Capítulo 21: Triple ataque - Parte 2
Museo de Jump City - Norte
La oscuridad nocturna ya cubría con su manto a toda la ciudad. Era una noche donde las hojas eran movidas por una suave brisa fría en medio de la penumbra, las calles estaban desoladas, iluminadas solamente con los faroles que ofrecían luminosidad tenue frente a las casas y el museo de aquel vecindario de clase media-alta. Algunos autos circulaban a velocidad media sobre el asfalto que aún se mantenía tibio después de estar expuesto todo el día a los rayos del sol. El sonido de sus motores irrumpía el silencio de esa noche. La luz de la luna se reflejaba en la calmada y casi negra agua que bordeaba la ciudad de Jump City.
Las nubes oscuras cargadas de humedad se veían ya a lo lejos. No tardaría mucho tiempo para que comenzara a llover.
Un chasquido rompió la quietud.
Jason vigilaba, desde la cúspide de un alto y suntuoso edificio, el museo. Vestido ya con su traje negro y su blanca máscara de cráneo. Preparado para entrar en acción en cualquier momento.
¡Qué cliché era robar un museo! Pero claro, estaba en él hacer divertida su aventura. ¡Y vaya que si lo sería!
Agitado. Emocionado.
Pero también demasiado tenso y cauteloso por saberse fichado por la presencia fastidiosa de la secta a la que ahora se veía casi recluso. Debía cumplir con esta misión a como diera lugar si es que no quería sufrir consecuencias.
Debía moverse con mesura y prudencia porque ese viejo y su grupo de locos lo tenían entre ojo y ojo. Sobre todo ese tal Psimon.
Vigilando siempre cualquier mínimo movimiento, por más mínimo que fuera, con su mirada fija en la edificación. Robar un museo no era difícil, estaba ya acostumbrado a hacerlo y lo hacía con una facilidad casi catedrática.
Completamente quieto, sin que nadie pudiera advertir su presencia, agudizó sus sentidos al ver que la noche se volvía más negra por las espesas nubes. Disfrutando de la calma del momento, del silencio que se producía cuando algo está a punto de pasar.
«La calma antes de la tormenta», pensó casi con jactancia.
Sereno. Sin prisa. Observó cómo comenzaban a caer pequeñas gotas de agua en la ciudad. Bajaban con una lentitud casi deliciosa, pero era claro que el aguacero que se aproximaba no tardaría en llegar.
Incluso a través de su máscara aspiró una gran porción de aire frio y húmedo. Cuando llovía siempre olía bien. El petricor, esa fragancia cálida y terrenal que experimentamos cuando la lluvia golpea el suelo. Las tormentas eléctricas también tienen una función al crear el aroma limpio y penetrante del ozono, causado por los rayos y otras descargas eléctricas en la atmósfera. Además del rayo, la tormenta eléctrica, y especialmente la lluvia, mejoran la calidad del aire. Gran parte del polvo y otras partículas se filtran por la lluvia y el aire se despeja. Era totalmente deleitable inhalar este tipo de oxígeno.
Con el sigilo de lo que parecía un animal nocturno, saltó de edificio en edificio hasta estar casi en la planta alta de una casa, ahora a escasos metros del museo.
Moviéndose rápidamente, sin que nadie lo viera y sin ser notado por alguna cámara, por ninguna alarma, accedió al perímetro. Sin duda. Conociendo ya el camino junto a todos las aberturas y pasillos. Se movió con discreción, sin que su capa maltrecha y rasgada zumbara por ningún motivo. Caminó con lentitud un poco más, con templanza, llegando a su destino. A la exhibición que exponía el talismán.
El Talismán de Allidoxius.
¿Era este objeto tan poderoso para cumplir con lo que Sebastian tenía planeado? Nunca antes había pensado que incluso los museos ocultaban artefactos místicos y con poderes capaces de causar desequilibrios y tempestades, objetos que pudieran ser usados por villanos. Sus objetivos siempre habían sido objetos frívolos como diamantes, joyas y otros objetos de alto valor monetario.
Pero esto era nuevo para él. Se preguntó internamente como una galería podía exhibir, a la vista de cualquiera, artilugios que podían ser peligrosos. Aunque era obvio que muy pocos o casi nadie tenía conocimientos del alcance de su poder.
Un brillante talismán con algunos diamantes negros incrustados. Según sus pensamientos, era un objeto realmente hermoso.
Se acercó con recato, sin tocar ninguna alarma colocada. Se deslizó retorciéndose entre tanto sensores de láser rojo. Virando con minuciosidad. Suave.
Extasiado ante lo que estaba haciendo.
Los robos siempre producían esa sensación de adrenalina, ese tipo de acción puede adoptar diversas formas que hacen que el cerebro busque constantemente los límites de lo prohibido o lo imposible. La cantidad de adrenalina que circula por su cuerpo lo lleva a realizar todo tipo de conductas por demás aventureras y atrevidas que, en muchas ocasiones, rozan la imprudencia y pone en peligro su vida. No por nada ahora se hallaba en un terrible embrollo con una organización criminal que lo tenía a él en la palma de su mano invisible.
Y al estar frente el objeto observó con cuidado el cubículo de vidrio que lo rodeaba. Y, en una de sus ocurrencias, con su puño rompió el recinto de vidrio, agarró el talismán y lo empujó de un tirón.
Y de pronto la alarma sonó por toda el ala del museo luego de substraer el amuleto. Unas sonoras carcajadas escaparon de su boca.
Porque al fin empezaría la acción.
Colocó el oneroso talismán en una bolsa a la cual amarró con fuerza en su cinturón, y se dispuso a caminar tranquilo mientras silbaba una melodía, la melodía llamada Twisted Nerve, totalmente despreocupado.
Como si nada pasara.
Sin preocuparse de que sonaran las alarmas. Alarmas tan revoltosas y estridentes que se escuchaban a kilómetros a la redonda. Acostumbrado a tal sonido. Disfrutándolo. Siguió silbando. Cada vez más y más fuerte. Esperando a que sus contrincantes llegaran. Salió a la calle donde solamente uno de sus queridos héroes lo esperaba con los brazos abiertos.
Aburrido. Esperaba por lo menos encontrarse con Birdie Boy o Sunshine porque el hombre de metal no le producía emoción alguna más que un largo bostezo.
Se giró justo a tiempo para esquivar un rayo azul brillante. Maldijo por lo bajo, sacó una de las infames X rojas y la lanzó contra el gran hombre, sin embargo este destruyó el artefacto con un disparo de su cañón.
Un segundo disparo vertiginoso casi lo magulló a pesar de moverse ágilmente.
Lanzó un segundo dispositivo al hombre metálico, sonriendo detrás de su máscara cuando escuchó el satisfactorio crujido eléctrico, sin embargo, todavía seguía en pie.
— ¡Suelta eso, Red X! —. Un sonoro suspiro de disgusto. El mismo diálogo dicho por otra persona esta vez. Las frases siempre eran las mismas. Sin imaginación. Sin dificultad intelectual alguna. Las mismas. Una y otra vez. Cada vez que los veía. Estaban cada día más escasos de creatividad.
—Necesitas conseguirte un nuevo repertorio de palabras —. Se escabulló cuando el hombre, con su fuerza más allá de los límites humanos, arrojaba un gran vertedero de basura—. Veo que las cosas salieron como estaban planeadas. El refrán dice divide y vencerás, veo que está en lo cierto. Esto será fácil para mí.
— ¡Cierra la boca, terminemos con esto de una vez por todas! —exclamó Cyborg mientras apuntaba con su cañón, que ya estaba brillando listo para disparar por tercera vez.
—Claro, ¿es lo mejor que puedes hacer? —. La voz modificada de Red X respondió después de evadir una descarga del arma supersónica de Cyborg—. Vamos, sé que puedes hacer algo mejor—. Insultó mientras ahora bloqueaba una furia de golpes del hombre robótico, lo cual esquivaba con gran agilidad. El hombre grande era un desastre en peleas cuerpo a cuerpo, era fuerte pero demasiado lento.
