Jump City – 09:34 a.m. – A tres días del apocalipsis

Había en el aire la carga eléctrica de la tormenta y el desastre inminente. A pesar de que el tráfico era escaso, la gente conducía mal. Trataban de adelantar en momentos inadecuados, reaccionaban tarde y entonces sus reacciones eran excesivas.

Todo es caos.

Había muchos remolques llenos de enseres domésticos, que recordaban a imágenes de refugiados de guerra. Uno de los remolques había volcado en la dirección fuera de la ciudad, bloqueando los tres carriles. Algunos coches pasaban a duras penas por el borde, pero los demás estaban inmóviles tras un montón de muebles derribados.

Otros coches solo quedaron varados mientras oían a un excéntrico hombre barbudo con raras vestimentas. Sujetaba fuertemente una biblia abierta, el cual exclamaba a los cuatro vientos sobre como el fin de todo se aproximaba.

—¡Oye, pueblo mío, las palabras de Mateo! —exclamó mientras leía de su biblia. — ¿No dice él que el sol se oscurecerá, que la luna no emitirá su luz y que las estrellas caerán de los cielos? ¡Arrepiéntanse! Escuchen las palabras del profeta Miqueas: "Porque he aquí que el Señor sale de su lugar, y bajará y pisará los lugares altos de la tierra. Y las montañas se derretirán bajo él, y los valles se hendirán, como cera ante el fuego, como aguas que se precipitan por un lugar empinado." ¡Él llega pues! ¡Llega para juzgar a la Tierra, para juzgar justamente al mundo y a los pueblos con su verdad! La hora llega y está ya al alcance de la mano.

A unos kilómetros de distancia, la Torre de los Titanes, aunque en estado deplorable, se hallaba todavía erguida.

—¡Hora de despertar! Todavía no hay clima perfecto para la playa. El Servicio Meteorológico anuncia que las fuertes tormentas parecen no tener la intención de cesar. Algunas tormentas pueden alcanzar intensidad fuerte a severa, estar acompañadas de ráfagas muy intensas, caída de granizo de diversos tamaños, actividad eléctrica importante y abundante caída de agua en cortos períodos. Noticias locales: otra familia asesinada de manera inhumana en el barrio de Forest Hill se le suman también un joven universitario y un anciano. Se presume que se trata del mismo asesino del curador del museo y la monja de Sant Vincent de Paul. Además, cuatro sujetos jóvenes identificados como Michael Jones, Frank Miller, Steven Clayton y Berwin Brown fueron hallados asesinados de manera completamente extraña para los forenses, cerca de los depósitos de Jump City. Una comisión de la policía federal ayudará con la investigación. Todavía no se sabe ni hay indicios...

Una inaudita energía negra apagó la radio para cortar la transmisión.

Afuera, otra vez a pesar de ser de día, había caído la oscuridad como un manto negro, una extraña oscuridad azul llena de lluvia. Violentas ráfagas de viento sacudían la torre haciéndola crujir. El viento soplaba más fuerte que nunca, estrellando la lluvia fría contra la edificación, creando un concierto de sonidos. En lo alto brillaban los relámpagos. El día se levantó gris, desapacible, mientras oscuros nubarrones se acumulaban.

El aguacero arreciaba por momentos y en la lejanía se oía el fragor producido por los truenos, en tanto que el cielo resplandecía por los relámpagos que lo rasgaban, y muy cerca de donde se encontraba la torre T se vio caer un rayo, como si directamente se dirigiese al barranco. El cielo se oscureció totalmente, y Kid Flash, quien veía todo desde la ventana de la habitación de la hechicera, esperaba que la tormenta, aunque violenta, pasara rápidamente y luego esclareciera. Tenía algo de esperanza que todo esto fuera solo un mal sueño del que pronto se despertaría.

No se veía otra cosa que agua y barro, el cielo estaba encapotado. De cuando en cuando, veía los relámpagos incluso a través de las grietas de la pared de la torre derruida; la mañana se estaba volviendo tan oscura que cada relámpago resultaba tremendamente vívido.

El tiempo se estaba agotando.

—¿Estás segura de ir? —preguntó Wally desviando su atención del paisaje para dirigirla ahora a la hechicera. — ¿Y si es una trampa?

Los dos miraron hacia el piso y vieron la sal y las velas. Como él no tenía experiencia con los hechizos de Raven, ni nada relacionado con la magia, decidió tener cuidado y mantenerse un poco alejado para no estropear el proceso.

Los ojos del pelirrojo se dirigieron nuevamente a la empática, la cual estaba ya sentada en el círculo rodeada de sal.

—Mira por la ventana y pregúntate nuevamente lo mismo —expresó ella con un tono monocorde—. Debo hacerlo, es la única manera.

—¿Y no quieres que te acompañe? —se ofreció él afectuosamente.

Raven cerró los ojos violentamente.

«Él te hace débil hija. Deja que se te rompa el corazón».

—Tengo que ir sola —murmuró Raven cortante intentando ignorar la voz de su padre.

—Está bien. Pero...

—¿Qué te preocupa?

—Tus poderes están debilitados —le hiso saber Wally, cosa que ya era obvio para ella. — ¿Y si no puedes regresar?

—Regresaré —confirmó Raven para despejar las dudas del chico—, pero lo que no puedo asegurar es como se verán afectados mis poderes después de esto. Es por eso que debo darme prisa. No hay tiempo que perder.

Él resopló frustrado, pero por lo demás no dijo nada más y Raven miró al velocista para ver si quería agregar algo más, pero no tenía nada que decir. Esperó unos segundos más para que hiciera más preguntas y cuando no llegó ninguna decidió comenzar. Encendiendo velas, dibujando círculos, cantando algunas palabras selectas, y tan pronto como la hechicera sintió su cuerpo alejarse del suelo, también percibió una oleada de energía surgir a su alrededor.

Azarath, Metrion, Zinthos. Carazon Rakashas Enderez... Vaserix Endrien Azararth...Azarath, ¡Azarath!

En cuestión de segundos, una luz blanca azulada salió de la sal mientras formaba una barrera cilíndrica que parecía un vórtice giratorio.

El mundo se desvaneció, borroso por la apresurada pared azul-blanca que la cubría mientras viajaba a través de un túnel en forma de urdimbre que la hizo sentir como si fuera a paso de tortuga, lo que obligó a Raven a empujar incluso más rápido mientras se esfumaba de la habitación.

—Que curiosa es la magia —comentó el pelirrojo, todavía maravillado por el increíble acto y algo reacio de que la chica haya sido sola a ese lugar.

De repente, el fuerte sonido de las sirenas resonó por toda la torre, interrumpiendo sus pensamientos.

—Problemas —señaló Robin previsiblemente asomándose en la habitación de la hechicera. — ¿Y Raven?

—Ella... —trató de explicar Wally, pero no sabía que decirle al Chico Maravilla porque ni él entendía bien que era lo que ella estaba haciendo.

—Bien. No hay tiempo, solo vámonos —exigió el líder algo descontento.

El pelirrojo solo asintió. Se quedó unos segundos más y luego salió del cuarto de Raven, asegurándose de cerrar bien la puerta.

[...]

Raven se arrastró hasta que finalmente llegó al final del túnel que estaba sellado por un anillo de protección, la única defensa de Azarath contra los extraños. Apretó los dientes y empujó hacia adelante con toda su fuerza de voluntad. Sintió que la barrera se rompía y otra oleada de energía explotó a su alrededor.

Suavemente, muy suavemente la joven flotó en una grieta donde el tiempo y el espacio no existían antes de ser absorbida una vez más por la realidad aplastante de la existencia y sus rodillas hicieron contacto con tierra firme. Raven se agachó con sus manos presionadas contra el suelo y su pecho se agitó con respiraciones profundas mientras intentaba atrapar el oxígeno que sentía que había perdido como si hubiera corrido una maratón completa sin parar cinco veces. Tenía la garganta seca, la cabeza un poco atiborrada.

Se obligó a ponerse de pie, titubeó un poco, pero con un rápido movimiento de cabeza Raven vislumbró a la gran ciudad de Azarath. Hermosa en todo su esplendor.

