Los personajes de Saint Seiya no me pertenecen, son propiedad de Masami Kurumada y Chimaki Kuori.
20) ... incómodo cuando te escuchan hablando solo.
—¿Debería de revisar mis notas primero o pasar a la lavandería?... Creo que revisar la lista de pendientes sería lo principal.
Hysminai salió de su ducha envuelta en su toalla y se acercó a su escritorio, donde revisó sus pendientes. En realidad su nuevo jefe no la llenaba de trabajo así que no le sorprendió ver su agenda casi vacía, la mayoría de las cosas en su lista eran sobre ella. Después de prepararse salió al exterior directo a su trabajo; tenía la costumbre de hablar sola, repasar las cosas que tenía que hacer, así que de camino a su trabajo se repitió algunas de esas tareas.
—Al señor S. le gustan los panes dulces, creo que le llevaré uno, así me perdonará por ser algo encimosa con su primo —se dijo, antes de voltear a su izquierda y ver qué la mujer a su lado la miraba con una ceja levantada—, buenas tardes.
Siempre se avergonzaba cuando notaba que alguien la había escuchado, pero le era difícil no hablar sola, esa era la mejor manera de hacer que su mente recordara todo lo que se suponía debía recordar.
—Si le compro uno con doble chocolate querrá que se lo compre siempre, pero si le compro el de fresa me perdonará en seguida…
Aún indecisa se acercó a la vitrina y miró los dos pastelitos que esperaban ser escogidos. No tenía mucho tiempo trabajando, pero su nuevo jefe a veces era demasiado abierto en algunos aspectos, sólo necesitó una semana a su lado para conocer las cosas que le gustaba y las que no, y lo estrafalario que era.
—Ohh, también hay uno de nueces… no, Hysminai, concéntrate, debes de buscar la forma de que el señor S. deje de estar enfadado contigo no hay tiempo para tus pequeños gustos… pero por otro lado, ¿qué en verdad me dice que el señor S. está enfadado conmigo? No me ha dicho nada y ayer dejó que me fuera temprano y hasta me dió permiso para tomar el Sol afuera de su casa…
Podía verlo, en ese momento discutía con otra versión de ella que le decía que no era tan malo que se diera su gusto, además de que su jefe nunca le reclamaba algo, incluso si llegaba tarde. El volumen de su voz comenzó a aumentar, estaba tan sumida en su discusión consigo misma que sólo se interrumpió cuando notó que justo a su lado estaba uno de los chicos que vivía con su jefe; el de cabello azul claro, teñido de rubio en las puntas.
Sintió que sus mejillas se calentaban, era vergonzoso que uno de esos chicos la escuchara hablar sola, en especial considerando que estaba siendo demasiado coqueta con ellos y sus amigos, eso arruinaba su imagen.
—Hola… —saludó, tragándose su vergüenza y fingiendo que no estuvo diez minutos discutiendo con ella misma.
—Hysminai —Afrodita asintió antes de mirar frente a ellos los tres postres—, dirás qué soy entrometido, pero no pude evitar escuchar tu problema.
—Todos lo hicimos.
Al lado de Afrodita había alguien más, un rubio que recibió un codazo de parte de su amigo justo en las costillas.
—… ya no pegas como niña —murmuró el rubio sobándose el lugar golpeado.
Hysminai sintió que su rostro se calentaba otro poco, se había descuidado demasiado y aunque la opinión de desconocidos le daba igual, ellos no eran cualquier persona.
—El señor S. no está molesto contigo, difícilmente se molestaría con alguien, así que cumple tu capricho, si lo consientes demasiado él no te dejará ir —dijo Afrodita, ignorando a su quejumbroso amigo a un lado.
Ella asintió en silencio, definitivamente ya no podría coquetear con Afrodita a gusto sin recordar ese momento, al menos él había optado por ignorar el incidente.
—De acuerdo… —murmuró, optó por superar ese momento y regalarle al botánico una brillante y blanca sonrisa—, y para la próxima tal vez considere consentirte.
Afrodita rió por lo bajo antes de responder.
—Esperaré el momento en ese caso.
Su fachada duró sólo hasta que salió de la tienda, camino al trabajo Hysminai no pudo evitar golpear su frente con su palma.
—¡Qué vergüenza! Me escuchó hablando sola, ¿pero qué rayos pasa conmigo?...
Se quejó, ignorando algunas miradas de los transeúntes porque continúo hablando sola.
