Capítulo 1
Atem se despierta con un grito ahogado. Las gotas de sudor ruedan por su frente y hombros, deslizándose hasta morir en las sabanas.
"¿Aibou?" Se levanta, caminando con pasos inseguros hacía el balcón, sujetándose de donde puede con las manos para no caer.
Afuera el reino de Kemet se levanta orgulloso bajo la luz de la luna; o al menos el antiguo reino cuya imagen permanecerá eternamente dentro del Duat. Inmensurable en su grandeza, inamovible por el paso de tiempo mortal.
Atem se obliga a respirar profundamente en un intento de despertarse. Observa fijamente el horizonte oscurecido con el cuerpo temblando de angustia.
"Esa era la voz de Yugi" susurra, su corazón late tan rápido que por un momento piensa que no está en su pecho. En su mente se reproduce nuevamente el grito, estremeciéndole.
Una luz destella en la noche interrumpiendo sus divagaciones.
El cielo se tiñe de blanco, el joven puede ver como la luz se arremolina sobre el templo de Osiris. Cae sobre las blanquecinas paredes del edificio como un relámpago iluminándolo por segundos antes de regresar al reino a la oscura noche.
Atem mira asombrado como las piedras del templo resplandecen, repentinamente una gran fuerza se libera desde sus cimientos en una ola de energía que lo obliga a sujetarse en su lugar.
Abajo los guardias comienzan a moverse por el palacio. Los habitantes salen a las calles preguntándose de donde ha llegado aquel extraño destello y temblor.
"Atem" Susurra una voz cálida y triste. El corazón se le estruja. Confundido desliza la mirada a su alrededor buscando la fuente de la familiar voz.
"Atem" Repiten. Inquieto, el faraón mira hacía el templo de Osiris. Puede sentir en su cuerpo el palpitar de las piedras.
De pronto solo existe una certeza para el faraón: En el templo de Osiris, alguien le está esperando.
"¡Su majestad!…" Grita Shimon entrando al cuarto "Algo muy extraño está pasando en la ciudad, los guardias…"
Las explicaciones del anciano se acallan al encontrar con el rostro desencajado del muchacho, quien no se ha movido de su sitio en el balcón.
"¿Faraón?" Pregunta, en su sorpresa ve a Atem precipitarse fuera del cuarto con la respiración agitada. Ignora a los dos guardias de la puerta, acelerando su paso hacia las afueras del palacio.
"¡FARAÓN!" grita una vez más el anciano yendo, confundido, detrás de él.
El muchacho corre cada vez más deprisa por el palacio, el sentimiento de que alguien le espera se hace más fuerte.
"Mi caballo" Ordena con voz ahogada. Los impresionados sirvientes le observan con los ojos desorbitados.
"¡AHORA!" Exclama. Ante su alterada voz las personas se movilizan a su alrededor.
"¡Faraón!" llama Mahado dándole alcance en las caballerizas, detrás de él llegan Mana y varios sacerdotes "Algo muy extraño está pasando, no puede salir del palacio"
Un tímido sirviente acerca al caballo ya listo para partir. Atem revisa las riendas con prisa. Una mano se posa en su hombro, vuelve la mirada y se encuentra con la mirada de Seto.
Por un instante, el faraón parece darse cuenta de lo que ocurre a su alrededor. Respira hondo por unos segundos.
"Mahado…" Dice mirando a los sacerdotes por primera vez con un brillo decidido en sus ojos "Movilizaras junto a Shada a los guardias dentro de la ciudad. Investiguen la posible causa de lo que ocurrió en el cielo esta noche.
"Seto" Continua sin soltar las riendas de su caballo, observando firmemente a los presentes que lucen inquietos "Informa a mi padre de lo que ocurre. Reúne a los sabios en la sala del trono para el amanecer."
"Si, mi Faraón" Responden los mencionados, alejándose con expresiones inseguras del joven gobernante. Atem se sube de un salto en su caballo.
Un ligero tirón en las riendas llama su atención, encuentra a Mana mirándole confundida a su lado.
"Temmy, ¿Qué ocurre?" susurra la joven mirándole el rostro con expresión preocupada.
"Mana: Busca a Isis, esperen mi regreso" Explica, dando la orden a su montura de que camine fuera de las caballerizas "Hay algo que debo revisar en el Templo de Osiris"
"Pero ¿Por qué?" Pregunta alterada la hechicera "¡No puedes ir solo! No tenemos ni idea de lo que…"
"Necesito ir…" susurra el faraón sorprendiendo a la muchacha, ella observa la expresión segura de su rostro que no deja de estudiar la resplandeciente construcción del templo de Osiris "Alguien me está esperando"
"¿Qué?" Pregunta la maga sin entender. Shada y Karim llegan rápidamente intercambiando confundidas miradas con Seto y Mahado.
