La luz que se colaba por las ventanas le dio en el rostro, haciéndolo despertar. Pestañeó con rapidez, pero la luz le molestó demasiado por lo que optó por mantener los ojos cerrados.
Intentó mover un brazo, pero algo estaba sobre él, limitándole la movilidad, mientras el otro envolvía una especie de bulto.
No recordaba haber dormido tan bien nunca, pero en ese momento se sentía fatigado físicamente, más con un brío que lo podría hacerlo correr por horas.
Casi hasta que sentía las suficientes energías y ánimos como para dar la vuelta al mundo tres veces seguidas.
Se acurrucó al bulto suave y confortable que estaba en sus brazos y ahogó un bostezo. El bulto se movió ligeramente causándole extrañeza, por lo que abrió los ojos. Raven le daba la espalda y usaba su brazo como almohada, por ello no lo podía mover, mientras él la tenía firmemente abrazada por su cintura. Recorrió sus cuerpos con la mirada y supo que las sensaciones eran correctas, las sábanas con que estaban cubiertos delineaban sus dos cuerpos totalmente acoplados. Sentía los muslos desnudos de la chica contra su pelvis y su pecho unido a la delicada espalda.
«No fue un sueño», pensó de inmediato. Anoche había amado a Raven sin cansancio olvidándose por completo del motivo por el cual la chica había llegado a su habitación.
No quiso moverse para no despertarla y acabar con la posibilidad de sentirla descansar entre sus brazos. Jamás había pensado que el sexo con alguien a quien amabas fuera un acto tan especial y único.
Recordó, con un vuelco en el corazón, como durante toda la noche, mientras se aprendía de memoria su cuerpo, le repitió incontable veces que la amaba.
El rostro de la chica parecía totalmente relajado y no cambió cuando se giró, quedando refugiada en su pecho. Wally, turbado, la abrazó y la atrajo aún más cerca de él. Cerró los ojos relajándose por la respiración apaciguada de la chica contra su piel y rogó porque tuviese muchas mañanas más así. Ese fue su último pensamiento antes de caer nuevamente dormido.
Georgetown, Maryland
El hombre rubio entró en una de las tiendas de la ciudad. Ya se hallaba fuera de Inglaterra. La Iglesia de la Sangre había encontrado su escondite y ya no era seguro quedarse en ese lugar.
Sus ojos se frenaron en un tipo. Estaba vestido con una remera roja de algún equipo deportivo junto a unos pantalones vaqueros sueltos y unas zapatillas desgastadas.
Ni cinco minutos fuera del mundo exterior de nuevo y ya estaba viendo a alguien haciendo un pequeño timo en un pequeño negocio. Clásico, estafa de poca calidad. Ganancia de nueve dólares.
Miró de reojo cuando el chico pasó por su lado rozándole el hombro. Había algo raro en ese muchacho.
— ¿Te ayudo en algo? —preguntó el dueño del lugar. Un anciano afectuoso con cara que reflejaba una total amabilidad. Sintió un poco de pena por cómo se habían aprovechado de él segundos atrás.
«No es que sea asunto mío, pero odio ver una estafa descuidada funcionando».
— ¿Señor? —repitió el dueño.
—Sí, quiero un atado de Silk Cut y fósforos —pidió Constantine.
Luego de eso caminó hacia su objetivo.
La Mansión Wintersgate, la vivienda de Baron Winters.
El hombre es un aristocrático con un origen desconocido, el cual él mismo dice provenir de Rusia de la época de la Revolución. Es un personaje atípico que da la impresión de que traspasa tiempos y lugares. Gran conocedor de las artes ocultas y es un misterio la capacidad de sus poderes. Es el encargado ante una crisis de reunir a la Night Force, un equipo de individuos elegidos para combatir amenazas sobrenaturales que el mismo selecciona y manipula como piezas de ajedrez desde sus aposentos en su Mansión en Georgetown, de la cual no se le ve salir nunca. En dicho lugar, el solo hecho de cruzar un portal te transporta a épocas o siglos pasados.
En resumen, un hombre aparentemente inmortal y que vivía recluido en su mansión de la que no podía salir... al menos no en el presente. Cada puerta de la mansión era un portal hacia otra época y lugar y por ellas Baron podía moverse libremente trayendo agentes de otras épocas o investigando en el pasado pistas de sus casos de la actualidad. Parecía capaz de saber todo lo que ocurría a sus agentes en el presente, como si estuviese conectado a ellos de alguna forma.
Poderes a un lado, la principal cualidad de Baron es que era un manipulador de primera, rozando lo que Constantine consideraba el "hijoputismo". Su única compañía fija era su mascota, un leopardo llamado Merlín, con el que era capaz de conversar y que él aseguraba que se lo había regalado el mismísimo mago de la Leyenda Artúrica.
No le tomó mucho tiempo llegar al lugar, tocar la puerta y encontrarse cara a cara con el nombrado.
Tomó nota de su aspecto. Estaba vestido con un largo traje negro y una capa gris.
«Que el vestuario ridículo no engañe a nadie, este tipo es un bastardo manipulador de primera clase».
—Winters, ha pasado mucho tiempo.
Baron se hizo a un lado y le permitió la entrada al nigromante.
La sala se hallaba en penumbra, sin otra iluminación que las llamas de la chimenea.
—Grata sorpresa, sabía que eras tú —expresó Winters ahora cerrando la puerta—. Me preguntaba cuando mostrarías tu penosa cara. El hedor de cigarrillos rancios y del whisky de anoche es casi abrumador. Seguramente has estado fuera por un tiempo metiéndote en problemas. ¿Qué pasa? ¿Estás bien?
—Lo de siempre colega —señaló Constantine—, preocupándome sobre cuanto voy a poner en el plato de colecta de la Iglesia el domingo.
—Ja, seguro. Sé lo que estás haciendo. No estoy ciego, Constantine. Sé porque viniste. Raven de los Jóvenes Titanes.
—Veo que ya estás enterado —comentó John casi sorprendido. Casi.
—Ella es la hija de la oscuridad —relató Winters mientras tomaba asiento en un sofá rojo y atizaba el fuego de la chimenea—. Supuestamente una heroína. Gente como ella son la razón por la que me hice el hábito de nunca confiar ciegamente. Estoy sintiendo una maldad abrasadora. Más allá de cualquier cosa que hayamos sufrido antes. Él destruirá el balance.
—Su padre...
—Trigon. Él lo destruirá todo, junto a su hija.
—Eso fue esclarecedor. ¿Desde cuándo lo sabes? —quiso saber John, mientras permanecía parado observando al otro mago.
—Cuando se habla del equilibrio entre el bien y el mal siempre estoy informado —le hizo saber Baron—. Pero, ¿por qué viniste precisamente tú?
—Bueno, supongo que ahora debemos conversar.
John junto sus manos y repentinamente aparecieron en las mismas una botella de vodka y dos vasos.
— ¿No es temprano para beber alcohol? —cuestionó Winters con recelo.
—Oh, bien —suspiró John.
La botella y los vasos desaparecieron con unas simples palabras.
— ¿Puedo ofrecerte algo para beber? Algo que sea lógico beber a esta hora.
—Una taza de té con leche y tres terrones de azúcar estaría bien para mí —dijo John luego de pensárselo un momento.
—Bien, señor inglés, ¿por qué no empiezas por el principio?
—En fin —. Se encendió un cigarro. — ¿Cómo está yendo tu vida?
El sol, caliente sobre la piel desnuda de su espalda, la despertó por la mañana.
Pestañeó repetidas veces intentando enfocar su mirada. El rostro dormido de Wally reposaba sobre la almohada y su brazo reposaba aferrado a su cintura, manteniéndola firme contra él. Arrugó el ceño confundida, no sabía si seguía soñando algo maravilloso o si ya estaba en la realidad y simplemente alucinaba. Intentó sentarse en la cama, pero él aumentó su agarre, sin embargo, no despertó.
Raven sintió su cara explotar al tomar conciencia de la realidad y de sus desnudos cuerpos en la cama. Intentó controlar su acelerado corazón dejando de lado las imágenes que cruzaban por su cabeza rememorando las horas recién pasadas, desde la apasionante noche hasta la tormentosa pesadilla que la llevó en primer lugar a la habitación del pelirrojo.
"Las sombras de la oscuridad te rodean. La vida te llena con su flujo. Pero debes surgir y tu cuerpo debe ir lejos a los planos que te rodean y aún ser una contigo, también."
Rememoró las palabras de esa mujer que ayer la visitó en esa aflicción onírica. Y todavía no podía darle una significación. Era un enigma que debería descubrir, debía poner todas sus energías en eso, debía acabar de una vez con todo esto.
"En las entrañas de tu interior, un monstruo espera. Se avecina la tormenta, el tiempo se está terminando. Días antes de la noche más oscura. Días antes de la mañana más sombría. Lleva tus pensamientos al interior".
Acarició el rostro del chico, quien movió un poco la mejilla agradado por el tacto. Se quedó un largo rato arrullándolo, disfrutando del momento que le parecía totalmente increíble, pero su estómago pronto comenzó a sonar lo que le hizo pensar, junto con la luz que venía de la ventana, que ya debía de ser la hora de desayunar.
"De la oscuridad has tu surgido, te has acercado más a la luz de tu objetivo. En lo profundo y aún más profundo, más misterios encontraste. Sigue el camino. Resuelve tú mis secretos".
Era muy tarde, más tarde de la hora a la que habitualmente se despertaba, pero no estaba muy segura. ¿Nueve de la mañana quizás? ¿Diez?
"A ti he mostrado el camino. Busca con sabiduría y que los ángeles guíen tu búsqueda".
Raven cerró los ojos. Por alguna rara razón se sentía demasiado feliz. Los únicos sonidos eran los de las olas allí afuera golpeando en la bahía de la torre, la respiración de ambos, el latir de sus corazones...
Se encontraba tan cómoda, incluso bajo el sol ardiente. Incluso contra el contacto de su piel cálida. Tumbada, atravesada sobre su pecho, ceñida apretadamente por los brazos de Wally, se sentía muy a gusto, muy natural.
Las manos de Raven acariciaron la suave cabellera pelirroja del chico mientras los recuerdos de la noche seguían llegando como un pantallazo a su cabeza, haciéndola rememorar cada sensación placentera que la había llevado hacia la cima misma del placer.
Había llegado por fin su turno de dejarse llevar por las nuevas sensaciones que la colmaban, de abandonarse a sus propios instintos y refugiarse en abrazos para contrastar esas pesadumbres que tantas noches la habían atacado.
Ella ya era una mártir de su propio destino y quería amar y ser amada, aunque todavía dudaba de que ella fuera capaz de amar.
Ayer Wally se lo había recordado toda la noche con palabras mientras ambos se fundían en un abrazo necesitado y ardiente. Todavía recordaba el sonido de sus respiraciones rítmicas, de sus cuerpos desnudos chocando entre sí, el olor a sudor y la luz de la luna brillando fuertemente mientras ambos recorrían el cuerpo del otro con ansia.
Pero había algo más, no había sido solamente una buena noche de sexo. Había algo más, pero como siempre, no podía ponerlo en palabras. Era como si dos almas lucharan en su pecho: una que teme un acontecimiento y lo anhela al mismo tiempo.
Para Raven desde tres lados la amenazaba el sufrimiento; desde el cuerpo propio, con una creciente lobreguez que parecía destinarla a la ruina y a la disolución; desde el mundo exterior, que abatía sus furias sobre ella con fuerzas implacables, destructoras. Y la tercera y última amenaza, la que más le interesaba a ella, la que proviene desde los vínculos con otras personas. Y al padecer que proviene de esta fuente lo sentía tal vez más doloroso que a cualquier otro.
¿Qué puede haber entonces más natural que amar para evitar el conflicto con el otro? Amemos, seamos amados y nos alejaremos del mal. Y, sin embargo, para ella siempre era lo opuesto lo que tiene lugar.
