Capitulo 9

Deseando

Albert manejaba el auto, ella estaba apenada pensando en cómo les dijo que cerraran la boca a los tres hombres, pero no se arrepentía, pues su cuñadito era bastante estirado y como para verlo en esa fase, se veía tonto.

Albert por su parte sentía su pecho enorme, pues la mujer que tenía a su lado le daba gratas sorpresas, verla con esa ropa, lo hacía olvidar lo que fuera, y sentir responder sus besos, de la manera en la que lo hizo, cuando apenas él la estaba enseñando a hacerlo, definitivamente la alumna superaría al maestro en cualquier momento, pues no sabía lo que le provoco, después de abrir la puerta de su habitación después de ese beso tan candente, ya estaba bastante excitado que con gusto hubiera entrado en su habitación en ese momento.

-Vienes muy callado Albert, ¿te molestó algo que hice o dije?

- Por supuesto que no, estaba recordando que el becerro llegue después de comprar la vaca.

Candy se quedo con los ojos abiertos asombrada, acaso el dicho puede tener más trucos, que pretende Albert, robarme realmente este camino es solitario, no conozco nada por aquí, sin embargo se regresar a casa, pero él no se propasará ¿o sí?

- Ahora la que se ha quedado seria eres tú, no te preocupes, en el evento no me separare de ti, por nada.

- ¡Oh! que bien, respiraba tranquila pues mínimo si iban al evento. Que tonta haber pensado que Albert me faltaría al respeto, si ya dijo frente a su Padre que pronto le pedirá mi mano, soy una tonta.

- Te preocupa que vayas a encontrar en el evento, pero pobre del ingenuo que se te acerque Candy. Ella sonrió, respondió

- ¿Tan mala soy Albert?

- La ingenuidad va a ser si no saben que eres mi novia Candy, que definitivamente ni se te pueden acercar tanto.

- ¿Eres celoso Albert?

- ¿Tu no?

- Depende, ¿debo ser celosa Albert?

- Por supuesto que no.

- Tampoco debes ser celoso Albert, ambos sonrieron, Albert la miraba con ternura, ella lo apreciaba y le aseguraba que no tenía que ser celoso, es porque estaba segura de lo que quiere, tanto como él.

Llegaban al evento, Albert dio las llaves al ballet parking, cubría amoroso los hombros de Candy con la capa. Candy se ajustó a él, al entrar vio un lugar enorme, tanto y con demasiadas personas, los candelabros gigantescos en el techo, la luz a todo su esplendor hacía brillar a todos en ese lugar, había tantos hombres, todos bastante atractivos, muchas mujeres altas y hermosas, modelos al caminar y su estilizado cuerpo era envidiable. Después notó que las damas veían a Albert, ahora comprendía porque le hizo el comentario de los celos, que bueno que le avisó, pues si se sentía muy celosa. Al sentir la mano de el por su cintura suspiró.

Mientras Albert, entró y vio a los hombres que estaban ahí, sentía como observaban a Candy, casi como quererla invitar a pasar, el tenía que hacerles ver que era suya, que no estaba disponible y que mejor, Candy no se negaría si la abrazaba, ella era su novia y ambos estaban seguros de quererse uno al otro.

Un hombre se acercó y sonriendo amablemente dijo

- ¿Cómo estás William?, Veo que no vino tu familia, ¿acaso ella es alguien de tu familia que tal vez no conocemos?

- Si Rudolph, es mi novia. En ese momento quería decirle que era su prometida o su casi esposa, como no lo había pensado, si este imbécil al ser novia de William era un trofeo más, si lograban quitársela.

- Mucho gusto madame. Candy ni una palabra mencionó, le estaba tomando la mano y besándosela como si fuera su novio, frente a Albert y este no decía nada, así que no debía alterarse, al parecer aquí todos se saludaban así, contenía el aire, sutilmente se limpiaba la mano, haciendo que Albert levantará las cejas y apretara los labios, pensando cómo estaba Candy sorprendida y que no le agradaba para nada.

Candy no pudo decir ni media palabra y eso le agradó a Albert pues Rudolph era bastante atractivo y muy mujeriego.

Albert tomó a Candy y fue a la mesa de registro, dio un documento de su saco, y las damas, sonrieron muy amables,

- ¿No vino mi amiga Elroy, Sir Andrew?

- No, está muy ocupada en estos días con la fiesta de cumpleaños de mi hermana, pero le diré que usted estuvo aquí, mire le presento a mi novia la Srita. Candice White,

- Que hermosa es su novia, Sir Andrew, ella no es de aquí, ya la conoceríamos

- No ella es… la mujer de mi vida desde que nació, - Mi amor, ella es amiga de mi tía Elroy, la Srita. Mc Duluth. Albert si decía que era de América y con el concepto en que tenían de allá, era mejor no decirle nada.

