Capitulo 3

Apenada

- Caté quieres descansar, te veo algo agotada.

-No. Estoy bien Ros ¿Dónde estabas?

- Arreglando mis cosas, ¿Tienes hambre? ¿Deseas que te sirvan algo?

-Si Ros, sabes te noto extraña, ¿te dijo algo tu sirvienta que te dejo preocupada?

- Mmm No, es solo que… ya sabes... Cosas de la casa y de mi hermano.

-Oye por cierto es muy atractivo, pero ya sé porque no quiere a ninguna mujer

- ¿Ah sí? Ros estaba temblando pensaba ya la había visto, como la vio, se dio cuenta de que su novia está en la habitación de su hermano.

-Lo que sucede Ros, es que tu hermano desea conquistar a su mujer, no que lo conquisten y tengo algunos métodos que estoy segura funcionaran, ese de darse a desear, de que lo intrigues, de que le den ganas de conocerme, ¿me comprendes?

Ros con los ojos muy asombrada por lo que escuchaban de Caté se quedaba atónita y dijo

- ¡Ah! No, no te comprendo.

- Sígueme la idea vamos a provocarle curiosidad, no saldré de mi habitación y dejaremos que sea él, él que pregunte por mí. Ros trago saliva en seco y habría los ojos, por un instante quiso reír, pero no podía ser mejor, ella se iba a dar a desear con su hermano, si ese truco ya lo había hecho Leonor, y en esa ocasión pasó tres días y Albert ni en cuenta con ella, ahora con su novia aquí, sería muy bueno para no provocar líos entre ellos, pensaba Ros.

-Tal vez tengas razón Caté, eres muy buena para esto de dejarse conquistar eh, muy buena, definitivamente y veras que le provocaras mucha curiosidad.

Caté estaba satisfecha, ella lograría que ese Papi Chulo que vio en el retrato de la sala estuviera derrapando por ella, definitivamente provocaría que William deseará conquistarla y después, ella se daría a desear más hasta lograr ser un reto enorme por que la conquiste. Sonreía con aire de superioridad que no podía evitar.

Candy en la habitación estaba sonriendo, sin saber que pensar, había visto a la tal Caté y era una modelo una mujer muy hermosa, se miraba y definitivamente ella iba a ser desplazada pronto, pero bueno, al final ella que podía hacer si solo era amiga de Albert, si él se enamora de esa chica, ella podía quedar a la intemperie, que pasaría con ese amigo que ella no acepto y rechazó, o ese administrador, era joven porque nunca lo vio como una posibilidad y ese primito, sería capaz de mandarla matar o secuestrarla por dinero, donde estaría su madre ahora, y su hermano porque no las protegió, acaso el fue secuestrado también.

En otra parte una mujer investigaba con varios hombres del FBI que es lo que sucedía.

- ¿Dejaste a mi hija ahí Ollwen?

- Si señora Keynes, parece que ella se lleva muy bien con el dueño de la casa.

- ¿A qué te refieres?

- Mira Eleonor, ella no recuerda nada, si la traíamos aquí estaríamos en riesgo doble, si no encontrábamos a John, al menos el Sr. Andrew protegerá y la esconderá, nadie se imagina que está ahí, ella está protegida como la descubrirían si es una ciudad completamente lejos de todo peligro, es como si le hubiéremos dado protección para testigos, no sabe su nombre solo que se apellida Keynes, no recuerda nada, el Sr. Andrew se vio muy protector, nunca se le despegó de su lado, ambos estaban… abrazados.

- ¡Cómo! Mi hija abrazada a un hombre, estás loco Ollwen, ella es una señorita decente, ella no se ha enamorado antes, es una persona muy especial.

- Señora Keynes, quiero que se tranquilice con lo que voy a decir, pero… su hija duerme con él.

- ¡Qué! La cara de espantado en la Sra. Keynes estaba de tal manera que en un instante se cayó al suelo. Ollwen de inmediato la levantó y pidió ayuda al servicio, quienes atendieron a la señora, después de un rato volvía en sí.

- Ollwen eres un idiota. Dijo la señora Keynes en su enfado, pues su hija dormía con el Sr. Andrew, estaba con amnesia temporal y su cuerpo tenía parte de sedantes que nadie supo cómo logró escaparse sin quedarse dormida.

- Eleonor, John está en Inglaterra, mis compañeros ya lo encontraron está muy golpeado pero lograron salvarlo, quieres que nos traslademos con él.

- Por supuesto, mi hijo, mi Johnny, mi bebe, gracias a Dios está vivo. Eleonor lloraba, estaba triste tanto sufrimiento, su esposo desapareció hace tantos años hasta que lo dieron por muerto, su hijo secuestrado y ahora su hija solo ella faltaba, Eleonor era la heredera de todo, pero ella solo deseaba ver a sus hijos felices, si su pequeña Ely ya había encontrado el amor en ese hombre que la protegía, solo le pedía a Dios que su hijo estuviera bien.

