Hola a todos!
Otro capítulo nuevo, más cerca de la recta final ya. Espero que no moleste que sea un capítulo extenso, pero no lo podía cortar sinceramente.
Aparecen algunos personajes nuevos, les dejo una breve descripción para los que no los conocen:
-Madame Xanadu: nacida con el nombre Nimue Inwudu. Se convierte en aprendiz y amante del Mago Merlín. Logra encerrar a Merlín mediante un conjuro, pero este la maldice quitándole su magia, por lo que ella empieza a depender de pociones mágicas para mantener su inmortalidad. La adivinación y lectura del Tarot es la habilidad mágica más desarrollada por Nimue y le permite ver el futuro.
-Jonathan Crane (El Espantapájaros): villano y enemigo recurrente de Batman. Su traje de espantapájaros es su más preciada herramienta en su afán de inducir el miedo en sus víctimas. Además, sus conocimientos en psicología y bioquímica son utilizados para crear armas como toxinas inductoras del miedo o técnicas terroristas.
-Martian Manhunter (J'onn J'onzz): miembro de la Liga de la Justicia. Marciano que posee habilidades que van más allá de las de un hombre común, incluyendo telepatía y la habilidad de cambiar de forma.
-Miss Martian (M'gann/ Megan): es una marciana blanca. Posee habilidades similares a Martian Manhunter. Puede usar telepatía. Igualmente posee habilidades telequinéticas.
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Ahora sí, disfruten el capítulo que creo es bastante interesante...
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Greenwich Village, New York
Frente a la bola de cristal en su tienda, la extraña mujer pudo ver las piezas entrando en movimiento. Como un engranaje, una parte se movió y activó la otra.
Pero el resultado final sería catastrófico.
Había vagado por la Tierra durante mucho tiempo, pero nunca había visto algo como lo que sucedería.
«Mi nombre es Madame Xanadu. He visto el futuro. El futuro me miró de vuelta y me dijo que me dedicara a mis propios asuntos. Pero vi suficiente. Lo suficiente como para saber que estamos entrando a un tiempo de terrible peligro.
Un tiempo en el que encontraremos perversidad. Gran perversidad.
¿E inocencia preguntan? ¿Qué hay con la inocencia?
Me temo que el futuro no será lugar para los inocentes.
La Liga de la Justicia están acostumbrados a forjar el futuro, con el puro poder de sus voluntades y cuerpos. Pero el futuro le pertenece a alguien más. El futuro le pertenece a un poder distinto.
Uno no tiene los poderes que esta gente tiene sin pagar un precio pesado.
Intercambio equivalente.
¿Sabes cómo es, destruir algo inocente que entra a tu vida? ¿Sabes que te hace eso? Un tipo de oscuridad te envuelve. Esta es la gente de la que hablo. Gente como Zatanna, Constantine, Deadman, Etrigan...».
Sus cartas sobre la mesa le mostraban el pasado, el presente y el futuro. El futuro era algo volátil, cambiaba de acuerdo con las elecciones que se hacían, pero en este caso, no hubo ningún resultado que fuera agradable.
Luego de barajar, observó las primeras dos cartas que sacó del mazo de tarot.
—Los Amantes y... La Muerte.
Barajó y sacó más cartas del montón y observó: El Emperador. La Emperatriz. El Mago. La Torre. El Demonio. El Consejero. El Ahorcado.
Pero de repente, un gruñido brutal escapó de su garganta cuando una visión la golpeó.
Su cuerpo se convulsionó y se cayó de la silla en la que estaba sentada. La adivina agarró el mantel rosado que cubría la superficie de madera e intentó levantarse, pero el dolor se intensificó y cayó de nuevo, tirando de la tela y tirando las cartas y la bola de cristal, que se rompió a su alrededor. Tenía la vista perdida y la boca abierta.
Una voz áspera salió de sus labios, muy diferente a la suya y entonces lo predijo:
—El verde crecerá. Las llamas del infierno arderán. Un hombre muerto caerá y un hombre muerto se alzará. Se perderán almas y traidores triunfarán. La Emperatriz se despierta. El Emperador duerme. El Consejero es desterrado.
Buzzard's Bay, Massachusetts
A primera vista, el refugio de Hermano Sangre era bastante imponente. En todos los vestíbulos había gárgolas grotescas que parecían mirar con lasciva, sus ojos parecían seguir a los dos caminantes a cada paso. El olor del incienso era casi abrumador, así como el constante zumbido de lo que parecían ser personas adorando algo o alguien y que podía llegar a sentirse a través de una de las puertas.
Mientras caminaban por el corredor, Jason notó las paredes pintadas de blanco y el piso amarillento de madera maciza de eucaliptus. Todo parecía elegante y a la vez tétrico.
El joven ladrón observó a Sebastian cuidadosamente, mientras él abría una puerta al final del pasillo.
Cuando entraron, algo se instaló en el pecho de Jason, como un presentimiento.
Era una habitación elegantemente diseñada. Las paredes estaban pintadas de azul claro decoradas con bellas y caras obras de arte. Muebles de madera de roble de cerezo bellamente elaborados engalanaban el cuarto.
—Bien. —Jason se encogió de hombros—. Llevé a cabo mi parte del trato, ahora tu parte —dijo arrojando sobre la delicada mesa el Talismán de Allidoxius. Los diamantes negros incrustados brillaron ligeramente al son de la cálida luz de la lámpara araña del techo.
Sebastian observó el objeto con regodeo y lo guardó inmediatamente. Ya poseía todo lo que necesitaba para comenzar. Solo faltaba una cosa para que su bella Lenore estuviera a su lado, necesitaba a la oscura chica de los Titanes.
—Ah, sí, la segunda mitad de la paga. —Hermano Sangre caminó hacia Red X, deteniéndose a unos metros de él—. Actualmente estamos colocando el resto del dinero en tu cuenta.
El anciano se volvió hacia el escritorio cerca de él, donde colocó una gran botella de un caro vino tinto. Abrió el cajón y sacó dos copas de cristal. Le dio una mirada a Red X mientras vertía el líquido en las copas.
—Hasta entonces, siéntate. Celebremos nuestra victoria —dijo Hermano Sangre, ofreciendo el segundo vaso a Jason—. Te encantará, es una combinación de Malbec y Merlot de Agrelo con un corazón de Cabernet Sauvignon.
Sebastian se aproximó, dando un paso hacia Jason, con el vaso en la mano—. Sinceramente no estaba seguro de que harías la entrega. Estoy ligeramente asombrado, pero sabía que harías lo correcto.
Jason chasqueó la lengua—. Siempre hago mis entregas —dijo arrancando la copa de vino de la mano del otro hombre.
Hermano Sangre se echó a reír mientras agitaba su copa en movimientos circulares pequeños permitiendo que el olor se desprendiera de la bebida y llegara a su nariz.—. Sí, eres el mejor, ¿verdad? —preguntó bebiendo un sorbo—. Lo mejor que sabes hacer es tomar cosas que no son tuyas, ¿no es así?
Jason se contuvo de ponerse la máscara sobre los labios para tomar un sorbo. Sus ojos se volvieron hacia el viejo y su agarre se apretó alrededor de su vaso.
—El traje —nombró Sebastian escrudiñando el uniforme de Red X—. La información para entrar en la Torre, el grimorio y ahora el talismán.
Jason sabía que él tenía razón, tenía la habilidad de robar cosas. Tratando de ser tan malo como el mundo que le quitó todo. Él apartó la mirada.
—Aplaudo tus habilidades. —Hermano Sangre levantó su vaso nuevamente, dándole un trago al vino—. Siempre me pregunté cómo un ladrón que salió de la nada tendría tanta habilidad. Me sorprendes, Jason.
—Bueno, no sería una identidad secreta si la gente supiera de dónde vengo, ¿verdad? —Jason respondió bruscamente—. Ahórrate de llamarme por mi nombre. Soy Red X para ti.
Sebastian asintió, una sonrisa jugando en sus labios—. Eso es cierto, amigo mío. Pero uno no puede evitar sentir curiosidad por saber por qué un ladrón común podría ingresar a la Torre Titán tan fácilmente. —El mayor se encogió de hombros y dejó el vaso sobre el escritorio—. Quiero decir, no puedes culparme, ¿verdad? Tienes datos que no son de conocimiento común.
—¿Qué puedo decir? —Jason frunció el ceño, sosteniendo el vaso con tanta fuerza que temió que se rompiera—. La obtención de información es mi especialidad.
Sebastian rio—. Sí, por supuesto que lo sería, considerando todas las cosas.
Jason levantó una ceja, colocando el vaso sobre el escritorio. Esperó a que el viejo dijera lo que tenía que decir, pero solo estaba allí con una sonrisa a medias.
Jason apretó la mano alrededor del borde de la mesa. Algo estaba mal.
—No esperaba menos de ti. —Hermano Sangre chasqueó los dedos.
Hubo un clic audible antes de que la puerta detrás de ellos se cerrara de golpe.
«Mierda», pensó Jason.
Unas aberturas de la sala se abrieron, haciendo que un raro humo colmara la sala. Jason miró a Sebastian, pero la humarada parecía no llegar nunca a su rostro, como si una fuerza invisible lo protegiera. El viejo tenía poderes, que sorpresa.
La ira ni siquiera podía comenzar a describir la emoción que hervía en su pecho. Jason se inclinó para dar un ataque, pero fue inútil. Lo que se suponía que era un golpazo se convirtió en un porrazo enclenque como el de un tonto borracho. Todo lo que se necesitó fue respirar el humo que se arremolinó en sus pulmones y entró en su torrente sanguíneo dejándolo completamente inútil.
Jason se tambaleó hacia adelante, sus pies pesados como el plomo. La bruma tóxica era potente, su máscara no podía filtrar nada. Era casi como ácido, quemándole los pulmones y los ojos mientras los nervios de su piel se disparaban como fuegos artificiales. Jason se tambaleó hacia el escritorio, sus piernas cedieron cuando lo alcanzó. El vino y los vasos se volcaron cuando él desesperadamente alcanzó el borde de la mesa.
—Oh, ese vino era realmente caro —dijo con fingida tristeza Hermano Sangre.
No importaba cuán duro se agarraba al borde del mueble, no podía sostenerse. El vino tinto manchaba sus guantes y el dolor no disminuía. Jason resopló tratando de aferrarse a la conciencia, pero su cuerpo se sentía demasiado pesado y su visión empezaba a fallar.
Jason apretó los dientes cuando las palabras se ahogaron en su garganta—. Viejo inútil, que mierda...
—¿Ah, aun tratando de aguantar? Supongo que unos años con el Murciélago fueron suficientes para aprender un par de trucos. —Hermano Sangre se rio, dando un paso más cerca de Red X. Se puso en cuclillas cerca del ladrón, sus ojos nivelados entre sí.
El anciano lo miró con la emoción que Jason odiaba más: lástima.
Sin embargo, había algo en las palabras del viejo que resonaban en su cabeza.
¿El murciélago?
Un sonido, parecido a un gruñido, escapó de las profundidades de su pecho. Jason se inclinó hacia adelante, con las manos extendidas hacia Sebastian solo para que su agarre se deslizara del escritorio. El ladrón cayó de rodillas, con la fuerza agotada y los ojos demasiado dolorosos para abrirlos.
—Ese Batman realmente sabe cómo hacer fantásticos soldados con niños. —Jason escuchó un resoplido, antes de que los pasos del anciano se alejaran de él. — ¿No es así, Robin? —preguntó Hermano Sangre, su voz justo por encima de él. — ¿O debería decir... Robin número dos?
Jason gruñó, las vibraciones parecían querer abrir un agujero en su pecho. ¿Era tan obvio?
Hubo un fuerte tirón en su cabeza, su máscara arrancada de su rostro. Las uñas se clavaron en su cabello, tirando con fuerza mientras su cabeza estaba levantada para mirar a Sebastian. Jason se mordió el labio, el dolor era demasiado para intentar abrir los ojos.
Sebastian habló—. Por cierto, gracias por el grimorio. Todo esto es gracias a ti, sin tu ayuda nada podría haberse logrado.
Jason frunció el ceño, mientras escupía saliva mezclada con sangre en el rostro del anciano.
