Capítulo 8: Levantarse y andar
Mis ojos se abrieron y al sentir el helado suelo sobre el cual mi cuerpo descansaba respire aliviado ¡Estaba vivo! Mi vista se aclaró y la fuerza volvió a mis extremidades pudiéndome poner de pie, estaba en una playa y al parecer fui arrastrado por la corriente ya que no veía señales de mi barco de alguno de mis amigos o de mi tripulación, estaba totalmente solo.
El lugar no se veía nada bien era una playa con arena muy oscura, el cielo estaba nublado y hacia un viento muy helado, lo mejor sería que encontrase un lugar seco donde hacer fuego para calentar mi cuerpo y secar mis ropajes. Anduve por la playa por unos minutos antes de irme para buscar algún rastro de mis amigos y que bueno que lo hice porque, aunque no encontré señales del barco encontré a alguien, la verdad no me importaba quien fuese con que dejase de estar solo a mí me bastaba, no podía distinguir a la figura que yacía en el suelo cara abajo pues tenia algo de arena y algas encima.
Cuando me acerque se trataba de la polizonte que encontramos ayer en la tarde en el barco escondida en la bodega ¿Cómo era que se llamaba? ¡Ah claro, Rebecca!
-¡Oye, Rebecca! ¿Me oyes? ¡Rebecca! – Dije moviendo su cuerpo en busca de señales de vida
Cuando creí que de verdad ya no habían esperanzas para ella y me rendi, la chica tocio y abrió los ojos.
-¿Ca-capitán? ¿Dónde estamos? – dijo ella con una débil voz
-No lo sé tampoco e encontrado a nadie más de la tripulación, eres la primera persona a quien veo
-Debemos… ahh! – trato de hablar pero solo tocio y se desvaneció en mis brazos
Toque su frente y supe de inmediato el porqué de su débil tono, estaba en llamas y la sentía temblar de frio, era evidente que se encontraba enferma y no sobreviviría quedándonos aquí debía encontrar un lugar seco y caliente para poder cuidar de ella. Mire hacia adelante y no vi nada más que planicies y montañas nada de civilización, el cielo estaba nublado y era imposible saber qué hora era, el ambiente era frio y desolador como si aun la tormenta nos siguiese golpeando aun cuando ya no estábamos en el mar.
Desconocía por completo nuestro paradero, pero eso no podía importarme menos ahora, necesitaba establecerme en un buen lugar lejos del mal clima para siquiera tener una oportunidad de sobrevivir y con Rebecca en mis brazos caminé lejos de aquella playa y hui hacia el interior esperando encontrar un clima más seco. En mi larga marcha ella se despertaba a ratos, pero solo para alucinar o balbucear cosas sin sentido.
-¿Dónde… donde… Dan?- me abraza con más fuerza- sabía que volverías por mi lo sabia
Y siempre que decía esto último se ponía a llorar y se quedaba dormida, al menos lo hizo unas tres veces hasta que encontré una base hueca de un árbol y allí es donde la coloqué sobre una cama de hojas que hice sin mucho esfuerzo pues habían varias de estas esparcidas cerca del lugar ¿Quién era Dan? ¿Acaso tenía un parecido con ese chico o era solo objeto de su alucinación? Al menos ahora no podía saberlo con ella en ese estado, luego de dejarla en una superficie bastante más seca me dispuse a crear un encendedor rudimentario con ramas, cortezas y algo de yesca como combustible para poder encender algo de fuego. Tras unos cuantos intentos lo logre, había logrado sobrevivir a la bienvenida de este extraño lugar, pero solo por unas cuantas horas ¿Qué haría cuando el fuego se apagase o cuando Rebecca comience a sentirse peor? No podía curarla y aunque tuviese muchos árboles y hierbas cerca no sabría cómo hacerlo pues no tenía ni la más mínima idea de cómo tratar una fiebre.
Cuando creí que las cosas se habían civilizado un poco sentí el rugido de unos monstruos y los gritos de un ser humano muy cerca de donde yo estaba, salí a ver de quien se trataba, cuando mis ojos se posaron sobre la persona en problemas. Parecía una mujer espadachín quien se enfrentaba con una bestia verde, corpulenta y horrible. Yo corrí en su auxilio y juntos derrotamos a la bestia, ella parecía extrañada de verme, era de facciones muy finas y con una chaqueta roja larga de cuero y el cabello lo era rubio y lo llevaba recogido con una cola de caballo sin dejar ningún tipo mechón sobre su cara, lo que más me intrigaron fueron sus ojos de color violeta.