Su prisión, su hogar y su santuario.

Todo destruido por su padre.

No sabía cuánto lo echaba de menos hasta que finalmente pudo ver su estructura masiva, o lo que quedaba de ella. Una rápida mirada a su alrededor le mostró que estaba en el extremo sur de la ciudad, más lejos de la ermita principal que estaba más o menos en el centro.

Contrariamente a su tamaño, los edificios fuertemente compactados de Azarath y la ubicación casi aleatoria de casas, establecimientos y mercados hicieron que la ciudad fuera casi imposible de navegar y casi que le daba vergüenza admitir que no conocía su hogar tan bien como debería. Durante la mayor parte de su vida creció con un horario estricto, encerrada en el palacio de Azar, donde los monjes supervisaron personalmente su entrenamiento y su vida en general. Ni siquiera se le permitía deambular por los patios sin que al menos uno de los monjes más experimentados la vigilara atentamente.

No había libertad.

Como un ave encerrada en una jaula.

Sin embargo, aun así, en su tiempo libre, el tiempo robado de sus sesiones de meditación, Raven se colaba en la biblioteca y leía todos los libros que podía. La ermita principal estaba a la vista y tenía que alcanzarla, pero desde donde estaba parada, jadeando, apoyada contra un edificio, bien podría haber estado a un mundo de distancia sin el uso de sus poderes.

«¿Cuánto tiempo hace que no piso los dorados caminos de Azarath? ¿Cuánto ha pasado desde la última vez que olí el aroma de la paz?

Y sin embargo me siento más sola aquí.

Azarath es pacifista, nunca ha luchado en una batalla. Nunca se ha derramado ni una gota de sangre.

Esta es la lección que aprendí en la infancia. Pero... a diferencia de los demás, también aprendí a controlar mis emociones, a reprimir mis verdaderos sentimientos. A enterrar toda posibilidad de odio y de amor.

Porque me enseñaron que, si no controlaba mis emociones, las semillas de la violencia que llevo dentro de mí darán un fruto mortal.

Este es el templo de Azarath. Antes brillaba con una belleza sólo una vez vista. Un antiguo jardín terrestre perdido hace un millón de milenos.

¿Pero cómo puedo describir mi ciudad natal cuando en realidad nunca la he visto al menos no como era antes de que yo naciera?

Mi madre hablaba de sus gloriosas calles de mármol y de sus columnas doradas, de sus cielos esmeraldas con nubes carmesíes.

Pero Azarath fue demolida desde sus cimientos por mi padre».

Pero en el instante preciso en que dio un paso hacia delante para emprender su camino hacia su objetivo, una fuerza la expelió fuera del sitio y la mente de Raven saltó del único instante de esperanza al más negro de los desalientos.

La inquietud no tardó en venir, ya que, no bien entró, se produjo una de las más extrañas reacciones que hubiera podido concebir. Raven vio un grupo de personas extrañamente vestidas con túnicas blancas que antes no habían estado ahí, que departían entre sí con gran bulla, pero apenas sí podía adivinar vagamente lo que decían porque no parecían más que quimeras.

¿Fantasmas acaso?

«¿Qué es un fantasma?

Siempre preguntan.

Quizás un fantasma es una emoción totalmente deformada, condenada a repetirse una y otra vez hasta reparar la injusticia cometida. Un cadáver se entierra, un fantasma, no.

Los espíritus no encarnados o errantes no ocupan una región determinada y circunscrita, sino que están en todas partes, en el espacio y a nuestro lado, viéndonos y codeándose incesantemente con nosotros. Forman una población invisible que se agita a nuestro alrededor.

¿Acaso estos hombres y mujeres, no son el pasado, todo lo que queda de él? ¿Mi realidad?

Quizás un fantasma es la soledad del alma intentado hablar. Tenía miedo de la soledad porque en el silencio de la soledad escuchaba el ulular de mis propios fantasmas.

Porque la mente siente horror del vacío y acostumbra a poblarlo con fantasmas».

Algunas caras tenían expresiones que despertaban en sí remotísimos recuerdos; otras le eran absolutamente ajenas. Muchos se taparon los ojos con las manos. Rostros fantasmales entre todos los presentes y otros con un súbito e inesperado pavor, de horrible intensidad, que distorsionaba los semblantes y arrancaba de todas las gargantas los chillidos más espantosos. Hasta que uno de ellos habló.

—Raven, no puedes volver aquí —dictaminó el espectral sujeto que estaba delante de todos—. El demonio que hay en ti es demasiado fuerte. Tu presencia podría corrompernos. Abandonamos la tierra y toda su violencia. Establecimos Azarath como nuestro hogar para adorar los caminos de la paz. Y no permitiremos que vuelvas a traer la maldad de la tierra a las puertas de nuestro templo. Márchate, Raven —sentenció—. Ya no eres bienvenida aquí.

—No me rechacen en este momento —solicitó la hechicera—. El alma de Trigon solo puede ser vencida con los poderes de Azarath y es por eso que estoy aquí. No permitiré que su maldad siga contaminando.

—Abandonaste nuestras costumbres y perdiste el derecho a ser protegida. No podemos permitir que te acerques a nosotros. Pero te ofrecemos amor, oración y fuerza.

«No te escucharán, hija. Estos necios solo son cobardes que se ocultan tras sus oraciones».

—¡No pueden hacerme esto! —prorrumpió Raven sintiendo la ira bullendo dentro de ella. ¿Cómo se atrevían a eso?

—Vete —ordenó una vez más el sujeto.

«Estos gusanos insignificantes ni siquiera alzarían un dedo para defenderse».

—¡No! No me iré, monjes —exclamó la hechicera—. Mis sueños me trajeron directamente a este sitio. Y utilizaré todo el poder que me han dado para resistirme a su expulsión. Cuando nací aquí querían mi muerte porque sintieron la semilla del mal que había heredado de mi padre en mi interior. Quizás tendrían que haberme matado, pues según crecía me sentía más a disgusto con su acercamiento pasivo a encontrar la paz. No puede haber una autentica paz mientras permitan que el mal exista. Y el mal existe. Maldad en su forma más vil, maldad en su forma más mortífera. Maldad con la forma de Trigon. Si no utilizan su poder para destruirlo, entonces solo están promoviendo lo que dicen despreciar. ¿Saben que ocurrirá? Conocen el terror que desatarán a menos que me acepten y me permitan la entrada.

El sujeto fantasmal solo se quedó observando a la joven que una vez fue protegida por el templo y por la mismísima Azar y pudo ver la determinación en sus ojos.

—Bien —se rindió luego de unos segundos—, te daremos una última oportunidad. Al fin y al cabo, eres la única que puede detenerlo.

—Es todo lo que necesito de ustedes —expresó ella.

Raven se volvió de cara a la dirección adecuada cuando las ilusiones desaparecieron desvaneciéndose como simple humo, y después dirigió la vista hacia el horizonte. Lo vio al instante. Tan evidente. Tan claro. Tan engañosamente sencillo.

Temblorosa por el gasto mágico del viaje, miró hacia el templo más alto que se alzaba. Majestuoso, aunque destruido por el pasado ataque de Trigon a la ciudad.

Tuvo la impresión de que toda la urbe se desvanecía cuando miró el colosal edificio de piedra. La geometría del edificio era austera, un castillo circular en el interior de una fortaleza cuadrada, y al otro lado de los muros, rodeando toda la estructura, un parque pentagonal. Todo de un blanco puro como las túnicas que siempre llevaban los beatos de Azar.

Las antiguas murallas que todavía quedaban estaban desgastadas. En lo alto del castillo se veía una gigantesca paloma blanca labrada.

Raven vio que su destino se alzaba como una montaña a su derecha.

«Que ángeles guíen tu búsqueda».

Eso era lo que había dicho esa extraña mujer.

Por aturdida y caótica que estuviera su mente, persistía en ella ese anhelo de luz, y ni siquiera el pasmoso suceso de antes con los fantasmas de Azarath podía detenerla. Raven no sabía, ni le importaba, si la experiencia de recién era locura, enajenación o magia, pero estaba resuelta a ir en hacia la luminosidad.

