Capítulo 22: El espejo
Yo que sentí el horror de los espejos
no sólo ante el cristal impenetrable
donde acaba y empieza, inhabitable,
un imposible espacio de reflejos.
- Jorge Luis Borges -
OoO
Raven dejó escapar un pequeño gemido de dolor, y entonces la miró con curiosidad aparente, acostada en su cama, cubierta con sus sábanas y su cuerpo temblando a pesar de que la ventana estaba cerrada y ni una brisa se sentía por la pequeña habitación.
La escena era inusual.
Había estado solo durante algunos años que casi había olvidado cómo interactuar con las personas.
Red X caminaba arrastrando sus pies por el suelo, mirando a la ciudad debajo de él. Las luces nocturnas artificiales se asomaban entre los edificios, lanzando formas extrañas a través del suelo.
Se dio la vuelta y miró el movimiento de la mujer en su cama, todavía desmayada.
Parecía estar murmurando cosas, seguramente siendo atormentada por alguna pesadilla.
Recordó como con un solo toque de sus delicadas manos sus propias pesadillas y tormentos internos se habían calmado y las agitadas aguas de su mente ahora estaban tranquilas, un alivio para su alma molida, un alivio que hacía mucho tiempo no había sentido.
Todavía sus palabras, cargadas de bastante sabiduría valía aclarar, resonaban en su cabeza.
«Hay heridas, golpes y ataques físicos que duelen, pero cuando no solo lastiman tu cuerpo sino también tu alma recuperarte es una lucha sin fin contra los recuerdos que día a día caducan tu mente. ¿Se vuelve agotador, no?».
Ella parecía estar al tanto de su situación. Y parecía estar pasando por lo mismo que él.
« ¿Se vuelve agotador? ¿Pretendiendo que no te importa? Puedes pretender que nada pasa, fingir que todo está bien, mostrar una faceta de regodeo por más débil que se sienta tu alma, llegar a un punto en tu vida en el que hasta cargar una máscara es simplemente demasiado trabajoso».
Otro sonido de aflicción por parte de la chica.
¿Sería consecuencia de que ella lo había ayudado con su pesadumbre la razón por la cual parecía estar sufriendo ahora mismo?
Al fin y al cabo él no tenía conocimiento alguno sobre cómo funcionaban sus poderes de sanación. Quizás a ella le afectaba negativamente usarlos.
Por un momento hasta se sintió un poco culpable de que la chica estuviera sobrellevando eso, aunque ella fue la que tomó la iniciativa de paliar su dolor.
Lo positivo era que algunas de sus heridas físicas se habían curado y Red X sabía que ella se despertaría pronto.
O eso esperaba.
OoO
La maga caminaba entre las amplias pilas de libros de la biblioteca de la Casa del Misterio esperando encontrar algo que fuera de utilidad.
Tenía tantos archivos útiles como la Torre del Destino del Doctor Fate.
Recordaba la biblioteca de su casa en Shadowcrest y como a veces tenía tardes de lectura con su padre o a veces en la soledad. Recordaba que el silencio podía ser intimidante para cualquier otra persona pero no para ella. Porque para Zatanna, la soledad era una vieja amiga que la invitaba día con día a aferrarse a sus brazos mientras tomaba asiento cerca de la ventana más amplia de la biblioteca de su hogar, buscando aprovechar al máximo la luz solar para poder leer, como cada día a las tres de la tarde.
Más recuerdos.
Ella parpadeaba, sonreía y, de vez en cuando, sus ojos expresaban tristeza. Los cabellos negros caían y rozaban la sonrosada piel de sus mejillas. También solía morderse los labios cuando sus dedos vacilaban en cambiar a la siguiente página del libro de magia de esa semana.
A veces murmuraba palabras incomprensibles para los oídos ajenos, pero que sin duda tenían lógica para ella. Y entonces, cuando cerraba cuidadosamente el libro finalizado, sus labios volvían a dibujar esa hermosa sonrisa antes de emitir un anhelante suspiro.
Zatanna solo lanzó un sonoro quejido cuando el hombre seguía todos sus pasos.
Frunció el ceño y tomó otro tomo en sus manos pasando las hojas rápidamente y analizando los símbolos y el raro lenguaje en el que estaba escrito.
Esperaba que si lo ignorara detuviera sus intentos de convencerla.
Leyó y leyó pero detuvo su análisis cuando encontró algo… interesante. Sus ojos se centraron en lo que parecía ser un hechizo en particular. Podía enjuiciar que era algo bastante poderoso, casi hasta podía decir que peligroso pero, como las mayorías de las cosas y artículos que estaban en posesión del nigromante, parecía estar más relacionado con las artes oscuras que con la magia blanca que ella practicaba usualmente.
«La más negra de la magia de las más ardientes cenizas del negro corazón del infierno».
—Vamos, Zee —rogó el hombre por cuarta vez en la noche—. Solo una salida. ¿Qué te parece ese precioso restaurante en San Francisco? ¿O quizás Las Vegas luego de algunos de tus shows?
Zatanna levantó la mirada de la octava línea del libro.
—Solo quieres arrastrarme a tu cama —rezongó Zatanna tratando de mantener el temple—. Te dije que no. Lo nuestro no puede funcionar.
—Zee, yo…
—Olvídalo, ya no soy tu novia —protestó la maga cerrando el libro con fuerza y volviéndolo a dejar en su lugar—. Puedes llevarte a otro lado tu rutina de semental herido. ¿Y justo ahora, John? Tú y yo hemos estado estudiando la historia de estas amenazas desde hace tiempo. Ahora nos encontramos en una guerra para detener a una secta fanática, que de cumplir con su objetivo, demolerían los cimientos de la humanidad para siempre. Además…
—Además…—repitió él fijando sus ojos en ella.
—Si se tratara de una elección entre tu mundo y yo... —dijo ella cruzándose de brazos mientras miraba al rubio de forma inquisidora. — ¿Qué elegirías?
El nigromante sabía que lo estaban poniendo en un dilema. ¿Por qué siempre tenía que ser blanco o negro? ¿Para ella no existían los tonos grises?
—Esa no es una pregunta justa —refutó John con un tono amargo.
—No. Pero es lo que te estoy preguntando —respondió ella mientras golpeteaba su pie en el suelo esperando pacientemente una pronta respuesta.
John quedó en silencio unos cortos segundos, no se lo pensó mucho porque para él la respuesta era clara… por lo menos en este momento.
—Tú, Zee. Te elegiría a ti... siempre —le hiso saber mientras la tomaba suavemente por los hombros. Zatanna dio un respingo por la repentina acción. —¿Recuerdas lo que me dijiste ese día, cuando tuviste tu visión del futuro? —preguntó él.
—Lo recuerdo —contestó ella y él sonrió.
—Cuando nos abrazamos, en la oscuridad, no hacemos que la oscuridad desaparezca —repitió él las mismas palabras que ella había utilizado—. Las cosas malas siguen ahí. Las pesadillas aún caminan.
Las mejillas de ella se arrebolaron un poco cuando percibió la cercanía del rostro de Constantine tan cerca del suyo. Solo unos centímetros más. Sabía que nunca podría resistirse a él a pesar de que estar con John significaba que no tendría estabilidad en su vida. El hombre era demasiado inconstante para su propio bien. Sin mencionar que seguramente la dejaría plantada cuando tuviera la oportunidad.
—Cuando nos abrazamos, nos sentimos... no seguros, pero mejor —siguió hablando él—. "No pasa nada", murmuramos. "Estoy aquí. Te quiero", y mentimos. "Nunca te dejaré". Por un momento o dos, la oscuridad no parece tan mala. Cuando nos abrazamos.
Zatanna lo miró desconcertada, su voz se había vuelto casi seductora.
Parecía acariciar cada palabra.
