-No te preocupes por mí, Sakura.- La interrumpió. Le pareció inútil señalar que él poseía la entera capacidad de protegerse a sí mismo, estaba acostumbrado a ese tipo de conductas cuando provenían de ellos.
-Eso sería mucho más sencillo si no me dieras razones para hacerlo.- Ella cerró los ojos.
Vagamente pudo notar como estaba comenzando a construir muros a su alrededor. Sasuke decidió que lo que estaba sintiendo la había llevado demasiado lejos y no estaba cómodo sabiendo que era una de las razones que la había empujado fuera de la aldea. Uno de los motivos por los que se había convertido en renegado en primer lugar era porque sabía que ellos estaban tan atados a Konoha que jamás podrían abandonarla para otro propósito, y la aldea jamás hubiera concedido uno como el suyo. Había sido más fácil intentar cortar sus lazos con ellos que sus raíces con Konoha. Podía recordar un par de veces en las que ella le había pedido que la llevara con él... Sus arrebatos emocionales inclinando la balanza de su juicio cada vez, pero nunca lo suficiente; jamás una posibilidad real. Incluso para él, lo que Konoha significaba no sólo descansaba en Itachi, se extendía hacia Sakura y Naruto. Sin ellos estando mezclados al significado de la aldea, para él no era nada importante. Más allá de ellos no había nada.
Ella pertenecía a Konoha. No estaba seguro en qué estaba pensando Kakashi cuando le dio tanta libertad de proceder. Sakura era una Kunoichi de la Hoja, élite en su campo, estaba cediendo sus habilidades a otras aldeas y aquello iba más allá del sentido cordial de cooperación, accediendo a sus deseos se arriesgaban a perderla. Él había viajado lo suficiente durante un par de años para saber que el mundo no iba a recuperarse pronto del fantasma del odio y de la masacre en la que había estado sumido tanto tiempo. Las batallas de poder sobre lo que restaba más allá de las grandes naciones habían disminuído pero no cesado. Confiaba en sus habilidades y temía que las mismas pudieran ser lo que la separara definitivamente de la aldea. Aunque siempre había estado perfectamente bien con el hecho de apartarla de si mismo, que ella se alejara de Konoha había arrancado de él un inesperado descontento.
-Konoha es tu hogar. Regresa.- Apeló a su sentido de pertenencia. Sakura siempre le había dado demasiada estima a ese tipo de cosas.
-Ya no lo es.-
Los muros se desmoronaron casi visiblemente ante sus ojos antes de que siquiera terminaran de construirse. No había sido una respuesta, aquello había sonado como una declaración, pero más allá existían matices de emociones que anteriormente ella habia descubierto ante él y eran fácil de reconocerle. Sakura lucía y sonaba cansada, como si la sola idea de volver a Konoha fuera un peso que no estaba preparada para cargar. Se familiarizó, a pesar de eso el sentimiento de incomodidad permanecía. El hecho de que en primer lugar hubiera salido de la aldea decía mucho de su resolución en el asunto y dudaba que nada de lo que dijera ahora podría hacerla volver. No es como si creyera que apelar a sus peticiones fuese algo moral cuando ella había pasado la mitad de su vida intentando llevarlo de vuelta y él había hecho todo lo humanamente posible para ignorarla. La ironía casi lo hizo sonreír cuando pensó en que hace algunos años hubiera sido un alivio haberse librado de ellos intentando convencerlo volver, y cuando ella finalmente desistía de hacerlo por compartir algunas de sus razones la contradicción lo hacía sentir levemente irritado.
Desde que eran niños nunca había sido fácil estar junto a Sakura. Recordaba que en aquella época era fácil molestarse con ella cuando creía que hacía algo incorrecto, pero aún más seguido ella conseguía que se molestara consigo mismo.
-No has cambiado.- Acusó.
Negó lentamente con la cabeza. -Si lo hice.- La última vez que la había visto adoptar una actitud parecida fue antes de comenzar el examen Chunin. Sakura parecía derrotada, como si el recuerdo de lo que había sido fuera muy lejano y no del todo bien recibido.
Ahora estaba seguro de que su decisión a pesar de incluirlo iba más allá de lo que la ataba a él y la certeza lo intranquilizó. Sus motivos la habían traído a Suna donde parecía desempeñar una tarea que le era satisfactoria. Sasuke sabía distinguir el mudo regocijo de Sakura desde que la había visto desenvolverse estando allí, la forma en la que su trabajo parecía abstraerla de lo que había dejado atrás. Esto era justamente lo que le preocupaba. Pronto cabría la posibilidad de que empezara a echar raíces en lugares en los que fácilmente podría perderse aún más en lugar de encontrarse.
Reconocer que ella era importante para él había tomado cierto tiempo. Sakura siempre había sido frágil más allá de todas las espinas que pudieran haber crecido a su alrededor, él las había atravesado todas con la intención de dañarla y sin importar cuán fuerte era su defensa no había sido suficiente como para evitar que él la traspasara. Ella era una cosa más que le había confiado a Naruto, y era parte de todo lo que indirectamente deseaba proteger manteniendo a Konoha desde la sombras. De pie frente a él ya no restaban demasiadas de esas espinas, en lugar de eso parecía que estuviera propensa a quebrarse con el más ligero golpe.
Ella había dicho que estaba buscando encontrarle sentido a su vida. La naturaleza de Sakura la iba a empujar a entregarse a sí misma a un punto de no retorno, y si encontraba algo que la sostuviera lo suficiente mientras se fortalecía de nuevo dudaba que fuera capaz de abandonarlo. En ese momento estaba seguro de que si la dejaba a su suerte posiblemente no regresaría nunca a la aldea. Si algo, ya fuese una persona o una causa se aferraba a Sakura como ella se había aferrado a él dudaba que incluso regresara a su lado. Hace mucho había desistido del amor que sabía que ella le tenía y el pensamiento de que alguien tomara su valor y le añadiera un poco más no lo perturbaba, contrario a como de hecho lo hacía la posibilidad de que su luz se perdiera en algún lugar del mundo donde no fuera visible ni siquiera en su vasta oscuridad.
No le tomó demasiado decidir que debía intervenir en el asunto. No iba a dejarla atrás. Estaba decidido a sostenerla mientras volvía a endurecerse y rompía con todo lo que la había debilitado, entonces ella sería capaz de volver a su hogar y la sensación de inquietud desaparecería.
Las palabras salieron mesuradamente de su boca. -Ven conmigo, Sakura.-
-¿Qué?- La sorpresa barrió su expresión.
-Dijiste que vendrías a buscarme de todos modos.- Apuntó, como si fuese lo más natural.
Ella dio una amplia, pausada y audible respiración. -Eventualmente, si,- podía ver como sus pupilas se movían inquietas.
Permaneció impasible a pesar de su reacción. En otro tiempo ella apenas habría titubeado, y eso sólo refirmaba su punto. En su afán de encontrar lo que estaba buscando se estaba aferrando a lo que le daba cierta seguridad y no confiaba en él lo suficiente como para considerarlo medianamente igual de seguro. Si Sakura realmente pretendía ir a buscarlo en algún momento intuía que lo habría hecho cuando se hubiera recuperado lo suficiente, pero para entonces podía ser demasiado tarde como para mirar atrás.
-Partiré mañana,- prosiguió. -Ya todo está listo.-
-No puedo irme aún,- su pecho bajaba y subía, su rostro dividido entre la mortificación y la sorpresa, -aún me necesitan aquí. Yo no...-
Sabía que aún no estaba lista. -¿Confías en mi?- Interrumpió. No podía intentar apelar por su sentido común, pues si lo tenía nunca había sido capaz de llegar a el. A lo único que le restaba por acudir era el vínculo que los unía. Fuera de su agrado o no, el lazo que los ataba había probado ser más fuerte que todo a lo que pudiera estar desesperadamente tratando de agarrarse en ese momento. Le estaba ofreciendo mucho más de lo que lo hacía sentir cómodo, pero consideró que estaba haciendo lo correcto.
Pudo ver como su pregunta la inquietó. Todo el movimiento cesó de su cuerpo, lo miró fijamente y tuvo que adaptarse a la intensidad de su mirada. De pie junto a ella reunía su esfuerzo entre intentar que aceptara lo ofrecido y en adaptarse a su incandescencia.
-Claro que sí.- El velo de la fragilidad se había elevado un poco y revelado en su lugar una superficie un poco más resistente. Percibió su honestidad y eso fue suficiente para él.
