El clima de Kusagakure en comparación con el de Amegakure fue un cambio bien recibido, especialmente para Jūgo y para ella. Suponía que para Sasuke debía serlo también, aunque no había establecido abiertamente su apreciación sobre este, él no parecía lamentar haber dejado al país de la Lluvia atrás como Suigetsu y tampoco había confirmado su absoluto desagrado como lo había hecho Karin. Todo era mucho más colorido, menos húmedo y gris. El ambiente ayudó a mejorar el humor de todos-Karin siendo la excepción- y Sakura pudo abrazar el confort de la tranquilidad y la total despreocupación que no había vivido en muchos meses antes de partir de Konoha. En aquel entonces no había habido ninguna amenaza, e incluso cuando el trabajo no era apremiante la inconformidad de su situación evitaba que sintiera completa serenidad.

Tener a Sasuke a su lado resultaba más plácido de lo que alguna vez pudo pensar que sería, a pesar de que su corazón aún palpitaba más de prisa cuando hacían contacto visual espontáneo, se había acostumbrado a su compañía hasta el punto en el que sus miedos más arraigados acerca de él se evaporaron y en su lugar dejaron cierto sentido de seguridad. Apenas habían pasado dos semanas desde que habían empezado a viajar juntos y todavía existía una brecha entre ellos, pero caminar, comer y dormir junto a él se volvió tan natural como respirar. Como lo había sido alguna vez cuando aún eran genin y estaban en Konoha, y-Sakura pensaba a menudo- como nunca debió dejar de haber sido. De igual manera él parecía haberse acostumbrado bastante bien a su presencia y considerando que hacía algunos años ambos habían ido contra la garganta del otro, todo el concepto aún resultaba extraño en general. Una sonrisita se escapó de sus labios al pensar que la familiaridad y sus vínculos pesaban un poco más que años de hostilidad, miedo y rabia.

Sasuke mantenía su distancia, aún así. En Amegakure había experimentado un lado de él que pensó no volvería a tener la oportunidad de nuevo; esa pequeña parte suya que alguna vez había creído en ella y había fomentado sus habilidades. Le había permitido proceder como deseaba a pesar de que sabía que él hubiese actuado distinto y habría deseado que ella lo hiciera también. La experiencia había cambiado de cierta forma la manera en la que se relacionaban, pero Sasuke aún parecía mucho más lejano de lo que podría alcanzar por el momento.

-Te encantará.- Suigetsu parecía lo suficientemente complacido consigo mismo como para asegurárselo. -Es el único hostal que yo escogí y es el mejor de todos.-

Karin rodó los ojos. -Todos tuvimos parte en la elección. Si realmente hubiese sido sólo suya hubiésemos terminado hospedándonos en un acuario.-

-Fue mía,- lo escuchó susurrar muy cerca de ella, -Karin odia este lugar y no hubiera escogido un sitio para quedarse porque eso le permitía largarse, a Jūgo y Sasuke les daba prácticamente lo mismo.-

Escuchó hablar a Suigetsu de lo maravilloso que era el lugar un trecho más hasta que finalmente arribaron. Fue agradable descubrir que de hecho no era una exageración y era el lugar más bonito en el que habían estado hasta ahora-y en el que ella había estado en algún tiempo.- Se trataba de un complejo de cabañas veraniegas dispersas alrededor de unos pocos establecimientos, como comedores y casas de baño. El paisaje circundante era igualmente prometedor, y ciertamente de todos los establecimientos que habían utilizado en aquellas semanas era el único que le hacía olvidar que de hecho estaba en una misión.

-Es realmente bonito.- Le dijo a Suigetsu, él le enseñó todos los dientes en una sonrisa.

-Finalmente viajo con alguien que sabe apreciarlo,- dijo él, y su sonrisa arrogante trastabilló cuando Karin lo arrolló en su camino hacia dentro de la cabaña. A lo lejos escucharon el sonido de puertas abrirse y cerrarse estrepitosamente. -Creo que Karin acaba de apoderarse de la 'habitación de chicas', y la buena noticia es que nuestra habitación tiene espacio suficiente y no tendrás que ver su cara de culo.-

La perspectiva no le desagradaba si era honesta. Karin se había mantenido en una formal y tolerantemente distante actitud hacia ella desde hacía dos semanas, pero su usual temperamento había subido algunos grados en la escala desde que estaban en ese lugar. Reunió todo de si para evitar preguntar que estaba mal con ese sitio y con ella, y en su lugar ingresó dentro conforme los otros lo hacían.

Era una vivienda vacacional completa, bonita y tradicional. Un pasillo corto separaba dos amplias habitaciones y el resto del espacio era ocupado por una pequeña sala que bien podía ser un comedor y una cocina muy pequeña. Dejó olvidadas sus pertenencias en la habitación restante y se deslizó descalza por el suelo de madera pulida. Había vacacionado poco en su vida, pero lo había hecho. En sus tiempos de la academia, cuando aún era demasiado pequeña para llenarse los hombros de responsabilidades, sus padres la llevaban a hacer ese tipo de expediciones para visitar a familiares lejanos. Un par de sus misiones también lo habían parecido, aunque por el tiempo en el que tomaba misiones con su equipo siempre estaba demasiado preocupada por uno u otro aspecto -Naruto-como para creérselo.

-De verdad te gusta.- No notó a Jūgo hasta que estuvo de pie junto a ella, mirando por la ventana.

-Hace muchísimo tiempo no visitaba un lugar así. El aire es diferente, es agradable llenarse los pulmones.- Admitió ella.

Él asintió significativamente. -Nunca planeamos quedarnos por más de dos días, pero siempre ocurre algo que nos hace perder al menos una semana de viaje cuando estamos aquí, usualmente la salud de Karin. Tal vez también esta vez podamos quedarnos un poco más,- añadió con aire soñador, y ella no estuvo muy segura de si eso implicaba que deseaba que Karin enfermara. Parecía hacerlo de cierta forma que lucía inocente y eso le parecía divertido.

-¿Es por eso que se ha encerrado?- Le preguntó.

-Y de ahí no saldrá.- Añadió Suigetsu, dientes a la vista y de pie junto a ella. -No si no quiere contagiarse de lo que sea. Así que serán al menos un par de días de diversión asegurada para los tres y algunos más de bonus cuando finalmente pesque algo.-

Sakura no pudo evitar sonreír. Definitivamente esperaban a que lo hiciera y no se sentían ni un poco culpables, aún así, les riñó. -Días de diversión a costa de la salud de su compañera de equipo.-

-Nunca es para tanto,- desestimó Suigetsu haciendo un gesto con la mano, -además, siempre terminamos expiando nuestros malos deseos porque somos quienes debemos atenderla en caso de que enferme.-

Ella cruzó los brazos y negó con desaprobación, pero se dejó arrastrar por el albino fuera de la cabaña, Jūgo siguiéndoles los pasos. -Si te ha gustado el lugar, prepárate para lo que estás a punto de ver.-

-Espera un momento, ¿A dónde vamos?- Le preguntó, mirando detrás de su hombro, -¿Dónde está Sasuke?-

-No te preocupes por él, nunca cambia su rutina, sólo lo veremos para comer. Te llevaremos a ver la razón por la cual nos empeñamos en quedarnos en este lugar.-

El entusiasmo de Suigetsu y el buen humor de Jūgo eran difíciles de resistir cuando las vistas del lugar empezaron a cautivarla también. Hacía bastante que no se emocionaba por algo tan banal y el cambio la hizo sentirse de vuelta muchísimos años atrás, cuando sus únicas preocupaciones reales eran su cabello,su promedio en la academia y esperar el día en el que Sasuke la mirara con otros ojos. De pie, frente a un gran claro de agua cristalina rodeado por árboles frondosos y riachuelos, incluso sus memorias dejaron de ser relevantes. Pocas veces había estado en un lugar tan naturalmente hermoso y pacífico sin que su vida corriese alguna clase de peligro.

-Esto es...- Se quedó a media voz. A su lado, Suigetsu portaba aquella sonrisa altiva que disfrutaba tanto colocar en su rostro.

