Capítulo 25: Nevermore

Las paredes volvieron a temblar.

En ese momento hubo una explosión en el piso superior. Todos levantaron la vista y observaron cómo caía polvo del techo y oyeron fuertes ruidos.

Toda la Torre se sacudió y Zatanna comprendió, al mismo tiempo que el vidrio blindado que protegía la ventana de la enfermería reventaba con una fuerza explosiva, que la edificación estaba siendo asolada por la fuerza siniestra de la hija de Trigon.

¡Dleihs won! —conjuró la maga cuando percibió como una masa negra indefinida intentaba entrar por la puerta de la enfermería.

— ¿Qué es todo ese ruido, Zee? —quiso saber Robin, la impaciencia adornando su acento mientras advertía todo este aterrador espectáculo. — ¿Qué diablos sucede ahí arriba?

Todos en el cuarto estaban intranquilos y asustados. Lo único que se escuchaba eran gritos, golpes y sacudidas. Parecía que una guerra campal se estuviera librando por encima de ellos.

—Zee —llamó de nuevo Robin.

—No se preocupen —trató de tranquilizarlos la maga—, todo está bien, él puede manejarlo.

—Creo que algo está intentando entrar por la ventana —murmuró Terra observando con pavura la lumbrera.

—¿Necesitas ayuda? —preguntó Chico Bestia haciendo un esfuerzo por levantarse de su sitio en la cama y quizás poder hacer algo.

—Podemos… —dijo Starfire tratando de brindar asistencia.

—Puedo actuar sola desde aquí —intervino Zatanna cortantemente, y apuntó con la varita a través de la ventana rota, aunque apenas veía por ella, y se puso a murmurar conjuros muy complejos para los oídos de todos los presentes, menos para su primo que entendía perfectamente la complicada concatenación pronunciada al revés.

Robin oyó un extraño eco, como si la maga hubiera desencadenado la fuerza del viento fuera de la Torre.

—Zee —dijo acercándose a la mujer que lucía concentrada en su tarea—. Perdona que te interrumpa, pero, ¿qué está pasando?

Tcetorp siht moor —recitó ella antes de mirar al líder de los Titanes—.Los poderes de ese demonio están fuera de control y algo está intentando entrar.

—Raven —la corrigió el líder—, es parte de mi equipo. Ella ha salvado este mundo una vez, y…

—Raven —interrumpió con mordacidad la maga, como si pronunciar ese nombre le dejara un mal sabor en la boca—, como tú la llamas, también es una responsabilidad y fue la causa del fin del mundo una vez por si no recuerdas. Como hija de Trigon…

—¡Cuánto tiempo vas a sostener eso contra ella, Zatanna! —gritó enojado Wally desde su posición en el piso, todavía petrificado.

—¿Y qué? No todos nacen en el negocio de los héroes —siguió Robin con su acotación—. Algunos de nosotros hacemos todo lo posible por alejarnos de la sombra de nuestro padre.

Hubo silencio por un momento mientras la tensión parecía regir todo el escenario.

Robin suspiró, frotándose la cara con la mano recordando la situación del padre de la maga, recluso por el casco del Doctor Fate.

—Todos lo intentamos, Dick —Zatanna finalmente respondió lentamente con voz rígida.

—Mira, solo estoy tratando de entender que sucede con uno de los miembros de mi equipo —Robin gruñó.

Zatanna se rio entre dientes—. Estás dejando que tus emociones vuelvan a gobernar tu juicio. Y yo siempre pensé que te gustaban más las pelirrojas.

La edificación volvió a estremecerse.

Las paredes y el techo retemblaban más que nunca, había mucho polvo suspendido en el aire y, a través de la ventana más cercana, Robin vio alarmado como cientos de cuervos negros intentaban entrar al edificio y no con buenas intenciones. Sin embargo, estos solo se desintegraban cuando hacían contacto con una especie de barrera mágica que les impedía su acceso.

Y de repente algo explotó.

Todas las bombillas en el techo estallaron simultáneamente, bañando el piso con una cortina de vidrio roto.

Calor. El fuego se disparó, incinerando el pasillo que daba a la puerta de la enfermería. Las paredes, el techo, incluso el suelo. Todos podían sentir la superficie caldeándose; el fuego carmesí, encerrándolos por todos lados.

Las llamas se avivaron y la oscuridad comenzó a brotar de la misma, zarcillos negros pululando a través de la luz.

— ¿Y ahora qué opinas? —preguntó con sarcasmo la maga. — ¡Esluper!

— ¿Qué demonios es todo esto negro? —interrogó el Chico Maravilla viendo el anómalo fuego que parecía querer entrar a la sala—. Parece la energía de Raven.

—No es su energía en absoluto, Dick, es su ser-alma —corrigió ella explicando mientras controlaba las llamaradas—. Está fuera de control.

Y en ese mismo instante, sin que lo pudiera sortear, la mente de Zatanna había entrado en caída libre, invadida por un torbellino desbocado de pensamientos ajenos a ella hasta ese momento.

Era un lúgubre limbo de oscuridad. Ella sintió como si su cuerpo estuviera suspendido en una especie de agujero sin forma, cayendo en el vacío absoluto, donde la locura se agitaba en los bordes de sus sentidos. Hay una voz suave, no la canción de cuna que una madre le canta a su hijo, sino la canción de un demonio, insidiosa, odiosa, que se cierne en la negrura crepuscular. Su conciencia parece querer desvanecerse, y toda sensación de autoconciencia se desmorona bajo el lento arrastre del olvido.

«¿Qué es todo esto?

Todas estas imágenes...

Todo es borroso, pero de alguna manera puedo recordarlo. No hay otra palabra para describirlo. Este lugar es el infierno.

No puedo moverme. Yo solo... no puedo, por más que lo intente.

Era demasiado. La desesperación, el dolor... el sufrimiento».

—¡Zee!

«Oigo la exclamación de mi nombre, pero no hago caso ya que algo más me obnubila.

También escucho lo que parece ser el sonido de… ¿una trompeta?

Entonces hubo granizo y fuego mezclados con sangre, y esto fue arrojado a la tierra. Y la tercera parte de la tierra se calcinó; también la tercera parte de los árboles se quemó, y toda la vegetación verde se chamuscó.

Otro eco de trompeta. Entonces algo parecido a una montaña grande en llamas fue arrojado al mar. Y la tercera parte del mar se convirtió en sangre; la tercera parte de los seres vivos del mar murió.

Una tercera cacofonía. Entonces del cielo cayó una gran estrella ardiendo como una antorcha. Cayó sobre la tercera parte de los ríos y sobre los manantiales.

Una cuarta resonancia. Entonces fue herida la tercera parte del sol, la tercera parte de la luna y la tercera parte de las estrellas. Así la tercera parte de ellos se oscurecería y la tercera parte del día no tendría luz, y lo mismo pasaría con la noche.

El aire está plagado de hedor a carne quemada y contaminación. Afuera, los cuerpos se alinean en las calles. Las mismas están manchadas de sangre.

Los elementos destruidos con fuego intenso, y la tierra y las obras que hay en ella quemadas.

El cielo está teñido de rojo.

La noche eterna se proyecta sobre la tierra, ya sea por las nubes, el smog o por el trabajo de alguna otra oscura fuerza.

Las personas se matan entre sí sin pensarlo dos veces. No, mejor dicho, se complacen en ello. Es el placer de hacer sufrir a otros, aplastándolos en el olvido para su propio beneficio. Todo como manifestación de sus demonios personales, y matan, matan y matan. Una sociedad enajenada, enferma.

La sombra colectiva. El poder del lado oculto de la naturaleza humana. Los aspectos más tenebrosos. La tiranía y el poder en manos de unos pocos.

Es como si el prójimo fuera solamente un objeto para satisfacer la agresión, explotarlo, usarlo sexualmente, humillarlo, infringirle dolor, martirizarlo, asesinarlo.

Allí suspiros, llantos y altos alaridos resonaban al aire sin estrellas.

