Hola a todos!

Capítulo nuevo. Y extenso nuevamente, mil disculpas, no tengo capacidad de síntesis a veces jaja

Aparecen algunos personajes nuevos, les dejo una breve descripción para los que no los conocen como siempre:

-Phantom Stranger: alguna vez fue conocido como Judas Iscariote, el hombre que traicionó a Jesús. Es mejor conocido por su papel de asistente sobrenatural de otros héroes. La naturaleza de sus poderes es tan misteriosa como el propio Fantasma Errante, que parece ser efectivamente inmortal, sin envejecer. El Fantasma ha demostrado enormes poderes y capacidades. El poder más grande y más conocido de El Fantasma Errante es su misteriosa omnisciencia. Esto le permite proporcionar consejos útiles y asistencia a otros. Él afirma que "nada queda oculto para él".

-Boston Brand (Deadman): antiguo acróbata de circo, que fue asesinado durante un espectáculo de trapecio por un asaltante misterioso. A su espíritu se le da el poder para poseer cualquier ser vivo, por una diosa hindú de nombre Rama Kushna, a fin de buscar a su asesino y obtener justicia.

-Jason Blood/ Etrigan: Jason Blood es un reconocido paranormalista y oculta el secreto de ser el portador del demonio Etrigan. Jason es poseedor de algunos poderes que sólo salen a relucir cuando éste invoca a su lado maligno. Etrigan es un demonio del infierno que, a pesar de sus tendencias violentas, generalmente se encuentra aliado con las fuerzas del bien.

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Con esto más o menos le doy entrada también a la Liga de la Justicia Oscura.

También casi al final en forma de diálogo hay una breve referencia a lo que tengo pensado más o menos para una continuación o una segunda parte en caso de que se dé.

En fin, les dejo con el capítulo. Recuerden que ya no queda mucho, unos capítulos más, cuatro o cinco como máximo creería.

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Gotham City

Un extraño sujeto caminaba por las vías de la ciudad, un hombre estoico con sombrero, traje y capa; todo del mismo tono de azul oscuro, casi negro. El manto del hombre fluía detrás de él gracias al fuerte viento que soplaba. Contra el sol se encontraba una extraña silueta, cuyos ojos vacíos y blancos contrastaban y brillaban contra las sombras que caían por su rostro.

«¿Qué es un fantasma?

Siempre preguntan.

Un fantasma puede ser muchas cosas: una remembranza, un sueño, un secreto. Pena, ira, culpa. Pero, en mi experiencia, la mayoría de las veces son solo lo que queremos ver. La mayoría de las veces, un fantasma es un deseo.

Quizás un evento terrible condenado a repetirse una y otra vez, una compulsión a la repetición, un instante de dolor, quizá algo muerto que parece por momentos vivo aún, un sentimiento, suspendido en el tiempo, como una fotografía borrosa, como un insecto atrapado en ámbar. Una aparición nómade, eso soy yo.

Pero en verdad yo quería morir. Ansié la muerte y su dulce liberación. Entonces até una soga alrededor de mi cuello y me colgué a mí mismo, pensando que eso respondería a mi vergüenza. En lugar de eso solo empeoró las cosas.

No podía soportar ser juzgado por otros, por lo que me juzgué a mí mismo y me encontré culpable.

Pero no podía escapar de mi crimen, ni siquiera muriendo.

Nunca me consideré un hombre malvado, pero cometí un pecado mortal y estaba listo para pasar una eternidad en el infierno.

No tenía idea de que este nuevo destino sería algo mucho, mucho peor.

Porque me esperó un destino diferente. Mi corazón estaba inundado en un mar de desesperación. Hice lo que se me dijo. Me puse el manto y supe que una vez que lo vestí me cambiaría para siempre.

Mi penitencia era caminar en estas tierras hasta que la deuda por mis pecados haya sido pagada. Así que comencé a vagar… como un fantasma errante.

Y he estado vagando desde entonces. Los tiempos cambiaron y yo cambié con ellos. El arameo dejó de ser mi lenguaje escogido, y transformé mi manto en algo menos llamativo.

No es que eso importara. Estaba apartado del mundo. Había pasado mucho tiempo. La esperanza se erosionó hasta ser indiferencia. Estaba resignado a esta existencia. Debí haberlo pensado mejor.

Miré a mi alrededor mientras el chaparrón se abatía copiosamente sobre mí sin importarme, sabiendo lo que se aproximaba, pero ellos solo parecían vivir en dulce ignorancia. Sodoma y Gomorra con anuncios de neón y sitios donde puedes comer todo lo que quieras. La ciudad irradia avaricia, desesperación, auto indulgencia, deseos carnales desenfrenados. Y algo más. Un profundo y terrible dolor. Tengo el poder de congelar el tiempo, pero ni siquiera eso será suficiente para mantenerlos a salvo de lo que se avecina.

Todo esto es un monumento al sufrimiento humano… y al miedo humano. Ellos saben que sus vidas son algo efímero y centellante. Que sus más hondas esperanzas, sus sueños secretos, en última instancia serán hundidos en la oscuridad de la tumba… y por eso solo se dedican a distraerse en estridentes pecados carnales.

Pero el peso de su mortalidad es demasiado fuerte. Detrás de cada sonrisa distendida hay miedo ciego.

¿O será que solo estoy proyectando mis propios miedos sobre ellos?

He caminado por este mundo durante siglos. La culpa y el autodesprecio fueron mi mejor compañía, mi conexión con la lucha humana en cada paso. ¿Cómo puedo juzgar a la humanidad cuando me mantuve apartado de ella por tanto tiempo?».

Phantom Stranger estaba transitando la urbe de Gotham, hasta que algo lo detuvo, y no algo justamente del plano físico.

—¿Qué es esto? —cuestionó extrañado al apreciar como una extraña energía lo cercaba por todas partes.

Era un cambio en el campo de la percepción y en el energético.

La realidad se desvanece… mientras otra se expande.

Era una trampa. Una abducción. Un error. Y uno por el que él iba a pagar.

Porque una insólita garra abstracta lo atraía, pero no era una fuerza vaga, era forzada. Lo estaban obligando a dirigirse a ese lugar. Y quien más, sino que ese osado sujeto.

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John Constantine.


Torre de los Titanes – Jump City

—¡Interrumpimos la programación para darles una noticia de última hora! Contactamos con Larry Garter, que se encuentra en el puente de la calle 59. Una multitud se ha reunido aquí para presenciar lo que parece ser el epicentro de una tormenta de relámpagos que ha cubierto la tierra en las últimas 24 horas. Nuestros micrófonos no pueden… ¡un momento! Los relámpagos aumentan y…

En ese momento, un trueno interrumpió la transmisión cuando comenzó a llover, empapando las calles con cubos de precipitación y la radio quedó reducida solo a estática.

Adentro, los Titanes intentaban hacer frente a la tormenta a su manera.

—Genial, el televisor está roto y ahora tampoco tenemos radio —se quejó Chico Bestia. — ¿Alguien me repite el por qué no nos trasladamos a la Torre de los Titanes del Este?

—Porque no hay espacio para siete personas, Chico Bestia —aclaró Robin por quinta vez apretándose el puente de la nariz como si ese acto le brindara la paciencia que necesitaba en ese momento para no gritarle a su compañero de equipo.

—Y Raven quería quedarse —añadió Kid Flash—, no podíamos dejarla sola aquí.

—No podíamos abandonar a nuestra amiga Raven —dijo Starfire.

—¡Pero quiero jugar videojuegos! —volvió a quejarse el cambiante otra vez. — ¡Más y Menos seguro deben tener los últimos juegos, como Combate en el espacio con monos 4!

—Sin televisión y sin videojuegos Chico Bestia pierde la cabeza —se burló Cyborg que estaba ya preparándose para cocinar el desayuno.

—Hay cosas más graves de las que preocuparse que un simple juego de video, ¿no lo crees? —preguntó Robin en un dejo bastante molesto.

Chico Bestia suspiró frustrado, recogiendo las antenas de la radio y moviéndolas para así interceptar algo de señal. Mientras esperaba impaciente, sus ojos deambularon por la sala, esperando encontrar algo que lo distrajera de la ausencia de algo de esparcimiento.

Starfire estaba en la esquina de la cocina arrodillada junto al horno, esperando ansiosamente la finalización de su último platillo alienígena. Lo había logrado vislumbrar antes de que ella lo hubiera colocado dentro. Por lo que había visto, parecía un engrudo naranja con una especie de relleno morado en el centro. Su estómago se estrujó ante la idea de ser el primero en probarlo, como tantas veces antes, aunque seguro Terra estaría contenta con hacerlo, parecía ser que le gustaba la comida de la chica alienígena.

No veía a Raven por ninguna parte, aunque no era sorprendente. Muy probablemente estaba en su habitación, aprovechando el clima lluvioso. Después del incidente de su pérdida de control nadie había tocado más el tema y la mayoría había decidido dejar a la hechicera en paz para tratar de no atosigarla, pero, a su parecer, a Robin le estaba constando esto último en particular ya que parecía ansioso de recolectar más información sobre lo que había sucedido. Seguro la empática, aprovechando que la lluvia era un sonido de fondo pacífico relajante, estaba meditando. Todavía era temprano, por lo que probablemente entraría pronto a la cocina a servirse su típica taza de té.

En cuanto a Robin, estaba apoyado contra las ventanas (las únicas que habían sido reemplazadas por nuevas hasta el momento), mirando la lluvia golpear contra el cristal. Miraba hacia el suelo debajo, viendo cómo el terreno se transformaba en una gruesa capa de lodo. La carrera de obstáculos y la pista de entrenamiento estaba completamente mojada, descartando cualquier posibilidad de entrenamiento para el día. También sabía que Robin se había quedado despierto la mayor parte de la noche, aunque había prometido no hacerlo. Había estado sentado frente a los monitores, entrando y saliendo del sueño mientras miraba la pantalla, parpadeando continuamente para mantener fija su atención.

Así fue como Cyborg lo encontró, temprano en la mañana. Encorvado sobre las computadoras, con la máscara puesta y acostado sobre la mesa. Al ver esto, Cyborg solo sacudió la cabeza. Sabía lo obsesivo que podía ser Robin, pero aun así odiaba verlo en ese estado.

