La transición del clima era asquerosa. Era una de las cosas que había odiado siempre desde que había empezado a viajar cuando era una niña y también una de las principales razones por las cuales había elegido quedarse comandando los escondites de Orochimaru. El cambio la golpeó poco después de atravesar la frontera y algunos pocos días antes de siquiera atravesar el paso del antiguo puente Kannabi.
Lo había descubierto cuando se había levantado más tarde de lo habitual, cosa que no frecuentaba su eficiente reloj mental. El cuerpo le dolía como si la hubieran golpeado hasta el cansancio y las vías respiratorias se le cerraban tanto que aquella había sido la causa por la cual había despertado. Empezó a estornudar y apenas abrió los ojos agradeció que nadie estuviera ahí para verla moquear de esa manera. Durante unos minutos, al ver la habitación vacía sopesó la idea de que la hubieran abandonado por retrasarse tanto. Se maldijo, a sí misma, a su debilidad y al dolor que le causó bajarse de la cama, estuvo a punto de abrir la puerta de la habitación cuando optó por algo mucho más práctico. Corroboró los chakras de sus compañeros, mezclados entre las personas en el comedor del hostal. No encontró la manera de suspirar de alivio de tanta mucosidad que había en su garganta, así que tomó una pausa para asearse y ver que podía hacer con aquel maldito malestar.
-Bien, creo que ya es suficiente. A no ser que se haya muerto y tengamos que disponer de ella no me quedaré más tiempo aquí.- Escuchó la irritante voz de Suigetsu justo cuando se disponía a salir del baño. Abrió la puerta y los miró, debió tener un aspecto lo bastante horrible como para que Suigetsu cerrara su bocota.
Suigetsu silbó por lo bajo. -Creo que eso sí es antinatural. Tu cara tiene el color de tu cabello, zanahoria.-
-Gracias por la acotación, Suigetsu. No me habría dado cuenta si antes no me hubiera mirado en el espejo.- Gruñó en un tono grave. -Siento el retraso. Vámonos de una vez.-
Se sintió un poco invadida cuando Jūgo caminó hacia ella y colocó una mano en su frente, pero no lo apartó a pesar de que el tacto le causó escalosfríos debido a la fiebre. Jūgo le dirigió una mirada significativa a Sasuke y él a su vez la miró a ella, se sintió expuesta y un poco avergonzada ante sus ojos.
-Nos quedaremos hasta que la fiebre ceda.- Decretó Sasuke con voz tranquila.
-¡No!- Se apresuró a decir. No quería retrasar en nada la misión y si ponía conseguían rápidamente algunas medicinas sería capaz de avanzar. -Estamos a horas de la farmacia más cercana y si nos vamos ahora conseguiré los medicamentos en el camino.-
-Iremos por los medicamentos, tú debes quedarte a descansar.- Intervino Jūgo. Ella volvió a negarse.
-No te ofendas, nunca estás particularmente atractiva, pero ahora no te ves nada bien.- Dijo Suigetsu.
-Desgraciado...- Jūgo, que estaba más cerca de ella la tomó del brazo que alzó para golpear a Suigetsu antes de que se desvaneciera. El repentino tacto la hizo volver en sí.
-Vale, estás demasiado débil como para que molestarte sea divertido.- Le dijo, volviéndose a los otros dos. -Creo que debe comer, ya se le ha pasado la hora y el malestar no la ayuda.- Sasuke asintió.
Volvió a la cama pesadamente con la ayuda de Jūgo. Miró a Sasuke, le preocupaba profundamente que el retraso fuera a disgustarlo como en el pasado, pero él permanecía impávido y no podía ver nada de molestia en sus ojos, solo la habitual inexpresión de siempre que nunca conseguía leer. Eso la alivió un poco y le facilitó colocar la cabeza en la almohada sin sentirse demasiado culpable.
-Creo que es mejor que me quede con ella.- Dijo Jūgo. -Es posible que se maten si los dejamos aquí.-
-Vamos, Suigetsu.- Dijo Sasuke. Afortunadamente él no se opuso.
Ese día no había llovido y tampoco parecía que iba a suceder en su transcurso. El restaurante de Megumi parecía mucho más cálido y acogedor cuando no se había mojado hasta el alma, estaba helada y todo el mundo la miraba porque su color de cabello era extraño. Habían pasado al rededor de dos semanas y la gente parecía haberse acostumbrado a la particularidad de su condición foránea y aunque aún notaba ciertos atisbos de renuencia, la gente parecía mucho más abierta, sobre todo después de haber compartido con shinobis con los que había batallado durante la guerra.
-Un shinobi nunca revela sus secretos.- Dijo, sorbiendo un poco de su humeante té. Sentía como el vapor le abría los poros de la cara y le despejaba las fosas nasales.