A medida que proseguía su tambaleante marcha, se insinuaba en ella una especie de tímidos recuerdos latentes que hacía su avance no del todo fortuito como si una resistencia, quizás en sus recuerdos, le provocara que le costara avanzar.

Daba la impresión de que el castillo aumentaba de altura a medida que se acercaba. Mientras se aproximaba a la fortaleza se desplegaba ante su vista la cumbre circular del fuerte.

No tenía noción del tiempo, pero sintió que había caminado por un largo rato cuando de repente Raven llegó a lo que verdaderamente era su meta: una ermita venerable, cubierta de hiedra seca, enclavada en un parque de espesa arboleda muerta, de alucinante familiaridad para ella y, sin embargo, lleno de intrigantes novedades. Observó que varias de las torres que conocía estaban arrasadas, al mismo tiempo que se erguían alas que confundían al espectador.

El edificio, como lo recordaba, estaba plagado de entradas disimuladas, pasadizos y cámaras secretas. Cuando llegó ante las gigantescas puertas dobles del castillo, las empujó con fuerza. No cedieron, como cabía esperar. Dos aldabas de hierro colgaban a la altura de los ojos. Raven retrocedió, y su mirada ascendió por la muralla exterior. Estos baluartes habían resistido incluso el ataque de Trigon. Presintió que sus probabilidades de penetrar en la fortaleza eran escasas.

Temía usar sus poderes así que siguió caminando.

Después de rodear el segundo baluarte en dirección oeste, llegó a un pequeño aparcamiento donde encontró otro muro con una segunda entrada, una especie de puente levadizo subido y cerrado. Ella miró hacia arriba. Todas las ventanas diminutas estaban a oscuras.

Raven miró la ermita de nuevo. La muralla exterior medía unos quince metros de altura. La fortaleza interior era todavía más alta. Una disposición defensiva en capas. Desde aquí, la cúspide era imposiblemente alta, pero si podía salvar la primera muralla...

No había otra manera por lo que utilizó sus poderes, a pesar del dolor que le provocaba hacerlo, para levitar y así poder entrar finalmente.

La mirada de Raven atravesó el patio y se detuvo en el núcleo central de la fortaleza, que se elevaba treinta y dos metros.

Bajó al patio por una rampa de piedra. Caminó entre las sombras, dando la vuelta a la fortaleza en el sentido de las agujas del reloj. Pasó junto a tres pórticos, pero todos estaban cerrados.

Ella continuó hasta que vio un sendero de grava que cruzaba el patio delante de ella. En un extremo, en el muro exterior del templo, vio la parte posterior del puente levadizo subido que conducía fuera. En el otro extremo, el sendero desaparecía en el interior de la fortaleza. Daba la impresión de que entraba en una especie de túnel que conducía al núcleo central. Tenía que ser ahí. Por arriba de la entrada la figura de una paloma tallada destacaba por su presencia.

«Sigue el camino. Resuelve tú mis secretos. A ti he mostrado el camino».

El túnel descendía.

Por lo visto, esta sección bajaba a las mazmorras. Raven vaciló, y sin más opciones, se internó en el túnel.

Lo que buscaba seguramente no habría estado esperando a que lo sacara; habría sido enterrado junto con el resto de su secreto. Ella apoyo la palma de su mano en la pared de piedra para caminar y guiarse a través del pasaje. Fue una sensación extraña caminar por esos corredores. Hizo que los pelos de la nuca se le erizaran. La oscuridad que plagaba esta área había permanecido como un mal olor e incluso ahora sentía que estaba caminando hacia su destino.

El corredor se iba oscureciendo a medida que avanzaba. Raven descendió aún más. La pendiente era tan empinada que cualquier paso en falso podía significar una caída mortal. El aire procedente del fondo era frío y húmedo.

Mientras la marcha continuaba, los pensamientos de la joven se agitaban como una tempestad. ¿Qué estaba buscando específicamente?

«Encuentra la sabiduría profundamente escondida y sé una con la oscuridad y la luz. Solamente el que está buscando puede siempre esperar ser libre».

¡No quedaba tiempo!

Aunque sonaba lógico si estaba escondida aquí. Ocultar eso tres pisos bajo tierra casi parecía una elección noble y piadosa.

Después de una vuelta completa, el túnel se niveló, y la hechicera aminoró el paso, pues juzgó por el eco de sus pisadas que había entrado en una cámara más grande. Palpó la superficie, encontró una puerta y la abrió.

El templo. Sencillo y puro. Había llegado.

Parecía que había viajado por millas, el aire se volvía más frío, más delgado y almizclado cuanto más avanzaba. Luego había estantes a su alrededor, llenos de libros de todas las formas y tamaños. Algunos libros habían sido apilados, algunos tenían cadenas como para mantener el contenido encerrado dentro, otros levitaban por su cuenta, mientras que otros parecían pesar enormemente y doblaban el estante sobre el que descansaban. Mirando hacia adelante, descubrió que los estantes continuaban aún más lejos sin fin. Fue abrumador. Estaba presionada por el tiempo y había demasiadas opciones. No podía leerlos a tiempo para salvar a la gente y a ella misma. Miró alrededor de los estantes superiores, leyendo los títulos por el brillo de su energía; todo parecía invaluable, pero ninguno la ayudaría ahora.

Finalmente se encontró con un pequeño libro, había caminado justo al pasar, pero algo la hizo detenerse. No era nada especial, pero se sentía importante y Raven se dio cuenta de que ese sentimiento era lo que estaba esperando, agarró el libro y tomó nota del mismo. Era simple. La cubierta era blanca y, a pesar de que notaba que tenía sus años encima, parecía que nunca se había abierto antes. Lo leyó a priori y lo supo, era una concatenación de hechizos. Esto era lo que la mujer de blanco quería que encontrara. Entonces leyó el título que estaba por encima con letra más grande mientras palpaba el entallado grabado. Estaba escrito en el idioma de Azarath, pero para ella no era problema la traducción.

Noche oscura del alma —leyó Raven algo intricada.

«¡Bruja ingrata!».

Inmediatamente cerró fuertemente los ojos cuando una potente jaqueca la aquejó. Su padre nuevamente estaba intentando romperla. El libro golpeó el suelo cuando ella tuvo que utilizar sus dos manos para sujetar fuertemente su cabeza mientras caía de rodillas al suelo.

—No, basta —suplicó ella con tono sufrido—. No te dejaré.

Cuando sus ojos se abrieron ya no estaba en el templo de Azarath, sino en los ominosos paisajes de su mente. La hechicera levitaba frente a frente a la gigante figura de su padre.

—¡Suéltame! —exigió él con voz estridente haciendo retumbar todo a su alrededor.

—¡Nunca! —dispuso la chica sin dudar.

—Ahora es solo una cuestión de tiempo, pajarita —dijo su padre en tono de burla—. Solo una cuestión de tiempo.

—No saldrás, padre. Tengo la voluntad de hacer lo que se debe hacer.

—¡Hija insolente! Si mueres, quedaré atrapado en este infierno para siempre. ¡Libérame! Libérame...—volvió a demandar una vez más y una siniestra sonrisa brotó en su rostro—, o mataré al chico. Deja que se te rompa el corazón o acabaré con él.

Todo en Raven se paralizó de repente ante esta amenaza y en ese momento sus ojos se abrieron desmedidamente. Los segundos pasaron y nada más fue audible, nada más sucedió. Creía que su corazón se saldría de su pecho.

La risa de Trigon retumbó en su mente. Y ella sintió que caía mientras otra potente jaqueca la asediaba.

«Mataré al chico».