Terra solo estaba tirada en el sofá leyendo una revista mientras solo pasaba las hojas, ni siquiera parecía estar concentrada, mientras Kid Flash, sorprendentemente quieto, solo estaba sentado en una de las banquetas con un puño sobre el mentón con la vista fija también en el extraño diluvio, abstraído en algo, seguramente esperando que Raven apareciera por la puerta para levantarse en un santiamén.

Él resopló. Parecía que estuvieran en un velorio, aunque también lo entendía, el nombre de Trigon no traía buenas noticias para nadie.

—¡Esto no tiene remedio! —Cyborg profirió decepcionado—. Tenemos tantas posibilidades de divertirnos como Chico Bestia de decir un comentario inteligente.

—Si —Chico Bestia asintió con la cabeza. — ¡Oye! —frunció el ceño, mirándolo fríamente, claramente irritado.

—Lo siento, hombre. Eso fue necesario —se disculpó con una sonrisa el hombre robótico—. Aunque es el trabajo de Raven hacer ese tipo de observaciones sobre ti, pero ella no está aquí ahora.

—Bueno, miren el lado bueno —expresó Terra animada intentando cambiar el tema—, todavía tenemos luz, ¿verdad? —dijo tratando de darle un giro positivo a la situación.

Un destello de luz cegadora iluminó el cielo mañanero desde la ventana, y al pasar, las luces se apagaron dentro de la torre. Además de la poca luz visible desde la ventana, el ojo electrónico de Cyborg y la pantalla de monitoreo eran los únicos aparatos que todavía estaban energizado en toda la habitación.

Beep… respuesta incorrecta —dijo Chico Bestia más irritado ahora.

[...]

Destapó la colcha y puso los pies desnudos sobre la alfombra. No había descansado nada obviamente, más que meras dormitadas de vez en cuando, pero solo le quedaba despertarse agitadamente cuando su padre sacudía las cadenas que lo mantenían cautivo dentro de su mente. El siseo constante del diluvio y el viento sobre el techo no aminoraba jamás, hasta convertirse en un ruido de fondo. Ni tapándose la cabeza con la vieja y descolorida colcha y luego la almohada, no consiguió nunca conciliar el sueño.

Quizás debía haberse quedado en el cuarto de Wally como el chico le había ofrecido de manera cortés, pero no había querido importunar más la situación después de que ella lo había atacado en el momento en que Trigon tomó momentáneamente control sobre ella. El recuerdo de su mano fuertemente aferrada al cuello del velocista todavía la mortificaba.

Después de tomar algo de ropa en el viejo tocador de madera de pino, se dirigió al cuarto de baño para asearse. Cuando finalizó, contempló su rostro en el espejo mientras se cepillaba el pelo enredado y húmedo. Tal vez se debiera a la luz, pero tenía un aspecto más cetrino y menos saludable. Su piel lucía más clara que de costumbre, casi traslúcida. Y estaba más delgada. Esquivó la mirada que le devolvía su nocivo reflejo y caminó lentamente hasta el ventanal roto no perdiendo de vista el paisaje.

Raven miró desde la gran ventana de su habitación, examinando el horizonte de la ciudad con cuidado, con el cielo cada vez más gris y el océano ya oscuro debajo. Jump City, la ciudad en la que vivía y protegía. Su hogar, en todos los sentidos de la palabra.

Estaba en soledad. Y por ahora le resultaba estupendo estar sola, no tener que fingir nada ni ensayar que cara poner frente sus amigos; fue un respiro fugaz que le permitió contemplar la cortina de agua con desaliento y derramar algunas lágrimas ocasionales. Se sentía patética y se maldijo internamente por eso. Sus emociones frenéticas estaban causando estragos dentro de Nevermore, lo apreciaba. El muro tenía grietas y esto ocasionaba que solo estuviera más desestabilizada y débil. La Sombra seguía pujando por salir y su padre rugía furiosamente.

Y las voces seguían machacando su cabeza.

Una y otra vez.

Debía mantener tantas cosas bajo control para evitar el caos.

Pero todo es caos.

La empática estaba al borde de la entropía, del colapso. Y por qué no de la locura.

Se preguntó cómo podía mantenerse cuerda con esa cantidad de flagelos y fustigaciones desde tantos frentes. Por unos segundos se sintió levemente orgullosa por estar resistiendo lo que nadie seguramente podría soportar.

Tal vez la cabeza no le funcionaría nunca como es debido, quizás estaba sentenciada a eso. En Azarath provocaron muchos daños irreparables y ella también había hecho su aporte por practicar magia de índole tan tenebrosa despedazando su propia alma, violando las mismas leyes de la naturaleza. Pero la causa no importaba, sólo contaba el efecto.

Y dentro de unos pocos días no sería más que el comienzo.

Porque comenzaría el fin de todo. La noche oscura.

Se limpió las lágrimas porque eso podía esperar hasta que se acostara nuevamente y se pusiera a reflexionar sobre lo que le aguardaba al día siguiente.

Porque actualmente parecía ser que los días eran contados.

Pero en este momento Raven sabía lo que debía hacer. Ya había resuelto el acertijo de la incógnita dama blanca de sus pesadillas. El rompecabezas ya estaba armado, solo quedaba la jugada final de su parte. Debía volver a juntar los trozos despedazados de su alma, juntar los fragmentos. El camino mostrado era Azarath. Debía encontrar algo ahí. La ermita principal, con una paloma blanca labrada en su delantera, ahí debía estar oculta la "sabiduría" de la que la mujer hablaba. Y ser una con la oscuridad y la luz. «Que los ángeles guíen tu búsqueda». Solo le quedaba fijar cuando iría a su ciudad natal, pero debía ser pronto y rápido, antes de que todo estallara.

Echó un vistazo al horizonte de nuevo, observando el paisaje brumoso, que no ayudaba en nada a distraerla de su miedo inminente y no ya desconocido.

Pero allá afuera la lluvia caía sobre los peatones sin piedad... y en el horizonte las nubes oscuras se mezclaban con otras más claras, algunas de tonos naranjas y amarillos. Pronto las luces del alumbrado público se encendieron una tras otra.

¿La noche estaba cayendo? Pero si era de día. Debía ser alrededor de las 07:00 a.m.

Ella frunció el ceño. La tormenta estaba creciendo.

Podía sentirlo en su alma.

Y, para hacer más irónico todo, ese maldito día se acercaba de nuevo.

El viento parecía lo suficientemente fuerte como para desgarrar la Torre casi arruinada. La lluvia era dura y despiadada, como arena en el desierto. El trueno fue tan fuerte que casi fue ensordecedor.

Y luego estaban los rayos atravesando el cielo, iluminando incluso los rincones más oscuros. Pero esta tormenta en particular no era obra de la Madre Naturaleza. Había algo mucho más amenazador detrás de esto. Fuerzas oscuras estaban operando.

Raven lo sentía. Él venía. A pesar de estar cautivo en su mente, esas cadenas no serían lo suficientemente fuertes para mantenerlo aprisionado por siempre.

Seguramente ya prepararon el altar para su gran llegada. Y lo recibirían con bombos y trompetas, sin saber lo que les aguardaba a los muy incrédulos.

Las nubes oscuras en el cielo comenzaron a circular sobre toda la ciudad, incluso siendo de día parecía que estuviera anocheciendo. El trueno retumbó, sacudiendo la torre hasta su base de nuevo. La lluvia golpeaba contra los muros y, por el obvio estado de la edificación, algo de agua se filtraba por grietas y vidrios rotos.

Podía ver entre las tinieblas la leve claridad que traspasaba las lumbreras. Cuando pudo enfocar bien la vista notó que caía una espesa y fina nevisca allá afuera. Ella sacó una de sus manos y dejó que un copo de nieve se posara sobre su palma.

¿También estaba empezando a nevar?

Conmemoró el ultimátum escrito en sangre en el museo.

—Caerán lluvias de gigantes aguas. Nieves cubrirán lo no esperado —repitió de memoria.

Suspiró cansada mientas miraba distraídamente el pasar de las personas, corriendo y esquivando el aguacero, otros caminado lentamente, como si nada, bajo grandes paraguas.

Se puso a pensar en lo que había hecho, hasta que de pronto sus ojos terminaron en la isla donde la Torre yacía erguida. Ella se afirmó en el alféizar y se dio cuenta que estaba inclinada hacia delante. Demasiado inclinada. Las olas allá abajo chocaban fuertemente producto del poniente. Raven miró casi hipnotizada.

«Deja que se te rompa el corazón».

—Sería tan fácil —murmuró—. Así acabaría con este... dolor tan intenso que tengo.

El viento comenzó a soplar fuertemente y tuvo que sujetar sus cabellos con su mano y arrugó el entrecejo. ¿En qué estaba pensando?

Raven tragó saliva con fuerza, cerró los ojos. Intentando bloquearlo todo y vaciar su mente. Pero fue en vano. Con un grito frustrado, dejó que su magia oscura surgiera de ella, atravesando la habitación. Las cortinas nuevas que había colocado se cerraron de golpe, dejándola en la total oscuridad.

La oscuridad que tanto odiaba. Pero la hizo sentir mejor, pero solo un poco. No lo suficiente para calmarla.

Ella no se daría por vencido, haría todo lo posible para salvaguardar a sus amigos. Todo lo que estuviera a su alcance. Debía protegerlos, era todo lo que tenía. Se dirigió al centro de su habitación, mientras que con sus poderes atraía unas cuantas cosas, al tiempo que preparaba unos ingredientes especiales en una vasija de arcilla junto a unos cuantos incensios. Se situó en posición de loto y comenzó a sentir la marea de energía circulando íntimamente mientras un aura morada la envolvía.

—Por los poderes de Azarath, te lo ruego —rezó ella en voz solicitante—. Espíritu Madre del bajo mundo, protege a mis hermanos y hermanas. Y dame fortaleza para enfrentar la fuerza oscura que se acerca.

Un hechizo básico de protección, quizás sería suficiente para ayudarlos en la contienda que se acercaba. O eso esperaba.

Raven se levantó y se enderezó lista para salir de la habitación que parecía querer oprimirla con sus recovecos. Sin contar que lo único que veía a través de la ventana era niebla y el mal clima. Sentía que la claustrofobia se apoderaba de ella, casi como estar en una jaula. Pero antes de poner una mano sobre el picaporte, por inercia, sus ojos se dirigieron de reojo al baúl que estaba al lado de la cómoda, lugar donde ella guardaba algunas de sus reliquias más preciadas. Y fue en ese momento, sin saber por qué, cuando tuvo un mal augurio.