-Wow,- completó por ella, y Sakura no pudo más que estar de acuerdo. -Es nuestro paraíso descubierto y es tu primer beneficio real desde que perteneces a nuestro escuadrón de forasteros.-


-Esos idiotas van a lograr que ella enferme,- comentó ella, cruzada de brazos. Sasuke había estado a poco de salir cuando su voz lo detuvo.

Al menos no quería creer que sólo había un problema con ella y su predisposición a atraer todas las enfermedades posibles que estaban en ese lugar. Karin siempre estaba impaciente por salir de allí y si de alguna forma lograba pasar esos días sin contraer cualquier cosa y Sakura llegaba a hacerlo, iba a estar jodidamente molesta porque eso significaría que tendrían que quedarse más tiempo y tentar demasiado a la suerte no saldría bien para ella.

Sasuke no le dirigió la mirada, pero le escuchó responder. -Ahora es buena en lo que hace, dudo que Suigetsu o Jūgo puedan causar algo que no pueda manejar.-

Lo observó irse y su mirada se quedó largo rato posada donde había estado hacía segundos. Sasuke era orgulloso, pero no era un bocazas como Suigetsu. Su orgullo estaba bien fundado sobre aspectos los cuales dudaba alguien pudiese cuestionar; lo había sido con respecto a su clan y en algún punto antes de ser envenenado por Tobi incluso con Konoha. Había visto ese orgullo quebrarse en miles de piezas conforme él fue descubriendo que dichas bases estaban podridas. Antes de eso, no había necesitado alardear de ninguna de ellas para saber que eran temas que le atañían cierta presunción. Después, de lo único en lo que Sasuke pudo estar seguro era de su propia fuerza, aquello era incuestionable y dependía totalmente de él.

Atrás, en los días en los cuales se pasaba la vida tratando de entender a Sasuke, se dio cuenta de que la seguridad que tenía acerca de diversas cosas era la forma en la que demostraba su orgullo. Así se había dado cuenta de que Naruto significaba mucho más para él de lo que remotamente podía mostrar. Nunca lo había subestimado e incluso lo había reconocido como su igual, y para ella eso le mostró mucho más aprecio del que dejaba a relucir.

Sasuke era bueno para hacer sentir inferior a la gente a su alrededor, y ni siquiera creía que era su culpa, había bastante diferencia entre él y los que lo rodeaban como para que lo fuera. Tal vez tenía que ver con el nulo esfuerzo que hacía para reconocer el potencial, y cuando lo hacía generalmente intentaba superarlo en caso de que dicho potencial pudiese ser una amenaza.

Sakura también debía significar bastante para él. No era algo que recién había pensado pero suponía que se había materializado en aquel momento, porque Sasuke confiaba en ella. Lo suficiente como para confiarle una misión delicada, traerla a su lado y en el transcurso del viaje confiar en su juicio. Sakura le había retrasado toda una semana en Amegakure y de alguna forma ahora creía que ella no sería un atraso en esta ocasión. Para alguien que no se atrevía a aseverar nada acerca de nadie ese era un mensaje bastante claro.

Mientras se dirigía de vuelta a la habitación recordó años atrás, momentos que eran bastantes desagradables de traer al presente. Aquella vez, mientras las lágrimas de Sakura caían sobre su pecho herido, se preguntó cuál era el lugar que Sasuke debía ocupar en esa chica para que ella se permitiera caer tan abajo de los estándares ninja. Nunca había tenido oportunidades-hasta el momento- de preguntarse cuál era el lugar en el que él la colocaba a ella. No estaba muy lejos de Naruto y ambos se encontraban bastante más allá que cualquiera del viejo Taka, eso era evidente.

Suigetsu y Jūgo se acoplaban bastante bien a la presencia de Sakura, y Karin estaba segura que ella de hecho les agradaba. Para ella, el asunto era distinto. La distancia que había entre ellas estaba bien delimitada por su encuentro anterior, pero también por esa pequeña parte de su orgullo que se negaba a compartir lo único que realmente era suyo, aquel equipo disfuncional y la extraña forma en la que parecían funcionar. Sakura había tenido muchas de las cosas que alguna vez deseó para ella, pero eso no era importante. Ella ya no anhelaba una familia, una cálida aldea o un hogar, reunía todo lo que necesitaba. No estaba sola en el mundo, ya no más.

Sin embargo, de pie en la habitación, se sintió como si Sakura lo tuviese todo y ella no tuviese nada. Era ridículo, infantil; sabía que estaba celosa y que su actitud era estúpida.

Le pasó el cerrojo a la habitación. Definitivamente iba a confinarse allí hasta que pudiera salir de aquel maldito lugar, así se protegería lo mejor posible de la porquería tropical que flotaba en el aire de su antiguo país y tal vez evitaría que siguiera llenando su cabeza con pensamientos inútiles.


-¡No estaba preparado!- Suigetsu le gritó a Jūgo desde el otro lado de la mesa, aún habían restos del bocado que se había llevado a la boca. -No esperaba que fuese a encontrarme tan rápido, era su primer intento. Si no hubiera sido lo suficientemente veloz el kunai me habría dado en el pecho, así que lo tomo como una victoria.-

Jūgo no le respondió hasta después de haber ingerido la suya. -Esas no eran las reglas. Te alcanzó en el brazo, perdiste.-

-¡La primera ronda!- Aclaró, apuntándolo con los palillos.

-Y algunas otras más.- Apuntó Sakura. Frente a él, la vio escudar su sonrisa detrás del tazón que se llevaba a la boca. -Probablemente no estabas preparado para esas tampoco.-

Para cuando había llegado ya estaban reunidos en torno a la mesa, enfrascados en la conversación de lo que parecía un recuento de lo que sea que habían hecho mientras él se ocupaba de sus asuntos, aunque era evidente que esperaban su llegada para empezar la comida. Había captado ciertos fragmentos que lo habían hecho recrear el porqué se encontraban tan particularmente ruidosos: habían tenido una especie de sesión de entrenamiento que podía confundirse o no con un juego, que involucraba la habilidad genética de Suigetsu para cambiar el estado de su materia, Sakura como su contrincante y Jūgo como su juez.

-Que puedo decir,- Suigetsu esbozó una sonrisa hacia ella, Sakura rodó los ojos. -Es rápida, pero no tanto como su cerebro.-

-¿Estás admitiendo que eres más lento?- Preguntó Jūgo, sentado junto a ella.

-Maldición Jūgo, ¿De qué lado estás?- Lo escuchó protestar.

Sakura parecía estar visiblemente más relajada de lo que quizás la había visto desde hacía muchos años. Había pasado dos semanas conociendo a la mujer en la que había madurado; cautelosa, mesurada. Sentada frente a él y riendo de la cháchara de Suigetsu casi podía ver a la niña que había sido. El hecho de que realmente hubiera sido capaz de desarrollar cierto sentido de la seguridad alrededor de todos ellos era bastante contradictorio considerando que durante las primeras noches apenas y se permitía cerrar los ojos durante demasiado tiempo mientras permanecía en la misma habitación que ellos.

La había visto batallar con el miedo que le tenía-y vencerlo- la primera noche en la cual se habían quedado juntos, pero había logrado aquello precisamente con la intención de resguardarse de todos los demás. Habían pasado días hasta que le pareció que deliberadamente aflojaba sus defensas. Ese era el primer día en el que la observaba lo suficientemente despreocupada como para que al ojo ajeno incluso pudiese parecer que eran amigos de toda la vida.

-Probablemente la comida influya, ¿No lo crees, Sasuke-kun?- Ella se dirigió hacia él, mirándolo por encima del trozo de pollo rebosado que sostenía en sus palillos. La contempló en respuesta, totalmente ajeno al rumbo que había tomado la conversación.