Albert regresaba después de un día intenso de trabajo, sonreía en el camino recordando a Candy y sus conversaciones, sus juegos y como ella nunca se quiso ir a la cama y dejarlo en el sillón recordaba aquella noche en la que le dijo que él se dormiría en el sillón y le quedaban los pies de fuera y ella se reía, en eso entró Anita y del susto, ella se tropezó con sus pies y calló encima de él, haciendo la cara de susto para Anita que los encontró en una posición comprometedora, ella de inmediato se levantó y corrió al baño toda avergonzada y apenada, Anita se disculpo y se retiro dejando la charola de la cena y el estaba con las carcajadas por las dos que se habían apenado por nada.

¡Candy! eres genial como logras hacer eso apenarte de esa manera, ¿acaso realmente te gusto? No eso es imposible, ella siempre está alejándose de mí, habla conmigo como si fuera un amigo, no la he visto intentar nada, ¿Qué pasará por tu mente pequeña? ¿Realmente qué edad tendrás? Pero que estoy pensando, ella es… fascinante. No se da cuenta que estoy enamorado de ella, ¿Y si se lo digo? Me perderá la confianza, ya no dormiría en mi habitación, no mejor espero a que ella se recupere y recuerde quien era, y si estaba enamorada de su amigo ese y lo había rechazado pero tal vez ya pensaba en aceptarlo, o si el administrador y ella tuvieron algo y ella no lo recuerda, este sigue enamorado de ella y ya no lo quiere. ¡Ah! ¡Qué tonterías!

Bajaba y era recibido por Ros, Anita servía la cena y Albert como siempre, la pidió para su habitación, así cenaría con Candy, quien debía estarlo esperando.

-Ros qué bueno que llegaste, ya te comentó Anita de mi novia.

- Si, una sorpresa muy agradable, pero debiste llamarme así no traía a Caté.

- Lo siento, pero te dije que no necesitabas traer a tus amigas, ahora creo que lo comprendes.

- Te veo y no lo creo estás perdido hermanito, nunca te había visto tan sonriente, al parecer ella hace muchos cambios en ti, debiste decirme que vendría a vivir a la casa.

-Ros tú no me dijiste que habías roto tu noviazgo, dijiste que no era de mi incumbencia los temas entre tu novio y tú.

-Lo sé, pero no es lo mismo, ahora no se qué hacer con Caté, esta comportándose como Leonor. Albert sonrió

- Vaya que buen esquema tienes de las damas.

-Lo que sucede es que va a estar escondida en su habitación hasta que te intrigue.

- Como Leonor. Mmm tienes razón, bueno al menos le presentaste a mi novia.

- No. Ella no quiso salir de tu habitación, dice Anita que apenas llegamos de inmediato corrió y se escondió ahí, así que fui a saludarla y a presentarme, es muy hermosa y agradable, no sé cómo es que puede ser como dijo Anita… fogosa y Candente, si se ve muy tierna y dulce.

- ¡Fogosa! ¡Candente! ¿Quién dijo que Candy es así?

- Anita dijo que el primer día que llegó aventó sus zapatos por la ventana tan lejos que ni el jardinero logro encontrarlos, y que su ropa estaba toda rota, que eres muy agresivo. Albert soltó una sonora carcajada, sin poder dejar de reír por lo que escuchaba, Candy tenía rota la ropa por el accidente, traía raspones pero él no se los había hecho, eran del accidente, que el vigilante fue muy discreto por orden del FBI, así que no hablaban del tema de que ella estaba ahí, Anita llegó el lunes la vio salir con el de la habitación vestida con ropa grande de Ros.

Durante la semana llegó una maleta de ropa, por paquetería especial del FBI con el equipaje de Candy a la que ni su nombre real sabía, ahora esa ropa estaba en la habitación de Albert porque ella tenía miedo no despertar o peor estar sola y que la atacarán, según recordó Candy fue dormida que la secuestraron , pues ella estaba descansando en su casa cuando fue secuestrada, despertó y estaba en una jaula como si fuera un animal, es que ella aun así escapo, recordaba que los somníferos ya no se los inyectaron porque sus brazos estaban muy maltratados, se los dieron de tomar, ella fingía tomarlos y fue así como lograba escapar, haciéndose la dormida, abrió la maldita jaula, tomo las llaves de un auto y salió, pero de su vida personal todavía no tenía muy en claro sus ideas, no recordaba a su madre y a su hermano, mucho menos a su Padre.

Albert termino por conversar con Ros, quien le avisó tuviera cuidado porque ahora sería conquistado no solo por su novia sino por Caté y que ella era muy bonita, nada que se pudiera pasar desapercibido a simple visa, que podía provocarle problemas con su novia, cosa que realmente a Ros ya le agradaba Candy, pues definitivamente era muy linda y se veía según Ros que amaba a su hermano. Albert al escuchar eso y la descripción que ella hizo del él por estar enamorado, definitivamente lo dejaba sonriendo, si Candy estaba enamorada de él, definitivamente era correspondida, pero por nada la dejaría salir de su habitación.