Presionó un botón en su cinturón y desapareció. Reapareció solo un momento después, completamente equipado con otra cuchilla X, que condujo directamente a través de la espalda de Cyborg, lo que provocó un cortocircuito inmediato en su sistema. El hombre quedó completamente apagado cuando su batería se vio reducida a cero.
—Buenas noches, amigo de hojalata. Duerme bien y sueña con los angelitos —arrulló Jason con socarronería.
Al final ganó y envió a un inconsciente Cyborg a un contenedor de basura vacío que el mismo robot había arrojado segundos antes.
La lluvia seguía cayendo y ahora comenzó a cantar. Él pensó que no había nada mejor que "Singin' In The Rain" para un bello día de lluvia. Lo primero que se le vino a la mente era esa película y Gene Kelly en una noche lluviosa, feliz, enamorado, bailando, jugando con su paraguas y cantando a su amada.
Listo para escapar.
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—I'm singing in the rain, just singin' in the rain, what a glorious feeling, I'm happy again, I'm laughing at clouds…
Jason apenas tuvo tiempo de disfrutar de su gloria cuando una barra de metal lo golpeó en la espalda, haciéndolo caer de rodillas.
...O muy cerca de escapar, en cualquier caso.
Miró hacia atrás y vio al miembro restante de los titanes de pie justo detrás de él. Una gran sonrisa tapada por su máscara surgió en su rostro cuando la chica hizo acto de presencia.
Raven observó que Red X se volteó y la miró. Y ella podría jurar que el muy imbécil sonreía a pesar de no poder ver su boca.
—Así que atacando por la espalda, preciosa —dijo Jason y se abalanzó sobre ella—. Eso es de muy mala educación —terminó de burlarse y los dos comenzaron a luchar, él con sus artefactos y ella con su magia. Ella solo enfocó sus ojos en las ópticas blancas en la máscara que él usaba mientras luchaba, mientras Jason le daba un vistazo a la pasión que ardía justo debajo de la superficie de los profundos ojos color lavanda de ella. Ambos esquivaban los ataques del otro hasta que, en un descuido, una de sus navajas con forma de X destruyó el botón que sostenía la capa de la chica, dejándola totalmente expuesta con el leotardo.
—Hiciste esto a propósito —reprochó Raven.
—Quería ver que escondías debajo de tanta tela y déjame decirte que es una muy grata sorpresa.
—Eso fue demasiado, acabaré contigo —sentenció la hechicera.
— ¿No trajiste más compañía? Por lo que veo sólo somos tú y yo, pajarito —él mencionó.
—Eso parece —ella arrastró las manos, sus manos brillando negras
Arrojó una X en su dirección, anticipando a dónde esquivaría y lanzándola en ese lugar.
Desafortunadamente para él, ella resultó ser mucho mejor de lo que había esperado.
Ciertamente, ella había mejorado desde la última vez que pelearon, aunque no era el mismo estilo que el de cualquiera de sus compañeros de equipo, como él hubiera esperado.
—Bueno, esto no es una sorpresa totalmente desagradable —expuso en voz alta cuando se encontró atrapado en el suelo por la hechicera.
Un ceño fruncido y una mueca tiró de sus labios (que eran mucho más agradables de lo que había esperado, muy llenos y en ese momento parecían muy, muy tentadores), pero ella no se movió, sino que lo empujó con más fuerza contra el suelo, clavándose grava en su espalda.
—No desagradable, tal vez, pero apuesto que sí que es incómodo —ella dijo, con la voz tan inexpresiva como siempre, aunque sus ojos brillaban con un fuego indignado.
—Mi querida Raven, ¿quién podría sentirse incómodo con una joven tan encantadora sentada por encima suyo? —preguntó, su sonrisa se ensanchó cuando la escuchó gruñir ligeramente.
Luego sus ojos se entrecerraron, y en un rápido movimiento le dio la vuelta, ahora haciendo que su rostro se familiarizara mucho mejor con la Madre Tierra.
—Cállate —ordenó Raven.
Él se rio.
— ¿No estás acostumbrado a que te digan la verdad? Eres preciosa y muy poderosa... es una pena que estés en el lado equivocado.
—Tú eres el que está en el lado equivocado —. Hubo un ruido de clic que indicaba que las esposas estaban atadas a sus muñecas.
« ¿Lo había esposado? Seguramente le gustaba los juegos de roles», caviló él con gracia.
—Tal vez lo estoy —. Hizo un giro elegante que había aprendido después de muchos años de experiencia y práctica, y las esposas cayeron al suelo—. Un pájaro, en la lírica calma de la noche —recitó él casi de forma poética.
— ¿Ahora también eres bueno con la poesía? Eres todo un talento sin descubrir.
—Eres mi musa inspiradora —confesó Jason—. De nuevo nos encontramos, Sunshine, por lo que veo así lo quiere el destino—. Red X comentó mientras se ponía de pie y se acercaba hacia la hechicera—. Tal vez debería darte mi número para que puedas contactarme cuando quieras.
— ¿Quién dijo que quiero contactarte?
—Entonces, es una coincidencia que estés aquí, ¿verdad?
—No, estoy aquí para evitar que robes ese amuleto para Hermano Sangre.
Su mirada bajó, inspeccionando el cuerpo de la chica, viendo las torneadas y blancas piernas de la hechicera. Con un dejo de deseo, recorrió las curvaturas de la mujer sin importarle lo descarado que estaba siendo.
—Será mejor que dejes de mirarme así, si no quieres terminar esto con una castración inminente —fue la ruda respuesta de Raven después de las desvergonzadas miradas que le eran dirigidas.
Jason sólo atino a reír acostumbrado al mal humor de la chica al sentir sus lujuriosos instintos.
—No me culpes, no he podido desahogar ciertas necesidades en un buen tiempo.
Ella sólo bufó, prefiriendo el modo enojado de él antes que su molesto y desinteresado ser.
Él seguía caminando hacia ella.
Raven frunció el ceño, estaba subestimándola al aproximarse como si casi fueran amigos de toda la vida.
—Ahórrate las palabras —expresó la empática—, terminaré lo que no pude terminar en la torre esa noche.
—A mí también me encantaría terminar lo que empecé —manifestó Jason mientras ahora se hallaba parado frente a la chica y miraba fijamente sus hermosos ojos amatistas—, ese beso me dejó con demasiado deseo de más. Lástima que ese mago interrumpió tan acogedora velada. ¿Pero sabes? Conozco un buen lugar con habitaciones cómodas donde los dos podríamos pasar un gran tiempo de diversión. ¿Qué te parece?
Los labios de Raven se curvaron en un gruñido y ella se inclinó un poco hacia adelante, empujando un dedo en el pecho de él mientras su ira se encendía, chisporroteando brillantemente entre ellos. Era como si sus poderes se rompieran y chocaran a su alrededor, creando una llama que ninguno de ellos podría apagar. Se estaban probando entre sí, tratando de ver cuánto duraría el otro antes de que perdiera el control. La magia de Raven se extendió sobre el pecho de él, quemándolo lo suficiente como para que Jason diera un paso atrás y frotara su esternón.
Ella realmente podría darle un puñetazo si él no tenía cuidado. Estaba jugando con fuego y necesitaba retroceder... pero bromear con ella era muy divertido.
—Siempre tan desagradable lo que sale de tu boca —siseó con desagrado Raven—. Me has causado ya demasiados problemas con el robo del libro, ahora devuelve lo que te robaste.
—Eso haría todo tan monótono —sermoneó Jason—. Te puedo dar otras cosas que sé que te gustarán, solo debes darme una sola oportunidad. Además debo hablar contigo sobre algo importante, así que es una suerte encontrarte tan pronto.