Wally era esa pequeña gota de luz en su oscuridad.
¿Y si él algún día se daba cuenta que estar con ella era un error?
Nunca estamos menos protegidos contra el sufrimiento que cuando amamos; nunca más desdichados y desvalidos que cuando hemos perdido el objeto amado o a su amor.
La paradoja insuperable del amor: pese a ser una condición constitutiva de la naturaleza humana, el amor sigue siendo la premisa insoslayable de nuestros sufrimientos.
Cuanto más se ama, más se sufre.
El dolor psíquico.
A diferencia del dolor corporal causado por una herida, el dolor psíquico sobreviene sin daño tisular. El motivo que lo desencadena ya no se localiza en la carne sino en el vínculo. En el alma.
«El amado me protege contra el dolor tanto como su ser palpita en sincronía con los latidos de mis sentidos. Pero basta con que desaparezca bruscamente o con que me retire su amor para que yo sufra como nunca».
Ese momento era tan perfecto, tan auténtico. No dejaba lugar a la duda.
Wally la rodeó con los brazos, la estrechó contra él y hasta la última de sus terminaciones nerviosas cobró vida propia.
¿Cómo podía la gente hacer esto, tragarse todos sus miedos y confiar en otra persona sin reservas, con todas sus imperfecciones y sus miedos, con menos que el compromiso total que Wally le había ofrecido?
Una vez más se volvió a preguntar: ¿Qué es el amor? ¿Qué es el dolor de amar? ¿Por qué nos enamoramos? ¿Cómo es que necesitamos otro cuerpo y a otro? En un momento dado lo necesitamos. Toda la poesía muestra eso. Las canciones románticas, la literatura, el cine... hay algo en ello de milagroso, de "loco" entre comillas.
Pero en el lazo del amor no sólo está en juego el tener-no tener: hay algo que se sitúa en el nivel del no saber. El amor está verdaderamente habitado por un no saber, por una ignorancia.
Había otros que no aman necesariamente, juegan más bien al gato y al ratón con sus presas.
Para amar, hay que confesar su falta, y reconocer que se necesita al otro, que le falta.
Aquéllos que creen estar completos solos, o quieren estarlo, no saben amar. Y a veces, lo constatan dolorosamente. Manipulan, tiran de los hilos, pero no conocen del amor ni el riesgo ni las delicias. Raven no quería eso último para su vida.
Para la hechicera, desde que conoció al velocista, fue como un flechazo, como si un rayo la hubiese atravesado. Ese rayo que te atraviesa, eso que no sabes bien qué es pero que está ahí. En un primer momento se puede tener una afinidad con alguien y que eso no vaya a ningún lado. Otras veces esa afinidad puede llevar a algo muy intenso como a ella le sucedió. En el comienzo se puede dar el deseo y luego eso no se transforma en amor, esta transformación ocurre unas veces y otras no. Por eso es una cuestión de azar y de contingencia. A lo mejor ha pasado por delante suyo otro hombre a quien hubiera sido magnifico amarle y que la amara.
Él la amaba. Su empatía no le mentía en lo más mínimo.
Esperaba que él no saliera herido por estar con ella, porque amar a una persona rota como fragmentos de cristal solo lograría que se cortara.
Un sollozo se estranguló en su garganta, junto con los vocablos que desgarraban cada parte de su alma al no poder ser expresados.
Porque que Wally le pidiera reciprocidad en el amor era algo así como alienarse, porque, ¿qué nos devolvería el amado en esa reciprocidad sino lo mismo que no le damos? Tan sólo un "yo también te amo", lo cual no nos asegura nada, simplemente sostiene la ilusión (que tal vez no sea poca cosa).
Solo esperaba... que en algún momento... ella también pudiera decir esas dos simples palabras que pero para ella no era tan fácil hacerlo, no después de vivir toda una vida encerrada en una jaula de contención emocional. Una jaula de la que siempre tuvo la necesidad de escapar y que lo único que podía hacer era correr hasta la otra punta de la misma.
Esas dos simple palabras, anhelaba que algún día surgieran de forma sincera de sus labios. Anhelaba el día que pudiera decirle a Wally viéndolo directamente a los ojos, decirle verdaderamente... te amo.
Pero sabía que no estaba muy lejos de ese sentimiento. Porque amar verdaderamente a alguien es creer que amándolo, se accederá a una verdad sobre sí mismo. Amamos a aquel o a aquella que esconde la respuesta, o una respuesta a nuestra pregunta: « ¿Quién soy yo?».
¿Quién era ella?
¿Era Raven o era la sombra que reflejaban los espejos, que reflejaban sus más oscuras pesadillas?
Por Azar, era todo un dilema.
Los dedos de él recorrían suavemente el contorno de la columna de la hechicera, y Raven supo que se había dado cuenta de que estaba despierta. Mantuvo los ojos cerrados y apretó aún más los brazos en torno a su pecho, ciñéndose para acercarse todavía más a él.
El velocista no dijo nada; sus dedos seguían deslizándose arriba y abajo por la espalda de la chica rozándola apenas mientras trazaba delicados dibujos sobre su piel.
Raven se habría sentido del todo feliz si hubiera podido quedarse allí para siempre, sin perturbar para nada el momento. Casi se echa a reír al escuchar el estómago impaciente del velocista rogar por algo de comida. Sabía que Wally era uno de los primeros en despertarse para darse un magnánimo desayuno de tamaño colosal para casi seis personas.
Raven abrió los ojos, y la primera cosa que vio fue la piel de su garganta, el arco de la barbilla sobre su rostro.
Ella recordó por qué había venido aquí anoche.
Para olvidar, deshacerse de los desagradables remembranzas de sus pesadillas y de la sombra, de los desagradables recuerdos de esos cuerpos retorcidos bajo un eterno sufrimiento, de los recuerdos de que la Iglesia de la Sangre iba tras ella, de las personas inocentes asesinadas, tanto el conservador del museo como la monja de esa casa de Dios, todo para tratar de debilitarla psicológicamente... Sebastian tenía sus trucos, y ella estaba sucumbiendo ante el desasosiego que ellos querían para ella.
A pesar de no haber tenido el olvido que deseaba si había creído haber obtenido algo mejor. El amor de él y las fuerzas necesarias para no darse por vencida.
Pero se sintió mal porque en cierto punto juzgó que había utilizado al chico para su propio beneficio, como si de algo descartable se tratase. Sabía que sus poderes podrían haber inducido al chico a un claro estado de hipnosis, a un estado semejante al ensueño que se logra por sugestión y que se caracteriza por la sumisión de la voluntad de la persona a las órdenes de quien se lo ha provocado.
Y su felicidad se fue nuevamente a un tacho de basura.
¿Acaso no podía mantener su placidez, aunque sea por un día entero, sin preocuparse por nimiedades?
¿Había manipulado las emociones de Wally sin darse cuenta?
La orden de ella fue clara: hazme olvidar. Y él había obedecido casi como si ella fuera su ama.
¿En qué clase de persona se estaba convirtiendo como para hacer algo así?
Raven ahora tenía los ojos clavados en el techo que se alzaba sobre ellos y no lo miró mientras Wally estudiaba sus rasgos severos.
La expresión en el rostro de ella produjo una conmoción en él, una sacudida física a través de su cuerpo.
¿Acaso se arrepentía de lo que había pasado anoche? Él imploró que no se tratara de eso.
Wally se apoyó sobre el codo para alzarse un poco más y observar su semblante.
—Rae —dijo Wally, con un pequeño y extraño temblor en la garganta. — ¿Qué te sucede? ¿Qué es lo que va mal?
— ¿Acaso necesitas preguntarlo? —la voz de la empática sonó casi cínica.
El primer instinto de Wally fue preguntarse qué era lo que había hecho mal.
Pensó en lo que había ocurrido, pero no pudo encontrar ninguna observación desagradable en el recuerdo. A pesar de que podría sonar raro, porque la chica había entrado en su habitación con claras intenciones, todo había sido mucho más normal de lo que él esperaba, puesto que ambos encajaban como dos piezas destinadas a estar juntas, para formar las partes de un todo. Esto le produjo al pelirrojo una recóndita satisfacción, el hecho de que fueran compatibles físicamente, del mismo modo en que lo eran en tantas otras cosas. El fuego y el hielo, el ying y el yang, coexistiendo ambos de algún modo.
Él no era capaz de pensar en nada que la hiciera sentirse de esa manera ahora mismo, tan severa y fría. ¿Qué era lo que se había perdido?
Wally levantó su mano y con un dedo suavizó las líneas de preocupación que se habían formado en la frente de ella.
— ¿En qué estás pensando? —murmuró el pelirrojo.
Raven no contestó.
—Hey, estás enfadada y no entiendo por qué. ¿Es que yo...? —dudó y no pudo terminar la frase.
Sus ojos se entrecerraron.
— ¿Te sentiste usado, Wally? Quiero la verdad, y no intentes quitarle importancia al asunto.
— ¿Usado? —repitió él mientras parpadeaba confundido; su voz sonó más perspicaz de lo habitual porque la palabra lo tomó por sorpresa. — ¿Por qué piensas eso?
—Vine a tu habitación, te empujé a la cama y...—la hechicera se sonrojó ahora—, ya sabes el resto. Siento que te utilicé para mi propio beneficio.
— ¿Y cómo ha sido que has llegado a esa conclusión? Nunca, en toda mi vida, me he sentido mejor que hoy. Si lo piensas estrictamente de esa manera creo que puede sonar como algo raro, pero no me sentí usado, recuerdo muy bien haber disfrutado de cada momento —recordó Wally con una sonrisa. — ¿Tú lo disfrutaste?
—Sí, pero... tengo esa extraña sensación en el pecho de culpabilidad porque creo que forcé un poco las cosas para que sucedieran y...
Ella cerró los ojos.
Y entonces él se enfadó un poco, porque ella estaba ensombreciendo la más perfecta de todas las mañanas con sus supuestos pesimistas. ¿Cómo podía explicárselo de forma adecuada? ¿Cómo podía hacer que compartiera su felicidad, o al menos, la que había sentido hasta hacía muy poco?
—Deja de pensar en eso.
— ¿Que deje de pensar en qué?
—Raven, basta. Deja ya de actuar como si fueras un monstruo por haber permitido que ocurriera esto. Lo que pasó fue porque ambos lo queríamos, sino no hubiéramos estado toda la noche haciéndolo sin parar.
La hechicera arqueó una ceja ante su último comentario.
—Que delicado eres. No hacía falta que dijeras eso, Wallace. Eres todo un Romeo.
—Bueno, ya sabes a lo que me refiero. Lo de anoche fue una de las mejores cosas que hice en mi vida y para nada sentí que me usaras. ¿Tú te arrepientes?
—Al principio solo había venido a pasar la noche, luego sentí la necesidad de hacer... eso y pasó, pero no Wally, no me arrepiento. También fue una de las mejores cosas que me pasaron en la vida, solamente tenía esa incertidumbre sobre cómo te sentirías tú.
—Pues yo me siento de maravillas.
—Ya me lo creo.
Raven hizo un rápido movimiento, estirando su cuerpo de forma automática, contrayendo y relajando los músculos. Sentía una cierta rigidez, y una cierta sensación de dolor también, eso era verdad, pero sobre todo tenía la extraña impresión de que tenía todos los huesos desarticulados y de que había cambiado su consistencia, para quedarse cerca de la de una gelatina. Y no era para nada un sentimiento desagradable.
Ella aspiró una gran bocanada de aire. Sentía algo más de dolor en ese momento, pero no era para tanto, se parecía a lo que sentía después de una larga sesión de entrenamiento, de esas exhaustivas que a Robin le gustaban tanto para mantenerlos a todos en forma.
—Me duele hasta estirar los brazos.
