Los personajes de Saint Seiya no me pertenecen, son propiedad de Masami Kurumada, Chimaki Kuori y Toei Animation.
27) ... vergonzoso cuando no prestas atención y no sabes de lo que te hablan.
Mine estaba ocupada tratando de decidir en qué lugar colgaría la katana que su esposo le había comprado como regalo de aniversario. Ella era una gran fan de las armas antiguas, su pequeño estudio estaba lleno de algunas de ellas. Estaba tan entretenida, sosteniendo su arma y mirando en todos lados que no notó cuando su hijo entró a la habitación, algo exaltado y molesto.
—Mamá, ¿podrías decirle a tu esposo que no voy a meterme en ese diplomado de ingenia? Estoy demasiado feliz en mi trabajo normal y para entrar a eso debería de tener mínimo la carrera terminada —se quejó el pelinegro.
—Claro cariño, yo lo hago, dame un momento.
Mime analizó poner la katana justo arriba de su escritorio, así cuando una persona entrara lo primero que vería sería a ella y su poderosa arma. Shura sólo asintió y salió de la habitación, buscando encerrarse en su cuarto y ver una película en internet, confiando en la palabra de su madre.
Consideró después colocar el arma en la pared de enfrente, justo arriba de su título universitario y las fotografías de Shura cuando era un niño; estaba analizando como quedaría cuando su esposo entró, molesto y refunfuñando.
—Mine, ¿podrías decirle a tu hijo que es un diplomado en ingeniería alimenticia? No puede estar en eso sin mínimo tener algo de estudios, aprender con Izo no es exactamente lo mejor, sólo quiero que él tenga las mejores herramientas para que nadie lo desprecie por no tener estudios.
—Claro amor, dame un minuto y lo haré —dijo, pensando que tal vez una remodelación estaría bien, aunque eso podría molestar a los vecinos del piso de arriba o abajo.
—De acuerdo —Cid sólo le besó la mejilla—, gracias.
—¡De nada!
Cid salió algo más tranquilo, sabía que Shura a veces podía ser algo cabeza dura, pero no le decía a su madre que no, si alguien podría convencerlo era ella.
Mine continúo evaluando sus opciones, estaba algo indecisa sobre el lugar donde la colocaría y comenzaba a pensar que debía de darse por vencida cuando Izo tocó la puerta de entrada, algo fastidiado.
—¿Puedo pasar?
—¡Izo!, Adelante, eres bienvenido, ya sabes —dijo ella, dejando su katana en su escritorio, ahora pensando en mover algunos de sus muebles para encontrar la mejor manera de que sus armas lucieran bien—, ¿a qué debo el honor de tu visita?
—Shura habló conmigo, dijo algo sobre un diplomado y Cid me envió un mensaje sobre lo importante que son los estudios… Mine, sólo quiero que hables con ellos para que me dejen de meter en medio de sus peleas —Izo juntó las palmas de las manos—, por favor, no quiero inclinarme a algún lado, intercede y sálvame de las disputas familiares.
Mine asintió, si movía su escritorio frente a la venta podría acomodar sus armas en ambas paredes. Sus pensamientos se interrumpieron cuando notó la insistente mirada de Izo sobre ella.
—Claro, dalo por hecho, acepto —dijo, sin pensar.
—Gracias Mine, eres un ángel —el pelinegro le dió una leve inclinación—, ¿es la katana que te compró Cid?
—Sí, aún no sé dónde ponerla —respondió sonriendo, al fin alguien le preguntaba algo que ella conocía.
—Podrías ponerla a un lado de ti, sólo necesitas algo para sostenerla parada y siempre la tendrás cerca, apuesto que con eso tu esposo e hijo dejarían sus peleas.
Ella abrió los ojos, no había pensado en eso pero ahora que lo analizaba era una idea genial. Feliz por la sugerencia, invitó a Izo a cenar; justo cuando se sentó en la mesa y miró las expresiones serías de sus dos chicos sumamente parecidos. Recordó que ella había prometido hacer algo, pero no sabía qué; a su mente sólo venían las voces lejanas de su familia y ella contestando al azar. ¿No le tocaba a ella hacer la cena? ¿O era sobre su nueva espada?
—Pedí pizza —dijo Cid después de un tenso silencio.
—¡Genial!
Mine se quitó un peso de encima, no debía de prepara la cena; pero aún así la mirada de los tres le daba una mala sensación, como si estuvieran esperando algo de ella.
—Mine, me estabas contando algo… —inició Izo, haciendo una mala actuación.
—¿Yo?
—Tal vez es sobre algo que platicamos hace rato, ¿lo recuerdas, mamá?
—¿Yo? —repitió, señalándose.
—¿Hablaron? ¿Ya lo hiciste entrar en razón? —preguntó Cid, algo alegre ante las noticias.
—¿Entrar en razón? ¿Yo? —Shura frunció el ceño—, creo que te confundes papá, eres tú quien debe de entrar en razón.
—No según lo que dijo tu madre.
—Mamá dijo exactamente lo contrario a eso.
Mine miró de un lado al otro, confundida con respecto al intercambio de palabras, desconociendo el tema central de la conversación. El intercambio comenzó a aumentar de volumen, la tensión se podía palpar. Gracias a eso pudo diferir que debía de tratarse sobre el sueño de Shura de convertirse en chef profesional y la decepción de Cid de que su único hijo no fuera un ingeniero en algo.
Algo le habían dicho ellos, pero ella no había puesto la suficiente atención, además de que también tenía a Izo esperando su intervención. Sólo un milagro la salvaría, lo imaginaba, esas cosas le pasaban por no poner suficiente atención, Calvera y Yuzuriha siempre se lo estaban diciendo, cuando no olvidaba que debía de reunirse con ellas. La discusión se detuvo y los tres pelinegros la miraron, esperando su intervención.
—Bueno… —inició, nerviosa— yo creo… —dijo, acomodando su cabello detrás de su oreja, sin idea de qué decir. Para su suerte el sonido del timbre la interrumpió— ¡Es la pizza! No se levanten, yo voy por ella.
Al menos el universo se apiadó de ella y le dió un aplazamiento para poder averiguar qué sucedía, de ahora en adelante le pondría más atención a lo que sucedía a su alrededor.