Raven abrió los ojos y ahora ella caminaba por un túnel. Había oscuridad en todas partes, las paredes estaban enmascaradas por el negro y no se podía ver el final. Nada más que el oscuro vacío se podía ver, extendiéndose por millas. Cómo sabía que era un túnel, no lo sabía, pero seguía caminando. Podía escuchar suaves susurros resonando a través del pasillo, resonando despectivamente a su lado y detrás de ella. Estaba rodeada de voces, susurrando desde la oscuridad. No podía escapar, se estaban acercando, la oscuridad se acercaba. Estaba atrapada, no podía moverse. Envuelta por un negro interminable, atrapada para siempre en el vacío. Los susurros todavía se aferraban a ella.

«No nos agradas. Ni siquiera queremos mirarte. No eres querida. No fuiste deseada».

Sentía que se estaba ahogando. Oyó un sonido y se giró. Una luz. Ella no podía moverse. Ella cerró los ojos. Y no había nada. Pero los abrió y enfocó su visión un poco más y logró vislumbrarla ahí, parada, a esa incógnita mujer de blanco.

—Ya te he mostrado el camino. Tienes el libro. Debes estar lista, ya no hay tiempo —enunció la extraña figura.

Y luego todo resplandeció, obligándose a taparse el rostro por lo potente de esa luz cegadora.

Ella abrió los ojos y vio que estaba en su habitación de nuevo, recostada sobre el círculo de sal intacto donde había realizado el ritual inicialmente para dirigirse a Azarath. ¿Cómo? ¿Había sido la mujer quien la había traído de regreso?

Estaba demasiado oscuro para distinguir algo. Observó por la ventana y vio que estaba anocheciendo. Ni siquiera tenía noción de cuánto tiempo le había llevado esto, pero supuso que bastante si ella se había ido a la mañana.

Oscuridad allí y nada más.

«Debo darme prisa».

Bajó su mirada para encontrarse con el libro. Era pequeño pero denso. Raven se tomó un tiempo solo para leer las dos primeras páginas. Murmuró las palabras del libro en voz baja. Ella leyó un poco más y tropezó con el hechizo real. Fue más corto de lo que pensó que sería, pero el hechizo era complicado. Bastante. Y riesgoso. Se requería precisión y enfoque completo, y demasiada energía, cosa que ella sabía que no poseía actualmente. ¿Cómo lo llevaría a cabo? Sus manos habían estado temblando desde entonces.

La quietud nerviosa no podía durar para siempre. Y finalmente, se hizo añicos cuando sonó la alarma.

Luces rojas intermitentes y una sirena ruidosa y profunda perforando el aire, haciéndola saltar de su lugar.

La magia oscura y negra consumió a Raven, envolviendo su ser y transformándola en un majestuoso cuervo negro, moldeado por sus poderes. La magia negra cubrió su cuerpo y la desvaneció en un abrir y cerrar de ojos.

Jump City yacía delante de ella, el océano debajo. El cielo era de un azul oscuro tormentoso, las olas del océano lamían fuertemente la superficie por el poniente. Todo parecía bastante más tempestuoso que el día anterior. El horizonte se alzaba ante la hechicera.

Mientras volaba por la ciudad, los rascacielos se alzaban a su alrededor. Ella voló más y más alto, luego recuperó su forma humana. Le temblaban las manos, no solo por el frío que sentía por la lluvia que se ceñía tempestuosamente sobre ella, sino que sentía que todo su ser estaba a punto de agotarse por el cansancio. Se calmó lo mejor que pudo, pero sabía que no era algo que pudiera controlar. Se paró en el borde de un techo en uno de los edificios altos. Girando lentamente, miró a través de la bahía y pudo ver la gigantesca Torre T de los Titanes, fija en su pequeña isla en medio de las violentas y turbulentas aguas.

Sus torpes dedos se clavaron en su comunicador. Lo encendió, la pantalla parpadeó y presionó el botón de seguimiento, queriendo ver dónde estaban el resto de sus compañeros de equipo. Estaban dispersos en la ciudad.

Inspeccionó el mundo a su alrededor, observando el paisaje por completo. Rascacielos y pequeños edificios comerciales y residenciales formaban parte de un todo. Girando, miró más allá de la ciudad, imaginando los bosques abiertos que se encontraban en algún lugar más allá del artificio y el hormigón.

Revisó su comunicador nuevamente, cambió al mapa y localizó la marca roja parpadeante que Robin había señalado para todos ellos, luego despegó, volando mientras sus poderes negros la consumían, las alas de cuervo batían silenciosamente el cielo.

La velocidad de Raven era incomparable; desde las altas elevaciones de la densidad de la ciudad hasta las afueras del bosque, ella estuvo allí en un instante. Aún dentro de su forma de pájaro, se sumergió en el cielo hasta que las hojas verdes que bloquearon el bosque se agrietaron y se rompieron contra los brillantes pies negros. Se sumergió debajo del techo verde del bosque, se lanzó hacia abajo, volando directamente a través de los árboles, sus brillantes ojos blancos buscando cualquier cosa que pareciera prometedora, pero no pudo ver más que los escombros normales y la vida del bosque a su alrededor. Fue ese pensamiento lo que hizo que Raven terminara su búsqueda. Por lo visto ya habían resuelto el problema por aquí.

En un solo movimiento fluido, Raven apareció en su verdadera forma, su capa girando a su alrededor mientras cambiaba. Sus pies tocaron el suelo suavemente, sin siquiera hacer un sonido. Sus ojos se movieron con incertidumbre, y dio unos pasos hacia adelante, rodeó algunos árboles.

Con un suspiro, sacó su comunicador nuevamente y abrió la función de navegación. El brillante punto rojo todavía brillaba en este, señalando otra ubicación exacta.

Hasta que la voz de Robin sonó. Autoritaria pero más seria que nunca.

—Raven, ve a la parte este de la ciudad —ordenó su líder—. Cyborg, Kid Flash y yo nos estrellamos en la carretera que conduce fuera de la ciudad y nos encontramos con varios robos en progreso. La Liga enviará a algún miembro pronto como refuerzo. Pero te necesitamos por aquí. Ahora—. Sin otra palabra, le dio las coordenadas en su comunicador.

[...]

Incluso con la tormenta, los incendios que estallaron dentro de la ciudad no pudieron detenerse. Fuegos furiosos que consumían edificios más rápido de lo que la gente podía abandonarlos. Raven entró en acción, extinguiendo el fuego donde pudo y llevando a todos a un lugar seguro. Esperó a que llegara el resto de su equipo para ayudarla con el desastre que estaba arrasando la ciudad. Todo era un caos.

Empezaron a ulular sirenas de dos timbres claramente distintos. La empática suponía que un grupo pertenecía a los coches de patrulla, mientras que el otro era de los bomberos.

La hechicera se sorprendió cuando una camioneta chocó contra un furgón de costado y lo volcó como si de un juguete se tratara. El furgón aterrizó de lado con la música de la radio aún sonando y derrapó en dirección al parque en medio de una lluvia de chispas causadas por la fricción. Dos mujeres que presenciaban la escena echaron a correr tomadas de la mano y se salvaron por los pelos. El furgón rebotó contra el bordillo, se elevó en el aire un instante, se estrelló contra la verja de hierro forjado que delimitaba el parque y por fin se detuvo. La música emitió dos últimos estertores y enmudeció.

«Observa hija ingrata, como esta despreciable especie se devora a sí misma. Y tú eres la culpable de todo».

«Cállate».

Los gritos abundaban.

Todo es caos.

—Necesito ayuda por acá —murmuró ella.

El sonido de los tiroteos surgió también. Dejaría que la policía de la ciudad se encargara de eso por el momento.

Raven quedó cubierta de hollín cuando salió del edificio, siendo abrazada ferozmente por un niño que lloraba porque ella salvó a su gato.

—Gracias, gracias, gracias —sollozó, agarrando el cuerpo de Raven con una mano mientras sostenía su gato asustado pero ileso en la otra mano. Raven acarició su cabeza, sin saber qué más hacer.

—De nada —dijo torpemente.

Pero el fuego aún ardía detrás de ella, rugiendo tan fuerte como siempre, las llamas calientes casi lamiéndole la espalda. El sudor le cubría la piel y todavía necesitaba ayudar a más personas. Incluso con los bomberos vertiendo sus galones de agua sobre las llamas ondulantes, esto se estaba complicando.