— ¿Te duele? —cuestionó el chico un poco preocupado.
—No es para menos, si no me diste descanso en toda la noche —musitó Raven.
Ella frunció el ceño. Le parecía raro que sus poderes no hayan actuado para curarla por su cuenta, pero se repitió que la sensación no era para nada desagradable.
—Creo que no debí haber utilizado mis poderes —protestó Wally—. Mírate, Raven.
Atónita, obedeció su orden sin pensarlo y entonces se le escapó un jadeo.
Él resopló impaciente.
Por toda la extensión de color pálido de su piel, algunos cardenales de color púrpura estaban ahí. Usó su mano para presionar sobre un punto de piel y sintió un ligero dolor punzante.
De una forma tan ligera que casi no parecía estar tocándola, Wally colocó la mano sobre los cardenales del brazo, y los siguió uno por vez, acomodando sus largos dedos al diseño que trazaban sobre su piel.
—Oh —exclamó Raven.
Intentó recordarlos, recordar el dolor que debían de haberle producido, pero no fue capaz. No pudo recuperar ni un momento en que sus manos la hubieran apretado en exceso o en que hubieran resultado demasiado duras. Sólo recordaba que deseaba que la abrazara más fuerte, y que se sintió muy complacida cuando así lo hizo...
—Yo... lo siento tanto, Rae —susurró él, mientras ella miraba con fijeza los cardenales—. Ya sabía que pasaría esto si usaba mis poderes. No debería... —emitió un sonido bajo, de pura repulsión, con la parte más profunda de su garganta—. Lo siento tanto que apenas puedo decirte cuánto.
Raven apoyó su mano sobre algunos puntos mientras susurraba su mantra. Poco a poco, el color de su piel volvía a ser el mismo, casi inmaculada como siempre parecía ser su lisa piel.
—Curado —dijo ella.
— ¿Qué?
—Yo te pedí que te... movieras más rápido —confesó la chica—. Así que tampoco te tortures por eso.
—Suena como a esas excitantes charlas postcoitales —señaló Wally más tranquilo ahora que la chica estaba en perfecta forma. Estiró un poco sus músculos desde su posición en la cama—. Siento que mi cuerpo entra en calor de nuevo, cariño.
—Bueno ahórrate ese calor para otro momento.
Wally solo hizo un pequeño gesto que parecía un puchero.
—Además tú también estás un poco herido. Tienes unos cuantos arañazos en tus brazos. Mis emociones se deben haber descontrolado y no me di cuenta.
—Son evidentes marcas de que mi chica es bastante apasionada en la cama.
—Siéntate Wally, te curaré.
Raven observó el cuerpo bronceado del chico, el peor resultado se lo había llevado su espalda. Había varias marcas de arañazos.
«Sí que fue una noche bastante ardiente», pensó ella con algo de retraimiento.
Lentamente, mientras el conjuro de Raven progresaba y sus manos se posicionaban sobre el cuerpo de él, el dolor del cuerpo del velocista se desvaneció así como cualquier rastro de heridas de la noche pasada.
—Listo.
—Bien, quedamos como nuevos.
—Los dos sabíamos que éste era un asunto complejo y pensé que ambos lo habíamos asumido —manifestó la hechicera—. Sobre todo teniendo en cuenta que mis poderes se mueven con mis emociones. Y además, la verdad es que ha sido mucho más fácil de lo que pensé. Esto no ha sido nada en realidad.
—Yo diría que para ser una primera vez, sin saber muy bien qué tal resultaría, lo hemos hecho sorprendentemente bien. Con un poco más de práctica...
—Práctica —repitió Raven—, lo haces sonar como si se tratara de un deporte.
—Con nuestros poderes creo que es más como un deporte de alto riesgo.
—Por lo menos dormí bien anoche.
—Dormiste como si estuvieras muerta, Raven. No has dicho ni una sola palabra en sueños. Si no fuera por los ronquidos me habría dado miedo que hubieras entrado en coma.
—Yo no ronco —se defendió la empática.
—Yo creo que sí —replicó él con una sonrisa.
—Por lo menos no te he dado patadas. Generalmente me muevo por toda la cama cuando tengo pesadillas.
—Las pesadillas, me había olvidado que habías mencionado algo de eso cuando tocaste a mi puerta. Dijiste que te habías olvidado pero, ¿de qué van generalmente?
—Unas muy vividas. Por eso a veces me siento tan cansada. Cosas distintas, pero parecidas, ya sabes, terroríficas en todos los sentidos.
— ¿Vívidas?
—Todo es tan lúcido, tan real. Y a veces me despierto demasiado asustada.
— ¿Qué es lo que te asusta?
Ella se estremeció un poco.
—Especialmente... —vaciló.
— ¿Especialmente? —presionó el chico.
No estaba segura de por qué, pero no quería hablarle de la sombra que aparecía en sus pesadillas recurrentes, había algo que quería mantener en privado en ese horror en concreto. Así que en vez de darle una descripción completa, sólo le mostró uno de los elementos. Ciertamente suficiente para asustarla a ella o a cualquiera.
—Mi padre —murmuró ella.
Él la abrazó con fuerza.
—No va a molestarte nunca más y si en algún momento nos causa problemas, juro que no dejaré que te haga ningún daño.
Raven le dejó que la consolara, sintiéndose un poco culpable porque él la había malinterpretado.
Para ser exactos, sus pesadillas no tenían que ver con eso, porque ella no tenía tanto miedo por su padre, sino... por ella misma.
Él vio la desolación retratada en su rostro.
— ¿Qué puedo hacer para ayudarte?
Ella sacudió la cabeza negando.
—Son sólo sueños, Wallace.
—Si pudiera hacerlo, te juro que lo haría diferente —proclamó el pelirrojo—. Te amo, Raven.
—Y-yo...—ella tartamudeó sin saber que contestar.
Otra vez. Lo mismo, las palabras parecían negarse a salir de sus labios.
—Quiero que sepas que tienes todo el tiempo del mundo para aclarar tus sentimientos. Te entiendo, no te estoy apresurando y nunca lo haría.
—Pero no puedo decirte esas palabras, ¿por qué tiene que pasarme esto a mí?
—Yo no lo creo así —dijo Wally mientras acariciaba con un dedo la mejilla de la chica que ahora lucía un agraciado color sonrosado.
— ¿Qué?
—Sí, yo te amo. Soy yo quien ama, pero tú, tú también estas implicada, puesto que hay en ti algo que hace que te ame. Es recíproco porque hay un ir y venir.
— ¿Wallace?
—Por lo tanto, tú tienes que ver. Mi amor por ti no es sólo asunto mío, sino también tuyo. Mi amor dice algo de ti que quizá tú misma no conozcas.
—Quizás... tengas razón. Chico inteligente.
—Ahora quiero mi premio.
Ella puso los ojos en blanco.
— ¿Y qué es lo que deseas?
—La primera vez que nos besamos sentí que no quería besar otros labios que no fueran los tuyos. Así que tienes tres opciones. Te beso, me besas o nos besamos, ¿cuál eliges?
—Las tres son iguales —señaló Raven pensando en lo que le dijo.
—Tú solo escoge.
— ¿Y si solo... nos besamos?
Él sabía que tomaría tiempo, sin embargo, esperaba con ansias el día en que ella no tuviera miedo de liberar sus emociones. Pero hasta entonces, él estaba bien recordándole lo tanto que la quería.
Su pulgar comenzó a acariciar su mejilla con suavidad cuando sus rostros se acercaron instintivamente.
Sus ojos se cerraron por el tierno toque de sus labios. Un calor calmante se extendió por todo su ser cuando le devolvió el beso. Sus vidas eran complicadas y anormales, pero gracias a Wally, Raven sintió que se estaba aliviando de todos sus pesares. La hizo sentir segura y deseada. Él la estaba protegiendo para que ella pudiera encontrarse de nuevo a sí misma.
Cuando ella se reajustó un poco, Wally no pudo evitar gemir cuando Raven se frotó contra su dolorosa y creciente erección. Podía escuchar su respiración agitada y sentirla temblar por su toque. Estaba a punto de perder su maldita mente por lo mucho que la deseaba.
—Wally —gimió ella mientras sus manos recorrían su cabello.
— ¿Y si mejor nos damos besos hasta caer rendidos con ganas de hacernos el amor? —preguntó él.
Y se besaron, pero aquello era más que besarse. Era como cuando has estado hambriento, como beber cuando has estado sediento.
No sabía cuándo el beso se había vuelto tan apasionado, tan salvaje, tan... desesperado. El rostro del velocista estaba ladeado, lo que ahondaba el beso, y la lengua de él buscaba la suya, entrelazándolas, lamiendo los labios de ella cuando se separaban por un segundo o dos para tomar algo de aire y sus bocas adoptaran una nueva posición. Raven soltó un gemido casi inaudible entre besos, pero que tuvo la suficiente fuerza para que él la escuchara, y accionando con más fuerza dentro de él algo que ya había comenzado.
El ritmo de las respiraciones de ambos se agitaba. El quejido que había dejado escapar Raven no sólo se debía al beso, sino también a que una de las manos del velocista curioseaba bajo la manta, llegando a rozarle una pierna, subiendo por su muslo. Los escalofríos, su falta de experiencia, volvían a hacer estragos sobre ambos, aunque mayormente sobre la chica que masajeaba la desnuda espalda de él; la que recorría libremente hasta que...
Un golpe fuerte en la puerta los sacó de sus acciones.
—Mierda —susurró el velocista.
Wally y Raven se miraron impactados por un segundo, notando de la comprometedora posición: el velocista a centímetros de un pezón de la chica y Raven aún con la mano en la parte baja del estómago del chico. Raven se apartó un poco de él. Él le dio una suave sonrisa para asegurarle que todo estaría bien. Sin embargo, necesitaba hacer un mejor trabajo consigo mismo. Probablemente solo necesitaría tomar una ducha muy fría.
—Wally, ¿te sientes bien?
Era la voz de Robin.
—Sí, porque preguntas —gritó Wally desde su posición.
—Suenas agitado y extenuado.
—Sí, es que... —trató de buscar una excusa rápida—, he estado haciendo ejercicio luego de despertarme.
— ¿Ejercicio? —indagó Robin. Parecía no estar creyéndose ni una sola palabra.
—Sí, ya sabes —rio el velocista nervioso—, algunas flexiones de brazos y esas cosas. Nunca sabes cuándo nos volverán a atacar y hay que estar preparados físicamente.
—Trata de no cansarte demasiado. Hoy es día de entrenamiento —informó el líder.
—Está bien, bajaré en unos minutos.
—No te demores.
—No lo haré.
—También tengo que despertar a Raven —dijo Robin—, me parece raro que no se haya levantado a desayunar todavía. Siempre es de las primeras en hacerlo.
—Creo que ayer no fue un gran día para ella con eso del libro y Zatanna. Creo que debía de estar agotada y por eso no se despertó. Muy agotada creo yo, debe de estar exhausta —lo último lo dijo dándole una coqueta sonrisa a la chica.
Raven, que se había mantenido callada hasta ese momento, frunció el ceño y pellizcó con fuerza el brazo del chico.
— ¡Auch! —gritó Wally.
— ¿Está todo bien ahí adentro?
—Sí, sí, tranquilo amigo, solo me tropecé y me golpeé el dedo gordo del pie. Estoy poniéndome el traje ahora —mintió el pelirrojo.
Robin pareció quedarse unos segundos en silencio. Quizás estaba buscando algo más para preguntar. Wally sabía que cuando Dick se ponía en modo detective era realmente insoportable.
—Bien, te dejaré —dijo por fin Robin.
Cuando Wally sintió los pasos alejándose, soltó el aire que estaba reteniendo desde hacía un rato.
—Que inoportuna interrupción —dijo él mirando a la chica.
Raven con suavidad se deshizo del abrazo de él, se deslizó con cuidado de aquella cama y se estiró de nuevo.
