Nuevo capítulo! Disculpen la tardanza y que he estado desaparecido! No quedan muchos capítulos así que más cerca del final. No he tenido tiempo de responder pero estaré esperando y leyendo sus comentarios/opiniones :)
Que lo disfruten!
Capítulo 30: Ritual de sangre
A un día del apocalipsis
Dicen que los bosques preceden a las civilizaciones, los desiertos las siguen. Y ahora la civilización se sumió en una época de tinieblas a una prontitud que ni el futurista más melancólico podría haber vaticinado. Fue como si hubiera estado esperando su final. En este momento, todas las ciudades importantes, desde Nueva York hasta Moscú, hedían bajo los cielos desolados, y el mundo tal como lo conocemos… había pasado a la historia.
El viento del oeste seguía soplando y con fuerza pese a que el sol ya se había extinto, y la tormenta y el viento rugía como un ciclón infernal, borrando las estrellas. En el cielo se elevaba una luna llena roja muy poco sobrecogedora. En ocasiones, el humo la tapaba, pero con demasiada frecuencia aquel ojo desorbitado de dragón surgía para contemplarlo todo y emitir su cansina luz rojiza.
Por un instante, una voz amplificada de algún gobierno recomendó a los ciudadanos NO SALGAN A LAS CALLES, pero al poco otra empezó a aconsejarles ABANDONEN LA CIUDAD A PIE POR LAS ARTERIAS PRINCIPALES HACIA EL NORTE Y HACIA EL OESTE. Aquellos dos mensajes contradictorios habían competido entre sí durante varios minutos, tras los cuales NO SALGAN A LAS CALLES enmudeció, seguido al cabo de cinco minutos por ABANDONEN LA CIUDAD A PIE.
Los padres siempre les dicen a los hijos que los monstruos no existen. No había nada escondido en la oscuridad, nada escondido en el armario. Nada iba a saltar de las sombras.
En algún lugar del mundo se produjo una explosión.
La lluvia abatía sin cesar del cielo rojo.
El tumulto de la ciudad parecía intensificarse por momentos. La cacofonía de las alarmas era constante, así como los gritos y el rugido de los coches pasando a toda velocidad y el olor acre a humo. Las detonaciones se sucedían en espasmos, nunca solas.
Al otro lado de la calle un coche derrapó y se encaramó a la acera delante de un hotel, obligando al portero a apartarse de un salto. Se oyeron varios gritos bajo la marquesina del lugar. Otro coche derrapó por tres carriles, fue a parar a la entrada del hotel, se llevó por delante a un par de peatones y por fin se empotró contra el coche anterior, que había acabado con el morro aplastado contra la puerta giratoria. Del radiador del primer coche brotaba una enorme nube de vapor, pero los gritos de agonía que llegaban desde las sombras no vaticinaban nada bueno.
Nada bueno, desde luego.
Una muchacha se tambaleó y luego echó a correr por la acera, derecha a una farola. No intentó esquivarla, ni tan siquiera levantar las manos para protegerse. Se estrelló contra ella de cara, rebotó, dio un traspié y repitió la operación. Luego echó a correr por la acera sin dejar de aullar al tiempo que en la última planta del hotel una ventana estallaba en medio de una lluvia de vidrios rotos. Acto seguido, un cuerpo salió despedido a la tarde tormentosa y helada. Se estrelló contra la acera escarchada, donde más o menos explotó. Más gritos bajo la marquesina de la entrada. Gritos de horror, gritos de dolor.
Las sirenas de la policía y los bomberos no dejaron de sonar nunca.
"¡Tenemos un oficial caído! ¡Repito, oficial caído!".
"Sospechoso visto por última vez a pie en dirección sureste por McArthur Boulevard".
"Necesitamos una ambulancia en el 2231 de Glossy Fields. Tres civiles que necesitan atención médica inmediata".
"Sospechoso visto en Abyssinia Road en dirección…".
Llegó el estruendo de la mayor explosión ocurrida hasta entonces: un aterrador sonido parecido a un disparo de escopeta. No se alcanzaba a ver lo que había explotado, pero ahora una columna de humo grande y oscura ascendía en el horizonte por encima de los edificios.
Un segundo suicida se precipitaba al vacío desde la última planta del hotel, seguido por otros dos que saltaron desde la azotea.
Del norte llegó otra de aquellas explosiones ensordecedoras, el sonido del diablo disparando una pistola en el infierno. Cada vez más columnas de humo llenaban el cielo, y pese a la fuerte brisa tormentosa y pluviosa, su color rojo apenas si se veía.
Los monstruos no existen decían.
No corriendo sino caminando a grandes zancadas, un hombre de unos cincuenta años ataviado con traje y los restos de una camisa y una corbata. Los pantalones eran grises, pero resultaba imposible adivinar el color original de la camisa y la corbata, y a que ambas estaban hechas jirones y manchadas de sangre. En la mano derecha aferraba lo que parecía un cuchillo de carnicero con una hoja de unos cuarenta centímetros. Un policía se acercó y el lunático rodeó el cuello del agente con las manos.
—Esto es como la puta Noche de los muertos vivientes —dijo un policía con la mano aún apoyada en la culata de su arma—, con la diferencia de que estos tipos no están muertos…, a menos que les echemos una mano, claro.
Estuvo a punto de disparar cuando una fuerte briza de sintió alrededor y el oficial vio una mano escarlata sujetar la suya.
—¿Flash?
—Deja que nos encarguemos del resto —comunicó el velocista noqueando al lunático hombre.
Se oyó otro disparo procedente de la acera de enfrente, seguido de una pausa y otros tres disparos en rápida sucesión.
—Bien, creo que esa es mi señal —dijo el velocista escarlata antes de desaparecer.
En las inmediaciones se oían más explosiones y colisiones de vehículos. El olor a humo se intensificaba por momentos. De repente estalló una pelea junto a la parada del metro. Se oyeron gritos de pánico, chillidos y de nuevo aquel parloteo ininteligible que ahora se reconocía como el sello de la locura.
Los monstruos no existen decían, sin saber quizás que los monstruos más temibles son los que se esconden en nuestras almas.
Un portal se abrió y el poder zumbaba alrededor de la manifestación mágica del aura de Zatanna y Zachary mientras ambos volaban hacia la ciudad, atravesando edificios y moviéndose rápidamente.
Una auténtica ventisca de ceniza negra y hollín soplaba calle arriba y entre los edificios. Las alarmas de los coches ululaban, las alarmas antirrobos silbaban y las alarmas de incendios tintineaban.
El demonio de fuego fue bastante fácil de encontrar; el humo se elevó detrás de la encarnación infernal en colas rizadas. Las casas ardían a ambos lados de la calle. Las llamas hambrientas lamían las suaves cercas blancas y consumían con avidez las flores de las jardineras. Las florecientes flores y las margaritas se agitaron en el intenso calor antes de marchitarse en sí mismas, esqueletos carbonizados de vegetación en ruinas.
Los civiles corrían y gritaban por las calles en busca de sus seres queridos o una ruta de escape. En algún lugar, un perro aulló. Los coches cobraron vida y se alejaron a toda velocidad.
El humo flotaba pesadamente en el aire y las llamas, anormalmente calientes para esta dimensión, lanzaban olas de calor que hicieron que Zachary se tambaleara. Zatanna simplemente entrecerró los ojos.
—Haremos esto rápidamente —le dijo a su primo mientras se elevaba en el aire. El mago asintió.
—Estoy justo detrás de ti, Zee.
El demonio mismo no había prestado atención a la llegada de los dos magos. Era una criatura descomunal de roca fundida con una fisiología extrañamente humanoide, pero no había un solo órgano debajo de su carne fundida: estaba sostenida por la muerte y el miedo, la maldad y el odio. El demonio apartó uno de sus brazos y el apéndice ardiente se estiró como una goma elástica para lamer otra casa antes de que el brazo se echara hacia atrás.
