Los personajes de Saint Seiya no me pertenecen, son propiedad de Masami Kurumada.


22) Alarmante cuando el dinero se agota.


Okko abrió su pequeña hielera imaginando lo que habría: nada, absolutamente nada. Casi era fin de mes y todos los fines de mes estaba corto de dinero; su madre solo le enviaba los primeros días, lo justo y necesario para que pudiera sobrevivir en el cálido país extranjero.

Después de revisar su hielera se pasó a la única gaveta que existía en su pequeño departamento de una habitación y miró el único paquete de galletas que le quedaba.

En un intento por cumplir su propósito de año nuevo, se había esforzado mucho por impresionar a Shunrei y tal vez había gastado algo de más por eso; habría valido la pena si no hubiera sido porque Shunrei no se impresionaba con esas cosas, pero sí se quedaba con él si tenía suficientes galletas con chispas de chocolate.

Okko sacó el paquete y se sentó en su cama. El paquete contaba con seis galletas saladas, al mes le quedaban nueve días con ese, si dividía una galleta en cinco tendría suficiente para sobrevivir esos días.

—Maldición.

El tiempo sin dinero era lo peor, no se podía hacer nada sin él, ni siquiera ir a la escuela, menos comprar todo lo necesario para tener una vida más o menos digna, tener un teléfono, internet o al menos una televisión o un radio para no morir de aburrimiento.

Comenzó a comer despacio, si daba pequeños mordiscos y tomaba mucha agua se llenaría rápido y lograría engañar a su estómago. Después de comer se sintió mal; molesto debido a que estaba sentado sobre su colchón sólo comiendo galletas porque no tenía dinero. Estaba acostumbrado a vivir bien, en su natal China su madre siempre lo alimentaba tres veces al día y había todo tipo de frutas a su disposición cuando quisiera.

Su vida adulta no debería ser así, tampoco debería de estar lejos de su madre teniendo sólo quince, pero él había elegido ir a ese lugar y buscar algo mejor. Tal vez eso también debía incluir buscar su propio dinero.

No podía sobrevivir todos los fines de mes con sólo un paquete de galletas y agua, y si tenía dinero extra tal vez podría darse un lujo.

Su nueva motivación lo llevó a salir de su departamento y caminar un par de cuadras, pensando sólo en una persona que podría ayudarlo, según lo que le había dicho su madre.

—Hola Okko —Shunrei le dió una pequeña sonrisa cuando abrió la puerta—, ¿pasó algo?

—Estaba buscando a Dohko, quería pedirle un favor.

—¡Nadie saldrá con Shunrei hasta que ella cumpla mi edad… no, el doble de mi edad!

Dohko abrió la puerta por completo y sostuvo a la pelinegra de los hombros, alejandola del castaño.

Okko miró a Shunrei con un sonrisa encantadora que no le provocó nada, la chica era un hueso duro de roer, por eso le gustaba. Shunrei en cambio estaba mas avergonzada por las palabras de Dohko.

—En realidad quería pedirte un favor… necesito un trabajo, llegar a fin de mes me está costando.

—Lo entiendo, cuando llegué a aquí Shion prácticamente nos mantenía con sus cuatro trabajos, yo siempre he sido más un amo de casa —señaló el mayor, sacudiendo el delantal de "la mejor abuela del mundo" que usaba—, el trabajo forma carácter, ¿tu madre lo sabe?

—Me preocupa que si le digo quiera enviarme más dinero, no quiero molestarla, ya soy un adulto.

—Chico que se preocupa por los suyos —Dohko endureció sus facciones, esos buenos valores no lo convencerían—, pasa, veré qué se puede hacer, creo que mi amigo Kaiser podría hacerte un espacio en el zoológico.

Okko asintió, feliz de cumplir su propósito, tener dinero extra y tal vez obtener un desayuno con Shunrei.