Nunca había sido amigo de los contratiempos, sobre todo cuando eran ajenos a su voluntad. Pensar lo mantenía cuerdo, ya lo había establecido, pero tener tiempo de sobra para pensar también resultaba ser contraproducente. Su tren del pensamiento podía extenderse desde las cosas que consideraba sanas hasta los extremos de tantear terrenos mucho más profundos que a menudo eran dolorosos. Aquella era una de las razones principales por las cuales no había abandonado completamente la subordinación de Orochimaru; sus pequeños trabajos ocasionales, que no lo beneficiaban en lo absoluto más que para mantenerse centrado, le proveían cierta distracción. Había encontrado aquel espacio solitario en la terraza de su hostal y durante algunos momentos estuvo tentado a reunirse con los demás de vuelta al edificio.
Las personas iban y venían sin advertir que él los observaba. Los veía transitar la calle aledaña, azarosos, algunos otros difuminados por las ténues luces y el vaivén incluso llegaban a parecer melancólicos. Sasuke los contemplaba sin prestarles atención realmente, como si todo lo que hubiera más allá del cuadrilátero de la azotea fuera simple humo que se desvanecía lentamente. Sin darse cuenta, había caído en una especie de ensoñación en donde a pesar de tener los ojos completamente abiertos, parecía estar en otro lugar, muy lejos de allí.
Había salido de Konoha con la certeza de que estar allí era un flagelo constante, la culpa lo perseguía como un fantasma desde que había tenido consciencia del primer daño que reconocía haber hecho-pensaba en Itachi, en su muerte, y en todo lo que hizo después-pero estando allí también recordaba todo lo que había hecho antes. En algún momento llegó a ser genuinamente feliz y a pesar de que no divagaba mucho sobre la felicidad, siempre que llegó a experimentarla estaba directamente ligada a aquellos dos. No perseguía la felicidad, todo lo contrario, parecía que cada día se esforzaba más para apartarse de ella. No creía merecer volver a tener la dicha de experimentarla, de que esta fuera palpable y se dibujara frente a él más allá de siluetas iluminadas sino en realidades brillantes. Aún así lo sabía, sabía que retrasaba lo inevitable, porque los lazos que alguna vez lo ataron y luchó enardecidamente por cortar eran tan fuertes que resistieron sus incesantes esfuerzos por destruírlos, permanecían. De vez en cuando, sentía como a pesar de los kilómetros entre ellos esos largos hilos lo halaban, en pequeños tirones, para recordarle su perpetua existencia.
Ambos eran incandescentes. Pensaba en Naruto, como la llama que había quemado la venda que en parte se habia colocado y de igual forma le habían colocado, pensaba en él como pensaba en su hermano. Al pensar en Sakura casi podía ver el fulgor, pero con ella era distinto. Pequeños destellos de lo inconcluso titileaban a menudo en su mente, como las luces de un faro que aunque a la distancia, su luminosidad era tan fuerte que la luz se negaba a dimitir, y permanecía. Naruto lo había salvado, pero era Sakura quien acudía a su mente para recordarle que tenía que regresar. Tal vez era por esto que se sentía tan cómodo junto al antiguo Taka. Los apreciaba lo suficiente como para preocuparse por su bienestar, su contigua presencia le recordaba que estaba aquí, lejos de ellos, y que debía permanecer así hasta que la expiación que le traía la culpa desapareciera. No podía negar la existencia de cierta promesa silenciosa, y tener a alguien por quien regresar no hacía las cosas más fáciles. Por ahora, parecía necesitar todo el tiempo del mundo antes de realmente volver.
Aún así, el hilo seguía dando pequeños jalones.
-¿Qué? ¿Tan pronto?-
Era temprano como para ordenar nada, así que la presencia matutina de Sakura y el hecho de que aunque no estuviera tan ataviada lo estaba más de lo habitual, mochila en la espalda y porta armas en los muslos, le hizo comprender casi inmediatamente que estaba próxima a partir.
-Ya es tiempo.- Confirmó Sakura. -Hay asuntos importantes que necesitan mi atención.-
Megumi salió con presteza de debajo de la barra y en segundos se encontraba a su lado, despojada del delantal y alisandose el vestido. -Bien, te acompaño hasta la salida.- Deslizó una sonrisa vacilante.
»Pensé que te quedarías un poco más.- Caminando por el extenso camino que dirigía a la salida del valle, la chica parecía un poco cabizbaja. -Siempre es bueno hacer nuevos amigos, sobre todo cuando son tan interesantes como tú,- Sakura le sonrió en respuesta, -pero no viene mucha gente tan seguido. Aunque, supongo que para que te vayas así de rápido esos asuntos deben ser realmente muy importantes.-
-Lo son.- Concordó Sakura. -Incluso son un poco más importantes que yo, por eso aunque me hubiera gustado quedarme un poco más de tiempo es preciso que me vaya ahora mismo.-
-¿Tu aldea te ha enviado a una misión?-
Las puertas de la aldea estaban cerca, e intentaba disfrutar el poco tiempo que le quedaba de aquel clima tan parecido al de Konoha enlenteciendo el paso. -No realmente. Es una misión que yo debo cumplir.- Le echó un vistazo a la gente que transitaba, todos parecían tener algo de lo que ocuparse, un lugar a donde ir. Ella también lo tenía y cada día que lo retrasaba más de lo debido era una equivocación. No podía permanecer huyendo de la felicidad y lo que realmente la hacía feliz estaba demasiado cerca como para no ir a por ello. -Es algo que no puedo retrasar, como parece que tú tampoco puedes hacerlo.-
-¿Como yo?- Completamente ignorante a lo que se refería como parecía, Sakura apuntó con el dedo a un pequeño grupo que se movilizaba hacia dentro de la aldea. Entre ellos, había un rostro que le parecía vagamente familiar, pero que Megumi reconoció inmediatamente. -Kentaro.-
Él conversaba afablemente con algunos otros compañeros al acercarse, Megumi temblaba como una hoja. Sakura colocó una mano en su hombro. -Anoche tuve un sueño en el que me convertía en el hogar de alguien. Yo me convertía en la razón para quedarse, porque el hogar estaba en mí. Voy a convertirme en ese hogar.- Ella la miró con esos grandes ojos ámbar conforme dejaba de temblar. -Sin importar cuantas veces nos vayamos, siempre regresamos al hogar.-
Apartó la mirada de ella para dirigirla hacia él y se mantuvo así durante algún tiempo. -Es cierto, siempre lo hacemos.- Repentinamente, tomó sus manos. En aquellos segundos parecía mayor de lo que era, pero sus ojos aún eran muy expresivos, como los de una niña. -Gracias, Sakura. Estoy segura de que volverá si se trata de tí, eres realmente genial.- Sakura le devolvió la sonrisa.
