Le había tomado al rededor de cinco días y cuatro noches llegar a la línea fronteriza entre el país del Fuego y el país de los Ríos y tres días y una noche más arrivar a la aldea oculta entre los Valles. Todo había cambiado desde la última vez que había estado allí cuando tenía quince años, aunque era de esperarse que la mayoría de los paisajes se distorcionaran a raíz de las consecuencias de la guerra. A pesar de todo, la aldea aún conservaba su buen clima y los habitantes no parecían tener muchos problemas con respecto a la adaptación.

A pesar de no tener un permiso oficial firmado por el Hokage para permanecer en Tanigakure, el líder de la aldea le permitió la estadía al reconocérsele como una joven veterana de la guerra. Escribirle a Kakashi no fue necesario cuando él mismo envió un ave a Konoha informando de su ubicación.

Era un lugar muy pequeño, lucían más como los establecimientos de un clan en lugar de una aldea oculta. A pesar de esto, su organización era estricta y durante el poco tiempo que había permanecido allí, muchos ninjas de esta aldea habían partido y arrivado de misiones. El nombre de la aldea se debía a que literalmente se encontraba oculta entre valles y colinas verdosas, cubierta por un firmamento azul que le daba una apariencia tranquila y muy agradable.

Respirar aquel aire le llenaba los pulmones. Sí, se quedaría allí algún tiempo.


-¡Oh, vamos!- Se quejó Suigetsu. -¡Para ir de este escondite a la aldea oculta en la Arena tenemos que atravesar tres países y mitad del país del viento! ¡Eso nos tomará semanas!-

-¿No querías vacaciones, calamar?- Karin sonrió maliciosamente.

-Hasta donde sé, es ilegal robar un Kekkei Genkai extinto-cualquier cosa, en realidad-de una de las principales naciones ninja. Sasuke, no creo que sea bueno para ti regresar al libro Bingo.- Le señaló.

-Solo será una pequeña muestra de ADN, no robaremos el cuerpo.- Dijo Jūgo.

Como si no llevarse el puto cadáver mejorase algo. -¡Y una mierda! Si el Kazekage nos descubre no quiero ni imaginarme lo que su arena le causará a mi agua corporal.- Suigetsu caminaba de un lado a otro de la habitación, medianamente histérico. -¿Qué pasó con todo aquello de la cooperación y unidad internacional?-

-Suigetsu.- Llamó Sasuke, inmutable. -Orochimaru ya no realiza experimentos que atenten contra la integridad de ninguna aldea, yo me encargo de eso. Sus subordinados están dispuestos a asistirlo en esta misión de preservación y de hecho participar en la prosecución de la transmisión de línea sucesoria implantada. La caza de técnicas sanguíneas se ha hecho desde antes del establecimiento de las naciones ninja, sustraer información aún es parte esencial de ser shinobi.- Apuntó, de forma que se evidenciaba que lo fastidiaba tener que explicar tanto. -No somos los primeros en hacer algo parecido.-

-Bien.- Accedió, estirando su chaleco hacia abajo. -Pero si nos descubren no te cubriré y me aseguraré de inculparte para que te jodan primero.-

Sasuke masculló un monosílabo. -Eso parece justo.-


En aquella aldea el clima lluvioso reclamaba su vigencia con la veracidad que le hacía falta a Konoha, aunque aún no llovía los nubarrones habían obscurecido el cielo, haciendo caer sobre ella una noche prematura. Aún era tiempo para el ocaso, pero la promesa de lluvia había ocultado el sol; se arrepintió de no haber salido lo suficientemente abrigada de la posada. La topografía de la aldea entre los Valles hacía que al hacer demasiado viento las corrientes de aire quedaran atrapadas entre las colinas y la brisa terminó por golpearla con fuerza en los brazos desnudos.

La aldea solo tenía una gran calle principal, formada por la suceción de pequeñas calles que confluían en una. A lo largo de ella estaban todos los comercios del valle, y a pesar de que el lugar era bastante pequeño parecía tener lo necesario: restaurantes, posadas, incluso un par de esos lugares de apuestas a los que Tsunade le encantaba frecuentar en sus tiempos de ocio y a los que ella se veía arrastrada por su maestra. La posada en la cual se hospedaba tenía un pequeño local de comida donde por algunos días no había tenido razones para evitar y abandonar la hospitalidad de su hospedadora, más hoy se había convencido de que variar su rutina le haría más cómoda-y sobre todo definiría cuanto tiempo duraría-su estadía en ese lugar.