Hubo un grito de disgusto antes de que su cabello fuera tirado con rudeza y su cabeza golpeada fuertemente contra el piso de madera.
La pequeña oleada de satisfacción por escupirlo pronto se perdió en el horrible pitido constante en sus oídos y la sensación de vértigo por el golpe.
Jason giró la cabeza, luchando contra el dolor en su pecho para pronunciar estas palabras—. Vete a la...
Hubo una patada en su tórax, con una fuerza lo suficientemente fuerte como para romper alguna que otra costilla. Jason gritó, dejando salir el aire de su pecho. Tosió, la toxina ya estaba arraigada profundamente en sus pulmones. Maldijo al percibir los puntos coloridos detrás de sus párpados, señales reveladoras de que su conciencia pronto se perdería.
—Tonto insolente. Donde el Joker falló, me aseguraré de no hacerlo —siseó Hermano Sangre limpiándose la sangre que había escupido el mocoso.
El pie de Sebastian se conectó con fuerza en su cabeza. Jason maldijo al sentir que la sangre comenzó a acumularse en su boca.
Otra patada.
En este momento, el miedo a la muerte aparentemente demasiado cerca debería haber florecido. Sin embargo, solo la risa brotó en el fondo de la garganta de Jason.
Todo era demasiado familiar, como un enfermo deja vu.
Jason deseaba tener la fuerza para reír más fuerte.
Hermano Sangre estaba equivocado. El Joker no falló, ni por asomo. Una cosa era segura; este piso no iba a ser su lecho de muerte o cualquier celda sucia donde lo arrojarían. Este tipo era una broma en comparación con el payaso. Estaba seguro de que podía aguantar. Quizás si Raven...
«¿Por qué pienso en ella ahora?», se maldijo a sí mismo.
Jason abrió los ojos. Luchando contra el dolor, miró más allá de las botas del hombre. Por primera vez desde su renacimiento, Jason sintió la punzada del arrepentimiento. Estaba seguro de que Raven estaría en problemas por su culpa. Él había robado el libro, donde todo empezó. El viejo la quería a ella.
Observó como esa maldita mujer que siempre seguía a Sebastian como un perro faldero entraba.
—Mi señor, el doctor Crane está aquí.
«¿Doctor Crane? ¿El Espantapájaros? Esto debe ser una puta broma de mal gusto».
Con una inhalación profunda sintió que la bruma le quemó las entrañas.
—Lo dejo a cargo del chico, Mayhem. Es hora de la penitencia, pero no sea muy dura con el castigo. Solo haz que confiese sus pecados.
—Claro, señor Sebastian —expresó la mujer, ávida por reeducar al osado ladrón irreverente que había faltado el respeto muchas veces a su señor. Ella se acercó al chico y lo aferró fuertemente de ese raro mechón blanco en su cabeza.
Sebastian observó como la mujer arrastraba a Jason fuera de la habitación arrastrándolo por el cabello.
El eco que produjo la puerta del sótano al cerrarse de golpe todavía no se había apagado cuando se oyó un largo y desgarrador grito masculino proveniente del piso inferior.
Hermano Sangre sonrió.
—Que imprudentes son los niños de hoy —desdeñó con una mueca de burla el hombre sirviéndose un poco más de vino en la copa y dándole un último sorbo. Otro alarido se escuchó, mucho más potente que el anterior—. Y que escandalosos.
A continuación, salió para dirigirse hacia donde se encontraba su invitado.
Washington D.C.
Washington no solo era la capital de una nación, también estaba la embajada y sede de los héroes más grandes del mundo, el Salón de la Justicia.
Fuera de la entrada principal, los grupos masivos de reporteros se apresuran alrededor de los escalones empinados. Los flashes de las cámaras se prenden.
Mientras que, dentro del recinto, los héroes se sentaron y en una pantalla se mostraron imágenes de las cosas extrañas que sucedían en todas las partes del globo.
—Estos crímenes fueron cometidos por ciudadanos respetuosos de la ley —le comunicó Superman a los otros héroes el contexto que ya era obvio para todos. Cada uno se había enfrentado a alguna situación rara.
En la mesa estaban sentados y escuchando con atención muchas de las figuras más reconocidas del mundo heroico: Batman, Flash, Aquaman, Green Lantern, Green Arrow, Shazam y Doctor Fate.
—Todos afirman haber tenido visiones de pesadilla de antemano —agregó Wonder Woman.
—¿Alguna idea de qué lo está causando? — indagó Hal Jordan.
—Ni idea —contestó Superman encogiéndose de hombros.
—El mismo patrón se repite en todo el mundo, por lo que podría haber un factor primordial —advirtió Wonder Woman mientras mostraba un atlas mundial en la pantalla y varios puntos rojos aparecían señalando los lugares de los hechos—. Quizás un elemento paranormal.
—¿Estás hablando de magia? —Una voz profunda preguntó y que los hizo girarse para ver al Caballero Oscuro.
—Hemos luchado contra la magia antes, Batman —le dijo Wonder Woman.
—Con todo lo que has visto, ¿puedes descartarlo? —Superman le preguntó al oscuro hombre.
—Los criminales locos no necesitan magia como excusa —dijo Batman con seriedad—. Recomiendo pasar más tiempo en las calles.
Estaba por levantase para retirarse, pero en ese momento una luz alumbró todo el lugar.
John Constantine silbó con asombro cuando salió del portal creado por Zatanna. El último en salir del vórtice mágico fue Zachary.
—Lindo lugar —felicitó con admiración el inglés, su mirada recorría el elegante diseño del interior.
Wonder Woman, que había estado observando los monitores, parecía sorprendida de ver a un extraño allí. — ¿Y este quién es?
Constantine dirigió su apreciativa mirada sobre su hermoso cuerpo, su mirada se detuvo discretamente en su pecho bien dotado, caderas curvas y piernas largas y suaves. Silbó de nuevo, en admiración esta vez—. Buenas tardes, preciosa —saludó con galantería alisando un poco su rubio cabello hacia atrás.
—¿Perdón? —Wonder Woman inquirió parpadeando confundida, preguntándose si debería sentirse ofendida o no.
—Me llamo John Constantine, princesa —se presentó el hombre rubio con un ademan elegante.
Zatanna solo puso los ojos en blanco.
—No estás aquí para coquetear, Constantine —reprendió con dureza Doctor Fate. Por fin habían llegado.
—Por Dios, Fate, eres un aguafiestas, ¿no? —Constantine gruñó, pero con gracia contenida.
—Fate, ¿quién es este hombre? —preguntó Superman.
Fate suspiró, frotando el costado de su casco con los dedos—. Es un mago que conocí hace unos años. Estaba tratando de cerrar una operación de un grupo de ocultistas. Le eché una mano y luego tomamos nuestros propios caminos. Nos hemos encontrado varias veces desde entonces.
—Entonces, ¿está aquí para ayudarnos? —preguntó la amazona con curiosidad.
—Él quiere hablar conmigo —señaló Batman acercándose a los tres nuevos invitados.
Constantine sonrió torcidamente—. Bueno, bueno, si es el Caballero Oscuro de Gotham —dijo sarcásticamente.
—Ahórrame el saludo —dijo Batman. — ¿Qué sabes?
—¿Qué? ¿Solo así, Batsy? —Constantine fingió una mirada herida. — ¿Sin abrazos o incluso un cortés hola para tu "amigo"?
—¡John! —exclamó Zatanna.
—Ah, me encanta cuando usa mi nombre —agregó guiñándole un ojo a la maga.
—Bien, empiecen con la información que recolectaron —expresó Batman frunciendo el ceño.
—¿Nunca se relaja? —le preguntó John a Zatanna, acercando su rostro al oído de la maga logrando que ella reprimiera una risita. Él sonrió, sabiéndose capaz de hacer que ella se sienta contenta con algo tan simple.
Jump City - Torre de los Titanes
Raven se hallaba semioculta tras una sábana en la habitación de Wally, ovillada de forma flácida, en posición fetal. Se hallaba ahí porque su cuarto estaba, literalmente, en ruinas. La habitación estaba un poco fría debido a que todas las ventanas estabas rotas por la liberación de energía reciente.
Había perdido el control muchas veces antes, pero esta vez fue diferente. Si no hubiera logrado hacer retroceder sus emociones, podría haber destruido toda la Torre y con todos dentro para empeorar más la situación. Estaba cansada, cansada de verdad. No sabía qué pensar, qué sentir, estaba entumecida.
Incluso después de un baño caliente y un relajante té de manzanilla con canela, Raven aún no podía dormir. Por un lado, eso estaba bien para ella, porque no tendría que experimentar sus terribles pesadillas. Aunque, por el otro, estaba la seguridad de que cuando finalmente se derrumbara por el agotamiento no sería capaz de despertarse de las visiones traicioneras que acechaban en su mente.
Las sábanas de la cama de Wally la envolvieron, mientras ella se sentaba en la oscuridad, completamente sola. ¿Qué pasaría cuando sus amigos hablaran sobre lo que había hecho? ¿Cómo podía explicarles todo? Nunca volverían a confiar en ella seguramente. Las paredes se cernían sobre ella y apreció la ansiedad invadiéndola; se le cortó la respiración y sintió como si se estuviera ahogando.
De repente, alguien llamó a la puerta. Rápidamente se secó las lágrimas que no sabía que había derramado, esperando que sus ojos no revelaran nada.
—¿Rae? —Llegó una voz a través de la puerta.
Ella reconoció esa voz, era Kid Flash. Raven estaba un poco sorprendida, esperaba que Robin viniera primero tratando de interrogarla en un agotador juego detectivesco del gato y el ratón.
—¿Qué? —murmuró Raven, tratando de mantener su voz firme.
—Soy Wally —respondió. — ¿Estás... estás bien?
De repente, se sintió atrapada por un impulso inexplicable de contarle todo a alguien, hablar hasta que su corazón se agotara de palabras, hablar hasta que su garganta se secara.
«No, no lo estoy».
—Estoy bien —respondió Raven, manteniendo su voz monótona.
—¿Puedo entrar?
—Es tu habitación.
Kid Flash ingresó y sus ojos se dirigieron prontamente a la chica. Fue capaz de ver que ella seguía siendo la joven que amaba: la piel mantenía ese suave tono pálido, casi inmaculado y las pupilas de los ojos conservaban el color violáceo. Eran cautivadores, oscuros y misteriosos. Detrás de ellos yacía un rompecabezas que nunca podría resolver. Mirar a Raven era como mirar un abismo negro, donde los ojos parecían ser absorbidos por la oscuridad, mientras buscaba el final que no estaba allí.
Pero vio más allá de la máscara en blanco que Raven se había puesto. Vio el pasado. Vio más allá de los ojos violetas, y allí vio un alma anhelando gritar de desesperación. Ver a la Raven fría y fuerte con tanto dolor en sus ojos desgarró a Wally. Ni siquiera durante su pelea con Malchior distinguió tanto malestar. Dolor, desesperación, rabia, pena, arrepentimiento, todo girando al unísono detrás de su fachada.
El corazón empezó a latirle de un modo extraño y desacompasado, hasta el punto de preguntarse si no estaría viviendo algún sueño falaz del que estaba a punto de despertar.
Entonces la observó de verdad.
Tenía grandes ojeras debajo de unos ojos saltones a causa de lo chupado del rostro. ¿Estaba más delgada? La piel parecía tirante, como si los pómulos fueran a rasgarla de un momento a otro. El ademán lánguido de los dedos y las muñecas le confería un aspecto tan frágil que daba miedo.
Estaba enferma. Muy enferma. Un nudo se atragantó en su garganta.
Era como si algo la estuviera consumiendo desde dentro. ¿En qué momento se había demacrado tanto? ¿Cuándo fue? Antes de la misión, ella lucía físicamente bien. Pero ahora...
—Rae, ¿estás bien? —volvió a preguntar el velocista con mesura.
—Te dije que estoy bien —respondió Raven bruscamente, no quería la pena de nadie.
—¿Qué pasó...? Ya sabes —curioseó Kid Flash.
—Pensé que era claramente obvio... pero tal vez no tan obvio para algunos —murmuró Raven, con los ojos entrecerrados sintiendo como su ira crecía en su interior.
—¿Entonces... perdiste el control? —preguntó el pelirrojo.
