Los personajes de Saint Seiya no me pertenecen, son propiedad de Masami Kurumada, Chimaki Kuori y Toei Animation.
28) ... vergonzoso cuando derramas tu bebida sobre alguien.
Fafner solía levantarse temprano, cuatro de la mañana, y se preparaba para partir al hospital a continuar trabajando tan genial como siempre. De camino al trabajo siempre pasaba a una de las tiendas cercanas a comprar su café, también porque le gustaba ver a las chicas que trabajaban en el lugar, tanto la rubia alta y de buen cuerpo como la pelirroja bajita que tenía mal carácter pero era algo bonita.
Recordaba a la perfección una ocasión en la que la rubia usó un par de pantalones ajustados que lo dejaron ver más de lo que la imaginación le permitía. Sin embargo, en los últimos días había un chico con ellas qué parecía notar las miradas pervertidas de Fafner, todo diciembre el chico se ponía frente a la caja, vigilando el movimiento de sus globos oculares.
Mientras se servía su café notó que la joven rubia estaba cerca de la caja, colocando algunos dulces frente a la misma y la joven pelirroja estaba alejada, hablando con una mujer. Ese día sería aburrido, lo sabía; cuando se acercó a la caja el chico lo atendió de forma normal, después de achicarle los ojos para mostrarle que estaba atento a todos sus movimientos. Fafner sólo rodó los ojos, y entonces lo notó; justo en ese momento la chica rubia se agachó frente a él, algunos dulces se le habían caído, y debido a que tenía la camisa de su uniforme abierta él pudo ver a la perfección su blanca piel y el nacimiento de sus pechos.
Sólo fueron un par de segundos, pero eso fue suficiente para que él golpeara accidentalmente su vaso de café que había dejado sobre el mostrador. El líquido negro salió volando directo al cajero y su computadora, no hubo forma de detenerlo.
—¡Mierda!
La voz del cajero llamó la atención de sus compañeras, que se acercaron alarmadas.
—¡Milo! —la rubia se alejó del lugar, a la zona de comida donde había varios trapos.
Milo se limpió las manos con su pantalón, el café estaba caliente. Fafner sólo reaccionó cuando la chcia rubia regresó con un montón de trapos para limpiar el mostrador, la pelirroja y la mujer ayudaron al joven cajero con sus manos algo quemadas. Podía ser un pervertido, pero eso no evitaba que Fafner se sintiera avergonzado por el accidente que él había causado por estar mirando donde no debía.
Sin saber qué decir, agarró algunos de los trapos y comenzó a ayudar en el trabajo de limpieza; estando cerca de la rubia se prcató de que tenía cierto olor silvestre, como un bosque o algo cercano. Estaba acercándose un poco más de la cuenta a la chica cuando sintió una fuerte mirada sobre él; Milo lo miraba sin expresión en su rostro, pero sus ojos denotaban que estaba a punto de convertirse en un homicida.
—Lo siento mucho caballero —la voz de la mujer en la tienda, la encargada al parecer, volvió a distraerlo— no se mojó, ¿verdad?
—Para nada señora, pero le recomendaría que en el futuro contrate gente más competente, este tipo de accidentes pueden pasarle a cualquiera que no es cuidadoso.
Sí, había sentido pena porque derramó su bebida sobre el cajero, pero esta no tardó en orientarse al hecho central de que su café estaba derramado. Era un desastre, pero no se concentraría en las malas noticias, debía de avanzar, superar su café y su pena para concetrarse en los hechos actuales: descubrir el nombre de la rubia que ya se había movido hacia donde estaban sus otros dos compañeros para exprimir los trapos sucios.
—¿Y qué pasará con mi café? Digo, su empleado fue algo descuidado —dijo, mirando a la jefa que miraba preocupada la computadora apagada y el teclado lleno de líquido.
—Por supesto caballero, se lo repondremos… —la mujer miró a sus empleados, Shoko ya había sacado a Milo del lugar y lo había llevado al pequeño fregadero que estaba en el área de cocina para que se lavara y no matara al cliente— Katya, ¿podrías…?
—Claro, Olivia.
Katya dejó todos sus trapos llenos de café y caminó a la cafetera, provocando que Fafner desviara descaradamente la mirada hacia la chica que le daba la espalda.
—¿Pagará con tarjeta o efectivo, señor? —la voz de Olivia lo regresó al frente, ¿quién diría que tirarle el café a alguien le traería tantos beneficios?
Sólo debía de ser cuidadoso, no tenía el atractivo del cajero y la rubia parecía un poco más joven que él, pero era un reto que estaba dispuesto a superar, al menos hasta que viera a otra chica linda.