- Encantada de conocerla Srita. Mc Duluth.

- Oh querida tu acento que hermoso y que claro es… dime Catalina, querida, que si eres la mujer de la vida de Sir Andrew, es seguro que mi amiga Elroy te aprecia mucho, prometo ir a visitarla pronto, dígale que con gusto la ayudaré en lo que necesite, ahora que termino este evento.

- Por supuesto Srita. Catalina, le diré a tía Elroy que usted la ayudará. Albert sonrió pues Candy dijo tía a su tía Elroy con eso le confirmaba que ella era aceptada por su familia, y con esa mujer sonriendo de esa manera descansaría de todo el salón, ahora esa mujer se encargaría de difundirlo.

En ese momento la Srita. Catalina hizo una seña, apenas se movieron de la mesa de registro, los fotógrafos se acercaban y no los dejaban avanzar, Albert le quitaba la capa para entregarla y lo recibieron con muchas fotografías, Candy sorprendida lo miraba a los ojos para que la orientara, el sonrió y la abrazó estrechándola con él, tomaban las fotografías, Candy sonrió al parecer en el evento así trataban a los recién llegados, haciéndolos sentir la octava maravilla, tal vez no era como las ferias, donde luego los atrapaban para meterlos a una cárcel y casarlos, pero se sentía igual. Lo confirmó cuando escuchó a un hombre de quienes los fotografiaban

- ¿Es su prometida Sir Andrew? Albert sonrió acercando su rostro a Candy ella al verlo feliz hizo lo mismo con una sonrisa efusiva no contestó nada pero lo miraba, al parecer si era parte de la recepción a las parejas que llegaban al evento. Pensaba Candy.

- Permiso caballeros, los veremos más tarde.

Albert abrazó con posesión a Candy para salir del camino que todavía era parte de la entrada, ahí dos hombres serios, daban pase a Albert y Candy deteniendo a los fotógrafos.

-Ven mi amor… Esto te ve a encantar. Albert llevó a Candy a una vista hermosa del salón completo y ella vio la magnificencia del lugar, ambos sonrieron por cómo todo se veía muy hermoso desde esa vista, podías observar a todos y ellos podían ser vistos sin notar la presencia de ellos que los observaran, Candy vio a un hombre como miraba de forma libidinosa a una mujer, y esta le gustaba le correspondía deslizando su mano por dentro de su saco. El hombre sonreía y ella lo seguía percatándose de que el hombre con el que estaba, no la viera a donde se iba con aquel hombre.

Albert la miraba y notaba la seriedad en la que Candy veía el suceso, la forma en la que Candy no apreciaba aquella cualidad de esa mujer, al estar con un hombre y luego con otro, Albert sonrió de medio lado, tal vez ahora comprendería porque no tan fácil era engañado cuando él podía observar desde ahí, Candy giro y sonrió al notar el ventanal abierto y una luna enorme viéndose desde el lugar en el que ambos estaban.

Albert vio como llegaba Anthony al evento, cuando ya había decidido no venir, ahora entraba solo, vio a Candy y ella estaba de espaldas, con la cabeza hacia la luna y una hermosa sonrisa se reflejaba en ella.

- ¿Quieres salir al balcón amor?

- Me encantaría, ¿no habrá algún inconveniente porque ambos nos salgamos del lugar?

- No, estando conmigo.

- ¡Albert! Si fuera con alguien más si lo habría

- Por supuesto. Lo mataría.

- ¿En serio?

- No. Pero me moriría de celos. Albert abrazó a Candy y ambos caminaron hacia una puerta donde salieron no había nadie, ellos estaban solos, se sentía un aire fresco y Candy se acercó a Albert instintivamente, este sonrió la abrazó abriendo su saco para cubrirla

- ¿Deseas que te preste mi saco?

- No. Así es mejor. Ambos sonrieron, Candy se recargó en su pecho y Albert sonrió al sentirla tan cerca. Este tenía su oído cercano a su rostro y le comentó

- Mi Padre te ha mencionado que serás su nuera, ¿te gusta la idea? Ella sonrió pero no respondió, sin embargo el continuaba, - A mi me encantaría tenerte a mi lado y que sintieras lo mismo.

- A penas me conoces Albert, no quiero que esto se convierta en el peor error de tu vida.

- Tal vez lo dices porque puedo ser el peor error de la tuya

- ¡Imposible! Albert la ajustó más, ella era increíble y la amaba, no necesitaba pensar para responder, era segura de sí misma, pero dudaba al no estar segura de él.

- No me gustaría llegar a la posición en las que tus hermanas estuvieron comprometidas

- ¿A qué te refieres Albert?

- Estoy seguro de que eres la mujer que he esperado para que sea mi pareja toda la vida, y no sé si pueda soportar estar lejos de ti, cuando no quiero separarme ni un instante, tanto para desear estar a solas contigo, desde el momento en el que llegamos a un lugar tan abarrotado de personas.

