Indicaciones generales.
Advertencias:
Probable OoC en los personajes.
No apto para fans SasuSaku, NaruHino y NejiTen.
Género: Romance | Drama.
Clasificación: T | M.
Disclaimer: los personajes no me pertenecen a mí sino a ®Masashi Kishimoto.
Nota de Autor:
Cualquier disconformidad, por favor no duden en dejar su opinión abajo en la cajita de comentarios. Sus observaciones serán siempre apreciadas. Recuerden dirigirse a los escritores con respeto, yo les responderé en la medida de lo posible.
Muchas gracias por leerme, hasta la próxima.
Re-escrito.
CAPÍTULO 2
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«La ley de la atracción es la ley de la naturaleza. Es tan imparcial e impersonal como la gravedad. Es precisa y exacta. Es la ley más poderosa del Universo».
Anónimo.
Sakura soltó un quejido seguido de una palabrota, moverse había sido una mala idea. Le dolía todo.
— Sakura-chan, entiendo que estés deprimida porque Sasuke no te hace caso, ¡pero no es para que hagas locuras!
Había dicho Naruto en su afán de mostrarse empático, era un idiota y lo quería, por eso el comentario no dejó de molestarle incluso medio drogada por el dolor insoportable que la recorría entera.
«Se te zafó el tornillo que te faltaba ¿no?»
Sakura gruñó y se movió inconscientemente, luego soltó un sollozo y se quedó quieta ante la nueva oleada de dolor que experimentó. Si el trabajo de parto era la mitad de tortuoso que esto, optaría por la adopción.
— ¡Maldita sea! — masculló entre dientes.
Ladeó la cabeza y miró por la ventana, si no hubiese estado tan desesperada, tal vez no habría cometido semejante estupidez. ¡Solo quería salir de casa!
«¿Y cómo salió eso?» Su inner burlona la miraba desde una esquina con esa sonrisa llena de dientes y el presagio de una desgracia antes de comenzar.
«¿Es que acaso no estamos en el mismo lugar? ¿No los escuchas?» Su contraparte asintió y luego se encogió de hombros.
«Sí, ¿y? No es motivo para hacer semejante estupidez, esta vez te superaste»
Sakura gruñó de nuevo, no le estaba ayudando en nada.
La tormenta continuaba de forma persistente, no tan fuerte, pero no cesaba y la tenía desesperada. Si los chicos dejaran de pelearse cada dos por tres por tonterías, tal vez no se hubiera impacientado hasta llegar al grado de urdir un plan para salir por la ventana a algún lugar lejos de esa casa de locos.
Intentó enderezarse.
— Ni siquiera lo pienses, Haruno.
Sakura se sobresaltó ante la voz serena y ronca que provenía del lado izquierdo de la habitación. Su piel se erizó y se tragó otra queja, también una maldición y un insulto. Ella giró despacio la cabeza hacia él, estaba sentado en un sillón en la esquina leyendo un libro. La portada decía: La serie del Círculo Negro. Libro 1: El nacimiento del mal. Bajo el nombre del autor Ted Bekker.
Sakura arqueó sus cejas, imaginaba que no debía haber ningún título interesante en la biblioteca para que terminara leyendo novelas de fantasía. Apostaba que encontraba más cómodo leer un grueso libro de medicina que las novelas románticas y de fantasía que tenía Kushina en la pequeña biblioteca del despacho de Minato.
— ¿Qué ni siquiera piense qué?
Neji levantó lentamente la mirada hacia ella, su estómago experimento un horrible cosquilleo que asocio con el hambre que tenía ya que no probaba bocado desde ayer.
— En saltar de nuevo por la ventana — replicó él, ella rodó los ojos y soltó un bufido poco femenino.
— Ya te dije que fue un accidente, un error de cálculo, ¿qué es lo que no entiendes?
— Como pasaste matemática si calculas tan mal.
Sakura lo miró indignada, sus mejillas se sonrojaron y soltó un improperio que sorprendió hasta el mismo Neji.