"Alguien…" suspira Atem mirando por un instante el rostro de la muchacha. "…me llama"
"Mi faraón, por favor…" comienza Shimon entre jadeos alterados, pero el muchacho le ignora. Atem ha tirado las riendas y se aleja galopando velozmente en su caballo.
"Yo iré con él" anuncia Mana, invocando su báculo para alcanzar al faraón con un hechizo.
"Mana, espera" le detiene una voz. Con expresiones confundidas los presentes ven acercarse a Isis.
"El faraón estará bien" declara, una parte de la preocupación colectiva desaparece.
"¿Qué es lo que has visto?" Pregunta Anknadim con expresión seria. La mujer morena le observa de reojo con expresión enigmática.
"Aún no lo comprendo en su totalidad" confiesa, tocando ligeramente el collar dorado que trae puesto "Pero sé que el faraón debe ir."
Resignados y en silencio, los presentes se alejan a cumplir con sus órdenes.
Mana permanece quieta en su sitio, preocupada y más confundida que nunca.
"Las ruedas del destino han girado nuevamente en esa dirección" susurra Isis lo bastante bajo para que nadie más lo escuche.
…
Atem galopa reclinado sobre el lomo de su caballo. Bufando, el animal corre velozmente por el desierto. Los nudillos del muchacho se tiñen blancos de lo fuerte que aprieta las riendas.
"Atem" susurran una vez más en su oído.
"Ya voy…" piensa espoleando a su agitado transporte "…Estoy cerca"
Los cascos del animal derrapan cuando le obliga a frenar sobre las baldosas impecables de la entrada. Baja de un salto, apresurándose después hacia el edificio.
Jadeando, llega a la sala principal del templo. Hay una habitación que asemeja fielmente al santuario del duelo de sombras. Enorme en su extensión tiene las paredes tapizadas de jeroglíficos en las que se cuentan el ritual de resurrección del Dios Osiris.
Al centro, bajo la luz de la luna, reposa edificada la estatua de Osiris momificado. Atem observa el color verde de su piel y las vendas que cubren amorosamente su cuerpo renacido.
Cauteloso, toma una antorcha y pasea por la habitación. Su cuerpo se mantiene alerta, sus ojos escarlata recorriendo codiciosamente cada rincón en la enorme estancia.
"Atem" susurran débilmente en su oído. El faraón se petrifica por un segundo en su lugar. Confuso levanta la antorcha, direccionando la luz a su alrededor en un intento de alumbrar mejor su camino.
Y entonces la ve: Desnuda e inconsciente, en el suelo y con el rostro oculto entre largos y oscuros cabellos; una mujer a los pies del dios Osiris.
El joven faraón se acerca lentamente. Desliza la mirada por la perlada piel de la mujer, sus miembros extendidos sobre el suelo son delgados y parecen frágiles. El faraón siente un peso en el pecho ante las implicaciones de la falta de ropa en el cuerpo.
"Atem" suspiran una última vez en su oído, el sonido suave casi amoroso deleita al muchacho. Sin embargo, también hay tristeza y su corazón se rompe un poquito por ello.
"¿Te encuentras bien?" Pregunta en voz alta, cerrando de un salto la distancia entre él y la mujer. Ella no responde.
Sin perder tiempo, Atem la toma entre sus brazos. Apartando respetuosamente la mirada de su desnudez, deja que la cabeza de la chica repose sobre su hombro. La sacude suevamente sin dejar de hablarle.
"¡Oi, despierta! ¿Estás bien?" Puede sentir su respiración contra la piel de su cuello, su cuerpo esta cálido y no parece tener heridas.
"¡Guardias!" Grita esperando que alguien le ayude, intenta ponerse de pie sujetando a la joven. La muchacha gime ligeramente enterrando un poco más su rostro contra su hombro, de las largas hebras de cabello se desprende un conocido aroma que interrumpe las acciones del Faraón.
"¿Durazno?" El corazón de Atem da un sobresalto, sus rodillas tiemblan incluso y si la muchacha no pesa casi nada entre sus brazos.
Incrédulo y con cuidado de no lastimarla, Atem sacude su cuerpo. El rostro perlado cae de su posición descubriéndolo de los molestos cabellos castaños: Perfil redondeado, labios rellenos de color suave. Pestañas largas, nariz pequeña.
Atem podría reconocer ese rostro y perfume entre un millón de personas.
" ¿¡Anzu?!"