Megumi pareció pensárselo un momento. -Sería una pésima Kunoichi.- Dictaminó, muy seriamente. Sakura sonrió. -El otro día...- Comentó, como había descubierto hace algunos días hacía cuando quería contarle algo, -Masato-kun pasó a comerse algunos nikuman como hace antes de cada misión,- bajó el tono de voz una octava, como si aquello se tratase de algo muy confidencial, -me contó que compartió formación en un escuadrón contigo durante la guerra.- Sakura la miró con curiosidad. -Me ha dicho que nunca olvidaría que te vio destruir tres hectáreas de terreno sólo con un puño.-
-Ah.- Respondió. En su mirada vio que esperaba que lo desmintiera por tratarse de algo tan incomprensiblemente descomunal para ella. Si tan solo hubiera visto a Tsunade con dos botellas de Sake en el sistema, era tan voluble como un barril de pólvora cerca de una pequeña llama y tan destructiva como una calamidad climática... Pensó. -Recuerdo a Masato-san, maneja tan bien el elemento agua que creí que provenía de Kirigakure- Evadió. -Nunca había visto su protector de frente, luego hice equipo con algunos shinobis de esta aldea, a los cuales- volteó el rostro al rededor como si estuviese buscando algo, -por cierto no he visto desde que llegué aquí.- Eso había logrado desvíar su atención del tema. Una de las cosas que había dictaminado durante aquel viaje era que su deber como Kunoichi estaba relegado a segundo plano a menos que tuviera que cumplir con su deber.
-¿En serio?- Aquello de verdad pareció captar su atención. La chica tenía un déficit de atención considerable, pero creyó que no iba a ser tan fácil desviarla de la conversación. -Poco antes de que llegaras partió un pequeño escuadrón a una misión, tal vez conozcas a algunos.- Había captado algo en su mirada, algo que no era común en ella desde que la conocía, sus ojos habían adoptado una seriedad que la hacía parecer mucho más mayor de lo que realmente era.
-Los recuerdo. Siempre recuerdo a los de las aldeas pequeñas, son fáciles de diferenciar por que nunca hay demasiados.- Le dijo, inclinándose un poco en la barra, increíblemente dispuesta a conocer la raíz del cambio tan radical. -Te contaré mi secreto si me cuentas el tuyo.-
El arrebol del cielo hacía que la luz que se filtraba por la ventana tuviera una mezcla de colores rojos, rosados y naranjas que iluminaban la habitación de una forma que la hacía acogedora como solo podía serlo allí. La fauna era increíblemente extensa al ser trópico, había diferenciado el murmullo de varias especies de aves entre la brisa, y escuchaba claramente a las que estaban justo arriba del toldo del ventanal. No traían consigo noticias de importancia, desde que había finalizado la guerra le había costado mucho captar una conversación concisa. Todas trinaban melodías y murmuraban al viento versos cortos, ya no se quedaban demasiado tiempo discutiendo dilemas humanos. Si no había caos ellas podían vivir en la plena libertad de su especie.
La naturaleza siempre lo había llamado como la madre que acoge en su seno a su hijo, mentiría si dijera que le desagradaba estar en aquel lugar, por como se veía el panorama podría disfrutar mucho más del clima y la vegetación por al menos una semana más.
-¿Jūgo?- El tono brilloso de la voz de Karin había desaparecido y se había vuelto increíblemente ronco, tanto que parecía como si la enfermedad le estuviera mermando la voz de a poco. Lo único que parecía mejorarla eran las infusiones de eucalipto, y las conversaciones.
-¿Si?- Respondió. La observó intentar erguirse con dificultad, supo que tenía intenciones de levantarse pero sólo logró sentarse en la cama y tantear a ciegas por los anteojos que había dejando entre las sábanas, pálidas y revueltas a su alrededor, las cuales acentuaban mucho el color rojo de su rostro y cabello. Había dormido al rededor de treinta minutos entre movimientos inquietos y quejas y ahora le devolvía la mirada con ojos cansados. Se acercó a ella y le tocó la frente, donde ahora sólo había una fina capa de sudor acompañada de una temperatura aquebrantada.
-¿Dónde están?- Preguntó, él supo que se refería a Sasuke y a Suigetsu.
-Todos pensamos que sería mucho mejor conseguirte algo de ayuda. Suigetsu salió por lo necesario.- Le informó.
-¿Y Sasuke?-
-Él ha encontrado un lugar que le agrada mucho en la azotea. Desde allí puede ver todo y considera que este sobretiempo le da la oportunidad de planear mejor nuestros movimientos en Sunagakure.- Respondió, y vio algo de alivio reflejarse en sus facciones.
