Capitulo 12
Un compromiso innegable
La fiesta comenzaba y Candy no salía de la habitación, Albert quien fue por ella en más de dos ocasiones, le dijo que aun no estaba lista, que ella bajaría a la fiesta en unos minutos más. Albert sonriendo aprovechaba para ver llegar a George con unos documentos bastante deseados y una confirmación de un juez de la familia para que estuviera al menos al medio día en una boda legal en el estudio de la casa de manera privada, George fungiría como su testigo y William sería el testigo de Candy pues todo sería bastante privado para que en Escocia no se difundiera la noticia y esperar al regreso de la novia y el novio para la boda en Escocia.
Candy estaba nerviosa, ahora se miraba en el espejo y juraba que así no se veía el vestido cuando se lo probo, se sentía bastante provocadora, los bustos resaltaban y se veía muy hermosa, lo que no tomo en cuenta es que el vestido le iban a hacer algunos ajustes y para no dejarlo en la boutique los ajustes se los hicieron en la casa, como referencia usaron el vestido que había llevado a la gala de beneficencia, pero el escote lucía muy atractivo, la cadera muy marcada y con la seda se marcaba su cuerpo de una manera que todo Escocia podría darse cuenta porque Albert eligió a tan bella mujer, sin embargo eso ella no lo pensaba, por el contrario, ya con el maquillaje y el peinado para el vestido, pensaba en cambiárselo por otro y el único era el que había usado, eso no era permisible, sacó unas alhajas que estaban ahí por orden de su novio y combinaban increíblemente con el vestido.
Albert estaba sonriente al ver llegar a George con una sonrisa y agotado
-Todo listo y como esta fiesta será muy larga nadie de la familia y de la publicidad pensarán que ustedes contrajeron matrimonio. Mencionó George en complicidad con Albert.
-Sabía que podía contar contigo George, nos has salvado la vida
- ¿la vida?
- Si George, ambos nos urge estar casados legalmente y créeme una bendición religiosa nos espera en América.
- ¿Bendición religiosa? No comprendo
- No es necesario que comprendas George, lo cierto es que soy el hombre más feliz de toda Escocia.
Candy bajaba la escalera, con el ruido del baile y la atención a Andrea, nadie se daba cuenta a excepción de Albert que al estar atento a George daba la espalda al salón y la veía bajar, haciendo que su boca se soltara al verla, eso no lo esperaba, ahora agradecía a Dios por querer adelantar la boda, definitivamente era muy necesario, no podría pasar otra noche con ese suplicio, ella se veía como una diosa, el vestido se pegaba entre más pasos daba y esos bustos y esa cintura remarcada, hacían enloquecer y perder la poca cordura que le quedaba.
George que conversaba con él, vio hacia donde él se quedo mudo y sonrió, ahora lo comprendía todo, quien por esa mujer no haría hasta la locura de casarse en secreto, ahora sí lo entendía por completo, se movió dejando solos a la pareja que se abrazaban y se admiraba.
William al ver a Albert con ambos brazos en la cintura de Candy y ella escondiéndose de todos abrazando a Albert, confirmaba que solo deseaba quedarse en Escocia y si era necesario lo más pronto posible darle nietos, al girar Albert vio a Candy y el mismo William abrió los ojos, por Dios Candy era una mujer muy … apretó los ojos y se giro para tomar un whisky, realmente era la hija más bella y Albert el hombre más suertudo de la tierra, esa hija si no la casaba de inmediato se la ganarían en cualquier momento, tomo dos vasos y le dio uno a George sonriente comentó
-Brindemos amigo, acabamos de ganar a los Norte americanos la guerra más reñida antes de que surgiera. George sonrió tratando de comprender las palabras tomó el vaso y hasta el fondo ambos brindaron.
Albert no le quitaba la vista de sus ojos y ella sonreía apenada, escondiéndose con él, apenas entraron al baile, Albert la estrecho y ella se recargó con él haciendo que todos notaran quienes estaban ingresando al baile.
Alister quien bailaba con su esposa, hizo un suspiro apretando a Paty a su cuerpo y ella solo pensó que era la melodía. Mientras que Archie, suspiro perdiendo la mirada en Albert haciendo un gesto de cómo lo envidiaba y Annie que bailaba con él, no se dio cuenta de nada.
Anthony sonriente bailaba juguetón con Andrea, cuando vio a Albert con los ojos cerrados bailando con su novia este vio a Candy por la espalda sonrió hizo una seña a Andrea y ambos con un guiño decidieron terminar el baile para anunciar el compromiso de su hermano mayor.