No tuvo oportunidad de escoger que local le parecía más atractivo cuando la lluvia empezó a caer en gotas gruesas. Corrió a refugiarse al primer lugar que vislumbró, aunque ya dentro se dio cuenta de que su cabello goteaba un poco y la lluvia había alcanzado a colarse bajo su ropa, dejándola más congelada. Al levantar la mirada alrededor se sintió un poco incómoda, había irrumpido abruptamente-al parecer había sido la única que había elegido aquel local como refugio improvisado- y las personas que estaban allí la miraban como si su foraneidad estuviera grabada en su frente-aunque de hecho, estaba atada en su cabeza- tocó instintivamente el listón de su Hitai-ate antes de finalmente decidirse a tomar asiento.

Eligió sentarse en la barra, no tan llena en contraste al resto del restaurante, donde del otro lado atendía lo que parecía una chica un par de años menor de cabello negro. Apenas se sentó dirigió la mirada hacia ella.

-¿En qué puedo servirte?- Preguntó amablemente, a pesar de que la intensidad de su mirada le hubiera resultado grosera a alguien como Ino. -Tenemos una gran variedad de caldos para entrar en calor.- Sakura simplemente asintió y ella le tendió el menú.

-Shiitake dashi.- Decidió después de un corto vistazo, ella respondió con un amable -gran elección- antes de gritar la orden atrás hacia la puerta que prometía ser la entrada a la cocina.

Durante el poco tiempo que había estado allí había podido observar que se trataban de shinobis muy reservados y generalmente recelosos. A pesar de que su líder había sido receptivo al dejarla permanecer en la aldea durante al menos los dos días que tardó su ave en arribar a Konoha y volver hacia los Valles, supo reconocer la aguda vigilancia. Ninguna de las personas que se había hospedado en la posada al mismo tiempo que ella o relativamente poco después había permanecido más de lo que Kakashi comprobó su recorrido temporal por la aldea; intuyó que sus misiones habían concluído al validar su procedencia. Aún así, las pocas veces que había salido del hostal-y como le estaba sucediendo en aquel momento- sentía que todos los shinobis de la aldea tenían al menos un ojo puesto en cada uno de sus movimientos.

-¿Konoha, eh?- la chica de la barra interrumpió su observación del terreno, miraba con curiosidad al protector que utilizaba como diadema.

-Sí,- respondió. Al parecer la reserva de tener contacto directo con los ninjas de otras aldeas se rompía con los civiles.

-Vaya que eres peculiar,- dijo en una vocecilla ligera, aunque después pareció retractarse al ver que Sakura la miraba con curiosidad. -Lo siento, no quise ser grosera. Sólo que me apuesto todo lo que quieras que en esta aldea nunca ha habido nadie con el cabello rosa.- Sakura acarició instintivamente un mechón de su cabello entre los pulgares. -Creo que tampoco he visto a ningún shinobi de otra aldea con ese color. ¿Es común en Konoha?-

El cabello. Se avergonzó un poco, su protector de frente no era nada comparado con su color de cabello. En Konoha tampoco era un color frecuente, pero como este era una derivación algo más clara del color rosa del cabello de su padre, a nadie se le hizo difícil acostumbrarse a él.

-No he visto a nadie en Konoha con el mismo color, aunque los hay más escandalosos.- Respondió con familiaridad, ella le transmitía cierta confianza que atribuía a sus notorios atisbos de inocencia.

Parecía realmente interesada en lo que había dicho hasta que la miró como si hubiera recordado algo muy importante repentinamente. -Soy Megumi, dirijo este local con mi hermano Issei. Siempre olvido este tipo de cosas, la gente de aquí me recuerda a menudo que carezco de modales.- Se quejó.

-Sakura Haruno,- extendió la mano, dispuesta a sellar su primera amistad en la aldea. Tal vez eso la ayudaría un poco a ordenar sus ideas antes de partir.

Megumi parpadeó con esos grandes ojos ámbar de una manera que a Sakura le pareció divertida. -Ese sí que ha sido un nombre bien escogido.- Sakura rió.


Les tomó dos días arribar a la mitad del país de la Cascada y pretendía que le tomara no más de cuatro días llegar a la frontera con el país de la Hierba. Empero, no pretendía airarle el paso a su equipo, a pesar de que siempre le habían seguido por voluntad propia requería de sus habilidades para conseguir las muestras de una manera más eficiente de lo que él podría hacerlo solo, aunque definitivamente viajaría mucho más rápido sin ellos. Había elegido avanzar durante el día y descansar durante la noche, así que generalmente cuando ellos se reunían para acampar u hospedarse en alguna posada, él aprovechaba para escapar.

