Jump City – 06:34 a.m. – A dos días del apocalipsis

Era casi el alba y Robin patrullaba por las calles de Jump City con cautela. Como líder de los Titanes, debía estar atento por cualquier incidente nuevo como los ocurrido el día de ayer; por eso había ordenado a los otros Titanes estar listos para acudir en su ayuda en cualquier momento, listos para entrar en acción si fuera necesario.

Se frenó en el borde del techo de un edificio, su capa negra y dorada ondeaba con la brisa helada de la mañana, acompañada de esa grotesca bruma y el siempre presente aguacero eterno. Hacía un frío glacial y pequeños copos de nieve golpeaban su rostro y humedecían su cabello. Pero, a pesar de todo, varios trabajadores circulaban sin importarles el clima, tratando como podían de llegar a sus oficinas y de continuar sus vidas.

Pero Robin extrañaba el clima característico de siempre. Le gustaba la forma en que la luz del sol lo calentaba y el suave sonido de las olas del océano rompiendo contra los cimientos rocosos de la Torre. El penetrante aroma de la sal del océano lo rejuvenecía. Le encantaba Jump City con sus palmeras y playas y su gente agradable. Un buen cambio de la sombría Gotham. Aunque ahora toda la ciudad parecía lúgubre y el único color distinguible en la urbe eran las sombrillas coloridas de los transeúntes que circulaban a esa hora.

Pero pronto todo cambiaría y volvería a la normalidad, estaba seguro de eso. Se lo prometió a sí mismo.

Robin bajó hacia una de las calles desiertas de la ciudad al tiempo que elongaba sus agarrotados músculos y se secaba el húmedo rostro con una de sus manos. Estaba cansando. Debía volver a la Torre, necesitaba una ducha y un pequeño respiro o el trabajo lo terminaría matando. Se detuvo y se giró. No estaba seguro de por qué, pero en la parte posterior de su cuello sentía como un hormigueo raro. Hoy nada parecía estar fuera de lo común, más de lo habitual claro está, pero sabía que estaba en problemas. Sus instintos se habían perfeccionado a lo largo de años de lucha contra el crimen y de entrenamiento, y confiaba en esos instintos. Tenía un mal presentimiento sobre esto.

Sus ojos se abrieron de repente cuando una chispa de luz rosada voló de la nada directamente hacia él. Empezó a esquivar las múltiples descargas con agilidad haciendo complicadas maniobras y acrobacias para apartarse, pero fue demasiado lento; uno de los rayos lo atravesó en el pecho y lo impulsó calle abajo. Se puso de rodillas sosteniendo su punzante herida con un gemido doloroso sin perder de vista a su oponente. Cuando vio a Psimon caminar lentamente confiado hacia él, activó su comunicador, el movimiento oculto por su capa. Era la hora.

—Hola, Robin —saludó el villano acercándose perezosamente al Titán bajando su capucha marrón. Sus ojos y su cerebro expuesto centellearon al unísono—. Psimon dice que estás en problemas.

Y en ese instante, Psimon envió una onda de choque mental que sacudió los cimientos sobre los que estaba acuclillado el Chico Maravilla.

El villano no dice nada más, pero una fina y diabólica sonrisa se dibuja en sus pálidos labios.


Kid Flash se movió inquieto en su cama mientras arrojaba una pelotilla de goma al techo y la hacía rebotar una y otra vez. Fue un día muy largo, en la que no pegó un ojo en toda la noche. Se sentía tan triste y devastado. Un suspiro lastimero se escapó de sus labios. Se levantó en cuanto vio un poco de claridad abrirse paso por la ventana, claridad igualmente opacada por las nubes negras que se alzaban por la ciudad. La lluvia seguía golpeando afuera, sin parar nunca.

No debía de faltar mucho para el amanecer, pero el cielo seguía negro, tan negro como su estado de ánimo.

«El tiempo se está agotando», pensó él para sus adentros, mientras se aproximaba a la ventana desnuda sin vidrio. Un escalofrió recorrió su cuerpo cuando el aire gélido golpeó contra su cuerpo. «O quizás ya se agotó».

Su estómago rugió por la necesidad de múltiples alimentos, pero él no se movió de ahí. Ignoró totalmente sus deseos de comer. Sus ojos estaban perdidos, quizás en el recuerdo del día de ayer. Luego de detener varios ataques en la ciudad por ciudadanos sin control, Starfire y Chico Bestia le habían comunicado, con un rostro lleno de pesadumbre, que Raven lo espera en "un lugar que solo ellos dos conocían". Él ya sabía cuál era ese lugar, y solo corrió para dirigirse a aquel.

[...]

La noche anterior...

Raven esperaba al velocista en la pequeña rivera de blancas arenas, pero su rostro evidenciaba que algo no iba bien. Su figura tan misteriosa vestida con tu típica ropa oscura parecía mimetizarse bastante bien con la cortina negra de la noche sin estrellas. En sus ojos había algo oculto que hacía sentir inseguro a Kid Flash y lo asustaba. Las gotas de lluvia la azotaban, pero a ella parecía no importarle. En lo más mínimo. Él se quejó del aire glacial que se filtraba a través de su vestimenta.

La hermosa vegetación que siempre parecía estar presente en el lugar estaba opacada por la niebla y la escarcha que cubría todo por las bajas temperaturas. El hermoso paisaje que siempre disfrutaba en sus tiempos libres ahora no era más que paisaje melancólico y primitivo que parecía encerrar algún significado vasto pero desconocido, y ciertas hondonadas selváticas y oscuras cerca del mar adquirieron una aureola de irrealidad con una mezcla de un vago horror casi espectral. Ahora su aspecto recordaba demasiado el de una región extraída de un cuento de terror.

—¿Qué tal te sientes? —preguntó el pelirrojo rascándose la parte posterior de su cuello por el nerviosismo.

Ella no contestó. Él solo se estremeció ante su fija mirada.

El chico se acercó en silencio. Le hubiera gustado formular un montón de preguntas, pero solo espero que ella comenzara a hablar y le dijera el por qué lo había citado a ese lugar en ese momento.

Algo iba muy mal, quizás mucho peor de lo que pensaba. Los sonidos típicos de las aves cantarinas no sonaban. El lugar parecía muerto. Kid Flash intentó controlarse y razonar. ¿Qué es lo peor que puede ocurrir? Se estremeció nuevamente. Ésa era la pregunta equivocada, sin duda. Por alguna extraña razón le costaba mucho trabajo respirar bien. De acuerdo, se dijo otra vez así mismo, ¿qué es lo más grave a lo que podría enfrentarse ahora? Tampoco le agradaba mucho esa pregunta. Pero pensó en todas las posibilidades que había considerado antes mientras su mente trabajaba a mil kilómetros por hora como de costumbre.

—Vamos a caminar —propuso ella con una voz totalmente fría e indiferente al tiempo que comenzaba a marchar.

Él no contestó. No se le ocurrió la forma de protestar, aunque rápidamente supo que quería hacerlo.

«Esto no me gusta, va mal, pero muy mal», repetía de continuo una voz dentro de su mente.

Él no esperó una respuesta. Raven lo condujo hacia el lado este de la ribera, donde lindaba con el bosque. En las oscuras avenidas del boscaje había demasiado silencio, y el suelo estaba demasiado blando con el fresco musgo y los restos de descomposición por la humedad continua. El velocista la siguió mientras intentaba superar el pavor y pensar algo. ¿Por qué le inundaba el pánico?

Wally miró todo a su alrededor. La maleza reinaba por todas partes. Sobre todas las cosas pesaba una rara opresión; un toque grotesco de irrealidad. Ella parecía tan apática ahora mismo, tan... lejana.

Sólo habían caminado unos cuantos pasos por el espeso bosque cuando ella se detuvo. Era un simple paseo.

En aquella amplia extensión no había vegetación viva de ninguna clase; no había más que una capa de fina nieve. Los árboles más cercanos tenían un aspecto raquítico y enfermizo, y muchos de ellos aparecían agostados o con los troncos podridos.

Raven solo se paró ahí y miró al chico con expresión inmutable.

—Está bien, hablemos —dijo Kid Flash y sonó más valiente de lo que se sentía en realidad.

—No hay muchos rincones secretos —habló ella después de unos segundos echando un vistazo todo a su alrededor—, pero este parece especial. Recuerdo el primer día que lo vi.

—De este lugar saqué la rosa azul que te regalé —comentó él—, ¿crees que algún día todo florezca de nuevo?

—Estoy segura —afirmó la hechicera deslizando delicadamente sus dedos por uno de los debilitados árboles—. A las plantas... les pones tu amor y tu esfuerzo, y las nutres, y ves los frutos luego. Las ves crecer y sientes que todo cobra sentido. Pero... con las personas no es así —continuó ella—. Aunque también somos orgánicos. Es un hecho, estamos destinados a morir, como estas plantas. Es natural, y hermoso y todo lo que tiene vida nació de algo que murió. Morimos para abrirle paso a más vida. Esa vida se renueva y se recicla y el ciclo se repite. Y eso es mucho mejor que una vida aplastada a tantos pies bajo tierra —dijo ahora con tono amargo—, una vida destrozada por tantas limitaciones, tantos muros, una vida aplastada... como la mía.

—Pero cuando florezca volverá a ser hermoso —expresó Kid Flash reparando en la ausencia de follaje—. Aunque ahora luce fúnebre. Pero... lo vale.

—¿Lo vale? —cuestionó ella. — ¿Eso crees?

—¿Tú no?

—Si —afirmó Raven después de pensarlo por un lapso de tiempo—, lo vale, ¿pero sabes algo? Como dije, no pienso lo mismo de la gente. Representan un... gran esfuerzo... y dan muy poco a cambio siempre.

—¿Todos?