Todo apesta a despreciable decadencia.

La inmundicia obscurecida engendra una corrupción desvergonzada. Los inocentes gritan; los malvados silencian sus voces; los pecadores se arrastran. Es una violencia sin sentido, irracional, sin objeto o gratuita. Está aplastando la mente y el alma de todos, hasta que la vida sea una carga y la muerte sea una bendición. Estas son las personas que yo y la Liga luchamos por salvar día a día

¿Cómo es posible que una minoría logre someter a sus deseos a la masa del pueblo? ¿Qué esperanza hay? ¿Qué cuestión hay en la lucha? Pareciera que el objetivo último de la vida fuera la propia extinción.

Siento que hay solamente dos alternativas: participar en esta psicosis colectiva o crucificarse.

Al final, nada tiene sentido. La muerte parece ser el único árbitro, y es la única que trata de manera justa a todos. Como si solo fuera una cuestión de cuánto se sufre antes de que la muerte reclame el alma y la consigne al olvido imperioso.

Al final, todos estamos condenados.

La locura me pisa los talones y el insidioso susurro resuena en mis oídos. De repente todo es tan frío, tan frío, y aun así está ardiendo. Es un fuego ardiente, abrasando mi carne, queriendo derretirla directamente de mis huesos. El dolor es inimaginable.

El cielo llueve sangre y la fetidez a azufre invade todo. Grueso granizo, y agua sucia y nieve descienden por el aire tenebroso; hiede la tierra cuando la recibe.

Una quinta trompeta. Millones de demonios aparecen visiblemente en la tierra. Una plaga de "langostas demoníacas" atacan y torturan a la humanidad. Con el sonido de la sexta los demonios, en ejército, matan a la tercera parte de las personas en la tierra. Miles de sacrificios. Y otros miles arrodillados adorando al demonio, su Dios.

Trigon está en silencio mientras no pierde de vista nada de esto, con una desagradable sonrisa de complacencia en su nauseabunda faz.

Él, junto a su hija. Raven.

El infierno está vacío y todos los demonios están aquí.

El infierno está aquí, entre nosotros. Es el mundo detrás del mundo.

Esto no era una noche simplemente. Era la noche oscura del alma.

Una séptima trompeta. Un terremoto estremece todo. Se acompaña de ruidos, truenos y relámpagos. El tiempo se encamina hacia el final.

Una voz taladra mi cabeza. Era un ultimátum y el mensaje que transmite no es muy alentador:

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"Arderás con el resto de tu especie"».

—¡Zee! —gritó Zachary irguiéndose de su lugar en la camilla para auxiliar a su prima la cual parecía estar completamente en un letargo. — ¿Qué mierda haces? ¡Muévete, maldición!

—¿Qué? —preguntó Zatanna despertándose finalmente de su horripilante ensoñación, parpadeando claramente confundida por lo que acababa de ver.

¡Retaw! —bramó el joven mago parándose rápidamente a un lado de la maga, y un manantial de agua salió despedido de una de sus manos.

Robin aprovechó y lanzó un disco de gas congelante junto al líquido, pero eso fue más rápido y uno de los zarcillos cortó la pierna de Zatanna produciendo una herida superficial. El fuego seguía creciendo en tamaño amenazando con consumir todo a su paso.

—Maldición —gruñó dolorida la mujer adulta apretando con su mano la contusión punzante.

—¿Qué haces, Zee? —volvió a interrogar Zachary—. No te distraigas. Enfócate.

—Es su empatía —advirtió la maga—. Me reveló algo que hubiese preferido no ver. No tienes ni la menor idea de lo que me mostró.

—¿Te encuentras bien? —preguntó Robin algo preocupado.

—Si —afirmó la maga levantando la varita y con un movimiento zigzagueante disipó la gran parte del fuego junto a los poderes de Raven. Su mirada ahora era de determinación mientras daba un paso al frente lista para avanzar—. Ya estoy bien —expresó en un frío susurro.


John flotaba por un estrecho túnel de espiral rojo y negro. Necesitaba moverse cuidadosamente alrededor de las curvas irregulares; quizás la inestabilidad del estado mental de la chica estaba causando el paso enredoso.

La mente de Raven ahora mismo era como estar en una especie de limbo. Solo podía ver colores y esferas luminosas. Eran sus recuerdos. Constantine se movió continuamente y se acercó a una, y cuando la tocó, una luz radiante lo cubrió.

En este momento una mujer estaba observando el pequeño cuerpo en sus brazos cubierto con una frazada. En ella estaba envuelto un pequeño bebé que dormía en una imperecedera mudez. Con cautela, la mujer levantó a la pequeña más cerca para escudriñarla mejor. Se parecía a ella, de alguna manera. Incluso tenía rastros de fino cabello violeta en su suave cabeza. Sin embargo, a diferencia de ella, su bebé tenía una piel excepcionalmente pálida. Probablemente un signo de su "herencia", sin lugar a dudas.

John quedó observando la escena ante sus ojos. Ese bebé era Raven, seguramente con su madre.

La mujer estaba angustiada porque sabía lo que la vida le depararía a su hija. Apartó la tela y le dio un suave beso en la frente. Ella se veía tan tranquila. Sin embargo, reprimió sus lágrimas mientras pensaba en el futuro que le depararía. Su hija nunca tendría una vida normal. Viviría para siempre como un paria. Y todo por su culpa, por su necedad. Todo porque había sido engañada por uno de los demonios más viles del universo. Ella lo odiaba, pero se odiaba más por ponerle este destino a su hija. Su padre siempre la perseguiría, eso lo sabía.

John se alertó cuando alguien más entró en escena.

Detrás, un hombre con una túnica con capucha entró en su habitación y caminó suavemente hacia ella. Al ver su angustia, él colocó una mano reconfortante en su hombro.

—Señora Arella, ¿está bien la niña? —preguntó.

Arella asintió suavemente.

—Sí, ella está bien por ahora —. Pasó un largo silencio. Lentamente, Arella levantó la cabeza todavía sin mirarlo, quizás por vergüenza. — ¿Qué va a hacer el comité?

—Todo lo que esté a nuestro alcance —respondió el hombre—. La entrenaremos. Le enseñaremos a controlar sus poderes. Tendrá el mejor adiestramiento que jamás hayamos ofrecido. Ella... podría tener una oportunidad.

—¿Adiestramiento? — cuestionó John con recelo, a pesar de no ser escuchado por ninguno de los dos. — ¿Acaso se piensan que es una mascota?

Arella asintió de nuevo.

—Gracias —ella susurró suavemente—. Estoy realmente agradecida por todo lo que han hecho por mí, por nosotras.

El hombre decidió dejar que Arella pasara un tiempo a solas y con suaves pasos salió lentamente de la habitación. Mientras se alejaba, ella siguió mirando a su bebé. Todavía estaba dormida, y ella estaba agradecida. La mujer se acercó a la mecedora y se sentó.

John observó la escena con zozobra.

El movimiento hizo que la bebé se despertara y comenzara a llorar suavemente. Su madre comenzó a mecerla, dándole golpes y besos reconfortantes. Arella no apartó la vista ni una vez, casi temiendo que, si lo hacía, el infernal padre de la pequeña aparecería de la nada y se la llevaría.

Estrellita dónde estás, me pregunto quién serás —entonó la mujer una canción de cuna—. En el cielo o en el mar, una gema de verdad.

Su bebé nunca tendría una vida normal. Eso tenía que aceptarlo. Ni siquiera tendría una infancia.

Esperaba que, tal vez algún día, encontrara la felicidad. Tal vez ella lo haría. Y tal vez algún día, encontraría a alguien que la aceptaría por lo que era, alguien que estaría allí para limpiar sus lágrimas, alguien con quien compartir, abrazarla cuando estuviera triste, hacerla reír, alguien que estaría ahí para ella.

Alguien que la amara.