Zatanna concentró sus poderes en un sedán que ardía cerca y pronunció un hechizo reverso. El vehículo estaba rodeado de magia antes de levantarse rápidamente del suelo. Con una tremenda explosión de energía, la maga arrojó el coche a su objetivo. El coche en llamas se estrelló contra el demonio y explotó. Metralla fundida y aceite en llamas llovieron sobre el asfalto. El demonio se giró.
Un chorro de agua se precipitó hacia adelante y golpeó al demonio. El líquido se evaporó al entrar en contacto con la criatura, pero estaba teniendo algún efecto: el demonio estaba chillando un grito sobrenatural que hizo temblar a Zatanna. Zachary siguió disparando al demonio con agua que emergía de su varita, como si de una manguera se tratase.
La torturada criatura de fuego abrió los brazos a ciegas. Las columnas de roca fundida se dispararon contra el adolescente, y el mago desvió su ataque acuoso para bloquear la lava que volaba hacia él. Los brazos del demonio silbaron y chisporrotearon cuando golpearon el agua. La criatura retiró los brazos con un chillido.
Zatanna echó el brazo hacia atrás y se preparó para lanzar un hechizo. Su mano estaba envuelta en magia. Luego empujó su brazo hacia adelante. El fucilazo mágico se estrelló contra el pecho del demonio en llamas y la magia se hundió profundamente en él. La criatura chilló de nuevo y volvió su atención mortal a la maga de la Liga. Zatanna echó la otra mano hacia atrás de nuevo y lanzó un segundo hechizo. Éste hundió sus bordes en la criatura y lo aferró fuertemente.
—¡Zee! ¡Ahora! —Zachary gritó.
La maga tiró con fuerza y el demonio se elevó por el aire. Zatanna la soltó y retiró sus poderes de la criatura.
—¡Retaw! —pronunció Zachary
Una ráfaga de agua mágica concentrada se estrelló contra la criatura y la impulsó aún más hacia arriba.
Los ojos de Zatanna derramaron una luz índigo mientras articulaba en reverso. El embrujo atrapó a su presa y lo dirigió hacia el océano. Una vez que Zatanna llegó a la bahía, soltó al esbirro de Trigon en llamas y lo vio caer al agua salada. Hubo una tremenda explosión de vapor sobrecalentado, pero cuando el líquido evaporado se dispersó no se veía ningún demonio. Zatanna regresó hacia Zachary y ambos ayudaron al departamento de bomberos a apagar las llamas anormalmente calientes.
El mago menor suspiró profundamente y se sentó en la acera. Había cicatrices de carbón a lo largo de la superficie. Su cara estaba cubierta de sudor, y todo su cuerpo estaba cubierto de hollín de cuando corrió hacia un edificio en llamas para rescatar a un niño de tres años que la niñera había abandonado en su pánico. Zatanna se sentó junto a su primo y contempló en silencio el bloque en ruinas a su alrededor. Éstas habían sido casas bonitas una vez; ahora eran simples construcciones marchitas. En otro tiempo habían sido magníficas casas y refugios; ahora todo lo que protegían eran cadáveres.
La maga se puso de pie abruptamente—. Voy a asegurarme de que esto no vuelva a suceder. Vuelve a la Casa del Misterio, voy enseguida —dijo Zatanna antes de volar por los aires.
El poder de Trigon estaba siendo lo suficientemente fuerte como para romper completamente el tejido dimensional. Ese demonio había causado mucho daño, pero solamente era uno de los subordinados del padre de Raven. Tenía que haber una ventana residual en alguna parte. La maga volaba de un lado a otro de la ciudad en un patrón de cuadrícula, en busca de las reveladoras llamas del reino de Trigon.
Del oeste, cerca del parque, le llegó un grito tan ensordecedor que no parecía humano. A Zatanna le recordó la llamada de un elefante, un sonido desprovisto de alegría y de dolor, que tan solo contenía locura. Tenía más trabajo que hacer. Voló sobre el puente que se había convertido en el dominio casi exclusivo de los peatones. Aunque ahora habrá que llamarlos refugiados, se dijo la maga antes de reparar en que ya no podía hablar en tercera persona.
A nosotros.
Llamarnos refugiados.
Metrópolis
La gente seguía hablando poco; casi todos se limitaban a contemplar en silencio la ciudad devorada por que sabe qué. Los que se movían avanzaban con lentitud, mirando a menudo por encima del hombro.
Las cámaras de televisión taladraban la oscuridad, a la espera. Un mar de rostros escrutaba el cielo, unidos en una silenciosa cuenta atrás. Todas las pantallas transmitían la misma escena, un cielo tormentoso carmesí sembrado de relámpagos.
En casas, bares, tiendas, aeropuertos, hospitales del mundo entero, las almas que no habían sido corrompidas se unían en una vigilia universal. Hombres y mujeres se tomaban de las manos. Otros abrazaban a sus hijos. Daba la impresión de que el tiempo se había detenido.
Louis Lane abrió los ojos para ver la muchedumbre amontonada, las cámaras de televisión, el mundo que miraba. La mujer avanzó y habló a la cámara.
Necesitábamos ser escuchados. Llamamos lo más lejos que pudimos.
—Esta es Lois Lane del Daily Planet en Metrópolis. Sé… que el mundo parece una pesadilla ahora mismo. Si puedes oírme, sé que tienes miedo. La emoción más antigua y más intensa de la humanidad es el miedo, y el más antiguo y más intenso de los miedos es el miedo a lo desconocido. Pero si no lo controlamos se extenderá y nos devorará, y también a quienes amamos. Pero debes saber que no estás solo. La Liga de la Justicia se está reuniendo. Por favor, manténgase a salvo en casa, y…—ella tragó hondo— confíen. Solo… confíen.
Gotham City
La batcueva, el santuario del murciélago. Lugar de recogimiento para uno de los mayores héroes del mundo.
Batman.
Todo estaba igual que siempre. La moneda gigante, copia de la que usa Dos Caras para decidir sobre la suerte de sus víctimas. El dinosaurio mecánico. La enorme carta de la baraja francesa del Joker. El traje vacío del segundo Robin. El batmóvil esperando para aullar con el rugido de sus motores. Un enorme ordenador era lo único que brillaba.
—Conéctate al sistema de cámara analógica —indicó Batman con voz profunda—. Muéstrame a Gotham.
—Ciertamente parece que todo está fuera de control, maestro Bruce —dijo Alfred mientras colocaba una bandeja de té en la mesa. Bruce solo rezongó por lo bajo al tiempo que observaba lo que la pantalla de la computadora le mostraba—. Parece un atentado terrorista —indicó el mayordomo con pesadumbre.
—Está un poco húmedo aquí, ¿no? —cuestionó Catwoman observando la sombría cueva. — ¿Alguno de ustedes no está preocupado por un problema de moho? —Selina preguntó, mirando entre los dos.
—¿Hay algo fuera de lo normal en sus constantes? ¿Temperatura, nivel de glucosa, presión de la sangre, dopamina, sustancias psicoactivas…? —preguntó ahora un chico vestido casi de forma similar a Robin, aunque con ciertas diferencias.
Bruce miró a su joven pupilo—. Nada de eso. Parece que la predicción de Zee era cierta finalmente. Magia.
—Raven es empática —explicó Tim—. La empatía cubre una amplia gama de habilidades telepáticas relacionadas con las emociones.
—Su poder no tendría que tener tanto alcance, ni ser tan vicioso —refutó Batman.
