Reconoció la complejidad de los largos pasillos retorcidos, las paredes de madera y papel a través de las cuales las luces tenues que provenían desde adentro de las numerosas habitaciones apenas iluminaban su camino. Eran parte de un recinto en una antigua y clásica gloria, en el cual la oscuridad prevalecía y donde los emblemas que aparecían ocasionalmente le decían que podría o no tratarse del mismo en el que él había crecido. Estaba usando una yukata oscura y sus pies estaban descalzos sobre el suelo, sólo lo notó porque la frialdad lo disgustaba.

El ambiente irradiaba demasiada tensión como para que se sintiera menos que demasiado consciente mientras continuaba su avance. Si hubiera tenido algún arma estaría levantándola, sosteniéndola al frente para abrirse camino con el. Se sentía como en esos momentos justo antes de que el enemigo perpetuara su ataque.

La luz débil que atravesaba las paredes empezó a reflejar siluetas desde dentro. Las sombras oscuras se contorneaban definidamente, proyectándose en el camino adelante; había una en cada habitación, ninguna hacía algún ruido y los reflejos del espectro se alineaban de forma que parecía que lo encaraban para observarlo avanzar. Su próximo paso fue calculado precisamente para evaluar cualquier movimiento de su parte, pero ninguna se movió cuando él lo hizo, las sombras en las paredes se mantuvieron congeladas en el sitio.

Notó que eran diferentes en cada habitación a los lados del pasillo. Algunas tenían el cabello largo, otras corto. Poseían composición más grande o esbelta, altos y bajos, hombres, una cantidad considerable de niños y algunas mujeres. Los atuendos parecían distintos y podía definir los bultos de algunas armaduras y armas envainadas, sobresaliendo detrás de algunas de sus espaldas y caderas. Sintió una preocupante desventaja, su vello corporal erizado. La posición rígida de las figuras hacía que incluso las más pequeñas parecieran listas para atacar. ¿Alguna de ellas iba a venir hacia él? Retuvo la duda en el fondo de su mente para ser capaz de mantenerse enfocado en la amenaza, incluso cuando el camino despejado era el cual sabía debía recorrer.

«La muerte está detrás de las paredes.» El pensamiento vino de las profundidades y no pudo decidir si era su propio sentido común o algo más. El aire era pesado y se aferró a su propio estado de alerta como la única arma que tenía para blandir.

El camino siguió reflejando las sombras, continuó virando, retorciéndose de forma laberíntica. El emblema nunca desapareció de su vista y él siguió caminando por lo que pareció una infinidad, los individuos dentro de las habitaciones igual de inacabables. Después de lo que parecieron horas de caminata llegó al límite de una construcción prístina. El pasillo se abrió y el techo creció por encima de él, las paredes se convirtieron en piedra y comenzaron a estar inscritas con escrituras que no podía leer y grabados de imágenes de batallas en las cuales los heridos y decapitados parecían sangrar sangre real desde las paredes, igual a la que algunos de los guerreros parecían llorar desde sus pupilas rojas. Por encima de ellos, más arriba, los tomoes se intercalaban con imágenes de lo que él conocía sobre la creación: la luna, la diosa, el árbol y el comienzo. Hagoromo estaba representado, rodeado por inmensas representaciones de su infinito poder, y luego de ello la separación: el nacimiento de aquel con la voluntad del fuego y el otro que estaba tallado como la representación del poder crudo.

La imagen de Indra estaba en el fondo de aquel templo, de la cual nacía la sección del lado opuesto, cuyas representaciones estaban lejos para ver con claridad. Debajo de sus ojos estaba el trono del cual provenía su linaje. La completa inmensidad y frialdad del lugar hicieron que experimentara una mayor ansiedad a la que había tenido en el recinto aún con la certeza de que estaba rodeado, debido que allí parecía estar siendo evaluado por algo que se encontraba por encima de él. No fue hasta que se acercó lo suficiente a la silla que se dio cuenta de que había una figura de rodillas frente al trono.

-Tú eres el último.- Su voz era inquietante, el abanico no estaba zurcido como lo estaba en su propia ropa, sino tallado en la parte de atrás de una armadura samurai. Su cabello era largo, oscuro y puntiagudo. No lo conocía y la piel de su brazo volvió a erizarse. Se levantó lentamente de su lugar después de inclinarse una última vez frente al trono vacío. Había algo en el hombre que le daba la sensación de ser demasiado vívido y al mismo tiempo demasiado surreal, como la vez en la que Hagoromo se le mostró en una visión.

Cuando lo encaró finalmente aún no era nadie que conociera y aún así pudo reconocer a demasiadas personas en sus rasgos.

-¿Quién eres?- Le preguntó.

-El primero.- Respondió. Su mano derecha picaba bajo la necesidad de sostener un arma.

-Indra fue el primero.- Aquel lugar era alguna clase de templo Uchiha y él había estado en el recinto. Sabía la historia y también estaba clara en las imágenes de las paredes.

-De él vino nuestro poder,- admitió él, -pero no nuestro nombre. Fui quien usó el abanico por primera vez y también a quien le fue dado el nombre. Aún así, sólo soy uno de los otros, todos fuimos perseguidos y cazados pero el poder siempre estuvo con nosotros. Cuando vino a mi, estábamos al borde de la extinción. Yo era el mayor y nuestro poder siempre fue una llama, así que soplé para avivarla. Mis hijos fueron numerosos y llenos de fuerza. Todos fueron llamados Uchiha.-

Frío pánico escaló a su alrededor como una vid, hizo que las palabras salieran ásperas de su boca.

-En las habitaciones del recinto.- Comenzó, el entendimiento abriéndose paso a través de él. -¿Quienes estaban allí?-

-Mis hijos e hijas, mis nietos y bisnietos...- pausó brevemente,- tus hermanos y hermanas, nuestra sangre.-

-¿Todos están allí?- Hizo la pregunta que verdaderamente temía. ¿Estaban en ese lúgubre y frío lugar su madre y hermano, su padre, tío y tía? ¿Todos a quienes había conocido? ¿Existía algo como la paz en aquellas figuras pétreas y esa pesadez en el aire?

-Todos vinimos aquí desde que todos pagamos un precio por nuestro poder, pero no todos se quedaron aquí. Se tiene que pagar un precio más alto para permanecer aquí.- Informó él, y aquella desagradable sensación se ancló en su estómago.

Si ese precio era la sangre, su hermano debía estar allí.

-Quiero ver a Itachi.- Le exigió.

El Uchiha lo miró por lo que parecieron horas. -Él está entre nosotros, pero fuera de tu alcance. Pagó el precio más alto de todos, así que le fue dado en la misma medida.-

-¿De qué hablas?- La ira hirvió dentro de su cuerpo, ¿Sobre qué estaba siendo tan críptico? ¿Itachi estaba en un lugar peor que ese por todos sus pecados? La idea de su sufrimiento le resultaba tan repulsiva como lo alimentaba de furia.

-Siempre se equivocaron con respecto a nuestra ira.- El hombre miró a los grabados de piedra. -¿Cómo podían entender nuestra rabia, si estaba mezclada con un poder que ni siquiera podían imaginar conocer? Todos perdían batallas, hermanos y hermanas, padres y madres, hijas e hijos; pero ninguno era capaz de despertar lo que crecía dentro de nosotros al enfrentarse a algo así. Ninguno de ellos sentía como lo hacíamos, ¿Cómo podían entenderlo? Nuestro poder se alimentaba de los sentimientos, de su crecimiento y pérdida y siempre fuimos los más poderosos de todos.-

»El poder de tu hermano era temible y su amor en la misma medida. Pensaba completamente diferente a como cualquiera de nosotros lo hizo alguna vez, quería la paz y el bienestar de aquellos por debajo de él. Su lealtad hacia sus propias creencias fue más grande que la voluntad de nuestro clan, pero no más que el amor que sentía hacia ti, su hermano menor.

»Ese sentimiento evitó que la llama fuese completamente extinguida y en su lugar se expandiera dentro de ti; por ser el último guardas una parte de todos nosotros adentro. Tu poder es más grande debido a eso, al igual que tu carga.-

-¿Todo esto se trata de continuar hablando tonterías?- No estaba encontrando respuestas y el peso parecía materializarse incluso más sobre sus hombros. Quería entender, no ser mantenido en la oscuridad. -¿Qué hago aquí?-

Él sacudió la cabeza en desaprobación. -Aprendiendo.-

El metal chasqueó e inmediatamente se volteó hacia el inconfundible sonido de armas deslizándose, al hacerlo sintió la sangre congelársele en las venas. Un murmullo general se elevó y al mirarlos creyó que el único propósito por el cual aquel lugar era tan grande era porque debía contener dentro a todo el clan muerto. Un mar de rostros lo miraban, las personas en las filas del frente que alcanzaba a diferenciar con la vista se mezclaban entre edades y eras, armaduras combinadas entre indumentarias que eran comúnmente utilizadas en su tiempo. La presunta letalidad que había reconocido en las sombras del pasillo no parecía menos que exacta. Los ojos oscuros; hombres, mujeres y niños lo veían con miradas vigilantes. No dudó que todos fuesen asesinos, élite en sus propios tiempos, armados hasta los dientes.

-Míralos. Todos luchamos la misma batalla, pero todos perdimos. Estaban antes de ti pero ninguno está después, la deuda es tuya.- Casi había olvidado el Uchiha a su lado.

-Todos los Uchihas están muertos.- Les recordó. -¿Qué podría querer de mi gente muerta?-

-El poder no puede destruirse y viene con un precio. Necesitas luchar por el.-

Entre los rostros, finalmente captó atisbos de uno que reconocía. Gunbai en mano, Madara estaba en algún lugar entre ellos, alto y con la mirada fría.

-Eso fue lo que hizo siempre este clan y los hundió cada vez más. Todos sus errores terminarán y morirán conmigo.- Sentenció. Su simple existencia era un error, la prueba estaba en las paredes sangrantes y aquel maldito lugar en el que todos habían terminado. Todo bien que el clan Uchiha había criado alguna vez también había terminado muriendo, como si sólo hubiesen sido algo que había sido creado para desvanecerse, un fuego salvaje pero efímero.

Vio espadas levantadas, tantōs en guardia y el mar de gente se agitó conforme todos se movían para blandir sus armas. Parecieron ansiosos de atacar todos a la vez; no creía tener oportunidad de ganar, pero su cuerpo se movió instintivamente en guardia hacia la amenaza.

-¿Contra qué crees que peleamos, Sasuke? Ninguno escapó y tampoco tú puedes hacerlo.- Señaló el hombre a su lado.

Ya había perdido su mente en la locura. No lo haría, ni siquiera por ellos. No les debía nada. Calculaba cuántos de ellos podría manejar al mismo tiempo y consumir entre las llamas del Amateratsu hasta que alguno consiguiera apagarlo cuando se fijó en la dirección exacta en la que apuntaban las armas. No señalaban hacia su cabeza como creyó en un principio, si no más arriba y atrás.

El hombre a su lado miraba tras él, así que fue forzado fuera de su sentido común a apartar la mirada de la multitud, la nueva vista resultó inesperadamente pasmosa.

Comprendió que el aire no había cambiado en absoluto, toda la pesadez y tensión que permanecía en el provenía de ella. Se veía grande y ancha en relación al trono, detrás del cual estaba de pie; para verla en toda su extensión debió subir la cabeza. Ambos brazos estaban extendidos como en recibimiento y en las mangas que los cubrían estaban grabados el símbolo de su clan; collar de cuentas en mano y un pergamino en la otra, la larga lengua viperina enrollada alrededor del tantō que sostenía entre los dientes oscuros y afilados. Su rostro mostraba la misma expresión demoníaca de las máscaras de festival. El Shinigami lo miraba a los ojos, a diferencia de la primera vez que lo había visto, cuando había estado enfocada en Orochimaru.

En el pasado, la vida que había conocido se había desmoronado en el momento que estuvo en su presencia, el sentido de la muerte carecía de importancia para él, no le temía. Habría pensado que aquella apatía se habría mantenido por algo más de tiempo, pero podía sentir el sobrecogimiento de su clan tras él, el ambiente que se vinculaba enteramente a la entidad. Le temían. Cualquier otro se habría arrodillado ante la visión, ellos buscaron armas para pelear; de nuevo estuvo demasiado consciente sobre su falta de una para defenderse.

-¿Cómo pueden pelear una batalla que ya perdieron?- Vociferó sus pensamientos.

-Tu hermano fue nuestra caída, él pagó un precio por ti.- «¿Qué precio?» -Tienes un deber con tu clan. Le debes a él. ¿Vas a pagar su precio?-

¿Así que todo eso era por Itachi? Se había metido en una deuda al ponerle un final a la estirpe y sólo estaban demandando que se hiciera cargo de ella. ¿Era algo que debía hacer para recompensar a su hermano? ¿Para liberarlo de su carga?

-¿Qué quieren que haga?- Les preguntó, aunque intuía la respuesta.

-Pelea.- Indicó él. -Tienes nuestro poder, pero el precio a pagar es tuyo.-

El aire a su alrededor lo golpeó como un puñetazo cuando la parca apenas y movió la mano del collar. ¿Tenía que pagar con su vida? Cuando el aire regresó a sus pulmones y se dio cuenta de que aún los necesitaba tuvo la certeza de que no debía ser así. Su vida pudo haber fluido de él con facilidad con aquel simple ajuste, pero no lo había hecho.

-Puedes ser nuestro ascenso o nuestra caída. ¿Qué precio vas a pagar?- Persistió el hombre.

-¡Cuál precio!- Les exigió saber. La lengua de la parca estaba comenzando a desenrollarse.

-El único precio que cualquiera de nosotros podría pagar por la libertad.- Exclamó él. -Sangre.-

Los pensamientos acerca de por qué la sangre aliviaría la que sea que fuera su deuda por encima de cualquier otro pago se apresuraron pero no fueron demasiado cuestionados. Miró alrededor de su espacio inmediato para encontrar cualquier cosa con la cual inflingirse una herida, pero el segundo que apartó la mirada de la muerte notó su brazo extendido, bañado en sangre escarlata. La conmoción se extendió hasta que se dio cuenta de que no estaba herido, solamente lucía como si hubiera sumergido el brazo en sangre que no le pertenecía.

-¿Vas a morir, Sasuke, o vas a pelear?- Le escuchó decir por última vez.

La atención se dirigió rápidamente hacia el movimiento que desencadenó el pergamino desenrollándose, cayendo de entre los dedos con garras que lo mantenían cerrado, para extenderse abierto hacia la dirección en la cual tenía el brazo extendido. Fue sólo cuando todo su interés estuvo reunido entre ambos su extremidad por encima y el pergamino en el suelo que se dio cuenta que su puño estaba sosteniendo algo. Volteó la palma de su mano a la vista sólo para que lo invadiera de nuevo aquella fría y desagradable sensación.

Supo de quién era la sangre con la cual estaba embadurnado al darse cuenta de que estaba sosteniendo un puñado de largas hebras rosadas. Fue en extremo consciente cuando una gota de la sangre oscilante en la que se había bañado al hacerle aquel agujero en el pecho a Sakura se derramó sobre el pergamino blanco.

«¿Cuál precio?»

Sostuvo los mechones de cabello rosa con tanta fuerza que sus nudillos se volvieron blancos, tratando todo lo posible en no dejar caer ninguno de esos cabellos.

La resolución estuvo clara incluso antes de que retirara el brazo sangrante. Si debía luchar por cualquiera en la habitación lo haría por la persona cuyo precio ellos pretendían que pagara, la poseedora de esos bienes.

Ella todavía respiraba. Todos ellos estaban muertos y malditos.

Y uno de ellos se había acercado demasiado para su gusto.

-No me toques.-

La realidad lo golpeó violentamente cuando la escuchó gritar su nombre. Había despertado y el miedo que había experimentado se materializó en la forma en la que sostenía a Sakura por el cuello. Dio un aliento brusco y se dio cuenta de que su cuerpo escocía más allá del pánico, ¿Acaso le había enviado sacudidas eléctricas? La soltó tan inmediatamente como pudo, comprendiendo que estaba en cama. Se inclinó sobre si mismo para recuperar tanto oxígeno como fuera posible con sus ásperas y sonoras respiraciones.

No fue hasta que su respiración se volvió más constante que Sakura hizo el intento de dejar de disimular su presencia.

