Inspiración: Miraculous: Las aventuras de Ladybug y Chat Noir, Shooter, Outlander y The Punisher.
Advertencia: El texto puede contener violencia, descripciones graficas de muerte y lenguaje obsceno. Leer bajo riesgo propio.
Primera parte
Capítulo 1: El despertar
"El resentimiento es como beber veneno y esperar que la otra persona muera"
San Agustín
19 de octubre de 2021
19:31 horas
Afueras de París
La noche era estrellada, si bien algunas nubes asomaban en el horizonte. El clima era frío, el suelo levemente escarchado y los árboles habían comenzado a perder sus hojas. En medio de un enorme campo y rodeado por una densa vegetación perenne, se hallaba una casona con fachada de sillería orientada hacia el Sur, con dos arcos que dan acceso a un porche. El cuerpo principal era de dos plantas rematadas por una cubierta a cuatro aguas, con el primer piso ocupado por una cocina, comedor y un enorme living decorado con dos enormes sillones. En la planta superior, en dirección Norte, se encontraba una habitación con un enorme ventanal y vista hacía el bosque. Pero lo más relevante de todo no era el cuarto en sí mismo, sino quien se encontraba dentro del mismo.
En una cama situada a entre ambas paredes y cubierta por sábanas, yacía Marinette Dupain-Cheng. Su cabello se hallaba suelto y desparramado por la almohada, con algunos restos de suciedad, quizás algo maloliente habiendo estado cinco días sin lavarlo. Entonces, con una lentitud casi exasperante, la peliazul abrió los ojos. Al hacerlo, casi de inmediato sintió como cada respiración le producía un leve escozor en el pecho y un sabor espantoso en la boca, como si hubiese comido barro, además de un leve ardor en los ojos. Tras unos segundos, en los que aclaro su mente, logro tomar consciencia de su entorno y observarse, con lo cual se incorporó levemente. Estaba a punto de ponerse de pie y saltar de la cama, cuando se detuvo abruptamente.
Estaba viva. A pesar de haber saltado de un puente, seguía viva, aunque se sentía como la mierda misma. Pero si se compara morir y tragar una cantidad importante de agua del Sena, esto último no sonaba tan mal.
Lo primero que contemplo al bajar la vista fue su adolorido cuerpo. Un pijama blanco de hospital cubría su delgada figura, con sábanas del mismo color y un cobertor marrón. Lo que pudo notar, o sentir, casi de inmediato, fue la sonda intravenosa en su brazo derecho y sus resecos labios, además, se hallaba relativamente limpia, como si alguien le hubiese dado un baño con una esponja. A su izquierda, había una mesita de noche sobre la cual se hallaban una botella de agua de medio litro, un vaso de plástico y una lampara. Al observarse nuevamente, vio unas marcas en su antebrazo izquierdo que destacaba contra su piel nívea; no necesito de más que un par de segundos para poder darse cuenta lo que eran: marcas de dedos. Por lo oscuras que eran, alguien debió asirla con mucha fuerza para dejar semejante impresión en su piel. Dirigió nuevamente su vista hacia la izquierda y noto el enorme ventanal que permitía apreciar la enorme Luna, cuya luz le permitía apreciar el cuarto, a pesar de la hora. Aquella misma luz le permitió descubrir otra cosa.
Sentado en una esquina de la habitación, al otro extremo y en diagonal a ella, en un banco de madera y reclinado hacía una pared, se hallaba un joven de cabello negro, tez blanca y semblante serio, cuya mirada estaba enfocada en el exterior. Marinette se sorprendió al verlo allí, cruzado de brazos y camuflado como si fuese un espectro, aunque la ropa oscura que vestía definitivamente le daba la apariencia de uno; por un momento vino a su mente la imagen de su felino compañero. Una punzada de dolor golpeo su pecho al recordarlo; su fiel partenaire debía de estar preguntándose donde estaba su lady, algo a lo que quizás no tendría respuesta, al menos no en un futuro cercano.
Sacudió su cabeza.
No era momento de pensar en ello, debía concentrarse en el presente y en este momento era averiguar dónde estaba y quien era la otra persona allí. Sin embargo, casi al mismo tiempo que acababa de pensar aquello, una voz la sorprendió.