—En realidad no hay demasiado escrito acerca de Raven. Según los registros es capaz de manipular y alterar las emociones —expuso Tim tecleando algo en la computadora—. Sus habilidades, por otro lado, están en un nivel completamente diferente en comparación. Poderosos poderes psiónicos que incluyen telequinesis, manipulación de energía psiónica, telepatía y manipulación mental. Todos los individuos afectados y aislados se refieren distinguir alguna clase de monstruo o demonio mientras agreden a ciudadanos inocentes. Están siendo atacados con visiones. Con la información agregada sobre la situación actual por la que está atravesando, y si según las investigaciones de Zatanna y Constantine son ciertas y Raven ha perdido el control de sus poderes y su padre está controlando su mente… es obvio que ahora mismo está actuando como un proyector amplificado y ocasionando estos extraños acontecimientos. El… —lo pensó dos veces antes de decirlo porque sonaba demasiado fantástico—… infierno en la Tierra. Ella debe estar desesperada.
—No tan desesperada como la gente en las calles —repuso Bruce con dureza—. Si la magia es tan real como se dice, esta chica es una bomba atómica mágica. No se puede confiar en ella. Ha pasado su vida escondiendo sus emociones. Ha pasado su vida siendo de todo menos honesta.
—Que decirles —se cruzó de brazos Catwoman ante esa acotación—, me suena bastante familiar.
—Ahora es una amenaza en potencia porque su carne traicionó su alma —manifestó Batman—. La parte de Trigon dentro de ella tomó el control. Mantiene rehén con sus poderes a la mitad de la población mientras la otra está muerta de miedo. Su poder en bruto es realmente tan alto.
—Pero… se ve tan pequeña... —agregó Alfred viendo una imagen de la empática en pantalla.
—Nunca confíes en un demonio por su apariencia —los ojos de Bruce se entrecerraron bajo su máscara.
—¿Alguna debilidad? —examinó Tim.
—Nada realmente aparente. Posiblemente débil en combate físico cuerpo a cuerpo, aunque puede asumir una forma invulnerable.
—¿Por qué no actúas? —inquirió ahora Selina.
—Sobrenatural. Trigon está de vuelta y solo queda esperar que el grupo de Zatanna haga su parte, y luego…
—Luego…—repitió Tim.
—Entramos nosotros —sentenció Batman finalmente.
Casa del Misterio – Ubicación desconocida
—Es suficiente, John —ordenó Zatanna luego de llegar de su misión con su primo.
El olor del alcohol era agrio.
A la maga no le sorprendió del todo ver ahí a John y tampoco le sorprendió ver la botella que él tenía en las manos, girando el tapón, primero quitándolo, luego poniéndolo y enroscándolo con fuerza; le había visto esa expresión especial en algunas ocasiones, esa mirada ida.
—Hola, Zee —saludó el nigromante. A pesar de la media sonrisa, su rostro lucía más cansado y sombrío de lo habitual.
«Está enfermo y cansado», caviló Zatanna, «pero ¿estará enfermo y cansado de estar enfermo y cansado?»
—El mundo ya es suficientemente depresivo para agregar otra cuota extra —expresó la maga—. No deberías estas bebiendo aquí… solo.
Si no bebo, me vuelvo loco. Paso mis noches bebiendo y bebiendo…
—No estoy solo, Zee —dijo él, viendo de reojo las caras de reproche de los muchos que habían muerto a costa suya. Miradas acusadoras, voces que lo abrumaban.
…acompañado de los fantasmas de mi pasado.
—Nunca lo estoy —suspiró.
La puerta se abrió.
—John Constantine —nombró el hombre con el casco dorado entrando en la habitación. Zatanna solo saludó con un ademán y salió del lugar. Estar cerca de su padre sin estar cerca de él era una sensación demasiado doliente.
—Fate —saludó el rubio cuando la maga se retiró del lugar—. Que agradable encontrarte flotando por aquí.
—El mundo se acaba, debemos prepararnos para lo que se viene. Los señores del caos y el orden…
—¡Pueden comerse una gran bolsa de mierda! —exclamó ahora Constantine. Aferró la botella de whisky y la lanzó contra el muro—. El mundo no se acaba hasta que yo lo diga. El futuro…
Futuro.
Él enmudeció de repente. Los ojos del hombre con casco dorado vieron algo que había pasado desapercibido por él hasta ahora, un objeto esférico que estaba en frente del nigromante.
—Esa es la bola de cristal de Madame Xanadu —señaló Fate—. Magia simple de la Tierra, pero atado a algo mucho más antiguo. ¿Ella sabe que tienes eso en tus manos?
—Supongo… que ya lo sabe —respondió John en un murmullo.
El mundo está al borde de la entropía y se acaba. El mundo siempre necesita un héroe. Alguien que se las arregla para mantenerse brillante en toda la oscuridad y en toda la mierda. Alguien que está por encima del desorden. Pero, a veces, un héroe no es suficiente.
—Estuve dando un paseo por la Casa del Misterio —dijo Fate caminando por la habitación y se frenó frente a una misteriosa puerta. — ¿Qué hay en este cuarto? ¿Por qué no puedo ver adentro?
—Em… quizás porque la puerta está cerrada.
—Ninguna puerta está cerrada para Doctor Fate.
—Esa es una buena línea, pero claramente… no es verdad —se burló John.
—¿Qué estás guardando dentro? —inquirió ahora Fate con demasiada desconfianza por lo que estaba planeado el nigromante. ¿Qué tenía pensado hacer?
—Oh, ya sabes, solo un estante de gabardinas idénticas —le restó importancia Constantine. Se irguió finalmente de su lugar en la silla y caminó hasta salir del cuarto. Fate lo seguía.
—¿Por qué no puedo entrar?
—¿Probaste el picaporte? —preguntó John mirando hacia atrás con leve diversión.
—No hay picaporte —respondió ya irritado Fate.
Entraron a una habitación contigua. La misma estaba iluminada con una luz amarilla con varios cachivaches místicos colocados alrededor. Y en el centro, una mesa redonda de madera cubierta con un mantel morado con estampado de estrellas. Frente a la mesa, estaba sentada Madame Xanadu. Sus dedos se escurrían en un patrón, acariciando el espejo que le había robado John a la hija de Trigon, su Nevermore.
—¿Qué está haciendo ella?
—Contactando con Raven —contestó Fate.
Con una respiración temblorosa, John se acercó y miró las cinco cartas que descansaban sobre la mesa. La primera carta, El Mago, quedó boca abajo y solo se reveló cuando él la dio vuelta. Pero las otras cuatro cartas quedaron con sus títulos a la vista. La tarjeta directamente al lado de la suya se titulaba La emperatriz y representaba a una mujer descansando en un trono con un vestido blanco estampado. En su mano, un cetro de algún tipo, y adornando su cabeza había una corona de estrellas. La siguiente carta después de esa se titulaba El consejero y mostraba a un anciano marchito con una capa gris caminando por un camino árido sosteniendo solo una lámpara y un bastón. El siguiente fue El demonio que, como sugiere el título, tenía la imagen de un demonio alado parecido a una cabra sentado sobre un pilar con un hombre y una mujer desnudos atados y encadenados a sus pies. Esta carta confundió particularmente a John, ya que por lo que sabía de las cartas del Tarot, el Diablo representaba cosas como la venganza y la violencia. Pero supuso que a veces había que combatir el fuego con fuego. Sin embargo, fue la última carta la que realmente lo desconcertó; Muerte. La imagen de una figura esquelética con armadura negra montada en un caballo blanco, trotando a través de un campo de cadáveres en descomposición le provocó un escalofrío en la espalda.
A veces el trabajo es demasiado sucio. A veces el problema es demasiado feo.
Y solo hubo un resultado. Lo sabíamos.
Había demasiada ansiedad. No tenía sentido hacer promesas. Había demasiada incertidumbre.
Sabíamos nuestro destino: eventualmente… íbamos a perder.
Quizás no estábamos preparados. Pero no había otra forma.
No teníamos ni idea de cuán lejos el horror alcanzaría. Lo ancho que se extendió.
Cuan profundo iba a calar.
Lo sabríamos dentro de poco.