—Te haré algo de comida —dijo ella en voz baja.
Raven dejó escapar un fuerte bostezo.
— ¿Cocinaras para mí? —preguntó Wally con una sonrisa desde la cama.
—Sí, será mejor que me vaya ahora antes de que Robin toque a mi puerta.
—Pero, Rae...—pronunció el pelirrojo de inmediato intentando detenerla de alguna forma. Se sintió extremadamente nervioso, pero algo debía decir para que no se fuese—. Estábamos... ocupados...—terminó por decir.
La chica se giró y no pudo evitar sentir el deseo al ver la mirada intensa que le dirigía. Ella tampoco quería dejar todo pendiente e irse, pero tampoco quería que Robin se enterara y empezara a querer interrogarla sobre esto.
—Debemos ir, Wally —comentó la chica acercándose a él. Colocó una mano en el pecho masculino desnudo, deslizó un dedo por la suave piel y se mordió el labio inferior—. Créeme que lo último que quiero es... dejar de estar ocupada contigo, pero... es mejor así.
Wally arqueó una ceja y se preguntó desde cuando la chica era tan desinhibida. Cuando la conoció, recordaba que se sonrojaba por cualquier insinuación que le hiciera. Ahora parecía... totalmente contraria.
—Pero luego... —tragó hondo el chico—, seguimos, ¿no?
Raven casi podía haber soltado una risita, estaba fascinada con las actitudes del pelirrojo.
—Después seguimos —le aseguró ella alejándose finalmente de él y tomaba los restos de ropa del suelo y se vestía—. Creo que voy a darme una ducha a mi habitación o Chico Bestia podría oler cualquier rastro de lo que hicimos. Te recomiendo que hagas lo mismo si no quieres pasar un momento incómodo.
El velocista se detuvo porque casi soltó: "¿Puedo unirme a ti?".
En lugar de eso, él eligió decir—. Está bien, yo haré lo mismo y bajaré cuando haya terminado.
Wally suspiró cuando ella desapareció, casi como una sombra, a toda prisa.
—Me he vuelto un pervertido —masculló él con una sonrisa torcida—. Malditas hormonas adolescentes.
Mansión Wintersgate, Georgetown, Maryland
— ¿Qué opinas Baron? Oíste la historia y conoces los riesgos. ¿Participarás o no? —sondeó John.
—Merlín —dijo Winters desde su lugar en el sofá mientras parecía mantener un diálogo con su leopardo—, ellos siempre insisten en hacer lo "correcto" en vez de lo que yo necesito. ¿Humm? ¡Sí! Eso es, lo sabía, tenía razón —. John hizo una mueca mientras escuchaba la... "conversación" entre el mago y el animal. Era como estar en un manicomio—. Tú y yo estamos aquí para mantener el delicado balance entre el bien y el mal. ¿Pero lo ves? —le preguntó el mago a Merlín. El hombre rubio miró el fuego y se sobresaltó. John observó como en las llamas chispeantes de la chimenea surgió súbitamente un rostro femenino. Era Raven—. Ella es literalmente ambos... y en un cuerpo supuestamente armonioso.
—Si... algo así —dijo Constantine algo molesto porque él parecía estar ignorándolo.
—Pero si así es, ¿entonces porque el demonio está intentando escapar? ¿Hmmm? Por supuesto, si lo hace el balance que debemos mantener será destruido. Y no lo podemos permitir, ¿verdad, Merlín? —. El leopardo solo pareció ronronear en respuesta—. Ya lo sé, ya lo sé. Siento las fuerzas ahí fuera. Sé que algo malo está a punto de explotar.
—Exactamente —afirmó John—. Pero... ¿podrías dejar de hablar con tu mascota y hablar mejor conmigo? Me siento un poco incómodo con eso.
Winters observó el fuego un poco más antes de hablar.
—Constantine —citó—, consigues lo que nadie consigue, te admiro. Preguntas "participarás" cuando significa "préstame tu casa". Tu sangre fría es extraordinaria.
—Sí, practico mucho —dijo John con sarcasmo—. Oye, Winters... sé que tuvimos diferencias, pero esto es importante. Sucederá algo drástico, necesitamos toda la ayuda.
—La amenaza surgirá del más allá.
—No necesito una base de operaciones, tengo la "Casa del Misterio". Vine a hablar por lo que se avecina.
—Un apocalipsis —mencionó Winters—, una llama eterna que nadie, incluyéndome, puede extinguir. Algunas veces odio este trabajo. ¿Todavía tienes esperanza?
—Para ser mago, tienes que tener algo de esperanza... Esperanza de que en verdad sabes que mierda haces.
—Ni siquiera sé si tenga ganas de ayudarte —puntualizó Winters con lo que parecía una voz aburrida.
—Irónico —dijo casi con asco Constantine. — ¿Sabes lo que creo? Te molesta más que yo sea un rival experto. Crees que eres demasiado bueno para unirte a mí.
—En términos de habilidades, las diferencias son obvias.
—Ah, ¿sí? Mira, en la acera de enfrente—. John se acercó a la ventana y corrió la cortina mientras miraba por el exterior—. Hay un vendedor de Salchichas Frankfurt. ¿Por qué no sales y vas a comprar una? ¿No puede un hombre de tu capacidad, eh?
—No seas estúpido —dijo casi incómodo. — ¿Por qué debería?
— ¡Vamos! ¡Eres omnipotente! —exclamó John con furia. — ¡Cruza la calle y trae un Frankfurt!
—No... puedo salir de la casa —ultimó Winters casi con retraimiento.
—Sí, no puedes —siguió John con su afrenta—, así que no hablemos de diferencias obvias de habilidad. Maldita sea, pensé que te gustaría ayudar. Fate dijo que sí enseguida.
— ¿El Doctor Fate ayudará? —interrogó con curiosidad ahora.
—Ya sabes qué pasa con los místicos. Cuando hay algo así, vienen corriendo.
—Quizás si él confía en ti, yo debería también —confesó el mago mientras acariciaba la cabeza de Merlín.
—Sabía que podía contar con la aristocracia —dijo John con una sonrisa.
—Constantine, haré lo posible —aclaró Baron—, pero sin la ayuda de amateurs. Oí del caos en Newcastle por lo cual ayudaré desde aquí, pero sin la asistencia de un fracasado con una miserable alma como la tuya.
La cara de John se ensombreció rememorando esos días crueles y difíciles para él.
¿Por qué traía ese tema en particular ahora mismo?
Durante la década de 1970, John se involucró en círculos ocultos en Londres y visitó San Francisco, donde conoció y posteriormente comenzó una relación con la maga Zatanna.
Newcastle.
Su primera incursión en el "heroísmo" oculto. No hace falta ser muy iluminado para saber que fue todo un desastre.
Un caso de exorcismo en El Casanova Club, el cual estaba regenteado por un bastardo retorcido, Alex Logue, un mago de tercera categoría que estaba más interesado en las orgías que en la magia, el cual estaba usando a su hija Astra como punto focal para ejecutar un hechizo oscuro debajo de su club nocturno.
Un canal humano para atraer a la magia negra al mundo físico.
Su propia hija. Víctima de los abusos constantes de su propio progenitor.
Sin embargo, a diferencia de su padre, la pequeña tenía un talento mágico genuino y logró convocar al demonio Norfulthing durante una sesión, dejando que matara a su padre y su tripulación fanática.
Y entonces, John Constantine fue y lo empeoró. Podría haber llamado a la policía, pero eso habría sido demasiado fácil.
John, después de haber practicado el ocultismo desde que era un niño, intentó salvar a Astra al conjurar a un demonio real y de rango más alto que el que ella había convocado.
Su nombre era Nergal.
Combatir fuego contra fuego.
Esa era la lógica de John.
Funcionó, hasta cierto punto.
Sin embargo, no lo nombraron ni lo ataron correctamente, dejándolo suelto. John no sabía ni la mitad de lo que creía saber, así que nunca hizo un hechizo de amarre alrededor del demonio, lo que significa que no pudo controlarlo.
Y John, esa noche aprendió... que su talento natural... no era suficiente.
Inevitablemente, el propio Nergal destrozó a Astra, enviándola al infierno y dejando a todo el grupo traumatizado y atormentado por el resto de sus vidas.
John sufrió una crisis nerviosa tras este incidente, y fue internado en el Hospital Psiquiátrico de Ravenscar, de donde fue entrando y saliendo durante bastante tiempo.
La culpabilidad por el destino de Astra le atormentó durante muchos años.
—Gracias por traer tan buenos recuerdos, Winters —expuso saliendo de esas memorias tempestuosas—. Te llamaré luego.
—Constantine.
— ¿Si?
—No dije que pudieras irte todavía.
— ¿Disculpa?
Una oleada de poder místico invisible lo arremetió.
Las puertas de la mansión se cerraron seguidamente mientras algo le impedía avanzar siquiera. John sintió el poder mágico emanando de Winters. Lo estaba cercando. ¿Pero acaso él se creía con el poder de evitar que escapara de ahí?
—Todos los eventos empezaron —anunció Baron. — ¿Lo sabes no? Al final, habrá muerte, pero por supuesto el balance será mantenido.
— ¿Y eso no es todo lo que te preocupa? —quiso saber Constantine—. No digo que el balance no sea importante pero...
—El mundo es un vasto caos, un manicomio, el teatro de la hipocresía, una tienda de picardía y adulación, un aposento de villanías, la escuela del desvarío, una guerra donde quieras o no debes luchar y vencer o ser derrotado, en la que o matas o te matan. Y no me veas de esa manera. Sé muy bien que ella debe morir —sentenció Winters.
—Nunca esperé conocer a alguien tan cínico como yo —. John rio casi sin gracia.
—Mira, siempre hay muertes que no me importan, así como hay pocas que sí. Admitiré que esta es una que me incomoda de cierto modo.
— ¿Y puedo saber por qué te incomoda?
—Ya te lo dije. Esa chica tiene una parte buena, pero es obvio que el lado demoníaco de su herencia tomará control de ella —dijo Winters mientras se levantaba y miraba su vasta biblioteca llena de libros—. Qué curioso.
— ¿Qué es lo curioso? —preguntó John.
—Me recuerda mucho a "El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde" —dijo tomando ese libro en sus manos. —¿Conoces la historia? Un hombre perseguido por haber cometido un crimen ingiere una pócima y sufre un cambio drástico de personalidad que le hace irreconocible. De esta manera, el Dr. Jekyll, un amable y esforzado científico, termina transformándose en el violento y despiadado Mr. Hyde, un personaje cuya maldad iba en aumento.
—Creo que el Dr. Jekyll tenía una personalidad muy amable pero, en realidad, jamás fue una buena persona —explicó John su punto de vista—. Jekyll anhelaba en secreto ser Hyde pero nunca quiso desprenderse de la máscara social con la que se había ocultado de la sociedad y de sí mismo. Cuando el brebaje le transformó en su sombra y permitió que ésta saliera a la superficie creyó haber encontrado la respuesta perfecta a su problema pero entonces era tarde porque su deseo de ser Hyde era ya más fuerte que él.
—Ese desdoblamiento parece generar un álter ego que recoge y concentra todo lo reprimido por el Dr. Jekyll y es con Mr. Hyde donde puede dar rienda suelta a sus más íntimos y oscuros deseos sin que en un principio, Jekyll corra ningún riesgo social. Similar a lo que sucederá con Raven si su oscuridad sigue creciendo, ¿no te parece? —inquirió Winters mirando al congelado mago.
—Su ser-alma está dividido —declaró John.
—Sí, es lo que me contaste. Su alma se dividió en siete partes. Un crimen atroz contra la naturaleza déjame agregar —advirtió Winters—. Pero, de hecho, ahora lo más probable es que nos encontremos con dos mujeres distintas, de carácter totalmente diferente. Si ese es el caso no podemos ignorar el hecho de que ella seguramente posee un doble amenazante que responde a un evidente poderío de muerte.
