Capítulo 20: Triple ataque - Parte 1
Aclaración: decidí dividir este capítulo en dos partes porque el mismo tenía casi en total 20.000 palabras lo que me parecía una gran exageración para un solo capítulo. No se preocupen que los publicaré a los dos seguidamente.
Las manos de esas criaturas agarraron su piel, tirando y abrasándolo. Intentó pelear. Podía escuchar a sus amigos gritar, pero una voz gritó más fuerte.
— ¡Raven! —Robin exclamó.
Ella debió haber hecho algo, porque lo siguiente que Chico Bestia sabía es que el ejército de soldados de fuego había desaparecido por completo de la habitación. Chico Bestia se arrastró hasta ponerse de pie, mirando a la chica por la que habían arriesgado sus vidas para salvar.
Raven se volvió hacia ellos—. Ya ha comenzado—. Se quitó la capucha y Chico Bestia quedó asombrado por la expresión derrotada en su rostro—. Y nada detendrá lo que tiene que suceder.
Robin estaba discutiendo con ella.
— ¿Estás dispuesta a dejarlo todo solo por una profecía que oíste de niña? ¿Qué tal si no era cierta?
Chico Bestia no podía dejar de mirarla. ¿Ella se estaba rindiendo? ¿Así? Así no era como ella actuaba.
Ella respondió en voz baja.
—Robin, sé lo que digo.
—Pero yo no lo acepto —Robin dijo bruscamente—. Puedes tomar el control, puedes evitar que suceda.
—Toda mi vida he sabido que este día llegaría. Intenté controlar mi lado oscuro, intenté hacer cosas buenas. Luchar contra el mal y esperaba que eso compensara por el ser horrible que estoy destinada a ser —dijo Raven, su voz aún suave. Ella no estaba mirando a los ojos de nadie. Chico Bestia se dio cuenta con sorpresa de que estaba aterrorizada.
—Pero nadie conoce su destino. Hay algunas cosas que jamás podrías saber —dijo Robin.
—Sí, hay algo que no sabía —sonrió temblando—. Cómo llegué a tener amigos tan maravillosos. Solo quería que su último día fuera perfecto. Y en vez de eso, lo pasaron preocupándose por mí —. Ella lo dijo como si fuera su culpa. ¿No sabía ella que siempre estarían preocupados por ella?
Robin se acercó y tomó su mano entre las suyas—. Para eso están los amigos.
Chico Bestia asintió detrás de Robin, deseando que hubiera algo que pudiera decir para convencerla de que simplemente se alejara de esto.
Al apartarse, Raven dejó caer sus manos de las de Robin.
—Y como mis amigos, tienen que dejarme ir.
Él se dio cuenta de lo que ella iba a hacer. Abrió la boca para gritar, pero la pared de la magia de Raven apareció antes de que pudiera. Robin golpeó sus manos contra el muro negro, pero no sirvió de nada. Raven era más fuerte. Más fuerte de lo que cualquiera de ellos jamás admitiría. Ella podría hacer lo que decía la profecía.
Se levantó la capucha y comenzó a ascender por los pilares de piedra. Era un caos dentro de la burbuja oscura. Cyborg y Starfire estaban bombardeando el escudo. Robin estaba tirando todo lo que tenía. Chico Bestia se transformó en un Tyrannosaurus rex, con la esperanza de que pudiera hacer algún daño a la pared al chocar contra ella. Podía escuchar a Raven comenzando a cantar.
—La gema nació del fuego del mal, la gema será su portal. Él viene a reclamarlo, él viene a reinar sobre el fin de todo lo mortal —. Chico Bestia no podía apartar la vista de ella.
— ¡No! —Robin gritó.
Chico Bestia miró la estatua, apenas viendo a Raven entre los símbolos que explotaron de su cuerpo y giraron alrededor de ella.
Starfire sollozó, se volvió y escondió su rostro contra el hombro de Robin, pero Chico Bestia no podía apartar la mirada.
Algo cayó de la mano de Raven cuando su cuerpo explotó en una luz brillante. Parpadeó, pero no volvió la cabeza. Él no podía simplemente dejarla desaparecer. Ella no podía... no podía simplemente desaparecer. La chica que siempre había hecho todo lo que podía y más para ayudar a las que le importaban. Y ahora ella simplemente se había ido.
Sabía que debería estar aterrorizado cuando apareció Trigon. Sabía que debería estar horrorizado mientras Trigon gritaba acerca de poseer el mundo. Pero no podía dejar de mirar el lugar donde Raven había desaparecido. Ella se fue. No habían podido salvarla.
Raven se había ido.
Tristeza, mucha nostalgia… añoranza.
— ¡Para! ¡Para ya! —clamó Chico Bestia mientras sujetaba su cabeza con fuerza.
—Chico Bestia, lo están haciendo pésimo —criticó la empática—, me dejas abierta tu mente como si de un libro se tratase. Debes cerrarla. Debes evitar que yo la invada.
—Lo intento, pero es difícil Rae, nunca antes había hecho algo parecido. Bien, lo intentemos una vez más. Esta vez prometo dar mi mejor esfuerzo —dio su palabra él.
—Bien. ¿Estás listo? —preguntó una ya muy cansada Raven—. Esta es la octava ronda y sinceramente ya me estoy agotando, tengo una jaqueca terrible después de entrar tantas veces a ese magnífico cerebro tuyo.
—Pero debes estar emocionada con todas las cosas que aprendiste sobre mí —comentó el cambiante con una sonrisa amigable.
—No te das una idea cuánto.
—Te entiendo —dijo él presumiendo, sin notar el sarcasmo evidente—. Mi historia es como una saga a lo George Lucas. ¡Hay de todo! —exclamó levantando los brazos. — ¡Acción! ¡Chicas! ¡Tragedia! ¡Chicas! ¡Risas! ¡Chicas! Y no nos olvidemos… ¡Chicas!
—Suena realmente emocionante —murmuró la hechicera mirando al chico realmente aburrida—. Estoy ansiosa de leer tu mente de nuevo, pero… ¿podrías poner algo de voluntad de tu parte y evitar mi intrusión? En eso se basa el entrenamiento. La idea principal es evitar que seas presa fácil de Hermano Sangre y sus poderes hipnóticos.
—Está bien, creo que lo intentaré —expresó Chico Bestia convencido de que esta vez lo lograría.
—Bien —. La empática cerró sus ojos cantando su mantra—. Azarath, Metrion, Zinthos.
El ser-alma de Raven, un gran cuervo negro, brotó de ella encaminándose derechamente hacia el chico, el cual cerró los ojos cuando un mareo lo hostigó, ya que la azotea comenzó a virar ante sus ojos.
Esto era nuevo para ella, era su pasado.
Raven puede ver como los biólogos Mark y Marie Logan se llevaron a Garfield, su hijo pequeño, al país africano de Upper Lamumba, donde realizaban investigaciones sobre códigos genéticos.
Garfield sufrió una rara enfermedad tropical que se creía que solo los animales podían sobrevivir, pues el niño fue mordido por un mono verde perteneciente a una especie muy rara. Una enfermedad extraña llamada Sakutia. En un movimiento desesperado por salvar a su hijo, el profesor Logan trató a Gar con una máquina no probada que originalmente desarrolló para aislar el vínculo genético común compartido entre humanos y animales.
Gar se recuperó, pero un efecto secundario le puso verde la piel. Unos años más tarde, Marie Logan fue amenazada por una mortal serpiente Mamba Negra, y el deseo de Gar de rescatar a su madre hizo que sus poderes lo convirtieran en una mangosta.
Fue entonces cuando se dio cuenta del segundo cambio que se había provocado en él: podía transformarse en cualquier animal.
