" El éxito se resume en dos palabras: no rendirse". Era una frase en la cual Piers Nivans creía fervientemente pero, al final del día terminaba sintiendo un gran vacío y desdén a su frase célebre que usaba como mantra motivacional.
Lo que más dolía era ser alguien tan cercano a su capitán y notar como eran universos paralelos. Chris en su mundo y lucha a parte de cualquiera que tratara de traspasar la muralla que había construido desde lo sucedido con Jill. Atrapado en medio de una guerra sin cuartel donde el único perdedor era él, el desdén dolía como un cuchillo y el saber que nunca sería correspondido era la única respuesta clara en el panorama.
Entendía perfectamente que no podría ser amigo de Chris, era algo a lo que debía renunciar y esa palabra no estaba en su vocabulario. Le obsesionaba la idea de seguir adelante como si se tratase de ganar una batalla personal, de intentar olvidar aquel amor imposible que solo terminaba mermando su psiquis y obstaculizando su trabajo. Pensaba seriamente en desertar la media misión en Edonia por el rechazo recien recibido por parte de Redfield. Era lo suficientemente maduro para entender que, lo único que estaba en juego era su cabeza y corazón.
La vieja taberna del pueblo estaba a tope de capacidad gracias a los miembros del equipo Bravo, quienes festejaban el triunfo del escuadrón sin haber sufrido ninguna baja tanto en el grupo como civiles. El único que parecía fuera de lugar era Nivans quien desde el inicio de la velada tenía como fiel compañera una botella de licor barato. Pero hacía su mejor esfuerzo por fingir y torturarse con la presencia de la persona por la cual el vino en su torrente llevaba el nombre de Redfield como si veneno se tratase.
Todo era risas, malos chistes, cervezas y uno que otro trago más fuerte para los más malaventurados.
—Si llego a morir en batalla, quisiera ser recordado como un héroe. —Interrumpió el más joven de los militares, quien con poco equilibrio se sostuvo de la mesa redonda donde brindaban.
—Basta, Finn. —Ordenó el capitán al momento de acomodar su abrigo y así imponer compostura entre sus subordinados.
De nuevo Chris terminaba de salvar la noche gracias a sus reglas y ética intachable; esa era su naturaleza.
—Eres un desastre, bastardo. —espetó Piers a dos lugares de su compañero de menor edad. —Es tu primera misión y ya piensas en morir. No solo eres idiota, tambien eres estupido.
Nivans y Redfield cruzaron por un instante las miradas, haciendo a relucir en sus conciencias el recuerdo de la declaración del comandante del escuadrón. Situación incómoda para ambos debido a sus posiciones en el campo de batalla y el que Chris no tenía las mismas preferencias que Piers.
—Parece que alguien necesita coger con urgencia. —Dijo en tono burlón Marco. —Venimos a divertirnos, no a pelear entre nosotros. Mejor ve y checa si alguna mujer desesperada puede hacerte el favor y si es lo contrario, yo pago para que te la chupen y se te quite ese humor del carajo.
Piers solo dedicó una expresión fría alzando la ceja y alzando el dedo medio. Negando en silencio se dispuso a terminar la discusión. Era cierto cuando se le acusaba de tener la peor actitud entre los soldados.
—Deja de pensar en cosas banales, Finn. —El capitán continuó el regaño con voz enojada. —Haré todo lo posible en mis manos para que todos regresemos a casa.
Chris conocía como la palma de su mano a su compañero de batalla, sabía que Piers estaba a punto de estallar por el hecho de tocar un tema que le molestaba.
—Pueden retirarse los que quieran, yo lo haré porque fue una semana pesada y debo escribir los reportes correspondientes de la misión. —Respondió con serenidad el moreno mientras pasaba la mano por su barba de días. — Hicieron un gran trabajo, nos vemos en la base en una semana para revisar el protocolo a seguir.
Durante esos días estarían estancados en ese pueblo donde la gente miraba con extrañeza a los forajidos.
—Bien capitán. —Contestó Carl al tambalear inconscientemente en su lugar.
Piers sonrió de lado, no encontraba mejor respuesta para evitar el dirigir la mirada a Redfield.