-Por lo que me han contado, Karin parece estar genéticamente predispuesta a contraer enfermedades en este lugar. Debe haber algo deficiente en su inmunidad, y sabiendo que adquieren toda la comida en los lugares en los que se hospedan eso puede no ser el mejor aporte para reforzarlo.- Le explicó Sakura, la atención de vuelta en la comida. -Si hacemos algunos cambios, podríamos evitarle mucho.-

-Oh, vamos, esa es la parte divertida,- protestó Suigetsu. -Es como tradición. Llegamos, la pasamos genial, Karin enferma, la diversión se extiende. Además, no hay nada de malo con la comida.-

Sakura estaba a punto de objetar cuando Jūgo se dirigió a ella. -¿Puede hacerse?- Ella se suavizó.

-Seguro. Me encargaré de ello.-

Para cuando se retiró después de la comida ellos aún estaban conversando. La charla le pareció bastante superflua y no sintió deseos relevantes de integrarse en ella, al salir encontró frío y silente el ambiente en comparación a la cálida y habitada cabaña que había dejado atrás. El cambio fue agradable desde que él también tenía cierta predilección por lo ventajoso de la fauna del lugar. Los bosques que circundaban el complejo se extendían por amplios terrenos que había utilizado anteriormente como campos de entrenamiento.

Aún seguía encontrando capa tras capa como sus nuevas habilidades se distribuían de una forma que sugería que aún había mucho más que descubrir. Al menos las dimensiones del poder del Rinnegan específicamente parecía tomarle mucho más tiempo-y concentración.- No era mucho lo que había sido registrado acerca de los alcances del dojutsu, permaneció como una leyenda durante muchos años y las personas que perfeccionaron su arte se llevaron los secretos a la tumba. Muchas de las habilidades que había adquirido habían sido dictadas por la razón, en su defecto indagadas de los mitos que circundaban alrededor del Rinnegan y sus usuarios.

Además, entrenar mantenía su mente enfocada. Nunca se sentía tan en paz como cuando lo hacía, sus pensamientos lejos de todas las cosas que pesaban en él, enfocados en alcanzar la perfección de su desempeño. Últimamente sus cavilaciones corrían mucho más allá de lo que le parecía oportuno, la presencia de Sakura frecuentemente lo transportaba al pasado, a veces se desviaba de ella y terminaba en recuerdos que alimentaban a la oscuridad que habitaba en su interior. A pesar de ello, Sakura parecía actuar como un amortiguador; evocaba sombras peligrosas que luego disipaba con esa luz particular que emitía.

Se perdió en ello durante horas. El terreno a su alrededor se modificó considerablemente, pero sólo se detuvo cuando su cuerpo le envió las señales pertinentes de que se estaba sobreesforzando. A pesar del dolor de cabeza pudo sentir como su soledad fue interrumpida, al voltear la encontró a algunos metros, menuda y cubierta por el frío hacía bastante contraste con el suelo deformado. Fue a su encuentro antes de que se aventurara a traspasar mucho más allá. Cuando estuvo a su lado la observó estudiar el terreno, absorta.

-¿Sucede algo?- Le preguntó.

Ella negó con la cabeza. -Estás dominándolo.- Supo que se refería al elemento en cuestión cuando pasó los dedos por uno de los montículos que sobresalían de la tierra en forma de arco. Ella volvió la mirada hacia él y la forma en la que sus ojos se entrecerraban casi imperceptiblemente le hizo preguntarse qué era lo que realmente pasaba por su mente.

Sakura le había transmitido un inequívoco recelo en ese gesto, y como si se hubiese dado cuenta de ello y quisiera disiparlo, añadió en un tono conocedor -¿Esto te fatiga o duele?-

Ella lo sabía. El dolor era agudo, se instalaba justo detrás de sus ojos y podía esparcirse más allá. -Al principio.- Desestimó. Lo hacía siempre que intentaba hacer algo nuevo, una vez que era dominado no existía tal cosa. Sakura no le dio tiempo de creer ni por un momento que su respuesta la había convencido de que estaba bien, y de alguna forma supo que parte de él lo había estado esperando cuando le colocó los dedos sobre la frente y no se encogió al contacto.

Nunca había sido aficionado a las técnicas de curación. Sólo se sometía a ellas cuando era estrictamente necesario, y desde que había adquirido su nuevo poder y los conflictos habían mermado le agradaba no necesitarlo. El Ninjutsu médico era bastante invasivo y le otorgaba una ventaja al ejecutor sobre el receptor, colocando a este en una posición ya de por si vulnerable. El chakra de todo individuo difería en ciertos aspectos pero nunca se tenía oportunidad de sentir tal diferencia excepto cuando se era sometido a técnicas curativas de distintos usuarios, el flujo vital asemejando de cierta forma a sus dueños. Había soportado sensaciones bastante desagradables y otras un poco más llevaderas pero apenas tolerables debido a la tensión que le generaba ser objeto del ninjutsu. Sakura lo había ejecutado en él muy pocas veces, pero fue necesario para darse cuenta de que había una gran diferencia entre su chakra y la técnica que utilizaba para curar.

La calidez lo invadió de inmediato y el alivio fue esparciéndose con esta. El chakra de Sakura era tan invasivo como los demás, pero la sensación no era desagradable. Podía sentirla aliviando lo que necesitaba ser aliviado y al mismo tiempo como empleaba parte de su trabajo en ayudarlo a adaptarse a la intrusión. Había descubierto anteriormente que la sanación de Sakura tenía un efecto opiáceo que desaparecía apenas ella finalizaba el tratamiento.

Sabía que el chakra de Sakura era cálido en si y que sus destrezas eran superiores a las de cualquier médico que lo hubiera tratado antes, pero aún era difícil de comprender como la vulnerabilidad que implicaba ser tratado con ninjutsu médico desaparecía cuando ella era quien lo ejecutaba. Pensó en el vínculo que existía entre ellos y en todos los años que permanecieron lejos el uno del otro mientras ella trabajaba en su cabeza, y en como a pesar de que no había admirado su progreso confiaba lo suficientemente en ella como para deliberadamente evitar reforzar esa grieta que ella había mellado en su defensa y por la cual un poco de su luz se colaba.

El hechizo se rompió cuando la mano de Sakura hizo un sutil movimiento y rozó sus párpados cerrados. Se estremeció ante la combinación de sus reflejos, el frescor que se extendió más allá en las cavidades oculares y el resplandor verde, el cual a pesar de la corta distancia no resultaba molesto. Ella vaciló apenas un momento, -está bien, te sentirás mejor.-

La tensión en sus hombros no desapareció hasta que fue percibiendo como el alivio se iba volviendo absoluto. Sus ojos eran su punto débil al igual que su mayor fortaleza, nunca permitía a nadie acercarse tanto y sólo había concedido que alguien los manipulara para ser capaz de adquirir la curación de los ojos de su hermano. La cautela había sido un reflejo natural, pero esta también fue omitida con el dolor y la visión del rostro de Sakura, enmarcada por el fulgor sobrenatural. El color verde suave hacía que los ojos esmeraldas de la mujer se destacaran y en ellos relucía cierta circunspección.

Ella estaba mirándolo a ambos ojos y se esforzó en reunir su voluntad para evitar cerrarlos ante la sensación agradable y la luz demasiado cercana. Sus pensamientos eran algo que últimamente le causaba mucha curiosidad, sobre todo cuando siempre le dirigía miradas que parecían tener significados diferentes. Distinto a como le había parecido en un principio, leer a Sakura se volvía cada vez más complejo desde que descubría en ella facetas diferentes cada día.

-¿Le temes?- Resolvió por preguntar. Había estado a punto de preguntarle si aún le temía a él, la idea perdiéndose fugaz antes de encontrar algo más sensato para decir.

La sorpresa y luego cierto deje de incomodidad se instalaron en su rostro. -A veces,- confesó. Aún le extrañaba un poco como a pesar de mantener sus reservas era bastante honesta cuando respondía sus preguntas. Sacudió la cabeza ligeramente, como si se reprendiera. -Puede hacer cosas horrendas, pero también maravillosas. Lo respeto. Es sólo que... Es bastante diferente.-

Comprendió que se refería a él. Aún no se acostumbraba a su ojo izquierdo mucho más de lo que él lo hacía. Su mirada se dirigió al rombo violeta justo en el medio de su frente. Algunos años atrás hubiese esperado que Sakura fuese descuidada al respecto, pero le complació ver que sus experiencias pasadas la volvieron cautelosa. -Todos cambiamos.- Le dijo, concediéndole lo que ella le había dicho justo antes de que él le pidiera que lo acompañara en ese viaje.