Describir la dimensión sería imposible; Azarath era la civilización perfecta. La gente era pacifista. Las personas eran almas puras, limpias del mal. Pero todos los que vivían allí podían sentir una presencia oscura cuando nació la hija de Trigon.

En el mundo terrenal, los pájaros siempre han sido descritos como cosas bellas; independientemente de las circunstancias del nacimiento, esta niña es tan hermosa como cualquier otra. Pero es cierto que un mal profundo prospera en su corazón; en el mundo terrenal, ningún pájaro ha parecido tan malvado como el cuervo.

—Bienvenida, mi pequeña Raven.

John sintió una luz incandescente y a continuación, un remolino negro lo succionó.

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Constantine contempló a Raven, ahora una pequeña de seis años, sentada en la habitación de su dormitorio, sola.

Estaba escondida debajo de una larga capa azul oscuro. La parte superior de su cabeza y sus ojos estaban bajo las sombras de su capucha.

En el centro de su frente había una joya, un símbolo de su poder y su maldición.

Nadie venía a visitarla, excepto sus maestros y ocasionalmente su madre.

Todos los demás niños, e incluso la mayoría de los adultos, le tenían miedo. Cada vez que ella pasaba, todos se callaban. Ella los oía susurrar cosas como "niña demonio".

Odiaba su desprecio y lo peor es que ella podía sentirlo con su empatía. No podían ocultar lo que en verdad sentían.

Una vez que había terminado con sus lecciones diarias, corría de regreso a su habitación, tan rápido como podía, y fingía que el mundo exterior cruel no existía. Muchas veces, ella pasaba el tiempo perdiéndose en uno de sus libros. Ella no tenía amigos de verdad, así que sus libros se convirtieron en sus amigos de compañía.

Casi todas las noches se iba a dormir, rezando para que su vida cambiara, pero nunca sucedería.

Ella no era normal.

Él siempre estaba ahí fuera, esperando. Observando, respirando casi en su cuello. A veces él hablaba con ella, ya fuera durante la mediación o en su sueño. Él le recordaría constantemente su naturaleza malvada y cómo nunca sería aceptada. Disfrutaba observando su angustia.

Sin embargo, nunca podría estar segura de si realmente era su padre quien hablaba, o solo sus propios demonios internos.

Constantine siguió a la pequeña Raven cuando la misma salió a la luz del sol.

Uno de los muchachos decidió lanzar su pelota de juguete directamente hacia ella, deliberadamente, muy duro y muy rápido. Raven hizo exactamente lo que se suponía que no debía hacer. La pelota se detuvo en el aire envuelta en energía negra. Había atrapado la pelota con sus extraños poderes telequinéticos, y la disparó de nuevo a ellos con tal velocidad que golpeó al chico con tanta fuerza que lo derribó y él aterrizó en la hierba con un fuerte golpe.

Irritada consigo misma por reaccionar de esa manera, siguió caminando tratando de evitar el contacto con la mayor cantidad de personas posibles.

Caminó tan rápido como pudo hacia el edificio donde se llevaban a cabo las lecciones del maestro Juris. Él la odiaba.

Pasó junto a una casa y una mujer agarró a su hijo de unos ocho años y lo acercó a ella para protegerlo de ella, "el monstruo".

Por supuesto. Ella era el monstruo. Ninguna cantidad de buenas obras iba a persuadir a la gente de que ella era otra cosa.

«¡Pero no soy malvada!».

Su mente lloraba.

Se le escapó el poder y vio como un árbol, cubierto de oscuridad, lentamente se doblaba y se torcía fuera de forma.

¡Ella no había querido hacer eso!

«¡Deja de sentir! Mantén tus emociones bajo control».

Las emociones eran su enemigo, gobernaban sus poderes.

Quería mantener el control, pero cada vez que lo intentaba era como si un demonio dentro de ella la quisiera obligar a usar sus poderes para medios retorcidos.

Algo muy en lo profundo dentro suyo quería probar el miedo de todos. Algo le decía que le traería tanta satisfacción emocional causarles tanto dolor. Y tenía la intención de forzar a todos al suelo mientras caminaba sobre ellos. Los obligaría a arrodillarse. Los monjes podrían resistir, pero no eran rival para sus propios poderes.

En términos de poder psíquico en bruto, la pequeña niña era una gigante, y podía jugar fácilmente con ellos como si fueran sus propios juguetes.

Mientras circulaba, ignoró todas las miradas que recibió de todos a su alrededor. No le importaba, solo quería salir de allí lo antes posible.

Mientras Raven marchaba por una esquina en la calle, vio algo que la hizo detenerse. Miró y vio a dos personas en un campo de hierba: un padre y una niña, obviamente su hija.

El hombre estaba arrodillado sobre una rodilla, y ella corría hacia él con una expresión alegre en su rostro y una flor en una mano. Cuando se encontraron, el padre la levantó en brazos y la arrojó al aire para luego sujetarla y la niña soltó una carcajada emocionada.

Un padre y su hija, los dos felices.

Una lágrima cayó por el rostro de Raven y John solo pudo sentir compasión por ella.

Otro preciado momento.

Mientras la niña sollozaba, la tierra comenzó a sacudirse y John tuvo que hacer un esfuerzo por mantener el equilibrio.

— ¡Raven! —gritó una voz.

Un hombre con una capa y cabello marrón se acercó caminando hacia ella.

— ¡Maestro Juris! —ella jadeó mientras se limpiaba rápidamente las lágrimas. El hombre encapuchado la miró con severidad.

— ¿Qué estás haciendo? —preguntó.

—Yo...no…—tartamudeó—. Solo… solo desearía poder ser como ellos —confesó.

—Sabes que no puedes, así que ¿por qué debes torturarte con tal idea? —. Antes de que ella pudiera responderle, zarcillos de energía oscura escaparon de sus puños cerrados y golpeó contra una pared, resquebrajándola—. Y es por eso que no puedes —su maestro reprendió en voz baja. — ¿Qué pasaría si esa hubiera sido una persona? Lo hubieras derribado… o algo peor.

—Lo sé —Raven respondió, su voz ya no sonaba como si perteneciera a una niña de siete años. Estaba desprovisto de toda emoción y sentimiento.

—Ya llegas tarde a tus lecciones, ¿en qué estabas pensando?

—Lo-lo lamento, maestro Juris —tartamudeó Raven—. Estaba solo, estaba…

— ¡No estoy interesado en escuchar tus excusas! —él regañó duramente—. Sabes que tus poderes son peligrosos, y ya hemos arriesgado demasiado para que comiences a arruinarlo con tu comportamiento imprudente. ¡Cada vez que haces cosas tan descuidadas, nos pones a todos en peligro! —gritó. — ¿Lo entiendes?

—Sí, maestro Juris —repitió ella.

— ¡Ahora consigue tus libros y prepárate para la lección!

«Sí. Malditos monjes. ¡Pacifistas, mi trasero!», pensó John.

Raven asintió dócilmente, ahora humillada y completamente avergonzada de sus acciones. Recogiendo sus libros y su dignidad, continuó mientras Juris la seguía de cerca, mientras ignoraba de nuevo las miradas de los demás.

Se concentró en bloquearlos, protegiéndose del cruel mundo, escondiéndose detrás de su muro de crecimiento lento.

— ¿Cuánto daño le han hecho? —murmuró Constantine viendo la escena con un nudo en la garganta.

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Un nuevo cambio de escena.

Constantine puede observar a Raven leyendo bajo un árbol cuando una niña pequeña se acercó con curiosidad hacia ella.

—¿Eres la chica que va a acabar con el mundo?

—No. Vete —dijo Raven sin levantar la vista de su libro.

La niña no obedeció—. Mi mamá dice que no puedo hablar contigo, porque eres malvada.

Raven detuvo su tarea ante esto—. Deberías hacerle caso a tu mami así que ve y…

La chica la interrumpió. — ¿Eres peligrosa? Porque mamá dice que sí ... dice que no deberíamos…

—¡Cállate! —gritó Raven.