Abrió los ojos al sentir que se acercaba más. Sintió su mano acariciándole la cintura y jadeó conmocionada. ¿Qué sucedía con él? Quiso apartarse, pero el enorme estante detrás de ella se lo impidió.
John sonrió con triunfo al verla acorralada. Apretó su cintura con suavidad mientras se acercaba más a ella. Miró fijamente esos deliciosos ojos celestes, bajando lentamente hacia su rostro. Rozó sus labios con suavidad, y amplió su sonrisa al ver que aspiraba sorprendida.
La maga cerró los ojos casi por instinto cuando la boca del hombre se acercaba de a poco nuevamente logrando que sus respiraciones se entremezclaran. Podría haberse alejado por el olor a tabaco que desprendía el rubio y que le resultaba un poco desagradable pero no tenía la voluntad para hacerlo. Parecía un hechizo casi irresistible. Tan solo un poco más y sus labios…
Pero pronto tuvo que interrumpir el momento íntimo en un santiamén.
— ¿Y eso? —interrogó la maga de forma indagadora haciendo a un lado a John, el cual soltó un bufido de protesta, cuando percibió una pequeña esfera luminosa azul que apareció repentinamente en la habitación y se aproximó directamente a ella.
Zatanna abrió su mano dejando que la esfera resplandeciente se posara sobre la palma de la misma, dejándola sentir la calidez que tenía.
Ella ya sabía bien lo que era. Y sabía porque había aparecido. Su primo no la llamaría si algo malo no le hubiera ocurrido, por lo cual sintió pronto su cuerpo entrar en estado de tensión por la preocupación que la embargó.
—Es la magia de Zach —comunicó la mujer—. Está… pidiendo ayuda.
—Y justo cuando estaba siendo romántico —refunfuñó Constantine con un mohín desaprobatorio en su rostro. — ¿Es tan urgen…?
— ¡Ekat su ot yrahcaz! —conjuró la maga.
Ni siquiera tuvo tiempo de terminar la pregunta porque Zatanna lo tomó de la mano con fuerza y pronto sintió la magia invadiendo el espacio como una chispa, sintiendo su cuerpo ser arrastrado fuera de la casa.
El hombre rubio abrió los ojos.
La vorágine de la aparición no era nada comparada con la confusión que bullía ahora en su mente.
«Oh, por todos los cielos», pensó para sus adentros.
Inspiró con dificultad antes de comenzar a carraspear. Estaban en verdaderos problemas.
—Creo que si era urgente —musitó Constantine en voz baja al tiempo que se cubría la boca con una mano para frenar el paso del hollín y la mujer tosía fuertemente.
Unas vigas del techo se derrumbaron mientras otras amenazaban con caerse en cualquier momento.
John creó rápidamente un campo de energía dorado para protegerse a él y a la maga de un gran trozo de escombro que cayó sobre ellos.
Fuego. Demasiado. Era todo lo que rodeaba el lugar y se extendía cada vez más, devorando todo a su paso.
El humo y el calor resultaban insoportables.
¡Qué forma tan espantosa de morir! Zatanna nunca había imaginado nada parecido.
Sus ojos se movieron para analizar rápidamente todo el escenario y cuáles eran sus posibilidades porque era obvio que debía actual pronto y veloz.
La maga notó que un muro de hielo mágico protegía los cuerpos de dos muchachos y fue cuando todo tomó sentido para ella. Zachary había utilizado sus últimos esfuerzos en mantener a salvo a dos de los titanes de algún enemigo.
Ella observó un poco más hasta que finalmente pudo ver la figura de su primo en un muro derrumbado. Sus ojos lagrimearon y no sabía si era por las ganas de llorar al ver el estado totalmente deplorable en que lo habían dejado o por la cantidad de humarada dentro de la tienda. Su corazón latía con fiereza y sus mejillas ya se encontraban demasiado rojizas por el calor intolerable del ambiente.
— ¡Tenemos que apagar esto rápidamente! —exclamó la maga sabiendo que el oxígeno pronto se terminaría dejando solamente gases inquemados, hollín y monóxido de carbono. Sacó rápidamente su varita del bolsillo. — ¡Dniw sehsiugnitxe erif!
Una fuerte ráfaga de viento, similar a un tornado, salió disparado de la vara. Las llamas se agitaron junto a un fuerte sonido, pero el fuego no parecía querer ceder, dejando a Zatanna sorprendida. Ese ciclón mágico debería haber sido suficiente.
¿Por qué no se apagaba?
—No hay viento terrestre que pueda extinguir estas llamas —explicó John mientras examinaba el fuego, el cual no era normal, con pesquisa.
— ¿A sí? Pues veamos si este fuego puede resistir este poder. ¡Retaw! —bramó Zatanna, pero el chorro de agua que salió de la punta de su varita se evaporó enseguida—. No funcionó… ¿por qué? —cuestionó mientras sus expectativas parecían menguar.
Espera…
Había un matafuego ahí… quizás…
—Ni agua puede apagarla. Y, obviamente, la técnica humana tampoco sirve —señaló viendo lo que la maga estaba haciendo.
Zatanna lanzó a un costado el extintor de fuego cuando tampoco había surtido efecto (cosa que era obvia).
Las llamas se movían como si tuvieran vida propia, o pudieran sentir y estuvieran decididas a matarlos.
Entonces el fuego empezó a mutar y formó una gigantesca manada de bestias abrasadoras: llameantes serpientes, leones y osos se alzaban y descendían y volvían a alzarse, alimentándose de objetos inservibles de la tienda de antigüedades acumulados durante siglos, metiéndoselos en fauces provistas de colmillos o lanzándolos lejos con las garras de las patas; cientos de trastos saltaban por los aires antes de ser consumidos por aquel infierno.
Y entonces, el fuego también formó el símbolo de la Marca de Scath que ahora se elevaba frente a ellos.
— ¿Puedes dejar de hablar y ayudarme? La vida de Zachary pende de un hilo y las de estos dos chicos también —señaló ella—. Y las nuestras si no podemos… ¿Acaso estás fumando ahora? —preguntó casi queriendo estrangular al hombre.
—Un cigarro encendido con la llama que nunca se apaga, un placer que solo te puedes dar una vez en la vida —dijo él dando caladas hondas al cigarro recién prendido—. Deberías de probarlo.
Los monstruos de fuego, sin parar de agitarse, los estaban rodeando. El calor iba cercándolos poco a poco, compacto como un muro.
— ¡Deja de hacer chistes, idiota! —exclamó la maga. — ¿No adviertes la gravedad de la situación?
—A lo que me refiero, amor, es que esto es fuego que parece provenir del mismo averno —advirtió Constantine—. El fuego eterno. Las llamas que arden, consumen y destruyen por completo su objeto, sin dejar nada. Psimon es quien lo conjuró. Si mal no recuerdo y por lo que tengo conocimiento, su alma está atada a un contrato con Trigon, por eso estas llamas son infernales por lo que podría decirse. Es parte de su poder. ¿Ahora entiendes?
— ¿Cómo lo apagamos? —interrogó Zatanna.
— ¿No es obvio? —preguntó John—. Con agua bendita —reveló finalmente.
¿Agua bendita?
.
.
.
¡¿Agua bendita?!
— ¡¿Es enserio?! —gritó la maga desesperada, mientras aferraba la gabardina del hombre rubio y la mecía con fuerza hacia delante y hacia atrás haciendo sobresaltar a John, lo que hizo que su cigarrillo se le escapara de la boca. — ¿Y de donde se supone que saque esa cantidad de agua bendita para apagar tanto fuego? ¿Acaso crees que tengo tiempo para ir de visita a cada iglesia de la ciudad para una colecta? ¿O quieres que traiga a un eclesiástico para que lo haga?