«Oh, no».

Ella se abalanzó hasta el cofre y lo abrió. Sacó y tiró todo al suelo, pero no estaba.

—Por favor, que esté aquí —imploró la empática.

Su nerviosismo comenzó a crecer mientras buscaba ahora entre las cosas que había arrojado al suelo y tampoco encontró lo que buscaba.

Su espejo, su Nevermore, el portal directo hacia su mente no estaba ahí. Tampoco los anillos que Azar le había entregado a ella antes de morir. Estaba segura al cien por ciento de que se encontraban muy bien resguardados en ese lugar, incluso protegidos con un hechizo simple para evitar que mundanos pusieran un dedo en objetos tan importantes para ella.

Mundanos.

Y entonces una revelación cayó sobre ella como un cubo de agua fría y golpeó el suelo con irritación verdadera imaginando que estaba golpeando ese rostro en particular.

Solo una persona en la que no confiaba había entrado en su habitación recientemente. Un timador rubio que despedía un insoportable olor a tabaco y aliento a whisky. El muy maldito la había tratado de confortar cuando en realidad lo que siempre deseó en realidad era entrar en su habitación desde un principio. Debía haber previsto que haría algo así, era su estilo sin lugar a dudas, siempre estaba un paso adelante. ¿Quién más podría haber sido sino?

¿Y qué estaba planeando?

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—Estúpido Constantine.

«Tengo que salir de aquí», pensó Raven.

Ella abandonó su habitación, lanzándose a los pasillos grises de la Torre de los Titanes. No había nadie alrededor; no podía percibir a nadie cerca de ella. Pero era raro, no podía sentir nada a su alrededor.

Literalmente nada.

«Extraño».

Respiró hondo, tratando de calmar sus nervios.

¿Qué haría Constantine con su espejo? ¿Y con los anillos?

Dentro, la tensión se estaba acumulando, terminando en su interior y poniendo demasiado estrés dentro de ella. Podía sentir sus poderes queriendo responder a la tensión, listos para explotar, lanzarse y destruir.

Raven caminó distraídamente por los pasillos, tratando de aclarar su cabeza. El golpeteo de sus pies contra el metal ahogó casi todo lo demás. El patrón ayudó a enfocar su mente y dejó que sus pensamientos volaran a un cierto ritmo preciso en su mente.

Aun así, un sentimiento temido estaba en ella.

—¿Raven? —llamó una voz femenina tímidamente.

El comentario rompió por completo los pensamientos de la empática, haciéndolos dispersarse cuando se volvió para mirar la figura de Starfire. Raven intentó crear una sonrisa para darle a su amiga, pero no pudo. Se sentía terrible, como si su corazón estuviera sentado en su estómago, y eso le hizo difícil sonreír. Ella renunció al intento.

Starfire avanzó y puso una mano sobre el hombro de Raven. La hechicera arrugó el entrecejo porque estaba extrañada, no podía sentir nada cuando la alienígena apoyó su mano en ella.

—¿No quieres hablar de eso? —preguntó con algo de cautela Starfire porque sabía que la hechicera no era muy adepta de hablar sobre ella misma. Sabía lo hermética que podía ser.

Raven solo negó con la cabeza y se liberó de su agarre—. No —dijo ella—. No quiero hablar de eso. —Se volvió y comenzó a caminar sola por los pasillos. No oyó pasos, pero sabía que Starfire la seguía.

La alienígena agarró el hombro de Raven y la hizo girar.

Sus profundos ojos verdes estaban llenos de preocupación.

—Raven, por favor…

—Lo siento, Starfire —respondió Raven. Su voz era más suave de lo que esperaba—. Solo quiero estar sola ahora.

—Pero Raven —respondió Starfire—, pensé que estar sola no era algo que deseabas.

Raven no podía discutir con eso. Estar sola era uno de sus peores temores, algo que la invadía sin importar las circunstancias. Lo había imaginado toda su vida: estar sola por el resto de su vida, tratando de mantener a los demás a distancia para protegerlos.

—Tienes razón, no deseo eso —dijo Raven por fin. Volviendo a mirar a los ojos de Starfire, dijo. — ¿Hay algo que quisieras?

Starfire afirmó con la cabeza ya más animada—. Si, podrías venir con nosotros, estoy preparando una gloriosa comida.

—Oh —fue lo único que Raven pudo decir—. Bien, vamos.

Lentamente hicieron su peregrinación diaria a la sala común para el desayuno

Aunque no fuera a probar ni por asomo la repugnante comida embebida en mostaza de la alienígena. Puede que su mente estuviera desestabilizada, pero no como para atreverse a tanto.


Midway City, Michigan

Fue a través de una neblina espesa que las letras resplandecientes de neón penetraron en el cerebro de John Constantine. Se tomó un momento para entrar antes de dejar que una risa corta y resentida pasara por sus labios. Sacudió la cabeza ante la amarga ironía, de todos los bares a los que podría haber ido, eligió el que tocaba música cursi de los ochenta.

Se iluminó una máquina de discos en la esquina y se escuchó la canción a todo volumen mientras Constantine contemplaba lo que hacía el dueño del bar y no le tomó demasiado tiempo encontrar a su esperado invitado que se notaba que estaba ya en un leve estado de ebriedad. Teniendo en cuenta la decoración y la música, el bar era sorprendentemente macilento, justo como él lo quería; coincidía con su estado de ánimo. Pidió una copa y tomó asiento junto al sujeto que lo estaba esperando. El humo flotaba en el aire y unos galimatías borrachos provenientes de moteros barbudos de 50 años solo se sumaron a la sombría atmósfera.

Tomó un largo trago de whisky de un solo sorbo sintiendo como el mismo le quemaba la garganta, sensación que recibió con goce, y observó de reojo a su acompañante. Él solo rodó los ojos cuando escuchó un largo suspiro lastimero proveniente del hombre.

—Steve. Vamos colega, no te pongas melancólico —comentó el hombre rubio al otro sujeto sentado a su lado, al tiempo que le daba una palmadita en el hombro en algún intento de muestra de apoyo—. Está bien, está llegando el apocalipsis, ¿y qué? Tampoco es el fin del mundo.

John pidió otra copa y se la bebió de un sorbo.

—Para ti, todo es cosa de risa, ¿verdad? —rebatió Dayton con voz amarga. — ¿No lo entiendes o qué? La Hermandad del Mal es derrotada y me imagino tiempos de tranquilidad y prosperidad y luego esto. Dios, ahora quiero otra copa —estableció buscando con sus ojos al dueño del bar para realizar otro pedido.

—No, lo que quieres es aire fresco —dijo John después de hurgar dentro del bolsillo de su gabardina, sacó un billete de veinte y lo golpeó contra la mesa sucia—. Vamos, ponte el abrigo. Y no te preocupes por lo de la crisis. Lo que debe preocuparte es lo que venga después.

—¿Lo que venga después? —interrogó Dayton parpadeando confundido mientras se ponía el saco. — ¿Por qué eres siempre tan críptico, maldito? Antes por teléfono me decías no sé qué de una cosa de la ciénaga.

—Sí, la Cosa del Pantano. Swamp Thing. Podría ser de ayuda, pero lo voy a dejar en suspenso un poco más —comunicó John que se levantó y probó el equilibrio. Satisfecho de poder caminar se dirigió hacia la puerta—. No hace falta buscarle problemas porque estos los buscaran a él.

Cuando John abrió la puerta del bar y se encontró con el panorama este le causó un extraño escalofrío.

El viento amargo y la lluvia afuera nunca lo molestaron, ¿por qué debería hacerlo ahora?

Se había enfrentado al diablo, había luchado contra los demonios, había visto la muerte y el dolor apoderarse de las personas que le importaban, encontrar sus cuerpos; retorcidos y fríos, manchados de rojo. Literalmente había estado en el infierno y había regresado. Había presenciado la carnicería de primera mano, escuchó los gritos de dolor mientras la agonía sin fin lo rodeaba. El olor a azufre y el podrido sabor a ceniza habían contaminado sus sentidos mientras caminaba entre los caídos.

¿Qué era un poco de lluvia entonces?

Había muy poca luz afuera, el sol estaba oculto detrás de las gruesas, pesadas y bajas nubes que actualmente se cernían sobre todo el lugar. Las luces de la calle parpadearon por un instante antes de volver a su brillo apagado, casi anaranjado. Los brillantes faros de un automóvil que pasaba los iluminó brevemente antes de desaparecer en la bruma.

Ambos estudiaron las pelusas de algodón que se amontaban al lado de la acera y, arremolinándose erráticamente, pasaban junto a sus caras.

—Está nevando… en pleno verano, John —murmuró Dayton con ojos absortos visualizando los copos de nieve que se estaban creando—. Mira el cielo. Es pleno día y todo está… tan oscuro, tan frío.

—Se avecina la tormenta —vaticinó el nigromante con seriedad viendo hacia el cielo al igual que su colega—. Es de lo que te hablé.

—No sé si podré…—tartamudeó Dayton negando con la cabeza.

—Mento, de la Doom Patrol —nombró John—. Amigo, claro que podrás. Tú y tu casco servirán de mucho. Y no te olvides de que esa mancha verde de lechuga…

—Garfield —corrigió rápidamente y su voz tintineó con algo de irritación—. Su nombre es Garfield.

—Si, emm, Garfield, exacto —corrigió Constantine con un tonillo que indicaba claramente que no le importaba en lo más mínimo el error que cometió—. Bueno, él está metido en esto también y es… como tu hijo adoptivo. Lo quieras o no está involucrado, Steve. Y no me quiero poner sentimental, pero si no ayudas, debes ser consciente de que… ya sabes, no volverás a ver su tierna cara verdosa nunca más en tu vida.

—¡Ah, cierra la boca! —espetó el otro hombre. — ¿Qué tengo que hacer?

—Mansión Wintersgate —comunicó John simplemente—. Baron Winter está armando una fiestita de celebración con psíquicos y tú estás invitado. Habrá muchos globos de colores, confeti, pastel de chocolate, cartas de tarot, pentagramas, rituales, bebidas y comida chatarra. Te dejo la invitación y un obsequio para Winters —dijo en tanto le entregaba una tarjeta y un paquete prolijamente envuelto—. Suerte, colega. Debo darme prisa porque tengo un invitado llegando a la Casa del Misterio y no le gusta que le hagan esperar —se despidió Constantine y con un leve movimiento de cabeza en modo de saludo se retiró del lugar perdiéndose entre la niebla.