-Todos lo hicimos,- respondió Sakura. El resplandor se desvaneció antes de que ella retirara su mano, llevándose toda la calidez consigo. Comprobó que experimentaba esa sensación de vacío restante después de ser aliviado por ella.

Todos habían cambiado, pero aún había cosas que permanecían. Él aún podía verla detrás del sello en su frente, lo que había sido antes de que él eligiera partir. Sobre todo en aquellos días en los que parecía llevarse bien con Jūgo y Suigetsu.

Caminaron en silencio hasta que llegaron a sólo unos pocos metros lejos de la entrada de la cabaña, en donde ambos se detuvieron a escuchar los sonidos apagados que se colaban fuera y seguramente causaban los alaridos de Suigetsu. Prefería por mucho permanecer fuera durante todo el tiempo que sus piernas pudiesen mantenerlo allí en lugar de entrar y permitir que Suigetsu le causara otro dolor de cabeza.

-Te llevas mejor con ellos de lo que creía.-

-Es divertido, supongo.- Le dijo, una sonrisita se le escapó de los labios. -Había olvidado cómo se sentía ser parte de un equipo.-

Él alzó una ceja. -Has pasado toda tu vida siendo parte de un equipo.-

Sakura lo miró con confusión, luego su cabeza se inclinó hacia un lado en algo parecido al entendimiento. Su voz sonó distante. -Sólo he pasado un par de años de mi vida siendo parte real de un equipo. En uno de ellos estuviste con nosotros,- hizo una pequeña pausa, -en el otro Sai y Yamato-taichō, antes de la guerra. Durante siete años he sido una kunoichi, así que yo diría que es bastante más el tiempo en el que he trabajado sola en comparación.-

Nunca pensó como una posibilidad el que el Equipo Siete se desmantelara con su huída. Era un escuadrón suficiente y tres miembros era una cantidad aceptable para operar en diversas misiones.

-No hicimos muchas misiones después de que te fueras, la mayoría relacionadas con tu búsqueda.- Él mismo debió parecer lo suficientemente contrariado como para que ella se atreviera a adentrarse en aquel tema. -Naruto se fue de la aldea con Jiraiya poco después de que tú lo hicieras, Tsunade-shishō me tomó como aprendiz alrededor de ese tiempo, el equipo dejó de existir.

»Volví a ver a Naruto dos años después, cuando regresó a la aldea. Apenas lo hizo Sai fue asignado a unírsenos para suplirte y el Equipo Siete volvió sólo para cumplir su misión original, devolverte a Konoha. Cuando te encontramos aquella vez en el escondite de Orochimaru apenas y me había enterado de que Naruto era el Jinchūriki del nueve colas.- Mientras hablaba no lo miró ni una sola vez, sus ojos enfocados en la entrada iluminada de la cabaña.

»En aquel tiempo verlos a ambos se sentía de la misma manera. Ignoraba demasiadas cosas y no había sabido nada de ustedes casi durante la misma cantidad de tiempo.- Le confesó, y esta vez volvió a sacudir la cabeza ligeramente, alejando sus pensamientos. -Después de la guerra no hubieron demasiadas misiones que pudiéramos hacer y ya era tiempo para que existiera otro Equipo Siete de la nueva generación. Me enfoqué en mi entrenamiento médico y en el trabajo en el hospital y estuve ocupada con el hasta que decidí irme.-

La desintegración del Equipo Siete había sido una sorpresa, pero no tanto como descubrir que de hecho Naruto había abandonado la aldea por su cuenta con el fin de entrenarse sabiendo que lo hizo para poder ser capaz de enfrentarlo. Nunca pensó que ellos fueran capaces de hacer tal cosa, pero de alguna forma Naruto lo había hecho y ahora Sakura estaba junto a él, muy lejos de allí. Naruto había llegado a los extremos de incluso dejar a Sakura atrás, y la idea era difícil de digerir. Una nueva punzada de culpabilidad lo atravesó, no sólo se había ido a pesar de que ella le había rogado que no lo hiciera, su huída había causado que Naruto siguiera sus pasos y en consecuencia se había quedado sola. Sakura definitivamente era del tipo de persona que se sentiría lastimada al ser dejada de lado por las personas que le importaban. Siguió su mirada perdida y sólo encontró confirmadas sus resoluciones.

-Fue lo mejor,- comentó, repentinamente consciente de cuanto estaba dejando escapar. -El entrenamiento de Tsunade-shishō fue bastante severo, y Naruto empezaba a comportarse como Jiraiya-sama, hubiera sido realmente insoportable en esa época, ¿Puedes imaginártelo? Habría sido un verdadero suplicio.- Sakura parecía estar regañándolo a la distancia, pero la sonrisa nostálgica la hacía parecer estar convenciéndose a si misma.

La había herido, mucho antes y en mayor proporción de lo que alguna vez había calculado e intentado. Sakura necesitó a Naruto en esos momentos y también la había privado de él.

-Lo siento.- Fue sincero y lo suficientemente inesperado para que ella se volviera hacia él con ojos brillantes. Era la segunda vez que se lo decía, pero la última vez no había tenido en cuenta ese aspecto en específico. Miró el momento justo en la cual el entendimiento se reflejó en su mirada, estoy disculpándome por la soledad que te impuse alguna vez, y en ese instante pareció capaz de leer sus pensamientos.

Le ofreció una pequeña sonrisa que viajó hasta reflejarse en sus ojos. -Está bien. Lo estás enmendando.-

Comenzó a caminar hacia la puerta de la cabaña y a mitad de camino se detuvo a mirarlo sobre su hombro. Lo instó a seguirla con la mirada y antes de que pudiera pensarlo demasiado ya había comenzado a caminar. Al principio se cuestionaba seguido si era oportuna para él la presencia de Sakura en su vida y la respuesta fue negativa la mayoría de las veces, pero estar allí junto a ella finalmente parecía ser lo correcto. Más allá de sus deseos de regresarla a Konoha y el deber que sentía necesitaba cumplir con ella se había sumado la certeza de que había mucho más que le debía.


Se habían escabullido juntos poco antes de que Suigetsu despertara. La ayuda de Jūgo había parecido la más apropiada desde que él parecía ser el único al que realmente le importaba la salud de Karin. Además, su compañía resultaba tranquilizadora en comparación de cualquiera de los otros, incluso que la de Sasuke, con quién solía encontrarse a gusto mientras sus propios sentimientos no se volcaran en su contra.

-Tomará algunos días ayudar a incrementar sus defensas con este método, pero es necesario,- le explicaba a Jūgo conforme se abrían paso en el mercado local. Él se había tomado la cortesía de sostener la cesta de víveres a pesar de sus protestas. -Aún así, podemos acelerar un poco el proceso si conseguimos algunos suplementos.-

Él asentía diligentemente a sus explicaciones e indicaciones mientras se dejaba guiar por ella en las calles del mercado. Jūgo atraía bastantes miradas, su tamaño siendo proporcionalmente mucho más grande que cualquiera allí presente. Los niños en especial parecían bastante fascinados y no los culpaba desde que ella también se sentía diminuta junto a él para tener poco más de un metro sesenta de estatura, ellos apenas alcanzaban a rozar su cadera y la diferencia era asaz en comparación. Según sus cálculos, Jūgo tenía unos sólidos dos metros, y toda su masa muscular añadía al espectro.

Uno de ellos se había acercado un poco más que el resto, lucía cohibido por la visión y se dio cuenta de su presencia cuando sintió los pequeños jalones en su falda. -Disculpe, ¿Él es un gigante de verdad?- Sonrió ante la inocencia del infante, intercambió una mirada con Jūgo en donde la sonrisa no desapareció. Se inclinó colocando ambas manos sobre las rodillas para acceder mejor a él.