—Ella dice que nadie te quiere de todos modos.

Raven estaba temblando ahora.

—¿Y cuando vas a mostrar tu color de piel verdadero? ¿Eres realmente gris?

Raven se mordió el labio y se levantó para alejarse, pero antes de que pudiera, la chica preguntó—. Entonces, ¿es verdad? ¿Eres ... malvada? ¿La hija del diablo?

De repente, la empática se giró para mirar a la niña, sus ojos brillaban de un rojo brillante y se enderezó a una altura imposible, se alzó sobre la niña y la agarró con un crujido de poder negro.

Mientras la gente a su alrededor gritaba, la cara de Raven se torció en una sonrisa malvada y sus ojos se duplicaron. La niña chilló a todo pulmón. Raven simplemente se rio.

«Trigon te necesita…»

—¡Raven! —Azar y Arella corrieron a través de la multitud.

—¡Raven, baja a la niña! —su madre imploró.

—¡Resiste, Raven, resiste a él como te he enseñado! —Azar gritó.

«¡No! ¡no escuches a estos tontos! ¡Soy tu creador, tu padre! ¡Obedéceme!»

Azar corrió hacia adelante, pero Raven dejó escapar una explosión de poder que la envió a volar.

—¡Azar! —gritó Raven, en su voz normal. — ¡No! —. La hechicera volvió a la normalidad y dejó caer a la niña. Pero algo rojo se precipitó desde el mal y cuatro ojos rojos brillantes aparecieron en el aire delante de ella.

«El mal de Trigon nunca morirá», llegó la horrible voz. «Tu sucumbirás ante mí».

—¡NO! —Raven gritó, tropezando. Sus ojos brillaron y el poder negro salió disparado de ella, eclipsando los ojos rojos y alejándolos. Justo antes de desaparecer, oyeron una voz susurrar:

«Volveré por ti, Raven».

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Otra reminiscencia.

John vislumbró ahora a un grupo de niños, que tomados de las manos, circulaban alrededor de la pequeña Raven que se hallaba en medio, mientras ellos cantaban.

Ave encerrada en una jaula.

¿Cuándo, cuándo la abandonará?

En la noche o el amanecer,

la grulla y la tortuga se deslizan

¿Quién se encuentra detrás de ti?

—Déjenme, no me gusta este juego —gimoteó Raven mientras se cubría el rostro con su capucha.

Pero ellos solamente siguieron con su juego, ignorando la incomodidad de la niñita.

Ave encerrada en una jaula.

¿Cuándo, cuándo la abandonará?

En la noche o el amanecer,

la grulla y la tortuga se deslizan

¿Quién se encuentra detrás de ti?

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Finalmente, la puerta se abrió y entró una Arella de aspecto enojado.

—Juris me contó lo que pasó. ¿Es verdad? —preguntó la mujer mayor. Raven asintió dócilmente.

—Lo siento, madre.

—Raven, sabes que no debes hacer eso. ¿En qué estabas pensando?

— ¡No pude evitarlo, madre! ¡Los niños me estaban molestando! ¡No pude resistirme! ¡Odio ese juego! —dijo Raven a la defensiva.

— ¿Qué te dije? ¡Se supone que no debes sentir! ¡Se supone que no debes mostrar emoción! ¡Es demasiado peligroso! —Arella regañó.

— ¡Ya no me importa! —Raven finalmente gritó mientras un florero estallaba. — ¡No puedo hacer nada! ¡No puedo sentir nada! ¡Estoy cansada de tener que cumplir con todas estas reglas!

— ¡Raven, sabes que a mí tampoco me gusta! ¡Pero esto es algo que debemos hacer, o podría significar el fin de todos nosotros! ¿No lo entiendes?

Raven se cruzó de brazos.

— ¡Eso es lo que todos dicen! ¿Pero tienes alguna idea de lo que es ser yo? ¿Qué tan difícil es? ¿Cómo un pequeño sentimiento podría acabar con la vida de alguien? ¡No sabes nada!

—Raven por favor…

— ¡No! ¡No entiendes! ¡Nunca lo has hecho y nunca lo harás! —Raven disparó. — ¡Ni siquiera te importo lo suficiente!

Su madre parecía sorprendida por el repentino arrebato de Raven.

— ¿Cómo puedes decir eso? ¡Por supuesto que me importas!

— ¿Cómo se supone que debo creerte cuando ni siquiera me muestras ninguna emoción? ¡Ni siquiera me miras a los ojos!

— ¡Porque no puedo! —gritó Arella — ¿Crees que quiero ser tan distante? ¡Pero esta no es mi elección! ¡No puedo cambiarlo, no importa cuánto lo intente!

—Solo déjame en paz —Raven increpó. — ¡No quiero hablar más contigo!

—Raven, por favor, me preocupo por ti… —expuso su madre, pero la puerta se cerró de golpe. Arella se detuvo y miró fijamente el lugar donde su hija acababa de estar.

Un largo silencio pasó mientras su madre permitía que el pesar la inundara.

—Sólo quiero ayudarte —le susurró a nadie.

—Esa no era la forma —suspiró John antes de verse de nuevo absorbido por un albor resplandeciente y ser trasportado a otro lado.

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La siguiente escena que vio fue un evento de cuando Raven tenía alrededor de diez años.

—Me estoy muriendo, Raven.

— ¿Qué?

—No me queda mucho tiempo en esta dimensión.

Ella comenzó a frustrarse.

— ¡No! ¡No digas eso!

—Sabes que es verdad. Puedo decir que lo has sabido por un tiempo.

— ¡No puedes morir! ¡No quiero que me dejes!

— ¡Shh! ¡Contrólate, Raven!

Raven se sentó y cerró los ojos, intentando lo mejor que pudo para controlarse.

—Nada muere nunca, Raven —explicó Azar—, simplemente entran en otro plano de existencia.

Raven guardó silencio mientras Azar se quitaba los anillos de los dedos y se los presentaba a la joven.

—Me gustaría que tuvieras estos —explicó—, siempre y cuando mantengas estos anillos, mi esencia siempre estará contigo.

Efectivamente, una semana después, Azar falleció.

Y, habiendo sido una buena estudiante, Raven no derramó una lágrima mientras veía el cuerpo de la mujer quemarse ceremonialmente.

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El tiempo entre sus horas de meditación lo pasó estudiando.

Pero no pudieron evitar que tuviera pesadillas.

Pero fue seguido por otro sueño, luego otro.

Raven yacía acurrucada en su cama, un pequeño bulto coronado con cabello violeta. Ella dormía a intervalos, dando vueltas y ocasionalmente gritando incoherentemente. Una fina capa de sudor comenzaba a formarse en su pálida piel. Sus movimientos se volvieron más erráticos. Parecía que intentaba alejarse de algo o de alguien. Todas las pesadillas mostraban a un demonio destruyendo todo a su paso. Todas las noches las imágenes del demonio rojo la perseguían.

Se despertó sobresaltada, su respiración era irregular mientras ella entraba en pánico. Miró alrededor de su oscura habitación, sus grandes ojos temerosos escaneaban cada rincón y cada parche de oscuridad. Después de asegurarse de que no había nadie en su habitación con ella, dejó escapar un suspiro cuando las lágrimas comenzaron a formarse en sus ojos.

—¿Padre?

Su único consuelo era la meditación. Solo allí en las profundidades de su mente estaba a gusto. Pero mientras meditaba un día, comenzó a ver una imagen. Centrándose un poco más, trató de aclararlo. En un estado de emoción, había hecho lo que tenía prohibido hacer y miró hacia su propio futuro solo para ver si todavía sería infeliz. Por alguna razón, siempre tenía prohibido mirar su propio futuro, pero con Azar muerta y su futuro incierto y con aspecto sombrío, decidió ignorar esa advertencia y echar un vistazo. Pero ella no había encontrado la paz. En cambio, había visto muerte y destrucción a gran escala. Y todo era culpa suya. Fue sacada de su estado meditativo en un segundo, y sus poderes hicieron explotar un jarrón.