Anthony y Andrea subieron a unos escalones, Candy se escondía en el abrazo de Albert, este notó que la música se detuvo y el no se había dado cuenta hasta que Candy lo ajusto de su cintura para detenerlo. Ambos vieron a Anthony y este invitó a su padre al frente
- Damas y Caballeros, los Andrew estamos felices por el cumpleaños de Andrea y tenemos mucho más que festejar, Padre por favor puede acercarse para hacer el anuncio.
-Por supuesto hijo, es un honor para mí anunciar el compromiso de mi hijo William Albert Andrew y mi ahijada la Señorita Candy White, que pronto nos harán el honor de festejar su matrimonio aquí en nuestro país Escocia.
Candy abrió los ojos olvidándose de su escote, sorprendida por el anuncio y Albert sonriente busco su aprobación, ella giro para ver a Albert quien buscaba su mirada, ella al verlo sonrió haciendo que Albert se acercara a darle un beso, ella le acaricio la mejilla para aceptarlo ambos soltaron el beso. Albert la encamino posesivo al frente para subir los escalones con ella. Llevando con él, caminaban Candy derecha olvidando de su atractivo vestido y sonriendo por la sorpresa que William y Albert le dieron para salirse con la suya, sonreía al subir así todos observaban lo hermosa y atractiva que se veía en ese momento. Anthony bajo la cabeza apenado por ver a su nueva hermana muy hermosa, recordando lo de su frase de la boca abierta no entran moscas.
Andrea al ver como todos los caballeros veían a su futura cuñada, sonrió y agregó
- Estamos muy orgullosos de que mi nueva hermana Candy haya aceptado a mi hermano y también que desee casarse aquí en nuestro país. Candy sonrió, abrazó a Andrea ambas se veían muy hermosas. Candy apenas soltó a Andrea abrazó a William y este sacó un pañuelo limpiando sus ojos de alegría porque Candy había apurado su boda legal solo por él.
En América, la lluvia atasco la camioneta de Niel, quien llevaba a Chay al rancho, estos bajaron y subieron a una colina a la cabaña de cacería de venados que había por esos rumbos, ambos empapados, entraban y sonriente por como intentaron sacar la camioneta y está más se atasco.
- Niel ¿Conoces este lugar?
- Si Chay, es la cabaña de caza, aquí encontrarás muchas armas, lo bueno es que traigo la llave, está en zona alta y verás que estaremos bien.
- Me dices lo de las armas, por si llego a ocuparlas,
-No. ¿Cómo que ocuparlas?, ¿vas a cazar algún animal con esta lluvia?
-Bueno digamos que un animal no, pero puede ser necesaria si…
- ¿Qué estas pensando White?
- Bueno… dime te quedaras con la ropa mojada puesta
- Por supuesto que no, quieres que me muera de una pulmonía
- Tampoco me voy a morir de una pulmonía pero si te propasas, usare con gusto una escopeta de esas. Niel saltó una carcajada por el avance de palabras de Chay quien acompañó sus risas, ambos entraron y en cuanto pudieron se dieron a la tarea de estar alejados para quitarse la ropa húmeda así mismo, Chay notó que solo había una cama individual, un sillón individual. Niel ya estaba con la chimenea encendida al parecer era de gas.
Niel se cubrió la cintura, colgó su ropa y Chay le dio la de ella este de inmediato volteo instintivamente y ella estaba cubierta con una cobija suave y calientita cubriéndose por completo. Este sonrió y ella hizo una media sonrisa sentándose en el único sillón frente a la chimenea.
Niel se sentó en el suelo, pero su cuerpo estaba desnudo así que estaba más cerca de la chimenea para calentarse. Chay sabía que él la respetaría, pero ella lo observaba y deseaba algo que hacía tiempo no tenía, silenciosamente se puso de pie, abrió la cobija y lo cubrió sentándose a su lado. Niel sintió la piel desnuda de Chay apretó los ojos, apenas sintió todo su cuerpo cercano a él, la abrazó y tomo sus labios apasionado con ella.
Ambos se encendieron de inmediato. Las risas, la atracción, la forma tan simultanea en que ambos eran y que tenían demasiadas similitudes no quisieron detenerse era un hecho innegable que se gustaban, se deseaban a penas se vieron en aquel restaurant, todo se dio sin pedir y Chay no estaba dispuesta a negarse una noche con Niel.
El no estaba dispuesto a dejarla ir. Sentado en la alfombra frente a la chimenea, agitado por las caricias, Niel acariciaba a Chay y ella se sentaba frente a él tomando sus brazos con posesión como asegurando que esa noche ambos lo disfrutarían.
En el rancho Montan, Terry le informaba a Romí que Niel no quiso arriesgar la integridad de Chay y que ambos no llegarían esa noche, ella sonrió con una hermosa bata recargada en el muro coqueteaba a Terry, este en cuanto la vio sonrió y la jaló.