- Finalmente has despertado – hablo tranquilamente aquel joven en francés, aunque un leve acento era perceptible en el fondo – estuviste bastante tiempo inconsciente, aunque es comprensible – su tono era neutro, carente de cualquier emoción, como una máquina que explica simples instrucciones. Marinette no respondió, su estado era una mezcla de sorpresa y duda, si bien no podía ver con toda claridad a su interlocutor, algo en su instinto le decía que era peligroso. Casi automáticamente, su personalidad de Ladybug salió en forma de pregunta.
- ¿Quién eres? ¿Y a que te refieres con "es razonable? – inquirió con tono demandante. Si bien el ardor en sus pulmones se había relajado levemente, su garganta aún le quemaba, pero se esforzó por ocultar ese hecho. Su acompañante se puso de pie y camino hacia ella, hasta situarse junto a la mesa de noche, de donde encendió la luz y tomo la botella de agua; vestía unos pantalones cargo negros, con botas y una playera del mismo color. Su cuerpo era alto, con seguridad sobrepasaba el metro con ochenta y si bien era delgado, la manga de su playera apenas cubría la mitad del bíceps, de modo que dejaba notar sus brazos musculosos al igual que pudo notar el cuello y parte de su clavícula, ambos bastante bien formados.
Marinette analizó su rostro: su cabello negro estaba peinado cuidadosamente, estando el mismo alrededor de las sienes bastante más corto, su quijada era bastante fuerte, con una leve barba muy bien cuidada y sus ojos efectivamente eran de color marrón oscuro.
- En primer lugar – habló el pelinegro cortando su análisis, mientras destapaba la botella y servía el agua dentro del vaso – no deberías forzar el habla, tragaste mucha agua y sé que debe doler – le tendió el mismo. Ella dudo unos segundos antes de aceptarlo, aunque no lo bebió – Y, por cierto, mi nombre es William. William Russo, aunque todos me llaman Billy – allí comprendió de donde era su acento, él era estadounidense.
Bajo la mirada hacía el vaso que yacía en su regazo. Cada segundo que pasaba el desconcierto era mayor y la presencia de aquel individuo de intenciones desconocidas no hacía sino aumentar su nerviosismo. Aun así, se bebió el vaso entero, el cual prácticamente desapareció en menos de un par de segundos. Sentir el agua fresca y potable recorrer su garganta fue un placer indescriptible, tras lo cual le devolvió el mismo a su anfitrión.
- Con respecto a tu segunda pregunta – continuo con el mismo tono desinteresado mientras dejaba el utensilio en la mesa – no todos los días intentas suicidarte y sobrevives, menos aún después de que tus pulmones recibieran tanta agua – una enorme opresión golpeo su pecho, como si le hubiesen lanzado una pelota de varios kilos contra este, pero una vez más, su personalidad de superheroína prevaleció.
- ¿Cómo puedes estar seguro de eso? – contraataco ella mirándolo furiosa, aunque su voz tembló levemente; el delicado equilibrio mental que había mantenido esos minutos estaba tambaleándose – Tal vez solo me resbalé y caí –Billy la observo fijamente. La peliazul sintió como aquellos ojos parecían atravesar todas sus defensas y hurgar dentro de su alma.
- No tiene sentido que lo niegues – dijo al cabo de unos segundos – vi cuando cruzabas al otro lado de la barandilla y como te sostenías de ella – si antes había hecho tambalear su equilibrio mental, ahora prácticamente lo había atropellado con un enorme camión – o puede que solo quisieras darte un chapuzón en el Sena en pleno octubre, ambas opciones son válidas y posibles – hizo una leve pausa – aunque dado los hechos de los últimos seis meses, ambos sabemos que eso no era lo que pretendías….Marinette.
En otro lugar de la casa, una joven se ejercitaba con vehemencia. Flexiones de brazo, sentadillas y golpes a una bolsa de boxeo eran parte de su rutina diaria; el sudor caía por su piel de porcelana, empapando su top gris y sus leggins, su cabello castaño resplandecía con la luz blanca de aquella habitación convertida en gimnasio. Su delgado, pero bien formado cuerpo, bastante proporcional para su metro con sesenta y ocho, ejecutaba una mortal serie de golpes y patadas contra aquel inerte objeto de entrenamiento, un muñeco de gel balístico. Sus ojos azules como el mar mostraban una fiereza y letalidad inhumanas, pero al mismo tiempo eran fríos y calculadores; cada golpe estaba mortalmente sincronizado, cada punto vital del muñeco era azotado de manera demoledora. Al acabar con aquella mortal coreografía, la ojiazul se detuvo frente al mismo, apoyo una rodilla en el suelo acolchonado y lo contemplo mientras recuperaba el aliento; tras unos segundos, limpio el sudor de su rostro y se incorporó.