Varios años más tarde, sus padres murieron en un accidente de navegación, un incidente que Gar todavía cree que pudo haber prevenido, pero era muy pequeño, tan pequeño e inexperto que fue incapaz de utilizar sus poderes para salvarlos.
Sentimientos de culpabilidad. Que lo acompañaba todos los días.
Después de la muerte de sus padres, Gar fue criado por el rey Tawaba, un amigo de los Logan y jefe de la tribu local. Mobu, el médico brujo de la tribu, odiaba tanto a los Logan que planeó que dos estadounidenses mataran a Gar a cambio de que él revelara el paradero de un templo que contenía un tesoro fabuloso. El templo se derrumbó y mató a Mobu, pero los dos saqueadores estadounidenses rescataron a Chico Bestia y lo llevaron de regreso a los EE. UU. Para obligarlo a cometer delitos por ellos. Los dos hombres finalmente se mataron, y los tribunales se dispusieron a nombrar un tutor legal para el chico.
Se decidió que el tutor sería Nicholas Galtry, un hombre malvado que era el abogado de la finca de los Logan. Mientras el joven estaba desaparecido en África, Galtry había malversado fondos de la herencia de Chico Bestia. Cuando se encontró a Gar, Galtry conspiró para matar al niño y tener toda la riqueza para él.
Odio... mucho odio...
Gar odiaba a Galtry, pero las cosas mejoraron cuando el chico conoció a Rita "Elasti-Girl" Farr de la Doom Patrol y Steve "Mento" Dayton.
Raven pudo analizar que sea cual sea el equipo del que forme parte, le gusta bromear con la gente y hacer chistes sobre las situaciones en las que el equipo se involucra. Sin embargo, esto es sólo una fachada. En realidad, Chico Bestia es un niño que ha sufrido muchas dificultades en su vida...
Dolor... era demasiado…
Raven salió de su mente cuando sintió como Chico Bestia logró bloquear su intromisión. Ella agradeció a Azar, después de ocho intentos lo había logrado finalmente.
—Lo lograste —lo agasajó Raven, aunque sin demasiada emoción—. Al igual que Terra solo quedaría fortalecer tu mente con un poco más de entrenamiento, pero lo has hecho… medianamente bien.
—Te dije que lo lograría y mi cerebro ni siquiera se achicharró. ¿Te sientes bien, Raven? —preguntó al ver a la hechicera cojear un poco.
—Sí —afirmó ella—, solo que después de esto mis barreras empáticas quedan un poco endebles pero se me pasará.
La alarma de sus comunicadores sonó en ese instante.
—Bien —señaló Chico Bestia—, el deber nos llama.
[…]
Las luces rojas parpadeantes iluminaron la Torre.
— ¿Qué sucede? —. Era casi media noche cuando parecía que algo andaba mal, era por lógica que todos se asustarían ante tal estruendo. Starfire observaba agitada a Robin esperando una respuesta por parte del líder quien miraba desesperadamente la enorme pantalla en el centro de la sala, la cual mostraba un enorme mapa de la ciudad y múltiples señales.
—Hay problemas —murmuró Robin. Las comisuras de su máscara bajaban en concentración mientras miraba en la computadora, encontrando el lugar y el villano. Luego miró rápidamente a todos sus colegas.
— ¿De qué se trata? —interrogó Raven mientras se acercaba junto a Chico Bestia. Todos los otros titanes ya estaban reunidos ahí.
—La ciudad está siendo víctima de un ataque desde tres frentes. La Iglesia de la Sangre ha hecho su primer movimiento y nos toman por sorpresa. Doctor Luz, Psimon y Red X. Norte, sur y oeste. Dos museos y una tienda de antigüedades.
— ¿Ese indecoroso ladronzuelo sigue suelto? —cuestionó Zachary recordando a la sucia comadreja que lo humilló—. Creo que puedo encargarme de él, la última vez solo me tomó desprevenido.
—No sabemos cuál villano está en cual lugar por lo que no podremos elegir a nuestro contrincante —le comunicó Robin.
— ¿Cómo nos dividideros? —preguntó Raven—. Somos ocho en total. ¿Un tres- tres- dos suena bien para ti?
—Será lo mejor —razonó el líder.
— ¡Yo quiero ir con Raven! —pronunció rápidamente Zachary levantando su mano.
—Oye, yo iré a la misión con Raven —riñó Wally mientras se apuntaba a sí mismo con el dedo pulgar.
—Raven es mi objetivo de vigilancia —informó Zachary al pelirrojo—, por lo cual tendré que estar cerca de ella. Muy cerca —concluyó con una sonrisa galante para molestar al pelirrojo.
—Nada de eso —interrumpió la discusión Robin—. Soy el líder del equipo por lo que yo dirigiré la misión. Raven, tú irás junto a Cyborg al museo del norte.
—Entendido —indicó la hechicera.
— ¡Booyah! —gritó Cyborg con agitación y algo divertido—. ¡Una misión juntos, Rae, choca esos cinco! —dijo estirando su mano abierta.
—Sí, chócalos —musitó Raven en voz monocorde, mientras estrellaba su mano con la del hombre robótico sin mucha alegría.
—Kid Flash —ordenó ahora al velocista—, tú estarás a cargo junto a Zatara y Chico Bestia de la tienda de antigüedades en el sur.
— ¿Quieres que vaya a una misión junto al Chico Vómito? —cuestionó Wally mientras miraba con resentimiento al mago.
—No te creas que yo estoy emocionado de compartir espacio contigo —repuso Zachary—, agradece que tenga la paciencia de compartir el oxígeno dentro de esta mugrosa torre.
—No soy siempre la voz de la razón pero creo que deberían dejar sus problemas personales fuera de esto —trató de serenar Chico Bestia—. Estamos en una misión realmente importante.
—Opino igual que él —apoyó Terra a su amigo verde.
—Cállate, chico moco —despotricó Zachary viendo con menosprecio al cambiante—, no te creas con la autoridad de darme órdenes. No trabajo para nadie más que para mí mismo, menos para un animal de circo. Así que ahórrate tus comentarios para alguien que le interese.
Chico Bestia lanzó un gruñido casi animal pero una mano en su hombro lo relajó.
—Déjalo —dijo Terra—. No tiene sentido pelear entre nosotros.
—Zatara, tendrás que hacer esto —dispuso Robin—, tu ayuda nos será útil.
—Sí, sí, lo que digas —dijo el mago agitando su mano y restándole importancia al asunto.
—Por lo tanto, Starfire y yo quedaremos contigo —apuntó Terra ahora.
—Exacto —dictaminó Robin—. Nosotros tres iremos al oeste. Tengan cuidado, no sabemos contra quien nos enfrentaremos por lo cual no bajen la guardia por ningún motivo.
—Tengo un mal presentimiento sobre esto —murmuró Raven en voz baja. Su sexto sentido nunca le fallaba.
— ¿Dijiste algo, Raven? —le preguntó Cyborg, el cual se encontraba a su lado.
—No, nada, solo… ignórame.
— ¿Seguro que estarás a salvo por tu cuenta? —preguntó Wally a la hechicera.
—Estaré bien —Raven los miró a todos a su vez—. Todos deben asegurarse de tener especial cuidado. No necesitamos ningún accidente.
Con el plan finalizado se fueron por caminos separados. Aunque Raven no estaba mirando, Starfire vio cómo Kid Flash la observaba como no queriendo dejarla ir. No se veía emocionado con la tarea, pero todos sabían que esta era la mejor opción.
Terra junto a Starfire y Robin salieron primero, sin más despedidas que 'hasta luego'. No fue un movimiento insensible, sino esperanzador. No hay necesidad de decir adiós porque volverían pronto.
O eso es lo que ellos creían.
— ¿Estás lista? —Cyborg preguntó al llegar a la zona inferior de la torre.