-¿De verdad?- Aún estaba preocupada, pero debía sentirse muy mal como para no rehusar la asistencia médica. Asintió en respuesta. -Tal vez podríamos viajar seguido durante la noche y el día para recuperar algo de tiempo.- Acotó.
-Creo que no debes preocuparte por eso, Sasuke también se ha acostumbrado a dejar de viajar por la noche e inspeccionar el terreno en su lugar. Está bien, de verdad.- Aseguró antes de que ella pudiera añadir algo al respecto.
La miró recostarse contra el espaldar de la cama y limpiarse los anteojos con un pañuelo. -Siempre odié este lugar. Pesqué un montón de enfermedades tropicales en mi niñez, cuando Orochimaru me descubrió por mi habilidad de rastreo y me sacó de la Hierba jamás tuve otro de esos malditos virus. No volví desde entonces y resulta que apenas pongo un pie de nuevo en la frontera todos los males vienen a mí... Este lugar debe estar maldito para mí o algo así.- Masculló.
Evitaría comentar que de hecho Kusagakure le resultaba bastante agradable. -Siempre pensé que tu habilidad con el rastreo había sido desarrollada por los métodos de Orochimaru.- Ella negó con la cabeza. -¿Hace cuanto te encontró?- No entendía por que le estaba contando todo eso, Karin nunca había sido particularmente agradable o abierta, a pesar de que habían hecho equipo durante algún tiempo sabían relativamente poco los unos de los otros. No sabía que era correcto o no preguntar, no quería desestimar su repentino avance preguntando algo que la hiciera retractarse.
-Hace mucho.- Sentenció. -Fue poco después de mi examen chunin. Para ese entonces ya había conocido a Sasuke.- Le confesó. -Había estado fuera durante algún tiempo cuando noté chakras en dirección a mi aldea, eran muchos y se movían demasiado rápido, tanto que supe que no valdría nada más que mantenerme apartada y apegarme a mi instinto de supervivencia. Los sentí llegar, los sentí mezclarse entre los míos y también sentí como uno a uno iban acabando con los chakras a los que estaba familiarizada. Los sentí irse.- Hablaba con cierta impertenencia, pero también parecía como si su mente estuviera en el momento en el cual había sucedido todo. -Nada podía sorprenderme, sabía exactamente cuantos y quienes habían muerto, contabilizándolos mediante esencias. El chakra de todas las personas es diferente, y yo sabía diferenciar cada chakra de mi villa.-
-Siempre he sentido curiosidad,- confesó, -acerca de cómo lo haces. De que manera puedes hacerlo.- Al mirarla absorta y dispuesta a mantener la conversación, parecía mucho más sana que antes. Él también estaba sumido en la conversación.
Ella se ajustó las gafas. -Es muy parecido a ver, sentir y oler, pero de una manera mucho más compleja. Generalmente me fío en las personas por la manera en la cual encuentro su chakra.- Él asintió. -Por ejemplo, Orochimaru semejaba tanto a una serpiente en apariencia como en su flujo interno. Frío, su chakra tenía tonalidades grises y blancas y si concentrabas el chakra se percibía humedad en el olor; como en algunos de sus escondites subterráneos. Los colores fríos suelen tenerlos las personas inescrupulosas, pero también ambiciosas y aunque es una cualidad extraña también valorativa. Sabía que estaba tan interesado en mi habilidad que me conservaría.-
»Tú, por ejemplo. Te aborrecí desde el principio.- Admitió, cruzándose de brazos. -Nunca había visto tantos colores en un chakra, todos estaban mezclados de una manera en la necesité poco enfoque para saber que eras un desastre. Aunque, claro, no era extraño ver mezclas de colores extrañas en el chakra después de toparme con tantos experimentos de Orochimaru. Cuando empezamos a viajar juntos (por seguridad) todos los días monitoreaba tu chakra. De esa manera supe que tu alteración sólo provenía del sello maldito y que tu chakra reposaba en un solo color claro, parecido al azul. Eso señala casi siempre a personas apacibles. Tu chakra no era frío y eso expresa calidez humana, pero careces de olor. Eso tiene que ver con la familiaridad, el olor marca en tí una pertenencia.-
»Antes de que siquiera lo preguntes, sí, también detesté a Suigetsu apenas le eché un vistazo, principalmente por el olor. El olor que desprende su chakra es molesto y tozudo como él, demasiados minerales en conjunto.-Karin frunció el entrecejo.- No es un olor desagradable en sí, pero me irrita las aletas de la nariz, casi tanto como su presencia. Su chakra tiene mezclas de colores generalmente cálidos pero también fríos, aunque los que abundan más son los fuertes. Tiene la calidez promedio, no es la peor persona del mundo pero definitivamente por mucho la menos acogedora.-
-¿Qué hay de Sasuke? Sólo te he oído hablar de su chakra.- Inquirió, curioso.