-¿Estás bien?- Preguntó ella cautelosamente. Sakura lo miraba preocupada, como si apenas no hubiese estado a punto de estrangularla al confundir su acercamiento en la realidad con el de un pariente muerto. Sólo había sido una pesadilla extraña y ya estaba molestándole demasiado cuanto lo había afectado.

-Estoy bien.- El tono áspero no se había ido.

Sakura captó su advertencia, pero aún así añadió. -Sólo fue un sueño.-

Dejó escapar un suspiro, almacenando sus palabras. Espantó las sensaciones de frialdad y recelo remanentes y volvió a colocar su espalda sobre el colchón. Sakura lo imitó poco después, el calor de su cercanía terminó siendo reconfortante.

Cerró los ojos para volver a intentar conciliar el sueño y la última imagen que apartó de su mente fue la de la gota de su sangre cayendo sobre el pergamino blanco.


-¿Hay algo que te está molestando?-

Su esposa siempre había sido una mujer nerviosa por naturaleza. Siempre estaba de aquí para allá apresurándose de un lado a otro, haciendo lo que sea para mantener su mente ocupada. Cada vez que la casa se acababa de opciones para gastar, Kanon se mantenía el resto del tiempo en compañía de las mujeres de la aldea.

Sin embargo, el embarazo la había calmado, o al menos eso había creído. Recientemente había comenzado a moverse aleatoriamente por la casa, sacudiendo el vientre-y a su hijo dentro- al moverse.

-No.- Respondió ella, y desde que la respuesta fue notoriamente irregular, supo sin duda que estaba sucediendo algo.

-¿Qué es lo que pasa, Kanon?- Le insistió.

Ella retorció entre sus dedos el trapo que había estado utilizando para limpiar algo que ya estaba limpio. Percibió el aire de derrota que la rodeaba, probablemente había contado que no notaría que actuaba fuera de si.

-Sakura-san y Sasuke-san están teniendo problemas.- Confesó Kanon, no sin dejar de lado el tono de pena.

-¿Los tienen?- Cuestionó él. Incluso si creía que era extraño, su esposa seguramente podía saber más del asunto que él. Sasuke no parecía diferente, pero luego estaba el hecho de que siempre dejaba entrever mucho de nada, más o menos tal como lo hacía Sakura. Lo que sea que hubiera pasado debía haber sido relevante como para que Kanon se hubiera hecho con la información.

Su esposa asintió con gravedad. Antes de que pudiera preguntar, Kanon suplicó, ambas manos unidas en petición. -Por favor no me preguntes que sé al respecto. Le prometí a Sakura-san que no hablaría de esto con nadie. Si siquiera te lo estoy mencionando es porque...- Su voz se fue apagando, insegura. -De hecho te llevas bien con Sasuke-san. Tal vez podrías hacer algo para tratar de ayudarlos.-

Frunció el entrecejo. -No creo que él aceptará que nos metamos en los asuntos de su matrimonio. Y yo tampoco quiero involucrarme en ellos.-

Ella sacudió la cabeza. -No lo entiendes. Si las cosas siguen de la forma en que van... Sakura-san va a abandonarlo.-

Realmente no era aficionado del chisme, pero aquella afirmación parecían ambas ridícula y preocupante de ser hecha. Al mismo tiempo, su esposa ciertamente pasaba demasiado tiempo alrededor de la médico como para intrigarlo.

-Sé que me dijiste que no te preguntara y realmente no quiero hacerlo, Kanon. Pero lo que dices es serio y para ser capaz de entender necesito saber al menos por qué ella haría algo así.-

-Me confió que siente que Sasuke-san no la ama... ya no más.- Añadió al final, él no pensó nada en particular sobre eso.

Se cruzó de brazos. -¿Qué la hace pensar eso exactamente?-

Kanon se puso nerviosa. -¡No lo sé, Motoki! Sakura-san es su mujer, ella debe saberlo.-

-Precisamente.- Asintió suavemente. -Las mujeres no pueden saber precisamente como los hombres piensan y sienten. Incluso si es verdad que Sasuke-san es un chico distante, nunca me ha dado la impresión de que siente menos de lo que un hombre podría sentir por su mujer.- De hecho, nada parecido.

-Eso es más o menos lo que le dije.- El trapo de nuevo se retorcía entre sus dedos. -Pero no podemos saberlo realmente. Podría ser el caso que su unión pudiera estar en peligro debido a eso. Sé que Sakura-san lo ama y también que se irá pronto si él no hace algo al respecto.-

-Creo que ustedes son las que no entienden, Kanon, tú también eres mujer.- Sasuke aún era un hombre, sólo una clase diferente a la de él. -Hace unos días atrás... volvíamos de la aldea vecina, y nos cruzamos con Sakura-san al llegar a la aldea, no nos notó porque tenía al niño de Momo en los brazos. Se estaba riendo y el chico seguía tratando de untarle algo en el rostro.-

De hecho, había sido una buena visión. La luz, la risa y la combinación de ambos la chica y el niño habría resultado una fotografía para enmarcar. La imagen aún estaba fresca en su mente.

»Él dejó de caminar el momento en el que la notó.- Continuó él. Aquello habría pasado de ellos si Sasuke no soliera adelantárseles en el camino. Incluso llegaron a alcanzarlo debido a eso. -No tenía una expresión en particular, pero sólo se había quedado allí mirándola reír como si fuera la primera vez que lo hacía.-

Si había aprendido algo de Sasuke en esos meses era que apreciaba el silencio. Algo en la expresión estoica que había tenido en esa ocasión había vuelto su silencio uno casi reverencial. Fue realmente Sasuke quien hizo que todos los demás terminaran notando a Sakura y miraran lo que él estaba mirando, para fascinarse también de su visión. No era un secreto para nadie que la chica era hermosa, aunque esto sólo era discutido cuando Sasuke estaba lo suficientemente lejos para que fuera cómodo. Pero no sólo era bonita, también servicial y amable; mirarla en aquel momento le dejó la sensación agradable que se tenía siempre que se veía algo inexplicablemente significativo, supuso que tenía que ver con aquella conexión que los hombres desarrollaban hacia las mujeres a partir del vínculo materno.

Si se hubiese tratado de Kanon en lugar de Sakura, él se habría acercado, desordenado el cabello del pequeño y besado en la frente a su esposa. Sasuke se mantuvo en silencio y no le pareció una reacción abismalmente diferente a la que habría sido la suya. El hechizo sólo fue roto cuando Sakura se dio cuenta de que estaban allí y se aproximó a ellos con el infante en los brazos y Sasuke avanzó hasta ella para caminar a su lado.

-Le mencionaré a Sasuke que su esposa está a punto de escapar como si fuera un rumor que se esparció. De esa forma le echará un ojo al asunto y puede que evite que ella haga algo estúpido, ¿Está bien? Pero no debes preocuparte demasiado sobre los asuntos de los demás.- Se acercó a ella y colocó una mano sobre el vientre que abrigaba a su hijo. -No es necesario. Además, podrías estresar al bebé.-

Kanon le dio un suspiro derrotado antes de asentir resignada y le dio una pequeña sonrisa tratando de calmarla. Continuó observando la forma de su hijo hasta que ella estuvo fuera de su vista y sus pensamientos se redirigieron inmediatamente hacia el problema.

Las mujeres realmente no tenían ni idea.


Vino hasta él el rumor de una compañía que reclutaba los servicios de shinobi con la misión de descubrir la locación y asegurar el rescate de un pergamino que contenía alguna clase de técnica. Suponía que debía tener algún tipo de importancia si estaban dispuestos a contratar un rastreador mercenario pero no a hacer negocio directo con los ninjas de la Nube. Estaba acostumbrado a trabajos como esos y fue lo suficientemente cuidadoso de cubrir el ojo del Rinnegan con una ilusión para que pensaran de él como de cualquier otro.

Las direcciones dadas lo enviaban hacia el norte y su rastro podría dirigirlo incluso más lejos, a días de viaje. La lluvia había comenzado a caer en el camino de vuelta y miró hacia las nubes grises con indiferencia mientras las gotas se abrían camino entre su ropa y le mojaban la piel. La idea de separarse durante un tiempo de Sakura parecía menos inquietante y más bienvenida desde todo el asunto del reciente ataque accidental. Estaba lidiando con alguna clase de estrés postraumático desde que casi la había matado, había intentado pasarlo por alto al creer que eso lograría que evitaría hacerle algún daño en el futuro, pero el asunto se le había salido de las manos. Sakura no actuó de forma diferente después de esa noche, eso causó que él si lo hiciera.

No era sólo su poco instinto de autoconservación lo que lo molestaba, también su estúpidamente infinita tolerancia en lo que a él respectaba. La tensión continuó incrementando conforme le daba vueltas al asunto en su cabeza, mientras ella seguía eficientemente el papel que había creado para ejecutar en aquel lugar. Incluso si Sakura era de alguna manera u otra una parte común de su tren de pensamiento, se había encontrado a si mismo pensando en ella más a menudo, sobre todo después de la pesadilla y su propia reacción ante ella.

No estaba siendo exitoso en evadir la inquietud a pesar de saber que era irrelevante y los sueños sólo eran otra de las cosas que no era capaz de controlar y con las cuales no estaba cómodo. Sin embargo, la naturaleza de ese en particular lo mantuvo alerta incluso aunque no tenía sentido para él.

Cuando alcanzó la puerta se detuvo fuera durante algunos momentos, la lluvia ya lo había empapado por completo. Captó los sonidos sutiles que hacía Sakura desde el interior de la casa antes de decidirse finalmente a abrir la puerta. Predijo la forma evaluadora con la que lo observaba incluso antes de mirarla, cuando se dobló para colocar el calzado a un lado de la puerta, mientras intentaba desenredar el nudo que unía la parte superior de su indumentaria en su camino hacia la habitación. Había permanecido mucho más callado desde lo sucedido, así que su acercamiento volvió a parecerle tímido.

-¿Puedo ayudarte con eso?- Preguntó Sakura, notando antes de que él lo hiciera que el nudo de tela empapada que ausentemente intentaba desatar se resistía.

Aunque ella había mantenido algo de la distancia que había marcado, de cualquier forma se acercó aunque él no hizo ademán de permitírselo, sólo había permanecido observando el ser incomprensible que se había parado frente a él, trabajando sus dedos esbeltos con pericia, la tela deslizándose con facilidad entre ellos.

No era sólo un papel. Era Sakura, siendo quien era. Él mismo no estaba seguro de estar fingiendo más que un par de líneas desde que no sentía que estuviese pretendiendo mucho más que lo esencial, pero eso sólo se debía a que ella tomaba la mayor parte de la situación sobre sus hombros. Sólo que Sakura no parecía estar fingiendo mucho más de lo que lo hacía él.

La había visto entre ellos, viviendo una vida para la cual no había sido criada ni entrenada, preocupándose por cosas que no eran su responsabilidad; como alimentarlo o asegurarse de que sus necesidades estuviesen cubiertas incluso antes de ser concebidas; entre los niños, esa gente, con aquella molesta sonrisa genuina y la risa vibrante que lo hacían cuestionarse verdaderamente qué hacía Sakura ahí y más importante aún, qué hacía él ahí con ella.

-¿Por qué haces esto?- Le preguntó. Su tono estaba desprovisto de dudas, supuso que si sonaba agotado tendría que ver con el hecho de que ya había pasado demasiado tiempo pensando en el asunto para su gusto.

-Porque estabas teniendo problemas para hacerlo.- Señaló ella, el nudo aflojado a medio camino.

Frunció el entrecejo. -Todo esto.- Enfatizó. -Este lugar. Esta gente, toda esta farsa.- El nudo quedó brevemente olvidado cuando ella lo miró a los ojos, interrogante. -Ese sueño de la infancia del que hablaste. ¿Por qué estás aquí fingiendo una vida que podrías estar viviendo de verdad?-

No podía entenderla. Ni siquiera había una razón válida por la cual estuvieran aún allí y el único motivo que parecía lógico era que a ella le gustaba lo suficiente, el asunto de tener un hogar, un lugar dentro de esa comunidad y ser capaz de satisfacer aquella incomprensible necesidad de velar por todo aquel inmediatamente cercano a ella. Descubrir que precisamente era eso lo que Sakura deseaba hacer con su vida, lo que probablemente estaba buscando en aquel viaje sólo resultó molesto porque sabía que ese no era el lugar correcto. Pensar en cuánto tiempo ella se quedaría allí sin nada y sobre todo involucrándolo activamente en el asunto no era de su particular agrado.

La había visto con el hijo de esa mujer en los brazos aquella tarde y por alguna razón la imagen lo acechaba tan a menudo como la del puño ensangrentado que sostenía restos de su cabello. Sakura podría estar en búsqueda de su verdadera felicidad en lugar de estar viviendo una falsa. Quizás él podría librarse de los sueños donde ella estaba presente de alguna manera u otra si llegaba a cumplir la misión que pretendía al acceder acompañarla en su viaje, su deber de abandonarla sólo cuando se asegurara de dejarla en un lugar en el que estuviese lo suficientemente bien como para no sentir la necesidad de volver a verla otra vez.

Dejó de ver sus ojos y empezó a fruncirle el ceño a su coronilla cuando Sakura bajó la mirada, la atención vuelta hacia el nudo. Apenas se percató de que estaba demasiado cerca en el espacio silencioso que predeció antes de que hablara finalmente, su tono sereno. -Supongo que me he dejado llevar un poco por lo cómoda que he estado en este lugar, lo lamento.- Se sintió contrariado entre la exasperación de que se disculpara por algo que no debía y porque de hecho sí se había dejado llevar. -Ha pasado algún tiempo desde que me sentía así.-

La miró fijamente en lugar de exhalar sonoramente. Sabía que eso incluía algunos de sus años en Konoha y no podía culparla por aferrarse a lo que podía ser el primer respiro en una vida tranquila que había tenido en mucho tiempo, pero eso no respondía su pregunta. Se mantuvo callado mientras ella le daba los últimos pequeños jalones al nudo que se deshizo, la pieza que unía su camisa se deslizó hasta colgar en su mano. Sakura no subió la mirada hasta después de unos segundos, donde se encontró con sus propios ojos estrechados. Vio claramente el cambio casi resignado en sus ojos verdes, él le había hablado con la mirada y una vez más ella le había atendido.

-Te dije que no he pensado en esos sueños durante algún tiempo.- Dijo ella.

Ella podía mentirle mirándole a los ojos, pero eso no significaba que no pudiera ver a través de ello. No era posible que hubiesen pasado meses en aquel lugar sin que Sakura al menos anhelara durante un momento que esa fuese su realidad.

Sakura frunció el entrecejo durante unos segundos antes de finalmente relajar la expresión, no lo miró al decir la verdad. -No es falso que diga que no sueño con buscar esta vida en otro lugar. Casarme u ocuparme de un hogar no está dentro de mis aspiraciones personales...- Estuvo a punto de detenerla pero ella lo interrumpió. -Esos deseos fueron concebidos contigo en mi mente. Todos esos sueños, todas esas intenciones realmente no significan nada para mi. Esto no se trata de una meta personal, nunca ha sido mi intención particular ser la esposa de alguien o ser parte de algo como esto, Sasuke. La única persona con la que alguna vez imaginé tener esta vida fue contigo.-

Había exigido la verdad, pero no fue menos perturbadora una vez que la obtuvo. Todo ese tiempo estuvo pensando en la situación en general sin considerar cuan envueltos estaban sus sentimientos hacia él. Lo había olvidado el tiempo suficiente, había pasado bastante desde que Sakura hiciera alguna mención del asunto y él lo había colocado en el fondo de su mente, lejos de su alcance. Inevitablemente se tensó y ella lo notó, desde que puso las manos sobre sus hombros y presionó ligeramente, como para forzarlo a relajarse. Esa vez lo miró fijamente.

-Por eso fue tan fácil dejarme llevar por el asunto, Sasuke. Sólo se trató durante un momento de vivir una vieja fantasía que era lo suficientemente cómoda para hacerme demorar y olvidar. No te preocupes por esto, no tiene importancia. Fue tonto involucrarte tanto en esto y quedarnos tanto tiempo aquí para empezar.- Incluso si ella estaba realmente intentando tranquilizarlo, no sentía ninguna calma. Después de todo, todo el asunto había sido su idea.

Por su parte, Sakura se veía genuinamente serena y un poco avergonzada. La había visto. Le costaba aceptar que Sakura realmente pretendiera rehusarse a tener esa vida sin él. La simple idea lo hacía bastante infeliz. Nunca pretendió dañarla hasta tal punto.

¿Si no era esa clase de vida lo que buscaba, entonces qué?