La oscuridad de la noche era agradable, ventajosa. Las sombras parecían entremezclarse con él y en él, después del crepúsculo era mucho más fácil no ser reconocido. Mantenerse oculto ya no era una necesidad después de haber sido retirado del Bingo, se trataba de simple placer. Reconocer el terreno de las ciudades que recorría, identificar a ciertas personas y recolectar información siempre era más fácil con la oscuridad como aliada. Así como cuando cerraba los ojos, la oscuridad que lo rodeaba lo acogía y le permitía escuchar claramente sus pensamientos, lo cual era lo único que lograba mantenerlo en calma.

Recapitularse algunas cosas que habían sucedido o que sucedían en el momento lo mantenía centrado. Recordar quién había sido le instruía en quién debía convertirse, recordar de quienes estaba rodeado le planteaba diferencias del pasado que le imponían límites de vinculación afectiva. Tener la certeza de que habían personas esperándolo en algún lugar lo mantenía alejado, consumido en la pertenencia a la oscuridad que elegía retener, pero aún así lo persistía observando un destello de luz lejano, semejante a una vela, que le recordaba que la territorialidad de su oscuridad alcanzaba un límite. Justo en el lugar en el que dominaba aquella pequeña llama, que a pesar de parecer lejana no tremulaba amenazando con apagarse; totalmente viva, intacta y fulgurante como solo podía serlo el fuego, estaban ellos.

Jūgo, Suigetsu Karin y él no tenían un nombre como lo habían tenido antes, eran personas libres persiguiendo ideales distintos. Él quería dejarles en claro que los necesitaba por conveniencia y que si había algún lazo entre ellos, debían al menos imaginar que aquello sólo se había formado por la necesidad que tuvo de arrancar de raíz lazos antiguos y había terminado en ser un reemplazo fallido. Quería depurarse de todo lo que alguna vez le había hecho daño y castigado con demonios y ser honesto con los demás y consigo mismo lo ayudaba en el proceso. Los reconocía y los respetaba, los necesitaba y de alguna manera los apreciaba, pero no estaban atados a él. No como tenía la certeza de que sí lo estaban Naruto y Sakura. Pero aún así albergaba la profunda necesidad de alejarse de ellos, como quién al estar sumido en la penumbra demasiado tiempo observara directamente la claridad del día. Era abrasadora, y la distancia entre ellos era proporcional a la molestia que le causaba en los ojos.

Había estado allí al menos un mes después de la guerra durante su recuperación, y por más que había pestañeado para acostumbrar sus ojos a la incandescencia que desprendían, al irse aún le dolía verlos directamente. No recordaba tan brillantes los ojos de Naruto en la infancia-probablemente ni siquiera se había fijado en ello entonces- pero definitivamente recordaba diferente el color de los ojos de Sakura cuando era una niña; verde suave, parecido al mar en calma en lugar del refulgente color esmeralda que tenían la última vez que la vio. Lo había notado entonces y la diferencia se había planteado cuando halló la salvación en ese color cegador, justo cuando Sakura le ayudó a salir de la dimensión desértica de Kaguya.

Las voces de los miembros del antiguo Taka, a pesar de que en esa penumbra también hacían eco impidiéndole permanecer solo en la oscuridad, no irradiaban la luz suficiente como para no ser casi parcialmente ocultas entre la negrura. No como sus amigos de la infancia, quienes a pesar de estar tan lejos su luz aún tenía alcance donde reinaba la sombra; fija y sin titubear, como un foco que está en una habitación cercana. No lo suficiente cerca como para lastimarle la vista pero si radiante como para que cada vez que cerrara los ojos el destello de la luz permaneciera presente. Jūgo, Suigetsu y Karin le permitían sobrevivir sin dolor en los ojos y no sabía si algún día podría someter a sus ojos a la luz tanto tiempo como para definitivamente volver al que, a pesar de estar tan iluminado, la calidez de algunos de sus mejores recuerdos establecían como su hogar.