-En dos días alcanzaré la frontera entre el país del Viento y el Fuego,- le dijo, -si decides acompañarme allí esperaré. Deberás informarme de tu respuesta antes de que llegue allí.-
-...¿Cómo?- Preguntó a media voz.
-Mi invocación está en la habitación, él me encontrará.-
Ella permaneció en silencio durante un rato, así que supuso que la conversación había terminado. Se disponía a disipar el genjutsu cuando la escuchó de nuevo. -¿Por qué ahora, Sasuke-kun?-
Porque sentía que debía hacerlo, porque una parte de él se negaba a que abandonara Konoha y también porque estaba preocupado por ella. Sin embargo, así como nunca le había gustado asesinar y como no le gustaba la idea de que Sakura se aventurara por el mundo estando por su cuenta, tampoco le gustaba dar explicaciones.
-No hay ninguna razón en especial.- Respondió. Pudo ver como la tensión se expandía por su cuerpo, la incredulidad reemplazada por su entrecejo fruncido. -Si realmente no pretendes volver entonces es probable que esta vez seas capaz de sobrellevarlo.-
Obviamente no estaba complacida por su respuesta, pero no iba a ceder mucho más. Casi podía ver como la contradicción se traslucía en sus facciones, y luego de algunos momentos la perplejidad se apoderó de ella. Se miraron en una especie de acuerdo silencioso, y no parecía que ella estuviera segura de que iba a hacer, por ende tampoco podía preverla.
Pareció leer sus intenciones de retirarse cuando lo llamó una vez más. -Sasuke-kun,- susurró, su expresión indescifrable. Él la miró expectante. -Si alguna vez vuelves a dejarme inconsciente con tu genjutsu jamás te lo perdonaré.-
Las esquinas de sus ojos se ampliaron ante la ligera sorpresa. Observó como cortó su propio flujo de chakra y antes de que ella disipara la ilusión ya había abandonado la habitación.
Mientras lo hacía, pensó en las espinas que habían crecido repentinamente y en que ella las necesitaría.
...
Le había contado antes que a nadie sus motivos para proceder como lo hacía con respecto a Orochimaru porque una vez supo que había visto a Karin y a Suigetsu era cuestión de tiempo antes de que Sakura sacara sus propias conclusiones, así que probablemente tendría poco tiempo hasta que los encontrara esa misma noche. La única manera de evitar que se involucrara era siendo honesto al respecto. No quería que interfiriera con lo que estaban haciendo, pero no era la única razón por la que se había presentado ante ella. Había decidido que iría a disuadirla para que volviera después de confirmar lo que pretendía hacer.
No esperaba encontrar resistencia de su parte-al menos más de la que acostumbraba- y mucho menos pudo vaticinar como se tornarían los hechos. Para cuando había abandonado Suna y pudo repasar lo sucedido estaba empezando a realizar en las consecuencias que podían repercutir en sus decisiones. Tenía muy en cuenta que Sakura guardaba fuertes sentimientos hacia él, y al menos sabía que ella poseía la habilidad de inmiscuirse por las más pequeñas rendijas de su bien construida fortaleza interna, como era propio de la luz. Su propósito absoluto era sostenerla si amenazaba con decaer y permanecer hasta que ella recobrara la fortaleza que parecía haber perdido hasta que volver a Konoha fuera una posibilidad, pero debía ser muy cuidadoso. Permitir que Sakura se acercara demasiado podía exponerla a las partes de él que eran oscuras como para que ella las soportara, no creyó que fuera capaz de lidiar con ellas en el pasado y ahora estaba seguro de que se lastimaría si intentaba aventurarse en los asuntos inconclusos de su alma. Existían partes de él que ni siquiera Naruto había alcanzado, sombras y demonios en una pequeña porción de lo que era. Él no había logrado expulsarlos, demasiado atados a sí mismo como para diferenciar cuando empezaban ellos y donde terminaba él.
Debía mantenerse firme si quería ayudarla, lo suficientemente cerca como para que se compensara en su presencia y también conservarse lejos para evitar que se encontrara con las partes de él que podían causarle más daño.
Había estado en las nubes todo el día.
A menudo se encontró pensando en que hubiese sido mejor que todo se tratase de un sueño. En el transcurso de su vida había llorado muchas noches porque esta no había tomado el rumbo que ahora se postraba ante sus pies y ahora se había congelado antes de colocar un solo pie en el camino. Ya habían transcurrido veinticuatro horas desde que Sasuke se había presentado en su habitación y apenas sacaba algo de alivio en que él hubiera abandonado la aldea sin problemas y por el momento estuviera fuera de peligro.
Rui supo que se iría antes de que se lo dijera, Amane le había preguntado al respecto y no fue capaz de responderle. El niño parecía estar en paz con la idea y el médico le aseguró que no volvería a estar desamparado, pero a pesar de que cada pieza parecía colocarse en su lugar, aún se estaba recuperando de todo lo que había sentido en los minutos que había pasado inmersa en la presencia de Sasuke. Después de anular el genjutsu y volver a estar presente en la habitación, todo el aire le abandonó los pulmones. Tal vez se habría derrumbado si no hubiera captado al ave, posada en el alfeizar de la ventana muy cerca de donde Sasuke había estado hacía algunos segundos. Transcurrieron algunos momentos de reconocimiento, él había utilizado al mismo halcón para felicitarla por su cumpleaños numero dieciocho hacía algunos meses, y bajo su atenta vigilancia le pareció incorrecto desmoronarse. En su lugar, la mayor parte de la noche, cuando era incapaz de dormir pensando en lo que había pasado y en lo que iba a ocurrir, observaba el porte del ave y su mirada inteligente y extraía la fuerza que no poseía de el. Aún así, la presencia del halcón era un constante recordatorio de que el tiempo apremiaba, que estaba allí por un propósito en específico. Se alivió bastante cuando salió de la habitación y estuvo fuera de su vista.
La mañana del segundo día se encontraba más relajada. Había obtenido el permiso del Kazekage para acercarse hasta el invernadero de la aldea, quería dejarle a Rui un último regalo. Sabía que él le había tomado cariño y temía que no pudiera volver a verlo en mucho tiempo, así pretendía que se tomara en serio cada una de las enseñanzas que le había dejado. Estaba recogiendo algunas semillas de acacia cuando se topó con la amplia gama de ejemplares florales que había en el invernadero. Se detuvo un momento para admirar y reconocer las especies, los colores y los aromas, y recordó que hasta ese momento no había enviado el halcón de vuelta porque siempre que se disponía a escribir algo terminaba observando el papel, tan en blanco como su mente.
Pensó en Ino y en todas las tardes de su niñez, los secretos compartidos en una época lejana donde era demasiado insegura como para decir lo que realmente le pasaba por la cabeza. Se preguntó como hubiera actuado la rubia en su lugar y le divirtió pensar que probablemente se habría atado a Sasuke y no le hubiera permitido irse sin ella de esa habitación en primer lugar. Si estuviera ahí para aconsejarla probablemente diría algo idiota que la sacaría de sus casillas y sería esa misma molestia la que le daría el coraje necesario para continuar. Aferrada a ese pensamiento, apartó las dudas de su cabeza. Algunas de las flores abandonaron con ella el invernadero y la acompañaron hasta el edificio.
Previamente había utilizado su afinidad elemental con los elementos tierra y agua para trabajar en su último proyecto. Cavó un pozo profundo de forma que el agua fluyera en una especie de fuente subterránea a la que era posible alimentar desde el exterior, causando que un área del patio de juegos el suelo estuviera apta para la germinación. Al terminar, trajeron inmediatamente a Rui.
Antes de que preguntara por qué estaba allí, Sakura le entregó algunas semillas. -Nos hemos enseñado muchas cosas, Rui. Me confiaste tus pensamientos y yo aprendí de ellos para poder ayudarte, tú me aceptaste. Estoy segura de que te tomaste en serio cada una de las cosas que te dije, excepto una.-
Sakura señaló el área donde la tierra cambiaba, cerca de donde ellos solían pasar las tardes en el tiempo de recreación. -No creíste que un árbol pudiera crecer en este lugar aunque yo te aseguré que si.- Ojos azules la observaban. -Antes no podía crecer, era cierto. Pero una vez que se preparó el terreno y sus condiciones, eso cambió. Así lo has hecho tú y lo continuarás haciendo. Por eso en mi ausencia te dejaré la tarea de velar por su crecimiento, te encargarás de cuidarlo y asegurarte de que el pozo siempre esté lleno. Mientras lo hagas, el árbol crecerá y será fuerte, incluso más que los que crecen en Konoha.-
Se acercó al área y empezó a cavar un pequeño agujero, y él no tardó mucho en unírsele. Vertieron las semillas y cuando estas estuvieron sepultadas pudo ver que el niño observaba el pequeño montículo irregular con solemnidad, la mirada de ella se suavizó. Con las manos aún cubiertas de la tierra húmeda extendió dos dedos frente a él.