-¿Qué quieres de mi?- Le preguntó, cauteloso.

Deslizó las manos fuera lentamente desde sus hombros y el toque se demoró por debajo de sus clavículas sólo por un segundo, cuando Sakura se retiró sintió frío en los lugares en los cuales justo había estado por encima de la tela húmeda.

-No quiero nada de ti, te liberé de tu responsabilidad en Kumogakure.- Ella se frotó la nuca y le dio una pequeña sonrisa que parecía casi disculparse. -Aún no tengo muy claro porque estás aún aquí conmigo pero lo agradezco mucho, Sasuke. Lo que dije no fue para colocar una carga sobre ti... Era sólo para explicar el papel de mi descuido en nuestro retraso y para que no te preocuparas demasiado sobre esto. El tiempo sólo pasó muy rápido, pero no me importará una vez estemos de vuelta en el camino y lejos de aquí.-

Sakura colocó el cinturón en su mano sin tocarlo y él lo sostuvo una vez que ella volteó para irse. Sentía estar de nuevo en el punto de partida, sin conocer sus pensamientos exactos y con la sensación de que su presencia le causaba más daño que bien.


Había vivido la sensación antes y por eso la reconoció inmediatamente una vez regresó, como un golpe en las entrañas. Lo había sentido desde el incidente, a Sasuke alejándose lentamente. Incluso aunque dormía junto a él cada noche, comenzó a encontrarse a si misma despertando en la madrugada para asegurarse de que él aún estaba allí. Esa clase de ansiedad le aplastaba el pecho, acompañaba ese tipo de precognición similar que había tenido días antes de que Sasuke huyera de Konoha hacía años. El ligero cambio en su conducta le había dicho lo suficiente en aquella época, fue precisamente ese sentimiento que hacía que le resultara difícil deglutir el que la movió hacia las puertas de la aldea para encontrarlo cuando estaba a punto de irse. El dolor que sintió entonces era aún un tema delicado incluso de recordar, tener la oportunidad de revivir algo parecido la llenaba de miedo.

La idea de que se fuera era suficiente para romper su fachada exterior, que esta se convirtiera en un hecho podría destrozarla. La certeza la mantuvo despierta por varias horas y añadió un peso más al ensimismamiento en el que había estado sumida esos días. Seguir pensando en si ese sería el día en el cual Sasuke finalmente elegiría irse, convertía en dolor amargo la felicidad que había tenido todo el tiempo desde su llegada a ese lugar. A menudo pensaba en que Sasuke eventualmente se hastiaría de todo ello y que la fachada tendría que romperse, pero todo fue acelerado por la pesadilla que había tenido esa noche.

Hablaba mucho menos y se aseguraba de mirarlo mucho más, en un intento inconsciente de mantener la imagen de él en su mente. Se sentía asustada como no lo había estado en mucho tiempo y le escocían los ojos siempre que lo recordaba. No podía deshacerse del presentimiento de que Sasuke se había cansado y estaba listo para irse. Desde que estaban juntos no habían permanecido en un silencio tan profundo, se sentía como una gran brecha vacía, sofocante e hiriente; pero no se atrevía a romperla por miedo de romperse a si misma.

El aliento que había contenido todo ese tiempo escapó sonoramente de su boca cuando se sostuvo del mesón con ambas manos, una vez que Sasuke cerró la puerta tras él la mañana siguiente. Su acto no había finalizado aún y debía componer una sonrisa convincente desde que Kanon sería su primera visita social del día. Las únicas preocupaciones en el mundo de la mujer giraban alrededor de la perfecta salud de su bebé y de cuánto el crecimiento de su hijo le oprimía la vejiga y por ello tenía que ir tanto al baño, así que intentó no sentirse ofendida por la sonrisa resplandeciente que le dedicó una vez que estuvo frente a su puerta.

Sabía ocultar muy bien sus tribulaciones tras máscaras de infinita cordialidad y convincentes sonrisas vacías. Se enorgullecía de ser una buena kunoichi en ese aspecto, después de todo había pasado años en Konoha ocultándose detrás de lo que quería ocultar.

-¿Estás bien?- Debido a ese orgullo casi pudo sentir como la máscara que era su rostro se agrietaba como si fuese porcelana cuando Kanon lo preguntó.

-Por supuesto,- le dijo casi de inmediato. -¿Por qué lo preguntas?-

Kanon la miró con inseguridad. -Es sólo que... Siempre pareces muy serena, pero hoy... ¿Pareces tensa?-

Se acarició un mechón de cabello rosa y lo colocó detrás de su oreja. Esto no puede estar pasando. Realmente nunca había sido tan buena para enmascarar sus emociones, pero esperaba al menos haber mejorado en ello desde que había pasado años interpretando el papel de la chica feliz, ni siquiera podía recordar a nadie que le hubiera preguntado entonces si se encontraba bien.

¿Había actuado bien o entonces ninguno podía recordar cómo se veía cuando era realmente feliz? Ni siquiera Ino, mucho menos Naruto. Para ser justos, tampoco podía recordar alguna ocasión donde se hubiera sentido tan medianamente feliz como lo había estado esos meses con Sasuke, y aunque no podía ver su propia expresión, cualquier cosa algo distinta a la expresión dichosa que debía haber mantenido durante todo ese tiempo debía resultar extraño hasta para alguien como Kanon.

-¿Está todo bien?- Kanon reformuló la pregunta.

No, pensó, pero a diferencia de Sasuke, que parecía capaz de leer sus pensamientos, la mujer sólo continuó mirándola con un deje de curiosidad. Momentos antes de que Kanon apareciera había estado apretando el nudo que era su estómago con el puño por encima de la tela de su camisa, atado por aquella nefasta sensación que le sacaba el aire de los pulmones siempre que seguía pensando en su actual situación con Sasuke. La grieta en la porcelana estaba hecha, pero era demasiado sutil como para notarse.

Durante años se había lamentado el no haber confiado en si misma lo suficiente y compartido su presentimiento con alguien, cualquier persona que hubiera podido evitar que Sasuke escapara. Pensó en ello, a pesar de que en ese preciso momento hacerlo no serviría de nada, nadie podía evitar ahora que él se fuera. Ya no se trataba de abandonar una aldea y Sasuke era el único dueño de sus decisiones. El dolor que le causaría que eligiera irse no significaba nada para nadie más que para ella y realmente no era tan egoísta como para retenerlo a su lado contra su voluntad. Había renunciado a ello hacía tiempo, y ni siquiera aquel tiempo junto a Sasuke le haría cambiar de opinión al respecto.

El silencio en el que ambos habían estado inmersos dio pie a un nuevo entendimiento, si bien era cierto que Sasuke se había convertido en un amigo con el cual se sentía cómodo hablar, no podía hablarle acerca de sus pensamientos hacia él. Sin el sonido de su voz alrededor y faltando la seguridad que él le había proveído sólo con su presencia volvía a sentirse sola, atrapada en su propia angustia.

Había gastado demasiada energía pretendiendo estar en calma y no sintiéndose como verdaderamente lo hacía. Estaba cansada y no podía costear el romperse frente a nadie en ese lugar, pero si no dejaba salir nada de lo que sentía atrapado en el pecho temía que podría terminar derrumbándose frente a Sasuke como lo había hecho a los trece y le había pedido que la llevara con él.

-¿Tu esposo está bien?- Aventuró Kanon, instigada por su silenciosa mirada fija.

-No es mi esposo.- La verdad salió rápida fuera de sus labios y liberó la presión en su pecho como aire escapando de un globo. -Sasuke y yo sólo somos amigos.-

Kanon estuvo lo suficientemente perpleja como para apenas balbucear, lo cual le dio la oportunidad de continuar infinitamente. Desde explicar la naturaleza de su relación antes de que la mujer tuviera un lapsus en la implicación; excluyó la mayoría de los detalles, pero mencionó que eran shinobis de una aldea oculta, el hecho de que sólo lo había visto a él desde que podía recordar y lo había amado verdaderamente tal vez desde la primera vez que la había salvado, que había pasado toda su vida intentando alcanzar la paz que sólo podía darle su presencia, pero también que sus sentimientos hacia ella no sobrepasaban un simple apego y que verdaderamente creía que su actual compañía no respondía más que a alguna clase de deber.

La razón por la cual habían elegido mentir, la felicidad que había experimentado en ese lugar y lo suficiente acerca de como ésta estaba siendo arruinada recientemente con la sospecha de que Sasuke estaba pensando en abrirse camino por su cuenta de nuevo. Necesitó bajar su tono al hablar de su miedo y angustia para evitar que la voz se le quebrara; pero incluso aunque se había rehusado a llorar y dejarlo todo salir, aquella presión insoportable en su pecho se redujo lo suficiente como para sentir que era capaz de respirar de nuevo.

Permaneció en silencio unos segundos después de haberlo dicho todo. La mujer se abrazaba el vientre con ambos brazos y parecía encontrarse en tal conflicto que ya no sólo lo sentía por si misma.

-Debes amarlo bastante para haber aguantado tanto por tanto tiempo, Sakura.- Supuso que el honorífico se perdió en algún lugar de todo lo que le había dicho. La mirada de la morena era más comprensiva y menos pasmada con cada palabra que dijo.

Asintió en respuesta. No había otra forma de explicarlo. Si intentaba desglosar una vez más cuánto lo amaba no estaba segura de poder retener las lágrimas.

-¿Por qué sólo no hablas con él? Yo... yo creo que debes hacerlo. Al principio pensé que el asunto de su matrimonio era un poco extraño ya que Sasuke-san no parecía demasiado convencido, pero nunca volví a dudarlo otra vez.-

Hablar no lograría nada. No le había contado que en el pasado habían atravesado por eventos parecidos y que en ninguno sus palabras habían evitado que se fuera. Además, no quería utilizar ese recurso para ponerle fin al asunto. Deseaba más que nada no sólo estar junto a él, quería que él quisiera permanecer a su lado.

Sacudió la cabeza con suavidad. -Él escucharía, pero no cambiaría nada. Lo conozco.- La certeza era absoluta.

-Es una locura.- Kanon se sentó por primera vez, abrazándose el vientre. -Ustedes... tú siempre fuiste mucho más espontánea, pero de todas formas siempre fue muy obvio que ustedes eran lo único que el otro veía.-

Sus palabras reconfortaron su interior y algo más de aquella presión se alivió. Aún así, su voz fue firme y resuelta. -Soy el único punto de reconocimiento que tiene aquí, Sasuke es desconfiado por naturaleza, pero confía en mi.- Le explicó. -Aunque me temo que cualquier calma que eso hubiera podido darle se ha ido. Tal vez toda esta situación lo presionó demasiado y se cansó de estar aquí, puede que incluso mis palabras le recordaran lo inconvenientes que le resultan mis sentimientos hacia él. No puedo deshacerme del presentimiento de que está a punto de irse.-

-Si realmente es así,- dijo ella, -¿No harás nada al respecto?-

-Si hago algo para evitar que se vaya sólo estaré retrasando lo inevitable. Eligió acompañarme por su propia voluntad y se irá de la misma forma.- La seguridad con la que era capaz de afirmar eso la llenó de tristeza.

-No sé que decir.- Kanon parecía lamentarlo. -Excepto que tu lucha no está perdida si él siente algo incluso parecido a lo que tú sientes. No deberías tomar por sentado cuáles serán sus decisiones, dale la oportunidad de elegir.-

-La tiene.- La ha tenido siempre.

Había escogido desde el momento en el que había aparecido en su habitación en Sunagakure hasta la resolución del pasillo que separaba sus habitaciones en Kumogakure. También lo había hecho ambas veces, al abandonar la aldea por primera vez y luego la segunda después de la guerra. Sus palabras-ruegos, llanto, declaraciones- en ninguna ocasión habían influenciado las decisiones de Sasuke como para cambiar sus elecciones, todo el tiempo había actuado a voluntad. No podía ocurrírsele una persona que pudiese comprender en menor medida todo lo que abarcaba la situación, aunque realmente agradecía la posibilidad de desahogarse.

El llamado a la puerta la sobresaltó, se apresuró a atenderlo antes de que Kanon sintiera la necesidad de hacerlo. La puerta abierta reveló la imagen de la anciana Chie, quien le ofreció un corto saludo.

-Hola, Sakura. ¿Puedo entrar?- No pudo pensar demasiado en cuán inoportuna había sido una vez que se hizo camino adentro de la casa. La máscara que se había quitado en su pequeño momento con Kanon había sido colocada de nuevo en presencia de la mujer, la embarazada se puso de pie para recibirla.

-Vine a hablar sobre algo...- Informó Chie, desviando la vista hacia la morena. -No esperaba encontrarte tan temprano fuera de la cama, Kanon, ahora que tu vientre ha crecido tanto.-

-Intento mantenerme activa, Chie-sama.- Kanon se excusó con torpeza. -Sakura-san, ¿Te importaría si voy a preparar algo de té en la cocina para Chie-sama?- Accedió con un pequeño asentimiento en dirección de la joven, quien se dirigió a la cocina.

La anciana había estado observando el breve intercambio sin una expresión particular, antes de que pudiera preguntarle nada, ella habló.

-Sé que no estás casada, Sakura.-

La máscara mantuvo su perfección, la sonrisa no decayó ni un poco.


Esa noche, como las pocas que habían transcurrido desde la noche en la que Sasuke había despertado de su sueño alterado, tampoco habían tenido algo como una conversación antes de tenderse en la cama.

Sus retiradas a cada lado y la pasada tensión fueron aplastadas por el peso de su propia intranquilidad. Había pasado un tiempo desde que Sasuke se había acostado a su lado, su perfil apuntando hacia el techo, pero podía afirmar que a pesar de su respiración acompasada él aún estaba despierto.

-¿Sasuke?- Su nombre fue apenas un murmullo de prueba.

Él abrió los ojos y dejó escapar un pequeño sonido que debía significar que estaba escuchándola.

-Aquella noche, cuando dejaste Konoha para ir tras Orochimaru...- Le susurró la primera frase de algo parecido a una conversación real que habían tenido en días. -¿Había algo que pudiese haber dicho o hecho para impedirlo?-

Miró su perfil durante un rato, conforme los segundos pasaban el silencio entre ellos se volvía corpóreo y pesado.

-No.- Respondió finalmente, sus ojos nunca abandonaron el techo.

Quería decirle tantas cosas. En lugar de eso, cerró los ojos y esperó que él se durmiera, para entonces abrir los ojos de nuevo.


Dio pequeños golpes con la sandalia en el costado de uno de los hombres que había herido con su chokutō y evaluó su gemido de queja. Estará bien. La cantidad de gente resguardando el pergamino había sido un problema, así que no había podido encargarse de todos tan limpiamente como había esperado. Incluso aunque había algunos heridos incapacitados, el resto de los cuerpos esparcidos a su alrededor habían caído como fichas una vez miraron el Sharingan.

El pergamino era esbelto en su mano, observó el diseño intrincado de sellos que lo cerraba, la razón detrás del exceso de guardias estaba relacionada a su contenido. La organización que lo había contratado había sido cautelosa de no mencionar dicha importancia, pero aquello no era relevante desde que no habría avanzado sobre su objetivo sin la cantidad apropiada de información de rastreo. Era un documento heredado y contenía técnicas secretas. La paga por su obtención era buena y la extracción había resultado fácil, el verdadero reto había sido obtener la locación donde lo mantenían escondido; le había tomado cinco días alcanzarlo y todo había terminado en menos de una hora. Regresar le tomaría sólo un par de días.

Los días en soledad habían aliviado gran parte de la tensión que había acumulado en la última semana, enfocarse en su objetivo actual mantuvo su mente esclarecida de las preocupaciones que tenía con respecto a Sakura. Sabía que irse era lo apropiado por el momento y esperaba que al regresar ella hubiera puesto las cosas en perspectiva. Había dejado claro que la situación no lo complacía y a ella ciertamente no la beneficiaba de ninguna forma.

Alejarse del ambiente pesado le dio espacio para respirar y aclarar sus propios pensamientos. Sería suficiente que Sakura se preocupara por avanzar de aquel estancamiento y moverse hacia lo que sea que le esperaba en el camino; también esperaba que su actitud la hubiera convencido de apartar la mirada de él. De cualquier forma, se sentía más capaz de lidiar con la situación ahora de lo que lo había estado entonces. A pesar de ello, sabía que no podría durar mucho más si quería evitar que Sakura desarrollara un apego incorrecto hacia él, no podía permitirse involucrarse en un asunto más complicado de lo que ya resultaba permanecer junto a ella.