—Evidentemente. Debería haberme contenido. No debería haber sido tan estúpida, y nada de esto habría sucedido —musitó Raven.
—¡No puedes culparte! Fue un error —exclamó Kid Flash. Sus ojos mirando la cara de Raven.
—No tengo permitido cometer errores —dijo Raven sombríamente.
—¿Estás segura de que estás bien? Te ves como si hubieras estado... llorando —murmuró él. Los ojos de Raven brillaron—. Y luces muy... débil.
—Bueno, tus ojos están claramente equivocados —comentó Raven fríamente, su orgullo saliendo a flote.
—Te traje un chocolate caliente. Dicen que es bueno para reducir el estrés —explicó él con una sonrisa tratando de cambiar de tema y poniendo la taza en la mesita al lado de su cama y sentándose junto a la chica—. Te extrañé, ¿lo sabes?
—Lo sé —contestó ella en un murmullo, apreciando una clara opresión en su pecho cuando notó la preocupación real en las facciones del chico. Su ira se disipó de vuelta a las profundidades de su mente.
Ella suspiró.
Ella también lo había extrañado.
«Deja que se te rompa el corazón».
Apretó los ojos vigorosamente para alejar esa maldita voz.
—Cyborg ya despertó, está en perfecto estado, aunque un poco aturdido y confundido por todo. Roy está abajo hablando con Dick, la torre está destruida. Quizás debamos trasladarnos a la torre de los Titanes del Este provisoriamente hasta que esta esté reparada. Quizás si Copperfield siguiera aquí podría arreglar todo moviendo esa rara varita y pronunciando esas extrañas palabras. También Dick dijo que trasladó a Melva y a los otros al monasterio a donde estaban asignados desde el principio. Extrañaré a Jordi y a los mocosos —dijo terminando lo que tenía que decir.
—Es Bobby, Wally —dijo Raven con algo de tristeza porque no vería más a los niños—. Y es lo mejor, estar cerca mío puede ser peligroso.
Ella observó el rostro del chico durante un momento y luego desvió su mirada cuando supo que se había quedado viéndolo como una tonta.
—¿En qué estás pensando? Vamos, quiero saberlo —animó él con una pequeña sonrisa.
—Wally, tu... dijiste que me amabas, ¿no es así?
¿Qué?
El velocista apenas podía respirar. Raven cerró los ojos y volvió a tragar. Cuando los abrió de nuevo brillaban, aunque con timidez, llenos de recuerdos y nostalgia.
—Si, lo hago —afirmó él sin dudar un segundo.
«Deja que se te rompa el corazón».
—¿Quieres oír lo que tengo que decir sobre eso? ¿Mi respuesta? —preguntó la empática ignorando ese murmullo maldito martillando dentro de su cabeza.
«Sí. No... mejor no. O sí. ¡No! Bueno... sí. ¿O tal vez no?». Él no sabía que pensar.
—Solo si tú quieres contármelo, no te quiero presionar. —La voz del pelirrojo sonó muy baja cuando le habló sin dejar de mirarla. Su mente era un torbellino ahora mismo, más que de costumbre.
Ella frunció el ceño y buscó los ojos de él con los suyos, intentando evaluar su reacción. Después se tumbó boca arriba en la cama y miró al techo.
—Bueno, cuando te conocí naturalmente yo estaba confundida y fastidiada por tu intrepidez. Quiero decir, un chico amable, simpático y atractivo se lanza sobre ti así... y te entrega una rosa azul. Nunca me habían dado un obsequio tan significativo antes. —Ella niega con la cabeza como si no pudiera creérselo todavía.
Wally se sentía un poco mareado, porque lo que ella iba a decir ahora lo podía hacer el hombre más feliz sobre la tierra... o podía destruirlo en cuestión de segundos. Sus manos comenzaron a moverse rápidamente por la desazón que recorría todo su cuerpo, el cual ya estaba ligeramente vibrando, quizás queriendo escapar porque él no estaba listo para que ella lo rechazara ahora.
Tragó hondo cuando la chica siguió hablando.
—Yo estaba absolutamente desconcertada. Estaba colmada de emociones extrañas a las que no podía dar nombre, o quizás tenía miedo de hacerlo. Tienes que entenderlo... Mi vida fue siempre un infierno. Mi padre, mis poderes, los monjes, mi entrenamiento, mi destino...
Ella no sigue, pero el velocista se hace una idea: una joven asustada, solitaria y marginada. Se le encoge el corazón.
—Estaba enfadada, muy enfadada con todo el mundo, conmigo, con los que conocía. No tenía amigos. En Azarath me tenían casi atada con una correa, no me entendían. Mi madre no me entendía. Nadie me entendía.
Ella miró sus ojos un momento y luego volvió a mirar al techo y se pasó una mano por el cabello. Wally deseaba pasarle también la mano por el pelo, pero sorpresivamente permaneció quieto.
—Llegó un punto que no podía soportar que nadie se me acercara porque temía salir herida o capaz temía herir a esa persona con mis poderes. No podía. No soportaba que nadie estuviera cerca de mí ni me respirara cerca. Toda la vida me han enseñado a ocultar mis emociones y por ende yo también me oculté. Azarath me enseñó a negar las mismas emociones que disfruto como émpata. Tomo... el dolor y la pena de los demás, pero nunca su alegría y al habérseme enseñado a embotellar mis emociones en mi interior nunca pude experimentarla. Por mis inhibiciones nunca podía decir a nadie cuan terrible era mi sufrimiento. Odio al templo de Azarath por lo que me hizo. Insistir en la perfección... rechazar la emoción.
Qué doloroso es escuchar esto...
Ella ahora se pone de costado para quedar frente al velocista.
—¿Y sabes qué, Wally? Mi mundo recuperó la perspectiva cuando conocí a mis amigos. Ellos eran exactamente lo que necesitaba. Fueron como un soplo de aire fresco. Apartaron de mí toda esa basura y pude volver a respirar. Pero nunca dejé de sentirme un bicho raro, incluso a su lado. Una paria.
«Madre mía», pensó el pelirrojo.
—Y siguió así hasta que te conocí.
«¿Y qué demonios se supone que debo decir ahora?», especuló él.
Raven acercó su mano y acarició con lentitud la mejilla pecosa del chico. Él se fascinó ante su suave toque.
—Tú pusiste mi mundo patas arriba. —Ella cerró los ojos y cuando vuelve a abrirlos están llenos de dolor—. Mi mundo era ordenado, controlado, rígido y de repente tú llegaste a mi vida con tus comentarios inteligentes, tu inocencia, tu belleza y tu tranquila temeridad y todo lo que había antes de ti empezó a parecer aburrido, vacío, mediocre... Ya no era nada. Me convertiste en un caos de la noche a la mañana.
Caos.
Todo es caos.
«Oh, por todos los cielos», caviló el pelirrojo.
—Y me enamoré —susurró ella suavemente.
Wally dejó de respirar en ese mismo momento. Se había quedado, literalmente, congelado.
—Sé que puedo estar actuando un poco rara, pero estoy rogando por poder salir de esto con vida. Y apuesto a las probabilidades en contra de todo. —El chico estaba por abrir su boca para contradecir eso, pero ella lo interrumpió—. Guarda tus consejos porque no los escucharé. Puede que tengas razón, pero no importa, porque hay un millón de razones por las que debería renunciar a ti —confesó ella con dolor—. Quizás debería buscar una manera de dejarte ir, pero... no quiero. Quizás soy egoísta, pero te necesito. Wally, esto no es un cuento de hadas, no hay finales felices y...
—Saldremos ganando, te lo juro —dijo él ahora realmente motivado por sentirse correspondido. Era como si hubiera un nuevo motivo por el cual luchar y un raro pero placentero brío recorría su cuerpo casi como un cosquilleo satisfactorio.
—Wally, ¿acaso no escuchaste lo último que dije? —interrogó ella frunciendo el ceño.
—Me quedé en la parte en que te habías enamorado perdidamente de mi increíble e inigualable belleza —jugueteó él acomodando un mechón detrás de la oreja de la empática—. Pero debes de decirme que es lo que está pasando, es la única forma.
—Si te contara lo que hice, ¿me darías la espalda? Y si parezco peligrosa, ¿te asustarías? Porque hay algo saliendo de mí, algo peligroso —advirtió ella.
—Sabes que nunca lo haría. Rae, debes ver que hay dentro tuyo.
«¡NO! ¡Estás muerta! ¡Eres malvada! ¡Eres todo lo malo! ¡Prefiero morir que dejar que me cures!».
El cruel recuerdo de esa pesadilla se repitió en la cabeza de ella atormentándola.
—No puedo —susurró ella negando—. Se lo que quieres, siento la preocupación en tu corazón, pero no puedo. Mejor déjame sola, no intentes ayudarme, solo... te dañaría. Eres tan cálido y tan cariñoso... tan confiado. Si te dañase, no podría soportarlo. Por favor...
—No te dejaré sola. Medita Rae, estaré contigo. Te lo prometí, ¿lo recuerdas? —. Él asió la mano de ella con fuerza, brindándole todo su apoyo—. No te soltaré la mano. Hazlo, así podremos terminar con esto de una vez por todas.
Ella pudo ver la determinación y el valor en los ojos de él. Entonces ella confió y una minúscula sonrisa emergió de sus labios.
—Lo haré.
—Bien, estaré aquí.
—Azarath, Metrion, Zinthos —conjuró lentamente su mantra, acompasando su respiración y entrando en un estado contemplativo.
La habitación se desvanece mientras Raven siente como sus átomos se dispersan por el vacío entre el tiempo y el espacio.
Se concentra en llegar al centro de su mismo ser.
«He aprendido a controlar todos mis pensamientos, a utilizar mi mente para controlar mis recovecos más oscuros. Ahora lo necesito».
Hay un momento de quietud, un momento en el que el calor y el frío son uno. Un momento congelado entre el tic tac de un reloj. Y un furioso trueno da eco al dolor que crece en su alma empática.
Primero la oscuridad, más espesa y profunda que el negro más oscuro. Entonces, de repente, colores demenciales, espirales, vueltas y más vueltas, formas retorcidas y siluetas. Luego calor, y de nuevo frío.
Locura yendo un paso más allá de la locura.
Siente las sensaciones mucho antes de que las obscenas monstruosidades sean quemadas visualmente en su cabeza. El frío la acaricia con sus dedos terroríficos y helados, tirando de ella, arrojándola, empujándola hacia abajo, abajo, siempre abajo.
Se resiste, luchando, aferrándose, pero las sensaciones están por todas partes y presionan con tanta fuerza su magullada mente. Un frío tan penetrante, tan doloroso. Es como un infierno ártico.
Raven se sumerge en las profundidades de su mente, pero el frío termina de repente. El calor de las profundidades interiores que no existía un instante antes aparece y la rodea. Su piel se tensa, cuando aguas hirvientes la aferran con una garra ineludible.
De nuevo es empujada hacia abajo, desplomándose con dureza hacia la membrana que flota en calma en los mares dimensionales de su mente.
La inconciencia viene y va.
Ella comenzó a caminar descendiendo hacia las sombras oscuras y la arquitectura deformada del paisaje.
Hasta que llega al muro que limita todo.
La luz nunca llega hasta aquí. Ni tampoco el reconfortante calor de las estrellas. Aquí siempre hay oscuridad, y tristeza. Y a menudo... desesperación.
«Yo soy tú, Raven. Eres tan malvada como yo».
—¿Por qué me has hecho esto, Azar? —preguntó ella viendo el paredón—. Azar... siento odio. Azar... quiero... matar. Tú me enseñaste que el pacifismo es fuerza, no debilidad. Pero te equivocabas. Te equivocabas. Siento que la maldad de mi padre crece en mi interior y me asustan mis pensamientos. Pensamientos de muerte, de destrucción. De poder. Y lo que me asusta no es tenerlos... sino que me gusten. Dame consuelo, Azar. No puedo soportar en lo que me he convertido.
Ojos rojos aparecieron frente a ella y de repente dos más se unieron. Un rugido sacudió el panorama mental y Raven se derrumbó sobre sus rodillas. Trigon se paró frente a ella, un gigante que se cernía amenazadoramente arriba.