—Tranquilízate, amor —trató de apaciguar el hombre. — ¿Olvidas con quien estás? Tú solo encárgate del agua, ¿sí? Acumúlala y cuando esté bendecida, dispérsala por el lugar como si se tratase de una lluvia.
— ¿Cómo la bendecimos? —inquirió Zatanna.
— ¿Confías en mí?
—No del todo —vaciló la pelinegra—, pero lo haré por ahora. Bien, ¡Retaw!
Un prolongado y fluido movimiento con su mano. El chorro de agua salió del extremo de la varita y comenzó a acumularse en una gran esfera líquida. Zatanna gruñó por el esfuerzo que le estaba provocando mantener el peso de esa masa líquida, contando además el esfuerzo mágico.
Pero no podía titubear ahora.
La vida de su primo y de estos dos jóvenes dependía de ellos dos ahora.
—Bien, déjame el resto a mí —anunció John listo para empezar—. Dios, que para la salvación del género humano hiciste brotar de las aguas el sacramento de la nueva vida, escucha con bondad, nuestra oración e infunde el poder de tu bendición sobre ésta agua —comenzó a rezar Constantine mientras hacía la señal de la cruz en dirección al líquido mágico.
— ¿Qué estás haciendo?
—Orando —dijo John, con simpleza.
— ¿Orando? —cuestionó ella mientras parpadeaba confundida—. Bien.
Las criaturas ígneas lanzaban al aire con alborozo los pocos objetos que las llamas todavía no habían devorado, y por todas partes volaban pequeñas estatuas de bronce, bisutería, libros, un viejo y descolorido reloj antiguo.
El fuego parecía estar respondiendo ante el rezo que seguía siendo recitado por el nigromante.
— ¿Desde cuando eres católico? —interrogó Zatanna con indagación mientras seguía acumulando agua en la burbuja.
—Soy de todo un poco. Ya sabes, lo que sea más conveniente para cada momento —respondió él mientras terminaba el rezo—…Per Domunum, Amen —finalizó—. Ahora encárgate del resto. El agua común no puede dañar este fuego, pero apuesto a que esto sí.
— ¡Yloh retaw sehsiugnitxe eht erif!
Y en ese momento, la burbuja estalló y un aguacero regó toda la tienda de antigüedades.
Zatanna por fin pudo respirar con tranquilidad cuando las llamas empezaron a mermar. John lo había hecho.
Después de todo podía confiar en él.
OoO
No supo en qué momento se quedó dormida pero los sueños que tuvo hacían referencias a inquietantes situaciones tales como celebraciones paganas y cultos a seres cuyo origen iba más allá de la razón humana.
Cánticos de frases ininteligibles erizaron su piel, temiendo la aparición de un ser diabólico mientras las escuchaba.
Los toques de campana provenían de un templo de piedra, de falso estilo gótico. Las rocas musgosas, junto al agua, proporcionaban unos asientos aceptables y el lugar estaba al resguardo de miradas indiscretas, oculto por un murallón en ruinas que tenía atrás.
Era raro: a pesar de que la iglesia mostraba su evidente abandono, flotaba en ella algo así como una presencia. Y era tan intensa esta sensación, que casi esperaba encontrarse con alguien al entrar.
La luna parecía una diadema suspendida sobre el campanario de la iglesia, y al detener su caminata al pie de la escalinata, el satélite se hundió tras el negro campanario como si la iglesia lo hubiera arrancado del firmamento.
Tenía a un lado una torre cuadrada, achaparrada, cuya cripta de cerradas ventanas era desproporcionadamente alta.
El reloj de la torre carecía de manillas, pero sabía que aquellos golpes sordos correspondían a las doce.
Y de repente, todas las reflexiones de Raven se esfumaron ante la inesperada aparición de una figura tan horrenda, que se estremeció aun sin haber tenido tiempo de verla bien.
La puerta de la cripta estaba abierta y formaba un rectángulo de oscuridad. Y al mirar casualmente, cruzó ese rectángulo algo que provocó en ella una fugaz impresión de pesadilla.
Una o dos veces, le pareció ver unas siluetas que salían sigilosas de las puertas; pero tan fugaz era aquella impresión, que más me parecieron engaño de los sentidos que seres reales.
¿Qué era todo esto?
La temible negrura que se percibía en la entrada de la construcción habría podido amedrentar a cualquier, no así a Raven, quien ahora era presa de una descomunal necesidad de indagar más sobre lo que se hallaba oculto en lo desconocido.
La figura femenina se acercó al marco de la entrada y volteó a su alrededor. Por encima de la escalinata colgaban las ramas de unos árboles pelados.
El ambiente se había tornado en una especie de malsana quietud, como si se estuviese a la expectativa de que algo que sucedería pronto.
Puso un pie dentro y comenzó el amenazador recorrido.
Reinaba allí cierto resplandor iridiscente, debido quizá a la luna que se filtraba por las ventanas medievales. Raven recorrió la nave central y enfocó su visión sobre las filas de bancos. Por el polvo no había señales de que nadie hubiera estado allí últimamente.
Por todas partes se veían bancos deteriorados por los años; en el aire cerrado flotaba cierto aire a corrupción.
Sin embargo, todo tapado por la fragancia que invadía el interior de la capilla. El inconfundible aroma de la resina aromática conocida como olíbano o francoincienso, que se utiliza para perfumar el ambiente en las ceremonias religiosas. Una mezcla de flores, humedad e incienso lo definen. Olor de silencio sepulcral en la nave central. Olor de bancos con crujidos indiscretos de madera vetusta. La humedad inquilina de muros de piedras ancianas. El olor de la cera quemándose era sutil.
La luz que siempre estaba presente en sus pesadillas ahora se hallaba en sus manos, brillando tenuemente como una vela a punto de apagarse. Iluminando su camino como un guía protector. Como un ángel guardián.
«…que los ángeles guíen tu búsqueda».
Raven siguió avanzando hacia el altar.
El primer banco de la izquierda estaba levantado por un extremo. Ya había observado anteriormente que algunos bancos se inclinaban en ángulos insólitos, pero ahora vio que, bajo el primer banco, el mismo suelo estaba levantado, mostrando una estrecha franja de negrura.
Comprobó que podía mover el banco, y lo empujó hacia atrás, aprovechando la circunstancia de que el segundo estaba bastante alejado del primero. Así quedó al descubierto una trampilla rectangular que, una vez abierta del todo, reveló un vacío negro como boca de lobo. Bajo la luz brillante de su mano, distinguió un tramo de escalera hincado entre unas paredes que rezumaban humedad.
Vaciló ante el borde del abismo, mirando inquieta a su alrededor. Se decidió, por fin, y comenzó a descender con la máxima cautela.
Con un ligero temblor en la mano izquierda iluminada, alumbró en las tinieblas y titubeante, inició el descenso tratando de hacerlo con sumo cuidado, puesto que la superficie de las baldosas era resbaladiza debido a la presencia de una mohosa capa verduzca que podría jurar… brillaba en la temerosa oscuridad.
Al bajar por la escalinata, se dio cuenta de que los muros que la rodeaban eran de roca y estaban llenos de grietas y aberturas en donde brillaban perladas telas de araña. A su paso, innumerables sabandijas, alimañas y demás bichos rastreros huían para buscar cobijo en las porosas grietas de la escalera.
No se oía más que un constante gotear en aquel túnel que se hundía en la tierra.
Las paredes, ceñidas a la escalera de caracol, relucían perladas de gotitas. Unas sabandijas reptantes y negras, aterradas por la luz, escaparon veloces buscando refugio. Al cabo de un tiempo, observó que los peldaños no eran ya de piedra, sino que estaban labrados en la tierra misma, y sobre ellos crecían unos hongos gruesos y mórbidos. El techo de aquel subterráneo, sostenido por arcos rudimentarios y endebles, la llenaba de un desasosiego invencible.