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John pudo ver más recuerdos, como si de una película se tratase. Recuerdos de cuando llegó a la Tierra y la Liga rechazó ayudarla. Recuerdos dispersos de los tiempos que pasó con su equipo. Momentos de lucha contra el crimen. Momentos relajantes. Momentos con el polluelo de Batman. Momentos con la chica alienígena. Momentos con el hombre robot. Momentos con el chico verde. Momentos con un chico pelirrojo. Momentos con esos niños quejumbrosos.

Su dolor, su pena, su compasión, su afecto, todo lo golpeó mientras miraba los recuerdos.

Sus emociones fueron una tempestad, pero Constantine estaba ensimismado, estaba detrás de algo específico.

Hasta que de repente aterrizó de forma violenta en una plataforma estéril de tierra que parecía estar flotando entre varios de cientos de trozos similares.

Permaneció tumbado en el suelo algunos segundos. Observó que algunos cuervos curiosos con dos pares de ojos lo observaban atentamente mientras ladeaban sus cabezas. Uno voló hacia él y comenzó a picotearlo. Otras aves pronto se unieron a la actividad hasta que el hombre los deshizo con una sola llamarada que brotó de su mano derecha.

Solo un ave quedó viva.

El animal no efectuó la menor reverencia, no se paró, no vaciló un minuto; solo se colocó por encima de la rama de un árbol; se posó, se instaló y nada más.

Soltando un suspiro, levantó la vista para ver un cielo negro con estrellas rojas dispersas. Varios soles rojos tenues llenaron el cielo, cada mitad bloqueada por su propia luna. Una luz baja y difusa que no tenía una fuente evidente le daba un tono rojizo a todo.

—Otro lugar alegre —murmuró con socarronería.

El nigromante dio un paso adelante y muchas rocas cercanas se comenzaron a alinear para formar un puente y siguió el camino.

«Paso firme, espalda recta, mirada al frente… Que no se note que no tengo ni puta idea de a dónde ir», pensó John.

Se detuvo ante un arco alto y estrecho de piedra negra. Parecía ser un portal, y no dudó en pasar por el mismo.

«¿Y esto?».

Estaba parado en un lugar diferente esta vez. Parecía ser un prado alegre y cubierto por hierba. Un arroyo salpicaba a su izquierda. John sintió una brisa fresca que se movía entre las hojas del pequeño bosquecillo de álamos que estaba en una colina. Las mariposas coloridas revoloteaban alegres sobre las flores silvestres rojas, amarillas, blancas que reposaban bajo el cielo perfectamente azul con nubes esponjosas rosadas.

Arqueó una ceja cuando una fresa pasó volando lentamente frente sus ojos y con un golpe de sus dedos la mandó a volar lejos.

—Creo que prefiero el lugar anterior —dijo listo para girarse y retirarse de ahí.

—Oh, que gracioso —rio una voz detrás de él. — ¿No te gusta? ¡Raven me deja decorar a mi gusto!

John se giró y observó la imagen que tenía delante. La figura se parecía exactamente a Raven… excepto que la capa y el leotardo eran de un color rosa claro… y que tenía una radiante sonrisa.

—Así que a esto se refería Raven cuando habló de dividir su alma y encarnarla en un ente concreto —comentó él con sorpresa.

— ¡Hola! Soy Felicidad —se presentó—. Estoy encantada de conocerte.

—Lo mismo digo.

Otra voz se hizo oír dentro de la pradera.

—Él me ama... no me ama... me ama... no me ama... —continuó hasta que sacó el último pétalo.

— ¿Y ella es…? —preguntó John.

—Oh, ella es Pasión.

Una Raven de color púrpura estaba sentada en una roca cercana. Tenía una flor azul en sus manos y arrancaba sus pétalos uno por uno.

—Él me ama —. Pasión sonrió y miró la flor por última vez antes de dejarla—. Soy amada, ¡Wally lo dijo! —. Una vez concluida su tarea, decidió dar un paseo. Caminó más hacia el interior hasta que el paisaje se convirtió en un bosque bastante exuberante, pero espacioso, por donde desapareció.

El nigromante se tambaleó cuando algo sacudió la tierra y una nube negra se dejó ver por el cielo, comenzando a cubrir todo rastro de vida.

—Lo siento, pero debo esconderme —murmuró ahora algo asustada la representación de la felicidad. — ¡Adiós!

— ¿De qué debes esconderte? —averiguó el rubio pero la chica no contestó, solo agitó su capa y despareció en un manto de humo de color rosáceo y, donde antes estaba ella parada, ahora solo había un grupo de burbujas púrpuras y confeti multicolor.

—Realmente debe de gustarle el rosa —murmuró él.

John se apresuró hacia el álamo y avanzó en silencio mientras llegaba a otro arco. No pudo evitar notar que el mismo cuervo negro estaba posado sobre él, mirándolo con sus grandes ojos conspicuos. Su calidad de acecho le quitó su ternura.

Aceleró su paso mientras caminaba debajo del arco para escapar de la mirada del pájaro.

Cuando lo atravesó, se encontró con otras de las emociones de Raven. Esta estaba completamente vestida de un gris casi marchito.

La del manto gris evitó el contacto visual con su anfitrión. Como tenía la capucha puesta y se encorvaba tanto, Constantine no podía verle la cara.

—A ti no te gusta el rosa —señaló John algo obvio.

—Lo… lo… siento —se excusó en una entonación quebradiza.

La chica solo se encorvó más cuando de repente un enredo de paredes salió disparado del suelo, rodeándolos de forma sorpresiva.

—Un laberinto —comentó Constantine.

—Puedo mostrarte el camino —ofreció la chica de gris.

—Tú no estás contenta como las otras dos.

—No debería de estarlo —musitó ella con pena—. Debería permitirme la menor cantidad de privilegios posibles... después de todo, soy malvada.

—Pero quiero entender…

—No quieren entenderme —interrumpió—, y no deberían de intentarlo.

— ¿Cómo te llamas?

—Soy Timidez.

—Está bien, si no quieres hablar, solo muéstrame la salida —solicitó el nigromante.

Sin embargo, la Timidez habló.

—Me paso toda la vida atorada en este laberinto, pensando en cómo voy a escapar de ahí un día y qué fabuloso será.

—¿Y por qué no escapas? —cuestionó simplemente él.

—Imaginar ese futuro te mantiene con vida, pero nunca te escapas. Sólo utilizas el futuro para escapar del presente. Además, cuando lleguemos al final ya no te agradaré. A tu amiga la maga ya no le agradó, ella me detesta.

—Tus amigos te quieren —expresó el exorcista.

—No importa cuánto pueda amarlos —musitó la adolescente vestida de gris—, en el fondo seguramente no quieren tener nada que ver conmigo.

Otra Raven, ahora vestida de verde, brotó de repente sobresaltando a John.

— ¡Les gusto porque soy parte del equipo! —gritó enérgicamente.

«Otra más», pensó John.

—Soy Valentía. Choca esos cincos, Johnny. ¡Juntos superaremos todos los desafíos! ¡Y este problema de Hermano Sangre se desarrollará de la misma manera! ¡Le patearé el trasero!

—Eso espero —dijo otra Raven, para desconcierto del nigromante—. Pasará lo que tenga que pasar, pero no quiero pensar en eso ahora mismo —comentó esta, que estaba vestida de naranja. Estaba acostada boca arriba sobre el muro del laberinto mirando hacia el cielo misterioso. Lanzó un largo bostezo—. Todo tiene un propósito, ¿verdad? Las cosas funcionarán. Ya verás. Pero mientras tanto, solo dormiré, estoy cansada. Deberían de hacer lo mismo —indicó para luego esfumarse.

— ¿Quién era ella? —preguntó el hombre.

Pereza —contestó la chica de verde—. Siempre está durmiendo… o comiendo.

—Bien, ¿podemos salir de aquí?