-Este es nuestro vínculo,- le dijo, -permanecerá vivo aunque muera porque tú lo llevarás contigo. El árbol probablemente nos sobrevivirá a los dos, y aunque te alejes de él todo lo que has aprendido de mi se quedará contigo y con quien elijas compartirlo. Así será también con el resto de las personas en las que elijas confiar en adelante.-
Rui alcanzó sus dedos y la unión formó el símbolo de la armonía.
-Lo prometo.- Le respondió, el rostro decidido. Ella le sonrió.
Lo había hecho fuerte. Había tomado lo que creía estar roto y lo había ayudado a unirse de nuevo. Lo que creyó en su momento acerca del significado de la pérdida había cambiado y ella encontró orgullo en lo que había logrado. Ese sentimiento la invadió en su totalidad y le gritó que ella también estaba apta, que estaba preparada para enfrentarse al futuro.
La determinación que sentía le corría a modo de adrenalina por el cuerpo y al llegar a su habitación esa tarde se encaró frente al halcón sin evadirlo. Pasó un dedo por el plumaje grisáceo platinado bajo su atenta mirada humana, recordando a Katsuyu y a los sapos legendarios que Naruto invocaba.
-¿Cómo te llamas?- Preguntó mientras ataba el mensaje a su pata. El ave le envió una mirada significativa, curiosa. Estaba segura de que sabía hablar, pero respetó su silencio con un asentimiento. -Vuela a salvo.-
Él halcón extendió las alas e inició un vuelo que le pareció majestuoso. Lo miró partir y por un momento sintió el deseo de volar junto a él.
Se fue esa misma noche.
Eligieron acampar cuando la vegetación comenzó a aparecer. Tenían algún tiempo sin quedarse a la intemperie, últimamente se habían movido sin el objetivo de cazar a alguien y sin nadie cazándolos a ellos, así que la vida era mucho más tranquila desde entonces. Toda la tensión entre ellos había desaparecido una vez que la extracción no se complicó, y aunque había una parte de él que estaba malditamente aliviada de que todo hubiera salido bien, la otra comenzaba a temer que todo volviera a ponerse demasiado pasivo para su gusto. Una vez que regresaran a la guarida no estaba seguro de lo que harían entonces.
Sasuke actuaba si tenía ganas de hacerlo. No lo había visto durante todo un año desde que habían dejado Konoha y dudaba que volviera a verlo alguna vez más, mucho menos alrededor de Orochimaru, pero sorpresivamente había llegado hacía un par de meses para reunirlos e ir a asistirlo en uno de sus experimentos. Si bien parte de él aún se resistía al liderazgo de Sasuke porque tenía un alto sentido de la conservación-y apreciaba su vida-la misión había sido lo más entretenido que había vivido en algún tiempo. La paz y la diversión no parecían ir de la mano en este nuevo mundo. Aburrido.
Se mantuvo prudentemente alejado de la fogata mientras se sobrehidrataba. Karin bien podía ser un cadáver cerca del fuego, Jūgo podría haberse confundido con un árbol sin el cabello naranja y Sasuke con la sombra de dicho árbol. Casi sintió la necesidad de despertar a la mujer aunque esto significara invocar su histeria sólo para romper con el monótono silencio. Miró hacia arriba, deseando que de las copas de los árboles bajaran a atacarles algunos ninjas para poder tener algo de entretenimiento decente. Justo cuando se iba a ofrecer para tomar la primera guardia el movimiento lo alertó.
-Baja el kunai, Suigetsu.- Justo después de oír a Sasuke resonó el chillido de su halcón. Obedeció, decepcionado. El ave se posó en el brazo de su amo y Sasuke recogió un mensaje de su pata, mantuvo ojos y oídos atentos aunque fingió no prestarle importancia. Sabía que Sasuke sólo intercambiaba mensajes con Konoha, y el arribo de uno podría significar cualquier cosa. Esperaba que hubiera ocurrido algo lo suficientemente interesante.
Apenas manipuló el mensaje pudo ver de soslayo como algo cayó al suelo. Curioso, vio como el predeciblemente inexpresivo Sasuke le daba vueltas al papel que parecía estar en blanco. Cuando se inclinó al suelo en busca de lo que había pasado por alto, alzó lo que desde ahí parecía una ramita inútil. La observó durante algunos momentos, la expresión despejada. Tendió la planta frente a Jūgo que estaba sentado a poca distancia, él la tomó.
-¿Esto significa algo para ti?- Le preguntó Sasuke.
Qué mierda. El era el invocador del halcón, se suponía que lo que fuera sólo tenía sentido para él.
Jūgo lo miró interrogante. -¿Debería?- Sasuke se mantuvo en silencio y Jūgo comenzó a detallar la planta. Dándole una buena mirada, era una ramita verde y de la cual guindaban flores que parecían campanas diminutas. -Es un lirio del valle.- Reconoció, devolviéndole la planta.
Sasuke miró la flor sin un palmo de expresión en el rostro, desde allí parecía como si estuviera sometiendo a la planta a un interrogatorio silencioso. Se cansó de ello algunos segundos después y todo volvió a perder emoción.
Incluso había desistido de su idea de tomar la primera guardia. Pensaba utilizar su aburrimiento para tomar unas buenas horas de sueño cuando volvió a escuchar a Jūgo.
-De donde provengo,- comentó, -la gente siempre estuvo relacionada íntimamente con la naturaleza, esto tenía que ver con el senjutsu que manejábamos naturalmente. Comunicarnos con los animales era una habilidad innata, pero también desarrollamos otros métodos para contactarnos con aliados. Era común que desde niños nos enseñaran una especie de código secreto utilizando plantas. Cada planta tenía un significado distinto, era efectivo y discreto. Una podía avisar el peligro y otra simbolizar un tratado de paz.-
»Esto era una costumbre más bien anticuada, aunque se extendió hacia otras culturas. Tomaron la idea y algunos añadieron un par de cosas para que cada planta o flor dependiendo de su estado o color representara mensajes más complejos y extendidos, pero en general sigue siendo el mismo código.- Explicó. -Asumiendo que tenga algo que ver, ese lirio representa los lazos afectivos que unen a dos personas.-
Sasuke lo miró durante algunos momentos y luego asintió, satisfecho. Volvió a reclinarse en el árbol y cerró los ojos. De alguna manera dudaba que estuviera medianamente cerca de quedarse dormido.
Repasó en su mente la imagen de la flor que había recibido Sasuke y mientras se sumía en la inconsciencia su mente divagó en quién podía haberle enviado un mensaje tan ambiguo y concluyó que su curiosidad había terminado desde que no era algo que implicaba una pelea potencial, así que descartó el asunto de su mente. Antes de dormirse un destello rosa cruzó su pensamiento.
La mañana siguiente el asunto estuvo totalmente olvidado. Retomaron el viaje a primera hora y todo siguió un ritmo tranquilo hasta que llegaron a la frontera. Aún podían resistir un poco más de tiempo y faltaban algunas horas para que se pusiera el sol, pero Sasuke eligió detener la marcha e incluso rentaron una habitación comunal en uno de los hostales cerca del paso.
-¿Por qué estamos aún aquí?- Preguntó, de piernas cruzadas en el futon.
La noche había transcurrido y al amanecer nadie hizo ningún ademán de avanzar. Jūgo, el primero en despertar, le había sido informado que Sasuke iba a permanecer cerca de la frontera durante algo más de tiempo. Se habían reunido en una especie de consenso en la habitación que estaban compartiendo antes de que se pusiera el sol y cercana a la hora en la que Sasuke solía volver.