No podría decir cuánto tiempo duró su descenso bajo aquellos arcos inseguros. Finalmente, uno de ellos se prolongó en un túnel gris. A partir de aquí, los peldaños mostraban aún el agudo filo de sus bordes… porque estaban tallados en la misma roca, en una roca de extraño color, que resaltaba a pesar del barro con que la habían manchado los pies que descendieran por allí.
Con la luz en alto, Raven observó que la pendiente se hacía menos pronunciada, como si estuviese llegando al final de la escalera. Al darse cuenta, la embargó una sensación intensa de incertidumbre e inquietud.
Una vez más, se detuvo a escuchar.
No se oía nada, ni abajo ni arriba.
Reprimiendo sus temores, se lanzó adelante, resbaló en un peldaño y bajó rodando lo poco que faltaba hasta el pie de la escalera.
Al levantarse, se encontró con que había ido a parar junto a una estatua grotesca de tamaño natural que parecía mirarla. Una estatua con cuatro ojos tallados en su cara y una S en su frente. La Marca de Scath. Con ella había otras cinco formando fila, y de cara a éstas, había otras seis más, idénticas, igualmente repulsivas, esculpidas con tal arte, que daban una impresionante sensación de realidad.
Apartó la mirada, enfocó la luz de su mano hacia las tinieblas que se abrían ante ella.
Luego sonaron unos ruidos más roncos y violentos, y fueron aumentando todos a la vez, como si se fuese acercando la causa que los provocaba. Clavó la mirada, aterrada, en el punto de donde parecían provenir aquellos ruidos extraños.
Sonó entonces como una explosión prolongada y apareció en las tinieblas, flotando, un círculo de luz. Esforzaba su vista por distinguirlo, cuando el círculo de luz desapareció. Pero a los pocos segundos, volvió a aparecer, tres veces mayor que antes… y durante unos momentos de pesadilla vislumbró, a través de él, un paisaje infernal y remoto, como si se hubiera asomado a una dimensión absolutamente extraña por una ventana abierta. Retrocedió espantada, y la luz se eclipsó; pero al instante volvió a aparecer con brillo renovado. Y entonces, en contra de su voluntad, siguió caminando hasta encontrarse con una capilla subterránea.
Una iglesia dentro de otra iglesia.
No obstante, el olor ahora había cambiado. Olía a cera de velas, que rodeaban todo el altar, pero estas eran de color negro.
Símbolos extraños grabados en la pared.
Un libro sobre el sagrario.
También olía… como a enebro, acólito y ajenjo. Plantas que generalmente se usaban en rituales y ceremonias desde tiempos inmemorables.
Un cuenco lleno de sangre también resaltaba por su presencia.
¿Qué era todo esto?
El espejo que había visto en su visión anterior se hallaba también ahí, en el medio de la habitación oscura de la capilla. Y sobre el objeto nombrado, la sombra se alzaba triunfante.
Fuera finalmente de su encierro.
En un solo momento, sus amigos aparecieron en el sueño… y no de la mejor manera. Todos caídos ante el poder de su doble oscuro. Heridos hasta más allá del límite de lo imaginable.
La risa de la sombra se escuchaba junto a cánticos y aleluyas de fieles fanáticos que solo adicionaban más horror a la atmósfera fatídica.
Raven se giró rápidamente cuando sintió un ligero sonido tras ella.
Era esa mujer, nuevamente parada ahí como un fantasma. Siempre vestida igual, de blanco puro. Pero incógnita como siempre.
¿Quién era?
— ¿Qué está pasando? ¿Qué es todo esto? —cuestionó Raven.
—Medita sobre los símbolos que te doy —susurró la mujer, siempre con un tono solemne—. Ya no queda tiempo.
—Necesito ayuda, la sombra está tomando control.
—Tu alma está en juego —reveló la incógnita mujer—. Ellos ya poseen todos los elementos para llevar a cabo el proceso.
—Habla claro de una vez —demandó la hechicera.
—Escucha mi voz y obedece. Sigue el camino a la claridad, y serás una con el camino. Conoce y revelarás. Encuentra la sabiduría profundamente escondida y sé una con la oscuridad y la luz. Solamente el que está buscando puede siempre esperar ser libre. Cuando hayas sondeado el corazón de todo el misterio, el conocimiento y la sabiduría seguramente serán tuyos. El que por progreso ha surgido de la oscuridad, que se ha elevado de la noche hacia la luz. Así crece el alma del hombre siempre hacia arriba, apagada no obstante encendida por la oscuridad de la noche. Busca con sabiduría y que los ángeles guíen tu búsqueda.
Luego esa mujer se desvaneció en el vacío de la ilusión. Como siempre lo hacía.
Dejándola sola, a la merced de esa cosa.
« ¿Hasta cuándo seguiré así? Quiero cambiar, sentirme bien, hallar la paz y alegría que parece ser estoy perdiendo nuevamente».
«Toda alegría que tenías enfrente era una mentira que se te presentó en el camino. Eres la manzana envenenada de tu propia historia», habló otra voz en su cabeza.
«No puedo liberarme de las cadenas que me tenían atada desde el inicio de mi vida.
Cadenas que no me dejaban florecer.
Pero me acostumbre tanto a estar aferrada a las mismas lo cual provocó que en mi presente no pueda romper las cadenas oxidadas y añejas que, sin darme cuenta, he construido nuevas.
Ahora sigo atrapada del pozo del cual creí haber salido, mi alma está sedienta de paz y libertad, agoniza cada vez más por lo que la rodea. El aire es denso, no puedo respirar; mi pecho está apretado, seguramente pronto perderé el conocimiento…».
En ese instante, Raven sintió un gran poder brotando en la oscuridad.
Y una luz… un cálido resplandor dorado.
Miró hacia el lugar y vio una silueta de alguien pero no podía distinguir quien era, y desde ese mismo lugar una flecha salió disparada para asestar justo en la sombra, que berreó por el más profundo dolor con lo que se la podía atacar.
Raven lo supo, era una flecha con poderes sagrados, seguramente lista para terminar con todo.
Lista… para acabar con ella.
De una vez y para siempre… y quizás liberarla por fin de las cadenas que la mantenían atada.
Su destreza con el arco era notoria. ¿Se trataba de Roy? Pero él no poseía la capacidad para cargar una flecha con tanto poder. Sobre todo con poder purificador.
¿Quién había disparado esa flecha con tan grandes poderes? ¿Y quién lo haría sin titubear en matarla?
Raven cerró los ojos. Un grito lastimoso se escuchó por el lugar. Cuando sus párpados se levantaron el escenario había cambiado repentinamente, fuera de la iglesia. El sol empezaba a asomarse en el horizonte, la noche oscura había acabado.
«Wally», susurró ella pero su voz no se oyó.
La empática se preguntó que era todo esto, ¿qué estaba sucediendo?
Sintió su voz llamándola en un suave susurro, algo quebrada y con un tinte de angustia. Es en ese momento, cuando a la vez siente que la toma entre sus brazos es que responde a su propia pregunta.
Sus cálidos brazos la tienen envuelta muy cerca de él, Raven siente los rápidos latidos de su corazón y, por alguna razón, el dolor se va disipando.
Puede hacer pequeños movimiento así que se acerca lo más que puede a él y se envuelve en su calor. Es reconfortante, solo con él ha logrado sentirse de esta manera en su vida… y duele saber que nunca más podrá sentirse de esta manera nuevamente.
Él lo sabe, sabe que ya no les queda mucho tiempo juntos.
Raven cierra sus ojos, puede sentir el dolor proveniente de sus amigos, puede sentir la culpa y la vulnerabilidad que proviene de ellos.
Cuanto dolor.
Solo deseaba que no se angustiaran, nada de esto ha sido su culpa, así ha debido de suceder todo.