Raven retiró su cabello y asintió mientras miraba el T-Car—. Como siempre, lo estoy.
Ella se deslizó hacia el lado del pasajero del auto y luego Cyborg lo puso en marcha. Raven sonrió mientras miraba a su alrededor, abrochándose el cinturón de seguridad.
—Tengo que decir que extrañé a tu bebé —le dijo ella.
Cyborg rio y salió de la torre cuando la compuerta se abrió. Starfire y Chico Bestia, en forma de halcón, volaron sobre ellos. Terra también lo hacía sobre una roca. Robin estaba ya avanzando en su motocicleta, la R-Cycle. Él se dio cuenta de cómo los ojos de Raven seguían fijamente al pequeño manchón escarlata y amarillo que se movió con gran velocidad y desaparecía de la vista de cualquiera. Cyborg se mordió la lengua en las preguntas que le gustaría hacer. Ahora no era el momento.
El hombre robótico la miró por el rabillo del ojo. Se preguntó qué le habría pasado a la niña que solía conocer. Parecía que ayer estaba escondida detrás de sus libros y puertas y cerrada al resto. Ahora ella sorprendentemente parecía sonreír más y estar más abierta, sobre todo desde la llegada de Kid Flash. Pero también había días en la que parecía más… rara de lo normal.
Observó como la hechicera permanecía con los ojos cerrados murmurando su famosa frase suavemente. Una y otra vez.
—Toma la siguiente curva a la izquierda, por favor —susurró Raven dirigiendo—. Ya sé cuál es nuestro objetivo, puedo sentirlo, nos dirigimos directamente hacia Red X.
«Genial», pensó la hechicera. Un nuevo encuentro con el insoportable ladrón.
Cyborg siguió sus instrucciones, vigilando. Pasaron unos minutos más, silenciosos.
Se giró y Raven se enderezó un poco, con los ojos todavía cerrados.
—Está cerca. Muy cerca. Izquierda aquí.
Cyborg abrió su comunicador
—Raven identificó a Red X en el museo del norte —notificó él—. Estamos a unas seis millas del mismo.
—Eso está cerca. ¿Alguna información sobre quienes se encuentran en el sur y oeste? —preguntó Robin.
Cyborg miró a Raven, preguntándose si tendría que repetir la pregunta. Raven lentamente negó con la cabeza.
—No —respondió Cyborg.
—Estén atentos —dijo Robin—. Y tengan cuidado de que no…
— ¡Cyborg! —gritó Raven.
Pisó los frenos en un acto reflejo, el coche chirrió mientras tiraba de la rueda hacia un lado. Apenas evitaban la figura en el centro de la calle. Por la velocidad a la que viajaban y el freno repentino el auto dio la vuelta y se levantó, girando tres veces en el aire antes de detenerse, quedando el vehículo invertido con el techo sobre el pavimento y demasiado humo saliendo del mismo.
Cyborg se felicitó internamente por haber instalado los airbags hace unas semanas atrás en el auto. Las bolsas de aire habían amortiguado el mayor impacto de la colisión.
Aunque su lado humano estaba conmocionado y aturdido, su lado cibernético nunca dejó de funcionar. Había una persona en medio de la calle, ¿verdad? Un hombre. Miró más de cerca. Oh, mierda.
— ¿Raven? —murmuró. — ¿Raven? Tenemos que movernos. Tenemos que movernos ahora mismo. El hombre de la calle, es...
—Psimon —susurró ella, tosiendo por el humo y tratando de moverse pero estaba atrapada entre el colchón de aire de seguridad y el cinturón.
— ¿Qué hace él aquí? ¿No era Red X el que estaba cerca? ¿Puedes moverte? —preguntó, sintiéndose un poco dolorido.
—Teletransportación —aclaró ella—. Puedo llevarte conmigo, llegar al museo más rápido y escapar de aquí—. Ella se movió y se quedó sin aliento.
— ¿Estás bien?
—Menos hablar. Más acción —dijo Raven. — ¿Puedes alcanzarme?
Él estiró el brazo y le tomó la muñeca—. Te tengo.
—Solo dame un segundo para orientarme, mi cabeza está un poco aturdida...
Cyborg rodó la cabeza hacia un lado y vio que las botas avanzaban hacia ellos—. ¡No tenemos un segundo! ¡Ya viene!
—Solo... espera...
Cyborg escuchó el sonido de algo cargando. Y pensó que sabía qué era.
— ¡Raven!
—Azarath…
Los pasos se acercaban mucho más.
—…Metrion…
Cyborg escuchó una risita funesta desde afuera—. No sabes lo mucho que he estado esperando esto, Raven. Tu padre nos espera—. A pesar de que las palabras no estaban dirigidas a él, Cyborg se estremeció—. Psimon dice…—se escuchó la voz del enemigo murmurar.
—…Zinthos… —suspiró Raven.
—…explota —terminó la oración Psimon.
En el momento entre la palabra de Raven y su teletransportación, Cyborg percibió una luz rosada y cegadora. El metal en el auto pulsó cuando Psimon los atacó y el vehículo voló en mil pedazos. Cyborg abrió la boca para gritar y luego…
.
.
.
Los envolvió la oscuridad y notó como si algo le comprimiera con violencia el cuerpo. Cyborg creyó que se asfixiaba, porque no podía respirar ni ver, y lo único sólido que percibía era la mano de Raven.
El hombre robótico abrió los ojos. No tenía ni idea de qué había ocurrido, pero era evidente que se hallaba tendido sobre algo que semejaba hojas y ramitas. Inspiró con dificultad para llenar de aire puro sus pulmones que notaba casi aplastados.
Estaba a salvo.
— ¿Raven? —preguntó Cyborg.
Oyó a un comunicador gritar desde algún lugar cerca de él. — ¡¿Raven?!
Cyborg parpadeó y se sentó, oyendo la voz de Kid Flash en el comunicador preguntando por la empática. Estaban en un parque en algún lugar, con árboles a su alrededor. Raven yacía a unos metros de distancia, con los ojos cerrados. Su labio estaba sangrando y había cortes superficiales en sus brazos, pero no parecía estar en tan mal estado.
— ¡¿Raven?! —preguntó de nuevo el velocista.
Ella gimió, alcanzando una mano hasta su cabeza—. Eso dolió.
—Casi no lo logras, te tomaste tu tiempo —apuntó Cyborg.
—Me daba vueltas la cabeza, si no hubiera tomado ese segundo extra, solo la mitad de nosotros habría terminado aquí. Y me refiero literalmente a la mitad de cada uno de nosotros —le dijo ella. — ¿Estás bien? Qué…
—Maldita sea, Raven, si estás viva y no respondes, ¡te voy a matar! —Wally gritó en el comunicador.
Ella lo recogió y lo abrió—. Estoy bien. Ambos estamos bien.
— ¿Qué pasó? —. Ese era Robin—. Estaba hablando con Cyborg y lo siguiente que sabemos es que hubo una explosión.
Cyborg miró a su alrededor. Sí, allí estaban, en el parque central del norte de Jump City, lejos de la carretera principal.
— ¿Fue Psimon? ¿O Doctor Luz? —preguntó Starfire ahora.
Raven contestó.
—Psimon. Entró en la carretera y luego detonó el auto. Ahora seguro se está dirigiendo a algunos de los dos lugares. Oeste o sur. Tengan cuidado con él, es peligroso.
— ¿Pero estás bien? —cuestionó Wally nuevamente.
—Lo estamos —dijo Cyborg—. Pero mi coche no.
Raven lo miró con algo de culpa
—Lo siento —se disculpó ella.
—Está bien, siempre se puede reparar. Mejor eso que nosotros.
Raven cerró el comunicador y se levantó lentamente. Ella meneó su brazo derecho con cuidado.