Ella entrecruzó los dedos. -Nunca había sentido nada igual.- Admitió. -Ya te dije que lo conocí cuando era una niña, durante mi examen chunin me salvó del ataque de un oso. No pude olvidarlo desde entonces.- No podía ver sus ojos, había inclinado el rostro de modo que los cristales de sus anteojos creaban una sombra sobre ellos. -En aquella época su chakra se dividía en dos, entre un color grisáceo y un abanico de colores como el fuego, pero jamás había sentido tanta calidez. Incluso entonces su olor particular era la calidez.-
No creía haber percibido alguna vez el olor de la calidez, ahora que se enfocaba en ello tal vez debía imaginar el olor apegándolo a la visión. Quizás el olor de la calidez se encontraba en aquella habitación, con el arrebol filtrándose por la ventana y el clima tropical.
-Progresivamente,- continuó ella, -cuando vino a pedir mi ayuda, aún conservaba los mismos colores, cada cual repartidos en la misma proporción que antes en su cuerpo, pero sí noté que el gris estaba algunos tonos más oscuro, y conforme íbamos viajando juntos se iba oscureciendo más. La transición fue rápida, antes de que pudiera darme cuenta había perdido el olor de la calidez. No olía a nada, pero aún se percibía algo de calidez en él.-
»De a poco fui observando como cada día el gris se fue convirtiendo en negro, y los colores cálidos del fuego se fueron consumiendo también en la oscuridad, el negro les había quitado terreno. Cuando quiso matarme ya no emanaba nada de calidez, si no frío, como la nieve que quema al contacto. En la guerra su chakra estaba igual, a excepción de que la poca extensión de territorio que tenían los colores cálidos en su chakra se fueron volviendo oscuros también, ya no había azul, ni amarillo ni naranja. Sólo rojo y negro.-
»Luego, cuando todo acabó... Volví a verlo cuando volvió de Konoha hasta Orochimaru. Sabía como se sentía el chakra de Sasuke desde que lo había conocido, desde cálido hasta frío, he visto cambiar los chakras de las personas a mi alrededor. Nunca había visto aclarar un color que se volvió demasiado fuerte; el rojo y el negro que ví la última vez en él fueron las señales de que la única salvación que tendría sería la muerte, de lo contrarío se convertiría irrevocablemente en un monstruo. Pero pude sentirlo apenas llegó al escondite, el color rojo de su chakra se había consumido en los colores del fuego que había tenido una vez cuando era niño, los colores que descubrí después que tienen todas las personas de Konoha en el. Él era otra vez cálido, aunque había perdido definitivamente el olor de la calidez y parte de su chakra aún estaba negra.-
-Por eso decidiste confiar en él y seguirlo otra vez.-
Karin asintió. -Desde ese momento comencé a creer verdaderamente en el cambio. Yo le prometí una vez que estaría a su servicio, aún me siento atada a esa promesa.-
Él la miró con profundidad.
-¿Lo amas?- Preguntó.
-Kentaro, el chico del elemento tierra que podía crear muros gigantes.- Recordó apenas hizo mención de su nombre.
En compensación a su revelación, había accedido a remover cajas del depósito donde ella e Issei guardaban los alimentos. Megumi se llevó la sorpresa de su vida cuando comprobó que el rumor del tal Masato no era tan descabellado al verla cargar sin esfuerzo tres cajas apiladas en fila llenas de grandes sandías.