-¿Por qué no le preguntas a él?- Inquirió, y el niño pareció mortificado. Jūgo podía ser intimidante, así que se acercó a él, y como si estuviese contándole un secreto, le dijo: -Él es el más bueno de todos,- le aseguró.

Con timidez, el niño se volvió hacia Jūgo. Se mordió los labios para frenar la risilla que iba a escapar al ver el esfuerzo que el cuello del niño tenía que hacer para poder mirar al rostro del hombre. -¿Es usted un gigante de verdad?-

El rostro de Jūgo permaneció impasible durante unos segundos y justo después de asentir sus ojos se suavizaron y una sonrisa amable nació de sus labios. El chico no cabía en si del asombro y evidentemente había perdido todo el temor.

-¿Así que puede crear terremotos con sus pies?- Le preguntó, asombrado.

Jūgo asintió con seriedad. -Pero no lo haré.- El chico sonrió en respuesta.

-¡Aki, ven aquí!- Una voz femenina gritó a algunos metros de ellos y el chico atendió al llamado. Aki parecía decepcionado.

-No te preocupes,- le dijo ella, -puedes ir a contarle, ¡Pero sólo a ella! Nadie más puede saber quien es y tampoco que puede crear terremotos con sus pies, porque se metería en problemas.- Aki estuvo atento a cada palabra que salió de su boca casi con solemnidad. -Es un secreto sólo para nosotros. Ahora ve.- El niño asintió varias veces antes de despedirse de ambos y echar a correr hasta los brazos de su madre.

Se imaginó claramente la conversación durante algunos segundos y una sonrisa se pintó en sus labios. Cuando volvió a la tarea, Jūgo la observaba significativamente desde casi medio metro más arriba.

-¿Siempre has trabajado con niños?- Preguntó él.

-¿Cómo sabes que lo hago?-

-En Sunagakure,- explicó él, -nos quedábamos en el edificio que estaba al lado de una clínica para niños. Llegué a verte allí.-

Sakura titubeó por la ligera sorpresa antes de reanudar la marcha junto a él. No tenía idea de que habían estado tan cerca de ella en aquella ocasión. -Durante un par de años solamente.- Eligió por responder.

-Eres buena en ello.- Le concedió, y ella le sonrió en respuesta. -¿Qué clase de trabajo haces con ellos?-

Era curioso que tampoco hubiera dado por sentado sabiendo que era médico que sólo hacía trabajo rutinario. -Un proyecto,- respondió, cómoda en el tema de conversación mientras elegía algunos básicos entre las frutas. -Enfocado más en la ayuda psicológica y la salud mental de los pacientes, sobre todo después de la guerra. Reparé muchísimos huesos en niños que incluso después permanecían rotos, así me di cuenta de que no estaba haciendo lo suficiente y que de hecho nadie lo estaba haciendo, sólo puse manos a la obra.-

Su respuesta fue un asentimiento mientras ella rebuscaba entre los puestos por las mejores fuentes vitamínicas.

-Ahora que tenemos lo esencial, ¿Qué crees que debamos preparar? Me gustaría hacer algo que fuera del agrado de todos.- Le preguntó, ambas manos en las caderas.

-A Karin no le gustan las comidas rebosadas. Prefiere los vegetales a la carne roja y su plato favorito es el Okonomiyaki,- dijo caminando más allá entre los puestos, -este tipo de verduras irán bien.-

Sakura asintió antes de empezar a añadir huevos a la cesta y dejarle hacer lo propio a Jūgo. Le parecía bastante tierno el detalle que tenía para estas cosas y se alegró de haber traído al compañero correcto. Intuía que Suigetsu hubiese estado más preocupado por lo que él querría que por lo que sus compañeros desearían y dudaba que Sasuke hubiese sido tan específico como lo estaba siendo él.

-¿Qué hay de Suigetsu?- Preguntó curiosa. Todo de él era tan acuático que casi le parecía canibalismo imaginarlo inquiriendo pescado.

-A él le gustara lo que sea que prepares,- respondió él, -siempre y cuando la comida no esté seca.-

Sakura rodó los ojos, pero se le escapó una sonrisa. Predecible. -Creo que tengo una idea de qué podría ser...- Pensó en voz alta, mientras se movía para añadir otros ingredientes a la cesta. Al finalizar, se dirigieron en silencio hasta el puesto donde reposaban los tomates. Sakura escogió un puñado de los mejores.

-A él le gustan los tomates,- habló para si, aquello resaltaba en sus recuerdos de la niñez. -Habrá algo que pueda hacer con esto...-

-Sus favoritas son las bolas de arroz.- Escuchó decir a Jūgo, y se volvió hacia él, algo confundida.

-¿De verdad?- Preguntó, casi mortificada. Su mente no podía evocar nada relacionado con una preferencia específica de Sasuke a dicho alimento. Apenas podía recordarlo en sus memorias más lejanas consumiendo bolas de arroz.

Jūgo asintió, y señaló con el dedo otras clases de alimentos que Sasuke disfrutaba y ella no tenía ni idea. Un peso se instaló en su estómago conforme acataba sus indicaciones. Se suponía que ella tenía que saber esas cosas, ¿No era así? Había pasado gran parte de su niñez y toda su adolescencia proclamando su amor por Sasuke, e incluso si estaba consciente de que habían muchas cosas que se habían perdido con la distancia y los años, sus gustos no podían distar demasiado a lo que habían sido cuando aún compartía tiempo con él. Se sintió bastante culpable al darse cuenta de que realmente nunca le había prestado demasiada atención a esos detalles, de hecho, había tenido suerte en recordar a los tomates. Su mente no esclarecía ningún recuerdo de Sasuke admitiendo su gusto sobre cualquier cosa, en su lugar, habían más recuerdos de él esclareciendo lo que le disgustaba.

Ella incluida.

-¿Sucede algo?- Preguntó él. Su semblante debía ser lo suficientemente sombrío.

De pronto se sintió al menos cinco años menor. -No es nada,- desestimó con una pequeña sacudida de cabeza. Él continuó mirándola interrogante hasta que cedió. -Es sólo que no recordaba nada de estas cosas y pasé casi tanto tiempo junto a Sasuke como ustedes con él.-

-Entiendo que han pasado muchos años desde que estuvieron juntos en el mismo equipo.- Le dijo él, y la hizo sentir peor que sonara comprensivo.

-Si, pero si hubiera sido algo que hubiera sabido en su momento lo recordaría hasta el día de hoy,- señaló. Recordaba todo lo demás, todo lo doloroso. Su sentimiento provenía principalmente de que justo había recordado una vez más cuan superficial había sido en aquella época. Había pasado demasiado tiempo intentando agradarle a Sasuke, nunca se preocupó demasiado por las cosas que le gustaban y a pesar de que sí se había preocupado por las cosas que lo habían hecho sufrir, ni siquiera de esa forma había logrado ayudarlo.

Jūgo la analizó por unos momentos hasta que encontró algo apropiado que decir. -Estás aprendiéndolo ahora.-

Ella asintió pesadamente. -Supongo. Podría hacer algún postre para compensar.-

Él la miró estoico. -Tal vez sólo para nosotros, a Sasuke no le gustan los dulces.-

Tienes que estar bromeando, pensó, y su cabeza cayó dramáticamente, el aura sombría acrecentándose.

-Está bien,- le aseguró él, colocando una mano en su hombro. El toque le devolvió la compostura.

-No lo está,- le dijo, mirándolo a los ojos. -No puedo recordar estas cosas y me he perdido de mucho todos estos años. Apenas puedo unir piezas de todo lo que le ocurrió a Sasuke desde que se fue de la aldea, pero se suponía que lo conocía con el corazón desde que fuimos un equipo, y la verdad es que ni siquiera puedo decir que lo conocía bien en esa época, mucho menos lo hago ahora.

»No lo conozco en lo absoluto.- Susurró, y sólo sopesó el peso de las palabras cuando salieron de su boca. Había pasado toda la vida enamorada innegablemente de alguien que realmente no conocía. No había habido forma humana en la que ella hubiera podido ayudarlo incluso si se hubiese quedado en la aldea, simplemente porque no contaba con lo primordial.