—De nada, pero aún necesito ayudar. Ponte a salvo.

—Está bien.

Voló de regreso al edificio, rompiendo una ventana con sus poderes y volando a través de los fragmentos de vidrio que raspaban su piel. Volvió al infierno y se adentró, sin molestarse por el intenso calor. Las llamas surgieron a su alrededor, después de haber descubierto una nueva presa dentro de su territorio. Sus lenguas de fuego se sacudieron para lamer su piel, probando para ver si valía la pena devorarla. Raven empujó las llamas con su poder.

Dos gatos más estaban en el edificio, asustados y llorando, algunos de sus cabellos chamuscados. Dejó que su magia oscura los envolviera, protegiéndolos del fuego, pero aun así asustándolos. Rompiendo otra ventana, sacó a los gatos y los bajó con cuidado, colocándolos suavemente y con seguridad en el suelo antes de liberarlos. Inmediatamente, alguien corrió hacia ellos y comenzó a abrazarlos.

Su capa ardía, ardiendo tan fácilmente que el azul se estaba convirtiendo rápidamente en llamas y cenizas. Raven se quitó la capa, la arrojó descuidadamente al resto del fuego y la dejó arder. Las llamas amarillas estallaron a su alrededor, alimentándose de la nueva comida.

—¿Alguien aquí? —ella gritó a través de los pasillos en llamas.

—¡Sí, ayuda! —llegó la respuesta en un chillido.

La cabeza de Raven giró bruscamente, sus poderes la llevaron hacia ellos. Niños. Dos niños pequeños, ambos abrazados. Las lágrimas corrían por sus rostros, acurrucados en una esquina. Raven trató de separar el fuego con sus poderes oscuros. Usando el resto de sus poderes como un puente para pasar ilesa, reunió a los dos niños y les permitió su escape.

Justo cuando Raven voló por la ventana, avanzando rápidamente hacia el suelo. Escuchó a la niña susurrar "demonio", y luego comenzó a sollozar en su oído. Raven tragó saliva, tratando de no dejar que la palabra la molestara. Pero lo hizo, cortando directamente a su corazón como un fragmento de vidrio.

«Es todo lo que eres. Deja que se te rompa el corazón, o mataré al chico».

—Aquí —dijo secamente, colocándolos a ambos en la hierba, de manera poco gentil.

Quizás por enésima vez hasta ahora, voló de regreso al edificio en llamas. Era su deber ayudar hasta que estuviera segura de que no quedaba nadie. Una vez que todos estuvieran a salvo, ella podría dejar de precipitarse en los apartamentos infernales con sus llamas encendidas.

—¿Hay alguien aquí? —ella gritó, luego comenzó a toser fuertemente. El humo era más espeso cerca del centro, sin ventilación adecuada para mantener su respiración. El humo era pesado y obstruía el aire, haciendo que sus ojos lloraran y sus pulmones gritaran y su piel se sintiera contaminada. — ¿Hay alguien aquí? —gritó de nuevo, una vez que cesó su tos.

Un enorme crujido sonó y luego un estallido cuando la madera y el cemento cayeron sobre ella. Se protegió en un orbe de energía negra, dejando que los escombros cayeran sobre el escudo y luego se derrumbaran en los bordes. Raven quedó ilesa.

Por el momento.

Acercarse a las escaleras solo hizo que la tensión fuera más difícil. El humo subía por las escaleras abiertas como si fuera una chimenea, golpeando directamente a su cara. Ella bloqueó su rostro con sus manos mientras miraba hacia abajo.

—¿Hay alguien ahí abajo? —la hechicera gritó otra vez. Sus poderes empáticos no funcionaban. No podía localizar a nadie así.

Cuando no escuchó respuesta, se apartó de la escalera. Ella no sabía su próximo movimiento, y no podía pensar en eso por el momento, porque estaba jadeando, tratando de retener suficiente oxígeno en sus pulmones doloridos. Con su magia, dejó que una esfera emitiera de su ser y se alejara de ella, dispersando el fuego y el humo lejos de ella. Respiró el aire limpio, jadeando antes de que el humo pudiera volver a ahogarla.

—¿Hay alguien ahí arriba? —llegó una voz ronca desde abajo.

El cuerpo de Raven respondió de inmediato—. Estoy aquí, ¿dónde estás tú?

El fuego lamía sus zapatos, rozando sus tobillos y pantorrillas como largas briznas de hierba. Raven lo ignoró, dejando que la chamuscara mientras caminaba. No importaba; ella podría soportarlo. Cualquier daño que se hiciera ella podría sanarlo fácilmente.

—¿Dónde estás? —la voz gritó a cambio.

La visión de Raven se había vuelto demasiado borrosa, por lo que confiaba más en su audición. El crujido y el estallido del fuego ahogaron casi todo, dejando nada más que un rugido ensordecedor en sus oídos. Podía escuchar a la persona, pero no localizar su voz. Era un error que ella lamentaría.

El fuego explotó a su alrededor, y Raven gritó en estado de shock y dolor. Las llamas mordieron su piel, rasgando partes de su uniforme, dejando manchas humeantes. Las puntas de su cabello se chamuscaron, y el brillo le atravesó los ojos, haciéndola ver blanco incluso después de cerrar los ojos. Manchas orgánicas de color danzante explotaron ante su vista.

Sus poderes negros habían reaccionado inmediatamente por puro instinto, protegiéndola de la explosión que la habría dejado quemada más allá de lo creíble.

El resto del edificio se estaba rindiendo, desmoronándose a su alrededor y estrellándose tan cerca de su cuerpo. Saltó fuera del camino, solo para ser enjaulada por barras de acero y racimos de concreto que no paraban de caerse. Con eso, Raven sabía que no había nada más que ella pudiera hacer aquí. Ella debía buscar una salida.

El fuego surgía a su alrededor mientras corría, quemándola aún más. Como si el fuego estuviera vivo, se movió por el resto de los pasillos como sangre en una vena. Raven cerró los ojos y presionó los dedos contra las sienes. El fuego la había atrapado por completo, encerrándola en su destrucción. Ella ya había tenido suficiente.

Abriendo los ojos de golpe, comenzaron a brillar de un rojo brillante mientras un par extra germinaba.

Con un rugido, Raven arremetió, un tipo diferente de poder se filtró por completo de sus venas y se extendió hacia el fuego. El fuego respondió a su control. Lo agarró todo dentro de sus puños, alejándolo de las paredes y techos, girándolo en el aire mientras lamía las superficies carbonizadas y ennegrecidas. Con otro grito saliendo de su garganta, empujó todo el fuego por las ventanas.

El fuego salió del edificio y entró en la noche negra, sorprendiendo a todos y haciéndolos gritar cuando las llamas anaranjadas se dispararon desde las ventanas, sin cesar. La escena era infernal, y la gente comenzó a correr, alejándose de ella. Incluso los bomberos no estaban seguros de qué hacer, solo podían mirar con los ojos ensanchados y horrorizados mientras el fuego los azotaba.

Azotaba todo a su alrededor.

Raven se detuvo, sus ojos rojos y brillantes volvieron a la normalidad. Estaba respirando con dificultad y su cuerpo le dolía. Al volver a abrir los ojos, miró a su alrededor las cenizas ennegrecidas de los pasillos que alguna vez fueron inmaculados.

—¿Raven? —dijo una pequeña voz a su lado.

Starfire estaba de pie ahí, sus ojos verdes abiertos de más por la sorpresa. Una expresión de terror pasó por su rostro mezclada de preocupación. Raven sintió miedo y vergüenza de inmediato; se le cortó la respiración y sintió que solo quería abandonar esta escena.

Detrás de ella, apareció la cara igualmente asustada de Chico Bestia.

—¡No, Raven! —Starfire gritó cuando la magia negra de Raven la envolvió.


Buzzard's Bay, Massachusetts

Torres y chapiteles elevaban sus formas oscuras mientras que del norte llegaba una fuerte brisa con regusto a sal. La tormenta repiqueteaba contra la estructura, la cual se elevaba al otro lado del agua, sobre la alta colina coronada de una arboleda interrumpida sólo por los tejados de edificios aún en construcción. Al pie de la colina y en torno a las callejuelas que descendían ladera abajo, dormía la ciudad.

