la mayoría.

— ¡Raven no es un demonio, tonta! —exclamó Melva con furia, mirando realmente enojada a la maga en la pantalla. — ¡Ella es buena! ¡Y tú la pusiste triste!

— ¡Si! —gritó Timmy. — ¡Ella nos salvó y nos cuidó!

— ¡Rae buena! —aplaudió Tommy mientras la baba caía por su rostro y reía.

—Me sorprende tu irresponsabilidad Robin, al tener tres niños en la Torre, sobre todo en estos tiempos oscuros —dijo Zatanna mirando con recelo al Chico Maravilla—. Hermano Sangre. Él es nuestro enemigo —indicó la maga.

—Lo detuvimos hace unos años. ¿Por qué crees que tiene algo que ver con Raven? Nunca antes mostró interés en ella —expresó Cyborg.

Porque era cierto. El directo de HIVE parecía estar obsesionado con el chico robótico y nunca había parecido notar la presencia de la oscura chica.

—Hermano Sangre es el sumo sacerdote de la Iglesia de la Sangre —declaró la maga—. Un culto. Uno que, desde hace añares, adoraban a un ser que se llamaba Scath. Debe haber tomado conocimiento de que Raven es la hija de su dios.

—Trigon —dijo Robin ahora.

—Efectivamente —comentó Zatanna.

Los Titanes colectivamente palidecieron ante eso, los ojos de Robin se abrieron a medida que se formaba la conexión en su cerebro, como si un rompecabezas se estuviera armando.

Sobre todo porque recordaron esa amenaza escrita con sangre en el museo.

¿Querían usar a Raven nuevamente como el portal?

—Hermano Sangre es alguien peligroso, y deben saberlo —rectificó Zatanna.

—Solo conocemos que fue el ex director de HIVE—. Robin suspiró, pasando su mano erráticamente por su espeso cabello negro.

—La historia de los Hermanos Sangre, porque fueron varios los que portaron ese manto, se remonta al año 1202, cuando el Papa Inocencio decidió reunir un contingente de refuerzo para encaminarse a las Cruzadas —relató Constantine—. Éste solicitó al reino de Zandia que sus hombres capaces se unieran a dicha causa, sin embargo, el cardenal Sebastian, máxima autoridad religiosa de Zandia, aconsejó a su rey que se negase. Ante tal obstáculo, el Papa decidió probar si podía doblegar la firme voluntad del clérigo con el presente de una reliquia de gran valor: el Manto de Cristo que sus cruzados habían rescatado en una de sus batallas en tierra santa. Abrumado por los excepcionales poderes que se decía que confería el manto, Sebastian se obsesionó con él, hasta el punto en que temió que el monje con el que se lo hicieron llegar pudiera llevárselo de nuevo, y lo estranguló. Ese acto de sangre mancilló el manto sagrado, volviendo su blancura oscuridad como señal del pecado cometido, una señal que Trigon, octavo señor demoníaco, había esperado por siglos ya que marcaba la llegada de su paladín, el primer Hermano Sangre. Tras hacerse con la ofrenda y su poder, Sebastian empleó su influencia sobre su soberano, y logró que Zandia cerrase sus fronteras al mundo por siglos. Fue en ese tiempo que recibió el mensaje de su nuevo señor, y la que sería su misión en adelante: crear la Iglesia de la Sangre. Con el país aislado, su nuevo culto se apoderó de la gente zandina, desterrando otras creencias y haciendo de Sebastian un rey en la sombra.

—Él gobernó durante 60 años, engendrando a un hijo que lo mató a los 100 —continuó contando ahora Zatanna—. Ahora, el actual Hermano Sangre intentó extender su fe a todas las regiones. Bajo su dirección, la Iglesia de la Sangre creció hasta convertirse en una organización mundial, con algunos miembros provenientes de gobiernos nacionales prominentes. El deseo y el supuesto destino de Hermano Sangre siempre ha sido gobernar el mundo. Actualmente, el Sebastian al que nos enfrentamos, es el último descendiente de este linaje, es un oponente formidable que cuenta con el respaldo de una gran cantidad de seguidores fanáticos y acólitos. Es un manipulador experto que se alimenta de la fe de sus miembros. Le encanta regodearse con sus desamparados cautivos, e incluso si es derrotado, logra convertir los eventos en su propio beneficio.

—Quiere traer a Trigon a la Tierra, pero para eso necesita a Raven, manténgala vigilada —ultimó John.

La pantalla del monitor parpadeó con luz, y cuando se aclaró, Zatanna y Constantine ya no estaban frente al monitor.

—Que sujeto más peligroso. Creí que todo lo relacionado a él se había acabado cuando lo derrotamos en Steel City —musitó Cyborg.

— ¡No dejaremos que él dañe a nuestra amiga Raven! —alegó Starfire, sus ojos brillando de un amenazador tono verde.

— ¡Si, nosotros la protegeremos! —gritó Melva ahora.

—Debemos resguardar a Raven —murmuró Wally, realmente turbado con la idea de que algo malo le suceda a la chica.

—Esto se está volviendo más problemático a medida que avanza el tiempo. ¿Qué haremos? —preguntó Terra.

—No se preocupen, el gran Zachary los ayudará —alardeó el joven mago.

—Mañana nos preocuparemos por qué hacer, por ahora iremos a dormir —concluyó Robin mientras se levantaba del sofá—. Cyborg, activa la seguridad de la Torre, mañana tendrás que reforzar cada sistema de manera minuciosa —ordenó—. No podemos permitir que nadie más entre sin nuestro permiso. No quiero ningún hueco en el mismo.

—Entendido, mañana a primera hora trabajaré en eso. Tendremos el mejor sistema que se pueda encontrar, ya lo verás —dijo Cyborg mientras golpeaba su pecho con un puño.


OoO


La llamada ya había finalizado pero los dos se habían quedado con sus mentes llenas de dudas.

—Zee, la próxima vez debes controlarte y mantener tu mente clara —expuso Constantine mirando a la maga.

—Tiene el libro. Estamos en problemas, John. ¿Algún plan bajo la manga? —preguntó Zatanna mirando al hombre rubio, ignorando su comentario anterior.

—Si Hermano Sangre está armando una resistencia puede que necesitemos un poco de ayuda mágica extra. Estamos nosotros dos, tenemos a Fate y a Zachary. Creo que necesitaré hablar con un viejo conocido.

— ¿Quién? ¿Tu amigo Chas Chandler es nuestra gran salvación? —se burló ella recordando al más cercano compañero de John.

—Ni cerca, amor, no lo involucraré en esto —dijo él mientras llevaba un cigarro a su boca—. Tendré que hacer una visita a Baron Winters.

— ¿Baron Winters?