-Nos veremos pronto,- aseguró.
Sakura reanudó el corto recorrido fuera de la aldea, pasando junto al pequeño grupo que se aproximaba dentro. Kentaro giró la cabeza al percibir el atisbo rosa en su campo de visión, pero el grito de Megumi desvió su atención.
-¡Cuídate mucho, Sakura-san!-
Kentaro volteó en su dirección al reconocer su voz, y para cuando reafirmó que a quien había visto era realmente quien creía, no había rastro de ella.
-Eh, Megumi,- Kentaro apareció frente a ella, -¿Conoces a esa chica?-
-Así es, te lo contaré todo si me sigues ahora, Issei tiene preparado un buen menú para hoy.- Instó, animada y centelleante.
-Seguro,- respondió él con una sonrisa deslumbrante.
A lo lejos, pero lo suficientemente cerca como para observar lo feliz y sonrojada que estaba Megumi cuando Kentaro halaba de ella en dirección al restaurante, prosiguió su camino.
«Anoche tuve un sueño, me convertía en el hogar de alguien.»
-¡No, no apagues la luz!-
Reconoció que se encontraba en una de las habitaciones de la clínica infantil de cuidados especiales de Konoha. Tenía puesto el uniforme del hospital y estaba apunto de abandonar una habitación que previamente había estado vacía, por eso la sorprendió la voz que la asuzó desde la camilla.
-Déjame dormir con la luz encendida. Odio la oscuridad.- En apariencia, parecía haber estado llorando por algún tiempo, hilos de mucosidad se le escapaban de la nariz e iban a parar hacia el oso de felpa que abrazaba contra su pecho. Parecía vagamente familiar.
-Gracias.- Le sonrió, al ver que la luz del foco no remitía. -Ahora puedo ir a dormir.-
La rapidez con la que lo hizo la inquietó un poco y estuvo durante algún tiempo observando la parsimonia con la que su pecho bajaba y subía al compás de su respiración calma, antes de que los demás gritos la alertaran.
-¡Enciende la luz!- Exclamaban desde afuera. -¡Enciéndela!-
Salió hacia el pasillo principal, un coro de voces gritaban desde la hilera de habitaciones que había a cada lado y a lo largo del pasillo. Todas provenían de donde las puertas estaban cerradas y a oscuras, ya que también habían habitaciones con luz, pero de ahí no se emitían los llamados.
En cada habitación habían niños y niñas. Se dirigió a cada una y encendió tantos focos como pudo, y estos respondían tranquilizándose y sumiéndose en un sueño profundo y apacible. Siempre que terminaba con una habitación los gritos proseguían y el ciclo se repetía otra vez. Pasaba de largo las iluminadas porque la verdadera angustia la transmitían las oscuras, necesitaba ayudar, sentía la desesperación por hacerlo. Al fijarse en las puertas de las habitaciones notó que los nombres de los pacientes que albergaban dentro estaban en cada una. Lo corroboró al detener la vista brevemente ante una de las habitaciones iluminadas.
-Naruto.- Leyó.
Había un pequeño cristal que le permitía ver dentro y atisbó una pequeña mata de cabello rubio, despierta y aparentemente tan hiperactiva como siempre. Se apeó a la puerta y observó, era un niño también, pero no estaba solo. No podía ver muy bien a través del escaso campo de visión proveído por el pequeño cristal y tampoco contabilizar a los que estaban con él, pero parecían ser varios. Al afinar su oído junto a la puerta, pudo reconocer algunas voces. Voces que tenían rostro para ella, voces que sabía que jamás lo abandonarían. Él estaba feliz, feliz y despierto. Sabía que no le hacía falta entrar, su alma se inundó de una paz que tenía algún tiempo sin experimentar. Se alejó e inmediatamente volvió a escuchar las voces que clamaban por su ayuda. Y corrió.
El ciclo nunca parecía terminar y ella tampoco parecía cansarse, la paz inicial se extendía por su cuerpo cada vez que una nueva criatura dejaba de gritar. Las voces dejaron de resonar tan frecuentemente como antes, y pronto hubo una última luz que encender y un único niño que observar dormir.
El silencio la arropó de felicidad. Habían dejado de gritar, estaban bien. Luego habría que enseñarles a dormir y no temerle a la oscuridad, a reconocer que había luz incluso en los espacios más oscuros. Por el momento no importaba, estaban a salvo.