La certeza de la separación final estaba fijada en su mente, aunque aún no tenía idea de cuándo ocurriría o cuan limpio podría ese cisma. A pesar de todo, aún estaba esa parte de él para la cual dejarla por su cuenta no era una opción, la voz de Naruto aún lo atormentaba de vez en cuando. Esperaba saber como actuar la próxima vez que la viera.

Su mente estaba en silencio una vez que arribó a su vivienda actual después de todos esos días. Miró hacia el espacio vacío buscando su presencia, la última vez que había visto a Sakura apenas habían intercambiado palabra. Le informó que se iría justo antes de partir y ella sólo se había limitado a preguntarle cuándo volvería.

-Sakura.- La llamó, pero un breve registro de presencia de chakra en el lugar le informó que no había nadie allí.

Era lo suficientemente tarde como para contrariarse por su ausencia. Había llegado a la zona en la mañana del segundo día de regreso, la entrega del pergamino y su intercambio por la paga en conjunto con la corta travesía a la aldea hicieron que llegara hacia la hora de la cena. Las dudas al respecto cruzaron su mente sólo breves momentos una vez consideró que Sakura pudiese estar haciendo lo que sea alrededor. Incluso así, la atmósfera de la habitación le era ajena, el aire carecía de de su olor particular y una rápida evaluación de la cocina indicó la falta de actividad reciente.

Ella no había cocinado en algún tiempo, e incluso si eso resultaba extraño su mente trabajó rápidamente en la posibilidad de que su propia ausencia estuviese relacionada a aquella eventualidad. Los pensamientos resultaron breves, fueron quemados rápidamente por su sensación al respecto. Algo estaba fuera de lugar.

No fue hasta pasada la usual hora de dormir y Sakura aún no había aparecido que se dispuso a salir a encontrarla. Sintió una presencia en la puerta de entrada antes de que alcanzara a salir y se apresuró a recibirla. Era una de las mujeres que estaban todo el tiempo alrededor de Sakura que se disponía a tocar, puño arriba.

-Sasuke-san,- era la mujer de mediana edad. -He venido aquí todos los días esperando a que llegaras, mi esposo notó las luces encendidas así que vine apenas me enteré. Sakura-san se ha ido hace unos días, antes de hacerlo pidió que te avisara que necesitaban un médico en la aldea vecina y que iría a suplir la necesidad durante algunos días.-

Su entrecejo apenas se frunció. -¿Dijo cuándo regresaría?-

-No exactamente,- parecía disculparse por ello. -Pero nos pidió a todas que nos aseguráramos de informarte y también que estuviésemos al pendiente por si necesitabas algo mientras ella no estaba, así que estoy segura de que está preocupada por ti y regresará pronto una vez se entere de que has vuelto.- Le asintió en respuesta y cerró la puerta antes de que ella alcanzara a girarse en su totalidad para irse.

Había tenido noches tranquilas al estar lejos, no había tenido demasiado tiempo para pensar fuera de su propias intenciones de búsqueda y rastreo, desde el principio intentó aprovecharlo porque supo que sólo se trataba de algo temporal hasta regresar. La sensación de la cama compartida también había sido apartada durante esa semana y pensó que se mantendría en pausa ahora que Sakura aún no estaba allí, pero regresó en una menor dosis. Pasó algún tiempo despierto antes de poder conciliar un sueño inquieto y esa vez la fuente estaba ausente para culpar.

Estuvo despierto de nuevo temprano en la mañana después de un sueño irregular, no tuvo tiempo de condolerse por ello una vez que alguien volvió a llamar a la puerta. Cuando alcanzó a abrirla reveló a Motoki, aquel tipo de faz de disculpa presente como lo había estado en la mujer de la noche anterior, sólo que de alguna forma parecía distinto.

-Sasuke-san,- saludó él, echando un vistazo al espacio tras él. -¿Puedo entrar?-

Su ceja se arqueó ligeramente pero dio un paso para hacerle espacio en la entrada. Una vez la puerta estuvo cerrada el hombre intentó escudriñar ampliamente el espacio con la vista.

-¿Está Sakura-san en casa?-

Su rostro mostró su desconcierto. -Alguien vino anoche para decirme que se fue a cumplir alguna clase de deber médico en una aldea cerca de aquí. ¿Cómo es que tú no lo sabes?- Su esposa estaba a menudo con Sakura y en el extraño caso de que ella no le hubiese hecho mención de su paradero, no había ninguna información común que alguno de ellos tuviera y el otro no, era un lugar odiosamente pequeño después de todo.

-Yo... de verdad esperaba que ella hubiera regresado contigo. Alcancé a oír en algún lugar que Sakura-san se iba como médico a una aldea a algunos kilómetros de aquí, a la cual se nos encargó un trabajo esta semana. Kanon insistió en que ya que me encontraría allí me asegurara de que todo estaba bien y ella no necesitaba nada.- Hizo una pequeña pausa. -No estaba ahí y nunca lo estuvo, al igual que aquella supuesta emergencia médica...-

Se fue. Sus pensamientos reflejaron las últimas palabras del hombre. ¿Por qué? No era algo que Sakura haría, ella no se iría sin más. ¿Algo o alguien la había hecho irse? ¿Alguna clase de peligro?

Estaba a punto de interrogarlo acerca de cualquier cosa sospechosa en la actividad de la aldea, la llegada de alguien o algo fuera de lugar, cuando Motoki se disculpó. -Lo siento. Kanon me dijo que esto sucedería e incluso aunque te vi antes de que partieras la semana pasada no pensé que se trataba de algo serio como para molestarte con el asunto.-

Se veía tan genuinamente arrepentido que su tono severo sólo pretendió evitar que dejara de balbucear y comenzara a explicarse. -Habla.- Le exigió.

-Sakura-san le dijo algo a mi esposa que la hizo pensar que se iría pronto.- Motoki pareció revisar sus propias palabras. -Una vez te fuiste ella nos dijo que volverías en poco tiempo,- sólo había dicho que volvería, sin especificaciones. -Sólo un día después Sakura-san también se había ido.-

Estaba confundido. Su mente se apresuraba repasando los últimos momentos con ella en búsqueda de algo que lo explicara, pero la tensión entre ellos de los días pasados le hacía difícil señalar algo específico cuando su conducta era diferente de por si. Sakura no había hablado demasiado y tampoco había cuestionado más que una frase cuando le había hablado de la misión, aquello había estado fuera de lugar desde que era su naturaleza preocuparse por los detalles. Debía haber tenido en mente irse aún antes de que él lo hubiera hecho si partía de la supuesta conversación con la esposa de Motoki.

-Necesito hablar con tu esposa.- Le demandó, el hombre se limitó a asentir.

Estuvieron en su casa en un abrir y cerrar de ojos. Motoki miraba preocupado a su esposa de labios blancos, quien se aferraba al vientre redondo como si se escudara tras el.

-Sólo dile lo que sabes, Kanon, Sasuke-san debe estar muy preocupado.- Motoki instó a su esposa.

-Me pareció que Sakura-san estuvo algo decaída durante días, pero sólo tuve el coraje de preguntarle al respecto una mañana en la cual lucía obviamente cansada y no sería descortés preguntar.- Kanon vaciló durante un segundo. -Ella... me dijo algunas cosas.- La mujer cruzó la mirada entre su esposo y él, creyó ser capaz de seguir su línea del pensamiento. -No pude entender muy bien algunas cosas, pero si una en específico,- sólo entonces lo vio a los ojos sin titubear. -No quería interponerse en tu camino.-

Mierda. La simple alusión de ella siguiendo el camino por su cuenta era una a la que había aspirado durante mucho tiempo desde que se había encontrado con Sakura, pero nunca pensó que pudiera tratarse de una posibilidad real. Le había parecido extraña-aunque madura- su intención de instarlo a irse sin ella cuando estaban por irse del lugar de la reunión.

Su intención de presionar a Sakura acerca de su innecesaria demora en ese lugar había respondido al objetivo de ponerla en marcha de nuevo, pero los pensamientos acerca de apartarla habían sido borrados desde el momento en el que se había decidido a acompañarla hasta que fuese el momento apropiado para ambos.

Pensó que ella había logrado controlar sus sentimientos y se dio cuenta de que sus presunciones habían estado equivocadas, sin embargo, Sakura siempre se las había arreglado para diluirlos y con ello mejorar su convivencia.

Simplemente no era algo que Sakura haría.

Se fue sin decir palabra y ninguno de ellos hizo nada para evitarlo. Una vez estuvo fuera y sin compañía sus dedos se movieron rápido tras su pulgar sangrante. El halcón apareció sobre la marca de invocación y lo miró expectante.

-Encuéntrala.-


Había tomado mucha voluntad y la repetición completa de la conversación que había mantenido con la anciana Chie un par de veces antes de dar el primer paso que la sacó fuera de la casa. La primera vez que utilizó sus habilidades ninja en esa aldea fue para desvanecerse del lugar.

El pergamino azul estaba en su mano, deslizó el pulgar por la superficie lisa del papel. Había pasado algún tiempo desde que se había sentido así de perdida al sostener uno de esos rollos, justo antes de decidir que su primera parada en el viaje en el cual se había embarcado en un principio sería Sunagakure para el reforzamiento del proyecto de la clínica infantil. Encontrar a Sasuke en el camino no la había anclado a tierra, lo había hecho a él y desde ese momento no había conseguido sentirse perdida ni un momento.

Había estado tan herida entonces; cumplió su objetivo de sanarse a si misma así como él había hecho un tanto con ella. A pesar de ello, recordaba que su meta inicial no había sido encontrarlo, si no recuperarse a si misma. En lugar de eso, se había perdido a si misma en él.

El presentimiento de estarlo perdiendo de nuevo fue tan atemorizante-había pasado tanto tiempo intentando evitar que no la apartara como para preocuparse que pudiera simplemente irse- que se encontró paralizada por ello. No estaba segura de poder superar el atravesar por algo así de nuevo. El miedo movió su pierna derecha, la izquierda fue movida por la esperanza.

Sabía que Sasuke estaba en lo correcto acerca de que no debía haber permanecido tanto tiempo en la aldea de la frontera, pero se había quedado allí por él, por la sensación maravillosa que había resultado estar tan cerca sin nada que los afectara realmente desde el exterior. Se había quedado demasiado atrapada en la fantasía, era tiempo de despertar. Despertar de ella era más tolerable que volver a como eran las cosas en un principio.

Por primera vez en meses se colocó el protector de frente de Konoha una vez estuvo cerca de la entrada de Kirigakure, el pergamino en mano como carta de presentación. Llevaba una sonrisa cómoda-y falsa- cuando los ninjas de la entrada verificaron su ingreso.

Se fue la mañana después de que Sasuke lo hizo. Cuando lo escuchó decirle que se iba reunió toda la entereza que le fue posible para mantenerse en calma y sólo preguntar cuándo regresaría cuando la pregunta real era si iba a regresar.

Sasuke se iría.

Su presentimiento no había estado errado y su temor tomó una forma consistente. La conversación anterior a la que ya le había dado muchas vueltas crecía en sentido y parecía la única opción que podría ayudarla a lidiar con el dolor.

Mientras era escoltada al asentamiento de la Mizukage tuvo la oportunidad de darle un vistazo a la aldea por primera vez. Le tomó varios días en alta mar llegar al país del Agua y una vez en tierra resultó complicado encontrar la dirección correcta incluso con las coordenadas dadas en el pergamino. La enemistad entre la Hoja y la Niebla fue profunda como lo había sido la misma entre su aldea y la Nube, con la diferencia de que Kirigakure era la aldea ninja más embarrada de sangre y miedo de toda la historia de las demás grandes naciones más allá de sus guerras. Las historias que habían sido inspiradas por ninjas como Zabuza eran contadas a los niños como cuentos de horror y ella aún era joven al enterarse de que no sólo se trataba de historias si no de aún más horrendas realidades.

Desde el gobierno de terror del Yondaime Mizukage bajo los hilos de Akatsuki hasta las atrocidades detrás del rastro sangriento que sus ninjas infames habían dejado atrás; tenía curiosidad y un poco de preocupación acerca de cómo se vería realmente el lugar, pero sólo reparó en ello después de mucho tiempo, cuando alcanzó a pensar en algo que no fuese Sasuke ya había fijado descuidadamente el rumbo valiéndose en el agotamiento de las opciones de sus pergaminos.

Como era lo usual al respecto, el nombre era apropiado para el lugar. Desde lejos, los alrededores de la villa resultaban una imagen borrosa y a una distancia segura podría ser tomado como una ilusión, resguardada entre montañas. El clima era frío y húmedo, la niebla espesa alrededor, sin embargo descubrió que tal vez tenía algo que ver con la temporada, debido a que se dio cuenta que la mayor cantidad del espesor parecía provenir desde la tierra, grietas que expedían aire vaporoso desde el interior y le daban un balance extraño a la entera sensación de sobrecogimiento que proveía el lugar.

Adentro, la infraestructura tenía sus propias particularidades como todas las grandes aldeas que había visitado, no tan moderna como imaginaba que sería Kumogakure-desde que realmente nunca llegaron a ingresar en la aldea en si misma- y construida enteramente de metal como Ame, pero tampoco las bases antiguas con las cuales estaban diseñados los edificios de Suna. No pudo captar demasiado verde a la vista, pero reconoció las renovaciones hechas para hacer que todo pareciera menos sombrío y más colorido, aunque aún no podía alcanzar la riqueza de Konoha en ese ámbito.

Podrían ser sus pensamientos previos al respecto, pero los shinobis en las calles tenían aspecto peligroso. Algunos de ellos estaban enmascarados y sus rostros no eran tan amigables como los habría podido encontrar en su propio hogar, aunque había una buena cantidad de civiles.

La residencia de la Mizukage era bastante imponente. Era mucho más grande que la mansión Hokage en Konoha, de hecho, parecía ser el edificio más grande de Kirigakure.

-Oh,- exclamó la mujer una vez fue escoltada hasta llegar frente a su escritorio, bajando los papeles que había estado sosteniendo hasta el mueble ordenado. Notó la falta de botellas de sake y ninken durmientes sobre el, estando acostumbrada a encontrarlos sobre el escritorio Hokage. En su lugar sólo había una flor de aspecto fresco en una vasija. -Que sorpresa, Haruno-san. Kakashi no nos informó que vinieras.- Como era usual siempre que la veía, el chico llamado Chōjūrō se encontraba a su lado, él se ajustó las gafas antes de saludarla.

-Mizukage-sama, Chōjūrō-san.- Saludó. Sostuvo el pergamino hasta colocarlo sobre el escritorio a su alcance. -Elegí venir para presentarme a este intercambio y realmente no le avisé a Kakashi-sensei con antelación. No he estado en Konoha durante un tiempo y planeaba reportarme tan pronto como llegara aquí.-

Mei le dio una lectura completa al pergamino de marcas azules y luego la miró por encima del papel con sus brillantes ojos. -Bueno, de hecho esperaba recibir una respuesta de Kakashi pronto sobre este asunto, pero nunca imaginé que te enviaría a ti entre todos. Pensé que la gente de Darui intentaría que te quedaras más tiempo en Kumo, ¿Has estado allí todo este tiempo?-

-No.- Respondió rápidamente. Alcanzó a explicar tanto como pudo porque no quería ser interrogada al respecto. Pensar en dónde había estado durante esos meses no dejaría de dolerle en algún tiempo -Después de la reunión Kage le pedí a Kakashi-sensei algo de tiempo libre, yo... quería ver el mundo. Me dio el pergamino para que me abriera camino y también pudiese cumplir mi deber con la aldea.- Más bien para monitorearla, pero no lo culpaba. -No me quedé mucho tiempo en Kumogakure, ya habíamos trabajado lo necesario. Pasé algún tiempo en el país hasta que sentí que era tiempo de empezar a moverme otra vez.-

-Aunque me complace mucho tu presencia francamente me sorprende que Kakashi haya accedido a dejarte deambular por tu cuenta. Tu talento es un elemento valioso que cualquier aldea podría recibir con gusto, ¿No tenía miedo de que fueras robada?- Notó el tono bromista al final.