— ¿Me estás queriendo decir que, además de sus emociones divididas, en el interior de Raven moran... dos almas luchando entre sí por tomar el control?
—Algo así.
— ¿El gemelo psicológico? —indagó Constantine.
—La sombra —contestó Winters—. El doble que camina y trae consigo un augurio de muerte.
—El cara a cara del ser humano con su doble trasciende el parecido físico para apuntar a cosas más altas —habló John—. La terrible evidencia de que hay facetas de nosotros mismos que nos son del todo desconocidas; la constatación de que, en contra de lo que dicta la versión oficial, el individuo sí puede ser dividido; la prueba de que no sabemos quiénes somos; el terror, en fin, a asumir que eso que llamamos identidad es un ente frágil, voluble, escurridizo.
—Claramente una representación con un inherente factor siniestro. Si Hermano Sangre robó ese libro y una ceremonia mística es lo que desea llevar a cabo, es demasiado obvio que su objetivo es traer a la luz esa parte siniestra de la chica —auguró Winters mientras ahora tomaba asiento de nuevo—. Y en caso de que lo logre, no habrá otra salida. Hay algo que no podemos dejar de pasar por alto y es que ella es un demonio y tú eres un exorcista —. Ahora miró inquisidoramente al rubio. — ¿Sabes lo que es necesario en este caso para destruirla? Llegado a este punto, llama la atención que los exorcistas, o al menos muchos de ellos, pregunten el nombre al demonio contra el que combaten.
—Lo sé, lo más importante es conocer su nombre. Dar el nombre a algo o tener el nombre significa tener poder sobre ese algo. En el momento en que el demonio revela su nombre, demuestra que está debilitado. Si no lo dice, es aún fuerte. ¿Entonces... debemos conocer el nombre de su lado oscuro para... acabar con ella?
—Sería un gran paso en principio.
—Zatanna tuvo una visión —reveló Constantine mientras buscaba la forma de desatarse del hechizo de sujeción—. Ella era la que acabaría con la vida de Raven.
—Ya veo. La hija del gran Zatara. Me sorprende que esa mujer no haya terminado con la vida de la mocosa cuando la conoció. Pero quiero que sepas algo: no voy a interferir ni intentaré cambiar el curso de los eventos predeterminados. Raven está destinada a morir, y ella lo hará.
—Parece que estuvieras hablando como quien cría a un cerdo para llevarlo al matadero.
—La conexión entre Raven y su padre es de un crecimiento casi parasitario al igual que la oscuridad que rodea toda su condición —comunicó Winters—. Cuando ella se enfrente a la muerte, significará también el fin de Trigon. Mínimamente hasta que otro portal sea creado. Pero por lo menos tendremos tiempos de paz sin que ese demonio pandimensional pueda poner sus garras sobre nuestro Universo.
— ¿Y decías que yo era de sangre fría? Estás dando una solución temporal a costa de la vida de una joven que no es culpable del terrible destino que acarrea.
—Me emocionas, Constantine, no sabía que tuvieras corazón —dijo con seriedad. — ¿Te importa realmente? ¿A cuántos hombres y mujeres has visto morir ya? Espero que no hayas olvidado a la pequeña Astra.
—Cómo olvidarla. En este último tiempo, sólo han muerto a los que no he podido salvar. Me estás utilizando cuando creí que era al revés, que conveniente.
—Sí. Sé cómo manejar las cosas a mi favor, ¿no lo crees así Merlín? Otra cosa más. Una vez que acabemos con Hermano Sangre, el Grimorio de Volpert será mío. Ese es mi precio, no te cobraré nada de dinero. Piénsalo bien ahora mismo, porque no te dejaré salir de aquí hasta que lo hagas.
— ¿Me estas amenazando con no dejarme ir? ¿Es en serio?
—Si —afirmó el mago desde su posición en el sofá.
—Bien, pero... ¿puedo decirte algo? —preguntó John mientras ahora tenía una sonrisa calculadora en su rostro.
—No finjas ante mí. Te veo Constantine, tu miedo, tu culpa, tu remordimiento, latiendo con tu pulso. Sacrificaste a varios inocentes para avanzar en tu crecimiento místico. Causaste varias muertes.
—Cállate un minuto —comentó rápidamente el rubio—. He estado muriendo por contar este desde que lo escuché. Dos tipos entran a un bar...
—Santo Dios, Constantine —exclamó Winters mientras sus ojos se abrían desmesuradamente viendo al hombre con aborrecimiento. — ¿Una broma? ¿Acaso no tienes amor propio?
—No, espera —dijo John casi sin poder aguantar la risa—. Este te gustará. Pensarás en el por dos semanas. Dos tipos. Uno de ellos es ciego, el otro es su único y mejor amigo. El tipo ciego dice: "Hey cantinero, dame un trago de tu mejor whisky, y otro aquí para mi amigo". Y el cantinero dice: "¿Tú amigo? ¿Dónde está?".
Una sonrisa astuta y luego un gesto obsceno con su mano levantando el dedo medio. El típico gesto manual de "fuck you".
Y luego una fuerte luz dorada... junto a una cortina de humo.
El hombre rubio había desaparecido.
— ¿Dónde se fue?
Observó en el medio de la habitación cómo el humo se fue uniendo formando lo que parecían ser letras. Baron observó y leyó lo que se integró: "Púdrete, Winters".
Casi podía haber reído, la rebeldía de ese hombre no tenía límites. Era como un perro sin correa y sin bozal.
Entre perro y lobo.
Pero sabía muy bien que Constantine estaba demasiado lejos de ser un perro, él era un lobo, uno demasiado peligroso si no se lo tomaba enserio.
—Ruin infame y ahora también un payaso. Escapismo, que truco de circo lamentable. Eso lo aprendió de los Zatara seguramente. Espero que no lo olvides, Constantine. La mañana decae y la noche llega. Espero que abras tus ojos a tiempo.
Los Titanes estaban sentados en la cocina teniendo su rutina habitual de la mañana. Robin comiendo huevos y café para el desayuno mientras leía el periódico, Starfire haciendo algo de su planeta natal, Cyborg y Chico Bestia teniendo su lucha de la mañana por la carne y el tofu.
Raven solo puso los ojos en blanco.
—Tofu.
—Carne.
—Tofu.
—Carne.
—Amigos, ¿qué es lo que les está molestando?
—Tofu.
—Carne.
—No te preocupes, Starfire. Es solo la eterna guerra clásica entre los carnívoros y los vegetarianos—. Raven apareció por detrás de la puerta—. Vamos, hagamos algo de comida para todos. Para cuando esos dos idiotas hayan terminado de pelear, será hora de cenar.
— ¿Crees que has dormido lo suficiente? —Terra preguntó cuándo noto a la hechicera entrar. Ella siempre estaba despierta a primera hora.
—Sí, creo que sí —Raven respondió. Robin, quien estaba concentrado leyendo, levantó la vista de su periódico matutino para observarla con detenimiento, mientras la chica ahora llenaba su tetera con agua.
Robin no había olvidado que anoche Raven parecía muy intranquila y casi iracunda con la llamada de Zatanna y su rubio acompañante. Sin embargo, hoy parecía totalmente relajada.
Lo más seguro que hubiese estado meditando en su habitación.
—Normalmente no duermes a esta hora —Starfire observó curiosa. — ¿Tuviste problemas para dormirte?
—Solo un mal sueño al principio pero luego todo mejoró —Raven simplemente respondió mientras encendía la estufa.
—Probablemente un mal sueño gracias a la obstrucción del colesterol cortesía de la comida de Cyborg. Eso solo produce ácido estomacal —el cambiante acusó.
—O tal vez fue por esos horribles y nauseabundos aperitivos a base de tofu que tú insististe en hacer que todos probaran —Cyborg dijo desafiado.
—Al menos nadie ha muerto por comer demasiado tofu; como hacen las personas todos los días por ataques cardíacos causados por años de comer demasiada carne roja —Chico Bestia contraatacó.
—Tal vez tus papilas gustativas murieron de aburrimiento —Cyborg acusó—. Y quién sabe cuántas personas han muerto por atragantarse con el tofu cuando se dan cuenta de lo desagradable que es.
— ¿Siempre pelean así como monos descerebrados? —cuestionó Zachary ya aburrido por la discusión mientras descansaba su mejilla en su puño. Utilizaría algún hechizo para callarlos si pudiera, pero lastimosamente su magia no funcionaba con seres humanos. Sus poderes solo afectaban a objetos inanimados y elementos.
—Todos los días es lo mismo —murmuró Robin con una exhalación de cansancio.
—En serio, Robin, ¿preferirías comer tofu o carne? —exigió saber el cambiante.
—Lo siento, Chico Bestia, pero tendría que decir carne.
— ¡Gracias! —Cyborg exclamó mientras golpeaba su puño contra la mesa haciendo tambalear todos los vasos y platos.
—Traidor —. Los ojos de Chico Bestia se estrecharon. Robin levantó las manos en el signo universal de paz.
—Lo siento, simplemente no soy una persona vegetariana.
Raven se dirigió hacia los armarios para comenzar a preparar el desayuno de los niños y algo para Wally. Hizo lo mejor que pudo para no prestar atención a los dos idiotas en la cocina. Mientras comenzaba a mezclar los ingredientes, su líder le habló.
— ¿Raven?
— ¿Qué sucede? —preguntó ella sin frenar lo que estaba haciendo.
— ¿Desde cuándo puedes cocinar? —pregunto su líder con cautela.
Un tic nervioso surgió en el párpado de la hechicera.
— ¿Qué estás sugiriendo?
—Nada, es solo... que la última vez que cocinaste...—tartamudeó el Chico Maravilla—, no era para nada...
—Apetecible —terminó Chico Bestia la frase. Todavía recordaba los panqueques de Raven. Eran horrorosos e incomibles.
—Yo comería cualquier cosa que la dulce Raven preparara —dijo Zachary con dulzura mientras veía a la hechicera realmente hipnotizado por su aura de perfección—, seguramente tiene talento para hacer cualquier cosa con sus mágicas y delicadas manos.
— ¿Comerías cualquier cosa? Bien, entonces no tendrás problemas para comer la comida de Starfire —dijo Raven con una media y siniestra sonrisa.
—Espera, yo no...—se defendió el mago. Pero parecía que era demasiado tarde.
— ¡Oh, eso suena fabuloso amiga Raven! —gritó Starfire con júbilo. — ¡Le prepararé al amigo Zachary una gran comida tamareana que seguramente le encantará!
Mientras Raven preparaba los huevos, el tocino, las tostadas y la fruta, zumbaba alegremente para sí misma, hecho que no pasó desapercibido para Robin.
¿Desde cuándo Raven actuaba tan jovialmente?
La hechicera casi hasta podía sentir que hoy iba a ser un buen día.
— ¡Buenos días a todos! —gritó Wally con euforia, mientras entraba casi derribando las puertas por la fuerza con que las abrió. Tenía una sonrisa tan grande que ocupaba casi todo su rostro.
—Buenos días —dijeron la mayoría.
«Extraño», pensó Robin. El velocista también lucía como si fuera el maldito mejor día de su vida. Aunque siempre lucía así de entusiasmado, hoy parecía el doble o triple de lo normal.
Con su típica velocidad Wally se dirigió hacia el lugar de donde procedía el olor de los huevos, el beicon y el queso cheddar y se sentaba en su silla.
Raven estaba delante de la cocina de acero inoxidable, deslizando una tortilla en un plato de color blanco que había colocado sobre la encimera. El olor de la comida lo sobrecogió, porque se sentía incluso capaz de comerse el plato y la sartén también; le rugió el estómago.
—Entonces... ¿desde cuándo sabes cocinar? —siguió indagando Robin.