- Vamos Albert, hasta yo desearía estar a solas si a nuestro alrededor hay esa clase de personas que fingen estar con alguien para terminar en brazos de otro.

- Eso es algo que no deseo ver en ti.

- Eso jamás pasará, no soy una moneda de doble cara Albert, de sobra lo sabes.

- Tampoco lo soy Candy, mi lado es exclusivo para ti.

- Bueno eso pasa en los noviazgos.

- Pero si sigo tan cerca de ti, no puedo garantizar que solo llegue a ser un noviazgo permanente.

- Nadie tiene un noviazgo permanente Albert, a menos que lo desee. Candy se despegó del pecho de él para ver su rostro y ambos sonrieron, Albert tomó sus labios de manera apasionada, y ese beso parecía no querer terminar. Faltó la respiración y ambos se abrazaron al sentir que no podían detenerse. Albert la abrazó y ella se aferró a él, trato de componerse y recordó que sus labios se verían rojos por el beso, del pequeño bolso sacó un pañuelo y limpio los labios de Albert, ella sonrió y recargo su cabeza en su pecho para continuar limpiando sus labios, metió el pañuelo y tomó el labial separándose un poco para pasar por sus labios.

- Candy será mejor que regresemos.

- Si pensé lo mismo, sonrió apenada y Albert la abrazó por la espalda, para regresar al salón, vio a Anthony bailando con una mujer que él conocía bien, presionado por el padre, ahora buscaba una dama para tener novia para el cumpleaños de su hermana.

- Candy vez a la dama que esta con mi hermano.

- Si, es bastante bonita.

- Si pero es muy parecida a la dama que viste hace unos momentos, puedes ayudarme y bailar con Anthony, tal vez sería bueno que conociera a mujeres estables y decentes como tú.

- Puedo ayudarlo por ser mi cuñado, pero solo porque tengo tu petición.

- Vamos a bailar mi amor, ahí veremos a Anthony de cerca.

Ambos entraban a bailar robando miradas de mayores y de jóvenes, al ver Albert tan abrazado a Candy y ella tan feliz a su lado. En un cambio de piezas, Candy saludo a Anthony y Albert presentó a Candy con la dama que lo acompañaba una tal Adelaida.

- Candy te gusta esta pieza, preguntó Anthony.

- Si me invitas a bailar, lo veremos Anthony. Ambos sonrieron. Albert se quedó con Adelaida llevándola a donde un grupo de hombres sonreían con otras damas. Anthony desplego sus pasos notando la velocidad de la pieza y Candy sonrió de manera efusiva al sentir como la giraba al bailar.

- Eres una gran bailarina Candy

- Gracias, también lo eres Anthony. Ambos daban giros sonriendo y jugando en el baile, notándose en la pantalla que ambos se llevaban de maravilla, después la melodía terminaba y Candy se hacía acompañar para regresar con Albert. Este sonreía de medio lado y Adelaida era llevada por Rudolph a la siguiente pieza. Anthony le dijo a Albert

- Me ganaron a mi pareja, a caso se alearon para que no conozca chicas hoy. Candy le respondió.

- En un lugar de baile no siempre se conoce a la mujer de tu vida Anthony, tal vez deberías conocerla en donde te sientes feliz, no presionado. Anthony la vio a los ojos y volteo a ver a Adelaida que estaba besándose con Rudolph, este sonrió y respondió

- Tienes razón cuñadita, me tomaré unos días y tal vez salga de la oficina un poco para conocer personas tan bellas como tú. Permiso. Discretamente se acercó a Albert y al retirarse agregó –Gracias hermano. Con una sonrisa se acercó a la barra y antes de llegar una joven lo interceptó para llevarlo a bailar.

Albert vio a los ojos a Candy y ambos sonrieron, continuaron con el baile, esta vez con mayor continuidad, giraban y bailaban sonriendo para continuar con las piezas románticas, terminando ambos bastante enamorados con miradas que se delataban. Pasaban a la cena, pero ambos no dejaban de estar viéndose, para salir del salón antes de que el evento terminara y al ver como los fotógrafos seguían a Anthony haciendo que este mejor se regresará con una sonrisa, a esperar que alguien más saliera, Albert se brincó junto a Candy por el balcón y ambos pedían el auto discretamente a un ballet parking, este al ser sorprendido sonreía por cómo la pareja salía por otro lado.

- ¿Candy te gusto el baile?

- Si, gracias, la verdad no tenía deseos de bailar, pero se dieron las cosas… Albert notó que ella tenía el luto de su Padre presente, estaba ahora en un baile envuelta en detalles y angustiada por algo que no fue verdad.