-No fue fácil.- Le confesó. Ahora dudaba de que él la hubiese dejado partir si no hubiera tenido la certeza de que no estaría sola en aquel asunto. Probablemente Kakashi se habría anticipado a las intenciones de Sasuke. -Pero él sabe que mi lealtad a la aldea es indiscutible.-

-Por supuesto,- reafirmó Mei, los dedos entrelazados bajo su barbilla. -Esa voluntad de fuego de la que goza tu gente es algo verdadero.- Los ojos verdes resplandecieron. -Pero creo que el Hokage pasó por alto las lealtades hacia las cuales la voluntad de fuego podría inclinar a su apasionada gente. ¿Qué hay acerca de la lealtad a ti misma? Si llegaras a enamorarte en cualquier lugar fuera de Konoha tu lealtad te atará a tu amor.-

Se mantuvo tan quieta como le fue posible durante algunos momentos. Definitivamente no quería discutir sus lealtades amorosas, que de hecho habían renegado de Konoha y su deber con ella.

Alcanzó a colocar una sonrisa débil, pero sus ojos mantuvieron la mentira. -Él sabe que no es algo de lo que deba preocuparse.- No desde que a quien amaba sólo pretendía empujarla de vuelta a su hogar. O al menos lo hacía.

-Eso me hace preguntarme exactamente por qué una joven como tú sentiría la necesidad de salir de Konoha.-

La mujer tenía una aura peligrosa natural pero al mismo tiempo alguna especie de personalidad accesible, se dio cuenta de que su cuestionamiento podía tratarse en su mayoría de curiosidad, aún así no podía evitar sentirse demasiado tensa.

-Necesitaba un cambio de ambiente.- Aquella era una respuesta más genuina y la Mizukage pareció más receptiva a ella.

-Ya veo,- la pelirroja sonrió. -Lo que sea que lo haya provocado me alegra que te haya dirigido a mi aldea. Este intercambio será bastante beneficioso y me complace que nuestro personal médico pueda aprender de una de las mejores en el área.-

Se sintió halagada como lo hacía siempre que cualquiera la colocaba en la liga de su maestra y personas mucho mayores y experimentadas que ella. Se inclinó de nuevo.

-Bueno, ahora tenemos que mejorar nuestro juego y enviarles a uno de nuestros mejores elementos,- La Mizukage habló al chico a su lado. -De hecho, Chōjūrō, deberías llevarla a nuestras dependencias por la noche hasta que preparemos su lugar.- Le indicó y él asintió para confirmar, luego se dirigió nuevamente a ella. -Debes estar cansada por el viaje, así que mañana organizaremos tus deberes.-

Incluso aunque tenía esa inevitable aura letal, la Mizukage parecía ser una mujer genuinamente amable, aunque no dudaba de que dicha amabilidad pudiera resultar peligrosa en ciertas ocasiones, como la miel que atrae las moscas a la trampa. Sin embargo, percibía cierto tipo de empatía real de su parte y podía partir del hecho de que ambas fueran mujeres, Mei le guardara aprecio a Tsunade y, como presentía que era el caso, como si estuviera repasando por si misma varios escenarios que tuvieran sentido para ella y explicaran por que se había voluntariado a cruzar el océano hasta su nación. Llegó a sentir en algún punto ante la exposición de su mirada que si la pelirroja no sabía exactamente qué la había traído allí tenía una aproximación bastante justa.

-Oh, ahora que estás en ello, Chōjūrō,- mencionó cuando estaban a punto de salir de la oficina. -Trátala muy bien. Si lo haces puede que se enamore de ti. ¡La ganaríamos a ella y tu obtendrías una novia muy bonita!- Sonrió con los ojos cerrados en un gesto despreocupado, el chico junto a ella enrojeció de pies a cabeza mientras que su propio sonrojo fue más moderado.

Estuvo agradecida una vez estuvo fuera, no estaba acostumbrada-ni de humor-a ser interrogada, aunque sabía que era el procedimiento regular. De hecho, estaba cansada física y emocionalmente, incluso después de todos los días que le tomó alcanzar el país del Agua. Aún estaba aturdida y algo entumecida, como si su voluntad hubiese sido la única fuerza que hubiese movido su cuerpo hasta ahora. Ahora que había llegado, le asustaba el descanso tanto como lo necesitaba. Temía que los pensamientos de la mañana después empeoraran el perenne ardor en su pecho.

La habitación de huéspedes de la residencia de la Mizukage resultaba agradable a la vista y Chōjūrō pudo señalar todo eficientemente una vez que el sonrojo se limitó a sus mejillas y ella le agradeció antes de despedirlo. Evadió la ducha una vez nuevamente en soledad-era un espacio para pensar-y se dio cuenta de que ni siquiera tenía la fuerza de deshacerse de su ropa antes de dejarse caer en la cama.

Agradeció el acumulado cansancio previo desde que le dio un sueño profundo, pero tan pronto como alcanzó a abrir los ojos la mañana siguiente evaluó el nuevo espacio que la rodeaba antes de buscarlo instintivamente a su lado.

Sasuke.

Su nombre escoció una vez se dio cuenta de que no estaba allí. Esta vez ella se había ido, pero el resultado era el mismo y golpeó igual de fuerte: su ausencia.

Apenas pudo moverse, se dispuso a recibir la ducha ahora que su cuerpo rogaba por ella, el agua aliviando algo de su entumecimiento.

-Sé que no estás casada, Sakura.-

-¿Uh?- Fue veloz en hacerse la tonta y supo que realmente consiguió parecer confundida. Incluso si justo se lo había confesado a Kanon, la anciana no estaba cerca para escuchar y no había forma de que eso no fueran simples presunciones. -Lo estoy, hasta donde tengo entendido.- Le dijo casualmente.

-Hm.- Zumbó Chie. -Sasuke-san no sostuvo el papel cuando le dije lo mismo.-

Así que había sido Sasuke. Parecía que el juego había terminado oficialmente, se estaba deshaciendo de todo más rápido de lo que había temido.

Dejó escapar un corto respiro. -Así que,- continuó suavemente. -¿Cuál es la verdadera razón para venir aquí a comunicarme su descubrimiento si ya lo había conversado con Sasuke?-

La anciana se cruzó de brazos. -Francamente esperaba que fueras tú quien se acercara. Pensé que él te haría saber que yo lo sabía.-

De hecho, era extraño que hubiera fallado en mencionarlo. Sasuke debió haber pensado que el asunto no tenía importancia.

-Él debió haber creído que no era necesario.- Vociferó sus pensamientos. Si no pensó que sería un problema debió haber sido porque no mostró algún interés en particular por la información. ¿Acaso estaba esperando que las cosas cayeran por su propio peso como una medida para que todo acabara y se sintiera lista para abandonar el lugar?

-Me pregunto por qué,- arrastró ella, escudriñando con la vista alrededor de la casa. -Pensé que había mencionado que no haría nada al respecto aún.- Hizo un breve énfasis en la última palabra.

Sus ojos se entrecerraron levemente ante la implicación. -¿Qué podría querer hacer con eso?- Le preguntó. -Descubrir nuestra mentira sólo dirigiría a nuestras explicaciones, para nosotros el asunto no significa nada. Después de todo fue sólo algo que hicimos para no afectar su recato más que por algo relativo a nuestro bienestar.- Advirtió.

Sasuke lo había hecho pensando en ella, aún así. Estaba agradecida de que le hubiera dado eso, pero si debía quebrarse-todo el asunto ya se había estado desmoronando antes de que la anciana cruzara la puerta- no representaba un problema real. Había tenido problemas reales y cualquier cosa que se le comparara no era nada en absoluto.

-Si hubiera querido volar su cubierta ya lo habría hecho,- hizo un gesto despreocupado con la mano y luego se sentó. -Vine aquí a conversar la verdad contigo, Sakura-san. ¿Realmente lo amas?- Preguntó ella, los ojos calculadores.

No comprendía que pensar de todo eso. Aún así, no tenía sentido seguir jugando a esconderse, detrás de la verdad o la mentira.

-Si.- Afirmó sin atisbo de duda.

Ella pareció complacida por ello. -¿Crees que él te ame así también?-

Unos segundos pasaron. -Sé que no.- Dijo tan honestamente como le fue posible, sintió la pequeña punzada que acompañó a la frase. -Pero le importo.- El hecho de que hubiera permanecido a su lado todo ese tiempo se lo aseguraba.

-Yo también lo creo,- admitió Chie. -La cuestión es, Sakura-san, ¿Qué esperas realmente para tu vida? ¿Cuánto estás dispuesta a esperar?-

Examinó sus palabras cuidadosamente, apresurándose sobre todos los acontecimientos que habían ocurrido durante esos meses. Miró hacia los que creían que eran sus deseos y entre los eventos recientes, no encontró nada más que a Sasuke. Las únicas cosas que realmente había querido en la vida eran o estaban relacionadas con él.

¿Era capaz de decidir realmente si podía o no esperar por algo como eso?

Alguien tocó la puerta de la habitación cuando la hora temprana ya había pasado y ya estaba lista para enfrentar su día. Chōjūrō estaba allí, visiblemente más sereno pero aún luciendo un poco avergonzado, probablemente relacionado al comentario de Mei el día anterior. Había visto al chico que se convertiría en el Rokudaime Mizukage en la pasada reunión, habiendo concluido por si misma que realmente tenía la naturaleza que un buen líder buscaría tener. Aunque él no tenía aquella mirada de daga de la actual Mizukage, parecía bastante adusto cuando lo necesitaba. Recordó que durante la reunión él se encontró especialmente receloso con respecto a Sasuke.

-He acordado que impartas tus lecciones una vez que organices tu temario. Tendrás libertad de escoger lo que consideres necesario incluir.- Le informó la Mizukage una vez estuvo de nuevo dentro de su despacho. Movió los dedos con largas uñas escarlata por encima del pergamino abierto. -Esto no especifica ninguna clase de fechas o tiempo límite, así que supongo que eso también depende de ti. Ya le he enviado un pájaro a Kakashi y el acondicionamiento del lugar en el que te quedarás mientras estés aquí ya se ha puesto en marcha.-

-Agradezco la hospitalidad Mizukage-sama.- Le dijo.

La mujer le sonrió de vuelta. -Me temo que no siempre tenemos visitantes, conservar esa antigua reputación terrorífica mantiene lejos a los enemigos, pero no vuelve a la aldea un destino particularmente popular. No estoy segura de si todos quisieran que esa reputación cambiara, pero definitivamente quiero que este sea un lugar cómodo para mi gente así como también para la gente a la que consideramos amigos.- La sinceridad en su tono resultó realmente reconfortante.

»Así que, muévete con tranquilidad. Tendrás a Chōjūrō alrededor en caso de que necesites algo.-

Chōjūrō se tomó una decente cantidad de tiempo para señalar los lugares de interés de la aldea, alcanzó a notar donde su dedo índice apuntaba aleatoriamente pero no mucho más. Estaba distraída como para capturar más que unas pocas palabras eventuales que de hecho podría recordar luego.

-Usted no lo entiende.- Kanon podría hacerlo en mayor medida, le había contado mucho más.

-De hecho no lo hago.- Admitió Chie. -Sasuke-san realmente es un joven apuesto y debes importarle lo suficiente como para condenarse a si mismo a este lugar, ya que los de su tipo tienden estar en lugares muy diferentes a este. Pero eso no me explica en qué términos eso los deja a ambos, ¿Cuál es la naturaleza exacta de su relación?-

Arrugó el entrecejo ligeramente. -Nunca entendí por qué eso tenía alguna importancia en primer lugar. Tampoco por qué usted podría estar interesada en ello.-

-Yo era una jovencita como tú cuando se construyó esta aldea. Crecí aquí y esperé... Durante tanto que la aldea creció tanto como yo lo hice.- Pasó la mirada por las paredes. -Vi a la vida escaparse de mí mientras esperaba. Todos mis sueños estaban atados a esa misma espera, así que fui forzada a conformarme con las versiones más parecidas una vez que no pude cumplir los míos. Nunca tuve mis propios hijos así que tomé a los niños de las mujeres que nacieron después de mí como si fueran míos. Me convirtieron en madre y el tiempo me volvió una matriarca, para entonces mis sueños estaban completamente fuera de alcance.

»Cuando te vuelves vieja y no hay un viejo esposo en casa y tampoco hijos molestándote todo el tiempo tienes mucho espacio para pensar sobre el pasado, porque soñar con el futuro ya no es una posibilidad.- Por primera vez desde que la había visto, la pequeña mujer recia le pareció ligeramente vulnerable. Notó que su propia garganta estaba seca. -Llegas a pensar en tus errores y en las cosas que habrías hecho diferente si pudieses hacerlo todo de nuevo; así que supongo que cuando envejeces si llegas a soñar, pero nunca acerca de las cosas por venir, sólo sobre la imposibilidad de cambiar el pasado.

»Los niños que ayudé a criar crecieron y se convirtieron en hombres y mujeres por los cuales me ocupé de que lo hicieran para cumplir sus anhelos. Me llenó ayudarles y nunca me dieron demasiado trabajo ya que lo único que parecían querer era casarse unos con otros. Eran tercos, tímidos y molestos, pero yo estuve allí cuidando sus pasos mientras crecían, así que ninguno podía soportar demasiado tiempo sin perseguir lo que realmente deseaban.

»Vivo una vida bastante común y hace tiempo me resigné a mi papel en esta comunidad. Pero luego viniste tú, Sakura-san. No te parecías a nadie que hubiera visto antes y aún así me recordaste mucho a la chica que fui cuando aún tenía tiempo de soñar con el futuro. No era nada parecido a lo que tú eres, pero no me tomó mucho averiguar que tú compartías la misma espera que yo... A pesar de que lo que estabas esperando de hecho había venido aquí contigo.-

Pestañeó. Estaba abrumada. -Yo...-

-Tú,- Chie interrumpió la frase inacabada hasta en su pensamiento, -también he visto a las mujeres de tu tipo. Kunoichis hábiles cuyos sueños se enfocan en el crecimiento de sus habilidades, que no le interesan los hijos o tener una familia, y por lo que has mostrado aquí tú no eres una de ellas. La única cosa decente que esta aldea podría ofrecerle a alguien es el ambiente propicio para una familia, y atino a pensar que tú encontraste el tuyo al venir aquí.

»Le hice saber a Sasuke-san lo que sabía porque me interesaba descubrir la razón real detrás de la mentira y también averiguar que sucedía exactamente entre ustedes dos. Él es difícil de leer.-

-Somos amigos de la infancia.- Era la forma correcta de resumirlo todo para ambos, el apego y el deber. -Todo está bien entre nosotros... Esto sólo ha sido un tonto montaje a causa de su escrutinio inicial.-

-Eso fue obvio.- Dijo ella. -Fue un buen gesto de su parte, eso me confundió. Aunque su estatus podía darle un mal ejemplo a mis chicos con respecto a nuestras tradiciones, no creí que fuera un problema si ustedes simplemente estaban juntos e intentaban no avergonzarse a si mismos. Llevan viviendo aquí juntos durante meses, ¿Cómo va la situación para ustedes?-

La anciana la miró con ojos eternamente pacientes. Su mente era un caos y no podía encontrar la manera apropiada de explicarlo. La negación por lo visto no funcionaba con ella, estaba demasiado segura de su razonamiento.

Cerró los ojos mientras se frotaba la frente, acariciando el rombo púrpura. Le parecía increíble la rapidez en la cual meses de vida pacífica se habían roto. Estaba abrumada y tan cansada.

-No tiene importancia,- le dijo finalmente. -Pronto nos iremos de aquí.- Esperaba con el alma que ambos lo hicieran juntos.

-Tenía esa posibilidad en mente.- ¿Había algo que no? -Por eso quise venir a hablarte. ¿Realmente crees que llegará a darte lo que quieres en algún otro lugar? ¿Cuánto tiempo has estado esperando? O mejor aún, ¿Cuánto tiempo más estás dispuesta a esperar?-

-Aún está confundida.- Señaló, recordó que Kanon se había ido a la cocina y nunca se había dispuesto a salir. -No es asunto de lo que yo esté dispuesta a esperar o no. Es...-

-Difícil, ¿No es así?- Completó la anciana con una mirada conocedora. -¿Has pensado en la posibilidad de que eso nunca ocurra?-

Mantenía las posibilidades en mente. Estuvieron lejos durante los pasados meses y ahora permanecían en su mente sin descanso ahora que su mundo parecía desestabilizarse de nuevo.

-No pensé en nada todo este tiempo.- Le confesó, la voz un murmullo. -Estaba viviendo el sueño.- Nunca quiso pensar demasiado en si todo aquello iba a durar, sólo había disfrutado cada momento en el cual no era constantemente acosada por todo el sufrimiento que les predecía y continuaban arrastrando.