Se dispuso a recorrer el camino de vuelta y observó las hileras de habitaciones durmientes con regocijo. Pero, al estar todas las habitaciones llenas de luz era imposible que aquella en permanente oscuridad no destacara por encima de las otras. Estaba a punto de preguntarse cómo era que la había pasado por alto cuando escuchó, y lo supo. La razón por la que la había omitido era porque nadie dentro había gritado por ayuda. Se acercó a la habitación y al leer a quien le pertenecía escuchó el pulso latirle en los oídos, realmente no era propio de la persona que se encontraba dentro pedir ayuda, así que creyó que debía hacerlo de todos modos. Jamás había deseado tanto ver a alguien dormir en paz, así que entró.
Inmediatamente después de ingresar la puerta se cerró tras ella. Sintió su corazón latir y más rápido, la habitación se encontraba completamente en la penumbra. Retrocedió hasta sentir la puerta contra su espalda, extendió el brazo hacia la pared y tanteó hasta que fue capaz de encontrar el interruptor...
-No enciendas la luz.- Sentía el corazón amenazándole con salir de su jaula costal. Lo reconocía. Reconocería aquella voz en cualquier circunstancia, a cualquier edad. Lo amaba tanto que no apartó la mano del interruptor.
-No veo nada.- La voz de Sakura sonaba tan agitada como lo estaba. -¿Es que quieres quedarte en la oscuridad?-
-La luz me lastima los ojos.- Su voz se escuchaba serena, pero había algo en ella, algo diferente.
-¿Dónde estás?- Se alejó de la pared y extendió los brazos hacia donde creía provenía su voz. -No veo nada,- repitió, -¿Puedes ver algo?-
-No podía ver nada.- Respondió él.
-Sasuke-kun, aquí estoy. ¿Dónde estás?- Intentaba seguir su voz, pero esta se esparcía por toda la habitación. Estaba empezando a desesperarse, comenzaba a ser como una de esas pesadillas que solía tener en su temprana adolescencia, donde Sasuke estaba al alcance de sus dedos, pero nunca podía alcanzarlo. -Quédate quieto, por favor. Guíame, iré hasta donde estés.-
-No es necesario.- Sintió su corazón detenerse momentáneamente, y la presión altísima que este emitía bajar repentinamente cuando unas pequeñas manos tomaron las suyas. -Yo puedo verte a tí.-
La tiniebla dejó de dominar completamente la habitación, entonces se dio cuenta de que el foco de luz provenía de ella misma y fue cuando pudo contemplarlo él. Era Sasuke, no el Sasuke del rinnegan, renegado y fragmentado. No era Sasuke del sello maldito, ni de la maldición de odio de su clan. Con su estatura actual le llegaba al abdomen, justo de donde parecía provenir la ténue claridad que emitía. Él la miraba de vuelta.
-Tú no me lastimas.-
Era él, aún así. En sus ojos pesaban mil años más de la edad que aparentaba. Las lágrimas anegaron sus ojos antes de que pudiera detenerlas. Se arrodilló a su nivel, sosteniéndolo.
-Jamás. No podría jamás.-
-Hemos pasado al menos cuatro días más de lo que me hubiera gustado aquí. ¿Podemos irnos ya?- Preguntó Karin cuando se sintió lo suficientemente reestablecida. Jūgo la escaneaba rigurosamente en busca de cualquier signo de enfermedad y no pudo encontrar nada.
-Geez, empezaba a pensar que echarías aquí tus raíces, zanahoria.- Dijo Suigetsu. Ahora que Karin ya no estaba enferma podían empezar de nuevo con su encantadora forma de relacionarse.
-Pues ya de por si es sorprendente que empezaras a pensar cualquier cosa.- Respondió Karin. -Además, definitivamente detesto este lugar, me largaré de aquí con o sin ustedes.-
-Nos iremos al amanecer, entonces.-
Sasuke los había interrumpido silenciosamente al volver de la azotea. Karin asintió, Suigetsu estuvo de acuerdo y Jūgo solamente se encogió de hombros, a él le gustaba aquel lugar.
-Bien, será mejor que te abrigues. Aún tenemos que atravesar todo el país de la Lluvia y para variar, nunca deja de llover.- Suigetsu se dirigió a Karin.
Sasuke asintió. -Nos moveremos durante el día y cubriremos durante la noche. Junten todo lo necesario.-
Conforme se acercaba a la frontera sentía como la ropa empezaba a estorbarle. La temperatura había incrementado y para cuando llegó al clima árido le fue necesario cubrirse de más otra vez, una vez el candor del sol empezó a ser implacable. Rebuscó en su bolso el pergamino que estaba buscando. Cuando tuvo entre sus dedos el rollo verde sintió una felicidad semejante a la que había experimentado en su sueño. La necesitaban. El trabajo en la clínica era en lo que debía enfocarse ahora. En algún lugar estaba Sasuke y ahora tenía la certeza de que era su deber ir junto a él y ayudarle, pero no podía ignorar los llamados de su corazón, y su corazón estaba en ese momento junto al proyecto.
-Haruno-san.- Uno de los asesores del Kazekage la saludó y la gratificó el hecho de que hubiese recordado su nombre a pesar de los años que habían transcurrido desde que había estado allí por última vez.
Ser dirigida dentro de la aldea después de haber viajado muchas horas a través del desierto sólo se sintió ligeramente mejor por la mera idea de saber que se encontraba en su destino más que algún tipo de alivio concreto. El interior de la aldea seguía siendo el desierto, sólo que en lugar de la planicie que había avistado durante algún tiempo ahora desde la arena se erigían los altos edificios y muros que resguardaban y rodeaban el resto de las edificaciones.