Su alma había sido salvada.
«Me siento cansada, ya no tengo muchas fuerzas para seguir. Siento como cada respiración se va acortando y mi vista poco a poco va perdiendo su enfoque. Ya todo se está perdiendo y el dolor va desapareciendo».
Los brazos del velocista la sostienen fuertemente y la aprieta contra él con el temor de que en cualquier momento se desvanecerá en sus brazos.
Raven por lo menos agradece por la oportunidad de terminar sus horas en brazos de la persona que más importante ha sido en tan corto tiempo.
«Me acerco más y coloco una de mis manos en su pecho… quiero sentir su corazón cerca de mí… solo una última vez».
Algo frío toca sus mejillas y también algo con un gran peso para su alma.
¿Son sus lágrimas?
— ¡Raven! ¡Yo no fui capaz de salvarte! —gritó el pelirrojo varias veces desgarrando su garganta en la espera de que todo fuera una pesadilla y lloró de forma amarga aferrándose al cuerpo frio a pesar de las miradas de todos los otros titanes, que tampoco se quedaban atrás en expresar su pésame.
Su agarre se hace algo brusco y la apega fuerte contra él. Raven siente como la desesperación y el dolor sale por cada uno de sus poros desde dentro de su ser y estos logran inundarla.
«Wally», fue su último pensamiento y exhaló lo que le quedaba de vida. Un soplo.
Se sintió caer y…
«Un calor me envuelve y un haz de luz comienza a invadirme. Ya no hay dolor ni pena ni angustia, sino alivio y paz. El aire me envuelve en tranquilidad y me lleva hacia una libertad que realmente no puedo explicar. Era como si un peso se quitara de encima».
—Por favor, dime que esto es un mal sueño —repitió el chico una y otra vez, sabiendo en el fondo que no tendría respuesta.
.
.
.
Porque Raven estaba muerta. Muerta en sus brazos.
.
.
.
— ¡Wally! —profirió de forma ahogada.
La hechicera se despertó sudando.
¿De qué se trató eso?
¿Era una pesadilla? ¿Un vaticinio? ¿Una… visión del futuro?
La cabeza le latía dolorosamente y le dolían las extremidades. Sus labios estaban secos y agrietados y pasó un tiempo antes de que pudiera distinguir claramente su habitación.
Excepto que no era su habitación.
Se encontró en un lugar poco iluminado, escasamente amueblado y con un gusto horrible. El polvo cubría las sillas al otro lado de la habitación, la bombilla parpadeaba y la televisión parecía de diez años de antigüedad.
Definitivamente ya no estaba en la Torre.
Ella miró su mano para encontrarla cubierta de moretones. La lógica le dijo que su cara y sus piernas estaban en la misma condición. Ella gimió mientras se movía. El colchón era duro y la manta difusa no cubría sus dedos.
¿Dónde estaba?
Poco a poco, los eventos anteriores pasaron por su mente: cumplir su misión e impedir los robos, dividirse de su equipo, ir con Cyborg, el ataque sorpresa de Psimon, identificar a Red X, librar la guerra, ceder a su parte oscura.
Maldita sea.
Este, entonces, era el lugar de Red X. Por eso no había fotografías en las paredes. Por eso parecía tan poco utilizado. Debía ser una casa de seguridad.
¿Pero qué demonios estaba haciendo ella aquí? Notó que su capa cubría el respaldo de una silla y la levitó hacia ella. Estaba ensangrentada y desgarrada, pero seguía siendo su manto. Lo agarró con la mano y cerró los ojos.
Sus músculos duelen simplemente moviéndolos.
La luz de la ciudad entraba por las grietas de las cortinas destartaladas. Afuera, el rugido de un motor sonó. Se preguntó si los Titanes sabían dónde estaba, ella lo dudaba mucho, por supuesto. También se preguntó si estaban a salvo, si habían sido exitosos en su trabajo, si habían regresado a la Torre.
Raven tosió, le temblaban los hombros y el pecho. Nunca en su vida se sintió tan débil e indefensa como paralizada en la cama de Red X. Quería alejarse, pero sus piernas no la obedecían y lo máximo que podía mover eran sus dedos, sus ojos y su cuello.
Por lo menos ella estaba a salvo. Eso, a su vez, la hizo preguntarse dónde estaba Red X. Ciertamente no estaba en la habitación desagradable, quizás debió haber ido a un pequeño viaje para robar otros artículos.
La puerta se sacudió y Raven se estremeció.
Centrando su atención en la puerta, esperó a que se abriera, envolviendo su poder alrededor de una silla. La puerta se abrió y entró Red X, con una taza en la mano.
La silla voló hacia él, pero la bloqueó y la rompió fácilmente.
—No deberías esforzarte, mujer —dijo, acercándose con una taza—. Apenas te has curado.
Raven frunció el ceño—. No me estaba esforzando —dijo ella—. Estoy bien. Tengo poder de sobra.
—Cierto... —dijo Red X sarcásticamente—, por eso no puedes moverte.
Raven, encontrándose sin palabras, le permitió levantarla para que se sentara y presionara la taza contra sus labios. No tenía más remedio que bajar la mezcla que él le daba, un líquido amargo y agrio que le quemaba la garganta y la hacía sentir náuseas.
— ¿Qué es esta cosa? —ella preguntó cuándo él había forzado hacia abajo la última gota.
—Es un antídoto contra la droga paralizante
Se necesitó toda la voluntad de Raven para no golpearlo o quizás arrojarle otra silla.
—No puedes culparme. Fuiste tú la que se volvió loca y comenzó a hacer amenazas de muerte y lanzar objetos por todas partes. Te paralicé para ver si serías igual cuando te despertaras. Decidí darte el antídoto ahora que sé que no vas a intentar quitarme la vida. Dios, mujer, tienes mucha rabia en ti—. Se sentó en una de las sillas y levantó los pies apoyándolos sobre una pequeña mesita.
— ¿Por qué me ayudaste? —preguntó Raven, levantando su brazo para ver las vendas envueltas alrededor del mismo.
—Soy un ladrón, pero todavía tengo algo de moral —respondió con indiferencia—. No podía dejarte debajo del árbol porque podrías haber muerto allí. Nadie te habría encontrado hasta que fuera demasiado tarde. Así que te llevé conmigo.
¿Morir? ¿Acaso se pensaba que un demonio como ella moriría solo porque un simple árbol la aplastara?
De todas formas estaba muy agradecida con él.
— ¿Cuánto tiempo has sido un ladrón? —preguntó la hechicera tratando de encontrar algún tema para hablar porque realmente se sentía un poco incómoda con su presencia. Hace horas estaban peleando, sin contar los múltiples enfrentamientos que había tenido con el ladrón junto a su equipo. Y ahora estaban frente a frente, como si se trataran de simples amigos.
— ¡Hah! Años —contestó él. — ¿Cuánto tiempo has sido un titán?
—Años —respondió ella con rigidez. No quería entrar en las razones por las que se había unido al equipo; odiaba hablar de Trigon y su influencia sobre ella, sobre todo con alguien que no conocía completamente.
— ¿Te gusta?
—... la mayor parte del tiempo —respondió ella. — ¿Te gusta ser un ladrón?
—Se paga bien —se rio—. Especialmente si hago casos especiales.
— ¿Casos especiales?
—Me llaman y me piden que robe por ellos. Recibo decenas de miles para esos trabajos—. Red X cruzó los brazos sobre su pecho y Raven no pudo evitar mirar sus músculos. Parecía más fuerte que Robin, eso era seguro, pero no parecía mucho mayor que él. Cómo podía adaptarse al disfraz cuando su físico era tan diferente del de Robin, estaba más allá de ella.
— ¿Por qué te hiciste ladrón en primer lugar? —preguntó Raven.
Sus talentos podrían ser utilizados para tantas otras ocupaciones en lugar de robar.