Dayton lo vio alejarse y cuando lo perdió de vista observó la tarjeta que le entregó Constantine. Arqueó una ceja. Era una postal infantil de cumpleaños de niños con temática de Toy Story.

—Steve Dayton —leyó el hombre las letras de colores impresas en la colorida tarjeta—. Te invito a festejar mi primer apocalipsis. Te espero… ahora y hasta… nunca. No faltes, te divertirás mucho.

«Maldito idiota», pensó Steve dirigiendo de nuevo su vista por donde el nigromante se había esfumado.


Torre de los Titanes – Jump City

En ese momento, la puerta se abrió con la ayuda de un breve estallido de energía negra y Raven entró junto Starfire.

La empática fue recibida por las caras igualmente sombrías de sus compañeros de equipo aglutinados en la habitación. Decidió renunciar a su té y reunirse con sus amigos, quienes la miraban fijamente, esperando escuchar algún tipo de respuesta a lo que había estado sucediendo durante la última semana.

Cyborg estaba preparando el desayuno. El aroma de las salchichas y waffles se enalteció cuando Cyborg los volteó en la sartén. Un sonido chisporroteante provino de eso, haciendo que el hombre robótico sonriera.

—¿Alguien más ha notado la tormenta afuera o solo yo? —Raven dijo en su tono seco y sarcástico habitual para romper el silencio.

—¿El aguacero, la brillante luz intermitente afuera y los ruidos fuertes de los relámpagos? —Chico Bestia preguntó pensativo con un dedo en su mentón—. Estaba empezando a preguntarme sobre eso —dijo recostado en el sofá.

Raven le dirigió su habitual mirada pasiva. Robin seguía junto a la ventana, no asustado, pero más alerta por la falta de luz. Starfire flotó desde la cocina, enfrente de Robin, mirando por la ventana también. Raven se dirigió hacia Cyborg, pero una figura veloz se cruzó rápidamente para pararse frente a ella.

—¿Cómo estás, cariño? —indagó el pelirrojo con una mueca coqueta.

—Mejor que ayer —respondió Raven monótonamente—. Y no me digas cariño, sabes que suena horrible —alegó esta.

—¿Tienes frío? —preguntó Wally.

—Solo un poco.

—Podría hacerte chocolate caliente si quieres —sugirió el velocista.

Raven pensó en que amaba el chocolate caliente desde que Wally se lo hizo probar y, para este clima, parecía ideal.

Raven solo asintió hacia él y el velocista se esfumó corriendo hacia la parte de la cocina para preparar la bebida caliente. La empática sonrió minúsculamente por la emoción que mostraba él por algo tan simple como cocinar… o comer. Pero solo percibía la emoción porque era obvia a la vista, no porque sus poderes estuvieran actuando. ¿Qué estaba sucediendo?

Justo entonces, Wally se acercó llevando las tazas en sus manos interrumpiendo su pensamiento y le entregó una a la joven. En el momento en que la mano del pelirrojo acarició la de ella Raven se extrañó completamente. Porque no percibió nada.

Literalmente nada.

Trató de ignorarlo, quizás era algo del día. Ella se sentó y él la siguió a su lado mientras bebía el líquido. Wally la observó de reojo y tragó saliva mientras miraba su figura curvilínea que incluso le parecía apetecible oculta debajo de todo ese ropaje que siempre llevaba puesto.

—¿Sucede algo? —quiso saber la hechicera mirando de reojo al chico.

—No, solo pensaba en lo exquisita que está esta bebida —dijo este simplemente tratando de ocultar la verdad de sus intenciones.

—Si, claro, la bebida —expresó Raven con ironía.

Los ojos que la miraban la hicieron sentir cálida por dentro.

—¿Quieres decir que no vas a volver a tu habitación y meditar en este clima perfecto? —Chico Bestia preguntó, un poco sorprendido, interrumpiendo el momento casi íntimo que se había creado entre ambos jóvenes.

—He tenido suficiente meditación ... por ahora —Raven agitó su mano en un gesto de restar importancia al asunto—. Además, es bastante difícil concentrarse cuando todo a tu alrededor tiembla con cada trueno. Nunca pensé que algo en la naturaleza pudiera irritarme en el mismo nivel que tú.

—¡De eso estaba hablando, extrañaba esos comentarios! —exclamó Cyborg golpeado fuertemente la mesa, realmente contento por escuchar esos comentarios por parte de la empática nuevamente. Aunque el cambiante no estuviera muy emocionado con esto.

—¿Hoy todo está bien, Raven? ¿Está pasando algo en particular o…? —Robin preguntó y toda la sala quedó en mutismo absoluto cuando el líder habló por fin.

Raven desvió los ojos para encontrar a todos mirándola, todos ellos con emociones encontradas en la cara. Odiaba cuando todos la miraban así—. No quiero hablar de eso —fue todo lo que dijo, manteniendo su voz plana y sin emociones. Dio un profundo suspiro, para luego darle otro sorbo a su chocolate caliente.

—¿Por qué no? —llegó la voz de Robin—. Has derrotado a Trigon, ¿recuerdas? Podríamos estar planificando o…—Hizo una pausa, esperando que Raven respondiera, cosa que ella no hizo. La joven solo se concentró en seguir sorbiendo de su taza—. La profecía se ha cumplido una vez y…

Fue es ese momento en que la radio apagada reventó en mil pedazos. Raven solo apretó los ojos con fuerza cuando la voz insistente de su padre se dejó sentir nuevamente.

«Libérame, desagradecido engendro mío».

—Ya déjala —dijo Wally enojado por la insistencia de Robin—. Sabes que ya ha tenido suficiente para que te pongas a importunar más la situación.

La empática tomó unas cuantas respiraciones profundas y dejó de escuchar esa voz, por lo menos momentáneamente.

—Creo que Kid Flash tiene razón —asintió Terra—, deberíamos tratar de dejar que Raven no se sienta peor con toda esta situación.

La hechicera estaba ligeramente admirada por la defensa de Terra. La chica rubia le guiñó un ojo en complicidad desde su posición en el sofá.

—¡Pero le pateamos el trasero! —gritó el cambiante. — ¡Pensé que se había ido para siempre!

—Puede que le hayamos pateado el trasero, Chico Bestia —explicó Raven ahora más serenada—, pero mi padre es un ser de maldad pura. Creí que lo envié de regreso al infierno y no debería haber ningún camino de regreso, pero la barrera entre los mundos se está debilitando. Algo ha cambiado en la última semana y no puedo explicarlo. ¿Alguien ha notado algo nuevo? Aparte del clima, claro está.

Siguió un largo silencio antes de que volvieran a hablar.

Chico Bestia se rascó la cabeza, claramente pensando mucho—. Ayer estuve en la sala de juegos, y um ... mi consola está rota.

Raven lanzó una mirada amenazante al héroe verde e inmediatamente este se estremeció—. Si no tienes nada útil que decir, mejor no abras la boca.

Robin volvió su atención hacia los monitores, lo único eléctrico que funcionaba en la Torre gracias al generador de electricidad de emergencia. Todavía varios puntos brillaban ligeramente rojos—. Bueno, tenemos que preocuparnos por un aumento del diez por ciento en delitos. Sin contar el anormal incremento de las tasas de suicidios.

Raven se mordió el labio.

—¿Sabes lo que es raro? — Robin preguntó—. Casi siempre durante esta época del año las cosas comienzan a ponerse agitadas. No sé por qué, pero es justo ahora que las cosas comienzan a volverse locas, de cualquier manera posible. A veces es crimen, a veces son fiestas salvajes, a veces es un montón de eventos extraños inexplicables…

Raven tragó su chocolate hasta terminarlo.

Un día maldito.

¿Cómo olvidarlo?

Ese maldito día se acercaba de nuevo a ella.

Su fecha de cumpleaños. La Iglesia de la Sangre parecía querer que todo fuera perfecto, no querían dejar nada librado al azar.

El recordatorio la enfrió, pero ella luchó contra eso. Era una sensación creciente, el nudo en su estómago, a medida que se acercaban al aniversario. Sintió un nudo oscuro de nervios apretarse en su estómago cada vez que pensaba en ello.

—¿Por qué ha habido un aumento de todas formas? No solo aquí, sino que Batman me informó que la Liga se encontró con varias situaciones raras —dijo Robin. Apretó el puño y continuó—. Así que tenemos que estar preparados, pase lo que pase.

Cyborg asintió con la cabeza en silencioso acuerdo antes de volver al brillo de las pantallas.

—Y también hay otra cosa que deben saber —informó el hombre robótico—. Estuve usando esta computadora en cooperación con una red de telescopios para estimar y trazar la trayectoria de un extraño meteorito. No es un fenómeno natural.

Cyborg mostró una foto del meteorito en el monitor frente a él y al verlo, los Titanes se quedaron sin aliento. Era una esfera perfecta y el aura que emitía era inquietante por decir lo menos. Las imágenes térmicas mostraron que irradiaba una cantidad anormal de calor a pesar de que se precipitaba a través de la muerte del espacio—. La trayectoria muestra que se originó hace 4 años y que ha estado viajando en un amplio círculo desde entonces.

—Recuerdo que Trigon era un tipo con un ego realmente grande —dijo Chico Bestia—. Pensó que nunca podría ser derrotado y pensó en nosotros como insectos. No parece del tipo que hace un plan de respaldo.

—Puede que no se te haya pasado por la cabeza Chico Bestia, pero hay personas más inteligentes que tú —Raven espetó—. La mente de Trigon es tortuosa y abarcadora y obviamente consideró la posibilidad de la derrota. Por eso el muy maldito encontró la forma de refugiarse dentro de mi mente.

—Entonces, ¿tu padre… está dentro de tu cabeza? —preguntó Terra realmente curiosa vislumbrando la gema roja en la frente de la pálida chica que de vez en cuando parecía brillar.

—Por lo menos así lo puedo mantener vigilado —declaró esta.

—¿Pero un meteorito? —cuestionó el velocista.