—Todos —ratificó la chica sin vacilar—. Incluso tú —señaló mirándolo de soslayo—. Incluso yo. Especialmente, yo. Así que pensé en ahorrarte el esfuerzo. Saltar al final. Las personas no valen la pena. Todas las personas te consumen. Hasta las buenas personas, hasta las mejores. Pero a veces, muy de vez en cuando, supongo, aparece alguien que quizás vale la pena —expuso con una minúscula y casi imperceptible sonrisa, la cual luego se esfumó—, pero todo se derrumba, todo se deteriora y vuelve a resurgir, y vuelve a deteriorarse, una, y otra, y otra vez.

Raven pareció por un momento inspirar profundamente al tiempo que le devolvía la mirada con frialdad.

Él también inspiró profundamente.

—En el tiempo que ha pasado, he estado pensando en nosotros...—siguió departiendo la chica.

Con un acceso de náuseas, comprendió hacia dónde iba esto

—Cuando dices nosotros... —susurró Kid Flash temeroso.

—...acerca de ti, y de mí —continuó ella.

—Raven, yo...

—Ya lo sé. Entiendo cómo te sientes, Wally. Pero he llegado a la conclusión de que no puedo quedarme a tu lado de esa forma —sentenció Raven finalmente.

Cada palabra sonó separada y clara.

El pelirrojo sacudió la cabeza de un lado a otro mecánicamente, intentando aclararse.

Él esperó sin mostrar ningún signo de impaciencia. Le llevó unos minutos volver a estar en condiciones de hablar.

—Pero ya habíamos hablado, las cosas estaban bien —trató de hacerla razonar él—, ¿qué hice mal?

—Wally, hasta que te conocí nunca confié mucho en nadie —confesó Raven, su voz no titubeó nunca—. Tú te mantuviste todo este tiempo a mi lado y me hiciste ver un lado diferente de la vida. Me sentía bien cuando estaba contigo, pero me confundí. No puedo permitirme el lujo de divertirme, reírme ni nada de eso. No ahora. Y quizás nunca tenga ese lujo.

—¿Te confundiste? —preguntó él rescatando esa palabra en particular de todo lo que estaba diciendo.

—No te convengo, Wally, lo siento —se disculpó, pero no parecía que la culpa fuera algo que la hechicera sintiera en este momento.

—¡No seas ridícula! —quiso sonar molesto, pero sólo consiguió que su voz sonara cortante—. Eres lo mejor que me ha pasado en la vida.

—Mi mundo no es para ti —repuso ella.

—Te prometí que siempre permanecería...

—Mientras yo fuera buena para ti —interrumpió ella para rectificar—. No hay manera de que pueda sostener esa promesa tuya.

Raven respiró hondo una vez más y clavó la mirada ausente en el suelo durante un buen rato. Torció levemente los labios. Cuando levantó los ojos, a Kid Flash le parecieron diferentes, mucho más duros que siempre.

—Wally, no quiero que sigamos con esto —pronunció las palabras de forma concisa y precisa sin apartar los ojos fríos del rostro desencajado del chico, observándolo mientras que él comprendía lo que decía en realidad.

Hubo una pausa durante la cual Kid Flash repitió esas palabras en un fuero interno varias veces, tamizándolas para encontrar quizás la verdad oculta detrás de ellas.

—¿Tú... no... me quieres? —intentó expulsar las palabras, confundido por el modo como sonaban, colocadas en ese orden.

«Deja que se te rompa el corazón o mataré al chico ahora mismo».

—No —aseveró ella sin mostrar ninguna compunción.

Kid Flash la miró, sin comprender aún. La hechicera le devolvió la mirada sin remordimiento. Sus ojos eran duros, claros y muy profundos. El velocista se sintió como si cayera dentro de ellos y no pudiera encontrar nada, en sus honduras sin fondo, que contrarrestara la palabra que había pronunciado.

—Al principio creí que sí —dijo Raven siguiendo su diatriba—, pero me di cuenta de que solo estaba absorbiendo tus emociones con mi empatía, no era algo real lo que yo estuviera sintiendo.

—Bien, supongo que eso hace las cosas diferentes —. Wally se sorprendió lo tranquila y razonable que sonaba su voz ahora. Quizás se debía al aturdimiento. En realidad, no entendía lo que ella le había dicho. Seguía sin tener sentido.

Raven miró a lo lejos, entre los árboles, cuando volvió a hablar.

—En cierto modo, te he querido, pero quizás de otra manera, pero muchas situaciones me han hecho darme cuenta de algo. Porque ya ni siquiera sé quién soy. Pero algo sí sé y es que no soy humana —lo miró de nuevo; ahora, sin duda, las facciones heladas de su rostro no eran humanas—. He permitido que esto llegara demasiado lejos.

Wally abrió la boca para decir algo, pero volvió a cerrarla. Aguardó con paciencia. Su rostro estaba desprovisto de cualquier tipo de emoción. Lo intentó de nuevo, pero nada.

—Si... es eso lo que quieres —dijo él.

Ella solo se limitó a asentir una sola vez.

Al velocista se le entumeció todo el cuerpo. No notaba nada por debajo del cuello.

—Me gustaría pedirte algo, a pesar de todo, si no es demasiado —dijo el velocista.

Kid Flash se preguntó qué vería en el rostro de él para que el de ella se descompusiera un instante al mirarlo, pero como siempre Raven logró controlar las facciones y recuperar la máscara de estoicismo antes de que él fuera capaz de descubrir quizás algo.

—Está bien.

—No hagas nada desesperado —pidió el pelirrojo con pesadumbre.

Ella solo asintió y él pareció relajarse, pero sólo un poco.

—Te haré una promesa a cambio, Wally —expuso Raven—. Te garantizo que no volveré a hacerte pasar por todo esto nuevamente. Podrás retomar tu vida sin que yo interfiera para nada. Será como si nunca hubiese existido para ti.

Las rodillas de él debieron de empezar a temblar en ese momento porque de repente los árboles comenzaron a bambolearse. El velocista oyó el golpeteo de su sangre más rápido de lo habitual detrás de las orejas. La voz de la empática sonaba cada vez más lejana.

—No te preocupes —continuó Raven—. Eres humano y tu memoria es etérea. A ustedes, el tiempo les cura todas las heridas. Usaría mi empatía para quitarte eso, pero no funciona lamentablemente.

—¿Y tú? —le preguntó Kid Flash. Su voz sonó como si se hubiera atragantado, como si se estuviera ahogando.

—Bueno —Raven apenas dudó un segundo—. Yo no olvidaré, pero lo superaré, ya lo he hecho antes.

Ella se alejó de él un paso.

—Supongo que eso es todo. No te molestaremos más —concluyó ella.

Él parpadeó confundido ahora. ¿Molestaremos? El plural captó su atención.

—¿Molestaremos? —cuestionó Kid Flash. — ¿A qué te refieres, Raven?

—Espero seas feliz.

Él se sentía mareado y le costaba concentrarse. Sus palabras daban vueltas y más vueltas en su cabeza. Procuró acompasar la respiración. Necesitaba concentrarse y hallar la forma de salir de aquella pesadilla.

—Adiós, Wally.

—¡Espera! —espetó el velocista mientras intentaba alcanzarle, deseando que sus piernas adormecidas le permitieran avanzar.

Pero él abrió los ojos de golpe cuando se alzó una ligera brisa. Las hojas de una pequeña enredadera temblaron con la tenue agitación del aire que produjo la partida de la chica cuando solo se esfumó con sus poderes.

Raven se había ido.

Kid Flash intentó alcanzarla, adentrándose en el corazón del bosque, con las piernas temblorosas, ignorando el hecho de que era un sinsentido ya que ella se había teletransportado. No había huellas y las hojas estaban en calma otra vez, pero siguió corriendo sin pensar en nada. No podía hacer otra cosa. Solo correr. Debía mantenerse en movimiento.

Correr.

Todo se había terminado.

Corrió y corrió.

Kid Flash perdió la noción del tiempo mientras se abría paso a toda velocidad por la espesa maleza. Debieron de transcurrir segundos, pero para él era como si el tiempo se hubiera detenido, porque el bosque y la ribera le parecía el mismo sin importar cuán lejos fuera. Estaba corriendo en círculos, pero continuó corriendo. Tropezaba a menudo y también se cayó varias veces conforme oscurecía cada vez más y las tinieblas parecían tragar todo a su paso.

Al final, el pelirrojo tropezó con algo, pero no supo dónde se le había trabado el pie al estar todo tan oscuro. Se cayó y se quedó allí tendido sobre los helechos húmedos mientras miraba el firmamento lúgubre.

Cielo sin estrellas.

Allí tumbado, sintió que el tiempo transcurría más lento de lo que podía percibir generalmente.

¿Siempre reinaba semejante oscuridad de noche? Lo más normal sería que algún débil rayo de luna cruzara el manto de nubes y se filtrara entre las rendijas que dejaba el dosel de árboles hasta alcanzar el suelo.

Pero no esa noche. Ni las malditas noches anteriores. Esa noche el cielo estaba oscuro como boca de lobo.

La llovizna le molestaba un poco. Estaba helado. No dejaba de llover, pero no le importó.

[...]

Y la lluvia seguía.

—¿Por qué tuve que conocerla? —se preguntó él con pena.

Quizás Zatanna había tenido razón desde un principio.

Él apretó el alfeizar de la ventana cuando sintió una extraña vibración bajo sus pies. Había un temblor cerca. ¿Acaso eran los poderes de Raven de nuevo?

—¿Qué demonios? —inquirió nuevamente cuando sintió otro estremecimiento. Algo estaba pasando en la ciudad sin duda alguna.