Una costilla rota con un pulmón perforado, tabique fracturado, rodilla derecha dislocada. Ya con eso cualquier ser humano estaría tumbado y gravemente herido, pero, además, el primer golpe le había dado directo en su plexo braquial derecho, lo cual ya de por si le hubiese dejado incapacitado sus extremidades superiores de ese lado. Con aquellas heridas, la muerte era una posibilidad remota, pero definitivamente sería un suplicio y necesitaría de varios meses en el hospital.
- Parece que alguien tendrá una lenta y atroz agonía – hablo una voz en ingles con acento detrás de ella, al voltearse, observo al dueño de la misma. Un hombre de piel blanca limpia, inusualmente alto y con el cabello pelirrojo estaba parado bajo el marco de la puerta de entrada, vestido con unos pantalones vaqueros azules, camiseta del mismo tono y una chaqueta de cuero de color oscuro - deberías simplemente cortar su cuello y dejar que la hemorragia haga el resto – añadió con una sonrisa divertida en su rostro y señalando al destrozado muñeco. La joven coloco sus brazos en jarra y bajo la vista hacía el desdichado objeto.
- En eso empleé el primer muñeco – reconoció ella – pero solo conseguí casi decapitarlo – el gigante pelirrojo soltó una risita y camino hasta donde estaba recostado el primer muñeco y lo examino detenidamente.
- Déjame adivinar, empleaste un KA-BAR – indico mientras examinaba los bordes de la herida, literalmente su cuello estaba casi desgarrado y solo se sostenía por las cervicales – es letal pero no muy limpio ni cómodo, ghràidh – señalo, acto seguido se dirigió hacía el maniquí que estaba siendo golpeado hacía unos minutos. Del costado exterior de su bota izquierda extrajo un cuchillo de hoja mucho más fina y puntiaguda, de unos veinte centímetros de largo, asió al destruido muñeco con una mano que tapaba su boca y sostenía su mentón y empleo su cadera como punto de apoyo.
- Así es como se elimina rápido y limpio - con suma precisión y velocidad, hundió la daga lateralmente en el cuello y la retiro, dejando al descubierto un pequeño corte, muy limpio y casi sin desgarro – cortas las cuerdas vocales y prácticamente le cercenas la artería subclavia, pero la sangre se queda en la garganta – dejo el muñeco a un lado y se volteo para ver a su compañera, mientras blandía la daga – si eres precisa, prácticamente fallecerá en unos segundos – concluyo.
La castaña observaba todo como una alumna en una lección escolar, aunque esta enseñanza tendría consecuencias poco agradables a la hora de su aplicación.
- Rápido y limpio – resumió ella concisamente – creo que deberé conseguirme una daga o pedir que forjen una – reconoció. Su instructor no dijo nada, solo blandió el arma recién empleada. Una daga de doble filo en forma de V y extremo muy punzante.
- Fairbairne-Sykes original, 7 pulgadas – soltó su pelirrojo compañero y ella lo miro con interés – era de mi abuelo, le dio un buen uso en su momento – regreso el estilete de nuevo a su bota y se cruzó de brazos.
- ¿Comandos británicos? – pregunto curiosa.
- Royal Marines – reconoció – Túnez, Italia, Normandía y Walcheren – explico mientras observaba el destrozado maniquí; un leve atisbo de nostalgia apareció en sus ojos, pero rápidamente alejo ese sentimiento. Aquello no pasó desapercibido para la joven aprendiz, quien rápidamente recorto la distancia que los separaba y le abrazo, pasando los brazos por su torso y presionando su mejilla contra el esternón de él; por la diferencia de altura y corpulencia, parecía una niña abrazando a un adulto.
Permanecieron en aquella posición durante un par de minutos y en completo silencio; conocía la historia detrás de aquella tristeza, la cual ella misma compartía hasta cierto punto.