—La única oportunidad que te daré es la de redimirte, X —protestó ella, una terrible jaqueca comenzado a molestarla junto a un ardor en su frente.
Raven le dio una patada en el estómago del ladrón. Pero parecía que ni siquiera le había afectado.
— ¿Sabes? Acabas de darme un buen golpe. Mañana esto va a doler —ironizó él. Porque el golpe no le había dolido en lo más mínimo.
—Sí, bueno, ¡no será el último! —. Raven dijo mientras ella comenzaba a derretirse hacia el suelo. X miró a su alrededor en estado de shock, aunque conocía bien los poderes del titán oscuro.
Ella reapareció detrás del villano con máscara de cráneo y comenzó a respirar plácidamente, murmurando su mantra en su cabeza.
Una oleada de energía negra lo golpeó fuertemente por la espalda haciéndolo replegarse. Dio una voltereta rápida cuando un látigo rápido golpeaba el lugar donde había estado parado.
Por alguna extraña razón, la siempre estoica hechicera parecía más enojada de lo normal. Su lenguaje corporal hablaba por sí mismo, sin contar los gruñidos que salían de su boca constantemente. Era extraño, ella siempre parecía imperturbable y ecuánime. Pero ahora… era como si realmente estuviera harta de mantener esa máscara de serenidad.
—Tus amigos seguro están divirtiéndose en este momento —le hiso saber el ladrón. — ¿Por qué no podemos hacer algo nosotros también?
Había una interpelación en la voz sintetizada.
— ¡Vete al infierno! —Raven exclamó furiosa.
—Ya he hecho eso —dijo él—. Mira, tengo unas cuantas bombas puestas alrededor de este museo. O me llevo el collar o derrumbo todo esto.
Él tenía bombas esparcidas por los terrenos del museo, pero todas eran bombas de humo, y ella no necesitaba saber eso. Solo tenía que creer que dañarían el lugar y, por su aspecto de preocupación, lo hizo.
— ¿Por qué estás haciendo esto? —cuestionó ella tratando de ignorar vehementemente la voz en su cabeza. Le susurraba cosas, que hiciera daño. Esa voz solo quería ver agonizar al ladrón.
La tela susurra suavemente cuando él habla. Los músculos magros se ondulan bajo el spandex negro mientras se encoge de hombros.
—Estoy aburrido —declaró él simplemente.
— ¿Y si decides simplemente entregarte? —interrogó Raven monótonamente—. Facilitarías mucho las cosas.
Jason se rio suavemente por el estúpido pedido, divertido, por la completa falta de emoción en la consulta.
Ella solo protestó por su risa. Una vena parecía palpitar en su frente y sus ojos resplandecen en blanco pero Jason puede ver un retazo de color rojo. El edificio tembló en sus cimientos, como si un terremoto se hubiese despertado de repente. Raven parece soltar un grito cuando múltiples de zarcillos negros acometen contra él tratando de enredarlo. Los esquiva como puede pero uno de esos tentáculos lo aprisionan por el pie y lo apalea con dureza contra el suelo. La chica parecía estar a punto de explotar y, si seguía así, terminaría por destruir el terreno. Se irguió rápidamente antes de que su magia lo golpeara nuevamente.
—Pareces más enojada que de costumbre. ¿Por qué?
La hechicera, que parecía estar haciendo un sobreesfuerzo, se relajó un poco. Era como si estuviese haciendo empeños notables en controlar cualquier tipo de turbación.
—Nunca estoy enojada —musitó ella—, mis emociones están bajo control, la ira es inútil.
—Mentirosa —replicó Jason—. Tanta rabia, ¿cómo voy a llegar a ti?
Había convicción detrás de las palabras y ella apretó sus puños. Para un ladrón insolente e hiperactivo, es perturbadoramente perceptivo.
Raven se hundió en una postura de lucha. Él se inclina.
— ¿Por lo menos me concedes un baile? —averiguó él mientras le ofrecía una mano.
Siseando entre dientes para no maldecirlo, ella busca el objeto más pesado del lugar.
Ah, ahí.
Jason esquivó una estatua de mármol fácilmente, lanzando una X en su dirección. Ella se agachó mientras la hoja giró sobre su cabeza. En el mismo instante, volvió a lanzar la estatua, dejando atrás toda su frustración. Le pega a Red X lo suficientemente fuerte por detrás para que lo ponga de rodillas. Él vuelve a ponerse en pie antes de que pueda aprovechar la ventaja, pero el golpe lo dejó sin aliento. Con su tiempo de reacción una fracción de segundo más lento de lo normal, no tiene tiempo de responder ya que el suelo bajo sus pies se convierte en un portal.
Cuando ya estaba sumergido hasta los muslos, X desaparece del lugar. Raven sintió un sonido por detrás y brazos fuertes se deslizaron alrededor de su cintura mientras un cuerpo se adaptaba al suyo.
—Te doy un sobresaliente por el esfuerzo —. X susurra en el oído de Raven, su aliento cálido contra su piel.
— ¿Te parece divertido atormentarme? —alegó la hechicera mientras le daba un codazo.
—De ninguna manera —reveló él.
Su voz es extrañamente suave y ella se encuentra mirándolo, como si pudiera ver a través de su máscara a la cara de atrás.
—Irritarte juguetonamente, sin embargo, es un asunto completamente diferente —dijo Jason.
Riendo, X se desvanece justo a tiempo para esquivar la segunda estatua justo detrás de la primera. Reaparece, sentado en el borde de la baranda de hierro del segundo piso del museo, perfectamente relajado, con las piernas colgando en el espacio vacío mientras las balanceaba.
—Entonces, ¿quieres decirme qué está causando esa furia? —averiguó el ladrón—. Pareces querer cortarme la cabeza.
—Si alguna vez cuento mis secretos, serás el último en saberlo —contestó Raven.
—Oh vamos, hermosa, ¿ni siquiera una pista?
—No.
— ¿Ni siquiera una pequeña?
—No.
X inclina su rostro hacia abajo, las ópticas de sus ojos muy abiertas y suplicando detrás de la máscara.
— ¿Y si te dijera mi secreto más profundo, sucio y oscuro? —comentó él de forma profunda, con una voz misteriosa.
—Entonces eres más tonto de lo que pensaba —criticó la empática frunciendo el ceño.
—Te daré una pista.
— ¿Nunca te rindes?
—Nunca —bufoneó Jason.
Entonces él desapareció repentinamente pero ella sentía su presencia.
De nuevo el juego del gato y el ratón.
Pero ella no estaba para malgastar su tiempo, debía detener al exasperante ladrón.
Entonces, Raven dejó de caminar. Ella entrecerró los ojos—. Sé que estás detrás de mí, no es necesario que te escondas.
—Está bien, ¡me tienes! —. Red X salió de la sombra, alzando las manos en señal de rendición—. No está mal para una chica sexy demonio.
Caminó hacia Raven y le puso la mano en el hombro mientras acercaba la cabeza a su oído—. Realmente tienes unos ojos afilados allí, Sunshine —le susurró él con voz traviesa en sus oídos.
— ¡Saca tus manos sucias de mí! —Raven increpó enojada.
— ¡Whoa! —se ofendió Jason. — ¿Sucias? ¿Qué te hace pensar que mis manos están sucias? ¿Y qué tiene de malo tocar a una linda chica demoníaca en el hombro?
—No digas que no te advertí —Raven apartó la mano de su hombro antes de lanzar una patada circular en el estómago de X.
—Ouch —se quejó Jason frotando el dolor que Raven dejó en sus entrañas—. Eso no fue agradable, Raven
—No estoy jugando —escupió Raven—. Especialmente con gente como tú —levantando sus manos, lista para atacar a ese sujeto con todo lo que tiene.
Raven dirigió su mano hacia una barra de metal.
— ¡Azarath, Metrion Zin…!