Cyborg se sentó en su lugar habitual, reflexionando sobre los incidentes recientes, el asunto de la Iglesia de la Sangre, el hecho de que Raven llevaba ya horas encerrada en su habitación sin dar señal alguna de vida. El pequeño televisor de la sala estaba sintonizado en el canal de noticias, algo que no solía mirar por costumbre pero que ahora lo consideraba esencial.

De repente, el ambiente casi tranquilo de la Torre se interrumpió cuando Starfire chilló de terror, y una pared entera quedó manchada cuando una mezcla pegajosa y beige explotó de su cuenco, salpicando las paredes y empapando la sala común con una sustancia pegajosa.

—¡Oh, hombre! ¡Y yo que acababa de pulir esta pierna! —gimió Cyborg, tratando de frotar la sustancia pegajosa de su pierna derecha mecánica.

—Amigo, será mejor que esto salga fácil de mi cabello —se quejó Chico Bestia mientras olfateaba cautelosamente la mezcla.

—Lo siento amigos, no deseaba cubrir la habitación con la sustancia pegajosa —dijo sincera Starfire.

—Tal vez deberías tomarte un descanso de la cocina Star —dijo Terra, encontrando la situación un poco divertida.

—¿No podemos ver alguna película? —preguntó Chico Bestia, aburrido, otra vez.

—No —repitió el hombre robótico, aunque también molesto.

Fue en ese momento cuando la luz roja se encendió y los comunicadores de todos comenzaron a sonar con un constante pitido.

—Ha comenzado —susurró Cyborg, con un poco de miedo ahora—. Robin acaba de mandar una señal desde su comunicador, pero algo está desviando la ubicación exacta —dijo tecleando algo en la computadora—. Está en problemas —advirtió al resto del equipo que ya estaba alerta.

—¡Hay que ir a ayudarlo! —exclamó Starfire preocupada.

La pantalla del televisor parpadeó repentinamente como si estuviera cambiando de canal, y apareció de repente la cara de Psimon. Los ojos de Cyborg y los otros Titanes se agrandaron mientras dirigían su atención a la pantalla.

Psimon se rio oscuramente en la pantalla y habló con una voz amenazadoramente tranquila—. Este es un mensaje para toda la gente del globo. Pronto la Iglesia de la Sangre se convertirá en guía de sus pobres existencias, y me gustaría hacerles saber que no deben resistirse en lo más mínimo. Verán, este mensaje se está enviando actualmente en todo el mundo en diferentes idiomas, para garantizar que no haya confusión alguna.

Kid Flash entró corriendo por la puerta de la sala común, profiriendo una orden antes de que hubiera entrado por completo en la habitación—. ¡Cyborg! ¡Sigue ese mensaje! —. El adolescente cibernético ya estaba en el teclado de la computadora en ese mismo momento.

—La señal viene de las afueras de la ciudad —notificó Cyborg observando el monitor.

La voz de Psimon siguió resonando desde la pantalla de la televisión—. Habrá consecuencias para cualquier figura política que retenga su renuncia y para cualquiera que se resista. Arrodíllense ante el poder de la Iglesia de la Sangre. Eso es todo, por ahora.

—¿No estás esperando, idiota? —cuestionó el hombre robótico golpeando con ira el teclado—. Iremos para allá, ¡pero vamos a hacerte desear no haber nacido!

—Si podemos detenerlo debemos intentarlo —dijo Kid Flash.

—¡Debemos...! —exclamó Chico Bestia.

Pero el final de la frase quedó ahogado por otra voz que resonó en toda la sala. Era la voz de Psimon, una voz aguda, fría y clara, y parecía provenir del interior. La fuente no era la televisión ahora.

Titanes, sé muy bien que se están preparando para pelear—. Los titanes miraron alrededor con recelo, tratando de averiguar de dónde salía aquella voz—. Pero sus esfuerzos son totalmente inservibles; no pueden combatirme, ni a mí ni al inmenso poder de la Iglesia de la Sangre. Titanes. Escuchen la pavorosa voz de Psimon, amo de las mentes. ¡Los espero! ¡Vengan y descubran quienes son sus superiores! Y Raven...—dijo ahora el psíquico—. Déjame verte.

La sala común se quedó en silencio, un silencio que presionaba los tímpanos, un silencio que parecía demasiado inmenso para que las paredes lo contuvieran.

—...ir —terminó el cambiante lo que iba a decir, pero ahora temblando un poco.


—Bien, mis sentidos psiónicos me informan de que los Titanes vienen hacia aquí —comunicó Psimon terminando su aviso reciente.

El Chico Maravilla desactivó su comunicador y palmeó un disco explosivo.

—Robin —llamó el psíquico observando al Titán—. No puedes esperar ganarme.

—No tengo que esperar —respondió Robin enojado—. Sé que puedo—. Lanzó varios discos con todas sus fuerzas al villano, pero los explosivos fueron destruidos por una descarga púrpura de energía psíquica.

El villano rezongó irritado.

—Ven —ordenó simplemente Psimon elevando una mano.

El cuerpo de Robin se vio levantado del suelo sin que pudiera hacer nada para eludir la fuerza invisible que lo aprisionaba. Instantáneamente, su cuerpo se impulsó con ímpetu directamente a los pies de su enemigo, arrastrándose inevitablemente de paso por toda la acera.

—No... te saldrás... con la tuya —gruñó Robin con dificultad.

Psimon se burló y se agachó para estar al nivel de los ojos del adolescente—. De hecho, ya lo hice —susurró antes de enviar telequinéticamente al líder de los titanes a estrellase contra un automóvil—. No puedes esperar derrotarme por tu cuenta.

—¡Entonces no peleará contigo solo! —gritó Starfire mientras volaba por el aire y aterrizaba con gracia junto al Chico Maravilla, quien suspiró de alivio.

—Los Titanes se cuidan unos a otros —dijo ahora Cyborg, apareciendo detrás de Robin y apuntando con su cañón sónico a Psimon.

Un ave de presa verde se elevó para unirse a los Titanes, transformándose en Chico Bestia al aterrizar—. Nunca nos hemos rendido —dijo.

—Y no lo haremos ahora —enunció ahora Terra mientras aparecía sobre una gran roca.

—Hola nuevamente cabeza de cúpula. Parece que te has vuelto bastante popular en las últimas semanas —dijo Kid Flash apareciendo en un santiamén y arrogando una bolsa vacía de comida chatarra a la basura.

El telépata se rio entre dientes y se volvió hacia el grupo de seis adolescentes a un ritmo pausado, lo que solo sirvió para enfurecer al héroe líder—. Ah, veo que llenaste puestos vacantes en tu equipo. ¡Espléndido! ¡Espléndido! —comentó con una chispa de diversión en sus ojos—. Pero... la invitada principal de la fiesta no vino —indicó repasando su atención en todos los presentes—. Qué pena, pero no tardará mucho para mostrarse y cumplir su destino.

Kid Flash se movió hacia adelante enojado, cuando la observación de Psimon pareció tocar un nervio, pero Robin le indicó que se detuviera.

—No hay nada de qué hablar. Tus quince minutos de fama han terminado. Te sacaremos del aire —anunció Robin con confianza.

—Esta es la parte donde se supone que debo insertar un comentario cliché que sirve para señalar tu obvia falta de raciocinio —declaró Psimon en un tono de mofa antes de que su pálido rostro se estirara en una sonrisa maliciosa.

Robin entró en acción ya encolerizado—. ¡Kid Flash! ¡Protege a los civiles! —él estableció.

—Entendido, capitán —afirmó el velocista llevando la mano derecha con los dedos juntos hacia la sien en una especie de saludo militar, antes de desaparecer a toda velocidad.

—Chico Bestia, Cy, Star, Terra, nos ocupemos de Psimon—. Metió la mano en su cinturón y sacó un bastón plegable, haciéndolo girar. Sus compañeros de equipo asintieron—. ¡Titanes! ¡Al ataque! —gritó Robin.

El Chico Maravilla saltó en el aire y asió el bastón con fuerza, apuntando a la cabeza del psíquico. Este lo esquivó y disparó una ráfaga de poder. El golpe lo alcanzó en el pecho y se encogió de hombros por el dolor que irradió desde la cabeza hasta los pies; lo había herido justo en la contusión que había ocasionado anteriormente. Volvió a balancear el bastón con algo de dificultad, pero Psimon, justo antes de que el bastón fallara por centímetros, para asombro del Chico Maravilla desapareció en un portal llevándoselo con él para aparecer ahora encima de un edificio en construcción. El cerebro del villano brilló de color rosa y lanzó un haz de energía. El poder apaleó el suelo debajo de los pies de Robin, y este cayó a la planta baja, rodando mientras aterrizaba. Se dio la vuelta y vio a Psimon levitar detrás de él. Giró el bastón en un golpe por encima de su cabeza, pero él logró atraparlo con su poder. Su cerebro brilló de color rosa de nuevo, y el bastón se partió en dos. Robin perdió el equilibrio cuando el bastón se rompió. Arrojó el arma rota y retrocedió furiosamente.

—Creo que es mi turno —dijo Psimon siniestro, mientras de su mano surgía un látigo de energía y lo enviaba en dirección a Robin. El petirrojo esquivó los primeros ataques, pero el villano tuvo suerte en varios de sus golpes y azotó a Robin en su brazo, cortando la tela resistente al calor y abriendo un corte en su brazo mientras el psíquico parecía regocijarse de placer con la tortura.

Chico Bestia entró en ese momento a la edificación para ayudar a su líder. Se transformó en un halcón y trató de atacar a Psimon desde arriba, pero su oponente lo derribó por los aires. Aterrizó y se transformó en un elefante y cargó contra Psimon para derribarlo, pero tranquilamente este levitó fuera de peligro, disparando a Chico Bestia al pasar. El adolescente de piel verde volvió a cambiar de forma realmente enojado, convirtiéndose en un tiranosaurio, y abrió la boca para morder a su enemigo, pero el telépata disparó una ráfaga de energía psíquica en la boca de Chico Bestia, y este aulló de dolor, volviendo a su forma humana, agarrándose la boca dolorida.