Cyborg sacudió la cabeza—. El planeta más cercano por el que pasará es Venus y eso no representa una amenaza para nosotros. Si Trigon quisiera regresar, ¿por qué enviaría un meteorito para que no eclosionara en la tierra?

—¿Cuál es el camino exacto que tomará a través de nuestro sistema? —Raven preguntó ya dándose una idea de lo que estaba pasando. Se tomó un momento para escanear la línea roja que cruzaba a través de una representación gráfica del sistema solar y señaló el punto exacto entre la Tierra y el Sol y ahí lo comprendió—. Va a hacer un eclipse. Utilizará el meteorito para proyectar una sombra en un lugar de nuestro planeta.

—La amenaza del museo —expresó Robin atónito y repitió esas palabras en particular que se relacionaban directamente con esto—. El sol se convertirá en tinieblas, como vestido de luto, y la luna en sangre. Las estrellas de los cielos y sus luceros no darán más su resplandor. Y…

—…el eclipse llegará nuevamente, el mundo ensombrecerá y tendrá suceso la noche más oscura que haya vivido la humanidad —concluyó Raven.

Starfire levantó el dedo para aportar algo, pero se detuvo a la mitad cuando perdió el pensamiento. — ¿Y para qué quiere exactamente eso?

Raven puso los ojos en blanco y apretó los puños emitiendo una maldición silenciosa—. Los poderes demoníacos prosperan en la oscuridad. En la oscuridad, los demonios solo necesitan manipular las sombras ya presentes, liberando más energía para crear ataques más contundentes. El meteorito arrojará un eclipse total sobre una ubicación por un corto tiempo, permitiendo que la esencia de Trigon se filtre en nuestro mundo, aunque sea parcialmente.

Cyborg se inclinó un poco hacia adelante. — ¿No significa eso que también funciona de noche?

—No sé si lo has notado, pero la luna y las estrellas salen por la noche, arrojando luz sobre el lado oscuro de la Tierra. De todos modos, Trigon impregnó este meteorito con su malicia y rabia, amplificando la oscuridad que proyecta. Lo que vale, es un plan brillante. La Iglesia de la Sangre usará esto a su favor —dictaminó Raven.

—Suena mal —murmuró Robin.

—¿Mal? Suena horrible —corrigió la hechicera—. Estamos en cuenta regresiva a partir de ahora.

—Pero nosotros ya no podemos intervenir —informó el líder del equipo—. La Liga está a manos de esto. Batman me dijo que… nos mantuviéramos alejados. Zatanna y Constantine junto al Doctor Fate ya pusieron en marcha su plan. Es lo único que sé.

—La Liga —repitió Raven con recelo. "Plan". Constantine tenía en sus manos el portal directo a su mente. Sintió un estremecimiento recorrerle la columna vertebral.

—¿Por qué no deberíamos interferir? —cuestionó Wally no contento con esta idea.

—Martian Manhunter y Miss Martian fueron a una misión de infiltrados a la Iglesia de la Sangre. Perdieron contacto —comunicó Robin—. Las cosas no están bien. Si un miembro oficial como lo es J'onn no pudo contra ellos, piensan que nosotros no tenemos posibilidad. Solo nos queda esperar. Pero no importa cuán elaborado sea el esquema de un villano, solo debemos centrarnos en cómo detenerlo. —El líder se levantó de manera imperiosa y señaló a Jump City—. Tenemos la obligación de salvar a nuestra ciudad una vez más del mal de Trigon. Si las cosas se ponen feas, ayudaremos, quiera la Liga o no.

—Vas a desobedecer a Batman —dijo atónito Cyborg. No era una pregunta, era una afirmación.

—Oye, yo no tengo ganas de que Superman patee mi trasero por meterme donde no me llaman —expresó con recelo el chico verde.

—Son tiempos de guerra, Chico Bestia, cualquier ayuda será de utilidad —continuó Robin—. Nosotros seremos adolescentes, pero no somos unos simples aspirantes. Tenemos la capacidad para esto, derrotamos a Hermano Sangre una vez y también a Trigon.

—Pero Doctor Luz nos derrotó y está con ellos —vaciló Terra recordando su encuentro con el villano.

—Igual que Psimon —agregó el velocista.

—Pero no nos derrotarán en una segunda vuelta —señaló Robin ahora con confianza. — ¿Qué dicen?

—¡Estoy de acuerdo! —apoyó sin dudar Starfire.

—¡Yo también! —le siguió Cyborg.

—¡Igual yo! —expresó Chico Bestia pegando un salto.

Wally y Terra secundaron también la propuesta de Robin.

—Pero… él tratara de dañarlos en primer lugar —les comunicó Raven con aprensión—. Pero no se preocupen, les puse un hechizo de protección a cada uno de ustedes, por si acaso.

—Así que de ahí provenían los cólicos de recién —reveló Chico Bestia frotando su vientre—. Y yo creía que había comido un burrito en mal estado.

—Supongo que debía haber pedido su permiso o lo que sea —murmuró la empática—. Pero yo no podría soportar que él los corrompiera. Ustedes son los únicos amigos que realmente he tenido.

—Lo venciste una vez, ¿no es así? —preguntó Terra.

—Tuve suerte —dijo simplemente Raven.

—Ahora tendrás suerte siete veces —agregó Wally con una sonrisa.

—Siempre hicimos un buen equipo —señaló Robin.

—Pero no somos un equipo. Hemos peleado juntos, visto y experimentado horrores para diez vidas y…—agregó Starfire.

—…hemos crecido juntos —terminó Cyborg.

—Bien, creo que vomitaremos arcoíris en cualquier momento porque solo nos faltó decir que no somos un equipo. Somos familia, y yo, de todos, me gustaría pasar más tiempo con mi familia. Esta familia —finalizó Chico Bestia.

—Así que… ¿Titanes unidos? —preguntó Robin con una sonrisa e irguió una mano en posición recta. Los demás sumaron sus manos hasta que todas quedaron unidas.

—¡Por siempre! —expresaron todos en un vitoreo.

—Pero yo no puedo ser de confianza —musitó Raven, dando un paso atrás, realmente incómoda y no uniéndose a este gesto de compañerismo.

—Raven…—susurró el velocista con congoja.

—No. Está bien. No estoy diciendo que esto sea incorrecto ni que esté actuando como una mártir —indicó ella—. Estoy diciendo un hecho. Hay mal que corre en mi interior y para mala suerte parece ser que la peor parte siempre gana. No he podido meditar ni dormir sin ver la cara de mi padre, y mi lado oscuro se está esforzado por liberarse.

—Pero somos familia —dijo Starfire un poco triste acercándose a la hechicera.

—Lo somos —afirmó Raven—. Pero ahora iré a reacondicionar mi habitación —dijo girándose y comenzado a caminar hasta la salida de la sala—, esto fue demasiado cursi para mi gusto personal.

—¿Te puedo ayudar? —interrogó Wally acercándose a la empática. Quería pasar más tiempo con ella—. Sabes que soy el más veloz en todo.

—Puedes venir —señaló Raven después de pensarlo un momento.

[...]

—El clima está horrible allá afuera —comunicó Wally al pasar viendo por los ventanales del pasillo.

—No me digas, chico listo, ¿cómo es que te enteraste?

—Aunque sabes —dijo ahora él en un tono sugerente—, podríamos darnos calor los dos juntos en cualquier momento, ¿qué dices?

Wally la agarró abruptamente de la mano y la arrastró a su habitación. Tan pronto como se cerró la puerta, la sujetó contra ella y sus labios se estrellaron contra los de la chica. Después de tanto tiempo, incluso una pulgada de espacio entre ellos parecía demasiado.

—Extrañaba esto —indicó el pelirrojo separándose un poco de la chica, pero sus alientos seguían entremezclados.

—¿Acaso me estás acorralando? —cuestionó Raven arqueando una ceja.

—Pues sí, creo que sí.

—¿Crees que esto se ve realmente como algo correcto en un momento preapocalíptico? Espero que no quieras hacerme bailar otra vez bajo la lluvia.

—Creo que le agregaría más adrenalina al momento—dijo el velocista divertido. — ¿Qué dic…

Sus palabras se cortaron cuando ella se acercó repentinamente, sorprendiéndolo mientras se arrojaba casi sobre él. Ni siquiera le dio tiempo para pensar mientras los brazos de la chica se enrollaron alrededor de su cuello y sus labios chocaron contra los del velocista.

—Raven —gimió Wally y con sus brazos apretó más el cuerpo de la empática contra el suyo.

Wally se apartó un poco y la miró con los ojos ardientes, llenos de deseo, juguetones.

—Oh, pero qué haces conmigo… —murmuró Kid Flash.

Volvió a besarla y metió la pierna entre las de ella apretándose más contra la joven, haciendo más íntimo el momento. Dio un respingo y gimió junto a sus labios, perdiendo un poco la cabeza por la pasión. La besó con total abandono, deslizando los dedos entre su pelo, cerrando las manos y aferrándola con fuerza.

Pero tan rápido como comenzó… todo acabó.

—¿Está todo bien? —preguntó el chico.

Pero Raven había desaparecido del lugar sin dejar rastro alguno.


Casa del Misterio – Ubicación desconocida

Cuando Constantine entró a la casa, Zatanna y su primo estaban sentados frente a la mesa, tomando té y comiendo galletas acompañados de un fantasma calvo y bestialmente pálido vestido con un traje rojo de acróbata y un hombre de cabello marrón con un mechón blanco, elegantemente vestido, todo como si fuera la cosa más normal del mundo. Se aclaró la garganta para llamar la atención de todos, y ella levantó los ojos para encontrarse con los de él. Pero no fue la maga quien habló, sino el sujeto de cabello marrón.

—Constantine, para el que tiene la forma más rápida de viajar, lograste ser el último en llegar —dijo este.

—¿Ya te pusiste a rimar tan temprano? Culpa al maldito tráfico de esta ciudad. —Se acercó a la mesa y tomó una galleta, mordiéndola. Sabía a mantequilla y azúcar—. No esperaba tantos invitados. ¿Acaso es tu cumpleaños, niño? —preguntó mirando a Zachary.

El mago solo arqueó una ceja ante esto mientras contestaba.

—Si fuera mi cumpleaños no estaría en esta mugrosa morada paranormal —señaló mirando alrededor—, estaría en Las Vegas en una adinerada fiesta llena de celebridades y hermosas mujeres comiendo manjares, no té inglés y galletas y acompañado de fenómenos.