- Deberíamos higienizarnos y ponernos presentables – quebró el silencio con su acento escocés – nuestra invitada debería despertar esta noche, teóricamente – se separó levemente de él y este le acarició la mejilla con su mano derecha mientras le miraba a los ojos – además, debemos aprovechar – río mientras acomodaba le acomodaba un mechón de su cabello – aquí no hay que preocuparnos de que corten el agua – se inclinó hacía ella y deposito un beso en su frente. Las mejillas de la castaña se tornaron de un color rojizo y desvió la mirada, fijándola en el suelo a su izquierda.
- ¿Interrumpo? – se escuchó una voz detrás de ellos. Al voltear, observaron al inoportuno visitante, un muchacho de aspecto veinteañero y cabello marrón algo desordenado, al igual que su barba, la cual parecía que hacía días no recibía ningún tipo de atención. Su ropa constaba de unos pantalones cargo y una sudadera azul marino con capucha, los cuales remataba con unas zapatillas del mismo color; en su rostro de facciones árabes y piel tostada, había una expresión seria, aunque en sus ojos se veía una chispa de diversión.
- Para nada – respondió la joven castaña, aunque el leve rubor de sus mejillas no le pasó desapercibido – no percibimos cuando llegaste – el recién llegado hizo un gesto de entendimiento.
- Solo quería avisarles que ya está todo listo en Paris– explico este – la base avanzada ya está preparada, solo debemos empezar a trasladar algunos equipos –
- ¿Tan rápido? – inquirió la ojiceleste.
- Apenas me detuve a dormir y acondicionar todo en el menor tiempo posible, no quise atrasarme más de lo estrictamente necesario -
- ¿Qué hay respecto al otro asunto? – pregunto el enorme pelirrojo. El tono que uso hacía entender que era algo sobre lo que no debían hablar o pronunciar específicamente.
- Ian y Jasper están en ello, irán pasando informes cada dos días o informarán si algo relevante ocurre – aseguro el joven desaliñado – por ahora solo resta esperar a que se comuniquen –
- Y asearte – añadió sonriente la castaña.
- Y asearme – acepto este – fue todo tan rápido que apenas tuve tiempo de comer algo y cargar combustible, la ciudad era un caos – se giró sobre sus talones – en fin, iré a ponerme presentable – informo mientras desaparecía por la puerta.
- Debo admitir que me sorprende lo rápido y eficaz que son con William, si no fuese por la piel, diría que son hermanos – comento ella mientras estiraba sus brazos.
- A veces a mí también me sorprenden – admitió él.
La joven y el enorme escocés se miraron por un instante antes de dirigirse hacía donde se había ido su inesperado compañero.
La fortaleza que había mantenido hasta el momento se hallaba al borde del colapso. En menos de cinco minutos, aquel estadounidense le había asestado dos golpes directos: no solo sabía que el salto en el puente era de hecho un intento de suicidio, sino que conocía su nombre y hasta los hechos que la habían conducido a ello. Por un instante, llego a pensar que había muerto y que aquello era uno de los tormentos del Purgatorio; pero rápidamente descarto esa posibilidad.
Si hubiese muerto, seguro habría ido directo al Infierno, tal era su suerte.
Irónico, la heroína que se suponía debía gozar de buena fortuna, literalmente había tenido una de mierda; bonita de forma de recompensar su servicio a París y al mundo. Sin embargo, pesar de todo, no culpaba a Dios o siquiera a sus ex amigos por lo que se había convertido su vida, ellos solo habían caído en la enorme y elaborada red de mentiras que cierta italiana había tejido; ella misma estaba convencida que, de no haberla descubierto al inicio, habría caído como todos los demás. Quizás eso había sido también su condena, al no creerlas, se había convertido a si misma en la enemiga, una amenaza para toda esa enorme ilusión que se esparcía.
Un leve carraspeo le trajo de vuelta al mundo real.
- ¿Qué quieres? – demandó, ya no le importaba mucho mantener la serenidad. Había pensado en preguntarle como lo había averiguado, pero a esas alturas, no revestía mucha importancia. Billy solo la observo por unos segundos, como un cazador que escudriña el terreno antes de avanzar.
- Intento comprenderte – soltó de repente y con toda la calma del mundo. A Marinette le estaba por estallar una vena en la frente, además que sus ojos empezaban nublarse.