-La torre del Kazekage es el mejor lugar, tiene muchas habitaciones y está muy cerca de donde construyen la clínica. Estoy seguro de que Gaara estará feliz de recibirte.-
Pensó en lo que le había dicho Kankuro-quien la había recibido personalmente una vez en la ciudad y ella se había alegrado de ver, reforzando la teoría del vínculo que se formaba siempre entre el paciente y el sanador-mientras ya instalada en la torre del Kazekage observaba el edificio que habían construído específicamente para ejecutar su proyecto y se sintió muy orgullosa. Aquello había sido lo primero realmente importante que había hecho por alguien que no fuera ella y su equipo. Ser un medic-nin era gran parte de ella, el legado de su maestra era un honor. A pesar de que estar allí le recordaba tiempos tristes, oscuros, esta era su oportunidad de hacer buenos y mejores recuerdos en esta ciudad.
Toc, toc
-Adelante.- Dio su permiso al toque suave sobre la puerta de su habitación.
-Sakura-san, bienvenida.- La formalidad de la figura que ingresó no estuvo exenta de aquel leve tinte-de calidez, tal vez-que impregnaban los saludos que se le daban a los viejos amigos. Su postura protocolaria y su faz apacible siempre serían bien recibidas para ella, quien alguna vez había llegado a verlo inmerso en lo peor de sus instintos primitivos.
-Kazekage-sama,- saludó ella, con una leve sonrisa de reconocimiento.
-Nos honra que como precursora del proyecto te encuentres aquí. Tu fama te precede, Sakura-san.- Gaara se encontraba junto a ella recorriendo el que sería su nuevo sitio de trabajo. -Ha sido un aporte muy noble, además de que los resultados observados en Konoha son bastante satisfactorios.-
Sakura se sonrojó un poco. Aún no se acostumbraba a que la gente reconociera su valía, en muchos sentidos no se sentía demasiado diferente desde que había terminado la guerra. Sólo había acabado por ahogarse en el trabajo para evitar divagar en todos los otros asuntos que la ponían melancólica, lo que ocurría externo a eso (incluída la opinión que la gente parecía tener últimamente) pasaba de ella.
-Trabajamos muy duro para que así sea, los resultados son lo más importante. Que la vida de los niños mejore y restarle a la guerra daños colaterales. No fue un tiempo bonito para nadie, pero estoy segura de que nosotros no nos llevamos la peor parte.- Le dijo. -Aunque no es un trabajo que me pueda adjudicar a mi sola, todo ha sido parte de un buen plan de acción ejecutado por buenos profesionales.-
Gaara parecía complacido. -Estoy seguro de que es así.- Asintió. -Incluso así, me alegra que estés aquí. He visto lo que puedes hacer y mi propia familia ha estado bajo tu cuidado. Si estas personas son instruídas por ti la capacidad que tendremos como clínica equivaldrá a la de Konoha.-
La gratitud que sentía por la confianza que Gaara estaba depositando en ella poco podía ser traducida a palabras, así que sólo sonrió. -Confío en que el éxito en la Arena logre que el proyecto se expanda hacia los países que lo necesiten. Así habrá mayor cobertura y más niños podrán ser tratados, así que agradezco mucho la oportunidad.-
El Kazekage la observó con una expresión de cordialidad. -Haré todo lo que esté en mis manos para facilitar el proyecto para ustedes, de momento debo retirarme a proseguir con mis asuntos, pero estaré al pendiente de cada uno de los avances.- Antes de retirarse, la acompañó hasta la entrada de una pequeña sala de juntas.
Aquí comienza... Pensó justo antes de cruzar la habitación.
El país de la Lluvia (y en especial su aldea) tenía un paisaje que podía ser un poco intimidante, acompañado de su clima sombrío, pero a Suigetsu parecía encantarle. Claro está, él se sentía como pez en el agua-de una forma literal y no divertida- pero ellos, a excepción de Sasuke, que nunca se podía saber realmente que era lo que estaba pensando, tenían peor humor de lo normal. Incluso Jūgo, a quién no le había visto nunca de mal humor sin la acción del sello maldito y que tampoco era particularmente hablador, tenía una expresión un poco más adusta y menos ensoñadora. Aunque no se preocupaba demasiado por las conductas vanas que solían atribuírsele a las de su género, odiaba la humedad por lo que le hacía a su cabello y aún peor, temía que esta le hiciera recaer de nuevo. Ajustó mejor la bufanda alrededor de su cuello.
-Es tiempo de descansar.- Sasuke se detuvo frente a uno de los edificios de la ciudad que servía secretamente como hostal.
-Podríamos seguir,- intervino Jūgo, -estamos muy cerca de la frontera, nos queda menos de un día de viaje para llegar al país del Viento.-
-La lluvia arrecia al atardecer. Es más recomendable que se cubran.- Sasuke la miró y ella se sonrojó un poco. Suigetsu no puso reparo en el descanso porque adoraba el lugar. Jūgo suspiró ante la perspectiva de quedarse más del tiempo que creía necesario, pero estuvo de acuerdo con el veredicto de Sasuke. Exponerla al clima, era peligroso para ella porque podría exponerla a una recaída y de ser así su estadía se prolongaría incluso más.
A pesar de lo dicho, una vez en el hostal Sasuke no permaneció mucho tiempo dentro. La normativa de preservar la salud no parecía incluírsele, eso, o tenía en demasiada estima su sistema inmunológico. Aún así, ella agradecía que le importara lo suficiente el bienestar de su equipo en general.