Constantine avanzó junto a la deprimente figura gris que solo pedía disculpa por cada paso que daba, mientras la chica verde solo contaba sus proezas contra los villanos e instaba al hombre a luchar contra ella para probar fuerzas entre ambos.

Derecha, izquierda, izquierda, derecha, derecha, izquierda…

Hicieron los últimos giros y luego se abrió una puerta. Esperando afuera del laberinto había dos estatuas altas; ambos tenían cuatro ojos, cada uno. La diferencia entre los dos era que uno tenía una máscara sonriente mientras el otro tenía una mueca triste. Pero sin dudas ambos parecían molestos y decididos a no dejarlo avanzar.

Las efigies sacaron espadas y sus ojos brillaron.

—Debo decir que esperaba un recibimiento así —comentó John sin mostrar ningún signo de turbación.

—Te dije que no te agradaría una vez que llegáramos al final —dijo Timidez antes de desaparecer.

— ¡Bien, Johnny, a luchar!

Pero antes de que Valentía hiciera algo más que elevarse en el aire con un salto para dar una patada, Constantine unió sus brazos y colocó sus dedos en la posición adecuada, evocando un conjuro básico de destrucción dejando a las figuras reducidas solo a escombros.

— ¡Woaw, eres realmente poderoso! —se maravilló la de capa verde.

—Hago lo que tengo que hacer, eso es todo.

Se dirigió directamente hacia el arco custodiado por las estatuas y el portal que tomó lo escupió en otra roca flotante. La chica de verde también había desaparecido pero ese cuervo que lo venía siguiendo anteriormente se asomó y se paró sobre un árbol desnudo que había en el lugar. John se concentró durante un momento cuando otro camino comenzó a formarse.

Lo recorrió durante un momento y fue tomando nota de cómo el lugar parecía empeorar a medida que avanzaba, como si todo a su alrededor estuviera simplemente muriendo. Algo estaba atacando este lugar, lacerándolo por completo. Del cielo, que estaba siendo poco a poco cubierto por un nimbo negro, caían llamaradas que destruían todo a su paso.

— ¿Qué lugar es este? —quiso saber el rubio.

—Los límites —detrás de John llegó otra voz. Era una versión de Raven vestida en amarillo y con lentes—. Soy Conocimiento.

—Deberías ser la parte de Raven ideal con la cual hablar sobre esto. ¿Por qué no me dices lo que sabes?

Sin inmutarse, la de capa amarilla respondió—. Porque soy parte de Raven pero si ella no está lista para manejar la verdad, yo tampoco. Pero, ¿no notas algo inusual?

Lo pensó durante un momento y la respuesta llegó prontamente.

—Falta una de ustedes —reconoció él al instante—. Raven contó que fragmentó su alma en siete. Felicidad, pasión, timidez, valentía, pereza y conocimiento. Dime, amor, ¿dónde está la ira?

—Ese es el problema —contestó la representación del conocimiento.

Esta Raven de capa amarilla tenía el mismo proceso de pensamiento que Constantine en su totalidad.

—Definitivamente se siente como si algo estuviera terriblemente mal —murmuró el nigromante.

El pájaro encantador había estado escuchando la conversación, movió su cabeza de izquierda a derecha para mirar al orador. Aunque el pájaro parecía ser inofensivo, parecía molestar a la Raven que llevaba la capa amarilla.

—Sigue avanzando —. Habiendo dicho eso, Conocimiento desapareció.

No pudo dejar de presentir que algo parecía estar observándolo a cada momento.

John notó el mismo pájaro que lo había estado acechando.

Posado, inmóvil, y nada más.

En un tono agrio, el nigromante preguntó. — ¿Qué?

Entonces el pájaro solo dijo: —Nunca más.

Y el cuervo, inmutable, continuó instalado allí. Pero el cuervo, solitariamente posado, no pronunciaba más que esas palabras, como si en ellas difundiese su alma entera. No pronunciaba nada más.

Nunca más.

El nigromante solo le dio la espalda y continuó el camino. El suelo era negro y estaba cubierto de lo que parecía ser hollín que aumentaba a cada paso.

Marchó hasta que se encontró con algo que confinaba todo el lugar.

— ¿Qué demonios es esto? —preguntó con asombro.

John se acercó con cuidado a la estructura y tocó la fría muralla que se hallaba levantada frente a sus ojos.

¡Era enorme!

Se extendía hacia el horizonte desde ambos lados, por lo que ni siquiera se podía ver el final. El ladrillo era de un negro sólido. Había pequeñas grietas y agujeros.

Luego un retumbar sonó por las vastas llanuras. John miró hacia arriba y vio el oscuro firmamento y notó como el mismísimo cielo parecía estar cuarteándose, como si se tratara de un vidrio agrietado. Algo muy malo estaba sucediendo aquí.

Debajo del muro, solo había hierba seca, tierra desnuda y estéril junto a flores muertas.

—El muro mata su mente —aseveró John entendiendo—. Nada puede existir a su alrededor.

—Es triste, ¿no lo crees?

Otra voz sonó detrás de él y Constantine se giró.

—Raven —dijo el hombre reconociéndola—. La verdadera.

Ella solo se aproximó a su lado mientras acariciaba el muro con sus pálidos dedos.

—La pared que construyeron en Azarath desde mi nacimiento —confesó la empática—. Los monjes hicieron este grandioso trabajo. Me dijeron toda mi vida que no se me permitía sentir, así que comencé a aislarme de todo. Cada mala experiencia, es un ladrillo más en esta fortaleza. Yo… llevaba un infierno en mi interior y, al comprender mi aislamiento, quería destrozar todo esto, esparcir la destrucción a mí alrededor, para sentarme luego a contemplar con complacencia aquellas ruinas.

—Raven. Este murallón… está deteriorando tu mente —señaló John—. Te envenena.

—Viste mi infancia —dijo Raven—. Desde que tengo memoria, todo lo que había de dentro de mí simplemente quiso encajar. ¿Pero puedo tener la conciencia tranquila si soy diferente del resto, o tengo que huir y esconderme? Nunca fui una farsante, todo lo que intenté ser simplemente no se asentó en mí. He vivido en la oscuridad mucho tiempo. ¿Sabes que soy? Solo soy una mujer con una luz para que me oriente, y estoy tomando posición para escapar de lo que hay dentro de mí.

—La sombra —pronunció John.

Ella solo rio sin gracia alguna.

—Es extraño tener una criatura ahí fuera, una versión mutilada de uno mismo, incontrolada y arruinándolo todo —declaró la chica—. Me ha convertido en un monstruo. Y sigue haciéndose más fuerte. Nunca dije que quisiera esto, esta carga vino hacia mí e hizo de mi interior su hogar.

—Debes parar esto —advirtió Constantine con auténtica seriedad.

—No puedo frenarlo —rectificó la chica—, está tomando el control. Tiene el control y me arrastra hacia el vacío.

— ¿Quién es la sombra? —cuestionó él.

—Está siempre a mí alrededor, dando vueltas como un buitre. Quiere destruirme, y robarse mis colores.

¿Robarse sus colores?

—Escucha, amor, da igual lo que creas que eres, no tienes por qué serlo —manifestó Constantine, perdiendo un poco la paciencia, tomando por los hombros a la chica, haciendo que ella se altere por su asalto—. Esto es donde tú estás equivocada. Deja de juzgarte. No hay extremos. Nadie es santo o diablo al cien por ciento. Vas a tener que confiar en mí acerca de esto. ¡Joder, Raven! ¿De qué tienes miedo? Según tú te convertiste a ti misma en un monstruo, pero así ya no asumes la responsabilidad por lo que haces. Sigues siendo mitad humana, y aún eres muy joven para entender que a veces el hecho de tener sentimientos oscuros en nuestro interior no nos convierte en malas personas.

—Necesito tu ayuda —solicitó la chica en un suspiro—, no puedo luchar contra esto para siempre. Sálvame… si me convierto en mis demonios. Tú sabes lo que debes hacer.