—Es un hechicero bueno cuando se trata de amenazas sobrenaturales, sobre todo si hablamos del equilibrio entre las fuerzas del bien y el mal. Quizás él y su Night Force, su equipo de investigación, nos puedan dar una mano en un futuro cercano.

—Suena como un buen plan —dijo la maga finalmente.

—Solo espero que acepte.


OoO


Una vez, en la lúgubre noche, Raven se hallaba débil y fatigada sobre la suavidad de su colchón.

La pestilencia a azufre y pudrición era espeso en los confines oscuros de la habitación.

Escuchó de pronto un crujido como si alguien llamase suavemente a la puerta de su alcoba.

Aunque le costara admitir, tenía miedo. Para calmar los latidos de su corazón, se puso de pie y repetía: «Seguramente alguno de mis amigos; eso es, y nada más».

Y, entonces, abrió la puerta de par en par, y… lo que vio… fueron las tinieblas y nada más.

Escrutando con cuidado esta lobreguez, quedó llena de asombro, de temor, fantaseando con lo que ningún mortal se ha atrevido a divagar; pero el silencio no fue aturdido y la oscilación no dio ningún signo de querer aparecer.

Hasta que una voz profunda se escuchó, una voz que no deseaba escuchar. La voz de su padre.

Ven, hija.

Ese vocablo sonaba demasiado espantoso en aquella inquietante oscuridad.

Raven cierra la puerta con prisa, sintiendo toda su mente consumida por la consternación, no tardó en oír de nuevo un golpe, un poco más fuerte que el primero.

«Algo detrás de mi ventana: seguramente es el viento, eso es y nada más».

Entonces empujó el vidrio y, con un tumultuoso batir de alas, entró majestuoso un cuervo.

Negro como la noche, con cuatro refulgentes ocelos escarlatas. Se colocó por encima de la puerta de su habitación; precisamente encima de la puerta de su alcoba; se posó, se instaló y nada más.

El pájaro dijo entonces: « ¡Nunca más!».

Raven se alarmó cuando notó como una multitud de cuervos entraban, posándose sobre sus muebles, sobre su cama, sobre algunas de sus esculturas. Comenzaron a aletear con suaves graznidos hasta que, inmediatamente, comenzaron a chillar de forma tronadora.

Sus ojos se desviaron a su espejo arriba de su aparador. Entonces la vio.

La sombra, mirándola con una funesta mueca.

Ven.

Ella se apresuró en salir de ahí. Raven se encontraba en un pasillo maloliente y hecho pedazos, estaba tan mal cuidado que daba la impresión de que se derrumbaría en cualquier momento. A su frente, una escalera. Se dio cuenta que las paredes tenían una pintura roja extraña y de ella se plasmaron algunas letras que formaron una frase: «Soy la sombra, encuéntrame abajo».

Debía pensar con claridad y salir de ese lugar de inmediato, pero en lugar de huir, fue directo al sótano. Porque ramales negros la presionaban a seguir caminando hacia delante.

A medida que avanzaba seguían apareciendo mensajes en las paredes.

Raros y extraños mensajes.

"Abraza tu peor miedo. Únete a la oscuridad".

Ella bajó un escalón.

"La oscuridad está en nuestras almas, ¿no crees?".

Otro escalón.

"En lo oscuro, todo es uno".

Uno más.

"Abrazar la oscuridad se siente bien".

Un peldaño más.

"La oscuridad es el miedo a los fantasmas vivos".

Otro paso adelante.

"¿Tienes miedo a la oscuridad? ¿O tienes miedo a lo que hay en la oscuridad?".

¿Por qué está todo tan oscuro? —preguntó ella a la nada.

Una frase surgió en la pared como si estuviese contestando su pregunta.

"Al principio todo estaba oscuro".

Por fin llegó al último escalón.

De pronto miro al fondo del pasillo oscuro…

Una puerta roja.

Se escuchaba el rechinar de las ventanas con el viento, en el silencio de la noche, cuando de pronto vio un brillo por debajo de la puerta, un resplandor que despertó su curiosidad, y poco a poco se fue acercando a aquella puerta, sigilosamente tomo la perilla de la puerta y empezó a abrirla… cuando de pronto… sintió un cosquilleo en los pies y al mirar hacia abajo vio unas ratas corriendo sobre sus pies… lo cual provoco un grito y un salto inesperado en Raven… y de pronto la puerta de aquella habitación se abrió lentamente, produciendo un sonido espeluznante.

Por fin en la habitación, un gran hedor inundó sus fosas nasales. La oscuridad era espesa, completa, como si la hubiesen envuelto en paños negros. Ruidos se escuchan en el lugar y ella estaba temblando, lo peor sucedió cuando sintió la respiración de alguien detrás de sí.

Sombras vivas parecían bailar a su alrededor.

«Después de todas las cosas que había visto y por las que había pasado, sabía que las sombras podían ser peligrosas. Podían tener dientes».

Había una pequeña ventana con rejas de hierro por donde una débil luz entraba.

Creando más sombras.

Porque incluso las sombras tienen sombras.

El interior de la habitación estaba completamente a oscuras y Raven no pudo ver absolutamente nada. El aire estaba muy viciado, y antes de seguir adelante desvió sus ojos, vio algo oscuro en un rincón, y al acercarse no pudo evitar un grito de espanto. Mientras gritaba creyó que un nubarrón momentáneo había tapado la escasa claridad que penetraba por la ventana, y un segundo después se sintió rozada por una espantosa corriente de vapor.

Sólo pudo pensar en la horrible monstruosidad que tenía enfrente.

Pero lo más terrible de todo era que aquel horror se movía lenta y visiblemente mientras continuaba desmenuzándose.

Raven comenzó a subir la oscura escalera, oyó un estrépito debajo de ella. Incluso le pareció haber oído un grito, y recordó nerviosamente la corriente de vapor que la había rozado mientras se hallaba en la habitación del sótano. Oprimida por un vago temor, oyó más ruidos debajo de ella. Sintiendo aumentar su espanto, pensó en lo que había visto en el ático.

¿En qué fantástico mundo de pesadilla había penetrado?

No se atrevió a avanzar ni a retroceder, y permaneció inmóvil, temblando, en la negra curva del rellano de la escalera. Cada detalle de la escena estallaba de nuevo en su cerebro.

Una voz que venía de abajo la alertó.

Era la voz de Wally.

Raven, ayúdame.

¿Qué ha pasado, Wally, qué ha pasado? —susurró ella.

Nada..., nada... el calor... quema...; frío y húmedo, pero quema… tengo miedo, está muy oscuro aquí abajo —balbuceó él mientras su voz temblaba.

¿Wally, no entiendo?

Tu ocasionaste esto, te odio —dijo con repugnancia—, ¿de verdad creíste que alguna vez te quise?

Raven no contestó, salió de la habitación por la única puerta.

Ahora estaba en la torre. El lugar donde pasó sus momentos más felices.

