Los personajes de Saint Seiya no me pertenecen, son propiedad de Masami Kurumada, Chimaki Kuori y Toei Animation.


26) ... incómodo cuando eres el único que sigue hablando cuando todos callan.


El grupo gritaba; algunos peleaban y otros corrían por todo el salón, haciendo y deshaciendo. Su maestra todavía no llegaba y a pesar de que el receso ya había terminado, por el estado en el que estaba su salón parecía que este sólo se había prolongado a las cuatro paredes entre las que estaban.

Subaru se mantuvo en lugar, con su cabeza recargada en su mano, sólo esperaba aburrido a que la maestra regresara y pusiera algo de orden. A él no le gustaba cuando la maestra se retiraba, eso le daba a sus compañeros la oportunidad para hacer desorden y llenar el salón de gritos. Eso era lo que más le molestaba, las voces que poco a poco subían de volumen hasta convertirse en un escándalo que podía escucharse hasta Macedonia.

Trató de concentrarse en su libro, pero uno de sus compañeros no tardó en acercarse para tratar de charlar e integrarlo a la escandalosa charla grupal.

—¡Subaru! ¿Qué estás haciendo?

—Leyendo, Edén, no te haría daño hacer lo mismo.

—Eres igual de aburrido que Emony —se quejó el chico señalando a su compañera sentada más adelante, que también ignoraba a todos sus compañeros para concentrarse en su libro.

—Cierto, soy aburrido, será mejor que vayas con los otros antes de que se te pegue.

—¿Pero sabes cómo se te quitará? —preguntó Edén, ignorando a su fastidiado compañero— Únete a nosotros, estamos jugando fútbol, los perdedores comprarán dulces para todos.

—Paso.

Subaru le dio una vuelta a la hoja de su libro, fingiendo que se concentraba en su lectura; Edén no era su amigo, apenas y habían intercambiado palabras y en la mayoría de esas veces el chico frente a él lo molestó o se burló de él en alguna forma, no iría con Edén ni a la esquina.

—Vamos Subaru, deja de ser un aburrido y ven a divertirte un poco, nos falta uno.

—Pues qué lástima.

—No seas un aguafiestas.

Cansado de la insistencia, Subaru cerró su libro y miró a su compañero molesto. Antes de decir cualquier cosa miró la puerta del salón abierta y a algunos de sus compañeros asomarse por ella; parecía que la maestra todavía tardaría en llegar, para su desgracia.

—Eden, no te agrado y ciertamente tú tampoco me agradas, ¿por qué de repente eres tan "amigable"?

—Porque no soporto ver qué alguien del grupo no se acopla, suficiente tengo con Morticia —Eden señaló a Emony—, y también quiero patearte el trasero en un juego extraoficial.

—En ese caso no, gracias.

—Vamos, ¿acaso eres un gallina?

—Sí, lo soy, qué lástima, ahora ve a jugar como un niño de cinco años.

Edén rodó los ojos, se acomodó de mejor forma frente a su compañero y cruzó los brazos, tenía la seguridad de que nadie lo correría porque ese era su lugar, así que se acomodó a sus anchas.

—No entiendo, ¿qué es lo que te sucede? ¿deberías de relajarte? El recreo se ha extendido, este es el paraíso.

—Voy a decirte, esto no es divertido para mí, de hecho no me gusta pasar tiempo uniendome a sus aburridos juegos —dijo, subiendo en volumen de su voz para que las voces de sus compañeros no lo opacaran—, pero lo que más, más me disgusta es el hecho de que perdemos tiempo valioso de clase sólo porque la maestra cree que tiene alguna oportunidad con el director Shion, lo que es una mala idea porque al director no le gusta cuando los profesores dejan de dar sus clases, así que eso la convierte en terrible profesora, y una mujer muy, muy desesperada.

Una vez terminando su discurso miró a Edén, que pronto dejó de prestarle atención. Todo el salón estaba en silencio, lo que permitió que Subaru se percatara de que todos sus compañeros lo miraban, y algunos otros más miraban al frente, a la puerta donde la maestra lo miraba con los brazos cruzados y las mejillas algo rojas.

—Rayos —dijo Subaru en voz baja, Edén sólo se rió mientras se acomodaba hacia el frente.

—¡Subaru! ¡A la oficina de Shi- el director! —dijo la mujer señalando las afueras del salón.

Subaru suspiró, guardó sus cosas en su mochila y se levantó con pesar. De todos los momentos que sus molestos compañeros eligieron para cerrar la boca, tuvieron que hacerlo justo cuando la maestra hizo al fin acto de aparición.