Karin lo apuntó con el cepillo que estaba utilizando para aplacarse el cabello, malencarada. -Deja ya de ser tan molesto,- refunfuñó. -Una vez que abandonamos Sunagakure y estando fuera de peligro me importa muy poco si nos quedamos un mes más aquí.-
-Por muy increíble que parezca, existimos personas a las que nos parece sabio hacer preguntas y no estamos obsesionados con estar todo el tiempo posible cerca de Sasuke.- Se burló. Esquivó el cepillo de peinar con reflejos impecables. -No es como si alguno de ustedes pudiera entenderlo.-
Karin se tiñó de un rojo furioso que combinaba con su cabello, mientras jugaba con sus lentes. -¡No estoy obsesionada con Sasuke!- Ladró. -Al llegar a la guarida no habrá mucho más que hacer, después de todo. Puede que pase semanas trabajando en los experimentos antes que vuelva a salir del escondite.-
Suigetsu puso los ojos en blanco. -Como sea,- dijo, -pasé casi tres semanas pisando la arena del Kazekage por un robo que duró mucho menos de lo que podría tardar en decir línea sucesoria, con una estadía que se prolongó por motivos aún dudosos, lo que bien pudo haber comprometido mi pellejo.- Acusó. -Y si hay algo que me gusta menos que comprometer mi pellejo es no saber por qué lo estoy haciendo o desconocer que siquiera lo estoy haciendo. Tiene que haber una buena razón para que Sasuke actúe de esa forma y me molesta no saber de que rayos se trata.-
-Está esperando a alguien.- Jūgo, sentado en el futon junto a la ventana, se ganó un par de atentas miradas. Él sólo se encogió de hombros.
-¿Cómo sabes eso?- Preguntó Karin.
-Yo se lo dije,- el rostro de la pelirroja se desencajó en una mueca espantada ante la repentina llegada de Sasuke, -cuando me lo preguntó.-
Sutil, pensó.
Una vez sentado en la habitación, Sasuke fue sometido a tres pares de ojos interrogantes, sin embargo, aparentemente esto no era suficiente para que sintiera la necesidad de ceder ante la presión silenciosa.
Suigetsu resopló. -¿Y bien?- Se dirigió a él. -No sé si ellos quieran saber por quien tenemos el honor de aguardar y a mi ciertamente no me importaría si me faltara sentido común o curiosidad. Pero ya que estamos juntos en esto me encantaría saber que está pasando.-
Sasuke lo miró durante unos segundos como si estuviera considerando si valía la pena responderle o no, y él reprimió las ganas de fruncir el ceño. -Hicieron un buen trabajo con la extracción,- terminó diciendo, -obtuvimos la muestra, ya han hecho todo lo que podrían hacer y Orochimaru puede sentirse satisfecho. Si desean irse pueden hacerlo.-
Menuda explicación, casi parece que quisieras librarte de nosotros.
-Un momento,- intervino Karin. -Tienes que ir a la guarida de todas formas a entregarle la muestra a Orochimaru.- Sasuke asintió. -Entonces no hay razón para separarnos, Suigetsu puede largarse si quiere,- atacó.
-Nunca mencioné nada sobre largarme,- explicó. -Sólo quiero saber por qué nos estamos retrasando, es todo.- Se encogió de hombros.
-En adelante nada de lo que haga tiene que ver con ustedes.- Evadió Sasuke. -Los motivos por los que estoy aquí probablemente me retrasarán un poco más.-
Karin adoptó una expresión exageradamente preocupada. Nadie podía culpar a la chica por tratar. -¿Está todo bien, Sasuke? ¿Debemos preocuparnos de algo?-
Él exhaló un suspiro cansino en respuesta. -No.-
Suigetsu ciertamente no era la persona más inteligente, debía admitirlo. No gastaba mucho tiempo analizando las cosas cuando las conclusiones más aceleradas que concebía su cerebro a menudo terminaban siendo acertadas. La manera en la que Sasuke intentaba sacudírse las interrogantes no era nada nuevo y dudaba que Karin o él pudiesen hacer algo para intentar sacarle información.
Miró a Jūgo de soslayo. Parecía tan poco interesado en la conversación que seguramente él si estaba al tanto de todo. Su mente tenía un mecanismo poco complejo para trabajar y al mirar el rostro de su compañero recordó algunas palabrerías acerca de las flores, y luego la flor en cuestión. Alguien se había comunicado con Sasuke Uchiha con una estúpida flor. ¿Quién haría eso, más que una mujer? Además, si intentaba conectar todos los hechos desde que Sasuke se había ido a Konoha para lidiar con el impostor...
-¿No estás bien, o no debemos preocupar...-
Interrumpió la pregunta de Karin bruscamente. -¿Estás esperando a Sakura, no es así?- Otra conclusión acelerada concebida exitosamente.
Sasuke lo miró sin expresión antes de asentir.
Corrección: Otra conclusión acertada concebida exitosamente.
-¿Que tú qué?- Suprimió la risa escandalosa que seguramente le hubiera predecido a eso. Karin estaba tan sorprendida que la mandíbula casi le llegaba al suelo.
-Bueno, obviamente llegué a la conclusión haciendo uso de mi inteligencia. A veces sucede, lo reconocerás cuando te pase.- Le respondió a Karin en lugar de Sasuke.
-¡Cállate!- La cabeza de Karin lucía como si se hubiera inflado tres tallas cuando volteó a gritarle, incluso lo asustó un poco. Cuando se volvió hacia Sasuke estaba visiblemente más calmada, aunque había aún reproche en sus palabras. -¿Qué mierda? Esta fue una misión peligrosa, Sasuke. Si cometíamos el más mínimo error podía costarte muy caro. ¿Realmente planeas ir al escondite con una kunoichi de Konoha?-
La zanahoria histérica tenía un punto. Orochimaru y los ninjas de Konoha eran algo que no se mezclaba muy bien.
Sasuke parecía estar esforzándose por no ignorarlos del todo. -Ella está al tanto de la misión. Sabe que hacía en Suna y también donde pienso dirigirme luego.-
Suigetsu alzó las cejas, su expresión en algún lugar entre la sorpresa y la diversión. Esto era tan impropio de Sasuke que comenzaba a ser verdaderamente interesante.
-Y... ¿Es seguro?- Terminó por preguntar. -Es decir, ¿Debemos temer que en algún punto la supere su sentido del deber y nos entregue? No dudo de que ella no haría nada para meterte en todo el rollo, digo, Naruto y ella siempre se han autodenominado tus más fervientes defensores, pero nosotros no estamos precisamente incluídos en el trato y no creo que Orochimaru tenga su simpatía...-
»Este es un asunto que podría provocar un conflicto. Y maldición, es por eso que estoy aquí, pero la sensación del peligro es mucho mejor que la certeza del peligro. Incluso si nos largamos ahora ella sabe que estamos involucrados en esto.-
-No tienen nada de que preocuparse,- aseguró. -La razón por la que le dije todo fue para asegurarme de que no interferiría de ninguna manera.-
-Está interfiriendo,- intervino Karin, -cuando la pones al corriente y la llevas a la guarida. La volviste parte de esto.- Acusó, enfurruñada.
Había olvidado como se sentía ser sometido a las miradas mordaces de Sasuke. El tipo tenía un lenguaje verbal limitado, pero sus ojos se expresaban con mucha más facilidad, y que tuviera el maldito Rinnegan no ayudaba. Aquella parecía advertir que se estaba cansando del tema.
-No repetiré lo mismo dos veces. Si están demasiado preocupados como para manejarlo pueden largarse cuando se sientan amenazados.-
¿Cómo ahora? Karin había apartado el rostro, el entrecejo aún fruncido y mordiéndose el labio.
Él alzó ambas manos en un gesto apaciguador. -Ya, si confías en ella entonces lo hacemos nosotros. Sea cual sea el motivo por el que va a honrarte con su compañía apuesto a que debe ser uno bueno.- Una sonrisa de tiburón creció en su rostro y casi pudo sentir como Karin se tensaba. Aquello iba a ser divertidísimo. -Además, será genial estar con alguien que pueda construir más de una frase y si tiene sentido del humor sería lo mejor que me podría pasar.-
-¿No pensabas largarte?- Le dijo Karin, una vena palpitando en su sien. Su sonrisa se acrecentó.
-No sé de que hablas. ¿Vamos en la misma dirección, o no? No hay razón para separarnos.- La citó.
Demonios, no. Sakura Haruno prometía ser lo más interesante con lo que se había cruzado en meses. Sasuke por algún motivo iba a traer a una mujer a acompañarlo y Karin ya parecía un erizo con la simple implicación.
No había forma de que él se perdiera de eso.
Llegó a la frontera al atardecer. Sabía que había ahorrado algo de tiempo al partir al anochecer de Suna, así que supuso que Sasuke aún no la esperaba. Gaara había sido muy atento al permitirle partir sin anticipación, al menos tenía la tranquilidad de saber que a pesar de ello había estado muy complacido con el trabajo y los positivos resultados de su proyecto.