Sin embargo, todo estaba ruinoso. Los cristales de las ventanas estaban rotos en su mayoría, y una indescriptible desolación rodeaban las precarias paredes, los arruinados postigos interiores, el papel de los muros que colgaba a tiras, la escayola que se desmoronaba, las inseguras escaleras y los pocos muebles estropeados que todavía quedaban. El polvo y las telarañas daban un mayor matiz de abandono a aquel ambiente atemorizador, con vigas al descubierto, infinitos años de abandono habían cubierto y adornado de formas monstruosas y diabólicas su hogar. Como toda casa abandonada, está deteriorada, sin luz eléctrica, la maleza crecida junto al musgo, apenas quedan algunos muebles empolvados y en mal estado.

Raven subió hasta la azotea. Pero cuando estaba en la cámara más alta de la torre, percibió la luna roja, siniestra, menguante, cornuda.

El viento demoníaco rugía.

Y bajo una luna menguante y cornuda, vio la ciudad por primera vez. Murallas de horribles llamas la rodeaban, al igual que sus edificios, casas, plazas y pavimentos.

El aire era desolador.

Algunas criaturas se movían entre la muchedumbre aún viva que imploraban por misericordia.

«Pero estas criaturas son demonios, se ríen de mí. Se burlan mientras duermo».

En ese momento, un impresionante enjambre de ratas famélicas llovió del cielo sobre el hediondo abismo y se puso a devorar a los hombres que quedaban vivos. Los pocos que no estaban convertidos en piedra ni ahogados en el mar de sangre.

Sus voces resonaban a su alrededor... gritos de dolor, gritos de agonía y los sonidos de la vida terminaban en un torrente de tormentos. Escuchando los ecos cada vez más apagados de aquellos espeluznantes alaridos.

Un trueno ensordecedor retumbó casi provocándole dolor de oídos, luego le siguió un rayo y una tormenta.

Se escuchó más fuerte el sonido la lluvia repicando.

Lluvia de sangre, como si alguien hubiese abierto una herida lacerante en el cielo.

Ella quedó empapada en ese líquido carmesí.

Truenos, tormentos, suplicios, gritos, lamentos, imploraciones, plegarias.

«Basta», rogó ella para que todo terminara.

El calor del piso estaba abrumando los sentidos de Raven, escuchaba como los escombros comenzaban a caer, y el piso de la azotea comenzaba a desprenderse.

Entonces ella cayó y aterrizó en medio de una especie de lodazal viscoso y negruzco que se extendía a su alrededor, con monótonas ondulaciones hasta donde alcanzaba la vista.

Era el mismo líquido que sintió en su primera pesadilla.

Había en la atmósfera y en la superficie putrefacta una calidad siniestra que le heló el corazón.

La zona ahora estaba corrompida de peces descompuestos y otros animales menos identificables que se veían emerger en el cieno de la interminable planicie. Nada alcanzaba a oírse; nada había a la vista, salvo una vasta extensión de légamo negruzco el cual le producía a Raven un terror nauseabundo.

Ella cerró los ojos…

«Basta», suplicó una vez más.

y los abrió.

Raven sintió alivio cuando el espejismo comenzó a desvanecerse.

Todas esas quimeras se habían ido, ahora sólo quedaba un largo camino vacío, sin nadie alrededor, excepto ella. No sabía lo que hacía, pero tenía un fuerte deseo de caminar. Hacía frío y estaba oscuro.

Después de un rato, giró por la única curvatura que había a su frente y el panorama cambió.

Ahora se encontraba en Azarath.

Y de repente, ya no estaba sola, había una figura en el otro extremo, la misma mujer de siempre.

Vestida de blanco níveo. Pura y etérea como siempre.

La luz brillaba nuevamente en las manos de Raven, pero ahora era solo una gota de luz. Una pizca casi inservible.

¿Qué estás haciendo aquí? —preguntó Raven.

He venido a advertirte —contestó.

Por favor, has que todo esto pare, no puedo soportarlo más. La sombra…

Eres su huésped ahora, no puedes escapar de ella, sabe dónde estás, te seguirá todo el tiempo —objetó la mujer.

Pero no lo entiendo, ¿cómo puedo mantenerla fuera?

No dejes que se apague —presagió ella.

¡Pero no entiendo lo que dices! ¿Cómo puedo deshacerme de eso?

No puedes hacerlo —contestó con una pequeña voz—. Se acaba el tiempo…

Con estas palabras, le dio la espalda a Raven y empezó a caminar de manera serena.

Ayúdame —imploró Raven.

La blanca figura frenó. Miró a ambos lados del camino, parecía inquieta, como si estuviera siendo vigilada y temerosa de ser escuchada y habló.

Raven escuchó lo que tenía que decirle y, por alguna extraña razón, tuvo la necesidad de memorizar cada una de sus palabras. Y así lo hizo. Como si estuviese anotando cada oración en alguna especie de libreta mental.

Palabra por palabra, letra por letra, retuvo todo.

Luego, cuando terminó de hablar, la mujer de blanco siguió con su camino.

Mientras veía a la misteriosa mujer alejarse, una recóndita sombra de repente parecía salir del paisaje. Entonces la oscuridad envolvió completamente la silueta de esta mujer.

Raven no podía verla más.

«La sombra. No puedo decir siquiera aproximadamente a qué se parecía, pues parecía ser un compuesto de todo lo que es pavoroso, indeseado y detestable. Parecía una fantasmagórica sombra de podredumbre, decrepitud y desolación; la corrompida y espesa imagen de lo dañino».

Cuando Raven quiso caminar y seguir a la mujer misteriosa, de repente se vio removida por una serpiente negra que se deslizaba por su cuerpo y ella, sin poder hacer nada para evitarlo porque se hallaba completamente paralizada, se despertó cuando ese reptil ingresó por su boca.

Ella abrió los ojos, comenzó a jadear y toser mientras trataba de respirar.

—Sangre. Mucha sangre —murmuró en un estado casi catatónico recordando el líquido que bañaba su cuerpo dentro de su pavoroso estado onírico.

Otra pesadilla. Se hacían cada vez más frecuentes. Ella seguía recordando a su padre, Trigon y a esa entidad, la sombra. A pesar del hecho de que el demonio había sido vencido hace muchos meses, aún parecía perseguir sus sueños.

El aire del ambiente estaba helado y la sensación de ser observada era aún más fuerte que cuando se quedó dormida.

Cuando Raven se acostó esa noche, tuvo una sensación extraña. Recordó que se sentía vigilada mientras trataba de dormirse. Pero fue mucho más que eso, sintió que alguien estaba con ella, pero no pude evitar quedarse dormida.

Podía oír algo moviéndose alrededor de su habitación. Pero no se atrevió a moverse, cerró los ojos y permaneció completamente inmóvil.