-No vivías tu sueño, niña. No al menos que tu sueño fuese actuar un matrimonio en lugar de propiamente tener uno.- Apuntó Chie, el entrecejo fruncido. Luego suspiró y sacudió la cabeza ligeramente. -No quiero preguntarte cuánto tiempo llevas estancada con Sasuke-san. Preferiría preguntarte...

»...Si fueras como yo y estuvieras estancada viviendo una vida insatisfactoria, mirando a todos los demás enamorarse, construyendo hogares y familias, teniendo hijos mientras sigues esperando por un hombre que tiene todo en él para seguirte, pero no lo hace. ¿Cuánto más estarías dispuesta a esperar? ¿Esperarías tanto como yo lo hice o entrarías en razón una vez que él decidiera irse?-

Casi sintió como se congelaba en su sitio. Aún estaba intentando mantenerse en calma a pesar de sus sospechas, pero las preguntas fueron procesadas por su cerebro y respondidas instantáneamente: una sensación fría se le alojó en la boca del estómago. No estaba segura de que haría si Sasuke se iba. Cuando era más joven se mantenía despierta en las noches y ahogaba la angustia en su rudo entrenamiento y la esperanza de encontrarlo, e incluso aunque era cierto que la primera vez Sasuke había huido hacia el peligro, el sufrimiento que había experimentado cuando él se había ido a perseguir la paz después de la guerra sólo había resultado un poco más llevadero. Fue suficiente para hacerla sucumbir ante la presión.

No sabía si podría soportar que él se fuera una vez más. Pero estando a su lado, sentía que no le importaría esperar para siempre si era necesario. El pensamiento la perturbó.

Una vida falsa a su lado había sido mejor que una real sin él.

-Podría esperar para siempre,- miró a la anciana, casi avergonzada, -y aún así nunca ocurriera nada, sería feliz de tenerlo cerca, de que él quisiera estar cerca de mi y de estar ahí si me necesita. Soy su amiga por encima de todo.- Esa era su verdad.

-Creo que eso es egoísta,- dijo Chie en el mismo tono conocedor. -Tanto para él como para ti. No te estás dando una oportunidad y quizás tampoco a él. Te estás perdiendo la vida que deseas tener esperando por alguien que tal vez quiera algo totalmente opuesto. Si sólo actuaras como su amiga te asegurarías de que él también obtuviera lo que desea, si sólo actuaras como alguien que lo ama te asegurarías de hacer algo para conseguir lo que quieres.-

¿Realmente podía hacer más de lo que había hecho? Había mostrado sus fortalezas y debilidades, le había dejado ver dentro de ella y se aseguró de que él llegara a entender claramente cómo se sentía. Lo había apoyado incondicionalmente, había estado allí.

-He hecho todo lo que he sido capaz de hacer.- Le confesó.

Hubo una mirada comprensiva en el rostro de la anciana -No lo dudo, estás haciendo todo esto después de todo. ¿Pero qué si la demora no se trata sólo de eso? ¿Qué si te encuentras sola algún día debido a que él decidió levantarse e irse sólo porque se dio cuenta de que no eres tú lo que busca o necesita? Has perdido demasiado tiempo, Sakura-san. Te niegas a ti misma de la vida que podrías estar viviendo, y si no eres tú lo que él realmente quiere, también estarías robando algo de su tiempo.-

A toda su tensión previa fue añadido el peso de las palabras de Chie. Sintió el nudo en su garganta mientras detallaba las arrugas y surcos de un rostro que pudo haber sido hermoso en su juventud. Hablaba palabras sabias y por esa misma razón dolía. La anciana le había dado una nueva perspectiva, jamás lo había visto de esa forma, siempre había querido estar con él siempre que fuera lo que Sasuke quisiera.

Podía soportar ser egoísta consigo misma, pero jamás con Sasuke. Había luchado por si misma y por los sentimientos que albergaba desde niña, pero si elegía pensar en él como lo haría alguien que sólo se preocupara por su bienestar en lugar de en si misma, si pensaba en lo que él quería; ¿Qué había querido realmente todo este tiempo? La razón que evitaba que volviera a su hogar, que se recluyera en si mismo y dejara atrás en el camino a las únicas personas que le importaban.

La respuesta fue concisa: Paz. Ser dejado solo para continuar por su cuenta y alcanzar lo que buscaba. Es lo que había querido desde el principio.

-No puedo dejarlo.- Titubeó. Se estaba comparando con la vida de una mujer que había tenido diferentes circunstancias. Chie no tenía idea de lo que la vida había sido para ellos, era imposible que alcanzara siquiera a adivinar cuanta lucha había existido en el camino que los había terminado reuniendo.

La mano apergaminada de la mujer se posó en su antebrazo. -Eso es exactamente lo que te sugiero que hagas.-

En la habitación cercana, escuchó el sonido de algo quebrarse.

El recibimiento en Kirigakure había resultado sorprendentemente más cálido de lo que lo había sido en cualquiera de las demás aldeas ocultas en las que había estado. A pesar del ambiente húmedo este daba una sensación algo etérea, y aunque algo de la niebla se filtraba hasta el interior de los límites de la aldea, la nube profunda permanecía en el exterior, como si resguardara el lugar.

El hospital era más pequeño que el de Konoha, pero Chōjūrō le habló acerca de sus planes para ampliarlo y modernizarlo. El personal le dio una bienvenida apropiada, manos fueron estrechadas e incluso recibió algunas sonrisas. Los términos del intercambio eran vagamente detallados: debía escoger un par de estudios específicos para impartir, así que se reunió con un grupo pequeño para organizar la dirección que tomarían. Estuvieron interesados en su experiencia con antídotos y venenos, acordaron partir de ahí y seguir en la marcha. Sabría cómo concluir el programa una vez que los estudiara un poco para poder otorgarles algo que pudiera servirles, acorde a las necesidades del lugar.

Los días pasaron lentamente, pero lo hicieron. Sin importar cuan despierta se mantuviera durante la noche y cuánto le tomara abrir los ojos por la mañana, el sol siempre se alzaba y ponía a las mismas horas.

Se había tomado el tiempo de escribirle a Kakashi para decirle que todo iba bien, realmente había llegado a agradecer los pergaminos. Su trabajo en el hospital resultaba gratificante e incluso emocionante ahora que empezaba a intercambiar técnicas y métodos que nunca había probado y eran propios en el sur; las personas a las que enseñaba estaban ansiosas por aprender y también eran bastante hábiles para desempeñarse. Disfrutaba hacerlo, y pronto se involucró en una rutina similar a la que había tenido en Konoha, donde el hospital había sido el centro de su vida por muchos años. De cualquier forma, no recordaba haber estado tan abatida en Konoha como se encontraba allí, casi podía recordar y extrañar la sensación anestesiada de entonces en lugar de la actual inquietud.

No se cruzaba con la Mizukage a menudo a pesar de que vivía en sus dependencias, pero cuando lo hacía, la mujer siempre se preocupaba de entablar conversación. La pelirroja le hacía preguntas aleatorias, acerca de si sentía o no sola, si había hecho amigos, le agradaba la fluctuación del clima y también bastante acerca de su trabajo en el hospital. A veces también compartía ciertos aspectos de sus quehaceres, la forma en la que funcionaba la aldea y detalles de su puesto que no eran delicados de compartir.

Se dio cuenta de que siempre que compartía algo despreocupadamente, como la alusión de sus problemas para dormir o su gusto y curiosidad en particular por ciertas flores que había visto crecer cerca del hospital, no pasaba demasiado tiempo hasta que se encontraba surtida de infusiones para dormir o flores frescas en la habitación al regresar de sus turnos. No le tomó demasiado tomarle cariño a Mei y sentirse profundamente agradecida por sus intenciones de hacerle más cómoda la estancia. Había llegado sintiéndose sola y perdida, fue capaz de avanzar lo suficiente para sentir menos de lo uno y lo otro gracias a ella.

Casi lamentó cuando le fue anunciado que la casa que estaba siendo acondicionada para su uso estaba lista y estaban preparados para concertar la mudanza. Casi, si el lugar donde la habían asignado no hubiese sido tan agradable. Era una pequeña construcción de madera, iluminada y clásica, con un pequeño jardín que tenían un poco de verde en los arbustos y a pesar de la falta de atractivo vegetal, todo se balanceaba a la perfección con una pequeño estanque rocoso. Lo amó desde el principio y agradeció los detalles femeninos que estaban colocados aquí y allá. Desde que había dejado Konoha no había tenido un espacio en si mismo en el cual se hubiera sentido cómoda sin la presencia de Sasuke con ella.

A pesar de ello, la primera noche por su cuenta él volvió a aparecer, demasiado lejos para alcanzarlo, la simple visión oprimió dolorosamente su corazón. Despertó debido a la sensación, lágrimas derramándose de sus ojos sin que pudiera hacer algo para contenerlas. Se había ido. Ahogó el llanto tras la palma de su mano, había tratado con toda sus fuerzas evitarlo, había tomado una decisión.

Nunca previó lo desilusionante que resultaría despertar y no encontrarlo a su lado una vez que se había acostumbrado a hacerlo. Las noches sólo resultaban tolerables si lograba quedarse fuera de su nueva realidad al dormir lo suficientemente profundo.

Relajó su respiración y aseguró el nudo de la bata conforme caminaba por la vivienda vacía. Deslizó la puerta que conectaba al jardín, la vista encantadora distorsionada por la niebla pesada que se acumulaba debido al frío. Se aferró a ella, mirando ausentemente hacia la oscuridad. ¿Estás bien? ¿Has pensado en mí?

Las noches no se ponían mejor, pero los días continuaban mejorando. Presentía que la presencia constante de Chōjūrō era obra de la Mizukage, sobre todo porque parecía compartir su interés de preguntar sobre su proceso de adaptación a la aldea siempre que tenía la oportunidad. El chico había terminado siendo lo más cercano a un amigo que tenía en la Niebla.

-La gente ya no me parece tan atemorizante.- Aunque siguen luciendo peligrosos. Le dijo una vez que él le preguntó acerca de su opinión sobre las personas de la aldea.

Chōjūrō dio una media sonrisa. -Es difícil deshacerse de los viejos hábitos.- Admitió él. -Los hemos tenido peores.-

-Sin duda.- Concordó ella, asintiendo. Él lució ligeramente intrigado. -Vi a los espadachines durante la guerra, tuve algunos encuentros con Kisame Hoshigaki y supongo que aunque quisiera no podré olvidar como lucía el rostro de Zabuza.- Se explicó. Sus apariencias habían hecho que se le erizara el vello. Entre todos, recordó especialmente al tipo larguirucho con la espada aguja que cosía a las personas y la apariencia metamórfica de Kisame, cuando el simple hecho de que llevara una capa de Akatsuki había sido lo suficientemente aterrador.

Hubo cierto destello en sus ojos tras los anteojos. Chōjūrō terminó riéndose entre dientes. -Si, temo que los de apariencia más extraña siempre son los que tienen alguna de las siete espadas.-

Tuvo un segundo para sentir vergüenza. Estuvo a punto de contradecirlo, pero sus dientes picudos le recordaron repentinamente a Suigetsu y en su lugar le entregó una sonrisa de disculpa. -De todos, tú tienes la apariencia más agradable, Chōjūrō-san.- El siguiente era Suigetsu, y eso decía bastante acerca de cuán extraños/peligrosos tenían historia de ser en apariencia.

Él se sonrojó ligeramente, pero terminó por asentir. -Lamentablemente no puedo contradecirte, ni siquiera por cortesía.- Hubo una breve pausa después de la broma antes de añadir, -ahora que pienso en eso, tú debes haber sido parte del escuadrón gennin que fue liderado por Hatake-sama; ustedes acabaron con Zabuza, también Naruto y Sasuke.-

Su nombre escoció. Habían pasado varios días desde que nadie lo había mencionado en voz alta. Asintió, dudando que alguna vez fuese capaz de recordarlo sin revivir al menos un poco de aquel miedo. Esa fue la primera vez que había sufrido por sus compañeros de equipo y eso estableció un precedente en su forma de vivir en adelante.

-Zabuza Momochi le hacía gala a su sobrenombre.- Miró hacia arriba, hacia los rayos de luz tenue que atravesaban las nubes no tan aglomeradas. -Fueron noticia cuando sucedió, la gente solía decir que los que lo detuvieron eran élite ninja, terminaron estando en lo correcto.-

»También escuché que cuando fue revivido por el Edo Tensei se liberó de la técnica por el bien de ustedes y su escuadrón. No se conformaron sólo con matarlo, de alguna forma lo mejoraron antes de que muriera. Sólo los grandes shinobi son capaces de espantar la oscuridad y traer la luz hacia los abandonados.-

Le dio una pequeña sonrisa. -Ese es el don de Naruto.- Se limitó a decir.

-No dudo que se convertirá en un muy buen Hokage, pero no creo que ese don se limite sólo a él.- Él sonrió de vuelta, continuando la marcha.

Ese lugar era distinto a Konoha porque había alguien esforzándose para evitar que ella decayera. Podía permitirse algo más de comodidad y quedarse lo suficiente hasta moverse a algún otro lugar.

¿Qué esperas realmente para tu vida?

La respuesta siempre había estado clara. No esperaba nada más, sólo lo había esperado a él.

Se había desgarrado de distintas formas a través de su vida para alcanzarlo, las únicas ocasiones en las que había sido feliz en la vida fueron sólo los periodos en los cuales él estaba en la imagen. Había construido su vida alrededor del camino de Sasuke y si lo apartaba, se encontraba a si misma sin rumbo.

La primera cosa en la que se preocupó cuando estuvo a distancia segura de él fue en pensar arduamente por cualquier otra cosa a la cual aferrarse. Sus habilidades la hacían feliz, ser necesitada la hacía feliz. Eso era todo, no necesitaba mucho más a lo que aferrarse. Tenía que agarrarse a lo que sea que tenía hasta el momento.

Comprender que lo que quería y no lo involucraba era bastante poco le añadió un poco a su propio abatimiento.

Si apartaba su conflicto interno durante el tiempo suficiente podía darse cuenta de que el lugar intentaba iluminar todo aquello que la rodeaba. Las personas eran amables, su trabajo era interesante e incluso el clima poco favorecedor hacía un esfuerzo para animarla y le proveía algo de encanto; en la cúspide del atardecer el sol alcanzaba a atravesar algunos rayos a través de las nubes y daba un espectro de luz maravilloso en conjunto con la niebla.

Era debido a eso que su pequeño jardín era una prioridad al volver a la casa. Siempre que deslizaba la puerta, sus pensamientos eran desvanecidos por la belleza y adormecían su dolor.

Hubo algunos días después de la mudanza antes de que el paisaje se modificara ligeramente. Al deslizar la puerta una tarde, había un ave conocida posada sobre uno de los arbustos. Dirigió la mirada inteligente hacia ella, su corazón se aceleró ante la visión. Era la invocación de Sasuke.

-Mi vida entera ha sido definida sobre si estoy cerca o lejos de Sasuke. Por primera vez estamos juntos en algo sin ser presionados por nuestras alianzas externas o deberes, es la primera vez que consigo estar con el verdadero Sasuke y más importante aún porque él me lo permitió.- Se dio cuenta de que tenía la mano sobre el esternón, como si estuviera lista para auxiliar su garganta en caso de que sus emociones la ahogaran. -No puedo retractarme de eso.-

Pensar en que se fuera era insoportable, pero estaba más consistentemente relacionado con él significado de su ausencia.

Había pasado meses viviendo con él. Finalmente viviendo. Si pensaba en cómo había estado en Konoha bien podría haber estado muerta. ¿Qué iba a sobrar de ella si hacía algo como dejarlo o permitir que se fuera otra vez? Tuvo miedo de que ya no hubiera nada de su miedo que ocultar cuando Chie colocó otra mano en su hombro.

-El hombre que amé me hizo feliz con tan poco que esperé por él toda una vida.- Dijo en un tono comprensivo. -Ahora desearía no haberle dicho nunca que esperaría para siempre. De ese modo, él podría haber tenido la voluntad de volver a mí.

»Eres muy joven y aún así ya has dedicado tu vida a alguien más que a ti. Eres tan omnipresente, te ha tenido siempre y cree que lo hará hasta que se canse de ello. Puede que estés bien con eso, y realmente se me hace difícil creer la posibilidad de que pueda perderte de verdad con ese nivel de compromiso...