Steel City – Torre de los Titanes del Este
Kid Flash estaba en una habitación que tenía la luz encendida. Miró a Raven, lucía tranquila. Acercó una de sus manos y acarició su pálida y fría mejilla. Todo olía a alcohol medicinal y, en algún lugar, una máquina emitía un sonido que se acompasaba al ritmo de su corazón. Una vía intravenosa colgaba del antebrazo de la chica. Parecía una situación médica común, salvo por el hecho de que la hechicera levitaba por centímetros sobre la camilla y un aura azul la cubría completamente. Su magia curativa estaba presente, pero no parecía estar haciendo efecto alguno, ella lucía igual de débil y desmejorada.
Observó los múltiples símbolos y runas pintadas en la pared que en cierto punto le produjeron un escalofrío, o quizás era el soplo gélido dentro la habitación. Un encantamiento de protección. Jinx las había colocado, según ella con esto podría contener a Raven en caso de que perdiera el control nuevamente. Una sala de cuarentena total para mantener cualquier cosa maligna alejada, Trigon no la encontraría aquí, ni Hermano Sangre. Estarían a salvo.
La lluvia golpeaba sin cesar la ventana de vidrio doblemente blindado. Aunque nada se veía a causa de la fina ceniza oscura que llenaba el aire, danzando en la brisa como nieve negra. Wally volvió la cabeza lentamente hacia la lumbrera que había junto a la cama. El exterior estaba oscuro. Lo único que podía ver en el cristal era su propio reflejo: estaba pálido y fatigado, y podía ver a Raven cubierta de tubos y cables y rodeada de instrumental médico. Luego observó las múltiples vendas que cubrían sus pies, que habían sido magullados luego del maratón que asumió hacer para poder traer a Raven de nuevo con ellos. Todo lo que estaba pasando le provocaba náuseas. Pronto pasaría, pensó él.
Oyó unas voces en el pasillo y se volvió hacia la puerta. Speedy entró acompañado de Abeja, Jinx, Aqualad y los dos niños velocistas. Al abrir la puerta, una vaharada de aire frío hizo tambalearse a todos los héroes adolescentes. Wally se había acurrucado, en una silla, en un ángulo de la habitación, un vaho escapó de sus labios junto a un suspiro.
Todos sintieron una rara tensión, una oscuridad en el cuarto que se hacía cada vez más densa. Dentro. En el dormitorio. Todos lo percibían.
Jinx hizo un gesto con la cabeza—. Quien diría que ella es la que está provocando todo esto.
—No es ella, es su padre —ratificó Wally defendiendo a la joven.
Robin y Cyborg entraron a la sala para encontrar a Raven durmiendo pacíficamente en lo que parecía un letargo. Miraron sus ondas cerebrales y no encontraron nada extraño. Starfire, Terra y Chico Bestia se unieron a ellos, esperando que sucediera algo.
—Necesitamos toda la seguridad que puedan brindar. Hermano Sangre y su culto no puede llegar a ella bajo ningún punto —dictaminó Robin con gravedad.
—Así que ese sujeto nuevamente, que estorbo —habló Speedy refunfuñando—. No te hagas problema, no pisará esta Torre, te lo aseguro —aseveró él—. Todos nosotros protegeremos el lugar.
Bloqueo de la torre activado. Era la voz del sistema informático. Inmediatamente después de esto, placas de metal ocultaban las ventanas y se podían escuchar fuertes golpes desde abajo y arriba donde se estaban eliminando todas las salidas al exterior. La habitación se oscureció considerablemente ya que la única luz que había ahora en la habitación procedía de las luces de arriba.
—Es todo lo que necesitamos por ahora —dijo Robin rezando que eso sirviera.
Soy Madame Xanadu y estoy maldita con el don de verlo todo. Siento los futuros presionando a mi alrededor. Digo futuros porque el futuro aún es amorfo. Pero este posible resultado parece volverse más fuerte, más persistente. Y ahora llegamos a la parte final. Las cartas han sido barajadas, debemos enfrentar nuestro futuro. Todo lo que queda es horror, tragedia y muerte. El poder de Raven se vuelve más extremo mientras su padre se acerca.
El corazón de la adivina latía fuerte, fuerte, fuerte. En otras ocasiones, cuando intentaba de manera consciente ver a distancia o leer los pensamientos, había sentido miedo, pero nunca como en ese momento. Ni comparación.
Madame Xanadu posó los dedos índice y medio de la mano izquierda sobre el espejo quebrado de la hija de Trigon. Una vez que sus dedos entraron en contacto con el objeto, entró.
—Raven, ¿dónde estás? —preguntó a la nada.
Madame Xanadu experimentaba el dolor del alma de Raven. Puede sentir la desolación, la angustia, la desesperación. Las emociones crecen, aumentan, chocan contra ella como las olas de un maremoto. Madame Xanadu tenía miedo, pero una corriente la arrastra adelante hacia el frío y oscuro vacío.
Ella descendió a mayor profundidad.
Se detiene. Se le encoge el estómago. Y las almas de los malditos le advierten del peligro. Quiere regresar. Quiere reconocer su derrota. Pero sigue avanzando. Su alma de adivina busca algo en un mundo en el que todo es horror y muerte.
Antes de que pudiera pensar en la respuesta lógica, el mundo empezó a girar, como si estuviera montado en un disco gigante. Dejó escapar un quejido afónico; era como sufrir una convulsión. Ya no se encontraba en su propio cuerpo, no es que viera a distancia, sino que estaba a distancia. ¿Y si no podía regresar?
Pero sigue avanzando.
—Raven, yo soy Madame Xanadu. He estado leyendo las cartas, he visto esas almas que se están uniendo contra ti. La sombra negra es impresionante.
—¡Idiota! —alguien vociferó y la adivina vio la figura gigante que se alzaba en todo su esplendor. El demonio en persona, el mal encarnado. — ¡Solo mi hija puede entrar en este universo para unir su mundo con el mío! ¡Su vida con la mía!
—Eres una pestilencia —despreció Xanadu.
—Quieres verme, ¿verdad? ¿Quieres ver la cara de la muerte? Pues mira, humana. ¡Mira el rostro siniestro de Trigon!
Hasta ahora el demonio siempre había sido como un concepto intangible. La gente era mala, actuaban con maldad, cometían un crimen malvado. Ahora Madame Xanadu sabe que ha visto la maldad personificada. Existe. Respira. Vive. La adivina no puede hablar ahora, pero su grito ahogado resuena en el vacío.
Ella quiere correr, pero la mano del demonio la alcanza y la aferra con una fuerza dolorosa.
—Tu carne se quemará lentamente —rugió Trigon comprimiendo el cuerpo de la mujer—, pero no morirás. Tus huesos se convertirán en ceniza, pero no morirás. Vivirás para siempre con dolor, con horror. Sufrirás por tu insolencia.
El pánico explotó en el interior de Xanadu; era como si hubieran rociado un fuego con gasolina. Ni un solo sonido escapó de sus labios, que apretaba con tanta fuerza que su boca quedó reducida a una mera costura, pero dentro de su cabeza profirió un grito más alto de lo que jamás se habría creído capaz: ¡NO! ¡SAL DE MI CABEZA!
—¡Xanadu! —exclamó Constantine, que había estado viendo hasta el momento, acercándose a la mujer.
—Estoy bien —repuso ella enderezando su cuerpo.
¿Le sangraba la nariz? Se pasó los dedos para comprobarlo. Si.
—Raven está en terrible peligro —comunicó Xanadu.
—Como todos nosotros —enunció simplemente Doctor Fate.
—Oh diablos, un maldito héroe —dijo enojado John viendo a Fate—. Escucha, Zee tuvo una visión…
—Sé los horrores que han visto —interrumpió este—, yo también los vi.
—Mira, quiero evitar que la chica destruya el mundo —bramó el nigromante—. No me importa un carajo el mundo, pero si se va, yo me voy también.
—Escucha el sonido de las sirenas, la policía, atendiendo otro disturbio a unas cuadras de aquí. Algunos políticos están culpando esta agitación al colapso de la civilización. Pero otra, mucho más maligna fuerza está convirtiendo a estas hasta ahora decentes personas en maniacos —dijo Xanadu—. Trigon maneja su mente. Necesita nuestra ayuda.