—Bien —rebatió el nigromante realmente interesado por eso—, no te olvides de invitarme entonces porque suena realmente entretenido.

—John Constantine, el hombre que perfeccionó la mala idea, sigues siendo tan estúpido como siempre —despotricó el de cabello marrón nuevamente.

—Si, me alegro de verte también, Jason. Mándale saludos a tu alma gemela —dijo de manera sarcástica y nada cortés John haciendo clara referencia a Etrigan—. Y Boston —llamó ahora mirando al extraño fantasma que había permanecido silencioso.

—No esperaba que respondiera a mi invocación mágica —dijo Zatanna observando al hombre flotando—, ni siquiera pensé que sería capaz de alcanzarlo. Era difícil de rastrear, ya sabes… sin cuerpo físico…

—Llegué lo más rápido que pude —comunicó Boston mientras se acercaba levitando hacia donde estaba parado Constantine—, especialmente porque no hay mucho que hacer siendo un fantasma.

—Bien, ¿y qué nos trae aquí en este bello día de verano? —preguntó Jason con acento áspero.

—¿Supongo que has oído hablar de Trigon? —Zatanna escupió el nombre como si fuera veneno—. Él es la encarnación interdimensional del mal, que ha conquistado muchos mundos, convirtiéndolos en desiertos infernales.

—Un grupo de monjes de un reino llamado Azarath decidieron tratar de frenar el mal. Pero entonces Trigon vino y jodió todo. Pero bueno, al menos los monjes son pacíficos y sus túnicas blancas siempre están limpias —dijo John con sátira implícita.

—Se alimenta del miedo, es cruel y casi imposible de matar —continuó Zachary.

Zatanna se aclaró la garganta—. Trigon conquista mundos y los destruye, y esta mañana parece que se abrió una puerta desde su vacío a la Tierra. Su poder está inundando y causando desastres sobrenaturales, como esta tormenta que está azotando a todo el mundo, sin contar los extraños sucesos en todo el globo de violencia sin control. Cuando se complete la invocación, se levantará y comenzará su ataque a nuestro mundo. Nos quedan días contados antes de que la Iglesia de Sangre complete su objetivo, quizás menos de una semana, y Trigon llegue finalmente.

—¿No es la Iglesia de Sangre esos tipos que adoran a Caín? —preguntó Boston—. Estuvieron en Gotham hace un tiempo. Y ni siquiera usan magia real, solo tecnología apokoliptiana que parece ser mágica para la gente normal. Un culto religioso creado a través de los agentes de Darkseid en la Tierra dedicados a la adoración del mal.

—No. Esa es la Religión del Crimen. Y ni siquiera veneran al verdadero Caín — respondió John rebatiendo ese comentario—. En realidad, son seguidores de Vandal Savage. Caín me dijo una vez que no tiene idea de por qué esos tipos piensan que Savage es él.

—Ah, claro, porque eres muy amigo de los seres bíblicos —le dijo Zatanna con arrebato.

—Es el anfitrión de las noches de póker —comunicó John—. Deberías venir alguna vez. Aunque, desde que gané su casa, no sé cuándo será la próxima.

—Sabes que nunca iría a tus noches de póker por más que me pagaras —refutó la maga con enojo.

—Claro, porque estás tan ocupada con tus espectaculares shows de magia desapareciendo elefantes y no tienes tiempo para otra cosa —continuó riñendo John.

Zachary solo puso los ojos en blanco. Ahora se pondrían a discutir seguramente.

—¿Ellos tienen su historia, no es así? —preguntó en un susurro Boston a Zachary.

—Ni te imaginas —respondió el mago menor mientras veía aburrido la discusión entre viejos amantes.

—¿Y dónde están ellos? —preguntó Deadman interrumpiendo la disputa—. Si estamos en una cuenta regresiva, debemos movernos lo más rápido posible.

—En mi visión, estaban en un edificio, pero sorpresivamente no era Zandia. Están en Massachussets, donde fueron de infiltrados J'onn y Miss Martian —le dijo Zatanna al resto del grupo.

—¿Entonces distingues un edificio en una visión futurista y sabes con certeza que estaba en Massachussets? —preguntó Constantine incrédulo—. Los edificios son todos iguales.

Deadman mira enojado a John y cerró los ojos, concentrándose, antes de reportar sus hallazgos—. Ella tiene razón. Hay energías extrañas que provienen de allí.

—Gracias por la información, Casper, la voy a tener en cuenta —Constantine le gruñó al fantasma—. Pero ya se pueden retirar, Jason y tú, y también tú niño, ya te has involucrado demasiado. La Casa los llevará a donde quieran. Con la ayuda de Zee es suficiente para mí.

—¡Momento! —exclamó el fantasma—. La diosa Rama Kushna dice que debemos trabajar juntos. ¡Vamos! Es el equipo ideal —dijo este observando a todos los presentes—. Tú puedes guiarnos, te necesitamos.

—Boston, ¿parezco miembro de un equipo? —contradijo Constantine—. Muchos menos líder de uno. El punto es que hasta las deidades se equivocan. Por eso tenemos apéndice, neandertales y programas de reality.

Todos se quedaron en silencio hasta que la voz de la maga rompió el silencio.

—Estoy de acuerdo, debemos trabajar como un equipo —aseveró Zatanna desde su lugar en el sofá.

John solo entrecerró los ojos ante esta afirmación mirando a la maga con recelo.

—Oh, esto es de nuevo la jaula de los monos en Sumatra —gruñó el nigromante—. Oh, necesitamos salvar a los monos, dijo ella —alegó ahora imitando de forma burlesca el tono de voz de la maga.

—¡Que idiota eres! —replicó la maga con irritación levantándose y acercándose al hombre rubio.

—Oh no, los monos no —rezongó Zachary ya imaginándose lo que se avecinaba.

—Lo dice el hombre que tiene Newcastle y otros cien fiascos en su currículum, que costaron vidas y almas —siguió despotricando la maga.

—¡Pero no monos! —exclamó John elevando los brazos para hacer más dramática la acotación. — ¡Me superas en monos muertos!

—Fueron pareja —le dijo Zachary a Boston, el cual veía otra discusión más de la maga y el exorcista.

—Perdemos tiempo —refunfuñó Jason, ya cansado del altercado y con una punzada en la cien indicando una próxima jaqueca—. Él está muerto —comunicó señalando a Boston—, el orgullo del chico no le dejara quedarse atrás y yo acepto los riesgos. Así que, ¿podemos hacerlo… o necesitan algún tiempo extra más para discutir? —cuestionó. — ¿O seguirás fingiendo frente a nosotros, John, que no has tomado una decisión todavía?

—Bien, perfecto —se resignó John con un resoplido—. Daremos un paseo por el lado oscuro. ¿Están de acuerdo, equipo? —La última palabra sonó completamente mordaz—. Y ahora que me olvido, ¿qué nombre nos deberíamos poner? —inquirió mirando a todos llevando una mano a su barbilla rascando un poco su barba. — ¿Los Cazafantasmas? ¿Los Vengadores mágicos?

—Espera, dijiste lado oscuro, ¿no? —preguntó Zachary con una sonrisa de oreja a oreja cuando una genial idea se le ocurrió de repente.

—Ni se te ocurra, Zatara —advirtió John con voz grave señalando al chico, dándose ya una ligera idea de lo que estaba pensando.

—¡Liga de la Justicia Oscura! —nombró Zachary—. Suena realmente fantástico.

—Me gusta —estuvo de acuerdo Boston.

—Se oye bien, Zach. Te aplaudo —felicitó Zatanna de manera feliz ponderando a su primo.

—Si, que original eres Zach —agasajó de manera completamente sarcástica John—. Te admiro, amo y señor de los nombres.

—Mi padre ya se dirigió a la Mansión Wintersgate, John —comunicó Zatanna cambiando totalmente el tema de conversación.

—Perfecto, entonces ya está todo listo —comunicó el nigromante frotando sus manos—. Solo queda esperar, nuestro invitado ya está a punto de llegar.

—Bien, ¿cuál es el plan? —interrogó Jason con inquisición.

—Será un doble ataque —reveló John—. Nosotros por un lado y Baron Winters por el otro. Madame Xanadu ya debe estar en posición. Y le dejaremos a la Liga de Calzones Ajustados que se encarguen del papi y los otros demonios mientras tanto.

—¿Un doble ataque? —cuestionó Boston.

—Nosotros nos encargaremos de luchar en el plano físico contra la avecilla demoníaca —informó John—. Si su parte terrenal logra doblegarse, su parte mental quedará desgastada y vulnerable…

—…a un ataque psíquico —completó Jason comprendiendo a lo que se estaba refiriendo—. Entiendo. ¿Y quién será el encargado de eso? Baron no puede salir de la mansión salvo a otros planos temporales y Madame Xanadu no es especialista en ofensiva.

—Lo dejaremos en manos de Doctor Fate —informó el nigromante sin perder de vista como Zatanna se ponía un poco rígida ante esta información—. Pelear contra la Sombra mano a mano en su territorio no será tarea fácil para él. Pero si funciona, y puede llegar a Raven puede darnos un punto a favor y ser un factor clave para la victoria. Y debemos terminar con esto antes de que cumpla su objetivo final y logre apoderarse de su alma y engullirla por completo. Porque, en ese caso, todo estará perdido para nosotros. —Un ligero viento sopló dentro de la casa y la atmósfera pareció enrarecerse—. Genial, ya vino —informó el rubio con una media sonrisa—. Espero que le gusten las galletas con chips de chocolate.

—¿Quién es? —interrogó Zatanna sobre la identidad del invitado.

Ella podía sentir una gran energía, pero no podía ver a nadie todavía.

—Oh, el señorito está molesto —reveló Constantine con su mirada fija en la puerta—. Puedo sentirlo desde aquí. Pero siempre tienes resentimiento, ¿no es así, amigo? No puedo decirlo como si te culpara, claro, dado tu historial.

Fue en ese momento cuando la puerta se abrió en un estallido y la figura de un hombre vestido totalmente de negro se dejó vislumbrar en la entrada. Dio un paso adelante y entró en la casa y sus brillantes ojos blancos pasaron por todos los presentes y luego se detuvieron en el sujeto que lo había traído hasta ahí.