— ¿Qué es esto? ¿Una entrevista? —preguntó Red X, comenzando a ponerse a la defensiva. Aparentemente, no había esperado que la conversación durara tanto. Se levantó bruscamente y se dirigió a la puerta—. Puedes quedarte un rato más si quieres. Todavía estás bastante débil, y si intentas capturarme, no seré fácil contigo—. Con eso, salió y cerró la puerta con bastante fuerza.
Raven puso los ojos en blanco y se recostó en la dura cama para descansar un poco, a pesar de las preguntas que golpeaban su cabeza.
¿Por qué estaba siendo tan amable con ella?
¿Y por qué la salvó cuando ella trató de matarlo?
OoO
— ¡Zach! ¡Despierta! —gritó la maga mientras recostaba a su primo luego de sacarlo de entre los escombros.
—Creo que debes darle unas buenas y fuertes cachetadas en ese rostro suyo para que reaccione. ¿Quieres que lo haga yo? —preguntó Constantine mientras se arremangaba la camisa y gabardina, listo para despertar al muchacho.
Zatanna lo ignoró y sacó rápidamente su varita. La batió con delicadeza por encima de las profundas heridas que habían causado el fuego y el ataque de Psimon, murmurando un conjuro que casi parecía una suave melodía. La hemorragia se redujo al momento. Zatanna sacó un pañuelo de su bolsillo y le limpió la sangre de su boca y hollín de su cara y repitió el hechizo una vez más. Las heridas empezaron a cerrarse y el hueso de su brazo parecía volver a su lugar con un chasquido desagradable.
—Zach, despierta por favor —rogó la maga, y en un gesto de ternura acarició el cabello de su primo.
Le costaba ver a su orgulloso primo en este estado tan vulnerable.
La maga giró con fuerza el cuerpo del chico y Zachary quedó tumbado boca abajo, jadeando, tosiendo y dando arcadas mientras su prima le daba golpes en la espalda.
Tosió un poco más hasta que por fin sus ojos se abrieron. Sus ojos se enfocaron en la maga y sonrió.
—Veo que la señal que mandé funcionó —dijo él en una voz rasposa. Parecía que le costaba hablar.
—Utilizaste tus últimas fuerzas para proteger a tus amigos y para llamarme en lugar de defenderte de tu atacante —musitó Zatanna con una mueca orgullosa—. Has cambiado, Zach. Pero la próxima vez trata de no arriesgarte tanto.
—Te extrañé, Zee —agregó el mago.
—Za-Zachary…—balbuceó ella, sintiendo el nudo en su garganta y sus ojos reteniendo las lágrimas que quería soltar en este mismo momento.
John rodó los ojos ante lo que parecía una escena de película totalmente empalagosa y ridícula. Faltaba que sonaran los violines tocando una triste melodía para completar el escenario.
—Es el efecto de la casi muerte —espetó John—. No te emociones, Zee. Pronto volverá a ser el chico ególatra y narcisista que todos conocemos. Pero mientras tanto disfruta de su buen carácter.
—Constantine —llamó Zachary.
— ¿Cómo te sientes, muchacho? —preguntó el hombre rubio—. Hiciste un buen trabajo.
—Vine a detener un simple robo, peleé contra Psimon, protegí a dos titanes de lo que parecía una muerte casi inminente, quedé totalmente herido y terminé finalmente bautizado —contó el joven mago—, ¿cómo crees que me siento?
—Lo siento —se disculpó John, aunque se notaba a leguas que su disculpa no era sincera—, necesitaba algo con que combatir el fuego demoníaco, y una gran dosis de agua bendita fue la mejor opción.
—Efectivamente fue un gran plan de tu parte, felicitaciones amigo —lo agasajó el mago.
—Te lo dije, Zee, todavía está convaleciente —dijo John sorprendido. — ¡Me alagó! ¡Tú primo! ¡Zachary! Necesitaría una cámara de vídeo o un grabador de audio para atesorar este momento.
—Que gracioso —masculló Zachary—, seguro estás intentando sumar puntos con mi prima.
—Nada de eso. ¿Cuál era el objetivo de Psimon? —interrogó John tratando de cambiar el tema de la conversación.
—Solo se robó un…—se lo pensó un poco tratando de recordar que era lo que ese sujeto se había llevado—… espejo. Sí, eso era.
— ¿Un espejo? —preguntaron Zatanna y Constantine al mismo tiempo.
Para cualquiera podría haber sonado ridículo que un poderoso psíquico haya robado un simple espejo. Pero para alguien de sus conocimientos sobre el mundo arcano de la magia eso no sonaba bien. Teniendo en cuenta que la visión de Zatanna mostraba un ritual las cosas eran más claras ahora.
John trató de rememorar lo que sabía de los espejos.
Los espejos, desde épocas remotas, ocuparon un papel muy importante dentro de las leyendas y mitologías en las comunidades, pueblos y países. Y son tan populares que se han mencionado en famosos libros y películas. El escritor inglés Lewis Carroll, por ejemplo, desarrolló magistralmente la idea del espejo como entrada a un mundo inverso en la segunda parte de las aventuras de Alicia. El espejo también fue objeto frecuente de consulta, pues se le consideraba capaz de mostrar sucesos y objetos distantes en el tiempo o el espacio. En el tradicional cuento de Blancanieves, por ejemplo, el espejo tiene la facultad de hablar y responde a las preguntas que le formula la malvada madrastra.
El espejo -como símbolo de la imaginación o de la conciencia, ya que tiene la capacidad de reproducir los reflejos del mundo visible en su realidad formal- se relaciona con el simbolismo del agua reflejante y el mito de Narciso (el joven hermoso que se enamoró de su propia imagen reflejada en una fuente y, en una contemplación absorta, incapaz de apartarse de su imagen, acabó arrojándose a las aguas). El espejo mágico aparece con frecuencia en leyendas y cuentos infantiles convertido en un artefacto capaz de proyectar imágenes que ocurrieron en el pasado o que ocurrirán en el futuro, o simplemente ver en el presente lo que está sucediendo a mucha distancia
Por su capacidad para duplicar la realidad los espejos y otras superficies reflectantes fueron, desde tiempos inmemoriales, una de las herramientas más simples y eficaces para el desarrollo de las habilidades psíquicas, la magia y la adivinación. Numerosas culturas antiguas utilizaron el espejo para observar el futuro, responder preguntas, resolver problemas, encontrar objetos perdidos y personas, e identificar o encontrar a ladrones y delincuentes.
No se sabe con seguridad cuándo apareció el espejo –la superficie pulida y plana en la que al incidir la luz, ésta se refleja siguiendo las leyes de la reflexión- en la vida del hombre, pero se encuentra desde la más remota antigüedad: los utensilios de tocador y objeto manual fueron muy usados en las civilizaciones egipcia, griega, etrusca y romana, siendo elaborados con metal bruñido, generalmente cobre, plata o bronce. Sin embargo, una cosa sí es cierta: desde que los seres humanos se vieron por primera vez a sí mismos en un espejo, ha existido una gran fascinación y misterio en lo que se refiere a estas superficies reflectantes, las cuales han sido sindicadas por algunos como portales hacia otras dimensiones y como poderosos artefactos con poderes de invocación y capaces de atraer espíritus y almas.
Aunque para este siglo materialista el espejo sea tan sólo un objeto de uso corriente en nuestro aseo diario, para otros hombres además tenía una finalidad mística y mágica, y se utilizaba de muy diversas formas.
Porque sobre todo el espejo mágico dice la verdad, pues él tan sólo refleja lo que ve, sin las máscaras o escudos que los seres humanos nos ponemos para protegernos; ellos tienen la cualidad de ver el alma tal como es.
Alma, sombra y espíritu.