Detrás de la verja de hierro estaba la oculta Iglesia de la Sangre. Una construcción oscura y escondida al final de un claro lleno de hierbas que habían crecido descontroladamente.
Sebastian entró en el salón vestido con una exquisita bata de raso color marfil bordada con perlas.
Una sala baja iluminada por velas. Un canto profundo y rítmico llegó a los oídos de él. Claramente era una mezcla de latín y enoquiano.
—Todo está progresando como esperábamos, Maestro —dijo Sebastian atentamente, hablando al aire. Sus acólitos no le hicieron caso. Ociosamente, Hermano Sangre movió el tomo que sostenía bajo su brazo, levantándolo para poder admirarlo a la luz de la luna. El grimorio de Volpert era un libro negro, elaborado con un material diseñado para durar siglos, a diferencia de las páginas de papel y las encuadernaciones de cuero de los libros normales. Los antiguos sellos y runas se habían elaborado minuciosamente. Era tan poderoso como oscuramente hermoso, y malévolo como enérgico.
—El hechizo que me guiaste también ha resultado muy útil —señaló el anciano—. Ahora no vivirán para ver la luz del amanecer, ellos ya tienen un pie en el infierno.
—No los subestimes, Sangre —siseó la voz oscura en el oído de Hermano Sangre, haciéndolo estremecerse involuntariamente—. Especialmente no a mi hija. Recuerda, si eres capaz, que no quiero que la maten.
—Por supuesto que no, por supuesto que no —aplacó Sebastian—. Raven no será asesinada, lo sabes. Pero el hechizo hará que se rompa correctamente y sea más fácil de controlar. Entonces será más fácil de usar.
Y luego la voz desapareció. Hermano Sangre volvió a mover el tomo, deslizándolo bajo su brazo. El hechizo era realmente poderoso, los Titanes serían aplastados. No podían luchar contra lo que más temían.
Ociosamente, Hermano Sangre hizo un gesto y cantó un encantamiento, invocando su hechicería. Aunque era un telépata dotado por naturaleza, la mayor parte de su poder provenía de fuentes externas. Brujería y ciencia. Ambos le resultaron muy útiles, ambos se utilizaron para promover sus fines.
El cuerpo de Jason Todd colgaba boca abajo flácido en lo alto, fuera del alcance de la mano alargada de cualquier hombre erguido. Presentaba un estado tan deplorable que cualquiera que no viera su respiración regular serían incapaces de discernir qué seguía con vida. El hedor a sangre, incienso y un olor extraño y espeso llenaron sus sentidos, y contuvo una tos espesa. Abrió los ojos un segundo y deseó no haberlo hecho. Muros de piedra cubiertos con símbolos (no estaba seguro de si los símbolos en la pared estaban escritos con pintura roja o sangre), algunas personas vestidas con túnicas negras, las capuchas subidas y ocultando sus rostros. Otras personas esparcidas por el suelo desnudo con los mismos símbolos tallados en sus brazos y piernas, y un altar lleno de todo tipo de cosas.
Las personas desnudas entonaban un cántico (desafinado, poco musical, con sílabas de acento extranjero) y eran acompañadas por una flauta o clarinete.
Hermano Sangre dejaba vagar la mirada por el cuerpo que giraba lentamente suspendido encima del altar.
—Mi señor —susurró Mother Mayhem al ver a su maestro perdido en sus pensamientos.
—Sangre —llamó Psimon.
Entonces entró en el campo de visión de Psimon algo que parecía un caldero de piedra, aparentemente lleno de agua cristalina y pura. Una de las reliquias que habían robado.
—El cuenco de Athanor, el útero perfecto para mi obra —indicó el anciano finalmente, agarrando el grimorio y comenzando a leer unas líneas en una lengua extraña. Psimon lo entendió enseguida, era magia oscura, de la peor. Sebastian hacía algo en el fondo del caldero moviendo su mano en un vaivén sincronizado. El líquido que contenía el caldero parecía calentarse muy rápidamente. La superficie comenzó no sólo a borbotear, sino que también lanzaba chispas abrasadoras, como si estuviera ardiendo. El vapor se espesaba emborronando la silueta de Hermano Sangre. La entera superficie del agua relucía por las chispas.
—La creencia universalmente mantenida en el poder de la sangre fresca —dijo Sebastian—. Y rodeados por velas negras. Utilizo sangre en mis rituales, porque la sangre tiene poder.
El anciano levantó una mano grande y pálida. Psimon dirigió la vista hacia el cautivo colgada cabeza abajo. Se oyó un gemido desgarrador, un terrible y prolongadísimo alarido de angustia y dolor proveniente del chico ladrón.
—¡Viejo bastar…! —gritó Jason.
—Silencio —ordenó Psimon y el chico enmudeció de golpe, como si lo hubieran amordazado con algo invisible.
Sebastian habló.
—Sangre del enemigo... tomada por la fuerza —. Los ojos de Hermano Sangre se tiñeron de rojo. De la cara y el pecho de Jason empezó a brotar sangre a chorros, como si lo hubieran cortado con una espada invisible. No gritó, no podía. La sangre fluyó por el aire de manera irreal entrando directamente en el caldero. Al instante el líquido adquirió un color verde cegador.
—Sangre del objetivo, otorgada sin consentimiento —llevó la sangre de Raven guardada en la redoma de cristal hasta el caldero y la vertió en su interior. La superficie verdosa del agua se agitó y lanzó un chisporroteo; arrojó chispas en todas direcciones, y se volvió de un azul vivido de aspecto ponzoñoso. Luego sacó del interior de su túnica una daga plateada, brillante, larga y de hoja delgada.
—Mi sangre... voluntariamente ofrecida —. Extendió su mano derecha y agarró la daga muy fuerte con la mano izquierda e hizo un tajo en la palma. Una gota se deslizó por su piel y calló en el cuenco. El caldero hervía a borbotones, salpicando en todas direcciones chispas de un brillo tan cegador que todo lo demás parecía de una negrura aterciopelada. Y entonces, de repente, se extinguieron las chispas que saltaban del caldero. Una enorme cantidad de vapor blanco surgió formando nubes espesas y lo envolvió todo.
Hermano Sangre vislumbró como el ladrón de mechón blanco miraba todo aterrado y curioso por lo que iba a hacer.
—Es un hechizo, de muerte y dolor —explicó el anciano—. Tu sangre servirá, pareces ser bastante resistente chico, tanto física como mentalmente. Y la sangre de Raven me brindará sus poderes. Está todo listo para arder en llamas. La gema se despertará. Ella y yo somos uno solo, beberé su sangre y así su alma—expresó este de manera oscura y luego cerró los ojos concentrándose en algo. Lanzó una risotada tenebrosa—. Colocaron protecciones alrededor de la chica —sonrió analizando la situación—, que ingenuos, nunca aprenden.
A continuación, él bebió todo el líquido del cuenco.
Los cánticos seguían, con mucho más vigor ahora.
Y mientras bebía, para sorpresa de Jason el cual abrió los ojos descomunalmente, el anciano rejuvenecía con cada sorbo. Bebía casi desesperando mientras una gota del líquido ponzoñoso se deslizaba por su comisura y se perdía en su pecho.
La iglesia latió, literalmente latió, como un enfermo latido de corazón.
—Raven —nombró el antes anciano, ahora joven, fuerte y corpulento—. Ven —sentenció finalmente con una mueca malévola.
—¿Sangre está cada vez más cerca de encontrar a Raven? —Jinx se inclinó sobre la mesa con la cara retorcida. — ¿O simplemente se está volviendo más loco y retorcido?
—No lo sé. Tal vez ambos —Robin se frotó la frente, el latido detrás de sus ojos se hizo más intenso. Se apretó el puente de la nariz como un intento de aliviar la tensión.