-Serán al menos dos días más hasta llegar al país y llegar a la capital nos tomará al menos un día más.- Dijo Suigetsu. -Aunque intuyo que una vez pasado el factor humedad empezaremos a movernos mucho más rápido. Aún así, creo que está siendo más paciente de lo habitual. Antes habría suplantado a Karin con una brújula y un botiquín médico si creía que le estaba dando demasiados problemas.-
Ella frunció el entrecejo, pero no dijo nada. Aquella de hecho habría sido una conducta más apropiada de Sasuke hace algún tiempo, era cierto. Pero últimamente la calidez que lo acompañaba le impedía actuar de esa forma. Los colores cálidos de su chakra no perdían terreno y los oscuros tampoco lo ganaban, aún así, mantenía un ojo constante en él. Al primer indicio de cambios drásticos tomaría a Suigetsu e incluso convencería a Jūgo de escapar, pero este no parecía ser un escenario cercano. Sentía algo de alivio y familiaridad cada que Sasuke se preocupaba genuinamente por ellos, casi parecía como los tiempos anteriores a que las cosas se torcieran demasiado. Él los necesitaba y ellos lo seguían porque creían en él y-vale, también porque estaba sólo un poco enamorada de él- las cosas funcionaban bien en ese entonces. Incluso aquí en ese lugar que no difería mucho de Kusagakure en clima y en su lugar más bien se sentía el triple de molesto, estaba a gusto.
-Bien, debería ir por algo de comer. Asumiré lo que ustedes quieren dependiendo de lo que yo quiera comer,- Suigetsu se sacudió los pantalones antes de levantarse para dejar la habitación y justo cuando estaba a punto de exigirle una orden específica, sintió la presencia de Sasuke llegar repentinamente. Todos se alertaron un poco, no era la hora a la que acostumbraba hacer acto de presencia.
-Debemos ir con cuidado en adelante.- Sasuke les dijo, el cabello goteando. -Capté rumores acerca de disturbios relacionados con ataques terroristas a señores feudales y levantamientos en Sunagakure.-
-¿Les daremos caza?- Preguntó Suigetsu, obviamente emocionado por la perspectiva. -¿Debemos involucrarnos?-
-No, por el contrario, debemos apartarnos y ser más cautelosos si queremos proseguir con la misión,- explicó Sasuke, -el rumor que se extiende me inculpa a mí de todo esto.-
Todos se sorprendieron un poco. -Imposible,- aseguró Karin. Lo decía con base, de hecho, jamás habían permanecido demasiado tiempo lejos desde que había comenzado la misión, además, ese no era el estilo de Sasuke. Ya no, él no hacía esas cosas. -¿Por qué demonios ibas a estar involucrado?-
-Obviamente alguien desea inculparlo,- Jūgo habló esta vez, Sasuke asintió. -La pregunta es, ¿Con qué fin?-
-Lo más sensato es alertar a Konoha que se trata de un impostor para que no te metas en problemas,- intervino ella. -De lo contrario, esto podría lograr que vuelvan a darte caza.-
-No debería ser un problema,- dijo Sasuke. -Deberían poder diferenciar entre una copia y el original. Pronunciarme nos desviaría del camino o, en el caso más probable, alertaría a Sunagakure de mi presencia en la aldea y no podríamos completar la misión. No me apetece retrasarme por asuntos que otros pueden manejar.-
Atisbos del Sasuke irreverente salieron a flote en esta situación y le resultó familiar. Y como en antaño, Ella estuvo de acuerdo con su juicio.
-Pero,- Suigetsu parecía contrariado, -si están armando revuelo en Suna y se tragan el anzuelo de este impostor, probablemente están alerta, esperándote. Eso entorpecerá la misión, ¿Si no vamos a intervenir, no deberíamos esperar a que pase todo el rollo?-
-Son retrasos que no deseo aceptar, seremos más precavidos.- Sasuke estaba confiado y con sus habilidades ninja respaldándolo no tenía razones para no estarlo. -Además, me da curiosidad. No iré a la Arena a cazar a ningún impostor, pero si se cruza en mi camino espero que su historia sea interesante.-
-Velar por ellos es la clave. La esencia de comprender y preservar la salud mental va más allá del trabajo usual del médico, recetar. Esto debe ir más con el entendimiento al paciente para así poseer la capacidad de aliviarlo.- Al finalizar, los médicos que estaban en la sala de juntas se alzaron para estrechar su mano.
El trabajo en la clínica estaba yendo como esperaba. Adaptar a los médicos a la estructura del nuevo plan de salud aún requería ciertas exposiciones, pero parecía ser en general un sistema bien aceptado. Pasaba la mayor parte del tiempo en la clínica supervisando los planes de entrenamiento del personal y de a poco, comenzaba a involucrarse ella misma en la atención de algunos de los casos. Los niños respondían a la ayuda con el alivio que sólo alguien que es finalmente comprendido podría sentir. Usualmente servía contar ciertas experiencias propias-que hicieran que el infante se reflejara en ellas-y así mismo dar testimonios de como todo podía llegar a una resolución favorable. Al principio los más escépticos con respecto al proyecto creían que sería un problema para los niños abrirse, pero luego, al comprender sus naturalezas retraídas debido a los traumas y la incapacidad de relacionarse con otros niños que no habían tenido las mismas experiencias, y que la intervención del personal calificado lograba notable mejoría que prometía evolucionar con la prosecución del tratamiento, todos parecieron fluir fácilmente.