La paranoia parecía dejarla siempre en un estado permanente de alerta. Como si algo estuviera a punto de saltar de la oscuridad para atacarla. La falta de sueño le nublaba el juicio, de eso no cabía ninguna duda.

Una y otra vez, noche tras noche. El estrés ya estaba instalado en su sistema. Ante estímulos amenazantes, particularmente si estos son de naturaleza emocional, el organismo reacciona a través de diferentes sistemas, así se prepara para la lucha o la huida de la amenaza. Esta reacción que en principio es adaptativa y natural, tiene unas consecuencias tremendamente negativas para la salud cuando se presenta con demasiada frecuencia o simplemente dicha preparación y el exceso de energía que supone no son necesarios. Y ella sentía ya esos efectos.

Pero quería ya no sentir, ya no recordar. Quería escuchar el silencio. Pero no podía.

Finalmente, oyó pasos y, a medida que los pasos se alejaban, la temperatura volvía tranquilamente a la normalidad. Tras tan terrorífica experiencia, Raven no vaciló ni un instante en encender la luz.

«El impacto y el dolor de una pesadilla puede ser mucho mayor que el de un puñetazo», reflexionó ella.

—Era solo un sueño —pensó aliviada. Parecía tan real.

El tipo de sueño que parece real, hasta el punto de obsesionarte cuando te despiertas. Algunos detalles del sueño le eran extraños, demasiado raros, casi crípticos.

Raven se limpió el sudor frío de la frente y tragó hondo, su garganta estaba seca.

Respiró un poco más fácilmente al ver el interior de su habitación y olfatear su agradable aroma a lavanda e incienso que siempre había. Miró por la ventana y las estrellas brillaban como una cortina de diamantes en el cielo nocturno.

No pudo evitar irritarse consigo misma. Su mente no la dejaría olvidar, no la dejaría de atormentar, no la dejaría meditar y, lo que es más importante, no la dejaría descansar.

Cuando era solo una niña, su madre muchas veces la abrigaba cuando sus pesadillas la afligían. Raven no había deseado a su madre tanto como la deseaba ahora; un nudo se levantó en su garganta.

Palpitaciones, una contractura de los músculos tanto de la garganta, como del tórax y del estómago. Una manifestación emocional bastante física, la opresión en el pecho junto a la dificultad para respirar o ese dolor fijo en la boca del estómago.

Parecía estúpido, pero Raven no quería más que alguien que le dijera que todo estaría bien. Ella solo quería que alguien la tranquilizara.

Raven miró alrededor de su habitación pero todo lo que vio le recordó a Trigon y a su sueño.

«Eso es lo que sucede cuando llenas tu habitación con artefactos y decoraciones oscuras», deliberó con recelo.

Se alarmó cuando notó un extraño movimiento en su espejo.

Se acercó al mismo y observó el reflejo que le devolvía el cristal. Su contraparte oscura.

—Déjame salir —murmuró la sombra.

—Vete de una vez por todas. No te escucharé.

—Voy a ser un reflejo de tu alma donde quieras que estés.

¿Cuál era la razón de su existir? ¿Qué era lo que deseaba realmente?

Eran preguntas que rondaban la enmarañada mente de Raven junto con muchas otras más, a las cuales no podía encontrar una respuesta perfecta, para encajar en tal complejo rompecabezas de cuestionamientos existenciales.

Todo se encontraba en su psiquis, pero a su vez aquella serie de interrogantes inconclusos se veía reflejado también en ese otro sujeto. Su otro yo. Su siniestro reflejo.

Parecía siempre estar ahí, donde quiera que vaya. No podía librarse de la sombra ni de su aterradora mirada, que se filtra por entre medio de sus más profundos niveles de consciencia y subconsciencia, alterando su mundo interno.

Raven solo quería indagar y así resolver el gran misterio que la mantiene prisionera de aquel extraño yo... aquel que parecía vivir en los más recónditos lugares de su mente, aquel que siendo yo no lo es para ella.

¿Será que ambas pertenecen y son dueñas al mismo tiempo de su otro yo? ¿Qué entre ella y la sombra eran cada una necesaria para la otra?

Estando frente a frente Raven cree que está tramando algo, a cada instante, no puede darle la espalda, ni pensar su próximo movimiento.

Esto tenía que acabar, tenía que encontrar una solución a este laberinto de opciones e interconexiones de posibilidades no resueltas.

¿Ya no había salida más que el hecho irrefutable de que la supervivencia de solo una de las dos, es imperativa para poder continuar con lo que sea que deba ser?

Su reflejo continúa llevándola hacia los más recónditos rincones de su ser interno, no sabe qué sucederá a cada segundo posterior a este.

¿Quién acabará con quién?

— ¡Déjame salir! —gritó la voz de ultratumba de la sombra mientras golpeaba el cristal del espejo.

Por el sobresalto, los poderes de Raven se descontrolaron y produjeron que el espejo se cuarteara, dejándola alejada por fin de la temible presencia de la sombra.

Un infinito caos invadía su alma… con la incertidumbre de no saber quién va a desaparecer de las dos.

Todas sus pesadillas pasaron por su cabeza como una película. No podía meditar, no podía descansar, no podía dormir.

Su cabeza dolía y palpitaba, su gema Chakra ardía.

Necesitaba olvidar.

«Tengo que salir de aquí. Tengo que ir a otro lugar si quiero dormir un poco. Deseo… olvidarme de todo».


OoO


Más pálida y algo triste tocó la puerta con su frío puño y en unos segundos la misma se abrió. El velocista la recibió, vestido ahora simplemente una camiseta blanca y pantalones cortos rojos.

— ¿Raven? —preguntó Wally cuando vio a la chica. — ¿Todo está bien? ¿Qué pasa?

—Acabo de tener otra pesadilla. Acompáñame... no quiero estar sola —instó la chica.

—Claro, entra —dijo él mientras se apartaba para dejarla pasar, pero ella se había quedado parada en el marco de la puerta.

—Fue una pesadilla, perdóname, debes creer que estoy loca —dijo ella.

— ¿Pesadilla? —preguntó de pronto, sin poder evitar que su voz temblara un poco. Lo había recordado, Raven le había contado que su padre la atormentaba en sus sueños a veces. — ¿Qué... que fue lo que soñaste?

Sabía que él estaba intranquilo, tal vez hubiera sido mejor no haberlo dicho, para que no se preocupara.

—No... no lo recuerdo... lo he olvidado —balbuceó la hechicera.

Wally arrugó el ceño y la sombra de la preocupación no se desvaneció de sus ojos.

Raven carraspeó incómoda.

—Tal vez... —expresó ella—, tal vez no tiene importancia... olvídalo.

Él se sentó en la cama mientras ella lo seguía con los ojos.

— ¿No vas a dormir?

—No... No tengo sueño ahora —dijo recorriendo con sus ojos el cuerpo del chico.