—Pero dime su nombre —reclamó él—, lo necesito.

—No… lo sé.

—Deber recordar, algún mensaje, algún símbolo, algo —insistió John—. Necesito información.

Símbolo.

Recordó esa frase de la mujer vestida de blanco que siempre estaba en sus pesadillas.

«Medita sobre los símbolos que te doy».

—¿Raven?

Pero ella no contestó, parecía estar sumida en algo. Como si estuviera finalmente armando el rompecabezas.

"Las sombras de la oscuridad te rodean. La vida te llena con su flujo. Pero debes surgir y tu cuerpo debe ir lejos a los planos que te rodean y aún ser una contigo, también».

¿Ser una? Ella había escindido su alma, ¿debía volver a juntar los fragmentos? ¿Sería la solución a todo?

«En las entrañas de tu interior, un monstruo espera. Se avecina la tormenta, el tiempo se está terminando. Días antes de la noche más oscura. Días antes de la mañana más sombría».

¿Monstruo? ¿Era la sombra? ¿O había algo más?

«De la oscuridad has tu surgido, te has acercado más a la luz de tu objetivo. En lo profundo y aún más profundo, más misterios encontraste. Sigue el camino. Resuelve tú mis secretos. A ti he mostrado el camino».

El camino. Esa mujer y sus pesadillas siempre la llevaban a un lugar particular la mayoría de las veces. Un lugar especial para ella. Su lugar de nacimiento. Azarath.

«Encuentra la sabiduría profundamente escondida y sé una con la oscuridad y la luz. Solamente el que está buscando puede siempre esperar ser libre».

¿Debía encontrar algo? ¿Para volver a ser una? Y ser libre…

«Busca con sabiduría y que los ángeles guíen tu búsqueda".

¿Ángeles? Pero Raven estaba segura que eso no hacía referencia alguna a ningún mensajero de Dios. Pero era demasiado tarde. Ella había establecido la relación en ese mismo momento.

Que tonta había sido, la respuesta había estado frente a sus ojos todo el tiempo.

El nombre que le habían dado a su madre en Azarath: Arella, ese fue su nuevo nombre, el ángel mensajero.

Y no solo eso. Una paloma blanca. La paloma solitaria es el símbolo pagano del Ángel de la Paz. Que ángeles guíen tu búsqueda. ¡La paloma es un ángel! De repente, una cita de San Gregorio Nicianceno, doctor de la Iglesia y patriarca de Constantinopla, le vino a la mente. Cuando el alma se esclarece… adopta la hermosa forma de una paloma. Paloma Blanca, el símbolo de Azarath. El templo principal tenía una paloma blanca tallada en su fachada.

—¿Raven?

—Ya sé lo que debo hacer —dijo ella finalmente entiendo el acertijo—. Debo encontrar algo. Debo regresar a Azarath.

—¿Qué? —preguntó él desconcertado.

—Gracias por ayudarme a esclarecer todo —reconoció ella con una mínima sonrisa.

—Pero si yo no…

—Pero no vuelvas a entrar a mi mente —advirtió ahora con una mirada fría. Ella se giró lista para retirarse del lugar, pero antes de eso, miró sobre su hombro al nigromante—. Y perdona por la paliza que te di hace un momento.

—Esa disculpa no es sincera —objetó él con una media sonrisa.

—Claro que no —señaló ella finalmente antes de desaparecer.

Fue absorbido por otra fuerza y luego sucedió otro cambio de escena.

John solamente estaba en una habitación oscura. Sin ningún objeto ni nada que la adornara. Solo una mujer en el otro extremo del cuarto. Blanca, impoluta, con su rostro cubierto con una capucha.

— ¿Y tú quién eres? —indagó John viendo a la extraña mujer.

—Vivo aquí, junto a Raven —reveló ella—. Pero ya no queda mucho tiempo. Creo… que me gustaría irme. Pero no puedo.

— ¿Por qué no?

—La quiere a ella —vaticinó ahora con seriedad—. Con desesperación. Ya casi la tiene.

—Hermano Sangre.

—Su alma está en juego —terminó de pronunciar la incógnita mujer—. La suerte está echada. No dejes que se apague.

John notó que se elevaba en el aire; la habitación se desvaneció. Por un instante la oscuridad fue total, y luego sintió como si diera una voltereta a cámara lenta. Al frente suyo se encontraba Raven. Parecía haber vuelto en sí misma y estaba confundida… y como no estarlo si él estaba completamente encima de ella.

—Hola —saludó Constantine con una sonrisita nerviosa—. Lo siento por la incómoda posición, no controlé bien el aterrizaje.

La empática, algo sonrojada por la proximidad de John, abrió la boca para conjurar su mantra y quitarse al hombre que estaba sobre ella. Él rápidamente metió la mano en la túnica para guardar la llave.

¡Edolpxe!

Hubo un rayo encandilador de luz roja y, con gran estruendo, echaron la puerta abajo. John cayó al suelo de espaldas luego de que la magia de la chica lo empujara lejos. Raven vio a su equipo, mirando todo desde la puerta recientemente caída.

Delante, con la varita extendida, estaba Zatanna.

Y en aquel preciso momento, Raven comprendió por primera vez lo peligrosa que realmente era la maga de la Liga de la Justicia.

No había ni rastro de benevolencia, ni de guiño amable en sus ojos. Sólo había frialdad en cada rasgo de su cara. Su aura y su magia irradiaban una fuerza similar a la de una llamarada.

Raven apretó los ojos con fuerza cuando esa voz volvió a su mente.

«Ella quiere lastimarnos», habló esa voz infausta. «Desata todo tu poder contra ella», mandó.

—Cállate —musitó la empática, suplicando.

— ¿Rae? —. Esa era la voz de Kid Flash.

Luego la voz de la maga empezó a retumbar en su mente en una resonancia continua, sus comentarios zumbando una y otra vez, casi como un martirio.

Siento una terrible maldad en su interior. Podría estar conduciéndonos a una trampa.

Simplemente estoy sorprendida de lo terrible que es este planeta para proteger elementos que no son para humanos mundanos, menos para demonios.

.

.

—Basta.

—Amiga Raven, ¿todo está bien? —preguntó Starfire ahora con preocupación.

¿Practicaste ese tipo de magia? ¿Cómo pudiste? Veo que al final si cayó en las manos equivocadas

El alma debe permanecer intacta y entera. Dividirla es una violación, es algo antinatural. Un atentado contra cualquier integridad.

—Por favor.

Robin se mareó por el padecimiento que estaba abrigando a través del vínculo mental que mantenía con la empática.

.

.

¡Por Dios, Raven! ¡Siete! ¿No es bastante grave ya dividirla una sola vez? Además… Dividir el alma una vez ya resulta pernicioso, perjudicial y nocivo, pero fragmentarla en siete partes…

.

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—Silencio.

Tenías tanta prisa por cercenar tu propia alma que no te detuviste a estimar el incomparable valor de un alma íntegra y honrada.

Por lo que veo es un libro horrible, espantoso, lleno de magia maligna. Hermano Sangre te busca a ti, Raven. Si es cierto… lo que dices, y ese grimorio es demasiado poderoso y está en sus manos, me temo que nuestras posibilidades son casi nulas.

.

.

«Desátalo. Deja que salga. ¡DESÁTALO!».

¡SILENCIO!

Raven gritó de forma desgarradora, sus ojos se tornaron blancos refulgentes. La Torre de los Titanes se sacudió bruscamente, mientras todos sus amigos, junto a Zatanna, John y Zachary, todos fueron empujados contra la pared por la fuerza catastrófica que desató la chica. Hubo un estruendo chirriante de energía siendo librada. Los cristales blindados de toda la edificación estallaron en miles de pedazos. Los muros se resquebrajaron, igual que el suelo y el techo. Todo parecía querer derrumbarse en cualquier momento. Las olas afuera se elevaron y chocaron violentamente.