«En las entrañas de tu interior, un monstruo espera». Recordó al instante la frase de esa mujer de blanco. No era la sombra el monstruo, era su padre. Otra vez se había equivocado.
—Oh, no.
Su padre, la encarnación del mal, nacido en otra dimensión. Su padre, que vive en los pliegues más oscuros de su ser-alma.
Raven levitó hacia él, se preparó para gritar su mantra y enviarlo de vuelta a la dimensión infernal de donde vino. Pero tan pronto como lo miró a los ojos rojos como la sangre e intentó hablar, su voz se había ido. Se quedó mirando el rostro del horror infernal y, aunque movió la boca, fue como si le hubieran arrancado la voz de la garganta. Raven fue arrojada de vuelta a las sombras. Ella preparó otro ataque y se puso de pie para enfrentarlo.
Voló directamente hacia su padre. ¿Por qué no podía enviar a Trigon de dónde vino? ¿Por qué estaba pasando esto?
Ella estaba flotando ahora; flotando en una sala de almacenamiento aleatoria en la torre, el agua salía volando de los sumideros y objetos aleatorios flotaban alrededor envueltos en energía oscura. La habitación comenzó a derretirse, resbalando y goteando para revelar a sus amigos ser cercenados y el fuego del infierno bailando y saltando alrededor de un paisaje rojo. Trigon lanzó un puño encima de ella y la envió directo al fuego. Raven se recuperó en el aire y voló directo hacia él nuevamente.
Docenas de demonios de fuego la seguían mientras intentaba gritar su hechizo que parecía estar trancado en la parte superior de su garganta. El resultado fue el mismo, ya que no salió nada. Fue golpeada y un acero ardiente, como brazos envueltos alrededor de su cuerpo, la envió volando hacia atrás en la oscuridad.
Raven se levantó cautelosamente para observar ahora el panorama mientras la bañaba una luz de colores. Levantó la vista para ver la gran vidriera circular de una iglesia. Su estómago se hundió al darse cuenta de la realidad. Sus amigos la rodeaban. Observó horrorizada cómo uno por uno desaparecía. Estaba enojada, pero además frustrada. ¿Por qué no estaba su magia funcionando? Nuevamente, sentía como su poder la abandonaba, como le había pasado en diversas ocasiones.
Trigon sonrió ante su impotencia. Ella se dirigió hacia su padre tratando de pronunciar su hechizo, pero su voz no salía. Él la golpeó rápidamente, como si no fuera más que una mosca patética e inofensiva. Sintió una sacudida cuando se estrelló contra varios bancos.
Sus ojos ahora brillaban blancos y se recuperó para enfrentar al demonio una vez más.
—¿Creíste que le librarías de mí, niña ilusa? Déjame salir.
—¡No te liberaré! —gritó por fin. — ¡No me convertiré en tu hija de la muerte! ¡Si tengo que morir para detenerte, lo haré!
Dio un paso adelante decidida. La hechicera cerró sus ojos y de sus manos finalmente comenzó a emanar energía oscura. Unas cadenas mágicas, negras como el ónix, emergieron del suelo y se enrollaron alrededor de Trigon, ciñéndose a su alrededor e impidiéndole moverse.
Lo mantendría sellado dentro de su cabeza si era necesario.
—Esto no me detendrá.
—¡Pero yo si te voy a detener! —gritó Raven. Trigon dejó escapar un rugido tremendo que sacudió el suelo y derribó las paredes. Las vidrieras sobre ella se derrumbaron y llovieron como piedras preciosas afiladas, piezas de colores vivos, cortando su cuerpo. El cristal hizo que brotaran sensaciones de ardor.
—Nunca me vencerás, querida hija. Déjame salir, a mí y a tu otra parte, esa que mantienes tan oculta. Porque tú ya no me sirves para nada.
Los ojos de Trigon parecieron iluminarse y el cuerpo de Raven se cubrió con esas malditas runas una vez más. Extendiéndose por todo su cuerpo.
Sus grabados volvieron a arder hasta adentrarse en la gema roja de su frente. Estaba en llamas. Ella estaba en llamas. Toda la zona estaba en llamas.
Entonces Raven gritó por el dolor.
Buzzard's Bay, Massachusetts
Jonathan Crane siempre supo que todos tenían un miedo que los paralizaba. Algo que los hacía congelarse como maniquíes, solo con un latido cardíaco que aceleraría a velocidades más allá de lo saludable.
Sus cuerpos comenzarían a expulsar sudor y temblores. Bueno, en realidad, no todas las personas tenían la misma reacción exacta. Hubo otros que tuvieron pequeñas reacciones peculiares que definitivamente valieron la pena observar. Estas reacciones diferentes siempre lo divertían sin fin.
Por ejemplo, un miedo simple que un paciente había tenido eran las cucarachas. Parecía algo bastante inofensivo. Jonathan procedió a encontrar una. Solo una. Solo una miserable cucaracha. Al revelar dicho insecto a dicho paciente, el hombre gritó instantáneamente en un tono más alto de lo que Crane pensó que era posible para cualquier hombre después de la pubertad, se orinó en sus pantalones, se abalanzó hacia la puerta cerrada de la celda y procedió a rascarla hasta que las uñas fueron prácticamente destruidas y los dedos sangraron por el daño.
Era placentero verlo, amaba su trabajo. Ahora, si esas no eran razones suficientes para descartar reacciones adversas, el brillante acto del paciente de desmayarse por la sobrecarga de adrenalina y el miedo parecía una buena razón.
Los pacientes eran, por supuesto, casos fáciles de roer para el psiquiatra experto, y pronto se aburrió de su previsibilidad, en como terminaban ellos luego de ser gaseados hasta la muerte, retorciéndose en el suelo de las pequeñas cámaras frigoríficas hasta que dejaron de moverse y Crane ordenó que se deshicieran de ellos.
Nunca cuestionó dónde terminaron los cuerpos tampoco. ¿Por qué molestarse? Después de las muchas muertes en los años desde que se conoció la evolución de Crane hacia un criminal y comenzaron a aparecer más y más criminales en Gotham, no fue tan raro que se descubrieran cuerpos en contenedores de basura o en los automóviles de las personas, pudriéndose con moscas dando vueltas.
Como se dijo al principio, Jonathan sabía que todos tenían un extremo miedo a algo. Ya sea debido a experiencias traumáticas en el pasado, o simplemente a un instinto humano básico para temer a algo desconocido y ajeno a ellos.
Atemorizar al enemigo era fundamental. Había aprendido que el miedo era su aliado. El miedo mutila con más rapidez que cualquier arma de guerra. Para él, el miedo es la raíz de todas las emociones negativas. Si quieres controlar a alguien, haz que sienta miedo. El miedo vence a más personas que cualquier otra cosa en el mundo. Ningún poder roba tan eficazmente a la mente todos sus poderes de actuar y razonar como el miedo.
Y su famosa toxina del miedo es lo que seguramente lo había traído a un nuevo cliente.
Estaba vestido con una camisa blanca con cuello, un chaleco suéter marrón y un traje azul oscuro con las más finas rayas. Sus gafas con montura plateada adornaba sus ojos. Se acomodó en su asiento al frente del otro hombre, con un bolígrafo entre los dedos y una lata de gas del miedo bajo la manga por si acaso.
—Entonces, doctor Crane, ¿cómo es que funciona su famosa droga sintetizada? —curioseó Hermano Sangre reparando en el líquido dentro de la probeta de cristal que ahora estaba en su mano.
—Es fácil, señor Sebastian —dijo él comenzando su explicación—, mi famosa toxina actúa en una región cerebral concreta: la amígdala, una pequeña estructura alojada en el seno del sistema límbico, nuestro «cerebro emocional». Respeto el poder de la mente sobre el cuerpo. —Hizo una pausa, sopesando cuidadosamente sus siguientes palabras—. Es por eso que hago lo que hago.
—Interesante —dijo el anciano realmente fascinado.
Era la verdad. Todo en la vida de Crane, todo, se remonta a su fascinación por el miedo, desde acurrucarse en las historias de fantasmas que la abuela Keeny le prohibió leer entre la seguridad de las estanterías de la biblioteca de la ciudad de Georgia cuando era niño, hasta sumergir una jeringa llena de su toxina en el brazo de un preso de asilo suplicante y aterrorizado.
Los músculos pueden atrofiarse, el cerebro puede deteriorarse, y cada corazón vivo debe algún día dejar de latir, pero mientras el hombre existiera, el miedo nunca podría morir. "Respeto" era una palabra demasiado simple para la devoción de Crane; abrazó el miedo con el ardor de un amante, la reverencia de un adorador y las intenciones de un conquistador. Crane no solo admiraba y estudiaba el miedo: se había convertido en eso. La línea metafórica que separaba a Jonathan Crane y El Espantapájaros se volvía más borrosa con cada día que pasaba, y eso estaba bien para él. No le molestó la transformación; más bien, lo encontró liberador, dichoso, emocionante.
—¿Esto es lo que le solicité, no es así? —preguntó Hermano Sangre agitando con cuidado el invaluable líquido.
—Sobre eso, Sebastian, pude sintetizar la droga que me pidió, pero es... demasiado concentrada. Integré amapolas a la toxina, una rara flor que crece en las montañas de Bután, para aumentar su eficacia exponencialmente —notificó Crane—. Para lo que la va a usar no es de mi incumbencia, pero quiero que sepa que cualquier humano común y corriente no resistiría a una dosis concentrada tan alta. Moriría al instante después de agonizar.
—Oh, no se preocupe, mi interés es que mi objetivo viva —dijo Hermano Sangre restándole importancia a eso.
—¿Y entonces? —inquirió Crane un poco confundido.
—No estamos hablando de un humano común y corriente.
—¿Metahumano? —preguntó el psiquiatra con creciente curiosidad.
—No precisamente —manifestó Hermano Sangre—. Le agradezco que haya cumplido con su trabajo, encontrará que el dinero ya ha sido depositado en su cuenta bancaria, doctor.
—Entonces ya me puedo retirar.
Enderezándose en el escritorio, Crane miró su reloj y luego agarró su maletín. Era casi la hora de su cita para almorzar, y odiaba no llegar a tiempo.
—¿Cómo la administro? —quiso saber Hermano Sangre.
—Puede inyectarse o administrarse en forma de gas —informó Crane—. Es más efectiva la última forma, la droga penetra incluso a través de los ojos y la piel, es ineludible. Déjeme advertirle por última vez que esto demolerá la psiquis a quien se la dé.
—Doctor —dijo el anciano y una cruel sonrisa nació en su semblante—, pero si eso es justamente lo que deseo, destrozar por completo los muros de su mente.
Jump City - Torre de los Titanes
—¡No! ¡No dejaré que me controles! ¡Aléjate! ¡Azar, ayúdame! ¡Vete!
Raven chilló.
Y no solo eso, sino que se encorvó, retorcida en una agonía tan horrible que incluso Kid Flash sintió que le cortaba el aliento. Su espalda estaba arqueada por una tensión antinatural, cada parte de ella estaba rígida mientras gritaba y gruñía y parecía no poder detenerse, sin importar cuánto intentara calmarla, primero verbalmente y luego físicamente.
Pero, para sorpresa de él, repentinamente todo se detuvo. Todo estaba paz y en relativa quietud. La chica yacía completamente inmóvil y su respiración estaba moderada. Su pecho subía y bajaba lentamente.
¿Había despertado ya de su estado meditativo? ¿O se había quedado dormida?
—Raven, ¿estás bien? —preguntó Wally acercándose a ella.
Pero inmediatamente la vio abrir sus ojos y no era lo que esperaba ver.
Para nada.
Sus preciosos ojos violáceos ahora eran cuatro fogonazos maléficos. Ella, a una velocidad sorprendente que incluso lo sorprendió a él, se enderezó en la cama y lo aferró fuertemente del cuello con una de sus manos amenazando con estrangularlo.
—Apártate de mí humano, antes de que te destruya —amenazó ella ahora con una voz diabólicamente deformada.
—Su-suéltame —murmuró él tratando de retirar la mano de Raven de su cuello y zafarse del poderoso agarre, pero parecía imposible. Tenía una fuerza indescriptible que era realmente sorprendente para el claro estado de debilidad en el que se encontraba.