— ¿Cómo está tu brazo? —Cyborg preguntó, siguiéndola. Una de sus articulaciones emitía chispas, pero no era nada que quince minutos con un destornillador no pudiera arreglar. Habían sido increíblemente afortunados de haber sobrevivido tanto al choque como al ataque sorpresa de Psimon con poco más que algunos golpes y moretones.
—Solo dolor. Pero estaré bien. Ahora movámonos, tenemos un ladrón que atrapar —dijo ella mientras frotó el músculo agotado y comenzaba a caminar hacia la dirección de su objetivo.
OoO
Museo de Jump City – Oeste
Era de noche y la ciudad estaba prendida con miles de luces brillantes. De repente, apareció una irradiación resplandeciente. Y una luz desconocida solía significar una cosa: Doctor Luz había regresado nuevamente. Los Titanes rápidamente llegaron a la escena y lo encontraron atracando el museo.
—Ah, esto es fácil. Solamente asesino a un estúpido guardia y el Cuenco de Athanor está completamente en mis manos —dijo Doctor Luz mientras aferraba el objeto, el cuerpo de un hombre fallecido a sus pies—. Sí, ciertamente, llevo mucho tiempo cometiendo el error de intentar desafiar superhéroes. Debería haberme contentado con ser un ladrón.
Rápidamente se giró y vio a tres Titanes llegando a la escena. Perfecto, la bruja no estaba entre ellos, esto sería realmente fácil para él. Sonrió maliciosamente y cargó los láseres.
—Hola, Titanes —dijo—. Qué amable de su parte arrojar algo de luz sobre mi genio.
— ¡Deberías haberte contentado con quedarte entre rejas, Luz! —exclamó la voz de Robin.
—Porque eso nos habría evitado el engorro de tener que enviarte de vuelta —expresó en el momento Terra.
—Robin. Eres tú el que está a punto de caer. He de admitirlo, lo prefiero así. Eres la conexión entre los Titanes y la Liga de la Justicia… y ciertamente preferiría destruirlos a ellos, si pudiera elegir. Pero ya sabes lo que dicen del caballo regalado, ¿no? ¡Alabado sea Hermano Sangre!
Y con eso comenzó a dispararles.
Doctor Luz irguió su brazo y un amplificador lumínico arremetió contra los tres, creando un cráter cuando los tres héroes se separaron. Cada uno se apartó del camino y luego se aseguraron de mantenerse fuera de la línea de fuego de los láseres. Starfire comenzó a dispararle starbolts, pero él simplemente les disparó sus láseres deteniendo sus ataques.
— ¡¿Qué?! ¿Alabado sea Hermano Sangre? —preguntó Terra confundida. — ¿Acaba de perder su cerebro nuevamente?
—Está bajo control hipnótico —hiso saber Robin cuando notó la mirada nublada y dispersa en el hombre—. Pero sigue siendo peligroso. ¡Titanes! ¡Al ataque!
La voz de Robin gritó como siempre lo había hecho y los tres respondieron como siempre lo hicieron, con seriedad y fervor. Estaban luchando contra Dr. Luz, como solían hacer, y esta vez su tecnología era un poco más dura de lo habitual.
Terra llevó sus manos al suelo resquebrajando el suelo tratando de crear una grieta sobre donde estaba parado él. Starfire soltó unos cuantos starbolts y Robin lanzó un aluvión de discos explosivos. Luz sobrevivió al ataque inicial con un destello y una risa.
—Soy el nuevo Doctor Luz. No tengo miedo a nadie.
— ¡Ahora mismo no eres más que una marioneta! —gritó el Chico Maravilla mientras corría hacia Luz.
— ¡Quieto mono de circo, estoy intentando matarte! —. Un disparo esquivado por una ágil acrobacia.
—Siempre lo intentas, Luz, afortunadamente siempre fallas —se burló Robin.
—Oh, chico murciélago, eso era antes —dijo siniestramente Luz—. Esta vez triunfaré.
Acto seguido, la luces de lugar y de afuera parpadearon. La luz más cercana de la calle se apagó con un leve estallido. Luego las lámparas del museo quedaron a oscuras, hasta que la única luz que quedó en toda la calle fue la que brindaba la luna llena.
Los ojos de Starfire se abrieron de par en par. — ¿Cómo lo hizo?
—Tiene el poder de drenar cualquier luz y así él se fortalece —dijo Robin, sacando el bastón de metal de su cinturón utilitario y girándolo—, pero vamos a detenerlo.
Corrió hacia Dr. Luz y lo atacó de frente. El villano atrapó el palo en sus palmas, usando la luz plateada para romperlo por la mitad. Atontado momentáneamente, Robin sostuvo el bastón roto en sus manos.
Luz retiró un brazo para darle un puñetazo cuando fue golpeado desde arriba por un aluvión de rayos. Robin saltó del camino cuando Starfire se paró frente al contrincante, y le dio un puñetazo en la cara. Rodó hacia atrás, tropezando con una estantería. Apresuradamente se movió y sus manos estaban cubiertas de nuevo en el aura plateada mientras ahora los tres observaban sorprendidos como las luces del fondo de la ciudad también titilaban.
—Ahora está absorbiendo la electricidad, esto es malo —afirmó Robin.
— ¡Exacto! —se jactó el villano parándose frente a ellos. — ¡Absorber todas las luces de la ciudad me dará una cantidad ilimitada de energía!
—No cuentes con eso —señaló Robin, corriendo hacia él de nuevo. Luz apuntó rayos de luz plateada hacia el líder. Robin los esquivó a todos, disparando un birdarang que explotó en el pecho del villano. La bombilla amarilla en medio del traje estalló y se encendió con electricidad suelta. Robin dio un puñetazo con enojo y Doctor Luz esquivó para que la mano derecha de Robin entrara directamente en la bombilla rota.
— ¡Augh! —Robin gritó cuando la electricidad se sacudió a través de su cuerpo, cayendo de rodillas.
Starfire lanzó rayos de luz mientras Terra enviaba volando cientos de rocas, sin embargo su enemigo usó la energía de la luz absorbida para esquivarlos rápidamente.
—No pueden ir más rápido que la velocidad de la luz —se rio Doctor Luz. Starfire apuntó hacia él pero, en un instante, desapareció del museo.
Los ojos de Starfire volvieron a su verde regular mientras volaba hacia Robin. El chico se frotó el dolor de cabeza. — ¿Lo detuviste?
—No —comentó Starfire con tristeza—. No lo hice.
Cuando salieron del lugar, las chicas y Robin observaron con horror cómo las luces de la ciudad destellaban y se apagaban.
— ¿Qué está haciendo? —Starfire entró en pánico.
— ¡Está atacando la planta de energía! —Robin gritó mientras la farola sobre ellos chisporroteaba. — ¡Está absorbiendo todas las luces de la ciudad! Tenemos que movernos, ¡ahora!
Starfire tomó las manos de Robin y Terra hizo levitar un gran trozo de roca. En unos segundos, comenzaron a volar, sobrevolando las calles de la ciudad. Todas las luces debajo de ellos parpadearon y vibraron peligrosamente.
—Ahí —señaló Robin hacia las máquinas y cables gigantes que transferían electricidad a toda la ciudad—. Vamos a derribarlo.
Tan pronto como aterrizaron dentro de las puertas de la planta, Robin cargó directamente con Starfire y Terra volando a su lado. Siguieron el rastro de luces apagadas hacia el corazón de la planta. Los ojos de Robin se abrieron de par en par cuando encontraron a Luz apretado con fuerza contra el principal generador eléctrico de la ciudad, rayos de electricidad destellando mientras remolinos de plata rodeaban todo su cuerpo.
— ¡Ha obtenido demasiado poder! —Terra gritó.