— ¿Qué demonios haces aquí de todas maneras? — preguntó molesta inflando las mejillas porque no podía cruzarse de brazos.
Un movimiento en falso y terminaría quebrándose los demás huesos del cuerpo, dudaba mucho soportar ese dolor.
«¿Es que acaso no lo recuerdas? De no ser por él, serías una paleta helada»
Sí, en estos momentos seguiría luchando con la hipotermia y el dolor de la fractura, aunque el efecto del analgésico que le aplicó había remitido hace varias horas.
— No queremos que vuelvas a intentar otro vuelo de prueba, no creo que tu cuerpo pueda soportar otra fractura.
Sakura hizo una mueca ante el sarcasmo, luego se quedó quieta observándolo. Su rostro de piel blanca, tal vez lo suficiente para indicar una herencia asiática mezclada, altos y marcados pómulos y una boca de labios finos y sensuales. Podría considerarlo solo un rostro bonito de no ser por sus ojos de un lila tan suave que parecía perla, las marcadas cejas castañas y una fuerte mandíbula que en aquellos momentos parecía tensa, probablemente a causa de la irritación que significaba tener que cuidarla.
Su cabello era castaño y largo, lo llevaba atado en la punta con una liga del mismo color. Sakura se paralizó cuando alzó de nuevo los ojos hacia ella, sus miradas se encontraron durante un momento y Sakura se sintió como una especie de conejita a punto de ser atrapada por una gran ave de presa.
Se sacudió la sensación y compuso todo lo que pudo el gesto para que no notara que su presencia la afectaba de alguna manera. Por desgracia la delató el sonrojo de sus mejillas.
— Les dije que no lo intentaría de nuevo, ¡y no era un vuelo de prueba, Neji!
Él arqueó una ceja.
— ¿No? ¿Entonces que era? ¿Desesperación?
Ella inclinó la cabeza indicando con un gesto despreocupado que estaba cerca, luego la agitó y apretó los dientes. También le dolía el cuello.
— ¿Por qué rayos no se quedó Naruto conmigo?
— Porque conociéndolo, solo te limaría la paciencia y eres capaz de saltar con todo y muletas de la habitación más alta — respondió regresando a su lectura —. Debes tener calma, en unas horas será accesible salir para llevarte al hospital y que atiendan debidamente la fractura.
No es como que él hubiese hecho un mal trabajo, al contrario, como todo estudiante de medicina que aparte era un genio, actuó como se esperaba, rápido y eficiente. Comprobó la fractura y le entablilló la pierna, también la mantuvo consciente e hizo las preguntas adecuadas para cerciorarse que no tenía algún traumatismo grave en la cabeza, de igual manera le dijo que tendrían que hacerle unos exámenes para estar tranquilos. Por eso la urgencia de que la nieve bajara y pudieran trasladarla a un hospital, además de que necesitaba analgésico, el dolor la estaba matando.
Salir ya no era un deseo sino una necesidad, porque las ganas de largarse huyeron por la ventana en el momento que se resbaló y cayó desde el segundo piso. Sakura tuvo la suerte de solo resultar con una pierna fracturada en lugar de terminar metida en una caja por quebrarse el cuello. Daba gracias de seguir viva, no de tener una pierna entablillada que próximamente tendría una escayola por quien sabe cuánto tiempo. Tampoco agradecía el dolor, las pastillas no ayudaban mucho y era todo lo que podía conseguir.
Soltó otra palabrota, acomodarse no era opción y pedirle ayuda a Neji tampoco, ¿acaso había escuchado una risa por lo bajo? Sakura parpadeó, estaba alucinando. No tenía derecho a desquitarse con él, después de todo la había socorrido cuando los demás estaban más enfrascados en sus peleas estúpidas en lugar de prestar atención a lo que sucedía a su alrededor. Agradecía que estuviera en su último año de medicina, de lo contrario la situación sería más complicada y estaría todavía más incómoda.
«Relájate, no es tan malo. Deja el mal humor y disfruta de la compañía, hasta pareces una embarazada hormonal» rechistó su inner con una sonrisa maliciosa al estilo del gato Cheshire.