—Desde que leí un libro de cocina, compré uno cuando fui a esa feria de libros —explicó la hechicera—. No es muy complicado si sigues unas series de instrucciones. Es realmente fácil cuando todo está detallado.
Luego Raven colocó los platos frente al velocista, mientras también dejaba un tazón con cereales frente a Melva y Timmy.
— ¿Solamente cocinaste para Flashito? —preguntó Zachary cuando notó que la preciosa chica no había hecho nada para él.
—Para él y para los niños —dijo ella mientras le daba un biberón con leche a Tommy. — ¿Acaso planeabas que cocinara para todo el mundo? Además, ellos cocinaran para ti.
— ¿Ellos?
Y entonces el mago sintió que fue atosigado por tres neandertales alborotadores.
—Copperfield, ¡hora de desayunar! —. La voz de Cyborg resonó a través de la cocina. — ¡Estoy haciendo tocino, huevos, jamón y salchichas!
— ¡Amigo, de ninguna manera estás corrompiendo a nuestro nuevo miembro mágico con esas porquerías! ¡Copperfield comerá tofu! —Zachary vio que el chico moco gritó.
— ¿Pueden dejar de llamarme Copperfield?
— ¿Qué otro apodo prefieres? —cuestionó Wally mientras llevaba una gran porción de waffles a su boca. — ¿Houdini, Criss Angel, David Blaine, Merlín, Gandalf, Harry Potter, Eisenheim? Elige el que más te guste.
—Prefiero que me llames Zachary —respondió con acidez el mago—, o el gran Zatara, o el maestro de la magia.
— ¿Yo soy el que intenta corromperlo? ¡Eso es asqueroso, Bestita! ¡Le estamos dando un verdadero banquete de bienvenida con comida real!
— ¡El tofu es comida de verdad, hombre de hojalata!
— ¡Que es una porquería! ¡No es digno de ser llamado comida de verdad!
— ¡Copperfield!
— ¡Zachary!
— ¡Dile que la carne / tofu es mejor! —ambos gritaron al mismo tiempo.
— ¿Eh? —preguntó el mago tontamente.
— ¿Qué quieres para el desayuno? ¿Un poco de comida real? —comenzó el hombre robótico mientras llevaba a su cara un plato lleno de comida grasosa.
— ¿O tofu saludable? —Chico Bestia finalizó.
— ¿O tal vez deseas probar algo del budín de la felicidad que he hecho para celebrar tu llegada, nuevo amigo Zachary? —Starfire preguntó dulcemente, sosteniendo un cuenco lleno de...
.
.
.
De...
.
.
.
¿Qué rayos era eso?
.
.
.
¿Acaso estaba... moviéndose...?
Wally se aclaró la garganta, atrayendo la atención de todos—. Ya que todos cocinaron para él, creo que puede probar un poco de todo y no habría problemas.
Zachary quería lanzarle en este mismo instante un conjuro torturador a Kid Flash por abrir la boca de más. Y de nuevo se lamentó que su magia no actuara sobre humanos. Aunque podía conjurar algo pesado para que callera sobre su cabeza. Si, esa sería buena idea.
— ¡Perfecto! —profirió Cyborg.
— ¡Eres un genio, Flash! —alabó Chico Bestia.
— ¡Sí, amigo Kid Flash, muchas gracias por tu sabia decisión! —gritó Starfire.
—Creo que lo hizo apropósito —le murmuró Terra a la niña pequeña en un susurro.
—Creo que Kid Flash quiere matar al señor Zachary con la comida de Starfire —rio Melva mientras seguía comiendo de su plato de cereal y le quitaba algo de waffles al chico pelirrojo.
— ¿Y? ¿Cómo está eso? —interrogó Raven mientras veía al velocista devorar su plato de comida.
—Es la mejor comida que comí alguna vez —dijo él—, lo juro, eres fantástica.
—Gracias, Wally.
—Espero que algún día puedas cocinar para todos Raven —dijo Robin viendo la escena con recelo—, a mí también me gustaría probar tu deliciosa comida.
—Pues consíguete a alguien más que te la prepare —espetó el pelirrojo con una mueca de enojo mientras arrimaba su plato más cerca suyo.
—Raven puede tomar sus propias decisiones —alegó Robin mientras su antifaz de contraía.
—Yo también hubiese querido probar la comida de la preciosa Raven —susurró Zachary.
—Pues tienes a tres cocineros para ti, Zatara —comentó la empática.
—Todavía no estoy seguro de si debo estar contento con eso o no —dijo el mago por el comentario de Raven.
—No deberías. La comida de Cyborg es lo único por aquí que es comestible, pero también es un paro cardíaco en un plato —ella respondió con su acento habitual.
—Maravilloso.
Maldijo a Zatanna internamente.
— ¡Oye, Copperfield, si no te das prisa, toda la comida real se enfriará! —gritó la voz de Cyborg.
— ¡Viejo, todo el tofu sano y agradable se enfriará! —el chico verde gritó.
— ¡Y el budín de la felicidad escapará de su plato si no lo devoras ahora mismo! —la alienígena agregó.
—Pensándolo bien, de repente no tengo mucha hambre —decidió, con el rostro verde por el espanto de la comida frente a sus ojos. Ninguno de los platos lucía apetecible, sobre todo el de la rara chica extraterrestre. Esa cosa amarilla con trozos morados dentro parecía querer escaparse del plato. Además... ¿estaba cubierto de mostaza?
Estaba a punto de vomitar.
Estúpida de su prima que lo mandó a este circo de fenómenos. Bueno, todos excepto la belleza de la hechicera, ella era alguien realmente agradable, su energía era...
Espera... un... momento.
Su energía...
Zachary estudio minuciosamente a la chica que ahora se hallaba tomando un poco de té y fue cuando lo percibió finalmente. ¿Cómo no se había dado cuenta antes de ese detalle? La agraciada energía de Raven se hallaba mezclada con otra más. Con otra que le resultaba conocida desde que había entrado a esta torre. Una energía que le resultaba irritante. Era la energía de Flashito.
— ¿Raven? —llamó el mago.
— ¿Qué sucede? —dijo Raven sin siquiera mirarlo.
— ¿Por qué tu energía y la de Flash están... combinadas? ¿Acaso ustedes dos...?
Raven escupió el té que estaba bebiendo. A Wally se le cayó el tenedor que ahora estaba sosteniendo un poco de tocino y quedó con la boca abierta.
Los niños habían dejado de comer cuando notaron como el ambiente parecía entrar en tensión.
El diario de Robin se deslizó de sus manos hasta el piso mientras miraba con sorpresa a los dos nombrados nerviosos mientras el comentario del mago resonaba y se repetía en sus oídos.
Chico Bestia tomó noción de eso y enfocó entonces su sentido del olfato. Cerró sus ojos y aspiró y, a pesar de que en ambos cuerpos resaltaba el olor a jabón producto de un baño reciente, podía distinguir el aroma de la chica y el del pelirrojo unidos. Era una mezcla rara pero ambos parecían estar impregnados en esa fragancia. Algo compartido.
—Es cierto, ambos huelen... igual.
—Emm —balbuceó Kid Flash—, ¿no es hora del entrenamiento?
—Entrenaremos luego de ver qué sucede aquí —musitó Robin mientras se cruzaba de brazos.
— ¿Pues no es obvio? —dijo Raven simplemente mientras limpiaba su boca con una servilleta.
— ¿Qué es lo obvio? —comentó Robin.
—Nuestros olores están así porque tomé una ducha en el baño de Kid Flash, por alguna extraña razón mi baño no tenía suministro de agua.
—Eso es raro, el suministro de agua está funcionando correctamente en toda la torre —añadió Cyborg con mesura.
—Y eso no explica la entremezcla de energías —siguió razonando Zachary.
Raven bebió su té nuevamente y su cuerpo se relajó.
—En todo caso —señaló ella con una voz fría que causó un escalofrío en la columna vertebral del mago—, ¿por qué tendría que dar alguna explicación? No es que hubiese cometido un crimen o algo parecido para que me estén interrogando. Además, ¿quién te dio permiso de analizar mi energía? Dijiste que querías escapar de la sombra de tu prima pero actúas igual que ella, nunca serás mejor que esa perra, humano iluso. Y Chico Bestia, olfatéame una vez más y no vivirás para contarlo.
—Entendido —susurró el cambiante de manera nerviosa mientras una gota de sudor se resbaló por su frente. Otra vez sus instintos atávicos de protección actuaban como si se hallara ante todo un carnívoro predador.
Zachary se quedó callado inminentemente. Sus ojos se estrecharon. Por un momento, creyó ver un rojo intenso en las pupilas de Raven que tan rápido como surgió, se desvaneció para dejar ese típico amatista habitual. Algo casi imperceptible para cualquier mundano pero él no era uno. Ella era un demonio y no debía olvidarlo. ¿Pero por qué su energía parecía estar oscilando? Ayer parecía que estaba a punto de explosionar mientras discutía con su prima. Luego se despierta a la mañana siguiente como si fuera un día alegre para ella. Luego actúa nerviosa escupiendo su té y ahora con frialdad. ¿Eran sus emociones divididas o había algo más que se estaba perdiendo? Leer la mente de la chica era algo que estaba fuera de su alcance, solo podía analizar su aura. Parecía un péndulo que se movía en dos direcciones opuestas. Tomaría nota de esto para informar inmediatamente a Zatanna.
—Asunto terminado —dijo la chica y Zachary notó que su aura se equilibraba de nuevo—, a nadie le debe importar lo que yo haga con mi vida. Sigan con su desayuno. Chico Bestia —llamó ella.
—Ya lo entendí —se defendió rápidamente—, no lo volveré a hacer.
—No es eso —dijo Raven atónita por el nerviosismo de su amigo verde. ¿Había dicho algo malo?—. Es hora de nuestro entrenamiento personalizado. Lo mismo que con Terra pero ahora es tu turno.
—Suerte con eso —indicó Terra tapándose su risa con una mano, el ambiente por lo menos se había aligerado un poco—. Yo estuve con dolores de cabeza por dos días seguidos.
Robin solo frunció el ceño.
Algo le estaban ocultando y no le gustaba para nada ignorar qué era. Aunque él ya tenía una ligera noción de lo que se trataba. Quizás... él ya había perdido su oportunidad con Raven.
Pero había algo más. Raven estaba actuando raro. Quizás era el nerviosismo por el robo del libro, o capaz no le gustaba la presencia del chico Zatara, al fin y al cabo Raven tenía una relación complicada con Zatanna.
O puede que fuera algo que estuviera fuera de su comprensión. Raven era complicada en cuanto a emociones se trataba.
—Amigo Zachary, ¿acaso no te comerás mi budín de la felicidad? —susurró con tristeza Starfire.
—Creo que eres un cobarde —se mofó Wally del mago.
Zachary lo miró furioso, pero se volvió hacia la comida asquerosa y tragó saliva.
«Puedo hacerlo, no soy un cobarde», pensó para sí mismo. ¿Qué era lo peor que podía pasar?
Decidió comer el pudín de la alienígena primero para que el resto de la comida pueda (con suerte) ahogar el sabor después. Tomó una cuchara y la hundió en la viscosidad llena de mostaza y cosas extrañas.
Todas las miradas, excepto la de Starfire que veía expectante al chico, se convirtieron en ojos grandes, acompañados por mandíbulas caídas.
Comenzó a lamentar su decisión, pero al darse cuenta de que no podía retroceder, se llevó la cuchara (la cual enigmáticamente se estaba desintegrando) a la boca y vacilante colocó el pegote dentro de sus fauces.
Tragó y colocó la pequeña ramita de metal (sí, la cuchara en realidad se había desintegrado) de nuevo en el plato. Los Titanes lo miraron con una expresión clara, indicando que pensaban que él era el más increíble o la cosa más extrañamente rara que hayan visto en sus vidas.