La gran cúpula, salpicada de tejados, de la vieja colina situada más allá del río y la esbelta torre colonial de la Iglesia de la Sangre, cuya silueta arcaica destacaba a la oscura luz del anochecer borrascoso sobre el verde fresco y seco del escarpado fondo.

La ciudad adormecida en el frío nevado, con sus muelles, los puentes, los sauces muertos y cementerios. Los interminables laberintos de calles abruptas, estrechas y retorcidas, serpenteaban hasta lo alto de la colina donde se alzaba el centro de la ciudad, coronado por esa iglesia extraña que el tiempo parecía no haber osado tocar. Una infinidad de casas, vacías al parecer, se amontonaban en todos los sentidos y niveles. Las alas grises del tiempo parecían cernerse sobre los tejados y las nevadas buhardillas. Y el mar rompía incesante contra los muelles miserables.

Junto al camino, una vez arriba de la cuesta, había una colina asolada barrida por el fortísimo viento. Se trataba de un cementerio, en donde las negras lápidas derruidas surgían de la nieve como las uñas destrozadas de un cadáver gigantesco. El camino, sin huella alguna del tráfico, estaba solitario. Únicamente se parecía oír, de cuando en cuando, los crujidos de estremecimientos por el viento.

Había un espacio despejado alrededor de la iglesia. En parte era cementerio y, en parte, plaza media pavimentada, flanqueada por unas casas enfermas de puntiagudos tejados y aleros vacilantes, donde el viento azotaba y barría la nieve. Más allá del cementerio, donde ya no había casas, se podía contemplar el puerto. El pueblo era invisible en la oscuridad.

El templo dentro era rebosante y oscuro. La niebla del cementerio derramaba una atmósfera enfermiza sobre la plaza pavimentada. Un cártel astillado y podrido por la humedad estaba incrustado sobre un poste, pero la oración aún era legible.

"Detrás de la valla de hierro y la puerta de roble se encuentra la comprensión, la dirección, incluso la esperanza".

La iglesia apenas resultaba iluminada. La cola sinuosa de la procesión era enorme. El interior de aquel sepulcro venerable, a pesar de parecer lujoso, parecía horrible de verdad. El suelo de la cripta tenía otra abertura adornada por una escalera abominable y húmeda, impregnada de un color muy peculiar, que se enroscaba interminablemente en las entrañas de la tierra, entre muros de chorreantes bloques de piedra y yeso desintegrado. Era un descenso silencioso y horrible. Más abajo, los peldaños ya no eran de piedra y argamasa, sino que estaban tallados en la roca viva donde los pies parecían no producir ruido ni eco alguno.

Dentro del mismo había pasadizos laterales o túneles que, desde ignorados nichos de tinieblas, conducían a este misterioso acceso vertical. Los pasadizos aquellos no tardaron en hacerse excesivamente numerosos. Eran como impías catacumbas de apariencia amenazadora, y el acre olor a descomposición que despedían fue aumentando hasta hacerse completamente insoportable. Seguramente estaban bajo el nivel de la base de la montaña, y quizá estaba por debajo incluso del nivel de la ciudad.

Jason Todd probó níquel y cobre. Sangre. Era asqueroso y su boca estaba llena de su propia sangre espesa en su lengua. Trató de escupirlo, pero la mordaza en su boca lo hizo imposible. No tuvo más remedio que tragárselo, con arcadas mientras se deslizaba por su garganta en un bulto cálido. Estaba sufriendo y continuaría sufriendo y no había nada que pudiera hacer al respecto, por lo menos por ahora.

El tiempo se ralentizó cuando Jason entró y salió de la conciencia. Donde quiera que estuviera, parecía ser una pesadilla eterna de la que no podía despertar, por mucho que lo intentara. La única luz que tenía era la que venía de la puerta que subía las escaleras, puerta que se abría cuando la mujer loca o el anciano venían. La oscuridad fue una bendición para él. En la oscuridad estaba solo.

Seguro.

Cada vez que veía esa luz, el dolor comenzaba de nuevo.

La garganta de Jason estaba seca por los gritos dolientes que se abrieron paso desde su vientre hasta su garganta. Ellos no trataban de silenciarlo, por lo que tenía que estar en un lugar seguro donde nadie pudiera escucharlo. Cuanto más gritaba, más rápido terminaban. Querían quebrantarlo, pero no iban a lograrlo. Al principio intentó con todas sus fuerzas no gritar, no darle satisfacción, pero rápidamente rompió esa línea de pensamiento y cedió. Gritar era mejor que escucharla tararear una melodía religiosa a la mujer que siempre estaba tras Sebastian. Cada empuje y corte del cuchillo ganaron un grito y después de que su garganta se volvió demasiado dolorida para gritar, ella terminaba su tarea. Jason perdió rápidamente la cuenta de cuántas veces había bajado a torturarlo, riéndose como desquiciada, con los ojos desorbitados mientras profetizaba como el mundo iba a cambiar para siempre.

Todo terminaría pronto, Jason se decía a sí mismo. No había forma de que pudiera sobrevivir mucho más. Ellos habían dejado de infligir heridas físicas ya; sin duda porque ya no podía sentir nada correctamente. Era solo una gran masa de dolor. Estaba empapado de sudor y sangre.

Estaban en un descanso ahora. Jason trató de cambiar su peso ligeramente y levantar los brazos para quitar el peso de los grilletes que lo sostenían al techo, pero ya no parecían responderle.

—Psimon dice... dolor.

La espalda de Jason se arqueó en agonía silenciosa. Estaba siendo destrozado; podía sentirlo. Su mente estaba fracturada; ya no sabía su nombre ni por qué le dolía. Ansiaba la oscuridad, la liberación de la muerte. En cualquier momento, estaba seguro.

—¿Por qué simplemente no lo matas? —preguntó Psimon viendo al muchacho casi moribundo. Era ya hasta un desperdicio de oxígeno mantenerlo vivo.

—Quería tomar control de su mente, pero veo que es imposible —dijo Hermano Sangre analizando fijamente al muchacho—. Lo mataría, pero necesito su sangre fresca, contaminada por el Pozo de Lázaro. Será un aliciente más en el ritual. La sangre puede ser fantástica.

Jason observó como Hermano Sangre tenía aferrado en su mano ese maldito libro que él había robado a Raven.

—¿Cuánto tiempo queda? —cuestionó Psimon.

—Solo tres días más y el Umbra Liberum será cantado finalmente —anunció Hermano Sangre—. Es hora Psimon.

—Plan.

—Asaltarás la ciudad para llamar la atención de los Titanes —informó el anciano al otro villano—. Lo primordial es que Raven sea atacada por la droga del miedo de Crane y obtener algo de su preciada sangre. De esa manera lograré finalmente destrozar las murallas de su mente y tenerla bajo mi control. Un embrujo simple, no podrá resistirse. Con esto ella vendrá sola hasta mi como las ratas que salieron de sus cubiles y agujeros y empezaron a caminar hacia donde la música del flautista de Hamelín sonaba.

Jason comenzó a murmurar mientras agitaba su cuerpo lo poco que podía.

—¿Acaso quieres decir algo? —preguntó Hermano Sangre mientras quitaba con violencia la mordaza que mantenía al ladronzuelo en silencio.

El chico escupió toda la sangre que pudo y una vez que tuvo la boca libre para hablar le hizo una advertencia al anciano.

—Cuando salga de esta pocilga mugrosa quiero que sepas que acabaré con tu vida, viejo infeliz —amenazó Jason con sus ojos esmeraldas fijos en los ojos del viejo.

—Tienes agallas, chico, debo reconocerlo —expresó Sangre sorprendido, y no iba a mentir, algo intimidado por el odio profundo que podía ver grabado en los ojos del ladrón—. Tu mente ya está tan quebrada que ni siquiera puedo controlarte. Pero debes dejar tu pensamiento mágico sobre la idea de escaparte porque para eso primero tendrías que liberarte y, para tu mala fortuna, no creo que eso sea posible.