—¿Te duele la boca? —preguntó Cyborg. Chico Bestia asintió— Bien. Ahora no tenemos que escuchar tus chistes malos—. Cyborg disparó su cañón sónico, pero Psimon abrió un portal y redirigió el rayo celeste hacia el chico robótico, que se vio arremetido por la fuerza de su propio poder.

—Que aburrimiento —se quejó el psíquico.

—Veremos si esto te entretiene —renegó Terra colérica mientras trataba de mantener una enorme piedra levitando por encima de ella. Sus ojos brillaban furiosamente de un tono amarillo. Psimon solo sonrió y disparó su poder por encima de la cabeza de Terra y golpeó el edificio detrás de ella, provocando una explosión masiva. Un gran trozo de escombros cayó sobre la roca de Terra, la cual ser rompió por el impacto. Ella trató de esquivar el ataque, pero la fuerza del golpe fue demasiado y la chica fue derribada.

—Como dije, que aburrimiento —repitió este como si nada hubiera pasado.


Raven permaneció en su habitación, observando fijamente el libro de Azarath luego de releerlo otra vez.

No podía dejar pasar las cosas por mucho más tiempo y temía que si llegaban más problemas a la ciudad no sería de ninguna ayuda para el resto de los Titanes, como actualmente que había ignorado el ataque, pero más que eso; temía que en realidad pudiera ser una carga en la batalla. Ella se estremeció ante las posibles consecuencias. Uno de sus amigos podría resultar gravemente herido o peor, muerto.

Estaba sentada sola, sin iluminación, excepto los relámpagos que iluminaban el cielo exterior hasta que, de pronto, una voz aguda y fría sonó tan cerca de ella que la chica se levantó de un salto, sujetando con firmeza el libro.

Me dirijo directamente a ti, Raven —la voz del psíquico caló en su adolorida cabeza—, estás permitiendo que tus amigos se dirijan a una muerte segura, en lugar de enfrentarte personalmente conmigo. Ven, y cumple tu destino. Ahora.


Robin saltó hacia su contrincante que lucía distraído dándole la espalda, balanceando otro nuevo bastón que guardaba por seguridad, pero Psimon creo un escudo. La sólida pared de luz hizo que el bastón de Robin rebotara.

—Siempre eres impaciente, Robin —dijo el telépata observándolo de reojo—. Estaba en medio de una conversación, niño malcriado e insolente. Ve a darte un chapuzón.

Psimon usó sus poderes y Robin se vio nuevamente elevado en el aire. En un instante el Chico Maravilla cae y desaparece en las profundidades de las oscuras aguas heladas del Río Hudson.

—¡Tengo bastante energía aquí para darte dolores de oído durante el resto del siglo! —gritó Cyborg desde detrás de un cascote gigante de roca después de recuperarse de su aturdimiento, su cañón listo para disparar.

—Solo si tienes la oportunidad de utilizarla, niño. Y Psimon no te va a dejar hacerlo. Psimon dice...

—¿Eh? ¿Qué pasa? —. Cyborg estaba confundido, algo estaba interfiriendo en su circuito y la energía. En lugar de salir el disparo, se estaba amontonando en un cumulo dentro de su brazo. Eso no era bueno.

—...explota —finalizó la orden el villano y el brazo robótico de Cyborg reventó en pedazos dejándolo totalmente inútil.

Por segunda vez, los Titanes estaban librando una batalla perdida. Psimon observó atentamente cómo se desarrollaban los eventos, modificando el campo de juego como mejor le pareciera. Starfire miró a los ojos al telépata, que parecía estar realmente divirtiéndose.

—Esto es simplemente un juego para ti, ¿no? —acusó sin aliento mientras disparaba brillantes rayos de energía de sus ojos y de sus manos sin parar, que Psimon desviaba perezosamente con un campo de fuerza.

El telépata suspiró profundamente, como si estuviera saboreando el momento—. Un maravilloso juego.

Él frunció el ceño porque la alienígena no paraba nunca su ataque y se estaba comenzado a impacientar.

—Tranquila, fulana espacial —advirtió Psimon ya fastidiado—. No creo en hacer amenazas. Creo en... demostraciones. Por ejemplo, con un simple pensamiento puedo hervir la sangre dentro de ti. O puedo aumentar la intensidad de mi ataque y crear un daño de un tipo más permanente. ... O puedo...—él sonrió y movió un solo dedo y el poder de Starfire quedó trabado en su lugar mientras la energía se amontonaba, igual que ocurrió con Cyborg.

—¡Mis manos! —exclamó Starfire hundiéndose en tierra firme. — ¿Qué estás haciendo?

—Uso tu propio poder estelar para enviarte directamente al centro de la tierra —comunicó el telépata.

—No... no puedo... detenerlo...—masculló Starfire revolviéndose en el suelo.

—Si, de eso se trata —dijo el psíquico mientras la alienígena luchaba para librarse de la fuerza que la arrastraba tierra abajo—. Bien, todos inconscientes —se felicitó a él mismo.

—¡Sorpresa! —exclamó Chico Bestia desde el cielo y pasó de convertirse en una simple mosca a un gigante hipopótamo listo para aplastar al arrogante hombre—. Y para mi próximo número...

—Psimon dice... duerme —ordenó este sin mostrar el mínimo ápice de preocupación mientras seguía marchando.

—Sueño... mucho... no puedo...—balbuceó el cambiante volviendo a su forma humana, cayendo y bostezando profundamente, haciendo un esfuerzo por reprimir el deseo de dormir.

De repente, una fuerte ráfaga de viento llegó hasta el psíquico, quien sintió el fuerte golpe de un puño en su mandíbula y voló varios metros hacia atrás, rezongando de ira y limpiando el hilillo de sangre de su boca. Otra ráfaga de viento sopló desde atrás. Psimon se dio la vuelta y lanzó una lluvia de rayos, pero cuando el polvo se asentó, todo lo que golpeó fue el flanco de un edificio.

—Yo ayudaré y voy a arreglar esto —anunció Kid Flash surgiendo ante el villano otra vez en cuestión de milisegundos y comenzando correr girando a su alrededor.

—El mismo método de antes, joven Flash —dijo Psimon arqueando una ceja viendo al velocista crear una especie de tifón a su alrededor. ¿Acaso eran tontos o qué? —. No insistas, te puedo hacer pedazos ahí mismo donde estás.

El villano estaba por dar una orden, pero se bamboleó hacia adelante cuando una fuerza explosiva golpeó su espalda y, de un solo enérgico golpe de puño, Kid Flash lo mandó a abalanzarse contra una camioneta que había en la calle.

—Oh, Robin, sigues vivo —gruñó Psimon enderezándose viendo al Titán adolescente que lo había atacado por la espalda saliendo del agua—. Ninguno de ustedes me ha divertido. En fin, sería lo mismo si los eliminara ahora.

Kid Flash hizo girar su brazo increíblemente rápido, causando que se formara un torbellino alrededor de su brazo. El torbellino golpeó a Psimon y lo arrojó hacia atrás nuevamente. Luego comenzó a correr a su alrededor otra vez.

—Te mueves demasiado rápido —despotricó el psíquico tratando de no perder de vista los rápidos movimientos escarlatas—. Deja que mi mente controle tus actos—. Sus ojos brillaron.

—Haz lo que quieras, cabeza de cúpula —alegó el velocista—, pero nadie es más rápido que Kid F...

Pero inmediatamente su cuerpo se aquietó de golpe en su posición y el puño dirigido a Psimon quedó congelado en el aire, a unos metros de la cara del villano.

—¡Qué reacción tan rápida! —felicitó Psimon con un tono ácido—. Me das mucho miedo —se burló—. Mmm, tienes una fisiología bastante fascinante muchacho, para moverte a esa velocidad. Vives con el temor de morir en cualquier momento —expuso estudiando al chico caminando a su alrededor y el velocista tragó hondo tratando de hacer vibrar sus moléculas y escapar, pero tenía el cuerpo literalmente solidificado—. Tú y el tiempo parecen estar conectados. Ahora luces como un adolescente, pero... ¿Qué te parece un proceso no natural de envejecimiento? Un proceso que puedo activar fácilmente, a razón de un año por segundo. ¿Por qué no te marchitas y mueres de una vez, maldito infeliz? Psimon dice... —elevó una mano y su cerebro fulguró potente— ¡...muere!

Wally ni siquiera podía moverse para defenderse; tenía la mente en blanco y su cuerpo parecía inerte como si cada músculo estuviera congelado.

Pero instantáneamente un campo de protección de un color negro característico se colocó entre Kid Flash y Psimon. El ataque de Psimon rebotó contra la cúpula y se dirigió hacia una construcción, la cual sufrió todos los daños y Wally se derrumbó hacia atrás, su cuerpo finalmente libre.

—¿Qué...? —exclamó Psimon. Y entonces susurró—. Raven. Así que decidiste dar la cara y aparecer finalmente.

Wally miró hacia atrás con el corazón desbocado. Raven estaba de pie frente a Psimon, justo detrás suyo. Él percibió la reveladora caída de temperatura que acompañó a su magia. La chica descendió su mirada un segundo para conectarla con la del velocista, pero rápidamente la regresó para estar a la altura de la de su enemigo.

—Doctor Simon Jones —nombró ella en un hilo de voz realmente hostil y funesto.