Antes de que pudiera terminar su línea, Red X se lanzó hacia adelante y agarró su mano, girándola detrás de su espalda.
—Eres buena —. Red X movió su cabeza más cerca y respirando en la fría mejilla de Raven que todavía sostenía su mano detrás de su espalda. Raven levantó su otra mano libre tratando de golpear a X, pero él agarró su otra mano y la giró de nuevo—. Pero yo soy mejor.
Esta vez su ira ha llegado al límite. Raven levantó el pie y pisó el pie de X lo más fuerte posible, asegurándose de producirle dolor.
— ¡Ay! —. Gimoteó Red X, soltando ambas manos mientras se frotaba el dolor en el pie. Pensando y actuando rápido sin perder su tiempo, ella lo golpeó fuerte en la barbilla y el estómago con el codo.
Red X retrocedió unos pocos pies pero se recuperó rápidamente—. Así que quieres jugar duro, ¿eh? —preguntó frotándose la barbilla. — Entonces juguemos—. Raven lanzó la barra de metal usando su poder de telekinesis hacia X que corría hacia ella rápidamente. El ladrón, como era de esperar, esquivó fácilmente la barra de metal y abordó a Raven, sujetándola en el suelo en tres segundos.
—Te dije que era mejor que tú —carcajeó suavemente, sentándose sobre Raven observándola moverse sin poder hacer nada.
— ¿Siempre te gusta estar encima? —preguntó ella dejando de luchar contra el agarre.
—Digamos que me gusta tener el control.
— ¿Qué deseas? Estoy al límite de mi paciencia —Raven espetó y miró a X. Estaba empezando a tener un mal presentimiento sobre esto.
—Hm… Déjame pensar... —. Jason miró a Raven, fingiendo estar cavilando mucho. Luego, empujó su máscara un poco más arriba, mostrando sus labios con una sonrisa de dientes.
Un déjà vu llegó a la mente de Raven. Lo mismo que había hecho en la torre.
—Debes estar loco si piensas que te devolveré el beso —protestó ella con enojo—, deja de jugar conmigo.
—Eres aburrida —se entristeció de forma irónica el ladrón mientras colocaba su máscara nuevamente en su lugar.
—Bien, divirtámonos.
Raven se acercó a él, balanceando una viga que ella había sacado del techo con sus poderes, bajándola con una velocidad asombrosa, golpeando con la misma a Red X contra una de las paredes del museo. La hechicera voló y atrapó al ladrón mientras caía. Ella lo sostuvo con su oscura energía y lo golpeó dos veces y lo arrojó en la otra dirección, hacía de la ventana que se rompió en pedazos, dejando a Red X fuera del espacio cerrado.
Raven levitó siguiéndolo.
Sus ojos brillaban en blanco con justa furia, desató su última lluvia de objetos dirigidos telequinéticamente hacia él, haciendo que el humo y el polvo se elevaran en el aire.
Entonces la bruma finalmente se aclaró, Red X no estaba donde se suponía que debía estar. Raven miró a su alrededor con desconcierto y vio al ladrón de pie en el techo del edificio. Ella se apresuró elevándose en el aire hacia él de nuevo, pero justo cuando estaba a punto de alcanzarlo, él levantó su rodilla y le dio un golpe en el estómago. Asfixiándose, Raven se cayó del techo para aterrizar en unos botes vacíos, aplastando el metal con su impulso. Cuando Red X miró por encima del borde para ver a la hechicera, ella yacía perfectamente quieta.
Bien, dos Titanes caídos. Todo había terminado. Lástima que no pudo hablar con la chica.
Rápidamente se movió por el techo hacia la escalera de incendios.
Cuando se dio la vuelta por un extraño sonido, otra gran pértiga de metal lo golpeó en la cabeza y se cayó del techo para caer en el puerto.
El agua estaba realmente helada. Subió un minuto después, jadeando por respirar entre las olas, para ver a Raven levitando sobre él viéndolo con altivez.
Una ola de poder negro se estrelló contra su cabeza, forzándolo de nuevo al agua. Tragó el océano salado y se ahogó de disgusto. Luchando por salir, de repente salió a la superficie, hacia arriba, su ropa atrapada por su poder oscuro. Fue arrojado de esta manera al aire, dejándolo realmente mareado. Finalmente, lo dejó caer desde sesenta pies en el aire para caer nuevamente en el agua. Sabiendo que chocar contra el líquido a alta velocidad podría ser igual a chocar contra el hormigón, presionó el botón de su cinturón y se teletransportó a una distancia prudente de Raven.
Él movió su cuerpo en un intento de entrar en calor, el líquido gélido le había provocado un pinchazo desagradable que le hizo calar hasta los huesos.
— ¿Realmente pensaste que bajarías tan fácilmente? —ella preguntó con un tono latoso y frío. Si antes parecía enojosa, ahora sí que no parecía haber nada de gracia en su voz. Respiraba pesadamente y tenía varios moretones en los brazos, pero sus ojos brillaban de ira.
—Vamos, Sunshine, pensé que al menos lo intentarías por mí —se burló mientras esquivaba el ataque, enviando proyectiles irregulares en su dirección. Ella los bloqueó con un escudo de energía negra, y luego empujó la masa de energía endurecida hacia él, presionándolo contra una pared. Si ella se saliera con la suya, lo exprimiría hasta morir aquí. Sin embargo, X parecía planear de otra manera, ya que se agachó y activó su cinturón, aterrizando a unos pocos pies de distancia, respirando con seguridad nuevamente.
Sin mirar atrás, salió corriendo, subiendo la escalera de incendios hacia el techo. Raven lo siguió, casi pisándole sus talones. Lanzó una navaja detrás de él y Raven se arrojó contra la pared, sintiendo que las puntas del arma rozaban su estómago mientras pasaba cerca de ella. Pequeñas líneas de sangre aparecieron donde el proyectil le había roto la piel, pero era solo un rasguño en lo que a ella se refería. Había perdido unos segundos preciosos y X se estaba alejando, así que sin pensar la hechicera se subió por el último tramo de escaleras y atravesó la salida de incendios, hacia el techo. Red X estaba golpeando el pavimento más adelante, a punto de dar el salto al techo del siguiente edificio. Raven extendió su mano y envió un látigo de energía hacia el ladrón, atándolo alrededor de su cintura y lanzándolo hacia ella.
Jason cayó al suelo y rodó. Raven aprovechó el momento para sujetar sus manos y pies con su magia. Él luchó por un minuto contra los lazos, tratando de encontrar puntos débiles, pero al no encontrar ninguno se conformó con irritar a la empática.
—Oye, princesa, si lo que querías era practicar algo de bondage todo lo que tenías que hacer era consultarme. Me gusta la idea de eso, la persona inmovilizada deja que sea su pareja la se ocupe del acto sexual, pues como está atada no acaricia, así que debe concentrarse en lo que la otra persona haga, de esta forma hay placer para ambas partes. El sometido disfruta del placer de entregarse sin reservas, el dominante también disfruta poniendo ingenio y sabor al asunto. Suena tentador —se rio entre dientes.
Los ojos de Raven se encendieron y ella apretó los puños, lista para estrangular al petulante e insoportable ladrón. En su lugar, ella azotó con demasiada potencia a Red X en su cara con su energía negra, dejando las mejillas de él picando incluso a través de su máscara. Ella caminó hacia el chico, mirando hacia donde yacía atrapado.
—No me llames princesa. Te hace sonar realmente desesperado —le espetó ella.
Red X aprovechó su proximidad, pateando con sus botas con punta de acero, y logró con éxito un golpe doloroso y crujiente en la espinilla de Raven. Ella maldijo mientras caía sobre la pierna lesionada, y cuando su concentración se rompió, X se liberó de los vínculos debilitados. Antes de que ella pudiera alejarse, él sacó una X y le dio una palmada en la frente, inutilizando sus poderes.