-Para no conocerse en lo absoluto,- dijo Jūgo pasado algunos momentos, -parecen entenderse bastante bien.-

-No creo que ese sea...- el caso, había querido decir. Se desdoblaba casi demoníacamente todos los días intentando entender que ocultaban los ojos infinitos de Sasuke, jamás obteniendo una respuesta concisa. Con Sasuke debía actuar por instinto, ensayo y error, para poder comprender que esperaba de ella y cuánto le permitiría proceder.

-Los he observado cuando están juntos.- La interrumpió. -Sasuke siempre ha sido bastante tolerante con respecto a nosotros,- él dijo 'nosotros' pero por alguna razón Sakura sintió que se inclinaba más hacia Suigetsu y Karin, -pero disfruta su soledad y en general mantiene una distancia prudente de nosotros y sus asuntos.- Ante su mirada interrogante, él respondió. -Konoha.-

»Cuando elegí seguirlo lo hice sin saber de dónde provenía y no me importaba demasiado para qué requería mis servicios. Sólo deseaba seguirlo porque era lo más cerca que podía estar de mi hermano, Kimimaro.- Ese nombre hizo que sonaran campanas en el fondo de su memoria, recuerdos que efectivamente estaban ligados a Sasuke. -Tampoco me dio demasiadas explicaciones, y por lo que tengo entendido tampoco se las dio a los demás. Él nos juntó, nos dio un nombre y un objetivo, no hubieron promesas.

»Alternativamente a eso, estábamos ayudándolo a huir de ustedes. Nunca nos dio una explicación real, Sasuke nunca nos habló de las cosas que eran importantes para él, nunca habló de Itachi y nunca habló de ustedes. Todo lo que sabemos logramos reunirlo de la misma forma en la cual tú reunes los hechos que ocurrieron después de que abandonara Konoha, por piezas.

»Nunca entendimos realmente cuán importante era Itachi para Sasuke hasta que lo asesinó,- hizo una pequeña pausa, -y tampoco cuán importante eran Naruto y tú para él hasta que intentó hacer lo mismo con ustedes. Dispuso de nosotros cuando le fue conveniente, con ustedes nunca fue tan fácil. Los respeté desde aquella época, ustedes no reflejaban en él a alguien como yo lo hacía, deseaban salvarlo a pesar de todo, eso decía bastante de sus sentimientos hacia él.

»Volvimos a él porque era el único lugar al que podíamos volver. No creo que él lo haya pretendido o querido, pero al reunirnos nos dio algo que no habíamos tenido antes o al menos en mucho tiempo, familia. Él no podía hacer lo mismo, porque ya tenía una familia a la cual volver. Ustedes.- Dijo, y ella sintió como sus ojos se llenaron involuntariamente de lágrimas.

»A ustedes eligió dejarlos, y si lo había hecho era cuestión de tiempo hasta que hiciera lo propio con nosotros. Cuando lo hizo, permanecimos juntos. Volvimos a viajar juntos hasta hace pocos meses, cuando necesitó un equipo para la misión de Orochimaru. Él había mejorado, pero no mucho había cambiado desde la época en la que viajamos antes de la guerra, es lo que conocemos.

»Fue una gran sorpresa el que Sasuke te haya traído consigo, bastante improbable viniendo de él. Sobre todo considerando la historia que tiene Konoha con Orochimaru y la distancia que él coloca entre ustedes y nosotros. Así que, me he tomado mi tiempo para intentar comprender. Sasuke me dice mucho más que a los demás pero estoy seguro de que no es mucho más de lo que te dice a ti.

»Te recibió entre nosotros,- continuó, -pero cuando están juntos se desenvuelven de forma diferente. No hay demasiada distancia entre él y tú, y Sasuke pone distancia entre él y todo lo que lo rodea.-

Sakura se sonrojó, pero añadió con sinceridad. -La distancia que hay entre nosotros a veces es infinita.-

Jūgo negó levemente con la cabeza. -Sasuke disfruta bastante la soledad pero no parece molestarle que tú estés alrededor. Tú eres bastante cálida y extrovertida en comparación, y a pesar de eso pareces disfrutar estar cerca de él aún si eso implica el silencio. Puede que aún tengas que luchar para encontrar en él lo que deseas, pero la forma en la que se adaptan el uno al otro debería decirte lo suficiente,

»realmente no importa si no conoces ciertas cosas aún, tienes tiempo, y es él quien te lo está ofreciendo.- Fue sorprendente la gentileza que pudo leer en sus ojos naranjas. -Realmente no importa si no se conocen, después de perseguirlo por años y ayudar a salvarlo, ambos se reconocen desde la época en la cual formaban parte de un equipo, y a pesar de que han pasado muchas cosas, aún encuentran la confianza que estaba allí años atrás.

»Los sentimientos que unen su vínculo no los descubro ni puedo entenderlos del todo, pero sé que tú menos que nadie debería sentirse así con respecto a él. Lo conoces en tu corazón,- añadió finalmente, -creo que él te conoce de esa forma también.-

El fantasma de la lágrima que su ojo había derramado quedó impresa su mejilla, los ojos esmeraldas brillando más en consecuencia. Fue bastante impresionante escuchar opiniones tan concisas proviniendo de la persona la cual creyó desde un principio más cercana a Sasuke, pero el gozo de su corazón era difícil de controlar. De alguna forma las palabras de Jūgo no sonaban como si estuviese tratando de consolarla, pareció estar inmerso en probar su punto; se alegró de creerlo. Se regocijó en haber elegido seguirlo y haber acortado el espacio que los separaba. No estaba satisfecha, aún así. Debía lograr que Sasuke fuera capaz de mostrarle mucho más para poder ser capaz de hacer su parte en el proceso que debía sanar.

-Gracias,- le dijo sinceramente a pesar del aire ausente. -A veces es difícil ordenar ciertas cosas cuando eres un caos en el interior.-

Él le dio una sonrisa en la cual transmitió que sabía exactamente a lo que se refería. Su mirada divergió de ella hacia el cielo celeste que se entrevía por los toldos de algunos de los puestos. -Eres capaz, estás preparada.- Le dijo. -Incluso si tienes que luchar, si lo que realmente quieres es estar cerca de él no creo que pueda hacer demasiado para impedírtelo en adelante. Él ya ha perdido esa batalla.-

No estaba muy segura de si ella había sido fácil de leer en aquellos momentos o de si Jūgo sólo había sido capaz de interpretar la fragilidad del momento. Él le recordó mucho a Shikamaru e incluso un poco a Sai en ese instante, y la familiaridad le llenó de calidez el corazón. El camino que había dibujado el paso de la lágrima por su mejilla desapareció en el dorso de su mano, y la sonrisa que le dirigió a continuación fue tan radiante como él le parecía.

-¿Que hay acerca de ti?- Le preguntó ella esta vez. -¿Qué es lo que tú más disfrutas?-

Él se encogió de hombros. -La compañía,- dijo, contemplando su sonrisa. -También me gusta el pescado.-


Se sintió diferente apenas ingresó a la cabaña. El entrenamiento físico estaba de primero en el orden de sus actividades del día, el del Rinnegan reservado para el atardecer. El sol del mediodía no había logrado que su cabello dejase de gotear después del baño, pero la calidez y el olor lo golpearon con una fuerza con la cual fácilmente pudieron enviarlo al pasado. Reconoció las voces de Sakura, Jūgo y Suigetsu en un lugar en el cual no acostumbraba escuchar actividad, a la par con el rumor de sonidos que a menudo captaba en los lugares en los que solían abastecerse, sólo que aquella vez provenían de su cocina.

-No creo haber esperado tanto en la vida por algo,- se quejó Suigetsu, aunque la diversión estaba impresa en su tono. Él estaba junto a Jūgo en la mesa, su atención se fijó en ellos al ingresar a la habitación.

-Si sigues abriendo la boca me aseguraré de que sigas esperando para cuando los demás ya hayan terminado de comer,- la escuchó reñir antes de voltear a verla. Efectivamente, de pie en la cocina y entre lo que parecía bastante que hacer, se repartía Sakura. Su atención estaba en lo que aún estaba en el fuego de su sartén, pero una variedad de platillos de estilo japonés clásico se encontraban en el mesón de la cocina esperando a ser servidos. La visión le resultó de alguna forma disparatada.