El villano sin titubear un segundo alzó las manos hacia su casco, su cerebro brilló fuertemente y un poderoso haz de luz rosada se dirigió a Raven, la cual se evaporó en medio del revuelo de su capa. Al cabo de un segundo, apareció detrás de Psimon y con un simple movimiento de su mano tres autos cobraron vida y salieron a la carrera hacia Psimon, quien desapareció y volvió a aparecer en el lado contrario. La magia de Raven empujó a Kid Flash hacia atrás y lo apartó de la refriega, mientras la hechicera avanzaba hacia Psimon y dos autos más levitaban peligrosamente tras ella.

Psimon lanzó otro manojo de energía psíquica hacia la empática, pero no dio en el blanco, sino que golpeó uno de los autos, el cual se prendió fuego. Raven también uso sus poderes, y fue tal la potencia del poder que emanó de ella que a Kid Flash se le erizaron los pelos cuando el zarcillo negro pasó a su lado, junto a los dos autos que la chica mantenía en el aire con su telequinesis. Psimon se vio obligado a crear un escudo para desviarlo.

—¿Acaso planeas matarme? —indagó el psíquico burlesco.

Pero la hechicera no respondió nada. Siguió caminando hacia Psimon como si no temiera absolutamente nada, como si no tuviera ningún motivo para interrumpir su parsimonioso paseo por la acera. Wally se asustó al ver que Raven caminaba como si tal cosa, expuesta, desprotegida.

Psimon la miró y luego rio—. Tu padre quiere enviar sus más cálidos saludos—. Los ojos de Psimon brillaron y el techo sobre Raven se derrumbó.

—¡Cuidado! —gritó Kid Flash.

La pila de escombros brilló en negro antes de dirigirse hacia el enemigo. Todo el cuerpo de Raven estaba envuelto en un aura oscura. Psimon esquivó aturdidamente el ataque por poco.

—¿Toqué un nervio sensible allí? —Psimon apareció sorpresivamente de repente frente a Raven, la cual exhaló de asombro al verse asediada. Él le agarró su mano y la chica fue repentinamente arrojada contra una pared creando un boquete en el concreto. Ella permaneció inmóvil y claramente inconsciente—. Que decepcionante—se burló Psimon—. Psimon dice... levántate—. Elevó la mano y Raven comenzó a levitar involuntariamente a varios metros del suelo.

—¡Raven! —prorrumpió Kid Flash.

—Al suelo —mandó el villano y el cuerpo de Raven fue propulsado con arrebato a toda velocidad contra la dura superficie bañada de nieve húmeda y fangosa.

Psimon flotó sobre la hechicera, con una sonrisa en su rostro. Raven se levantó de su posición en cuclillas, un bufido audible se elevó desde el fondo de su garganta.

—Lárgate —advirtió ella intentando controlarse mientras se apretaba la cabeza con una de sus manos.

«Eres una verdadera decepción, no sirves para nada».

—Oh, no lo creo. Siempre me he preguntado cómo se vería la mente de un demonio mestizo. Siento curiosidad por saber qué has encerrado ahí que tiene tan fascinado a Hermano Sangre.

Raven se alarmó cuando ya no estaba más en Jump City, sino en los límites de Nevermore.

Los ojos de su contrincante se movieron por el paisaje, largando una bocanada de desilusión.

—¿Sabes? La verdad esperaba más fuego del infierno —expresó el psíquico.

—Estabas mejor fuera de mi mente, Psimon. Aquí, tengo el poder—. Ella se levantó del suelo, su cuerpo latía con chispas negras al mismo tiempo que su respiración.

—Estás francamente equivocada, enclenque mestiza. Tu poder ni siquiera puede entrar al alcance del mío, sin el poder completo que tu querido papá te dio para ser su portal, porque parece que algo te está debilitando —menospreció viendo el demacrado y desmejorado aspecto de la chica—. Tu otro fragmento de alma latente está en su punto cúlmine, ya se alimentó de todo lo que tenías para ofrecer, ni siquiera tus emociones divididas estás presentes —comunicó Psimon—. Y te ves tan débil, tan vulnerable. Pero ese muro está estorbando —dijo ahora echándole un ojo a la negra muralla detrás suyo. — ¿Qué te parece si lo demolemos? —preguntó, entretenido por la expresión de horror de la chica ante la idea—. Estamos en tu mente, si —afirmó subiendo una mano y sus ojos centellearon—, pero el dominio mental es mío.

En un instante, Raven cayó al suelo bajo una presión aplastante de gravedad.

El paisaje comenzó a vacilar, y un gemido de dolor la abandonó cuando la mano de Psimon tomó un firme agarre en su cabello.

—¿A qué le teme un demonio en su sueño, me pregunto? ¡Averigüémoslo!

La boca de Raven se abrió en un grito silencioso cuando el poder de Psimon se apodera de ella, arrancando cosas de los rincones más oscuros de su mente.

Su visión se oscureció por un momento, y cuando se aclaró una vez más, su peor miedo yacía ante ella.

El humo acre le picaba en la nariz y la ceniza le ahogaba la respiración. Su garganta ardía y un humo espeso cubría el área. Todo estaba en llamas y la Torre se había incinerado. Sus amigos yacían muertos en la carnicería. Estatuas de piedra, con miradas de horror congeladas para siempre en sus rostros, estaban esparcidas por todas partes.

Raven se miró a sí misma, su imagen reflejada en el espejo. Su piel era como el fuego, no parecía del todo naranja ni rojo, pero tiene fuertes matices de ambos.

Cuatro rendijas rojas miran fijamente en la distancia, pareciendo estar buscando algo.

Debajo de ella descansa un trono basado en una pila de cuerpos de piedra, el horror y la repulsión desgarrando a Raven ante los rostros familiares que componen sus filas.

El suelo cae bruscamente en un foso de lava que fluye, enviando un vapor negro aceitoso al aire donde se encuentra y devora el concreto que lo rodea.

—Oh, así que esas son tus verdaderas intenciones. Fascinante —declaró Psimon con un fuerte tirón en su cabello.

De mala gana, Raven mira hacia donde quiere su atención, y su estómago se revolvió.

Los ojos de su reflejo miran inexpresivamente a la distancia, y en su frente descansa una fea marca negra, como si la Marca de Scath se hubiera quemado en su frente y se hubiera curado para mantenerla allí por siempre.

Raven cerró los ojos de golpe, sacudiendo violentamente la cabeza de un lado a lado en negación.

La presión de su miedo comenzó a aplastarla, pareciendo enterrarla gradualmente en el suelo a sus pies.

—¡Estás equivocado! —gritó ella, un pulso de rabia inundando su mente.

Los ojos de Psimon se agrandan mientras la mira, con una mueca divertida en su rostro.

—¿Lo estoy? —él preguntó, sus ojos resplandecen.

Los ojos de Raven se abren de nuevo para encontrar su propia piel a juego con la de su reflejo, un ardor familiar en su frente atrayendo su atención.

¡Raven!

Raven miró a su alrededor, buscando la fuente del sonido repentino y fuera de lugar.

Fuera de su mente, Kid Flash golpeó sus puños contra la barrera, gritando el nombre de la chica una y otra vez.

«¡Se burla de nosotros!», una voz gruñó profundamente en su mente, el sonido arranca el resto de la niebla en un instante.

Psimon inmediatamente suelta su agarre mientras se aleja, cuando el cuerpo de la chica parece crecer más alto por segundo. Las copias ilusorias comienzan a desvanecerse en un destello de luz negra.

Los labios de la hechicera se parten en un gruñido, sus dientes rechinan audiblemente mientras se mueve hacia él.

—¿Pensaste en hacerme tener miedo de ti, Psimon? ¿Asumiste que soy una de tus víctimas que se acobardaría cuando le mostraras tus ilusiones? Te diré algo sobre los demonios. Incluso un medio demonio como yo no tiene miedo de tus trucos. Nos enojamos —gruñó, su voz haciendo temblar el suelo en la última palabra.

Instantáneamente, el resto de la ilusión se estrella contra el miedo de Psimon.

Él mira a su alrededor confundido, encontrándose de pie en un paisaje volcánico similar pero muy diferente a su miedo.

—¿Crees que soy tan creativo? ¿¡Que fue un truco!? Me das demasiado crédito. Simplemente saqué a la superficie lo que ya tienes en tu mente, Raven —señaló el telépata—. Pareces mucho más apta para el lado del Caos que jugar al héroe, si este es el tipo de cosas que te preocupan. Ah, entiendo ahora —dijo ahora creyendo intuir el quid de la cuestión. — ¡Tratas de construir alguna forma de crédito kármico para que tu alma aún pueda ser salvada cuando quemes todo y a todos los que amas y aprecias!

—Has hablado bastante, y hablas demasiado para ser solo el juguete de mi padre —afirmó Raven, su voz enviando escalofríos a través de la columna del villano. La gema en su frente pulsaba demasiado. Su cuerpo latía.

La ira estaba tomando el control. La mano de ella se extendió y los volcanes a su alrededor explotaron en chorros de lava. Psimon rezongó y creó una barrera mientras el fuego llovía del cielo, las rocas se derriten rápidamente bajo el calor.

—Puede que no temas a ninguna de mis ilusiones, querida, pero veamos si eres tan buena para soportar algo más... físico —rugió Psimon ya descontento por verse en apuros.

Los ojos de Raven se abren de inmediato, el control mental de Psimon desapareció por completo.

Es vagamente consciente de los gritos de Kid Flash y sus amigos por debajo de ella, porque estaban a mil pies de altura siendo fuertemente sujetada por su contrincante por medio de unas especies de cadenas psíquicas.

—¿Qué...? —indagó ella.

Psimon sacó un cuchillo de su capa.

—Digamos que es un regalo por tu próximo cumpleaños. Espero sea de tu agrado.