—Te mataré, chico. Perderán ante mí —auguró la chica de manera tenebrosa con una mueca perversa. Era innegable que no era ella misma en este momento.
—Trigon me mataría si pudiera, estoy seguro, no se contentaría con amenazarme. ¡Aún no es tarde! Raven, por favor, escúchame. Dentro de tu alma, escúchame. Tú no eres tu padre. No eres Trigon. ¡Puedes luchar contra él!
Pareció ser que esas simples palabras hicieron efecto porque Raven lo soltó.
Pronto un frío entumeció sus sentidos.
Raven agarró su cabeza y dejó escapar un grito débil ante las sensaciones que la bombardeaban. El mundo a su alrededor era ruidoso... demasiado ruidoso. Las sensaciones latían a través de ella, la marea de voces se elevó a un tono alto. Se dejó caer en la cama con la cabeza apretada entre las palmas de sus manos, esperando aplastarla como una nuez. Raven necesitaba silencio. ¡Pero no había nada que hacer! Sus emociones salieron de ella, enviando objetos a su alrededor en un torbellino de destrucción. Los mismos flotaban en la habitación y luego comenzaron a girar en un torrente antes de romperse.
La Torre se sacudió otra vez con un poderoso terremoto y una explosión de energía viajó a través de la hechicera. La oscuridad consumió el área. Raven sintió su energía pulsando dentro y como la misma se fugaba de ella. Los colores se arremolinaban a su alrededor mientras el mundo se volvía negro.
Wally vio como una extraña sustancia negra empezaba a brotar por todos los poros de Raven y formaba una tempestad de penumbra.
Su ser-alma es la parte de ella que es Trigon. Ahora está fuera de control. La opaca silueta del alma de Raven cubrió toda la habitación.
—¡Corre! ¡No puedo controlarlo! ¡Huye! —exclamó Raven tratando de frenarlo, pero era imposible.
Kid Flash, en contra de toda lógica, se aproximó a la chica decidido a ayudarla, pero fue empujado lejos por ese tifón. Su espalda colisionó fuertemente contra la pared la cual se agrietó un poco por la potencia del golpe.
En ese momento la puerta se abrió.
—¿Qué sucede aquí? —preguntó Robin que, por el temblor que agitó la edificación, entró finalmente en la habitación de Kid Flash junto a los otros Titanes y Roy para ver qué sucedía, y lo que advirtió hizo que sus ojos se abrieran excesivamente bajo su antifaz.
Parecía una escena sacada de una película de horror.
Raven levitaba en la cama y una extraña materia negra la envolvía en un remolino contiguo a despojos de varios objetos despedazados. Las sombras bailaban alrededor de los cuatros muros. Miles de voces que hablaban en un dialecto inteligible sonaban al mismo tiempo, como un cántico diabólico.
—Pero, ¿qué diablos es esto? —preguntó Speedy realmente ofuscado por lo que estaba observando. ¿Qué le sucedía a Raven?
—Me empujó cuando intenté tocarla —comunicó Kid Flash sintiendo el dolor en todo su cuerpo. Echó un vistazo a su traje y algunas partes parecían haberse derretido.
—¡Quizás solo tengamos que tocarla un poco más fuerte! —exclamó Chico Bestia saltando hacia la empática transformándose en un gorila, pero también esa energía lo mandó a volar lejos por una de las ventanas rotas de la habitación. Transformado ahora en un halcón, volvió a entrar y se paró junto a sus amigos—. Creo que mejor no —murmuró ahora nervioso.
—No me gusta tener que hacer esto, Raven —dijo Starfire. Sus ojos y manos se iluminaron de verde y disparó un starbolt con intención de socorrer a su amiga, pero esa cosa negra parecía impenetrable. El cañón sónico de Cyborg tampoco sirvió.
—¡Demasiado tarde! ¡Por favor, deténganme! —profirió Raven en un alarido lastimoso. — ¡No controlo mi ser-alma! ¡Hagan lo que tengan que hacer!
—¡No! ¡No te atacaré, Raven! —prorrumpió el velocista—. Podemos salir de esto juntos. Intenta luchar, lo conseguirás.
—M-me duele —murmuró la empática apretando los dientes en un intento de soportar el padecimiento que estaba sintiendo.
—¡Raven! ¡Inténtalo! —gritó Wally desde su posición—. Puedes hacerlo. Sé que puedes.
—¡Dar ánimos no servirá de nada! ¡Tenemos que romper su conexión! —comunicó Robin lanzando varios birdarangs, pero estos parecían no valer para nada. Evidentemente acercarse tampoco era una solución.
Terra utilizó su poder y varios fragmentos de pequeños escombros sobrenadaron en el aire antes de dirigirse hacia Raven, pero las rocas se pulverizaron cuando hicieron contacto.
—Bien, lo tengo. Háganse a un lado —indicó Speedy sacando una flecha explosiva de su carcaj. Se puso en posición, tensó el arco mientras apuntaba a su objetivo, entrecerró un ojo y disparó.
La flecha implosionó cuando tocó esa sustancia negra y el cuerpo de Raven fue impulsado contra la pared por inercia gracias a la detonación. Pareció surtir efecto porque todo frenó finalmente y esa sustancia negra retornó al cuerpo de la hechicera.
—¿Raven? —preguntó Robin acercándose a la nombrada con cautela luego de esperar unos segundos.
En ese momento, los ojos de la empática se abrieron. Desorientada, se cubrió los ojos con un brazo tembloroso. Con todo su cuerpo tiritando como si tuviera frío, se sentó y presionó sus manos contra su frente.
—Estoy bien...—informó luego de toser un poco—, aunque me gustaría que Roy me explicara por qué me lanzó una bomba atómica atada a una flecha.
—Lo siento —se disculpó Speedy rascándose la mejilla con un dedo y una media sonrisa en su cara—. Solo quería asegurarme de que volvieras a la normalidad.
—¿Qué? ¿Volándome hasta New Jersey? —curioseó ella con sátira—. Podrías haber lanzado un cubo de agua fría.
—Raven, no es momento de sarcasmos —espetó Robin con seriedad.
—Lo siento, las excursiones familiares siempre me dejan un poco tambaleante —se disculpó la empática y luego comunicó la terrible noticia—. Él... se acerca.
Ella percibió como el miedo crecía en todos sus amigos.
—¿Así que Trigon volverá a atacar la tierra? —preguntó Robin tratando de procesar la aterradora revelación.
—Si, pero ahora es mucho peor —advirtió Raven.
—Bien, porque sonaba aburrido —agregó Chico Bestia de manera jocosa.
—¡No es un chiste, idiota! —reprendió Terra golpeando al cambiante en su cabeza con un puño.
—Auch —se quejó el chico verde.
—Él no está solo esta vez —siguió informando la empática.
—¿Qué quieres decir? —cuestionó Cyborg.
—Tiene ayuda, aquí en la tierra —anunció Raven—, pero no solo estoy hablando de la Iglesia de la Sangre. Parece que me tiene a mí.
—¿Te tiene? —preguntó Wally sin entender.
—Oh, dios —se inquietó Robin entendiendo al fin.
—Dios no tiene mucho que hacer en esto —repuso Cyborg con gravedad—. Nos estás queriendo decir...
—Si —afirmó Raven con abatimiento—. Cada día me resulta más difícil controlarme. Y puede que un día no pueda resistir la poderosa llamada de Trigon. Pero mientras pueda, por favor, dejen que sea yo misma.
Washington D.C.
—¿Las siete trompetas? —preguntó Batman, sin comprender completamente, luego de escuchar la delirante historia que relató la maga de la Liga.
—Es una metáfora bíblica, del fin del mundo —comunicó Zatanna—. Raven me mostró esa visión de lo que se aproxima.
—¿Y por qué considerar significativa una simple visión? —indagó ahora Hal Jordan.
—Porque esa visión parece similar a la que yo tuve cuando observé futuros alternos mediante un hechizo reverso —informó Zatanna viendo a todos los presentes—. Miles de criaturas infernales atacaran nuestro mundo, de eso no hay duda.
—Los invasores son nocturnos, quieren bloquear el sol para vivir en la oscuridad perpetua —dijo Doctor Fate.
—¿Amigos tuyos? —preguntó en tono de burla Flash dirigiendo sus ojos a Batman.
—No es una broma —espetó este sin nada de gracia entornando los ojos—. Esto está más allá de toda lógica y luchar contra algo que no comprendemos nos llevará a una derrota asegurada.
—Constantine, usaste la llave Keshanti. ¿Qué pudiste observar? —preguntó Doctor Fate viendo al nigromante que se había mantenido ajeno a la conversación porque estaba muy concentrado... bebiendo una botella de ron. Ni siquiera tuvo el recato de usar un vaso. Puso los ojos en blanco, ni siquiera en una situación grave podía dejar de beber.
—Lo típico, pasado trágico, triste —indicó con simpleza John limpiándose con su manga el resto de bebida que había quedado en el borde de su boca—. La oveja negra. Rechazada por la sociedad, excéntrica y solitaria.
—Suena triste —comentó Superman.
—¿Bien? —apuró Batman para que el exorcista hablara.
—Está bien, supongo que vamos por el principio —dijo John parándose frente a todos comenzado a narrar—. Raven, luego de descubrir la profecía y el destino que le aguardaba desde su nacimiento, se exilió de Azarath a temprana edad y fue a la Tierra para prevenir la inminente llegada del demonio Trigon, pero dejando a cambio inconcluso su entrenamiento el cual era necesario para ella. Pero, cuando se fue, los monjes ya habían hecho el daño. Crearon un muro en su mente para reprimir la mayor cantidad de emociones posibles y así evitar que la chica fuera capaz de sentir. Ese fue su primer error, del cual ustedes, basuras incompetentes, también son culpables por negarse a ayudarla —despreció ahora despotricando y señalando acusadoramente a todos, que ahora lo miraban con extrañeza por su arrebato imprevisto—. Como aborrezco a los superhéroes, escondido detrás de esas capas a prueba de balas, lo único que ustedes logran malditos bastardos hijos de...
—¡John! —prorrumpió Zatanna llevándose una mano a la frente. Quizás tendría que transformarlo en conejo nuevamente.
—Lo siento —se disculpó él con una sonrisita.
—¿Y el otro error? —indagó ahora Shazam.
—Sumado a su deficiente capacitación, Raven estaba sufriendo un torbellino emocional muy grande —siguió el nigromante con su explicación—. Con su afán de poder mantener sus emociones bajo un control total y desembarazarse de las mismas, cometió el gran error de disociar su mente, y desorganizar su Yo creando entidades corporizadas de las mismas dentro de su psique. La felicidad, timidez, valentía, ira, pereza, conocimiento y pasión. Siete emociones. Logró materializarlas a todas en algo concreto, haciéndolo mentalmente más entendible, justificable y manejable, para poder estabilizar la "armonía" entre las mismas y ella misma.
—Suena bastante complicado —dijo Aquaman algo enmarañado con la explicación del extraño hombre rubio.
—¿Y contra qué vamos a pelear específicamente? —exigió saber Batman, algo descontento por no comprender nada de lo que estaba exponiendo Constantine.
—Raven nunca lo supo ni se dio cuenta que con esta escisión divisoria de sus emociones también le dio cuerpo e independencia a una estructura arcaica, arquetípica, antigua como la vida misma, una octava personificación que nunca tuvo intención de crear, denominada... La Sombra —expuso finalmente John.
Era totalmente consciente de las miradas confundidas de todos, pero no había otra forma de explicar. La magia en si misma era compleja y más aun para legos ignorantes como ellos.
—Uy, la sombra, suena tenebroso, ¿no lo crees? —ridiculizó Barry en un tono sombrío pero burlesco a Oliver que estaba a su lado, pero la mirada dura que le dio la amazona de la Liga lo hizo tragar hondo y encogerse en su asiento—. Lo siento, no hablo más —se excusó en un susurro.
—¿La sombra? ¿Y qué rayos es eso? —sondeó Hal Jordan.
—En términos que sean fáciles de entender para ustedes, la sombra corresponde a la parte oscura del alma de todo ser humano conjunto de las frustraciones, temores, inseguridades, rencor y agresividad —explicó ahora Doctor Fate que seguía sin problemas el ritmo de la explicación.
—¿Qué más? —preguntó Wonder Woman.