Aún con todo ese exceso de trabajo encontraba pequeños momentos para pensar en Sasuke. No era como si desaparecía de su mente, de hecho, ocupaba un lugar estático en su línea de pensamiento; ella sólo colocaba espacios en los cuales era apartado por otros asuntos, pero usualmente este volvía a reclamar su lugar apenas estaba relativamente despejada. Estando en aquel lugar, haciendo todas esas cosas realmente estimulantes y satisfactorias, se preocupaba por él, se cuestionaba sus sueños. Se sentía muy a gusto haciendo lo que hacía, pero el peso de la ausencia de Sasuke había sido algo que había cargado desde que tuvo comprensión real del mundo. Había sufrido y sobrevivido por ella, todo lo que había hecho alguna vez había sido accionado como mecanismo en respuesta de su partida. Lo único que tenía para aferrarse era su recuerdo, y la vaga sensación de que realmente significaba algo para él. Había huído de Konoha ahogada en la desesperanza, pero la última vez que lo había visto le había dado suficiente esperanza para permanecer al menos dos años en espera. Podría esperar toda la vida, pero, ¿Cuándo? De la espera lo que la angustiaba era la incertidumbre.
No podía seguir viviendo sintiendo que el tiempo y la vida se le escurría entre los dedos, eran demasiado valiosos. La boda de Naruto y Hinata había ocurrido en primavera, muy cercana a su cumpleaños, entonces había recibido las felicitaciones de Sasuke. Le importaba, pero a pesar de ello prosiguió su viaje en soledad. Le tomó algunos meses tomar la decisión final de imitarlo, y el mensaje que él le envió había sido crucial; no era un año más de vida, era un año más en su ausencia. Se dijo que la próxima vez que lo viera sería diferente, esta vez diría todo lo que realmente quería decir. Aún así, el amor que le tenia era proporcional a su miedo, si se encontraban, ¿Que pasaría después?
Estando tan ensimismada en sus cavilaciones no supo bien como había llegado a su habitación, pero realizó en ello cuando miró por la ventana con vista hacia la clínica. El cielo en el país del Viento era el más despejado bajo el que había estado, así que observó perfectamente el vuelo del ave que planeaba en su dirección hasta que llegó a su alfeizar. Llevaba dos mensajes, uno de ellos lo depositó en sus manos antes de partir de nuevo.
Apenas había decidido que su estancia en Suna se prolongaría un tiempo había escrito a Kakashi para informarle de su ubicación, aún así, le extrañaba un poco recibir respuesta. Conforme leía el pequeño rollo su entrecejo se iba frunciendo cada vez más.
Imposible
Sus sentidos estaban sobreexaltados para cuando llamaron a la puerta.
Sasuke
Infiltrarse en la aldea en un grupo grande habría sido un error, llamarían demasiado la atención incluso utilizando el jutsu de transformación. De hecho estaba bien con eso, lo molesto del tema era que generalmente quedaba emparentada con Suigetsu y siempre tenía que estar atenta de que no metiera las narices donde no debía. Su parte de la misión consistía en ubicar los restos y facilitar el perímetro, Sasuke y Jūgo recopilarían la información necesaria para llevar a cabo la extracción y facilitar el escape. Aunque no dijera nada al respecto, Karin tenía la impresión de que Sasuke también estaba tras la pista del impostor, por eso tenían que estarse con cuidado. Que descubrieran a Sasuke no suponía un problema real, ya que esto significaría que podría defenderse de las acusaciones, pero si entorpecería la misión; y por alguna razón Sasuke estaba empeñado en no desistir de uno y ni de lo otro.
-Primero tenemos que establecernos.- Le dijo, preocupada por la cantidad de tiempo que tendrían que quedarse allí. -Debemos encontrar un lugar que esté algo lejos del cementerio, si ocurre cualquier problema los alrededores serán los primeros en ser investigados. Uno que esté lejos de las autoridades.- Divagó.
-Hhmmm. ¿No crees que es mejor que estemos justo debajo de sus narices? En tal caso de oler algo sospechoso, se guiarán por la conducta propia de personas que cometen crímenes, la cual sería justamente mantenerse alejados de los que mantienen el orden. Así comenzarán a buscar.- Respondió Suigetsu.
-Creo que de oler algo sospechoso, si el olor está precisamente debajo de sus narices será mucho más fácil localizarlo.- Opinó ella, con los brazos cruzados.
-No si el olor está tan cerca que lo confunden con el suyo,- dijo él, señalando una serie de edificios justo debajo de donde se erigía la torre del Kazekage.
-Tengo que volver a Konoha inmediatamente.-
Cuando Gaara y Temari le expusieron la situación ya se encontraba al corriente acerca del asunto, a pesar de que Kakashi no había sido tan explicativo en su misiva. No había ninguna razón lógica por la cual Sasuke pudiera estar haciendo esto, ya no más; tenía que tratarse de un impostor. Pero si el verdadero Sasuke no podía ser localizado y este impostor seguía trabajando en desprestigiarlo, eso podría volver a colocarle el estátus de criminal a Sasuke. No podía permitirlo. Si se iba a crear un escuadrón para buscar a Sasuke ella debía ser parte de él, ya que en Konoha se había movilizado un escuadrón para buscar al impostor. Al menos espero que sea un impostor, con eso de que tenía la firma de su chakra le costaba atar conjeturas.
-Todo es tan complicado. ¿Dónde estás, Sasuke?-
-Así que Suigetsu pensó que era lo mejor.- Explicó Karin.
Suigetsu se habría puesto tenso si Sasuke no le hubiera restado importancia. Realmente no le preocupaba la extracción del Kekkei Genkai como lo estaba molestando el asunto del impostor. Parecía impacientarse de que ninguna de las aldeas involucradas hubiera capturado al sujeto, pero de igual manera no pensaba aplazar la misión.