Era inevitable compararlo con alguna clase de criatura noctúrna. Creía que en lugar de emparejarlo con animales como serpientes o halcones a alguien se le debería haber ocurrido algo más original, como un murciélago. Después de todo, a su alrededor siempre reinaba esa aura oscura y desde que lo había conocido todo con él parecía estar directamente relacionado con sangre y escondites semejantes a cavernas. No podía evitar darle vueltas al asunto de que un pez, una zanahoria y un golem no tenían parentesco en lo absoluto a un murciélago, y si todo había acabado mal en un principio culparía a aquella disparatada combinación. Había pocas probabilidades de que algo así volviera a salir bien, y peor aún, de que su pellejo resultara ileso en otra de sus "aventuras" en equipo.

-Algo debe de haber hecho explosión en su cerebro para que haya cerrado la boca durante tanto tiempo.- Escuchó a Karin decirle a Jūgo.

-Sólo pienso en que carecen de instinto de supervivencia. Es antinatural.- Le dio un largo sorbo a su bebida antes de continuar, Karin entornó los ojos. -Ambos siguen ciegamente a Sasuke como si ignoraran el hecho de que su poder lo hace proporcionalmente mucho más peligroso que antes. Ya intentó deshacerse de nosotros antes, ¿Por qué no lo haría otra vez si le conviene? La última vez fue relativamente sencillo porque simplemente nos arrojó a los Samurai y no se encargó personalmente de nosotros, no sé si tenga tanta suerte otra vez.-

-Creo que a tu cerebro se le hace proporcionalmente imposible pensar, si me lo preguntas.- Añadió Karin.

-¡Ves, a eso me refiero! Eres estúpidamente crédula además de ser estúpidamente irritante. Ni siquiera aprecias mi intento de advertirles que todo esto puede volver a terminar en desastre. Ya sabes, nosotros, la cárcel, o peor aún,- Suigetsu enumeraba con los dedos, -la muerte. Y eso implica muchos métodos, incineración, desmembración, asfixia, hemorragia...-

Karin golpeó la mano en la que Suigetsu enumeraba, pero quién habló fue Jūgo. -¿Por qué estás aquí si desconfías tanto?-

Torció la boca en una mueca en respuesta. -No lo sé, no tengo más nada que hacer.-

-Cretino.- Masculló Karin.

-Eso.- Señaló Jūgo. -Por más que temes a que Sasuke acabe contigo todas las noches duermes en la habitación contigua, por que es lo que hiciste durante todos los meses en los cuales viajamos como equipo. Tienes la necesidad instintiva de ser libre y viajar después de estar atrapado durante todo ese tiempo en la guarida de Orochimaru y algo parecido le sucede a Karin. A pesar de todo, parte de ustedes sigue confiando en él.-

-Claro, Karin sigue a Sasuke por que permaneció demasiado tiempo con Orochimaru y no tiene nada que ver con que todo el tiempo esté tan obsesionada con él...-

-¡Cállate!- Karin se ruborizó. -¡Tú todo el tiempo perseguiste una estúpida espada que al final perdiste!-

-Bueno, no es como si tu hubieras ganado lo que precisamente buscabas, así que...-

Jūgo se interpuso rápidamente entre Suigetsu y la histeria de Karin. Intuyó que la intención de ella era arrancarle la cabeza con los dientes, y afortunadamente el grandulón le ahorró la molestia.

-Mi compromiso no es sólo con Sasuke, también con Orochimaru, esta es su investigación.- Karin se calmó lo suficiente como para añadir. -Además... Yo no me hubiera permitido seguirlo después de todo sin notar que ha cambiado y francamente creo que tú tampoco lo hubieras hecho sin haberlo notado tampoco.- Terminó de forma acusadora.

Suigetsu se encogió de hombros. -Es difícil admitirlo ya que hablo con Karin-zanahoria-histérica y Jūgo-de-repente-quiero-destruír-todo, pero confío en sus juicios más que en el de él.- Confesó. -Además, es bueno variar y ser la voz de la consciencia de vez en cuando. Sólo doy algunas advertencias, nada más.-

-Es... Diferente. Ni siquiera tú eres tan ciego como para no darte cuenta.- Dijo Karin.