»... ¿Pero eres alguien más sin él? ¿Alguna vez has intentado ser feliz por tu cuenta? Te aseguro que eso mejoraría las cosas en caso de que algo saliera mal.-

No podía dejarlo. No había ninguna forma de que pudiese dejarlo atrás. Una única lágrima se deslizó por su mejilla, aquello bien podría ser algo que le habría dicho su madre, algo que probablemente le había dicho ya.

-Sé que te parece la cosa más loca y terrible en la que hayas pensado. Pero al irte no sólo podrías encontrar felicidad en ti misma...-

El animal la miró con sus característicos ojos inteligentes. Al acercarse, extendió su pata para que tomara el mensaje, los dedos temblando. En el papel sólo se escribía una palabra.

Dónde

Las lágrimas mojaron el papel antes de que alcanzara a limpiarlas.

Al final, la verdadera respuesta a su decisión era si podía soportar que Sasuke se fuera o si podía hacer algo para evitarlo. Ya sabía que se derrumbaría sin poder evitarlo cuando fuera que él escogiera irse, así que eligió preguntarle por la segunda.

-No.- Había respondido él. No había nada que pudiese haber dicho y hecho entonces, su respuesta fue tan certera que no dudó en que lo esencial no había cambiado hasta ahora.

Ahora que sabía que sólo estaba resignaba a esperar y mirar, sólo entonces pudo empezar a considerar que de hecho existía alguna otra opción.

Irse teniendo el presentimiento de que él lo haría pronto-pero no aún- evitaría tener que enfrentar que se fuera. Irse le daría la oportunidad de arreglar las cosas para si misma, había sanado con él, pero aún habían cosas que debían ser enmendadas si todo ese asunto la perseguía de ese modo.

-Aún no sé si puedes hablar o no,- le dijo al halcón, -pero en caso de que puedas, ¿Podrías decirle que estoy bien?-

Sabía que Sasuke regresaría de aquella misión para la que había sido contratado porque se lo había dicho y él nunca le había mentido sin importar cuán dura fuera la verdad de soportar. También sabía que se preocuparía por ella una vez que regresara y no estuviera allí.

Se había ido del país del Rayo cuando Sasuke ya había emprendido su camino; sin dejar ningún rastro o decir alguna palabra al respecto, así que estuvo francamente sorprendida acerca de que el ave hubiese sido capaz de rastrearla tan pronto. El papel expresaba a Sasuke con claridad, le había pedido venir a donde se encontraba, así que esperaba una respuesta de vuelta.

-Dile que las deudas están pagadas.- Todas ellas, cuáles fueran lo movieron a decir que lo sentía en el Valle del Fin, también a recogerla en Sunagakure y mantenerse a su lado. -Que logró hacerme feliz.- El papel se arrugó entre sus dedos.

Había sido una aspiración tonta el pensar que podía alcanzar la felicidad en los lugares en los que alcanzara a viajar. Todo el tiempo él había estado en su mente, desde el momento y la razón por la que ella se fue, a través de todos esos días y noches, entre la risa vacía y las vidas descartables que erigía a donde iba.

Ya había decidido que no le enviaría una respuesta, si realmente lo hacía, probablemente vendría hasta ella. Esperaba que no hacerlo hiciera que se viera forzado a desentenderse del asunto. Debía darle a Sasuke el espacio que le había quitado para tomar su propio camino sin las ataduras de sus vínculos.

-Dile...- Antes de que lo supiera, el llanto que había estado reprimiendo todo el tiempo desde que había sentido sus alarmas encenderse al percibirlo demasiado lejano comenzó a derramarse con la visión del halcón. Incluso aunque no iba a hacer nada, aún estaría esperando.

-...Hay una mayor esperanza en la posibilidad de que él también volviera a ti por su propia voluntad.-

Chie no podía saber con exactitud que vivían en ese momento. En cualquier otra ocasión habría pasado por alto la obvia intención de separarlos sobre su propio criterio, pero la anciana había escogido hablarle cuando estaba guindando entre su ausencia y los miedos que estaban ocultos detrás de la frágil felicidad que había tenido esos meses. Había pasado un par de días sólo temiendo que viniera lo inevitable, y Chie le había dado otra salida.

No podía soportar que Sasuke se fuera de nuevo, pero era soportable no estar allí cuando lo hiciera. Podía ser la mejor respuesta para ambos.

Las lágrimas cayeron sin parar y aquella dureza en su pecho dolía mientras se aflojaba. Podría haber proseguido sin reparar en el tiempo si no hubiese sido por el toque suave en su brazo. Sus ojos se ampliaron para ver el ave que la acariciaba gentilmente con las plumas de la cabeza, de forma solemne.

Por supuesto, la única forma de que irse fuera tolerable era al aferrarse a la más pequeña esperanza de que él la alcanzara a donde fuera sin importar qué.


Las noches después del vuelo del halcón fueron cortas de descanso y largas en duración. La inquietud que había experimentado al estar demasiado cerca de Sakura se maximizó una vez que estuvo demasiado lejos y era inconsciente de por que. Sus pensamientos divergían hacia los posibles lugares, la preocupación por su desaparición súbita imposible de ahogar por encima de la molestia acerca de que ella hubiera hecho algo tan estúpido.

Todo transcurrió en lenta decadencia, el pasar de los días no alivió la molesta sensación que lo mantenía despierto durante la noche. Estaba furioso. Había estado tratando de librarse de ella todo el tiempo y cuando finalmente accedió a rendirse, Sakura había decidido largarse en el tiempo exacto en el cual de hecho lo fastidiaba el haberle perdido el rastro. Se suponía que iba a dejar de sentirse comprometido ya fuera que la dejara en Konoha o en cual fuera el infierno en el que Sakura pretendiera quedarse. La percepción de la situación que había tenido en Kumogakure había sido acertada, no tendría un momento de paz si la perdía de vista antes de que eso ocurriera.

No ayudaba su frustración el hecho de que su rostro fuera la primera imagen que aparecía en su mente siempre que despertaba y que gran parte de su tiempo fuera utilizado reuniendo información para tratar de localizar su paradero.

El halcón era un rastreador. Reconocía el chakra característico de Sakura desde que ya lo había utilizado antes con ella; aunque lo había enviado en su búsqueda alrededor de una semana después de que se había ido. No tenía un rastro inicial para seguir, pero esas invocaciones se caracterizaban por encontrar siempre a la persona a la que se suponía debían enviar el mensaje. Cada día que pasaba sin noticias su irritación crecía. ¿Cuán lejos podía haberse ido?

Después de varios días supo con certeza que debía estar planeando hacer uso de los pergaminos restantes. De cualquier forma, debía esperar a que el halcón volviera para obtener un curso fijo ahora que la variabilidad de sus sospechas podría llevarlo tanto al país del Agua como al país de la Tierra.

Tener que quedarse quieto era el motivo de la mayor parte de su irritación. No podía soportar la sensación restrictiva de inmovilidad incluso si sabía que era la estrategia apropiada a seguir.

Se las arregló para ahuyentar a todas las personas que se habían acostumbrado demasiado a pulular alrededor de Sakura sin demasiado esfuerzo, su humor adusto se propagó e hizo el trabajo por él; hasta que el único que pareció inafectado y se hacía camino dentro de la casa a voluntad era Motoki. Sólo lo permitió porque su presencia suponía una distracción de su propia mente, aunque ya había logrado que renunciara a todos sus intentos de entablar cualquier tipo de conversación. El tiempo que Motoki pasaba alrededor lo utilizaba para hacer inventario y mantenimiento de las armas selladas en sus pergaminos. Al principio el hombre lució cauteloso, luego pareció acostumbrarse hasta que progresivamente comenzó a imitarlo en la labor y se le unió.

-Sasuke-san,- mencionó una vez, logrando captar su atención. -¿Sakura-san... es ella como tú?- Ya que estaba mirando la bolsa llena en su regazo, supuso que tenía que ver con el estatus de sus ocupaciones como shinobi.

-Si.- Se limitó a responder, trabajando su propio puñado de senbon.

-¿Están en alguna clase de misión?- Motoki preguntó de nuevo.

-No.- Si estuvieran en una misión, Sakura no habría hecho algo tan estúpido como irse.

Motoki parecía encontrarse en tal conflicto que hubiera preferido que no abriera la boca para compartirlo, y finalmente no lo hizo. Casi podía escuchar las preguntas que formulaba su cerebro.

-Dejé la aldea una vez.- Escuchó que dijo de la nada momentos después, como si apenas hubiera encontrado la forma correcta de decirlo. -Tenía dieciséis y estaba cansado de este lugar. Encontré muchas cosas fuera de aquí, pero regresé de todas formas. No por mis padres y tampoco porque extrañara a nadie más aquí. Regresé por Kanon, y lo habría hecho incluso si no lo hubiera considerado en ese entonces,- pausó, -lo habría hecho eventualmente.- Reiteró

El moreno permaneció quieto mientras escuchaba el sonido estridente del metal de su chokutō contra la piedra de afilar. Motoki no dijo otra palabra hasta que se levantó para irse, él no se movió de su asiento.

-Regresará.- Dijo él antes de dirigirse a la puerta.

Si, eso se parecía más a ella. ¿Era lo correcto?

Había estado esperando a que ella tomara su propio camino. Había acordado que era lo mejor para ella y sólo había terminado resultando inconveniente para él al final. Tal vez la situación era tan molesta como era la forma correcta de que aconteciera, Sakura se había ido por voluntad y había evitado herirla una vez más.

Los pasos en el recibidor hicieron que apuntara instintivamente una de las armas hacia la puerta de la habitación, Motoki era el único que había entrado en la casa sin invitación y la fuerza que era impresa en ellos era distinta, no como los de Sakura, pero casi tan ligeros. El arma estuvo abajo antes de que Chie estuviera de pie en la entrada, habiendo previamente reconocido su energía.

-Así que es aquí donde has estado todo este tiempo.- Dijo la anciana, caminando alrededor de la habitación. Tomó una de las armas que Motoki había estado afilando, presionando la yema de los dedos en los extremos puntiagudos. Sus pupilas siguieron atentamente los movimientos de la mujer. -Me preguntaba que harías una vez que se fuera tu compañera de equipo.-

Sus ojos se afilaron en respuesta. -Habló con ella.-

-Apostaba a que ya te habrías ido hace mucho para el momento. Pero mi agudeza sentía que aún estarías aquí.- Lo ignoró en favor del metal reluciente a su alrededor hasta que el silencio la forzó a mirarlo a los ojos. La anciana no podía pretender evadirlo al estar atrapada en su visión. -Por supuesto que hablé con ella. Alguien le tenía que decir a la chica que te dejara atrás.-

Frunció el entrecejo. -¿Qué podría importarle realmente acerca de nuestros asuntos? No somos parte de su comunidad ni nos regimos por sus reglas.-

-Sakura-san se hizo a si misma una parte importante de nuestra comunidad. Así que le di consejos no deseados pero verdaderos como lo hago con todos aquí.-

Dudaba que Sakura pudiese haber tomado una decisión basada en cualquier cosa que la anciana hubiera podido decir.

-No nos conoce,- le dijo, el tono de voz sereno, -así que usted no podría saber cuál es o no el mejor consejo para cualquiera de nosotros.- Advirtió.

-Sé muchas cosas. Los años te hacen saber cosas.- Chie apuntó las armas que Motoki había dejado atrás. -Exudas peligro incluso sin estar rodeado de todo esto. A pesar de que Sakura-san también es una kunoichi, ella no lo hace. Deberías saber tan bien como yo que es lo que transmite. Luz, calidez, consuelo.

»Al principio creí que debías estar alimentándote de eso, y no parecía estar mal ya que Sakura-san parecía dispuesta a ello. Pero después de meses comenzó a parecer como si tú sólo estuvieras quitándole sin darle nada de vuelta... a excepción de la interpretación de la obra de un matrimonio feliz para que ella pudiese jugar a la familia en esta aldea durante un tiempo hasta que te cansaras de ello. ¿Estoy en lo cierto?-

Incluso aunque la anciana hablaba del peligro, no parecía estar intimidada por el. No le gustaba la forma en la que sus palabras intentaban provocarlo.

-Si realmente exudara peligro no estaría metiéndose con nada relacionado a mi.- No había un tono particular de amenaza, pero la anciana sonrió.

-Estoy muy vieja para tener miedo.- Explicó con simpleza. -Por eso vine aquí a preguntarte por qué no te has ido ahora que te has librado de ella. La única razón por la que tendría sentido para mí que aún estés aquí entre nosotros, es porque has estado esperando para ver si regresa.-

Era una de las razones. La posibilidad de que Sakura regresara y también para no dificultarle el camino al su invocación para encontrarlo de vuelta.

-No sé de qué habla.- No entendía su punto y tampoco que hubiese venido por una razón más allá de fastidiar.

-Entonces me explicaré.- Ofreció Chie cortésmente. -Sakura-san estaba desperdiciando su tiempo contigo. Te lo dije la primera vez, la chica es un encanto y obviamente fue hecha para pertenecer a un lugar como este, pero tú sólo la estás reteniendo. Mientras estés a su alrededor no será capaz de alcanzar lo que quiere.-

Reprimió la urgencia de chasquear la lengua, el rostro desprovisto de emoción. -La única razón por la que me mantengo cerca de Sakura es para asegurarme que encuentra el lugar a donde pertenece.- No deseaba explicarse, pero se molestó de todas formas para asegurarse de cortar con sus tonterías. -De esa forma no tendría nada de que arrepentirme.-

-¿Es así?- La anciana lució curiosa. -Cuando le pregunté la naturaleza de su relación Sakura-san fue lo suficientemente gentil de explicarme los vagos detalles. Por lo que me dijo, fue lo suficientemente claro para mí que no tienes un interés real en ella. Aparentemente, yo fui la única lo suficientemente compasiva como para sugerirle que te superara...

»... de esa forma, también te estaría haciendo un favor a ti. Te di lo que querías, Sasuke-san, paz por tu cuenta.- Finalizó, dando la vuelta para irse. -De nada.-

Su puño se cerró. No había paz por su cuenta ya no más. Ella no tenía derecho a inmiscuirse en el asunto. Lo que fuera que le dijo a Sakura de hecho había tenido un efecto y causado que ella tomara una decisión que dudaba que alguna vez habría tomado por su cuenta.

-Sasuke-san.- Chie se detuvo en la puerta y lo miró por encima del hombro. -Piensa en ella. Vete en la dirección opuesta en la que Sakura-san se fue, de ese modo estarías pensando en ella sólo por una vez.-

Él no abandonó la habitación. El resto de la tarde y en el transcurso de la noche continuó reuniendo las armas y sellándolas de vuelta, su mente no descansó ni un segundo. Estaba seguro de haber conservado cierta paz durante esos meses ahora que era capaz de sentir su reciente carencia.

Sólo se movió cuando sus reflejos de movimiento se activaron y buscó en las habitaciones hasta encontrar el halcón que había enviado por Sakura hacía días. Al alcanzarlo se dio cuenta de que no traía ninguna respuesta.

Evaluó cuidadosamente la situación. Tal vez era la apertura que había estado esperando todo el tiempo. Una separación indolora, aunque inesperada. Un corte limpio.

En contra de su conducta habitual, el halcón extendió las alas en toda su amplitud, y voló.


No había ningún efecto personal en la habitación, cada detalle estaba impregnado con su propio estilo y personalidad. Sakura no había cambiado ni añadido nada. Deslizó un dedo por encima de la superficie del mueble, relucientemente limpio. ¿Para mantener la mente ocupada, quizás?

-¿Cree que las flores la ayudarán?- Chōjūrō le preguntó antes de llenar la vasija con el ramo del día. Había una razón por la cual se había molestado en dispensar a la servidumbre de la tarea de llevar el acostumbrado detalle y había arrastrado a Chōjūrō con ella en la tarea. Quería observar.

-Sé que ninguno de los dos ha estado realmente en Konoha, pero aún tienes libros que leer. También es parte de tu entrenamiento conocer tanto como puedas. Geográficamente, el lugar es de los más verdes, tiene casi toda variedad. Puede que le recuerde a su hogar.-

-Lo lamento, pero no alcanzo a ver lo que usted ve. Haruno-san no parece extrañar su hogar, después de todo, lo dejó a voluntad.- Opinó él.

-Pero lo hace. Y estás fallando si yo llego a ver algo que tu no.- Organizó el arreglo floral. -¿Has concluido por qué estamos siendo tan atentos, Chōjūrō?-

-Porque... ¿Tiene curiosidad?- Adivinó tímidamente.