La tempestad se apaciguó cuando la energía arrasadora pareció desvanecerse luego de esa liberación.

Raven estaba en el suelo respirando forsozosamente.

—Zatanna —nombró Robin realmente serio tratando de estabilizarse luego de verse arrastrado por ese ventarrón—, por el bien de mi equipo, te exijo ahora mismo que te retires de mi torre junto a Constantine y tú primo.

— ¿Qué? —preguntó ella con desconcierto entornando los ojos, también estabilizándose luego del fuerte golpazo.

—Ustedes provocaron esto —acusó el Chico Maravilla—. Sabía que no debía dejar sola a Raven con Constantine. Fue él quien ocasionó todo.

—Escucha primero…—dijo la maga tratando de hacerlo entrar en razón.

—Ahora mismo —ultimó—. No lo volveré a repetir.

—Estás cometiendo un grave error, Dick —alegó Zatanna enfadada.

—Rae, ¿estás bien? —Wally preguntó mientras corría hacia ella, se inclinaba y la apretaba contra su pecho—. Te tengo, tranquila. Estarás bien, todo estará bien. Me tienes aquí, contigo.

—Hmm —ella gimió cuando él la agarró y la levantó del cráter que había formado—. No me siento bien —murmuró ella lastimosamente.

— ¿Qué le hicieron? —reprochó Wally realmente furioso, observando con incriminación a la maga y al bastado inglés. — ¿Cómo se atreven a lastimarla?

—Wallace, escucha… —se defendió la maga.

Zatanna se precipitó hacia atrás cuando, en un milisegundo, la presencia del velocista se hizo presente frente a sus ojos y ella solo pudo advertir el enojo en todas sus facciones.

—Te lo advierto, Zatanna —gruñó el pelirrojo—. Tú, tu primo, tu padre, y también tu amante, solo manténganse alejados de Raven. Desde que aparecieron en su vida no le trajeron más que problemas y preocupaciones.

—Estás jugando con fuego, Wallace —comunicó Zatanna recuperando el temple—. Estás jugando con fuerzas que no entiendes. Esta Raven no es la Raven que conoces. Hasta podría estar manipulándote sin que tú te dieras cuenta.

—Tú no la conoces —defendió el pelirrojo—, en lo más mínimo.

—Estúpido, tú eres el que no tiene ni el más mínimo conocimiento del poderío que está burbujeando en su interior —escupió la maga—. Esta chica es un caldo de cultivo de oscuridad aplastante.

—Ella es mejor que ustedes —alegó Wally.

—Esto no se trata de ver quien es mejor o peor, se trata de mantener el balance —contradijo John—. Y el balance debe ser mantenido.

—Retírense —ordenó Wally—. Y como Dick dijo, no vuelvan. Su presencia no es más bienvenida aquí —luego se volteó y se dirigió hacia donde Raven yacía casi desmayada.


Casa del Misterio – Ubicación desconocida

—Por más que le mostremos la verdad frente a sus ojos no la verá —se lamentó Zatanna desplomándose en un sillón, estirando sus músculos adoloridos.

—En la ceguera del amor, uno se convierte en criminal sin remordimientos —enunció John encendiendo un cigarro. Frunció el entrecejo cuando su cabeza palpitó de dolor. La chica sí que le había dado una buena paliza.

—Bien, ¿qué obtuviste? —averiguó la maga. — ¿Alguna información útil? Espero que todo esto haya valido la pena.

—Bastante información se podría decir —afirmó el rubio con mesura—. Empecemos por algo importante sobre Raven.

—Bien, habla —exigió Zatanna entrecerrando los ojos, lista para oír la información que tanto ansiaba escuchar mientras en la sala reinaba el silencio que esperaba ser roto por un transcendental dato que todos querían oír.

—¿Han notado su olor? —interrogó John.

.

.

.

¿Eh?

—¿Qué? —preguntó la maga pestañeando confundida, esperando haber escuchado mal.

—Oh, si, ella huele como una bella flor en primavera, como una brisa —suspiró soñadoramente Zachary—. Su perfume parece acariciar como la seda. Su aroma es como un buen vino, que necesita oxigenarse antes de alcanzar el punto de perfección.

—Si, debo reconocer que huele realmente bien —estuvo de acuerdo Constantine afirmando con su cabeza.

—¿Podemos centrarnos en lo importante? —cuestionó la maga de la Liga entornando los ojos molesta por lo intrascendental de esa información.

—Eh, si, perdón —se exculpó John rápidamente—. Bien, empecemos por la mente de Raven.

— ¿Qué sucede con su mente? —sondeó Zatanna con inquisición.

—A pesar de ser poderosa, es frágil —reveló él—. Sólo se necesita el más mínimo golpecito para inclinarla en la dirección equivocada. En Azarath no tardaron en reconocer el ardor perpetuo que hervía frenéticamente dentro de la chica y tuvieron que hacer varios ajustes en su cabeza cuando apenas era una niña.

— ¿Qué tipo de ajustes? —interrogó la mujer. — ¿Andamios?

— ¿Andamios? No, muros más bien, para mantener todo dentro… y evidentemente dejar fuera lo que ellos juzgaban necesario —explicó el nigromante—. Empujaron tantas cosas a la vez, tantas. Pero que estúpidos fueron, ¿a dónde pretendieron que esto iba a ir? Creyeron que así la salvaron, pero se equivocaron. Vaya que se equivocaron. Irónico, Azarath no fue su salvación. Ellos, literalmente, la arruinaron. Y luego la chica fue y lo empeoró más todavía partiendo su alma.

— ¿Por qué se equivocaron? —preguntó ahora Zachary.

—Porque ahora esos muros son como un dique que deja afuera todo, pero ese dique tiene fugas temporales y está a punto de romperse —respondió John con gravedad—. Lo advirtieron recién en la torre, y eso no es nada comparado con lo que en verdad puede hacer. Esos muros que levantaron están siendo derribados. Su mente colapsará. Y cuando eso pase…

—Estaremos todos perdidos —concluyó Zachary con un estremecimiento.

—Todos estamos en guerra —dijo John suspirando con pesar—. En guerra con nosotros mismos. Y Raven ha estado librando esa guerra la mayor parte de su vida.

—¿Y qué es lo que está dejando afuera? ¿Qué es lo que está entrando? —averiguó la maga.

— ¿Qué no lo entiendes? ¡Ella es todo, Zee! ¡Todo! —exclamó John—. Es puro deseo. Toda rabia, todo sufrimiento. Ira… dolor… pasión. Es como un ardor imparable, como las olas de un mar embravecido. Y todo está saliendo a la vez. Se ha vuelto demasiado poderosa, incluso para mí. Para todos.

—Pero estamos fuera —repuso Zachary.

—No, al contrario, estamos dentro —contradijo John con una expresión astuta—. Entramos en la fase final. Habla con tu padre, Zee, que el Doctor Fate se prepare. Debemos estar listos, para cuando llegue.

—Trigon —afirmó Zatanna con un tono de desprecio recordando la visión que le había sido mostrada.

—Sí —afirmó John soltando el humo del cigarrillo—. Y ella.

«Tú sabes lo que debes hacer».

John recordó esa frase que Raven le había expresado cuando estuvo en lo recóndito de su mente.

—Lo que debo hacer —redundó John en un hilo de voz para no ser escuchado, al tiempo que palpaba el objeto que se encontraba en el bolsillo de su gabardina—. Lo que debo hacer —repitió por última vez.


Capítulo 25 por fin publicado. Disculpen la tardanza, pero tuve que volver a reescribir todo esto porque mi PC se había roto y había perdido todo lo escrito de este capítulo (error mío no haber hecho una copia de seguridad jaja). Todavía no sé cuándo va a finalizar la historia, pero tengo planeado que todo concluya en el capítulo 30.

¿Qué les pareció este capítulo? ¿La visión de Zatanna? ¿Los recuerdos de Raven?

Espero que les haya gustado, nos leemos en el próximo.

Saludos!