Un nuevo truco para estos chicos mágicos.
Sin embargo, no deshabilitó el deseo de Raven de luchar: gruñendo, se lanzó hacia Red X, lista para arañarlo con uñas y dientes. Ellos rodaron por el concreto, luchando por ganar. Raven aterrizó un poderoso golpe en la cara del ladrón, fracturándole su máscara.
La hechicera notó un solo ojo verde que la miraba con sorpresa y algo de aprensión, además de una porción de pelo azabache y un pequeño mechón blanco.
Una oleada de miedo atravesó a Jason, y él empujó a la pequeña muchacha fuera de él, enviándola volando hacia atrás. La cabeza de ella se conectó al concreto con una grieta enfermiza y se quedó inmóvil.
Raven trató de aclarar su visión mientras el negro se deslizaba desde las esquinas, su pecho subía y bajaba rápidamente mientras respiraba. Algunas gotas de lluvia caían sobre su rostro y, de nuevo, las voces, esas voces empezaron a sonar en su cabeza.
Sin sus poderes para curarse a sí misma, se fue en espiral hacia la oscuridad. Pensó que podía escuchar a alguien decir su nombre una y otra vez, y supo que había empezado a alucinar cuando vio la máscara partida de Red X en su visión, sus manos extendiéndose para acunar su cabeza sangrante. En sus últimos momentos de conciencia, trató de enviar una llamada de ayuda a Robin a través de su vínculo, pero su mente ya se había vuelto pesada y confusa, y todo lo que podía hacer era deslizarse en la oscuridad.
Una oscuridad que ascendía deseosa por salir.
Raven observó hasta que sus ojos comenzaron a arder antes de apartar la mirada. Finalmente miró una penumbra aplastante, su mundo estaba oscuro otra vez. Los susurros que la rodeaban parecían venir de todas partes, y ella no tenía a dónde escapar.
Raven se sumergió en su propio mundo introspectivo. Su mente era su mayor trampa ahora. La voz de la sombra se hizo escuchar. Y entonces…
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.
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Sintió que el aire a su alrededor se volvía rancio y la oscuridad de la noche parecía encerrarse a su alrededor, excepto la luz de la luna que aún brillaba aunque fuera un poco débil. Las estrellas se desvanecieron en la manta que era el cielo nocturno.
Los árboles parecían crecer más altos y las ramas comenzaron a parecerse más a brazos con dedos largos que se estiraban para agarrarla. Aceleró el ritmo al sentir que la inquietud crecía hasta el punto en que la estaba sofocando.
La tormenta se cernía sobre el bosque, provocando que algunos árboles se cayeran por los relámpagos que los azotaban. Tropezaba constantemente por el barro, que hacía la tierra más resbaladiza. No podía ver bien, estaba empapada de pies a cabeza y el frío impregnaba hasta los huesos. Ella sabía que tenía salir de ese bosque lo más pronto posible...
Ella estaba corriendo.
Buscando una salida. Buscando pero no encontrando entre el desierto lleno de árboles. Raven recorrió el terreno rocoso, cubierto de musgo y perdido entre los árboles, saltando sobre troncos y mirando frenéticamente a su alrededor. Sin viento. No hay insectos gorjeando. No hay pájaros cantando. Nada. Silencio. Silencio puro y sin alteraciones, a excepción de su respiración pesada por el esfuerzo excesivo de ella, el ocasional soplo de miedo y su corazón acelerado.
Siguió corriendo, cada vez estaba más cansada... pero no se podía rendir... miró hacia el cielo... pero el bosque era tan tupido que no lo podía ver por las copas de los arboles...
«Vamos... tengo que llegar a un claro...», pensó Raven.
Explosión.
Su corazón comenzó a latir más fuertemente. Sus ojos se ensancharon. Sus pies la llevaron rápidamente a través del bosque hacia el estremecedor ruido.
Se dio la media vuelta, y sus ojos se abrieron en sorpresa y asombro al encontrarse con cuatro ojos rojos justo delante de los suyos.
Vio que las llamas negras surgían y lamían su cuerpo pero no lo quemaban. Durante un momento no pudo ver más que fuego.
Y a continuación, en un abrir y cerrar de ojos, se encontró en una habitación desierta, con un gran espejo que reflejaba su lado oscuro.
La sombra sonrió y chasqueó los dedos. Unas sogas cayeron del aire y se enroscaron en el cuerpo de Raven, sujetándola con fuerza.
¿Desde cuándo ese ente tenía las fuerzas para atacarla? Antes solo parecía tener la potestad suficiente para atormentarla pero ahora mismo tenía el poder de agredirla físicamente.
Su poder iba en aumento. Casi como un parásito.
—Este espejo es la llave para poder salir —murmuró su reflejo, dando golpecitos alrededor del marco—. Y una vez que lo haga, tú y yo seremos una de nuevo.
¿Una de nuevo?
Raven luchó con las sogas qué la ataban, pero no se aflojaron.
—No tienes la capacidad de salir —dijo Raven—, serás un simple espejismo para siempre.
Zarcillos negros se levantaron ahora y la agarraron por los pies.
—Tengo fuerza suficiente... para esto.
Raven sintió como si algo la hubiera clavado en el suelo. No podía mover ni un músculo. Una niebla negra parecía estar filtrándose por los bordes del espejo y rodeándola.
— ¿Ves en lo que me has convertido? —dijo su reflejo—. No más que en sombra y quimera... Dame el control.
—No. No dejaré que algo oscuro me controle.
—Ver el mundo en blanco y negro es privarse de todos los colores de la vida. Vamos a ser más fuertes, más poderosas, seremos capaces de cualquier hazaña. Por ejemplo, podremos matar al ladrón por burlarse de nosotras. Mis sombras superan la luz aplastante a la que fuiste sometida en Azarath.
—No me importa lo que digas —espetó la hechicera—, de ninguna manera te dejaré salir.
—No estás lista para los reflejos que contiene mi oscuridad, Raven. La sombra no es tan oscura como parece. Hay oscuridad dentro de todos pero tú hiciste hasta lo imposible por reprimirla. Únete a mí y así seremos igual de fuertes que Trigon. Tanto que seremos capaces de derrotarlo a él también.
— ¡Te he dicho que no! Este es mi cuerpo y mi mente, no tienes control sobre mí.
La sombra se rio.
—Eso ya lo veremos. Entonces será por las malas. Lo hubiese querido de otra forma pero no me dejas otra opción, arrasaré con todo.
Raven intentó moverse entre las llamas, pero sintió algo sujetando sus muñecas. De inmediato, un dolor agudo atravesó su Gema Chakra en el centro de su frente y sintió como si la cabeza fuera a partírsele en dos. Gritó, luchando con todas sus fuerzas. Y la voz retumbó dentro de su mente iniciando un tormento. Aullidos: « ¡Déjame salir! ¡Déjame salir! ¡No huyas de tu sombra!», y otras voces, tal vez sólo en su cabeza, gritando: « ¡Raven! ¡Raven!».
—No toda luz es un regalo —murmuró ese ente—. La oscuridad revela nuestra verdad. Te escudas de ti misma. ¡Yo soy tu oscuridad, Raven! ¡Yo soy tu verdad! Pagarás caro por desafiarme.
—Esto no es real.
— ¿No?
Raven gritó mientras el fuego negro parecía querer devorarla. Y ahora sí que quemaba.
—Tus gritos de dolor me suenan muy reales. Te rendirás. Es solo cuestión de tiempo. Ni siquiera tú puedes resistirme para siempre. Me estoy cansando de intentar romper tu testaruda voluntad—. Una mano con garras pareció asirse alrededor de su cuello, apretándolo—. Cede o te venceré y tomaré posesión del caparazón vacío que tienes de alma.