—Ahí están nuestros miedos, traumas del pasado, decepciones que nos envenenan, los sueños no realizados por indecisión y que se convierten en tiburones frustrados navegando en nuestra personalidad —siguió exponiendo Constantine—. Si los escondemos, esos demonios internos adquieren mayor ferocidad y si los silenciamos nos acabarán controlando. La sombra es más destructiva, insidiosa y peligrosa cuando más la "reprimimos". Todo el mundo tiene una sombra, y cuanto más oculta está de la vida consciente del individuo, más negra y más densa es. La sombra no es mala, todos poseemos una, todos tenemos algo de villano dentro de nuestro interior, nuestros propios demonios. Sin embargo, Raven, al disociar su mente y sus emociones, sin planearlo le brindó a esta parte de su personalidad una entidad corpórea independiente, le brindó un cuerpo astral para sostenerse y sublevarse.
—¿Y qué es ahora específicamente? —preguntó Shazam.
—Un parásito psíquico con ansias de tomar poder y control tanto del cuerpo, mente y alma de Raven —explicó ahora Zatanna.
—Creo que necesitamos más información —señaló Green Arrow.
—Inicialmente, solo podemos observar el impacto de su presencia y, hasta que no podamos verlo, seremos inconscientes proveedores de su requerida nutrición —expresó Constantine—. Se estuvo alimentando desde siempre de sus emociones reprimidas, arrasando de paso con su poder y sus energías. Para empeorar más la situación si es posible, se hizo "amiga", por así decirlo, y terminó fusionándose con la emoción más temida, rechazada y tabú de Raven: la ira y herencia repudiada de su padre. Por eso cuando visité su mente no encontré esa emoción en particular. Un patógeno psíquico virulento, le damos de comer, se alimenta de represiones, pensamientos y residuos psíquicos, y finalmente, cuando esté en su punto culmine, para lo cual no falta mucho, termina matando a su anfitrión, su huésped... a Raven —sentenció finalmente el rubio.
—Bien, ¿y cuál es el siguiente objetivo de esta entidad? —preguntó Superman.
—Ya está sucediendo, un golpe de estado psíquico. El parásito puede usurpar y desplazar a la persona, que se convierte en su títere y marioneta. Este proceso quiere ser acelerado por Hermano Sangre mediante un ritual —contestó Constantine al kryptoniano—. Él le quiere brindar a este ente no solo una gran fuerza y una barrera inquebrantable a nivel mental, sino también un cuerpo físico, real, de carne y hueso. La mente de Raven ahora mismo es un campo de batalla, azotado y desgarrado, arrancado de la misma estructura de la realidad. Y ese muro que crearon en Azarath está a punto de ser tumbado.
—El problema no es el muro en sí mismo, sino lo que hay detrás —habló Zachary por primera vez desde que entró al lugar.
—¿Y qué hay tras ese muro? —quiso saber Wonder Woman.
—Estuve en su mente y la respuesta parece ser bastante factible —manifestó el nigromante. — ¿Recuerdan cuando Trigon vino a la Tierra y casi ocasiona el fin de todo? La chica pudo desterrarlo. Quizás el presupuesto más viable es que lo haya mandado a otra dimensión porque él no puede ser aniquilado completamente.
—Pero eso no fue así —agregó Aquaman comprendiendo un poco más.
—No. Trigon es un demonio astuto, inteligente —siguió Constantine—. No se iba a dejar vencer tan fácilmente, menos por su progenie. Ese día, luego de que Raven lo derrotara, su alma encontró un lugar donde adherirse, casi como una garrapata. Experimenté el dolor de Raven. Ella está librando una batalla por ella misma, pero también por toda la humanidad. Trigon maneja su mente y desgarra su ser y desea destruir todo lo que su hija ama. Él sabe que ella quiere gritar y pedir ayuda, pero no puede. Sabe que solo desea abrazar la vida, pero tiene miedo. Su alma no está maldita, sino que es la maldición misma.
—Pobre chica —susurró la amazona con pena llevándose una mano hacia su boca.
—Trigon vive dentro de Raven sin que ella se haya percatado —reveló Constantine ante la mirada seria de todos ahora—. Detrás de ese muro logró esconderse sin que su hija advirtiera su presencia porque detrás de esa muralla es donde ella nunca se atrevía a mirar, era su parte reprimida. En resumen, Raven es un receptáculo ahora mismo y Hermano Sangre desea sacar a flote a los dos, a Trigon y La Sombra.
—Pero si la encerramos quizás...—sugirió Aquaman, pero fue interrumpido por el hombre con casco.
—No, las cosas deben seguir su flujo —aclaró Doctor Fate seguidamente como si no le importara en lo más mínimo.
—¿Qué? —preguntó la amazona sin creer lo que escuchaba. — ¿Acaso enloqueciste o ese casco te ajusta el cerebro y no te deja pensar?
—La Atalaya podría ser un lugar suficiente para contenerla —insinuó Green Arrow.
—¿Zatanna? —nombró Wonder Woman a la maga para que dijera algo y corrigiera la idea de Fate.
—No. Opino igual que él —dijo la maga negando con la cabeza totalmente resignada—. Actuamos tarde, y encerrarla solo retrasará lo inevitable. Baron Winters ya lo predijo, el destino de Raven está escrito. E incluso si consultáramos con Madame Xanadu ella consideraría lo mismo.
—Las cosas ya no pueden cambiarse. Pero todo se equilibrará al final —vaticinó Fate—. El balance será mantenido.
—¿Equilibrará? —A Superman eso no le sonaba bien—. Entonces... ¿la chica debe... morir?
—Quizás pueda evitarse y podamos salvarla. Si nosotros... —solicitó Flash pensando en el bienestar de la joven, pero un fuerte golpe en la mesa interrumpió su pedido.
—¡Idiotas, jamás podrán derrotarla y enfrentarse con poderes que no entienden! —exclamó Constantine con su puño sobre la superficie, ahora un poco molesto. ¿Por qué no podían entender? —. Escuchen, para derrotar totalmente a Raven es necesario eliminar por completo su alma. Aunque destrocen su cuerpo ella se restaurará. En realidad, su cuerpo es solo un recipiente y probablemente lo único capaz de eliminar su alma por completo es algo que la chica ya descubrió. Ella está desesperada, desea la humanidad con todo su ser, nos valdremos de eso también. Luego será una oportunidad entre mil. Dejaremos que Hermano Sangre obtenga a Raven y una vez que el ritual esté completo y La Sombra salga a flote aprovecharemos esa oportunidad para purificar esa parte junto con ella y cualquier rastro de Trigon, y yo soy el único que puede hacerlo. No hay tiempo que perder, ustedes reúnanse para salvaguardar la Tierra ya que miles de demonios ingresarán a este plano incluido el papi de la chica —ordenó con severidad.
—¿Planeas entregarla al enemigo así tan fácilmente? —preguntó Batman frunciendo el entrecejo. El plan de Constantine sonaba realmente estúpido. Era absurdo en cierto sentido.
—Claro, ¿acaso no me explique bien, Batsy? ¿O quieres que también te elabore un esquema?
—¿Y aprovecharte de la desesperación de la chica? ¿Acaso no tienes alma? —preguntó Superman viendo con algo de recelo al hombre rubio.
—¿Mi alma? No me hagas reír —dijo el nigromante con socarronería. Si solo supieran—. Soy el bastardo que tiene un montón de trucos mágicos que seguro no les van a gustar, pero si salvar sus culos con mallas. ¡Así que abróchense los cinturones amigos, este será un viaje movido! —profirió y salió del lugar antes de perder los estribos, porque sinceramente estaba perdiendo la poca paciencia que tenía.
—Que sujeto tan extraño —criticó Wonder Woman.
—Solo un bufón —se burló Zachary viendo la puerta por donde el nigromante salió, seguramente buscando la cocina para seguir bebiendo.
—¿Timador, bufón, ladrón, mago? Se han dicho muchas cosas sobre John Constantine, si, y todo el mundo que le conoce tiene su propia teoría —agregó Doctor Fate viendo también por donde el hombre se había retirado—. Pero, en realidad, no es más que un hombre. Y quizás un día, si le dejamos, pueda ser un héroe.
Zatanna caminó hacia Batman, el cual se había levantado de su lugar en la mesa para retirarse también. Él se giró cuando vio a la maga acercarse.
—¿Has visto a J'onn? —preguntó en un susurro Zatanna, dirigiendo sus ojos a todos los que estaban sentados en el salón, ahora dialogando y debatiendo entre ellos—. Es raro que no esté en la reunión. Siempre es puntual.
—Lo mandamos a una misión como infiltrado junto Miss Martian al mitin que Hermano Sangre organizó para el día de hoy —comunicó él con exactitud—. Ya sabes, ellos tienen la habilidad de cambiar de forma. Necesitamos averiguar...
—¿Qué hiciste qué? —Los ojos se Zatanna se abrieron y él pudo percibir el miedo en su semblante.
—J'onn sabe cuidarse solo, Zee —susurró Batman confundido por el temor de la maga—. No los descubrirán.
—Psimon está en sus filas, Bruce —informó ella en un tono trémulo.
Buzzard's Bay, Massachusetts
La iglesia, en su parte principal, era de un barroco recargado, con paredes y altares dorados.
—Bien, observa niño, la magnificencia de nuestro señor —indicó Mother Mayhem empujando al chico de rodillas al suelo para que observara todo desde un buen lugar en el balcón de la capilla.
—Púdrete, maldita —insultó Jason con verdadero desprecio hacia la mujer que lo había torturado sin piedad hace un rato.
Ella apretó su puño. Quizás no había sido muy estricta con el martirio. Debía ser más rigurosa con el correctivo o su señor se molestaría con ella.
Sebastian estaba parado ante sus acólitos en la capilla. Iluminado tan sólo por la luz de las velas, él contaba una historia de tal odio y alevosía que Jason estaba tiritando. Un discurso enfermizo sobre como la humanidad merecía ser purificada y como un tal Scath lograría tal hazaña junto a su hija, discurso que los fanáticos escuchaban atentamente.
—En este lugar, en esta fecha, el mundo cambiará para siempre —expuso con voz profunda—. Empujado a la clandestinidad, me veo obligado a dirigirme al mundo desde las entrañas de la Tierra, confinado entre estas cuatro paredes. Pero éste es mi paraíso, el útero perfecto para mi obra—Hizo una pausa—. Y, sin embargo, incluso aquí percibo los pasos de las almas ignorantes que me persiguen..., dispuestas a hacer lo que haga falta para frustrar la misión que tengo por delante. Con pureza de conciencia les entrego el regalo de la esperanza, de la salvación, del mañana. Y, sin embargo, todavía hay quienes me persiguen como si fuera un perro rabioso, alimentados por la arrogante creencia de que estoy loco. Como a Galileo Galilei, el desventurado astrónomo que fue castigado con severidad por insinuar que Dios había colocado a la humanidad en un lugar que no era el centro de Su universo. Igual que los clérigos ciegos que conspiraron para que se ajusticiara a Copérnico, me desprecian como a un demonio, temerosos de que haya atisbado la verdad. Pero yo no soy un profeta, yo soy la salvación. Al igual que ellos, yo soy un iluminado.
El anciano hombre avanzó y habló a la multitud.
—Los engranajes han estado en movimiento durante mucho tiempo —dijo el anciano—. Estamos en una nueva Edad Media. Siglos atrás, Europa estaba inmersa en su propia miseria. La población vivía hacinada, muerta de hambre y sumida en el pecado y la desesperanza. Era como un bosque demasiado poblado y asfixiado por la sequedad, a la espera del rayo de Dios, la chispa que finalmente encendería un fuego que se extendería por la Tierra y la despejaría de vegetación seca, y permitiría que la luz del sol llegara de nuevo a las raíces sanas. Pregúntense, mis hermanos, ¿qué siguió a la Peste Negra? —preguntó Hermano Sangre. Luego de una breve pausa, en la cual algunas personas murmuraban posibles respuestas, él prosiguió con su discurso—. Todos sabemos la respuesta, el Renacimiento. Un renacer. Siempre ha sido así, a la muerte le sigue el nacimiento. Para alcanzar el paraíso, el hombre debe pasar por el infierno. El infierno se cuece bajo nuestros pies y pronto estallará. Y, cuando lo haga, nada en la Tierra será capaz de detenerlo.