-¿En serio lo conoces?- Megumi salió de su estupefacción momentánea y se sentó en una de las cajas del depósito. Sakura asintió. -Él y su padre venían siempre a comer aquí, su familia y la mía eran muy amigas porque mi padre tuvo un hermano que fue shinobi y fue compañero del padre de Kentaro. Mi tío murió en una misión, pero la amistad entre familias continuó.-
-Ya veo,- Sakura se sentó a su lado, -¿Desde cuándo estás enamorada de él?-
Ella se escandalizó, y su cara se tiñó rápidamente de un rojo bochornoso. -¿¡Qué?! ¿D-de qué hablas?-
Sakura hizo su mejor esfuerzo para reprimir la risa. -Bueno, ya sabes. No hay ninguna otra razón para que repentinamente te sintieras interesada en a quién conozco o no de esta aldea desestimando el hecho de que era posible que pudiera destruir tres hectáreas de terreno sólido con un puño.-
Megumi suspiró. -Supongo que me agradaba desde que éramos niños.- Ella pareció pensárselo un poco. -Pero cambió cuando mamá y papá murieron, su familia fue muy atenta con nosotros e incluso nos ayudaron a manejarnos por un tiempo, Issei apenas tendría mi edad cuando ocurrió todo. Kentaro fue tan amable conmigo, siempre supo que decir para que todo doliera menos y fuera mucho más optimista al respecto.-
-Lo siento,- dijo refiriéndose a su pérdida. -Parece un buen chico, ¿Nunca se lo has dicho?-
-No.- Bajó la mirada. -Desde que se volvió shinobi y se fue a la guerra no lo veo demasiado seguido, y siempre que lo hago está rodeado de sus compañeros ninjas. Me aterra, no sé si aceptará mis sentimientos, pero también tengo mucho temor de que en una de sus misiones simplemente no vuelva, o aún peor, que lo haga, pero con alguien más.-
-Creo que deberías decírselo.- Sakura opinó, ordenando las cajas mientras Megumi la observaba. -La vida de un shinobi es impredecible y también relativamente más corta que la de un civil, no tenemos muchas oportunidades para vivir experiencias agradables. Sabrá apreciar tus sentimientos aún si no los corresponde.-
-¿Lo crees?-
-Totalmente.- Respondió con sinceridad.
-No puedo decírselo, no sabría como decírselo.- Se retractó. -¿Que sucedería si conociera a alguien más en una misión, si se enamorara de una extranjera y decidiera irse? Kentaro no ha vuelto en meses y las misiones aquí generalmente no son demasiados largas... No sé si podría vivir en la incertidumbre.-
Eso la había golpeado un poco. ¿Cuánto tiempo ella había vivido en la incertidumbre?
-No creo que debas preocuparte mucho,- evadió,- lo más probable es que haya habido un contratiempo. Volver a casa siempre es una prioridad al salir de misión.-
Ella no parecía nada optimista al respecto, pero terminó el inventario que había empezado en el papel mientras Sakura seguía apilando cajas. Repentinamente se sintió como en aquellos días cuando Tsunade había comenzado a entrenarla, la hacía utilizar el manejo del chakra para endurecer sus músculos y le propinaba golpes que la dejaban sin aliento. Para cuando habían terminado, había una bonita noche despejada que Megumi quiso aprovechar ofreciéndole compañía hasta su hostal. No pudo rehusarse cuando insistió.
-¿Alguna vez...- Comenzó una frase que tardó segundos en terminar, y ella la miró expectante, -has considerado irte de Konoha para siempre?-
-Sí.- Respondió, se sorprendió un poco de ser tan franca no sólo con Megumi, si no con ella misma. Siempre que esa pregunta salía a flote en su mente lograba hundirla de nuevo hasta el fondo. -Tal vez lo pensé un par de veces cuando era más joven.- Mintió.
-Temo que Kentaro piense igual.-
-¿Y que tal si en lugar de preocuparte si tiene razones para irse, le das una razón para quedarse?- Opinó, un poco distraída.
-¿Esa es la razón por la que decidiste quedarte?- Sakura la miró con curiosidad. -Me refiero a, ¿Alguien te dio una razón para quedarte?-
-De cierta forma, en aquel tiempo era más importante pensar en cómo afectaría a ciertas personas si me hubiera ido cuando tuve la oportunidad.-
Huir para alcanzar a Sasuke por su cuenta había sido su deseo más ferviente durante la mayoría de su vida; le parecía algo turbio y lejano el recuerdo de haberlo escuchado pidiéndole que abandonara Konoha para seguirlo, pero sobre todo que ella hubiera declinado a esa petición. Parecía algo sucedido en un sueño.
-Esa es la razón.- Señaló Megumi. -Por la cual te has ido, me refiero. Buscas a alguien que te de una razón para quedarte.-
Sakura asintió. -Ese es mi secreto, y el tuyo también está a salvo conmigo.- Dio por terminada la conversación apenas se encontraron con la entrada del hostal. Megumi no parecía satisfecha, pero aceptó que no habría nada más que pudiera sacarle esa noche.
Lo que más le gustaba del hostal eran sus ventanales, le daban una colorida vista de la villa y sentarse a mirar el vaivén de la vida nocturna la relajaba. Recordaba el balcón de su habitación de Konoha y a las pocas personas que solían transitar frente a el durante la noche, también las veces que añoraba tanto que la vista la engañaba y la hacía captar breves visiones de un efímero Sasuke, observándola desde el pavimento. Algunas noches eran más difíciles de sobrellevar que otras, a veces dormía y soñaba, y también se mantenía despierta y soñaba. Nunca pudo dejar de pensar en él de una u otra manera. ¿Estaría bien? ¿Estaría herido? ¿Soñaba o tenía pesadillas? ¿Pensaba en ellos? ¿La recordaría?