Otros lo relacionan con el doble pues también actúa como metáfora del desdoblamiento de la personalidad.
Algunas culturas antiguas creen que los espejos reflejan la "sombra del alma" pudiendo mostrar la verdadera naturaleza de la persona que está siendo reflejada. Esto contribuyó a las leyendas sobre los vampiros y los demonios que no se reflejaban en los cristales ya que no tenían alma que reflejar. La ausencia del reflejo revela su verdadera naturaleza.
Si el espejo contenía energía mágica las cosas empeoraban. El espejo podría transformarse en algún portal dimensional, es decir, como un punto de entrada y salida de energía espiritual; los espejos serían algo así como agujeros, aperturas o "ventanas" de campos de energía que rodean a los reinos espirituales y dimensionales. Por ello, algunas entidades como los espíritus podrían deslizarse a través de las aberturas de los espejos en el plano físico, lo que implicaría también que los espíritus más negativos también podrían acceder a estos portales, debido a que la capa astral más cercana al plano físico está lleno de los denominados bajos astrales.
¿Hermano Sangre estaba planeando traer a Trigon a través de un espejo por medio de un ritual? Era lo más lógico a primera vista. ¿Pero no era su hija ya un portal para su acceso a este mundo? ¿Qué era lo que en verdad quería?
Cabe mencionar que estaba un poco confundido.
—Rápido, John —apresuró la maga mientras deshacía el encantamiento de hielo que cubría a Kid Flash y a Chico Bestia—. Deja lo que estás pensando para otro momento. Debemos llevar a estos dos chicos a su torre. Levántalos. Ellos están bien, pero necesitan descansar. Yo me haré cargo de sus curaciones cuando lleguemos.
OoO
Raven flexionó sus dedos. Le dolían las articulaciones y le latía la cabeza, pero ahora podía moverse, lo que era una mejora.
Podía oír movimientos en la habitación contigua, el rasguño de una silla, el susurro del papel, y se preguntó internamente por las heridas de Red X.
Poniéndose en una posición sentada, Raven logró moverse hacia el borde de la cama. En el momento en que se levantó, sin embargo, supo que sus piernas no eran lo suficientemente fuertes como para sostenerla. Sus rodillas cedieron y cayó, casi rompiendo su nariz contra el piso polvoriento.
«Magnifico», pensó sarcásticamente.
Menos mal que estaba sola porque parecer patética no estaba dentro de sus planes.
Raven se levantó levemente y, dando pasos cortos para no forzar y caer nuevamente y de paso perder su orgullo, salió por la puerta, intentando encontrar a Red X. La otra habitación era un poco más grande que la anterior, llena de cajas de aspecto sospechoso. Red X descansaba en un taburete, ocupado aplicando ungüento a una herida en su muñeca. Raven levitó y aterrizó detrás de él y el chirrido resultante hizo que él girara la cabeza.
— ¿Qué deseas? —preguntó Jason con suspicacia.
Raven tomó su muñeca sin que él se lo pidiera, su otra mano brillaba de color azul, la acercó hacia el lugar y sanó su lastimadura.
Red X se apartó, mirando a la piel sin estropear.
—Extiende las palmas de las manos—ordenó Raven.
Sus ojos se estrecharon, pero obedeció, viendo lo que ella le hizo a su muñeca.
Raven colocó sus palmas sobre las de él y cerró los ojos, enfocando su poder. Su magia fluyó hacia sus manos, transfiriéndose a Red X. Un brillo azulado los envolvió a ambos mientras su poder corría por su cuerpo, sanando sus moretones y cortes. Al mismo tiempo, ella se curó a sí misma, cerrando sus propias heridas. Cuando terminó, abrió los ojos para encontrar a Red X observándola atentamente.
Por alguna razón insondable, ella desvió sus ojos.
— ¿Por qué me ayudaste? —preguntó él, su voz sin emociones.
—Porque me ayudaste. Soy un superhéroe. Tengo que devolver favores.
— ¿No te cansas de eso? —preguntó Jason—. Siempre estás atado a la persona que te ayudó, siempre tienes deberes... nunca puedes vivir de la manera que quieres.
—Así es como quiero vivir —respondió Raven, volviendo la cara—. Mis poderes se pueden usar para el bien y el mal. Prefiero que se usen para el bien.
— ¿Y qué es el bien para ti? —preguntó Red X, sus ojos no abandonaban su rostro. — ¿Quién puede decir qué es bueno y qué es malo? Vivo mi vida como ladrón, y todavía veo las mismas puestas de sol y la misma mierda de siempre. Tal vez mi vida no sea más dulce que la tuya. Cada día que vivo, robo y me enorgullezco de mi oficio. Todos los días veo que el sol se hunde, sé que no me han atrapado, que soy el mejor que existe. Nadie puede compararse a mí.
— ¿No eres tú el modelo de la humildad, no? —preguntó Raven secamente, arqueando las cejas. Por dentro, sus emociones se estaban peleando. ¿Quién iba a decir qué era bueno y qué era malo? Ella podría vivir su vida sin obligaciones para el público y aun así estar satisfecha. Pero ella nunca iba a admitir ante Red X que su razonamiento le parecía muy atractivo.
Parecía saber lo que ella estaba pensando de todos modos, porque comenzó a reírse—. Parece que no eres tan superhéroe como crees —dijo.
Descubrió que le gustaba el sonido de su risa, su verdadera y genuina risa—. Soy más superhéroe que tú. Debería estar capturándote ahora mismo, ya sabes. Capturándote y llevándote al resto de los Titanes —. Ella sonrió, mirando su suave máscara de marfil que ahora lucía completa. Ya no podía ver su ojo verde esmeralda ni su cabello bicolor.
—En cambio, curaste mis heridas y comenzaste a discutir conmigo sobre el heroísmo y la ética.
Raven suspiró, la sonrisa desapareció. Tenía razón: ella no se sentía como un superhéroe... al menos, ya no—. Te lo dije, te curé porque tenía que hacerlo.
—No, no lo hiciste. Si fueras Birdie Boy, te habrías curado y habrías ido tras de mí de todos modos—. Su voz tenía un borde de alegría—. Sólo soy un criminal que no es bueno para él.
—No soy Robin —dijo la empática simplemente.
—No, no lo eres —respondió suavemente Jason. Ella se encontró con sus ópticas blancas y agachó la cabeza, sin querer que él viera la incertidumbre en sus ojos. ¿Dónde estaba la Raven estoica cuando la necesitaba?
—Raven —nombró él para llamar su atención, porque la chica parecía perdida en sus pensamientos.
— ¿Si?
—Necesitas saber lo que Hermano Sangre está planeando, es importante —comunicó Jason.
Trató de recordar todo lo que había escuchado en la reunión que habían tenido en una rara iglesia en Buzzard's Bay, Massachusetts, antes del robo de los objetos, reunión en la cual les habían dado su misión y donde el tal Psimon había descubierto su identidad.
— ¿Acaso traicionaras a tu contratista? —inquirió ella—. Veo que te gusta jugar a dos bandos, pensé que no te gustaba jugar al héroe.
—No significa que no pueda y que no sepa hacerlo.
—Bien, habla —exigió la hechicera.
—Qué te parece a cambio de…—bromeó él tratando de lanzar algún chiste sucio.
—Habla —volvió a exigir—. Sin coqueteos ni rodeos.
—Siempre seria —suspiró Jason—. Él reclutó a Doctor Luz, Victor Zsasz, a Psimon y a mí. Utilizó a tres de nosotros para robar tres objetos específicos: el Talismán de Allidoxius, el Cuenco de Athanor y el Espejo Mágico de Brarath. Dejó lo más importante en manos de Psimon, parece confiar más plenamente en él que en los otros. Desea llevar a cabo un ritual pero no sé de qué se trata, no confió demasiado para hablar frente a mí pero ten por seguro que todo está centrado en ese libro que te robé en nuestra primera cita oficial. ¿Sabes de qué se trata? —quiso saber él.