Honestamente había estado enfocado en lo que le había sucedido en el pasado y en lo que podía ocurrirle en el futuro como para ahondar en una visión profunda de lo que sucedía actualmente. Sasuke seguía siendo distante sí, y podía asegurar que su endemoniado poder lo hacía querer salir corriendo; pero había algo mucho más parecido al Sasuke que le había liberado de Orochimaru y le había ofrecido una recompensa por sus servicios. Ahora, pensando en ello podía decir que había de a poco recobrado su humanidad. Pero, si había vuelto hasta ese punto donde casi pudo ver en él un compañero ¿Qué le impediría volver al punto donde para él no era más que simplemente un peón sacrificable? No era que le importara mucho significar algo para él, pero algo que si le importaba mucho era su vida. Aún no quería unírsele a Mangetsu, y a pesar de que tampoco debería importarle demasiado, creía que era su deber persuadir a Karin y a Jūgo para que pensaran un poco más el asunto y dimitieran de la compañía de Sasuke. Después de todo, sin espada, sin hermano, teniendo mala fama y sin un lugar a donde ir, ellos eran el único foco de reconocimiento que tenía su vida.

-Creo que ha reflexionado todo lo que ha hecho mal e intenta corregirlo a su manera.- Continuó ella. -Yo prometí seguirlo una vez y no romperé mi promesa.- Concluyó con seriedad, ajustándose las gafas.

-Bien, como quieran.- Suigetsu se cruzó de brazos. -No pienso tocar más el asunto, pero tampoco confiaré en él definitivamente. Que sea un poco menos estricto no lo hace menos peligroso; no creo que algo sea imprescindible para Sasuke ni tampoco que aprecie nada más que a sí mismo. Aún con Orochimaru trabaja por sus propios intereses, y si es verdad que desde que salió de Konoha su chakra es mucho más cálido y todo eso creo que eventualmente nos desechará como basura para largarse allí y no sé si ambos estén dispuestos a seguirlo, pero yo no estoy dispuesto a averiguar como tratan a los criminales en la Hoja.-


Había algo allí que la hacía sentirse en Konoha sin el peso de los recuerdos y era lo que no le permitía irse. Al transcurrir el par de semanas no había dejado de sentirse menos observada pero si más adaptada. Megumi e Issei eran su compañía recurrente, pero ahora algunos shinobis se habían acostumbrado a su presencia e incluso cruzaban conversaciones amenas con ella. A pesar de ello, estaba feliz de que le agradara aquel lugar sin sentir el compromiso de permanecer allí por algo más que no fuese retrasar todo lo que pudiera el clima de Sunagakure.

Definitivamente no extrañaba Konoha. Su habitación en la Aldea Oculta entre los Valles era de un tranquilizante color blanco, con muebles de madera clara que la hacían sentir en paz siempre que permanecía allí. Sintió la diferencia de la evolución de su percepción de las cosas cuando no tuvo problemas para dormir en aquel lugar, a pesar de que no estaba particularmente apegada a nada. En misiones anteriores, solo Naruto y Kakashi sabían tan bien como ella cuanto le costaba descansar plenamente fuera de Konoha. Kakashi solía decir que se trataba del instinto ninja, pero ella sabía que sólo se trataba de impertenencia. Era difícil estar en lugares y rodeada de personas con las cuales no estaba familiarizada y si bien la desconfianza que venía con el oficio tenía que ver, había mucho más de nostalgia hogareña en esas situaciones. No sabía lo que le daba la calma suficiente como para permanecer allí sin sentirse extraña como solía ser antes, cuando sólo podía dormir rozando los dedos del hogar que residía en Naruto y la familiaridad que representaba Kakashi.

La impertenencia no había desaparecido. Sentía extrañeza cada vez que habría el armario y veía la poca cantidad de ropa que había llevado consigo, y al mirar alrededor de la habitación sin ningún tipo de objeto que le recordara quién era y quién llevaba consigo en el corazón. Para su viaje no había tomado el listón de Ino y tampoco el portarretratos del cristal traslúcido con la fotografía del Equipo Siete. Solamente había traído consigo armas que le recordaban qué era, y aunque había sentido la necesidad de traer consigo una parte de Tsunade, recordó que tenía irrevocablemente grabado en la frente la herencia de su maestra. Llevaba su protector por si alguna vez olvidaba que pertenecía a algún lugar. Aquello podía sucederle en cualquier momento, cuando abandonara el hostal del los Valles y cada vez que se moviera al hostal de otra aldea, cambiara su habitación, no alcanzara a reconocer sus alrededores y volviera a sentirse inadaptada. Cuando las personas en su vida fueran transitorias y proporcionales al tiempo que eligiera quedarse en cualquier lugar.

Algunas noches, antes de dormirse divagaba en el asunto. No creía haber olvidado el significado del hogar que Konoha representaba para ella anteriormente, optó por creer que tal vez estaba refugiándose en el hogar que lentamente descubría había dentro de ella.