Durante su estadía en aquel lugar no le había alcanzado el tiempo para divagar, pero aquella noche sintió como si tuviera muchas cosas que poner en orden. Se estaba reflejando en Megumi y en su enamoramiento de Kentaro para encontrar las respuestas que no había logrado reflexionar ni aún en su extendido letargo de soledad en Konoha. Él se había ido, ella permanecía esperándolo. Ella deseaba demostrarle sus sentimientos.
Evocaba perfectamente a un Sasuke solitario, evasivo. Atrayente, según su entonces inocente percepción de la vida. Pero también recordaba al Sasuke que se abría ante ella en descuidos, que develaba parte de sí mismo, cosas que aún no tenía la madurez para comprender. Creía fervientemente que esa era la razón por la que se había aferrado durante tanto tiempo a sus sentimientos; con el tiempo había logrado entender aquellos momentos en los que Sasuke realmente había recurrido a ella, por instinto, para descubrir sus pensamientos. En aquel entonces estaba demasiado preocupada por comprender las piezas inconclusas que le daba de su pasado, de sus miedos, de su odio y unirlas en una como para darse cuenta de que Sasuke llegó a encontrar algunas veces en ella un puerto seguro. Un refugio, aunque sólo fuera durante unos pocos segundos antes de que recobrara su habitual actitud desdeñosa. Le gustaba pensar que fue alguna vez importante para él, no estaba segura de si eso ocurría ahora o ocurriría en el futuro, pero lo había sido en el pasado.
Traer el pasado al presente le dejaba una sensación agobiante en el pecho. Aún no comprendía, había transcurrido ya un trecho de su vida y a pesar de que fue un buen intérvalo de tiempo en el que convivió con él, sólo estuvo presente durante poco tiempo en esta. Su ausencia había marcado su niñez y definido su adolescencia. Se dio cuenta que su amor era tan grande que también enrumbaba los comienzos de su adultez, su amor era tan grande como su soledad.
Sasuke, ¿Quieres estar sólo otra vez? Tú fuiste quién me habló del dolor y la soledad... Y ahora mismo estoy sintiendo ese dolor... Tengo amigos y familia, pero sin tí en mi vida... ¡Sería lo mismo que estar sola!
Nunca pensó que algo que hubiera hecho o dicho de niña tendría tanto impacto en su vida futura. Recordó aquel evento, el nudo en su garganta acrecentándose. No recordaba el momento preciso en el que había decidido que ella se convertiría para él en todo lo opuesto al dolor y la soledad de la que él le había sido partícipe, y a eso se había aferrado durante muchos años hasta darse cuenta que, irónicamente, él se había convertido para ella en el dolor y la soledad que alguna vez él le había descrito. Era terriblemente insano, pues sabía que parte de ella necesitaba desprenderse de esa necesidad agobiante de significar para él luz en medio de la oscuridad, pero también sabía que necesitaba de él para sanarse a sí misma. No sabía si estaría satisfecha cuando finalmente influyera en su proceso de sanación, o hasta que punto la presencia de Sasuke la ayudaría a desprenderse de su perpetuo desasosiego. Esperaba que no necesitara mucho de ninguna de las dos cosas.
Solo deseaba algo de esa paz que todas las personas parecían poseer y a la que ella no tenía acceso. Esperaba que saldar aquel compromiso que tenía consigo-el de sentir que había ayudado a Sasuke a sanar aunque fuera un poco, y el de que esto la hiciese sentir mejor consigo misma y respecto a como se sentía por él- le ayudara a desprenderse del fantasma del pasado. Sabía que debía sincerarse en el proceso, y era lo que más le asustaba. Si quería llegar a sanar debía confesarle a Sasuke sus verdaderos sentimientos, incluso si él los aceptara o no aquello la ayudaría a sanar aquellas viejas heridas inconclusas. Como Megumi, tenía miedo a una evasiva porque sabía que aquello rompería su corazón, pero con algo de suerte también rompería el hilo que la unía a Sasuke desde hacía tanto tiempo y ella recobraría su libertad. La posibilidad de sentirse despojada de sus sentimientos y de olvidar la espera para dar paso al cambio. Aún no sabía cuanto lo retrasaría, pero ya no quería esperar mucho más. Sabía muy bien que no podría sentirse a gusto a ningún lugar hasta que fuera relevada de la soledad y el dolor que Sasuke le había impuesto alguna vez.
Aún así, era irónico que cargara con sentimientos tan dañinos, pero fueran los buenos recuerdos de él lo que no le quitaban la esperanza. Suspiró. Suponía que no habían terminos medios con Sasuke, o lo odiabas o lo amabas, y ella podía decir que aunque cargaba con parte de su odio, desde el principio por él sólo pudo sentir amor.