A medida que se había ido acercando al paso la ansiedad volvía a crepitar en su vientre. No habían pasado demasiadas horas desde que había visto a Sasuke por última vez, pero el recuerdo de la sensación era suficiente como para arrollarla. Estaba preparándose para sobrellevar sus emociones por tiempo indefinido y no estaba segura de como iba a adaptar sus intenciones a la práctica. Ver a Sasuke la había dejado mareada y con la sensación de que expandir sus pulmones en su totalidad no era posible, debía averiguar como se las iba a arreglar para respirar desde entonces. Apreciaba que la frontera tuviera mucho más del país del Fuego que del Viento y el clima fuera un poco más gentil, aún así estaba agotada y un poco agitada.
Sasuke no había sido específico acerca de donde la esperaría, pero no debería ser muy difícil de encontrar. La frontera estaba bordeada por una serie de establecimientos y hostales que no se extendían mucho más allá, después del paso no había más que vegetación en muchos kilómetros a la redonda; antes de el, no había más que desierto. Sentía como el cabello se le adhería al cuello debido al sudor y evitó deliberadamente los hostales para dirigirse a la casa de baño más cercana.
El agua se llevó gran parte de su tensión. La renovada frescura fue tan bien recibida que no puso demasiado esfuerzo en secarse, de su cabello cayendo gruesas gotas que terminaron empapando su ropa. Supuso que aquel era el momento donde debía empezar a buscar, pero cada vez que la idea pasaba por su mente le hacía nudos en el estómago. Debía estar calmada, calmada y lista para enfrentar el resto de lo que sería mucho tiempo caminando a su lado. Había ido tras el incontables veces durante toda su vida y siempre había estado persiguiéndolo; si bien había podido sentirse su igual durante batalla jamás había tenido la confianza suficiente-ni la oportunidad, para ser justa consigo misma- de estar alrededor de él sin que la diferencia entre ellos la desenfocara. Si quería ayudar a Sasuke debía al menos parecer capaz de manejar el asunto, de lo contrarío dudaba que se lo tomara en serio. Ella no lo hacía con los internos del hospital que mostraban debilidad, así que no se perdonaría a si misma ese tipo de conducta.
Recostó la espalda de un árbol, mirando la agitada multitud de transeúntes que cruzaban la frontera. Cerró los ojos en un intento de despejarse, concentrándose en las gotas de agua que aún le escurrían por el cuello y la frente cuando el movimiento la alertó. La mano instintivamente fue hacia el porta kunai, pero sus ojos se abrieron lentamente.
-¡Te tengo!- Frente a ella se encontraba un joven de cabello blanco, la amplia sonrisa en su rostro resultaba un tanto perturbadora con aquella fila de dientes puntiagudos asomando sobre sus labios. Su postura era relajada y la tensión se desvaneció cuando le reconoció. -Yo les dije que no hacía falta de ningún truco para encontrarte, resaltas como un pulgar hinchado en todos los lugares en lo que te he visto.-
-Ah, uhmm... ¿Gracias?- Respondió, insegura de si eso era un insulto o un cumplido. -¿Suigetsu?- Esperaba estar en lo correcto. Nunca habían tenido demasiada interacción y el nombre le parecía vagamente familiar.
Él extendió la mano y ella la tomó. -Tú eres Sakura... Haruno, ¿No es así? Nunca nos presentaron apropiadamente.- Asintió en respuesta. -En adelante viajaremos juntos hasta la guarida de Orochimaru, así que me he tomado la molestia de adelantarme al resto para venir a encontrarte y asegurarme de que pasáramos algo de tiempo de calidad antes de que volvamos con la pandilla pesada.- Dijo él, y supuso que se refería al resto de su equipo.
El agarre de sus dedos se tensó y en un jalón estuvo mucho más cerca de él. La repentina invasión de su espacio personal la dejó tan perpleja que no reaccionó inmediatamente, el único reflejo el sonrojo en sus mejillas. -Esperaba que de esa forma pudiésemos convertirnos en buenos amigos,- continuó él, -y confiaras en mi. Ya sabes, la cooperación es importante, y todo eso.-
Estando tan cerca y pasado el bochorno tuvo una mejor vista de él. Tenía una sonrisa de oreja a oreja y sus ojos traslucían un dejo de desafío, pero debajo de eso también había cierto brillo letal. Aquel hombre era un asesino después de todo, el agarre en su mano no era brusco pero era firme y no desistía. Todo aquello era una amenaza sutil, estaba probándola. Descubrirlo logró que una de las comisuras de su boca se levantaran en una pequeña sonrisa y respondió al reto apretando a su vez gradualmente el agarre de su mano. Después de todo, revelarse ante el desafío era irresistible y francamente quería que él descubriera que no era la mejor persona con la cual meterse; mientras apretaba hasta el punto de que en sus ojos se vio el esfuerzo que hacía para mantenerse tranquilo con lo que empezaba a ser doloroso, pensó en que no habría nada que ella no pudiera curar. Probablemente su relación de compañerismo se arreglaría también una vez que hiciera lo propio con los huesos de su mano.
-Déjala ya, Suigetsu.- Su voz hizo que soltara inmediatamente el agarre. No había tenido la oportunidad de quebrarle nada pero a juzgar como agitaba la mano en el aire intentando apaciguar el dolor y promoviendo que la sangre volviera a circularle, supo que la advertencia había sido lo suficientemente clara.
Una vez que se volvió a Sasuke de alguna forma agradeció que Suigetsu hubiera sido el primero en abordarla. El pequeño momento que habían compartido le había dado cierto coraje, el suficiente como para ignorar como el nudo que era su estómago se retorció dolorosamente al verlo de nuevo.
Suigetsu se miraba la mano desde todos los ángulos, sosteniéndola hacia arriba. -Mierda, si no hubieras aparecido dudo que ella me hubiera dejado a mí. Unos segundos más y me habría quebrado todos los huesos.- Su tono se debatía entre el reproche y la diversión.
-Pues lamento no haber tardado un poco más,- de pie junto a Sasuke estaba Karin. Ella era el único miembro de ese equipo con el que había tenido cierta interacción y no por eso había sido menos incómodo. Miraba a Suigetsu arrogante, pero cuando se volvió hacia ella su semblante era totalmente serio. Sakura inclinó la cabeza ligeramente a modo de saludo, ella hizo lo mismo.
-Eso sólo te hubiera hecho parecer más incompetente. Se supone que tú eres la que tiene habilidades de sensor y la encontré por minutos de ventaja.- Se burló Suigetsu.
-¡Cierra la puta boca, pescado!- Karin le amenazó con el puño. -La encontramos mucho antes que tú, que corrieras a perseguirla antes de que siquiera hubiéramos salido del hostal no es mi problema.-
-He llegado con antelación,- intervino. -No esperaba que empezaras a buscarme al menos hasta mañana.- Se dirigió a Sasuke,
pero fue Suigetsu quién contestó. Aparentemente recuperado de su pequeño momento le pasó el brazo por los hombros, aunque se dio cuenta de que el agarre era lo suficientemente débil como para que estuviera cuestionándose si era seguro y al mismo tiempo se asegurara de poder soltarla fácilmente en cualquier momento. -Un pajarito nos dijo que habías llegado. Sasuke podría haberte encontrado solo a partir de allí, así que no tengo ni idea de que hace Karin aquí.- Sakura lo miró, enmarcando una ceja. -¿Yo? Estoy aquí sólo por la diversión.- Rió, dándole un leve apretón en el brazo.
Sakura esbozó una sonrisa, dándole palmaditas a la mano que descansaba sobre su clavícula. Él se estremeció al contacto. -Me alegro de que hayas venido, Suigetsu-san. De otro modo habría tardado en contarte la historia acerca del último hombre que se tomó demasiadas libertades conmigo, como terminó en terapia intensiva y como no se habría salvado si no hubiese sido yo misma quién lo sacó de la tumba con un tratamiento que estoy segura no fue mucho mejor que lo que lo puso en esa posición en primer lugar.-
Se deleitó con la tensión de los músculos alrededor de ella y la forma en quel agarre desistía lentamente. Su expresión no era menos satisfactoria, estaba segura de que su historia había sido lo suficientemente inespecífica como para que él pudiera divagar en diversos escenarios. Aún así, no parecía que fuera abandonar ese brillo en los ojos que reconoció en él anteriormente. Más allá, Sasuke no había disimulado la sonrisita altiva que se escapó de sus labios.