Ella gritó mientras la arrastraba hacia la oscuridad de donde los ojos brillaban rojo sangre. Luchó mientras la presión contra ella crecía y la niebla negra entraba por su boca. Hacía calor. Raven trató de evitar jadear para no respirar ese aire enrarecido. Su mundo se consumía en la negrura y su piel ardía como si la tocaran hierros calientes. Así que esto fue todo.
Supo que estaba perdida, sintió que todo se oscurecía y que caía... caía... caía...
Jason observó cómo la hechicera se levantaba por inercia propia. El aire empezó a helar a su alrededor. Los ojos de la chica, a veces amatistas y otras veces blancos refulgentes de poder, ahora se volvían de un negro profundo y oscuro. Algunos ramalazos o grietas negras parecían rasgar su rostro ahora transformado, casi diabólico.
El poder oscuro salió de su boca y sus ojos para atraparlo y abrumarlo lentamente.
Ella sonrió, recordándole a los demonios pintados en pinturas antiguas, y de repente se asustó. El poder negro cubrió su máscara y con una sensación de hundimiento, notó que no podía respirar.
Con lo último de su fuerza y voluntad, luchó contra el agarre de Raven y envió una hoja en forma de X para golpear su hombro. Su poder de repente retrocedió y él jadeó, tomando todo el oxígeno posible.
Algo no estaba bien con la bruja ahora. Ella parecía ahora mucho más poderosa y amenazante, como si alguna habitación interior que había sido encerrada ahora estuviera abierta y el poder interior se derramara a través de ella.
Un trueno rugió en el cielo y un rayo brilló, iluminando sus facciones retorcidas. Las fuertes lluvias seguían cayendo sobre ellos, distorsionando su visión.
Raven envió un rayo de puro poder de ébano a Red X. Se teletransportó fuera del camino, observando a Raven destruir la parte superior de un almacén. Vio de repente que ella se estaba perdiendo en el poder o como si su control se escapara completamente de su dominio.
Lo más inteligente que se podía hacer ahora era correr, y eso fue exactamente lo que hizo. Los Titanes podían lidiar con su compañera de equipo loca, ella no era su problema.
Pero una parte de Raven, aún consciente de la tarea que tenía entre manos, le dijo que siguiera a Red X. Corría por los callejones y entre las casas, pero Raven siempre estaba allí, con la destrucción en su camino. Ella seguía murmurando un hechizo una y otra vez y la ciudad seguía desmoronándose, bloque por bloque.
Todo arrasado, como si de un huracán se tratase. Un vendaval de poder.
Vidrios que cubrían las ventanas de todos los inmuebles explotaron, postes de luz derretidos, autos volando por los aires; cubos de basura, semáforos, bocas de incendios, escombros por todos lados. Por donde la hechicera se movía dejaba tras de sí un rastro de destrucción y ruina.
Un auto se elevó por los aires y cayó encima de él. Tuvo que dar una rápida acrobacia para no quedar enterrado bajo el vehículo.
Miró por detrás.
—Oh… por… Dios —tartamudeó Jason con terror.
La hechicera sobrevolaba los aires, energía negra la rodeaba, y cientos de objetos lo hacían junto a ella. Hasta había un autobús levitando. Si le arrojaba con todo eso era evidente que no viviría para contarlo.
Finalmente, usó el módulo de teletransportación en su cinturón para escapar.
Al llegar al parque central, suspiró y calmó su corazón palpitante.
Otro trabajo no tan fácil esta vez. La bruja casi acababa con él. Le tiro un auto encima por amor a Dios, o quería matarlo u olvido que era humano. Y él pensó que la primera opción era más viable.
Esa chica tan misteriosa siempre había llamado su atención, sobre todo el mal y el misterio que parecían rodearla.
Pero…
¿Qué demonios estaba haciendo Raven?
Era como si no le importaran todos los civiles que podrían resultar heridos en su alboroto.
No se dio cuenta de que había hablado en voz alta hasta que una voz respondió.
—Tienes razón, no me importan los humanos despreciables.
Jason dio algunos pasos hacia atrás mientras una mueca horrorosa surcaba la cara transformada de Raven.
— ¿Por qué tienes miedo? —preguntó ella en torno de burla. — ¿No querías jugar conmigo? Ven, acércate. ¿O acaso le temes a la oscuridad?
Raven se quedó allí, sonriendo, sus manos brillando con poder. Red X apretó los puños.
— ¿Cómo diablos sabías dónde estaba? —cuestionó él.
—El rastro del Xenothium fue fácil de detectar —reveló la hechicera con su tono de voz transfigurado que solo le causaba escalofríos—. Además, puedo rastrear la teletransportación en cualquiera y todas sus formas. Sin contar que tu alma sucia es identificable a kilómetros para una émpata como yo.
«Demonios», pensó.
—Escucha —trató él de aligerar un poco la tensión—, necesito hablar sobre algo realmente importante, es sobre Hermano Sangre. Lástima que no me dejaste antes.
—Estás dando por sentado que te dejaré volver a abrir esa boca tuya. Voy a destruirte ahora mismo.
— ¿Qué quieres de mí?
—Qué gracioso... —rio ella—, parece que los papeles se hubiesen invertido. Ahora que estoy aquí, no lo sé. Oh, bueno, supongo que te mataré de todos modos —confesó con simpleza.
Sus ojos se estrecharon mientras cantaba el hechizo desconocido de nuevo, arrancando un arce cercano y enviándolo en su dirección. Red X cortó a través del árbol con las cuchillas. ¿Qué iba a hacer con ella? Era un ladrón, no un asesino. Optando por la forma más segura, esquivó otro ataque y se acercó lo suficiente como para enviar el adhesivo en forma de X que apuntaba a su boca. Ella lo cortó con una pequeña explosión de sus poderes.
— ¿Realmente pensaste que eso podría subyugarme? —ella preguntó. Un bastón negro con una punta realmente afilada se materializó con su poder y se inclinó hacia una posición de batalla—. Disfrutaré torturándote y matándote —murmuró Raven mientras se relamía sus labios.
Red X frunció el ceño. ¿Qué podía hacer? Mientras perdía el tiempo con ese pensamiento, Raven presionó hacia adelante y conectó varios golpes en sus rodillas, su barbilla y su estómago con ese bastón mágico. Antes de que pudiera llevárselo a la cabeza, Red X se acercó y detuvo el objeto con las X en el dorso de su mano. — ¡Maldita sea! —él dijo—. Una chica como tú no debería tener tanto poder, pajarito—. Él le dio una patada en las rodillas, haciéndola arrodillarse al mismo nivel que él, y le dio un puñetazo en la mejilla.
— ¿Pajarito? —. Raven se rio, ahuecando su mejilla con fuerza. Luego apretó la garganta de Red X y la estrujó con ímpetu—. No te atrevas a usar esa palabra repugnante sobre mí nunca más. No soy una chica común. Soy tu pesadilla hecha realidad. Soy la hija de la oscuridad.
Red X la agarró de la muñeca con una mano. Con la otra, él la golpeó en el esternón, haciendo que lo dejara caer y aferró su pecho, tosiendo y respirando con dificultad.
—Pesadillas, ¿eh? —preguntó, pateando un bote de basura hacia ella.
La hechicera apresó el bote de basura, levantó la mano y lo empujó hacia él—. Solo alégrate que cuando estés bajo tierra, bastardo, no podrás tener más pesadillas como yo.
Desvió la basura solo para ser golpeado por un arbusto desarraigado. Volando hacia un árbol, se derrumbó en el suelo, luchando por pararse. La batalla le había quitado mucha energía. Robin, Chico Bestia, Starfire y Cyborg eran difíciles, pero Raven, ¿ahora en su estado extraño y loco? Tenía que terminar esto aquí y ahora, o bien sufrir que lo destrozaran miembro por miembro. Sacando las cuchillas, esperó a que Raven se acercara, luego las envió para cortar el tronco de un árbol. El árbol se tambaleó un poco, luego se derrumbó, aplastando a la hechicera bajo sus ramas.