— ¡Tenemos que frenarlo de alguna manera! —Robin exclamó, lanzando cinco discos a los brazos del Doctor Luz. Estallaron al contacto, y él se volvió lenta y amenazadoramente hacia el Chico Maravilla. Un movimiento de un dedo fue todo lo que se necesitó para enviar un enorme haz de plata volando hacia Robin, quien saltó del camino justo a tiempo.
El villano se estremeció cuando un torrente de estrobos lo golpeó en la espalda. Starfire los lanzó sin tregua, y en poco tiempo, el villano estaba envuelto en humo.
— ¿Somos victoriosos? —preguntó Starfire, flotando en el aire con un starbolt listo. Sin previo aviso, una enorme mano envuelta en una luz plateada salió del humo y la agarró.
— ¡Starfire! —Robin increpó. Ella luchó contra el ahora gigantesco agarre del Doctor Luz, pero él era demasiado fuerte.
— ¿Qué pasa, chico murciélago? ¿Celoso? —Luz rio sin aliento. Su mano libre sostenía a Starfire alrededor de su estómago, manteniéndola presionada contra él. Sus ojos estaban muy abiertos mientras miraba a Robin.
—Déjala ir y te prometo que solo te enviaré a la cárcel —señaló Robin en un hilo de voz, con los puños cerrados.
—Pero estaba llegando a conocerla—. Luz sonrió, acariciando con su mano la cintura de la chica—. Y ella parece muy amigable. ¿No lo crees?
Un gruñido arrancó de la boca de Robin y se acercó con un paso.
—Espera, Robin, si te acercas… —Terra advirtió.
Doctor Luz arrastró a Starfire hacia atrás—. Uh, uh. No haría eso si fuera tú. Un paso más y la mato. Una llave rápida en el cuello. ¿Crees que las alienígenas mueren tan fácilmente como los humanos? —preguntó, mirando a Starfire—. Nunca antes había estado con una alienígena. No hay sorpresas que deba saber, ¿verdad?
—Si la tocas de nuevo, te juro por Dios que te mataré —amenazó Robin.
—Tal vez, pero no antes de que yo la mate—. Besó la mejilla de Starfire. La chica se removió inquieta.
—Suéltala y puedes llevarte ese objeto que te robaste. Ni siquiera voy a pelear —ofreció Robin.
— ¿Dónde está la diversión en eso? —Luz preguntó, haciendo pucheros—. Lo prefiero mucho así —le sonrió a Starfire—. Luchando, suplicando. Llorando. Lo hace todo más dulce.
—Por favor, Luz. Detente —Robin ni siquiera estaba mirando al villano. Solo mantuvo sus ojos fijos en los aterrorizados de Starfire—. No hagas esto.
—Pero yo quiero —Luz inclinó la cabeza, pasando su lengua por el cuello de Starfire. Incluso desde su distancia, Robin podía ver las lágrimas que brotaron de sus ojos mientras lo miraba, suplicándole en silencio que él hiciera algo. Pero ¿qué podía hacer? Si él hacía un movimiento, Luz la mataría. Si él no se movía, Luz lo haría... Recordó todo lo que Zatanna le había contado sobre este psicópata y de lo que era capaz.
—Niña bonita —dijo Doctor Luz mientras la acercaba a su cara. Ella trató de alejarse en vano—. Dime, ¿de qué están hechos esos rayos?
— ¡No la toques! —Robin rugió. Corrió hacia ellos y lanzó tantos birdarangs como pudo. Terra lo ayudaba lanzando una muralla de piedra realmente grande. Sin embargo un destello de plata apareció frente al villano, reflejando los birdarangs de vuelta a Robin, así como destruyendo la roca de Terra.
Starfire gritó mientras los birdarangs explotaban alrededor de su líder. La ira la recorrió mientras le disparaba a su contrincante con sus ojos. Él soltó un grito de rabia cuando lo golpeó, pero la abrazó con más fuerza, acercándola aún más.
—Nunca respondiste, así que te lo diré —susurró peligrosamente. Starfire trató de liberarse con toda la fuerza que pudo reunir—. Estoy seguro de que al menos un componente de esos rayos verdes es la energía luminosa.
Los ojos de Robin se abrieron de par en par en la realización. Seguramente intentaría absorber nuevamente la energía de Starfire como la primera vez que se enfrentaron a Luz en el Instituto Franklin. — ¡No!
Los gritos desgarradores de Starfire resonaron en el aire cuando Doctor Luz comenzó a drenarla. Brillantes remolinos verdes dejaron a Starfire y fueron absorbidos en su traje.
— ¡Déjala ir! —Terra se precipitó ciegamente hacia el villano, pero fue empujada hacia atrás por una pared de plata. — ¡Starfire! —golpeó la pared de luz con toda su fuerza. — ¡Starfire, voy a sacarte!
Los gritos de Starfire fueron ensordecedores y luego se hicieron cada vez más suaves.
Robin y Terra la llamaron con urgencia, desesperadamente, pero se estaba debilitando. Sus ojos se estaban cerrando.
Robin golpeó sus puños contra el escudo con frustración. Starfire se aflojó en las manos de Doctor Luz, su cabello rojo caía en cascada mientras su cuerpo se arqueaba hacia atrás. — ¡Starfire!
La risa maníaca de Doctor Luz hizo eco en toda la planta. — ¡Nada puede detenerme! —gritó mientras Robin golpeaba la barrera inflexible—. Ustedes, los Titanes, son peones sin valor. Hermosos —agregó mientras acercaba a una Starfire desmayada a su cara—, pero ahora completamente sin valor.
Robin observó con terror como el villano la arrojó como una muñeca de trapo. Reaccionando rápidamente, saltó en el aire, atrapándola a media caída y rodando por el suelo.
— ¿Dijiste que me derrotarías? —Luz se regodeó.
Robin lo ignoró y puso sus palmas en el suelo, luchando por levantarse.
—Voy a destruirlos a los tres.
Por un momento fugaz, Robin dejó que sus emociones pasaran sobre él. Miró preocupado a Starfire a su lado, yaciendo quieta con los ojos cerrados.
Doctor Luz se dio cuenta de esto. Las luces de la central eléctrica parpadeaban a su alrededor—. O tal vez debería destruir a la chica de todas las formas posibles y dejar que tú observes mientras tanto.
Robin apretó los dientes, abrazó a Starfire con fuerza y se quedó con ella en sus brazos—. No te dejaré tocarla —gruñó.
—Eso ya lo veremos —sonrió el villano.
Incapaz de atacar mientras protegían a Starfire, Robin y Terra corrieron lejos de Doctor Luz. El villano intentó usar el poder de las luces plateadas para impulsarse, pero drenar a Starfire y contener a Robin lo había hecho usar gran parte de la potencia de su maquinaria. Con avidez, golpeó sus manos contra el generador para cargarse, tomando tanto que todas las luces alrededor de la planta se apagaron.
Los tres Titanes estaban envueltos en completa oscuridad ahora.
Sin sonido, Robin y Terra se escondieron detrás de un generador roto y lejano. Miraron por encima de su costado.
Luz cubrió su mano con suficiente luz plateada para ver una pequeña cantidad del área circundante. Robin lo miró con furia cuando notó rayas verdes en la plata, evidencia de la energía de Starfire.
El villano fue a buscarlos en la dirección equivocada, y tanto Robin como Terra sintieron que sus hombros se relajaban.
—Starfire, despierta —susurró la chica rubia, sacudiéndola suavemente—. No tenemos mucho tiempo—. Ella no respondió. Tan cautelosamente como pudo, Terra acercó su mano hacia su cuello y sintió su débil latido. Una horrible sensación de hundimiento los llenó a ambos.
— ¿Qué podemos hacer? —preguntó Terra a Robin.