Podía contar las veces que había estado solo junto a Sasuke, la mayoría había trascurrido antes de que se convirtiera en un maniático y había pasado tanto tiempo desde aquel entonces que parecía haber ocurrido muchas vidas atrás. En su memoria estaban más frescos los recuerdos de sus últimos encuentros,-dónde era evocado más como una máquina sin emociones que como un propio ser viviente- esto le dificultaba volver a relacionarse con él. Caminaban a la par, pero incluso era un poco incómodo figurar como era correcto hablarle. Aquello lo frustraba, él no solía preocuparse por nada y desde que había empezado a aliarse de nuevo con Sasuke debía consumir dos litros más de agua de lo habitual. Intentando dejar un poco de lado la tensión y en un afán desesperado por conservar su irreverencia, después de conseguir medicinas le sugirió que a Karin le caería bien algo de comida casera. Para su conveniencia, aceptó e incluso estuvo de acuerdo con su sugerencia. Y de alguna manera, aquello lo hacía sentirse más incómodo, sentía que ya no conocía nada acerca de Sasuke. No era lo que había sido en un principio, un compañero errante, ni lo que había sido después, un monstruo inmisericorde. Tantas personalidades se confundían y entremezclaban en su cabeza, no quería volver a pensar que eran compañeros y después darse cuenta de que para él no eran mucho más que peones sacrificables.
Sasuke señaló el lugar, Suigetsu le siguió de cerca. En aquel punto no estaba seguro de si era fama o infamia lo que le precedía, pero todos parecían detenerse a "admirar" siempre que Sasuke entraba en un lugar público. Determinó a algunas de las rostros que los seguían con la mirada, en algunos de ellos se asomaban distintas reacciones, desde algo de incredulidad, intriga y hasta desconfianza. Sonrió. Sasuke tenía una presencia necrótica, un aura mortífera incluso cuando efectuaba una actividad tan trivial y se encontraba aparentemente sereno. Hn. Pero sólo hacía falta mirar los rostros de las mujeres alrededor para darse cuenta que sus miradas denotaban pensamientos muy distintos. Sasuke era como un muro de hierro lleno de púas, pero todas lo miraban como si quisieran estamparse de lleno contra él.
-¿Qué estás mirando?- Preguntó Sasuke.
Suigetsu se sobresaltó. Estaba justo detrás de él y se había acercado sólo un poco para mirar su expresión ante tanta atención. No era nada que no hubiera sucedido en el pasado, Sasuke nunca salía de su estoicismo. Pero ahora que no tenía nada más que perseguir en la vida, ningún hermano que matar, clan que vengar y aldea que destruir se preguntaba si alguien como Sasuke podría alguna vez relacionarse con alguien. Al menos, siempre pensó que haría algo por el estilo siempre que hablaba de cosas como reestablecer su clan, pero nunca le vio un interés particular en las chicas, así que pensó que ese día llegaría al terminar todo. Se suponía que "todo" había terminado ya, pero su reacción ante la insinuación femenina resultaba la misma. Nada. cero.
-Es incómodo,- dijo, mirando a su alrededor hacia sus admiradoras improvisadas.
Sasuke asintió con la misma expresión plana en su rostro, siguiendo la fila del restaurante. Suigetsu lo miró con desconfianza, asegurándose de hacerlo desde atrás, por supuesto. Ni siquiera sabía por que le daba vueltas al asunto. Sasuke había llegado a ser un asesino desalmado, era difícil pensar en él como un ser que sabría como amar a alguien o siquiera dejarse amar y si le daba muchas vueltas al asunto a veces veía a Sasuke como un contenedor, no estaba seguro de si estaba vacío o si había aún algo muy terrible dentro. Sólo estaba seguro de que aquella coraza parecía atraer a una gran cantidad de mujeres que de seguro huirían al descubrir lo que habitaba dentro.
Karin decía que los colores de su chakra había cambiado, pero nunca le prestaba demasiada atención como para tomarla en serio. Jūgo lo seguía como fiel devoto, pero aún no podía averiguar por qué él estaba aún ahí.
Era su turno de ordenar. Pensó en lo mal que se sentía Karin y también en lo que la haría mejorar, al menos, si no hacía nada por su salud podría apasiguar aquel carácter de mierda que tenía. Estaba a punto de avanzar cuando se dio cuenta de que Sasuke se disponía a hacer la orden; pidió un par de cosas a las que le restó importancia hasta que lo escuchó ordenar el Okonomiyaki. Era el platillo favorito de Karin, y no era difícil de deducir porque lo comía siempre que tenía la oportunidad, pero le sorprendió descubrir que Sasuke hubiera siquiera reparado en algo tan trivial como eso. Sasuke pagó la comida y se movió hacia el mostrador para esperar la orden, Suigetsu permaneció observándolo extrañado, esta vez sin preocuparse si lo veía o no.