—Piénsalo —dijo Speedy—. Sangre inició un pacto con Trigon. Trigon usa Sangre para llegar a esta tierra y conquistarla y, a cambio, le da a Raven y todos sus poderes a Sangre.
—Suena lógico —afirmó Abeja.
—Suena repugnante —refunfuñó Kid Flash.
A Wally le ponía enfermo pensar en ello. Sus ojos se dirigieron a la empática pero su frente se arrugó de preocupación.
—¿Rae? —preguntó Wally con los ojos desorbitados y las facciones dominadas por el pánico.
Raven lo sentía. El dolor era desconcertante.
No hay ningún lugar al que puedas correr donde no te encuentre.
El calor de las llamas candentes lamió a lo largo de su piel, y Raven sintió que un centenar de manos la sujetaban contra un altar, inmovilizándola e impidiéndole escapar.
Eres mía.
Exactamente eso, se sentía desconcertada. No podía entender, no le encontraba sentido a lo que estaba ocurriendo.
Su cuerpo intentaba rechazar el suplicio, y la absorbía una y otra vez una oscuridad que evitaba segundos o incluso minutos enteros de agonía, haciendo que fuera aún más difícil mantenerse en contacto con la realidad.
Intentó hacer que se separaran, el dolor y la realidad. La irrealidad era negra y en ella no le dolía tanto.
Pero dentro de ella, algo tiraba en la dirección opuesta a donde estaba ahora. Desgarrándola. Quebrándola. Una agonía.
Ven.
La negrura se había enseñoreado de todo y había arrastrado a la empática en una ola de tortura.
Más oscuridad.
Era presa de una enorme debilidad. No podía ni sentirse a mí misma. El fuego despidió más calor y quiso gritar, suplicar que alguien la matara antes de vivir ni un segundo más con aquel dolor, pero no podía mover los labios, porque el peso estaba aún allí, aplastándola. ¿Por qué no se podía mover? ¿Por qué no podía gritar?
Un aterrador aullido estridente sonó desde el fondo de su mente, su nota alta rápidamente cambiando a un tono profundo y retorcido, como una risa de Satanás. Este era su padre, a diferencia de la voz anterior.
«Pobre pajarito. No puedes escapar de mí, Raven».
Sintió que sus ojos ardían debajo de sus párpados, su ritmo cardíaco se aceleró.
«No me ignores».
El interior de su cabeza palpitó de repente, su reprimenda aguda y despiadada. Ella apretó sus manos a los lados, sus dedos se entrelazaron a través de su cabello mientras trataba en vano de detener el dolor.
Trigon gritó, su voz aguda. Raven sintió que sus pies se levantaban del suelo, su cuerpo brillaba con un poder negro.
Ella chilló, sus ojos se cerraron con fuerza por el dolor cuando su padre envolvió una mano mental alrededor de su mente y tomó el control.
Raven se sintió repentinamente empujada al fondo de su mente, antes de que la sensación de que su padre se apoderara de ella se estableciera por completo.
Él se rio entre dientes.
«Raven, tu insubordinación se está volviendo bastante molesta».
Luego la otra voz habló y unos ojos rojos brillaron frente a ella.
Ven.
Y entonces ella no pudo desobedecer, le era netamente imposible hacerlo.
Raven soltó un grito medio segundo después.
En realidad, no era un grito, era un alarido de dolor que helaba la sangre en las venas.
Raven se revolvió debajo de las mantas, sollozando y gimiendo de dolor. Sus párpados se arrugaron y gimoteó, sus miembros comenzaron a agitarse violentamente. Robin se puso de pie de un salto en alerta instantánea y se acercó, sujetándole las muñecas con las manos y sujetándolas contra la cama de la sala médica. Raven gritó, las lágrimas se escurrían por las pestañas de sus ojos dormidos; una de las máquinas a la izquierda de Robin emitió un fuerte silbido antes de explotar, y el humo se elevó en el aire desde la maquinaria rota.
—¡Raven, despierta! —gritó el líder de los Titanes. Habló en voz alta, intentando despertarla del sueño.
Todos en la habitación se removieron.
Los ojos de la empática se abrieron y las pupilas de sus ojos giraron hasta acabar mirando hacia el interior de las cuencas mientras su cuerpo se retorcía y se doblaba en dos sobre los brazos de Wally quien la sostenía también. Entonces, Raven vomitó un torrente de sangre.
—¡¿Qué está pasando?! —exclamó el velocista.
El cuerpo de Raven se estremecía, presa de sacudidas tan bruscas que daba la impresión de estar siendo electrocutada. Bajo los focos, la piel le brillaba de un modo fantasmagórico.
Wally se inclinó para tocar la muñeca de Raven. Y descubrió lo que temía. El pulso latía con una rapidez increíble. Contó los latidos del corazón como si cada uno de ellos hubiera sido un argumento en contra de su propia vida.
Robin se alejó del lecho cautelosamente cuando las luces de la habitación comenzaron a titilar, a perder potencia y a adquirir un tono sobrenatural de ámbar vibrante. Todo tembló. Hacía más frío. La estancia se iba poniendo insoportablemente helada.
Robin oyó un grito ahogado de Starfire detrás de él, volviéndose rápidamente y vio que ella miraba, estupefacta, hacia la cama. Perplejo, miró también en dirección al lecho. Quedó petrificado.
¡La cabecera de la cama se levantaba del suelo!
Miró fijamente, incrédulo.
Diez centímetros. Quince centímetros. Treinta centímetros.
Luego empezaron a levantarse también los pies de la cama.
La cama se elevó treinta centímetros más, y luego permaneció así suspendida, balanceándose como si estuviera flotando sobre el agua. Un golpe seco sacudió la habitación. Tres porrazos golpearon la ventana, luego el techo, luego las paredes. Luego otro. Y otro, y otro... Vibraban a un ritmo terrible, como los latidos de un gigantesco corazón mórbido.
El pulso de Raven, medido por la única máquina que quedaba intacta, era alarmante. Martilleaba a una velocidad demasiado elevada para poder medirlo.
—¡El corazón ha empezado a fallarle, Dick! —gritó Kid Flash. — ¡Si no se detiene, morirá de insuficiencia cardíaca!
Wally comprobó que el pulso había perdido bruscamente velocidad, los ruidos de pesadilla cesaron de repente.
Las luces se apagaron, y Más y Menos profirieron un grito en medio de lo que se les antojó una oscuridad absoluta. Sin embargo, al cabo de un instante se encendieron las luces poco potentes de emergencia, lo cual no tranquilizó demasiado a nadie.
Los presentes miraron alrededor de la habitación y sus miradas se posaron en la pared opuesta a donde estaba ubicada Raven. Había una sombra alta en el muro y sintieron que se les cortaba la respiración. La sombra comenzó a moverse a través de la pared y la puerta detrás de ellos se cerró de golpe.
Se sentía... espeluznante.
—¿Qué es… eso? —Abeja inquirió consternada.
Señalaba en dirección a Chico Bestia. Al darse cuenta de hacia dónde apuntaba Abeja, Chico Bestia miró a su alrededor. Todo lo que vio fue su sombra. Miró alrededor de las otras sombras solo para darse cuenta de que él era el único con una sombra. Un par de ojos rojos de repente brillaron desde la sombra hacia Chico Bestia. Antes de que se diera cuenta, la sombra se movió y atacó. En un abrir y cerrar de ojos, la criatura inmovilizó al cambiante contra el suelo. Chico Bestia se defendió convirtiéndose en un león. Clavó sus garras en esa cosa lo mejor que pudo, pero solo lo atravesó como si fuera solo un fantasma.
Los otros titanes también reaccionaron rápidamente. Robin lanzó un birdarang directamente a esa oscuridad. En ese momento, la criatura saltó de Chico Bestia hacia Starfire. Con un pequeño chillido, Starfire lanzó un starbolt a la criatura, pero cuando la potente luz verde iluminó la habitación no había nada frente suyo y su poder solo se estrelló contra la pared.