-Siento que mi Padre este tan feliz al igual que yo de tenerte en Escocia, sin mirar que tu dolor…

- No Albert, el dolor de una perdida se lleva en el corazón, mi padre decía que el muerto al pozo y el vivo al gozo, pero las mujeres nos complicamos un poco con lo que sentimos. Estoy segura que él no sintió eso cuando perdió a mi madre, pero estoy en una posición en la que veo perder a muchos que consideraba mi familia, los amigos de mi padre también lo siguieron y solo me queda tu Padre, Albert, mis hermanas ya tienen sus vidas hechas y no puedo ser la madre de ellas, aunque tampoco me siento sin corazón para olvidarme que son mis hermanas, sean como sean.

Ambos se quedaron callados y Albert recorrió el camino, se apartó de la ciudad y continuó, Candy notó que no era el camino a su casa, volvió a sentirse inquieta pero Albert se detuvo en un hermoso lugar y la invitó a ver.

- Candy es más hermosa Escocia de día que de noche, pero aquí hay algo que se ve igual de bello, ven. Candy se tomaba el vestido, para caminar por la hierba y sentía que los tacones se hundían al caminar. Cuando vio el reflejo de la luna en el mar, no pudo más que sonreír era un hermoso paisaje nocturno, la luna embellecía el lugar haciéndolo romántico y apacible, Albert la abrazó con su saco en sus hombros, ya que la capa la había dejado en el salón.

- ¡Oh Albert! olvidamos recoger la capa.

- Te aseguro que le servirá de pretexto a la Srita. Mc Duluth para visitar mañana mismo a nuestra tía Elroy. Candy sonrió al notar como dijo nuestra, pero es que si era la hermana de su tío William, ella la nombraba también tía Elroy aunque no lo fuera.

Candy sentía la fragancia de Albert por todo su cuerpo en el saco de él que le quedaba bastante grande, Albert la abrazaba por su espalda observando el maravilloso paisaje y ella suspiró, en ese momento Albert sonreía, la giro despacio para ponerla frente a él.

- Me encantas Candy, ojala y un día no muy lejano quieras ser mi esposa.

- Si… ojala. Candy se dio cuenta de cómo le respondió y bajo la cara apenada, Albert sonrió, tomo sus labios para no darle tiempo a nada y ambos se fundieron en un beso. Albert tomó a Candy de su cintura estrechándola a su cuerpo y ella subió sus manos por su cuello, haciendo del beso no solo apasionado sino aceptado por el amor que ambos se manifestaban.

Albert perdió todo pensamiento, feliz dejaba agitar su corazón a toda velocidad combinando con el de ella. Sus brazos se introdujeron por dentro del saco que escondía a su hermosa novia, mientras que Candy tomaba su nuca metiendo sus manos en el cabello de él, Albert tenía sus manos acariciando su piel desnuda en la espalda.

En un movimiento instintivo de amor, Albert bajo su mano levantando la pierna de Candy que coincidió con la abertura de su vestido, uniéndola a su evidente desenfreno y ella accedió a las caricias que cambiaron de nivel al besarle el oído a Albert seducida por las caricias que ambos se daban.

- Candy mi amor, con una respiración entrecortada ambos se dejaban acariciar, cuando Albert besaba su cuello, ella gimió alterando los sentidos de él.

- ¡Albert! Te amo… te…

- Candy yo también… y mucho.

Albert trato de tomar aire tranquilizando su respiración por como ambos se dejaban llevar, y como Candy le dijo que lo amaba.

- Mi vida, creo que no es bueno esperar tanto… no podré… créemelo Candy… no podré

- ¡Albert!.. Con su respiración agitada y bajando la cabeza sonriendo apenada y a la vez feliz. Agregó - Tampoco podré y no deseo estar en el papel de amante… aunque lo parezca.

- ¡Candy! tu jamás serás una amante mi amor, solo que nos dejamos llevar, soy el culpable de esto. Tú no eres una… No mi vida, nos casaremos… lo juro nos casaremos… lo juro Candy.

- Albert. Ella se refugió en su pecho tomando aire para controlar lo que perdió en un instante, pensaba en como si deseaba ser amante y ahora comprendía a sus hermanas, que tonta era, si el amor es tan impredecible, incontrolable, quien era ella para cuestionar el amor de sus hermanas y humillarlas de esa forma, cuando ella deseaba estar en los brazos y ser amada, como no comprender a su hermanas hasta ese instante, cuando ellas estuvieron solas en un país distanciadas de todos sin unirse, como no desear ser amada y amar, cuando la soledad en la que estuvieron, con el temor de su Padre todo el tiempo.

- Candy tenemos que regresar a casa, ya es muy tarde.

- Por supuesto, ¿Qué hora es?

- Las 4:00 de la mañana.

- ¡Que! Santo Dios, mi tío me va a matar, en mi vida jamás imagine llegar tan tarde a dormir.