- Candy ya estoy aquí, ¿Cómo pasaste tu día?

- Leí el libro que me dijiste realmente es muy bueno, oye cómo es que ese Watson, soporta tanto a su amigo, mira que parece no apreciar todo lo que hace por él, hasta sacrificar su vida personal y el muy desagradecido de Holmes lo trata y lo ignora en ocasiones.

- También pensé lo mismo, pero son muy buenos juntos, tienen una capacidad de análisis mejor que la de Anita.

- ¿Anita?

- Le dijo que soy muy agresivo contigo, que te rasgue las ropas y que te deje desnuda, que somos muy fogosos y candentes. Candy soltó el libro de sus manos y puso cara de espanto, soltó las quijadas y después comenzó por reír junto a Albert quien al verla comenzaba a reírse.

- Pero porque pensó eso de mí.

- Bueno no hay ninguna mujer que duerma en esta casa conmigo, pero ella vio las ropas desgarradas de tu accidente, tal vez te vio los golpes y nos vio salir juntos de la habitación, traías la ropa de mi hermana, su capacidad de deducción fue muy veloz, mucho más que Sherlock Holmes.

En eso tocaban la puerta y era Anita con un carrito donde traía la cena para ambos, Candy pícaramente dijo

-Anita ¿Tendrá crema de avellana?

- Señorita la quiere para el desayuno con el pan.

- No, la quiero ahorita para William. Anita abrió los ojos y asustada dijo

- Ahorita se la traigo, salió corriendo asustada y Candy se reía doblándose al tiempo que Albert dijo

- ¿Qué pasa Candy? ¿Porque la crema de avellana para mí?

-Albert ella es una mujer muy mal pensada, piensa que me la voy a comer yo, pero untada en ti. Dejando asombrado a Albert quien la vio a los ojos, ella sonreía y agregó - Que no ves que dijo que soy una candente y una fogosa, todo lo que ha inventado de mi, a menos ya comprobé que es ella la que piensa así y no tu.

- ¿Estás segura? Haciendo que Candy se pusiera ruborizada por completo y se fue al baño, ahora el que se reía era Albert al ver que volvía a apenar a Candy en eso tocaba a la puerta Anita trayendo un bote con crema de avellana, este lo tomo y agregó en voz alta - Mi amor ya trajeron tu deliciosa crema de avellana. Donde Anita abría los ojos y salía corriendo, Candy abrió la puerta del baño, dijo

- Era mi idea no la tuya Albert, era para espantarla por mal pensada, no para que me intentaras asustar a mí, ahora que ya llegó tu futura novia.

- ¿Mi futura novia?

- ¿No la has visto? Entonces no bajo de su habitación eh, eso significa que va en serio contigo, ¿quiere que la conquistes?

- ¿Como lo sabes?

- Bueno, una mujer decente siempre desea ser conquistada, y que mejor que te intrigue sin que la veas y te cause curiosidad, es muy bonita, la vi al llegar, es alta, delgada, de ojos claros, muy hermosa, no creo que aguante mucho tu curiosidad por conocerla, y viene a conquistarte, lo escuche decírselo a tu hermana.

- ¿Celosa Candy? Dijo comiendo la cena que ambos ya degustaban en el pequeño comedor de dos personas que había puesto en su habitación.

- ¿Celosa yo? Porque abría de estarlo, no te estoy conquistando, somos amigos y…

- ¿y qué?

- No soy tu tipo Albert, no creo que sea competencia ni quien quiera competir tampoco, cuando ni siquiera sé mi nombre y mucho menos mi vida completa como para complicármela en una pelea perdida, pues la chica se ve que viene con todo a pelear por conquistarte, estoy segura que de que de esta no te salvas, quedas casado porque quedas casado.

- ¿Ah sí?

- Bueno en cuanto la veas me daré cuenta. Seguía comiendo y su mirada estaba hacia su plato se quedaba muy callada, sin una mueca de sonrisa, mientras que Albert no dejaba de verla y sonreía, definitivamente era su tipo y estaba celosa, pero no se lo haría saber, pues ella saldría de su habitación y no era así como él deseaba tenerla, por el contrario, la quería a su lado y no quería que por nada se fuera, tenía que ser muy cauteloso.

Terminó la cena, ambos colocaron sus platos en el carrito de servicio, para después sacarlo, después de un rato, Candy se bañaba y salía. Albert después, ella se acomodaba para dormir en el sillón como siempre, prendió la lámpara para leer y en eso tocaron la puerta, era Anita quien le dijo a Albert.

- Señor olvido la crema de avellana de su novia.