Al frente todo Montan se apagaban las luces y alguien entraba a obscuras, jalado por una mano insistente de Mine iba Tom rumbo a su habitación entraron ella cerró la puerta y dijo en un tono muy bajo,
- Está lloviendo mucho ¿te quedas conmigo esta noche? no te irás y no te quedaras fuera de mi alcance, este le sonrió se acercó a ella tomo sus labios y lentamente después de un bello beso respondió
- Como quieres que me niegue Mine, así tan insistente… a ti jamás te negaría nada mi pequeña. Ambos sonrieron la lluvia arreciaba y la noche se hizo larga en Texas.
En Escocia se despedían a los invitados, todos estaban muy cansados y se retiraban poco a poco, la primera en irse fue Andrea seguido de Anthony, William tomo de más y dejo instrucciones de que lo despertaran temprano, George se quedo en una de las habitaciones de huéspedes con instrucciones precisas para el día siguiente.
En los jardines una pareja continuaba besándose afanosamente, viendo como se apagaban las luces de la casa, ambos regresaban a la habitación de Candy, donde Albert continuaba con besos ardientes y ella cerraba la puerta para que nadie los viera.
-Amor, mañana nos casaremos legalmente, cuando regresemos a Escocia nos casaremos religiosamente.
- Como quiera mi Tío, te amo y no pienso seguir negándome a este sentimiento Albert
- Crees que yo quiero negarme Candy… eso es imposible.
Albert besaba apasionado y acariciaba su cuerpo a través de la seda, ambos se dejaban llevar por la pasión que contenían y esa noche no la dejarían pasar, se amaban, se habían comprometido, se casarían legalmente, pero no era necesario ese amor era palpable y ambos lo deseaban.
- ¿Estás segura mi amor?
- Completamente.
Albert bajo el cierre del vestido y este cayó al suelo, dejando ver un hermoso cuerpo bien formado, Albert ya no portaba el saco solo la camisa la corbata había sido quitada desde que entró a la habitación apenas vio el cuerpo de ella y no tuvo mucho que hacer solo dejarse llevar, se había contenido noches atrás y días completos ansiándola, esta vez sería suya y ella se lo confirmaba.
Lenta y perezosamente ambos se entregaban al amor delicadamente al notar que ella sufría al aceptar el amor por primera vez.
-Te amo Candy, con todo mi ser.
-También te amo, lo sabes mi amor.
Albert beso su rostro delicadamente, sintiendo el placer indudable de tener a quien tanto amaba en sus brazos, esa noche no durmieron, al salir el sol, Albert quería salir sin ser visto dejando un par de rosas rojas en las manos de Candy, pero esta lo sintió y lo jaló con una sonrisa él le dio un beso y agregó
- Amor tenemos que despertar, hoy regresamos a América.
- Si mi cielo, me daré un rico baño caliente
-No me tientes Candy o me quedare aun que todos se enteren que estoy aquí.
- No. Mejor evitamos enfados con mi Tío. A regañadientes Albert se vistió, con la corbata y el saco en los brazos se fue, apenas entro a su habitación quito las sabanas y lanzó la ropa para correr a bañarse.
Con una sonrisa sus ojos se delataban de no haber dormido pero tenían un vuelo para dormir todo el camino esa noche fue la mejor noche de sus vidas. Candy suspiraba mientras tomaba el baño y entraba una mucama, esta le pidió un café cargado por la fiesta que había pasado, había muestras de la noche de amor pero Candy se había llevado la sabana al baño con el pretexto de cubrirse la mojó y lavó conscientemente, después la mucama la recogió como un accidente al estar mojada.
Candy se vestía sus ojos denotaban cansancio y felicidad al mismo tiempo, tomaba una pastilla para no mostrar dolor o cansancio, después entraba un carrito con unas rosas hermosas y un recadito cerrado.
"Mi amor, estaré en el estudio esperándote antes que todos bajen"
Se apuro y tomo un hermoso vestido casual con vuelo en color beige y un bordado en el cuello forma uve que tenía el vestido, se colocó sus zapatillas altas y se arreglo tan rápido como pudo, apenas terminaba la mucama de arreglar y Candy ya estaba saliendo de esta.
Vio que todo estaba en total silencio, ella se fue al estudio, ahí estaba sentado Albert con un periódico y café, ella toco la puerta ambos se vieron, de inmediato se abrazaron como si hubiera pasado tiempo sin verse.
- ¿Estás bien, mi amor?
- ¡De maravillas, mi amor!
Albert la beso con ternura y ella lo abrazaba con entusiasmo evidente.
-Te amo tanto princesa, hoy por fin nos casaremos y esta noche saldremos a América.