-Estoy seguro de que es una historia encantadora y probablemente la disfrutaré,- reconoció Suigetsu, empezando a caminar e invitándola a que lo hiciera también, -pero puede esperar. Estamos siendo los peores anfitriones, debes estar cansada. Bienvenida al lado de los chicos malos, primor. Supongo que a partir de ahora podemos dejar de un lado las formalidades. Tú puedes llamarme como quieras.- Una sonrisa pretenciosa se coló en sus labios.
Sakura no se había tragado el despliegue de caballerosidad y supo que Karin tampoco cuando esta estuvo junto a él y le propinó un golpe detrás de la cabeza. -Idiota,- masculló.
Una risita abandonó sus labios antes de que notara a Sasuke a su lado. Subió el rostro para encontrarse con él y de nuevo fue absorbida por aquella sensación vertiginosa de estar completamente expuesta ante sus ojos, y aunque aún habían muchas cosas que la asustaban, se sintió sosegada al encontrar en su mirada cierta familiaridad. Era cierto que por su escrutinio fácilmente ella podía tratarse de una rana disecada sometida a un ojo interesado, pero también había cierta calidez en la negrura. Nunca había sido asiduo hacia las palabras y al crecer, para poder conectarse con él había aprendido a descifrar lo que trataba de decir cuando la miraba, y habiendo encontrado tanto rechazo hacia ella anteriormente no fue difícil reconocer que de algún modo la estaba recibiendo. Estaba aceptando que estuviera de pie junto a él, caminando a su lado y recorriendo el mismo camino. La aceptación la abrigó y su corazón palpitó con rapidez, apartó los ojos de vuelta al camino antes de que el sentimiento se reflejara en sus ojos.
De soslayo pudo ver como Suigetsu y Karin aún parecían enfrascados el uno en el otro y como las personas seguían su camino sin reparar en ellos. Al caminar sintió como la vida a su alrededor se ralentizaba, los sonidos se amortiguaban y todo pasaba con tanta celeridad que las formas perdían cierta nitidez. Cuando volvió los ojos hacia él, Sasuke era lo único que estaba claro para ella. Aún no estaba segura de los motivos reales por los cuales quería que estuviera allí, no era tan ingenua como para pensar que repentinamente hubiera cedido ante su amor. Pero ella había pasado la vida entera queriendo estar junto a él y ahora él, por la razón que fuese, también quería estar junto a ella. Al sentirse observado volvió su mirada hacia ella de nuevo, Sakura sólo atinó a sonreírle genuinamente.
No creía que podría decirle que se sentía realmente feliz de estar junto a él, así que improvisó.
Nunca le había dado más de dos vistazos a Sakura Haruno. Más allá del llamativo color de cabello y la curiosidad que pudiera suscitarle la relación que parecía mantener con Sasuke aún cuando este había renegado de Konoha, de ella y de todos los que conocía, no era nada del otro mundo. A primera vista tenía cierto atractivo inocente, incluso si no eras del tipo al que le gustaban las princesas primorosas-y definitivamente él no lo era- no era la clase de mujer a la que simplemente podrías pasar por alto. Era atractiva, tenía un rostro hermoso. Sus piernas eran dignas de admirar y la falda no hacía mucho por ocultar unas caderas generosas, pero definitivamente no era la mejor que había visto. Era el segundo vistazo el que valía con esa mujer, sobre todo si intercambiabas con ella algo más que miradas; como por ejemplo, una pequeña y amable discusión en la que podría fácilmente haberle destrozado la mano.
Todo el tema florido al que parecía estar afiliada-el nombre, el cabello, la aparente delicadeza- podía fácilmente engañar al ojo inexperto del primer vistazo, pero jamás al segundo. Karin era la mujer más temperamental con la que había tenido la desdicha de cruzarse en la vida y si bien no podía encasillar a Sakura con dicha descripción-al menos no durante los escasos minutos que había pasado en su compañía- había algo en ella que prometía ser mucho peor, algo más peligroso, y él estaba encantado. Sobre todo porque no parecía ocultarlo, era un hecho latente en alguna parte de su ser. Karin tenía una señal que podía a leerse a tres metros con la descripción de loca neurótica y se las arreglaba muy bien para que la expresión neutral de su rostro la hiciera parecer cabreada todo el tiempo, lo cual realmente podía ser el caso. Sakura prometía ser la fuente de la amabilidad, aún así, intuía que su personalidad era la miel que atraía las hormigas antes de aplastarlas de un manotazo.
Al menos eso le auguraba cierto éxito. No había una mujer blandengue que pudiera manejarse tan fácil entre un escuadrón de renegados, aún así, había una cosa que estuvo clara desde el principio, era una chica buena y él lo sabía. Si le pidieran que señalara lo más opuesto a Sasuke Uchiha él la señalaría sin dudarlo ni un segundo, y a pesar de eso Sasuke había permitido que una mujer a la que al menos estimaba-no podía aventurarse más allá, aunque francamente creía que a él le importaban poco los asuntos sentimentales- mezclarse entre ellos-que no eran precisamente las mejores personas ni la compañía más adecuada- y eso lo incluía a él.
El asunto no giraba acerca de lo que Sakura realmente era o había venido a hacer con ellos, ni siquiera con los asuntos que podría tratar con Sasuke. Tenía que ver más con el nivel de influencia que parecía tener sobre él. Sasuke odiaba todo lo que lo hacía retrasarse o salirse del plan, tener que sobrellevar compañía extra habría estado fuera de consideración desde un principio y que ventilaran su aire era inaceptable. Sabía que al menos le agradaban ellos, pero estaba seguro de que apenas los toleraba. Y allí venía ella, y todo lo que odiaba no parecía molestarle tanto. No fue sorpresivo cuando Sasuke desapareció a la hora acostumbrada, lo que si lo fue era el hecho de que la hubiera llevado consigo.
Sakura podía haberle parecido fácilmente una víctima al primer vistazo... Al segundo ella podía tratarse de la atacante. Se preguntaba si Sasuke podía verlo también o la subestimaba como hacía con todo a su alrededor. Independientemente de, estaba seguro que alguna de las dos cosas estaba directamente ligada con las razones que tenía él para mantener a una mujer como esa a su lado. Sabía que ella tenía una idea muy precisa de las cosas que Sasuke ocultaba dentro de él, así que el hecho de que estuviera dispuesta a mantenerse tan cerca le decía que compartía una cosa más con Karin,-el insano amor a lo que potencialmente podía aniquilarte, al parecer- pero diferían en otra muy importante; la actitud de Sasuke con respecto a cada una.
No creía que Sasuke fuera capaz de mantener a alguien tan cerca sin hacerle daño-y esa era la razón por la que él mantenía una distancia prudencial- pero tampoco consideraba que Sakura fuese una flor que simplemente estuviese dispuesta a dejarse deshojar. La cercanía de ambos podía bien terminar en lo natural-es decir, que Sasuke descubriera las hormonas y que ella cediera ante cualquiera que fuese el arrebato que sentían las mujeres ante hombres como él- o tornarse sangriento. Cualquiera de las dos eventualidades prometían ser igual de emocionantes.
Era cierto que tenía un instinto perverso que le hacía regocijarse entre la matanza y sentía una especial afiliación con el desmembramiento. Si Sakura pretendía estamparse contra el muro de espinas que era Sasuke se iba a lastimar, pero no olvidaba ciertas cosas aterradoras que la vio hacer durante la guerra; Sasuke podía poseer un poder superior pero no había forma de que no te jodiera una fuerza como esa. Dudaba que las cosas se pusieran físicas, pero habían muchas otras clases de lucha.
Aquel iba a ser un combate épico, y él no quería perderse de nada.
-¿Lo tienes?- Le preguntó.
Ella le tendió un papel cuidadosamente doblado, él le adjuntó el suyo propio. Se rasgó el pulgar con el canino y en un par de movimientos de mano el halcón mensajero apareció frente a él.
Ató ambos mensajes en su pata. -Llévalo a Konoha,- ordenó. El ave asintió con la cabeza antes de desplegar las alas e iniciar el vuelo.