«¡¿Embarazada?!» chilló en voz alta.
— ¿Disculpa? — replicó Neji con las cejas fruncidas — ¿Estás embarazada, Haruno?
— ¿Qué? ¡No! — aclaró alarmada — ¡Por supuesto que no!
Neji clavó su penetrante mirada sobre ella provocándole un escalofrío que nada tenía que ver con el clima helado o con el dolor que la recorría entera. No. La sensación era diferente y no le estaba gustando para nada, menos el sonrojo que ahora cubría sus mejillas aumentado su temperatura.
Sakura respiró hondo y con necesidad, con necesidad de ser tragada por algún demonio que quisiera su alma para enviarla en paquete y con lazo al diablo en persona. Cualquier cosa menos la auto-vergüenza.
— ¿No? — preguntó suavizando un poco el semblante, si no lo conociera, diría que lucía preocupado — ¿Estás segura de que no existe posibilidad?
Ella enrojeció todavía más, ¿cómo le explicaba que la posibilidad era nula porque nunca había tenido sexo? No que no quisiera, solo no quería un cretino para profanar su cuerpo en una fantasía o una aventura de una noche. No estaba desesperada y tampoco era estúpida, era virgen por elección.
Por lo menos hasta que encontrara al hombre adecuado, claramente no se lo diría a Neji.
— ¿Sakura?
Ella abrió la boca, luego la cerró, la volvió a abrir y no supo nada que decir. Un momento, ¿la había llamado por su nombre? ¿Por qué tenía el ceño tan fruncido y la mandíbula tan tensa? ¿Acaso soñó la nota de vulnerabilidad en su voz? ¿Alucinaba?
— ¿Sakura? — llamó de nuevo, ella se sacudió el desconcierto y tomó aire.
— No, Neji, no existe ninguna posibilidad. No soy sexualmente activa, ¿está bien? — añadió entre dientes con las mejillas enrojecidas.
Era lo mejor que se le ocurría para decir sin revelar su secreto. Neji parecía renuente, aunque al final asintió satisfecho. Él era extraño, con ella por lo menos solía comportarse amable y educado. Cualquiera pensaría que con su actitud seria y apartada sería como Sasuke, antipático e indolente.
— De acuerdo, te creo.
Sakura rodó los ojos, él podía pensar lo que quisiera de ella, pero no era tan imprudente. De ser el caso, jamás habría tomado la decisión de salir por la ventana, de hecho; ni siquiera se hubiera planteado ir a ese viaje en primer lugar. Neji no podía saberlo, porque su trato se limitaba a saludos superficiales de vez en cuando, cada vez que se encontraba con él en la casa de Hinata y fue en contadas ocasiones.
Finalmente soltó un suspiró y relajó su cuerpo. El dolor continuaba, miró hacia la ventana, tal como dijo Neji, la nieve disminuía. Probablemente tardaría unas cuantas horas más para que las condiciones fuesen estables, pero saldrían de ahí, algún día, en un futuro cercano que incluyera grandes dosis de morfina y sedantes que le hicieran olvidar que dependería de un par de muletas por unas cuantas semanas. A sus padres no les haría gracia, pero estarían muy contentos de que no se matara con la caída.
Cerró los ojos en un intento por volver a dormir, pero fue inútil. El dolor no remitía, también tenía ganas de ir al baño, pero no quería moverse porque era lo mismo que un golpe con un martillo en la rodilla. Así que se entretuvo mirando a su alrededor y, entonces, se dio cuenta.
La estantería estaba ordenada, los libros organizados alfabéticamente, las cortinas eran azules; no amarillas como las de su habitación y el edredón era azul marino. El closet estaba abierto, solo había prendas de hombre en perfecto orden.
¿En dónde demonios estaba?
— Esta no es mi habitación.
— No, es la mía — responde Neji pasando lentamente una página del libro que no ha tenido otra opción que leer.
— ¿Por qué…?