—Amigo...—susurró Chico Bestia.
—No estás... —siguió Robin.
—Muerto —terminó la oración Cyborg.
—Era pan comido para mí, acaso creyeron que yo, el gran Zachary, no podría...
Cerró su boca cuando empezó a sentir una terrible indigestión y la acidez, una sensación ardiente que va desde el pecho al cuello y a la garganta. Sintió un sabor amargo en su boca y luego... vomitó todo el contenido en el suelo.
Su orgullo se había ido por el retrete con esto.
—Desagradable —comentó Terra con repugnancia.
— ¿Quieres que te cure? —preguntó Raven también con cara de aversión.
—Creo que tenemos apodo nuevo. Ahora le diremos... Chico Vómito —carcajeó Wally con grandes risotadas.
Georgetown, Maryland
—Maldito hijo de puta. Y yo que creía que era el único bastardo.
¿La muerte de Raven era esencial para terminar con todo?
Se encontraba en un dilema. La vida se nos presenta en un dilema insoportable. Un dilema entre lo que tenía derecho de hacer y lo que era correcto.
Él estaba seguro de algo, y es que no dejaría que Zatanna manchara sus manos con sangre.
También sabía algo y es que haría lo posible y lo que estuviera a su alcance para salvar la vida de la joven...
Pero si la situación lo ameritaba y no había otra salida más que la muerte, él mismo acabaría con el tormento de la chica. Su alma ya estaba rasgada.
Zatanna ya había percibido que la chica era una amenaza desde el principio, que la maldad se expelía por cada uno de sus poros y puede que haya tenido razón, pero como Fate había aludido, ella también tenía una naturaleza humana. Ella era una heroína y había salvado múltiples vidas en su labor. Ya había derrotado a su padre una vez.
Dilemas, dilemas...
En resumen...
Punto A: ella era el Caballo de Troya de su demoniaco progenitor. A diferencia de ser un artilugio con forma de enorme caballo de madera que se menciona en la historia de la guerra de Troya y que según este relato fue usado por los griegos como una estrategia para introducirse en la ciudad fortificada, Raven era en carne propia una puerta de entrada a la Tierra para el gobernante del octavo círculo del Infierno. Su padre, y ahora la Iglesia de la Sangre, podrían usarla para lo que fue gestada.
Punto B: su alma tenía una parte pura y otra parte representativa de su herencia a la que todavía no podía dar nombre.
Punto C: condenarla al Infierno provocaría un trauma más a su larga lista de heridas en su ya estropeada existencia. La rememoraría en sus pesadillas al igual que a la pequeña Astra Logue y lo único que lo saciaría era beber hasta desfallecer.
¿Qué debía hacer?
¿Ser o no ser?
Hacer o no hacer quedaría mejor ilustrado aquí... Esa es la cuestión... la cuestión que lo tenía en una disyuntiva.
.
.
.
El mal está presente en el mundo, es difícil negar que hay muchas fuerzas espirituales trabajando.
Si alguien lo mirara a los ojos probablemente no vería nada más que una máscara de indiferencia, ni frío ni calor. Pero si lo analizaban detenidamente sabrían porque él era así. Había visto cosas que otros no ven, que ni siquiera se imaginaban.
En las puertas del infierno hay un mensaje que dice: "Lasciate ogni speranza, voi ch'entrate".
"Vosotros los que entráis, abandonad toda esperanza".
Pecado, impureza, sufrimiento, tormento eterno...
En el Infierno los condenados no están todos los pecadores juntos sino que hay toda una división en función de cuál ha sido el pecado principal. Está organizado en círculos concéntricos alrededor del propio Lucifer (cuanto más malo has sido, más cerca del centro te toca, mientras que los círculos más externos son los de los pecadorcillos de poca monta).
Había visto arder en el averno miles de almas consumidas por sus pecados, quemándose una y otra vez, eternamente.
Punto D: Raven seguía siendo un demonio y una esencia corrompida estaba desarrollándose en su interior.
Al fin y al cabo, cuando las amenazas se trataban de demonios, él era el mejor para exterminarlos, no por nada era considerado un excelso cazador de los seres del inframundo. Porque su deber principal era proteger al mundo de los terrores sobrenaturales que lo amenazan y devolverlos a donde pertenecen con sus conocimientos arcanos de las artes oscuras.
Pero...
¿Se atrevería a manchar sus propias manos de sangre?
Por un momento no había dudas ni titubeos.
La respuesta era sí.
«Qué más da, mi alma ya está condenada al Infierno de todas formas».
Y recordó en ese momento porque su alma ya estaba atada.
Para él, la lista era larga.
Quizás era la sangre del Nergal corriendo por sus propias venas luego de que ese demonio hiciera una transfusión y mezclara su sangre con la de él.
Su sangre ya estaba podrida y corroída.
Sin embargo, contraer una mancha demoníaca en la sangre no solo se hace mediante transfusión directa; después de eliminar mágicamente la sangre de demonio de su cuerpo, Constantine volvió a adquirir la mancha al tener relaciones sexuales con Ellie, una súcubo.
Quizás su tendencia a sacrificar amigos para ganar las victorias que considera necesarias, o a sus enfrentamientos directos con Dios y la Hueste Celestial.
O quizás la razón más escueta es que había vendido su alma en transacciones separadas a cada uno de los tres demonios en el triunvirato que gobierna el Infierno.
¿Por qué vendió su alma?
Más recuerdos tormentosos.
Sus hábitos peligrosos le pasaron factura.
Se estaba muriendo, pero era obvio, los treinta cigarrillos por día iban a tener su consecuencia algún día.
Hace algunos años, después de tener algunos ataques graves de tos, Constantine se registró en un hospital.
Malas noticias.
El médico diagnosticó a John con cáncer de pulmón terminal avanzado y le dijo que solo le quedaba poco tiempo para vivir. Al escuchar esto, Constantine intentó curarlo y salvarse a sí mismo, sabiendo que su alma está condenada y el Infierno estaba listo para darle la bienvenida con los brazos abiertos.
Vendió su alma a los tres señores del Infierno. Ninguno de ellos quiso renunciar a su reclamo, pero ninguno de ellos podía ejercer su reclamo sin ofender a los otros dos, lo que destruiría su triunvirato y hundiría el Infierno en la guerra civil.
Lo planeó todo, no por nada era conocido por ser un experto manipulador.
Los tres señores se enfrentaron a una situación aterradora: si Constantine moría, se verían obligados a ir a la guerra por la posesión de su alma, lo que si se llevaba a cabo, causaría un desequilibrio. No dispuestos a arriesgar, los tres decidieron curar a John de su cáncer.
Una vez que se completó la curación, John se burló de los tres.
El Infierno... reino para los condenados, para aquellas almas perdidas que han perdido su rumbo y han cometido lo prohibido, que terminan en este reino de fuego y lava donde son penados.
El Infierno es una incesante mutilación del alma.
«Vencí al Diablo, a los tres bastardos, y les hice curar mi maldito cáncer de pulmón de paso.
Era el hombre más odiado».
Él podría con Raven y el mismísimo Trigon si era necesario.
Punto E: si se enfrentaba a la oscuridad creciente... tenía la esperanza, el anhelo de que su alma putrefacta algún día pueda ser perdonada. Quizás así se absolverían sus pecados y con esto podría pagar su boleto al paraíso. Cuando muriera, poder elegir a donde ir y no cumplir su condena. Quería acabar con todo esto, que nada influyera más en su mundo.
«Mi nombre es John Constantine.
Soy el que sale de entre las sombras, con gabardina, cigarrillo y arrogancia. Puedo salvarte.
Aunque te cueste hasta la última gota de tu sangre, te sacaré los demonios. Les patearé las pelotas y les escupiré cuando estén en el suelo, y volveré a la oscuridad, dejando sólo un saludo, un guiño y un chiste.
Si me ven tras su espalda... no les aguarda nada bueno».
¿Quién caminaría junto a él? Si cuando el que lo hacía estaba destinado a morir.
La magia le estaba pasando factura.
Magia.
¿Ya lo había explicado?
Se engaña al Universo para que les entregue algo que no ganaron. Hacen ver a la gente lo que ellos quieren que vean. Tuercen el tiempo y el espacio.
Llévalo demasiado lejos y cosas muy malas pasan. Los sacrificios son costosos.
Toma lo que no ganaste, pero pagas por ello.
Siempre pagas por ello.
Esto es lo gracioso de la magia.
No importa si entiendes los costos. No importa si has sido quemado una y otra vez. Si todo lo que amas y valoras ha sido sacrificado, poco a poco.
Se siente... fantástico. Imagina la sensación. Eres el bastardo astuto que se burla del propio Universo. Toda la culpa y el arrepentimiento no se le comparan.
No puedes solo rendirte.
Y cuando has perdido a todos los que has amado, y todo lo que has valorado. Cuando te has vuelto amargo y retorcido, pudriéndote desde las heridas y la vergüenza. ¿Sabes lo que pasa luego?
Ahí es cuando comienzas a ser realmente poderoso.
Raven. Una joven hechicera mitad demonio como un gran potencial, tanto para el bien como para el mal, tanto que no se debería permitir que nadie con intenciones corrompidas sepan lo que es poner sus manos en ella.
«Y me pregunto qué tendré que abandonar por esto... suponiendo que no muera intentando».
Casi todos sus amigos estaban muertos. Un rastro de cuerpos por donde vaya. Los poderes del maldito Universo le están diciendo que no merece vivir. Ni siquiera puede dormir bien por las noches y se pregunta si eso es parte de su precio.
Cuando camina por el parque central sus ojos se detienen en el sujeto que había visto estafando en la tienda de ese anciano.
«Bueno, eso era interesante. Nuestro amigo sentando en el banco».
Era la segunda vez que lo veía hoy. Pero lo que más le sorprendió fue que se levantó cuando él ya le llevaba unos pasos delante.
Constantine sonrió socarronamente. Un estúpido iluso que no sabía con quien se estaba metiendo.
En lugar de seguir su camino se desvió hacia un callejón oscuro y húmedo.
— ¿Dónde...? —preguntó el extraño mirando la ausencia del hombre.
Lo único que había en el callejón era un cigarro prendido desprendiendo su humo. Pero no había rastro alguno del mago.
— ¿Dónde me iría? —una voz sonó a espaldas del extraño—. Él que te contrató para seguirme debe de no haber gastado mucho, amigo. Eres tan sutil como un elefante, Chris.
—Maldito, ¿cómo supiste...?
— ¿No lo sabes? Soy malas noticias, hijo.
El joven sacó una pistola de su holgado pantalón.
— ¿Sí? ¿Entonces qué es esto? —preguntó con nerviosismo.
—Bueno, esa es una pistola —contestó Constantine con simpleza cruzándose de hombros.
— ¿Cómo supiste mi nombre?
—Me lo dijo un pajarito. ¿Sabes qué más me dijo?
— ¡No me importa! ¡Alabado sea Hermano Sangre! ¡La Iglesia de la Sangre se levantará! —vociferó de forma fanática y casi hasta enferma.
Disparó... pero ninguna bala salió del revólver, dejando al chico estupefacto. Volvió a apretar el gatillo una y otra vez pero nada sucedió.
— ¿Qué? Estaba cargada hace un momento.
—Magia, amigo —. Y a continuación, John le propinó un fuerte puñetazo con todas sus fuerzas haciendo sangrar al chico.
—Ough —murmuró el extraño mientras llevaba sus manos a su nariz para frenar la hemorragia.
—Considérate afortunado —comunicó John mientras agarraba su brazo y lo torcía a una posición que ciertamente produjo el quiebre de algún hueso—, aún tienes tus piernas.
— ¡Hey, esa es mi billetera! —gritó el chico cuando el hombre rubio se la quitó del bolsillo.