-¿Quién eres guerrero, tenía entendido que no habían más humanos en esta isla? – me dijo ella con curiosidad mientras me apuntaba con su espada
-Me llamo Dart- le contesté sin miedo- Estaba navegando en mi barco y una tormenta nos hizo naufragar, desperté hace un par de horas en una playa hacia el sur de aquí y no e podido encontrar a toda mi tripulación, solo soy yo y otra chica que iba en el mismo barco, apenas somos dos de una tripulación de más de 50 personas
Ella me creyó al instante pues bajo su espada de inmediato y la guardo en su funda la cual estaba en su espalda
-Bueno suena plausible y no es que los demás humanos vengan a esta isla a vacacionar, mencionaste que eran dos ¿y tú compañera donde se encuentra?
-Esta en esa base hueca de aquel árbol, ella esta muy enferma y no se que hacer por eso nos refugie allí e hice un fuego para mantenernos vivos pues estábamos mojados tras el naufragio
-Bueno creo que puedo confiar en ti humano, me llamo Harunnas y soy una miembro de las "Dragon Sentries" pertenezco a un reino no muy lejano de aquí, si asi lo prefieres puedes venir conmigo y nuestros médicos pueden curar los males que afligen el cuerpo de tu amiga, pero si por si acaso eres de ellos no dudare en rajarte el cuello de lado a lado ¿Comprendes?
No entendí mucho de lo que me había dicho, pero estando a la intemperie y sin conocimiento alguno no podría cuidar adecuadamente de Rebecca lo mejor sería confiar en ellos y esperar lo mejor de todo esto. Cuando le respondí positivamente ella me espero hasta que llegue con mi compañera en brazos, su expresión al ver a Rebecca no fue muy esperanzadora seguramente con solo verla supo lo enferma que estaba y por eso me incito a que la siguiera rápidamente, anduvimos a paso raudo hasta que en medio del camino volvieron a aparecer esas bestias horribles verdes.
-¡Volvieron esos malditos ogros!- dijo Harunnas algo enfadada- ¡Guerrero quédate detrás mío, deberé hacer esto de la manera poco convencional!
No sabía a qué se refería, pero solo con ver esos decididos ojos supe que hablaba muy enserio y como recién la estaba conociendo le tuve que dar el beneficio de la duda y así vería de lo que era capaz esta misteriosa mujer. Ella se abrió su chaqueta roja y debajo de esta sostenía unos pantalones de tela un cinturón con una gran hebilla la cual tenía una gran joya incrustada.
-¡Muy bien malditos es hora de que sepan a donde a llegado el ingenio de toda mi gente, quienes se han reusado a morir ante sus manos y ante las de esos otros que planean conquistarnos!
La hizo enfadar a dichas criaturas las cuales se lanzaron en su contra blandiendo sus armas con una furia descomunal, pero ella muy tranquila tocó la joya de su cinturón de la cual salió una luz que la cubrió por completo y comenzó a moldear su cuerpo y en un abrir y cerrar de ojos la luz se desvaneció, aquella mujer había desaparecido y ante mis ojos podía ver un gran dragón rojo igual al que había visto en el final de mi viaje con lord Eliwood y todos los demás guerreros.
El gran dragón solo abrió su gran boca y expulsó una colosal llamarada que hizo cenizas a la pandilla de aproximadamente 12 ogros que habían aparecido delante de nosotros, tras haber acabado con ellos la misma luz de antes cubrió al dragón y este volvió transformarse en la mujer de antes, quien parecía sentirse incluso mejor después de eso.
-¿Nos vamos ya? – me dijo ella con una gran sonrisa en la cara
No podía dar crédito a lo que veía, pensé que eso de los dragones eran bestias del pasado e irrepetibles en la actualidad, pero llego a este lugar y me encuentro con esta sorpresa. La verdad no sabría que pensar si llego a encontrar algo más grande de lo que e visto ahora.