-Nos pondremos en ello ahora mismo.- Ordenó. Estaba seguro de que Sasuke pretendía acabar con el asunto esa misma noche para inmediatamente luego hacerse cargo de la situación.
-Los restos están en el cementerio de la aldea. No parecía ser especialmente custodiado, pero durante el día era concurrido no sólo por civiles.- Informó Karin.
-Nos encontraremos allí,- finalizó Sasuke, antes de desaparecer.
El trabajo de Sasuke siempre eran establecer las condiciones para el cumplimiento de la misión y dar la orden de ejecución. Sabían que había ido a asegurar que el terreno estuviera limpio para poder continuar, o prepararlo en tal caso. Creía que se encontraba un poco frustrado por no tener libertad de acción, si daba un paso en falso estarían tras él, se encontraban atentos. Sasuke ya se había acostumbrado a las ventajas de ser un veterano de guerra y esto seguro se trataba de una grandísima molestia. No sabía cual era el objetivo del tipejo que estaba haciendo todo esto, pero definitivamente no quería estar en su lugar si Sasuke lo encontraba.
-Sé que aún quedan muchas cosas que hacer aquí. En cuanto sea posible enviaré personalmente a alguien para que retome donde me quedé.- No había mucho que decir o hacer en la clínica, moverse era primordial. A pesar de que le importaba la continuidad del proyecto y apenas había tenido días para atenderlo, no tenía la menor idea de cuánto tiempo iba a llevar hasta que resolvieran todo aquel conflicto. Y si este era medianamente parecido al de la última vez... A pesar de que se negaba a creerlo, estaba preocupada por todo lo que apuntaba hacia Sasuke. Si todo esto se ponía demasiado difícil no creía poder regresar a Suna durante algún tiempo, así que antes de irse decidió dejar tanto en orden como pudiera.
-Por ahora es suficiente, aunque podríamos necesitar nuevas instrucciones. Todo ha ido yendo muy bien, pero apenas nos encontramos en las primeras fases del tratamiento y necesitan una prosecución eficaz.- El médico de cabecera parecía un hombre rudo, pero era gentil de corazón. Sabía acercarse a los niños y el proyecto le sentaba bien.
-Haré todo lo posible, pero por ahora debo irme.- Se despidió.
Estaba conteniéndose para no correr por los pasillos de la clínica. Necesitaba concentrarse, tenía que pensar en alguna alternativa que la ayudara a justificar a Sasuke-aunque, más objetivamente, su ausencia-y de igual manera explicar de una forma coherente por que esta copia era tan buena. Tenía algunas ideas en mente pero todo se acumulaba de forma que no la dejaba pensar, su mente estaba yendo demasiado rápido. Tenía que serenarse. De hecho, debía tener una cara especialmente contrariada cuando llegó al ala de atención del hospital, la sala de espera estaba casi vacía a excepción de un hombre que la miraba extrañado. Se esforzó por sonreír.
Se limpió la lágrima que había rodado por su mejilla con un dedo.
Sintió el brazo de Suigetsu estrecharse alrededor y tuvo que reprimir el impulso de darle un codazo para que se apartara de ella. A pesar de la rapidez con la que Sasuke pretendía ejecutar su plan, no parecía algo inmediatamente posible. Se había redoblado la vigilancia en los alrededores de la aldea y el cementerio también estaba siendo custodiado por algunos shinobis. Al llegar, los tres se habían separado. Jūgo se había plantado cerca de la tumba que les interesaba y ellos se habían ido justo al otro lado, para no levantar sospechas tuvieron un pequeño acuerdo silencioso acerca de posar como la pareja de duelo eterno. Jūgo, a su vez, había adquirido algunas flores para colocarlas en la tumba donde esperaba.
-Todo esto es una mierda. En otros tiempos nos habríamos cargado a los guardias y salido de aquí inmediatamente, pero son nuevos tiempos. Ni siquiera tendríamos por que estar haciendo esto en primer lugar.- Masculló Suigetsu.
-Cierra la boca.- Susurró Karin, acercándo la cabeza a su hombro. -Esta misión no es el verdadero problema, ha sido el impostor que ha armado todo este revuelo y ha causado que Sasuke esté nuevamente en la mira.-
-De todas formas no será posible hacer nada hoy, deberíamos irnos. No podemos quedarnos aquí demasiado tiempo, sería sospechoso. ¿Dónde rayos está Sasuke, para empezar?-
-Ha estado aquí durante algún rato.- Suigetsu le echó una mirada interrogativa. -Su chakra se mueve en otra sección del cementerio. He estado esperando a que se mueva para accionar.-
-¿Accionar qué?- Suigetsu estaba irritado. -¿En serio pretende atacar a ninjas de la aldea por esta estúpida misión?-
Karin se tensó. -No lo creo. Pero no sé por qué demonios no se larga.-
Suigetsu la sujetó del brazo, el agarre era fuerte, pero su rostro parecía gentil. Aunque sus ojos... Definitivamente ya no le gusta meterse en problemas. -Vamos, tenemos que visitar a otro difunto.-
La última vez que había estado allí le había costado abandonarla. El tacto rústico de la lápida era propio del cementerio de la arena, en Konoha, las lápidas eran de piedra pulida. Aquí estaban hechas de arena compacta y cada vez que ondeaba el viento se erosionaban y amenazaban con desmoronarse cada vez más. Hacía tiempo que no era visitada por nadie. Su hermano, el único que podría haberse preocupado por algo como eso, se encontraba en una lápida justo a su lado. El tiempo seguía avanzando desmesuradamente, pero sus memorias se habían congelado en el. A veces sentía que había eventos que reviviría toda su vida, en una especie de bucle sin fin. La muerte de la abuela Chiyo era uno de ellos.