—Caímos en su juego, ellos nos querían divididos para derrotarnos más fácilmente. Ahora… no lo sé.
Robin apretó los dientes con tanta fuerza que dolía. Podía sentirse temblando. Su equipo estaba en aprietos por su culpa, nuevamente. Lo mismo que en su pelea contra la Hermandad del Mal, pensó que quizás ya no servía como líder de un equipo.
Una franja de luz plateada salió de las sombras. Robin torció su cuerpo justo a tiempo para que el ataque no le diera a Starfire y lo golpeara justo en la espalda, quemando parte de su traje. Él dejó escapar un grito agonizante.
Doctor Luz sonrió mientras se acercaba a ellos—. Mira la luz, Robin. Deberías correr con la cola entre las piernas.
Una luz blanca se extendió por el techo. Robin se estremeció, lanzando su brazo sobre su cara. Sin embargo, ya era demasiado tarde. Todo lo que podía ver eran manchas.
De repente, los láseres de sus dos manos apuntaron hacia el joven Titán y rápidamente disparó, dando justo en su objetivo. Robin yacía maltrecho ahora en el suelo, su ropa y parte de su cuerpo quemado.
Doctor Luz se movió con su teletransportador fotónico frente a Robin rápidamente, levantándolo del piso y aferrándolo por su cuello. Su mano se cargó y el Chico Maravilla fue lanzado lejos por una descarga eléctrica, dejando una estela de humo a su paso.
— ¡Robin! —gritó Terra.
—Una dosis concentrada de luz, debería estar bien calcinado junto a su amiga. Dos menos, queda una. Casi me estoy sintiendo decepcionado con lo fácil que está siendo derrotarlos. Pero es tan excitante… tanto como tú.
—Eres realmente desagradable —insultó la chica rubia con repugnancia.
Los ojos de Terra y sus manos se volvieron de color amarillo mientras la ira corroía todo su ser. Pero antes de hacer algún movimiento, Starfire salió volando lista para pelear de nuevo.
—Estoy aquí —. Luz escuchó la voz de la alienígena y estiró el cuello hacia arriba.
— ¿Cómo es eso posible? —preguntó él estupefacto—. Agoté tanto de tu poder.
—Mis poderes no están compuestos únicamente de energía luminosa —los ojos de Starfire crepitaban con llamas verdes mientras cargaba un pestillo en sus manos. Doctor Luz retrocedió un paso antes de que ella le lanzara un enorme rayo de estrella y lo enviara volando a los cables—. Mis poderes se ven reforzados por mis sentimientos por mis amigos, ¡y pagarás por lastimarlos! —exclamó mientras levantaba los brazos y enviaba otro rayo grueso hacia Luz. El villano, a su vez, juntó las manos y atrapó el poderoso starbolt de Starfire. Parecía estar manipulando los poderes de la alienígena. Moldeó la energía y la mezcló con la suya propia creando una gran esfera energética con un núcleo verde brillante. Luego lo arrojó sobre ella. Starfire gritó, pero pronto fue silenciada por otro chispazo.
—No mientras tenga poder sobre toda la luz. Incluida la estelar —le hiso saber el villano—. Bueno, mi belleza dorada, una pequeña descarga de luz se ocupará de ti.
Apuntó directamente a Starfire, golpeándola en el esternón con una descarga luminosa, dejando a la chica chillando en un gran agujero en el suelo.
— ¿Cuán equivocado puedes estar, bombilla de luz? —gruñó Terra mientras algunas rocas comenzaban a levitar—. Los titanes no están derrotados hasta que caen y ustedes… ¡no tienen opción de conseguirlo!
—Eso fue pura suerte, chica, y no volverá a ocurrir —dijo el villano—. He adquirido más control sobre mis poderes lumínicos. Inclínate ante el poder de la Iglesia de la Sangre.
Terra concentró todo su poder y envió hacia Luz una serie de rocas. Pero solamente le bastó un solo ataque de su cañón para desintegrar los proyectiles y convertirlos en solo polvo.
Él volvió a disparar. Terra elevó una barrera de piedra para amortiguar el golpe pero la explosión la envió volando hacia atrás, quemando su piel. El dolor atravesó todo su cuerpo y ella pudo oler incluso el hedor acre por la quemadura de su cabello. Ella golpeó el suelo y su cabeza se conectó con el suelo lo suficientemente fuerte como para hacer que ella viera borrones. Su piel estaba moteada por erosiones rojas y rosadas y parecía que su pierna estaba rota. La chica rubia soltó un gemido de sufrimiento, ardiendo por las quemaduras y gritando por las llagas que se formaron en su cuerpo.
Luz se aproximó lentamente y humilló a la chica pateándola con su pie, haciéndola rodar por el suelo. Estrujó con fuerza su bota sobre las heridas logrando que la chica llorara por el padecimiento.
—Hermosa, mucho, pero también patética. Aunque no habría nada malo divertirme contigo, basura.
— ¡Terra! ¡Déjala! —gritó Starfire saliendo del cráter, furiosa, disparando sus rayos estelares verdes por sus ojos, sin embargo Luz creó rápidamente una protección con su traje—. Su escudo de luz también reflejan mis rayos estelares —dijo ella turbada.
— ¿Acaso nunca te rindes, perra? —vociferó ya realmente molesto Luz. — ¿Qué tan resistente puede ser una alienígena? Pero no podrás detenerme. ¡Jamás había existido alguien como Doctor Luz! —alardeó el hombre adulto. — ¡Cuando integré los sistemas de mi pistola lumínica en mi traje, incrementó mis ya asombrosos poderes! ¡Ahora puedo hacer casi cualquier cosa!
Luego usó su cañón y disparó sobre los pilares de hierro a un lado de ella. El techo de arriba se derrumbó sobre Starfire, aplastándola con su peso.
—Espero que eso sea suficiente y esta vez te quedes quieta.
—Te arrepentirás por eso —protestó Robin, que había vuelto a la conciencia.
— ¿Y qué me harás? Ilumíname, pequeño petirrojo.
Robin comenzó a moverse hacia él. Las manchas aún cubrían sus ojos, pero estaba empezando a ver formas.
Extrañado, vio como el líder se iba sobre él. Lanzándole cuanto golpe fuera necesario para detener al villano. Enfurecido. Agobiado. Deshecho. Multiplicó la intensidad de los golpes. Dándolos más rápidos. Más fuertes. Sin detenerse. Sin ayuda de su equipo, porque ahora estaba solo.
Doctor Luz, agobiado pero a la vez entretenido, se escurría cada vez más fácil de los puñetazos que le eran dirigidos. No sin recibir uno que otro de parte de Robin pero que eran frenados por su armadura. Ni siquiera se inmutó. Esto estaba ganado. Su mente estaba fría. Luz cargó su mano con irradiación y sintió como su puño se enterraba en el estómago de su rival. Robin protestó y se derrumbó en el piso mientras sujetaba su abdomen. Sin perder tiempo le dio una fuerte patada en las entrañas, derribándolo.
Los tres habían caído.
—Los dejaré vivir, solo para que sean testigos del tétrico futuro que les aguarda. Hasta pronto, Titanes.
OoO
Tienda de antigüedades de Jump City - Sur
Kid Flash, Chico Bestia y Zachary estaban luchando contra Psimon desde hacía un buen rato en la tienda de antigüedades.
Que no hubiera luz en el lugar no ayudaba mucho a la situación.
El villano estaba usando sus habilidades psíquicas para atacar a los Titanes, que luchaban por derribarlo. Especialmente Zachary nunca se había sentido tan frustrado con un villano como éste.
Teletransportación, telequinesis, generación de portales, proyección de energía psíquica. El mago pensó para sí mismo intentando contar sus habilidades. Esto iba a ser difícil.