- Comprenderme – repitió lentamente – comprenderme – el pelinegro se mostraba imperturbable – es la mayor estupidez que he escuchado y eso que llevamos hablando solo cinco minutos – la voz le salía con dificultad – por lo visto, sabes todo por lo que pase estos meses, así que no veo que es lo que intentas comprender de mi – empleo toda su fuerza para no quebrarse allí.
- Precisamente por ello – recalcó este – como se lo que ocurrió, no logro entender porque quisiste arrojarte de un puente – aquello fue la gota que rebalso el vaso de su estabilidad mental y emocional. Apretó sus parpados en un último e inútil intento de contenerse.
- ¿Es una maldita broma? – lágrimas de rabia surcaban los ojos de la franco-china – me quito la confianza de mis amigos, de mis padres, arruino mi vida e intento lo mismo con aquellos que decidieron quedarse a mi lado – lo miro con una desolación que hubiese hecho mella en cualquier humano – dime si no tenía razones para irme de este mundo - no pudo continuar, en su garganta se había formado un nudo que le impedía articular palabra alguna.
Billy se mantuvo de pie frente a ella, con las manos tras la espalda, aunque estas estaban apretadas en puños; definitivamente no era bueno siendo comprensivo, empático o siquiera entendiendo a la gente. Sabía bien todo lo que Lila Rossi le había hecho a Marinette Dupain-Cheng, cada mentira y artimaña elaborada por esa psicópata; pero ello solo lo confundía más. ¿Por qué la chica que yacía frente a él había intentado suicidarse, cuando tenía todas las razones del mundo para querer vengarse? ¿Por qué si, como tanto se veía, amaba a sus amigos que no la habían abandonado, los dejo a merced de aquella maquiavélica mente? No conseguía hallar la lógica detrás de sus acciones, más allá de torpeza e improvisación.
- Quizás si tenías razones para irte – reconoció, mirándola a los ojos, sin embargo, tras una leve pausa, añadió: – pero tenías, o mejor dicho tienes, muchas más para quedarte.
- ¡¿Cómo cuáles?! – bramó ella - ¿Qué razones tengo para seguir existiendo? –
- Zoé – sus manos se aferraron al cobertor que la mantenía caliente – Luka, Adrien, Kagami – las lágrimas comenzaron a manchar las sabanas y unos leves hipidos resonaron en la habitación – Chat Noir –
- Ellos están mucho mejor sin mi – largo entre dientes – les hago un favor al desaparecer -
- No – declaro firme el estoico joven –no puedes abandonarlos, sobre todo a Chat Noir – Marinette sintió de pronto que algo raro ocurría, la forma en que se refirió al rubio superhéroe era extraña, como si hiciese énfasis en algo que debía captar.
- Chat Noir estará bien, no necesita a una simple adolescente – Billy soltó una risilla, casi como si aquello fuese un chiste, uno que ella no lograba comprender - ¿Qué demonios te causa tanta gracia? – cerró los ojos y observo por un momento el suelo.
- Tú mejor que nadie debería saber que a un compañero no se le abandona – recalco, antes de levantar la vista y posar sus ojos en los de ella – Ladybug –
El corazón de Marinette se detuvo por un instante.
¡Hola! Lamento la tardanza, he tenido problemas en planificar bien algunos detalles y sufrí algún que otro bloque mental, pero aquí estoy. Intentare actualizar lo más pronto que me sea posible, aunque con las fiestas tan próximas, será un poco difícil. En fin, espero que mi mente se mantenga fresca.
Me gusta mucho el misterio y el crimen y creo que esto es lo que por mucho tiempo quise escribir, pero no me animaba. También así puedo expresar algunos sentimientos y muchas de mis idea y formas de ver el mundo.
En los próximos dos capítulos, se entenderá mejor quienes son estos personajes misteriosos que saben tanto acerca de Marinette y su secreto.
Si alguien quiere dejarme un review al privado, no hay problema.
98: A mí también me dejo una sensación muy desagradable en el estomago el escribirlo, pero esa es la idea, trasmitir a la gente y que sienta lo mismo que el personaje. ¡Saludos!
paii: ¡Gracias! Suelo ser muy descriptivo con las cosas, me expreso mejor con la palabra escrita que hablando. Esta historia tendrá un rumbo algo vertiginoso, pero seguro te encantará. ¡Saludos!
Foley700
18 de diciembre de 2021
6:45 AM