—No te ves nada bien. Vamos, te acompañaré a tu hostal. —dijo Chris con su instinto protector. Levantando a Carl casi ayudandolo a estar de pie y caminar a la salida. No sin antes dar una palmada en la espalda a su segundo al mando. —Tú también fuiste novato, tranquilízate.
Chris se sentía con la responsabilidad de salvaguardar la vida de cada uno de sus subordinados, estando bajo órdenes militares o no.
Los nervios no se hicieron esperar en la mente del castaño.
—Estoy bien, nadie mejor que tú lo sabe. —Contestó con un tono sarcástico. —Mírame. —El joven de ojos color hazel hizo una expresión sutil pidiendo atención de su capitán.
Y eso hizo Redfield, ver con detenimiento a un joven que había perdido el respeto del espacio personal de su projimo. Sabía de los sentimientos de Piers y no podía responder de la manera en que el joven esperaba.
—¿Qué harás, Piers? —Preguntó el militar al girar la vista y mirar a su amigo novato perdido en la otra mesa. —¿Crees que esta es la manera correcta?
El estar tan cerca de Chris casi le hacía perder el poco autocontrol que aún le quedaba. Pero como siempre, Redfield tenía la razón. Estaban en Edonia para llevar a cabo una misión y debía comportarse a la altura de la situación.
—Tomar tanto hasta que olvide tu rostro.— Dijo para sí mismo como respuesta correcta a la interrogante del capitán.
Estaba molesto con él mismo, frustrado y avergonzado por actuar. Parecía adolescente empecinado con su crush de juventud y no el segundo al mando en el equipo Bravo.
—Estaré un rato más aquí, la mesera me guiño el ojo. —Respondió con una mentira. Chris entendería de inmediato la falta de verdad en sus palabras.
Redfield giró la vista para encontrar a uno de sus subordinados tirando su dinero cerca de la rockola. Leyó entre lineas la obvia mentira de Piers pero, no le interesaba enfrentar esa situación y era lo mejor el que el francotirador marcara la distancia por si mismo.
—Finn podría entrar a la base enemiga si lo dejo ir solo. —dijo el capitán al volver a mirar a los ojos a Piers.
Lo peor de enamorarse y no ser correspondido, era enamorarse perdidamente de un hombre jamás cambiaría. Chris era el mejor representante de la identidad heterosexual. Su vida giraba alrededor de Jill y su infructuosa vida amorosa después de lo sucedido en Kijuju.
Era admirable el como su capitán podía tener encuentros de una noche y salir airoso de tal situación, sin reclamos, sin compromisos. Lo notaba en esa mirada de Chris cuando hablaba con las lugareñas del pueblo deteriorado en el que residían, esa mirada llena de necesidad y ganas de perderse en un momento de libertinaje.
—Bueno, pediré un whisky escocés en su honor. —Contestó el joven soldado, al momento de intentar esconder su mirada. Estaba notoriamente conflictuado consigo mismo.
Todo quedaba en un anhelo silencioso, un simple deseo perturbado de algún día poder llegar a sentir en plenitud una caricia de aquel hombre al que amaba. Y al estar frente a él todo se complicaba.
Chris contestó mientras envolvía su cuello con una bufanda negra. —No te ofendas, pero prefiero otro tipo de compañía y es mejor alguien a quien no sea de mi escuadrón. —Contestó tajante marcando el final del tema de manera definitiva.
Lo más seguro era que Redfield se dirigía a una velada denominada "one night stand only" en lugar de hacer el famosos reportes y el resguardar a sus subordinados era una fachada para dirigirse a un lugar donde nadie pudiera reconocerlo.
—Lo mismo digo, capitán. —Piers alzó su bebida recién servida e hizo un gesto de despedida.
Estaba con las manos atadas, pero no lo suficiente para renunciar a sí mismo. Él no cambiaría y se sentiría orgulloso de quien era.
—No estamos en servicio, puedes decirme Chris.
La vida era irónica muchas veces. Chris mostraba intención de que su compañero no fuera tan formal.
—Deja de mandar mensajes confusos, Redfield.
El líder del escuadrón aclaró la garganta al notar el error que cometía.
—Pasa una buena noche. —Dijo Redfield al momento de despedirse.
Nivans se levantó del lugar donde anteriormente había compartido bebidas con el resto del equipo y caminó para estar en la barra ahora que se encontraba en solitario.