De la oscuridad surgió un gruñido. Cyborg miró hacia arriba para encontrarse cara a cara con dos ojos. Los dos ojos de repente se pusieron rojos como brazas ardientes. Los ojos de repente se duplicaron antes de desaparecer.
La puerta del cuarto, como si fuera obra de un fuerte ventarrón, se abrió fuertemente golpeándose de manera enérgica contra la pared y la luz se volvió a encender, pero con mucha menor intensidad, dando un aspecto más lúgubre al lugar, como si fuera una pobre luz de una vela.
—¿Qué está pasando? —preguntó Terra, su cuerpo temblando.
—Apesta a magia negra —expresó Jinx con repugnancia tapándose la nariz—. Había algo aquí, estoy segura.
El aura del mal era tan espesa y palpable que se podía sentir.
—¿Y Raven? —indagó Wally realmente turbado.
—¿Qué? —cuestionó Cyborg viendo hacia el lecho, notando la ausencia de la empática.
—¡No está! ¡Ella no está! —exclamó Kid Flash.
Speedy, ya algo asustado, dio tres pasos atrás y salió de la habitación, estaba demasiado helado. Su cuerpo tiritó y solo vaho espeso escapó de su boca. Cuando se hallaba a medio camino de la puerta, la luz de emergencia que iluminaba el vestíbulo parpadeó un instante y luego se extinguió. Un ruido se escuchó y él desvió los ojos hasta el fondo del corredor y sus ojos bajo el antifaz se abrieron por el pasmo.
Palideció.
Los padres siempre les dicen a los hijos que los monstruos no existen.
No había nada escondido en la oscuridad, nada iba a saltar de las sombras.
El pasillo era un pozo de penumbra donde cualquier objeto formaba sombras aún más oscuras. Sobre el único ascensor en ese piso se veía una sola luz de emergencia, cuya batería enclaustrada emitía un zumbido de tábano.
Ahí, en el fondo, estaba parada Raven. Parecía una estatua. Conocía a la chica, y siempre le había parecido alguien diferente, pero ahora, en ese mismo momento, sintió… miedo, un recóndito y penetrante miedo. El rostro de la chica estaba velado por su capucha y todo su cuerpo estaba cubierto por su oscura capa. Más que la joven que conocía, ahora mismo parecía más un ente o espectro sacado de alguna película de horror. Tal vez era una ilusión, pero la oscuridad parecía envolverla, una mortaja que la oscurecía. Todavía recordaba el evento terrorífico ocurrido en la torre de los Titanes y su ansiedad se intensificó.
Los monstruos no existen decían. Los monstruos son reales, y los fantasmas también.
—¿Raven? —susurró el aquero.
La hechicera comenzó su acercamiento lentamente con energía psiónica roja, a diferencia de la negra característica de siempre, reuniéndose en sus manos y de un solo traquido mandó a volar al arquero con extrema potencia. Él gritó cuando sintió como un hueso se desgarraba.
—¡Speedy! —prorrumpió Abeja saliendo de la sala cuando vio al arquero siendo empujado por algo.
—¡Estamos bajo ataque! —gritó este poniéndose en posición rápidamente.
Robin se dispuso a entrar en acción, pero algo lo detuvo, un zarcillo negro germinado del suelo lo envolvió.
Tic, tac, tic, tac, tic, tac.
Los segundos pasaron arrastrándose en la oscuridad por lo demás silenciosa.
Todo tan oscuro, tan silencioso. Tan sereno. Casi inquietante. Casi.
La luz más débil de la luna, lo suficiente para iluminar las habitaciones oscuras de la Torre de los Titanes, incluso a través de cortinas gruesas y ventanas empañadas. Solo una luz tenue, suficiente para evocar susurros de algo ... algo sobrenatural, pero nada más que eso. Tan silencioso, tan quieto. Tranquilo, casi.
Cada segundo una eternidad. La noche inusualmente larga. ¿Siempre había sido así? Quizás ... quizás nunca se había dado cuenta. No hasta ahora. No hasta…
Tic, tac, tic, tac, tic, tac.
Irritación, frustración ... ¿ira? ... era difícil entender sus propios sentimientos. ¿Cuándo se había sentido así por última vez? Quizás cuando sus padres murieron, era lo único en lo que podía pensar. ¿Eran sus emociones? Esto ... esto fue solo... pura crueldad.
Apretó las manos en puños y luego las soltó.
Todo tranquilo. Sereno.
Tic, tac, tic, tac, tic, tac. Tic, tac, tic, tac, tic, tac.
—Maldita sea.
Su voz sonó fuerte para sus propios oídos en el silencio anormal.
Se llevó las manos a la cabeza. Una vez, Bruce le habría dicho que se calmara y mantuviera la cabeza fría.
Apretó los dientes y apretó los puños. Pero no importaba cuán alterado estuviera, no podía decidirse a dar un paso afuera, a la oscuridad amenazante.
Tic, tac, tic, tac, tic, tac. Tic, tac, tic, tac, tic, tac. Tic, tac, tic, tac, tic, tac. Tic, tac, tic, tac, tic, tac.
Ese maldito sonido.
La larga oscuridad. Cada segundo se prolonga por la eternidad. Cada minuto, una hora o quizás un día completo, meses, años o siglos. La oscuridad sin fin. Donde todo estaba en silencio, donde estaba solo, y la noche negra era como un sudario mortal. Donde todo se pudrió detrás de las cortinas del crepúsculo esperando, esperando en el silencio, para liberarse. El odio burbujeó, la ira, la desesperación...
Luego, su cabeza giró bruscamente hacia la puerta cuando escuchó algo en el pasillo. ¿Pasos? O...
«Probablemente solo estoy imaginando cosas de nuevo. No. Definitivamente están ahí».
Alguien ... probablemente sea Cy, por un poco de agua. O no. Sus pasos son mucho más pesados. ¿Chico bestia? No, no viene por este pasillo. Terra tampoco. Starfire flota. Kid Flash se movería tan rápido que ni siquiera se sentiría un solo sonido hasta que estuviera ahí en la sala. Entonces ... ¿Batman? No, ni siquiera podría escucharlo.
Los pasos se hicieron más fuertes hasta que imaginó que estaban justo afuera de su puerta, y sintió que había algo mirándolo directamente a través de la puerta.
Tic, tac, tic, tac, tic, tac. Tic, tac, tic, tac, tic, tac. Tic, tac, tic, tac, tic, tac. Tic, tac, tic, tac, tic, tac.
Algo... sintió que el corazón le latía con fuerza en el pecho y contuvo la respiración, atreviéndose a no mover ni un solo músculo. El miedo lo paralizó rápidamente y en ese instante, solo estaba el pensamiento del miedo a la muerte, pero peor aún, el miedo de que algo más le pudiera pasar, a él, a sus amigos, o a Bruce. Era miedo en el sentido más crudo, consumiendo por completo su cuerpo.
El tiempo se congeló, solo por ese instante, cuando sintió que ese par de ojos hundidos se volvían hacia él a través de la puerta, y aunque no podía ver qué o quién era, tenía la sensación de que... había algo de sentido. Algún sentido de eso que era absolutamente aterrador, algo que simplemente no podía manejar.
Tic, tac, tic, tac, tic, tac. Tic, tac, tic, tac, tic, tac. Tic, tac, tic, tac, tic, tac. Tic, tac, tic, tac, tic, tac.
Y el miedo disparó su ira. Sacó su bastón plegable y golpeó la puerta, no se dejaría amedrentar, pero algo lo golpeó, fue un puñetazo.
Las luces se encendieron.
—¡Robin!
Cyborg y Starfire corrieron primero hacia adelante, seguidos rápidamente por Jinx y Terra luego de que Kid Flash golpeara al Chico Maravilla para hacerlo entrar en razón, ya que, sin conciencia aparente, había querido atacarlos.