Asintió. -En parte. ¿Eso es todo?-

-No. Usted la está evaluando, Mizukage-sama. Observa a una forastera que viene a nuestra aldea por primera vez y también es un elemento valioso de otra aldea.-

Asintió de nuevo. -Así es. Conocer tanto como seas capaz de estudiar. Por eso te he apostado cerca de ella, para aprender. Pero aún más importante... Somos una nación que careció de conexiones durante un tiempo. Fuimos aislados y cuando dejamos de estarlo todos los demás no se fiaban de nosotros. Fue sorprendentemente extraño que la guerra nos haya proveído con verdaderas alianzas, así que, ¿Qué hacemos para mantener a los amigos?-

-Velamos por ellos.- Respondió sin titubear esta vez.

Le sonrió. Estaba realmente orgullosa de ese chico. -¿Qué hacemos como ninjas?-

-Somos cuidadosos.-

-Serás uno fantástico una vez que tomes posesión del puesto.- Le dio pequeños toquecitos en el hombro y él se sonrojó.

Imaginaba cientos de razones por las cuales Sakura podría haber cruzado el mundo e intentar deshacerse de la vida que tenía. Estaba huyendo, la pregunta real era exactamente de qué.

¿Había alguna posibilidad de que eso viniera a buscarla de vuelta?


Hubo muchas cosas que pasaron por su mente durante esos días y todo había culminado en una certeza específica, cuando tuvo que infiltrarse en una aldea oculta como esa, careciendo de suficientes provisiones ninja y terminado empapado por la lluvia: estaba furioso.

El halcón desapareció en una nube de humo sin previo aviso después de días y él se detuvo a la puerta del lugar donde sintió su presencia. No estaba seguro de cuánto tiempo había permanecido allí, sus ropas ya estaban mojadas y las gotas se acumulaban en la punta de los flecos que enmarcaban su rostro y sus pestañas. Sostenía el mango de su chokutō con fuerza, intentando canalizar su frustración.

No podía creer que Sakura hubiera cruzado países hasta aquella aldea olvidada sólo por las palabras de una vieja bruja. No había tenido elección. El halcón había emprendido vuelo para mostrarle el rastro y lo había seguido hasta desaparecer sin ser despedido. Después de todo, Chie había estado equivocada en sus presunciones y aquella sólo era otra llama en la pira de su molestia.

Hubiera sido fácil si sólo hubiera pensado en Sakura por una vez y no la hubiera tenido siempre en la maldita cabeza. De esa forma simplemente habría permitido que se fuera y hubiera vuelto a estar tranquilo otra vez.

Sus cavilaciones fueron interrumpidas cuando la puerta se abrió lentamente y Sakura se asomó a través de ella, sosteniéndose a la madera. Durante los segundos en los que ella se mantuvo inmóvil su molestia creció. ¿Por qué simplemente no había enviado una maldita respuesta en el papel? De ese modo tal vez el saber dónde se encontraba lo podría haber mantenido lo suficientemente calmado y habría evitado que se metiera en un posible gran problema por infiltrarse en Kirigakure.

Cuando la puerta se abrió completamente Sakura dudó antes de comenzar a avanzar lentamente en pequeños pasos. La miró acercarse, incrédula; la arruga de su entrecejo se profundizó. Una vez que se apresuró hacia él tuvo un breve segundo para preguntarse por qué rayos estaría corriendo hacia él si había elegido alejarse en primer lugar, eso antes de que su cuerpo registrara los brazos a su alrededor.

La rabia fluyó a través de su cuerpo y fue lavada por la lluvia, ahuyentada por sus brazos. Ella le desagradaba tanto. Sakura lo abrazó con fuerza mientras sus propios brazos languidecían por encima de su abrazo, derrotados.

La paz había regresado tan pronto como todas las emociones previas se fueron, y pronto sólo pudo percibir la calidez del cuerpo que lo sostenía. Para el momento sólo estuvo seguro de que siempre estuvo en lo correcto al afirmar que era una molestia. La paz había terminado siendo una inconveniencia escurridiza que había tomado la forma de Sakura.


-Ambos se fueron.- La casa, de hecho, no contenía rastro alguno de ellos, como si ninguno hubiese existido.

-Apuesto a que no los volveremos a ver nunca más.- Su tono era complacido y no tenía ninguna intención de ocultarlo. Fue entonces que por primera vez en la vida que había recibido algo parecido a una mirada severa de parte de la morena embarazada.

-Me pareció horrible como manejó la situación con ambos. Lo que había entre ellos no me parecía débil, pudo haberse convertido en algo real con el tiempo; con lo que hizo, puede que los haya separado para siempre.-

Juventud. La ignorancia sólo podía ser perdonada una vez que era corregida.

Sacudió suavemente la cabeza. -Lo que realmente hice fue acelerar todo el proceso.-

Kanon lució confundida. -Les dijo a ambos que lo mejor era separarse.-

-Sakura-san es una buena chica.- Señaló. -Realmente evaluó y apreció mis palabras porque verdaderamente piensa en él más que en si misma. Sasuke-san, por su parte, no les dio crédito, fueron totalmente irrelevantes para él hasta que me metí con sus asuntos. La verdad es que ninguno de los dos guardará lo que les dije por mucho tiempo. Sakura-san las desechará cuando sea derrotada por sus propios sentimientos y Sasuke-san nunca haría lo que yo le dije... sólo hará lo que él cree es lo mejor.-

-¿Así que lo que está diciendo realmente es que los envió lejos del otro para que terminen reuniéndose?- Indagó Kanon, contrariada.

-Son gente testaruda, así que sí. Necesitaban una estrategia diferente para abordar las cosas.-

El chico se había encerrado cuando Sakura se fue. Cuando fue a visitarlo la última vez, Sasuke parecía estar hirviendo a fuego lento. La rabia era una emoción que podía emerger desde la confusión, tal vez él no lo estuviera sólo por el hecho de su ausencia, sino también por como descubría que su ausencia lo hacía sentir.

Sakura conocía lo suficientemente bien la sensación de su pérdida como para temerla, pero Sasuke no lo hacía como para darse cuenta, y esa era la pieza restante. Las probabilidades de que hubiera creado un matrimonio real desde uno falso eran favorables.

Esperaba que Sakura se hubiera ido lo suficientemente lejos de él. Tenía el presentimiento de que mientras más tiempo le tomara encontrarla, para entonces ya se habría dado cuenta de que estaba demasiado hundido en esto como para huir.

A menudo pensaba en el hombre que la había amado en su juventud; realmente esperaba que la razón por la cuál no había regresado era porque había conocido a otra como él o simplemente no la había amado lo suficiente y no porque había muerto en algún campo de batalla. En un mundo como ese, lleno de guerras y sin tiempo, los shinobi eran sorprendentemente estúpidos para arreglárselas de aprovechar la vida considerando que la de ellos era tan corta.

Tenía esperanza de que lo comprendieran pronto. Después de todo, se las habían arreglado para convivir en una armonía sorprendente considerando que era un aspecto bastante difícil de alcanzar en relaciones que tenían mucho más a su favor.

Ellos ya tenían el amor de su parte, después de todo.


Sucedió en varias oportunidades antes, cuando lo añoraba tanto que su mente la engañaba con visiones de él, que no siempre podía confiar en lo que veían sus ojos, confiaba mucho más en sus otros sentidos.

Hacía rato que estaba en casa y su guardia no estaba precisamente erigida, así que le tomó algo de tiempo convencerse a si misma de moverse una vez que creyó escuchar el chillido del halcón desde una de las ventanas. Se dirigió hacia el jardín con algo de sobrecogimiento, intentando que la esperanza no creciera demasiado como para acumularse en el vacío de su pecho.

Notó la ligera decepción cubrirla como una nube sombría una vez que deslizó la puerta y no hubo nada que ver. Recientemente había comenzado a reprenderse siempre que llegaba a sentirse de ese modo. Todo había sido una consecuencia natural de su elección, aún quería creer que ésta había sido correcta.

Después de todo, había alcanzado a obtener algo de ella: la certeza de que existía vida más allá, tan nostálgica como lo era. La razón por la cual Konoha había resultado tan insoportable tenía que ver con el hecho de que ella había sido la única en una situación similar. Los progresos de sus amigos eran tan gratificantes como hirientes, todo mientras era pasada de largo y se consumía a si misma en la espera. Al comprometerse en una rutina similar mientras estaba en una aldea que no era diferente en lo sustancial tuvo la certeza, ya que el nuevo aire le había sentado diferente sólo porque sus nuevos conocidos no parecían ser capaces de pasarla de largo.

Desde el momento en el que había salido del país del Fuego no había encontrado más que gentileza proveniente de extraños que había llegado a conocer por mucho o poco tiempo en los lugares en los que había estado, y en cada uno de ellos alguien se había preocupado lo suficiente acerca de cómo se sentía y a dónde se dirigía. A donde iba, siempre parecían haber personas que evitaban que se recluyera en si misma. No estaba sola, y tal vez ni siquiera lo había estado en Konoha.

Sólo era capaz de realizarlo estando por su cuenta y lejos de él, con el espacio suficiente para reflexionar acerca de su vida y la forma en la que esta había sido siempre. Se había elevado para convertirse en alguien valedero y trabajó duro por ello. Había alcanzado a llegar más lejos que muchos y era privilegiada, pero aún bastante infeliz. Sólo Chie le había hecho cuestionarse por qué.

Tenía apenas dieciocho, pero era respetada entre los suyos y por sus superiores. Tenía un futuro promisorio por delante y cuando abrió su camino fuera de la aldea también hizo lo mismo con otras oportunidades. Después de días en Kirigakure y lejos del aturdimiento inicial se encontró a si misma riendo otra vez, encontrando interés en lo que hacía, comprometiéndose a encajar apropiadamente en el nuevo ambiente, haciendo su trabajo, aprendiendo, conociendo.

Le tomó algo de tiempo aceptar que siempre había habido vida más allá de Sasuke, pero lo que no parecía haber era felicidad. La vida era monótona, buena si pensaba en todo lo que tenía a su favor, pero no emocionante. Un cuerpo movido por la esperanza, el miedo y la recientemente descubierta resignación, pero no verdadera pasión. El sufrimiento por su ausencia era a menudo opacado por sus propios pensamientos acerca de que esta vez no tenía de nada que arrepentirse. Lo había seguido, alcanzado y había obtenido de Sasuke lo suficiente como para sentirse orgullosa de lo que había llegado a hacer por él.

Tal vez no había hecho todo lo que hubiera querido, pero lo había librado de una de sus cargas; la que significaba ella misma para él. No tenía importancia real si no volvía a alcanzar el nivel de felicidad que había experimentado en su compañía y debía conformarse con efímeras chispas que podía encontrar en hacer todo lo que le gustaba, siempre y cuando hubiera contribuido de alguna forma a que Sasuke encontrara a sentir algo de eso él mismo.

Después de todo, podía empezar cuantas veces quisiera en cualquier otro lugar y encontrar renovada comodidad. La paz que Sasuke perseguía era mucho más difícil de encontrar y mantener.

La lluvia rompió a cántaros y todo lo que podía ver por la ventana era el exterior gris. No podría decir exactamente qué la había movido, pero había mantenido cierta inquietud desde el incidente del halcón. Estando de pie frente a la puerta se sintió estúpida, pero no evitó que se dispusiera a abrirla. Al primer vistazo fuera, no lo creyó. Fue sólo cuando tuvo tiempo de maravillarse en los detalles que sintió el vacío llenarse nuevamente con los desenfrenados latidos de su corazón.

Sólo el verdadero Sasuke podía mirarla de aquella forma. Supo que estaba molesto sólo con mirarlo a los ojos. Estuvo consciente de que había empezado a moverse sólo cuando sintió las gruesas gotas frías golpearle la piel desnuda de los brazos, corriendo desde su cuero cabelludo hasta deslizarse por sus sienes.

Había pasado mucho tiempo pensando en las partes de él que faltaban que cuando finalmente lo alcanzó no le importó que se sintiera gélido al tacto a causa de la lluvia. Cuando puso sus brazos alrededor de él, era real; la nariz cerca de la piel de su cuello mientras inhalaba la esencia de la lluvia y su olor particular. La frialdad externa perdió relevancia desde que la cercanía de ambos creó cierta calidez.

A diferencia de sus visiones pasadas, donde aún era una niña y su mente la engañaba mostrándolo aún con el protector de Konoha atado en la frente, fuera de la casa de sus padres o sentado al final del muelle; Sasuke era tangible. Había regresado hasta ella. Se mantuvo allí, absorbiéndolo y envolviéndose a su alrededor mientras sus manos se aferraban a la tela de su capa de viaje.

No hubo ningún pensamiento coherente en su mente más allá de la certeza de que estaba ahí de pie frente a ella, la lluvia aún caía con ferocidad sobre ellos y sólo entonces alcanzó a preocuparse por él, acerca de cuánto tiempo había permanecido allí afuera. Una vez pudo pensar, su mente proyectó los efectos que habían estado moviendo su cuerpo hasta ese momento, esperanza y miedo, y se preguntó que había movido a Sasuke a buscarla, todo mientras lo mantenía en su abrazo.

La certeza la golpeó tan fuerte como la lluvia, agradeció el estar sosteniéndose de algo, sostenerse a él. Había desatado todas riendas, pero Sasuke había elegido. Había comprendido antes de irse de la aldea de la frontera que realmente no le había dado ninguna opción incluso al haberle permitido liberarse de ella en Kumogakure. Sasuke era noble y se preocupaba por ella, no se habría permitido a si mismo hacerlo. Al irse, realmente le había dado una opción en si mismo.

Y él la había tomado.

Cuales fueran las medidas que había venido tomando hasta ahora habían perdido el sentido, todo se resumía en que Sasuke ya no se encontraba tenso entre sus brazos y su falta de respuesta le decía lo suficiente. Tenía la certeza de algo que la sobresaltaba y que cabía la posibilidad que él ni siquiera tuviera en cuenta aún.

La certeza de que por más que buscara en su cabeza, no podía pensar en cualquier otra cosa que no fuera un sentimiento lo que pudo haber sido suficiente para traerlo hasta ella.


¡!

Bien, alguien (yo) tuvo un termino de Noviembre y un comienzo de Diciembre agitados. Terminé esto hace 10 días y no había podido editarlo debido a la U. Buenas noticias, estoy de vacaciones.

Quiero empezar éste diciéndoles que son increíbles, y también con una pequeña nota de añadidura: los mechones del primer sueño/visión son precisamente los que Sakura se cortó por primera vez en el bosque de la muerte. 35 maravillosos reviews me movieron a culminar éste que se suponía debía ser uno pero, lo siento, no lo logré. El próximo será el importante del que les venía hablando el cap pasado. Aún así, la idea de Sasuke yendo a buscarla era una que debía incluir porque si, también estaba en las ideas principales del fic.

Probablemente haya sorprendido a muchas porque todas pensaban que Sasuke se iría, pero no. Mi corazón romántico necesitaba ese espacio donde él fuera por ella. Sé que puede ser difícil comprender el que Sakura se haya ido, pero intenté explicar lo mejor que pude la forma fuera de si que actúa la gente cuando está inundada por el pánico, el miedo, y también otro poco de que (también comenté antes) quería que Sakura pensara mucho más en lo que Sasuke quería.

Para finalizar, de aquí en adelante no volverán a separarse hasta que se toque el delicado tema de la ida de Sasuke de Konoha por ? vez una vez regresen juntos como una familia. Ya llegamos al punto donde el hombre sabe que por mucho que lo odie no puede alejarse sin que le cueste la tranquilidad, y ahora por supuesto, Sakura sabe que Sasuke siente algo por ella.

Próximo capítulo: Problemas en Kirigakure, resentimientos, a Sasuke se le agotan las provisiones así que visitan a cierta anciana gato y comienza verdaderamente la cumbre de éste fic: el clan Uchiha, lo que representa para Sasuke y como éste abre la última puerta hacia Sakura, la del trauma del pasado.

Me esforzaré todo lo posible para entregarles el siguiente antes de que culmine el año. Sus respuestas a este fic no dejan de sorprenderme, a pesar de que escribí esto sólo para complacerme a mi me llena bastante el ser capaz de hacerlo con ustedes también. Sigan escribiendo lo que piensan (y también sus dudas y correcciones con respecto a la línea temporal, en el cap pasado había olvidado completamente que Choza Akimichi no había muerto!) sus reviews siguen siendo el incentivo correcto para escribir tanto como pueda.

Las(os) quiero mucho a todos, feliz mes. Espero de todo corazón estar aquí muy pronto.

Nahare~