El silencio invadió hasta los rincones más alejados de la capilla. Jason escuchó los latidos desesperados de su corazón por lo que estaba oyendo.
—He decidido tomar medidas drásticas —añadió Hermano Sangre, con voz más enérgica—. Algunos se sentirán horrorizados, pero toda salvación tiene su precio. Algún día, el mundo comprenderá la belleza de mi sacrificio. Porque yo soy la puerta de acceso a la nueva era. Pero soy solo eso, la puerta. Nos falta la llave que abrirá el camino hacia la garantía de un nuevo orden natural. La Gema de Scath es nuestra llave.
«¿Qué está diciendo?», pensó J'onn, oculto entre la multitud disfrazado en una forma civil igual que Miss Martian. «¿Se ha vuelto loco?»
—¡Miserable sufrimiento! ¡Horrenda desgracia! —despotricó duramente y luego hizo una pausa—. Éste es el paisaje del mañana. Sin control, la humanidad se comporta como una plaga, como un cáncer. Han provocado que salga a la luz el monstruo que habita en nuestro interior. El hombre es el lobo del hombre. Vivimos en el infierno de nueve círculos de Dante. El futuro yergue amenazante ante nosotros. Estamos en el borde del primer círculo, a punto de caer más rápido de lo que hubiéramos imaginado. Son como las matemáticas de Malthus. Los vicios de la humanidad son los precursores del gran ejército de la destrucción, y a menudo terminan el atroz trabajo ellos mismos. En caso de que no concluyan esta guerra de exterminio, cambios climáticos, epidemias, pestilencias y plaga asolarán la Tierra y eliminarán a miles y decenas de miles. En caso de que su éxito sea aún incompleto, una gigantesca e inevitable hambruna vendrá detrás.
Se oyeron murmullos de confusión, incertidumbre y perplejidad entre los congregados.
Con el corazón latiéndole con fuerza, J'onn seguía el discurso de Hermano Sangre atentamente.
«Sin control, la humanidad se comporta como un cáncer».
«Sin control». A J'onn no le gustaba como sonaba eso.
—La humanidad necesitó miles de años para progresar desde la rueda al coche. No obstante, sólo transcurrieron décadas desde el coche hasta la nave espacial. Ahora, medimos el progreso científico en semanas. Estamos girando sin control. El abismo entre nosotros se ensancha cada día más, la gente está sumida en un vacío espiritual. Pedimos a gritos respuestas. Lo digo en un sentido literal, créanme —añadió observando a cada uno de los presentes—. Miren a su alrededor. No se han cumplido las promesas del avance. Las promesas de eficacia y sencillez no han traído más que contaminación y caos. Enfermedades nuevas y pestes. Somos una especie fracturada y frenética... que avanza por el sendero de la destrucción. Esta Iglesia intenta tenderle la mano a todo el mundo. Pero cuanto más nos esforzamos, más nos rechazan. Si el mundo exterior pudiera ver esta Iglesia como nosotros, más allá de sus rituales, vería un milagro moderno, una hermandad de almas imperfectas y sencillas que sólo aspiran a ser una voz compasiva en un mundo que gira fuera de control. Pero espero que ustedes permanezcan fieles a mi causa. No hay lugar para dudas ni tibiezas. Porque quiero que sepan, hermanos míos, que los lugares más oscuros del infierno están reservados para aquellos que mantienen su neutralidad en épocas de crisis moral.
Silencio. El anciano redobló su vehemencia.
—Voy a ser partícipe de una obra maestra, pero mis esfuerzos no se han visto recompensados con trompetas y laureles. Sino con amenazas de muerte. No temo a la muerte, porque ella transforma a los visionaros como yo en mártires y convierte las ideas nobles en movimientos poderosos. La obra de la que seré partícipe es la del mismo Scath, nuestro dios Trigon, es él quien me ha dotado del intelecto, de las herramientas y del coraje necesarios para dar forma a una creación como esta. Ahora el día se acerca. El infierno duerme bajo nuestros pies, preparándose para venir al mundo. Pero no teman, el mismo florecimiento que acabará con la humanidad también será su liberación.
J'onn le miraba, arrebatado. Hermano Sangre hacía gala de una energía en sus movimientos y en su voz que él no había visto jamás en ningún otro lugar ni en ninguna otra persona antes. La voz del hombre estaba teñida de firmeza y convicción. Todos estaban pendientes de cada palabra de Sebastian, el cual hablaba con una oratoria perfecta. Sinceramente entendía porque tenía tantos adeptos y partidarios. Era netamente un líder y cada palabra que salía de sus labios estaba teñida de una inmensurable convicción que sería capaz de convencer a cualquier crédulo.
Cuando terminó, fue como si el mismísimo Satanás hubiera absorbido todo el aire de la sala. Nadie se movió. Las palabras del anciano pendían en la atmósfera.
Las filas de miembros de la Iglesia llenaban la gigantesca sala principal del templo. Sobre un trono rojo sangre, el hermano Sebastian se sentó imperiosamente. Hizo una larga pausa, y después clavó los ojos en la muchedumbre.
—Esta noche, nos encontramos al borde de un precipicio —dijo Hermano Sangre—. No podemos permitirnos ser apáticos. Da igual que consideren esta maldad en términos de Satanás, corrupción o inmoralidad. La fuerza oscura está viva, y crece cada día. No hagan caso omiso. —El anciano bajó la voz hasta convertirla en un susurro—. La fuerza, aunque poderosa, no es invencible. Escuchen a sus corazones. Juntos podemos alejarnos del abismo. Ha llegado el momento de la purificación de la Tierra —anunció Sebastian—. Sí, la profecía nunca se cumplió y es hora de que la Gema de Scath realice verdaderamente su propósito —sonrió entonces. — ¡Y al crear un nuevo orden mundial, seremos dioses, gobernando al lado de Trigon! ¡Porque solo los dignos sobrevivirán al juicio aprobado! Creyentes, ¡esta es la Iglesia de Hermano Sangre! ¡Una iglesia que nació cuando un pecador vio la luz! ¡Una iglesia que no vacilará hasta que todos los incrédulos se conviertan!
—¡Alabado sea Hermano Sangre! ¡Alabado sea Hermano Sangre! ¡Alabado sea Hermano Sangre! —vitorearon fanáticamente los presentes.
Todos aplaudieron mientras otros alababan al hombre que creían un iluminado. Otros se arrodillaron y rezaron. Sebastian, con una sonrisa en su cara, se levantó de su lugar al tiempo que alzaba las manos en una clara señal para que frenaran las ponderaciones.
—El público le cree, tiene un magnetismo especial —expresó Miss Martian a J'onn mediante su telepatía.
—Sus palabras los manipulan, los controlan. Es como si estuvieran hechizados. Quieren creer que puede hacerlos mejor de lo que son —alegó él.
—Mis hermanos, mis hermanas, mis amigos, el obsequio de los aplausos no son para mí. No. Es para ustedes mismos, que vinieron hoy por las ansias y el conocimiento de que las viejas costumbres dejaron de servirnos. Vinieron porque ansían algo nuevo, algo diferente. Se dice que somos una secta adoradores del diablo, que odiamos a los que no pertenecen a este ejército de salvación. Pero yo no los odio porque yo no peleo por odio. Los de afuera no son inferiores, son diferentes. No es que no valgan, tienen... otro valor. No son desechables, solo tienen... una disposición... diferente —agregó pensando sus palabras—. La salvación solo florecerá en almas únicas, nuestro Dios solo la entregará a los que tienen destinos importantes, como ustedes. ¡Y qué gran mundo haríamos para toda la humanidad, los que vivimos por la libertad! —exclamó elevando la voz y los brazos—. Por la verdad. Y por... el amor. Y ha llegado el momento de tomar el lugar que nos pertenece en el mundo. ¿Nuestro obstáculo? La Liga de la Justicia y los Titanes. Esos son nuestros enemigos ahora mismo —dijo, su semblante ahora adornado con desprecio puro—. Su arrogancia, su sed de poder, su barbarie. ¿Y cuánto van a tardar en apuntar sus armas, sus poderes, su magia, contra nosotros? Nuestra iglesia está en guerra. La batalla ya comenzó señores, tenemos que defendernos. Repeler su plan malvado con la simple verdad. Y terminar esto de una vez por todas. —El gentío se inquietó—. No hagan nada mientras les hablo de esto, deben conservar la calma. Controlen sus emociones. —Hizo una pausa y sus ojos se frenaron en dos sujetos particulares ocultos entre la aglomeración de personas. J'onn sintió como su sangre se congeló cuando advirtió los ojos firmes del anciano hacer contacto directo con los suyos—. Algunos no tienen derecho a orar aquí. Entre nosotros hay pecadores, blasfemos. Hay un miembro de la Liga entre la multitud —confesó finalmente. Todas las personas se alteraron, hablando entre ellos, mirando de un lado para el otro tratando de localizar al intruso, luciendo muy nerviosos—. Acérquense hermanos, únanse —concretó.
—No hagas nada. No uses la fuerza, Megan —susurró en voz baja J'onn a la chica.
Cuando la multitud se percató de quienes eran los entremetidos se alejaron inmediatamente de ellos, como si tuvieran una enfermedad altamente contagiosa, dejando a los dos abandonados y vulnerables a las miradas cautelosas de todos los presentes.
—Ellos son la misma clase de personas que me llevaron a una prisión en la cual me torturaron. Me mantuvieron en condiciones infrahumanas. Son la clase de personas que desean abatir nuestra orden. Por el simple crimen de buscar la verdad. Por querer libertad, por anhelar la salvación de este planeta. ¿Quieren que les muestre lo qué le pasa a esta clase de personas? —inquirió Hermano Sangre apretando los puños debajo de su capa—. Han venido a destruir nuestra iglesia, pero les enseñaremos lo que les ocurre a los blasfemos.
J'onn sabía que no había otra manera. Pero el peligro era inminente.
—Escapa Megan, ahora —ordenó Martian Manhunter con firmeza volviendo a su forma natural de marciano.
—¿Qué? —preguntó la joven chica confundida.
—Hazlo. Busca ayuda —dijo mientras sus ojos se mantenían fijos en Hermano Sangre.
Miss Martian, sabiendo que no había tiempo para discutir, afirmó con su cabeza y salió volando del lugar.
—Amigos héroes, acompáñenme en este círculo y prométanme su lealtad eterna... o mueran. Su única salvación es la total sumisión a mis exigencias —dictaminó Hermano Sangre—. Solo aquí conocerán la verdad, solo aquí se conocerán a ustedes mismos. Psimon —nombró Sebastian. J'onn se tensionó inmediatamente ante la mención de ese nombre—. Comienza.
Cuando J'onn sintió la amenaza explícita deseó escapar del lugar, pero de repente y para su sorpresa, todo alrededor de él estalló en llamas, encerrándolo por todos lados.
—¿Yendo a alguna parte? —la voz de Psimon hizo eco en todas partes, pero él no estaba en ningún lugar.
Los ojos de J'onn se abrieron con estupor—. Este fuego...
Psimon se rio con un rictus desagradable—. Parece que mi predicción fue correcta. Miedo al fuego, ¿verdad? ¿O tal vez débil para eso?
J'onn miró a su alrededor intentando parecer imponente, tratando de buscar la figura del villano, pero no podía ver nada mientras el fuego parecía seguir creciendo.
El marciano cerró los ojos, intentando sentir la figura que acechaba en el fuego. Sintió todo a su alrededor, apreciando las llamas carmesíes, derramando una luz terrible y caótica por todas partes, pero no había nada más que eso.
—¿Tratando de descubrir dónde estoy?
—Estás escudando tu mente, por eso mi telepatía no funciona.
—Eso fue rápido. Parece que eres más inteligente que la chica marciana —indicó Psimon.
—¿Qué? ¿Qué quieres decir? —habló lentamente el hombre de la Liga, con voz tensa por el miedo.
—Tranquilo, todavía no he hecho nada, pero no soy conocido por mostrar compasión.
Las llamas se cerraron más a su alrededor.
—Cualquiera que sea la debilidad, la usaré contra ti—dijo el villano—. No esperes piedad, porque no habrá ninguna.