-¿Qué sucede?- Sasuke preguntó de nuevo.
-Pensaba que no te importábamos.- No había pensado demasiado esa respuesta, y permanecía tranquilo a pesar de la manera en la que la había dicho. Sin poder evitarlo, prosiguió. -Y no es que me interese mucho que te preocupes por nosotros, al menos a mí me bastó la disculpa,- Suigetsu cruzó ambos brazos detrás de su cabeza, -pero no quiero pensar que lo haces. Tampoco me gustaría que ellos lo pensaran.- No dijo nada más, pensó que él interpretaría sus palabras. De repente, se dio cuenta de que había adoptado más seriedad de lo que desearía, se sentía tenso.
Sasuke lo miró sin expresión durante segundos. -No quiero que piensen nada que no quieran pensar. Han sido libres desde el principio.-
Suigetsu cerró los ojos. Lo que pensaba, le importamos menos que un comino.
-Pero al menos quiero que estén bien mientras estén aquí.- Retomó él.
Volvieron con la orden, Sasuke la tomó. Empezó a caminar e inconscientemente comenzó a seguirlo, como lo había hecho desde un principio. Dios, se sentía aún más estúpido que las mujeres que miraban con adoración patética a Sasuke en el restaurante, porque él no estaba ciego. En aquella apariencia externa de Sasuke él no veía más que aquel muro de espinas y él tenía una idea más o menos clara de lo que había en su interior y aún así estaba allí.
Decretadamente no tenía nada que ver con Sasuke, con todo lo que había mencionado anteriormente él era prescindible, algo de lo que sería bueno apartarse. Pero elegía estar ahí, y se daba cuenta de que ni siquiera tenía algo que ver con él mismo. Pensaba en lo que haría Jūgo, solo y desenfrenado sin la restricción de Sasuke, y en Karin, sola y sin nadie más a quien recurrir que Orochimaru, lo cual era lo suficientemente malo como para al menos traumatizar a alguien de por vida. Pensaba en ellos, en lo desastroso que sería continuar por su cuenta para ninjas como ellos. No había familia, no había honor, no había hogar. Sólo tenían aquella especie de hermandad criminal y, maldición, era incluso molesto. Perseguir espadas era definitivamente un hobby más divertido.
Caminó a la par de Sasuke de nuevo, los brazos aún cruzados tras la cabeza. Lo miró de soslayo, realmente él no le importaba mucho más de lo que le había importado antes y finalmente sabía porqué. Él tenía familia, un hogar, y era difícil de creer pero incluso había recobrado un poco de su honor; Sasuke necesitaba que ellos fueran su equipo, pero no necesitaba que se preocuparan por él. Él ya tenía personas que se preocuparan por él, y estaba completamente seguro de que Sasuke no necesitaba a nadie más.
-¿Acaso, alguno de nosotros sabe que es el amor?- Preguntó Karin, reflexiva.
Jūgo la miró inexpresivamente, jamás se había planteado esa pregunta.
-Nos pasamos la vida creyendo que estamos enamorados, -en tal caso, se refirió sólo a sí misma,- pero al final resulta ser un sentimiento vano, voluble. Algo que puede desvanecerse con el aleteo de una mariposa.- O el blandir de una espada, pensó. -El amor debería ser algo más, me parece que es algo que nace de la reciproquividad. Algo que no se llega a experimentar completamente si no es dado y recibido, y no recuerdo haber apreciado algo por el estilo.-
Su compañero se tomó algunos segundos para responder. -Creo que respondiste a mi pregunta sabiamente. Aún así, creo que el amor va más allá de una relación entre dos personas. Aunque comparto que debe ser recíproco para existir, este trasciende de muchas maneras. Como el amor fraternal, por ejemplo.-
No lo sabía. Ella no tenía hermanos, y su memoria omitía todo lo que estuviera entrelazado con sus sentimientos antes de irse con Orochimaru. Lo pensó un poco más, le costaba encontrar entre sus recuerdos la primera vez que creyó haber experimentado el amor y aquello era sumamente deprimente. Incluso Jūgo, que era un desastre emocional andante tenía referencias de ello en una persona, un hermano como había mencionado. No recordaba haber amado algo hasta que creyó amar a Sasuke y se decepcionó al saber que este no era el caso, no sentía haber estrechado lazos emocionales con nadie hasta que Sasuke le dio un lugar en Hebi. Si lo pensaba un poco más, tal vez por eso creyó amarlo, Sasuke no le había dado amor, pero sí lo más parecido a un hogar.