Raven comprendió lo que iba a hacer tan sólo un segundo antes de que ocurriera y no pudo hacer nada para evitarlo, tan firmemente atada. Mirando hacia abajo de soslayo, forcejeando inútilmente con las cuerdas que la sujetaban, vio la brillante daga plateada. Sintió la punta penetrar en el pliegue del codo del brazo derecho, y la sangre escurriendo por la manga. Psimon se hurgó en el bolsillo en busca de una redoma de cristal y la colocó bajo el corte que le había hecho a la hechicera de forma que entrara dentro un hilillo de sangre.

El grito de Kid Flash hizo que la chica mirara de nuevo hacia abajo.

—Y deberías concentrarte más en tu oponente que en los demás —indicó Psimon. —¡Ahora mira tu verdadero miedo! —él metió la mano en el bolsillo, sacó una pequeña ampolla y la roció en la cara de Raven. El extraño líquido se convirtió en una gran nube de humo verde que rodeó a la hechicera.

Tosiendo, trató de soplar el gas, pero era netamente imposible. Comenzó a marearse.

—Su-Suéltame —pidió la chica que no paraba de carraspear y sacudirse violentamente.

—Que mala elección de palabras elegiste. Nos veremos nuevamente dentro de poco —se despidió liberando a la hechicera y huyendo en un portal.

Entonces Raven descendió en picada hacia el suelo, pero Kid Flash se movió velozmente y la salvó de estrellarse contra el terreno.

—Te tengo, Rae —susurró este con una sonrisa de consuelo porque ella estaba a salvo.

Pero de manera contigua el cuerpo de Raven produjo una implosión al menor contacto y mandó a volar muy lejos al velocista por una magnánima onda expansiva de poder, mientras ella se derrumbaba en el suelo.

Raven sintió como el gas nocivo se filtró a través de su cuerpo, comenzó a toser y a tener arcadas mientras vomitaba. Hundió la cabeza en sus brazos y su cuerpo parecía querer torcerse con espasmos cuando el mundo comenzó a cambiar y deformarse frente a sus ojos en una especie de surrealismo dantesco.

«Estás más allá de salvar. Más allá de la ayuda. Eres una semilla del demonio, y no tienes otro propósito que ser un portal para tu padre».

Los ojos de Raven se cerraron e hizo una mueca.

«La oscuridad me cercó por todas partes. Las sombras se aglomeraban. Me sentí aturdida y tuve que cerrar los ojos. Intenté pararme, pero tropecé por mis piernas temblorosas; era increíblemente difícil de soportar. El mareo punza. Y yo quería que se detuviera. Levanté las manos hacia mi cabeza y la mantuve firme, esperando que parara el mareo. No fue así. Simplemente empeoró.

Un agudo dolor comenzó a formarse en la parte posterior de mi cabeza y quise gritar, me dolía mucho. Pero no lo hice. Ahora era imposible pararse, así que me puse de rodillas, el dolor palpitante se volvió cada vez más fuerte y más fuerte. Pateé, arañé el suelo, golpeé mi cabeza contra el suelo, me mordí el labio con tanta fuerza que sangraba; hice cualquier cosa para hacer que el dolor terminara. Pero no lo hacía, este dolor era implacable».

«¿Acaso crees que él te amara igual que antes sabiendo lo que eres en realidad?».

Raven colocó sus manos sobre sus orejas.

«Basta».

El mundo estaba gritando. Sus palabras eran fuertes y penetrantes, acariciando su oído interno. Eran fuertes ráfagas de viento que hablaban con venganza, miedo, hambre, ira y una multitud de emociones que ni siquiera podía distinguir.

Sombras ominosas la rodearon mientras cantaban con un tétrico eco infantil y se reían de ella.

Ave encerrada en una jaula.

¿Cuándo, cuándo la abandonará?

En la noche o el amanecer,

la grulla y la tortuga se deslizan

¿Quién se encuentra detrás de ti?

«Para ya».

Ella se acurrucó en una bola, forzando sus ojos cerrados. Esto trajo un poco de alivio. Su mundo ya estaba completamente oscuro, pero traía presión. La presión la hizo sentir como si estuviera embotellando todas sus emociones en una tapa hermética. Sin embargo, no importa cuánta presión aplicó, no ayudó en nada. Las emociones estaban ya desbordadas.

Raven se encogió de dolor cuando los muros de su mente comenzaron a romperse definitivamente.

Estaba enojada, frustrada, triste, decepcionada, pero en la cima de la pirámide estaba la sensación de ser inútil.

Se sentía como si alguien hubiera roto una represa, y la furia no podía dejar de inundarla. En ese instante, cada reminiscencia doliente, cada mala experiencia en su vida que había intentado enterrar en lo más profundo de su mente, resurgió de repente.

Si no gestionamos correctamente nuestras emociones y las aprisionamos, al final salen a la luz con más fuerza. Porque las emociones inexpresadas nunca mueren. Son enterradas vivas y salen más tarde de peores formas.

.

.

¿O qué? ¿Nuestras malas vibraciones te impiden meditar?

Era la voz de Cyborg.

.

.

¡Por lo menos puedo volar! En mi planeta hasta un recién nacido puede liberar la alegría del vuelo. ¡Pero tú estás muy ocupada siendo gruñona y grosera para sentir nada por el estilo!

Esa era Starfire.

.

.

¡Oh, por favor, Raven! ¿Por qué no puedes simplemente divertirte como la gente normal? ¿Por qué siempre estás encerrada en tu oscura habitación, leyendo tus aburridos libros viejos? ¿Por qué tienes que ser tan rara?

Esa era la voz de Chico Bestia.

.

.

Una y otra vez, sus voces sonaban. Vio imágenes arrastrándose por su mente. Muchas veces la habían tratado así. ¿Qué era ella para ellos? ¿Era ella un verdadero titán, una amiga? ¿O era alguien a quien guardaban cerca para tener un villano menos del que preocuparse? Ellos le temían.

«Te temen. No eres uno de ellos».

Raven abrió sus ojos y vio la mirada acusadora de todos, y por un momento, le recordó las miradas desdeñosas que a menudo tenía que soportar en su infancia. Por instinto, ella desvió su mirada.

Se sintió como un criminal atrapado en el acto.

«¡Este mundo será mío!», siseó Trigon en el fondo de su mente. Raven gritó cuando el poder la invadió. La estaban destrozando, y sintió que el poder de su padre se derramaba sobre ella y la ahogaba, gritaba ante la agonía.

Gritó cuando sintió como un rayo y un fuego rasgaban sus venas, el hielo congelando su sangre.

Fue cuando otra ola de oscuridad la golpeó y envolvió una fuerza alrededor de su joya, su cuerpo se estremeció y su padre se la arrancó.

Un bramido de sufrimiento fue arrancado de sus labios mientras se arqueaba, la electricidad le quemaba los nervios mientras observaba con horror cómo su padre soltaba la gema y el simple cristal rojo caía, agrandándose, y luego golpeó al suelo. Hubo un estallido de energía cuando brotes de fuego germinaron de su joya que se quebraba.

Su padre rompió definitivamente las cadenas que lo tenían aprisionado y ella sintió que la tierra temblaba.

«¡Soy libre!».

Porque esas emociones que tantas veces reprimimos no se desvanecen, no se atenúan, al contrario, salen a la luz explotando con toda la fuerza posible cuando no las podemos taponar más, haciendo daño a quienes nos rodean o a nosotros mismos.

Porque el cuerpo grita lo que la boca calla. El pecho se comprime cuando el orgullo esclaviza. La presión sube cuando el miedo aprisiona.

Y finalmente, Raven no pudo soportarlo más, e hizo lo único que pudo:

.

.

.

Ella lo soltó.

.

.

.

Soltó todo.

Raven echó la cabeza hacia atrás y gritó más fuerte que nunca en su vida. Toda su ira, culpa, vergüenza, dolor y miedo fueron liberados en ese rugido tumultuoso.

Entonces la tierra se movió.

El primer movimiento fue repentino e intenso; los que siguieron fueron más suaves. Los edificios temblaron. En algún lugar cercano se rompió el vidrio de un escaparate. Se oyeron más ruidos de vidrios que se rompían. Raven podía oírlos porque los cláxones de los coches habían enmudecido de repente. Era como si todo el mundo se hubiera quedado congelado en su sitio. Algunas personas salieron de los edificios y negocios. Otras permanecían de pie en los umbrales, dispuestas a salir si los temblores continuaban.

—¡Raven! —. Escuchó a Kid Flash, pero no podía mirarlo a él ni a nadie mientras la agonía despedazaba sus muros ladrillo a ladrillo, y rompía su mente en el olvido mientras luchaba por respirar, pero no podía dejar de llorar por el dolor.

—¡Los poderes de Raven están fuera de control, debemos manejarla! —gritó Robin—. Kid Flash, evita que las personas salgan heridas. Terra, intenta frenar el terremoto.

—Eso intento —gruñó la rubia con esfuerzo, con las manos apretadas contra el suelo tratando de controlar la convulsión de la tierra, pero parecía netamente una tarea imposible—, pero es... muy fuerte.

El Chico Maravilla hizo una mueca ante todo el dolor que Raven estaba desatando, trató de no dejar que lo rompiera mientras ponía un pie delante del otro, sin embargo, ella estaba destrozando también su mente. ¿Era esto realmente todo lo que ella guardaba? ¿Cómo vivió ella con eso?

De repente, una explosión onduló el aire. La pared frente a Raven estalló desde el centro hacia afuera, y grandes trozos de escombros cayeron peligrosamente a su alrededor. Al mismo tiempo, las emociones se dispersaron para evitar ser aplastada por los escombros que caían.

Y todo flotaba a su alrededor en un tifón negro de catástrofe. Todo. Automóviles, bicicletas, semáforos, farolas, carteles, autobuses, objetos varios.

Todo es caos.