— ¡Ekoms dna srorrim! ¡Etaerc dik hsalf snoisulli! —conjuró apuntando con su varita a Kid Flash.
El hechizo del mago creó numerosas copias ilusorias del velocista. Wally se dirigió con ira hacia el desagradable villano. Él era el que había atentado contra la vida de Raven y Cyborg. Los múltiples Kid Flash trataron de golpearlo con un golpe físico, pero Psimon rápidamente detectó al verdadero y se apartó, haciendo que el velocista aterrizara en el suelo con un ruido sordo.
— ¡Cirtcele gninthgil!
Zachary agitó sus manos y apuntó a su enemigo mientras las mismas se cargaban de energía eléctrica. Y, mientras disparaba, Psimon creó un portal y desvió el encantamiento eléctrico para golpear al velocista, quien seguía en el suelo y lanzaba ahora un chillido de dolor.
—Ups, lo siento Flashito —se disculpó el mago.
—Que trío tan decadente —se burló Psimon.
Un gorila verde surgió de repente para atacar al hombre que solo levitaba ahí, burlándose de los tres héroes.
— ¡Maldita sea! —exclamó Chico Bestia mientras era transportado afuera una vez más por un portal. No se podía acercar ni un poco a su objetivo. — ¡A este tipo le gusta jugar! ¡Le enseñaré un juego que no olvidará! —. Volvió a entrar corriendo transformado en pantera para ver a Zachary siendo embestido por una explosión rosa y Kid Flash tratando de levantarse de su sitio.
—Psimon dice… vuelve a tu forma natural —mandó, logrando revertir la transformación animal.
— ¡Es inútil! ¡No hay forma de detener a este tipo! —Chico Bestia gritó mientras sus dos compañeros de equipo continuaban tratando de derribar a Psimon. Todos estaban cansados.
—Es intentar o morir, Chico Bestia. ¡Sigue intentándolo o todos moriremos! —Kid Flash gritó mientras esquivaba múltiples rayos enviados por el villano con su velocidad característica—. No podemos rendirnos.
El cambiante gruñó, pero asintió—. Lo que sea. Vamos a acabar con este loco. Quizás si golpeamos su cerebro… ¿Qué? —Chico Bestia preguntó cuándo una cuerda negra, evidentemente creada por Psimon, se enredó en su cuerpo dejándolo sin movilidad—. Algo tira de mí, no puedo mover ni un músculo.
— ¡Citsym yar yortsed mih!
Zachary intentó golpear a Psimon, mientras estaba concentrado en Chico Bestia, pero él detectó su ataque mágico y creó un portal que devolvió el rayo místico de nuevo hacia el mago. Lo golpeó en la espalda y lo hizo caer entre una pila de cajas.
— ¡Zatara! —prorrumpió Wally mientras veía al chico caído y se movía hacia adelante. — ¡Yo lo detendré!
Kid Flash comenzó a correr a una velocidad asombrosa alrededor del villano, su cuerpo brillaba por los rayos que surgían desde él, creando un ciclón de viento.
—Atrapado —dijo Wally con una sonrisa mientras observaba como el torbellino escalaba para sumergir al villano en un vendaval. Lo dejaría sin oxígeno en poco tiempo.
—Al contrario joven Flash —expresó Psimon sin perder la compostura—. Con el más ligero empujón de mis poderes psiónicos…—su cerebro dentro del casco se iluminó—, eres tú el que está atrapado… ¡Atrapado en tu propio remolino eterno!
Kid Flash maldijo al no ser capaz de dejar de correr.
—Psimon dice… frena —ordenó.
El velocista se aquietó de repente y se estrelló contra un muro de la tienda, dejándolo inconsciente.
— ¡Suéltame, cerebro de puré! —gritó Chico Bestia.
— ¡Silencio, bufón sin inteligencia! —vociferó Psimon. — ¡Todo lo que yo quiero que pase ocurrirá! ¡Todo lo que mi mente pueda concebir, puedo crearlo! ¡No son rivales para mi persona!
— ¿A sí? —sonrió el cambiante—. Pues mira como escapo de tus ataduras.
Chico Bestia se transformó en un elefante pero las cuerdas psíquicas seguían rodeándolo y ahora parecían estrujarlo fuertemente, porque las mismas ni se rompieron ni cambiaron de tamaño, por lo que se vio obligado a volver a su forma humana.
—Pero no lo has hecho —se burló Psimon—. Y, por eso, soy tu superior.
— ¡Tonterías! Y rodearme con esto tampoco lo demuestra. Puedo empujar este cable como…—. Ahora se transformó en una mosca pero las ligaduras seguían atándolo incluso en ese minúsculo tamaño. Volvió a su forma humana nuevamente y trató de zafarse. — ¿Eh? Sigo sin poder moverme… y el cable me aprieta cada vez más.
—Sí, niño. Verás, mis poderes me permiten hacer casi cualquier cosa… incluyendo provocarte un sueño. Psimon dice… duerme—. Luego de la orden, los párpados de Chico Bestia se cerraron y se hundió en un sueño profundo mientras algunos ronquidos escapaban de su boca—. Descansa bien, niño, pues cuando sea el momento, tu alma le pertenecerá a Trigon.
— ¡Sniahc!
Unas doradas cadenas volaron por los aires con la intención de retorcerse con fuerza alrededor del pecho del villano pero este creó un campo de fuerza con su poder.
—Oh, ahora que me doy cuenta eres un Homo Magi, interesante. Puedo verlo, Zachary Zatara, primo de la maga Zatanna la cual es miembro de la Liga de la Justicia. Aunque estás lejos de su nivel, niño insolente.
—Entre nosotros dos creo que estamos en igualdad de condiciones —se defendió el mago—. Los dos podemos crear lo que deseemos.
—Buen chiste —ridiculizó Psimon—. Mi increíble poder me permite atreverme a todo.
—Igual que yo. ¡Ezeerf mih! —conjuró con un fluido movimiento.
Un fucilazo de hielo se vertió por la varita de Zachary pero, de nuevo, su poder fue detenido.
—Enternecedor —fanfarroneó el villano—. Podríamos estar toda la noche tirándonos ráfagas mágicas, sin embargo, creo que prefiero terminar con esto ahora. Con un solo pensamiento podría derretirte donde estás… o enviarte a vagar para siempre al espacio infinito… o incluso enviarte al pasado para que tuvieras un final más espeluznante. Arrodíllate ante mí.
Pero el mago no obedeció su orden haciendo que Psimon apretara los puños.
—Vamos, hay que comportarse como caballeros. A Psimon le gustaría que hicieras gala de tus buenos modales. Inclínate ante la muerte, Zatara.
La boca sin labios de Psimon se contorsionó en una sonrisa. Zachary no se inclinó. No iba a permitir que el villano se burlara de él... no iba a darle esa satisfacción.
— ¡He dicho que te inclines! ¡Psimon dice… inclínate! —rugió Psimon, mientras su cerebro se prendía en una irradiación refulgente.
Zachary sintió que su columna vertebral se curvaba como empujada firmemente por una mano enorme e invisible, y Psimon lanzó una risa repulsiva.
—Ya acabe con dos de tus amigos, solo quedas tú.
— ¿Amigos? Ellos no son mis amigos, ¿o acaso tu cerebro es incapaz de captar eso?
— ¿No aprendes nada, mocoso? Muy bien —dijo Psimon con voz suave, y, cuando levantó su mano, la presión que empujaba a Zachary hacia abajo desapareció—. Veremos si esto es de tu agrado.