— ¿Por qué estás aquí? — interrumpió —. Porque soy la mejor opción y porque puedo cuidar que no te dañes más, además, todo quedó hecho un desastre cuando tuviste tu ataque de ira. ¿Ya se te olvidó?
Ah sí, su arranque… Lo había olvidado.
Naruto le agotó la paciencia como era costumbre.
— ¡Cierra la boca!
Sakura balanceaba un zapato de un lado a otro como si se tratara de un cuchillo, podría considerarse un arma si tuviera esos grandes tacones con los que las mujeres estaban acostumbradas a torturarse. Por suerte era plano, pero tenía una suela de madera que bien podía dejarle un enorme hematoma en la frente si le daba en la cara a cualquiera.
Por supuesto, su objetivo era Naruto.
Los chicos lo dejaron solo en el momento que Sakura bajó hecha una tromba por las escaleras. Inmediatamente supieron que algo había dicho el rubio para enojarla, y ella estaba furiosa.
— ¿Qué demonios hizo Naruto ahora? — preguntó en voz baja Gaara a Sasuke, éste sin tener idea, se encogió de hombros y se arrimó a su hermano.
— Oye, Gaara pregunta ¿qué demonios hizo Naruto? — Itachi, al igual que él, se encogió de hombros y negó con la cabeza.
— Ni idea, espera — respondió, luego se acercó a Shikamaru que permanecía tranquilo mirando la escena que se desarrollaba en la sala, solo esperaba que accidentalmente no tiraran la TV o se las verían color de hormiga —. Shikamaru, ¿estos preguntan qué es lo que hizo Naruto?
Tanto Gaara como Sasuke le dieron una mirada mortal a Itachi que no le movió ni un pelo de su sitio.
— El idiota le dijo que está gorda — respondió con pereza.
Itachi soltó un suspiró de pesar, tanto por uno como por el otro, solo a Naruto se le olvidaba que el peso era un asunto serio para las mujeres. Y más concretamente para Sakura.
— Idiota… — murmuró el Uchiha, luego se volvió a su hermano —, Naruto le dijo que está gorda.
Sasuke asintió y, a su vez, se dirigió a Gaara.
— Naruto la llamó gorda — pasó la información.
Parecían una cadena de chismosos, al mismo tiempo sintieron lástima por Naruto, Sakura jamás le perdonaría semejante insulto.
— Sakura-chan, espera, no, ¡espera! ¡Sakura-chan eso raspa, ay!
Su habitación quedó hecha un desastre, por decir lo menos. Neji tenía razón, para poder quedarse ahí de nuevo llevaría varias horas de limpieza y ninguno de ellos haría el trabajo. Además, seguramente quería estar cerca por cualquier percance que llegase a tener en caso de que su lesión se complicara.
Ella había perdido la cabeza, lo admitía con toda la vergüenza que la consumía al darse cuenta que se había comportado como una loca.
«Y enfrente de un hombre tan guapo», recordó para su mayor vergüenza.
— Sí… Ya recuerdo — murmuró sin más.
— Considerando las circunstancias, lo mejor era que te quedarás aquí.
Sakura frunció el ceño. ¿Cómo demonios llegó hasta ahí?
— Yo te traje aquí, si es lo que te estás preguntando.
Se levantó para cerrar las puertas del clóset, Sakura lo miró detenidamente y luego se sonrojó. No podía negarlo, el hombre estaba más bueno que el pan. Sus bíceps se marcaban debajo de la tela de la camisa de vestir, ¿cómo se sentiría estar entre ellos?
«Lo que haríamos con ese cuerpo, ¿no crees?»
— Totalmente de acuerdo — murmuró Sakura.
— ¿Dijiste algo?
Sakura agachó la cabeza de manera que los mechones de su cabello ocultaran el enrojecimiento de sus mejillas.
— ¡Nada, nada!
Neji la miró por largos segundos, encogió los hombros y dejó el libro en la mesilla de noche.
— De acuerdo — dijo —. Vuelvo enseguida.
Sakura soltó un suspiro desanimado, solo esperaba que recordara que no probaba bocado desde la noche anterior.