Se quedó adaptándose en silencio al nuevo escenario hasta que ella reparó en su presencia. -Sasuke-kun,- le llamó, y él notó que al voltear limpió sus manos en el delantal el cual acababa de darse cuenta que vestía, y eso ayudó a añadirle singularidad. Era cierto que no había visto a Sakura utilizando el hitai-ate de Konoha desde que había partido de la aldea, pero estaba acostumbrado a verla como una kunoichi incluso cuando usaba prendas de descanso. Sin embargo, el delantal le otorgaba un aspecto bastante civil en conjunto a todo lo demás y se sorprendió levemente al encontrárselo de lleno, probablemente porque ni siquiera se la había imaginado de tal forma.

-Puedes sentarte junto a los demás, todo estará listo en un momento,- dijo ella, sacándolo de su estupor momentáneo.

Obtuvo un recuerdo que parecía bastante vago de Sakura mencionando algo con respecto a la comida que consumían. No le había prestado la suficiente atención, probablemente se trataba acerca de una cuestión de gustos y supuso que ella sólo optaría por ordenar algo diferente. Ninguno de ellos se ocupaba de cocinar, era innecesario. Personalmente lo consideró siempre una pérdida de tiempo.

-Esto es un poco emocionante,- comentó Suigetsu cuando se les unió en la mesa. -La última vez que comí comida casera era probable que mi hermano estuviera tratando de asesinarme. No confío en las habilidades culinarias de nadie que sepa empuñar decentemente un arma, y sé que ella lo hace.-

-Huele bien.- Zanjó Jūgo, y él estuvo de acuerdo. Al verla moverse en la cocina parecía como si supiese lo que estaba haciendo. Pronto, Jūgo atendió a un llamado inexistente y los platos fueron apareciendo frente a él de a poco. Incluso lucían bien.

-¡Finalmente! Karin ya debe estar terminando el suyo y lo único que ha hecho para ganárselo es ser una quejica. Muero de hambre,- Suigetsu separó los palillos pero su mirada se desvió de la comida hacia Sakura, de pie aún en la cocina, expectante. Esperaba a que se les uniera, pero ella los instó a empezar mientras se ocupaba de limpiar el espacio.

-¡Itadakimasu!- Para cuando Suigetsu comenzó a comer, Jūgo apenas agradecía, él sólo asintió.

Sabía muy bien. Incluso si se sintió inclinado a mencionar algo, concordó por una vez con la línea del pensamiento de Suigetsu.

-Esto está buenísimo, ¿Cómo es que una kunoichi como tú tuvo tiempo de aprender algo así? Mi madre jamás ascendió de rango y apestaba en esto. No he conocido nunca a nadie que no apeste en esto y tenga sus mierdas en orden.-

Él si lo hacía. Su madre y las mujeres de su clan alcanzaban diversos niveles de instrucción ninja antes de casarse y volverse amas de casa. Aún así, Suigetsu tocó cierto punto. Las habilidades ninjas de las mujeres Uchiha no eran medianamente tan explotadas como las de sus contrapartes masculinas, y eventualmente el rol de madre influía de mejor manera en las formas del clan. Eran las madres, después de todo, las que edificaban parte fundamental de las aptitudes de las que serían las nuevas generaciones. Mikoto Uchiha había sido una muy buena cocinera y una ninja aventajada, pero Sakura excedía el nivel que su madre había alcanzado alguna vez como ninja y cocinaba bastante bien para ser algo en lo que la kunoichi promedio generalmente no tenía tiempo de aprender hasta haber constituido su propio hogar.

Ella no se explicó hasta habérseles unido a la mesa. -Puede que haya adoptado un poco a Naruto cuando éramos adolescentes. Cuando regresó a la aldea sus hábitos alimenticios eran terribles y él estaba en pleno crecimiento, así que decidí intervenir. Realmente era un desastre y la única forma en la que conseguí un cambio real fue cuando entendí que también era demasiado flojo.

»Empecé a cocinar para él, aunque si hablamos de flojos nuestro sensei tenía bastante que exhibir, así que pronto estuve también cocinando para Kakashi. Mi madre me enseñó todo lo que necesitaba saber, una vez cada tanto suelen haber reuniones entre las personas del clan y las mujeres suelen pasar días preparando todo para ello. Era cuestión de tiempo hasta que aprendiera a hacerlo, y afortunadamente lo hice mientras aún tuve tiempo.-

-No sabía que pertenecías a un clan.- Escuchó a Jūgo. -Pensé que los únicos clanes de Konoha eran los Uchiha y los Hyūga.-

-Son los únicos clanes de Konoha con dojutsu como línea sucesoria. Existen otros clanes con diversas técnicas heredadas, e incluso otros con poderío patriarcal o económico y no militar.- Explicó, a pesar de que él también ignoraba la existencia del clan Haruno. Este debía pertenecer a la última categoría.

Sakura asintió. -Está más relacionado con la cantidad de personas con el apellido y con la particularidad de algunos de nuestros rasgos.- Dijo, frotándose unas hebras de cabello. -El círculo de nuestro emblema está relacionado con el ciclo de la vida, pero sólo es decorativo. Aún así, no creo que existan ninjas de nuestro clan que hayan dejado una huella relevante en la historia de Konoha, somos bastante comunes comparados a otros clanes.-

-Bueno, ahora tienen a Sakura Haruno,- Suigetsu se acercó a ella con una sonrisa que devolvió, -que ha hecho un montón de cosas geniales y terroríficas además de haber hecho a este hombre muy feliz.- Gesticuló hacia su abdomen hinchado.

Siguió observando a Sakura discretamente mientras finalizaba su comida. Había mucho de ella que había cambiado con el tiempo, todo lo que había avanzado en diversos aspectos formando parte del cambio, pero se dio cuenta de que había mucho que desconocía. A pesar de ser la única del Equipo Siete la cual tenía familia, Sakura no había diferido en la tendencia del grupo a desconocer totalmente de donde partía el árbol familiar de cada uno de los otros miembros del equipo. Al crecer habían podido sacar extractos de algunos personajes destacables relacionados a uno u otro, pero los padres de Sakura, a pesar de no tener linaje relevante eran los únicos que seguían con vida. No pudo concretar en si Sakura alguna vez los había traído a colación o deliberadamente los había mantenido lejos de ellos por cuestiones de sensibilidad.

Le agradeció por la comida con un gesto silente al levantarse y antes de dirigirse fuera de la habitación. No había comido tanto en comparación con Jūgo y Suigetsu a pesar del buen sabor porque aún tenía en mente el entrenamiento que le restaba. Descubrió que era bastante el tiempo que podía perder tratando de descifrar a Sakura y lo que la rodeaba si se lo permitía lo suficiente, así que no lo hacía. Antes de que pudiera retirarse, escuchó sus pasos seguirlo. La miró por encima de su hombro para encontrarla tendiéndole un pequeño paquete.

-Tómalas apenas sientas molestias, Sasuke-kun. Son bastante efectivas.-

Las píldoras entrelucían en la transparencia de la bolsa; él le agradeció antes de retirarse. Sakura tenía una forma curiosa de adelantarse a lo esperado, se preguntó si esa también era la forma en la que ella había cuidado de Naruto cuando eran adolescentes y antes de volver a apartarla de su mente por horas la respuesta fue afirmativa.


En efecto, lo habían sido. Su control del elemento tierra le había dado la suficiente seguridad como para incursionar con el agua, y para cuando empezaba a sentirse fatigado recordó el paquete que Sakura le había entregado. De camino al hostal al menos media hora después de haberlo tomado el efecto del medicamento había sido casi tan positivo como el del ninjutsu médico.