Él, incómodo, miró alrededor sin saber que decir. Así que solo dijo lo primero que se le vino a la mente.

—Seguro que pronto encontraremos tu libro, derrotaremos a Hermano Sangre y todo finalizará. Debes estar tranquila. Pudimos contra la Hermandad del Mal, ¿no es así? —preguntó más para romper el silencio. Ella hizo una mueca despreocupada—. Y no estoy enojado contigo, ¿sabes? Solo estaba un poco celoso del mago, me resulta irritante, tanto como a ti te resulta irritante Zatanna.

—No te preocupes, todo terminará —susurró Raven suavemente.

El chico arrugó el ceño. Aquellas palabras que había utilizado le sonaron demasiado... ¿escalofriantes? Casi proféticas. Los minutos pasaron lentamente.

— ¿Raven?

—Yo...

— ¿Por qué no entras? —dijo el joven rápidamente mientras se levantaba y la hacía entrar a la habitación cerrando la puerta.

Raven miró a su alrededor distraídamente.

—Acuéstate si quieres, estaba viendo una película —dijo él mientras se sentaba nuevamente en el borde de la cama.

Ella no contestó.

— ¿Qué pasa? —Preguntó él mirándola impaciente. — ¿Te sientes mal?

Ella ni siquiera lo escuchó, sentía su mente envenenada, desgarrada...

Dividida.

—Hazme olvidar —susurró.

« ¿Por qué esforzarnos tanto por reprimir nuestros más básicos instintos naturales?».

— ¿Qué? —interrogó él confundido.

—Hazme olvidar, Wally —demandó ella.

— ¿A qué te... —intentó preguntar poniéndose de pie pero Raven, que se había puesto delante de él, apoyó una mano en su varonil pecho, lo que hizo que él cayera de nuevo sentado en la cama, mirándola confundido.

Ella lo miró y de pronto se sentó sobre él sin tapujos, haciendo que el chico diera un hondo respiro sin atreverse a exhalar el aire que había tomado, impresionado de su actitud. La posición era bastante osada.

Raven mantenía su mano cerca de su propio pecho y con la otra la pasó alrededor de su cuello, para acercarlo más a ella.

Sintió la calidez de sus manos y las imaginó tocando su cuerpo, acariciándola entera, recreándose en su piel. La sola idea la hizo respirar hondo; sintió un hormigueo en su pecho y un calor nuevo entre las piernas.

El aura de Wally era como una luz radiante y lo que más necesitaba ahora era algo de luz.

Wally no entendía que estaba pasando. Sintió la respiración dulce tan cerca de su cara que cerró los ojos creyendo que era un sueño, segundos más tarde los abrió para encontrarse con aquel rostro cerca del suyo, aquellos ojos amatistas que le mostraban emociones indescifrables.

Deslizó sus brazos tan fuertemente tras su espalda que en un segundo pudo sentir su pecho contra el suyo.

—No quiero que sufras, Raven —dijo él mirándola fijamente, como si intentara descubrir los secretos de su mente.

Raven siguió mirando los ojos del chico, sintiendo que su pasión crecía.

Acarició los músculos duros y firmes del pecho de Wally por encima de la camiseta. Se arrimó más al pelirrojo y sintió su calor, el contacto de su piel, de su brazo rodeándole los hombros. Y su cuerpo comenzó a temblar de expectación.

Ella cerró los ojos.

Se sentía tan a gusto, no había una situación más perfecta. Como por arte de magia, todas sus preocupaciones perdieron importancia.

La hechicera acarició su cuello con su mano, pequeños roces que él recibió complacido con los ojos cerrados, mientras aspiraba el intenso aroma de su cuerpo tan cerca del suyo. La chica abrió los suyos y se acomodó más contra él, sintiendo el corazón del joven palpitar tan aprisa que chocaba contra el suyo.

Wally rozó su mejilla contra la de Raven. El olor de él hizo que el estómago de ella se convirtiera en nudos. Él olía tan bien, tan atractivo, tan masculino. Los labios de la hechicera se separaron ligeramente para que pudiera respirar por la boca para ayudar a controlar los olores que bombardeaban sus sentidos, pero no sirvió de nada. Tomó su aroma a través de sus labios y su boca salivó cuando casi podía literalmente probarlo a través del aire a su alrededor.

Se acercó dudosa hasta sus labios, los rozó primero, una y otra vez, hasta que al fin él la atrajo más fuertemente con una mano detrás de su nuca y un beso fue lo que terminó con la tortura.

Lo besó desesperada tanto como él lo estaba haciendo, saboreando su boca y con un solo pensamiento: "Hazme olvidar".

El pelirrojo notó que había algo distinto en su beso, una pasión vibrante, ardiente. Notó su lengua en la suya, plenamente consciente del modo en que su cuerpo estaba respondiendo.

Se acercó mucho más a él, sintiendo de pronto entre sus piernas algo duro e inquietante que provocó que se escapara un pequeño gemido de sus labios.

La mano del chico bajó hasta su pierna desnuda, deslizando una suave caricia por sus muslos desnudos y, agarrando fuertemente, la aprisionó más contra él. Raven sintió el intenso calor de sus mejillas mientras que los besos se volvían más desesperados, los roces más fuertes, el hormigueo en sus labios se hizo casi insostenible.

Wally bajó al fin hasta su cuello mientras la besaba con igual ímpetu y la mano que se hallaba detrás de su espalda se fue colando esta vez bajo su blusa, sintiendo de pronto que acariciaba suavemente sus formas. Entonces él extendió los brazos, le levantó la blusa, y acarició lentamente su vientre con un dedo antes de quitarle la prenda. Se sorprendió de que ella no llevara sostén.

La sangre de demonio de Raven hervía ante el gesto provocador y casi posesivo de Wally, casi clavó sus uñas en su pecho. Así que trató de quedarse quieta para no lastimarlo, pero lo estaba haciendo difícil con todos sus estímulos que le rogaban que respondiera.

Hipnotizada por las crestas que dieron forma a su cuerpo bien definido, Raven se encontró recorriendo y hundiendo sus dedos en las líneas y trazando cada músculo por debajo de su camiseta, casi gimiendo por lo caliente que estaba su piel.

La punta del dedo índice de ella recorrió lentamente la única línea que iba desde la mitad de su estómago, luego lentamente se arrastró entre sus abdominales, saltó sobre su ombligo para golpear el dobladillo de sus pantalones y luego volvió sobre su camino imaginario.

La cara de ella enterrada en el hueco de su cuello y hombro.

Se aferró a él con más fuerza. Solo necesitaba algo real, algo para solidificar el hecho de que todavía estaba en la realidad.

Sentirse desesperada era una cosa.

Sentirse patética era otra.

No quería ser patética, ser patética significaba sentir lástima, y ninguna de esas características era muy útil para una chica como ella.