—Eso no fue una cita —alegó Raven a su estúpido comentario—. Y con relación a lo otro no tengo ni la menor idea.
El ladrón solo parpadeó confundido bajo su máscara.
— ¿Es un chiste? ¿Era tu libro y no sabes lo que contenía?
— ¿Te parece que tengo cara de contar chistes? —repuso Raven frunciendo el ceño—. Solo hice una lectura superficial, no conozco el contenido en su totalidad.
—Eso nos deja en desventaja, Sunshine, pero debes saber que tú eres su objetivo principal.
—Tú tienes un objeto ahora mismo que forma parte del ritual, si no se lo entregas…—caviló la hechicera.
—Si no lo entrego, Psimon leerá mi mente y sabrá que te he contado todo esto y todo terminará para mí —espetó Jason rápidamente—. Debo cumplir con mi trabajo para que no sospeche que los he traicionado. Mientras te mantengas alejada de él supongo que nada malo sucederá pero… ¿Por qué? ¿Qué tienes tú en especial? ¿Qué te hace tan fascinante para él?
—Para ellos… mi padre —confesó ella—. Mi herencia siempre atraerá a fanáticos desquiciados como él.
— ¿Tu papi es un mafioso importante lleno de dinero y armas o algo así?
—Mi padre es un demonio pandimensional, el mismísimo hijo de Lucifer, capaz de reducir este mundo en cenizas con solo un chasquido de sus dedos. Mi alma está atada a él, por eso yo soy importante para ellos.
—Así que Lucifer eh, ¿no es ese al ángel caído ejemplo de la belleza y la sabiduría a quien la soberbia condujo a los infiernos? Eres todo un ángel, pajarito, lo tienes en la sangre. Si tu abuelo o tu padre te hubieran visto como querías arrancarme la cabeza con esa sed de sangre casi psicótica seguramente estarían orgullosos de su pequeña demonio.
—Lo tomaré como un cumplido —dijo ella monótonamente.
—Oh… y eso cambia las cosas —expresó el ladrón—, y eso explica porque parecías casi poseída hace unos momentos cuando nos enfrentamos. ¿Tu papi te estaba controlando?
—No, ese no era mi padre, eso era algo diferente.
«Siento que algo me susurra al oído. Me falla el sueño y se cae el velo. Al fin y al cabo tras mi máscara se esconde un muerto. Algo desconocido, pero que si consiguiera tomar el control todo terminaría. Algo oscuro me envuelve y siento que ya no puedo soportarlo más. Es una sensación horrible».
— ¿Tus amigos lo saben? —interrumpió él sus pensamientos.
—Nadie lo sabe —comunicó la empática—, solo Robin y Kid Flash conocen una parte de mi historia, de las pesadillas, pero prefiero mantener en secreto que todo parece estar agravándose.
— ¿Y qué intentarás hacer? —cuestionó él la forma un poco tonta de pensar de la chica. — ¿Enfrentarte tu sola a Hermano Sangre?
—Esta es mi propia maldición —indicó Raven—, intentare huir si es posible pero… se acerca el fin y creo que es inevitable.
—No debes luchar tu sola…
—No necesito que nadie me diga lo que tengo que hacer —protestó ella un poco enojada—, Jason.
—Entonces si sabes quién soy —dijo él casi congelado.
—Si —. Levantándose, ella le dio un golpecito en la frente con el pulgar y el índice, y una bocanada de aliento escapó de sus labios—. Soy una empática y tu firma mental es tan fuerte, ¿quién más estaría desfilando en el traje hecho por Robin actuando de manera tan estúpida? —. Ella resopló y comenzó acercarse a la puerta de salida, ignorando el estado de shock del ladrón—. A veces eres tan descaradamente obvio que estoy sorprendido de que Dick no haya descubierto que eres tú todavía...
— ¿También conoces su identidad?
—Conozco muchas cosas sobre él. Sobre todos —reveló ella de forma enigmática.
—No sería conveniente que se lo contaras —dijo Jason de forma amarga.
—Y no te preocupes porque no lo haré —manifestó Raven—, es tu historia para contar, tu vida, no la mía. Has lo que creas necesario hacer y lo más conveniente.
—Gracias, pajarito —agradeció un poco más relajado—. Sinceramente es un placer tener tu palabra, aunque si quieres algo más ya sabes dónde estoy. Podríamos compartir esa cama en algún otro momento.
—No tienes nada que agradecer… y no me llames así, tengo un nombre.
Raven caminó y, cuando tocó el picaporte de la puerta para abrirla, Red X interrumpió su salida.
—Raven, algo más que debes saber. Se trata de una mujer —informó Jason.
Ella giro su cabeza y fijó sus ojos amatistas sobre el ladrón.
— ¿Una mujer? —cuestionó Raven un poco desconcertada. — ¿De qué hablas?
—Hermano Sangre hablaba de ella como si se tratase de una diosa que adorar, alguien digna incluso de convertirse en su esposa y juntos reinar, acabar con lo que él llamaba la impureza del mundo. Una mujer peligrosa, una mujer que, para la Iglesia de la Sangre, era su salvación. Parecía que hablara de una figura milagrosa, pero es obvio, teniendo en cuenta que no es más que una secta.
— ¿Y quién es ella? —quiso saber la hechicera.
—No estoy seguro, pero ese anciano la llamaba…—trató de recordar su nombre. — ¿Comandante Lenore? ¿Así era? Sí, estoy seguro que ese era su nombre. ¿Sabes quién es?
Raven quedó estática en su lugar.
¿Lenore?
Trató de rememorar a todas las personas que conocía o de las que había escuchado pero ese nombre no lo había oído nunca en su vida. Si era tan peligrosa debería ser conocida o por lo menos estar registrada en el archivo de villanos pero, para ella, era un enigma.
—No tengo ni la menor idea de quién se trata, lo siento —dijo ella abriendo la puerta. Necesitaba volver con sus amigos y ver si estaban bien—. Mantente a salvo y estaremos en contacto.
—Sí, lo mismo digo. Mantente a salvo —expresó Jason pero la chica había desaparecido antes de contestarle.
Lenore.
¿Quién demonios era Lenore?
¿Y por qué era alguien importante para la Iglesia de la Sangre?
Jason observó como las luces empezaron a parpadear. Un escalofrió recorrió su cuerpo cuando el ambiente heló por unos segundos.
«Extraño», pensó él.
Se quitó la máscara y se dirigió a su cuarto. Necesitaba una ducha urgente en este mismo momento, estaba hecho un asco luego de esa batalla con la bruja.
No tuvo tiempo de prestar atención a la oscura mujer que lo observaba con una sonrisa siniestra desde el espejo.
Tampoco pudo escuchar el funesto rictus que se oyó.
Luego… el espejo se agrietó.
Disculpen por la tardanza en actualizar pero actualmente la Universidad exige casi todo mi tiempo y me queda poco para escribir, sobre todo culpa de mi ambición de querer empezar a estudiar una segunda carrera junto a la primera, dos carreras, psicología y medicina, así que ya se imaginarán. Pero la historia será terminada, no se preocupen por eso.
También tengo planeadas dos historias más, dos de universo alternativo para variar un poco del tema de superhéroes: otra historia de Raven y Wally, y una de Tim Drake y Raven. Veremos cómo me acomodo para empezar a escribir.
Sinceramente espero que les haya gustado el capítulo.
¿Qué opinan de ese sueño de Raven?
Sobre otro dato más, el nombre Lenore del final no es inventado por mí, para los que leyeron los últimos números de Titans sabrán de quien se trata.
No se olviden de comentar que les pareció. Nos leemos en el próximo capítulo…
Saludos!