—¿Cuál es el punto de hacer algo así?
—No lo entenderías.
—Pero...
—Sin peros. El simple hecho de que te llames un héroe y trates de "salvar" a la gente significa que no entiendes. Simplemente estarás en desacuerdo conmigo si te digo por qué debes morir.
—No voy a caer sin pelear —comunicó J'onn.
—Qué absurdo. —Las deflagraciones se arremolinaron de nuevo alrededor del marciano, luego lo apuñalaron hacia adentro, las cuchillas letalmente afiladas rasgaron la piedra cuando atravesaron su cuerpo y cortaron el suelo.
Porque al final, hicieron exactamente eso: pasaron directamente a través de él.
—Puedes volverte invulnerable. Fascinante. —El fuego retrocedió cuando la voz funesta del villano se escuchó. — ¿Alguna vez te preguntaste...? —La voz de Psimon se apaciguó un poco, pero de esa forma solo se percibía más amenazante, como una alimaña que sisea lista para atacar. — ¿Alguna vez te preguntaste si estás haciendo lo correcto?
—¿Perdón?
—Una vez que estés muerto, no tendrás que preocuparte por nada. A menos, por supuesto, que seas lo suficientemente fuerte como para soportar todo este... tormento. Con el que ninguno de ustedes parece ser capaz de lidiar. Pero si eres lo suficientemente fuerte como para lidiar con esto, entonces, por supuesto, continuaré.
J'onn interrumpió lo que estaba por decir y aulló de dolor cuando sintió como algo apuñalaba su cuerpo, como si escalpelos incandescentes le acribillaran cada centímetro de la piel.
El hombre marciano, que ahora estaba en el suelo, se retorció y vociferó. Jason pensó que los fuertes aullidos llegarían a las casas vecinas. «Que venga la policía —pensó desesperado—; cualquiera, quien sea...»
—Quiero oírte gritar más. Psimon dice... dolor.
Martian Manhunter sintió como algo lo golpeó en el pecho y lo empujó hacia atrás con fuerza y se arqueó en el suelo. Sintió como si su cuerpo estuviera ardiendo, su alma misma siendo destrozada. Su mente estaba nublada, los pensamientos ciegos por el malestar. Él estaba vagamente consciente del sabor de la sangre en su boca mientras se mordía el labio con fuerza para evitar darle a Psimon la satisfacción de escuchar más de sus gritos.
—Levántate —ordenó Psimon con suavidad frenando momentáneamente la orden de dolor—. Levántate y ruega clemencia. Aunque yo no tengo clemencia. —Él se molestó ante su falta de sumisión—. Dije levántate, ¿acaso no escuchas? —indicó el villano con voz tirana. — ¡Psimon dice... levántate! —bramó él enojado por su insubordinación.
Psimon utilizó sus poderes telequinéticos, consiguiendo que dos filamentos sujetaran fuertemente los brazos del miembro de la Liga y lo alzaran. Los asientos de madera del templo comenzaron a levitar también, al tiempo que los fanáticos empezaban a aplaudir y vitorear una vez que el fuego se disipaba tenuemente dejando ver todo el macabro "espectáculo".
Jason Todd estaba, literalmente, espantado.
La escena que estaba presenciando era inesperada, tan extraña, que tuvo que cerrar los ojos y volverlos a abrir antes de que su mente pudiera asimilarlo todo.
En el centro del sagrario, bajo la cúpula principal, docenas de bancos de madera apilados por una fuerza invisible ahora ardían como una especie de pira funeraria de dimensiones épicas. La hoguera se alzaba hasta la cúpula de la iglesia. Cuando los ojos de Jason ascendieron, el verdadero horror de la escena descendió como un ave de presa.
En lo alto, desde el lado derecho e izquierdo del techo, colgaban dos cables utilizados para balancear recipientes de incienso sobre la congregación. Sin embargo, los cables no sujetaban incensarios en este momento. Ni se balanceaban. Los habían utilizado para otra cosa...
Un hombre verde colgaba de los cables. Pudo reconocerlo de inmediato, era Martian Manhunter, miembro de la Liga. Cada muñeca estaba sujeta a un cable, y Psimon lo habían alzado casi hasta el punto de descuartizarlo. Tenía los brazos extendidos como clavado a un crucifijo invisible que flotara en la casa de Dios.
O en la casa del Diablo para ser más preciso.
Jason se sintió paralizado cuando miró. Un momento después, presenció la abominación final. El hombre verde estaba vivo. Había un emblema grabado en el pecho de él. Le habían marcado a fuego con un símbolo extraño. Cuando las llamas lamieron los pies del hombre, la víctima lanzó un terrible grito de dolor y su cuerpo tembló.
—Malditos... psicópatas... enfermos —balbuceó Jason viendo la enfermiza escena.
—Esto es lo que le espera a Batman y a todo su grupo de amigos, incluidos los Titanes —dijo Mayhem con entusiasmo—. Arderán para siempre con la marca de Scath en sus cuerpos impíos. Las flamas de nuestro Dios los purgarán. Que suerte tiene él, ¿no lo crees? Lo envidio porque yo también desearía que mi cuerpo estuviera hechizado e inflamado por el fuego de nuestro Dios, hasta mis entrañas, sería una dulzura tan extrema y exquisita... ser atravesada por su lanza dorada...
—Estás loca, mujer —dijo Jason pasmado por el comentario, viendo a la excéntrica mujer que ahora tenía una mirada desorbitada y lunática mientras veía el tétrico suceso.
El fuego desprendía demasiado calor. Jason se obligó a mirar de nuevo al hombre colgado.
El humo y las llamas remolineaban en lo alto de la cúpula y el olor a carne quemada era sumamente intolerable. Los cables que sujetaban las muñecas del hombre pasaban por poleas fijadas en el techo y descendían de nuevo hasta abrazaderas metálicas empotradas a cada lado de la iglesia. Una repentina llamarada se alzó más que las demás, y Jason oyó un chillido penetrante. La piel de las plantas de los pies del hombre estaba empezando a cubrirse de ampollas. El hombre marciano se estaba asando vivo. Pero lo peor eran los gritos... y los festejos de la multitud.
J'onn trató de volverse invulnerable otra vez, pero un haz de luz potente lo atravesó, y fue directamente impelido fuera del fuego directamente hacia el piso de la capilla.
—Lo siento. —Doctor Luz sonrió sádicamente aproximándose al lugar—. Pero sus chillidos de sufrimiento me dieron jaqueca.
—No te preocupes —respondió Psimon suavemente, materializándose por fin en la escena—. Me estaba cansando de torturarlo de todos modos —miró hacia abajo, luego pateó al marciano en la cara, con fuerza.
—Falta la chica —hizo saber Luz.
—Deja que me encargue también de ella —expresó el psíquico con una mueca retorcida en su semblante.
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Miss Martian voló por el pasillo y entró en un auditorio. Ella revoloteó y miró a su alrededor. Gritó al instante cuando una explosión psíquica la golpeó, sacándola del camuflaje temporal. Ella gruñó y levantó la vista.
El hombre bajó su capa para revelar un cerebro rosa oscuro escondido debajo de lo que ella supuso que podría ser vidrio. — ¡Psimon dice que te reveles!
Miss Martian se defendió, forzándose a entrar en su mente. Se encontró en un sitio oscuro.
—Ah, entonces quieres pelear conmigo aquí. Eres una chica tonta. Martian Manhunter hizo bien en entrenarte. Suponiendo que sobrevivas a este encuentro. —La cabeza de Psimon apareció, más grande que su cuerpo. Dedos negros forrados en rojo la alcanzaron. Ella los empujó hacia atrás con extrañas burbujas verdes, tratando de protegerse de las garras del villano.
—No eres el único que puede luchar en el plano psíquico —se burló Miss Martian. Psimon gruñó, empujando más fuerte contra sus escudos.
—No me evitarás, niña. —Rayos negros y rojos persiguieron a Megan mientras corría para escapar del reino de pesadilla en el que había sido arrastrada.
La marciana miró al hombre con dureza.
—¿O tal vez podría usar tu mayor temor contra ti? —preguntó Psimon.
Megan cayó débilmente al suelo, pero lo miró bruscamente. Su cara sonriente y engreída le dijo que sabía algo. Y ese algo no era nada bueno.
—Psimon dice, muéstrame quién o más bien lo que realmente eres.
Miss Martian jadeó y agarró su cabeza. — ¡No, no, no! ¡Esto es lo que soy en realidad!
La chica comenzó a transformarse, y comenzó a parecerse a un monstruo blanco, y ya no se parecía en nada a ella.
Ella dejó escapar un temible rugido de angustia.
Psimon se burló de Megan—. No tenía idea de qué harías todo lo posible para ocultar tu verdadero ser.
—¡NO! —gritó Miss Martian y dejó escapar una gran explosión, pero Psimon lo detuvo fácilmente con un escudo. Él sonrió, y agitó su dedo de un lado a otro.
—Ah, ah, ah, no dije Psimon dice...
La explosión fue redirigida de nuevo a Miss Martian.
La marciana gritó mientras se desplomaba en su cuerpo humanoide y su traje marciano. Aterrizó dolorosamente sobre la tierra y la arena de Marte.
Ella gimió cuando se levantó y miró a su alrededor.
Avanzó un poco y vio a Psimon parado a unos metros frente a ella con una sonrisa satisfecha—. Ven, ahora. Ambos sabemos que no eres quién eres realmente. ¿Por qué te mentirías a ti misma en tu propia mente?
—¡No es mentira! ¡Esto es lo que soy! —Miss Martian chilló al psíquico.
Una explosión verde azulada surgió de su frente y estalló el escudo negro de Psimon. El polvo se elevó a su alrededor, pero a Megan no le importó.
Psimon permaneció sonriendo—. Wow, y dicen que yo soy enfermizo.
Miss Martian detuvo su ataque. Psimon transformó su escudo en un rayo y arrojó lejos a la chica. El villano voló hacia adelante.
—Vamos a profundizar un poco más, descubramos de qué tenemos miedo, ¿sí? —se burló.
Un escudo negro surgió de la frente de Psimon y envolvió a Megan, que gritó.
Ella vio a J'onn, como un gigante.
—Lo siento, Megan. Pero ahora no hay lugar para ti en la tierra. —Martian Manhunter se marchitó, y volvieron a donde empezaron, en medio de Marte.
—¡Ah, y desterrada de Marte también! —se burló Psimon.
Una barrera de arena se llevó el paisaje y la trajo de vuelta al vacío negro sin fin.
—Sin embargo, eso no es lo peor, ¿verdad? —indicó Psimon.
Miss Martian quería escapar, pero sabía que era demasiado tarde. Una ráfaga de ardor y dolor la taladró de la cabeza a los pies cuando un destello de poder del psíquico la golpeó.
Su cuerpo quedó envuelto en fuego cuando una ola tras otra de dolor asaltó cada fibra de su ser. Sentía que sus nervios estaban siendo atravesados por algún instrumento de tortura, mientras que sus músculos, sus músculos enervados, parecían cortarse corte a corte. Su boca se abrió y un grito escapó cuando el dolor la alcanzó...
—Ahora tu alma le pertenece a Trigon —expresó una voz.
Después una negrura impenetrable descendió sobre ella.
Greenwich Village, New York
Ella se acurruca de dolor cuando la realidad se reforma a su alrededor nuevamente cuando la visión se desvanece lentamente, y Xanadu comienza a llorar, porque lo ve. Ella ve la oscuridad. Ella lo ve crecer y volverse más poderoso. Y entonces, ella ve el final.
«Si, soy Madame Xanadu. Veo hacia el futuro...»
Con esfuerzo enderezó su cabeza y echó un vistazo a las dos últimas cartas que estaban retenidas en la palma de su mano.
—El Mundo... y El Juicio.
«...y el futuro me mira de vuelta».
¿Qué les pareció este capítulo? El discurso de Hermano Sangre, la aparición de El Espantapájaros y Madame Xanadu, la pelea de Psimon y varias cosas más. Mucha información importante también.
Espero no se hayan aburrido porque fue muy largo, traté de intercalar varias partes para que no fuera tan monótono.
No se olviden de comentar que les pareció.
¡Nos leemos en el próximo capítulo, saludos!