—Veo que estás disfrutando la atención —le susurró ella en el cuello con un tono provocador mientras acariciaba el bulto que ya se notaba por debajo de sus pantalones. El cálido aliento del velocista envió escalofríos por su espina dorsal y la hizo retorcerse ligeramente.

—Raven… —advirtió Wally en voz baja, sus ojos pareciendo arder. Lleno de fuego caliente y hambre necesitada.

El cuerpo del velocista jadeaba de placer, y la energía comenzaba a crecer en el interior de Raven manera súbita. Para una émpata como ella, era fácil absorber todas estas emociones aglomeradas.

«Hazme olvidar».

Raven arqueó su espalda y gimió cuando sintió sus manos sobre ella, palpándola, sondándola, memorizando cada curva, cada tejido blando de su cuerpo.

Wally sintió que su ropa ya estaba estorbando demasiado y comenzaba a asfixiarlo con todo el calor que estaba sintiendo.

Pequeños y ahogados suspiros se escaparon de Raven, que se erguía a duras penas, con los ojos cerrados y moviéndose lentamente sobre él. Sintió de pronto los dedos de él sobre sus pechos y luego ella buscó su boca nuevamente, abrazándose a él, suspirando descontrolada.

El chico apenas podía contener la respiración. Wally la miró y oyó su respiración entrecortada mientras sus dedos descendían por la remera que lo cubría. Él sintió el roce de sus dedos sobre su piel cuando le quito su propia prenda.

Entonces ella deslizó su mano por su torso desnudo, acariciando su duro estómago y llevando luego sus labios hasta su pecho, bebiendo de su piel que le resultaba exquisita.

El velocista se excitó más si era posible al sentir sus labios sobre su pecho desnudo. La sensación era casi eléctrica.

El pelirrojo bajó la cabeza para besarla entre los pechos y luego ascendió despacio con la lengua hasta el cuello, dejándola sin respiración. Sus manos le acariciaron suavemente la espalda, los brazos, los hombros, hasta que sus cuerpos ardientes se unieron, piel con piel. Wally le besó el cuello y lo mordisqueó suavemente mientras ella levantaba las caderas para permitirle que le quitara los pantalones y, sin pensarlo, la privó también de solo un ademán de su ropa interior que deslizó entre sus piernas. Comenzó a arrastrar sus labios sobre su clavícula y cuello, amando lo suave que era la piel allí. Dejó que sus labios se acercaran a su oreja antes de que le mordiera el lóbulo de la misma con suavidad, sorprendiendo a Raven.

Raven buscó a tientas el borde de los pantalones del velocista, lo descorrió, y miró a Wally mientras se los quitaba. Por fin sus cuerpos desnudos se unieron como en cámara lenta, y los dos se estremecieron, escuchando junto a su oído la respiración ahogada de su compañero.

Wally le lamió el cuello mientras sus manos acariciaban la piel tersa y caliente de sus pechos, descendían hasta el vientre y la entrepierna y volvían a subir. Estaba fascinado por su belleza. Su cabello morado sedoso reflejaba la luz y la hacía brillar. Su piel tersa y hermosa resplandecía a la luz de la luna. Sentía las manos de la hechicera en su espalda, atrayéndolo hacia ella.

Se tendieron en la cama; el aire estaba denso por el calor que parecía emitir sus cuerpos. La espalda de Raven estaba ligeramente arqueada cuando él rodó encima de ella con un movimiento suave y fluido. Él quedó a gatas encima de ella, con las rodillas abiertas sobre sus caderas. Raven levantó la cabeza para besarle el cuello y la barbilla, y con la respiración entrecortada, le lamió los hombros, saboreando el sudor de su cuerpo. Le pasó las manos por el pelo mientras él se encaramaba sobre ella, con los brazos de los músculos contraídos por el esfuerzo. Raven hizo un pequeño gesto de invitación y tiró de él, pero Wally se resistió. En cambio, descendió y rozó su pecho ligeramente contra el de ella, y ella sintió que su cuerpo se estremecía de expectación.

El pelirrojo repitió el movimiento una y otra vez, despacio, en contra de la velocidad que lo caracterizaba, besando cada parte de su cuerpo, escuchando los pequeños gemidos de Raven mientras se movía encima de ella.

Tomando sus caderas, Raven lo atrajo hacia ella, presionándose contra la dureza de él, y él gimió ante el contacto. El sentir el roce entre ambos sexos produjo en los dos impresiones sumamente placenteras, estremeciendo sus cuerpos. Ella deslizó sus manos por su espalda, sus dedos se movieron sobre cuerdas de músculos apretados mientras se arqueaba aún más cerca.

Wally sintió que no podía aguantar ni un minuto más.

— ¿Lista? —murmuró él con ansiedad y la voz temblorosa, mientras sus ojos buscaban en el rostro de ella la calma y el alivio para proseguir.

Raven solo afirmó con la cabeza y cerró los ojos cuando sintió que él se adentró completamente en ella. Cuando por fin se unieron en un solo ser, Raven gritó y hundió las uñas en su espalda, dejando unas marcas que seguramente durarían unos días pero que solamente excitaron más al chico. Raven supo de qué hablaban cuando decían que la primera vez dolería. Por suerte, el dolor no duraría demasiado.

Su rostro sudoroso reposó sobre su hombro, respirando agitadamente.

Su empatía le permitía percibir que el chico quería ir más deprisa pero se estaba conteniendo completamente. Él iba lentamente, suavemente, con sumo cuidado y temblor de no dañarla en lo más mínimo.

—Puedes… puedes ir más rápido, no soy una muñeca de porcelana, Wally, no me voy a romper. No me trates como una humana débil.

Él obedeció y comenzó a moverse a un ritmo mucho más veloz, con mucha más intensidad, utilizando su característica velocidad para tomar impulso, lo suficiente para que ella siguiera gimiendo su nombre pero sin excederse demasiado para no lastimar a la chica.

—Dime… —gimió él—, dime si quieres que me detenga.

—Dudo mucho que quiera eso —murmuró ella con una sonrisa—, me gusta más así. Quiero que sigas. No te detengas.

Raven se agarró a él con fuerza. Envolvió sus piernas alrededor de su cintura para mantenerlo cerca mientras él seguía bombeando continuamente dentro y fuera de ella.

Raven gimió y jadeó cuando el pelirrojo apretó con fuerza su cadera contra la suya tocando un punto sensible.

Era como un frenesí casi salvaje.

Ella escondió la cara en su cuello, sintiéndolo en su interior, gozando de su fuerza y su ternura, sus músculos y su alma. Se movió rítmicamente contra su cuerpo, dejando que la llevara donde quisiera, al lugar donde debía estar.

El olvido que ella deseaba.