—Ya lo veremos —manifestó Jason con una media sonrisa totalmente siniestra y amenazante.

—Es admirable que las personas no se quiebren ante la futilidad de su propia existencia —dijo Hermano Sangre refiriéndose a la tenacidad del chico, colocando nuevamente la mordaza en la boca del chico—. Un ciclo eterno de vida y muerte. Pero, ¿dónde está el origen de todo este sufrimiento? —preguntó ahora desviando su visión hacia Psimon—. El apocalipsis debe suceder. ¿Tienes dudas?

—No soy un subordinado tuyo, Sangre —comunicó el otro villano.

—La mayoría de las personas no son más que peones en un tablero de ajedrez dirigido por una mano invisible. Yo también lo soy —comunicó Sangre—. Repito, ¿dudas?

—No.

—La humanidad es ya una úlcera enferma. ¿Qué haces con un bosque muerto para que crezcan árboles nuevos?

—Lo reduces a cenizas —respondió Psimon.

—No queda mucho tiempo. No puedes fallar.

—¿Y por qué no ahora mismo, Sangre?

—Espera solo un poco...—comunicó el anciano y su semblante se adornó de malicia—. Solo hasta que se le rompa el corazón.


Jump City

Raven no se quedó para escuchar. Se había ido, volando tan rápido como su poder podía llevarla. El laberinto de la ciudad no significaba nada, por lo que voló largo y duro sin ver a dónde iba. Cuando estuvo lo suficientemente lejos, se permitió volver a la normalidad y tropezó con el suelo.

Apoyándose contra una fría pared de ladrillos, caminó hacia las partes más oscuras de las sombras, dejándolas cubrirla de cualquier mirada curiosa. Una vez en la comodidad de las sombras, se examinó a sí misma, observando su carne chamuscada, su uniforme sin capa y su traje quemado. Ella suspiró, apoyando su espalda contra la pared y dejando que su cuerpo se desplomara. El agotamiento se estaba nublando en su mente, pero no lo notó. Todo lo que podía sentir era la textura de sus emociones, arrastrándose en su pecho y deslizándose hacia abajo desde su cerebro, chisporroteando a lo largo de su médula espinal. Sus dedos cubrieron su corazón.

Pero la imagen del rostro asustado de Starfire pasó por su mente, junto con el sabor del arrepentimiento. Suspirar fue todo lo que pudo hacer. Eso y caminar. Decidió que estaba bien y salió del callejón. Manteniendo la cabeza baja, se concentró en el golpeteo de sus pies contra el hormigón. El ritmo uniforme creó un tono monótono en su cabeza, hasta que estuvo tan acostumbrada al patrón que el aire se sintió vacío sin él.

Reprimiendo el aguijón de las lágrimas, voló en el aire, aterrizando en los oscuros tejados. La gente rara vez levantaba la vista, así que ese había sido su refugio seguro. La extensión de la ciudad se encontró con sus ojos. Estaba cansada, le dolían los músculos, tenía los ojos inyectados en sangre, la piel magullada y raspada.

A su alrededor, el estruendo de los choques y las explosiones continuaba como una fiesta de Nochevieja en el infierno. Cerca de ella, el ruido también era ensordecedor, sobre todo por culpa de las alarmas de los coches y las antirrobo, pero la calle en sí aparecía sobrecogedoramente desierta, al menos de momento.

Dejó que su magia la consumiera una vez más mientras se transportaba a su habitación y entraba al baño a limpiarse y cambiarse la ropa maltrecha. Ella, una vez finalizado esto, se desplomó en el suelo con la espalda apoyada contra la pared mientras apretaba su cráneo.

Las voces no se detenían. La mayor parte de su mente estaba concentrada en sus problemas emocionales, pero todo lo que había salido a la superficie era confusión y frustración.

«Basta».

—¿Raven?

La misma pequeña voz de antes. Starfire.

—¿Starfire? —Raven preguntó levantando la vista hacia la entrada del baño. — ¿Qué haces en mi habitación? Sabes que no puedes...

—Vine a ver si estabas bien —dijo Starfire. No había ninguna duda en su voz; sin miedo. Cuando Raven no dijo nada, Starfire volvió a hablar—. Pensé que podríamos hablar.

—Gracias —dijo con voz apagada, antes de volver la vista hacia abajo—. Pero no quiero. La ciudad...

Starfire se quedó torpemente parada, moviendo su peso y mordiéndose el labio, sin saber qué decir a continuación. Raven siempre había sido complicada, lo sabía, y tratar de hablar con ella siempre había sido un desafío. Starfire respiró hondo antes de probar suerte con las palabras—. La Liga se está encargando. Algunas personas habían perdido el control, pero la situación está siendo controlada ahora.

—Suena bien.

Más silencio.

—No te tengo miedo —proclamó Starfire.

Raven levantó los ojos para encontrar su mirada. En los ojos de Raven había miedo y culpa, pero también confusión. ¿Cómo podría no tener miedo después de lo que acababa de hacer? Casi había hecho estallar un edificio poniendo en riesgo la vida de muchas personas. No lo había sentido, pero había visto miedo en su rostro. Raven se levantó entonces y salió del cuarto de baño, capaz de encontrarse con la mirada de Starfire por igual. Raven podía ver claramente en su rostro que Starfire estaba siendo honesta.

—No te tengo miedo —dijo Starfire de nuevo, más alegre esta vez.

—Entonces, ¿por qué te veías asustada?

—Bueno, eh... —Starfire tartamudeó—. Estaba simplemente en estado de shock. No sabía que podías hacer esas cosas con el fuego, ni esperaba que tus ojos se enrojecieran durante todo lo que estaba sucediendo y...—. Sus ojos parpadearon—. Sé que estos días son estresantes para ti —dijo Starfire en voz baja—, pero el tiempo lo aliviará. Debes confiar en nosotros.

Raven no dijo ni una sola palabra.

—Todos estamos muy preocupados. Por favor, Raven —Starfire juntó las manos de su amiga con las de ella, dándoles un ligero apretón.

Raven observó sus manos haciendo contacto. No sintió... nada.

Teniendo en cuenta situaciones similares, alguien más puede haber recurrido a un amigo en busca de ayuda. Pero Raven no era solo alguien más. Ella había sido criada para usar la meditación para ayudarse a sí misma; nadie más podría entenderla. Casi nadie intentaría comprenderla, y mucho menos querría tener algo que ver con ella.

Los Titanes fueron los únicos que quisieron entenderla y ayudarla. Aun así, ella nunca consideró en tratar de enseñarles sobre ella. Los problemas de Raven eran suyos. Ella no quería involucrar a nadie más, no solo porque era obstinada, orgullosa e independiente, sino por el peligro en que podría ponerlos.

La descendencia de un mortal y un demonio, las emociones de Raven eran mucho más complicadas y sueltas que las de una persona promedio. Siempre la ira de su padre necesitaba mantenerse encerrada en su corazón.

¿Por qué reflexionar sobre esto la molesta tanto?

La meditación no estaba ayudando; ella ni siquiera podía concentrarse lo suficiente como para hacerlo correctamente. Se sentía inútil.

La confusión de Raven causó un salto de ira. Sus ojos brillaron rojos, mientras la cerámica de su tocador era consumida por su poder. Inconscientemente, envió volando a Starfire a través de la habitación, golpeándola contra la pared. La alienígena lanzó un gemido de sorpresa mientras sus ojos se abrían de sorpresa.

Raven se sorprendió por su acto de destrucción; tal pérdida de control la asustó. Dio un paso atrás. Respirando profundamente y asustada, se dio la vuelta para verse en el espejo.

—¿Por qué me pasa esto? —se susurró a sí misma, ignorando por completo a Starfire en su habitación, que todavía veía sorprendida a su amiga.