—Constantine —masculló con una voz lúgubre y ajena de cualquier emoción que no fuera una ira contenida.

—No te andarías quejando tanto si supieras los problemas que tuve para poder traerte aquí —explicó John ajeno a la cólera que parecía expeler el aura del sujeto extraño—. La magia purificadora puede ser complicada.

—Maldito bastardo arrogante y manipulador —rechinó entre dientes el encubierto hombre.

—Gracias. Y yo que pensaba que no te agradaba —manifestó el nigromante con burla—. Bastante generoso viniendo de ti. El peregrino, el que nunca encaja, el primer traidor de la historia. Oh, pero estoy siendo grosero. Te he traído hasta el cruce entre el tiempo y el espacio y no te he dado una recepción adecuada. Bienvenido Phantom Stranger, a la Casa del Misterio —recibió el rubio a su invitado con un ademán.

—¿Phantom Stranger? —cuestionó Zatanna realmente sorprendida. — ¿Enserio lo trajiste, John? —interrogó ahora contrariada con la idea.

—Este tipo me da escalofríos —murmuró Boston envolviendo su cuerpo tembloroso con sus brazos en un falso intento de darse calor.

—Estás muerto —musitó Zachary arqueando una ceja. — ¿Cómo puedes sentir escalofríos?

—Oh, es cierto —expresó el fantasma dándose cuenta de su error.

—La Casa del Misterio —dijo Stranger sin quitar la vista del nigromante, ni por un segundo.

—Si, hogar no oficial y cuartel general de la Liga de la Justicia Oscura, ¿no es así equipo? —preguntó John a todos—. Tengo que admitir que el nombre es horrible y me molesta, pero me acostumbraré. ¿Tú qué crees?

—Lo que creo es que has cruzado una línea trayéndome aquí en contra de mi voluntad —alegó Stranger en un hilo de voz.

—Bueno, nada ni nadie se escapa de Johnny Boy —dijo el rubio con una sonrisa de dientes y señalándose a sí mismo con su pulgar.

—¿Johnny Boy? —preguntó Zatanna—. Ese apodo es nuevo.

—No termino de entenderlo, sin embargo —expuso el nigromante ahora más serio que antes—. Reemplazas el abrigo que estás usando por un abrigo de humanidad cuando, todo el tiempo, sólo es un elaborado juego de fingir. Tú no eres humano, no eres uno de ellos —agregó prudente—. Eres uno de nosotros. Y es por eso mi amigo, y uso el término muy a la ligera, por lo que te he traído a la casa. ¿Quieres una galletita? —le preguntó a su invitado ahora en un tono contento levantando el plato con bizcochos—. Están para chuparse los dedos —le informó mientras se llevaba una a la boca y masticaba—. Zee las cocinó, tiene buena mano con la cocina dulce —terminó hablando con la boca llena y algunas migajas se escaparon de su boca.

—Qué bonito discurso, casi me convences —espetó Stranger—. Casi —rectificó con cólera contenida porque sentía que Constantine solo se estaba mofando de él.

—Únete a nosotros, Stranger —estableció John—. Sabes muy bien que hay que detener el avance de la oscuridad y sabes que somos los únicos que podemos. Se avecina la tormenta y tienes que reconocerlo, somos un grupo bastante impresionante: Zee, su orgulloso y altanero primo, Fate, Madame Xanadu, Deadman, Jason y su otra rimadora mitad escupidora de fuego.

—No admito tal cosa —aseveró el extraño.

—Si me preguntas, no lo necesitamos —alegó Deadman en oposición a esa propuesta.

—Ah, pero yo no te pregunté a ti, Boston —siguió Constantine con su discurso—. Y si te pusieras a pensar las cosas por una vez en tu vida, o muerte, te darías cuenta que sí lo necesitamos. Si los últimos sucesos nos han mostrado algo, es que las fuerzas de la magia negra son más poderosas que nunca. Créeme, Stranger —dijo ahora volviendo su atención al hombre vestido de negro—. Tú y yo nos hemos enfrentado a amenazas que harían ver la Trinidad del Pecado como los malditos Tres Chiflados. Necesitamos todo el poder mágico que podamos obtener. Y, por mucho que odie admitir, eres bastante bueno en la cadena alimenticia metafísica. Entonces fui con mis abogados y preparé un contrato que encontrarás tanto justo como generoso. —Con un chasquido de dedos un papel escrito e iluminado por magia apareció de repente—. Si tan solo firmas aquí, podremos…—dijo sacando un bolígrafo de su gabardina y señalando una línea de puntos con su dedo.

—No sé si estás intentando impresionarme, agasajarme o insultarme, pero cualquiera sea el caso, este teatro barato no te corresponde ni a ti —se defendió Stranger—. Así que te sugiero que te detengas, antes de que esto se vuelva aún más vergonzoso. Ahora, si me disculpan, ya me voy. —El hombre se dio la vuelta y dio un paso adelante listo para salir de la casa, pero antes de hacerlo miró sobre su hombro al hombre rubio y su brillante mirada parecía resplandecer de manera cruelmente amenazadora—. Pero te advierto por adelantado, Constantine. Intenta algo como esto nuevamente, y provocaré el derrumbar de esta condenada casa sobre ti y tu… ¿cómo la llamas? Liga de la Justicia —sentenció finalmente.

—Vaya, Johnny Boy, él casi te hace ver encantador en comparación —se burló Zatanna.

—Gracias, amor —agradeció John con una sonrisa de agradecimiento.

—Dije "casi" —rectificó la maga frunciendo el ceño.

—No he terminado contigo, Stranger —dijo Constantine. La puerta de la casa se cerró de repente y el hombre se frenó en su lugar y volvió a mirar sobre su hombro al nigromante.

—Déjalo ir, no puedes manipularlo de la manera que haces con todos los demás —expresó Jason. Ese sujeto no le provocaba nada de confianza.

—Ya veremos eso —repuso John con astucia—. Chico.

—¿Sí? —cuestionó Zachary con duda.

—Haz eso que sabes hacer —le ordenó el nigromante.

—No me des órdenes como si fuera un subordinado tuyo —berreó el mago menor con furia sacando la varita de su bolsillo—, lo iba a hacer de todas formas porque este sujeto no me agrada.

Zatanna vio sorprendida lo que su primo iba a hacer, pero fue tarde para frenarlo porque él ya había pronunciado el hechizo reverso.

¡Sniach! —conjuró Zachary con precisión y unas cadenas mágicas emergieron de la punta de la varita y se dirigieron a Stranger comprimiéndolo con fuerza.

No tardó mucho tiempo cuando los ojos del mago menor se abrieron con asombro cuando su magia comenzó a ceder y perder fuerza. Los dedos de Zachary aferraban la varita que no dejaba de vibrar como si fuera a detonar en cualquier momento. Agarró la misma con más fuerza utilizando ambas manos, y el hilo dorado permaneció intacto, pero sabía que no por mucho tiempo.

Homo Magi. Aleja… tu… magia… de mí —siseó Stranger de manera hosca. Su aura azul se expandió y la magia del chico fue devuelta hacia él y lo mandó a volar hasta la otra punta de la habitación.

¡Dleihs won! —pronunció Zatanna velozmente y un escudo frenó el golpe que estaba por recibir Zachary. — John, ¿qué haces?

—¿Cómo hizo eso? —cuestionó Zachary realmente pasmado—. Repelió mi magia como si nada.

—Ahora, ¿quién se satisface con el teatro barato, Stranger? —interrogó John observando cómo el sujeto extraño se giraba nuevamente para quedar frente a frente—. Aunque tengo que admitir que eso prueba mi punto. Si puedes hacer eso sin mover un ojo, eres exactamente lo que necesitamos.

—Has dicho antes que pensabas que mi otra vida era un fraude —repuso Stranger—. Que yo solo hacía la mímica, que actuaba. Pero, ¿alguna vez siquiera se te ocurrió, Constantine, que esta podría ser la representación? ¿Mientras mi rostro humano, podría ser el verdadero?

—Ni por un maldito segundo —afirmó John sin dudar—. Y si alguna pequeña parte de ti cree en eso… entonces me das lástima.

—¿Hemos terminado ahora, Constantine? —interrogó Stranger listo para retirarse nuevamente, pero se sorprendió por la respuesta del nigromante.

—Para nada —expresó John con calma.

—¿Disculpa? —preguntó el sujeto de negro.

—Boston —nombró el rubio.

—Ya mismo, esto va a ser un placer.

Deadman levitó y se dirigió directamente hacia el sujeto de negro y se esfumó dentro del cuerpo de él. No tardó mucho tiempo para que Stranger comenzara a sacudirse y moverse inquietamente en su lugar.

—Detente, idiota —advirtió. — ¡No soy como otros hombres! ¡He sido bendecido y maldecido por el propio cordero! ¡Sus huellas dactilares están en mi alma! Si entras a la fuerza en mí y entrelazas tu espíritu con el mío nos condenarás a los dos. En el nombre de aquél a quien serví y luego traicioné, ¡yo te expulso! —exclamó y el cuerpo fantasmal salió despedido de su cuerpo.

Boston solo quedó arrodillado en el suelo y parecía estar bastante agitado.

—¿Qué demonios…? ¡Nunca antes he sentido algo como esto! —prorrumpió Boston atónito—. Era un increíble dolor y una increíble… ¿pureza?

—Esto de "ir uno a la vez" no está funcionando, John —comunicó simplemente Jason que no se había movido de su lugar en el sofá.

—De alguna forma… no creo que eso haya sido la meta de John jamás —expresó Zatanna entendiendo lo que estaba queriendo hacer en realidad el rubio.

—Anoten un punto para la hermosa princesa encantada —bromeó Constantine guiñando un ojo a la maga.

—¿Hermosa princesa encantada? —cuestionó esta—. Ese apodo también es nuevo.

—¿Qué fue lo que le dijiste a Boston? —le preguntó John a Stranger. — ¿"No soy como otros hombres"?

—¿Qué? —cuestionó Stranger.

—No importa. Pero, ¿cuál es el fin? Estamos haciendo enemigos en todas partes, ahora Trigon y Hermano Sangre. Y conoces la amenaza que representa Raven. Sabes que no va a terminar bien. Ambos lo sabemos —aseveró Constantine—. A todas las partes a las que vas haces subir la temperatura de la sopa cósmica y cuando hierva, mis compañeros y yo tendremos que limpiar el desastre. Y es por eso que prefiero que estés conmigo.