Su mirada se perdió unos segundos en la dirección en la cual había partido antes de mirarla de nuevo. Sakura aún tenía la vista perdida en el halcón, el viento se empeñaba en revolverle el cabello sobre el rostro mientras ella luchaba colocándolo una y otra vez tras su oreja. Lucía tranquila, se sorprendió de que pasara tanto tiempo en silencio y pareciera estar cómoda con eso. Evocaba a una Sakura más ruidosa y menos paciente, pero no pudo decir que el cambio fue insatisfactorio. Ocupaba los techos y las terrazas de los edificios donde se quedaba porque le agradaba la calma y la sensación de que al subir todo lo que podía perturbar su tranquilidad se quedaba abajo. La había traído allí consigo porque ellos desconocían la mayor parte de sus intenciones con respecto a la misión y consideró que ese lugar era el apropiado para tocar el tema. Acordaron que era el momento para enviarle la información a Kakashi, y aprovecharon la ocasión para informarle de la nueva ubicación de Sakura. Era cierto que atesoraba el silencio, pero cuando ella lo disipó su voz no fue menos agradable.
-Entiendo por que los elegiste,- comentó ella, sólo continuó ante su mirada interrogante. -Me refiero a ellos, a tu nuevo equipo. De alguna forma extraña son similares a lo que solíamos ser en ese entonces.-
Él negó con ligeramente con la cabeza. -No fue el motivo por el cual los elegí.- De hecho, si en aquel momento hubiera tomado en cuenta dicha similitud seguramente habría buscado a otras personas. -Necesitaba sus habilidades.-
-¿Ironía, entonces?- Una pequeña sonrisa se asomó en sus labios. -Suigetsu vendría siendo un sadístico y retorcido Naruto, Jūgo ciertamente podría ser un poco más decente que Kakashi-sensei, y supongo que Karin es una versión muy bizarra de mi.- Aquello realmente le causaba cierta gracia.
No estaba seguro de estar cómodo tocando estos temas con ella, pero no había amargura de trasfondo en sus comparaciones. Sakura bromeaba con el asunto como si aquello no la hubiera lastimado en lo absoluto, a pesar de que estaba seguro de que ese había sido el caso. Naruto y ella le habían ofrecido ayuda para lograr lo que él había hecho con Taka, y los había pasado de largo porque sólo había visto debilidad en ellos. Debilidad para ser incapaz de sobrellevar una tarea como esa y todo lo que implicaba, y la debilidad que ellos causaban en él. Sakura era demasiado sentimental como para no sentirse herida debido al rechazo, pero estaba siendo buena ocultándolo. Aunque no lo suficiente, ya que había traído el tema a colación.
Sabía de lo que hablaba, aún así. Tal vez incluso una parte de su subconsciente lo supo en aquel entonces, pero no lo reafirmó hasta que fue realmente tarde y cuando lo hizo apuñaló a Karin y dejó a Jūgo y a Suigetsu a que murieran a su suerte. El permitir que ellos ocuparan un lugar en él minúsculamente parecido a la figura del Equipo Siete estaba totalmente fuera de consideración, en ese momento ya estaba preparado para eliminar cualquier cosa que considerara un obstáculo. Entonces no había titubeado siquiera, y las sombras dentro de él se agitaron, recordándole que aún seguían allí. Había sido mucho más fácil intentar acabar con ellos que con ella o Naruto, pero sin duda alguna habría terminado destruyéndolos a todos si se lo hubieran permitido.
-Fue sabio de tu parte haberlos escogido a ellos.- Eso lo tomó por sorpresa. -Si hubiera intuido por un minuto lo que iba a hacerte, jamás te lo habría permitido, Sasuke-kun. No te lo habríamos permitido.-
En esa posada no había azotea así que estaba sentada sobre el tejado, abrazándose las rodillas. Ya había anochecido y en un principio creyó que estaba intentando conservar el calor, pero claramente sólo estaba intentando protegerse. Al inicio pensó que la compañía sería suficiente como para que ella pudiera subsanar sus conflictos, pero parecía que no iba a ser el caso. Aún no era medianamente fuerte como para poder confrontar esos asuntos, y a él no le gustaba pensar en ellos. Le hacía pensar en todos los errores que había cometido y los que pudo haber evitado, todo el daño que podría no haber hecho. Si Sakura intentaba ahondar en esos temas estaría acercándose peligrosamente a los lados de él de los cuales estaba intentando alejarla.
Pareció conforme con el silencio o en un principio no esperaba una respuesta. No encontró ansiedad en sus ojos, se le veía serena, aunque una vez que le dio una mirada más profunda descubrió que estaba visiblemente cansada. Sus párpados no estaban completamente abiertos y su espalda estaba ligeramente encorvada. Había tenido que viajar de noche para poder llegar tan rápido a la frontera, había esperado que ella se tomara algo más de tiempo en arreglar las cosas en Sunagakure. Cuando Jūgo le informó que había llegado esa tarde no la esperaba en lo absoluto.
-¿Por qué llegaste tan pronto?- Le preguntó.
Al verla la vez anterior pensó que le iba a costar mucho más abandonar la seguridad de la aldea, tanto que había planeado despachar al antiguo Taka si tardaba más de una semana en llegar al paso. Había puesto en duda el hecho de que vendría siquiera desde que le había enviado aquel mensaje encriptado como respuesta, aunque una vez que llegó supuso que la interpretación de Jūgo había sido la correcta. Sólo algo como lo que la unía a él podía haberla apartado de allí. Sakura estaba desarrollando una idea de falsa seguridad en la Arena y se veía muy cómoda intentando apartar a la Hoja de su mente.
-Tenía miedo,- arrastró las palabras. Lo único que la estaba manteniendo despierta era la conversación, realizó. Probablemente ni siquiera hubiera admitido eso si el cansancio no la mantuviera en ese ebrio estupor, -de venir aquí. Pero temía más el llegar demasiado tarde, no quería que te alejaras demasiado otra vez. Así que hice lo que tenía que hacer.-
Miedo.
-Estás agotada,- le dijo. -Nos quedaremos hasta que estés lista para continuar.-
La vio cerrar los ojos durante unos momentos. -Mañana estaré bien.-
-Ve a descansar.- Ordenó y ella asintió pesadamente con la cabeza, sin oponerse. Una vez estuvo de pie saltó del tejado y cayó limpiamente frente a la entrada del hostal. Observó el punto rosado que era su cabeza hasta que se perdió dentro de la posada.
Nunca había entendido los motivos-ni la naturaleza de ellos- por los cuales Naruto y Sakura lo seguían tan enardecidamente. No había hecho demasiado por ellos en el pasado, no tanto como consideraba ellos habían hecho por él. Le habían dado una familia, afectos, vínculos, no sólo le recordaron que no estaba sólo en el mundo, se aseguraron de que lo sintiera. Ellos se convirtieron en el epítome de todo lo que deseaba proteger tanto como deseaba destruírlos por la misma razón. Durante años se preguntó que los hacía moverse hacia él, por qué simplemente no podían dejarlo ir; sólo entendió en el clímax de lo ocurrido que aquello no era un evento que ocurría espontáneamente y no se trataba de un simple capricho. Lo que los unía era una fuerza que no iba en una sola dirección.
Pensó en ellos constantemente a lo largo de los años en los que estuvieron separados, incluso si la mayoría de esos pensamientos estaban llenos de molestia e intenciones asesinas. Él los llamaba tanto como ellos a él, y en los pocos momentos en los que habían logrado reunirse durante los años que transcurrieron después de haber dimitido de Konoha, sentía que la unión era tan fuerte y peligrosa que esta le daba el impulso suficiente como para desear cortarlos tanto como deseaba vivir para matar a su hermano. Los habría matado sin dudar en cada oportunidad, aunque el asesinato no era algo que le parecía atractivo más allá de su meta porque no pensaba que valía suficiente la pena, pero no era así con Naruto y Sakura. Ese era el nivel de influencia que tenían sobre él.
Era imposible haber llegado hasta ese punto renegando de ellos, probablemente eran lo más fuerte y genuino que poseía. Poco conocía a la mujer en la que Sakura se había convertido, pero el vínculo que había hecho con la niña que fue permanecía tan intacto que realmente lo perturbaba el hecho de que se apartara demasiado de la seguridad de su hogar. Algo muy dentro de él no quería que Sakura dejara de ser la persona a la que había querido en algún tiempo, y a pesar de que estaba descubriendo capas de ella que no le eran familiares, lo que se escondía dentro seguía siendo lo esencial.
Sakura tenía miedo de él, no era estúpida y le había causado mucho daño. Ella nunca le hubiera dejado solo si él se lo hubiese permitido, y ahora que se encontraba en una situación similar, él tampoco estaba dispuesto a abandonarla de esa forma. Dudaba que Naruto hubiera estado de acuerdo con la partida de Sakura, pero él sólo podía influenciar en ella mientras permaneciera en Konoha. Fuera de la aldea, estaba seguro de que era la única persona a la que le confiaría su seguridad. Sakura no estaría bien en ningún lugar que no fuese su hogar, y se había responsabilizado en devolverla allí-tal vez era la culpa, o el deseo de que no se apartara demasiado del recuerdo que tenía de ella- cuando hubiera visto lo suficiente del mundo como para decidir que se había organizado lo suficiente para volver.