Las emociones giraban fuera de control en su cabeza. La meditación no era una opción, ya que su mente había estado llena hasta el tope con pensamientos, no había sido capaz de alcanzar el estado en blanco que normalmente encontraba naturalmente desde que toda esta basura empezó. En cambio, Raven lentamente dejó que su ira se filtrara, observando cómo las cosas se movían, temblaban y explotaban a su alrededor mientras los zarcillos de su poder se extendían hacia ellos. Su mente estaba nublada y sus emociones confundidas. No podía creer que sintiera deseos de hacerle daño a la chica alienígena. El pensamiento no dejaba de molestarla. Raven cerró los ojos, esperando que con ese acto sus pensamientos sobre lastimar también se apagaran.

«Hazlo hija. O mataré al chico. Deja que se te rompa el corazón».

«Basta».

—Raven.

Era todo lo que podía hacer para calmarse; concentrarse en el problema solo traía más problemas. Todo lo que pudo hacer fue despejar su mente mientras permanecía perfectamente inmóvil mirándose en el espejo; ella se quedó así durante unos minutos. Pero esa maldita mitad suya le devolvía el reflejo, con una sonrisa de triunfo en su rostro.

—Libérame —ordenó la sombra.

—No —negó la hechicera—. Tú y Trigon permanecerán encerrados por siempre. Vete.

—No puedes controlarlo ya —se burló su otra mitad—. No hay nada que puedas hacer.

—Cállate.

—Raven, ¿con quién hablas? —preguntó desorientada Starfire viendo a su amiga dialogando sola con su reflejo.

Un golpe en la puerta devolvió a la realidad a Raven. La hechicera desvió sus ojos cuando la puerta se abrió.

Allí estaba Chico Bestia con una bandeja de té de hierbas. Sus ojos se dirigieron a Starfire, la cual estaba agazapada contra la pared, como si no fuera más que un gatito asustado. Obviamente algo había sucedido entre las dos chicas—. Um, yo, uh— comenzó torpemente—, te traje té de hierbas. Creí que... te podría servir.

Durante unos segundos, los dos se miraron el uno al otro. Entonces Raven abrió la puerta lo suficiente con sus poderes y Chico Bestia dio un respingo cuando la bandeja se vio arrancada de sus manos de manera impetuosa para terminar sobre uno de los muebles de la habitación de la chica sin ninguna delicadeza. El golpe fue algo violento y la mayoría del líquido verdoso de la infusión se había derramado al suelo.

—Salgan de mi habitación —ordenó Raven en un hilo de voz—. Ahora. Los dos.

—Emmm... ¿de nada? —dijo el cambiante.

—Ahora —repitió la empática de manera funesta.

—R-Raven, espera —espetó Chico Bestia.

«Ellos te hacen débil hija mía».

«Libérame Raven, deja que la sombra de tu mente tome control de tu fracturada alma».

Ella hizo una pausa. — ¿Qué demonios quieres? Les dije que se fueran.

—Es ... ¿Tu padre te está fastidiando?

Chico Bestia se asombró cuando una fuerza invisible lo embistió de manera no tan brusca hacia afuera del cuarto. Es como si la empática estuviera haciendo hasta lo imposible para no lastimarlos.

Después de un par de segundos, Raven volvió a hablar—. Eso no es de tu incumbencia.

Chico Bestia empujó la puerta aún más y se mantuvo fijo allí, en la entrada—. Entonces algo está mal —señaló aseverando. — ¿Qué pasa? ¡Raven, puedes decirme!

—¡¿Es que acaso no entiendes?! ¡No es de tu incumbencia!

—¡Sí lo es! Soy tu amigo...

Fue interrumpido porque fue enviado repentinamente volando, ahora de manera violenta, contra la pared del pasillo y su espalda crujió ante el duro golpe.

¡NO, NO LO ERES! —rugió Raven potentemente con un tono por completo endemoniado. Las sombras danzaban alrededor de la habitación y todo parecía más helado que de costumbre. Los ojos de Raven brillaban de un rojo carmesí.

Con los ojos muy abiertos y ahora con una sensación de miedo, el cambiaformas permaneció en el suelo mirando a la demoniaca chica. Starfire, conmocionada, salió también y quedó flotando en el pasillo fuera de la habitación de la hechicera, viendo a su amiga, con sus ojos verdes brillantes inundados en lágrimas.

Raven se contuvo rápidamente; sus siguientes acciones fueron darse la vuelta al tiempo que se sujetaba fuertemente la cabeza y murmuraba palabras a la nada.

Luego, sin previo aviso, se derribó por el suelo, cayendo. Y todo se detuvo. Estaba en una cámara oscura, paredes grises que la rodeaban. No había puerta, ni salida, ni ventanas, solo las paredes que la mantenían dentro. El débil sonido del agua goteando resonó por el área, y a cada goteo le siguió el latido de su corazón. Corrió hacia las paredes, golpeando sus puños contra ellos, pero no había escapatoria. Una risa cruel resonó por la cámara, y sus compañeros Titanes aparecieron a su lado.

«No puedes escapar».

—Déjame en paz —imploró. Se dirigió hacia sus amigos, pero desaparecieron en un humo tenue, reapareciendo detrás de ella. Sonó una risa maliciosa.

«Siempre estarás sola».

—¡Sal de mi cabeza! —gritó desesperadamente, retrocediendo. Su espalda se estrelló contra un muro, mientras las oscuras apariciones de sus amigos se desvanecían.

Y luego hubo negro hasta que su visión retornó de nuevo a su habitación.

Solo esto y nada más.

El muro de su mente. Estaba al límite.

Su preocupación aumentó cuando un sinfín de preguntas pasaron por su cabeza. Cada objeto en su habitación comenzó a orbitarla a un ritmo rápido mientras esa rara sustancia negra volvía a brotar. Los libros volaron de sus estantes para unirse a la rotación de devastación.

Todos los objetos que se habían estado moviendo se precipitaron a gran velocidad hasta que se estrellaron contra la pared. Tras el impacto, los objetos ya no estaban animados.

Las cortinas se arrancaron con un tirón duro, y después de tirarlas al piso, ella cayó de rodillas y dejó escapar un último grito de rabia. Cuando finalmente terminó, comenzó a jadear profundamente. Lentamente, Raven sintió que la cordura volvía a su mente. Poco a poco, su respiración se ralentizó y sus ojos volvieron a su color normal mientras la extraña sustancia volvía a ella nuevamente.

Con sus emociones finalmente de nuevo bajo control, Raven miró conmocionada la escena que la rodeaba. Prácticamente todo en la habitación estaba roto, volcado o desaliñado. Los objetos de valor habían sido destrozados , los libros arrojados en todos los rincones de la habitación y las mesas volcadas. Incluso su cama tenía sus sábanas y almohadas rotas y dispersas.

¿Cuántas veces su habitación había sido territorio de guerra de sus incontrolables poderes? Ya había perdido la cuenta de cuentas veces la había ordenado.

—Ya no puedo más —musitó ella rendida—. No puedo.

Desde su posición en el suelo, Raven desvió sus ojos hacia sus dos amigos que yacían ahí, mirando todo, con el miedo impregnados en sus rasgos, como si estuvieran viendo a un animal salvaje y peligroso a punto de atacar. Agradecía que su empatía no funcionara en este momento, porque eso le haría confirmar lo que siempre temía. Ella dio una media sonrisa triste. Como no iban a tenerle miedo.

«Ellos te temen. Porque no eres uno de ellos. Nunca lo has sido».

—¿Pueden... pueden decirle algo a Kid Flash? —solicitó con algo de dificultad la hechicera.

—Amiga Raven...—susurró Starfire con un nudo todavía en su garganta.

Los ojos amatistas de Raven ahora estaban fijos en algo en particular. Una rosa azul arrojada en un rincón. Marchita. La mayoría de sus hojas desprendidas.

—Díganle que lo estoy esperando... en un lugar que solo nosotros dos conocemos —dijo Raven.

Sus ojos se desviaron hacia el libro que había encontrado en Azarath. Debía terminar con todo.

Inmediatamente, ella había desaparecido del lugar.

Solo eso y nada más.


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Unos capítulos más para el final!

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¡Nos leemos en el próximo capítulo, saludos!