Mientras sucedía esto, Raven no dejó de gritar. Continuó llorando mientras el muro alrededor de su mente se derrumbaba hasta donde alcanzaba la vista. Oscuros trozos de ladrillo continuaban desplomándose como una granizada mortal sobre el paisaje de Nevermore.

Entropía.

Las hordas de civiles gritaban y corrían frenéticamente en la otra dirección.

Nada escapó del enjambre. Los autos fueron volcados (y algunos explotaron), las ventanas se hicieron añicos, las lámparas se doblaron y se rompieron. Se oían los gritos y lamentos de muchas personas. Los ruidos del exterior eran caóticos. Parecía como si los edificios se estuvieran derrumbando. En medio del griterío destacaban los cláxones de algunos automóviles, que sonaban entrecortados, como los estertores de una agonía mecánica. Jump City estaba sucumbiendo ante el descontrol total de los poderes de la empática.

Se oyeron más ruidos.

La tierra gruñó como un toro encolerizado. El suelo se movió otra vez, derribando coches y edificios.

Los Titanes oyeron gritos de terror y desconsuelo, y nuevos ruidos: bloques de hormigón que chocaban con el suelo y aplastaban las carrocerías de los automóviles, pero gracias al velocista los civiles se mantenían a salvo, y el interminable tintineo de los vidrios que se hacían añicos nunca se detenía.

Robin seguía sin poder creer lo que estaba sucediendo.

La tierra tembló de nuevo. Se oyeron más ruidos de cristales, el grito de alguien. Luego, una vez más, se hizo el silencio y todo frenó. Una bandada de aves salió volando. Las aves chillaron a la gente, pero nadie les prestó atención.

Pasaron unos segundos, y los cláxones empezaban a sonar de nuevo. Los Titanes fueron arrojados violentamente al suelo de asfalto del aparcamiento cuando todo se volvió a mover.

Esta vez los temblores no cesaron. El suelo se agitó y onduló una y otra vez, y cada vez que Robin trataba de levantarse era derribado de nuevo. Parecía como si el terremoto no fuera a cesar jamás.

La acera se agrietó.

Muy por encima corrían negras nubes como una cortina a través del cielo, más rápidas que un avión, centelleando con relámpagos a medida que se movían. Rayos por todas partes.

Un escuadrón de policías y autos se detuvieron, y Raven observó mientras salían de sus vehículos.

Una vez cargadas las escopetas, los hombres se las llevaron al hombro y apuntaron hacia ella. Las escopetas dispararon al unísono, pero obviamente nada llegó a Raven, las balas solo se unían a la danza de objetos destrozados que viraban sin control y que tenía como epicentro a la hechicera. Las fuerzas de seguridad estaban cargando de nuevo las armas.

—¡No hagan eso! —les advirtió Robin.

Los tres hombres se sobresaltaron y se volvieron hacia el Titán adolescente. Fruncieron el ceño, mirándole fijamente con expresiones inciertas.

Uno de ellos dio la orden de disparar ignorando al chico, y una andanada de balas salió volando hacia la descontrolada chica. Pero nuevamente las balas rebotaban inofensivamente contra el tifón.

Raven gruñó y tomó un automóvil en llamas y lo arrojó contra la multitud policial. El vehículo aterrizó con un gran estruendo y los envió huyendo como ratas. Las llamas deben haber atrapado un tanque de gasolina, porque el auto explotó pronto. Los automóviles que lo rodeaban también comenzaron a explotar, y los que estaban demasiado cerca se vieron envueltos en el infierno.

—¡Raven! —alguien gritó. Raven se dio la vuelta y se encontró mirando a sus compañeros de equipo. Robin estaba en el centro, flanqueado por Cyborg por un lado y Starfire por el otro. Chico Bestia volaba en forma de halcón y Terra parecía hincada en el suelo tratando de controlar el caos terrestre que estaba ocasionando.

—¡Para esto de una vez! ¡Ahora! —Robin ordenó.

Raven, ignorando cualquier lógica, disparó un rayo de energía oscura a su líder. Solo un miembro del equipo tuvo tiempo de reaccionar. Moviéndose más rápido de lo que nadie podía comprender, Chico Bestia se transformó en un guepardo y se lanzó hacia Robin para apartarlo del ataque.

—Gracias, Chico Bestia —reconoció el Chico Maravilla.

A lo lejos, columnas de humo se elevaban hacia el cielo mientras los edificios ardían abajo. La antes orgullosa Jump City se había reducido a escombros y cenizas.

Gritando una vez más, una ola negra de energía en forma de cuervo surgió del cuerpo de la hechicera y se disparó al aire. La energía golpeó el cielo, y desde ese punto el cielo negro gradualmente se convirtió en un rojo encendido. Nubes oscuras se formaron en el cielo, hasta que todo el mundo quedó envuelto en un tinte rojo oscuro.

—¡Santo cielo! ¡Rae, detente! —Chico Bestia vociferó sobre el ruido después de que finalmente reunió el coraje para decir algo. Desafortunadamente, bien podría haber estado en un continente diferente.

Cyborg miró en estado de shock. Los pisos se habían abierto, como un camino hacia otra dimensión. El fuego escupió bloqueando el camino hacia Raven, fuego que no se veía afectado por la torrencial lluvia. Starfire tomó valor e intentó volar hacia Raven, pero un tentáculo oscuro la agarró del pie. Fue fuerte; ella no pudo liberarse y fue arrojada lejos.

—¡Amiga Raven, debes parar! —Starfire suplicó.

Otro tentáculo golpeó a Starfire contra la pared dejándola inconsciente. Robin corrió hacia ella, pero fue totalmente inútil. Miró a Chico Bestia y Cyborg.

—Chico Bestia ¿crees que puedes volar hacia ella?

—Viejo, ¿acaso estás ciego? Las llamas están llegando al cielo, ¿volar sobre qué? —Chico Bestia dijo mirando horrorizado mientras Raven gritaba y ese huracán de poder parecía tener la intención de tragar todo a su paso.

—¿Cyborg?

Cyborg corrió unos pasos adelante, pero las llamas eran demasiado calientes para el hombre de metal. Derretiría el hierro en su armadura. El hierro líquido goteó en el suelo cuando Cyborg dio un paso atrás. Cyborg frunció el ceño, ¿cómo se suponía que calmaría a Raven? Su cañón sónico estaba destrozado.

—¡Raven! —Cyborg saltó hacia adelante otra vez, pero Robin lo detuvo.

—No, déjalo, es demasiado peligroso para ti.

—¿Qué hacemos, hombre? —Cyborg levantó su mano sana con frustración. — ¡Se va a lastimar a sí misma! ¡Y a toda la ciudad de paso!

—¡Raven! —Robin gritó tratando de abrirse paso hacia ella, pero una fuerza lo impelió de nuevo a su lugar.

Una intensa y repentina sacudida arrojó nuevamente a los Titanes al suelo. Volvieron a ponerse de rodillas.

Cuando se detuvo el temblor del suelo, otros transeúntes echaron a correr, en busca de coches para huir tierra adentro...

La lluvia era torrencial. Una rara combinación de vientos despejaba un espacio que permitía ver el risco y la playa desierta.

Chico Bestia olfateó el aire y entonces lo comprendió.

—Emmm, amigos, creo que no me gusta lo que creo que se aproxima.

Las aguas retrocedían, espumeantes, dejando sobre las arenas mojadas por la lluvia pequeños objetos flotantes. El grupo se arrodilló bajo la intensa lluvia y los relámpagos. Robin creyó ver, a lo lejos, a través de la lluvia y más allá de las aguas que retrocedían, en el horizonte, que el océano se alzaba en una especie de joroba, un muro vertical al otro lado del mundo.

Un siniestro fragor llegó desde el océano.

El agua avanzaba velozmente.

El ruido del mar ahogó cualquier sonido, y una cortina de lluvia cayó sobre ellos, una lluvia cálida que ocultaba el mar y las olas. Luego apareció un inmenso muro de agua que superaba en altura al más alto de los edificios, un destructivo monstruo acuático, espumeante, gris y blanco en la base, alzándose como un telón verde.

Llovió más intensamente. Oscuridad, relámpagos y una lluvia salada.

Robin observó el maremoto con duda. Algo estaba refrenando un poco su avance, como si quisiera darles algo de tiempo. Quizás la misma Raven, en algún lugar de su mente, estaba consciente de lo que estaba haciendo y trataba de evitarlo, o eso creía él.

—¡Debemos detenerla! ¡O matará a toda la ciudad! —advirtió Robin tratando de pensar en un plan de acción, hasta que un viento sopló fuertemente a su lado para dar paso a la figura del velocista.

—Creo que puedo acercarme —susurró el pelirrojo viendo a la empática en medio de un torbellino calamitoso de catástrofe que parecía nunca frenar.

—Wally —susurró Robin con desconfianza ante la idea.

—Creo que puedo llegar a ella, Dick. Además, soy un velocista, mi traje es altamente resistente a temperaturas extremas, fricción e impacto cinético.

—Está... bien. Supongo que no queda otra alternativa. Ten esto —dijo sacando algo de su cinturón y poniendo una jeringa llena de un líquido en la mano de Kid Flash—. Fue atacada por la droga del miedo de Crane, es un antídoto que inhibirá la neurotoxina. Batman lo hizo. Ten cuidado, amigo —alentó poniendo una mano en el hombro del pelirrojo.

—Supongo que servirá —dijo el pelirrojo poniéndose en posición de carrera—. Lo tendré, Dick.

En un nanosegundo salió disparado como una bala. El relámpago a su alrededor lo cegaba y Wally sintió que la adrenalina subía a medida que se acercaba mientras corría a gran velocidad buscando algún camino entre toda esa hecatombe, todo moviéndose a cámara lenta a su alrededor.