— ¿Si? Puedes quedártela, sólo tomaré el dinero —dijo mientras sacaba los billetes y arrojaba la billetera vacía al suelo. Luego se agachó y tomó del cuello al muchacho mientras acercaba su rostro al suyo—. Y envía este mensaje. Dile a Hermano Sangre que esté preparado, porque me encargaré yo mismo de demoler cada cimiento de su inmunda secta. Ahora lárgate antes de que me arrepienta de no haberte hecho más daño del que te mereces.
[...]
— ¿Usted de nuevo, señor? —cuestionó el dueño de la tienda que había visitado al principio del día. — ¿Lo mismo de antes?
—Sí.
—Doce cincuenta, señor.
—Tome —dijo Constantine dándole el dinero—, quédese con el cambio.
— ¡Pero es uno de cincuenta! —objetó el dueño.
—Así es, amigo —expresó John saliendo de la tienda—. Una buena acción, me siento como un hombre nuevo —susurró a la nada. Luego siguió su camino.
— ¡John, espera!
—Zee —dijo sorprendido por ver a la maga ahora mismo, no la esperaba hasta más tarde—. No te pudiste resistir a estar sin mí un minuto más por lo que veo —comentó coqueteando con la pelinegra.
— ¿Cómo te fue con Winters? —dijo Zatanna ignorando el claro flirteo.
—Un inútil —expresó él con un puchero—. Espero que no me llame la próxima vez que se meta en un embrollo.
—No seas tan infantil. ¿Qué esperabas?
—Esperaba un poco de lealtad, amor —confesó John—. Eso es todo.
—Claro, lealtad. Y esto viniendo de ti, el estafador más egoísta de la historia de los estafadores —dijo Zatanna cruzándose de brazos y viendo al hombre con una sonrisa.
—Eso duele —se defendió Constantine llevando una mano a su corazón y haciendo un gesto herido.
—Sé honesto conmigo por una vez, ¿qué te ofreció ese sujeto?
—Quiere el grimorio para él, y a Raven seis pies bajo tierra —vaticinó.
—Oh, eso no suena...
—Enciende esto, ¿quieres? —interrumpió él.
—Erif —conjuró la maga y de sus manos emergió una pequeña llama. John acercó su rostro y prendió el cigarro.
—Mira, Zee, lo admito. Lo que él dijo tenía lógica. Pero tendré que pensar en su propuesta.
—Bien. Sé qué harás... lo que sea correcto.
—Claro que sí.
« ¿Matar a la chica era lo correcto?».
—Lo único que pido es que ordenemos nuestros pensamientos antes de hacer algo —reflexionó Zatanna—. Y hasta que averigüemos cuál es nuestro siguiente movimiento, necesitaremos un lugar para mantenernos a salvos.
—Afortunadamente, conozco el lugar perfecto.
— ¿Dónde iremos?
—Sujétate con fuerza a mi brazo —. Zatanna se aferró al antebrazo que le ofrecía—. Muy bien. Aquí vamos.
Zatanna notó que el brazo de Constantine se alejaba de ella y se aferró con más fuerza apretando fuertemente. De pronto todo se volvió negro, y la maga empezó a percibir una fuerte presión procedente de todas las trayectorias; no podía respirar, como si algo le comprimiera el pecho; sus globos oculares empujaban hacia el interior del cráneo; un fuerte dolor en la parte posterior de su cabeza; los tímpanos se le hundían más y más, un pitido constante en sus oídos y entonces...
Magia de teletransportación. Ella tenía sus propios métodos para hacerlo pero el de John era un poco más agresivo.
Aspiró a bocanadas de aire frío y abrió los llorosos ojos. Se sentía como si recién bajara de esos juegos de feria a los que su padre la llevaba cuando era solo una niña. Tardó varios segundos en darse cuenta de que el estado de Maryland había desaparecido. Constantine y ella estaban de pie en un precioso campo desierto, en cuyo centro había una colosal edificación.
Sobre los árboles, ocasionalmente, entre las copas y las colinas, vio destellos de lo que debían de ser los tejados, quizá una torre. Torres y torretas y contrafuertes y filigranas de madera, a veces incluso chapiteles góticos y gárgolas; nada quedaba sin decorar.
John se acercó a la entrada y sacó del bolsillo de su abrigo una llave y la introdujo en la cerradura. Movió la llave de un lado a otro, intentando desatascar el cierre. De repente, la llave giró y la pesada puerta empezó a abrirse hacia dentro.
—No... me lo puedo... creer —tartamudeó la maga impresionada de verdad.
—Bienvenida, amor. Mi segundo hogar. Bienvenida a la Casa del Misterio.
— ¡Increíble! Constantine, ¿cómo obtuviste acceso a la Casa? Mi padre me había contado de su existencia pero creía que era más como un mito.
—Soy un hombre con muchos secretos, Zee... ¿O debería decir misterios? —expresó con un tono enigmático.
—John —apuró ella.
—La verdad es que gané la llave en un juego de póker contra dos magos —reveló finalmente.
—Una casa que se mueve entre el espacio y el tiempo —explicó Zatanna viendo la construcción—, igual a la Torre del Destino de mi padre. Si las leyendas son ciertas, también lo hace la arquitectura de su interior.
Ella estaba al tanto que se sabía muy poco acerca de la Casa del Misterio en general. La arquitectura es indeterminada y cambia periódicamente. Lo mismo es válido para el interior de la casa: las habitaciones cambian constantemente, y uno nunca entra en la misma habitación dos veces.
La Casa del Misterio posee sensibilidad, junto con poderes místicos.
—Es solo una adorable casa antigua. Eres bienvenida a ponerte cómoda, aquí estaremos a salvo de las garras del enemigo. Después de ti, amor.
Zatanna entró, seguida de John y luego la casa, como por arte de magia, se desvaneció en el vacío, como si nada hubiese estado allí hace un momento.
Buzzard's Bay, Massachusetts
Pocos de los que viven en el pueblo cercano vienen aquí, pero algunos sí:
Los marginados, que buscan comprensión.
Los perdidos, que buscan una dirección para sus desdichadas vidas.
Los desesperados, que buscan esperanza.
El sendero estaba bordeado por unos zarzales silvestres no muy crecidos y por algunos setos altos y muy cuidados. Al caminar, el hombre hacía ondear la oscura capa.
Se desvió a la derecha y tomó un ancho camino que partía del sendero. El alto seto describía también una curva y se prolongaba al otro lado de la impresionante verja abierta de hierro forjado que cerraba el paso.
Red X leyó el cartel que estaba incrustado en un poste, con una mueca en su rostro tapado por su máscara.
"Detrás de la valla de hierro y la puerta de roble se encuentra la comprensión, la dirección, incluso la esperanza".
Esta debía ser una sede de la Iglesia del tal Sebastian.
Ya había robado el libro de Raven, suponía que el propósito de la reunión era sobre hurtar las últimas cosas que estaban dentro de los planes de su contratista y por fin todo terminaría. Era una de los trabajos más largos que había tomado.
Levantó la mirada cuando una magnífica estancia surgió de la oscuridad al final del camino; había luz en las ventanas de cristales emplomados de la planta baja. En algún punto del oscuro jardín que se extendía más allá del cercado borboteaba una fuente de agua. Jason, cuyos pasos hacían crujir la grava, se acercó a la puerta de entrada y un hombre con túnica le permitió la entrada, no sin antes escrutarlo con la mirada.
La amplia antesala, débilmente iluminada, estaba decorada con algo de lujo y un espléndido tapiz rojo cubría la mayor parte del suelo.
Era totalmente lo contrario al asqueroso y derruido almacén en donde se reunieron al principio.
Por fin, se detuvo ante una maciza puerta de madera, titubeó un segundo y, acto seguido, hizo girar la manija de lo que parecía ser oro.
Observó todo por un momento. Esperó encontrarse con esa rara mujer y el anciano hombre pero había más personas en el salón, sentados alrededor de una larga y ornamentada mesa. Pudo reconocer inmediatamente a dos: Doctor Luz, que tenía la vista pérdida y ni siquiera parecía haber notado su entrada, el cual parecía estar en un claro estado de inercia, quizás inducido por algún tipo de droga. También no le tardó mucho tiempo reconocer a uno de los enemigos de Batman, Victor Zsasz.
El otro sujeto, desconocido para él, era pálido y de apariencia desagradable, con un casco trasparente que cubría (o no tanto) lo que parecía ser su cerebro.
También había otros sujetos con túnicas, similares a las de esa mujer y Hermano Sangre.
Y descubrió algo en ese preciso momento, su contratista era más que un tipo religioso o algún coleccionista o contrabandista.
Parecía casi una secta.
Era obvio que era algún tipo de criminal y se regodeaba con esa clase de personas.
Todos guardaban silencio. Los muebles de la estancia parecían ser de algarrobo o pino y la única fuente de luz era de un candelabro suntuoso de cristal que colgaba sobre la mesa. Jason vaciló un momento en el umbral.
—Señor X —dijo una voz rigurosa y clara desde la cabecera de la mesa—, casi llegas tarde.
Sebastian se encontraba en la punta de la mesa, mirándolo fijamente con su mentón apoyado en sus manos.
—Me retrasé, estaba en un pequeño bar disfrutando de mi victoria luego de robar el libro.
—Aquí, Red X —apuntó Hermano Sangre señalando el asiento que tenía a su derecha—. Al lado de Psimon. Entonces, parece que todos estamos reunidos finalmente.
El aludido ocupó el asiento asignado. La mayoría de los presentes siguió con la mirada a Jason.
— ¿Red X? ¿Por qué mejor no lo llamamos por su verdadero nombre, Hermano Sangre?
— ¿Qué puedes ver, Psimon?
—Jason Todd —lo nombró el raro sujeto mientras su cerebro parecía brillar dentro de su casco—. Murió y fue revivido por el Pozo de Lázaro. Curioso sujeto.
—Sí, muy curioso.
El cuerpo de Jason se congeló.
¿Cómo sabía eso? Se sentía completamente expuesto ante la presencia de Psimon.
El interés de los reunidos se incrementó notoriamente: unos se pusieron en tensión, otros se rebulleron inquietos en el asiento, y todos miraron alternativamente a Psimon y al ladrón.
—Bienvenido a nuestro pequeño círculo —dijo Hermano Sangre con lo que parecía una mueca realmente siniestra—, Jason Todd.
Y Jason, desde ese día en qué murió por la bomba explosiva del Joker, volvió a temer por su vida. Sabía que ahora estaba encadenado a estos sujetos... y en un grave aprieto el cual le sería difícil eludir. Pero él tampoco se quedaría con los brazos cruzados, debería moverse con cautela a partir de ahora.
Disculpen tanto tiempo sin actualizar y la demora, pero es lo que sucede cuando tienes semanas ocupadas repleto de apuntes de la facultad de casi 2000 hojas, sin contar que tuve un pequeño bloqueo mental para empezar a escribir jaja, pero en compensación les dejé un capítulo bastante extenso.
Este capítulo realmente me costó un poco y la verdad es que no quedé totalmente conforme con el resultado del mismo pero espero que ustedes lo hayan disfrutado (perdón si ver algún error de redacción o de ortografía, ya que me apuré un poco en publicarlo).
➔Le di un poco más de protagonismo al personaje de Constantine, ¿qué les pareció? Sobre todo me gustaría saber su opinión sobre el dilema al que se enfrenta él, un exorcista en una disyuntiva en no saber qué hacer con Raven, una joven que justamente es mitad demonio.
➔También la charla entre Baron Winters y Constantine es demasiado importante y reveladora para la historia. ¿Alguna conclusión sobre eso o lo que se viene a continuación?
Aunque no solamente dejé plasmado el dilema de Constantine, sino también el de Raven con relación al amor.
➔¿Alguna idea o consejo para los próximos capítulos?
Estaré esperando sus opiniones, no se olviden de comentar.
Saludos a todos!