Raven abrió los ojos y lo miró a la luz del astro nocturno, maravillándose de su belleza mientras se movía encima de ella. El cuerpo de Wally brillaba, perlado de sudor, y las gotas cristalinas caían sobre su cuerpo como la lluvia.

Todas sus preocupaciones, todas las facetas de su vida, su propia conciencia, escapaban con cada gota, con cada exhalación.

Wally resopló, recibiendo ella de lleno el calor de su aliento sobre su cara. La sujetó fuertemente por sus muslos, escapándose de ella pequeños y ahogados gemidos que poco a poco fueron cesando.

Raven se sintió recompensada por una sensación cuya existencia desconocía. Una ola de éxtasis tóxico la ahogaba en una bondad deliciosa. La sensación continuó y continuó, hormigueando en cada poro de su cuerpo, haciendo hervir su piel, hasta que se desvaneció. Entonces se estremeció debajo de Wally, conteniendo el aliento. Pero en cuanto la primera sensación se diluyó, otra comenzó a apoderarse de ella, y empezó a experimentarlas una tras otra, en largas secuencias.

El chico se recostó en la cama y ella sobre él, respirando al unísono, hasta que sus respiraciones se volvieron poco a poco más acompasadas, más tranquilas, recuperando el ritmo.

Raven sintió la energía que embargaba por completo su cuerpo. Una energía extraña, suave. A través de sus tupidas pestañas miró apenas la luna por la ventana de la habitación, que brillaba con especial fulgor aquella noche. Quedando cansadamente recostada sobre el muchacho... a través de los desordenados cabellos que caían sobre su cara y respirando agitadamente, al unísono que Wally, siguió mirando la luna, tan brillante, grande y amarilla, sintiéndose extrañamente... nueva.

«No dejes que se apague».

Raven cerró los ojos extenuada, sin mover un solo músculo de su cuerpo. Se acurrucó más y escondió el rostro en el pecho del velocista. Era cálido, muy cálido y duro, el aroma de su perfume varonil la embriagó de gozo, lo abrazó esta vez más fuerte mientras lo escuchaba respirar, el pecho de Wally y que era su refugio se movió con fuerza.

Intercambio equivalente.

Le dio su cuerpo y alma al hombre que la amaba y creyó que él le daría el olvido que necesitaba. El olvido es una forma de libertad, pero ella estaba esquivada con respecto a algo.

¿Sabes que es lo mejor o peor del olvido?

Es el recuerdo... que queda como huella por siempre. Nada graba tan fijamente alguna cosa a nuestra memoria como el deseo de olvidarla. Intentar olvidar no funciona.

Ella ya lo había leído una vez, el olvido y la memoria no son más que infieles convivientes. De hecho, es bastante parecido a recordar.

Y Raven entonces, en ese mismo momento, recordó algo. Las palabras de esa mujer grabadas a fuego en su cabeza:

"Las sombras de la oscuridad te rodean. La vida te llena con su flujo. Pero debes surgir y tu cuerpo debe ir lejos a los planos que te rodean y aún ser una contigo, también. En las entrañas de tu interior, un monstruo espera. Se avecina la tormenta, el tiempo se está terminando. Días antes de la noche más oscura. Días antes de la mañana más sombría. Lleva tus pensamientos al interior. De la oscuridad has tu surgido, te has acercado más a la luz de tu objetivo. En lo profundo y aún más profundo, más misterios encontraste. Sigue el camino. Resuelve tú mis secretos. A ti he mostrado el camino. Busca con sabiduría y que los ángeles guíen tu búsqueda".

¿A qué se refería con todo eso?

Lo investigaría mañana pero, por lo menos, al fin podría dormir una noche sin desazón, la presencia del velocista parecía ser un bálsamo paliativo a su ya desequilibrada alma.

—Rae…—llamó él.

—Dime —dijo en un susurro la chica.

—Eso fue… grandioso. Se sintió de maravilla.

—Lo sé —expresó ella con un suspiro de placer.

— ¿Podemos repetir?

.

.

.

— ¿Qué? —preguntó ella frunciendo el ceño. Quizás había escuchado mal.

— ¿Podemos repetir? —preguntó nuevamente el chico. Parecía tener energías renovadas. Y parecía realmente emocionado con la idea.

— ¿No estás cansado? —quiso saber ella.

—Tengo energías de sobra para dos o tres sesiones más, cariño —comentó él mientras se colocaba encima de la chica nuevamente.

—Bien, veremos cuanto te dura esa energía —lo desafió ella con una media sonrisa.

— ¿Me estás retando? —cuestionó el velocista mientras arqueaba una ceja.

—Algo así.

.

.

.

Intercambio equivalente.

En el asunto de las artes amatorias que nos ocupa, el aumento de la entropía o desorden también es fácil de observar. Uno va despeinándose cada vez más, y la cama queda totalmente deshecha, y eso si no se acaba rompiendo en caso de que los movimientos sean muy impetuosos.

Sin embargo, no salió del todo mal.

Raven gimió cuando el velocista comenzó a moverse encima de ella nuevamente. Ella le acarició el suave cabello pelirrojo, suspirando y respirando apenas, Wally apartó su boca de la suya y trazó un corto recorrido de besos pequeños en su mejilla, en el cuello, luego deslizó su lengua saboreando su piel, ella se arqueó y él tomó una de sus piernas y la obligó a enlazarse a su cadera.

El mundo no es perfecto y Raven quería creer que la ley está incompleta, no abarca todo, pero todavía quería creer en su principio: que todas las cosas llegan a un precio, que hay un flujo y reflujo, un ciclo. Que el dolor que había pasado toda su existencia tendría una recompensa y obtendría algo hermoso a cambio. Y ese alguien era él, Wally West.

Ella tenía el rostro completamente sonrojado y su flequillo pegado a la frente debido al sudor, y a él le caía una gota de sudor junto a la sien.

Raven dejó de percibir cualquier tipo de dolor y sólo sentía que se consumía en fuego, que sus huesos casi se derretían, que su interior se humedecía clamando una vez más por su virilidad, aquella que ya había probado y que deseaba más.

Las manos del velocista acariciaron lentamente el cuerpo de la hechicera, deteniéndose en la curva de su espalda para empujarla hacia él. Ella sintió que los músculos del chico se tensaban mientras se deslizaban contra su piel, su cadera se hundía entre sus piernas.

Los latidos de sus corazones eran rápidos y constantes golpeando uno contra el otro.

Pronto consiguieron un ritmo que les hizo perder la razón, Raven experimentó por primera vez el placer carnal, haciéndola sentir que se derretía en los brazos de ese hombre, que se fundía con él, que perdía la razón y también el aire.

Sus manos recorrían la espalda del chico de arriba a abajo una y otra vez, a veces se detenía y acariciaba ahí formando círculos en acto de ternura o consuelo, mientras seguía con su boca apegada a la suya, ardiéndole los labios pero queriendo más de ellos.