Red X escuchó un gemido de dolor desde debajo de las hojas. Entonces… nada.
Una exhalación de alivio salió de su boca.
La chica no se movió más de su sitio.
Asustado, acudió a su ayuda. Escarbando entre la basura que la rodeaba. Apurando el paso, escarbó más y más rápido. Tomando el brazo, y de ahí jaló a la chica que rescataba. Chica que era su enemiga. Le tomó el pulso y respiró calmado. Seguía viva. Eso, al menos, era algo bueno.
Si bien Red X era muchas cosas. Había una que no lo era. Y ese era ser un asesino. El problema no era si matarla o no. Eso lo tenía muy claro. No la mataría.
— ¿Qué me sucedió? —musitó Raven en un tono bajo mientras parpadeaba confundida. Parecía realmente afligida. — ¿Cómo llegué aquí?
— ¿No lo recuerdas? —preguntó Jason pasmado—. En la torre te pasó algo similar, aunque esta vez era más… siniestro.
—No me siento bien —susurró ella para luego toser fuertemente.
El tono de voz que estaba usando era uno que Jason nunca había oído en la chica, un tono totalmente vulnerable... frágil… sensible.
—Es que no te ves nada bien, Raven. Será mejor que no pelees más.
La hechicera quiso demostrarle que estaba desacertado, pero la sensación que estaba viviendo en ese preciso momento era la menos agradable.
Sentía como todos sus órganos convulsionaban, y sintió como su poder, que se drenaba dentro de ella, la quemaba como una erupción ardiente. Sus ojos se humedecieron por la mala sensación y se enfocó en mantenerse despierta y respirando con normalidad, pero le costaba demasiado hacerlo.
Red X la llevó hasta una banqueta del parque y la acostó en la misma. Tomando su pulso, notó que estaba demasiado acelerado.
Raven parecía respirar agitadamente.
Jason miró hacia la chica. En este momento, la joven titán estaba recostada, casi inerte y con algunos cortes y moretones. La había golpeado un poco fuerte, porque incluso estaba sangrando.
Jason se quedó mirándola. Era pequeña, pero él sabía que en ese pequeño cuerpo habitaba una gran y fuerte chica. Sin embargo ahora parecía un poco débil físicamente, tal vez incluso frágil. Pensó que ella tenía poderes curativos, pero parecía que estaba agotada.
—Hey, mírame—. Él vio cómo sus ojos parpadeaban en un rojo vivo, y eso lo inquietó de gran manera. Una gota de sudor bajó por la sien de Raven.
¿Qué le estaba sucediendo?
—X...—murmuró ella en voz baja, sólo perceptible para él. — ¿Qué me está pasando? Las voces… me dicen que haga cosas malas. Has que pare, por… favor —rogó ella mientras apretaba los ojos con demasiada fuerza, como si con ese acto pudiera parar esas alucinaciones auditivas.
—No lo sé, Sunshine. No tengo ni la más remota idea...—. Él clavó sus ojos verdes en la hechicera. Su expresión reflejaba dolor, y a él le entraron los nervios por no saber qué hacer—. Dime qué te pasa y veré si te puedo ayudar.
—Me siento débil... y siento como si algo me quemara por dentro.
— ¿Alguna otra vez te pasó?—. Raven tragó hondo un poco de saliva, y fue como una lija para su garganta. Por más que intentara, no tenía fuerzas siquiera para contestarle al ladrón, pronto aquel fuego que sentía por dentro la dejó sin una gota de energía. Como ya le había pasado en demasiadas ocasiones en sus peleas contra la Hermandad del Mal, sus poderes ya le habían fallado antes. Y la falta de control no era nueva: su pelea contra Madame Rouge, Doctor Luz y el primer ataque de Red X.
Pero todo parecía ir in crescendo. Empeorando cada vez más.
Un volcán interior que no puede dominar, y que produce una erupción de emociones que a menudo la abrasan por completo.
Si, un volcán era la mejor metáfora que podía dar descripción a lo que le pasaba.
«Soy volcán desbocado, furia liberada, pura energía imposible de contener».
Era una persona "volcán" que vive con una "temperatura emocional" elevada, porque acumula "partículas emocionales tóxicas" de irritabilidad, rencor, resentimiento, deseos y pasión desmedidas, culpas, ofensas, venganzas, odios, que en algún momento como un volcán en erupción, explotará hacia el exterior, dañando e intoxicando todo a su paso.
Su mundo interno se ha convertido en "zona irritable".
Su falta de meditación, porque esa entidad denominada "la sombra" se lo impedía, estaba haciendo calamidades en ella. Al no descansar debidamente, ni gestionar, ni canalizar debidamente sus emociones originarias como el mal humor, la ira, frustración, llegan a convertirse en productos emocionales tóxicos y destructivos para ella misma y para su entorno.
Cuando el volcán empieza a erupcionar se libera lava, humo, piedras, cenizas y gases tóxicos que pueden quemar y destruir. De igual forma la explosión emocional libera materiales dañinos que pueden herir a los demás.
La ira puede ser muy peligrosa cuando se reprime. Y más para ella que había pasado toda su vida reprimiéndola y sus poderes se movían en sintonía con sus emociones.
Ella quedaba afectada.
Es difícil respirar por lo cual siguió tosiendo.
Los ojos de ella volvieron a la normalidad y sintió como su cuerpo parecía entrar en un estado casi narcótico.
—Las voces… —ella sonrió con alivio ahora—, se acallaron por fin.
—Pajarito, ¿qué puedo hacer? —preguntó Jason. — ¡Hey! ¿Me escuchas?
Raven pudo haber hecho un millón de cosas en ese momento. Ella podría haber escapado, de regreso con sus amigos.
Ella podría haber atacado a Red X mientras estaba despistado y seguramente haberlo derribado.
Sus opciones eran ilimitadas, pero eligió lo más extraño, eligió quedarse allí y mirar al enmascarado, mirar su único ojo verde a la vista, como si todos sus problemas pudieran resolverse con solo mirarlo.
Aunque a ella le resultaba un poco incómodo mirar fijamente, sin vacilar en alguien durante tanto tiempo, no le pasaba lo mismo con el ladrón.
Entonces él la tocó y apretó su mano.
Raven se encontró en un lugar oscuro. Un lugar oscuro y frío que la hacía sentir al borde. Delante de ella, podía ver un camino que parecía viejo y decrépito, pero decidió seguirlo de todos modos. Cuanto más caminaba, más se encendía y se daba cuenta de que el suelo estaba cubierto de nieve y había un edificio más adelante. Llegó a la puerta del edificio y la abrió.
Adentro, estaba oscuro otra vez, con muy poco sol entrando.
Delante de ella había un hombre de pelo verde y piel blanca y estaba golpeando a un pequeño adolescente. Era el Joker… y este chico…
Raven quería ir a ellos. Ella quería detener al villano, pero cuanto más se acercaba más se alejaba él. Finalmente, el loco se detuvo y el niño intentó escapar.
Fue quebrantado, golpeado y magullado. El chico había sido torturado de una manera que ninguna persona debería ser sometida y Raven no podía hacer nada más que ver cómo se desarrollaban los recuerdos.
Ella podía sentir que su esperanza se desvanecía pero todavía estaba allí. Él quería ser salvado, pero no se acercaba el salvador, él lo sabía, ella lo sabía, pero dolía. Dolía mucho. Luego se escuchó el sonido de un pitido y se dio la vuelta para buscar la fuente.
Ella no podía ver lo que él estaba viendo y antes de que pudiera intentar investigar, todo se puso rojo.
Y todo explotó.
Raven abrió los ojos ante esa dolorosa memoria.
Como sus poderes ya le habían mostrado, la alma de él estaba repleta de heridas y huecos.