Ingresar a la cabaña y bañarse en la calidez y el olor agradable esta vez fue un choque menos singular. Pudo imaginarla con el delantal y moviéndose en la cocina mientras preparaba un banquete bastante apreciable y la idea no fue tan extraña como había sido, esta versión de Sakura fundiéndose con las demás que conocía. A pesar de esto, no escuchó movimientos en la cocina a pesar de que el olor estaba bien instalado. En su lugar, pudo escucharlos hablar desde el comedor.

-¿Cómo era él cuando éramos niños?- Sakura preguntó a modo de respuesta. Apenas intuyó que él era el sujeto de la conversación se detuvo a escuchar justo antes de entrar. -Vaya. Es difícil de describir.-

»En aquella época era bastante más serio, a pesar de que era muy competitivo con Naruto. Era un prodigio en todo lo que hacía, aunque propenso a irritarse,- hizo una pausa, -pero siempre fue muy competente y jamás lo vi negarle ayuda de nadie que la necesitara. Yo diría que a su manera era bastante amable.- Concluyó ella, y él arrugó el entrecejo. Nunca hubiera pensado que la palabra 'amable' era una que podía utilizar para describírsele.

-Suena bastante estirado,- dijo Suigetsu, aunque fácilmente pudo haber sido Naruto en su lugar. -Apuesto a que llegó a hacer algo embarazoso que tú pudieras presenciar.-

El silencio duró algunos segundos antes de que ella lo interrumpiera. -Supongo.- Casi pudo verla alzar los hombros y sus ojos se entrecerraron con la afirmación. -Aún así, no es nada que les contaría, no creo que a Sasuke-kun le gustaría. ¿No es así?-

Abrió la puerta apenas realizó que ella había captado atisbos de su presencia. Miró a Suigetsu con apatía y los labios del albino se unieron en una tensa línea, inmediatamente apuntó a Jūgo con el dedo. -Él fue el que preguntó en un principio y yo sólo señalaba un punto.-

Los ignoró para unirse a la mesa que ya estaba preparada e intacta. Habían estado esperándolo nuevamente y una vez que hizo acto de presencia todos comenzaron a comer, a excepción de Sakura, cuya comida se detuvo a medio camino de su boca antes de que se levantara rápidamente y regresara a la cocina. Farfulló lo que creyó fue un «No puedo creer que lo haya olvidado» a lo lejos y segundos después regresó, una bandeja de lo que reconocía como bolas de arroz en sus manos. La depositó en medio de la mesa.

Alcanzó una conforme a los otros lo hacían, y cuando se llevó la primera a la boca se tomó unos momentos para disfrutar el sabor. Sakura no lo había decepcionado, era por mucho una de las mejores que había probado alguna vez.

-¿Te gustan, Sasuke-kun?- Le preguntó Sakura justo cuando estaba a punto de servirse la siguiente. En sus ojos relucía una expectativa que le hizo saber que ella sabía que eran sus favoritas. Sakura las había hecho para él, y por alguna razón se sintió bastante agradecido. Asintió dos veces levemente con la cabeza, y ella le regaló una sonrisa satisfecha.

Todo transcurrió en silencio después de eso. Ellos solían ser muy ruidosos a la hora de la comida, pero desde que Sakura había empezado a cocinar todos parecían estar más ocupados en disfrutar lo que consumían y a lo que antes no le habían prestado la más mínima atención. Ella había traído un cambio bastante radical con gestos relativamente comunes desde que se les había unido. Tal vez a excepción de Karin, todos pasaban mucho menos tiempo dispersos y en su lugar ella había logrado reunirlos por muchas más horas del día de lo que acostumbraban y el ambiente que antes habría sido tedioso en consecuencia resultaba de cierta forma confortable.

Mientras recogían la mesa y Suigetsu se deshacía en halagos para ella, Jūgo le agradecía y su sonrisa la hacía parecer tan genuinamente feliz de otorgarles cosas a las que no estaba obligada, pudo ver lo que Naruto había visto. Sakura era tan testaruda y molesta como la recordaba, pero también era cálida y solícita. Nunca pensaba en ello, pero eran cualidades que admiraba.

Naruto había descubierto estas cosas en ella antes de que él siquiera pudiera haber llegado a notarlas, y el rubio había llegado a vivirlas. Sakura seguramente alguna vez le había sonreído de esa forma e intuía que se había preocupado lo suficiente por él, era entonces cuando se preguntaba por qué las cosas se habían tornado como lo habían hecho. El tiempo no había tratado a ninguno de la forma en la que había creído al principio, de ser así, la visión frente a él se distorsionaba con facilidad hacia una imagen de ellos juntos; estando el uno al lado del otro la luz que emitían era demasiado fuerte. En sus proyecciones, era Sakura quien sostenía la criatura de ojos verdes y cabello rubio en brazos, y entonces el destello era tan cegador que era doloroso a la vista. El pensamiento fue de alguna forma medianamente perturbador.

Había comido mucho más de lo que lo había hecho en algún tiempo al igual que disfrutado de ello, y no había sido el único. Todos fueron cayendo en un sueño precoz a causa de la llenura, el cual él fue el último en vencer. Para cuando se recostó en el futon a su lado todos estaban sumidos en un sueño profundo. Observar la pasirmonia con la cual su pecho bajaba y subía al ritmo de sus inspiraciones lo hacía dormitar, pero permaneció mirándola dormir un poco más de tiempo.

No pudo recordar un tiempo en el que Sakura le pareciera más molesta que en ese, durmiendo plácidamente mientras sus desvaríos evitaban que él se sumiera en su propio sueño. Quizás había adquirido más brillo en aquellas semanas del que alguna vez creyó que tuvo, pero de alguna forma había logrado adaptar sus ojos a la incandescencia.

Antes de dormirse finalmente, el último pensamiento que pudo conjeturar fue que apartada de la imagen de Naruto, la claridad que Sakura emitía era tolerable.


-Tienes que estar jodiéndome, Suigetsu. ¡Es justamente lo que quería evitar que pasara!- Gritó Sakura, manos fulgurando chakra verde sobre el abdomen de una flácida Karin.

-Sólo le conseguí el desayuno porque no quería levantarte,- explicó él. -Lo menos que creí que podía causarle era un virus estomacal, ¡No una maldita intoxicación con mariscos!-


¡!

¡Me alegra mucho estar de vuelta! Les dejé una pequeña nota de reedición en el capítulo pasado, y siento cada palabra. Pero sobre todo, me alegra que me hayan dado vacaciones un poco antes, porque escribir este capítulo me costó mucho tiempo más de lo que había planeado. Comenté hace unos caps que tengo notas de los temas que debo tocar por c/u, pero este se me hizo particularmente difícil de armar, sobre todo por que es la primera parte de 'Kusagakure' (que consta de dos partes) y que básicamente gira entorno al acoplamiento del equipo y sus relaciones, y al conocimiento del desconocimiento. Aquí se empiezan a tocar teclas bastante importantes, se podría decir que Sakura empieza a luchar para que Sasuke la deje entrar, y Sasuke no se resiste tanto (como podría hacerlo, al menos). También, no menos importante, la familia (de ambas partes) y Naruto.

La segunda parte de Kusa (el capítulo siguiente) está planeado ser algo corto, y realmente espero no contradecirme. Él próximo es esencial para la relación Sakura/Karin y su posterior desarrollo y no tiene mucho más que tratar, porque el que le sigue a ese -llamémosle Takigakure, que es la última aldea que hay que cruzar antes de llegar al escondite de Orochimaru- es uno de los capítulos fundamentales sobre los cuales basé la idea de este fic en un principio... Así que podría decirse que en Kusa se acaba mi 'relleno', y como seguiremos en el plan de intentar actualizar semanal, finalizaremos con eso la próxima semana.

Nuevamente, muchísimas gracias por todos los comentarios que he recibido acerca de este fic. Acepto que es un poco diferente a lo que se suele ver en fanfiction e inicialmente lo escribí sólo para complacerme a mi, pero he recibido respuestas muy bonitas y todas y cada una me motivaron muchísimo a continuar escribiendo, y cuando estaba en la U y no podía siempre que recibía sus reviews hacía que me cosquillearan los dedos por empezar. Seguiré recibiendo y esperando todas y cada una con mucho amor.

Nahare~