Ese deseo de fusión interpersonal es el impulso más poderoso que existe. Constituye la pasión más fundamental.

Había obtenido algo que nunca pensó que tendría: el sentimiento más puro, la magia más antigua que se otorga a otro ser viviente de manera desinteresada, sintiendo además el bienestar absoluto en saber que ha colaborado en generar alegría en el otro.

El dichoso amor.

El amor, es una emoción profunda, poderosa e inefable de apego y afecto por otro ser o seres. Da a los que lo experimentan, la capacidad de hacer grandes cosas.

No había obtenido el olvido, pero sí las fuerzas para seguir adelante y luchar.

«No me rendiría, la sombra no me ganaría».

Esto era el intercambio equivalente.


OoO


París, Francia

De pronto todo se volvió frío y claro; a miles de kilómetros el sol apenas se veía en el horizonte mientras él se deslizaba por las calles de París, en dirección a su objetivo, su túnica blanca ondeándole detrás.

Ciudad de las luces, ciudad de las sombras. Ciudad de los poetas, ciudad de los filósofos.

Estaba extasiado, Mother Mayhem ya le había dado la grandiosa noticia de que por fin el Grimorio de Volpert estaba en manos de la Iglesia de la Sangre.

Respiró profundamente el aire fresco que lo recibió. La mañana parisina era clara y nítida.

Había pocas personas a esa hora. El tráfico de cercanías de los suburbios no se vertería en la capital durante un tiempo más.

La ciudad se iba replegando lentamente –vendedores callejeros que arrastraban carritos con almendras garrapiñadas, camareros que metían bolsas de basura en los contenedores, un par de amantes abrazados disfrutando de la brisa impregnada de jazmín.

La débil luz solar se filtraba sobre los techos y las cúpulas del horizonte de París, recogiendo el oro del Sacré-Couer, derramándose a través de la gigantesca roseta de Notre-Dame. Las palomas saltaron a lo largo de las aceras del Champs D'Elysée, esquivando a los impacientes camareros con sus altos delantales en la cintura mientras colocaban las mesas y las sillas de los cafés de la acera.

Apareció a mano derecha el perfil iluminado de la Torre Eiffel, apuntando hacia el cielo. El símbolo de Francia.

Al internarse en el parque desierto, aquella mañana el lugar parecía extrañamente cargado de malos presagios.

Tomó una avenida desolada y fue a dar a un espacio cuadrado que había más allá.

Se adentró en un edificio de apariencia antigua y qué parecía estar amurallado. Pero nada lo detendría.

La base de la Hermandad del Mal.

A medida que se adentraba en el subterráneo, el enorme espacio iba emergiendo lentamente de las sombras. El tono ocre pálido del mármol aparecía ante sus ojos a medida que progresaba en su camino.

Todo estaba oscuro.

Y por fin llegó al salón principal. Evidentemente una gran batalla campal se había llevado a cabo en este lugar.

Sus ojos ancianos se dirigieron a las figuras congeladas.

Cerebro, Monsieur Mallah, Madame Rouge, General Immortus, algunos de sus ex-estudiantes. Algunos villanos que no conocía en absoluto.

Todos criogenizados como si fueran los meros trofeos de la victoria de los Titanes.

«Que Hermandad tan patética, no pudieron contra ellos, pero yo sí podré», se burló el anciano.

Pero sus ojos se detuvieron en una figura en especial.

Levantó su mano y un rayo rojo salió disparado, arremetiendo contra la figura de cristal.

Poco a poco el hielo se fue derritiendo, dejando a la persona finalmente liberado de su prisión eterna de hielo.

La figura del villano miró a los ojos de su "salvador".

—Hermano Sangre —murmuró la voz luego de toser y tomar una gran bocanada de aire. — ¿A qué debo tu favor?

—Doctor Simon Jones —llamó Hermano Sangre.

—Ya nadie me llama así —replicó el villano frente a él.

—Doctor en Física, estabas trabajando en experimentos con otras dimensiones cuando el demonio Trigon se puso en contacto contigo en el pasado —apuntó Hermano Sangre—. Trigon usó sus habilidades para transformarte en un poderoso psíquico con poderes telepáticos y telequinéticos, y te dio una misión, ¿la recuerdas?

—Ayudarlo a traer la destrucción a la Tierra —contestó sin dudar.

—Estoy en esa labor —declaró el anciano—. Todos los que me atormentaron sufrirán... particularmente aquellos que se llaman a sí mismos Titanes. Oh, en efecto. Pagarán el precio más duro de todos... y tú serás un instrumento más de mi causa.

—Lo haré, solo por Trigon, a él le debo todo —dijo el villano recientemente descongelado—. Es el precio que debo pagar por haberme dotado de estas grandes cualidades.

—Ya veo, intercambio equivalente —expresó Hermano Sangre con una sonrisa y mirada calculadora—. Nuestro dios estará satisfecho de que compartas nuestros propósitos. Tus grandes habilidades nos serán de utilidad. Bienvenido, Psimon. Es hora del juego final.


¿Qué les pareció este capítulo?

Algunas cosas que decir…

- Espero que la escena final entre Wally y Raven mínimamente haya quedado decente. Solo comencé a escribir y resultó esto. No solamente este es mi primer fic, sino también la primera escena "erótica" que escribo jaja así que espero que lo comprendan y que no haya hecho algo… desastroso.

- También el capítulo estuvo repleto de explicaciones, así que espero que no haya resultado denso pero era todo necesario para entender algunas cosas.

- Además de que dejé escritas "alegóricamente" varias cosas para el que sepa leer entre líneas (soy un aficionado del simbolismo de los sueños y su interpretación jeje).

¿Qué hipótesis pueden sacar de este capítulo? ¿Sobre la pesadilla de Raven y su charla con la misteriosa mujer? ¿Qué creen que sucederá con Raven?

Me encantaría leer las teorías que tienen hasta ahora.

Notas aclaratorias:

* El comienzo de la pesadilla de Raven, el cuervo entrando por su ventana y diciendo "Nunca más", es una referencia directa del poema narrativo de Edgar Allan Poe, "El cuervo" (The Raven).

** La frase "…las sombras podían tener dientes" es una frase de Stephen King.

*** La fragmentación del alma es una idea evidentemente inspirada en la obra de Harry Potter, utilizando esa representación para explicar mi propia teoría de la mente escindida de Raven en emociones individualizadas (muy importante para entender la idea principal de la historia).

**** Psimon, el villano que aparece al final, ya había tenido una breve aparición en la historia. Por si no lo recuerdan, se pueden remitir al capítulo 8 (donde, por si no lo habían notado, ya había dado una pista sobre la división del alma de Raven).

Con nada más que aclarar, nos leemos en el siguiente capítulo…

Saludos!