Sabía que parte de ello tenía que ver con él, asuntos inconclusos pendían entre ellos. Ella deseaba respuestas y tenía la vaga impresión de que quería asegurarse de que estuviera bien, y a pesar de que no dudaba que el amor había sido lo que la había movido hasta él, no estaba seguro acerca de lo que pretendía en ese ámbito. No había nada que él pudiera ofrecerle y cuando se diera cuenta de esto probablemente ese también sería un incentivo para que ella regresara a casa.
Transcurrieron horas desde que Sakura dejó el tejado y se había ido a dormir, había pasado ya la media noche cuando decidió abandonar su estado de vigilia y unirse a los demás. Dentro, la habitación estaba apenas iluminada por la pálida luz lunar que se filtraba entre las cortinas, cuatro figuras descansaban en un sueño tranquilo, alineadas a cierta distancia una junto a la otra. Sakura reposaba en el futon junto a él, el rostro despejado y el cabello esparcido por la almohada; supo que lo observaba con ojos entreabiertos mientras se retiraba la capa, el brillo esmeralda destacando entre la oscuridad. Se tumbó con el rostro hacia el techo, de manera similar a ella, ignorando su mirada. Supuso que la había despertado aunque estaba seguro de haber sido sigiloso, era extraño que con su nivel de cansancio no estuviera sumida en un sueño profundo para aquel momento.
-¿Cuánto te tomó poder dormir alrededor de ellos?- La escuchó susurrar lo suficientemente claro, aunque aún arrastraba las palabras.
Tardó algunos segundos en responder. -Días.-
Para un Shinobi era difícil comprometer su espacio personal y aún más permitirse un estado de inconsciencia parcial y vulnerabilidad como lo era el sueño entre personas en las que no confiaba. Comprendió que probablemente había estado luchando contra su instinto al intentar quedarse dormida.
Cuando volteó a verla ella ya lo estaba observando, el verde que podía entreverse entre sus párpados velado por el cansancio. La vio cerrar los ojos y fruncir levemente el entrecejo, como si estuviera concentrándose en algo.
-Naruto se habría quedado dormido al instante,- eso la hizo sonreír, y también un poco a él. Concordaba con la imagen que guardaba del rubio, idiota y demasiado confiado. -Kakashi-sensei ni siquiera habría pestañeado en toda la noche, supongo que tiene algo que ver con su entrenamiento ANBU. Yamato- taichō hubiera hecho lo mismo.-
Así que así habían sido sus misiones. -Tú lucharías toda la noche contra la necesidad de dormir y estar alerta al mismo tiempo.- Supuso.
Ella asintió levemente con la cabeza. -La mayoría de las veces, sobre todo cuando no éramos sólo los tres. Kakashi-sensei implementó un sistema de vigilancia en parejas donde ambos se compartían los turnos y el tercero podía dormir toda la noche. Le preocupaba que yo estuviera demasiado cansada por no dormir lo suficiente y eso pudiera afectar mi rendimiento,- explicó.
»Obligaba a Naruto a estar más atento y a mi a descansar lo suficiente. Cuando Sai fue añadido al equipo no tenía mucho sentido, y aunque me hubieran obligado a hacerlo no habría podido. Desconfiaba tanto de él que por las noches casi podía contar los latidos de su corazón, así que siguió siendo un problema.-
-Hasta que empezaste a confiar en él.- Sabía que eventualmente lo había hecho. Probablemente todo aquello había sido antes de que él los ayudara a intentar capturarlo.
-No, fue antes.- Sus ojos vagaron de él hacia el techo, estaba recordando. -Me hirieron en una misión porque mis sentidos no estaban lo suficientemente alertas, Naruto se molestó. No conmigo, con Sai, lo cual era ridículo. Fue lo suficientemente firme como para obligarme a dormir tomando su mano a pesar de que lo golpeé varias veces, pero él insistió en que era para que pudiera dormir tranquila sabiendo que él estaba allí.-
»Extrañamente funcionó. Desde entonces cada vez que él me relevaba en una guardia al despertar siempre lo encontraba vigilante, y eso me hizo confiar en que se estaba tomando en serio el asunto de la seguridad. Una vez que Sai se volvió verdaderamente parte del equipo ya no fue necesario y Naruto volvió a dormir como un oso.- Sonrió en dirección al techo.
Hablaba con algo parecido a la añoranza, y él se encontró volviendo muchos años atrás en los tiempos en los que él había sido parte de esos recuerdos. En aquella época también hacían guardias en pareja, pero no recordaba que Sakura tuviera problemas para dormir en circunstancias extrañas, ninguno de ellos los tenía a excepción de Kakashi. Ese instinto se desarrollaba al exponerse al peligro constante y las experiencias cercanas a la muerte. Se preguntó acerca de todas las cosas las cuales ella había atravesado y la habían forjado de esa manera, todo lo que le había pasado mientras estaba lejos. De lo poco que tenía seguridad era que él había contribuido a dañarla lo suficiente como para que las secuelas pasaran a formar parte de ella.
En su equipo el único que había tenido confianza ciega en él después de todo había sido Naruto, Sakura y Kakashi eran mucho más inteligentes que eso. Incluso en la guerra podía ver la tensión que ambos compartían, como si estuviesen intentando anticipar sus movimientos para adelantarse a ellos, la desconfianza palpable. Le tomaría algo de tiempo ser capaz de dormir completamente junto a él, si alguna vez lo conseguía. Había intentado matarla las suficientes veces como para asegurarse de eso.
La mano que mantenía fuera de la cubierta del futon fue invadida por una calidez lejana y la sensación le hizo apartarse en un reflejo. Ella no había llegado a tocarlo, pero la cercanía lo había tomado desprevenido y su calor corporal había sido suficiente para disparar la reacción. La miró, pero ella seguía observando el techo, la mejilla que estaba a su vista estaba cubierta por un ligero sonrojo.
-Lo siento, no pretendía incomodarte, Sasuke-kun.- Se excusó en un susurro. -Es sólo que... Tú eres lo más cercano a Naruto en esta situación, y no quiero ser una molestia una vez que inicie el viaje.-
Las palabras se apresuraron fuera de su boca e hicieron parecer que Sakura no sólo estaba luchando con el sueño, en ella también batallaban el vínculo que compartía con él y la desconfianza natural que le tenía. Aún no sabía si creía que era muy idiota o si realmente la admiraba por ser capaz de mediar entre ambos conceptos. Tal vez hacía un poco de los ambos.
Lentamente, midiendo cada palmo de la situación mientras se movía, dirigió su mano hacia la de ella. Se detuvo antes de que ambas estuvieran totalmente juntas, de modo que sólo sus dedos tuvieron contacto. Apenas entrelazó algunos con ella y no hizo ademán de afianzar la unión, ella apenas se movió para imitarlo, el toque era apenas un roce y no sintió la necesidad de apartarse, a pesar de que el contacto era extraño para él. Agradeció que Sakura se mantuviera en silencio y tampoco forzara el agarre, probablemente eso le hubiera hecho retractarse.
Había algo cálido y familiar en sentir entre sus dedos el pulso de su corazón acelerado, no sabía interpretar la sensación pero no sentía que fuera incorrecto. Le disgustaba el contacto en general, pero habiéndolo iniciado él no fue desagradable. Experimentó un sentimiento tranquilizador al sentir como su pulso se volvía más lento de a poco, acompasado por su respiración. Sakura murmuró algo ininteligible que pudo o no haberse tratado de un Gracias. Sentía aún las palpitaciones calmas en sus interdigitales antes de finalmente cerrar los ojos.
Ambos durmieron toda la noche, sin interrupción.
¡!
¡Hey! Este fue uno particularmente difícil de escribir y también me costó un poco ponerme de acuerdo en dónde se suponía debía terminar, pero me gustó el final. Necesitaba salir de este particularmente porque me encanta el que le sigue. El proceso de conocer/descubrir siempre se hace largo, y ellos no tienen ni idea de como ha evolucionado cada uno y tampoco con lo que van a lidiar. Respondiendo a sus y reviews y a la respectiva ansiedad intento por todos los medios actualizar semanal. Sin más que decir, pueden dejarme sus dudas y sugerencias y las responderé con gusto.
Nahare~