—Raven —nombró el muchacho indagando la manera de aproximarse, pero el esfuerzo que debía hacer era demasiado grande, incluso para él—. Debes parar esto, por favor —rogó—. Se que después de un gran dolor sientes que estás destrozada, pero si dañas lo que amas vas a perder y sé muy bien que no es lo que quieres. ¿Puedes escucharme?

Pegó un salto para comenzar a brincar entre grandes trozos de escombro y autos destrozados. El calor era verdaderamente insoportable. Pero también un frio glacial se mezclaba en una atmósfera realmente desconcertante.

La fuerza era demasiado potente, pero él se dirigió obstinadamente hacia ella mientras las estructuras varias se desintegraban a su alrededor en polvo.

—Guíate por mi voz —dijo el velocista tratando de hacerla entrar en razón—. Yo a veces siento que no puedo seguir más y que a pesar de ser el chico más rápido no tengo tiempo. Es una sensación rara —comentó él riéndose como si estuviera en una conversación normal con la hechicera. — ¿Recuerdas lo que me dijiste ese día cuando interrumpí tu meditación? Me dijiste que la mayoría no sabe qué hacer con el tiempo que gana, solo lo pierden, pocos lo usan para encontrarse consigo mismos. Era cierto, vivía a toda velocidad, pero nunca me frené a ver el valor de las cosas... hasta que te conocí —confesó Kid Flash.

Podía sentir un dolor ardiente y abrasador con cada paso pesado que daba. Su traje comenzó poco a poco a desintegrarse mientras se aproximaba a la hechicera y la piel expuesta a rasgarse dejando heridas a la vista y varios hematomas. Si esto continuaba por más tiempo, él moriría seguramente por la fuerza de poder aplastante.

—Lo que sí sé es que te quiero ver en mis recuerdos. Resiste, ya voy. Bien, aguanta un poco más, te veo —dijo distinguiendo más claramente a la chica entre tanto caos. Su corazón se encogió al ver las lágrimas correr por las mejillas de la chica. Su rostro indicaba claramente que estaba sufriendo una pena grandísima—. Resiste un poco más.

La anómala sustancia negra que brotaba sin parar del cuerpo de la chica acarició su pierna y él apretó los dientes por el dolor punzante cuando esto produjo un corte medianamente profundo, como si se tratara de un bisturí extremadamente afilado. Debía tener más cuidado con tocar eso.

Siguió brincando entre los objetos, tratando de abrirse paso.

Tuvo que tomar más impulso para avanzar cuando esa fuerza lo quería empujar lejos. Su calzado, a pesar de ser de un material considerablemente resistente estaba comenzando a gastarse.

—¡Pueden vaciarte, pueden quebrarte! —gritó Kid Flash para hacerse oír entre todo ese destrozo.

Su velocidad flaqueó, pero él puso más envión al avance.

Las gotas de sudor caían por su cuerpo y su boca estaba seca. El calor era abrasador. Y la gelidez infernal empeoraba más todo. Estaba empezando a cansarse, pero siguió corriendo sin detenerse.

—Después de lo que fue nada es lo mismo —continuó él en su tarea de llegar a la hechicera—. Pero me habla el corazón y todavía siento lo mismo, y sé muy bien que tú también. Resiste, ya voy —agregó ahora con mucha dificultad.

Él rezongó cuando esa sustancia ahora provocó una incisión en su brazo y otro pequeño corte en su mejilla. Pero ya estaba a solo unos metros, solo un poco más. Sus pies ardían demasiado y cuando descendió su mirada se sobresaltó cuando vislumbró que ahora corría literalmente descalzo. Su calzado se había desintegrado.

—Con trucos, con trampas, con miedo, con armas —continuó él—. Ellos pueden robarte la mente con cualquier basura, pero no te desplomes ante eso—. Solo un poco más, estaba a solo un pie de distancia. Él se arrodilló ante la hechicera para estar a su altura y le dio un ligero apretón en su mano cuando por fin estaba cara a cara con ella—. Resiste, te tengo.

«No dejes que se apague».

—Wa-Wally —balbuceó ella.

Él solo la abrazó mientras la tempestad no paraba y la ciudad seguía sucumbiendo ante el poder de la chica. El maremoto estaba a solo un minuto de devorar la ciudad con sus violentas aguas.

—Si, soy yo —susurró el pelirrojo en su oído.

—Lo siento tanto, pero no puedo detenerlo —comunicó Raven con contrariedad y el muchacho se alarmó al notar cuan débil tenía la voz—. Mi cuerpo no me responde, mi cabeza...

—Si puedes, por favor, inténtalo, contrólate —musitó el velocista—. Esto te ayudará.

Kid Flash aferró la jeringa e inyectó el antídoto en el muslo derecho de la chica.

—Respira hondo —pidió él mientras acariciaba lentamente su cabello, pero la empática no paraba de temblar—. Inhala y exhala, una y otra vez.

Ella siguió esas instrucciones y poco a poco Raven sintió que su cabeza se calmaba y las infaustas ilusiones por fin se detenían y el mundo deformado volvía lentamente a la normalidad.

Toda esa sustancia retornó a su cuerpo y todas las cosas que levitaban se desplomaron contra el suelo en un ruido sordo.

Kid Flash entrevió aliviado como el maremoto se interrumpía y ahora solo caía como una cortina demasiado densa de lluvia salada, intensa sí, pero inofensiva a lo que hubiera sido si no se hubiera detenido.

Pero para Raven el daño ya estaba hecho y no podía repararse, su padre estaba libre dentro de su mente sin nada que lo detuviera, igual que La Sombra había consumido concretamente todo a su paso, y ella ya no tenía energía ni nada para detenerlos. El muro estaba caído y su mente era un caos sistémico, una vorágine inmanejable. Un caos que ni ella ni nadie podría controlar, ya no más.

Cuando no le quedaba aliento en los pulmones, Raven se derrumbó hacia adelante, exhausta en el pecho del pelirrojo. Como si se hubiera desmayado, permaneció inmóvil durante mucho tiempo dando hondas respiraciones.

Raven se detuvo un momento y miró a su alrededor, al daño que había causado su desenfrenado alboroto. Múltiples edificios, reducidos a un montón de escombros. Una enorme grieta, como un terremoto, corría por la calle, dividiendo el pavimento en dos. De bocas de incendios desmanteladas brotaban torrentes de agua por todas partes, y kilos y kilos de escombros y chatarra yacían desparramados por todas partes, un testimonio de la ira que había desatado.

El mundo estaba patas arriba. Los edificios estaban derruidos o inclinados, los coches convertidos en chatarra, la calzada de la calle abombada y cuarteada. El suelo del aparcamiento cercano era un rompecabezas de asfalto con las piezas colocadas en ángulos imposibles. Al otro lado de la calle, el supermercado se había derrumbado, y algunas personas salían andando penosamente entre los escombros.

Se sintió aturdida. Una multitud se había reunido alrededor de la escena, gente sin rostro, todos murmurando y señalando, boquiabiertos de horror hacia ella.

—Porque El viene —gritó un hombre barbudo con los ojos desorbitados—. Porque El viene para juzgar a la Tierra...

Otro se unió al salmo:

—...y con justicia para juzgar al mundo y a los pueblos con Su verdad. Gloria al Padre y al...

Raven trató de ignorarlos.

«Este mundo será finalmente mío, querida hija», clamó su padre en su mente. Ella ni siquiera intentó callarlo, ya era algo que no estaba a su alcance.

—Tu gema —murmuró Kid Flash acariciando con un dedo la extraña joya que siempre adornaba la frente de la hechicera. Estaba quebrada, y considerablemente caliente, al rojo vivo. Extrañamente parecía palpitar como si tuviera vida propia y el pelirrojo creyó, por una cuestión de segundos, que cuatro ojos lo miraban desde esa gema.

—¡Raven! —gritaron todos sus compañeros de equipo acercándose hacia los dos adolescentes que yacían ahí hincados, pero Raven no tuvo el valor de devolverles la mirada.

Su padre rio de manera diabólica.

«Me vengaré y mataré a cada uno de tus amigos. Uno por uno, y lo disfrutaré como no te das una idea. Nada de su especie quedará vivo, todo arderá en un perpetuo infierno y la sangre correrá, hija mía, y tú serás partícipe de todo», rugió Trigon.

—Deben encerrarme —ordenó ella de manera concisa.

—¿Qué? —indagó Robin embrollado.

—Deben hacerlo, ahora mismo —ordenó la hechicera en voz baja pero clara, aún más pálida que de costumbre—. Hay una tormenta feroz que se expande dentro mío y estoy atrapada en medio de ella. Y va a tomar control de la persona que pensé que era, de la chica que ustedes solían conocer, y no hay forma de evitarlo. Pero...—dijo ahora mirando su mano y respirando entrecortadamente—, hay una luz en medio de la oscuridad y siento su calidez, en mis manos, en mi corazón. ¿Pero por qué no puedo mantenerla? Viene y se va como las olas, siempre lo hace. Y ya no lo siento. Ya no más.

Raven fue consciente de la voz de sus amigos hablándole, pero lo ignoró. Ella ahora miró al cielo teñido de rojo como la sangre y entonces el miedo se infló en su interior, le comprimió los pulmones y le apartó de la mente cualquier otra inquietud. Sangre, fuego y pilares de humo por todos lados. Su visión se volvió doble, y todo el mundo se volvió oscuro. Luego cayó finalmente desmayada, no sin antes volver a escuchar la endemoniada voz de Trigon.


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Cerca del final!

Siempre me quedo insatisfecho con las escenas de batallas, siento que no se me dan tan bien jaja, pero espero lo hayan disfrutado.

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¡Nos leemos en el próximo capítulo, saludos!