El alma duele, sin duda y ella lo sabía. Y lo malo de los dolores del alma es que son peligrosos. Nos hacen peligrosos, porque nos hacen capaces de todo.
Un alma rota es capaz de cualquier cosa.
Y precisamente por esto, porque las almas se rompen, necesitamos recordar que el dolor viene del mismo pozo que la alegría y que donde hay tristeza previamente hubo felicidad, porque si no, no sabrías lo que es. Que para caer bajo hay que haber llegado alto y que los agujeros no se hacen en el vacío. Que sin alma no habría agujeros, y que sin agujeros no habríamos vivido. Que sin agujeros no recordaríamos nada y que, aun con todo esto, hay agujeros perfectos que merece la pena no tapar.
Ella solo lo miró fijamente, sintiendo como si alguien la hubiera golpeado en el estómago y no pudiera encontrar el límite de sus sentidos. Se sentía como si estuviera dando vueltas en el aire, de extremo a extremo, esperando tocar un suelo que nunca llegaba. Una mezcla de emociones se arremolinaba dentro de ella: miedo, preocupación, ira. Pero no eran sus emociones… eran las de él.
El ladrón lucía agitado y sobresaltado.
Red X también estaba sufriendo, como ella, atacado por fantasmas y pesadillas. No pudo evitar sentir una tristeza abrumadora por él. Empatía o no sabía que estaba sobrellevando un gran dolor. Estaba siendo plagado por su pasado y las cosas horribles que le habían sucedido. Ella conocía el sentimiento. Todavía tenía pesadillas sobre su padre, sobre el final, las que tendían a hacer que su despertar se sintiera mal y angustiada.
En todas sus batallas nunca había sentido que Red X era un mal tipo. Era egoísta, un poco tonto, un poco burdo, con fehacientes intenciones de ser el "número uno", pero Raven nunca sintió que tenía algún tipo de verdadera intención malvada. Para todos los efectos, Red X era una especie de imbécil, fin de la historia. Pero entrar en la parte más profunda de sus emociones y sentimientos podría probar algo completamente diferente.
Red X, podía ser frío e inhumano, esa máscara completamente vacía de emoción. Para el mundo, Red X no era una persona, era un monolito. No tenía una historia que contar, ni una vida que salvar, solo se tenía a sí mismo.
A pesar de todo había partes de él que eran oscuras y sin restricciones, más de lo que ella podría haber imaginado.
Fuera lo que fuera, ya sea un cínico, sarcástico y desesperante o un vago despreocupado y distraído. Había algo en Red X. Una parte la cual mantenía enterrada en lo profundo de su mente. Oculta. Enmarañada en lo más profundo de su alma. Rodeada de montones de basura para que nunca saliera a la superficie. Esa parte de él era tan negra y oculta que había tratado de todo para suprimirla. De ahí su personalidad, el que fuera como era.
Rostro, máscara, rol, personaje, persona…
La máscara de cráneo que se llevaba no escondía la verdadera cara que recubría. Porque ella pudo ver a través de su máscara, pudo ver a través de su corazón.
—Tenías razón…—musitó Raven.
— ¿Razón?
—Esa noche… en la torre… me dijiste que yo estaba tan quebrantada como tú… creo que estás en lo cierto. Hay heridas, golpes y ataques físicos que duelen, pero cuando no solo lastiman tu cuerpo sino también tu alma recuperarte es una lucha sin fin contra los recuerdos que día a día caducan tu mente. ¿Se vuelve agotador, no? —preguntó ella con suavidad.
Él le hizo una mueca de incomprensión.
— ¿Qué?
— ¿Se vuelve agotador? ¿Pretendiendo que no te importa? Me sucede lo mismo. Puedes pretender que nada pasa, fingir que todo está bien, mostrar una faceta de regodeo por más débil que se sienta tu alma, llegar a un punto en tu vida en el que hasta cargar una máscara es simplemente demasiado trabajoso.
—No pasa nada —contestó él, evadiendo directamente su pregunta y la obvia respuesta implícita.
"No pasa nada", ¿cuantas veces no hemos dicho u oído esta frase? Sin pararnos a pensar en el efecto que puede producir.
No pasa nada.
Muchos responden de este modo a cualquier modulación en el diálogo, a cualquier pregunta, o frente a cualquier evocación. Ella misma lo hacía en muchas ocasiones.
Frase común, muletilla que obtura, cierra el contacto con los propios afectos, neutraliza los sobresaltos emocionales, y amordaza no sólo al interlocutor, sino al propio pensamiento.
Frase que, quieras o no, nos entierra y estrangula.
¿Qué ocurriría si propusiéramos pensar qué pasaría si pasara algo?
Complicado, ¿no lo crees?
—Raven, no entiendo a qué…
—Pero aunque esté herida —interrumpió la hechicera—, rota y un poco perdida he encontrado razones para querer sanar, querer reunir mis piezas y reencontrarme conmigo misma. Puedo ayudarte. Con las pesadillas. Soy una émpata, puedo hacer lo posible para aligerar tu malestar.
Apartó esos pensamientos, se acercó a Red X y colocó su mano curativa en su cabeza. Él se sobresaltó ante esto pero luego, en una rara confianza, se relajó en su toque. Raven absorbió el miedo y lo filtró de su persona. Pronto el pulso de Red X volvió a la normalidad y su respiración mejoró.
Para Jason era una sensación muy agradable. Algo que no había sentido en mucho tiempo.
Como una sensación cálida llenando su cuerpo. Haciendo desaparecer todos sus problemas y preocupaciones.
Era agradable. Se sentía realmente bien. Era pacífico.
Ella estaba siendo tan paciente con él. Tan… amable. A diferencia de antes. Parecían dos personas completamente distintas habitando en una misma.
Y sintió algo que hacía mucho tiempo no sentía: entendimiento y comprensión.
Ella era una bocanada de aire fresco.
La empática pronto sintió las inminentes ganas de descansar, sus párpados pesaban y también notó como la voz del ladrón se oía cada vez más deformada.
—Quiero que sepas… que puedo hacer lo posible por ayudarte… pero debes estar predispuesto.
—Pajarito —susurró Jason.
—Y no… me llames… pajarito…—balbuceó ella—, Jason.
Hasta que por fin había ella había caído en un pesado sueño.
Jason sintió como su corazón cayó en la boca del estómago y la miró fijamente. Sus palabras lo golpearon de repente, y él dio un paso hacia atrás, tratando de pensar. ¿Ella lo sabía? ¿Cómo es que se enteró? Estaba seguro de que nadie más de los Titanes podría haber sabido posiblemente quién era, pero de alguna manera ella lo sabía, y sin embargo, ¿no le dijo a nadie? No tenía sentido, pero, de nuevo, no había mucho sobre ella que tuviera sentido para él de todos modos.
Jason se quitó lentamente la máscara y la miró. — ¿Cómo lo sabes? ¿Raven?
Pero ella no contestó. Estaba totalmente en un estado de laxitud.
Red X le dio unas palmaditas en la mejilla pálida y helada de la chica pero no parecía reaccionar. El problema ahora era… ¿Qué carajo haría con la titán?
Dejarla tirada no era una opción y además él tenía que hablar con ella sobre lo que Hermano Sangre estaba planeando.
Ser doble agente también podría ser divertido pero necesitaba a la chica despierta y dispuesta a escucharlo, por lo cual no le quedó más remedio que llevársela con él y debía ser rápido.
La alzó en brazos y sus cuerpos se difuminaron en la oscuridad y la lluvia de la noche.
Y la última pelea por el momento.
Tres ataque por parte de Doctor Luz, Psimon y Red X, en todas las batallas los titanes caídos.
Como anteriormente, espero que haya quedado bien escrito.
¿Qué piensan qué sucederá ahora con los Titanes? ¿Y con Jason y Raven? Los leo, me gusta siempre leer que teorías tienen.
No se olviden de comentar, nos estamos leyendo próximamente.
Saludos!