El villano apuntó con una mano al mago y, antes de que Zachary pudiera hacer nada para defenderse, recibió el impacto del poder de su contrincante. El dolor fue tan intenso, tan devastador, que olvidó dónde estaba: era como si cuchillos candentes le acribillaran cada centímetro de la piel, y la cabeza le fuera a estallar de dolor. Gritó más fuerte de lo que había gritado en su vida. Fue un dolor muy superior a cualquier otro que Zachary hubiera sufrido nunca: los huesos le ardieron, la cabeza parecía que se le iba a partir por la mitad, los ojos le daban vueltas como locos. Deseó que terminara... perder el conocimiento... morir...
Y luego… todo cesó. Zachary se dio la vuelta y, con dificultad, se puso en pie.
Temblaba incontrolablemente, como si un relámpago lo hubiese atravesado.
—Un pequeño descanso —comentó Psimon—, una breve pausa... Duele, ¿verdad, mago? No querrás que lo repita, ¿a qué no?
Zachary no respondió. No estaba dispuesto a doblegarse. No iba a obedecer a Psimon... no iba a implorarle a un villano de porquería.
—Te he preguntado si quieres que lo repita —señaló Psimon con voz autoritaria. — ¿No lo harás? —interrogó en voz baja—. ¿No dirás no, por piedad? Zatara, la obediencia es una virtud que me gustaría enseñarte antes de matarte, porque por lo que veo tu prima no te enseñó principios... ¿tal vez con otra pequeña dosis de dolor?
Psimon levantó su mano y su cerebro volvió a brillar, pero aquella vez Zachary estaba listo, se echó al suelo a un lado. Rodó hasta quedar a cubierto detrás de un pedazo de escombro y lo oyó resquebrajarse al recibir el rayo dirigido a él.
—No vamos a jugar al escondite —dijo la voz suave y fría de Psimon, acercándose—. No puedes esconderte de mí. ¿Es que estás cansado? ¿Preferirías que terminara ya? Sal y da la cara.
Zachary permaneció agachado tras el escombro, comprendiendo que ya no había nada que hacer. No había esperanza... nadie iba a ayudarlo. Kid Flash y Chico Bestia estaban vencidos, yacían inconscientes en una capa de cascotes, inmóviles y rígidos. Dos inservibles. Y, al oír a Psimon acercarse aún más, sólo supo una cosa que escapaba al miedo y a la razón: que no iba a morir agachado como un niño pequeño que jugara al escondite, ni iba a morir arrodillado a los pies de nadie. Intentaría defenderse. Él era un Zatara. Su linaje mágico era un precedente que no cualquiera tenía. Era descendiente directo de figuras de tanto renombre en la historia. No era un mago cualquiera.
Zachary se puso en pie y tropezó un poco sobre la destrucción que él y Psimon habían creado antes.
—Etativel —susurró.
Levitó con sus poderes, colocándose a la altura de su némesis y se paró en lo alto mientras sus ojos brillaban en un azul potente.
—Así que pelearás, Psimon dice que es inútil, perderás de todos modos.
—Puede que pierda —declaró Zachary—, pero no me derrotarás sin antes dar batalla.
El mago recogió toda la energía que pudo en sus palmas, creando una gran esfera de su poder, y luego la soltó. Dirigiéndola hacia el centro de Psimon. Como era de esperar, lo golpeó, empujándolo hacia atrás y haciéndolo oscilar y caer al suelo.
— ¡Cómo te atreves, maldito mago infeliz! —gruñó con ira el villano.
Psimon se puso lentamente en pie. Voló de nuevo hasta su nivel y lo miró.
Zachary suspiró. — ¿Qué se necesita para acabar contigo? —. Él estaba más allá de la frustración y el enfado.
Psimon reunió energía y se preparaba para liberar su poder sobre el chico. Zachary rápidamente sacó toda la energía que tenía dentro, la tiró hacia delante y la disparó como Psimon disparó la suya. Una ráfaga de azul y rosa se encontraron en el centro, intentando superarse, pero eran parejos.
Zachary no pudo escuchar nada con todo el poder que estaba ejerciendo y el crujido de sus poderes luchando entre sí. Pero vio que no era el único que se estaba agotando, Psimon parecía estar vacilando. Como si no pudiera sostener esto. Estaba usando tanto de su poder como él. Esta era una coincidencia de potencia uniforme. El resultado era incognoscible. Cualquiera de los dos podría ganar, o ambos podrían morir de cansancio si continuaban con esto.
Pero ahora el rayo del villano estaba derribando su poder, así que no le quedó otra opción que crear una barrera mágica que lo protegiera.
— ¡Delihs won!
Una burbuja azul rodeó el cuerpo de Zachary y lo resguardó a tiempo del vigoroso poder psíquico.
Psimon se rio.
—Bien, terminemos con esto. Mi ataque final. Psimon dice… ¡crear jaula de fuego! —. Instantáneamente Zachary y los dos titanes inconscientes fueron rodeados por las llamas.
Muchos de los objetos del lugar comenzaron a arder mientras el humo negro y las cenizas se arremolinaban por el espacio cerrado de la tienda.
Zachary advirtió el calor sofocante y como las llamaradas se acercaban hacia los cuerpos de Kid Flash y Chico Bestia. El soltó un gruñido de frustración, la cantidad de magia que usó era demasiada. El agotamiento mágico era ya un hecho. Sus ojos picaron y un nudo se instaló en su garganta. Psimon tenía razón, nunca sería bueno como su prima, nunca sería un gran mago ni tampoco poderoso. La fachada de chico fuerte se derrumbó junto a sus posibilidades de ganar. Nunca… podría superar sus límites.
Este sería su último hechizo. La burbuja mágica se evaporó y luego conjuró.
— ¡Eci llaw raeppa! ¡Tcetorp meht!
El villano parpadeó confundido, porque el encantamiento no iba dirigido a él.
Una muralla de hielo mágico indestructible se filtró por el fuego y protegió los cuerpos del velocista y el cambiante, dejándolos completamente salvaguardados del ataque final de Psimon.
« ¿Quién lo diría? El perro egoísta decidió mejor preservar la vida de los que no considera amigos que la de él mismo », pensó sorprendido Psimon.
—Así que decidiste usar tus últimas reservas mágicas para protegerlos —comentó casi atónito—. Que conmovedor, ilusionista inexperto. Pero ahora no tienes las fuerzas para detenerme.
—Un mago siempre tiene reservado un truco bajo la manga —reveló Zachary con una sonrisa.
El chico junto sus manos rápidamente y recitó un conjuro al revés, enviando un poderoso relámpago hacia Psimon. El villano rugió cuando el ataque arremetió contra él, pero luego creó un agujero negro succionando el sobrante del encantamiento
Psimon sacó poder de su principal fuente de energía, y lo reunió en una mano. Él, sin perder tiempo, disparó la concentración fulminante.
Esto magulló a Zachary y lo demolió contra un muro con tanta fuerza que toda la pared se derrumbó por encima del mago. Llovió roca y vidrio mientras una parte del edificio se caía encima del chico. El mago estaba inconsciente, de eso no había duda. Su cara estaba rasguñada, cortada y magullada. Sangre saliendo de su boca y un gran corte en su cabeza. Todo su cuerpo estaba más pálido de lo normal. Su ropa, desgarrada en todo tipo de lugares. Su brazo parecía desplazado.
—Que sujetos de tan bajo talento —celebró Psimon su victoria—, ni siquiera con tres de sus miembros pudieron detenerme. Bueno, el Espejo Mágico de Brarath es mío.
E inmediatamente, Psimon desapareció por un portal.
El primer ataque de la Iglesia de la Sangre. ¿Qué les pareció? Doctor Luz y Psimon. Como siempre, espero haber escrito bien las escenas de pelea y haberme expresado bien.
En el próximo capítulo: Cyborg y Raven contra Red X. Decidí dejar esta pelea para el final, publicaré entre hoy y mañana esta segunda parte.
No se olviden de comentar, nos estamos leyendo.
Saludos!