Estaba cayendo en el autodesprecio; Chris solo rompía su espíritu día a día sin que lo supiera o le importara. Lo cierto era que, al final era un soldado y al ser derribado, debía ponerse de pie.
—Esto es una mierda. —Susurró para sí mismo.
Era un hábil francotirador, su desempeño hecho avanzar entre escuadrones más rápido que los demás novatos. Merecía algo mejor que andar mendigando algo de atención.
Desgraciadamente si Chris hacía de su vida lo que deseara y le demandará el cuerpo ¿Porque él no podía hacer lo mismo?
—Hora de dejar de ser un marica.—Espetó con seguridad al dejar su vaso de un golpe en la mesa.
Él pensaba que el ser homosexual era una preferancia y el ser marica se trataba de tomar una actitud ante la vida.
Si tan solo eso hubieran sabido el grupo de hombres quienes estaban a unas mesas lejos del joven, se habría evitado un gran conflicto.
—¿A quien le dijiste marica? —Preguntó a manera de orden un hombre de apariencia tosca.
«Maldita la hora en que me dejaron solo los borrachos de mi equipo.» Pensó el joven al instante en que giraba en su banco.
—A nadie... a menos de que te queden los tacones de aguja —Refutó en tono sarcástico. —Pontelo Ru Paul.
Estaba solo, en un país del cual desconocía sus tradiciones y comportamiento. No podía jugar a ser valiente pero tampoco podía mostrar miedo; era parte de su orgullo el no dar un paso atrás y querer buscar pleito debido a la frustración que llevaba a cuestas. .
—¿Te crees más listo, niño bonito? —Expresó el hombre robusto al momento que hacía tronar sus nudillos.
Piers apretó la mandíbula conteniendo las varias respuestas llenas de ingenio que tenía en mente.
Estaba por recibir una paliza justo cuando había tomado la decisión de dar un rumbo distinto a su perspectiva de vida.
Todas las miradas del bar se posaron en él, esperaban la primera señal para hacer destrozos en el lugar. Era una situación complicada.
Incluso el cantinero asomó su nariz para percatarse de todo el conflicto.
—No le hagas caso, Cariño. —Dijo una mujer con apariencia exhibicionista. —Yo sé que eres todo un hombre.
Era notorio que ese era su trabajo. Manejar a hombres tontos y que cedieran sus billetes mientras la testosterona controlara su cerebro. La Dama de compañia metió la mano entre la camisa desabotonada de Yuri. Nombre del poco amigable buscapleitos del lugar y así calmar los ánimos entre los nada sobrios hombres del bar.
—Dame dos cervezas, él paga. —Pidió la mujer aun abrazada del torso de Yuri mientras señalaba a Nivans. —No te molesta ¿Verdad?—Preguntó al joven como pacto de paz y broma para ver la reacción de Piers.
No le quemo nada más que asentir avergonzado.
Le habían salvado el trasero y evitado un conflicto político si se sabía de la presencia de la BSAA en esos rumbos.
—Disfruten su bebida. —Contestó Nivans con desgano.
Meditaba sobre su comportamiento de regreso a la barra dispuesto a no llamar la atención de nadie más y así asegurar el mantener su dentadura intacta.
—Te salvaste, no sé si seas muy valiente o muy idiota. —dijo el cantinero después de dar los tragos a Yuri y compañía.
El bartender ofreció un portavasos para apoyar el whisky escoses al cliente busca pleitos.
—¿Perdón?—Preguntó el militar al fijar la mirada en quien lo atendía. El hombre detrás de la barra era fornido, rubio y con cicatrices en el rostro que lejos de lucir desagradables, lo hacen ver interesante y atractivo.
Quizá podría ser su válvula de escape. Solo necesitaba una señal para avanzar en su intento de conquista.
Era un cantinero con apariencia imponente y parecía estar interesado en Piers.
—Alguien el otro día le tiró la cerveza encima y Yuri le rompió la nariz. —Explicó Jack. —Pobre bastardo enclenque.
Si su radar para leer militares fuera tan bueno para identificar posibles prospectos, Nivans hubiera jurado que Jack en su pasado había sido militar
—¿En serio? —Continuó la plática Nivans. Queriendo parecer sorprendido.
Hizo una mueca característica de un coqueteo sutil al acomodar el cuello de su camisa y sonreír de manera ligera.
La plática era amena.