—¿Mantén a tus amigos cerca y a tus enemigos más cerca? —inquirió el errante ahora más templado.

—Exacto. ¿Y qué piensas? —John se asombró cuando el tiempo pareció detenerse a su alrededor y una especie de jaula de luz brotó de la nada alrededor de ambos hasta dejarlos encerrados en una red mágica en forma de campana. — ¿Acaso no quieres que nos escuchen?

—Oye bien porque te diré lo que pienso, Constantine —estableció Stranger—. Opino que estás gastando demasiados recursos mágicos en una secta de tan baja categoría como la Iglesia de la Sangre. Reconozco igualmente que esa chica y su padre son una amenaza a tener en cuenta. Pero también hay cosas más poderosas revolviéndose entre los planos —indicó de manera grave—. Sabes bien que puedo moverme por cualquier parte de este universo y otros como un fantasma errante. Hay fuerzas más oscuras en esta… sopa cósmica como tú la nombras de manera tan iletrada tan digna de ti. Estaba investigando y la Religión del Crimen ha vuelto a sus andadas en Gotham, las cosas parecen estás agitándose en Nanda Parbat con magnánimas fuerzas mágicas, y el Culto de la Llama Fría también está jadeante de poder. Incluso la situación en Apokolips a mando de Darkseid parece ser extraña y creo que en algún punto algunas cosas parecen estar conectadas.

—Si, se avecina la tormenta —vaticinó Constantine de manera severa—. Es lo que te dije.

Stranger por primera vez pareció sorprendido desde que entró en la casa.

—No te estabas refiriendo en ningún momento a la situación actual de Hermano Sangre —dijo el errante estupefacto—. Ya lo sabes todo y se lo ocultas a tu equipo, maldito, ¿qué estás planeando?

—Paso por paso, ¿bien?

—¿Qué debo hacer?

—Ir a la Mansión Wintersgate —comunicó John—. Doctor Fate, Madame Xanadu, Mento y Baron Winters te están esperando. Un círculo mágico de cinco. Ellos te pondrán al tanto.

Una ráfaga de viento se dejó sentir por toda la habitación. Zatanna y el resto del grupo observaron al nigromante parado en el medio de la habitación, pero no había ni rastro de Phantom Stranger en el lugar, como si nunca hubiera estado ahí en un principio.

—Y entonces…, ¿ha firmado la línea punteada? —cuestionó la maga luego de unos segundos.

—Algo así —aseveró John con los ojos fijos en el lugar por donde él había desaparecido.

—No sé porque te metes en problemas para reclutar a ese pomposo engreído —dispuso Zachary levantándose del suelo con toda la dignidad que le quedaba luego de ser abatido tan fácilmente—, si me lo preguntas, uno peligroso.

—¿Peligroso? Absolutamente —afirmó John—. Pero hay más sobre él de lo que te das cuenta.

—Mucho más —estuvo de acuerdo Boston—. En el momento en que nuestras almas contactaron… Nunca quisiera pasar por esa agonía nuevamente. Pero nunca lo olvidaré tampoco.

—¿Qué fue lo que sentiste, Boston? —investigó Zatanna dirigiéndose al fantasma.

—Es difícil de explicar —murmuró el fantasma realmente embrollado—. Niveles infinitos. Potencial infinito. Fue como caminar a través de las puertas del cielo y del infierno, al mismo tiempo.

—Y no creo que Stranger tenga la más mínima idea —agregó Constantine. Sus ojos no se habían apartado nunca del lugar donde estuvo parado hace un momento Stranger—. La verdad es que yo tampoco. No realmente. Pero les prometo esto: cuando ese potencial se desencadene… él jugará de nuestro lado.


Torre de los Titanes – Jump City

—¿Rae? —llamó Wally golpeando tres veces la puerta de la habitación de la chica y al no obtener respuesta alguna abrió la misma y entró sin pedir permiso.

La vislumbró ahí, sola, sentada y abatida en la cama.

—Vete —musitó Raven en un susurro—. No te acerques.

Pero su voz no sonaba para nada como una advertencia, más bien parecía una súplica.

Él, que ya se había acostumbrado a estos inauditos episodios de alejamiento por parte de la empática, se aproximó y se sentó a un lado de ella en la cama. Raven solo suspiró cuando sintió el colchón hundirse a un lado suyo por el peso del chico y la mano cálida de él apretar la suya.

Otro contacto… y nada. Estaba en blanco.

Ella solo exhaló antes de hablar.

—Esa noche, ¿la recuerdas? —preguntó la chica. Necesitaba explicarle.

—Si —afirmó el chico instantáneamente cuando el suceso de ese día llegó a su mente.

—Esa noche tuve una horrible pesadilla y cuando me desperté no veía nada. Nada bueno. Me sentí a oscuras toda la noche y necesitaba… necesitaba… no lo sé. Quizás algo para aferrarme, algo para aferrarme a la realidad y sentir que no estaba en un espantoso estado onírico del cual nunca me despertaría —comenzó a relatar ella—. Para mí eres como una luz en la oscuridad, un salvavidas en el océano. Y fui a tu habitación y te toqué, me acosté contigo porque quería sentir algo. Algo diferente a todo lo que estaba sintiendo, lo que fuera, cualquier cosa. Y fue maravilloso porque sentí —manifestó—. Sentí felicidad, cariño, sentí contención, amor y sentí… miedo. Sentí miedo porque te utilicé y por eso tenía mucho pánico… de perder a la única persona de la cual me enamoré.

—Te entiendo —dijo el pelirrojo, algo embrollado porque creía que esta charla ya había tenido suceso y quedado zanjada—, y ya habíamos tenido esta conversación, no me sentí usado, soy sincero cuando digo…

—Es que ese no es el punto —dijo ella negando con la cabeza—. Algo más está pasando.

—¿De qué hablas? —preguntó con desconcierto él inclinando la cabeza hacia un lado en un gesto confuso. — ¿Es… tu padre? ¿Te está molestando otra vez hoy?

—Intento decírtelo. No sabes con lo que estoy lidiando. Sabes bien qué pasa a veces cuando toco a alguien —continuó ella haciendo clara referencia a sus poderes—. Mi empatía me permite sentir todo. Y… te toqué hace un momento, te besé con tanto anhelo y pasión. Y no sentí… nada —confesó finalmente—. No sentí nada. Y no me refiero a la parte física.

—¿Nada? Pero… yo te amo, mis sentimientos son de verdad —aclaró Wally temiendo que ella no le creyera.

—No lo estás entendiendo —rezongó la hechicera—. No me refiero a eso, sé que tus sentimientos son auténticos al igual que los míos. Pero cuando te toqué fue… la nada —reveló con aflicción—. Y se esparció como un narcótico envenenándome. Esa nada se esparció por todo mi cuerpo, hasta que ya no pude sentir nada más, ni siquiera ahora mismo. Me siento como un agujero oscuro y vacío. Y quiero llenarlo, quiero volver a llenarme. No puedo sentir nada, mi empatía no está funcionando, Wally —declaró y sus ojos se desviaron nuevamente a las manos entrelazadas y… nada—. Algo está desmantelando mis poderes, como si los estuviera devorando desde dentro.

—¿Pero… no era eso lo que querías? Ser… normal. Es genial —dijo el pelirrojo alegremente tratando de aligerar la situación—, podremos vivir una vida normal, tú y yo.

—Pero no así, no de esta forma —objetó Raven—. Porque luego de tocarte no lograba sentir absolutamente nada. Es como si estuviera flotando en un océano de nada y me pregunté si así es como se sentía morir, estar a oscuras, sola. A oscuras, adormecida y sola. No quiero… morir —musitó con malestar—. Tengo miedo a la oscuridad, ya lo sabías, y ahora tengo miedo de morir. Morir y perderme en la… nada.

Wally se alarmó ante esto.

—¡No vas a morir, sabes que nunca lo permitiría! —exclamó el chico sobresaltado ante esta idea y sujetó suavemente a la chica por los hombros y la posicionó para que lo mirará a los ojos. Raven se sorprendió ante este gesto impetuoso por parte de él—. Te lo doy mi palabra aquí y ahora, te protegeré, Raven —decretó el velocista con mesura manteniendo fija su mirada con la de ella—. Es mi promesa contigo. Y cuando esto termine, viviremos en la tranquilidad, sin más preocupaciones, sin más máscaras ni trajes. Nada te pasará, confía en mí.

—Wally… —su corazón retumbó en su pecho debido a la cercanía y el calor que le transmitía por medio de su mirada el velocista.

—Jamás te abandonaré —afirmó con determinación él, acariciando dulcemente su mejilla pálida—. Te protegeré por siempre, con mi vida de ser preciso. Soy el chico más rápido —comunicó orgulloso con una media sonrisa altanera—, siempre llegaré a tiempo para ti.

Nunca se arrepentiría por haber dicho aquellas palabras… ésa era su declaración y su promesa para ella. Sin importar el tiempo o el espacio, siempre estaría con ella hasta el final de sus días. No permitiría que Raven se le escapara. Él era rápido, podría con todo.

Guiado por las emociones y los profundos sentimientos de su corazón, se dejó llevar por sus instintos que reclamaban a gritos un contacto un poco más íntimo, necesitaba probar esos suaves labios femeninos y extasiarse de ellos hasta quedar sin aliento.

Entrecerró los ojos, acercando su rostro al de ella, como si fuera atraído por un imán, hasta sentir su calidez. Sus labios se rosaron en una tímida caricia, recorriéndolos una corriente eléctrica desde la boca del estómago hasta la punta de sus cabellos, calentándoles el alma y llenando ese gran vacío que había estado dentro de ellos. Un beso tierno, suave y dulce, pero sobre todo lleno de un profundo amor, el cual compartieron y se transmitieron con ese contacto tan anhelado.

—Raven… —suspiró contra sus labios al separarse muy despacio para mirarla y ver su reacción.

Ella solo lo abrazó con fuerza.


¿Qué les pareció este capítulo?

Datos a tener en cuenta: el plan de Constantine, la situación empeorando un poco más y la pérdida de la empatía de Raven.

Nuevamente espero no se hayan aburrido por lo extenso.

No se olviden de comentar que les pareció.

¡Nos leemos en el próximo capítulo, saludos!