- Si Albert… necesito regresar lo más pronto posible, y contigo a mi lado este viaje es…divino mi amor.
- ¡Candy! Soy el hombre más feliz de todo Escocia en este momento.
-No. Creo que el más feliz es mi Tío William, mira que asegurarse que no me le vaya a quedar en América y querer casarme legalmente para saber que regrese aquí.
- ¿Te molesta?
- No, es solo que… la prisa y… deseo que seamos felices Albert
-Lo seremos Candy, te lo juro.
- No jures, sé que me amas y lo sentí todo el tiempo, tanto como te amo de esta manera que…
Tocaron la puerta y entraba George con dos hombres, después entraba William sonriendo, sus ojos mostraban cansancio pero surgía una sonrisa al ver a Candy tan bella sonriendo.
-Hija que bella eres y que bien que decidieras casarte con mi hijo aquí en Escocia.
- Vamos Tío, que esto bien que lo planeaste, mira que eso de querer nietos es un reto enorme y una prisa por ser abuelo que ¡Por Dios!
-Lo sabía, sabía que tu no me fallarías hija, ese amor que hay entre mi hijo y tu se ve que se siente en el aire. Albert para que no delataran su versión a uno de inmediato.
-Eso ni lo dudes, por ella… haría todo lo posible y lo imposible por verla feliz. Candy lo abrazó más de su cintura y el bajo su cabeza para darle un beso por aceptar su amor.
El Juez de inmediato, tomo sus papeles y aclaró que esta boda se manejaba de forma discreta para que en un plazo no mayor a un año se diera la boda religiosa en Escocia, Candy no se negaba a nada, dejaba a Albert y a su tío hacer de los papeles lo que ellos decidieran, se mencionó un documento de fortunas y ella dijo que lo que su tío William deseará que ella no se casaba por dinero sino por amor, que al que aceptaba era a William Albert Andrew, no a la fortuna que le pertenecía a la familia. Albert no dejaba de admirarla, George sonreía pensando hasta donde tuvo que viajar su muchacho para encontrar a una mujer como ella, firmo contratos prematrimoniales, pero Albert exigió uno de fidelidad absoluta y otro de vivir en Escocia, a lo que ella no se negó, simplemente sin decir más comentó
-Donde el vaya… iré y donde él quiera que vivamos ahí junto a él estaré. El Juez levantó la vista agregó un escrito del matrimonio y la tradición familiar, la unidad de los seres que es eterna y el amor como una obligación a cuidar, conservar y perfeccionar todos los días hasta que la muerte los separe. Albert de inmediato agregó
-Y después de la muerte vernos en otra vida, para esperar juntos la eternidad junto a Dios. Candy lo vio y salieron sus lágrimas, Albert sacó un pañuelo limpiando sus ojos y ella lo abrazó enternecida. Firmaron los papeles y George quedo como testigo de Candy, no de Albert. Mientras que William respaldaba a su hijo orgulloso. Después aclaraban que esto quedaría en secreto para afianzar esta unión a través de Dios, lo que el Juez recalcaba era que habían firmado documentos precisos para casarse religiosamente en Escocia en menos de un año. Candy asentía y Albert sonreía agregando.
-Candy por mi familia es obligatorio que contraiga matrimonio aquí en Escocia, pero sabes bien que donde sea que estemos juntos será nuestro hogar.
- Si Albert, tu eres mi hogar. William abrazó a George quien al escuchar eso subió su mano al rostro por la emotividad que ambos mostraban y definían como pareja.
Ambos se separaron y entraba una charola de servicio con un brindis, después de esconder los papeles sin decir lo sucedido a nadie. Candy y Albert estaban uno frente al otro en el ventanal, mientras George y William comentaban.
- Ni mi esposa se imaginó que la menor de las hijas de Ron se casaría con nuestro hijo mayor.
-Con gusto me iría en este momento a América si encontrará un amor como el que encontró mi muchacho.
- No olvides George, que fue mi idea enviarlo a Ranch Montan.
- No lo olvido señor, usted quería mandar a Anthony, yo cambie los papeles y el que quedo libre fue mi muchacho, así que eso tampoco lo olvide usted, la nueva Sra. Andrew jamás coordinaría con su hijo menor.
- ¿En serio? Si Anthony es mayor por tres años y Albert le lleva siete
-Le lleva ocho señor, por cierto la Sra. Andrew cumple años el mismo día que su esposa, en paz descanse.
-Si, lo sé. Cuando lo supe, quise de inmediato conocerla, era un capullito rizado con los ojos más grandes y hermosos que haya visto en mi vida. Ni mi mujer con toda su belleza tuvo unos ojos así de bellos, ella los tenía como mi Andy.