Chico Bestia y Aqualad estaban aún más atrás, mirándolo con los ojos muy abiertos, ninguno de ellos lo había visto antes con esa expresión en el rostro. Totalmente fuera de su sí, completamente desorganizado...
—Robin, hombre. ¿Qué pasó? —preguntó Cyborg pasmado.
—¿Qué? Había algo allí… ¡Aléjense de mí! —Robin gritó. — ¡Aléjate de mí!
—Robin —Starfire avanzó preocupada, pero él intentó darle un golpe.
—¡No me toques! ¡Quédate atrás, te lo advierto! —advirtió el petirrojo.
—Amigo, necesitas relajarte —indicó Chico Bestia.
—Robin, estamos tratando de ayudar —dijo Terra.
Robin se puso de pie y alzó su bastón, apuntándolos.
—Den un paso adelante y no dudaré en atacar —advirtió el líder—. Retrocedan porque si no…
Hubo un fuerte golpe en la parte posterior de su cabeza y sus ojos se pusieron en blanco mientras se desplomaba hacia adelante.
—Lo siento, chico pájaro —se disculpó falsamente Jinx viendo a Robin caer al piso.
—Es culpa de ella —dijo Abeja—. No es personal, Raven—. Abeja se puso en guardia rápidamente cuando vislumbró la oscura figura y aferró sus armas en forma de B, o sus aguijones como ella los llamaba, y disparó una fuerte ráfaga de energía eléctrica.
Raven inmediatamente usó sus poderes psiónicos para detener el ataque de la mujer abeja y logró levitarla en el aire antes de enviarla hacia Aqualad que estaba saliendo de la habitación también en ese momento. La acción llamó la atención de todos los Titanes que salieron del cuarto de protección.
—¿Raven? —preguntó Cyborg tragando hondo.
Raven tenía una gran suma de energía psiónica reunida en sus manos que iluminaba el pasillo en un color rojo apagado y su tinte rojizo que le daba una apariencia intimidante. Sus ojos rojos también brillaban. Su aura era carmesí y todo en ella gritaba peligro. Luego disparó cuatro ráfagas de energía escarlata a los héroes. Algunos lograron esquivar el ataque y otros fueron embestidos hacia atrás varios metros.
—Amiga Raven, voy a tener que pedirte que vengas con nosotros— Starfire voló sobre ella—. Vendrás con nosotros quieras o…
La oscuridad se lanzó rápidamente sin dejarla terminar de hablar, rodeando a la heroína. Starfire gritó, tratando de escapar, pero fue más rápido que ella. Lanzó varios rayos hacia la creciente oscuridad, pero todos fueron absorbidos fácilmente y, lentamente, el aura de Raven la envolvió.
La pantera detrás de ella gruñó ferozmente, saltando, pero zarcillos de energía la arrojaron hacia atrás fácilmente. Cambió a un gran dinosaurio, luego a un pájaro cuando Raven se elevó del suelo. Los ojos demoniacos brillaron peligrosamente. Gran error.
Sus poderes estallaron salvajemente, golpeando al cambiaformas verde, y lo sintió regresar a su forma humana en su aura oscura, probablemente inconsciente por la fuerza de su ataque.
Raven cerró los ojos, concentrándose en las mentes de los héroes presentes.
La alienígena todavía estaba luchando, por lo que sus barreras mentales eran un poco más difíciles de romper, pero descubrió que la del chico verde era bastante fácil de desgarrar. La cerradura de su mente se abrió fácilmente, ella comenzó a enviar ilusiones, apoderándose de todos sus sentidos.
Chico Bestia lanzó un aullido desgarrador de sufrimiento.
—Dé…déjame… ir —gruñó el cambiante tratando de resistir.
—Silencio —la voz de Raven salió como una mezcla de tonos, altos y bajos, suaves y ásperos, casi como estática chirriante.
—Somos amigos Rae…—quiso hacerla entrar en razón el chico verde.
Raven hizo una mueca, sin dejar de fisgonear en las barreras mentales de los presentes.
Pero luego se vio obligada a esquivar a un lado cuando un hexágono rosa atravesó directamente a través de su aura, rozando su brazo y logrando lastimarla.
Se agarró el codo y miró hacia abajo.
—Bueno bueno, Raven, se acabó el juego —indicó Jinx—. Vuelve a esa habitación para que te podamos ayudar.
Raven no dijo nada, reuniendo energía silenciosamente en su cuerpo.
—Vamos Rae, termina esto, no lo hagas más complicado —sugirió Cyborg apuntando a la hechicera con su cañón supersónico.
—Fuego —susurró la hija de Trigon.
De repente, una pira infernal de llamas carmesí surgió de las grietas en el suelo, incendiando el área justo encima de ella.
Esquivó algunos proyectiles mágicos rosas y embestidas de agua lanzadas por Aqualad, rocas lanzadas por Terra, viendo todos los ataques explotar en el cielo sobre ella, luego formó una barrera cuando las andanadas de Starfire y Abeja comenzaron a penetrar su aura densa y sombría.
—Chicos, aprovechemos la distracción —dirigió Kid Flash a los dos gemelos, ubicados los tres en posición de carrera—. ¡Ahora!
—¡Si señor! ¡Más y Menos si podemos!
La hechicera actuó más rápido que los velocistas, la luz roja se arremolinaba en sus manos. Hizo un gesto coreográfico y enredado con las manos y de repente los tres velocistas estaban siendo elevados y golpeados contra el techo, y luego contra el suelo.
La oscuridad se arrastró hacia adelante, deslizándose por las piernas del chico cibernético, alrededor de su cintura, hasta su cuello. Girando suavemente.
—Hermano Sangre te está controlando, detente Rae —suplicó Cyborg—. No dejes que te controle, el mundo necesita ayuda ahora mismo…
—Lo que este mundo necesita son purgas masivas —sentenció la empática—. No demandas únicas de salvar vidas al azar.
Vagamente, Cyborg se dio cuenta de lo que estaba diciendo, pero su garganta estaba demasiado constreñida para responder. Su rostro comenzó a ponerse morado.
Speedy echó un brazo hacia atrás. Jinx estaba lista para atacar otra vez. Abeja se tensó, los tres Titanes del Este mirando fijamente a la empática con atención. Starfire hizo lo mismo, y aunque aparentemente estaba relajada, Raven notó que sus puños estaban ligeramente apretados y las energías de su cuerpo estaban concentradas alrededor de sus ojos y manos, casi listas para embestir.
Ven.
Raven miró a su alrededor y les dio una última mirada antes de enviarles una ola de energía psiónica. Los ojos carmesíes observaron a las figuras y después se cerraron y la figura desapareció, fusionándose perfectamente con las sombras.
La luz se apagó y prendió y ella ya no estaba ahí.
—¿Dónde está Raven? —preguntó Wally viendo que todo había terminado por ahora.
Un rictus recóndito se sintió.
—¿Risas? —preguntó Cyborg—. Vienen de ningún sitio…
—…y de todos al mismo tiempo —la voz de Robin se escuchó y todos se pusieron en guardia nuevamente, pero se relajaron cuando observaron el ademán de abatimiento y culpa del Chico Maravilla. Las palabras sobraban.
—Nunca olvidaré esa risa, es Trigon —susurró Chico Bestia desde el piso, sin energías para levantarse—. Se ríe de nosotros porque sabe que no podemos detenerlo.
—Tenemos que encontrar a Raven y después luchar contra ese chiflado de otra dimensión —dispuso Robin.
Constantine abrió los ojos cuando sintió el despertar de ese poder.
Ya comenzaba, la hora final.
Los monstruos no existen decían, pero viven dentro de nosotros y, a veces… ellos ganan.
El nigromante suspiró cansado. Un último trago.
Sabíamos que íbamos a perder…
Qué les pareció este capítulo?
Espero estén bien! No se olviden de comentar que les pareció, lo valoro mucho.
¡Nos leemos en el próximo capítulo, saludos!