Sabía que tenía que darse prisa, pero le pareció incorrecto irse sin pasar por allí. No sabía cuándo volvería, lo que sabía era que siempre que regresara no podría evadir ese lugar.
-Me he convertido en una mujer fuerte, abuela. Tú forjaste esa parte de mi también.- Su mano se ciñió a la lápida. Sasuke necesitaba su ayuda, aunque posiblemente él ni siquiera estuviese enterado... Esperaba que, al menos. -Pero aún tengo que proteger a las personas importantes para mí, creo que nunca acabaré de hacerlo. La gente que quiero parece tener un talento especial para meterse en problemas, lo quiera o no.- Se le había escapado una risa, que se volvió una mueca y terminó siendo una expresión decidida.
Se retiró en el acto, todavía conservaba en su puño restos de la arena.
-Hhmm, ¿Esa no era la compañera de equipo de Sasuke?- En una hilera cercana, Suigetsu seguía sosteniendo a Karin en el momento en el que desapareció.
-Haruno Sakura,- confirmó Karin. Sasuke debía haber suprimido su chakra al máximo para que ella fuera incapaz de percibirlo estando tan cerca. Empezaba a oscurecer pero aún había un número considerable de personas rondando el cementerio. Él les lanzó una mirada antes de ocultarse tras un pilar y desaparecer.
-Bien, esa es nuestra señal.- Empezaron a caminar fuera del cementerio.
Jūgo ya estaba con Sasuke en el hostal para cuando llegaron.
-¿Y bien?- Preguntó Suigetsu, -¿Qué hacía aquí la chica de Konoha?-
-Aparentemente está involucrada en algún asunto que tiene que ver con la clínica que está justo al lado del edificio.- Explicó Sasuke. -La seguí hasta el cementerio, pensaba que podría haberse dado cuenta de algo, pero no era así.-
-Si está aquí es un problema más.- Se quejó Suigetsu. -Ya no es sólo Gaara de quien debes ocultarte, ella te conoce, Sasuke. Si está tan cerca corres el riesgo de que pueda descubrir la transformación.-
-Eso no será un problema,- Sasuke parecía algo más distante de lo habitual, -ha partido a Konoha. La aldea finalmente se está movilizando para intentar capturar al responsable de los ataques, Sakura ha ido a unírseles.-
-Un problema menos, entonces.- Karin se recostó en uno de los muebles de la estancia. -Aún así, eso no resuelve el problema del patrullaje intenso. Esto se ha vuelto mucho más complicado de lo que creíamos, es imposible completar la misión, al menos por el momento.-
Sasuke se mantenía estoíco, para variar, pero podía entrever que estaba tenso. Las complicaciones no eran lo suyo, aunque realmente creía que su terquedad le impedía abandonar la misión; lo que realmente le estaba molestando era todo aquel asunto del desprestigio.
-Nos quedaremos.- Sentenció. -Si Konoha se encarga del problema la vigilancia mermará, cuando todo se asiente será el momento.-
Todos asintieron, Suigetsu sonrió un poco cuando Sasuke se retiró. Ser paciente nunca fue una de sus virtudes, se estaba preguntando cuánto tiempo debía retrasarse Konoha para que Sasuke interviniera y se encargara del asunto.
Sabía que a ella le debía haber tomado al menos tres días en llegar a Konoha, pero para ese momento ya debían haber movilizado escuadrones previos a su llegada para dar con el objetivo. Estuvo muy atento a toda la información que pudo recopilar durante todos esos días y en especial un par de días después de la que se suponía tenía que ser la llegada de Sakura a Konoha, pero no hubieron noticias.
Tenía la ligera sospecha de que esta persona, fuese quien fuese, estaba intentando incitarlo con sus actos para atraerlo. En un principio se negó a darle importancia porque pensó que era trabajo suficiente como para que otros se encargaran de él, pero el tipo estaba siendo una verdadera molestia. Prevía, además, que si no lograba hacer contacto con él los ataques se volverían más serios o podría utilizar alguna especie de sebo para atraerlo. No estaba preocupado por las personas que podrían utilizar para atraerle, de hecho, esperaba que fuera a por Sakura o Naruto; ellos serían capaces de manejar la situación. Sin embargo, luego de días sin tener noticias pensaba que se estaban retrasando bastante, y en consecuencia, su estadía en Suna se alargaba.
Salió de la aldea tan eficientemente como se había infiltrado. Los sellos de manos de la técnica de invocación pronto fueron reemplazados por un estridente chillido.
No les había dicho nada, pero ellos entenderían.
-Fue más paciente de lo que esperaba,- comentó Jūgo.
-Hay que reconocerle que ha estado trabajando en ello.- Karin estaba mirando por la ventana.
Suigetsu sonrió. -No lo suficiente. Cuando Konoha está involucrada Sasuke tiende a prescindir un poco de su autocontrol.-
¡!
Hola! Este es definitivamente el preludio de su encuentro. Es importante que tengan familiaridad con la novela de Naruto Gaiden post guerra, Sakura Hiden, ya que estos capitulos se entrelazan con dicho relato y si bien dejaré implícito que fue lo que pasó, para mayor entendimiento sería bueno que la conociesen. Yo cambié sólo un poco las cosas, aquí la boda de Naruto ya tuvo lugar porque que Sakura vuelva a Konoha no me cuadra con la trama. Los capítulos se van haciendo más y más largos mediante los escribo, así que intuyo que probablemente el fic no pasará de unos 15 capítulos, si no menos. Sin más que decírles, comenten cualquier duda y/o sugerencia. Besos!
Nahare
